jueves, 31 de julio de 2014

Una chica decente.

Era una niña bien de provincias, o como ella se llamaba a sí misma, una chica decente, y estaba aterrorizada. Después de toda una breve vida de estricto control se veía sola, libre y, al contrario de lo que cabría esperar, aquello no le proporcionaba felicidad alguna. Extrañaba el internado de monjas al que la mandaron por exigencia de su abuelo.

-No podemos permitir que nos la desgracien en un instituto. Entre los profesores hay muchos comunistas y la nena es muy inocente.

Y lo era, inocente y obediente, así que no pasó demasiados apuros en el internado. Su sonrisa y su buena disposición hicieron que no se ganase ninguna enemistad reseñable entre las compañeras y su diligencia y docilidad la convirtieron en una de las protegidas de las monjas que las guardaban. "Allí todo era sencillo", pensaba. "Obedecer y callar. Eso puede hacerlo cualquiera".

Ahora, a sus dieciocho recién cumplidos, se encontraba en Madrid, una ciudad que no espera a nadie, y sola. Su familia se había negado a que compartiese piso con nadie y tampoco confiaban demasiado en que las residencias universitarias proporcionasen el ambiente más adecuado para su pequeña, así que habían comprado para ella un acogedor ático en un barrio como Dios manda.

-Para que te acostumbres -sentenció su padre- puedes irte a pasar allí el verano. Tómatelo como unas vacaciones. 

Había pasado solo una semana y creía que no iba a poder soportarlo más.

Entonces, cuando estaba a punto de rendirse, recordó que no estaba totalmente sola. Su mejor amiga del colegio también estaba viviendo en Madrid. Hacía más de cinco años que no la veía, pero seguro que Mariola se alegraría al saber de ella. Y no se equivocaba.

-¿Estás en Madrid? ¡Pues quedamos! Tenemos que vernos. ¡Tendrás tantas cosas que contarme! ¡Ay, Lola! ¡Qué alegría!

Mariola era la única que la llamaba Lola. Decía que María de los Dolores era nombre de señora mayor, que ya la llamaría así cuando fuesen señoras mayores. 

La había citado en un pub de Malasaña. Cogió un taxi, pues la habían advertido de lo peligroso que era el Metro y no se sentía capaz de llegar hasta allí en autobús. Cuando llegó encontró a Mariola sentada con otras dos chicas. Las tres reían escandalosamente y bebían cerveza. Estuvo a punto de darse media vuelta pero la que había sido su amiga fue más rápida.

-¡Lola! ¡LOLA! ¡Estamos aquí!

María de los Dolores forzó una sonrisa y se dirigió hacia ellas. Una vez hechas las presentaciones pidió un zumo de piña y se sentó, deseando encontrar pronto una excusa para irse: estaba claro que Mariola y ella ya no tenían nada en común. 

Pero, de nuevo, las cosas no fueron como esperaba. Mariola le hizo una pregunta que no entendió, pensando como estaba en marcharse de allí cuanto antes.

-¿Perdona? - preguntó, sonriendo.
-Que qué opinas tú de la masturbación. ¿Los orgasmos son mejores o peores que en pareja?

Se sorprendió tanto que ni siquiera tuvo tiempo de sujetar su lengua. 

-Las señoritas no se masturban -dijo, cargada de razón.

Todas rieron.

-¿Y las señoras? -preguntó Lorena, una de las amigas de Mariola.
- Cuando lo sea, lo sabré -respondió María de los Dolores reuniendo todo su encanto para intentar arreglar el desastre.

Rieron de nuevo, esta vez también ella. Dejó pasar media hora antes de decir que tenía cosas que hacer y se marchó, a pesar de la insistencia de Mariola para que se quedase. 

En el taxi de vuelta no paraba de pensar en aquellas chicas y en lo distintas de ella que parecían. Eran ordinarias, soeces, descaradas y, seguramente, unas obsesas sexuales. Pero parecían tan felices... 

Si le hubiesen preguntado no habría sabido explicar por qué, pero nada más llegar a casa encendió su ordenador portátil y empezó a buscar información sobre sexo. De repente aquella incógnita a la que nunca había prestado atención le parecía merecer toda la que pudiese reunir. Y, ya sabéis cómo son estas cosas: una web llevó a otra, y esa a un vídeo, y ese vídeo a otro. Y María de los Dolores acabó masturbándose. 

Cuando terminó no sabía si era o no una señorita, si seguía o no siendo decente. Pero no le importaba. Además, ¿quién iba a saberlo? Cuando ese fin de semana la visitó su padre y la besó en la frente, como si fuese la misma niña que había sido siempre, María de los Dolores entendió que nadie iba a dudar de su decencia porque nadie sabía lo que hacía en su habitación. Así que siguió con su rutina sin preocuparse de nada. Hasta que coincidió con el vecino de abajo y sintió que él lo sabía todo. Lo leyó en su sonrisa y en el rubor que tiñó sus mejillas. 

María de los Dolores pidió a su padre que vendiera su ático. Puso todo tipo de excusas: no le gustaba el barrio, se sentía sola, estaba lejos de la universidad, no había parques cerca,... Incluso lloró. Y su padre consintió que se mudase con Mariola, la hija del panadero, que venía de una familia como Dios manda, al nuevo ático -más alto, más amplio, más luminoso- que le había comprado. Eso sí, a condición de que estuviesen ellas solas en el piso. A cambio de la compañía, Mariola tendría los gastos pagados.

Ya se había olvidado de todo cuando un día Mariola le prestó un disco. En él, la foto de su antiguo vecino y una canción que le hizo ruborizarse. Sin perder un segundo María de los Dolores, que ahora prefería que la llamasen Lola, cogió el metro para volver a su antigua casa. Tenía un par de cosas que susurrarle a su vecino.






Hoy estoy... ¿creativa?
Y estoy escuchando... Tu susurro - Ismael Serrano

miércoles, 30 de julio de 2014

España existe, ¿y en la ficción?


Aquí una servidora va por rachas. Últimamente me ha dado por leer relatos y cosillas por Internet de escritores que están en ello, intentándolo. Y me he dado cuenta de una cosa: los escritores suelen ambientar sus relatos en "a tomar por saco". Donde sea, menos en España. No es una generalidad, pero ocurre a menudo. También pasa de tanto en tanto con las novelas. La última vez que me pasó fue con Infinite, de May R. Ayamonte. Esto ni suma ni resta a las historias, pero me llama la atención. ¿Por qué no se ambientan las historias aquí? 

Recuerdo que una de las cosas que más me sorprendió cuando Fernando Claudín me ofreció leer alguna de sus novelas románticas históricas (al final leí El último cabalista) fue que estaban ambientadas en España y en su historia. Para mí resultó ser un valor añadido, no es algo que suela verse. No miento si digo que fue determinante para que aceptase.

Playa de las Catedrales, Lugo


Supongo que hay géneros que se prestan más a la "deslocalización", no sé. Tampoco leo tanto como para haber hecho una estadística. Pero ¿no pueden enamorarse unos adolescentes en Zaragoza? Me pregunto. ¿No puede suceder un crimen misterioso en Sevilla? ¿No puede una intrépida detective buscar a un misterioso asesino, a lo Jack el Destripador, en Salamanca? Cito este tipo de historias porque pueden ocurrir en cualquier parte del mundo y, por tanto, no habría necesidad de "deslocalizarlas". Pero también puedo ponerme fantástica y pedir que una hermandad de brujas y hechiceros luche contra unos demonios que han sido liberados en la ciudad de Cuenca. O que un grupo de cazavampiros recorran Valencia de punta a punta salvando nuestros cuellos. ¿Por qué no?

