domingo, 28 de febrero de 2016

Enamorarse de un ornitorrinco.


Esta tarde estaba leyendo El péndulo de Foucault, de Umberto Eco, y me encontré esta cita.


No es la primera que me encuentro en el libro que me da ganas de compartirla con todo el mundo. Lo cierto es que el libro, aunque está siendo una lectura un tanto densa, tiene algunas citas que te dejan sin aliento. Pero en esta ocasión me ha parecido un tema bastante interesante, así que ya tenemos entrada de domingo. ¿Creéis que Umberto Eco, o más bien el personaje que él creó, tiene razón?  ¿Creéis que a veces nos enamoramos queriendo? 

Yo creo que sí. Y no lo creo de oídas: lo sé porque me ha pasado. En ocasiones he sentido tanta necesidad de enamorarme, de querer a alguien, que me he metido en relaciones que me convenían entre poco y nada y que en muchas ocasiones han acabado como el Rosario de la Aurora. O peor. Y digo enamorarme y querer, porque eso era lo principal, saberme enamorada. También habría estado bien que me quisiesen, pero eso ya era secundario. Si no era correspondido "no pasaba nada", porque al menos yo estaría enamorada y sufriendo de mal de amores. Es algo muy romántico, en el sentido más literario del término. Y es que yo era una romántica empedernida. 



Ya hablé de algo parecido en la reseña de My Mad Fat Diary. Decía que a veces me había pasado como a Rae, y había interpretado la simpatía o la amabilidad como una invitación a enamorarme. Y es que cuando estás en ese estado de desesperación, cuando quieres enamorarte por todos los medios, cualquier excusa es razón suficiente y necesaria para hacerlo. Y de quién sea. Como dice Umberto Eco, podría ser un ornitorrinco.



Pensaba que era algo propio de los adolescentes, pero visto que lo dice Umberto Eco por boca de un personaje que no tiene mucho de adolescente, ya no sé qué pensar...

Creo que también puede servir de evidencia a favor de esta hipótesis el hecho de que muchas personas, yo entre ellas, dicen que encontraron el amor cuando dejaron de buscarlo. Quizá cuando dejamos de forzar la máquina es cuando podemos enamorarnos de verdad. O quizá es que, por joder, el amor llega cuando perdemos el interés en él. Como si el amor tuviese voluntad y fuese un grandísimo capullo. Es algo que no descarto, dicho sea de paso. 

¿Qué opináis vosotros? Ale, coged el café, infusión, chocolate caliente o lo que os apetezca y dadme conversación :P


sábado, 27 de febrero de 2016

Puntualidad.

Aurora entró a la cafetería y miró a los lados, esperando que nadie la reconociese. Había dicho a su madre que iba a visitar a su amiga Carmela. Ella había aceptado a regañadientes, pero había aceptado. 

-Tengo que explicarle lo de mates. Se lo perdió por la operación y el examen es la semana que viene -había dicho. 

-Está bien, ve -respondió su madre, compadeciéndose de su amiga convaleciente-. Pero te quiero aquí antes de cenar, a la hora de poner la mesa. 

Aurora aceptó y salió corriendo con su cartapacio. Caminó hasta la parada del tranvía y cogió el que llevaba al barrio de Carmela, pero al bajar no fue a casa de su amiga, sino a la cafetería Sabores. Había quedado allí con Jaime. 

No lo había visto más que una vez, en el mismo tranvía que acababa de abandonar. Se acercó a ella de una manera casual, sin aspavientos, y le preguntó la hora.

-Las seis y veinticinco -respondió ella, y apartó la mirada.

-¿Esa es la hora exacta? Es muy importante, señorita -había insistido él.

Aurora lo miró, un poco molesta, y comprobó la hora de nuevo.

-Bueno, en este momento quizá sean las seis y veintisiete.

-¿Me permitiría comprobarlo, por favor?

Aurora, confusa, extendió su mano izquierda y él la tomó con delicadeza.

-Sí. Y veintisiete. Así que debió de ocurrir a y veintiséis. 

Aurora estuvo a punto de no preguntar, pero no se pudo contener.

-¿Qué? ¿Qué ocurrió a y ventiséis?

-¿No lo sabe, señorita? A las seis y veintiséis fue el momento exacto en el que la vi por vez primera.

Aurora fue consciente de que se había ruborizado y bajó la mirada. Cuando sus ojos volvieron a encontrarse ambos sonrieron. Él se presentó, se llamaba Jaime, y después lo hizo ella. Pasaron los siguiente veinte minutos charlando de cuestiones sin importancia que, en sus voces, parecían sumamente importantes. Cuando ella anunció que tenía que bajar en la siguiente parada él, a toda prisa, la citó para el viernes siguiente a las cinco de la tarde en la cafetería Sabores, cerca de la misma parada en la que habían subido. 

-¿La que hace chaflán? -preguntó Aurora.

-Esa misma -confirmó él.

Y cuando el tranvía se detuvo se separaron sin decirse adiós.

Aurora se sentó en una mesa cercana a la puerta, para que él la viese al entrar, y rememoró ese momento una y otra vez, interrumpiéndose solo para decirle al camarero que estaba esperando a alguien. Solo a la séptima, cuando el camarero la miró con antipatía, consintió pedir una manzanilla.

