viernes, 31 de octubre de 2014

Meme-premio-cosas.


 Hola, hermosos y hermosas. Hace un par de días Celia me nominó a un premio-meme de estos tan chachis que hay por el Interné. Como ya sabéis que yo soy muy mía y suelo saltarme las normas a la torera, pues nada, me voy a dedicar a responder las preguntas más que a otra cosa. Bueno, sí que voy a cumplir una de las normas: dar las gracias a Celia. Os invito a visitar su blog, Alas de Tinta :)

Las preguntas que lanzó a los bloggers nominados fueron:

1-¿Qué tipos de libro te gustan más?

Ehm... Acabaríamos antes si digo qué tipos de libros me gustan menos. Y ni aún así, porque cuanto más leo menos prejuicios tengo. Eso sí, tengo cierto impulso a huir de los best-sellers. No puedo evitarlo. Y luego algunos los leo y me encantan, peeero...
 
2- ¿Prefieres libros sueltos o sagas?

Prefiero los libros sueltos. No es que no lea sagas ni nada de eso, pero estoy empezando a cogerles manía, especialmente a las nuevas. Me da la sensación de que estiran las ideas como un chicle con tal de vender tres libros en lugar de uno. Y luego está la cuestión del ansia: ¿qué pasa cuando acabas una de las partes de la saga y necesitas saber qué pasa después? ¿Eh?

No tengo nada, en cambio, con las sagas compuestas de libros autoconclusivos pero que comparten personajes. Esas me hacen bastante gracia. 

3- ¿Cuántas veces has llorado con una novela?

No muchas, la verdad. Es más fácil que un libro me haga sonreír que llorar. Pero no es algo imposible. Con Bajo la misma estrella, Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea, La voz dormida y Las ventajas de ser un marginado lloré. . Y seguro que me dejo alguna. Pero seguro, segurísimo.

4-Si escribes, ¿qué proceso sigues para ello? ¿Crees en la inspiración?

Normalmente el proceso que sigo es 1) se me ocurre una idea así, como de la nada; 2) me siento ante el pc o un cuaderno; 3) escribo. Así he escrito todo lo que he escrito hasta ahora, desde relatos hasta poemas. Ha cambiado con motivo de mi participación en el #NaNoWriMo, que me ha hecho meterme en eso de la planificación. Pero yo soy muy básica: apunto cosas en un cuaderno. Hay gente que se lo curra un montón, pero yo... no sé, no me sale. 

En cuanto a lo de la inspiración, ¡vaya que si creo! Ya digo, la mitad de las cosas se me ocurren así, como de la nada.
 
5- Si pudieras elegir un libro en el que vivir, ¿con cuál te quedarías?

Ala, ¿en serio me estás preguntando eso? Es que... depende. Porque puedes vivir en un libro y ser el pringado del libro y que te vaya fatal. No sé, supongo que en un libro con magia, tipo Stardust o el mundo de Harry Potter. Aunque tengo alguna otra idea rondándome la cabeza... Vivir en un libro de Kinley MacGregor tampoco estaría mal... xD  (Que esta respuesta no conste en acta, señoría).

6-¿Qué personaje crees que más se parece a ti?

 En repelencia, Hermione Granger. Más allá de eso, no sabría qué decir. Suelo identificarme parcialmente con algunos personajes, pero no es que crea que me parezco a ellos o ellos a mí.

7-¿Qué es lo que menos soportas de un libro?

 Que no sea creíble. Puedo estar leyendo una historia de caballitos de mar que viven en Saturno, pero necesito creerme lo que está pasando. Por ejemplo, me fastidia mucho cuando dos personajes se acaban de conocer y se enamoran inmediatamente. O cuando un personaje que ha sido un borde o un egoísta toda la novela, de repente, como de la nada, acaba salvando la situación sin justificación alguna.

8-¿Juzgas por la portada?

No, no suelo. Ni en la vida real, ni en los libros. Sí juzgo por la contraportada, por la sinopsis, aunque más de una vez me han engañado. Eso sí, no puedo decir que a veces las portadas no me llamen la atención (en los libros y en el mundo real xD), pero nunca dejaría de leer un libro porque no me guste su portada. 


Yo nomino a todo el mundo que no sepa qué publicar o le apetezca responder a pregunticas, así porque sí. También podéis responder en los comentarios si os apetece. Y mis preguntas son:

1. Puedes dar tres guantazos/puñetazos sin sufrir ninguna consecuencia. ¿A quién se los darías? (Real o ficticio)

2. ¿Qué final de libro o película habrías cambiado?

3. Siempre has querido tener una cita con ... (real o ficticio).

4. ¿Escuchas música mientras lees?

5. Imagínate que la Tierra va a explotar y solo puedes salvar una obra de arte, un libro y un disco. ¿Cuáles serían?

6. Algo que creíste que nunca harías y que has acabado haciendo.

7. ¿Dónde te irías de vacaciones perpetuas?

8. Algo que no sabes hacer y que te gustaría aprender. 

Ale, ya está.

Hoy tocaba la reseña de Oliver Twist, que lo acabé anoche, pero todavía estoy intentando asimilar la experiencia y aclarar mis opiniones. Mañana, si eso. De momento voy a empezar a leer El bolígrafo de gel verde, de Eloy Moreno. Espero que me guste tanto como Lo que encontré bajo el sofá.


Hoy estoy... contenta
Y estoy escuchando... Habrá que someter a referéndum - Ismael Serrano

jueves, 30 de octubre de 2014

Brace yourselves! #NaNoWriMo is coming!

Y está llegando de verdad, no como el otoño, que parece que se resiste a venir. Pero, ¿qué es eso del #NaNoWriMo? 

Pues viene a significar National Novel Writing Month. Y quiere decir que en Noviembre un montón de locos de la vida de todo el mundo se proponen escribir una novela de, mínimo, 50.000 palabras en 30 días. ¿Y sabéis qué? Que participo. Sí, ya sé, no estoy bien de lo mío, pero ya he dicho que somos locos de la vida. Bueno, no tanto. Son menos de 1700 palabras al día. Con dedicarle un ratillo y que la inspiración acompañe... (Espero que baste. Hoy por hoy en mi vida hay otras tareas prioritarias)

Tiene guasa. No sé cuántos intentos fallidos de escribir una novela resulta que solo va a hacer falta decirme algo así como: "¿A que no hay huevos a escribirla en un mes?". Se ve que soy española, aunque a veces me pese. 

Como ya os he ido desvelando -no sé guardar mis propios secretos- tengo en mente una idea de novela romántico-erótica (o plan B de salida de la crisis). He dedicado ratitos libres de estas dos últimas semanas a planificar un poco el asunto, porque si tienes 30 días para escribir 50.000 palabras no puedes dedicarte a nada que no sea teclear. Esto es algo que nunca había hecho antes. Yo simplemente me siento a escribir y las cosas salen solas. Espero que marque la diferencia...


Cogí una libreta que tenía por ahí y donde suelo esbozar mis relatos (el de Geralt y el de Atteneri salieron de ahí), y la dividí usando post-it: personajes, argumento, investigar y corregir. El primero se explica solo: un lugar donde esbozar los personajes. El segundo es una secuenciación un poco churra de los acontecimientos: qué pasa después de qué. El tercero es un lugar en el que he ido apuntando cosas que he tenido que consultar antes de ponerme a escribir, para no decir tonterías muy tontas (aún me quedan cosillas que mirar, no creáis). El cuarto son unas páginas donde apuntaré cosas que quiero cambiar después de acabar. En el #NaNoWriMo no hay que volver atrás, hay que acabar. Ya habrá tiempo para revisar lo escrito y cambiar lo que haga falta el día 1 de diciembre. 

Además, me acompaña un marcapáginas que me hizo Lansy con mucho amor. Es una pluma mágica. Perfecta para esta tarea. Su función será, básicamente, la de marcar por qué parte del argumento me he quedado escribiendo. 

Estoy... inquieta. Me pican los dedillos, tengo ganas de empezar a escribir. ¿Os imagináis que la acabo? Sería brutal. Y bueno, vosotrxs podéis dar gracias de que me leéis una vez al día, como mucho. El pobre Jack está aguantando mi locura como puede. Cada vez que hablamos sale el dichoso tema del #NaNoWriMo y del proyecto de novela. 

Porque la novela ahora es eso, un proyecto. Una idea. No tiene título, pero como en el #NaNoWriMo te piden un título la he nombrado, provisionalmente, #ProyectoHL. También piden una portada -aunque no es obligatoria- y Jack tuvo la bondad de hacerme una muy provisional pero que a mí me encanta.


Seguro que con esa portada nadie consigue imaginarse de qué va. ¿A que no?