Toledo

Cuando me dan estas neuras, porque son neuras mías, las comparto con Jack. Total, él ya sabe que estoy como una regadera... En este caso me contestó, con toda su sensatez y pragmatismo, que Estados Unidos, París o Londres eran mucho más comerciales que cualquier ciudad española, especialmente si el libro pretende venderse fuera en algún momento, o se tiene la esperanza de poder hacerlo. Podemos salvar Madrid y Barcelona, que de hecho son normalmente las excepciones que se encuentran en los libros, pero poco más.  Y es que claro, parece que la cosa no queda igual si la pandilla de amigas sale de compras por Nueva York que si lo hace por el Centro Comercial Imaginalia de Albacete, ni el beso es lo mismo si al fondo se ve la Torre Eiffel que si se ven las Casas Colgadas. Solo para que conste en acta: prefiero las Casas Colgadas de fondo. 

Casas colgadas de Cuenca

No sé, cuando yo escribo, la mayor parte de las veces, mi historia podría transcurrir en cualquier sitio: evito poner nombres si no es necesario, lo mismo a las ciudades que a los personajes. Pero si tengo que dar nombres, acabo quedándome cerca. No es patrioterismo barato, para nada. Es que creo que en España hay escenarios dignos de cualquier novela. Actualmente estoy escribiendo un chorra-relato y, de momento, la acción transcurre en un pueblo de Cáceres... 


Qué será, será...

Me encantaría leer más historias "de aquí".

No sé, ¿qué opináis vosotrxs? Y si escribes -aunque sea como aficionadx-, ¿dónde ambientas tus historias? ¿Por qué? En serio, que tengo curiosidad. :)


Hoy estoy... gandula
Y estoy escuchando... El cigarrito - Joan Manuel Serrat

martes, 29 de julio de 2014

Huir.

Hacía tiempo que no tenía un día malo. He tenido malos días, como todo el mundo, aunque en estos meses han sido menos frecuentes. Y días malos, ni uno. Porque no es lo mismo un mal día que un día malo. En un mal día estás más cansada que de costumbre, de peor humor, más torpe o desganada. En un día malo no hay manera de levantar cabeza. 

Hoy ha sido un día malo, porque también hacía tiempo que no tenía un ataque de ansiedad, o intento de ataque. Pero hoy ha tocado, y no ha sido uno, han sido dos. El primero, esta mañana. No ha llegado la sangre al río, he podido manejarlo, pero no sé el resto de la gente qué tal lo lleva, porque yo después me quedo hecha polvo. El segundo, esta tarde, sobre las seis. Y no estaba dispuesta a que la cosa llegase a mayores. Me he liado la manta a la cabeza, he apagado el ordenador y me he ido de paseo.

No me ha importado el calor, ni el sol, ni la distancia. He caminado, con mi mp3 puesto. Mis pasos me han llevado a la huerta, como casi siempre últimamente. ¿Tendrán algo que ver las gatas? Pues claro. He estado allí charlando con mi padre y unos amigos. Después mi padre ha preparado la merienda. Tomates y pepinos recién cogidos de la mata y, especialmente para mí, zanahorias recién sacadas de la tierra. 

Hemos pasado un buen rato viendo como Dama y Nymeria jugueteaban por allí. Y hemos asistido a su primera caza. Vamos, que creo que se están ganando el puesto de trabajo. ¡Si no tienen siquiera un mes! Contra todo pronóstico no ha sido Nymeria la cazadora, sino Dama. Quien lo iba a decir, con lo calmadita que se la veía. 

Ya tarde, a las 9 de la noche, mi padre y yo hemos salido de allí y hemos vuelto a casa dando un paseo, charlando y disfrutando de la brisa fresca que comenzaba a levantarse. Se me ha pasado la tarde volando y no he tenido ni medio problema más. 

A veces no hay nada como una huida a tiempo. Y es que eso de huir está infravalorado.


Hoy estoy... aguantando
Y estoy escuchando... Amor, amor de mis amores - Natalia Lafourcade

lunes, 28 de julio de 2014

Libro: The Midwife. A memoir of birth, joy and hard times, de Jennifer Worth.



¡Bien! Otro de los retos de 2014 cumplido. He empezado la trilogía en la que se basa la serie de televisión de la BBC "Call the Midwife!".  Serie, por cierto, que ha pasado el Lia-test de calidad. Supongo que el libro ya está en castellano, pero bueno, yo lo he leído en inglés, que me hacía ilusión.

¿De qué va el libro?

Pues el libro consiste en las memorias de Jennifer Worth, Jennifer Lee cuando era soltera, concretamente en sus primeras experiencias como comadrona en el East End londinense, la zona de los muelles, una zona muy pobre. Se trata de capítulos que narran episodios aislados, prácticamente independientes unos de otros.

Hablando del libro...

Pues... no sé. Acabo el libro con una sensación agridulce, y eso no me gusta. 

Empezaré por la parte dulce, y es que el libro me ha parecido muy interesante. Tengo cierta debilidad por la primera mitad del siglo XX, supongo que porque fue una época muy dramática. Bueno, esa debilidad se extiende hasta los años 60. Y el contexto histórico de este libro son los años 50, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, en un Londres todavía muy afectado -estructural, económica, física y emocionalmente- por los bombardeos. Además, me resulta muy curioso que una época tan cercana en el tiempo parezca tan lejana cuando nos ponemos a investigar sobre ella. La manera de vivir, de afrontar problemas cotidianos (ser madre soltera, la infidelidad, el maltrato,...), de enfrentarse a las adversidades,... pues es interesante. También me ha gustado mucho leer sobre las costumbres pediátricas y de crianza de la época.  Vamos, como "anecdotario" está muy bien, para aprender curiosidades y eso. 

Pero ahora viene la parte amarga... y es el enfoque. Y claro, cada uno enfoca sus memorias como quiere, faltaría más. Pero supongo que eso es lo que tienen las memorias, los recuerdos: que una no puede ser objetiva. ¿Qué hay más subjetivo que un recuerdo? Dicen que cada quien cuenta la fiesta según le ha ido en el baile, y es una gran verdad a la que Jennifer Worth no escapa, o eso me parece. 

No es que yo estuviese allí para verlo, claro, pero me parece que en ocasiones Jennifer Worth oscila entre dos extremos: la idealización y el menosprecio. Hay pasajes en los que la autora habla de la época como si fuese una maravilla. Cualquier tiempo pasado fue mejor, que se dice. Están más concentrados al principio del libro, pero también pueden encontrarse dispersos a lo largo de la narración. Hay un ejemplo que me ha llamado mucho la atención. En un pasaje habla de que, bueno, sí, en aquella época era común que un marido le soltase dos guantazos a su mujer, pero que la gente era decente, que nunca había oído hablar de un caso de maltrato infantil o a los ancianos. Que se respetaba a los débiles. Bueno, vale. Aceptemos barco. O no. Porque unos capítulos adelante habla de un padre que tiene aterrorizados a madre e hijos y del que se dice que maltrata tanto a su mujer como a sus criaturas. Y así en más ocasiones. A medida que vas leyendo te das cuenta de que esa imagen ideal del East End como un lugar en el que la gente era pobre, pero honrada y noble y donde no se cerraban las puertas... pues no es un reflejo del todo fiel. Creo que Jennifer Worth cae en su propia trampa: generaliza para idealizar y los casos concretos acaban desmintiéndola. En otros casos simplemente se trata de un deje muy propio de las personas mayores: "en mi época las cosas se hacían mejor".

Y luego está el menosprecio, que es lo que menos me ha gustado del libro. A lo mejor ha sido un problema de comprensión, no lo sé, pero me ha parecido que en más de una ocasión la autora se situaba por encima de la gente para la que trabajaba. Tan pronto habla de las gentes del East End como gente trabajadora y maravillosa como trata a las mujeres de estúpidas y a los hombres de brutos. Hay un pasaje en el que se habla de la alimentación con leche materna o con biberón. Pues en ese pasaje mantiene que las comadronas del East End fueron contra la tendencia general -recomendar el biberón- y con buen criterio, pues las mujeres con las que trabajaban eran poco menos que incapaces de preparar y esterilizar un biberón. Tontas, vaya.  Esta superioridad en la que se sitúa a menudo la autora es lo que más me ha disgustado del libro. Sobre todo cuando habla, de tanto en tanto, de la cura de humildad que trabajar allí supuso para ella. ¡Pues menos mal!

