lunes, 29 de agosto de 2016

Me'n vaig a peu

Que no, que es broma. ¿Cómo me voy a ir a pie a Andalucía? Es un camino muy largo como para ir andando. Pero me voy. Eso sí es cierto. Mañana mismo. 

Tengo una sensación rara. El verano se me ha hecho largo y corto a la vez. Se me ha pasado rápido, si miro atrás, pero también es cierto que creo que he hecho bastantes cosas, que ha sido un verano productivo. La cuestión es que septiembre ya está ahí y que el día 1 empiezo a trabajar otra vez. Y no solo a trabajar. Empiezo mi nueva vida.

Sé que repito mucho eso, pero es que es cierto. Cambio de ciudad, vivir sola (nunca he vivido sola, siempre he compartido piso o he vivido en pareja), acostumbrarme a las rutinas de nuevo, a "llevar una casa". Son muchos cambios y sé que me va a costar un poco, pero lo voy a hacer con alegría, lo prometo. 

Tengo ganas, la verdad es que sí. Tengo muchísimas ganas. Y me marcho mañana. Ya no falta nada. Casi nada. Y el día no se me está haciendo tan largo como esperaba. 

En fin, ¡decidme adiós! Nos vemos en unos días. Estaré un tiempo sin Internet (no sé cuanto), pero supongo que podréis leerme en Twitter, sobre todo. 

No me echéis mucho de menos.


viernes, 26 de agosto de 2016

Deja que te mate.



Hoy, podcast, porque estoy vaga y no me apetece escribir, ea.



¡Disfrutad, si podéis! XD


jueves, 25 de agosto de 2016

Soledad esencial.

Hoy me he levantado así, un poco pchí-pchá. Llevo unos días así, es cierto. Pero hoy además me he levantado como con ansiedad. No una ansiedad de ataque, sino más como una presión en el pecho que no se va. Necesito llorarla como toca, pero no me sale. (Dónde narices está Call the Midwife cuando se la necesita...)

Cuando me encuentro así suelo ponerme introspectiva: ¿Qué te pasa? ¿Por qué te sientes así? ¿Qué puedes hacer para mejorarlo? La verdad es que los pobres psicólogos, conmigo, se arruinaban. Tal es el desprecio que tengo por mi salud mental. Será porque la doy por imposible. 

Pues bien, mientras me hallaba en modo introspectivo se me ha ocurrido un pensamiento sobre mí misma (y sobre alguna persona más que conozco un poco) y he tenido la necesidad de compartirlo. O de gritarlo en el desierto y contra el viento. Y como aquí no hay desierto, ni viento, pues lo he puesto en Twitter.



Después he dicho que lo desarrollaría en mi diario, porque para qué torturar al personal. Pero bueno, como este es mi blog y me lo follo como quiero (perdón por la expresión, me estoy volviendo muy malhablada), pues lo voy a poner aquí. 

¿Cuál es el impulso de la gente que me aprecia ante este tipo de declaraciones? Intentar consolarme. "No estás sola", "Eres una persona muy agradable", "Hay mucha gente que te quiere" (bueno, no tanta, pero doy gracias por cada uno de ellos), "Alguien como tú nunca estará solo"... He recibido un mensaje directo en Twitter diciéndome que si alguien como yo se sentía sola, es que el mundo es muy injusto. Esta persona hacía referencia a una idiotez que se me ocurrió ayer: lancé un tuit diciendo que todo aquel que necesitase que le dijesen algo bonito diese a "me gusta", y que yo le diría algo agradable. Una especie de "abrazos gratis" twittero. Y a algunas personas les gustó, y les alegró un poquito el día. "No puede ser que alguien que tiene palabras bonitas para la gente se sienta como te sientes tú", me ha dicho. 

Aprecio, todo sea dicho, que no haya puesto en duda mis sentimientos o mis razones. Ha sido muy respetuosa. Gracias.

Y sí, sí se puede. No pasa nada. No necesito consuelo, porque lo tengo asumido (casi). No es que nadie me quiera, ni mucho menos. Ahora me siento muy querida. Mis amigas, por ejemplo, con las que siempre he tenido una relación bastante distendida, han demostrado que están ahí en los momentos difíciles. Y gente con la que no he compartido más que palabras a través de una pantalla ha sido de gran ayuda a veces para sacar mi mierda, para hablar cuando lo he necesitado y he querido. Hay gente que se preocupa por mí, mucho, y a la que, en ese sentido, siento cercana. No estoy sola en el mundo. Pero es que tampoco es eso a lo que me refería.

