domingo, 29 de junio de 2014

Las dos culturas.


En este país somos muy de trincheras. De "conmigo o contra mí". Yo hablo de este país porque, por desgracia, no conozco otros. A lo mejor en otras partes del mundo es igual. Si es así: qué pena. 

En el post de hoy voy a referirme a la trinchera cultural/educativa, lo que comúnmente se conoce como: ¿ciencias o letras? Como bien decía Ro en un post de hace ya algo de tiempo, se trata de un conflicto que dista mucho de estar superado. Y, como ella, aquí estoy yo, con un cabreo de esos que te dura toda la vida, de esos que llevas latente siempre, pero que, de vez en cuando, se despierta con rabia. 

Intento estar atenta a los movimientos sociales que tienen que ver con Educación: movilizaciones, cartas abiertas, manifiestos, ... Si un colectivo denuncia que retirar cierta asignatura es un desatino, quiero enterarme y saber quién lo dice. Las noticias, normalmente, se refieren al área de Humanidades y Artes pues, por desgracia, son las materias más maltratadas en el sistema educativo. Los "protestones" suelen ser siempre los mismos: catedráticos de Filosofía, decanos de facultades de Humanidades, profesores de conservatorio, artistas... 

Y yo me pregunto...¿y los científicos? La gente de formación científico-técnica, ¿no tiene nada que decir? 



Recuerdo uno de los momentos célebres que nos regaló la LOMCE: eliminaba la troncalidad de las matemáticas del Bachillerato de Ciencias Sociales, de suerte que uno podía llegar a estudiar ADE o Económicas sin haber visto matemáticas desde la ESO. Acto seguido todo el mundo se echó las manos a la cabeza, ¡qué despropósito! ¡Quitar las matemáticas troncales! Para tanto fue la cosa que el (des)Gobierno reculó.

Y sí, era un despropósito. Un alumno que entra al bachillerato de Ciencias Sociales debería tener garantizada una oferta de matemáticas, cosa que no ocurre si esa asignatura queda como optativa. Podemos sujetarnos a criterios pragmáticos: ¿qué va a hacer ese/a chaval/a cuando llegue a la Universidad y lleve 2 cursos de retraso en matemáticas? Pero es que, además, las matemáticas desarrollan habilidades como el pensamiento sistemático. No seré yo quien se alegre de que las eliminen.



Pero no pasa lo mismo con otras cosas. Por ejemplo, podemos hablar del palo que se llevan las artes (Plástica y Música) en Primaria. Quedan como optativas frente a una segunda lengua extranjera, y la oferta depende del centro educativo o de la Administración. La Educación Artística también queda como optativa en la ESO. 

Pero bueno, ¿a quién le importa? ¿Para qué sirve la música? ¿Y la Educación Plástica? Si eso no es básico, no ayuda a encontrar trabajo, no vale para nada. Además, si alguien quiere que su niño/a pinte monas o toque instrumentos, que lo pague, que para eso están las academias y las actividades extraescolares. Pfff... Sensibilidad artística... Menuda chorrada. (Nótese el tono irónico de este párrafo. Algún día tengo que contaros los prodigios y maravillas que he visto obrar en mis propios #niñoslocos con el arte...)



No es una cuestión de gremios, es otra cosa. A mí me escandaliza lo mismo que alguien no sepa quién era Darwin, cómo se mueven los planetas, o que no le suene qué es eso de las leyes de la dinámica clásica, que el hecho de que no sepa expresarse por escrito correctamente, quién fue Hitler, que el concepto de "ciudadanía" no ha existido siempre o que desprecie una obra de arte. Evidentemente, no se puede saber todo de todo, pero no pasa nada por picotear un poco. Cuantas más cosas sabemos, y más diversas, más completa es nuestra formación, ¿no? Además, saber cosas de física o de química no te resta conocimientos de historia, y lo mismo ocurre a la inversa.



Pero en esto también parece haber dos partes, dos culturas. La imprescindible y la prescindible. La productiva y la improductiva. La útil y la inútil. Y entre ellas, enfrentamiento. Porque ya no hay más "saber", hay disciplinas, y lo que gana una lo pierde la otra.  Y al final parece ser que, como en casi todo, es cuestión de cantidades: hay que saber mucho pero de una sola cosa, no dispersarse, acumular conocimiento. Decía Ortega y Gasset algo así como que la especialización formaba personas más sabias que nunca, pero también más incultas, nuevos bárbaros. Y esto, aclaro, vale para ambos lados de la trinchera.

Cuando estas cosas me deprimen mucho me recreo en una imagen que me regaló una buena amiga. Ella era una de esas personas que han pasado por encima de esa división absurda. Quería ser médico, pero adoraba la Filosofía. Como su nota no llegaba para Medicina -por muy poco- empezó la carrera de Filosofía. La dejó en 2º, segura de que quería dedicarse a curar personas, pero nunca dejó la Filosofía de lado. Claro, que era lo que había visto en casa. La imagen que me regaló fue en medio de una discusión sobre este tema. Me hablaba, orgullosa, de su padre, médico:

- Pues mi padre, cuando acaba de trabajar, cuando tiene tiempo libre, se pone en la bici estática y lee. ¿Y a que no sabes qué está leyendo ahora mismo? 