Es un reto, un gran reto, pero no sé por qué, estoy muy motivada. Sé que me va a costar desarrollar una historia "en largo", porque estoy acostumbrada a escribir cositas muy breves. Sé que desarrollar unos personajes creíbles es muy difícil, y casi más si el hilo conductor es un romance. Sé que conseguir lograr un clima erótico que no sea soez, ni cursi, ni ridículo es algo muy complicado. Y sé que me voy a tirar de los pelos por culpa de mi perfeccionismo. Pero no me importa. ¿Me habré vuelto definitivamente tarumba?

Será que tengo muchos motivos para acabarla. Me anima especialmente pensar en la página de "Agradecimientos". Porque si la acabo va a salir a la luz, de una manera u otra. 

En fin, que ya lo he dicho. ¡Ay señor, que lo he dicho! Jajajaja.  Pues nada, ahora a esperar a las 00.00 del 1 de noviembre para empezar a teclear como si no hubiese mañana. ¡Wiiii! *hace la croqueta*

No quiero acabar este post sin darle gracias especiales y enormes a Jack, porque me está animando muchísimo con toda esta locura. Como con todas las mías. Y también quiero daros las gracias a todos los que me habéis dicho alguna vez "escribe". Sois muchos y no os cito para no dejarme a nadie. Que sepáis que, en parte, la culpa de esto es vuestra. Y también de Anxo Cunningam. De no ser por su post sobre el #NaNoWriMo yo no sabría que eso existe y, mucho menos, me habría apuntado. 

Bueno, ¿qué os parece la idea? No la mía de escribir, sino la de dedicar un mes a la escritura. ¿Lo conocíais? ¿Me he vuelto definitivamente majara? xD


Hoy estoy... más loca que de costumbre
Y estoy escuchando... Radio GaGa - Queen

miércoles, 29 de octubre de 2014

La fuerza con que golpean los recuerdos.


Cuando uno coge un libro viejo no sabe qué se va a encontrar. Y si no, que se lo pregunten a los protas de La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey. O que me lo pregunten a mí. 

En realidad eso es maravilloso, lo de que los libros tengan vida y te hablen más allá de lo que llevan impreso. Esa mancha de café que te cayó un lunes por la mañana que no podías dejar de leer. Esas esquinas arrugadas de llevar el libro en la maleta en tu primer viaje al extranjero. La dedicatoria de quien te regaló una historia. Y luego están las notas entre páginas.

No es la primera vez que os cuento una de estas aventuras, lo que pasa es que normalmente son más agradables. Hoy me he dirigido a La fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Kant, para consultar unas cosillas sobre el imperativo categórico. Y me he encontrado algo más que las explicaciones de Kant. 

Entre las páginas había un panfleto del sindicato estudiantil SEPC que había sido aprovechado para cambiarme notas con un compañero de clase. Aunque hacía tiempo que no veía su letra, la he reconocido al instante y hasta me he ruborizado. Eran apenas cuatro mensajes, pero eran mensajes de esos que se intercambian dos adolescentes hambrientos el uno del otro. Yo lamentaba estar en clase, a vueltas con el dichoso imperativo categórico y él maldecía mi sentido del deber. Yo decía que eso era lo que mandaba el imperativo categórico, pero que de no ser así.... Y él maldecía entonces al imperativo categórico. No sé qué opinaría Kant de todo esto, la verdad.

Los mensajes me han dejado derrotada. He empezado a sentir un dolor intenso, como si me hubiesen golpeado el esternón con un puño. Para que luego digan que los sentimientos no duelen. Sí duelen, sí. 

Es increíble la fuerza que tienen los recuerdos. Una vez él me habló de que lo único que realmente existía era el presente. Pero entonces no me lo creí y hoy he recordado por qué. Ese golpe ha venido del pasado y me ha parecido bastante real. 

Creo que esta historia ha sido la única de mi pasado que me ha dejado verdaderamente marcada. La herida ya sanó, aunque costó bastante, pero la cicatriz permanece y me temo que permanecerá siempre. Todo el mundo tiene sus fantasmas y él es uno de los míos. 

Normalmente los recuerdos me hacen feliz, acabo viendo lo positivo de ellos, ¿por qué no los que tienen que ver con este cuento? Supongo que porque están cargados de reproches hacia mí misma. Porque me engañé aunque todo estaba claro. Porque quise sin ser querida. Porque tantos y tantos gestos hermosos que yo estimaba llenos de significado no significaban nada. Estaban vacíos. Y todo ello fue culpa mía. 

Pero ese no es todo el golpe. El golpe ha sido doble, porque a pesar del dolor, sonreía. Porque a pesar de todo lo negativo, en esos recuerdos permanece cierta belleza y eso nunca dejaré de agradecérselo inconscientemente. Aunque fuese una historia de mentira, fue única. Única, con sus canciones de Sabina, con sus conciertos en primavera, con sus besos al lado del tranvía, con sus noches en vela, con sus horas de biblioteca y con sus notitas en clase. Única, con mi ilusión y mis errores. Única, con las cenizas de ese amor ensuciándome el corazón durante mucho tiempo. Y única, como mi cicatriz. 

Odio cuando no me entiendo. Y esta historia siempre hace que deje de entenderme.

No dejo de pensar que es curiso que hace unos días leyendo este post recordase esta época y hoy me haya encontrado esto. A veces las casualidades son de lo más caprichosas.



Hoy estoy... dolorida
Y estoy escuchando...Y nos dieron las diez - Joaquín Sabina

martes, 28 de octubre de 2014

¿Qué problema hay con la novela rosa?



La novela rosa me parece que es un género bastante denostado entre los lectores en general. Más de una vez, cuando he comentado que había leído una novela rosa me han hecho comentarios del tipo: "¿Pero lees eso? ¿En serio?". Sí, lo leo. Y a veces hasta me gusta. ¿Tan malo es eso?

El problema es que solo me gusta a veces. No he explorado mucho el mundo de la literatura rosa, es verdad, pero suelo decepcionarme de tanto en tanto y a veces esas decepciones son sonadas. Me gusta la literatura romántica, pero me temo que soy un poquito demasiado exigente con algunas cosas, qué vamos a hacerle. Eso sí, sé que hay autorxs magníficxs. Lo que pasa es que todavía no los he encontrado a todxs. 

Mi novela rosa más favorita de todos los tiempos del mundo <3

El otro día comentaba en un foro mi plan maestro de convertirme en una autora famosa de novelas romántico-eróticas. Que me gustaría escribir la novela rosa que a mí me gustaría leer. Alguien comentó que si todos los géneros necesitan novedades, revitalizarse, en el mundo de la novela rosa esa necesidad es imperiosa (toma rima sin querer). Pero alguien respondió algo que me hizo darle vueltas a la cabeza. Dijo que en realidad no era así: la novela rosa existe y resiste sin necesidad de cambios, porque tiene lo que la gente demanda, romance, aunque a veces la calidad literaria deje bastante que desear.

En principio me reboté. Quise contestarle que cómo iba a dar igual la calidad. Pero me tuve que callar cuando recordé el boom al que hemos asistido desde que aterrizaron en el mundo las dichosas Sombras de Grey. No es que yo haya leído mucho de lo que ha aparecido, pues huyo de todo libro que me recuerde vagamente a la trilogía de marras, pero sí he leído muchas reseñas de lectoras de romántica cansadas del fenómeno. Parece ser que estas novelas rosas, mediocres por decir lo mínimo, han eclipsado a otras de más calidad. Me quedé sin argumento. 

Entonces, ¿qué es lo que pasa con la novela rosa? ¿Solo la leen lectores poco exigentes que se conforman con cualquier cosa o que leen por inercia? ¿O es solo una impresión? ¿Son lxs lectores de romántica reacios a los cambios, prefieren leer siempre "más de lo mismo"?

Necesito saberlo, es vital para mi plan para salir de la crisis. Para abandonarlo o no: yo no pienso escribir nada que se parezca al Grey. Ni al último libro de romántica que leí, dicho sea de paso. 

Ains.


PD: Lectores/as de romántica, podéis confesaros aquí xDD



Hoy estoy... agobiada
Y estoy escuchando...Más - LODVG

lunes, 27 de octubre de 2014

Plan ¿B? ¿Por qué letra vamos?

Hoy he tenido que salir de casa. Si lo habéis leído como si lo dijese con pesar, habéis acertado. Cada vez me gusta menos salir de mi burbuja. Especialmente si voy con mi madre.

La cuestión es que nos hemos encontrado a una señora cuya hija andaba buscando trabajo. Resulta que lo ha encontrado en el sector de la agricultura. 

