Está todo bajo control.

Esta mañana estaba leyendo sobre el síndrome del impostor y haciéndome preguntas al respecto. Una cosa ha llevado a la otra y he acabado pensando en por qué nos esforzamos tanto en que parezca que todo está bajo control.

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Estaba comiendo con ese pensamiento en mente mientras veía un capítulo de "Workin' moms". En él, uno de los personajes femeninos se enfrenta a una reunión de trabajo con la sospecha de que tiene cáncer de mama. Tiene que dominarse, claro. Es una mujer profesional, de éxito, que está intentando sacar adelante su negocio. No puede permitirse un momento de debilidad porque puede ser fatal (lo sabe por experiencia). Cuando empieza su presentación algo desencadena una crisis en su interlocutor: su compañero está muriéndose de cáncer de mama. El hombre rompe a llorar y es ella quien lo consuela diciéndole que está bien, que lo suelte todo con una evidente incomodidad y bastante estupefacción.

La verdad es que la escena es poderosa, pero, evidentemente, es ficción. Si algo así pasase (que podría pasar, porque todo el mundo pasa por momentos difíciles, tiene días malos y todo tipo de problemas que no son razón suficiente para paralizar la vida) no creo que se tomase con tanta naturalidad. Se me imaginan otros desarrollos y finales. Pero lo que realmente creo que sería común a todos es el intento de hacer ver que todo está bajo control, que esa crisis no es nada, solo un destello de debilidad que será dominado.

Me da la sensación de que es así como vamos por la vida. O no, no sé. Corregidme si me equivoco, porque puede que esté proyectando. Lo que sí puedo decir es que yo voy así por la vida. Además, en mi caso, es un intento estúpido, porque soy bastante transparente y se nota que me pasa algo. Entonces, claro, ante los "¿qué te pasa?" interesados de aquellos que se preocupan, me muerdo los mofletes por dentro para no llorar (porque también soy tremendamente llorona) y digo que nada, o que estoy cansada, o no sé, cualquier otra cosa.

Y, en realidad, no entiendo por qué lo hago. Cuando todo se me hace bola, cuando por fin dejo que el terremoto vuelque las estanterías y deje los cuadros torcidos, ¡es muy liberador! Hay algo sanador en reconocer que se está roto, o, al menos, temporalmente averiado. Quizá sea simplemente mi conciencia, que se siente bien cuando soy honesta. Pero no lo hago con demasiada frecuencia en estos casos. Quizás porque es algo que no se hace. Porque el mundo espera de nosotros que seamos fuertes, capaces, resilientes, que salgamos adelante a pesar de todo, sin pausa. Tal vez sea porque nos venden que ser adulto es tenerlo todo bajo control.

Cuantos más años cumplo más claro tengo que no es así: ser adulto es aparentar que lo tienes todo bajo control. Y es doloroso y agotador.


Comentarios

  1. Deberías descansar, piensas demasiado. Besitos

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  2. La verdad es que nunca me lo había planteado... pero sí, siempre se espera eso: que nos mantengamos serenos, que es el ideal. ¿El por qué? Quizás porque nos dé cosa mostrarnos vulnerables (más daño te pueden hacer), porque nos venden optimismo, porque nos dicen que hay que luchar y no debe haber tiempo para lamentaciones... no sé.
    Un abrazo.

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    1. Yo a veces puedo mantenerme serena, pero disto mucho de tener las cosas bajo control. Y oye, también tiene su punto eso de mantenerse en paz en medio del caos cuando ocurre.

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  3. Pues yo creo que hay las dos versiones. Extremos opuestos. Los que simulan que todo va bien, que no quieren ser vulnerables y fingen tener todo bajo control... y los agonías que viven una picadura de mosquito como si fuese una enfermedad mortal (quitando los alérgicos que sí puedan morirse por una picadura, claro...).
    Aunque tampoco me lo había planteado nunca. Está claro que a veces le damos demasiadas vueltas al coco...;)
    Un abrazo, Bettie.

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    1. Sí, claro, desde luego que hay de todo. Pero entre el "agonías" y el que parece tenerlo todo dominado, el deseable es el primero, claro.

      Nunca se piensa demasiado. Si acaso, demasiado poco.

      ¡Besos!

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  4. El año pasado estuve trabajando en una oficina de 6 m2 con dos compañeras muy pero que muy explícitas, eran transparentes como el agua. Mi educación represora de los Padres Mercedarios, en shock. Pues aprendí que estas mujeres habían decidido vivir con la piel vuelta. Qué vulnerabilidad más potente y liberadora. Yo atesoraba mis miserias para mí, y así me va...

    Santi

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    1. Y así nos va a muchos. Pero qué valentía eso de vivir con la piel vuelta, ¿no te parece?

      ¡Besos!

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  5. Recuerdo que en una época regularcilla de mi vida (el máster del profesorado, concretamente) fue muy liberador que un amigo me preguntase al llegar a clase cómo estaba y añadirse "puedes decir que mal". Hay pocas personas con las que uno pueda abrirse y decir abiertamente que no está todo bien, es un descanso enorme (me pasaba también el año pasado con una compañera novata, porque ante los "veteranos" me costaba reconocer que a veces tenía la sensación de no saber lo que estaba haciendo).

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    1. Madre mía, cómo de identificada me siento con esa última parte XD Y todavía me pasa, no creas.

      Qué pena que no podamos quitarnos la máscara de personas solventes más a menudo.

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