- No -contesté yo.

- El Discurso del método. Así que no todo está perdido. 

Pues eso quiero yo pensar.


Hoy estoy... perezosa
Y estoy escuchando... How soon is now? - The Smiths

En ocasiones veo...


Hace poco hablaba con una maestra. Tiene unos años más que yo, quizá 4 o 6. Trabaja de lo suyo, pero no en un colegio, y por lo que me comenta no está ganando un sueldo demasiado bueno para lo que trabaja. 

- Si yo me hubiese quitado de estudiar y hubiese entrado a (introduzca aquí nombre de empresa en la que trabajan buena parte de las mujeres de la comarca que están en activo) ahora estaría bien, con mis vacaciones a elegir, cuando yo quisiera, un buen sueldo, reducción de jornada por maternidad... ¿Sabes la madre de X? Ella y yo íbamos juntas a clase, pero ella se quitó para trabajar con 16 años y yo seguí, para "tener un porvenir", como me decían mis padres. Y mira ahora. Está ella bastante mejor que yo -me contaba.

- Ya. Yo lo pienso muchas veces. Tanto estudiar para ahora... -contesté. Y pensé, aunque no lo dije: "Y tú al menos trabajas..."

- Pero bueno, no me arrepiento -añadió.

- Pues yo a veces sí...-dije yo, medio en broma, medio en serio. O a lo mejor la división no era a partes iguales.

- Eso digo yo -respondió-. Que a veces...



***


Por avatares de la vida he acabado coincidiendo estos días con uno de mis maestros. Concretamente, el de quinto de primaria. Hacía bastante que no hablábamos. Supongo que desde quinto de primaria, o un poco más tarde. Él no sabía qué había sido de mi vida -ni le importaba, claro-, pero cuando mencioné que era/quería ser profesora me preguntó por mi especialidad.

- Filosofía -dije, porque ya me da lo mismo decir la verdad. Solía decir que estudiaba matemáticas a veces para evitarme preguntas raras. Os sorprendería las cosas que nos preguntan a los "filósofos" y las chapas que nos meten cuando se enteran de que lo somos.

- Ahm - fue su única respuesta.

Poco después, como hemos seguido coincidiendo, me preguntó por el estado de las oposiciones.

- Pues... mal, está todo muy parado -suelo contestar últimamente, porque ya me canso de entrar en detalles, y porque me amargo, la verdad sea dicha.

- Esa asignatura -no consideró necesario ni nombrarla- está condenada a desaparecer, y es así desde el inicio de los tiempos -sentenció.

Yo no contesté, al fin y al cabo fue uno de mis maestros, aunque pronunciase "fridai", "mondai", "zursdai" y cosas así. Me cuesta referirme a él comiéndome el "don" que le poníamos siempre delante a su nombre, cuanto ni más decirle lo que pensé de él en aquel momento.



***


Una ex-compañera de la carrera me escribe para preguntarme por el estado de las oposiciones, por si sé algo. Me ruega ayuda. En un primer momento me enfado, porque si yo soy capaz de buscar la información y de mantenerme al día, los demás también pueden. Después pienso que me estoy volviendo una amargada y le contesto, dándole información de lugares en los que puede encontrar noticias sobre oposiciones. Le comento como está la cosa -fea- y le hablo de esas 6 plazas latentes que hay en Aragón. 

- Pero 6 plazas... Y se presentarán ciento y la madre. Pffff -me dice.

- Bueno, en Madrid creo que para turno libre quedaron 2 en las últimas oposiciones. Vete haciendo a la idea. Filosofía no es una materia con convocatorias masivas, y menos que lo va a ser a partir de ahora -añado, y me doy cuenta de que me he convertido en una ceniza. 

- Da la sensación de que hemos estudiado para nada...

Pues sí, da la sensación. Pero no se lo digo. Y no le digo nada, porque no sé qué decir.



***

En ocasiones veo mis sueños. Pero, como el niño de "El sexto sentido", creo que los veo porque están muertos. 




Hoy estoy... abatida

viernes, 27 de junio de 2014

Una a veces se encuentra lo que no quiere...

Yo tenía planes. En serio, este fin de semana quería hacer alguna cosilla. La que más ilusión me hacía era ir a tomarme un crêpe de chocolate (¿se escribe así?), que me había dicho una compañera del curso que me lo haría bueno.  Además, tenía ganas de descansar. Llevo un tute importante durante la semana, pero estos dos últimos días, miércoles y jueves, han sido dignos de mención especial. 

