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Mostrando entradas de 2019

Llorar deprisa.

He encendido el ordenador para contaros algo que he visto esta tarde. Era una chica llorando mientras caminaba a toda prisa y cargaba bolsas de supermercado. Pretendía dármelas de intensa y escribirlo bonito para concluir que era una suerte de metáfora de nuestro tiempo. O, al menos, de mi vida. Pero estoy demasiado cansada para ponerme a escribir.

Supongo que ya no hace falta metáfora.

La profesión más bonita del mundo.

Eso se dice a veces de la enseñanza. Y, joder, qué bonita es cuando las cosas salen bien. No hace falta hacer grandes cosas: esa clase que va sobre ruedas, ese tema que hace que los alumnos se apasionen, ese conflicto que se resuelve de manera positiva, esa broma con la que todos os reísteis mucho... Sí,a veces esas cosas pasan. Pero otras veces...

Otras veces no. Supongo que es como en todos los trabajos. Por bonitos que sean, siguen siendo trabajos, y tienen sus días grises, sus cosas duras... Pero claro, la profesión que conozco más o menos bien es la mía. Y sé que puede ser muy, muy gratificante, hasta niveles que es difícil imaginar. Pero también puede ser muy, muy, muy ingrata.

Será porque se me está juntando una racha de esas en las que el trabajo se me hace más cuesta arriba, o en las que tengo la autoestima más baja. Será por el cambio de centro, por la dinámica distinta que llevo este año, por el trabajo extra (que no es poco). Será por lo que sea, pero estoy CANSADA.

Tanto …

El ukelele.

Me he comprado un ukelele. Hace algo más de una semana. Lo compré ilusionada, pero con reservas. Al fin y al cabo la idea no surgió de mí, sino que Profeláctico, haciendo proselitismo, la implantó en mi cabeza y no me la conseguí sacar. Así que, después de pensarlo durante días, me dije que hay que probar cosas nuevas y lo encargué, pero tenía mis dudas de que no fuese a acabar desesperada, frustrada y dejando el instrumento por imposible.

La frase que me hizo comprarlo fue una cita de un artículo que Profeláctico compartió conmigo: "es difícil estar triste mientras tocas un ukelele". Eso tenía que comprobarlo yo. Además, hacía mucho que había dejado de lado la música, algo que siempre había sido importante para mí.

Pues bien, después de una semana puedo decir que el dinero que me costó el ukelele está ya más que amortizado en los 6 o 7 ratos que le he podido dedicar. Parece una exageración, pero en una semana aproximadamente, el ukelele se ha convertido en mi refugio, en mi…

Libro: Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena.

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En los últimos días he estado leyendo este libro. He de decir que me ha durado bastante poco para el ritmo al que vengo leyendo (en cuanto empiezo a trabajar mi ritmo lector se resiente, y más ahora, que comparto la lectura y la escritura con una nueva afición). Lo empecé con muchísimas ganas, me enganchó con solo unas páginas y bueno, lo he terminado esta misma mañana, así que vengo a contároslo.

Los renglones torcidos de Dios comienza con el internamiento de Alice Gould, una prestigiosa detective, en un sanatorio mental para investigar un asesinato. Pero, una vez dentro, fingiéndose paranoica, los médicos se debaten entre los que creen que verdaderamente tiene un problema mental y los que la ven más equilibrada incluso que muchos de los que están fuera del sanatorio. ¿Es realmente Alice Gould quien dice ser? ¿Está cuerda o es su locura la que le hace parecer cuerda?

Como he dicho, la lectura me enganchó desde las primeras páginas, aunque ahora no consigo recordar por qué, pero sé qu…

¿Por qué escribo un blog?

El otro día me crucé con uno de esos hilos pretendidamente ejemplificadores o, no sé, tal vez inspiradores. No acabo de verle todavía la intención final. Era uno de esos discursos que habla de cuál debe ser la motivación de la escritura. La motivación verdadera, la válida, la pura. Y no os voy a mentir: yo he estado ahí, yo he hecho eso. Pero de decirle a los demás lo que tienen que hacer también se sale. Creo.
El hilo empezaba hablando de alguien que había dicho que iba a cerrar su blog porque ya nadie lo leía. La persona que escribía decía que esa no era la opción correcta, que uno no escribe para que lo lean, sino porque lo necesita. Que el que otros te lean no es la motivación correcta para escribir. Hay que escribir por amor al arte. 
Yo puedo coincidir hasta cierto punto. Ha habido parones de escritura en mi vida, pero nunca lo he dejado del todo. Siempre he escrito. Pero no siempre lo he hecho de manera pública y ni siquiera en mis momentos de más actividad en blogs he hecho p…

Está todo bajo control.