Aguardó, con las manos alrededor de la taza, hasta que esta empezó a perder temperatura. Decidió bebérsela, ya que la había pedido. Miró el reloj, el mismo que había consultado Jaime hacía unos días, y comprobó que ya pasaban cuarenta y cinco minutos de la hora fijada. Llamó al camarero.

-¿Qué desea la señorita?

-Una tila, por favor.




Esta vez no esperó a que se enfriara. Necesitaba tranquilizarse. La tomó aguantando la temperatura, abrasándose la lengua, y después respiró hondo. Abrió el cartapacio y sacó un pequeño espejo y una barra de labios. Hacía meses que se la había tomado prestada a su madre para una ocasión como aquella. Abrió el espejo, destapó la barra e, intentando controlar el temblor de su mano, se puso color en los labios y se obligó a sonreír. El gesto no fue demasiado convincente.

A pesar de la tila los nervios consiguieron apoderarse de su cuerpo. Aurora no podía quedarse quieta. Cruzaba las piernas hacia un lado y hacia otro, balanceaba sus pies, taconeaba en el suelo, se apoyaba sobre la mesa para después volver a recostarse en la silla,...  Poco a poco sus pensamientos fueron nublándose. ¿Qué le había hecho pensar que un muchacho como Jaime, apuesto y ocurrente, podía estar interesado en ella? ¿Cómo se había permitido hacerse ilusiones al respecto?

Decidió silenciar sus miedos con un trozo de tarta de chocolate. La comió poco a poco, no tanto para disfrutarla como para hacer tiempo. Pero Jaime no llegó. Pidió la cuenta al camarero y se marchó.

Aurora no se dio cuenta de que se había rendido a las seis y veintiséis. La misma hora a la que se habían conocido unos días antes. Justo la hora a la que Jaime, que había sido atropellado por un coche al cruzar la calle para coger el tranvía, dejaba de respirar en un hospital cercano. 


viernes, 26 de febrero de 2016

TAG: 7 cosas sobre los libros.

Ya decía yo en la reseña de La Larga Marcha que esto se estaba convirtiendo en un blog literario. Hoy vengo con un TAG sobre libros que le he copieteado a mi hijafante. Es que ando cortica de ideas... xD

¡Vamos allá!

1. Siete libros que leer antes de morir.

Voy a responder como si fuese de los que yo he leído.  

1. Cyrano de Bergerac - Edmond Rostand.
2. La rebelión de las masas - José Ortega y Gasset.
3. La fundación - Buero Vallejo.
4. El banquete - Platón.
5. 1984 - George Orwell.
6. El nombre de la rosa - Umberto Eco.
7. The Sandman - Neil Gaiman. (Si es trampa, porque son varios tomos, lo cambio por Watchmen, de Alan Moore)

2. Siete citas literarias.

"Vivir siempre ha sido doloroso"
Los Mundos de Täryenn, de Laura Tejada.

" [...] y, amante de tu trabajo,
quedarte un poco más bajo,
pero solo, siempre solo."
Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

"Las cartas son como la luz de las estrellas"
Las voces del Pamano, Jaume Cabré.

"Las ratas no bailan claqué".
El francotirador paciente, de Arturo Pérez-Reverte.

"Aceptamos el amor que creemos merecer"
Las ventajas de ser un marginado, de Stephen Chbosky

"Don Juan no es el hombre que hace el amor a las mujeres, sino aquel al que las mujeres hacen el amor"
Estudios sobre el amor, José Ortega y Gasset.

"Escribir es como besar, pero sin labios. Escribir es besar con la mente"
Contra el viento del norte, Daniel Glattauer.

3. Siete personajes masculinos.

Cogidos así un poco al tun-tun. Estoy respondiendo según se me vienen a la cabeza las respuestas XD ¿Alguien me psicoanaliza a partir del tag? xD

1. Cyrano de Bergerac.
2. Sin de Nacido en pecado.
3. V, de V de Vendetta.
4. Sueño, de The Sandman (aunque no sé si cuenta como masculino xD)
5. Don Juan, de Don Juan Tenorio.
6. Peeta, de Los Juegos del Hambre.
7. Don Quijote.

Y como no me quiero dejar a las siete féminas de libro, allá voy, aunque no las preguntan.

1. Pippi Calzaslargas.
2. Rosana, de La flaqueza del bolchevique.
3. Dulcinea, de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
4. Eleanor, de Eleanor & Park.
5. Minnie, de Criadas y señoras.
6. Evey, de V de Vendetta.
7. Muerte, de The Sandman (y Delirio, dejadme que la meta también XD)

4. Siete personajes que quieres matar.

Algunos no es tanto matarlos como darles fuerte de leches.

1. Tris, de Divergente.
2. Sansa Stark, de Canción de Hielo y Fuego.
3. Harry Potter.
4. Anastasia Steele, de 50 sombras de Grey.
5. Christian Grey, de ídem.
6. Katniss Everdeen, de Los Juegos del Hambre.
7. Íñigo Balboa, de Las aventuras del Capitán Alatriste.