En cuanto a la relación con la serie... Pues me quedo con la serie. Es cierto que en el libro se narran casos vistos en la serie. Aunque el orden no sea el mismo, sí lo son los hechos. Sin embargo el libro carece de ese toque que tiene la serie, de ese encanto y de esa ternura. De esa sensibilidad. Lo he notado sobre todo en los capítulos de Conchita Warren. En la serie se habla de la relación con su marido de una manera muy romántica: no necesitaban hablar porque se lo decían todo sin necesidad de palabras. En el libro, aunque se habla de la ternura que se demuestran, poco menos que se dice que si seguían casados era porque no podían hablar el uno con el otro. Es lo mismo, pero el enfoque es diferente, ¿no?

Por último, no puedo dejar pasar la interpretación que la autora hace de la Guerra Civil como una batalla entre republicanos y monárquicos que tiene su origen en el afán de los republicanos de derrocar la monarquía y acabar con la nobleza. La mención es breve, pero vaya, me ha llamado la atención. 

No sé si seguiré leyendo los otros libros de la autora, aunque el de Shadows of the Workhouse me causa bastante curiosidad... Ya veremos. 

Os dejo un trocito...

Es un extracto de la historia de Conchita en el que se ve lo que digo antes.

"I was fascinated. This was the stuff of high romance. A peasant girl! She certainly didn't look like a peasant. She looked like a princess of the Spanish court, whom the Republicans had dispossessed. Had the brave Englishman rescued her and carried her off? What a story! Everything about it was unusual, and I looked forward to meeting Mr. Warren that evening."
En resumen, este libro...

3.5/5

Lo dejo así porque me ha resultado interesante y curioso, aunque no ha sido lo que esperaba. 

A continuación, por fin, empezaré la relectura de El Señor de los Anillos. A ver qué tal... :) Jó, menudo tocho me ha quedado xD



Hoy estoy... acalorada
Y estoy escuchando... Blue Velvet  - Bobby Vinton

domingo, 27 de julio de 2014

Peli: Bajo la misma estrella (2014)



Cosas que hacer cuando te vas de "vacaciones" a una gran ciudad: ir al cine. Porque desde luego en mi caso disfrutar del "buen tiempo" no se aplica a un calor húmedo asfixiante y a un sol de mil demonios. Y lo cierto es que yo ya iba con idea, porque quería ver "Bajo la misma estrella", tenía muchas ganas. 

Nota: alguien me preguntó que para qué quería ver la película si ya había leído el libro. Reacción:

Oh, please...
La cuestión es que lo decisivo para ir al cine no fueron las ganas que yo tenía de ver la película. Lo decisivo fue que ESA semana justamente había una promoción con entradas a mitad de precio. Querida industria del cine, toma nota: por 4 euros puedo permitirme ir al cine de vez en cuando, muy de uvas a peras, pero por 8 euros (o más) es que ni lo pienso. Conclusión: de no haber promoción, me habría quedado con todas las ganas de verla, sintiéndolo mucho.

La cuestión es que vimos la oferta por Internet y Jack propuso ir a verla esa misma tarde. Así, de sopetón. Como en los viejos tiempos. Y allá que nos fuimos. Yo iba, por cierto, advirtiéndole a Jack que iba a llorar como un magdaleno.

- Tú eso no lo sabes -me respondía.

Pero sí lo sabía. ¿A que sí, Jack? :P

Para nuestra sorpresa después de lo ocurrido cuando fuimos a ver "La ladrona de libros", estábamos casi solos en la sala. No es que me queje: aquello era el paraíso. Poca gente, bastante educada, una sala fresquita, chuches, Jack y una peli preciosa. 

Ale, ya os he destripado la conclusión. Pero sí, meto el dibujo aquí, porque "Bajo la misma estrella"...

Ocurre algo muy raro, al menos, para mí: pienso que es una buena adaptación del libro. Muy buena, de hecho. Cuando yo salgo del cine de ver una adaptación de algún libro que he leído -o cómic- suelo salir despotricando. Siempre. Esta vez, cuando estábamos llegando a la esquina de la calle le dije a Jack:

- ¿Te has dado cuenta de que aún no he dicho nada malo de la adaptación?

Y él, sorprendido, respondió:

- Es verdad...

Durante la película no eché nada de menos ni me sobró nada. Me cautivó. Y me emocionó tanto como el libro. Es una historia preciosa. Eso sí, hay que ir al cine bien aprovisionados de pañuelos. Por lo que pueda pasar y seguramente pase. No es que la historia sea un dramón, pero es una historia de amor muy emocionante que no tiene lugar en un mundo ideal. No es un cuento de hadas, qué vamos a hacerle. Pero merece la pena.


¿La habéis visto? ¿Pensáis verla?

Os dejo la entrada que Ro le dedicó a la película. (¡A enlazar mientras se pueda, insensatxs! xDDD)



Hoy estoy... regular
Y estoy escuchando... Kiss the Girl - Samuel E Wright (a.k.a Sebastián el cangrejo)

sábado, 26 de julio de 2014

Pues va a ser que no.


Estoy tomándome unas "vacaciones" estivales que necesito, aunque quizá no me merezco. Estoy haciendo planes. Después de cursos y prácticas, de tanta agitación, vuelvo a mi estado de "reposo" y me hago preguntas. ¿Qué hago con mi vida? Y aunque la respuesta es "lo que la vida me deje", eso no vale. Tampoco es que vea muchas opciones, pero bueno, hay que hacer recuento y trazar rutas, ¿no? 

Lo que ocurre es que hay muchas cosas que no dependen directamente de mí. Me fastidia decirlo y más me fastidia que sea así, pero es un hecho. Así que he empezado por pensar en esas cosas que dependen de mí en mayor grado. Y me he acordado del inglés. 

Cada vez que entro al blog me encuentro el célebre post sobre Como aprobé el Avanzado de inglés en la EOI preparándome por mi cuenta. Parece que a la gente le resulta útil, a la vista de las visitas y los comentarios, así que me alegro de que esté siempre ahí, entre lo más leído de cada mes. Además me recuerda de que puedo hacer grandes cosas -al menos a mí me lo parece- sin casi ayuda. Que hay cosas que sí dependen de mí y que puedo conseguirlas. Y como resulta que el mundo no se acaba en el B2 de inglés, aunque sí lo haga la EOI, pues me estaba planteando ponerme con el C1, también por mi cuenta y riesgo, para examinarme en algún momento de 2015. O incluso en diciembre de 2014, ¡qué leches!

Pero va a ser que no. No, porque una se pone a mirar y parece que el examen con más prestigio y más aceptado es el CAE, de Cambridge. Luego están los de Trinity, que son bastante más baratos, pero no sé, no me acaban de convencer. La cuestión es que si quiero hacer el CAE, serán 200 euros. Pues casi que prefiero ser una indocumentada lingüística. La Fundación Jack Cromer se ofrece a financiarme el examen más adelante si el trabajo dura. Más majo... Pero es que, con financiación o no, ¡es una animalada! :S

A ver, señores, seamos serios: deberían pagarnos ustedes. ¡Ese examen es una tortura! Que no lo digo yo, que lo dice Lia, y  una servidora, de Lia, se fía (qué chispa). Y ella habla del FIRST de los dolores. El CAE del calvario tiene que ser otro nivel. Vamos, es que pagar por eso es masoquismo. Y exigirlo, sadismo, claro. No nos merecemos esto. Por lo menos Lia y yo, no. No hay más que ver lo buena gente que somos. Yo prometo hacer un writing interesante. Es más, hasta les hablo de Gary Oldman si hace falta. Pero en serio, ¿200 euros? 

Que no, que por ahí no paso. ¡Como para encima suspender luego! Menudo disgusto. Pues ustedes se lo pierden. Y mucho. Que hace poco vi un reportaje sobre el rodaje de Drácula y tengo para rajar de Gary Oldman -y de toda su intensidad- cosa mala. Ale. 


Hoy estoy... cabreada
Y estoy escuchando... Mi novio es un zombi - Alaska y Dinarama

viernes, 25 de julio de 2014

Cuando él me dibuja.



