miércoles, 30 de abril de 2014

Tal que así.


Hace unos días hicimos un ejercicio en el curso, chan-chan.  Se trataba de escribir a cada compañero en un papelito algo bueno que pensásemos de él, de forma anónima. Después se meterían en unos cucuruchos que cada uno habíamos hecho para recogerlos. Por último, se abrirían los papelitos que cada uno había recibido de sus compañeros y recibiría un subidón de autoestima.  Estas cosas deberíamos hacerlas todos los días en los centros de estudios, de trabajo, cuando salimos de fiesta,... Siempre, vamos. Que sientan muy bien. Además, practicamos eso de ver el lado bueno de la gente, que no sé cómo será por donde paráis vosotrxs, pero por aquí es una cosica que se estila lo justito. 

Además, si suponemos que la gente es sincera, y no tiene por qué no serlo, ya que es anónimo, nos sirve para vernos desde otros ojos, para detectar cualidades que, quién sabe, quizá no sabíamos que teníamos. ¿Cómo pensáis que soy? ¿Qué cualidades positivas creéis que tengo? La gente que comparte aula conmigo me ve tal que así.

(Me voy a permitir algún comentario -en cursiva)

  • Inteligente.
  • Lista, muy lista y amable. Anda, amable. Procuro ser educada, aunque nunca me habría considerado amable...
  • Pon una Bettie en tu vida...Qué gran verdad. Esto es una coña que tengo con el profesor. Es el único al que reconocí.
  • Muy inteligente (con dibujito de una carita sonriente con una bombilla encima).
  • Buena compañera. Toma ya. Otra de las cosas que no me esperaba.
  • Inteligente.
  • Lista.
  • Inteligente y organizada.
  • Me gusta tu forma de expresarte y de explicar las cosas. Dada mi obsesión con hacerme entender, todo un piropazo.
  • Culta.
  • Guapa. Muy abierta. No suelen decirme lo de guapa. Y lo de abierta, con mi complejo de erizo, tampoco lo esperaba, jaja.
  • Eres muy positiva. Simpática. Lo más. (Con dibujito de cara sacando la lengua). Me defino como pesimista crónica y erizo. A lo mejor va a resultar que la gente me ve con muy buenos ojos... jaja.
  • Lista.
  • Conocimiento.
  • Buena compañera. Me remito a lo dicho antes :P
  • Muy bien hablada.
  • Pues que me encanta tu forma de hablar y lo alegre y niña que eres. Que soy niña y alegre. Me sacó una sonrisa enorme.
  • Inteligente. (Carita sonriente)
¿Qué os parece? Hay un cierto patrón, ¿verdad? Soy una tía lista. Bueno, eso cree la gente, al menos. Ya hemos hablado otras veces de las etiquetas y de como nos influyen. Yo siempre he llevado esa y me he esforzado en mantenerla porque durante mucho tiempo ha sido una buena parte de lo que yo era: la chica lista. Más que lista, culta, porque a la hora de la verdad...Aunque eso es otra cuestión.  Pero ahora, sin que eso haya dejado de parecerme bien, me sabe a poco. Quiero ser más cosas. Soy más cosas. De hecho, aparte de mi inteligencia, o mi cultura, mis compañerxs destacan algunas otras cosas. Aunque supongo que eso es lo que más destaca...¡es el papel que he interpretado durante tanto tiempo! 

Pero no importa. Seguiré intentando completarme y equilibrarme. ¡Quiero que haya más cosas en esa lista! Hacerse uno mismo es una tarea que nunca acaba, aunque la inversión merece la pena.

BONUS: A cada persona que comente -y que suela comentar, si no va a ser difícil- le diré una cosa buena. Como lo del cucurucho, pues igualito.  Es que hay que daros un extra por aguantarme de esta manera, de verdad... jajaja.




Hoy estoy... malhumorada
Y estoy escuchando... November rain - Guns N'Roses

martes, 29 de abril de 2014

Mensajería instantánea.

Creo que hacía un tiempo que no os ponía una historieta, un cuentecillo. Este fin de semana se me ocurrió uno, pero como tenía reseñas pendientes y eso, no lo he puesto todavía. Hoy es el día. 

Que conste que los comparto porque parecen gustaros, ¿eh? :P Pues eso, que espero que os agrade.

 

Mensajería instantánea. 

Se conocieron…no importa dónde. Al fin y al cabo ellos tampoco lo recordaban. Podría haber sido en una boda, quizá una noche de fiesta, en una exposición, en una conferencia en la Universidad,… La cuestión es que, por alguna razón, un día que ninguno de los dos ha conseguido recordar todavía intercambiaron sus números de teléfono móvil. Esta circunstancia hizo que una noche de etílica soledad ella le escribiese un mensaje de Whatsapp  –a él y a otros muchos contactos- en un tono que sobrepasaba el fatalismo con creces.

“Si me muero, ¿te importaría?”.

Su mente alcoholizada pensó que era una buena manera de hacer limpieza en la memoria de su teléfono móvil. Una respuesta negativa sería, por supuesto, razón para eliminar a esa persona de su lista de contactos, pero también el silencio: si alguien no es capaz de tomarse el tiempo para responder una pregunta así, que claramente indica que la persona al otro lado está pasando por un mal momento, no merece tener un hueco en tu vida ni en tu teléfono móvil.

Quizá os preguntéis cuántos números de teléfono tuvo que borrar al día siguiente. Digamos que muchos. Hubo bastantes sorpresas desagradables: descubrió que a mucha gente le daba igual si vivía o moría. Pero también hubo una sorpresa agradable. Un mensaje de un tal Alejandro Carvajal.

“Claro. Pero la verdadera pregunta es: ¿te importaría a ti?”.

Pasó la tarde pensando en la respuesta, aunque lo cierto es que sus meditaciones existenciales se veían con frecuencia interrumpidas por sus intentos de recordar en qué circunstancia podría haber conocido a Alejandro Carvajal, cómo era su cara o el tono de su voz. Ya desde la cama, acosada por el insomnio, decidió responderle:

“No lo sé. Eso no indica nada bueno, ¿verdad?”.

A lo que él contestó:

“Ni idea. En cualquier caso, deberíamos averiguarlo, ¿no crees?”.

Pasaron la noche intentándolo, así como los días que la siguieron. Ella se obsesionó con aquel desconocido que había venido a llenar un vacío que creía que acabaría consumiéndola y empezó a buscar dobles sentidos en sus palabras. Necesitaba encontrar una señal, un detalle que indicase que él también estaba empezando a sentir algo por ella, fuese lo que fuese ese algo, que ella no era un entretenimiento. Pero lo único que encontró fue un emoticono sonriente que aparecía con más frecuencia de lo normal.

¿Qué podía significar aquello sino indiferencia? Un emoticono sonriente es la manera perfecta de finalizar una conversación sin ser desagradable: no da ningún dato que permita seguir hablando pero tampoco es ofensivo. Alejandro se estaba cansando de ella, estaba segura.

La confirmación llegó un sábado a altas horas de la madrugada.

“Hola. Tengo ganas de verte, muchas ganas de verte. Me gustaría invitarte a algo y mirarte a los ojos aunque fuese solo una vez. Dí que sí, por favor. Cítame mañana, en cualquier sitio y a cualquier hora y acudiré, te prometo que iré.”

“Confirmado” pensó. Se había cansado de ella y le había propuesto una cita para conseguir un revolcón y darle la patada.  Aún así le propuso una cafetería íntima en la que quedar. No tenía nada que perder: si iba a marcharse, mejor despedirse entre las sábanas. A nadie le amarga un dulce.

Pero las cosas no salieron como planeaba. Cuando llegó al café le reconoció enseguida: esa sonrisa de indiferencia pintada en su cara era inconfundible. Charlaron sobre cosas sin importancia y entre ellos se tendió un velo que, a pesar de la cercanía, les mantuvo separados. Cuando se despidieron ella pudo ver como la sonrisa de Alejandro se agrandaba. “Será el alivio de librarse de mí”, pensó. Se despidieron con dos besos de cortesía y nunca más volvieron a escribirse.