5. Siete cosas que odies de los libros.

1. Que los buenos se acaban.
2. Las ediciones con las letra muy pequeña y el papel de biblia.
3. Cuando el libro se hace spoiler a sí mismo.
4. Las páginas de relleno.
5. Los personajes superficiales o que actúan sin razón aparente. Me gusta entender los por qués.
6. Me cansan un poco los triángulos amorosos en los que todos los vértices son perfectísimos.
7. Que cuando algo se pone de moda los libros similares salen como setas. Ugh.

6. Siete escritores.

1. Neil Gaiman.
2. Stephen King.
3. Ángeles Mastretta.
4. Dulce Chacón.
5. Lorenzo Silva.
6. Rosa Montero.
7. Umberto Eco.

7. Nominar a siete blogs. 

Paso de las nominaciones, pero os animo a hacerlo a todos :)

No me he explicado mucho en las respuestas, pero si alguien quiere saber el por qué de alguna en concreto, puede preguntarlo en los comentarios :)

¡Besotes!

miércoles, 24 de febrero de 2016

Háblame de mí.

Hoy he re-aprendido algo. Es algo que ya sabía, pero lo he confirmado desde otra perspectiva. Yo ya sabía que, normalmente, nosotros somos nuestros peores enemigos, y que el retrato que nosotros nos pintamos se parece más bien poco al que pinta la gente que nos aprecia, y quiero pensar que no es solo por el hecho de que nos aprecien.

Esta tarde he tenido sesión de consejera laboral (o algo) con mi hermano. Resulta que después de bastantes años en la misma empresa, se va al paro. Y mi pobre hermano, que en su vida ha tenido que hacer un currículum, ayer me pedía ayuda casi desesperado. ¿Y qué tenía que hacer yo? Pues sacar tiempo de donde sea para echarle una mano, evidentemente. Así que, como decía, hemos pasado un buen rato haciendo su currículum. He cogido una plantilla resultona pero sobria (la de mi propio currículum, no creo que lo echemos a los mismos sitios xD) y me he sentado delante del portátil con mi hermano al lado. He empezado a entrevistarlo, a preguntarle fechas,  funciones de los distintos puestos de trabajo, habilidades, cualidades, etc. 

Lo primero que me ha sorprendido es lo facilísimo que me ha resultado redactar su currículum. Cuando me disponía a retocar (que no a redactar por completo) los míos, me pasaba toooooooooooooda la tarde. En este caso en algo menos de una hora teníamos todo redactado, cuqui e impreso. Me ha resultado muy, muy sencillo redactar las cosas que mi hermano ha hecho y sabe hacer cuando redactar mis propias habilidades me costaba un montón. 

Tendríais que haber visto la cara de mi hermano con el proceso de traducción simultánea del lenguaje coloquial al "lenguaje currículum". No tenía precio. Pero lo que me habría gustado de verdad es que pudieseis ver su cara mientras redactábamos un último apartado: "Otras capacidades y habilidades". Yo solía incluir en este apartado cosas que no son experiencia laboral, ni académica, ni cursos, pero que considero que pueden ser interesantes a la hora de trabajar. 

-Bueno, ¿qué se te ocurre? ¿Qué más sabes hacer?

-Pues no sé... -decía mi hermano.

Y yo he empezado a escribir. A señalar algunas de sus habilidades y cualidades más interesantes. Y no me ha costado nada, han salido de manera natural. Y su cara... ¡Ay, su cara! Como si no pudiese creerse lo que estaba diciendo, ni más ni menos. 

Se me ocurre que sería un buen ejercicio pedirle a la gente que nos rodea que, en lugar de hablarnos de ellos, nos hablen de nosotros. Creo que vernos a través de sus ojos es un bálsamo (temporal, al menos), para las heridas del alma y un buen alimento para nuestra autoestima.




martes, 23 de febrero de 2016

Una fantasía.

Tengo una fantasía. Bueno, tengo varias, soy una persona muy soñadora. Pero hoy quiero hablaros de una fantasía. Me ha venido a la mente porque el otro día un compañero me llamó Jessica Rabbit. 


Me hizo gracia porque ya me gustaría a mí... No, no ser Jessica Rabbit, pero sí algo parecido.

A veces, cuando me da por fantasear, me imagino en el escenario de un local de jazz. Detrás de mí hay una pequeña banda. Delante, un micrófono de pie. Yo llevo puesto un vestido azul oscuro, brillante, que destella con las tenues luces del local, y unos guantes que llegan hasta más arriba de los codos. El vestido tiene una abertura casi infinita. Llevo un peinado con ondas al agua y, en un lado de la cabeza, una orquídea. Y los labios rojos, muy, muy rojos. Se hace el silencio y un foco me ilumina. Y yo empiezo a cantar y se hace el silencio. En mis fantasías casi siempre canto "Blue velvet". 



Eso nunca va a ocurrir, claro. Pero nada me impide soñarlo. Últimamente lo estoy soñando con mucha más fuerza, porque no paro de ver vídeos de Postmodern Jukebox, un grupo que versiona canciones pop con un aire vintage. 

Mirad lo que hacen con "Womanizer", de Britney Spears. 


O con "Careless Whisper"...


Bueno, yo ya os he contado una de las mías. Ahora, ¿compartís conmigo alguna fantasía loca que tengáis? :)

lunes, 22 de febrero de 2016

Libro: Ahora que la vida, de Ismael Serrano.