Soy una mujer ordinaria, con virtudes y defectos como el resto de mujeres que pueblan el mundo. Tengo los pies demasiado grandes, los muslos muy gruesos, el pelo indomable, los labios finos, los ojos pequeños,... Diría que no puede encontrarse en mí nada que me haga especial. Al menos más especial de lo que puede ser cualquier otra mujer. 

Y sin embargo debe de haberlo. ¿Dónde? Yo no lo sé. Leí una vez que la belleza está en los ojos de quien mira y supongo que eso es cierto, al menos en parte, y podría extenderse a todos los sentidos. Son los sentidos de los artistas lo que les hace especiales, es su sensibilidad. Son capaces de sentir cosas que a otros pasan desapercibidas y, de algún modo, devuelven al mundo esas sensaciones de manera que dejen de pasar inadvertidas. ¿Cómo? Ni idea. 

No puedo explicarlo, pero lo sé. Lo sé porque yo he pasado desapercibida mucho tiempo hasta que hubo quien se detuvo y me observó, y me vio de verdad, todo lo que soy. Y me devolvió al mundo de otra manera. Papel y grafito, nada más. Y sin embargo, tanto.




Cuando él me dibuja ya no me siento una mujer más de este mundo. Me siento etérea, con la materia justa para que él pueda saber dónde colocar los trazos. El tiempo transcurre lento, pero no importa, porque estamos acariciando juntos la eternidad. Cuando me dibuja ya no encuentro mis defectos, y no sé cómo lo hace, porque puedo reconocerme en cada rasgo, no falta nada. 

¿Cuánto cuesta esto? ¿Cómo podría pagarle? No hay precio. No podríamos ponérselo. Ni aunque un experto se enfrentase a mi yo de papel, a su obra, y escribiese una cifra. No sería cierto. El valor de algo no siempre puede traducirse en números. Así que yo, que intento saldar mis deudas, suelo pagarle con palabras mal unidas y versos torpes. Algo es algo.

Aunque a él no le gusta la etiqueta, para mí es todo un artista. Otros dirán que es un muerto de hambre. Algunos, los que le conocen más, lamentarán sus decisiones porque era un chico listo y de pequeño quería ser ingeniero. Pero no: estudió Bellas Artes. Incluso maldicen el momento en el que, para entretenerlo, le pusieron en las manos un lápiz y un folio de papel. No lo entienden. Lo que él quería era crear cosas. Y lo habría hecho, fuese como fuese.

Estoy segura de que su presencia en el mundo lo hace mejor. Más hermoso. Más divertido. Al menos así es en mi mundo. 



Así que no creo que la humanidad necesite a los artistas, simplemente. No. Creo que son imprescindibles, al menos si queremos seguir siendo humanos. Porque hay capacidades que definen a la humanidad. Sí, la de construir cosas, la de producir, es una de ellas. Pero también está la capacidad de asombro, que nos lleva a hacernos preguntas y a descubrir cosas o a reflexionar. Y entre ellas está también la capacidad de crear, no para producir cosas, sino por el mero placer de hacerlo, o incluso por necesidad, para expresarnos. Renunciar a una sola de estas capacidades es perder humanidad. ¿Qué es quedarnos con una sola?

No me hagáis caso. Supongo que yo también soy una muerta de hambre. 







Hoy estoy... apenada
Y estoy escuchando... Yesterday - The Beatles

Días que no prometen, pero cumplen.


Sé que me repito, pero hay días que no prometen nada y acaban resultando bastante bien. Es lo que tienen los días, que el siguiente siempre es otro y a veces sale mejor que el anterior. A veces. 

Ya que me pongo en plan "Acción de Gracias", empezaré por mi cama. Esta noche he dormido tan bien que, antes de levantarme, me he abrazado al colchón con verdadero cariño. ¡Qué bueno es y qué bien me aguanta!

El resto del día ha pasado de manera bastante normal, hasta la tarde. Ha sido después de las 5 cuando el día ha empezado a ponerse bien de verdad. 

Primero, mi madre me ha avisado de que bajase. Había un paquete para mí. ¡Viva! Y yo no esperaba nada. Así que era una sorpresa. Y me encantan las sorpresas. Era de una buena amiga, de mi amazona favorita (más que Wonder Woman). Resulta que ha estado de vacaciones por sitios preciosos y, entre tanta belleza, ha encontrado tiempo para acordarse de mí. Mientras miraba lo que contenía el paquete, incrédula y con las manos temblorosas, mi madre hacía acopio de la misma incredulidad. Supongo que pensaba en cómo me lo hago para tener tan buenas amistades. Es un alivio que no lo haya preguntado en voz alta, porque no habría sabido qué responderle. 



El paquete contenía una carta manuscrita (me encanta tu letra ^^), una postal de una playa (se agradece que me traigan la playa y me ahorren el calor al mismo tiempo), un marcapáginas precioso, un lápiz muy elegante, recuerdo de La Alhambra y El Generalife (visita pendiente) y una pequeña Infanta Margarita. Cositas pequeñas pero con un significado grande y un cariño más grande todavía, que lo he notado cuando he abierto el sobre :)

Después, desafiando al calor, me he ido a ver una exposición de fotografía. La exposición es una muestra de un libro dedicado a mi provincia. Y resulta que mi padre sale en el libro. Me ha encantado verle ahí, haciendo algo, como siempre. No mira a cámara, tampoco ríe. Observa y tiene las manos preparadas para trabajar. Ese es mi padre: casi ausente de la foto y, sin embargo, se notaría tanto si no estuviese...Nota: tengo que hacerme con ese libro.

Después me he ido a visitar a mi querido modelo de fotografía, mi padre, a su reino: la huerta. Bueno, a él y a las nuevas "miembras" de la familia. Porque eso de aumentar la familia es siempre un motivo de alegría. No es nada nuevo: mi padre es un hombre de campo y, como tal, disfruta de los animalicos. Pero en esta ocasión es especial. Resulta que ha contratado a dos becarias para mantener la seguridad en sus dominos. Están de prácticas y todavía un poco verdes, pero prometen mucho. 


Por cierto, no tienen nombre. Y a estas no puedo llamarles Gata y Gata. Tengo que pensar algo molongo. A su altura, vamos. A su altura metafórica, quiero decir, porque en estos momentos son bastante pequeñillas. 

Vamos, en resumen, que el día ha acabado bastante bien. Y, ¿sabéis qué? Mañana será otro día. A ver si lo superamos...

Muá!

Hoy estoy... contenta
Y estoy escuchando...Con trocitos - Maldita Nerea

domingo, 20 de julio de 2014

Cómic: Batman. El regreso del caballero nocturno, de Frank Miller, con Klaus Janson y Lynn Varley.


Mientras Jack trabaja me deja deberes. Bueno, seamos justos: él dice que lo hace para que esté entretenida, para que no me aburra. "Los lees si te apetece", me dice, "que yo no te obligo". Pero yo sé que como buen devoto de "El caballero oscuro", quiere que lo lea, que le dé mi opinión. Le hace ilusión que conozca a su superhéroe favorito. Bueno, no, Batman no es un superhéroe. No podemos confundirlo: esa es una parte fundamental de su encanto. 

La cuestión es que en dos ratitos he leído El regreso del caballero nocturno, en esta edición, porque en otras el título es diferente. En inglés, The Dark Knight Returns. Así que vamos con la reseña.

¿De qué va el cómic?

Batman está desaparecido, pero en el décimo aniversario desde que se retiró, la ciudad de Gotham parece necesitarle tanto como antaño. La liberación de un supuestamente rehabilitado Harvey Dent y una oleada de crímenes cometidos por la llamada Banda Mutante hacen volver al Murciélago. Eso y que uno no se jubila de ser un vigilante justiciero... Pero Batman ya no es un chaval, y la cincuentena pesa. ¿Será este su final?

Hablando del cómic...