Yo estoy desde ayer con una mezcla entre ilusión y nervios. Resulta que si no hay ninguna conjunción planetaria que lo impida, este verano voy a presentarme a mis primeras oposiciones. En principio, en Aragón, que es la única comunidad que sé que convocará filosofía. Motiva tener una meta definida, pero el peso también es más grande. 

Sobre todo es grande cuando la gente confía en ti, porque no quieres decepcionarles. Ese no es el problema con mi madre, que ha dicho sin rodeos que seguramente yo también acabe trabajando en el campo, a lo que la otra señora ha añadido: "Pues apúntate ya, y eso que llevas de adelanto". Y a lo mejor debería hacerlo.

Hace ya meses que vengo dándole vueltas a qué hago después. Cuando no sabía si iban a salir o no las oposiciones pensaba ya en qué narices iba a hacer si era que no. Una no puede estar estudiando oposiciones indefinidamente, sobre todo si no tiene dónde caerse muerta. Barajé varias profesiones de futuro, como la prostitución de lujo (Perri lo sabe, que se lo conté).

También pensé en otras cosas, y trabajar en el campo era una de las opciones. Buscar una casa a la que irme interna -con ancianos, por ejemplo- para hacer de chacha, otra. Coger el avión e irme a servir cafés al extranjero, como una de mis amigas, otra. Ninguna de ellas me agrada especialmente, pero ahí están. También hay otras ideas menos felices que se me pasan por la cabeza, pero este no es el sitio para contarlas. 

Lo mismo aplica a la situación en la que salen las oposiciones y no consigo un buen resultado. Empezaría por la vendimia para ahorrar y, seguramente, marcharme del país. No lo sé. Tendría que pensarlo.

Eso si antes no me he convertido en escritora de novelas romántico-eróticas que se conviertan en bestsellers. ¿Qué? No quiero descartar ninguna posibilidad. No sé si será más difícil que conseguir un trabajo digno...


Hoy estoy... un pelín hundida
Y estoy escuchando... Sweet Dreams - Marilyn Manson

domingo, 26 de octubre de 2014

Dona sangre.


Si no sois nuevos por aquí sabréis que tengo un pánico insano y gigante a las agujas y que lo paso fatal cuando tienen que hacerme un análisis o cualquier cosa parecida. Pero, a pesar de todo, soy donante de sangre.

Me hice donante en la universidad. Un día salía de clase y me encontré el hall de la universidad lleno de camillas, algunas de ellas ocupadas por gente donando sangre. Casi me da un parraque. Yo me iba a mi casa, pero no sé cómo, eché a correr agitando los bracitos hacia una mesa:

- Para donar sangre, ¿qué hay que hacer?

La pareja que había allí me sonrió de oreja a oreja. Recuerdo que pensé "putos vampiros". Rellené unos papelitos, me hicieron unas preguntas sobre contactos de riesgo, estancia en países tropicales, tatuajes, tratamientos médicos, operaciones,... Y luego me mandaron a otra mesa a que me tomasen la tensión y me hiciesen una prueba. Ahí me llevé el primer pinchazo: en el dedo. Ouch. 

Nota: también me preguntaron mi peso. Y mola, porque cuando vas a donar sangre nadie te dice que estás gorda. Si lo piensan, se lo callan. xDDD

Pues nada, acabé la entrevista y pruebas previas y me mandaron con una enfermera que estaba ociosa. Me tumbé en la camilla y la mujer, muy observadora, me dijo:

-¿Estás bien?

Y yo le conté que no, que me daba muchísimo miedo que me pinchasen y que me ponía histérica. Entonces ella me hizo la rosca:

-Entonces tienes el doble de mérito.

Yo sonreí y aparté la vista. Apenas noté el pinchazo y la donación acabó súper rápido. ¡Además me dieron la merienda! (Y descubrí cuál era mi grupo sanguíneo)



Desde ese momento doné muchas veces y donar sangre me ayudó bastante a quitarme el miedo a las agujas, porque allí siempre me pincharon muy bien.

Hace tres días doné sangre aquí. Es mi segunda donación de sangre desde que me volví, pues tuve que hacerme donante de sangre de nuevo. La primera vez fue regular, pero esta vez ha sido un poco penosa: salí de allí con dos pinchazos, los dos brazos condolidos, y un hematoma que todavía me dura. Al menos conseguí donar sangre... 

La enfermera que me atendió me dijo:

-Sí que tienes mérito. Venir a donar conforme tienes las venas (¿?¿?) y dándote miedo...

Nunca he tenido problemas con mis venas, o casi nunca. No sé. Ni corta ni perezosa le pregunté que si las venas encogían con los lavados, por saberlo.

La cuestión es que, a pesar de todo, dono sangre y pienso seguir haciéndolo. Los de aquí son unos siesos, y en la carta en la que te avisan de que van a venir a chuparte la sangre solo te ponen la fecha, la hora y el lugar. En Valencia la carta se abría con una frase del tipo: "Con tu última donación hemos podido tratar a X pacientes, gracias". Y sería verdad o sería mentira, pero eso te anima. 

Esa frase es la que recuerdo cuando recibo la carta, para doblegar al miedo. Me imagino a la gente que puede estar recibiendo mi sangre y recuerdo a amigos y conocidos que han necesitado una transfusión. Y entonces pienso que es un rato, aunque sea un mal rato, pero que los efectos de mi acción pueden durar mucho tiempo.

Campaña institucional de la Generalitat Valenciana para fomentar las donaciones de sangre. Hay que reconocer que lo hacen bien.

Pues nada, eso es todo. El objetivo de este post es invitaros a que la próxima vez que veáis un bus para donar sangre, o que acudan a vuestro pueblo, os paréis y os informéis, al menos. Merece la pena. Y os lo dice alguien que ha tenido que esperar tres días a que se le pase un poco el mal trago para escribir este post :P


Hoy estoy... parlanchina
Y estoy escuchando... Breaking my own heart - Duffy

sábado, 25 de octubre de 2014

El ladrón de versos.


La observaba a diario desde una distancia más que prudente: nunca sus ojos azabache se habían cruzado con él. 

La esperaba cada día en el pasillo, al lado de la fuente, desde donde podía ver su taquilla. Quería estar presente cuando ella leyese el pequeño poema que le había deslizado dentro, ese por el que había atracado la noche anterior a Neruda, a Benedetti, a Lorca. Ella lo leía y siempre, siempre, miraba alrededor. Pero no le veía nunca. 

No importaba. Él era feliz poniendo un poema en su vida cada día, de lunes a viernes. 

Una tarde salió de clase y la vio sentada en el césped con un muchacho. Él llevaba los cabellos despeinados y unas gafas de concha. Entre sus manos tenía un libro de poemas que le estaba leyendo en voz alta.

No pudo soportarlo. Sabía que ella no había reparado nunca en su presencia y, por tanto, que él no ocupaba lugar alguno en su vida. Sabía que salía con otros chicos -y alguna chica- e incluso la había visto regalar algún beso en los pasillos de la facultad. Lo sabía y no le importaba. Pero aquello... Aquello sí era importante. Era él quien le regalaba poemas y, mientras ella los leía, existía y tenía un lugar en el mundo. Ese momento único para ambos era el que daba sentido a su día a día. Y ahora... Ahora ya era uno más. Y ni eso: era uno menos.

Esa noche cometió un suicidio poético. Colgó su corazón de un verso suelto y lo abandonó a su suerte hasta que alguien encontrase una rima para él.



Hoy estoy... cansada.
Y estoy escuchando...Como un burro amarrado a la puerta del baile - El último de la fila.


PD: Ya lo he dicho por las redes, pero os lo comento también por aquí. Como resulta que no tengo bastante con atormentaros con mi incontinencia verbal en este blog, voy a hacerlo de ahora en adelante -de vez en cuando- en El Buscalibros. Hoy me estreno con la reseña de una obra muy especial para mí, Persépolis. Por si os apetece echarle un ojo :)

viernes, 24 de octubre de 2014

Libro: La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera.



Este es uno de esos libros que tengo pendientes desde el primer curso de carrera. Una de mis compañeras me habló de él como un libro maravilloso, profundo, ... No sé si ella lo había entendido, puede ser que sí, porque era terriblemente compleja, pero yo estoy segura de que, si lo hubiera leído entonces, no lo habría entendido. Así que me alegro de haberlo leído ahora. Vamos a por la reseña.

¿De qué va el libro?

El libro aborda las vidas de Tomás, Teresa, Sabina y Franz desde varias perspectivas. Quizá predomina el amor, probablemente, pero supongo que en el libro se examinan todas esas cosas que buscamos para llenar nuestras vidas y darles peso. O que evitamos para ganar levedad, quién sabe. 