Pues bien, anoche me acosté súper contenta: ¡mañana viernes! Y después de las prácticas, ¡a descansar! Y el sábado, crêpe rico, rico.  Y el domingo a seguir descansando. Y a leer. 

Pero el mundo me odia. Esta noche no he podido dormir, tenía compañía: os presento a mi compañero, el virus estomacal. No, no os encariñéis con él, que yo estoy deseando que se pire.

Así que mis planes se han ido a tomar por saco. He estado toda la madrugada vomitando,  toda la mañana quejosa, vegetando y febril, lo que va de tarde hecha polvo...Y para rematar, os regalo una bonita escena: finales de junio y una servidora enrollada en una manta como si estuviésemos en enero. 

Estoy hecha una piltrafa, la verdad.  Y echo de menos que me cuiden y me mimen. 

Me gustaría quitarme esta pena con un crêpe de chocolate, pero ¡joder! no puedo... Ni siquiera puedo leer... Después de diez minutos me empieza a doler la cabeza... Afú, me espera un largo fin de semana. Y esperemos que no sea más tiempo...

¡Qué retorcido eres, mundo! 




PD: esta noche, si mi cuerpo lo permite, veré por enésima vez Gru, mi villano favorito. Para quitarme un poquito las penas. ¿Y vosotrxs? Venga, que os dejo darme envidia...



Hoy estoy...enferma
Y estoy escuchando...You're my home - Angeline Quinto

domingo, 22 de junio de 2014

Papiroflexia

No sé si sabéis que Miguel de Unamuno adjuntó a su obra Amor y pedagogía un tratado de papiroflexia. Recuerdo que el profesor de filosofía nos explicó que eso era un añadido sin importancia, que no había que leerlo y que no tenía ningún interés. Que Don Miguel de Unamuno lo había puesto ahí para completar las páginas necesarias para que le publicasen el libro. 

Si la razón que nos dio es cierta o no, lo desconozco. Lo que me parece muy mal es que nos dijera que no tiene importancia. ¿Cómo puede ser eso? La papiroflexia es todo un arte.

Fuente
Será, no lo niego, que yo tengo una obsesión casi insana con sacar cosas del papel. Ya sabéis, por lo de la escritura también: coges un folio en blanco, un lápiz y algo de imaginación y ¡zas! En menos que canta un gallo -bueno, no tan rápido a veces- tienes una historia.  No es creación ex nihilo, eso nos está vetado a los simples mortales (al menos de momento), pero es un buen sustitutivo.

Fuente

sábado, 21 de junio de 2014

Cuéntame un cuento.

Nunca me habían contado un cuento para dormir, nunca, hasta que tú llegaste. ¿Lo recuerdas? Yo te insistía, antes de dormir, a veces después del amor, con el sueño pesando sobre mis párpados:

- Cuéntame un cuento.

Y tú respondías:

- No sé...

Pero yo, que soy insistente, te pedía que te lo inventases y tú me dabas el gusto. Un cuento sobre un perro astronauta que era amigo de los gatos. O un cuento sobre una niña que no quería dormir y se pasaba las noches saltando en la cama. Historias destinadas a ser olvidadas y recordadas al mismo tiempo porque dibujaron instantes que atesoraré por siempre. 

Para sorprenderme compraste en una librería de ocasión un libro de cuentos de los hermanos Grimm, una edición terrible, ¿te acuerdas? Pero no importaba. Cada noche me leías un cuento o dos. Y yo sentía que engañaba al tiempo: ya no era una niña pero casi sentía que sí mientras tú, a media luz y quemándote las pestañas, me regalabas las historias que otros escribieron. 

Después llegó Stardust. Tuviste que repetir muchas partes un par de veces porque no las recordaba al día siguiente: me las había robado el cansancio. Y recuerdo tu sonrisa cuando me mirabas de reojo, como para ver si aún seguía allí, si seguía despierta. Mirabas muchas veces y la mayor parte de ellas encontrabas mis ojos marrones, abiertos como platos, fijos en ti, expectantes. 

Amor, ¿me contarías otro cuento? Mira que lo necesito más que nunca... Y no para atraer el sueño, sino para atraer a los sueños. Prometo no replicarte si hay un final feliz. De hecho lo necesito imperiosamente. Cuéntame la historia de una pareja que se quería con locura y que tuvo que separarse. Pero, por favor, que al final todo les salga bien. No te preocupes, que todo está permitido. Bueno, todo no. Ya sabes, nada de cowboys espaciales, ni Batman, ni comandos de guerreros. Que sea de los que me gustan a mí: con magia, misterios, desafíos casi imposibles y victorias de leyenda.

 No, no digas que no sabes. Por favor... Cuéntame un cuento, ¿sí?





Hoy estoy... ñoña
Y estoy escuchando... Podría ser - Ismael Serrano.

jueves, 19 de junio de 2014

A 10 años vista.