Creo que hay personas que experimentan (experimentamos) cierto tipo de soledad esencial. Podemos estar rodeados de gente, y divertirnos, y compartir, e incluso conectar con esas personas. Podemos alcanzar niveles de intimidad muy profundos con algunas personas, no somos incapaces de ello. Y, a pesar de todo, siempre queda un reducto inalcanzable, una especie de fortaleza incomunicable, incompartible, siempre aislada del exterior. Y no es culpa de nadie, pero si depende de alguien que eso sea así, es de nosotros. Mantenemos así esa fortaleza porque albergamos la certeza de que la conexión es imposible. Pero tampoco es una manía, ni un abuso de drama: tengo la certeza de que nunca, nadie, va a llegar a comprenderme del todo, de que lo que hay ahí, en ese rincón de mi ser, no va a ser entendido por nadie. Lo estimarán ridículo, u oscuro, o extraño o irrelevante. O simplemente incomprensible. Y, por qué no decirlo, también es porque no quiero molestar. ¿Para qué preocupar a alguien que me aprecia con algo que, al final, sentiré que no ha comprendido? Porque a lo mejor es eso, una cuestión de percepción. Ni idea. Pero el caso es que así lo siento. Y si lo siento así poco puede hacerse.

He de reconocer, sin embargo, que en ocasiones he creído no estar sola en este sentido. Ha habido algún momento de mi vida en el que me he sentido plenamente comprendida. Solo me ha pasado con una persona y ahora dudo de si era así. Pero lo cierto es que en ciertos momentos sí, me sentí comprendida y acompañada. Y no me sentí sola en absoluto. 

Me diréis que puede volver a pasar. Bueno, no diré que no, pero lo dudo. Y, en cualquier caso, fueron paréntesis concretos. Hoy por hoy sigo convencida de que hay cierto tipo de personas que, cuando se miran bien dentro, se dan cuenta de que están con un pie fuera del mundo y de que, por mucho que los quieran, por fuerte que los abracen, por muy intensamente que se entreguen, estarán (o se sentirán, no sé) siempre, esencialmente solos. Y de que yo soy una de ellas. 


miércoles, 24 de agosto de 2016

Libro: Instrumental, de James Rhodes.


Este libro me venía RECOMENDADÍSIMO. Una de las recomendaciones que más tuve en cuenta fue la de Ro, porque le tengo ley, y porque cuando ella dice que algo me va a gustar, tengo que confiar en que así será. ¿Habrá acertado esta vez? Vamos a ver.

¿De qué va el libro?

Instrumental es la autobiografía de James Rhodes. En él relata su experiencia vital, marcada por los abusos sexuales que sufrió cuando era niño y por su pasión por la música. Las consecuencias de esos abusos se sienten, como no podía ser de otra manera, a lo largo de toda su vida. Las consecuencias de su pasión por la música, también. 

Hablando del libro...

Había leído reseñas muy dispares de este libro. Podían agruparse en dos categorías, básicamente: 

1.- Es un libro genial, apasionado, honesto, brutal, doloroso, que merece la pena. Un libro que hay que leer, sí o sí. 

2.- Es un libro autocompasivo, el autor se revuelca constantemente en su propia mierda, una vez leídas las primeras páginas no aporta nada nuevo. Prescindible y sobrevalorado.

Yo estoy en el primer grupo, con matices. A ver, a mí el libro no me ha cambiado la vida, como aseguraban algunos lectores, pero sí, reconozco que es un libro interesante, apasionado y honesto. De hecho, creo que parte de esa honestidad es la que provoca que algunos lectores le cojan tirria. El libro es un larguísimo monólogo de James Rhodes, y si James Rhodes no te cae bien, pues supongo que la lectura se hará cuesta arriba. A mí me ha caído bien: creo que el tipo se presenta sin maquillaje ante la gente. Está jodido, sí, y eso se nota. Y sí, a veces es un poco maniático, "victimista" (con muchas comillas: alguien a quien han violado repetidamente cuando era niño tiene derecho al victimismo; lo que quiero decir es que a veces se regodea en ello, pero es que, a ver, lo violaron cuando era niño), pesimista, negativo, obsesivo, narcisista... Pero él lo dice. No lo oculta. Creo que se describe con sinceridad (a veces incluso con brutalidad), y yo no puedo más que aplaudirle. Yo no sería capaz. 