Esta mañana estaba leyendo sobre el síndrome del impostor y haciéndome preguntas al respecto. Una cosa ha llevado a la otra y he acabado pensando en por qué nos esforzamos tanto en que parezca que todo está bajo control.

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Estaba comiendo con ese pensamiento en mente mientras veía un capítulo de "Workin' moms". En él, uno de los personajes femeninos se enfrenta a una reunión de trabajo con la sospecha de que tiene cáncer de mama. Tiene que dominarse, claro. Es una mujer profesional, de éxito, que está intentando sacar adelante su negocio. No puede permitirse un momento de debilidad porque puede ser fatal (lo sabe por experiencia). Cuando empieza su presentación algo desencadena una crisis en su interlocutor: su compañero está muriéndose de cáncer de mama. El hombre rompe a llorar y es ella quien lo consuela diciéndole que está bien, que lo suelte todo con una evidente incomodidad y bastante estupefacción.

La verdad es que la escena es poderosa, pero, evidentemente…

Libro: Los testamentos, de Margaret Atwood.

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Los testamentos es la secuela de El cuento de la criada. Como ya os comenté en su reseña, El cuento de la criada me encantó, me pareció una gran historia muy bien contada. No obstante, cuando me enteré de que Margaret Atwood iba a publicar una segunda parte no me emocioné demasiado. Sospechaba que sería una elaboración ad hoc, escrita más por la demanda del mercado que por la necesidad de contar algo.  Y creo que no me equivocaba.

Tras el éxito cosechado en HBO por la serie se volvió la vista al libro y a ese final que tanto la primera temporada como la novela compartían. Recuerdo la sensación al acabar el libro. ¿PERO QUÉ PASA CON ELLA? No queda claro hacia dónde la lleva esa furgoneta. La serie, claro, nos da una respuesta (poco satisfactoria, me temo, como todo lo que ha venido después de la primera temporada, en mi opinión), pero a los maniáticos esa respuesta no nos sirve porque seguimos sin saber qué le pasa a la June del libro. Y supongo que Margaret Atwood se habrá enfrentado …

Serie: Creedme (Unbelievable)

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Anoche acabé de ver esta serie en Netflix. Se trata de una miniserie policíaca con capítulos de algo menos de una hora cuyo punto de partida es la caza de un violador.

La serie tiene dos líneas argumentales. Por un lado, dos detectives, Karen Duvall y Grace Rasmussen, que, de casualidad, acaban descubriendo que muy probablemente estén buscando al mismo criminal. Esta parte es la parte amable de la serie. Ver trabajar a estas dos mujeres con dedicación y profesionalidad y con un respeto conmovedor hacia las víctimas hace que hagas un poco las paces con el mundo. Por otro lado, está la historia de Marie Adler, una chica muy joven que ha sido víctima del mismo violador al que las inspectoras están buscando pero con una diferencia: no tiene tanta suerte con los profesionales policiales que la atienden. Y no solo eso: no tiene mucha suerte con nadie. Y esta es la parte más dura de la historia.

Marie, tras los primeros momentos, es puesta en cuestión por todo el mundo. Por sus madres de ac…

Peli: Mientras dure la guerra (2019)

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El sábado pasado fui al cine a ver Mientras dure la guerra. En cuanto supe de la existencia de esta película se me despertaron las ganas de verla. ¿Qué tiene Amenábar con los filósofos? Su Ágora me encantó y ahora iba a poner en el centro de la película a Miguel de Unamuno, un personaje profundo y complejo que, he de reconocer (esto alegraría a uno de los profesores de Filosofía del instituto en el que estudié) me ha conquistado con el tiempo.

Las posturas políticas de Unamuno fueron controvertidas durante toda su vida y su apoyo a los movimientos contrarios a la II República (habiendo sido él un firme defensor de la misma en sus inicios) no fueron la excepción, quizá la máxima expresión de las contradicciones a las que los que no pueden instalarse en el maniqueísmo tienen que enfrentarse.

