sábado, 31 de enero de 2015

Serie: Luther



Ando cortica de ideas, pero tenía mono de escribir. Entonces he recordado que, aunque en Twitter sí he dicho alguna cosa, no os he dado la lata con una de las series que estoy viendo: Luther.

Luther es una serie de la BBC (lo cual es EL BIEN) que trata sobre un detective un tanto... especialico él. Digamos que el protagonista estaría entre lo que es un agente de la ley y un vigilante o justiciero. Tiene una idea de justicia bastante clara y, aunque el fin no siempre justifica los medios, él considera que para coger a los malos a veces hay que saltarse las reglas.Y resulta que ese tema a mí me resulta muy interesante. 

Es un tema complejo, porque si no lo tratas como se debe, pues todo acaba en una parodia. Pero en Luther lo hacen muy bien: las acciones de John Luther (Idris Elba) tienen su consecuencia y en más de una ocasión se ha visto rodeado. De hecho, aún no he acabado la tercera temporada. Ya veremos cómo acaba este buen hombre.


Por cierto, Idris Elba está SOBERBIO. No os digo más. 

Pero no está solo, qué va. El resto de personajes son también un caramelo. Tenemos al compañero de Luther, Ripley, que es un poco lo contrario a él: quiere hacer las cosas bien. Y por bien quiero decir de acuerdo a las reglas. Pero, al mismo tiempo, es leal a Luther, lo cual también lo pone en algún que otro aprieto.


Tenemos, también, a Alice. La cruz de la moneda de Luther. Luther y Alice se conocen en circunstancias poco agradables -no quiero hacer spoilers. Resulta que Alice es una especie de psicópata súper inteligente, sin escrúpulos y, al parecer, incapaz de sentir nada. La cuestión es que, vaya usted a saber cómo ni por qué, ella y Luther acaban trabando amistad. Eso no es necesariamente bueno para ninguno de los dos, todo sea dicho.


Y luego están los malos. Dice Jack que Batman les tendría envidia a estos malos. Y ciertamente, algunos están com un llum, como una matraca. Vamos, locos perdidos. Pero locos de los que dan miedo. Y otros no están locos, simplemente son malos o hacen el mal. Que no siempre es lo mismo. La cuestión es que hay malos de calidad. Y dicen que la mitad de la altura de un héroe la marcan sus enemigos. Así que... 


Lo que sí es cierto es que la serie es durilla. Es bastante negra, bastante "sucia". Truculenta. No sé, me faltan adjetivos. Se te quitan un poquito las ganas de visitar Londres y eso xD  En definitiva: que no es muy agradable y bonita. Interesante, entretenida y emocionante, sí. No siempre hay finales felices, qué vamos a hacerle, pero así es la vida. En cualquier caso, quizá lo mejor de Luther son los conflictos, las piezas que no acaban de encajar. De nuevo, así es la vida. 


De momento la serie tiene tres temporadas, pero son muy cortas. La primera creo que tiene seis capítulos, y las otras dos, cuatro cada una. Parece que para 2015 se emitirá una miniserie de dos episodios. Así que se ve en cuatro ratos, como aquel que dice :P

¿La habéis visto? ¿Sabíais algo de ella?

¡Muaaa!

viernes, 30 de enero de 2015

La venganza se sirve en diferido.


Lola acababa de abrir su peluquería. Todavía no hacía dos semanas desde que subió la persiana por primera vez. Le había costado mucho trabajo conseguir el dinero pero tras mucho pedir y mucho rogar pudo cumplir su sueño. 

A veces Lola se sorprendía pensando que todo parecía nuevo. "Porque lo es, tonta", se reprendía. Por desgracia no parecía que fuese a tener muchas oportunidades de desgastar sus herramientas: desde que abrió la peluquería solo había atendido a tres clientas que, para colmo de males, estaban de paso por la ciudad. 

Más por aburrimiento que por otra cosa, Lola se sentó frente a la puerta y se concentró, diciéndose interiormente "Ahora entrará un cliente, ahora entrará un cliente", mientras frotaba sus sienes. Y funcionó. O no, pero la casualidad fue, cuanto menos, curiosa. Vio pasar frente al cristal translúcido la silueta de un hombre trajeado que abrió la puerta a una señora. La señora dio las buenas tardes y no preguntó si podían atenderla: saltaba a la vista. 

Lola le indicó dónde podía sentarse y observó su reflejo en el gran espejo de la peluquería. Su cara le resultaba tremendamente familiar, se parecía a... Pero no, no podía ser. Lola sonrió y apartó la idea de su mente.

-¿Qué quiere que le haga?

- Lavar y peinar. Nada más. No suelo fiarme de las peluqueras ni suelo cambiar, pero la mía está cerrada. No sé cómo esperan ganar dinero si no trabajan... -contestó la clienta.

Lola pensó que sí, que tenía que ser ella. No solo la cara era parecida, sino también la voz. Era como si le estuviese dando un discurso. Eso sí: la realidad no le hacía ningún favor. Se veía mucho más guapa y joven por televisión. Lola no pudo evitar acordarse de su sobrino, que ahora tenía que hacer media hora de autobús para ir al cole porque habían cerrado su colegio rural, de su padre, en lista de espera desde hacía más de un año para operarse de una hernia, de su hermano, maestro, que llevaba más de dos años en paro por los recortes, de la gente que recibía quimioterapia sentada en una sila,... Pero calló. Se tragó la rabia y sonrió.

- ¿Y no le apetecería darse un capricho? Puedo hacerle un tratamiento facial relajante y un tratamiento de hidratación en el cabello. Invita la casa ¿Qué le parece? Bueno... Tal vez tenga prisa. Supongo que será usted una de las mujeres más ocupadas del país...

La clienta sonrió. Estaba dispuesta a dejarse agasajar.

-Sí, así es. Pero de vez en cuando también necesito cuidados. Que una no es de piedra...

Lola pensó que si aquello le salía bien todo el mundo iba a hablar de ella. Puso una mascarilla que olía a frutas sobre la piel de su clienta y le cubrió los ojos con un antifaz antiojeras. Después, mientras ella estaba cómodamente reclinada y hablando de lo durísimo que es dedicarse a la política y de lo poco agradecidos que son los ciudadanos, ella obró su magia sobre el cabello de la mujer. Extendió productos, esperó, lavó el cabello, secó y fijó.

- Ya está. Voy a retirarle la mascarilla con una toalla humedecida con agua de rosas, para cerrar los poros y suavizar el rostro.

- Gracias. Me siento fenomenal. Creo que acaba de ganarse usted una clienta para toda la vida. La semana que viene volve...

Lola disfrutó al ver cómo aquella mujer, tan acostumbrada a llevar una máscara de piedra, perdió la compostura. Sus ojos se abrieron y su mandíbula cedió, dándole una apariencia ridícula. Lola no pudo contener la risa.

-¿Qué has hecho, desgraciada?

La mujer gritaba descontrolada, pero Lola no podía parar de reír. El pelo liso, pulcro y perfecto con el que había llegado era ahora una maraña multicolor.  El guardaespaldas intentó entrar, pero ella, que salía a toda velocidad hacia la calle, le hizo tambalearse. Salió tras ella, pero Lola juraría que antes de hacerlo le guiñó un ojo.

Quiso la suerte que un fotógrafo estuviese esperando a aquella mujer para sacarle una foto saliendo de una peluquería de barrio. Quizá algún medio afín pagase bien por una imagen que acercase a aquella dama de hielo a la gente de la calle. Sin embargo lo que encontró fue mucho mejor.

La foto se hizo viral. En ella aparecía aquella mujer, descompuesta y hecha un desastre y, a su lado, el cartel de la peluquería de Lola. Desde ese momento no le faltaron clientes. Todos querían conocer a la peluquera que se atrevió a desafiar a una de las políticas más odiadas del país.





Esto es un relato de ficción, está claro, pero como dice el vocalista de El Ultimo Ke Zierre en el disco "Senderos de este infierno" antes de cantar "Quiero ser tu perro": Cualquier parecido con la realidad es de puta madre.

lunes, 26 de enero de 2015

Visita a Urgencias.

Hace unos cuantos días tuve que hacer una visita a Urgencias. No, no me pasó nada. Iba con mi padre. No, a él tampoco le pasaba nada grave, pero fue a las urgencias del pueblo y lo mandaron al hospital. Y allá que nos fuimos mi padre, Jack (que estaba por aquí) y una servidora.

Mi visita esta vez no tuvo nada que ver con lo que sale en las películas. Otras veces sí hemos visto accidentes de tráfico, agresiones con arma blanca,... Pero esta vez no. Aunque vi a algún policía por allí buscando a alguien, pero no me enteré bien. Puede que tuviese algo que ver que fuimos por la mañana. 