Hablando del libro...

Jack me dijo que tenía ganas de que yo leyese el libro para que le diese mi opinión. Me dijo algo así como que es el libro que recomiendan los gafapastas. Bueno, yo llevo gafas de pasta, si es que eso cuenta, pero supongo que sí, que este libro es de esos que se recomiendan sin haberlos entendido, o incluso sin haberlos leído, para dar sensación de cultura o algo similar. 

Pues bien, ahí va mi opinión de gafapasta.

Tengo que decir que el libro me ha decepcionado un poco, y no es porque sea un mal libro, sino porque me creo unas grandes expectativas en los primeros capítulos. Esperaba grandes cosas de él. He estado satisfecha -en mayor o menor medida, dependiendo de los capítulos y demás- durante buena parte del libro, pero a medida que se acercaba el final me ha ido faltando algo, supongo que la tendencia ascendente que yo esperaba. Cuando un libro empieza en un punto espero que ascienda y que el final sea como los minutos finales de un espectáculo de fuegos artificiales o algo así. Creo que La insoportable levedad del ser no sigue ese esquema. Es un libro más bien plano, con sus picos dentro del desarrollo, eso sí, pero que se desarrolla en una misma horizontal.

No es lineal, en cambio, cuando hablamos del tiempo. La novela avanza y retrocede y, si esperamos que el final del libro se corresponda con el final de la historia, como parece lógico, nos estaremos equivocando. Yo me he equivocado. Supongo que eso también contribuye a la sensación que te queda al dejar el libro, una sensación de puntos suspensivos. Cosas que pasan.

Sin embargo supongo que eso ni suma ni resta, pues no es este uno de esos libros que se leen por lo que el autor nos cuenta de sus personajes, sino por lo que el autor y sus personajes nos cuentan de nosotros mismos. (Esto ha quedado muy gafapastiense,¿verdad?) Tomás, Teresa, Sabina, Franz,... No hablan de casos aislados, de personajes inventados, sino de las personas. Creo que Kundera mira en el fondo de la gente y descubre en ellos lo incomprensible. Y esto incomprensible, puesto en negro sobre blanco resulta chocante, a veces incluso molesto, pero por algo será, ¿no? A veces no entendemos -ni ellos mismos se entienden- la relación de cada personaje con lo que da sentido a su vida. Con el amor, con la política, con su vocación, con su trabajo, con sus hijos,... Resulta fácil desde una posición de espectador hacer recetas, pero si miramos al mundo o nos ponemos frente a un espejo no resulta difícil encontrar contradicciones de ese tipo en las personas de carne y hueso.

Además  las reflexiones que Kundera hace, al margen -o no tanto- de la historia no tienen precio. La que abre el libro, sobre el eterno retorno, el peso y la levedad me encantó. También, aunque es una reflexión de Tomás, me gustó la concepción que tiene de los cirujanos. O la pregunta acerca de la responsabilidad y la ignorancia, muy aplicable a nuestros días.
 
En definitiva, es un libro para pensar, para leer despacio y asimilar. Para detenerse a pensar un poco en cosas que puede que no hayamos pensado, o sí. Y para quedarse con dudas. Porque al final de los finales, ¿qué es lo positivo? ¿El peso o la levedad? 

Os dejo un trocito...

Y llegó a la conclusión de que la cuestión fundamental no es: ¿sabían o no sabían?, sino: ¿es inocente el hombre cuando no sabe?, ¿un idiota que ocupa el trono está libre de toda culpa solo por ser idiota? [...]

Y fue entonces cuando Tomás recordó la historia de Edipo: Edipo no sabía que dormía con su propia madre y, sin embargo, cuando comprendió de qué se trataba, no se sintió inocente. Fue incapaz de soportar la visión de lo que había causado con su desconocimiento, se perforó los ojos y se marchó de Tebas ciego.
Ejem...


En resumen, este libro...

4/5

A continuación creo que voy a leer Oliver Twist, para cubrir otros de mis propósitos lectores que era leer alguna obra de Dickens. A ver qué tal.



Hoy estoy... cansada
Y estoy escuchando...Balada de otoño - Joan Manuel Serrat

jueves, 23 de octubre de 2014

De los rusos de Downton y otras hierbas. (Post marujo)

Si no estás al día con la serie y quieres verla, no leas. 
Spoilers a tutti plen. 


El otro día me decía Jack que los culebrones son para él como drogas: empiezas sin ganas y acabas amenazando a la gente para poder verlos. Creo que tiene razón. Y Downton Abbey no deja de ser un culebrón, muy cuqui y todo lo que quieras, pero un culebrón. Y yo no pensaba ver esta temporada, que se sepa, pero la estoy viendo por su culpa. Y no me arrepiento, todo sea dicho, porque me está pareciendo muy interesante. 

Hay muchas cosas que no entiendo, como qué le ha hecho Edith a la vida para que la trate tan mal, pero bueno. Eso es harina de otro post, si acaso. O que lo escriba Lia, que ella sabe cosas. :P

Lo que tiene esta temporada es que Rose MacClare -un personaje que me ha gustado desde siempre- dedica parte de su tiempo libre, como buena moza de alta alcurnia que es, a obras benéficas. En este caso, lo que hace es atender a refugiados rusos. Estamos en los años inmediatamente posteriores a la Revolución Rusa, así que buena parte de la nobleza y gente pudiente ha salido pitando de Rusia. Y algunos paran por allí. Rose, muy maja ella, acude a darles el té varios días por semana y les lleva tarta, que les gusta mucho (¿y a quién no?).

Resulta que ella, que es un alma cándida, piensa que a los pobres rusos refugiados les apetecería ir a Downton Abbey a una fiesta, olvidarse de sus miserias y sentirse como en los viejos tiempos, es decir: rodeados de estirados. El choque cultural es interesante: los ingleses pensando que los pobres rusos están sintiéndose miserables y ellos, gozándolo como nunca con su pena.  Y es que, según se ve, los rusos son intensos, pero intensos de verdad. 

Ese capítulo mola mogollón, porque Lord Grantham decide sacar unos souvenirs que sus padres trajeron de Rusia, cuando acudieron a la boda del zar -o algo así-. Están todos allí llorando a moco tendido con las reliquias, cuando la Condesa Viuda se da cuenta de que allí hay un abanico suyo. Empieza a contar la historia cuando, ¡zas!, aparece el que le regaló el abanico. Se conoce que ella lo escondió porque ella no quería que su marido se enterase. Algo había ahí. Y tenía que haberlo, porque para lo serena que se mantiene siempre "grandmama", cuando aparece el Príncipe Kuragin de entre los refugiados por poco se le vuela el sombrero.

 
Pues sí, los rusos están dando más sustancia que un hueso en la olla. Y es que son muy intensicos ellos, de verdad. En concreto el ruso que aparece a la derecha del todo de la foto merece que le crucen la cara repetidas veces, os lo digo. ¡Qué intenso y pesadito!

Es que resulta que Rose salía de la pastelería, de recoger las tartas para sus rusos, y estaba lloviendo a mares. Con las cestas y todo no podía abrir el paraguas. De esto que un joven, convenientemente guapo y amable, se ofrece a ayduarla. Atticus Aldridge. El mozo parece majo y se nota que ambos se gustan. Empiezan a hablar de los rusos y él le cuenta que su familia desciende de Rusia. Qué casualidades, oye.



Si es que la mira con arrobo desde el primer momento... Ains. 


Pues un día se va a verla al lugar donde están los refugiados y ella, cándida como es, le presenta a Kuragin y al otro. Ellos preguntan de qué parte de Rusia es y ella le explica un poco su historia -qué buena memoria tiene la jodía-.  Pues el otro se levanta diciendo que no es ruso y maldiciendo. Lo que yo os decía, un intenso que todavía no se hace una idea de su situación. Resulta que el tío se rebota porque la familia del pobre Atticus emigró a Inglaterra a causa de las masacres y persecuciones que sufrieron los judíos rusos. 

Atticus se lo dice a Rose con miedico, las cosas como son. Espera un desenlace fatal cuando ella se queda pensativa. Pero ella abre la boca y dice algo así como que antes era ruso y judío, y ahora es judío e inglés, ¿cuál es el problema? A él se le bajan los... de la garganta y sonríe. Y le dice que quiere volver a verla, que eso en su idioma quiere decir algo así como: tengo tierras, hermosa. 



Veréis, veréis la que se va a liar cuando esto se formalice. ¡Un judío, nada menos! Lo del negro se va a quedar en mantillas, queridxs. Que os lo digo yo.

Que me gusta Rose, vaya. Y Atticus. Y eso que es banquero.