Pero además, es un libro apasionado, porque James Rhodes es una persona apasionada. Al menos en lo que respecta a la música, y esa pasión te llega. Yo no soy una gran entendida en lo que a música clásica respecta (no soy una gran entendida en lo que respecta a la música en general), pero la disfruto. Por eso me ha gustado TANTO el planteamiento de Rhodes: disfruta de la música, vive la música, escúchala sin complejos, pásate las convenciones por el forro de los cojones, y perdón por la expresión (o no). Que le den a los conciertos de estirados, a los programas escritos por catedráticos. La música clásica puede vivirse de otra manera, en vaqueros y deportivas y sin conocimientos previos. 


Pero Rhodes no solo habla de música. Habla de abusos sexuales (evidentemente, han marcado su vida), pero yo no quiero entrar en ese tema. ¿Qué se puede comentar? Nada. Solo que da miedo cómo un niño con unos padres amantes y atentos pudo pasar por eso sin que nadie se diese cuenta (o casi nadie) y sin que nadie hiciese nada. Es que a ver... Es aterrador. ¿Cuántos niños y niñas pueden estar pasando por algo así sin que nadie se dé cuenta? Me pone todos los pelos del cuerpo de punta. 

Y, además, habla de amor. Mirad, me he quedado yo con esa parte, que seguramente no es la más interesante del libro, pero me ha llamado la atención. Quizá porque estoy bastante en desacuerdo con algunas de las cosas que dice y muy de acuerdo con otras. James desgrana, a lo largo del libro, pero, sobre todo, hacia el final, diversos consejos sobre cómo ha de vivirse el amor. También pone por escrito algunas convicciones suyas al respecto. Y bueno, como he dicho, en algunas cosas discrepo muchísimo y en otras coincido una barbaridad.  Os dejo un par de tuits con fragmentos del libro que hablan de esto.




Ains.

Además, no quiero acabar este post sin recalcar lo maravillosa que es la edición de Blackie Books, como todas las que hace. Da gusto leer libros de esta editorial.

¡Ah! Y que sepáis que el libro tiene una playlist en Spotify. Cada capítulo comienza con una pieza de música clásica y una breve explicación sobre ella. Pues todas ellas están recogidas en la playlist y he de decir que leer el libro mientras escuchas la música es toda una experiencia. Genial, vaya.

¿Lo recomiendo? Pues sí. Puede ser que caigáis en el otro grupo y no os guste, pero merece la pena el intento, creo.

Os dejo un trocito...

"Qué espantoso es tener una pasión que dicta cada segundo de tu vida y carecer de la valentía moral para desarrollarla".


Breve, pero intenso, ¿eh?

En resumen, este libro...

He dudado si le ponía el "me encanta", pero bueno... Ahí va.

Ahora voy a seguir releyendo Sandman porque sí. No creo que me dé tiempo a acabar la relectura antes de marcharme, pero necesito leer Sandman because of reasons. Así que nada, ahí estaremos. Y después, pues ya veré.

Bueno, ¿habéis leído Instrumental? ¿Os llama la atención?




martes, 23 de agosto de 2016

Tranquila

No pasa nada: te estás encontrando. 

No ha sido fácil. No está siendo fácil. Ni va a serlo. Pero está siendo difícil de otra manera. Ya te has dado cuenta, ¿no? Era mucho más fácil antes, cuando todo lo que importaba era tu corazón y poco más. Era sencillo colgar el teléfono, tumbarte en la cama y poner "El roce de tu cuerpo", de Platero y tú,  y llorar.  Se repetía la rutina unos cuantos días y, bueno, tarde o temprano, pasaba. 

Ahora está siendo distinto, pero no puedes sentirte mal por no sentirte mal. No es justo. No puedes clavarte astillas bajo las uñas para sentir dolor, para recordar que, aunque la mayor parte del tiempo no lo notes, estás caminando sobre vidrios rotos. Lo sabes, sé que lo sabes: tú los pusiste ahí. Pero crees que no sangras lo suficiente. Y no deberías: otras veces has sangrado más de la cuenta. 

Deja de ponerte calificativos, ¿quieres? No eres justa contigo misma. No estás haciendo nada malo. No has hecho nada malo. Si hay un deber sagrado en esta vida es el de intentar ser feliz. Igual de sagrado es hacerlo sin herir a nadie, pero eso es tan difícil... Ser un santo no está al alcance de todo el mundo. Lo sabes, porque a veces has sido tú la herida. 