Tengo que reconocerlo, y lo haré: Jack, me ha encantado. Para que una historia fantástica, me da igual que la protagonicen dioses, hadas, elfos, vigilantes, ..., me llegue a gustar de verdad hay una condición fundamental: que me la pueda creer. Y aquí me creo a todo el mundo. O casi, al menos. Me creo a Batman, un Batman bastante oscuro y ciertamente atormentado que se agarra a su escala de valores y a sus principios como si fuesen el último asidero que le queda en el mundo pero que no es un idealista, que sabe que hay trabajo sucio que alguien tiene que hacer. Y no tiene miedo de hacerlo. 

Pero, sobre todo, me creo a la sociedad, a todo el contexto con el que Miller arropa a Batman. Hay un recurso que se utiliza a lo largo de todo el cómic -a mí a veces me ha cansado un poco, la verdad- que consiste en narrar la historia, o parte de ella, a través de la televisión, de modo que presentadores de informativos, tertulianos y ciudadanos entrevistados se convierten en personajes. Pues las opiniones son a veces tan disparatadas, tan ilógicas, tan esperpénticas... Vamos, dignas de cualquier tertulia de nuestra televisión. Así que te las tienes que creer. En la superficie encontramos el debate sobre si Batman sí o Batman no, a favor o en contra de la existencia de vigilantes al margen de la ley, pero en el fondo lo que se percibe es la esencia de una sociedad perdida, desesperanzada y desprovista de todo indicador moral. (Joé, qué insufrible acabo de sonar...)

Y, como colofón final, un gran combate, no entre dos personajes, sino entre dos maneras de entender lo que supone ser un superhéroe o un vigilante enmascarado, en una batalla a muerte: parece que el mundo es demasiado pequeño para que convivan ambas perspectivas.

En resumen, que me ha gustado. Se lee rápido, bien, y la verdad es que da para pensar mucho. Pero mucho. De hecho, en el libro Los superhéroes y la filosofía, editado por Blackie Books, hay un capítulo bastante interesante dedicado a este cómic. Tengo que releerlo, a ver si consigo llegar a alguna conclusión, porque no tengo nada clara cuál es mi postura.

Os dejo un trocito...

Unas palabras con mucha "chicha". El que habla es Superman, citando a Batman. Esto, sin las viñetas pierde mucho...

"Claro que somos criminales", decías. "Siempre hemos sido criminales". "Tenemos que ser criminales".

En resumen, este cómic...

4.5/5

Y nada, esta noche supongo que seguiré con Call the midwife, aunque Jack me ha dejado más Bat-deberes. Y también hay algunos cómics de Wonder Woman... Hum. Difícil. Y lo cierto es que mi libro irá donde yo vaya, pero la colección de cómics de Jack se queda aquí...:P


Hoy estoy... cansada
Y estoy escuchando... Rum & Coca Cola - The Andrew Sisters

sábado, 19 de julio de 2014

Cuando yo era Rae Earl.


Anoche acabé de ver las dos temporadas de My Mad Fat Diary que hay disponibles. Fin -por el momento- a las aventuras de Rae Earl y sus compinches. ¿Alguien sabe si hay planes de que exista una tercera temporada? EDITO: Parece ser que no, que la segunda temporada es, también, la última.

Para mí ver My Mad Fat Diary ha sido muchas cosas. Interesante. Emocionante. Divertido. Pero sobre todo ha sido una cosa: catártico. 

Ver a Rae lidiando con sus problemas, "struggling", que parece que en inglés se expresa mejor lo que ella hace, me ha hecho ver a mi yo desde otra perspectiva, verme con una diferencia temporal de 13 años, pero sobre todo, y casi más importante, verme desde fuera. Porque sí, el 85% del tiempo Rae podría haberse llamado Bettie. 



Me resulta muy difícil hablar de las cosas que me pasaron, de lo duro que fue, de lo imposible que me parecía salir del agujero. De hecho creo que mi mente había puesto en marcha todos los mecanismos a su alcance para enterrar esos recuerdos, y lo había hecho de una manera altamente efectiva. Nunca hablo de aquello. Nunca. Con nadie. Ni siquiera cuando salen a la luz, de nuevo, las mismas inseguridades. 



Sí, esas cosas pasan. La historia de Rae no es una locura inventada que nada tenga que ver con la realidad. Ni siquiera las cosas más disparatadas. Y, por supuesto, también son ciertas las menos disparatadas. El miedo a estar sola, las ganas de encajar, los esfuerzos por caer bien, aún a costa de traicionarse, los experimentos peligrosos, ... todo ello construido sobre, más que una gran inseguridad, un enorme desprecio hacia una misma. Sí. En serio.

Pero, por suerte, mi historia también se parece a la de Rae en la parte de la salvación. Qué hipócrita soy, por cierto. Se me llena la boca diciendo que si hay que quererse a una misma, que si no podemos depender de los demás para empezar a apreciarnos, bla-bla-bla,... Pero yo, como Rae, también necesité que me salvasen. Sí, un grupo de amigos en el que me sentía a gusto. Porque en el momento en el que sientes que encajas, que tienes un papel, todo empieza a mejorar. Es como encontrar tu propósito en el mundo. Claro,a esas edades las cosas son así de radicales. Hoy, supongo, lo veo de otra manera. Y lo creo de otra manera.



Hasta tuve mi Finn. Me preguntaba varias veces al día, cada día, durante 8 meses que duró nuestra historia, cómo era posible que alguien como él pudiese querer estar con alguien como yo. Y a veces no me tragaba la pregunta. A veces, como Rae, descargaba mis desprecio hacia mí misma sobre él. ¡Qué santa paciencia...! Y lo cierto es que me quería. Y me quiso aún después de acabarse lo nuestro. Recuerdo que una amiga común entre él, una novia que tuvo después y yo me contó que ella le había confesado que no podía seguir con él porque era muy difícil competir con mi recuerdo. Flipad. 



Así que sí. Estas cosas pasan. Toda la montaña rusa, tanto la parte que baja como la que sube. Y tiene razón Rae: la gente puede cambiar, no tenemos que estar rotos siempre. Podemos "arreglarnos". Aunque supongo que siempre quedan grietas.

Y nada. Que veáis la serie. 

Muá.


Hoy estoy... pegajosa
Y estoy escuchando... Misty - Julie London

domingo, 13 de julio de 2014

Libro: Infinite, de May R. Ayamonte.



La lectura de este libro ha sido un "accidente". Ha ocurrido sin que yo lo planease. Pero claro, la gente de 2deLetras se pone a regalar ejemplares por Twitter, y una no es de piedra. ¡Libros gratis! Así que gracias a 2deLetras por el ejemplar :) ¡A ver si se animan a hacer más promociones del mismo estilo! 

¿De qué va el libro?

Kitzia Cassiar  es una joven con un poder que, aunque a primera vista puede parecer un don, acaba siendo más bien un castigo. Por lo demás, vive una vida relativamente normal, acompañada por sus amigos, también relativamente normales. Pero esa normalidad se ve truncada de repente: el extraño comportamiento de Hannah, los males que aquejan a Rubí, ...y la llegada de un par de misteriosos hermanos que viven en la Mansión Mileur, de la que se cuentan terribles historias. 

Hablando del libro...

Antes que nada quiero decir que esta novela es una novela juvenil, por lo que, después de leerla, puedo decir que ha llegado a mis manos, como mínimo, 10 años tarde. Aunque claro, hace 10 años su autora estaría, prácticamente, aprendiendo a escribir :P. No es que crea que es una mala novela, sino que no es la lectura apropiada para mí en estos momentos. Más que nada porque no soy una adolescente. Por eso, y aunque solo puedo hablar -como siempre- de mi experiencia de lectura, intentaré ser lo más justa posible con el libro.

A ver...¿cuál es el misterioso don de Kitzia? Pues que puede cumplir sus deseos. Así, tan fácil: todo lo que desea, se cumple. Bueno, tan fácil no, claro. Este poder conlleva una responsabilidad bastante grande que la protagonista no siempre sabe gestionar, y sus deseos acaban volviéndose contra ella.  Sin embargo el poder de Kitzia no me parece que sea el eje central de la novela, al menos no en este libro -porque Infinite es una trilogía-. De hecho, Kitzia no es la única con poderes. Es más, acabaríamos antes diciendo cuáles de todas las personas, aparentemente normales en un principio, acaba siendo realmente una persona normal.