Había leído malas críticas de la película y lo cierto es que cojea. Cojea en su manera de mostrar (el montaje es un pelín raro, la verdad). Cojea en su intento de antagonizar a Unamuno con Millán-A…

La cremallera

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Dentro de unos meses tengo un par de bodas. Como odio buscar ropa, tengo el modelito perfecto que aspiraba a repetir: un vestido verde precioso, con vuelo (¡lleva tul debajo!), sencillo y elegante, al que ya le tengo mirados los complementos. No falla. Me lo he puesto una vez porque, por suerte, tengo pocos compromisos de ir elegante. Sé que para una de las bodas no voy a poder usarlo (es en febrero y de noche), pero para la otra, que es en marzo y a medio día...



Cuando se avecinan fechas de estas suelo irme probando la ropa antes, para asegurarme que me viene. Me probé el vestido antes de mudarme, mientras empaquetaba ropa (debió ser a finales de junio) y me cerraba, aunque el pecho me quedaba apretado. Ayer volví a probármelo. No me cerraba. Nada. Pensé que quizá era que yo sola no podía cerrarlo. Pedí ayuda. Nada. Imposible.

Me desmoroné. Ya veis, una cosa tan pequeña como una cremallera puede causarme una crisis (que no se me va a pasar así rápido). Que esa cremallera no cierre im…

Cada vez más cardo, menos erizo.

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Hace unas pocas entradas decía que cada vez soy más cardo y menos erizo. Y decía que puede que un día os contase por qué. Mi querida Rosa me dijo que iba a tener que explicarlo. Y allá voy.

Hace ya bastante tiempo que digo de mí misma que soy un poco erizo. Eso es porque leí que a los erizos les cuesta encontrar la posición adecuada para darse calor sin pincharse. Tienen que ensayar mucho para estar lo suficientemente cerca como para no pasar frío, pero no tanto como para hacerse daño. Esa imagen siempre ha sido muy poderosa para mí, me ha parecido que me describía muy bien. No me gusta sentirme sola (¿a quién le gusta?) pero demasiada cercanía no me hace bien, me agoto con facilidad.

Y bueno, así he vivido yo, en ese equilibrio precario, con más bien poco éxito, la verdad, pero intentándolo.



Pero de un tiempo a esta parte... pues menos. Porque parte de ese intentar conseguir la distancia adecuada era intentar agradar a la gente. Yo soy, por mí misma, bastante distante, así que inten…

Balance

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Desde #lodeladepresión empecé a intentar ser más consciente de mi estado de ánimo. Después de probar varios sistemas, me decanté por Youper, una app basada en la "inteligencia artificial", con todas las comillas del mundo, que mediante una interfaz de chat te anima a registrar tus estados de ánimo y los factores que influyen en ellos.

Llevo usándola ya un tiempo y hoy, por primera vez, me ha dado por mirar el balance de mis estados de ánimo en los últimos meses, desde enero. Y este es mi balance emocional.



Tengo que reconoceros que me ha dado un poco la bajona. Los meses "buenos" he estado tranquila (que oye, no os lo voy a negar, es mucho algunas veces). La media del resto es bastante mediocre: "okay". Lo que me extraña es que este septiembre sea de los calmados, cuando no hago más que decirle a la app lo cansadísima que estoy...
La cosa es que si veo mi vida desde esta perspectiva me parece muy gris, y no solo por el color utilizado en la app. Intento v…

Libro: Dioses menores, de Terry Pratchett.

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Hace un tiempo estuve en una pequeña crisis lectora. Empecé y dejé tres libros, entre ellos alguno de esos clásicos que está en todas las listas de libros que debes leer antes de morir. Pero bueno, no todos los libros son para todos los lectores o quizás el momento no era el suyo. Ni idea.

La cosa es que pensé que, para salir de la crisis lectora (en momentos difíciles, y los inicios de curso lo son, necesito leer), tenía que ir a lo seguro: algo de humor, con fondo y bien escrito. La respuesta estaba clara: Terry Pratchett. La duda era QUÉ DE TODO.

Y yo qué sé por qué, me decanté por Dioses menores. Me habían hablado de él como una crítica a la religión y me habían contado que contiene una idea que otros autores han utilizado después, como Neil Gaiman: las creencias moldean el mundo. En este caso, los creyentes dan poder a los dioses. La verdad es que es una teoría muy chula.

Pero no es eso lo que me ha enamorado del libro. Resulta que me he encontrado, sin esperarlo yo ni nada, una…

De concierto: María José Llergo.