Cuando llegamos allí había varias personas. Una chica con un ataque de ciática. Un señor con un problema del corazón. Una chica que tenía una infección en la boca y tenía unos dolores horribles. Y se le notaba en la cara. Y un señor con dolores fuertes de estómago. Poco después fueron llegando unas personas y marchándose otras. Lo típico. 

Las que no se movieron de allí fueron las enfermeras y las auxiliares. Bueno sí, sí se movieron. Pero nosotros salimos de urgencias casi a las tres de la tarde y las dejamos allí todavía. Había tres enfermeras, tres. Y conté dos auxiliares, pero no estoy segura. No pararon un momento. Había una en concreto que, pensé, se ganaba bien el sueldo. Iba, venía, dirigía, respondía preguntas,... Y batallaba. Batallaba con los acompañantes -la manía de la gente de meterse allí como si aquello fuese una cafetería...- y tenía que aguantar que se riesen de ella o que la pusiesen de vuelta y media por intentar que se respetasen las normas. A pesar de no tener un minuto siquiera para tomar aire, pasaba con frecuencia por el lugar donde esperábamos para preguntarnos cómo íbamos. Intentaba consolar a la muchacha con la infección en la boca -que estaba sufriendo terriblemente- e incluso se aprendió la fecha del aniversario del señor con problemas de corazón. Intentaba reconfortar a personas -estas dos, en concreto- que llevaban muchas horas esperando una habitación para ingresar y que estaban allí, en un sillón, aguantando como podían. 

No perdió la calma ni la amabilidad ni la sonrisa. Ni un ápice de energía. Me despedí de ella mientras caminaba a toda velocidad a un box a hacer alguna prueba. Mientras salíamos del hospital me pregunté cuantos de sus pacientes se acordarían de ella después de salir de allí. Cuántos se darían cuenta de que era una heroína. 

También me pregunté cuánto tardarían la muchacha de la infección y el señor mayor con un problema de corazón en tener habitación y en ser ingresados.  Cuánto pasaría hasta que se sintiesen mejor.

Y, por supuesto, también me pregunté cuánto aguantaría la sonrisa y la amabilidad de ciertos responsables políticos si tuviesen que recibir las quejas de los enfermos afectados por su gestión. Porque las enfermeras las sostenían estoicamente a pesar de estar pagando los platos que ellas no habían roto...

domingo, 25 de enero de 2015

Libro: Matar un ruiseñor, de Nelle Harper Lee.


Clasicazo de esos que aparecen en todas las listas de libros que leer antes de morir, sean grandes o pequeñas, y yo con estos pelos y sin haberlo leído. Nunca es tarde, claro. Así que con 2015 le ha llegado el turno. Vamos allá.

¿De qué va el libro?

Los Finch (Atticus y sus hijos, Jem y Scout) son una familia del estado de Alabama. Aunque a ojos de sus vecinos y familiares son una familia algo atípica, su vida es de lo más ordinaria hasta que Atticus, abogado de profesión, tiene que defender a Tom Robinson por una acusación de violación. Y lo hace, poniendo además toda la carne en el asador. La cosa no sería tan grave si Tom Robinson no fuese negro...

Hablando del libro...

Sucede que soy una inculta de la vida en muchas ocasiones. ¿Qué sabía yo de este libro? Nada, aparte de lo que me enseñó Homer Simpson, quien dice de él que fue la razón por la que dejó de leer, ya que Matar un ruiseñor no le dio una sola idea de como matar uno... Le enseñó que no hay que juzgar a las personas por el color de su piel, pero nada de matar ruiseñores (cita aproximada). Yo me tomo las recomendaciones de Homer Simpson muy en serio, pero en este caso tuve que ignorarlas. En los últimos tiempos veía señales por todas partes para leer este libro. El golpe definitivo fue que Jack quería leerlo también, así que nos montamos un mini-club de lectura. A él aún le falta un poco para acabarlo, pero bueno, ya nos contará sus opiniones si le apetece en un comentario :)

El libro está narrado desde el punto de vista de Scout (Jean Louise Finch), una niña de unos 9 años (creo que la historia empieza cuando tiene 7 y acaba cuando tiene 9 o así, no estoy segura. Pero vamos, os hacéis una idea. Ella está contando sus recuerdos de aquella época. Por ahí he leído que puede que tenga algo de autobiografía. No lo sé y tampoco es una cosa que me atormente.

Me costó un poco cogerme a la historia. De hecho, hubo unas cuantas páginas en las que no supe siquiera si Scout era un niño o una niña. Así tal cual. Y pasaron bastantes páginas hasta que me cogí al libro. Las primeras...50 o 60, más o menos, las pasé intentando entender de qué iba aquello o qué iba a pasar, porque se hablaba sobre todo de como conocieron a otro niño, de un vecino que era un misterio, de la escuela y poco más. Sin embargo, en cuanto encontré lo que esperaba -el tema racial y lo que conlleva- todo empezó a fluir. Mira que llevaba pocas ideas preconcebidas al respecto de esta lectura, pero la única que tenía ya me condicionó :P

Desde ese momento en adelante el libro es una joya. Los protagonistas son completamente adorables. Scout es maravillosa, intrépida, valiente e ingeniosa. Jem es un chico con muy buen fondo y grandes aspiraciones. Y Atticus es un hombre justo, que ya es mucho decir. El pasaje del juicio es una maravilla y todo lo que ocurre desde ahí en adelante, estremecedor. 

Mención especial merecen, en las primeras páginas, las opiniones de Scout sobre la escuela. Lo que me pude reír y lo familiares que me sonaron algunas cosas :P

He de decir que tengo el libro lleno de marcas. Tiene tantas citas y tantos pasajes para enmarcar que... Me va a costar elegir solo uno. Y los personajes... Ains. Qué majos son. Qué penica me da dejarlos.

En fin, recomendable, muy recomendable. Eso sí: dadle un poco de tiempo para que empiece a enamoraros :)

Os dejo un trocito...

-Ella odia a Hitler con todas sus fuerzas...
-¿Y eso qué tiene de malo?
-Hoy nos ha hecho un discurso sobre lo mal que está que trate a los judíos de ese modo. Jem, no está bien perseguir a nadie, ¿verdad que no? Quiero decir, ni siquiera tener pensamientos mezquinos respecto a nadie, ¿verdad que no?
-No, Dios santo. ¿Qué te pasa, Scout?
-Pues mira, aquella noche al salir del Juzgado, cuando bajábamos las escaleras, miss Gates iba delante de nosotros; es posible que no la vieses, estaba hablando con miss Stephanie Crawford. Yo oí que decía que es hora de que alguno les dé una lección, que ya se salían de su esfera y que a continuación se figurarán que pueden casarse con nosotras. Jem, ¿cómo es posible que uno odie tan terriblemente a Hitler y luego, al mirar a su alrededor, sea tan injusto con personas de nuestra propia patria?


En resumen, este libro...

5/5

Esta mañana he tenido una crisis. Tengo como 20 cosas que quiero leer o releer ya mismo, y elegir es muy difícil. Al final he optado por leer My mad fat diary. Ya veremos. Leer en inglés puedo hacerlo, pero me da que este libro, que no deja de ser un diario, va a tener mucha jerga y cosas así. Lo mismo no me entero de la misa la media. Pero bueno. Ya os contaré. Aunque también está lo de la serie... Tengo las expectativas muy altas :P


viernes, 23 de enero de 2015

Las preguntas de Caroline y el premio Liebster.

 Hace unos días Caroline me nominó al premio Liebster. Yo debería seguir las reglas y todo eso, pero es que... Afú. Ahora mismo estoy más perro que Niebla, así que voy a hacerlo como suelo hacer estas cosas: como me dé la gana xD Eso sí, para ir en consonancia con Caroline, publicaré el post a horas intempestivas, :P

Con la nominación venía un cuestionario que consta de once preguntas ideadas por Caroline. Y yo las voy a responder con mucho gusto, para satisfacer su curiosidad y, de paso, la vuestra. 


1. ¿Qué te impulsó a empezar a escribir un blog?

Pues este blog en principio fue un cuaderno. Un cuaderno de verdad. En él apuntaba cosas bonitas que me pasaran cada día, o situaciones que viese y me emocionasen o sorprendiesen. Cosas así. No era un blog porque yo ya tenía un blog personal, aparte de uno dedicado a una de mis aficiones, así que ahí quedó. Pero un día decidí abandonar mi blog personal porque me traía demasiados recuerdos y me agotaba, no se me ocurría nada para escribir ahí. Pensé que quizá empezando de nuevo recuperaría las ganas... Y parece que así fue. Así que la idea de este blog era contar cosas bonitas, encontrar razones para sonreír y compartirlas. Suena un poco ñoño, ya sé. En esto, claro, también me he saltado las reglas. Aunque lo intento. De veras. :)

2. El nombre del cual se debe a...

Pues a que ese era el título del cuaderno en el que apuntaba las cosas bonitas que veía: "Cuaderno de retales". Era, eso, un cuaderno formado de trocitos que provenían de lugares diferentes.