Seguro que lo adivináis. Infinite es una novela fantástica, de este tipo de fantasía algo oscura, en la que los jóvenes "tontean" con el peligro.  Brujas, íncubos, espíritus, seres inmortales forman parte del elenco de personajes de Infinite. ¿La historia? Pues una historia de venganza que arranca de un suceso ocurrido en el siglo XIX y una historia de amor que se fragua en la actualidad y que, por supuesto, no va a ser fácil.

En cuanto a la narrativa he de decir que no está nada mal. May escribe muy bien y consigue desarrollar los acontecimientos de una manera fluida, ágil y amena. Además la novela está narrada en su mayor parte en primera persona, por parte de Kitzia, que no deja de ser una adolescente. No sé si es porque May es muy joven, pero el discurso de la protagonista es bastante creíble.  Para establecer comparaciones y, como decía, intentar ser justa con la novela, he de decir que la he leído más a gusto -bastante más a gusto- que otras novelas juveniles. En concreto, Divergente, Insurgente y Leal y El corredor del Laberinto y Las pruebas. Y eso, visto lo visto -ambas sagas tienen películas en marcha-, son palabras mayores. 

Si tuviese que buscarle alguna pega sería que, sobre todo al final, los acontecimientos se desarrollan de una manera vertiginosa. Supongo que en el caso del final está totalmente justificado, pues lo que busca es dejarte con ganas de Infinite II, claro. Y lo consigue con un recurso bastante bueno que no voy a spoilear. Ale. 

Así, resumiendo y repitiéndome, no es que no me haya gustado. Es que los temas, los problemas, las preocupaciones y la fantasía que se utilizan no me llegan en este momento de mi vida. Ya digo, probablemente hace 10 años me habría encantado.

Os dejo un trocito...

Maneras de enamorar a una mujer :P Y es que hay cosas que no cambian con la edad xDDD

-¡Que sí! ¡Que me hizo chocolate! -le cuenta Hannah a Rubí a la salida del instituto.
-Joder, qué tío más perfecto.
-Lo sé -ríe mi mejor amiga.

En resumen, este libro...

3.5/5
Estoy pensando que, no sé, quizá este libro se merece que lo lea alguien que lo vaya a disfrutar más que yo. Alguna chavala de 14 o 16 años que pueda meterse bien dentro de la historia. Quizá contacte con 2deLetras para preguntarles si podría donarlo a una biblioteca pública o algo así... 

A continuación empezaré a leer Call the midwife, de Jennifer Worth, primer libro de la trilogía en la que se basa la maravillosa serie de la BBC. Sí, ya sé que le tocaba a El Señor de los Anillos, pero me voy de viaje y es más fácil transportar el e-reader que el tocho de J.R.R. Tolkien... XD



Hoy estoy... nerviosa
Y estoy escuchando... Screenager - Muse

sábado, 12 de julio de 2014

(Demasiado) Pequeños logros.


Jack suele decirme que soy mi peor crítico y tiene razón. 

Dicen que reconocer un problema es el primer paso para cambiar, pero yo creo que me he quedado estancada en el reconocimiento y de ahí no salgo, aunque lo intento.

No es que sea una mujer exitosa. No hago nada excepcionalmente, no he batido ningún récord, no gano mucho dinero, no soy una lumbrera digna de premios. No. Pero dentro de esa mediocridad de la que os he hablado alguna vez -porque no todos podemos ser excepcionales- no me manejo mal del todo. Voy haciendo mis cosas, andando mi camino y alcanzando mis pequeños logros. 

¿El problema? Que nunca es suficiente. Apenas he conseguido una cosa empiezo a ponerme pegas: "No es para tanto", "Podrías haberlo hecho mucho mejor", y otras lindezas son mis primeras auto-felicitaciones.  Hace poco vi cumplida una de mis ilusiones desde que era pequeña. La vi cumplida a pequeña escala, cierto es, pero bueno, algo es algo.  Disfruté de la buena noticia unos diez minutos, lo que tardé en publicarlo en las redes sociales. Una vez lo hube hecho esa voz negativa me acompaña y que es más yo que yo misma empezó con la canción de siempre: "Menuda cutrez, y te sentirás orgullosa de eso..." Y desde entonces no he vuelto a hablar del tema, casi me avergüenzo de ello. Casi me da pena de que mi sueño se haya cumplido así. Pero se ha cumplido, ¿no? ¿No es eso lo importante?

Será que me veo afectada de una cierta megalomanía... Y no me gusta nada esa parte de mí incapaz de regodearse en los logros y disfrutar de ellos. 



¿Os he hablado alguna vez de mi primer cuaderno de retales? Era un cuaderno de papel pequeño, con las tapas rosadas y una goma. Lo compré para llevarlo siempre encima. La razón por la que quise hacerme con un cuaderno así, pequeño, manejable y que pudiese cargar a cualquier parte, fue un relato. Hablaba de que a dos personas se les pedía que escribiesen todas las cosas buenas que les pasaban durante el día. Una de esas personas era incapaz de escribir más de unas líneas. La otra (que, por cierto, era un ciego, aunque no sé qué aporta eso a la historia) escribía páginas y páginas. Empezaba hablando de la sensación cálida del sol que entraba por su ventana, seguía hablando de la suavidad de las toallas con las que se secaba, la ducha, el olor de los jabones, el sabroso desayuno,... Páginas y páginas de pequeños detalles en los que no reparamos hasta que nos faltan. Pequeñeces que parecen no ser suficiente para hacernos felices. 

Pues para eso compré yo el cuaderno, para poder registrar en él todas las cosas maravillosas que veía, sentía, escuchaba, vivía... Para obligarme a mirar el mundo con atención y no dejar pasar esas pequeñeces imprescindibles pero que suelen pasar inadvertidas. Y en ese cuaderno, en ese primer cuaderno de retales, está el germen de este blog.



La cuestión es que lo conseguí. Desarrollé una manera de mirar diferente que me permite ver en el mundo cosas que otros no ven y que me facilita una sonrisa diaria, al menos. A lo mejor tengo que plantearme algún ejercicio parecido, pero esta vez para ver en mí misma y en mis logros algo que realmente merece la pena. Para dejar de quitarme mérito.  ¿Se os ocurre algo?

Hoy estoy... frustrada
Y estoy escuchando... Gástale una broma - LMDC

viernes, 11 de julio de 2014

Cosas de gordas.

No sé si os ha pasado, pero a veces da la sensación de que el universo confabula, no para que consigas tus sueños (traaanquis, que no me he vuelto "conejista" aún), sino para decirte algo. A mí me pasó ayer. Joder, que era demasiada casualidad para ser solo eso. Os lo explico. 

Primero estuve debatiendo conmigo misma a cuenta del casting de la película de Eleanor & Park. ¿Por qué? Porque tengo PAVOR a la chica que puedan escoger para hacer de Eleanor. Algunos supuestos "fans" pedían que fuese Emma Watson.


Pausa para asimilarlo.

Dejemos de lado que Emma Watson ya es una mujer, porque en esto del cine uno puede tirarse haciendo de adolescente toda la vida. Pero, ¿en serio? ¿Emma Watson? ¿De pelirroja pecosa, gordita y supuestamente poco agraciada? ¿Esa gente se ha leído el libro?

Pero lo cierto es que la cosa puede ir por ahí, sería lo normal. ¿Quién quiere ver a una gorda en el cine? Así que nada, acabaremos viendo escenas absurdas en las que una jovenzuela altísima, delgadísima y monisísima le dice a un despampanante Park: "¿Por qué te gusto?". Yo lo digo desde ya: como ese sea el plan, paso de ver la película. 

Después, un tuit...