Desde ese día ella maldice esos emoticonos sonrientes y sufre con el recuerdo de la indiferencia de Alejandro. Él, por otra parte, se pregunta qué hizo mal, por qué se le escapó esa mujer que le dejaba sin palabras. Quizá ella no supo leer en su sonrisa las ganas que tenía de besarla…






Hoy estoy... confusa
Y estoy escuchando... Poison prince -Amy MacDonald

lunes, 28 de abril de 2014

Libro: El curioso incidente del perro a medianoche, Mark Haddon

Estoy teniendo un día un poco mierder. Por eso me vais a permitir la licencia de que flipe un poco y os cuente que he visto, de casualidad, que Carlos Bardem ha compartido en Twitter mi reseña de Alacrán enamorado. Desde luego con este blog me pasan unas cosas que... Alucino.

Vale, flipamiento acabado, vamos a lo que habíamos venido.


Anoche acabé El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, así que hoy  vengo con la reseñita fresca, fresca. 

¿De qué va el libro?

Christopher es un niño muy, muy inteligente. Un cerebro privilegiado para las matemáticas. Sin embargo su vida no es fácil: cualquier detalle que trastoque su mundo le afecta en demasía, no le gusta que le toquen, no entiende los chistes -ni sabe contarlos-, detesta el amarillo y el marrón, y, para colmo de males, Wellington, el perro de la vecina, ha aparecido muerto a medianoche. Christopher decide ejercer de detective, como Sherlock Holmes, y descubrir quién ha matado a Wellington, lo que le llevará a hacer otros descubrimientos inesperados.

Hablando del libro...

Me ha encantado. Os lo digo ya para que lo sepáis. Me ha gustado mucho. Y me ha parecido un libro muy, muy original. Está narrado en primera persona, como un proyecto personal del protagonista, y es una especie de diario de su investigación y de su vida en general. Además, me ha llamado mucho la atención como está numerado. Pasé un buen rato buscando el capítulo 1, hasta que me dí cuenta de que faltaban más capítulos porque...¡los capítulos están numerados con números primos! Lo explica más adelante en el libro, pero bueno, yo soy así, ¡especial! xD

El protagonista, Christopher, parece padecer algún trastorno del espectro autista. Este es un tema que me toca, y que me ha ayudado a empatizar con él. Su visión nos permite darnos cuenta de que nuestro mundo, que no es simple, acabamos complicándolo más de lo necesario. Y también nos permite ver que cosas que para nosotros son simples, cotidianas, no lo son para otras personas. Es un libro para poner el mundo en perspectiva. Un poco, al menos.

Pero además es un libro con un mensaje de superación muy potente. Me habría encantado poneros aquí el último párrafo del libro, pero no. Mejor os recomiendo que lo leáis, y que lleguéis por vuestro propio pie a ese párrafo y a la enseñanza que encierra. Y que acabéis, como yo anoche, releyéndolo y asintiendo con la cabeza. 

Siento no poder deciros más cosas de este libro, pero creo que es de esas novelas que lo mejor que puedes hacer es experimentarla y sentirla. De verdad. 


Os dejo un trocito...

También me gusta El perro de los Baskerville porque me gusta Sherlock Holmes y creo que si yo fuese un detective como es debido es la clase de detective que sería. Es muy inteligente y resuelve el misterio y dice

El mundo está lleno de cosas obvias de las que nadie se da cuenta nunca ni de casualidad.



En resumen, este libro...

5/5

A continuación voy a empezar El corredor del laberinto, de James Dashner. Me da un poco de vergüencita, porque Papish me recomendó esta trilogía hará ya casi dos años, y mirad, me pongo ahora. Pero es que unas cosas por otras... :/ Pero bueno, ¡más vale tarde que nunca!



Hoy estoy... deprimida
Y estoy escuchando... La cabecita loca - Rulo y la contrabanda

domingo, 27 de abril de 2014

Película: Alacrán enamorado.


Sábados de cine, domingos de comentario. Anoche, después de posponerlo un tiempo, vimos Alacrán enamorado, una película basada en la novela homónima de Carlos Bardem. Yo no sabía muy bien de qué iba el tema, la verdad. Recordaba haberla visto anunciar en La Sexta 3, con motivo de su estreno hace ya algunos meses, pero no me quedé con el argumento. El único detalle que pude retener fue que era una peli sobre boxeo. Se la propuse a Jack porque pensé que a él le gustaría, aunque yo iba sin demasiadas expectativas. Me alegro de ello, porque me ha sorprendido gratamente. No entiendo por que dejé pasar tanto tiempo antes de verla. 

Alacrán enamorado es una historia que yo definiría como lo que sale de una coctelera si añades unos toques de Rocky, algo de American History X, un poco de Romeo y Julieta y el toque del autor. Vaya mezcla, ¿verdad? Pero a mí el resultado me pareció fantástico.

Apenas empezó la película captó mi atención con un discurso del personaje interpretado por Javier Bardem, un lava-cerebros demagogo que capta jóvenes para su organización neonazi. Pensé: "Aquí hay chicha". Y también verdad. Os lo digo para que lo sepáis: esas cosas no son solo ficción. Parecen increíbles, pero eso no quiere decir que sean imposibles. 

El protagonista, Álex González, me encantó. Tiene razón Jack cuando dice que es un actor que pega en los papeles de tipo duro, que esa cara es perfecta para ese tipo de papeles. Desde luego el papel de neonazi en busca de redención lo interpreta fenomenalmente.

 
No puedo dejar de mencionar a Miguel Ángel Silvestre, principalmente porque es un actor que no me llega, no me acaba de gustar. Nunca he quedado conforme con sus actuaciones...hasta anoche. Creedme cuando os digo que vi la película entera y me olvidé de que era él, prácticamente no lo reconocía en su papel. Lo que se veía en la pantalla no era a Miguel Ángel Silvestre interpretando a un neonazi convencido. Era un neonazi. Me dejó sin palabras.


También me gustó mucho la fotografía. Había escenas en las que me quedaba pensando lo bonitas que eran. No es que yo entienda mucho de estas cosas, y no suelo apreciarlas cuando veo una película, pero anoche sí lo hice.

¿Una pega? Creo que se recrea demasiado en las escenas de sexo. No es que me moleste, pero creo que no era necesario dedicarles tanto tiempo ni con tanto detalle.

La película cuenta con otros ingredientes: un boxeador venido a menos y entregado a los brazos del alcohol, una defensa del boxeo como un deporte en el que al final los dos contendientes son capaces de darse un abrazo, un esbozo del contexto en el que surgen este tipo de bandas, y, por supuesto, una historia de amor. Pero tampoco voy a destriparos nada más. 

Solo añadiré que las críticas que he leído de esta película no son buenas. La dejan entre mediocre y previsible y mala. Pero a mí me pareció entretenidísima, no me aburrí ni un minuto. Además, creo que dentro del cine español, es algo diferente. 

Os dejo el trailer para que le echéis un ojo si os apetece, y de nuevo, reitero mi recomendación.  Invito a Jack a que -ya que no actualiza su blog de cine- nos deje su opinión en un comentario, ¡vía libre!




En resumen, esta película...

4.5/5


Hoy estoy... creativa
Y estoy escuchando... What's Up - 4 Non Blondes

sábado, 26 de abril de 2014

Quiero mi canal de cine. ¡Quiero #LaSexta3!



Cuando hace unos años (¿tres?) apareció en la TDT un canal dedicado por completo al cine recuerdo que Jack se arrodilló en medio de un páramo desolado, con lágrimas en los ojos, extendió los brazos al cielo y gritó un "Gracias" enorme.  Bueno, vale, realmente no pasó así, pero podría haber pasado: un canal de cine en abierto era un sueño hecho realidad para él. Le hizo mucha ilusión. A mí me pareció una buena idea, algo interesante. Un canal al que acudir buscando una película a cualquier hora era una apuesta segura.

Nos hicimos incondicionales de ese canal, La Sexta 3. Gracias a él descubrí películas que, de otro modo, quizá no hubiese visto. Creo que es, con creces, el canal que más tiempo hemos tenido puesto mientras vivíamos juntos. Y no éramos solo nosotros. El canal, con sus entrevistas, sus curiosidades, sus ciclos de cine, etc. fue ganándose al público y se hizo un hueco rápidamente en la apretada lista de canales. 