3. ¿Qué es lo que más te gusta de escribir en el blog?

Pues de escribir en el blog, así en general, que me despejo. Me quito los nervios, la ansiedad, las penas, ... Me relaja mucho. Y luego están las anécdotas de la gente, sus aportaciones, recomendaciones, consejos. La interacción. Es genial. Una se siente menos sola y menos extraña. A veces más extraña, también es cierto. Pero menos sola, menos...irrelevante. Qué tontería, ¿no?

4. ¿Y la que menos? ¿Algún aspecto negativo?

Si yo no fuera tan neuras, supongo que no. Pero a veces me preocupa volcar demasiado de mí en este rincón virtual. Aunque creo que ya me he pasado tres pueblos y varias ciudades. Y bueno, también está "el mono": cuando no puedo escribir por falta de tiempo o lo que sea noto síndrome de abstinencia :P jaja. ¿A alguien más le pasa?

5. ¿Hasta dónde te gustaría llegar con él?

Hasta el final :P. Pero así, en concreto, me gustaría llegar a daros buenas noticias. He soñado muchas veces (esto es literal) que apruebo las oposiciones y que saco plaza, y en mi sueño siempre o casi siempre aparezco escribiendo la entrada en el blog. Otra buena noticia sería que he conseguido volver a vivir con Jack. Me encantaría volver a aburriros con anécdotas de casa que no estuviesen teñidas de la amenaza del desahucio y la separación. Y, por supuesto, quiero aspirar a ser Ro y contaros cosas de mis futuros alumnos, situaciones en el instituto, momentos de lágrimas de emoción en las aulas,... No sé. También, por supuesto, me gustaría contaros que se ha publicado una novela mía, por ejemplo. Quiero compartir con vosotrxs cosas bonitas, bonitas de verdad. Cosas que me hagan feliz hasta el delirio y más allá.

6. ¿Te gustaría desvirtualizar a algún "bloguer@"? ¿Lo has hecho? ¿O prefieres mantener alejada, en ese sentido, tu vida 2.0 de tu vida real?

Pues que haya conocido por este blog, mismamente, creo que no he desvirtualizado a nadie. Espero no estar teniendo un desliz. Pero sí he desvirtualizado gente de los blogs antes, y han sido, generalmente, muy buenas experiencias. Hace unos meses desvirtualicé a una forera y me encantó hacerlo. Eso no quita que me guste mantener separada mi vida 2.0 de la vida analógica, aunque dudo de cuál es la real a veces. Pero en ocasiones, no sé, el cuerpo, el corazón y la mente te dicen que puedes confiar. Y te dejas llevar. Y desvirtualizas y lo que haga falta :P

7. Cuando entras por primera vez en un blog... ¿Qué es lo que buscas en él?

Pues la última entrada. No soy nada especial en ese sentido. Bueno, suelo leer las dos últimas. Y si alguna o ambas me llaman la atención, suelo quedarme. El diseño es importante, pero no por encima del contenido. Por lo que sí he dejado de seguir blogs ha sido por faltas de ortografía garrafales. Ya me conocéis un poco... xD

8. Si pudieras o quisieras elegir una vida diferente... ¿Cómo sería tu vida soñada?

Mi vida soñada... ¿a lo grande o a lo pequeño? Porque a lo grande viviría en una casita no demasiado grande, pero con una habitación dedicada a biblioteca, con pufs, alfombras y todo tipo de rincones chulos para leer. Y podría dedicarme a viajar y a leer y a disfrutar de las cosas que me gustan y de la compañía de la gente que quiero. Y escribir.

A lo pequeño, me conformo con un pisito pequeñito, un trabajo medio estable que me guste (me encantaría trabajar en una librería, aparte de la enseñanza creo que es para lo único que valdría xD Y lo de la enseñanza aún no está probado xD), con mi Jack, con salud,... Poco más.

9. ¿Alguna curiosidad sobre ti?

Supongo que será alguna que no haya contado antes... Uhmmm.... Me la dejo y luego vuelvo a contestarla, a ver si se me ocurre algo mientras...

Bueno, no sé si esto vale. Tengo una relación "peculiar" con las pelis de miedo. La primera que vi, siendo muy ñaja, era una de vampiros, pero curiosamente no me asustó. Yo pensaba en los vampiros como seres mágicos -no veía para tanto eso de chuparte la sangre- y, no sé por qué, tenía la teoría de que aparecían a las doce en punto de la noche. Cada noche esperaba despierta hasta las doce y diez esperándolos, por si venían. La siguiente peli de miedo que vi fue "El exorcista". Me caí de un sillón de tanto reírme. Después he intentado pasar miedo con alguna película, y ha sido imposible. Jack se desesperó mientras veíamos "La matanza de Texas". Hasta el momento la única peli de miedo que me da cosica es "IT". Porque los payasos me dan mucho repelús.

Otras curiosidades (que me las ha recordado Jack): me gusta la patata cruda y siempre respeto los pasos de cebra y los semáforos. Además, en este último caso, me cabreo mucho cuando no se respetan.

10. ¿Has cumplido algún sueño que pensabas imposible? O casi imposible... :)

Pues sí. Por el momento, escribir una novela. No publicarla, no venderla, no vivir de ella ni mucho menos. Escribirla. Y me hace muy muy feliz.

11. Y no puede faltar la típica pregunta del mundo mundial... Si tuvieras que elegir tres objetos/cosas que llevarte a una isla desierta... ¿Qué te llevarías? (No valen navajas, sacos de dormir ni cremas para las picaduras de insectos... ;) jejeje)


A Jack, libros y un cargamento de chocolate. Espero que en la isla no haga mucho calor para que no se me derrita :P jajaja


Bueno... Y como me he saltado casi todas las reglas, pues por una más... No nomino -ya sabéis que soy un poco anti-, pero a quien le apetezca, que lo haga. Yo no voy a proponer preguntas: os dejo las de Caroline que me parecen bastante chulas. :)


¡Besotes! :)

jueves, 22 de enero de 2015

En shock pedagógico.

Estoy tal que así: en shock pedagógico. 

Os cuento. Hace algo más de una semana vino una mamá a hablar conmigo para ver si podía echarle una mano a su hija que iba fatal en la escuela. Pero fatal de fatal, de suspender las asignaturas más importantes con unos y doses. "¿Cuántos años tiene?", pregunté. Me contestó que 9. Yo no miento nunca, siempre digo que no soy maestra y que yo que sé que qué se yo con niños de estas edades. Dio igual. Esta chica me pidió, por favor, que lo intentase. Bueno, venga, vale, va. Aunque yo, que no tengo formación de magisterio, dudaba en que pudiese ayudarle en algo. Eso sí: me negué en redondo a estar tres horas con la criatura. ¡Tres horas me pedía! ¡Todos los días de la semana! Se pensaría que no quería yo ayudarle o algo, no sé.

Lo cierto es que yo esperaba a una niña con muchas dificultades de expresión escrita, oral, de comprensión, de lectura... No sé, para sacar unos y doses en tercero de primaria... Me llevé una grata sorpresa cuando la conocí. Mi nena es pizpireta y despierta, educada, amable y cariñosa. Pero además, a nivel académico, creo que tiene un nivel bueno para su edad y su curso. Escribe bastante bien -con menos faltas de ortografía de las que esperaba-, es cuidadosa, atenta, sus cuadernos están limpios y ordenados. Se organiza muy bien con su agenda y sus tareas. Se expresa muy bien oralmente y por escrito. Es creativa, tiene imaginación. Lee con fluidez. Yo no entendía nada. 

Lo entendí, claro, cuando mirando su horario vi el nombre de su maestro. Lo conocí, porque también fue maestro mío. Ya os he hablado de él en este blog. Sí, el que dijo que la filosofía estaba condenada a desaparecer desde sus inicios, ejem. Aunque suene prepotente, entendí entonces cuál era el problema de mi nena. O cuáles eran los problemas. 

El primero, el montonazo de deberes que lleva cada tarde. Una media de entre 14 a 20 ejercicios en total cada día. El día que hablé con su madre me dijo que era muy lenta. Y no. Lo que pasa es que con esa cantidad de deberes, pues cualquiera.

El segundo, que el maestro le da miedo. La niña tenía un terror irracional a equivocarse. Así que entendí de dónde salían esos unos y doses: si no estaba cien por cien segura de la respuesta dejaba el hueco en blanco, sin más. Todo para evitar una posible bronca. 

Recordé mis años con ese maestro, y recordé que llevaba muchísimos deberes también. Pero claro, a mí me gustaban los deberes. Recordé también la metodología de clase: leer el libro y hacer todos los ejercicios. Parece que eso tampoco ha cambiado. ¿Poner ejemplos? Para qué. Claro, luego el problema es de la niña, que no lo entiende. 