Aunque parecía vieja, no lo era. Andaba balbuciendo y sin rumbo por las calles de una ciudad cálida. No le gustaba, pero en su ciudad soñada dormir a la intemperie habría sido un suicidio y le faltaba valor. De tanto en tanto la seguía algún perro o un gato, con los que compartía lo poco que encontraba para llevarse a la boca, aunque lo cierto es que la comida era tan escasa que ninguno se quedaba demasiado tiempo. En un raído capazo de palma transportaba sus escasas posesiones: unas gafas rayadas, páginas sueltas de unos cuantos libros, una manta marrón llena de agujeros y un viejo cojín. 

Si alguien la encontraba durante uno de sus ataques de cordura, los cuales no eran demasiado frecuentes, le contaba con tristeza su historia. Era una historia llena de lagunas, como sus ojos, y nadie sabía si había olvidado esas partes voluntariamente o si las guardaba en secreto, quizá por miedo o vergüenza. 

Había huido, empujada por la tristeza, la frustración y las ganas de sobrevivir. Se había ido sin nada, sin rumbo siquiera. Cuando partió ya no le quedaba nada más que algunos sueños. Buscó y buscó, y en la búsqueda abandonó esos sueños con tal de poder seguir vagando por el mundo, intentando encontrar un nuevo destino. Y así, deambulando, fue apagándose poco a poco, mientras la consumían las oportunidades que creyó tener y que se fueron desapareciendo en pequeñas explosiones, como pompas de jabón. 


***

Hace un par de semanas fui a un taller de motivación emprendedora o algo así. Lo que yo esperaba era un empresario contándonos, desde el realismo, qué supone emprender, cómo dar los primeros pasos, cómo no desanimarse ante las dificultades, etc. Lo que encontré fue a un tipo que no inspiraba mucha confianza y que nos sometió a una sesión de pseudo-coaching, y del malo. En un determinado momento, en medio de la exposición de lo fantasticiosa que es la proactividad, lanzó una pregunta al aire:

- ¿Cómo os veis de aquí a diez años?

Una compañera me robó la respuesta.

- Uf, yo eso no quiero ni pensarlo.

A lo que el pseudo-coach contestó:

- Eso es muy conservador. Para nada proactivo. Y eso, ¿por qué?

Y entonces le robé yo la respuesta a la compañera.

- Por salud mental. 

Me miró, y aunque no lo repitió de viva voz, lo dijo sin palabras: eso no es para nada proactivo. Mal, mal, mal. Caca esa actitud. 

Así que lo he pensado, y he preparado la respuesta. Es lo que acabáis de leer. Aunque no sé si es muy proactiva...


Hoy estoy... sobrepasada
Y estoy escuchando...La huida - Ismael Serrano

domingo, 15 de junio de 2014

Repartir los muebles.


No sé si algunx de vosotrxs ha estado alguna vez en esta situación. Espero que no, pero supongo que será que sí. Y digo que espero que no porque es una de las situaciones más incómodas que se me ocurren. Os hablo de estar en medio de la ruptura de una pareja. 

No sé, imaginad, una pareja que ha surgido dentro del grupo de amigos y en la que ambos miembros os caen bien. No bien: ambos miembros os caen de puta madre. Salen durante un montón de tiempo y un día, vaya usted a saber por qué -sus razones tendrán- deciden romper. Hay quien tiene soluciones simples y tajantes para estas situaciones: ¿quién era mi amigo antes? ¿Él o ella? Pues ya tengo la decisión tomada. También es típico que las chicas se pongan de parte de las chicas y los chicos de parte del chico. Pero claro, para otros no es tan fácil.

Es evidente que la situación no es nada deseable para la pareja implicada pero tampoco para los demás implicados. Ellos dos lo pasan mal y probablemente por eso demandan el apoyo de sus amigos, de sus familiares (de sangre y políticos) y, en el fondo, quieren que les digan que no han sido culpables de lo que ha pasado. ¿Y cómo hacemos eso sin traicionar a nadie?  Especialmente si no quieres dejar de lado a ninguna de las dos partes.

¿Qué se hace en estos casos? Porque al final una siente que es una silla más que tienen que repartirse los implicados...





Hoy estoy... relajada
Y estoy escuchando...Como repartimos los amigos - Ella Baila Sola

sábado, 14 de junio de 2014

Libro: Eleanor & Park, de Rainbow Rowell




Tengo que organizar un día de estos mi Olimpo personal. De momento ya os he hablado alguna que otra vez de Lia, Diosa de las Series (ocasionalmente interviene en el campo de las recomendaciones literarias, también). Creo que también os he hablado de Ro, Diosa de los Libros (especialmente de la literatura juvenil) entre otras cosas. Tengo que aclarar bien hasta dónde llegan sus poderes.  Pues bien, Ro va consolidando su título recomendación tras recomendación. Hacía tiempo que veía por ahí este libro. De hecho, creo que estaba entre las sugerencias de Goodreads y lo añadí a la lista de pendientes. Pero no lo consideré seriamente hasta que no vi su post sobre el mismo. ¡Bendita la hora!