Este poemario está en mi lista de lecturas en curso desde enero. Lo que he hecho ha sido ir leyendo cada noche un par de poemas o tres -y no todas las noches-, para no empacharme. Lo acabé ayer mismo, así que hoy he sacado un poco de tiempo para contaros qué tal. 

¿De qué va el libro?

El libro es una recopilación de poemas escritos por Ismael Serrano entre finales de 2010 y 2013. 

Hablando del libro...

A ver, ¿por dónde empiezo? ¿Por la impresión general? Pues allá va: el libro no me ha matado. Lo digo sin problema: aunque soy una grandísima fan de las canciones de Ismael Serrano, sus poemas, en general, no me han enloquecido. Hay excepciones, claro. 

Algunos de estos poemas ya los había leído, porque Ismael Serrano los había publicado en su blog. Otros no me sonaban. Bueno, miento, sí me sonaban. De las canciones. Ismael Serrano dijo en la presentación del libro en Valencia que, por lo general, primero escribía el poema y que de ellos salían las canciones. No siempre de un poema sale una canción, sino que una canción puede ser el resultado de unir versos de varios poemas.  Quizá esta es la razón por la que prefiero las canciones a los poemas: llevan algo más de trabajo. 

Lo cierto, y esto tengo es algo positivo, es que el poemario de Ismael Serrano sí me parece honesto, cosa que no se puede decir de toda la obra poética que pulula últimamente por el mundo. Me da la sensación de que son los poemas que alguien escribe porque sí, porque tiene la necesidad de escribir y eso es lo que le sale, aunque esto es una idea mía. Uno de los rasgos que me hacen pensar eso es que en los poemas que van seguidos a menudo se repiten metáforas o imágenes, como si el poeta estuviese anclado en esa obsesión en un determinado momento. De esos poemas hay algunos que, como he dicho, a mí sí me han llegado y me han emocionado, y otros que no. Con las canciones, sin embargo, me pasa lo contrario: son pocas las que no me emocionan. 

A lo mejor el problema es mío, y no de la poesía, ni de los poetas, ni de los poemarios, que podría ser.

Os dejo un trocito...

Es un fragmento del poema "Tener miedo", que es de lo que sí me han gustado mucho. A ver si os recuerda a alguna canción, o a parte de una canción, más bien.

Estar vivo, supongo, es tener miedo,
y sostenerle la mirada
a esas dudas que nos achican los pulmones,
a esa nada parecida
a la sensación del escalón olvidado,
la pendiente abrupta en el asfalto
viajando en el coche hacia una nube.
En resumen, este libro...

No le voy a poner cara, porque no sé, ninguna le hace justicia del todo. Me ha gustado, aunque no tanto como esperaba. Estoy segura de que parte del problema han sido mis expectativas. 



Por el momento voy a dejar de ladito la poesía hasta nuevo aviso. Procuraré seleccionar el próximo poemario con cuidado, porque estoy empezando a creer que la poesía ya no es para mí, y eso sí que no.


domingo, 21 de febrero de 2016

Domingo por la mañana.

Ella madrugaba de lunes a sábado y él solo los domingos. Cuando ella se marchaba a trabajar él solía quedarse durmiendo un rato todavía, intentando abrazarse más a su calor que a las sábanas y, solo cuando su presencia en la cama se convertía en un recuerdo, se levantaba y comenzaba su día. Los domingos era diferente. Ella solía dormir hasta tarde, siempre más allá de las 10, casi siempre hasta las 11, y él se forzaba a abandonar su compañía temprano para que su despertar fuera perfecto. 

Cerraba todas las puertas que había entre la cocina y su dormitorio y disponía todo lo necesario para prepararle un desayuno digno de la cuenta más falsa de Instagram. Comenzaba poniendo la mesa: un mantel individual estampado, un plato sencillo (blanco, con el borde ribeteado de verde) con sus cubiertos a juego y su taza favorita. Después se dirigía al ordenador y buscaba un poema que copiaba a mano y que dejaba sobre el plato. "Primero hay que alimentar el alma", solía decir. Escogía la música y la ponía, controlando que no estuviese demasiado fuerte, para no despertarla. Entonces consultaba su reloj, para asegurarse de que llegaba a tiempo, y empezaba a cocinar. 

Cuando ella por fin se despertaba lo primero que llegaba a sus oídos eran las notas de la música, atenuadas por las tres puertas que separaban su dormitorio de la cocina. Aquello ya la hacía sonreír. Después de desperezarse y aún en pijama caminaba hasta él. Iba abriendo puerta tras puerta, percibiendo la música con más claridad a cada paso, acompañada del olor delicioso de su desayuno. Al abrir la puerta de la cocina él la besaba, la llevaba hasta la mesa y servía el desayuno tardío para los dos. 

Hoy ha abierto los ojos y, a lo lejos, ha creído percibir las notas de Nesun Dorma, de la ópera Turandot. Él suele decirle que es su favorita y que él, como Calaf, había sabido responder a sus enigmas, por eso había podido permanecer a su lado. Sonríe, como cada domingo. Camina descalza hasta la cocina, oliendo a café y tostadas francesas. Hacía tiempo que no se las preparaba. Desde el día anterior a...