Si a eso le sumamos que en los dos primeros cursos de primaria estuvo con otro maestro que trabajaba de una manera más colaborativa e innovadora, pues la niña anda más perdida que un pulpo en un garaje. 

Hace poco volví a hablar con la madre y compartimos impresiones. Tras contarle lo que pensaba me confesó que la niña no quería ir al colegio, que incluso lloraba, y que quería que la cambiasen porque no quería ir con ese maestro. 

Recuerdo cómo este verano hablaba de tiernos niños de 8 y 9 años diciendo que eran unos vagos, que no les interesaba nada, que no trabajaban y que no se esforzaban. Uf. A lo mejor el esfuerzo tiene que venir de ambas partes. A lo mejor es que son niños. No sé. Son tonterías que se me ocurren. 

¿Cómo se siente uno ante estas cosas? ¿Se dará cuenta y le dará igual? ¿O ni siquiera le importará? 


Ya digo, yo no he estudiado Magisterio y a lo mejor no tengo derecho a juzgar. Pero desde luego, lo que sí sé es que no entiendo nada. ¿Alguien me lo explica? ¿Caroline, por ejemplo?

miércoles, 21 de enero de 2015

¿Y tu corazón?

Hoy me he encontrado esta cita en mi agenda.

If you want to know where your heart is, look to where your mind goes when it wanders.

 Significa algo así como: "Si quieres saber dónde está tu corazón, mira hacia dónde va tu mente cuando vaga".

Fuente.

Y me ha parecido una cita maravillosa. Me he puesto hacia donde va mi mente cuando la dejo suelta. Muchas veces se dirige a universos fantásticos o, al menos, de ficción. Supongo que tengo el corazón en mundos más etéreos que este.  Aunque debo de tener el corazón partío. Mi mente también va hacia Jack, hacia muchos rincones de los que tengo recuerdos, hacia las aulas, ... Quizá es que uno va dejando un poco de su corazón en cada cosa que ama.

Estaría bien poder poner el cuerpo en el lugar donde tengo el corazón y al que se dirige la mente cuando está ociosa. 

Y vosotrxs, ¿dónde tenéis el corazón? ¿Hacia dónde va vuestra mente cuando no le marcáis un rumbo? 

martes, 20 de enero de 2015

Libro: El resplandor, de Stephen King.

Aviso a navegantes: Hay spoilers. 
 


¡Regalo de cumpleaños! !Wiiiiiiiii! Jack me regaló El resplandor y Doctor Sueño, la continuación. Fue una jugada arriesgada, porque le tengo mucha manía a la película de Kubrick, en general, y si nos centramos en lo particular, me da urticaria el doblaje. La cara de "meh" que puse cuando abrí el paquete tuvo que ser épica... Es que soy transparente, no lo puedo evitar. Pero bueno, si no hay que juzgar un libro por su portada, aún menos por su adaptación al cine xD

¿De qué va el libro?

Jack Torrance ha visto como una vida ideal se iba por el retrete por sus problemas con la bebida y sus "ataques de mal genio". Ahora se ve obligado a aceptar el favor de un viejo compañero de trabajo y juergas y a tomar un empleo como vigilante de un célebre hotel de Maine (como no) durante los meses de invierno para sacar a flote a su familia. Él, su esposa Wendy y su hijo de 5 años, Danny, quedarán aislados por la nieve en cuanto el temporal empeore. Son muchos meses para estar solos y aislados en un hotel. Pero...¿estarán solos? 

Hablando del libro...

Pues nada, una historia de terror, un clásico de Stephen King. Escenario: hotel centenario en el que ha pasado de todo. Y yo me pregunto, ¿en cuál no? Siempre he pensado en los hoteles como en lugares un tanto siniestros, pero esto ya son manías mías. La cosa es que un hotel enorme y totalmente vacío es un sitio que, como poco, impone. Perfecto.

Personajes. No me han cuadrado con los de la peli, la verdad. Jack Torrance en el libro no parece loco todo el tiempo. Tiene momentos de ser un tipo bastante sereno, razonable y majo. Un poco pedante, quizás, pero no sé ... En la película sabes desde el principio que va a volverse loco. Más que nada porque Jack Nicholson tiene cara de loco. Puede perdonarse porque aquí también sabes que el tipo va a perder el norte. Creo que meter a un ex-alcohólico con problemas de control de la ira durante 6 meses en un hotel y aislado del mundo no es muy buena idea. Eso hay que verlo venir. Pero bueno, las cosas son que quien tiene padrinos, se casa. Y eso le pasa a Jack Torrance, que tiene un padrino. Wendy tampoco me pega. En la película parece tonta perdida, y aquí no lo es. Y el niño... Bueno, no me he imaginado al pequeño Danny tan inquietante como en la peli. Con un superpoder chungo, muy listo y eso sí, pero no tan inquietante. Y desde luego, no le habla a su dedo.

Que no sé, no voy a seguir con la comparación, porque tampoco tiene sentido. Diré que el libro me ha gustado más que la película. La película no logró asustarme en ningún momento -Jack puede corroborarlo, el pobre estaba desesperado aguantando mis quejas- y el libro sí que me ha puesto los pelicos de punta en algún momento. Creo que tiene más fuerza psicológica que la película. Y es por ahí por donde acojona.

Buena parte de esa fuerza psicológica proviene de los monólogos interiores de los personajes. Por favor: un libro de Stephen King que sea todo él un monólogo interior de un personaje mentalmente desequilibrado. Qué bien se le da a este hombre el monólogo interior, especialmente el de los personajes que no están muy en sus cabales. Es genial como los personajes, a veces, se autoengañan y acaban reconociéndose cosas más tarde, o excusándose. Cómo enfrentan dilemas morales y debaten consigo mismos o con otra cosa que no son ellos mismos. Creo que es lo que más me ha gustado del libro. Esos pasajes hacen a los personajes muy interesantes, y creo que eso se pierde en la peli (vaya, y eso que había dicho que no iba a comparar más). Solo una cosa más: si alguien entiende el final de la peli -lo de la foto- que me lo explique, porfa-plis.

También me han gustado bastante las referencias a La máscara de la muerte roja, de E. A. Poe. Todo el tema de la fiesta de máscaras me ha parecido bastante raro y macabro, no sé. No he acabado tampoco de entender muy bien de qué iba la cosa, también es cierto. No sé si por mí o porque King quería dejarlo así, ambiguo, confuso. Pero es inquietante a más no poder. Viajes de ascensor incluidos.

En resumen, un libro bastante bueno, entretenido, tampoco de mis preferidos de Stephen King, las cosas como son, aunque sí destaca más dentro de los libros del género "terror".  De ese género solo he leído Salem's Lot y aunque el libro me gustó, no me dio demasiado miedo. Creo que El resplandor es algo mejor. Porque yo me resisto a contar Carrie como terror.

En fin, que menudo tocho. Nada, para acabar decir que al final va a ser verdad que Stephen King es apuesta segura. Al menos conmigo ha sido así hasta el momento :)

Os dejo un trocito...

-No, pequeño, no. Pero eres el que más esplende.
-¿Hay muchos?
-No -repuso Halloran-, sólo algunos. Hay mucha gente que tiene un poco de esplendor, aunque ni siquiera lo sepa. Son los que siempre aparecen con flores cuando su mujer está triste, los que responden bien a las preguntas en la escuela sin haber estudiado, los que se dan cuenta de cómo se siente la gente con sólo entrar en una habitación. De éstos, habré conocido a unos cincuenta o sesenta. Pero no había más de una docena que supieran que esplendían, mi abuela entre ellos.

En resumen, este libro...

4/5
 Anoche leí las primeras páginas de Doctor Sueño, que venían incluidas en la edición, pero de momento voy a dejarlo pasar. Así no me saturo de la historia y, además, alterno lectura en papel con digital :P Voy a empezar Matar un ruiseñor, de Harper Lee. Y quiero que me guste mucho y muy fuerte. Ya veremos :) Además, fue Premio Pulitzer, así que así, de rebote, cumplo con otro de los requisitos del Reto de lectura 2015 xD


PD: lo que sí me gusta es la "adaptación" de la película que hicieron en  Los Simpson XD



lunes, 19 de enero de 2015

El día más triste.

Luego dicen que los de filosofía hacemos cosas que no sirven para nada. Espero que no lo diga ninguno de los que se ha entretenido en calcular cuál es el día más triste del año. Que, por cierto, es hoy



Yo no sé si decir que el #BlueMonday son los padres o que lo ha inventado el Corte Inglés. La verdad no sé cuál es la finalidad de esto. Pero lo que sí que os puedo decir es que las realidades estadísticas suelen ser realidades a medias, como mucho.