Un poco más tarde llegó a mi Twitter un post que me hizo aplaudir mucho y muy fuerte: Estoy gorda y también follo. Y me enamoro. Me gustó porque esa chica y yo tenemos una complexión bastante similar en cuanto a peso y altura. Evidentemente somos distintas, pero me ha gustado su actitud. Esta chica es un puto 10. No es "guapa de cara", ni "rellenita pero mona", no. Es un pibón. Un mujerón, incluso aunque nos atengamos solo a lo físico. Y lo dice sin complejos: soy gorda, y follo, ¿y qué? No pide un pin, ni un premio, porque no los necesita. No somos pobrecitas desgraciadas esperando a una limosna afectiva o sexual.

Esa actitud es la que tuve yo durante una buena parte de mi adolescencia/juventud, mis años de "femme fatale", y he de decir que esta chica tiene razón en todo. Tengo que luchar por recobrar esa seguridad. La echo de menos.



Nota "graciosa": es curioso que le digan que no está gorda. Cuando una dice que está gorda la gente espera a alguien que no puede moverse de la silla. Sin embargo la sociedad entera te llama gorda desde que superas la talla 38, si no antes. Los anuncios de cereales light, de productos para adelgazar, de prendas reductoras, tu amiga que te aconseja una dieta, las personas que te censuran cuando te ven comerte un helado,... Pero luego resulta que no estás lo suficientemente gorda para decir estas cosas. Pues nada, ¡a cascala, majxs!

Por último, una noticia. Alguien intentó avergonzar a una joven con un graffiti acerca del tamaño de su culo y la chica respondió de una manera genial: decidió hacerse una foto en bikini, de culo, sobre el graffiti. Todo un gesto, lleno de fuerza y de autoafirmación. Estamos hablando de una adolescente, de una chica que lo más normal es que se hubiese puesto a llorar en su cuarto. Pero no. Dio la cara, se hizo la foto y la subió a las redes sociales. Es más, pidio a su madre que la subiera también y que se difundiese. Y se hizo viral. Y supongo que a muchas otras chicas en la misma situación les hizo sonreír y ver que los insultos a veces tienen sobre nosotros el poder que les permitimos tener. Podéis leer la historia -escrita por la madre, en inglés- y ver la foto aquí.

¿Qué podía estarme diciendo todo esto? No tuve ni que pensarlo. Lia me había dicho, hace ya tiempo, que tenía que ver My Mad Fat Diary. Si ese no era el mensaje... Así que la empecé anoche y, joder, qué pintaza tiene. Muy buena pinta. Que hay que hacerle caso a Lia, siempre. Pero siempre. Y de paso, también a estas mujeres que saben que son poderosas, lo saben y se hacen valer.  ¡A tomar nota!



¡Muá! ¡Feliz finde!




Hoy estoy... rebelde
Y estoy escuchando...El malo del cuento - Despistaos con Kutxi Romero

jueves, 10 de julio de 2014

Esos locos bajitos.

Ayer ya me encontraba mejor, así que fui a despedirme de mis "jefas" y de lxs pequeñxs. Iba algo nerviosa, ¿sabéis? Pensaba en qué pasaría si no se alegraban de verme, o incluso si no se acordaban de mí. Qué cosas, ¿verdad? En estos pensamientos iba metida mientras subía la cuesta que lleva a la Escuela Infantil cuando una de las profesoras gritó a los pitufos, que estaban en el patio:

-¡Mirad quién viene!



Los pequeños empezaron a arremolinarse en la valla y a gritar mi nombre. "Menos mal", pensé, "¡me recuerdan!". Cuando llegué a ellos una de las maestras me dijo:

- M. me acaba de preguntar por ti.

Si os digo que casi me muero de amor me quedo corta. Cuando entro dentro del patio, M. es el primero en acercarse. Para que os hagáis a la idea, M. es un niño de 2 años, casi 3, delgado, alto para su edad, con la tez pálida, la boca pequeña, los ojos oscuros, enormes y redondos, y unas pestañas que podrían provocar un huracán en Australia. Es tímido, mucho, por eso que venga y se ponga a hablar conmigo así, como si tuviese ganas de verme, me arranca una sonrisa y me emociona. Después de un rato hablando, mirándonos a los ojos -¡todo un logro!-, se pone muy serio y me dice:

- Bettie...¿por qué no te pones tu baby?

Se refería a un baby estampado que utilizaba para protegerme de manchas de pintura, babas, mocos, eventuales vómitos,... Y que era mi uniforme de trabajo.

Le acaricio la cara con ternura y le digo la verdad, porque no se merece que le mienta.

-Es que hoy no vengo a jugar con vosotros...
-¿No? -pregunta, extrañado.
-No -respondo, y le revuelvo un poco el pelo. Y él vuelve a sonreír y no pregunta más.

Después se acercan a mí otros satélites para contarme las novedades de la mañana: cuántos tractores han pasado, si llevaban pala o no, si han pasado las ovejas, que hay una máquina elevadora en la calle y que un señor está trayendo piedras a un descampado. Cosas suyas que consideran interesantes, y que me interesan.  Y una ola de cariño gigante me alcanza y me da un revolcón.

Lo cierto es que si os decía el otro día que he aprendido mucho de las maestras, no he aprendido menos de los niños. A esa edad los niños son...niños, sí. Pero no hay uno igual a otro. Saben cómo son, o más bien lo sienten, y actúan en consecuencia. Son ellos mismos dentro del lavabo, encima de la mesa, tirándose el agua por la cabeza, chupando los rotuladores, comiéndose la plastilina e incluso metiendo la mano en el váter. Y nuestra es la ingrata y triste tarea de decirles que no, que no pueden ser así, tan "ellos", por lo que les pueda pasar. Por su bien... o eso creemos, al menos.

Los niños a estas edades son, todavía, inexpertos. No todos, claro. Algunos ya han aprendido a mentir, a persuadir, a usar el chantaje... Pero no la mayoría. Por eso he pasado muchos momentos de mis prácticas diciéndoles que no pegasen a sus compañeros. Pero es que es la primera manera de relacionarse que tienen, ¡incluso entre amigos! Y ha habido algo que me ha maravillado. La manera de corregirles era separarles y, como normalmente discutían por un juguete, decirle al agresor que le pidiese el juguete al agredido. Cuando el niño lo hacía, casi siempre, recibía el juguete de su compañero. Porque también son generosos. Mucho.

Otro momento lleno de ternura tiene que ver con esto, con su generosidad.  Cuando acaban las clases se hace "recuento" y se ponen en un mural pegatinas de colores según cómo se ha comportado el niño. A los que se han portado bien ese día se les da una gominola. Pues no fue una sola la ocasión, ni dos, ni tres, en las que uno de los pitufos dijo a la profe: "Oye, ¿y Bettie no se ha portado bien, que no le das gominola?". Así, espontáneamente... :)

¿Y esa curiosidad infantil? ¿Esas ganas de aprender y de experimentar? Y de superarse. Uno de los más pequeños, de un año y unos cuantos meses, ha aprendido a subir al tobogán conmigo. La cara de felicidad cuando conseguía superar los tres escalones él solo no tenía precio. Y la mirada que me dedicaba cada vez que conseguía hacerlo solo, tampoco. 

También son cariñosos. M2, otro pequeñujo, me daba unos abrazos que me dejaban tiritando. De hecho tenía su propio ritual: me miraba fijamente desde lejos, hasta que yo establecía contacto visual con él. Entonces, él sonreía y yo abría los brazos, y él se lanzaba sobre mí y me abrazaba fuerte, fuerte. O A., una pitufina que venía andando torpemente cuando yo estaba sentada, echaba su cabecita pelona sobre mi pierna, me miraba con sus enoooormes ojos azules y sonreía. Y luego estaban M. y su hermano, que llegaban abrazados por la mañana, se buscaban para abrazarse en el recreo y se iban abrazados a la hora de salir. ¡Tan lindos!



Tan niños. Tan auténticos.

Y, a pesar de todo, se adivinan en ellos cosas de sus padres. Recuerdo como V., una pequeñaja rubia maravillosa, después de oírme hablar con un niño de su equipación del Real Madrid se acercó y me dijo, con toda contudencia:

- El Madrid es una caca.

Y cuando le pregunté si ella era del mismo equipo que su padre y sus tíos me dijo que sí, poniendo morritos, todo lo seria que pudo ponerse. Y es que, a menudo, los hijos se nos parecen, como dice el gran Serrat.