No sé vosotros, pero yo lo voy a echar de menos cuando lo cierren. Porque lo cierran. El 6 de mayo La Sexta 3 apaga sus emisiones, obligada por el (des)gobierno. Todo esto ocurre por un matiz legal: las frecuencias que ocupan esos canales no se sacaron a concurso público. Mal hecho, claro. Pero, ¿es esta la manera de subsanar el error? ¿No pueden tomarse medidas menos drásticas? 

Creo que deberían buscarse esas otras salidas. No voy a ocultarlo: el resto de canales me dan un poco igual, pero este... Este no. No solo proporciona una fuente de entretenimiento alejada de lo que ha dado en llamarse telebasura, sino que también acerca el séptimo arte a la gente, se lo lleva a sus hogares en unos tiempos en los que el cine ya no es un pasatiempo popular, sino un lujo. 

Que sí, que en este país hay cosas más graves por las que lamentarse, pero las banalidades también forman parte de nuestra vida. Y esta banalidad en concreto la voy a extrañar.



Por cierto, hay una petición en Change.org acerca del apagón de La Sexta 3 y otros canales. Podéis firmarla si queréis, haciendo clic aquí


Hoy estoy... aplastada
Y estoy escuchando... Sombras - Chavela Vargas

viernes, 25 de abril de 2014

Madres con WhatsApp

Lo de tener una madre con WhatsApp debe de ser un suplicio. Y no me refiero a una madre molona, sino a una madre-madre, de las de "no mires por la ventana", "bébete el zumo que se le van las vitaminas", "arréglate ese pelo", "qué fea vas así", "vas a tener frío/calor con esa ropa", "cuando seas madre comerás huevos", etc. Una madre de esas que ha ido a la Escuela Internacional De Madres.

Imaginaos a la madre, haciendo el seguimiento hora a hora: "¿Estás bien? ¿Dónde estás? ¿Con quién?". Es una putada, porque de viva voz se puede captar la ironía, pero si contestas vía WhatsApp:

- No. En un barrio peligroso. Con unos pandilleros muy majos. 

...pues a lo mejor no lo pilla.

Además le da la posibilidad de echarte la charla. Cuando yo era adolescente y me iba de fiesta, o a un concierto, o lo que fuese, me enfrentaba a la retahila de rigor:

¿Con quién vas? ¿Y que yo conozca? ¿Cuándo vas a venir? Haz el favor de no hacer el tonto, ten la cabeza encima de los hombros, no bebas, no fumes, no te gastes todo el dinero, no te...

Yo salía a toda prisa de la casa, dejándola a veces con la palabra en la boca porque, literalmente, NO PODÍA MÁS. Las primeras veces se entiende, pero llega un momento en el que puedes doblar el discurso sin equivocarte. Pues imaginaos, alguien que huye de la charla, ¡y la recibe por WhatsApp! ¡El horror!

Todo esto lo digo porque mi madre, desde ayer, tiene WhatsApp. Ayer me tuvo instalándoselo, enseñándole, ... Vamos, que me lleva de cabeza.  Así que, en cierto sentido, sí, ya sé cómo es tener una madre con WhatsApp...aunque no en otro, porque para que me haga el seguimiento, tendría que tenerlo yo. 

Sí, amiguitos, mi madre tiene smartphone antes que yo. Pero no es eso lo que me molesta, de hecho no me molesta ni un poco. Lo que más me molesta es que cuando más dudas le surgen es cuando estoy viendo mi telenovela, ¡y no me deja verla! 

Joder...Esto suena muy a vieja, ¿no? 

xDDDD


Hoy estoy... de buen humor
Y estoy escuchando... El roce de tu cuerpo - Platero y Tú.

jueves, 24 de abril de 2014

Las reglas, ¿están para romperlas?

Post dedicado a MiBicicleta.
Siempre me acuerdo de ti cuando veo ciclistas :)


Ayer justamente leí en El curioso incidente del perro a medianoche un fragmento que viene que ni pintado a este post. Allá va.

Además, la gente se salta las normas constantemente. Por ejemplo, Padre conduce muchas veces a más de 30 millas por hora en una zona limitada a 30 millas por hora, y otras conduce después de haber bebido, y con frecuencia no se pone el cinturón de seguridad. Y en la Biblia dice No matarás, pero hubo unas Cruzadas y dos guerras mundiales y la guerra del Golfo y en todas ellas hubo cristianos que mataban gente.

Este fragmento también podemos hilarlo con el post que escribió Angie hace unos días, sobre la conducción. La cuestión es que la gente suele pasarse las normas por donde le viene apeteciendo, y las cumple solo si está de humor para cumplirlas. ¡Total! ¡Si son reglas estúpidas! ¿Por qué no voy a adelantar en línea contínua si no viene nadie? (Nótese la ironía, porfa-plis).

En fin, que en este país somos bastante dados a la objeción de conciencia a las normas más cotidianas, y luego pasa lo que pasa. Y lo que yo me pregunto es por qué no pasa más veces. La falta de civismo es manifiesta, no solo con esto, claro. ¿Cuánta gente recoge la caca de su perro? Muchos, afortunadamente, pero otros muchos no lo hacen. ¿Quién tira el envoltorio del caramelo a una papelera? Pues hay quien sí, pero también muchos que no. Y así mil casos. Hace poco asistí a una falta de civismo que me aceleró bastante las pulsaciones.

Resulta que en LaCity hay un paso elevado. Hasta hace poco era una escalera, simplemente, de modo que si un ciclista quería cruzar las vías -y es el único paso en un buen tramo- tenía que echarse su bici debajo del brazo y subir un buen tramo de escaleras y bajar otro tanto. Mejor no hablamos de personas en silla de ruedas. Eso ha cambiado, por suerte. Ahora, además de la escalera, hay una rampa que permite a los ciclistas, a personas en sillas de ruedas, gente con movilidad reducida, y al público en general, sortear los escalones. En esa rampa hay una preciosa señal que PROHIBE circular montado en bicicleta y que obliga a pasar caminando, esto es, empujando la bicicleta.  Por si alguien no entiende la señal, está también escrito. ¿Creéis que la gente lo cumple? No demasiado. Calculo que, como mucho, un 50% de los ciclistas baja de su bici y la empuja. Supongo que debe de costarles más que llevarla bajo el brazo.

Pues bien: hace unos días un señor con su silla de ruedas motorizada estaba subiendo la rampa, al principio. De frente venían dos ciclistas, ambos montados en bicicleta. Había poco espacio, pues la silla ocupaba buena parte de la rampa. Al ver que el ciclista se acercaba sin bajarse, el señor le cortó el paso extendiendo un brazo y apuntó con un dedo hacia la señal. El ciclista no hizo ningún caso, lo que hizo enfurecer al señor. No podía hablar, pero empezó a emitir sonidos y a gesticular con las manos. El ciclista de detrás dijo que dejasen pasar, que llevaba prisa, y el señor de la silla de ruedas le volvió a señalar la prohibición. Jack, que también está un poco harto de ver cómo los ciclistas pasan del tema, dijo en palabras lo que el señor no podía decir. A lo que contestó el segundo ciclista:

- Venga, si las normas están para romperlas...

Sí, claro. Pero solo las que a mí me apetece. Porque supongo que a ese ciclista no le haría gracia que un coche le aparcase en el carril bici, por poner un ejemplo.

O jugamos todos, o se rompe la baraja, amiguitxs...

PD: Sé que MiBicicleta no hace esas cosas, que es responsable y cumple las normas. Pero es que cuando presencio una situación que involucra ciclistas, no puedo evitar pensar en ella :)


Hoy estoy... nerviosa
Y estoy escuchando... It's probably me - Sting feat Eric Clapton

miércoles, 23 de abril de 2014

Libro: Cada siete olas, de Daniel Glattauer



Este libro, como ya os dije, es la continuación de Contra el viento del norte. Me quedé tan en vilo y tan, tan, tan... con la historia que lo empecé inmediatamente. Lo acabé anoche, así que, ¡vamos con la reseña!

¿De qué va el libro?