Entonces recuerda algo y avanza desesperada, como si quisiese escapar de una pesadilla. En la cocina no hay nadie y, por supuesto, no suena música ni hay rastro de las tostadas francesas que había creído oler. Sobre la mesa no hay poema, ni cubiertos a juego con la vajilla, tan solo la caja de pizza que había dejado allí la noche anterior. En el fregadero se apilan los platos de todo el fin de semana. Solo en ese momento tiene la certeza de que se ha ido. 

No hay momento de su vida que no esté teñido por su ausencia, salvo aquellos primeros instantes de cada domingo en los que vuelve a ser feliz. Tal vez es solo la manera que su mente tiene de que no se acostumbre al dolor, de que siga sintiéndolo con la misma intensidad. Se deja caer apoyándose en la pared y, de rodillas en el suelo, llora. Sí, duele, pero ella lo prefiere así. Si dejase de doler dejaría de importar. Si dejase de doler empezaría a olvidar. Y ella prefería morir a olvidarle.




sábado, 20 de febrero de 2016

Libro: La larga marcha, de Stephen King/Richard Bachman

Esta reseña puede contener algún spoilercillo, 
así que si tienes intención de leer la novela,
 ¡no sigas!



Tenía este libro en pendientes desde hace tiempo. Más o menos, desde que leí El Fugitivo. Fue cuando la gente buscaba precedentes o posibles inspiraciones de Los Juegos del Hambre. En un debate alguien dijo que El Fugitivo era una inspiración. Y otro alguien contestó que no, que La Larga Marcha era más inspiración. ¿Y qué opino yo? Pues que ni idea. Que quizá Suzanne Collins ni ha olido estos libros. Pero que gracias al debate los he leído, y eso es genial. 

Hablando del libro...

Cien adolescentes estadounidenses se preparan para participar en el concurso más popular del país: La Larga Marcha. ¿En qué consiste? En caminar sin detenerse durante tanto tiempo como sean capaces. ¿Y cuando ya no puedan caminar más? Pues entonces... les dan el pasaporte. Solo uno será el vencedor. 

¿De qué va el libro?

Pues la sinopsis lo resume bastante. Se trata de un concurso en el que participan cien muchachos (no hay chicas, curiosidad). La Larga Marcha pretende recorrer la Costa Este de Estados Unidos de norte a sur, empezando, cómo no, por Maine. Desde luego, nunca se ha llegado a cruzar el país entero, es verdaderamente difícil, dado que los participantes deben caminar día y noche sin detenerse. La Larga Marcha se desarrolla durante el tiempo que sea necesario hasta que solo quede un participante. ¿Y qué ocurre con el resto? Pues, como ya he dicho, que "les dan el pasaporte", y estoy utilizando la expresión del libro. Lo que narra esta novela de Stephen King es el desarrollo de una Larga Marcha (pues tienen lugar cada año). Ni más, ni menos.

La verdad, a uno le da que pensar qué le ocurría a Stephen King durante época con los concursos. Este libro fue publicado, como El Fugitivo, bajo el seudónimo "Richard Bachman", porque sus editores creían que Stephen King estaba saturando el mercado. Pues bien, ambos títulos transcurren en una sociedad futura (distópica) en las que hay un concurso favorito de todos que es, se lo mire como se lo mire, una crueldad inhumana. Y me parece mucha coincidencia. Vaya, que me gustaría saber qué pensaba King cuando escribió estos libros. Leyendo La Larga Marcha uno puede hacerse una idea, pues la gran mayoría de los capítulos se abren con alguna cita de un concurso que, así sacada de contexto, da bastante repelusillo.

Sin embargo, aunque tanto El Fugitivo como La Larga Marcha hablan de un concurso cruel, ahí acaba su semejanza. Mientras que aquella novela, a base de pinceladas, nos presentaba una sociedad distópica tan aterradora como interesante, esta sí, deja que se intuya (porque una sociedad tiene que ser una mierda para permitir que jóvenes caminen hasta su límite y, después, rematarlos), pero no habla demasiado de ella. Casi nada, a decir verdad. Bien podría ser que la sociedad no fuese muy distinta de la nuestra. Las consideraciones acerca del contexto que rodea a La Larga Marcha dependen casi por completo del lector.

Esta falta de contexto y de explicaciones es una constante en el libro. Stephen King se centra en el concurso, en el camino de los chavales, en sus pensamientos, sentimientos, dolores,... Y todo lo demás queda tan en segundo plano que no se molesta en decir casi nada de ello. Ocurre con la sociedad, como he dicho, y también con un personaje bastante relevante, el Comandante. El Comandante da la sensación de ser alguien importante socialmente y se sabe que es el máximo responsable de La Larga Marcha, pero no sabemos prácticamente nada de él y aparece en muy contadas ocasiones, a pesar de ser el destinatario de admiración y odio de los participantes del concurso a lo largo de la novela.

Y, del mismo modo que me han faltado cosas, me han sobrado otras. Stephen King suele introducir detalles relacionados con la sexualidad en sus novelas. Pues bien, he encontrado en esta algunas de estas escenas que no sé muy bien a qué venían ni qué propósito tenían. Sospecho que dejar al lector con el culo torcío, pero vamos, que para mi gusto no aportan nada.