Hoy estoy... nerviosa
Y estoy escuchando... Besos en la frente -Joaquín Sabina

miércoles, 22 de octubre de 2014

Historias de la p*** carrera (I): Los profesores.

Los que hicieron la mili cuentan historias de la mili. Los que hemos ido a la universidad contamos las batallitas de la carrera. Y no sé qué es más cansino y más divertido. Lo que sí que sé es que es un pelín triste: he llegado ya a ese punto de contar batallitas. Jo.

Hoy, mientras estudiaba, recordé (y no en muy buenos términos) a un profesor de la carrera. Mi mente divagó de ahí a otros y acabé, sin saber muy bien cómo, clasificándoles. A veces cualquier cosa es más interesante que estudiar.

Hablo de lo que conozco, que es la Licenciatura de Filosofía, pero supongo que en otras carreras puede pasar algo parecido. Total, son muchas horas, uno tiene que encontrarse de todo, ¿no? Veamos a ver si reconocéis estas clasificaciones. 

  1. Los/as filósofos/as momia. Creo que en toda carrera universitaria hay un profesor de este estilo, aunque no se le aplique esta etiqueta. Se trata del catedrático que tiene muy claro que sabe y no necesita demostrarlo. Y así ocurre que el resto del mundo no sabe si sabe o si no sabe, porque cuando habla no hace más que soltar una retahíla de paráfrasis indescifrables. Eso es terrible en cualquier área, pero si nos vamos al campo de la filosofía, os lo podéis imaginar. Además es un profesor que considera insultante el desconocimiento: si alguien pregunta una duda (por ser considerados, porque dudamos de todo, más aún que Descartes) el profesor en cuestión lanzará una mirada fulminante y un comentario humillante del que se desprenderá que esa pregunta es una estupidez -sea la que sea- y que tu obligación, si estás sentado en esa clase, es saber la respuesta a la misma. Más de una vez me quedé con las ganas de contestar que si lo supiese no estaría allí, aguantándole. Porque además son dificilillos de tragar: a esta aparente y despectiva superioridad intelectual suelen sumarse rasgos carcas. En el caso de mis profesores, sobre todo, machismo y desprecio generalizado por los alumnos. Por cierto: para este tipo de profesores, no importa lo inteligente que seas, las buenas notas que tengas, ... Nunca estarás lo suficientemente capacitado para aprobar su clase. Una joyita, vaya. 
  2. Los/as que vienen a hablar de su libro. Son profesores más o menos famosos dentro de su ámbito, a veces incluso fuera de él. Dependiendo del grado de profesionalidad que tengan, lo que hayan dicho otros pensadores acerca del tema del que trata la clase se la suda entre bastante y totalmente. Si tienes suerte, darán un rodeo por las posturas de otros autores para acabar en su obra, su propia postura y los que considera sus precedentes. Si no, cada clase se convertirá en una conferencia acerca de lo mucho que mola su postura. ¡Ah! Y si disientes es que no lo has entendido. BONUS: Suelen obligarte a comprar su(s) libro(s): va(n) para examen o para prácticas.
  3. Los/as que le echan morro al asunto. Dicho claramente: los que no tienen ni puta idea de un tema, pero aún así, imparten la clase. Se subdividen, a su vez, en dos grupos. Los que controlan de algún tema, pero están dando clase de otro, por un lado. Es curioso, porque a estos los tienes en una clase y quieres morirte, pero luego te los encuentras en otra -porque no te queda más remedio, después de la primera experiencia- y alucinas. También pasa al revés: los coges porque has tenido una buena experiencia y te llevas el chasco de tu vida. Por otro, los que no controlan de ningún tema -que tú sepas- y aún así, sin que nadie sepa cómo, han acabado dando clase en la Universidad. Aunque digan que la palabra "alienación" proviene de las palabras "alien" y "nación". Tener clase con este tipo de profesores (de los dos subtipos) es altamente frustrante. Primero, porque no te enteras de NADA. Segundo, porque el hecho de que te busques la vida por tu cuenta para entender la materia no garantiza NADA: no va a entender tu examen. Creedme, been there, done that. ¿Qué haces? Pues repetir los sinsentidos que hayan dicho (aunque dijeran que un filósofo que escribió algo varias veces y en varias obras no tuviera muy claro lo que quería decir) y olvidarlo inmediatamente después. Salir del examen corriendo y agitando los bracitos. Opcional: huir haciendo la croqueta.
    • Nota: algunos de ellos lo intentan y acaban dando unas clases algo descafeinadas, pero pasables. Algo es algo.
  4. Los locos.  Cuando digo locos no lo digo metafóricamente, lo digo de verdad. Hablo de gente que claramente no está capacitada psicológicamente para llevar una clase. Entre ellos hay una cantidad de subtipos para aburrir. Algunos de ellos:
    • Bipolares: un día te aman y al siguiente te odian. Llegas incluso a pensar que están enamoradxs de ti, porque eso no es ni medio normal. Del mismo modo, cambian criterios de evaluación, contenidos, plazos,... lo que les de la gana, de un día para otro.
    • Con problemas de memoria: olvidan cosas sin relevancia como que, por ejemplo, ese mismo día y a esa misma hora tienen un examen final con una clase de 40 alumnos. Nada que no se pueda solucionar jodiendo a los alumnos pidiéndoles un trabajo para evaluarles.
    • Con problemas organizativos: pierden cosas. Pero no cosas importantes: solo tu examen. Además se empeñan en que no te presentaste y te toca hacer la recuperación. Te lo dicen el mismo día de la recuperación. Eso sí, por la mañana. 
  5. Los/as didácticos/as. Son esos profesores que te hacen sentir estúpido porque, en el momento que te explican algo, lo pillas al vuelo. No importa que lleves cuatro años de carrera intentándolo: te lo explican ellos y lo entiendes. Yo empecé a entender la metafísica de Aristóteles en quinto de carrera. Y eso que había referencias a la metafísica de Aristóteles en una de cada tres clases, si no más. Consejo emitido por la voz de la experiencia: si estás estudiando y te encuentras a uno de estos profesores ABSÓRBELO TODO. Guarda apuntes, fotocopias, bibliografía, GRÁBALO SI HACE FALTA. Puede que lo que diga no vaya para examen de esa materia, pero seguramente te ayude a entender otras cosas que vengan después. 
  6. Los/as entusiastas. Son esos profesores que te reconcilian con la carrera. No conozco a nadie -si estáis ahí, manifestaos- que no haya pensado alguna vez en mandar su carrera a tomar por saco viento. Es normal: te encuentras de cada cosa que acabas más quemado que los palos de un churrero. Pero de vez en cuando entras a una clase nueva, con un profesor que no conoces. Vas como res al matadero, porque te has cogido la asignatura obligado: era la única que te cuadraba en el horario, el resto de asignaturas que te venían bien las imparten locos, momias, inestables, etc.,... Por lo que sea, acabas allí. El primer día te acojonas, porque el profesor/a te expone un plan de curso que es de retraca. Pero a medida que vas yendo a clase el profesor consigue que te apasione la materia, porque a él le apasiona. Y mucho. Con frecuencia un tema le da pie a digresiones que son todavía más interesantes que la propia clase (recuerdo a un profesor recitando el Viaje a Ítaca <3). Sales de cada una de sus lecciones con un montón de libros/películas/cuadros apuntados en los márgenes de los apuntes. Y deseas haberle conocido antes. Y suspiras cada vez que recuerdas al profesor y su materia.
Mientras escribía este post se me ha ocurrido que también sería interesante ver los tipos de alumnos. Pero eso, si acaso, será otro día.

Bueno, qué, ¿reconocéis estas tipologías? ¿En vuestras carreras también se aplicaban? ¡Contadme cosicas! :)



Hoy estoy... intentando desconectar
Y estoy escuchando... Oxímoron - Ismael Serrano

martes, 21 de octubre de 2014

Metáforas

Soy una mujer que hace uso (y abuso) de las metáforas. Me parece que las metáforas acentúan lo que cada cosa tiene de especial, de original. La fórmula de la metáfora es un "ser como". Como si, parecido, similar, pero nunca igual. Decía Nietzsche que en el principio todo lenguaje era metáfora y que, con el paso del tiempo, los hombres han olvidado ese detalle, convirtiendo a las palabras en conceptos, haciendo el lenguaje más útil y cómodo pero más pobre. Yo procuro mantener vivo el recuerdo de las metáforas. Quizá sea el único aspecto nietzscheano que hay en mi persona.

Por ejemplo, gusto de decir que la vida es como una guerra eterna. Vamos sobreviviendo batalla tras batalla, perdiendo o ganando, hasta que algo nos hiere de muerte. 