Paro, porque me eternizaría contando anécdotas. En fin... Qué maravillosos son esos locos bajitos...




Hoy estoy... sonriente
Y estoy escuchando... Esos locos bajitos - Joan Manuel Serrat

miércoles, 9 de julio de 2014

Libro: Un Sant Jordi digital, VV.AA.




Bueno, ¡ya está! Ya lo he leído. Anoche, en un rato. Es un libro muy breve. Para que os hagáis una idea, creo recordar que en el concurso del que salieron estos relatos, el límite de páginas era 3... Y son 9 relatos, así que haced cuentas :P Si he tardado tanto en leerlo es porque la fiebre no me dejó hacerlo antes. ¡Maldita fiebre! Vamos allá con la reseña. 

¿De qué va el libro?

9 relatos de 9 autores/as distintxs intentando dar respuesta a la pregunta sobre si sería posible un e-Sant Jordi. Y no todas las respuestas son iguales, por supuesto. 

Hablando del libro (y de los relatos)...

Pues son relatos muy breves. Es una pena porque leyendo algunos de ellos me da la sensación de que si los autores hubiesen tenido algo más de espacio podría haber quedado un relato verdaderamente bonito. Pero bueno, es lo que había y los autores se acoplaron a las bases tan bien como pudieron. Se trata, por tanto, de relatos muy cortitos, que se leen muy rápido, son muy frescos, algunos de ellos simpáticos, otros románticos, tiernos, mordaces,... La verdad es que hay variedad, y eso se agradece. 

Me ha resultado agradable leer todos los relatos pero tengo un claro favorito. No es una cuestión de "calidad" literaria: todos están muy bien escritos, surgen de una buena idea, etc. Es una cuestión puramente subjetiva. Me ha gustado más, vaya usted a saber por qué. A lo mejor porque su respuesta se parece a la que daría yo, -aunque hay un relato cuya respuesta se parece muchísimo, muchísimo, a la que daría yo, más que la de mi relato favorito.

Este relato, el que más me ha gustado, es "El alma de las cosas", de Gilbert Fadda Juárez. Me ha parecido audaz, divertido, con un tono que me ha encantado. ¡Os animo a que los leáis todos!¡Que son gratis!

Os dejo un trocito...

Como ya os he dicho, el libro es de descarga gratuita, así que solo os voy a dejar las dos primeras líneas de mi relato favorito.

Déjame que te cuente algo. Algo sobre la esencia, algo sobre el cuerpo y el alma de las cosas. El perfume, los aromas. Los aromas han sido siempre un gran afrodisíaco, ¿no te parece?

En resumen, este libro...

4/5


Bueno, ya sé que os he dejado el enlace por ahí arriba, pero os lo dejo otra vez: si queréis descargar esta colección de relatos, podéis hacerlo gratuitamente en formato PDF desde aquí.

A continuación leeré el libro Infinite, de May R Ayamonte, la primera parte de una trilogía juvenil, escrita por una autora jovencísima. Lo conseguí gracias a la editorial 2deletras, por una iniciativa que tuvieron en Twitter: regalar el libro a los 20 primeros que les mandasen un email. ¡Y llegué a tiempo! Así que nada, parece a El señor de los Anillos sigue sin llegarle el turno... :P



Hoy estoy... Ravenclaw-izada (véase Twitter para más información XD)
Y estoy escuchando... Zombie - The Cranberries

martes, 8 de julio de 2014

Cuestión de suerte.

A veces la suerte se nos presenta de maneras muy caprichosas. Tanto que somos incapaces de reconocerla. Como aquella vez que me caí por las escaleras de casa. 

Si me pongo a repasar los detalles parece cosa del destino. Nunca bajo por las escaleras, pero el ascensor llevaba un buen rato ocupado. Y normalmente no soy tan torpe, pero aquella tarde decidí ponerme unos zapatos de tacón de infarto. Íbamos al Orgullo y habíamos quedado en ponernos sexys de verdad. "A ver quién se atreve a llamarnos marimachos, que se va a tragar las palabras primero y después mi puño", bromeaba Rebeca. Teníamos preparado todo un repertorio de respuestas para los comentarios típicos. No fue difícil, siempre se reducen al mismo: "Eres lesbiana porque no has estado conmigo". Unos lo dicen con más delicadeza, y otros sobrevuelan la línea que separa lo soez de lo que hay más allá. Pero incluso con tacones no suelo irme cayendo. Bajé corriendo porque Emma, que por fin había llegado puntual a algún sitio, estaba fundiéndome el timbre del portero electrónico. Total, que en ese momento no supe si fue por la incredulidad, por las prisas, por los tacones o por las escaleras, pero me caí. 

Cuando llegué abajo una pareja salía del ascensor. Los maldije en silencio y les eché la culpa de mi desgracia. Les pedí que abriesen la puerta para que mis amigas me ayudasen a levantarme. "Y para que me lleven a urgencias", pensé. Porque aquello dolía y mucho. 

"Me he perdido el Orgullo, joder". Eso es lo que iba pensando todo el camino en el taxi. Fue Rebeca la que me acompañó. En cuanto me aparcaron en un rincón en una flamante silla de ruedas la despaché. "Vete -le dije- que no quiero que todas esas respuestas ácidas y llenas de mala leche se queden sin usar." Me costó convencerla, pero lo conseguí. Y me quedé sola en la sala de espera, dolorida y con los zapatos de tacón en la mano. "Malditos zapatos de tacón", pensé. "Y qué mala suerte la mía", añadí para mis adentros. 

Después de un buen rato y varias pruebas me llevaron a su consulta. Tenía el pelo recogido en un moño con un lápiz  y de su bata blanca colgaba una chapa con el símbolo de la iniciativa Dharma y otra con el lobo de los Stark. Miraba mis radiografías y torcía el gesto.

- ¿Es muy grave, doctora...?
- Celia, llámame Celia. Y depende.  ¿Qué pretendías hacer?
- ¿Cómo dice?
- "Dices". Háblame de tú. Y te pregunto que qué pretendías hacer. Porque si lo que querías era romperte una pierna y hacerte un esguince de tobillo en la otra, lo has hecho fenomenalmente -sentenció.
- Pues no. Pretendía irme al Orgullo. Así que supongo que no me ha salido muy bien.

Celia rió sonoramente.

- Pues no. Pero tampoco tan mal. La rotura es bastante limpia, así que si me dejas trabajar todo va a ir bien. 
- Pero me pierdo la manifestación. Todo el mundo allí y yo... Pfff, vaya mierda.
- ¿Puedo hablarte de tú? -Asentí con la cabeza y ella continuó- Lidia, Lidia,... No todos están allí. Por ejemplo, yo. Si yo estuviera en la manifestación, ¿quién iba a estar salvándote de una muerte segura?
- Pero, ¿no decías que no era grave? 

Celia volvió a reír, esta vez con más ganas. Después se inclinó sobre mí y me apretó la mano. Un escalofrío me recorrió con tal intensidad que me hizo olvidar el dolor.

- Te lo crees todo, ¿eh? No te preocupes, todo va a ir bien. 

Nunca olvidaré esa postura. Ella, inclinada sobre mí, apoyándose en mi silla de ruedas con una mano y estrechando mi mano con la otra, mirándome a los ojos y a unos centímetros de mi cara. La misma que tenía unas horas más tarde cuando, después de darme el alta, me besó por primera vez.

¿Véis lo que os digo? A mí aún me resulta raro decir que en mi caída la responsabilidad no fue de las escaleras, ni de las prisas, ni de los tacones ni de la incredulidad que sentí por la puntualidad de mi amiga. La culpa fue de la suerte. Aunque entonces no la reconocí.



No había hecho ninguna mención al tema del Orgullo LGBT este año -he estado perjudicada, ya sabéis-, así que más vale tarde que nunca. La primera frase de este relato no se me iba de la cabeza, y he decidido ponerme a ver qué salía :) 


Hoy estoy... malita (todavía)
Y estoy escuchando... Hasta nunca - La fuga

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