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Hace tiempo que no os hablo de música, pero hoy me apetece contaros que anoche estuve en un concierto y que todavía no me he recuperado. Hace unos meses, antes de verano, se dio a conocer el cartel de las Noches Eclécticas en el Palacio de Viana y yo lo flipé porque en el mismo cartel había dos artistazas que me moría de ganas de ver: Rocío Márquez, de la que ya os he hablado, y María José Llergo, a la que hacía poco que había encontrado y que me tenía enamorada perdida.  Tanto lo flipé que fui LA PRIMERA PERSONA en comprar la entrada para ambos conciertos. ¡El ansia viva!

Maria José Llergo es una cantaora cordobesa, para más señas, de Pozoblanco. Tiene una voz virtuosa y precisa, limpia, que no da una nota fuera de sitio y que, a pesar de esa perfección, te lo transmite todo cuando canta. No sé si os pasa, o es una cosa mía, pero las voces demasiado limpias, demasiado perfectas, suelen dejarme un poco fría. Algo más tiene que tener ella que cada vez que la oigo se me ponen de punta h…

Y por fin, el C1.

Ayer, gracias a que mi amiga Elena se pasó por la Escuela Oficial de Idiomas, supe que había aprobado el dichoso C1 de inglés. En septiembre e in extremis, pero he aprobado.

Esta vez mi experiencia ha sido muy, muy distinta a cuando me saqué el B2 por libre en la EOI de Valencia. En aquella ocasión me preparé sola, a mi ritmo, con mi método chungo. Y aprobé sin más problemas. Casi no me lo creía. Para el C1, en cambio, he estado desde octubre a mayo en una academia, preparándome para el examen de Cambridge (era lo que mejor me iba para presntarme en la EOI, que, aquí en Córdoba, tiene un nivel alto), aprobando con muy buena nota todos los simulacros de examen y, aún así, me dejaron el oral (a pesar de salir con muy buena sensación).

Se me ocurrió ir a la revisión del examen, y aquello fue una escabechina. A muchos nos había quedado solo el oral. En las otras tres partes tenía notaza, pero NOTAZA, sin embargo en la parte del oral me pusieron una nota HORRIBLE, HORROROSA, FATAL. Normal,…

A la francesa.

Al final no me despedí. Un poco de algunos de mis compañeros, entre cervezas, pero fue una despedida flojita, de esas de: "vamos a seguir viéndonos". Y bueno, espero que sea verdad, aunque sé que casi nunca lo es. No por falta de ganas, claro, sino porque la vida se pone en medio, siempre hay otras cosas. Y sí, if there's a will, there's a way, pero es que hay que gestionar muy bien la voluntad, que a veces nos quedamos cortos de ella, y nos hace falta para tantas cosas...

De los alumnos, de muy pocos. Daban por hecho que yo iba a seguir allí otro año más. Parte del paisaje. Qué rápido me he hecho parte del paisaje, han bastado dos cursos... Y, aún así, qué prescindible me siento. Algunos de los que tenían recuperaciones me escucharon hablar de mi nuevo destino en la cafetería y, sorprendidos, vinieron a preguntarme: "Profesora, ¿es que se va?", entre incrédulos y tristes. Hubo promesas de vernos, alguna despedida porque, cuando se corrió la voz, hubo quie…

En agosto...

Se acabó agosto, llegó septiembre, vamos a hacer balance. 



En la mesilla:

Siguen Ángel González e Idea Vilariño y muchos libros en el Kindle, a ver con cuál consigo superar la crisis lectora. Parece que Dioses menores, de Terry Pratchett, está obrando su magia.


En la cómoda/armario:


Lo de siempre. Y muy poquitas ganas de arreglarme, la verdad.


En el sofá:


Yo, viendo series. La enganchina a Orange Is The New Black es REAL.


En la nevera:

Hummus casero :)



En la caja de galletas:

PopTarts. Los he probado por primera vez.  Pues no era para tanto...


En la ducha:

Mi gel de romero y el acondicionador de frambuesa y menta.


En los labios:


Pellejitos :(


En la cabeza:

A principios de mes, poca cosa, paz y tranquilidad. Hacia el final, números, miedos, vértigo por los cambios y los proyectos emprendidos. Y una fecha.


En la pared:


Nada nuevo. Pero me siguen encantando las láminas.


En la calle:


Poco movimiento.


En la mochila:


Pocas cosas. Este agosto he ido ligera, ligera.


En todas partes:


Cosas que recuerdan …

Lo bastante alta.