Esa es solo una. De hecho, me doy cuenta de que soy bastante aficionada a las metáforas bélicas. Algún día pensaré por qué. Hace algunos meses escribía a una amiga una metáfora solo para ella, pero hoy voy a desvelar parte de la misma. Le decía que era una amazona. Una mujer vivaz, valiente, luchadora, sacrificada, ... Una guerrera. Una superviviente de una gran batalla. Y una vencedora, además.

Mi amiga, como las amazonas, tuvo que ceder una parte de su cuerpo para continuar en la guerra, para seguir luchando. Y el sacrificio mereció la pena. Hoy mi amiga tiene una sonrisa el doble de hermosa. Por compensar, supongo.

Pero hay otras amazonas que han luchado con la misma fiereza, con la misma habilidad, ... Pero ahí está, la vida es metáfora, y todo "es como" pero no "es igual que". Ayer me dieron la noticia de que una de esas valientes amazonas había caído en combate. 

Llevo desde ayer dándole vueltas a lo injusto de la situación. Pero no corresponde al mundo de la metáfora hablar de lo justo y lo injusto, sino de lo hermoso, lo terrible, lo sublime, lo épico. Estoy segura de que su vida podría escribirse con metáforas maravillosas. 


Aunque hoy por hoy eso no consuela. Ni un poco.




Hoy estoy... pensativa
Y estoy escuchando... Eres - Ismael Serrano

lunes, 20 de octubre de 2014

Peli: Capitán América. El soldado de invierno.


Una de cal y otra de areeenaaaa... Eso me das tú mi amorrrrrr. xDD

Después de la súper reseña de ayer -que os hizo mucha gracia- vengo con una peli que sí me ha gustado, y mucho. Lo cual también se agradece, porque antes que esta película vi Sin City: A Dame to Kill For y me pareció un bluff tremendo.

Cada nueva película de los superhéroes de Marvel me deja más satisfecha que la anterior. Bueno, no siempre, pero en general me dejan un muy buen sabor de boca. Ver cómo se van entretejiendo historias y se crea un universo -que ya existía en los cómics, claro- mediante las referencias entre películas y los avances es... genial. Para una frikilondria of the world como yo, casi orgásmico.

En esta película Steve Rogers, nuestro Capitán América, sigue más perdido que un pulpo en un garaje, intentando ponerse al día en el mundo en el que vivimos, que no es el de los años 40, ni parecido. ¿Os podéis creer que aún no ha visto Rocky? Muy mal, Steve, muy mal. Pero bueno, tiene mucho que hacer: las cosas ha cambiado y, aunque en su momento se alistó voluntariamente para luchar en la II Guerra Mundial, lo del servicio ahora mismo no le acaba de cuadrar. Se huele el muchacho, que no tiene mal olfato, que en SHIELD algo se pudre. 

Por cierto, aparte de no tener mal olfato, tiene otras cosas muy bien. No sé yo qué será, porque a mí no me han gustado nunca los rubitos de ojos claros musculados, pero a este me dan ganas de mirarlo un par de veces... :P


domingo, 19 de octubre de 2014

Libro: Highlander: El beso del demonio, de Donna Grant.


Después de leer El jilguero necesitaba un libro con el que desconectar un poco. Un libro entretenido, sin demasiadas pretensiones, algo para leer y disfrutar, simplemente. Tras haber leído El beso del highlander, de Karen Marie Moning, que me dejó tan buen sabor de boca pensé: ¿Por qué no darle un intento a los highlanders de Donna Grant? Así lo hice. Vamos con la reseña.

¿De qué va el libro?

Cara es una joven huérfana que vive en un convento y que está a punto de convertirse en monja. Mientras recoge setas para elaborar una medicina para una de las niñas del convento se acerca demasiado al maltratado castillo MacLeod, del que se cuenta que alberga fantasmas y otros seres extraños. Llevada por su curiosidad acaba perdiendo un colgante que su madre le encomendó antes de morir y, en su intento por alcanzarlo está a punto de caer por un precipicio. Menos mal que uno de los hermanos MacLeod, Lucan, al que se supone muerto desde hace cientos de años, está cerca para salvarla. Él, y el dios que habita en su interior, claro...  Ese gesto cambiará las vidas de Lucan y sus hermanos, así como la de Cara, que acabará descubriendo que está destinada a ser mucho más que una simple novicia.

Hablando del libro...

Nota: no me ha gustado NA-DA. Pero lo que es nada. Nada. Desde las primeras páginas el estilo me pareció, no sé, ¿poco elaborado? ¿Repetitivo? No sabría decirlo. No le di demasiada importancia porque, al fin y al cabo, acababa de empezar con esta autora y tal vez tenía que hacerme a su estilo. Así que esperé que, a medida que avanzaba la historia, el estilo fuese perdiendo importancia y que la historia me llevase, que me hiciese olvidarme de todo salvo de ella misma. 

Y pasó. Pasó, pero no para bien. La historia está construida, ¿cómo diría yo? ¿A pegotes? No sé, no fluye naturalmente, sino que periódicamente van metiéndose detalles como de la nada. O a lo mejor soy yo, que me he perdido las señales previas, no sé. Después, los personajes. No sé, no veo una evolución demasiado significativa en los personajes, salvo quizá en Falon, el hermano mayor. Pero es algo tan esperable que...

Después están las incógnitas. Incógnitas alrededor de Cara, de su magia, del colgante de su madre,... Se les da una gran importancia y luego se resuelven de una manera bastante torticera, me parece a mí. 

Por último está la historia de amor. Si es una novela romántica, se supone que tiene que tener una historia de amor interesante, ¿no? ¡Algo! Un poco de tira y afloja, un poco de todos esos obstáculos que nos ponemos a nosotros mismos para no enamorarnos. Pues no. Este par de dos, desde el momento que se ven, están prendaditos el uno por el otro como si se conociesen de toda la vida. Tampoco me ha gustado demasiado.

Pero claro, esto se entiende si pensamos que todo lo demás que tiene el libro (fantasía, magia, acción, incluso el romance descafeinado) es una excusa para introducir sexo en el libro. Que sí, que cuando yo cojo un libro de Highlanders espero fragmentos eróticos. No me molestan, es más, me gustan. Pero espero que esos fragmentos cobren sentido dentro de la historia. Y qué queréis que os diga, para mí esta historia tiene muy poco sentido, o ninguno. Hablando de las escenas de sexo en sí mismas, pues tampoco me han gustado demasiado. Son un ejemplo bastante ilustrativo del sexo que a mí NO me gustaría tener. 

Si a esto le añadimos un final que no es final ni es "ná", en el que el romance culmina a todo correr y los personajes aparecen de la nada solucionando buena parte de los problemas de los protagonistas, pues rizamos el rizo. Acabé anoche la novela y me pregunté qué había pasado ahí. Nada. Casi 300 páginas en las que no pasa prácticamente nada. Pues vale.

Como ya he dicho, se quedan todos los misterios, prácticamente, por resolver. Pero creo que podré seguir durmiendo sin saber qué pasa después. Mucho me lo tienen que recomendar para que vuelva a leer un libro de esta autora o, al menos, de esta serie. Y eso que me la recomendaron como un referente del subgénero "highlander". Psé.

Os dejo un trocito...

Para que os hagáis una idea.

Él le tocó los pechos, pellizcándole ambos pezones. Ella dio un grito ahogado y echó la cabeza hacia atrás, apoyándola sobre su pecho.
- Lucan.
-Sí, hermosa. Siento tu deseo. 

¿Sí hermosa? ¿Siento tu deseo? ¡Pero qué mierdas...!


En resumen, este libro...

1/5

A continuación, y cambiando radicalmente de tercio, voy a empezar La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, que últimamente se me aparece mucho y lo tengo pendiente muchos años.


Hoy estoy... animada
Y estoy escuchando...Cinco minutos - La Fuga

sábado, 18 de octubre de 2014

Canciones a medida.


Estoy segura de que cada uno de nosotros, incluso aquel que no siente especial amor por la música, tiene su propia banda sonora. Estoy segura de que si os pido que penséis en canciones importantes para vosotros se os ocurren varios títulos a todos. ¿A que sí?

A lo mejor nuestra vida no es ópera, pero seguramente sí zarzuela (¿quién no canta a veces como si la vida le fuese en ello para expresar sus sentimientos? Aunque sea en la ducha...) O, al menos, nuestra vida es una película con una banda sonora de esas reconocibles. De las que suenan y evocan acontecimientos. Estoy segura.