Leo ha desaparecido de la vida de Emmi, se ha ido a Boston, y ni siquiera han podido besarse a oscuras, no consiguieron quedar y cuando Emmi intentó explicarle qué había pasado, le contestó un mensaje automático diciendo que Leo había cambiado su correo electrónico. Pero Leo vuelve de Boston y decide contestarle. ¿A dónde les llevará su correspondencia recién retomada? ¿Qué pasará cuando rompa la séptima ola?

Hablando del libro...

Recibí algún que otro comentario en la anterior reseña diciéndome que este libro era un poco prescindible, que el primero es mejor. Y creo que tienen razón. No sé si habría sido mejor dejar la historia tal y como acabó en Contra el viento del norte, en suspenso. Pero claro, existiendo una segunda parte yo no podía dejar de leerla. 

No es que el libro sea malo, para nada. Tiene las mismas características que la primera parte: género epistolar, intenso, divertido, romántico, ... A veces dan ganas de coger a los protagonistas y darles dos tortas por complicarse tanto la vida, ¡es que son tan reales! ¿Quién no se ha complicado la vida más de la cuenta con un enamoramiento? Lo que ocurre es que se pierde parte de la frescura de la primera parte. Creo que es inevitable, claro. Y creo que el libro es un poquito repetitivo, que abunda en lo que se cuenta en Contra el viento del norte. Y también creo que es inevitable: intenta resolver una historia que no hace más que dar vueltas. Por último, no sé qué final esperaba, pero supongo que el final que Daniel Glattauer ha dado a la historia de Emmi y Leo, aunque es el que esperaba, me ha sabido a poco en la forma, no sé. No es muy espectacular diría yo, pero bueno, supongo que también eso tiene que ver con que te puedes creer - más o menos- el libro. El amor no siempre es espectacular. O siempre lo es, pero a su manera.

Lo que me ha gustado también de Cada siete olas son las elipsis. MiniSpoiler viene, selecciona para leer: En este libro Emmi y Leo quedan por fin, y en varias ocasiones. Pero esas citas no se narran, evidentemente, así que vives unos minutos intrigado hasta que ellos, por medio de emails, van desgranando detalles que te permiten entrever qué ocurrió, cómo fue la cita, etc.  Me ha parecido un recurso curioso, interesante. Es quizá lo que destaco de este libro, lo que le diferencia un poco del anterior.


Os dejo un trocito...

No esperes mucho de eso, Emmi. Para el oleaje suave hay que ser la clase de persona indicada. Unos viven la calma como paz interior, otros como eterno estancamiento.


Este libro...


4/5
Yo estoy de celebración del Día del Libro. Lo he celebrado visitando la Biblioteca Municipal. El Médico sigue secuestrado, así que me traje El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon. Con el primer vistado que le eché, me entraron unas ganas locas de leerlo, y ahora que apenas he leído unas páginas me tiene totalmente atrapada. ¡Ya os contaré!

Leed mucho, pero no hoy, ¡siempre! Feliz Día del Libro a todxs. :)



Hoy estoy... frustrada
Y estoy escuchando... That's why (I love you so) - Jackie Wilson

martes, 22 de abril de 2014

Historias itinerantes.

Cuando viajo me gusta observar a la gente. Bueno, quizá decir que me gusta no es exacto. Más bien es que no puedo evitarlo. Las estaciones son un lugar en el que se concentran muchas emociones, en el que pueden encontrarse muchas escenas dignas de ser observadas si sabemos mantener los ojos abiertos. Siempre he preferido las estaciones de tren, porque las de autobús me parece que tienen un aire algo más decadente. De los aeropuertos no sé qué decir, solo he viajado en avión dos veces, la ida y la vuelta de mi viaje a Irlanda. Quizá debería haber estado más atenta. 

Supongo que esa vez se debió a la excitación propia de quien va a volar por primera vez, pero por lo general ando bien atenta a lo que me rodea y, de hecho, alguna de esas escenas se me han quedado grabadas para siempre y las rememoro de tanto en tanto. Por ejemplo, el 18 de septiembre de 2008 pude presenciar una escena que me obligó a escribir durante el viaje este post para un antiguo blog y que vuelve una y otra vez a mi mente:

Se trata de una historia de amor entrañable, de las que no abundan ni en la literatura ni en la vida real. Él tiene una tez morena en la que se pueden leer mil historias, curtida a partes iguales por la miseria y por el tiempo. Sus ojos, de un verde turbio, reflejan la tristeza del emigrante, la añoranza de tierras que quizá no vuelva a ver nunca. Ella no tiene unas facciones delicadas. Lleva el cabello corto y no usa maquillaje. Sin embargo, una media sonrisa ilumina su cara, y la convierte, de repente, en una de las mujeres más hermosas que he visto. Deben de tener entre 40 y 50 años, por lo que dice su cuerpo. Muchos menos en su alma.

Los observo en la estación de autobuses. Cargan con una maleta. Cuando el conductor se dispone a subirla al maletero les ataca, diciendo con un tono nada agradable que de dónde traen esa maleta.

-De Rumanía.

-Pues ya podríais haberla dejado allí, con lo que pesa... Parece que llevan dentro placas de hierro, joder...

Ellos le miran sonriendo entre dientes, con cara de no entender demasiado el porqué del enfado de aquel señor, ni siquiera sus palabras. No sé por qué me da la impresión de que si el miedo, el respeto o el lenguaje no les hubieran sujetado la lengua, le habrían contestado que no es nada fácil meter una vida entera en una maleta. Ya sería demasiado que ésta no pesara.

Atravesamos el interior de Valencia y los campos de la Manchuela Conquense. Ella acaricia su barba canosa y abundante y le observa con ojos de ternura. Parece esconder en su mirar una incerteza atroz, y una tristeza aun mayor, pero sus caricias le susurran a su amado: “No te preocupes, confío en ti, estoy contigo.” Le arregla el cuello de la camisa y él parece sonreír.

A medida que avanza el viaje, él le señala con entusiasmo los campos de vid, las llanuras ondeantes interminables que se extienden ante nuestra vista. Parece querer tranquilizarla, hacerle familiar esta tierra extraña, ajena, ocre y hostil. Ella hace esfuerzos por mostrar un falso entusiasmo. Es evidente que desearía no estar aquí, no estar en ningún lado que no fuese su casa, su país. Pero parece ser que su hogar no está en su país, sino al lado del hombre que la acompaña, que ahora mira al vacío, pensativo.

Ella le abraza y atrae la cabeza de él hasta su hombro, en un gesto que comienza a serme familiar. No puedo verles el rostro, pero él seguramente esté intentando contener las lágrimas y ella, pensando qué hacer o decir para aliviar a su acompañante.

Pasan un rato así, en silencio y de repente ella parece iluminarse. Le mira dulcemente y le dice algo que no entiendo. Pero él la mira y sonríe. Se miran tiernamente y se funden en un beso, breve, pero sincero. Sus corazones se enredan en sus bocas y el resto del autobús desaparece. Hasta la cotorra que hay sentada al lado de ellos calla, observándoles, quizá con envidia.

Y llega su parada. Se bajan, con su pesada maleta y dos bolsas de viaje desgastadas. El autobús se aleja, y ellos quedan ahí, en medio de la nada, de lo desconocido, de la incertidumbre del futuro más cercano. El viento, que azota sin piedad cualquier cosa que encuentre a su paso, arrastra hojas secas. Desde mi ventanilla puedo ver que se aprietan con fuerza la mano.

Esta historia es completamente real. Aún puedo ver la cara de sus progatonistas. Me emocionó muchísimo en su momento.

A veces me pregunto qué pensará la gente de nosotros, amor. Qué pensarán cuando nos ven acurrucados en esos bancos metálicos, entrelazados, como queriendo evitar que una fuerte ráfaga de viento nos separase, y sabiendo, sin embargo, que esa ráfaga está por llegar, anunciada por cada movimiento del segundero del reloj que cuelga en la estación.  Qué se les pasará de la cabeza cuando presencian ese beso breve, mientras intentamos contener las lágrimas una vez más. ¿Escribirán ellos también historias? ¿Imaginaran nuestro pasado y nuestro futuro? ¿Tendrán buenos deseos para nosotros, dos desconocidos irrelevantes? 

Bueno, todas esas preguntas dan por sentado que nos ven. Y eso es mucho asumir.

Una de las estaciones más bonitas que he visto en mi vida. Tampoco es que haya visto muchas, pero esta es maravillosa.