Y no sé si seré la excepción que confirma la regla, pero mi día ha sido bastante mejor que la media de mis días. Será porque bastantes parámetros de la fórmula del #BlueMonday dichoso no se me aplican. 

El día empezó a las 00.00, como todos. Poco después -creo que fue poco después-, Lia me dijo que había conocido a MI SIN. MI SIN. O sea, mío, pa' mí, pa' siempre. Que lo sepáis. Y ahora, también de Lia. Que lo compartimos y no pasa ni media: el pobre necesita todo el consuelo que podamos darle, que su vida ha sido muy perra. Si es que los sarracenos no son buena gente, que os lo digo yo. Ay, mi Sin, con su mirada de obsidiana. Ains. Mira que me gusta que la gente lea libros que he recomendado, pero si además son libros tan petardos y tan de "placer culpable" como este, casi que me gusta más.  Esta mañana Lia ha terminado de arreglar el día con el hastag #LiaEnLasHighlands. Ains.  



Después he recibido correo. POR FIN ha llegado mi auto-regalo de cumple: My Mad Fat Diary, primera parte. El libro, claro. Lo pedí en Bookdepository el 30 de diciembre y hasta hoy. Que ya les vale. Estuvieron más de una semana para enviarlo. Que no lo encontraban, decían. Y ni avisar ni leches. Y encima, en la página ponía que estaba disponible para envío en 2 días. Menudo morro. Voy a pensarme muy mucho si vuelvo a pedir en esa web. Lo que pasa es que los precios, para leer en inglés, son bastante buenos... Jum. El caso es que POR FIN tengo el libro. Los libros nuevos siempre son BIEN.


Por último, me ha contado un pajarito que una niña pequeñaja a la que estoy echando una mano desde hace unos días con los deberes y eso ha hablado muy bien de mí a su madre y resto de la familia, tanto profesional como personalmente, y eso mola. Además, me ha regalado unas cuantas sonrisas y sorpresas esta tarde. ¡Es una delicia de niña! Ains.




A eso podemos sumarle pequeñas cosas, como que huelo a dulce (gel de leche de avena de Instituto Español), que estoy escuchando música que me encanta y que no puedo parar de sonreír (vaya usted a saber por qué). Y aún no ha acabado el día. Todavía queda ver un capítulo de una serie (Luther, en este caso, que me está gustando bastante) y leer el rato de rigor (el Overlook está que arde).

Así que nada. Estoy bastante contenta y satisfecha con mi día.

¿Y vosotrxs? ¿Qué tal habéis estado en el día más triste del año?

domingo, 18 de enero de 2015

El monstruo verde, las redes sociales y lo que hacer con un puñado de retales.

Como todo ser humano imperfecto estoy aquejada del defecto de la envidia. No es una envidia insana la mayor parte de las veces, es más un "culo veo, culo quiero". Supongo que a unos y a otros nos habrá pasado alguna vez, cuando vemos en Facebook las fotos del último viaje de un conocido, o el vestido que le han regalado, o la maña que se da haciendo manualidades o la tarta decorada que se ha currado. Es un "cómo me gustaría a mí...", pero no conlleva un deseo negativo para el afortunado/a  que ha puesto las fotos. 

Pero a veces no. No me enorgullece reconocerlo, pero es justo que lo haga. A veces la bilis me sube por el esófago que es una cosa mala y me pongo de una mala leche que no es ni medio normal. Me pasó hace dos noches. Y me pasó, además, en la red social menos susceptible de que ocurra, creo yo: LinkedIn.

Yo intento calmarme pensando en el postureo y en que esas imágenes son un instante. Que yo, si estuviese preocupada de fotografiar cada instante maravilloso de mi vida podría colgar algunas fotos también. No muchas, que yo no tengo tanto glamour para la escenografía, pero alguna seguro. Pero lo de LinkedIn es que me superó. 

No utilizo mucho esa red social. Tengo perfil, pues yo que sé, por tenerlo y porque aún no me ha dado por cerrarlo. De vez en cuando entro para quitar las notificaciones y poco más. Pues hace dos noches fue una de esas. Tenía sugerencias: "gente que puede que conozcas". Ea, voy a ver. Y miro. Y me encuentro gente que conozco de mis años universitarios. Y miro. ¿Cuándo me aprenderé que la curiosidad mató al gato? No suelo interesarme mucho por la vida de los demás, no doy el perfil de "vieja'l visillo", pero a veces... 

Supongo que la curiosidad venía porque esa persona fue un poco pesadilla para mí. Tuvimos que trabajar en equipo y bueno, ya me conocéis: soy súper-organizada-woman. Intenté establecer plazos, dividir el trabajo en fases, fijar reuniones para poner cosas en común, etc. No confiaba en que se cumpliese con todo, pero al menos eso evitaría que lo dejásemos todo para el final. Pues la primera reunión fue un fracaso total: se presentó sin nada. Y la segunda no mejoró mucho. El día que presentábamos el trabajo yo ya estaba tan quemada que ni intenté arreglar su parte, lo he hecho demasiadas veces en mi vida, con otras personas, y ya me daba igual. Estaba harta. La presentación fue un fiasco total. Se notaba un montón la diferencia entre las partes del resto de compañeros y la suya. Cantaba por bulerías, vaya. Hasta el profesor se dio cuenta. No sé, cuando pienso en esa persona la primera palabra que viene a mi mente es "ineptitud".

Pues mirando su vida laboral y académica -porque en LinkedIn poco más puedes ver- me di cuenta de que, vaya, le ha ido bastante bien. Le sigue yendo bastante bien. Trabajos chulos, varios máster y cursos,... Y me pillé un cabreo importante. Creo que en esos instantes me convertí en la persona más mezquina y amargada del mundo.

Acabé preguntándome qué me falta a mí. Qué he estado haciendo tan mal. Por qué, a pesar de dejarme los cuernos, estoy como estoy. Acabé recordando que el mundo no es justo y para calmarme el cabreo me puse a mirar vestidos de estilo vintage. Funcionó, más o menos, pero lo cierto es que cada vez que lo recuerdo me hierve la sangre.  ¿Es grave, doctor?

***

En fin, en otro orden de cosas, y a petición de Rosa, os dejo unas fotos de la funda que le he marcado a mi agenda. Me decidí porque la goma que lleva es muy finita, y los bolígrafos colgados ahí se caen con facilidad. Necesitaba un sitio donde ponerlos. Además, así puedo llevar también mi libreta de poemas y mi libreta de ideas para escribir (están bajo los bolígrafos, que lleva ahí otro bolsillo). Espero que no se me vaya de las manos, porque yo, en habiendo sitio, puedo acabar saturando la funda hasta el infinito y más allá.  


Está llena de "mentiras", de fallos, pero tampoco esperaba que me quedase mejor: es la primera vez que me pongo a coser a máquina, a cortar telas y demás. Lo que yo esperaba es que no me cuadrasen los pedazos xDDD Pero sí, cuadraron, y aunque con mucho esfuerzo y tropiezos, conseguí acabarla. Incluso me atreví a ponerle un bolsillito extra (el verde). Estoy que lo tiro xD

Y qué oportuno que esté hecho con retales, ¿verdad? xD De nuevo quiero darle las gracias a mi querida Papish por acordarse de mí cuando vio el vídeo :) <3

¡Mua! :)

 

sábado, 17 de enero de 2015

Cotillxs literarixs.

Una de las cosas que más me gusta es hablar de libros. Aunque actualmente mi ritmo de lectura no está siendo nada malo, me faltan muchas cosas que leer. Muchos clásicos, por ejemplo. Y muchos "hits". Pero eso no importa. Me gusta hablar con otros lectores e intercambiar opinones sobre lecturas que hemos hecho, o que esa persona ha hecho y yo no. Es de lo más estimulante. Es como marujear, pero de otra  manera.



Siempre he querido participar en un club de lectura. Y ya puestos, siempre he querido participar en el club de lectura que tengo en mi mente. Una sala con un círculo de asientos, sillones preferiblemente. Y en el suelo, una alfombra, por si alguien se siente más cómodo sentado al estilo indio. Mesitas pequeñas entre los asientos, sobre las que reposan tazas de té o café y bandejas de pastelitos y galletas. Y allí personas que, por lo demás, pueden ser muy diferentes, pero a las que une el amor por los libros y una lectura común. Y hablar, hablar y hablar hasta perder la noción del tiempo. Y no hablo de hacer crítica literaria, no: hablo de cotilleo, de hablar de los personajes y de las tramas como si los conocieses, como si fuesen tus vecinos y con vehemencia. Ese es mi estilo. ¿Se puede ser más maruja? xD

Puesto que eso, de momento, no puede ser, me alegro mucho de teneros. Qué acertada estuve el día en el que se me ocurrió colgar las reseñas de mis lecturas en este cajón de sastre, en mi cuaderno de retales. Ahora cada vez que publico una reseña espero los comentarios de mis compis lectores, sus opiniones, sus inquietudes, sus preguntas o sus recomendaciones. O sus risas, que algunas veces me paso de intensa con las reseñitas, ya lo sé :P Y también, por supuesto, me gusta mirar vuestras reseñas y comentar mis impresiones o haceros saber que, gracias a vosotros, mi lista de pendientes se ha engrosado con un libro más. Gracias a vosotrxs he leído libros maravillosos que quizá no hubiese descubierto por mí misma... Incluso a veces me atrevo a poneros en aprietos, haciéndoos apostar por un libro que me hará decidir si amo u odio a un autor definitivamente. Y, por suerte, sois valientes, vaya que sí.