¿Y qué, si te estás permitiendo disfrutar de destellos de alegría? ¿Y qué, si te estás permitiendo vivir el presente sin hacer planes ni mirar al pasado? ¿Y qué, si a veces ríes con ganas? ¿Y qué, si a veces lates? ¿Vas a flagelarte por ello? 

Sí, te gustaría hablar, pero sabes que no es el momento. Toca silencio, toca fingir. Toca hacer como que olvidas que tienes muy buena memoria. 

Asúmelo, querida: no está saliendo como tú esperabas, pero bien, en eso consiste la vida, ¿no?




domingo, 21 de agosto de 2016

#Pedazos, al fin.

Ha costado, ha sido un parto largo (estaba esperando al prólogo, no me echéis a mí la culpa XD), pero ya está aquí. 

Si os soy sinceros, me pilla un poco desganada, pero ya que dije que lo haría, pues lo hago y punto. 

Así que, aquí lo tenéis:


Podéis descargarlo 



Y puntuarlo, si os apetece, en Goodreads

Si alguien se decide a leerlo, espero que lo disfrute todo lo posible :) 


No estaba muerta, estaba comiendo berenjenas fritas con miel de caña.

No me echáis nada de menos, y eso es muy mal. He estado -y estoy, no creáis, y voy a seguir- desaparecida casi una semana y nada. Pero que tampoco os sintáis mal: si es que no me ha echado de menos ni mi gato, vaya. 

Por si alguien se lo pregunta, he estado estos días por Córdoba, buscando piso. Y lo he encontrado, lo cual está muy bien, porque, además, lo he encontrado muy rápido y estoy bastante contenta. Vamos, que tengo unas ganas LOCAS de plantarme allí con mi vida metida en cajas. Otra vez. 

Lo que me ha llamado la atención es que he tenido más vida social en estos cinco días que en la mayor parte de los últimos años, salvo alguna excepción contada. He cenado en el Peggy Sue (que le tenía ganas, ganas de verdad), he comido el helado de stracciatella más rico del mundo, he cantado a dúo en el coche, he ido por primera vez a un preestreno, he conocido gente guay, me he pasado Twitter sin entrar casi, varias veces y en varias modalidades, he probado platos típicos cordobeses (muchos y varias veces XD) y bueno, he hecho #cosas. Muchas. Estoy bastante contenta :) 

Me quedo con el cúmulo de experiencias y con lo que presagian. Empiezo un nuevo capítulo y la protagonista de la historia de mi vida parece que está decidida a romper con todo, a correr riesgos y a enfrentarse a todos los miedos habidos y por haber. Deberíais haberme visto intentando salir del centro de Córdoba en coche esta mañana xD. No, en serio, que ha ido bien. Estoy hecha una machota. 

Ya, ya sé que cansan mis dramas de conductora acomplejada, pero es que no sabéis lo importante que ha sido para mí atreverme a ir a Córdoba en coche. Y todo lo demás. 

Así que nada. Ahora toca empaquetar. Empieza lo difícil: la mudanza. A partir de ahí todo va a ir rodado. Lo sé. Bueno, y si no rodado, estoy segura de que voy a afrontar las dificultades con gracia, entereza y elegancia, porque yo lo valgo xD

Ya, ya sé que no he dicho nada con sustancia, pero tenía ganas de escribir este post. 

Ea, pues ya está. Disculpad si estoy algo ausente en los próximos días, ya sabéis por qué es :)

¡Besos fuertes!




sábado, 13 de agosto de 2016

Lo que tengo que hacer.


Esta mañana he ido al mercado a comprar unas cosillas. He visto que tenían algunos vestidos bonitos y me he detenido a mirarlos. El problema es que de los que me gustaban no había talla, y de los que no me gustaban sí. Cosas que suelen pasarme porque el mundo me odia. 

Estaba mirando uno cuando mi tía, con toda la buena intención del mundo, me ha dicho, literalmente:

-Lo que tienes que hacer ahora, Bettie, es ponerte a dieta.

Ahá. Claaaro. Porque no hay en mi vida otro objetivo más urgente e importante que el de pasar hambre y privarme de las cosas que me gustan, sentirme miserable y de mal humor para, si tengo suerte, bajar de peso. En eso justamente estaba yo pensando.