Hoy estoy... triste
Y estoy escuchando... Aicha - Cheb Khaled

viernes, 18 de abril de 2014

Libro: Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer.


Justo el día anterior a "Mañana" acabé esta breve novela de Daniel Glattauer. No me la leí,me la bebí, la devoré, y siempre con una sonrisa en la boca. Vamos con la ficha.

¿De qué va el libro?

Emmi intenta finalizar su suscripción a la revista Like, pero por una manía al teclear, acaba enviando sus emails a Leo Leike. Esta casualidad comenzará una relación epistolar mucho más intensa y complicada de lo que cabría esperar.

Hablando del libro...

No es mi primer encuentro con Daniel Glattauer. Este honor lo ostenta La huella de un beso, un libro con el que disfruté un montón. Eso me hacía poner muchas expectativas en Contra el viento del norte. No me ha decepcionado en absoluto.

La novela está escrita a base de emails, no hay narrador, así que mientras leemos el intercambio de misivas entre Leo y Emmi nos hacemos una idea de qué está pasando entre ellos, de qué sienten, de lo que dicen y lo que solamente muestran. Sí, es voyeurismo total y completo.

Además Leo y Emmi son unos personajes muy atractivos porque creo que podemos reconocernos en ellos: son gente normal, con vidas normales, problemas, confusión, etc. Y como muchas personas normales son capaces de decir, cuando están ante un ordenador, cosas que nunca dirían en persona. Y de hecho ese es uno de los temas fundamentales del libro: ¿se encontrarán Leo y Emmi finalmente? O, por el contrario, ¿preferirán mantener una relación simplemente virtual, con la imagen idealizada que tienen del otro?

Además tiene un final...¡qué final! Menos mal que yo ya sabía que la historia de Leo y Emmi continúa en Cada siete olas, el libro que estoy leyendo actualmente. 

¡Os lo recomiendo para un rato de humor romántico o de divertido romanticismo! :)

Os dejo un trocito...

¿Vienes Emmi? ¿Nos besamos? Mi hermana dice que eres hermosísima, Emmi, seas la que seas. ¿Has besado alguna vez a un desconocido? Voy a tomar otro trago de vino blanco del Friuli. Bebo a nuestra salud. Ya estoy un poco borracho. Pero no mucho. Ahora te toca a ti de nuevo. Escríbeme, Emmi. Escribir es como besar, pero sin labios. Escribir es besar con la mente, Emmi. Emmi, Emmi, Emmi.

En resumen, este libro...

5/5


A continuación voy a leer, como sospecháis, la continuación: Cada siete olas. De hecho, ya llevo leído más de la mitad. Los viajes en autobús tienen estas cosas.

Ahí os dejo. Sed buenxs, pero no demasiado.

Hoy estoy... contenta
Y estoy escuchando... Pastillas para no soñar - Joaquín Sabina

martes, 15 de abril de 2014

Mañana.


Mañana es una palabra que tiene algo. Supongo que nos recuerda que la incertidumbre del futuro puede ser algo cercano y que al final, por más empeño que pongamos, las cosas pueden escapar de nuestro control.

Porque, por si no lo saben, mañana será otro día y, aunque una servidora tiende al pesimismo, tengo que reconocer que nada hay en mañana que pueda asegurarme que no va a ser un día mejor, incluso un gran día. En mañana cabe todo: es como un folio en blanco. Y sí, como un folio en blanco puede acabar arrugado en la papelera mientras nos lamentamos, pero también puede ser el soporte de un gran capítulo en la novela de nuestra vida, uno en el que se hagan realidad nuestros sueños.

Mañana nada es seguro y todo es posible, hasta que ocurra un milagro. Hasta que el mundo se pare en el andén de una estación, hasta que un universo parezca otra vez completo, hasta, quién sabe, que nunca vuelva a fragmentarse. 

Habrá que esperar hasta mañana, ¿no?



Hoy estoy... impaciente
Y estoy escuchando... Tomorrow - Annie OST




lunes, 14 de abril de 2014

Hay que hacer cosas inútiles.

Tengo la firme convicción de que hay que hacer cosas inútiles para que la vida merezca la pena. Cuando nuestra vida se reduce a hacer cosas de provecho es que algo estamos haciendo mal. Cuando necesitamos motivos para hacer cualquier cosa es que hemos perdido algo importante. 

Por eso yo misma pongo cada día al sol una flor de plástico. ¿Tiene sentido? No, más allá de lo que me divierte verla bailar. Porque mi flor es inmortal y bailarina, gracias a un panel solar que la acompaña. Sé perfectamente que desde los ojos de otra persona menos absurda puede parecer una gilipollez, pero el día en el que yo deje de hacer el idiota mi vida se habrá encogido mucho.
 

 
 Lo mismo me ocurre con la ociosidad. El otro día escuchaba que hay que llenar el tiempo libre de significado, pero, ¿qué significa eso? Hacer cosas que no sean estar tirado en el sofá viendo la tele. Bueno, pues yo echaría de menos esos ratos totalmente vacíos en los que lo único que hago es estar sentada en el sofá chupándome Ciega a citas o cualquier peli que se me cruce y me apetezca (por ejemplo, el sábado pasado, tocó El diario de Bridget Jones). ¿Me hace eso mejor persona? No, pero tampoco peor, así que, ¿por qué no voy a hacerlo?

Ayer se me ocurrió otra idea inútil, totalmente improductiva. Creo que voy a empezar una tradición: escribir un micro-cuento al día y publicarlo en Twitter. ¿Qué sentido tiene? Ninguno. Ni siquiera tiene el propósito de hacer el mundo más poético o bello, nada de eso. Lo hago simplemente porque me apetece. Y en parte, porque es inútil. 

Hacedme caso, amigxs, y haced cada día al menos una cosa inútil, simplemente porque os apetezca o porque os haya dado el pronto. Estas cosas aderezan la vida, le ponen color, os lo digo yo.





Hoy estoy... absurda
Y estoy escuchando...Con trocitos - Maldita Nerea

domingo, 13 de abril de 2014

Libro: Nacido en pecado, de Kinley MacGregor



Acabo de terminar hace un momento la relectura de Nacido en pecado, de Kinley MacGregor, hasta el momento mi novela rosa favorita. La culpa de que yo me metiera en esto -otro placer culpable, tengo que reconocerlo- la tiene Jack, que cuando le dije que yo nunca había leído una novela rosa me vino con el primer libro de esta saga, la saga MacAllister, a saber Dueño del deseo. Y claro, coser, cantar, y leer novelas romántico-erótico-festivas de fornidos tíos con falda, todo es empezar.

¿De qué va el libro?

Sin es un rudo y misterioso caballero con un pasado más que truculento que ha encontrado un lugar al servicio del rey de Inglatera, Enrique. Caledonia MacNeely es la hija del líder de un clan de las Highlands que se ha mantenido reticente a someterse al dominio inglés y del que, además, han salido unos rebeldes que no paran de saquear y destruir en territorio inglés. Permanece prisionera en la corte de Enrique junto con su hermano pequeño, Jamie.  Enrique ha tenido una maravillosa idea para solucionar el problema de los rebeldes: casar a Sin y Caledonia, de modo que un hombre totalmente leal a él pueda introducirse dentro del clan y descubrir al rebelde. Fácil de decir, pero no tan fácil de hacer. Sin tiene como propósito no tomar nunca una esposa ni engendrar hijos y Caledonia sabe que un inglés nunca será bien acogido por su gente, y mucho menos alguien como Sin, aunque esa sea la única manera de volver a casa...

Hablando del libro...

Bueno, ya lo he dicho, se trata de una novela rosa de género histórico, y para que nadie se llame a engaño, lo que encontraréis en esta y en las otras entregas de la saga MacAllister es romanticismo con escenas eróticas. Eso sí, bien escrito. 

Este libro es la tercera entrega de la saga, pero puede leerse aislado, o pueden leerse desordenados. Yo los leí desordenados: primero, tercero, segundo y cuarto. Y no pasa nada :)

El esquema es el típico de una novela de este tipo: protagonista masculino atormentado (en este caso, en otros, un mujeriego incorregible) con el corazón totalmente cerrado al amor, protagonista femenina virginal e inexperta, pero valiente, que hará lo que haga falta para llegar al corazón del protagonista masculino, aún a costa de su inocencia.  Es muy típico, pero efectivo. Una novela perfecta para pasar un rato distendido y fantasear un poco, que nunca está de más. 