Ya os conté una vez que hay canciones que me recuerdan a personas. No puedo evitarlo. Y también hay canciones que me recuerdan a momentos. Incluso hay alguna canción escrita por mí, y alguna escrita para mí. Mi vida tiene una banda sonora de lo más surtida y variopinta. 

Sin embargo en los últimos tiempos me he dado cuenta de que hay canciones que parecen estar hechas para mí, que parecen contar fragmentos de mi vida. Es de lo más extraño. Y curiosamente, el responsable de las mismas es siempre el señor Ismael Serrano. 

Recuerdo cuando escuché por primera vez la canción "No reconozco". Hacía poco que me había separado de Jack. Yo sí me reconocí en ella desde las primeras palabras. Pero al llegar al estribillo no podía parar de llorar. Era como si alguien hubiese sacado  pensamientos de mi cabeza y les hubiese puesto música.

Ya ves que la vida tiene el mal gusto de seguir su curso
sin contar conmigo.
Todo parece un decorado triste y obsceno
porque no estás tú.
Ya ves que el mundo no tiene la delicadeza
de pedir perdón por echarnos a un lado de malas maneras
para seguir su camino.
Todo parece un teatro mal interpretado,
amarillo cuarteado,
porque no estas tú.

Ha vuelto a pasarme. Esta vez es, todavía, más raro. Porque bueno, al final, el hecho de estar separado de alguien no es muy específico. Nos puede pasar a cualquiera. Pero, ¿qué pasa si la canción narra parte de tu primera y segunda cita? A mí me ha acojonado un poco, las cosas como son. Aunque, siendo justos, esta canción parece habérsela escrito a Jack...

Llegué pronto, contra mi costumbre
a la hora en que los lunes dejan por fin de doler.
En fin, tener miedo y estar vivo
a menudo es parecido, así que,
¿cómo no temerte a ti?

Y así iluminaste la calle
irrumpiendo cual milagro
"¿Llevas mucho esperando?"
"Solo un rato", te mentí.


Jack y yo nos conocimos un lunes de noviembre, a la hora en que los lunes dejan de doler (las 8 de la tarde). Seguro que os confirma que estaba muerto de miedo. Y cuando yo llegué le pregunté justo eso: ¿Llevas mucho esperando? Él me dijo que no, que un poco. Y era mentira. Podéis leerlo en esta entrada de hace unos meses.

Hay una pequeña diferencia. Nosotros, en nuestra segunda cita, no fuimos al teatro, sino al cine. En lo que sí coincide la canción es en que Jack no se enteró de nada. :P ¡Hasta lo de marcharse de mi casa con la luz del amanecer ha ocurrido de verdad! Además, ¡mediterránea!

Bueno, ¿qué puedo decir? Que es maravilloso reconocerse en una canción tan preciosa...



¿A vosotros os ha pasado algo así alguna vez? ¿Cuáles son las canciones que conforman la banda sonora de vuestra vida?
 

Hoy estoy... sonriente
Y estoy escuchando...Pequeña bachata mediterránea - Ismael Serrano

jueves, 16 de octubre de 2014

(Intento de) cuento.


Un día alguien -cualquiera de nosotros- acabó decepcionado tras visitar una exposición. O tras ver una película. O al ir a comprar bisutería. O al acabar un libro. O al probarse vestidos. Acabó con tal decepción, casi cabreo, que se dijo: yo puedo hacerlo mejor. 

Lo había dicho otras muchas veces, no era la primera. Pero en esta ocasión, vaya usted a saber por qué, la cosa no quedó ahí. Puede que porque lo dijera en alto. Puede que porque alguien lo oyó y le animó. Puede que porque se aburría. Puede que porque tenía ganas de saltar al vacío. O puede que porque le pareció divertido. El caso es que lo intentó: intentó hacerlo mejor. 

El final de esta historia es más o menos incierto. Sé qué pasará, pero no sé por qué. Puede que sí, que lo hiciera mejor, que le felicitasen muchas o pocas personas -quizá solo se felicitó él mismo-. Puede que lo hiciese tan bien que incluso su vida cambiase de ese momento en adelante. O puede que pasase todo lo contrario: que lo hiciese peor. Que no le saliesen las cosas como pensaba. Que se estuviese equivocando. 

Eso da igual, porque como ya he dicho, el final es el mismo: en ambos casos aprendió algo importante sobre sí mismo. 


Intentadlo 
Y si ya lo intentaste, enhorabuena. 






Hoy estoy... ilusionada
Y estoy escuchando...Éramos tan jóvenes - Ismael Serrano

miércoles, 15 de octubre de 2014

Talismanes.

Ya que ayer me confesé -de más- y me puse mística -de más-, from lost to the river. Hoy voy a hablar de mi manía con los talismanes. Total... ya pensáis que estoy como una chota... :P

Tengo un problema serio, y es que suelo dotar de espíritu a las cosas. No a todas, solo a algunas. Las doto de espíritu y las convierto en talismanes. Y desde ese momento se convierten, para mí, en objetos mágicos. Sí, es lo que pensáis: los llevo a eventos importantes (exámenes, por ejemplo), o en la cartera, o en una cadena como colgante, ... Me siento, más que protegida, acompañada por ellos. 

Pero, ¿cómo es eso de dotar de espíritu a una cosa? Es menos loco de lo que parece, lo prometo. Todo empezó cuando era pequeña y mi madre me dio una estampa de Santa Teresa de Ávila (qué oportuno, dado el día que es). Me dijo que la llevara, que me ayudaría en los estudios. Y yo empecé a llevarla, en principio, porque creía. Años después seguí llevándola en la mochila, no porque creyese en Santa Teresa, sino porque me la había dado mi madre y era importante para mí. 

Lo mismo me pasó hace un par de años. Una amiga me mandó para mi cumpleaños, como regalo, un conjunto de talismanes. "No sé si crees o no, pero llévalos, que te protegerán". Desde entonces llevo dos de ellos siempre colgados en una cadenita y otro en la cartera. No sé si los talismanes me protegen, pero cuando los veo siento a mi amiga cerca y eso me hace sentir bien. 

Y así. Mis talismanes lo son porque tienen algo de mi gente. Esa es la razón por la que nunca me quito mi alianza. Por la que llevo una pequeñísima pinza de madera siempre en mi agenda. Por la que todavía tengo, desde las navidades pasadas, un abeto de cartón en el escritorio. Por la que, cuando tengo que enfrentarme a un reto, elijo ciertas barras de labios y no otras. Porque a través de esos objetos, de esos talismanes, siento cerca a gente que está lejos.


Hoy estoy... ilusionada
Y estoy escuchando... Quisiera - Ismael Serrano

martes, 14 de octubre de 2014

Visiones.


Sé que esto puede sonar raro, pero a veces tengo visiones. Son como un déjà vu, pero al revés. No son un "esto ya lo he vivido", sino un "esto lo voy a vivir". Me ha ocurrido muy pocas veces en mi vida, poquísimas, solo tres, pero en una de esas ocasiones mi visión se ha cumplido. Sí, sí, una estupidez, lo que sea. Pero de verdad que me ha pasado.

Normalmente me pasa al ver o tocar ciertas cosas. La primera vez que me pasó fue al tocar mi guitarra por primera vez. No al tocar música con ella, sino al cogerla en mis manos. Supe que compartiría canciones con un gran amor, que tocaría con aquella guitarra canciones para él. Y que me enamoraría de él al oírlo tocar. Y me pasó. Luego no acabó bien, pero eso es otra historia.

La segunda vez que me ocurrió fue un día después de tener mi primera cita con Jack. De camino al supermercado pasé por una tienda de artículos para bebés.  Tuve una visión de mí misma con una tripa enorme -y no era de comer- comprando cosas para un bebé. De repente las imágenes empezaron a ir hacia atrás, como si estuviese rebobinando una película, y en todas ellas aparecía Jack. La visión se detuvo en aquel mismo momento, en el que yo caminaba hacia el supermercado.

La tercera vez ha sido esta mañana. Estaba limpiando la cristalería de mi madre, guardada desde siempre y por siempre en el mueble del comedor. Nunca se usa. Se saca de los armarios una vez al año, para limpiarla y volver a guardarla. Así que ahí estaba yo, dale que te dale a las copas grandes, pequeñas, chatas, alargadas,... cuando he tenido una de mis visiones. Bajaba de mi habitación y me dirigía al mueble del comedor. Sacaba cuatro copas de cava y me iba hacia la cocina. Mi padre estaba sentado, viendo la televisión, esperando la comida. Mi hermano fumando un cigarro en el patio. Mi madre, cocinando.  Yo sacaba de la nevera una botella de sidra (mi bebida para brindar) y les decía a todos que había aprobado las oposiciones y que tenía plaza. Que iba a ser profesora, que tenía trabajo, que había empezado a cumplir mis sueños. Y lloraba de alegría. 