¿De qué va el libro?

Park es un chico raro. Su manera de vestir, sus gustos musicales, su actitud ante el mundo... no se parece demasiado a la de sus compañeros de barrio o instituto. Eleanor...Eleanor no se parece a nadie. Su forma de vestir es tan compleja como su vida, pero mucho más llamativa. Ambos se detestan en el instante en el que se ven practicamente obligados a compartir asiento en el autobús escolar. Pero hay que ver la cantidad de cosas maravillosas que pueden surgir de un inicio poco prometedor...


Hablando del libro...

Es un libro maravilloso. Sí, es una novela juvenil y sí, es una novela romántica. Una buena, además, de esas en las que suspiras mucho y sonríes mucho. De esas que se leen a solas, porque te da una vergüenza de muerte que alguien pueda ver la cara de boba que pones mientras lees. Y no están descartadas las lágrimas de emoción. Yo, al menos, he llorado leyendo este libro. 

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jueves, 12 de junio de 2014

Esto es una entrada programada.


Pues sí. No tengo yo mucha costumbre de programar entradas, no me gusta demasiado. Prefiero sentarme delante del PC, pensar en qué me ha pasado en el día que merezca la pena ser contado, o descargar en el blog alguna neura que me persigue. Sí, en eso consiste básicamente este blog. 

Me gusta esa sensación de inmediatez, de que lo que se publica acabe de salir de mi cabeza -a veces de mi corazón. Pero las circunstancias de este mes de junio no me permiten hacerlo. Al menos no de lunes a viernes.  Para que no os preocupéis os diré que he añadido a mis 5 horas de curso matinal otras 5 de curso vespertino. Vamos, que voy a tope. Y para mí lo de escribir en el blog requiere un poco de tiempo, tranquilidad, ... No me gusta escribir atropelladamente y con prisas. 

Así que por eso esto es una entrada programada. La escribí el domingo porque sabía que no iba a tener tiempo de escribirla ni el lunes, ni el martes, ni el miércoles. Ni hoy, jueves. 

¿Y a qué tanta urgencia?, podéis preguntaros. Y tenéis razón. ¿Qué hay que contar que no pueda esperar? Probablemente nada. Pero este blog es una manera de convertir cosas inmateriales, indefinidas, confusas y amenazantes en palabras, algo con lo que trato con mucha más seguridad. 

Resulta que estoy un poco muerta de miedo. Hoy, jueves, a la hora en que esto se publica, yo habré empezado mis prácticas. Prácticas con niños. Pequeños. Muy pequeños, de hecho. Los mayores tienen 3 años. 



Y vengo a confesarme: a mí los niños me dan miedo. Nunca en mi vida he tenido un bebé de pocos meses en brazos. Y cuando he cogido a algún niño pequeño he tenido la sensación de que tenía ganas de librarse de mí. No sé. ¿Será posible que no nos entendamos? Tengo la sensación de que cuando trato con un niño pequeño el niño piensa, en su lógica infantil, que soy una imbécil. A lo mejor es porque nunca, ni cuando era una niña, me he entendido con los niños...



Por eso, cuando alguien me dice que debería haber sido maestra de infantil o de primaria, que los adolescentes son intratables, sonrío y me encojo de hombros. Yo veo infinitamente más difícil tratar con niños. Por eso admiro tanto a los que lo hacen y lo hacen bien. 

Sin embargo, hay algo que he aprendido. El profesional no nace, se hace. Puedes tener más o menos facilidades, más o menos aptitudes para desarrollar una determinada tarea. Pero con voluntad se puede aprender y mejorar en casi cualquier cosa. Así que, allá voy. Ganas no me faltan. Con suerte este sea el enésimo miedo/inseguridad que el cursillo(chan-chan) me ayuda a superar. Ojalá. 





domingo, 8 de junio de 2014

Libro: El médico, de Noah Gordon.



Leer este libro ha sido como un parto... Primero, por la dificultad de conseguirlo, que casi me lleva 9 meses. Después porque parecía faltarme tiempo para leer. Y ahora, ¡a ver a quién se lo coloco! Porque mis horarios ahora mismo son absolutamente incompatibles con los de la biblioteca... :P En fin, vamos con la ficha.

¿De qué va el libro?

El médico cuenta la historia de un niño inglés, Rob J. Cole, azotado por la desgracia en su infancia. Rob fue recogido por un cirujano barbero, quien le enseñó a hacer trucos de magia y juegos malabares, pero, además, le permitió descubrir que tenía un don que quería convertir en su destino: quería ser sanador. Para conseguirlo, Rob J. Cole tendrá que emprender un largo y peligroso camino y hasta dejar de ser él mismo para llegar al lado del sin par Ibn Sina, el Príncipe de los Médicos. 