Lo cierto es que a mí estas novelas me entretienen un montón. No suelo leer romántica-erótica ambientada en épocas actuales, pero la histórica me gusta mucho, me distrae y estimula mi imaginación. Más o menos lo mismo que me pasó con el relato de Macarena en la #AntologíaDiciembre. ¡Macarena, escribe! xD 

Merece la pena que reseñe que, al menos, las escenas sexuales están bastante logradas, y con eso quiero decir que puedo llegar a creérmelas. Desde luego, están "embellecidas" para favorecer la fantasía, pero puedes creer que la que hay ahí es una mujer, y no una muñeca hinchable. Con esto quiero decir, así para acabar pronto: bastante más creíble que 50 sombras de Grey, ¡dónde va a parar! 

Recomendación final: Si queréis leer algo de este género, alejáos de los fenómenos de moda y husmear un poquito por los foros de romántica-erótica. Encontraréis títulos que os sorprenderán, y bastante mejores que los que copan los escaparates de las librerías y las reseñas de actualidad en algunos blogs. 

Os dejo un trocito...

Lochlan se había vuelto hacia su padre.

- ¿Papá? ¿Dónde está el plaid de Sin?

Su padre había hecho  como si no oyera la pregunta y había seguido jugando con Ewan y Kieran.

Su joven madre se mostró mucho más dura.

- La tela de los plaids es para los que tienen auténtica sangre escodesa, Lochlan. No para los mestizos de sassenach.

Aunque viviera eternamente, Lochlan nunca podría entender la crueldad con la que su madre había tratado a Sin. Ni la completa falta de consideración de su padre. Unas horas después había encontrado a Sin, solo en su habitación. Sin estaba sentado en el centro del suelo con un corte abierto en el brazo, dejando que la sangre fluyera de su herida para caer dentro de un cuenco. Horrorizado, Lochlan corrió hacia él y cubrió la herida con un paño para que dejara de sangrar.

- ¿Qué estás haciendo? - preguntó.

- Estoy intentando librarme de la sangre inglesa que corre por mis venas, pero no parece ser distinta de la tuya. -Los ojos de Sin estaban vacíos de toda expresión-. ¿Cómo puedo hacer que se vaya cuando no soy capaz de encontrar la diferencia?

En resumen, este libro...

4.5/5

A continuación, y aunque me han dado muchas ganas de releer todos los libros de la saga (xD), voy a ponerme con otra cosa, mariposa. Me apetece romanticismo, así que voy a por otro libro de Daniel Glattauer, en este caso Contra el viento del norte. La huella de un beso me encantó, así que a ver qué tal este.


Hoy estoy... cantarina
Y estoy escuchando... Para médicos y amantes - Ismael Serrano

sábado, 12 de abril de 2014

Hablar por no estar callada.


Me estoy metiendo donde no me llaman, lo sé. Anda que no lo dije: en el blog nuevo no se habla de sexo, que luego pasa lo que pasa. Pero es que hoy he leído un artículo sobre cómo volver loca a una mujer en la cama y como tengo incontinencia verbal... La cuestión es que después de ese he leído varios, y en cada uno dice una cosa, y no estoy 100% de acuerdo con ninguno, y hasta hace un rato era una mujer. Así que voy a dar mi opinión. Y eso es este post, ni más ni menos: mi opinión.


1. Para volver loca a una mujer en la cama lo primero, lo principal, lo más importante, es que esa mujer se haya vuelto loca sola. Dicho a las claras: que se conozca. Que sepa qué le gusta y qué no, dónde, cómo y cuándo. Porque la pareja sexual de una mujer puede ser muy diestrx en las artes amatorias, pero es que no hay dos mujeres iguales. Precisamente por eso, unas indicaciones nunca están de más si son pertinentes. Pero claro, para darlas, hay que saber qué queremos. 


2. Una mujer es una persona, no una muñeca hinchable. Lo que quiere decir que tienes que tenerla en cuenta. Soy de la opinión de que hay que darlo todo en cada relación sexual, no importa que sea con tu pareja o de una sola noche: hay que estar ahí al 200%. Y eso no significa prometer amor eterno ni nada por el estilo, simplemente estar atento a las necesidades de tu pareja para conseguir ambos la mejor experiencia posible. Si alguien no está por la labor, mejor que juegue solo. 


3. El porno no es una buena academia. No digo que a las mujeres no les gusten algunas prácticas que pueden verse en las películas porno, ya he dicho que a cada una nos gustan unas cosas. Lo que quiero decir es que esperar que las relaciones sexuales reales sean como las de las películas es como esperar que el instituto sea como Hogwarts.  Avisados estáis. 

En fin, por hoy ya está bien. Voy a reservarme un poco, que lo mismo me da para escribir un libro y todo... xD

Fuera bromas, hace falta una auténtica liberación sexual de la mujer. Liberación sexual, por si alguien tiene la tentación de pensarlo, no es lo mismo que promiscuidad: se puede ser muy promiscua y tener relaciones sexuales de lo más machistas y retrógradas. Y al revés: se puede tener una relación monógama estable y estar totalmente liberada. Pero lo de la liberación sexual no es muy común. Muchas mujeres viven el sexo todavía como un deber de complacer. Eso está pasando en gran medida entre las adolescentes hoy en día: mantienen relaciones sexuales porque es lo que se espera que hagan, pero ni las disfrutan, ni saben dónde poner los límites, ni sienten que sean partícipes activas de las mismas. Esto lleva a situaciones muy, muy peligrosas.  Pero no solo ocurre entre las adolescentes. Os asombraría saber la cantidad de mujeres hechas y derechas que nunca han tenido un orgasmo en pareja...



Hoy estoy... ociosa
Y estoy escuchando...La carta - Héroes del Silencio

viernes, 11 de abril de 2014

Meter la letra con sangre.

Hay temas de los que no hablo mucho por diversas circunstancias pero que me parecen muy importantes. Por ejemplo, el tema de la educación, entendida en general, no como formación académica: que lxs chavalxs sepan qué está bien y qué no, cuándo se pueden hacer ciertas cosas y cuando no, que adquieran hábitos buenos y saludables, etc. No lo hablo a menudo porque no suelo coincidir con colegas de profesión ni me relaciono con muchos padres con niños pequeños. Ahora sí estoy hablando, o más bien escuchando, bastante acerca del tema. Es un tema importante en el cursillo, chan-chan. ¿Y sabéis qué? Que me estoy dando cuenta de que saber más de las opiniones de la gente no me está dejando muy tranquila. 

Resulta que la idea de que los jóvenes de hoy en día son unos irrespetuosos con todo y que la culpa es de que hay demasiada libertad y de que no se les ha dado dos leches, o cuatro, o las que hayan hecho falta, ha calado hondo. Todavía se defiende, aún entre gente muy joven, que la manera de ganarse el respeto y el derecho a ejercer la autoridad es mediante el temor. Incluso he escuchado defensas del castigo físico: los profesores, los monitores, deberían poder dar un capón a los chavales si procede. 



Supongo que a estas personas se les ha olvidado ya lo que sentían cuando llegaba la clase de ese profesor que entraba sembrando el terror entre los alumnos. Deseabas que no te preguntara, te daba miedo consultar las dudas y pasabas más tiempo muerto de miedo que aprendiendo la lección. En cuanto a modales se aprendía poco, porque uno se comportaba bien mientras temía la sanción, pero en cuanto el profesor de turno no miraba, vía libre. Y este pensaba que tenía el respeto de los alumnos, pero el miedo nunca es respeto. Y aún se extrañaba cuando un día, alguno de lxs chavalxs, harto, le devolvía un poco de su propia medicina. Al final uno recoge lo que siembra, supongo. También se les habrá olvidado que normalmente el profesor/a o maestro/a más inolvidable es aquel que sin temor, sin gritos, sin faltar al respeto conseguía captar tu atención y, más aún, conseguía que te implicases hasta el punto de no querer decepcionarle no por miedo al castigo, sino porque no fallar a esa persona era algo importante.

