Yo sí tengo miedo del infierno.

El otro día recordaba, charlando con alguien, una cuestión de bastante calado filosófico. A esta persona le dijeron una vez que cómo iban a ser buenos los ateos, si no tenían miedo del infierno. Esta cuestión se ha planteado en serio en ética, al entender que, si Dios no existe, si no hay un juez universal, tanto da hacer el bien o el mal: no hay consecuencias últimas.

Yo siempre he considerado que esta visión es infantilizante y dice muy poco de la confianza de lo que la defienden en la humanidad: para creer que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, se nos da muy poco crédito. Se nos trata como niños, que solo obran bien a base de castigos y premios, de promesas y amenazas. Y yo creo que, como seres racionales, podemos ser mejores que eso.

Además, hay otra cosa en la que se equivocan: no creer en Dios, o no saber si existe, no implica, necesariamente, no creer en el infierno. Yo, desde mi agnosticismo despreocupado, puedo decir con seguridad que creo en el infierno, porque lo he visto. El infierno es más urgente, no es necesario esperar toda una vida para esquivarlo o encontrárselo. El infierno está aquí y, como todo, va por barrios.

El infierno lo atraemos o lo alejamos con nuestras acciones. Cuando elegimos abandonar a los que lo necesitan o dar la cara por ellos. Cuando elegimos pensar solo en nuestros intereses o abrir la mirada. Cuando elegimos hacer daño o sanar. Cuando elegimos hacer el mal o lo correcto. Con frecuencia, aquellos que temen tanto el infierno que ha de venir tras la muerte no dan un duro por el de aquí. Y no seré yo quien le diga a Dios, si existe, lo que debería hacer, pero si por mí fuera, y si existiese, no entraría nadie en el Paraíso que no haya contribuido un poco a acercarlo a la Tierra.

Así que sí, tengo miedo al infierno, porque lo siento cerca. Es una amenaza tangible, real e inminente. Por eso intento, con todos mis errores y mis contradicciones, hacer lo correcto, no contribuir a que el infierno se asiente o, al menos, intentar compensar mi balanza.

Eso sí: nos está saliendo regular, todo hay que decirlo.


Comentarios

  1. Muy de acuerdo. Creo que buenas acciones pueden hacer que más gente haga buenas acciones, y viceversa. Tal vez suene esotérico o algo así, pero no, me parece muy lógico. El ambiente nos condiciona. No sé si me estoy explicando, pero bueno.
    Y sí,yo pienso que lo que no tiene ningún mérito es actuar bien porque "esperas una recompensa, o al menos no ser castigado". ¿Dónde está el mérito entonces?
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Eso he pensado yo siempre. Si la única razón por la que hacen el bien es evitar el infierno o ir al cielo lo mismo no son tan buenos.

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  2. El infierno está por todas partes. Aquí. No en el más allá.

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