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Ahí está otra vez, el miedo de no llegar. De no conseguirlo, de no ser suficiente. La sensación de tener que demostrarlo todo de nuevo. Y tampoco puedo hacer nada más que apretar los dientes (metafóricamente, no quiero asustar a mi dentista la próxima vez que vaya) y tirar p'alante, porque si lo cuento siento que voy a ser otra dramática exagerada buscando casito, o a saber.

Llevo creciendo toda mi vida. Demostrando cosas. Normalmente me ha salido bien, soy cabezota y relativamente perseverante. Hace poco el último salto mortal con tirabuzón acabó en planchazo y estas cosas, estas pequeñas cosas, me dejan la autoestima por los suelos. Yo, que por fin empezaba a elevarme por encima del suelo...

Tanto esfuerzo empleado en crecer y nunca llego a ser lo bastante alta...






(Este texto sale de un poema que acabo de escribir y, mirad, yo qué sé, he tenido que encender el ordenador para escribir esto. Lo necesitaba. Allá va el poema)



Estatura.


Aprendí desde pequeña a apuntar alto.
Desde mi m…

El tiempo.

Este verano me he escapado de la vorágine de vivir experiencias. Bueno, he vivido experiencias, pero nada que ver con playas paradisíacas o rincones tocados por la tragedia. Este verano me ha ocurrido algo que dejará de pasar mañana: he sido dueña de mi tiempo, totalmente dueña de mi tiempo.

Qué maravilla renegar de los horarios, olvidarse del reloj, levantarse cuando ya no hay sueño y acostarse de madrugada, después de haber disfrutado del fresco de la noche con una copa o un libro en la mano. Ver series, leer o escribir cuando fuese porque no había nada más urgente.

Este verano he vivido sin prisa, a mi ritmo, haciendo lo que me apetecía en cada momento.

¿Cómo no me va a dar pena que se acabe, por mucho que me guste mi trabajo?

El romanticismo del correo electrónico.

¿Quién nos lo iba a decir hace no demasiado? Ahora, mandar un correo electrónico es romántico. Tomarse el tiempo de sentarse a escribir un email es algo extraño, cuando las cosas pueden solucionarse con un mensaje a través de alguna app o, si es algo más extenso, con un audio. Los emails están ya cerca de las moribundas cartas.

Quizás por eso yo sigo escribiéndolos. Y quizás por eso me animé a empezar una newsletter poética (la poesía requiere un ritmo más propio de las cartas que de las redes sociales, así que el email parece un término medio aceptable). Y qué buenos momentos me está dando, no os hacéis una idea.

No sé si es la magia del correo electrónico, pero me parece que así se crea una sensación de intimidad mayor. Ya he recibido varios correos en respuesta a la newsletter en los que la gente me habla de sentimientos, de circunstancias personales, de cosas que se les despiertan gracias al poema de la semana, y me lo cuentan como si fuese una amiga, alguien cercano. O quizás co…

A la espalda.

Solía cargar mucho peso sobre la espalda. Preocupaciones, responsabilidades, expectativas... Hace ya algún tiempo que, más que cargar las cosas sobre la espalda, me las echo a la espalda: empieza a darme igual 8 que 80 y, en la medida de mis posibilidades (los malos hábitos son difíciles de cambiar) me estoy poniendo a mí misma por delante de otras cosas.

Aún así, sea por todo el tiempo que he llevado peso sobre la espalda o porque aunque me eche las cosas a la espalda aún pesan, ayer salí del médico con mi primera prescripción para Valium (chispas) y una fuerte recomendación de acudir a un fisioterapeuta porque, palabras literales de la médica, tenía toda la espalda "dura como una tabla". Yo, que fui por una contracturita de nada en el cuello, por una mala postura o yo qué sé, y mira...

Si es que ya no soy joven, por más que lo digan los diarios. La adolestreinta es un mito. La losa de la edad me ha caído encima, fuerte. Parece ser que sobre la espalda.


El poder de las palabras.

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Las palabras son poderosas. Ni siquiera hace falta gritar: a veces los susurros conservan toda la fuerza de un grito. Eppur si muove. Y otras veces hasta el silencio les basta.



Conmigo las palabras hacen magia: cuando me siento invisible, vuelven a situarme en el mundo, me dotan de contornos, me dan entidad. Si yo hubiese sido Jessica Rabbit debería decir que me han escrito así. Las palabras tienen ese poder porque yo les doy ese poder. Porque elijo creer o dejar de creer, aunque mis criterios quizás no sean del todo acertados.