La respuesta real no ha sido esa, claro, pero no penséis que me he quedado callada. Le he dicho, y me ha salido del alma:

-Pos va a ser que no. 

No ha replicado, evidentemente. Habrá pensado que soy una maleducada, que lo dice por mi bien, que bla-bla-bla. Pero es que yo soy feliz. Ahora mismo soy feliz. Y parece que la gente no puede asumir que alguien pueda ser feliz estando gordo. Pues yo, ahora, no sería más feliz si tuviese una talla 38, de verdad lo digo. Y, por si alguien viene con la canción: también estoy sana, que menudos paseos arriba y abajo de Cuenca me he metido. 

Ya conté algo parecido en Twitter, un incidente con un camarero la otra noche. Podéis entrar en el tuit y ver las respuestas para enteraros de toda la historia.



A raíz de lo de esta mañana se me ha ocurrido lanzar una encuesta en Twitter. Los resultados, en el momento en el que escribo este post, son provisionales, pero ahí van:


Quizá, por mi experiencia (llevan opinando sobre mi cuerpo desde que tengo 6 años) esperaba unos resultados más desiguales. Pero no deja de ser significativa la cantidad de personas que reciben observaciones sobre su físico con cierta frecuencia (varias veces a la semana como mínimo). Que digo yo, ¿por qué lo hacen? ¿Es que creen que estamos ciegos?

Yo asumo que la gente no se da cuenta de que cada quien es dueño de su cuerpo y de las decisiones sobre el mismo, pero lo que me ha chocado del caso de esta mañana es que no se ha quedado en sugerencia, sino que era ya una imposición: "Lo que tienes que hacer es..." Y no. Hay muchas cosas que tengo que hacer PORQUE QUIERO HACERLAS. Mejorar mi inglés (C1, allá voy), volver a nadar (piscina cubierta, allá voy xD), descansar, disfrutar de mi tiempo libre, conocer gente nueva, incluso aprender corte y confección. Ponerme a dieta no está, en estos momentos, en el top-nada de mis prioridades. Y, si soy sincera, no sé por qué razón alguien podría pensar que lo está. 

Hablo de mí y de mi sobrepeso, pero se aplica a todo: que si estás pálida, que si estás demasiado delgada, que si estás demasiado morena, que si no te maquillas, que si te maquillas demasiado, que si tienes apariencia infantil, que si pareces mayor de lo que eres, que si tienes canas, que si tíñete el pelo... Yo qué sé. ¿No es más fácil vivir y dejar vivir? Digo. 

No sé. ¿Qué opináis? ¿Os suelen hacer observaciones de este estilo? ¿Soléis hacerlas? ¿Cómo lo lleváis? Yo, es cierto, me lo tomo con mucha más calma y no me corto en contestar últimamente, pero cuando me paro a pensarlo me parece tan injusto que tengamos que aguantar estas cosas... 

En fin. 

miércoles, 10 de agosto de 2016

Mirando a Cuenca.

Sí, ya sé, el título del post. Pero es que es lo que he estado haciendo los últimos días: mirar a Cuenca. Y oigan, ¡qué preciosa es! 

He pasado mis primeras vacaciones de verdad en mi querida Cuenca, y me alegro, porque me va a tocar estar lejos de ella y, así, he podido aprovecharla al máximo: callejear, subir sus cuestas, mirarla desde todas las perspectivas, saborearla, vivirla... Ay. 

Y sí, mis primeras vacaciones. Nunca me había ido así, de vacaciones, a un hotel, a vivir la vida por unos días. Bueno, está el viaje de fin de carrera, pero fuera de eso, nada más. Y no era un hotel, aunque estuvo genial. Esta vez sí me he quedado en un hotel: en el célebre Hotel Torremangana, nada menos. Recuerdo que, cuando me estaba sacando el carnet de conducir, pasaba muchísimo por allí haciendo las prácticas y pensaba que nunca iba a poder alojarme en ese lugar, vaya usted a saber por qué (mentalidad de pobre, que es lo que he sido siempre). Pues mirad, nunca digáis nunca, porque a saber. 

¿Y qué he hecho estas vacaciones? Pues, fundamentalmente, vivir la vida. Dormir algo, comer y beber bastante, tener conversaciones interesantes, reír ... Creo que han sido unas buenas primeras vacaciones.

¿A destacar?