Hablando del libro...

¿Habéis leído Los pilares de la tierra? Yo sí, y, por lo que sea, El médico me ha recordado mucho a ese libro. No por la historia en sí, que tiene sus diferencias, y tampoco por el estilo, que en El médico es más sencillo, más directo. Es, supongo, por el esquema que articula, en el fondo, ambas historias, basado en la persecución de un sueño que se antoja inalcanzable.

Inalcanzable porque Rob J. Cole quiere ser médico, pero no un médico cualquiera. No se conforma con aprender de un matasanos sacacuartos y vivir de su estatus y del dinero que consiga sacar a los enfermos. Él quiere adquirir las destrezas y armas necesarias para luchar contra ese terrible monstruo que es la enfermedad, conocer al enemigo para, así, poder vencerlo. Para ello tiene que aprender de los grandes sabios en la materia, a saber, los árabes. Y puede hacerlo desde España, donde algunos de ellos viven, pero cuando oye hablar de Ibn Sina y de la misteriosa operación capaz de devolver la vista a algunos hombres sabe que es de él de quien quiere aprender. ¿Problema? Que es cristiano y aprender de los árabes les está prohibido. Nunca, como cristiano, podrá ser admitido como aprendiz de Ibn Sina ni de cualquier otro médico árabe -o judío. 

Pero Rob J. Cole no se rinde, a pesar de que en más de una ocasión su sueño le hace poner en peligro su vida. No solo durante su viaje, sino también una vez llegado a Ispahán e incluso después de ser un médico consolidado. La verdad es que anima...

La enseñanza a destacar de este libro...Bien, no es ninguna enseñanza, no me dice nada que yo no supiese ya,... Pero creo que en multitud de ocasiones en esta obra se pone de manifiesto lo peligrosos que son los dogmas religiosos cuando no son una cuestión personal o privada, sino que se instalan en el dominio público.  También hay algunos pasajes en los que, con tristeza, puede verse como las mayorías ignorantes sofocan a aquellos que intentan ayudarles a salir del fango, haciendo todo lo posible para hundirlos. Vamos, como la vida misma...

El médico me ha parecido una historia apasionante, ágil, viva, cruda, ... Creo que merece la pena leerlo, la verdad. Yo lo he disfrutado muchísimo y con frecuencia he maldecido no poder dedicarle más tiempo a la lectura tras cerrarlo y dejarlo en la mesita. Es un libro largo, pero merece la pena cada momento de lectura. 

Os dejo un trocito...

La desesperación volvió audaz a Rob:

-En la escuela se exige demasiado. Y hay cosas que no me interesan ni necesito. La filosofía, el Corán...

El Maestro lo interrumpió desdeñosamente.

- Estás cometiendo un error muy común. Si nunca has estudiado filosofía, ¿cómo puedes rechazarla? La ciencia y la medicina se ocupan del cuerpo, mientras la filosofía trata de la mente y del alma, tan necesarias para un médico como la comida y el aire. 

Y otro, que me ha encantado, y que me ha hecho pensar en Carlota.

- Si vienen los seljucíes o si Masud retorna para tomar la ciudad, ¿qué será del maristan?

Al-Juzjani se encogió de hombros.

- El hospital cerrará un tiempo y todos nos ocultaremos para salvarnos del desastre. Después saldremos de nuestros escondrijos y la vida seguirá como antes. Con nuestro maestro he servido a media docena de reyes. Los monarcas vienen y van, pero el mundo sigue necesitando médicos.

En resumen, este libro...

5/5

Si os habéis quedado con ganas de más,
podéis echarle un ojo a este post de Lia


Bueno... ¿qué voy a empezar a leer ahora? Ni idea. Mi lista de pendientes crece y crece cada día. Creo que empezaré por Eleanor & Park, si no cambio de opinión de aquí a la noche... :P

Hoy estoy... vegetando
Y estoy escuchando... Cry me a river - Julie London

sábado, 7 de junio de 2014

Pizarra y tizas


Cuando pienso por qué me ha dado a mí por esto de la enseñanza me doy muchas razones, la mayor parte de ellas profundas, de importancia: que si la educación es muy importante, que si hay que formar ciudadanos críticos, que si educar supone ampliar la perspectiva vital de la gente, ... Cosas que suenan bien, ¿verdad? Pero si me soy sincera tengo que reconocerme que nada de eso fue lo que me motivó inicialmente a ser profesora. En realidad fueron las tizas y la pizarra. 




Sí, puede sonar estúpido, pero uno de mis juegos favoritos era el de ser maestra y dar clase a mis muñecas, no por el hecho de enseñar, sino por escribir con la tiza, y borrar, y volver a escribir de nuevo. Es una cosa que siempre me ha encantado. Yo era de esas niñas a las que les encantaba que las sacasen a la pizarra por lo que eso suponía: escribir con tiza. Y el verano pasado, cuando estaba ayudando a mi chica a que intentase recuperar esas asignaturas que llevaba colgando, disfrutaba muchísimo escribiendo en la pizarra los ejercicios de matemáticas, los conceptos, los esquemas,...Sí, soy una friki. 