El problema es que en este país en esto también estamos muy atrasados. En Lo que mueve el mundo hay un pasaje que hace referencia a lo traumática que fue la vuelta de algunos niños vascos a España precisamente por esta cuestión: salían de un país en el que los conflictos se abordaban de maneras diversas para entrar a una España de posguerra en la que cualquier problema se arreglaba a palos. De un tiempo a esta parte se nos ha dicho que la violencia está mal, tanto la física como la psicológica, y poco a poco se ha ido dejando, al menos en apariencia. Pero nos preguntamos qué hacer entonces. ¿Qué hago, ahora que no puedo darle una bofetada a mi hijo cada vez que me cuestione? ¿Qué hago, ahora que no puedo golpear a mis alumnos, darles un capón, tirarles de las orejas? ¿Cómo les educo? 



Ya decía hace unos días que no estamos acostumbrados al refuerzo positivo, y es una pena, porque bien usado evita tomar otras medidas bastante más desagradables. Hay que buscar otras maneras de educar, de incentivar y corregir conductas, que no sean el sopapo de toda la vida, porque desde luego dejar hacer y consentir y darlo todo para evitar rabietas no es la mejor manera de hacer las cosas. Probablemente sea la peor, y creo que ya estamos viendo hacia dónde nos conduce... Todos tenemos algún caso particular en mente, supongo.

Es evidente que los profesionales de la educación o del ocio, quienes trabajamos con niños y adolescentes, tenemos un problema añadido: tenemos que conseguir que nuestros chicxs se comporten correctamente mientras están con nosotros, no importa lo bien o mal educados que vengan de casa. Y es una cosa complicada, muy complicada a veces. Pero eso no es excusa para defender ciertos métodos...



Mientras escuchaba esas opiniones que me olían a viejo pensaba si no hay suficiente violencia ya en el mundo de los niños y los adolescentes como para que los adultos les demos ese nefasto ejemplo, les enseñemos que los conflictos se pueden solucionar a golpes o a gritos y que gana el que más daño hace. Venían a mi mente imágenes brutales de dos agresiones de adolescentes a unas compañeras y de otras compañeras grabando con el móvil. 

Lo hemos estado haciendo mal, probablemente lo sigamos haciendo fatal. Lo que me da miedo es que no vayamos a saber hacerlo mejor.



Hoy estoy... de bajona
Y estoy escuchando... You don't fool me - Queen

jueves, 10 de abril de 2014

Libro: Lo que mueve el mundo, de Kirmen Uribe.



Yo a la profe le tengo ley. No puedo evitarlo. Soy su fan y eso. Así que si me recomienda expresamente un libro en una de sus entradas, pues habrá que leerlo, ¿no?

¿De qué va el libro?

Lo que mueve el mundo nos cuenta una historia de héroes de a pie, especialmente la de Robert, un joven comprometido con la causa antifascista en la época que va desde la Guerra Civil española hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Pero este no es un libro de guerra, sino de personas.

Hablando del libro...

Como es un libro de personas, aunque el género bélico no sea lo vuestro, no os preocupéis, porque puede encantaros. La guerra no es lo más importante en el libro, ni mucho menos. Además nada se pierde por darle un intento, que es muy breve :)

Si os animáis a cogerla, dadle un tiempo. Yo cuando empecé el libro estaba un poco perdida, hasta el punto que no sabía quién era el/la protagonista de la historia. La narración comienza hablando de la evacuación de niños vascos durante la Guerra Civil española, a raíz de los bombardeos. Estos niños fueron llevados principalmente a Francia y Bélgica. En un primer momento pensé que la protagonista iba a ser Karmentxu, una niña evacuada, pero no fue así.  Karmentxu cae en casa de Robert, un joven belga de origen humilde y muy comprometido con la causa de hacer del mundo un lugar más justo. 

En el libro comienzan entretejiéndose historias: la de Karmentxu, los niños de la guerra, la amistad de Robert y Hermann, el agitado clima político de la época, discusiones sobre arte, música, filosofía,... Por eso yo tengo que reconocer que al principio andaba un poco mareada, pero no me importó. No sabía muy bien qué estaba pasando, pero la lectura era una delicia. Posteriormente la niebla se fue disipando y me ubiqué, la historia se centró más en Robert y en su familia.  Poco a poco vas descubriendo que se trata de una mezcla entre realidad y ficción, que el autor se ha introducido en la novela y es quien interactúa con una de las personas/personajes de la obra. Pero bien. Si os decidís a leerla, no os obsesionéis y disfrutad de cada página. 

En cuanto a la obra en sí, pues es impactante, en algunos momentos dura, en otros muy tierna. Yo, no sé por qué, me quedo con la parte triste. Será porque tengo una ansia de finales felices que no se la salta un gitano, hijxs míxs...

Os dejo un trocito...

Los primeros días no fueron nada agradables para Robert. Lo encerraron en una celda de aislamiento, lo tuvieron colgado de unas vigas durante largas horas, le negaron el alimento. Y todo, para dejar bien claro quién mandaba allí. Robert llegaría a odiar muy profundamente a aquel kapo al que llamaban "el Ruso". Nunca antes había sentido ganas de matar a nadie, pero a él sí, a él lo habría estrangulado con sus propias manos. Se sorprendía a sí mismo, cómo podía sentirse así, cómo podía estar tan lleno de odio; él, que había sido un joven tan culto y amante de la paz. No se reconocía.

En resumen, este libro...

4.5/5


Anoche, nada más acabar Lo que mueve el mundo empecé Nacido en pecado, una relectura que me propuse para este 2014. Necesito algo simple, ligero, ...Esas cosas.  Además, como el ejemplar de El médico de Noah Gordon que hay en la biblioteca sigue secuestrado, pues...


Hoy estoy... insegura
Y estoy escuchando... Salir - Extremoduro

miércoles, 9 de abril de 2014

Una vez rompí un corazón...creo.

No suelo conocer a demasiada gente, así que cuando ayer descubrí que un compañero y yo tenemos un conocido común me puse muy contenta. 

- A ese lo conozco yo - le dije.

- ¿Tú? ¿De qué? - me dijo, extrañado, porque el tipo en cuestión es heavy hasta la médula.

-  No sé de qué te extrañas. Yo también iba de ese rollo -contesté, un poco resentidilla-. Nos presentó un amigo común. 

Lo que no le conté a mi compañero es que ese tipo y yo tuvimos una historia. Para mí fue una historia especial por varias razones. La recuerdo con cariño y con tristeza a la vez. 

La primera vez que coincidimos fue en un bar. Yo estaba con un compañero del instituto jugando al futbolín y él entró con un amigo a jugar contra nosotros. Pasó toda la partida metiéndose conmigo, principalmente llamándome niñata, a lo que yo respondía con calificativos como anciano o viejales. Durante el tiempo que duró nuestra amistad seguimos llamándonos así, y con bastante mala leche. Cosas raras. 

Supongo que comprenderéis que pensase que era un gilipollas integral. Pues no veáis la cara que se me quedó meses después, en "la" Feria, cuando un amigo me pidió que le acompañase a recoger a un amigo suyo para que se uniese a nuestro botellón y me lo encontré precisamente a él. Cuando nos presentaron formalmente y llegaron los dos besos de rigor estuve a un tris de pasar de su cara. 

Esa misma noche me invitó a una copa. Bueno, nos la tomamos a medias. No me caía bien, pero tampoco era cuestión de rechazar la bebida gratis. Estuvo intentando entablar conversación conmigo hasta que le dije:

- Oye, perdona, ¿tú eres gilipollas todo el tiempo o solo cuando juegas al futbolín?

- Pensaba que no te acordabas de mí -contestó.

Pero sí, para los imbéciles tengo buena memoria. Así que empezó a meterse conmigo de nuevo: que si qué quieres que te diga, si eres una mocosa, bla-bla-bla.  Había mala leche, no voy a negarlo, pero lo cierto es que pasé una noche entretenida y nos reímos bastante. 

Cuando volvíamos al piso de un amigo, ya de madrugada, la mala leche había desaparecido. Hablamos de una amiga, que iba como una cuba, y de un amigo que la llevaba agarrada.