  • Cuenca. Preciosa, romántica, encantadora, maravillosa. Cuenca colgada del cielo, encaramada en lo alto. Cuenca única y mágica. Si no la conocéis, tenéis que ir. Y tenéis que reservar tiempo para pasear por sus calles sin más pretensión que la de perderos y encontraros. Solo eso. 



  • La comida. Tanto en los restaurantes como en los bares más humildes. (Por favor, si vais a Cuenca tenéis que buscar esos bares donde, con la caña, te ponen unas tapas que parecen un plato de comida de tu abuela). Yo, como buena conquense, adoro el morteruelo, los zarajos, el ajo arriero, los gazpachos... Y me he puesto las botas, vamos. A destacar el restaurante El secreto, donde el personal fue maravilloso y nos proporcionó una cena inolvidable, tanto por la comida como por el ambiente. A un nivel más humilde, destaco el Mesón San Julián, donde, además, pudimos probar la cerveza Tormo, una cerveza artesanal conquense. 
  • La compañía. No tengo nada en contra de viajar sola y, de hecho, espero poder hacerlo de ahora en adelante. Pero tampoco está mal compartir vacaciones cuando las compartes con alguien interesante con quien puedes charlar de cualquier cosa, desde Harry Potter hasta religión, y con quien puedes acabar recitando poesía en la parte alta de la ciudad. Gracias por la compañía :)
Pensaba hacer un post más detallado y con el que dar más envidia, pero lo cierto es que me he levantado con los ánimos torcidos y que estoy pasando una mañana de nervios importante. Tengo una sensación muy fea en la boca del estómago y un miedo muy grande. Sí, es por el destino. Sé que tengo que empezar de cero y que, para ello, me vale lo mismo Jaén que Cádiz. Me habría dado lo mismo hace un mes, pero ahora, después de ponerme la miel en los labios con la adjudicación provisional... 

Necesito muchos mimos hoy :(

En fin, ya que el post me ha quedado tan cutre, podéis preguntar lo que queráis :)

PD: me gustaría poner más fotos, pero hice muy pocas. Señal de que estaba ocupada disfrutando del viaje. 

miércoles, 3 de agosto de 2016

Lo que me gusta de Internet.

Hay muchas cosas que no me gustan de Internet. Hace 13 años, más o menos, que lo uso, y en este tiempo no es que me haya pasado de todo, pero sí he tenido experiencias de muchos tipos, buenas, muy buenas, regulares y malas. Suelo hablar de las malas cuando sale el tema, porque Internet da a la gente aburrida, mezquina o con ganas de hacer daño las herramientas necesarias para llenar su vacua vida. Pero hoy quiero hablar de las cosas buenas.

El fin de semana pasado hablaba de mis amigas de Internet como medio para conocer gente genial. No se fiaban, es cierto. Estaba intentando convencer a una amiga de que usase Internet para ampliar su círculo de contactos y conocidos, pero como que no estaba muy por la labor. Y yo tuve que defender mi postura porque, en mi experiencia, Internet es un buen sitio para hacer amigos. Y lo digo así, AMIGOS, con todas las letras. 

Por ejemplo, pienso en mi amiga Anna. Gracias a ella y a su madre (y a un acontecimiento poco afortunado, eso es cierto) tengo una biblioteca de filosofía que habría tardado añísimos en reunir y que me ha sido muy útil para preparar las oposiciones. A Anna la conocí en un foro, y empezó a escribirme por mail cuando vio un maquillaje mío inspirado en The Sandman. Unos meses después nos desvirtualizamos, y nos hemos visto un par de veces o tres, nada más. Sin embargo, cuando he necesitado ayuda ha estado ahí, cuando he sido feliz, ha estado ahí. Sin ir más lejos, la semana pasada recibí un paquete precioso suyo con unos regalos para felicitarme por la plaza. Tengo muchas ganas de ir a visitarla :) 

Pienso en Perri, también. El miércoles 20, fecha en la que se hacía pública la lista de seleccionados en las oposiciones, cuando dije que sí, que tenía la plaza, recibí un vídeo suyo. Lo había grabado esa misma mañana, a las ocho y pico, segura de que esta era la mía. En el vídeo una mujer preciosa y maravillosa me felicita, me dice muchísimas cosas bonitas, emocionada. Como si nos conociésemos. Y bueno, en cierto modo nos conocemos. Lo digo muchas veces: hay gente de Internet que me conoce de una manera más profunda que algunas personas que conviven conmigo. Lloré, lloré muchísimo. De felicidad. Y me sentí muy afortunada por haber cruzado mis pasos con los suyos.