De hecho tengo que reconocer que, a veces, cuando flaquean mis fuerzas pienso en mí, frente a una pizarra, con una tiza en la mano, generalmente dibujando la caverna que imaginó Platón (no sé por qué, pero así es), y tras respirar hondo suelo animarme, aunque sea un poco. Solo espero que cuando yo llegue a ese punto, las pizarras digitales, tabletas y proyectores no le hayan comido el terreno a la pizarra y las tizas de siempre. Al fin y al cabo llenar un aula de tecnología no la hace más innovadora, solo más tecnológica. Se puede ser dinámico e innovador con una tiza. Y un carca con un ordenador. ¿O la lista de los Reyes Godos se hace más innovadora pedagógicamente si la proyectamos en un PowerPoint? 



PD: Ni qué decir tiene que tampoco me valen esas horrorosas pizarras blancas con rotulador. -.-



Hoy estoy... ociosa
Y estoy escuchando... Vértigo - Ismael Serrano

lunes, 2 de junio de 2014

¿Dónde estabas tú cuando...?

Hay efemérides que cada año suscitan la misma pregunta: ¿Dónde estabas tú cuando...? Y lo que sigue puede ser cuando murió Franco, cuando se aprobó la Constitución, cuando se dio el golpe de Estado del 23F,... 

En mi vida hay pocas efemérides de ese tipo, o al menos pocas que pueda recordar. Las dos que encuentro no son nada agradables: el 11S y el 11M. También el 3 de Julio, fecha del accidente de metro de Valencia que, aunque tiene menos tirón mediático, a mí me tocó más de cerca. Ahí supe lo que es pasar miedo y nervios por gente que conoces hasta que, por fin, consigues que te cojan el teléfono. En mi caso hubo suerte.

Lo dicho: no tengo yo muchas efemérides que comentar, y ninguna con final feliz. Recuerdo el 23F del año que estaba haciendo prácticas en el instituto y cómo me detalló mi tutora lo que estaba haciendo, las llamadas que recibió de compañeros que hacían la maleta apresurados para marcharse a Francia, los nervios, el miedo,... También tengo la versión de la madre de Jack, llena de agitación y nerviosismo, o de su tía, que salió de trabajar y se encontró con los tanques recorriendo Valencia. Queráis que no, son historias que quedan bien cuando las cuentas.

Pues bien, puede -y solo puede- que tenga una fecha que añadir a mi calendario de efemérides con anécdota. Y también vosotros, claro. ¿Dónde estaba yo cuando abdicó Juan Carlos de Borbón? Pues en el curso, chan-chan. Alrededor de las 10 y pico de la mañana empezaron a vibrar varios móviles al unísono: mensajes de whatsapp. Entonces, una compañera lee en alto el suyo:

- ¡El rey ha dimitido! ¡Jajajajaja!

No es broma, la compañera se partía de la risa. 

Fijaos si tengo yo vista que no he hecho ni caso. Creía que era broma, cosas de vivir en este país. Total, que la abdicación se me ha ido totalmente de la cabeza hasta que, ya llegando a casa, he oído en la radio expresiones como "mañana histórica" y he empezado a creérmelo. Y resulta que sí, que era verdad. 

Y diréis...Sí, Juan Carlos de Borbón ha abdicado. Entonces, ¿por qué dices que PUEDE que tengas una fecha que añadir? Pues porque el hecho mismo de la abdicación no es motivo suficiente para añadir esta fecha a ninguna lista. No si lo que esto supone es la continuidad de la monarquía, sin más cuestiones ni debates. No, si esto no es más que una sucesión. Que, dicho sea de paso, es lo que yo creo que ocurrirá. En cualquier caso, creo que la continuidad de un estado de cosas determinado no es motivo para anotar el día en cuestión en una lista de fechas importantes.

Pero, ¿quién sabe? A lo mejor no tengo la vista suficiente para ver venir un hito histórico. A lo mejor esto es el inicio de un proceso de cambio, de una nueva transición -una de verdad- en la que la ciudadanía sea activa, protagonista. Quién sabe. Lo que sí parece es que, para lo lento que suele ir este país, en cuestión de una semana están pasando muchas cosas. ¿Quién ha puesto el turbo? Mirad que con los conductores que manejan los mandos nos pegamos un piño importante, ¿eh?

En fin, que no apunto esta fecha para responder a la pregunta "¿Dónde estabas tú cuando abdicó el rey?", sino a otra más importante que quizá nunca se formule. Ver veremos. 



PD: Se me olvidaba. También puedo responder a la pregunta "¿Dónde estabas tú cuando ocurrió el 15M?", una fecha importantísima que creo que ha supuesto un cambio fundamental en nuestro país y de cuyo alcance aún quedan cosas por ver.