A mi alrededor no tengo mucha gente con quien hablar de libros, de momento eso no cambia. Así que me alegro de tener aquí un grupo virtual de cotillxs literarixs :) Gracias.


viernes, 16 de enero de 2015

Post totalmente irrelevante.

Parte informativo: Sí, me corté el pelo ayer. No es un acontecimiento de relevancia internacional, pero ya que os doy la lata con las dudas, pues por cansinear un poco con las decisiones tampoco va a pasar nada. Al final el corte fue este: 



O eso me dijo la peluquera, porque ahora mismo lo llevo liso -pa' un día que voy a la pelu, que se note- y no sé qué pasará cuando me lo deje al natural. Lo mismo parece que me ha picao un pollo o algo.

Le alegré la vida a mi peluquera, que lo sé. Nada más entrar por la puerta le dije:

-¿Estás de ánimo para un cambio radical? 

Y ella me contestó:

-¿Yo? Siempre. 

Flipó mucho cuando le enseñé la foto, porque tuvo que sufrir mis rabietas cuando era pequeña y mi madre me llevaba a cortarme el pelo. Cuando quiso acabar con mi melenón monté tal escena que siempre nos la recordamos cuando nos vemos. 

Así que sí, la criatura que tenía miedo a cortarse el pelo ahora le estaba diciendo que quería ese corte. Se esmeró, le dedicó tiempo y lo pasamos muy bien. Me piropeó mucho -como otras mujeres de la peluquería-, a pesar de que le dije que no iba a pagarle más por los piropos. Es que cuando me pongo el Diva se me sube el guapo una barbaridad.

Fuente.

Me mereció la pena el corte. Tengo que cortarme el pelo más a menudo. Los días siguientes me encuentro bien, llena de energía, me sonrío al mirarme a los espejos,... Me encanta. Qué tontería, ¿no? :P

Estoy de tan buen humor que hasta voy a salir un poquito de mi zona de confort -que no me mola nada el rollito ese, pero bueno-, y me voy a meter a hacer una manualidad. Una manualidad que, además, implica una máquina de coser. Pero mi agenda lo merece. Mi queridísima Papish me mandó un tutorial que había visto y me encantó. Y me voy a atrever. Probablemente me lleve un mes hacer la funda para la agenda, y seguramente quede un poco churresca, pero bueno. Hay que intentarlo.

El tutorial es el que sigue:



Ver veremos. Desde ya os digo que se puede liar parda.

Y este es el post chorra de hoy. Bendiciones y buenas noches. :P

miércoles, 14 de enero de 2015

¿Y si juego un poco más?

La culpa de que yo me metiera en el embolao de la filosofía, y si no toda, al menos la última parte, es de Nietzsche. De Nietzsche y de María, mi profesora por aquel entonces. Nietzsche quedó fuera del temario de clase, no dio tiempo, y como yo era la única alumna de todo el instituto que iba a examinarse de filosofía en la PAU, María me dijo que me pasase una mañana por el instituto, cuando ya no teníamos clase, y que me lo explicaría. Así, en plan clase particular. 

Me fascinó Nietzsche. Sobre todo me fascinó la parte de las transformaciones de hombre a superhombre: camello, león, niño. María me habló del juego.



-¿Tienes sobrinos o primos pequeños?
- No -contesté yo.
-Pero habrás visto jugar a los niños pequeños alguna vez, ¿verdad? -insistió.
-Claro. 
-Y quizá hayas visto cuando a un niño le regalan un juego de construcción. ¿Puedes imaginarlo? El niño se pone a hacer un castillo o un fuerte, los adultos lo miran embobados. Cuando la construcción empieza a tomar forma alguien propone ir a por la cámara de fotos. Pero, ¿qué pasa? Que cuando vuelve el niño le ha dado una patada al castillo y está haciendo otra cosa. 



Yo me limité a asentir.

-El niño no hace proyectos -continuó ella-. No construye para la foto o para que lo feliciten. Construye porque le gusta, porque lo pasa bien. Juega. Y el que juega no lo hace para algo, sino por el juego mismo. Disfruta del momento. ¿Lo entiendes?

Asentí.

-Eso es más o menos lo que propone Nietzsche. Vivir la vida, sin pensar en culpas o premios, en paraísos o infiernos, en censuras o alabanzas. Vivir como si la vida fuese un juego, apostándolo todo y ganando o perdiendo sin remordimientos. Vivir con intensidad, al fin y al cabo.

Yo me quedé pensativa. Aquel discurso me dejó boquiabierta. Era muy evocador. Me gustaba el Nietzsche aquel. Supongo que porque era todo lo que yo no era. Yo siempre he vivido de esperanzas y proyectos más que de otra cosa. Casi siempre, al menos. Quise vivir así. 

En esos pensamientos estaba cuando María continuó.

-Imagínate, por ejemplo, mi caso. Yo ahora estoy estudiando las oposiciones. Paso la mañana aquí y la tarde estudiando. Todo para conseguir una plaza, para poder trabajar dando clase. ¿Qué pasaría si me muero mañana y no llego siquiera a examinarme? ¿Tendría sentido todo el esfuerzo?

Yo contesté que no. Pero ella, como buena filósofa, me respondió:

-Depende. Para mí lo tiene. Me gusta mucho lo que estudio. 

Y, tras mirarnos fijamente un rato me dijo, casi en un susurro:

-No importa a dónde vayas. Disfruta del camino.




En los últimos días este recuerdo vuelve una y otra vez con insistencia. No sé por qué. Supongo que porque no cumplí la promesa de ser niña y de vivir jugando. Cuesta cambiar. Sigo viviendo de proyectos y esperanzas. Casi diría que camino para huir. Y es que a medida que uno crece -qué horror, ¿verdad?- se da cuenta que no se puede vivir sin pensar en el mañana. O tal vez hace falta tener un espíritu grandioso para hacerlo. 

Sin embargo lo mío es vicio a veces. De pequeña me autocastigaba. Cuando me proponía una cosa y no la cumplía, me quitaba un capricho. Por ejemplo, no me compraba chuches ese fin de semana. Con el tiempo me di cuenta de que el mundo ya te castiga bastante a veces, así que empecé a premiarme. Si consigo esto, hago tal cosa. Si apruebo este examen, me compro un libro, por ejemplo. Hace unas semanas hablaba de cortes de pelo, ¿recordáis? Había estado mirando y había visto uno que me encantó, pero que no me atrevía a hacerme, vaya usted a saber por qué. Y recuerdo que pensé: "Si apruebo las oposiciones, me hago ese corte de pelo". 

Qué tontería, ¿verdad? ¿Y si nunca llego a examinarme? ¿Y si me toca la lotería y me dedico a viajar por el mundo? ¿Y si me convierto en una novelista famosa? 

Hay cosas que es inevitable hacer si queremos algo, precios que tenemos que pagar. Si quiero trabajar en un instituto, si quiero recuperar mi vida, mi mejor baza ahora es estudiar como si se acabase el mundo (no es la mejor expresión, pero supongo que me entendéis). Pero, ¿qué tiene que ver eso con mi pelo? 

A veces hay que lanzarse, sin más. No ponerse condiciones, hacer cosas que nos gusten, que nos apetezcan, que nos supongan un reto. Apostar fuerte. Aunque sea en cosas pequeñas. Que nada ni nadie nos sorprenda sin haber hecho una locura recientemente.


Carpe diem,
quam minimum credula postero.

lunes, 12 de enero de 2015

La virtud que más me urge.

La virtud que más me urge es la paciencia, y eso que me faltan muchas, pero muchas, muchas. No hace mucho que os hablaba del último punto de Diez días en las Highlands, y en ese mismo post ya os contaba que #ProyectoSuicida ya bullía por mi cabeza. Pues bien, #ProyectoSuicida puede que no vaya a ninguna parte, pero desde luego es un desahogo bastante bueno para mis impulsos más destructivos. Sublimación de las pulsiones de muerte y eso.Sin embargo, ya tengo organizada otra libretica con sus correspondientes post-it para empezar con una historia que llevo incubando más de un año. La cuestión es no parar. 