He dejado de creer muchas palabras por culpa de la voz que las transporta. Su significado ha ido goteando por las grietas y se han quedado vacías. La combinación más hermosa de esas palabras, en esa voz, no provocaría ningún efecto en mí, ya no. Porque he decidido no creerlas.

He dejado de creer palabras poniéndome excusas, proyectando en los demás las razones por las que yo miento. Ya, sé que es injusto creer que los demás son como yo. Evito poner calificativo…

Razones para quedarse.

Este post va a ser una basura, básicamente porque soy yo pensando "en voz alta" e intentando ordenar mis pensamientos. Llevo unos días preguntándome por qué a veces es tan importante sentirnos atractivas y atractivos a los ojos de los demás. No hablo de sentirnos bien, de gustarnos a nosotros mismos, sino de gustar a los demás. Lo lógico sería pensar "Oh, dioses, a esta persona random que no me importa un cuerno no le parezco guapa, QUE LE DEN POR CULO" y pasar a otra cosa. Sin embargo nos importa. Quizá no a todos ni siempre en la misma medida. Pero nos importa.
También pasa a nivel de carácter. Supongo que es natural querer caer bien. Pero, aunque me cueste admitir esto, creo que llevo mejor lo de que alguien me considere antipática que lo de que no me considere guapa, atractiva o como queráis llamarlo. Y ojo, que debería estar acostumbrada: he sido la amiga simpática tantas veces... La guapa, nunca. 
El otro día, hablando de esto, me decían que es algo adaptati…

Un caballero.

Él era un caballero. Cada mañana contemplaba su reflejo y se sonreía: la misma elegancia, el mismo saber estar, ni una cana en su cabello, ni una arruga en su rostro. Se lanzaba a la calle con la seguridad que da saberse casi perfecto, su traje impoluto, su apariencia inmaculada. Ignoraba las narices arrugadas, las miradas sorprendidas, las críticas silenciosas en el autobús, en el supermercado, en el trabajo: o bien eran producto de la envidia o bien iban dirigidas a otro. Él, todo un caballero, no podía ser el blanco de esos dardos.

Cuando volvía a casa se situaba en el mismo punto y se asombraba de no mostrar signos de fatiga, de no tener ni un cabello fuera de su lugar. Sonreía de nuevo a aquel retrato al óleo antes de prepararse para meterse en la cama con la conciencia tranquila.

El cine de verano.

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El primer año que viví en Córdoba pasé el verano sin pisar uno de sus famosos cines de verano. Me resarcí el año pasado, y fue amor a primera vista: me enamoré de verdad. Recuerdo llegar a la Plaza de la Fuenseca, de la que toma su nombre el cine, y sentir que había retrocedido mucho, mucho en el tiempo. Recuerdo las entradas pequeñitas, de esas que me contaba mi madre que compraban con 5 pesetas y les sobraba para una gaseosa. Y recuerdo entrar al patio, toparme con el ambigú y mirar hacia la derecha, hacia el "patio de butacas", compuesto por sillas de plástico y algunas  mesas de terraza de bar en las que apoyar tus bebidas o tu cena si eras de los más afortunados. Había brisa y eso en las cálidas noches cordobesas es algo que se agradece. Mucho.



La película no era gran cosa. Una comedia sobre una chica fea que de repente se sentía guapísima. He tenido que buscar el título: ¡Qué guapa soy!. Pero la experiencia fue mágica. El ambiente de comunidad, de cine antiguo, en el …

Desconocidos habituales.

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(Relato con contenido erótico. O algo.)

–Yo trabajaba en uno de esos sitios de glory holes. No sé si todos estáis familiarizados con el término. Bueno, lo explico, por si acaso. Son locales en los que hay agujeros en las paredes para tener sexo con cierto anonimato. Yo ya tenía un puesto fijo: me tumbaba en una especie de camilla y la mitad de mi cuerpo pasaba alrededor de un hueco dejando mis genitales a la disposición de los clientes. A ver, no pongáis esa cara, que no es tan malo como parece. Yo trabajaba en el horario de tarde y me libraba de lo peor. Además, la dueña era un encanto y nos cuidaba mucho: a la mínima echaba fuera a cualquier indeseable y lo vetaba de por vida. En realidad, éramos como una pequeña familia, las putas y los clientes habituales. Yo era capaz de reconocer a algunos clientes incluso sin haberlos visto nunca. Había uno que antes de follar nos acariciaba los tobillos. Otro que se reía como un niño cuando se acercaba al orgasmo. Y uno, al que yo más eché de…

No me dejéis sola en el metro.