Hoy estoy... expectante
Y estoy escuchando... El aparecido - Víctor Jara

domingo, 1 de junio de 2014

Mapa de caminos.


Se cuenta que hace mucho tiempo, cuando el mundo era más nuevo e invitaba a correr aventuras, un joven abandonó su aldea natal en busca de fortuna. No había pasado aún la primera luna cuando encontró en una posada a un anciano solitario. 

- Acompáñame, joven -dijo, tendiéndole su plato-. Compartamos nuestras soledades- añadió, mientras llenaba un vaso de vino y se lo ofrecía. 

El joven aceptó porque estaba muerto de miedo y de tristeza: lo que había dejado atrás quedaba ya lejos y la neblina del futuro le impedía ver el horizonte. Una noche compartida no podía hacerle ningún daño.

Así, ambos comieron y bebieron en abundancia, casi sin mediar palabra. Cuando se encontraban satisfechos el anciano, mientras se palmeaba el voluminoso vientre, preguntó:

- ¿Hacia dónde te diriges, muchacho?

- Hacia el este. Viajo a Oriente en busca de fortuna -respondió el muchacho, aturdido por la embriaguez.

- Déjame acompañarte. Viajo hacia el Este, de vuelta a mi ciudad natal, de la que marché cuando tenía tu edad en busca de fortuna. Allí me espera mi retiro dorado. No te vendrá mal mi compañía, y mi experiencia podrá serte útil. 

El joven aceptó, convencido de que así sería. Pero puso una condición:

- No dejaré que me desvíes de mi camino, anciano, y no aminoraré mi marcha si no puedes seguir mis pasos. Puedes acompañarme teniendo eso presente.

El anciano asintió y durante meses acompañó al joven, compartió su comida y su camino. Presenció, en silencio, los intentos del joven por avanzar y sus correspondientes tropiezos, juzgándole en silencio. Una noche le oyó llorar. 

- ¿Qué te ocurre? -preguntó.

Y el joven, que seguía tan triste y asustado como el día que se conocieron, desgranó una a una sus penas y preocupaciones: que las monedas con las que partió estaban acabándose y él seguía lejos de encontrar un lugar donde establecerse, que en cada aldea se negaban a emplearle por ser un desconocido, que extrañaba a sus seres queridos, que temía no volver a verles nunca o, lo que es peor, volver a ellos como un fracasado.

El anciano esbozó una sonrisa beatífica, tranquila, entornó los ojos y le habló.

- En todos estos años he adquirido algo de sabiduría y puedo decirte con seguridad que pasará. Yo también tuve tu edad y encontré escollos en el camino, pero mírame hoy, los he superado y vuelvo rico y próspero a mi tierra. Esos que nombras son pequeños obstáculos en tu camino a la gloria.

El joven quedó perplejo unos instantes, hasta que consiguió juntar las palabras para responderle.

- No sabía que viajaba con un gran sabio. Es cierto que soy un muchacho y no sé casi nada del mundo, pero espero que sepas iluminarme. Dime, anciano: el hecho de que esos escollos fuesen pequeños, ¿hizo que pudieses seguir adelante sin superarlos?

- No. Tuve que buscar la manera de hacerlo.

- Ahá. Y el hecho de que yo me alimente de la esperanza de que mi vida será como la tuya y de que volveré rico y próspero a mi tierra natal, ¿cómo me ayuda a encontrar el modo de superar esos obstáculos?

- No... no te ayuda -respondió el anciano - Pero... quizá conocer mi camino pueda ayudarte en el tuyo...

- ¿Acaso recorro yo el mismo camino que tú recorriste en tu juventud? - dijo el joven.

- Sí, en cierto sentido. Han pasado muchos años, pero el camino es el mismo. Solo que en direcciones opuestas. 

- Quizá no debería replicar a un anciano tan sabio como vos pero, ¿no ves que recorrer un camino en direcciones opuestas es recorrer dos caminos distintos? Porque donde yo encuentre una subida, tu encontraste una bajada, y a la inversa. Además, el tiempo también cambia las cosas. Han sido innumerables las veces en las que te has detenido y, observando lo que nos rodeaba, has reconocido no recordar el paraje en el que nos encontrábamos, ¡tan cambiado lo encontrabas! ¿Acaso crees, de verdad, que el mapa de tu vida y tu condescendencia pueden serme útiles para dirigirme en mis días?

A la mañana siguiente, el joven se levantó y preparó su bestia de carga para reanudar su viaje y enfrentarse con sus propios errores y aciertos. El anciano se quedó sentado en una roca al borde del camino, consciente de que no podía seguir sus pasos.

***

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Antonio Machado
Proverbios y Cantares, XXIX



Hoy estoy... meditabunda
Y estoy escuchando... Si se callase el ruido - Ismael Serrano

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