Así que nada. A ver si son premoniciones o, simplemente, soñaba el ciego que veía y eran las ganas que tenía.


¿A alguien más le pasan estas locuras?

Hoy estoy... inquieta
Y estoy escuchando...Te vi - Ismael Serrano

lunes, 13 de octubre de 2014

Libro: El jilguero, de Donna Tartt


Queridos y queridas, ¡por fin! Después de leer tantas buenas críticas y de recibir tantas recomendaciones acerca de este libro, lo he acabado. Y, como siempre, voy a contaros qué me ha parecido. Así que, preparadxs o no, allá voy. 

¿De qué va el libro?

En El jilguero acompañamos a Theo Decker desde su adolescencia hasta su vida adulta sin salir -prácticamente- de una habitación de hotel en Amsterdam. Esta es la historia de un young boy gone bad, de un adolescente "echado a perder", que diríamos. No es una vida fácil, he de decir. Pero es, también, y no en menor medida, la historia de una obsesión. O una de esas historias en las que el tiempo parece girar en espiral y no dejamos de encontrarnos una y otra vez los mismos símbolos y de tropezar, una y otra vez, con las mismas piedras. Como nuestras vidas, supongo. 

Hablando del libro...

Con este libro he roto una de mis reglas de lectura. Suelo darme de margen unas 100 páginas antes de abandonar un libro. No suelo hacerlo, siempre me digo: "Venga, aguanta un poco, que algo tendrá que decirte". Pero cuando veo que no, que paso páginas sin pena ni gloria, lo dejo. Ya digo, no suele pasar. Pero con este libro lo habría hecho. Empecé a hacerme al estilo del libro, a Theo y a su historia, más o menos, por la página 200. No es tanto, si tenemos en cuenta de que el librito de marras supera las 1000 páginas. A partir de ahí, lo reconozco, me dejé llevar por el libro y todo fue bien. Pero esas primeras 200 páginas... Me costaron un poco. Ya digo que estuve tentada de dejarlo.

Me alegro de no haberlo hecho. La historia de Theo es apasionante y a la vez, inverosímil. Theo es una de esas personas que parecen tener una suerte terrible, un mal hado. Tanto es así que, hasta cuando parece sonreírle la fortuna, consigue ingeniárselas para convertirlo en algo que le perjudique. Pasas las páginas del libro abriendo, de tanto en tanto, los ojos como platos y preguntándote qué más le puede pasar a ese pobre chaval. Y es que Theo es un superviviente. No hay otra palabra para describirle, supongo.

Es curioso como el anclaje de la historia es una obra pictórica, El jilguero, de Fabritius, que sientes presente aunque pasa la mayor parte de la historia fuera de escena. ¿Cómo consigue Donna Tartt que no nos olvidemos del pequeño cuadro? ¿Cómo consigue hacernos llegar la obsesión de Theo? No lo sé, pero lo hace. 


También me ha gustado, ya que me gustan bastante los libros sobre adolescentes, que en El jilguero vivimos el crecimiento y desarrollo de Theo desde una adolescencia bastante normal que se acaba convirtiendo en una pérdida demasiado rápida de la inocencia y en una madurez demasiado rápida y fallida. Todo esto son tonterías que se me ocurren, vamos. Pero es lo que me ha parecido. He de decir que el primer Theo, antes de que su estancia en Las Vegas le cambie la vida por completo, me recuerda bastante a Holden Caulfield.  ¿No le ha pasado a nadie más? Quizá sea un Holden Caulfield del siglo XXI...

¿Qué encontramos en El jilguero? Pérdida, duelo, drogas, crimen, corrupción...pero también belleza, pasión, delicadeza, amor... ¿Cómo pega todo eso? Pues tampoco lo sé. Pero acaba pegando.

Por último tengo que añadir que leer las primeras 1000 páginas del libro (aproximadamente) ha tenido su recompensa. Leer las últimas páginas de El jilguero es algo genial. Emocionante. Encontramos en ellas mucha sabiduría y el mensaje de alguien que, aunque se declara nihilista y no cree en el pensamiento positivo, cree en la belleza, y cree que es lo que hace que la vida valga la pena. Y cada uno la busca donde puede.

¿Lo recomendaría? Psé, psá. No sabría decir. No creo que sea un libro de esos que puedes recomendar a cualquiera. Depende mucho del lector. Como siempre: intentadlo, a ver qué pasa. Pero dadle 200 páginas de beneficio :)

Os dejo un trocito...

Que aunque no siempre nos alegremos de estar aquí, tal vez sea nuestro deber sumergirnos igualmente; vadear en línea recta a través del pozo negro, manteniendo abiertos los ojos y el corazón. Y en nuestro agonizar, mientras nos levantamos de lo orgánico y nos hundimos de nuevo de manera ignominiosa en lo orgánico, es un honor y un privilegio amar lo que la Muerte no puede alcanzar. 

 Wow. En serio. Wow.


En resumen, este libro...

4/5

A continuación, y para desquitarme un poco de tanta intensidad, creo que leeré El beso del demonio, de Donna Grant. A ver qué tal esta autora.

¡Muá!

Hoy estoy... blandita
Y estoy escuchando... Mi problema - Ismael Serrano

domingo, 12 de octubre de 2014

Confianza en lo público.


Creo que la gente suele tener la concepción de que privado (o dicho en claro, de pago) conlleva una mayor calidad del servicio. Nos pasa con todos los servicios que tenemos al alcance de la mano, educación y sanidad sobre todo. Y no digo con todos los servicios que tenemos GRATIS, porque no, esos servicios se pagan. 

Hace poco veía un reportaje sobre uno de los colegios privados más caros. Costaba unos 1000 euros al mes escolarizar a un alumno en él, aproximadamente. Yo pensé, idiota de mí: "¡Buah! En ese colegio los profesores deben cobrar un pastón!". Claro, yo pensaba que si era tan caro tenía que haber una razón: que era mucho mejor que un colegio público. Y lo que hace un colegio mejor, en buena parte, son sus profesores. Así que yo creía que ofrecerían unos salarios de escándalo para atraer a esos profesores y profesoras excelentes. ¡Y UNA MIERDA! Los profesores cobraban 1.200 euros al mes. Los empleados de la limpieza, aunque no viene al caso, cerca de 800. Ejem. 

No digo que esos profesores fuesen peores que los de un colegio público, pero tampoco tengo razones para creer que fuesen mejores. Y la diferencia económica es bastante. A no ser que se trate de razones no educativas, sino puramente elitistas o de estatus... ¿He oído bingo por ahí?

Con la sanidad pasa lo mismo. Hace unos meses escuché, alucinada, una conversación en el centro médico que me dejó sin palabras. Un señor mantenía que la sanidad no está peor ahora que antes, sino mucho mejor. Prueba de ello era, según él, que en vez de mandar a la gente a operarse a hospitales públicos, como siempre, los mandaban a hospitales privados de Madrid, y les llevaban en ambulancia y todo. Y sí, es cierto, el Gobierno de Castilla - La Mancha deriva a pacientes a hospitales privados de otras comunidades autónomas. Todo eso mientras se infrautilizan las instalaciones públicas. Pero es mejor, ¡porque te pagan la operación en un privado! ¡Viva!

Esto no es nuevo. Hace ya años que están derivando a hospitales privados para pequeñas intervenciones, aunque, que yo sepa, siempre eran hospitales cercanos al público de referencia del paciente. Habrán pensado que los españolitos también tienen derecho a hacer turismo sanitario, supongo.

Le ha tocado el turno a mi padre. Tiene que operarse y hace unos días le ofrecieron dos hospitales privados y uno público, aunque no es el que nos tocaría. Cuando llegó a casa me lo explicó y me dijo:

- Entérate a ver si ese es público, porque como sean los tres privados no me opero. Me haces un escrito o lo que sea, pero yo en un privado no me opero. No me da la gana. Como en un público no me van a tratar en ningún sitio.

Yo estoy orgullosa de mi padre, desde siempre. Pero no deja de darme razones para enorgullecerme más de él.

- Es que no. Cierran plantas de los hospitales, y nos dicen que hay listas de espera. No, de eso nada. Porque luego te mandan a Madrid, y ¡te opera tu médico! ¿No puede operarte tu médico en Albacete? ¡Así no reducen listas de espera! A mí no me van a engañar. Es que nos quejamos mucho, pero no hacemos nada a la hora de la verdad.

Pues eso.

Gracias, papá, por otra lección.


Hoy estoy... de bajona
Y estoy escuchando... Apenas sé nada de la vida - Ismael Serrano

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