Dejé de poner poemas por aquí porque sentía que me hacía pesada. Casi todo lo que escribo últimamente intentan ser versos. Así que me he reservado los poemas para la newsletter poética (a la que podéis apuntaros aquí http://tinyletter.com/BettiePathway) y por aquí me dedico a poner más o menos las mismas tonterías de siempre. Pero he escrito un poema que me tiene entusiasmada y quería compartirlo con vosotros. 
El miércoles pasado estaba cepillándome los dientes cuando me acordé de una vez, hace muchos años, casi en otra vida, que me enamoré locamente de una chica en el metro. Volvía de la universidad y ella, de pie enfrente de mí, era preciosa. Sujetaba un libro con maestría con una sola mano mientras con la otra se agarraba a la barra para no caerse. Llevaba un vestido del que no recuerdo nada, solo su vuelo y cómo acariciaba sus piernas, ni blancas ni bronceadas.

Se bajó en Àngel Guimerà y yo, que solía seguir hasta la parada de Avinguda del Cid, me salté mi rutina y la seguí. Su…

En julio...

Me salté el post de junio bicos mudanza, y ya no me acordaba yo de esto hasta que no lo he visto en el blog de Ro. Voy a perder la cabeza. Ea, allá vamos. Aunque sea por rellenar.



En la mesilla:


Poesía completa, de Idea Vilariño. Ha sido mi última adquisición poética, que ya tenía a Ángel González mareado. Lo estoy saboreando poco a poco, porque tengo por ahí unos cuantos poemas de Alfonsina Storni a los que les estoy hincando el diente más.  También tengo repelente de mosquitos, pero vamos, se me olvida ponérmelo y así llevo las piernas.



En la cómoda/armario:


La ropa ya colocada tras la mudanza.


En el sofá:


Muchos ratos. Disfrutando de la SmartTV nueva, cortesía de mi casera.


En la nevera:

Membrillo con nueces, hecho por mi padre.


En la caja de galletas:


Chocolate del que me compraba mi abuela.


En la ducha:

¡Ahora tengo bañera! Pero me ducho porque hay que ahorrar agua. Pueees... Nada nuevo. Una cortina de amapolas azules.


En los labios:


Nada. Vaselina cuando me acuerdo. Estoy SÚPER DEJADA.


En…

Autocensura.

Cuando se carga contra el anonimato en Internet, yo saco las uñas. Me parece que la gente es lo suficientemente mala como para querer proteger nuestra identidad y lo que esta conlleva (nuestra privacidad, la de nuestros seres queridos, nuestro puesto de trabajo...) de gente malintencionada. El anonimato nos da la posibilidad de expresar opiniones de una manera más libre, sin que ese tuit estúpido sobre lo difícil que es encontrar un bikini en el que meter tus tetas sea lo que te acabe definiendo por un giro dramático de los acontecimientos.

Hasta hace algún tiempo me he sentido bastante cómoda dando mi opinión en redes sociales. Sucede que mis opiniones no son demasiado radicales, que suelo pensar las cosas y ser relativamente moderada en casi todo (aunque a veces tenga accesos de mala leche cuando se ponen en cuestión cosas basiquísimas), además de bastante respetuosa (aunque eso cada vez menos, he de reconocerlo). Pero en los últimos tiempos he notado que cada vez me autocensuro más…

Aconfesional, mis cojones.

Bueno, aquí estoy, escribiendo un post que sale de la rabia y la mala leche. El próximo curso no voy a repetir centro. Supongo que, como ya sé lo que se siente, pues a otra cosa mariposa. Y no os equivoquéis: estoy contenta. El centro que me han dado (provisionalmente) promete y me permite quedarme en la capital que es lo que yo quería. Entonces, ¿qué es lo que me enfada?

Pues mirad. Este año no sale plaza para mí en mi centro. Se apañarán con los profesores definitivos que hay. No hay horario para uno más porque sí, salen bastantes horas de valores éticos, no como para un horario, pero casi. Pero claro: gestionar a los profesores de un centro es complicado, y probablemente sea preferible llamar a un profesor de otra materia y repartir esas horas de valores éticos entre varios departamentos. Al fin y al cabo son la alternativa a la Religión, nada más, ¿no?

Y ahí está el problema: cualquier profesional puede dar clase de Valores Éticos, pero nadie, salvo aquellos tocados por la divini…

Libro: Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez.