La última pega que le puedo poner es el final. Si es que podemos llamar a eso final. De hecho, creo que esta novela no tiene introducción ni final. Y el fin de la novela llega de una manera cortante y poco conclusiva. No me desagrada del todo, pero tampoco es lo que esperaba. Por cierto, es bastante previsible hasta cierto punto.

Pero, y acabaré con lo positivo, el libro me ha resultado muy interesante, a pesar de todas las pegas. No tiene un argumento lleno de giros y aventura: son chavales caminando hasta la muerte. Pero aún así, el señor King se las apaña para que tú quieras seguir leyendo. Supongo que un poco por el morbo de ver quién es el siguiente en palmarla, lo cual te hace sentir un poco miserable. Se trata, como ya he dicho, de una novela que se centra en los cambios que los chavales experimentan durante el concurso, más que en otra cosa. Y supongo que en ese sentido da para pensar bastante.

¿La recomendaría? Bueno, no es una mala novela, a mí me ha gustado, pero no es la primera que recomendaría. En cualquier caso, si te gusta Stephen King y las novelas con este tipo de argumento, no está de más echarle un vistazo.

Os dejo un trocito...

El primer arco rojo del sol asomó por el horizonte, que´do difuminado tras una tenue nube y reapareció en una embestida furiosa. Parecía inicarse un día perfecto, y Garraty lo recibió con un pensamiento incoherente: "Gracias a Dios, podré morir de día."

En resumen, este libro...

3.5/5

Ahora voy a empezar El péndulo de Foucault, de Umberto Eco, que compré en Re-Read Valencia. Pensaba dejarlo para más adelante, porque no me apetece ponerme con libros tan extensos ahora mismo, que me cuesta tanto encontrar tiempo para leer, pero la muerte del autor me ha dado el empujón. Este será mi pequeño homenaje. Espero disfrutarlo tanto como El nombre de la rosa


PD: Este blog se está convirtiendo poco a poco casi en un blog de reseñas xDDDD 

viernes, 19 de febrero de 2016

Cuervos



El pueblo bullía de expectación. No todos los días una estrella de cine internacional visitaba un pueblo como aquel, olvidado por todos, incluidos sus habitantes. Todos recordaban a Paulino el chico. Lo llamaban así para diferenciarlo de Paulino a secas, su padre. Ahora ya no se llamaba Paulino y no tenía nada que ver con aquel muchacho de rodillas arañadas y flequillo rebelde. Esa era la gracia: a nadie le importaba Paulino el chico, pero ahora todos estaban deseando ver al hombre en el que se había convertido. 

Las comadres caminaban hacia la iglesia del pueblo a paso ligero, vestidas de riguroso luto. La más orgullosa hasta se había puesto mantilla. Las muchachas se habían esmerado en vestirse enseñando toda la carne que fuese posible sin llegar a parecer irrespetuosas. Las mujeres jóvenes se secaban las lágrimas que tenían más que ver con las oportunidades perdidas en el pasado que con la muerta.

Normalmente los vecinos esperan al coche fúnebre en la puerta del templo, pero en esta ocasión nadie quería quedarse sin sitio, así que todos fueron entrando y tomando asiento en los bancos, bien apretaditos. El sacerdote tuvo que mediar en una pequeña trifulca por la reserva de un hueco. 

Después de aguardar durante unos minutos que parecieron interminables, alguien, al final de la nave, comenzó a murmurar:

-Ya llegan.

Y el murmullo se extendió banco a banco hasta el altar. Todas las cabezas se giraron al unísono para verlo entrar tras el féretro. Tomó asiento en primera fila, como corresponde a los familiares del difunto y no hizo nada reseñable hasta que llegó el momento de decir unas palabras en memoria de la finada. Todos los asistentes se sintieron muy aliviados al confirmarse que sería él el encargado. Subió los escalones y se colocó tras el ambón. 

Carraspeó, dispuesto a hablar, y el murmullo comenzó a surcar el mar de gente otra vez.

-No va a leer. Parece que no va a leer. 

Así fue, en efecto. El actor deseado por mujeres y hombres de todo el mundo iba a hablar sin papeles. 

-Probablemente ustedes esperen que hable de lo maravillosa que fue la vida de mi madre, de lo felices que fuimos todos, de lo mucho que se la va a echar de menos, pero no estoy aquí para actuar. Eso es lo que hago mientras trabajo. Lo que voy a decir hoy aquí, en presencia de Dios y de vosotros, es que mi madre nunca fue feliz ni supo hacer feliz a nadie. Empleó su vida en ser desdichada y en hacer desdichados a los que la rodeaban. Así, sin aceptar cariño ni consejos, alejó de su lado a todos los que la quisieron y acabó sus días sola. No digo esto con ánimo de escandalizar ni ofender a nadie, sino para que los que aún tienen vida no cometan los errores que ella cometió: vivan mientras tengan vida y sean felices, porque no podrán marcharse al más allá con otra cosa que no sea el cariño que recibieron.

Sin decir nada más, volvió a sentarse.