Pienso en Rosa y en sus emails. Empezamos a hablar gracias a este blog y, desde que empezamos a escribirnos, le he contado una cantidad de cosas... Y es curioso, porque nunca me ha juzgado, por extrañas que hayan sido. Siempre encuentro en ella un consejo sabio, una amiga paciente, una mirada comprensiva. Y eso, sobre todo últimamente, es un tesoro. 

Pienso en Ro, en mi ídola. Llegué a su blog y me quedé fascinada con su manera de ser, con su manera de sentir, con su manera de enseñar. Cuando yo llegué quería ser como ella, profesora. Mi sueño todavía estaba muy lejos. Este curso he abusado de ella, le he preguntado dudas... Y ahora aspiro a ser como ella, de verdad, una buena profesora. Y ojo, que creo que las aspiraciones se me quedan muy grandes. Pero no va a ser por falta de intentarlo. 

Podría seguir, hasta el infinito. Pienso en Lansy y en sus infinitos detalles y atenciones conmigo. En Javi y en su disposición para hacerme desconectar cuando lo he necesitado. En Letraherido y nuestras conversaciones interminables. Puf. Que nadie se sienta excluido, por favor. No puedo hacer un post citando a todo el mundo. Es imposible.

Pero lo cierto es que me he encontrado gente MUY buena. Mucho. Ayer mismo, sin ir más lejos, Krau, un chico majísimo con el que no tengo relación desde hace tanto tiempo, me arregló el portátil. Pasamos algo más de tres horas simpáticas, intercambiando mensajes por Telegram (los míos son de museo de la locura XD). A ver qué necesidad tenía este mozo de pasar media tarde (o más) arreglando mis mierdas. 

En fin *suspira* que hoy me siento moñas y que me apetece deleitarme en las cosas bonitas que me pasan y en la gente bonita que me encuentro. *suspira*

*requete-suspira*

Vale. Ya. Ya paro.

Gracias. Gracias de verdad. 

martes, 2 de agosto de 2016

Rotos y descosíos.

Hace un rato he visto un anuncio de Meetic, dentro de la campaña #LoveYourImperfections. Hace ya meses que esta plataforma de contactos utiliza anuncios relacionados con el eslogan: "Si no te gustan tus imperfecciones, a alguien le gustarán".  Me parecen todos bastante chulos, pero el de hoy no lo había visto, y no lo encuentro en Youtube, así que os lo describo.

Aparece, en primer plano, la camisa de un hombre, abotonada, y se ve que tiene tripa. Empieza a desabotonarse la camisa, mostrando la tripa fofa y, cuando se abre el plano, se ve que hay una mujer tras él quitándole la camisa, y se recita el eslogan. Me-ha-encantado.

Me gusta la campaña porque ataca los complejos fundamentales de muchas personas cuando tienen que buscar pareja, o un encuentro sexual, o cualquier interacción por el estilo: que no somos perfectos. Que tenemos estrías, o cicatrices, o mucho vello, o celulitis, o que estamos blancos o lo que sea. Y nos sentimos en la obligación de parecer otras personas, consciente o inconscientemente, de acercarnos al estándar. Supongo que, hasta cierto punto, es inevitable.

Pero yo debo ser rara, porque me gusta la gente con imperfecciones. Uno de los últimos días de clase una alumna de 2º ESO comentaba esto mismo, refiriéndose a un profesor: que una de sus imperfecciones lo hacía mucho más atractivo. Es lo que contesto yo cuando un amigo, para chincharme, dice que Alberto Garzón tiene la cara picada: eso lo hace aún más atractivo.



Soy muy fan de las "imperfecciones". Lo entrecomillo porque, para mí, no lo son. Esas cosas que la gente llama imperfecciones son parte de cada uno de nosotros, parte de lo que nos hace ser quien somos. Será por eso que siempre me he deleitado en esas "imperfecciones" físicas y que me he esforzado en demostrar a la gente con la que he estado que me gustaban porque eran parte de ellos, y que quería estar con ellos al completo.

Y sí, además, creo que el anuncio tiene razón. Hay aquí un dicho que, supongo, se utilizará también en otros lugares: Siempre hay un roto pa' un descosío. Pues eso. No queráis ser perfectos: buscad a vuestro roto o a vuestro descosío, a quien os quiera enteros, con vuestras "imperfecciones".

¡Mua!


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...