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Hace no demasiado saltó la noticia de que esta obra desaparecía de las lecturas recomendadas para 2º de Bachillerato en Andalucía, después de años leyéndose. Fue esa polémica (se atribuía la decisión a la Junta de Andalucía, lo cual no era verdad, sino que fue una decisión de la comisión de profesionales que regula la prueba de Lengua y Literatura de la selectividad andaluza) me devolvió este libro a la memoria y me recordó una lectura largamente pospuesta. Y como el verano es el momento de leer lo que caiga en las manos o en la memoria (para mí), me lancé con él.

¿De qué va el libro?

Los girasoles ciegos es una colección de relatos que aborda las distintas derrotas (algunas de ellas, al menos) de los que perdieron la Guerra Civil o, mejor dicho, de los que no la ganaron (que no es lo mismo). Estos relatos se entrecruzan y se dan la mano en ciertos puntos, haciendo el corazón saltar mientras lees al descubrir esas conexiones.

Hablando del libro...

Me ha fascinado. Entiendo por qué es un…

Libro: Stoner, de John Williams.

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¡Buenas! Hoy vengo con una reseña de un libro, que anda que no hacía tiempo. No porque no haya leído, sino porque, yo qué sé, no me han dado ganas de reseñar. Supongo que hay rachas.

Este libro me lo regaló la madre de una alumna en agradecimiento por mi trabajo con ella. Casi lloro y todo. Tenía ganas de hincarle el diente, pero quería hacerlo en vacaciones, con tranquilidad, sin mudanzas por medio. Y bueno, en tranquilidad relativa, lo he acabado.

¿De qué va el libro?

Pues el libro cuenta la vida de William Stoner, un granjero, hijo de granjeros, que acaba convirtiéndose en profesor de literatura en la Universidad. Y podría decirse que, en resumidas cuentas, eso es todo.

Hablando del libro...

Sé que la sinopsis no llama nada la atención. Carece absolutamente de epicidad y emoción. Y así es. No esperéis gestas épicas en el libro, una vida apasionante, hazañas memorables. Ni siquiera un final sorprendente. No hay nada de eso. Es solo la historia de un chaval al que mandaron a la Univer…

Peli: Pride (2014)

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Bueno, bueno, bueno. ¿Habéis visto Pride? Si no, ya estáis tardando. ¡Hop-hop! No, en serio, es una película que merece mucho la pena y he disfrutado muchísimo viéndola. Os la recomiendo mucho.
¿Por qué? Pues porque es una de esas historias que dan esperanza. Porque, basada en una historia real, nos cuenta algo que parece increíble: personas distintas, unidas más allá de sus prejuicios, contra lo que consideran injusto. Parece una utopía, ¿eh?
Pride nos cuenta la historia del movimiento Lesbians and Gays Supporting Miners (LGSM), esto es, Lesbianas y Gays en Apoyo de los Mineros, un movimiento que surgió durante la marcha del Orgullo de 1984 en Londres. Margaret Thatcher estaba aprentando las tuercas a los mineros y estos estaban en huelga, como habréis visto en otras películas como Billy Elliot. Se les ocurrió empezar a recoger dinero para las comunidades mineras y esa idea forjó un movimiento que, si bien no marcó una gran diferencia para los mineros, sí supuso un punto de inflexión…

Mi abuela.

Mi abuela paterna se llamaba Mercedes. Era una de esas mujeres del campo de las que se habla tanto ahora. Una mujer dura, que parió en medio del piazo, mientras vendimiaba, y que después de comer estaba vendimiando de nuevo.

Mi abuela tenía las manos rudas y nudosas de quien ha trabajado con ellas toda su vida. No solo entre pámpanas y surcos, sino también en lavaderos de agua helada, restregando con brío, con violencia, paños y pañales.

La recuerdo con su pañuelo negro, siempre atado bajo la barbilla, y el pelo blanco recogido bajo él. De negro, siempre de negro, siempre de luto. Yo pensaba que era por mi abuelo, al que nunca conocí, pero no, ya de joven iba vestida siempre, siempre de negro. Y ya de joven tenía cara de anciana.

Mi abuela no cuadraba en ninguno de los modelos de mujer que se me habían inculcado. No era delicada, no era cariñosa, era dura, estricta. Ahora la categorizaría como una Bernarda Alba pobre. La recuerdo golpeando el suelo con su bastón mientras sentenciaba y…