Pero tampoco tengo paciencia con Diez días en las Highlands. La idea era dejar reposar la historia y volver a ella para corregirla pasado un tiempo, pero no he podido. Un mes después he tenido que volver a ella, empezar a releerla y a corregir. De momento, cosas pequeñas. No veo necesidad de recortar o añadir grandes fragmentos o de hacer modificaciones significativas, lo cual no debe de ser buena señal. ¿Será que soy incapaz de ver mis propios truños? xD 

La cuestión es que ha habido una primera lectora de la novela-cosa-whatever, una beta-reader amable que la ha devorado y que, al parecer, la ha disfrutado. Incluso me ha invitado a ponerme con la segunda parte. Prometo que no ha habido tortura ni nada por el estilo. Todo han sido elogios, y ya sabéis que eso a mí me mosquea. Pero por una vez, voy a dejarlo pasar y a centrarme en lo positivo (al menos de momento). Todavía falta una beta-reader más. A ver qué me cuenta :)

Este es el plan: voy a seguir con la corrección en los pequeños ratos libres que encuentre -no son muchos y es un proceso lento. Después voy a elaborar una lista de editoriales y concursos -ya está empezada- a los que enviar lo que he escrito. Y empezaré, y esperaré, una por una, la respuesta.

Será la peor parte, supongo. Ya os he dicho que no me llevo bien con la paciencia, no la conozco demasiado. Pero bueno, es un paso importante. Después de recibir unas cuantas negativas (no penséis que tengo otra idea en la mente), algo muy sano para el ego, supongo que me plantearé seriamente el proceso de autoedición, pero eso tendrá que esperar todavía. Autoeditar un libro, si uno quiere hacerlo bien, requiere o mucho curro y mucho aprendizaje, además de pedir algún que otro favor, o el desembolso de un dinero que, mucho o poco, ahora no tengo. Así que habría que valorar las opciones. Pero eso será cuando llegue el momento.

También cabe la opción de volver a dejar la novela en un cajón, esta vez durante más tiempo, y volver a revisarla y enviarla de aquí a unos años. Pero esto no me seduce demasiado. Ya os lo he dicho: no tengo paciencia. 

Y en fin, eso ha sido lo que he pensado. Y como lo prometido es deuda, os lo cuento. 


domingo, 11 de enero de 2015

Libro: La nieta del señor Linh, de Philippe Claudel.


Tenía este libro pendiente desde que Ro lo recomendó en su blog. Hace ya algún tiempo de eso, pero bueno, nunca es tarde si la lectura es buena, lo digo siempre. Aún tengo unas cuantas recomendaciones suyas pendientes, y supongo que nunca acabaré con ellas :P jaja.

¿De qué va el libro?

Esta brevísima novela (poco más de 100 páginas) relata la llegada de un anciano a un país occidental -no se dice cual- desde su tierra natal -tampoco se da ningún nombre-, asediada por la guerra. Con él no trae más equipaje que una pequeña maleta  con una foto vieja y un puñado de tierra de su aldea. Y su nieta, lo único que la guerra no le ha arrebatado. 

Hablando del libro... 

 Este es uno de los libros en los que el camino tiene sentido por sí mismo y no con vistas al final. De hecho, para mí el final podría haber sido ese o cualquier otro -aunque me alegra que sea ese-, pero no es un final propiamente dicho, es solo el principio del silencio, de la historia que no se narra. Lo que importa es la historia que sí se narra. Es una historia delicada (y no uso mucho ese adjetivo) y muy conmovedora. Una puede imaginarse perfectamente al señor Linh abrazado con fiereza a lo único valioso que le queda en el mundo, su nieta, temiendo por que se la arrebaten o sufra algún daño. Y también puede imaginarse las mofas de los que no lo entienden. 

Esperaba un drama. De hecho cuando elegí este libro Jack me dijo que si quería cortarme las venas xD (no le van mucho los libros tristes) Pero luego, en realidad, no es tan dramática. Lo es, sí, pero no explícitamente. Está claro que el hecho de que alguien haya perdido a casi toda su familia y haya tenido que abandonar su país por la guerra no es algo alegre. Y que la sensación de estar prácticamente solo en un mundo extraño en donde no conoces a nadie, ni entiendes la lengua, no debe de ser agradable. Pero La nieta del señor Linh no es solo un libro sobre el desarraigo, que también, sino sobre el "transplante": sobre como podemos volver a echar raíces. Aunque no las echemos sobre un país, sino sobre una persona. 

Es, también, un libro sobre la amistad, sobre cómo huimos de la soledad y sobre cómo podemos sentirnos unidos a alguien con quien ni siquiera nos entendemos. Pero bueno, hay muchas maneras de comunicarse. 

Me ha gustado mucho :)

Os dejo un trocito...

Un anciano en la popa de un barco. En los brazos sostiene una maleta ligera y a una criatura, todavía más ligera. El anciano se llama Linh. Es el único que lo sabe, porque el resto de las personas que lo sabían están muertas.

Pone los pelos de punta, ¿verdad?

En resumen, este libro...

5/5

Ahora empezaré a leer El resplandor, de Stephen King, que me lo ha regalado Jack para mi cumple. Supongo que está empeñado en que me reconcilie con esa historia, ya que la detesto profundamente por culpa de la película -y de su doblaje. Para poner más énfasis en la necesidad de que me guste, se la ha jugado regalándome también Doctor Sueño, la continuación. Ahí, jugándose el todo por el todo xD. ¿Alguien los ha leído? :)

viernes, 9 de enero de 2015

Libro: El océano al final del camino, de Neil Gaiman.


Papá Nuel me trajo un libro muy chu-chu-chuli. Acertó, y para eso no hace falta ser Papá Nuel. ¿Cuántas veces he dicho que Neil Gaiman es uno de mis escritores favoritos, si no mi favorito? Pues eso.

¿De qué va el libro? 

El protagonista, de cuyo nombre no quiero acordarme (que no, que es broma, que no lo dicen xD), acaba volviendo, por un funeral, al lugar donde creció. Sin saber cómo ni de qué manera, acaba conduciendo su coche hasta el final del camino, y los recuerdos le vienen como en oleadas. Recuerda que allí está la granja Hempstock, y que en la granja Hempstock había un océano. Al menos Lettie lo llamaba así. Y entonces recuerda cómo conoció a Lettie y lo que pasó después, desde lo que le pasó a Fluffy hasta el incidente con Ursula Monkton y los pájaros del hambre.

Hablando del libro...

Gaiman en estado puro. Se trata de un libro fantástico, pero no sé cómo lo hace Gaiman: consigue hilar la fantasía en la historia como si nada, como si fuese lo más normal del mundo que a alguien le ocurriesen las cosas más insólitas. Adoro esa manera de contarlo. La adoré en Stardust y la he adorado, de nuevo, en El océano al final del camino. Además es, como en otras ocasiones, una fantasía con toques bastante macabros. Y el componente macabro también está narrado como si careciese de importancia, como si el mundo fuese así, ni más ni menos. He de confesar, no sin que me dé un poco de vergüencita, que una noche este libro me causó pesadillas. No es que sea especialmente terrorífico, no es eso, pero yo tengo una imaginación muy vívida y me ha dado la sensación de que a algún personaje lo conocía de antes. Y no es la primera vez que me pasa con este autor.

Lo cierto es que no sé qué más decir. La lectura me ha dejado un tanto sin palabras. Así que voy a detener aquí mis opiniones sobre la historia para centrarme en la edición: no usta. Es muy bonita por fuera, pero he encontrado alguna errata (más de una) leyendo, alguna de las cuales carece de sentido en relación con la historia, y que supongo que será un error de traducción, no sé. No tengo idea de cómo serán las otras ediciones, pero bueno. También es cierto que supongo que esta será la más económica, a pesar de ser de tapa dura y todo. Pero estas cosas a mí me dan bastante rabia, qué le voy a hacer. Serán, a lo mejor, en total, 3 o 4 erratas. Pero ahí están. 

¡Ah! No me resisto: amor absoluto al protagonista. Ojalá hubiese vivido en mi pueblo cuando yo era pequeña (tiene 7 años). Seguro que nos habríamos hecho muy buenos amigos. :)

Bonus: La cita que abre el libro es genial. Pero no os la cuento, tendréis que ir a mirarla xD :)

Os dejo un trocito...

"No fui un niño feliz, aunque en ocasiones estaba contento. Vivía en los libros más que en cualquier otra parte."

En resumen, este libro...

5/5

Y ahora, ¿qué leer? Pues pensaba leer Matar a un ruiseñor, pero dice Jack que me espere, que lo leemos conjuntamente. Después pensé en Solaris, y me dijo lo mismo. Así que tendré que bucear en mi lista de pendientes. Seguro que encuentro algo. Porque es eterna... xD

jueves, 8 de enero de 2015

Está mal, pero...