-¿Tú crees que esta noche lo consigue? - le dije yo.
- Ni de coña. Demasiada rubia para él - contestó.
- Bueno, dicen que el burro no folla por guapo, sino por insistente... Y este te garantizo que insistir ha insistido. 
- Ni de coña, ¿qué te apuestas? 
- ¿Yo? ¿Contigo? Nada. 
- Un beso. Si se lían, ganas tú y no me lo das si no quieres. Si no se lían, te beso -propuso.
- ¿Estás majara? Ni de coña te beso yo a ti, anciano. 

Y me besó. Y me dejé, porque serían cosas de la edad, pero no besaba mal. 

- Bueno, eso de adelanto. Si ganas tú la apuesta ya me lo devuelves -me dijo.

Eso fue todo lo que pasó esa noche. Bueno, más bien ese día. Lo peor de todo es que ese amigo común andaba encaprichado de mí -y de alguna más- y se enfadó con los dos. Yo preferí no hacer sangre y lo dejé tal cual. Pero el chaval, antes de irse, pidió mi móvil y me dio su MSN (qué tiempos...).

Yo siempre he sido muy de dar oportunidades y de conocer a la gente, nunca he juzgado demasiado por la apariencia, ni por la edad, ni esas cosas. Así que empezamos a charlar y nos caímos bien. El problema es que cuando quedábamos el tipo no paraba de pasarse conmigo y no me gustaba. Supongo que es como esos niños que, cuando les gusta una niña del colegio, no paran de tirarle de las coletas. Un día me enfadé y quise irme del pub donde estábamos. Para impedírmelo me agarró del brazo bastante fuerte. Aunque me pidió por favor que no me fuese, aquel agarrón fue para mí razón suficiente para cortar la relación, de modo que nunca llegamos a ser nada más que conocidos.

Ese fin de semana se declaró por teléfono desde un festival de música, pero ya era tarde. Por mi parte la relación acabó ahí.

Por la suya no. Si sabía que yo iba a estar en algún sitio, aparecía. Tan notorio era que mis amigas aparecían corriendo y me decían:

- ¿A que no adivinas quién acaba de llegar? 

Y sí, claro que lo adivinaba. Aparecía si yo estaba en un concierto sirviendo copas, si había algún acontecimiento, buscaba cualquier excusa. La última vez que le vi me pidió por favor hablar conmigo.

- Ven, que te dejo dar una vuelta en mi coche -yo acababa de sacarme el carnet.

Estuvimos charlando de cosas sin importancia hasta que me llevé a mi casa. Una vez allí me dio un papel (en mi vida siempre hay papeles de por medio :P) con una dirección web escrita y un título. Era de un blog. 

- Léelo -me dijo-, es lo último que te pido.

Y así fue, porque no le volví a ver. 

Lo hice, leí el blog. En el post hablaba de las fases que pasa uno cuando se enamora y no es correspondido. Hablaba del primer momento en que me vio, y de todo lo que vino después. Era muy triste, porque al final decía algo así como que lo único que queda cuando asumes que nunca vas a estar con esa persona es acostumbrarte a su ausencia y esperar que deje de doler aunque en el fondo sabes que nunca la vas a olvidar.  

Tiempo después me contaron que había estado realmente mal por una mujer, hasta el punto de necesitar ayuda especializada para levantar cabeza. Quien me lo contó no sabía quién era esa mujer misteriosa, pero por los datos que me dio deduje que sí, que era yo. 

Decía que recuerdo esa historia con ternura y tristeza. Ternura, porque era agradable verle aparecer para encontrarse conmigo allá donde yo estuviese, y porque, qué narices, por una vez estuvo bien no ser yo la rechazada. Tristeza porque de alguna manera le hice sufrir mucho y no se lo merecía. Aunque siempre nos estuviésemos metiendo el uno con el otro con bastante mala leche, sé que era un buen tío, le tenía cariño. 

Mientras volvía a casa pensaba en contactar con él. Han pasado ya más de siete años de aquello y no sé, me apetecía decirle que me alegraba de haber vuelto a saber de él, de que otro conocido común nos hubiese hecho volver a chocar. Siempre me supo mal haberle perdido la pista. Así que le busqué en Facebook. Y le encontré. Y, ¿adivináis qué? Que sí, que me ha olvidado. 

Por suerte, claro. No quiero ser yo la espina en la pata de nadie. Al parecer sale desde hace tiempo con una chica con la que tiene mucho en común. Se les ve muy felices y no paran de hacer cosas juntos. De hecho en los comentarios se les pregunta que para cuándo la boda. Quizá le rompí el corazón, pero no se lo robé del todo. Si sigue teniéndolo, puede arreglarse. Y se lo han arreglado.

Así que cerré la página. Mejor no decir nada. Al fin y al cabo, él no es ya aquel hombre, ni yo aquella chica, aunque me pique reconocerlo. Ya me lo ha dicho mi compañero cuando esta mañana le he llevado unas fotos de aquella época:

- Pues no pareces tú. 

Pues será que no lo soy. Quién sabe. Pero eso ya es material para otro post.



Hoy estoy... recordando
Y estoy escuchando... Tocaba correr - Ñu





martes, 8 de abril de 2014

Terrorista peligrosa.


Me contaron que la detuvieron con las manos en la masa, en flagrante delito. Había decidido que no podía más, que volcaría su rabia en aquella calle y a aquella hora. Y allí, como en una colisión, acabaron chocando sus ganas de vivir y su falta de esperanzas, produciendo un estruendoso destello.

Su acto de rebeldía era imperdonable, un atentado terrorista en toda regla.

Los responsables del ministerio de orden público daban órdenes por teléfono con manos sudorosas y voz temblona. ¿Cómo había podido una sola persona ponerles en tal situación?

Se ordenó un registro que confirmó sus sospechas. En su dormitorio encontraron un paquete de munición completo, salvo por una pieza: la que había utilizado para perpetrar su crimen. 

Los agentes requisaron el paquete de tizas y marcharon orgullosos, sabiendo que habían servido bien a sus amos. 



¿Sabéis que a veces la realidad supera a la ficción?




Hoy estoy... satisfecha
Y estoy escuchando...El malo del cuento - Despistaos + Kutxi Romero

lunes, 7 de abril de 2014

Como la luz de las estrellas.


"Las cartas son como la luz de las estrellas". Es una frase del libro Las voces del Pamano, de Jaume Cabré, libro que me recomendó mi queridísima Perri. Es una manera preciosa de decirlo: a través de las cartas a veces nos llegan luces cuya fuente ya se ha extinguido. 

No solo a través de las cartas, supongo que a través de cualquier escrito. La escritura tiene esa magia. Leer es como viajar en el tiempo. Y no me refiero a leer libros, no solo. Hoy no. Aunque siempre hay un libro de por medio, en mi vida no puede ser de otra manera, parece. 

Hoy mientras me devanaba los sesos con los contenidos de una unidad didáctica se me ha ocurrido tomar un libro de la carrera sobre epistemología. El libro es de esos con mucha vida, de esos que yo no suelo tener. Lo que ocurre es que hubo un momento en el que asumí que mis libros de estudiar tenían que estar subrayados, marcados y desgastados. Porque los usaba, básicamente. Como decía, el libro lleva mucho vivido: sus picos están rozados, sus páginas subrayadas a todo color, sus márgenes llenos de anotaciones, ... Incluso hay algún dibujillo hecho por una amiga amante del manga. Además mi libro tiene compañía. Entre sus páginas hay pequeños esquemas o resúmenes, post-it, un marcapáginas de la biblioteca de humanidades, un folio en el que hice anotaciones de un debate de campaña electoral entre Rajoy y Zapatero, ...y un intruso, un invitado inesperado: un retal de un folio azul en el que, con caligrafía redondeada dibujada con un boli BIC negro rezan las siguientes palabras:




Me encanta cuando me pasa esto, cuando entre apuntes y libros encuentro versos escritos a vuelapluma o pensamientos, o notas, porque de alguna manera vuelvo a ese momento o me encuentro de nuevo con esos sentimientos.



Sí, las palabras escritas son como la luz de las estrellas.


Hoy estoy... romántica
Y estoy escuchando... Viejo cuento - La Oreja de Van Gogh

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