El sacerdote acabó la misa y, en cuanto anunció a los fieles que podían marchar en paz, la multitud abandonó la iglesia en estampida, alimentándose de las miserias de la difunta y regodeándose en su propio veneno. Nadie quedó para acompañar el féretro hasta el cementerio. Si lo hubiesen hecho y hubiesen guardado silencio durante un rato habrían escuchado un ruido extraño. Cloc. Cloc. Cloc. Como una gotera. Probablemente no le habrían dado importancia. Lo que es seguro es que nadie habría averiguado que venía de dentro del ataúd, que era la muerta, que lloraba, no conmovida por las palabras de su hijo, sino llevada por la rabia de que se hubiese atrevido a dejarla en ridículo delante de sus vecinas el día de su propio entierro. 


jueves, 18 de febrero de 2016

Lo que las mujeres no pueden escribir.


Hace poco tuve club de lectura. Comentábamos La flaqueza del bolchevique y yo iba entusiasmada porque el libro me había encantado. No fue la impresión generalizada. A muchas de las participantes les pareció un libro soez, el personaje les pareció cruel, amargado, antipático (¿y qué tiene eso de malo?) y, además, les pareció un libro muy violento. Eso por citar algunas de las razones que esgrimieron. 

A mí no me queda más remedio que aceptarlas. Si no te gustan los libros violentos, ni las palabrotas, ni la gente un tanto cínica o pesimista, pues normal que el libro no sea tu lectura favorita del mundo. Eso sí, no renuncié a defenderlo y hasta me puse en evidencia: dije, con toda sinceridad, que mi mente en un mal día se parecía a aquella narración, con palabrotas e improperios incluidos, y que el protagonista estaba contando su historia en un día malo de cojones. Además, defendí su cinismo, su pesimismo irónico,... No sé, a mí es que me gustó tanto... Pero nada, que no hubo manera. Una pena. 

Pero, como ya he dicho, con eso trago. Sin embargo, volví a salir del club de lectura indignada (tengo que tomarme el club de lectura con más calma), pero por otras razones. Ya casi al final, una de las lectoras a las que no les gustó el libro dijo:

-Lo que está claro es que esto no podría haberlo escrito una mujer. 

A lo que yo contesté:

-¿Cómooorl? ¿Y por qué no?

La compañera del club dijo que bueno, que una mujer no habría escrito algo así, tan soez y tan violento, que lo que a ella le transmite una mujer cuando escribe es otra cosa. Y yo, que puede que sea una imbécil llena de prejuicios, sentí ganas de salir de allí haciendo la croqueta. Pero no lo hice. Argumenté. Dije que hay mujeres y mujeres y que yo, que soy una mujer, si me pongo puedo escribir cosas mucho más desagradables que lo que se narra en La flaqueza del bolchevique. De hecho, creo que lo he hecho ya en alguna ocasión. Quise aportar ejemplos, pero en el momento no se me ocurrieron. Ahora pienso, por ejemplo, que Dolores Redondo describe situaciones muy, muy desagradables en su Trilogía del Baztán, por ejemplo. ¿Que no usa tantos tacos? Bueno, eso es una cuestión de estilo. La flaqueza del bolchevique pide ese estilo, y la Trilogía del Baztán, pues no.

No sé, me fastidió tanto el comentario... Sé que no es más que eso, un comentario, pero es que tiene tantas implicaciones detrás... Las mujeres, así en general, como colectivo, somos un grupo tan heterogéneo que hacer generalizaciones sobre nosotras es una soberana gilipollez. No todas las mujeres son seres delicados con sobredotación en eso del tacto y la sensibilidad. Algunas mujeres dicen palabrotas. Algunas mujeres se tiran pedos. Algunas mujeres son brutales. Y algunas mujeres que se dedican a escribir cuentan historias incómodas, soeces, violentas o crueles. 

Es que no me quiero tragar eso de la "literatura femenina". La literatura no tiene género. Y, desde luego, la literatura escrita por mujeres tiene en común un hecho: que la ha escrito una mujer. Y ya. 

Y ahora lo que yo quiero son ejemplos para la próxima vez que salga el tema. Ejemplos de escritoras que tienen novelas con historias crueles, violentas, incómodas, con palabrotas, ... Todo eso. ¡Gracias!


domingo, 14 de febrero de 2016

Hablemos de amor.

Love is in the air. Es que hoy es San Valentín y nos ponemos todos, o muy, muy, muy empalagosos, o muy, muy, muy haters. Así que el amor (o el uso comercial que de él se hace) está en boca de todos, para bien o para mal. 

Hace un ratito he visto en Twitter este hilo, en el que se habla del amor romántico y me ha parecido muy interesante.


Es cierto que no dejo de ver últimamente críticas al amor romántico como una manera de quererse anti-feminista. Yo puedo entender los argumentos, pero no creo que sea un tema del amor romántico, sino de cómo se entiende o se deja de entender ese amor. Si utilizo el amor romántico como excusa para anularte, humillarte, coaccionarte,... Pues mal. Pero no creo que estar enamorado/a de otra persona de una manera apasionada y entregada, y ser correspondido, sea en sí mismo negativo o patriarcal. Creo que el amor romántico puede vivirse desde la simetría. Creo, vamos, que a lo mejor me equivoco. Pero es que parece que el modelo de relación correcto se acerca más a ser colegas y compañeros de piso que a otra cosa. Y no sé, a lo mejor para otras personas funciona (no lo dudo, y me parece fenomenal) pero yo... Pues no lo veo.  Y, desde luego, que me parece bien que cada persona viva el amor como mejor le vaya, pero de ahí a denostar totalmente una determinada manera de quererse... ¿Y vosotros? ¿Qué opináis?