Hoy he visto una viñeta relacionada con el atentado contra la sede de Charlie Hebdo, se titula "El hippie, la puta y el bufón". Os aconsejo que le echéis un ojo, para ver si os suena de algo. 

A mí sí. Lo he oído desde ayer varias veces: si se juega con fuego, uno acaba quemándose. O en otras palabras "No está bien que los hayan matado, pero si no hubiesen hecho esos dibujos...". 

No es una mentira, no del todo. Si Charlie Hebdo hubiese dibujado gatitos, por decir algo, habría tenido menos probabilidades de ser atacada como lo fue ayer. Si nos movemos en el terreno de la estricta y absoluta corrección política tenemos menos probabilidades de pisarle los callos a alguien. Eso sí: es cansado, desde ya os aviso. 

Tenemos menos probabilidad, pero no probabilidad cero, eso también es importante. Moverte por la vida es asumir riesgos y hasta haciendo lo políticamente correcto nos pueden lanzar un revés.  Y, por supuesto, hacer lo correcto (a secas) es, en la mayoría de las ocasiones, asumir muchos riesgos. Es en esas ocasiones cuando reconocemos más mérito al agente de una buena acción, ¿no es así? 

La vida humana es o debería ser mucho más que supervivencia. Evidentemente, queremos conservar la vida, es un impulso primario. Pero deberíamos ser capaces de sobreponernos a ese impulso cuando la ocasión lo requiere. No hablo de jugarnos la vida directamente, sino de asumir riesgos, de tomar decisiones que pueden acarrear complicaciones, de acometer pequeñas -o grandes- heroicidades. ¿Para qué? Para proteger a un inocente, para denunciar una injusticia, para conquistar un derecho. Cada uno tiene sus motivos, ¿no? No todos son correctos, claro. Y, por desgracia, parece que los que están dispuestos a dar la vida por motivos incorrectos son muchos en estos momentos.

Supongo que los dibujantes de Charlie Hebdo tenían esto presente. Sabían que se la jugaban, y no en broma. Sabían que asumían serios riesgos. Pero supongo que se sobreponían al impulso de huir porque creían que estaban haciendo lo correcto, porque estaban haciendo algo que merecía la pena. Y sí, eran chistes. 

Quizá esa fórmula con la que se responsabiliza a la víctima, el "No está bien pero...", es una forma de autoconsuelo. Si yo no voy a una manifestación, no me apaleará la policía. Si no llevo escote, no me violarán. Si no hago chistes provocadores e irreverentes nadie vendrá a meterme un tiro entre las cejas. Si no protesto no perderé mi trabajo. Si hago lo que me dicen nunca seré pobre. Es un pobre consuelo, y además una falsedad. Pero aunque fuera verdad cabría preguntarse si merece la pena vivir mirando por el rabillo del ojo y vigilando las esquinas, contando cada palabra y controlando cada gesto para no ofender a nadie. Y, por supuesto, tragando ofensas. 

Hace falta valentía para correr esos riesgos, no lo niego. Mucha valentía. Valentía que yo, por ejemplo, seguramente no tenga. Pero no por eso voy a quitarle el mérito a quien sí la tiene. 


martes, 6 de enero de 2015

Un brindis.


Parece oportuno alzar la copa antes de que acaben las fiestas -como si no se pudiese brindar antes, o después- para dar gracias por esas cosas o por esa gente imprescindibles, por todo eso cuya ausencia haría del mundo un lugar más hostil. 

Yo hoy brindo  por la gente que no se avergüenza. Por la gente transparente que no lleva con comodidad las máscaras, que son ellos mismos, ellos mismos de verdad, aunque nadie llegue a entenderlos. Supongo que por eso uno puede quitarse la suya tranquilamente en su presencia. Brindo por esos que hablan a los animales como si fuesen personas aunque haya gente mirando. Brindo por aquellos que lloran a pesar de que les han repetido mil y una veces que eso no se hace. Por los que abrazan en público y besan sin mirar a los lados.  Brindo por los que hacen cosas inútiles a sabiendas, por los "muertos de hambre, y a mucha honra" . Por los que aman sin medida y asumen las consecuencias sin sonrojo. Por los que ríen sin motivos y hasta cuando no es el momento. Por los que, a pesar de todo, no se esconden ni se achantan y no se dejan humillar por los que se suben en pedestales. Precisamente por eso, porque no se avergüenzan de nada. 

Y doy las gracias, porque a su lado yo casi siento también que no tengo de qué avergonzarme.


lunes, 5 de enero de 2015

Libro: Forastera, de Diana Gabaldon.


Cuando a 2014 le quedaban unos días tuve que decidir cuál sería el último libro del año y, quizá, el primero de 2015. Recordé que Letraherido me había recomendado -indirectamente- esta saga, y que Lia hablaba de la serie en su blog. Va de escoceses, así que quise darle un intento.  Y lo hice.

¿De qué va el libro?

Claire y su esposo Frank están pasando su luna de miel -pospuesta por la II Guerra Mundial- en las Highlands escocesas. Sin saber muy bien cómo Claire acaba transportándose al siglo XVIII, en medio de una refriega entre varios hombres. Es entonces cuando conoce a Jamie McTavish, al principio, Jamie Fraser después, el hombre que conseguirá que cambie su vida por completo.

Hablando de la novela.

Estamos ante una novela romántica histórica que no sé hasta qué punto es una novela romántica al uso. Sí, hay un romance que pasa por muchas dificultades, pero Forastera tiene particularidades que hacen que no encaje del todo en el canon. Primero, Claire no es una muchacha virginal, sino que está casada. Segundo, se trata de una novela que más que hacer hincapié en el romance, equilibra todos los componentes del relato (histórico, intriga, política...). Podría decirse, además, que no es para nada una novela edulcorada, sino que en ciertos casos es bastante brutal, hasta un punto en el que creo que se pasa: yo no sé cuántas veces intentan violar a Claire... Perdí la cuenta por la 3ª o la 4ª. Está muy bien redactada, no es ninguna aberración ni nada por el estilo, así que si nos va el género, merece la pena darle un intento.

Dicho esto, este es un caso de no sos vos, soy yo. La novela no está mal, pero a mí no me ha acabado de llenar. Hubo un momento en el que creí que sí, incluso se me escaparon unos cuantos suspiros, pero al día siguiente se me fue todo al garete. La protagonista no acaba de caerme bien, no empatizo con ella. Jamie Fraser tampoco acaba de ser mi tipo de héroe romántico. (SPOILER VA, selecciona el texto que sigue para leerlo) La escena que me tiró todo al traste fue cuando Jamie azotó de manera bastante brutal a Claire, que entonces ya era su esposa. Además, el hecho de que sea el tipo de hombre que no acepta un no por respuesta tampoco me va. Sí, que es realista, que es el siglo XVIII, no digo que no. Pero es ficción romántica: quiero enamorarme. Pero de nuevo, eso son mis expectativas, que no tienen por qué verse colmadas. (Fin del SPOILER).

Además, no entiendo la necesidad de que Claire sea casada. El "dilema moral" que le causa su matrimonio del s. XX es poco influyente, o al menos a mí no me ha parecido que tenga la suficiente intensidad como para estar justificado. Pero de nuevo, mi opinión, nada más.

Por otro lado, la novela se me ha hecho un poco larga de más, y en ocasiones me ha parecido caer en una suerte de horror vacui literario un poco cargante. Parece que la autora quiere que su novela tenga de todo: brujas, dinosaurios, viajes en el tiempo, homosexualidad, infidelidad, de todo. Y a veces son escenas que me dan la impresión de ser "de relleno", no sé. Supongo que a consecuencia de ello me da la sensación de que sobran páginas de las más de 700 que tiene la novela (ahí es nada). No sé, es como que la historia se ramifica innecesariamente, como que no va a ningún sitio, no sé si me explico, y hay situaciones que me parecen muy cogidas por los pelos. 

Por último, me parece que la novela va perdiendo fuelle y que el final no está a la altura de las expectativas que crea la primera mitad de la novela.  En cualquier caso, recalcar que esto son impresiones mías y que el libro no me parece malo, al contrario. Me parece que está bastante trabajado, que se da mucha importancia al contexto y que es una obra ambiciosa. Pero a mí no me ha acabado de llenar, solo eso.

Os dejo un trocito...

-Ayer recé durante todo el camino colina arriba -confesó con voz queda-. No para que te quedaras; no me parecía correcto. Rezaba para tener la fortaleza necesaria para dejarte ir.

En resumen, este libro...

3/5
 Ahora a tachar cosicas del Reto de lectura 2015, que con esta novela tacho unas cuantas. A continuación leeré El océano al final del camino, de Neil Gaiman, que le tenía muchas ganas :) ¡Primer libro íntegro de 2015!

Y vosotros, ¿habéis leído Forastera? ¿Habéis visto la serie? ¿Pensáis hacerlo?
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