Hablando de otras cosas relacionadas con el amor, hace poco leí este post en el blog Romántica, no rosa, de Bona Caballero. Se trata de un blog dedicado exclusivamente a la novela romántica y que la autora lleva de una manera exquisita. Os lo recomiendo muchísimo. Ese blog, en sí mismo, es un contraejemplo para todos los clichés y prejuicios que hay acerca de las lectoras de romántica. Pues el post trata, en concreto, de eso: de cómo ven, desde fuera, a la lectora de romántica. Es cierto que la llamada "literatura de género" es bastante denostada, pero dentro de la literatura de género, la novela romántica es la hermana fea. Y la verdad, no entiendo por qué. La propia Bona Caballero me comentó en una entrada que una razón puede ser porque se entiende que es literatura principalmente femenina. ¿Podría ser eso? Podría ser.

Y por último, para cerrar, un cuadro que no conocía y que me he encontrado por ahí esta mañana. Está en la National Gallery of Ireland, y representa a Hellelil y Hildebrand, despidiéndose por última vez en las escaleras de una torre. Al parecer, el padre de Hellelil consideraba que Hildebrand, que era el guardaespaldas de su hija, no era un pretendiente adecuado para ella y, para acabar con su amor, mandó a sus hijos que lo matasen.

The meeting in the turret stairs, por F. W. Burton

Encontrar esta obra ha sido como un golpe. No solo por lo maravillosa e intensa que me parece (la cara de ese soldado, sujetando y besando el brazo de su enamorada por última vez, por favor), sino porque ha sido una señal para que escriba algo que no sabía si iba a escribir. Y este cuadro me ha dado una escena, así, porque sí. Tengo que escribir esa historia, y que sea lo que tenga que ser. Eso sí, lo que no sé es cuándo. Cuando tenga vida, supongo.

Bueno, ya me despido, no sin antes daros un consejo: ¡Quereos todos los días!

¡Besos!

sábado, 13 de febrero de 2016

Libro: La flaqueza del bolchevique, de Lorenzo Silva.



Tenía esta obra en pendientes desde hacía AÑÍSIMOS. Se me ocurrió sugerirla para el club de lectura hace un par de meses, ¡y me hicieron caso! Así que he podido leerla, finalmente. Es una obra brevísima. No entiendo por qué he esperado tanto. 

¿De qué va el libro?

Todo empieza cuando un tipo más quemado que la moto de un hippie se empotra contra el coche de Sonsoles, una pija, un lunes cualquiera. Producto de la mala leche y del aburrimiento, al tipo se le ocurre empezar a hacerle putadas a Sonsoles y a su familia (bromas telefónicas, espionaje,...) y, en una de estas putadas, ve a Rosana, la hermana pequeña de Sonsoles, y queda prendado, ¡de una chica de 15 años! 

Hablando del libro...

Empiezo comentando el argumento. Encontramos un planteamiento bastante Lolita de Nabokov. No puedo comparar el estilo, pues no he leído Lolita, pero sí encontramos la idea de un hombre adulto que se queda profundamente fascinado por una adolescente de 15 años. En esta novela, la protagonista, Rosana, tampoco es una niña inocente, ingenua y virginal, sino que cree saber muy bien de qué va la vida y el mundo, y, aunque eso les pasa a todos los adolescentes, en este caso es casi verdad. Y el protagonista (y narrador), sin nombre real (o al menos yo no lo he encontrado xD), no es un loco ni un monstruo. Es un tipo cansado, quemado, aburrido de la vida, desencantado del mundo y con mucha mala leche (lo cual es comprensible cuando entiendes en qué circunstancias está contando su historia), pero no un monstruo. Aunque, a este respecto, he de reconocer que yo en algunos momentos sí que he sentido algo de aversión hacia él, la verdad, pero creo que es porque está narrado de una manera muy franca, sin embellecer. Y a veces es un poco bruto.

Lo que más me ha cautivado de este libro ha sido el estilo. Me atrapó desde el primer momento. Pero claro, cuando un libro empieza así...

Era lunes y como todos los lunes el alma me pesaba ahí mismo, abajo del saquito de los cojones. Una tarde pensé que el alma era una tercera bola que llevaba ahí colgando y que me servía tan poco como las otras dos.

...pues qué queréis que os diga, indiferente no te deja. Pero que nadie se llame a engaño. La flaqueza del bolchevique no es un libro en el que el narrador-protagonista se dedica a decir tacos y poco más. Las muestras de cinismo, mala leche y frustración se mezclan con momentos en los que el protagonista se muestra verdaderamente profundo e intelectual (no en vano, estudió filosofía, aunque le sirviese de poco, según sus propias palabras) y con momentos de un maravilloso lirismo. A veces en un mismo párrafo se combinan varios estilos, varias maneras de narrar y, al contrario de lo que podría pensarse, el resultado es maravillosamente hechizante. Un ejemplo de esto es el momento en el que se explica el por qué del título, que no voy a desvelar, por supuesto, pero que me conmovió bastante. 

Y también hay, como no, romanticismo. No es un romanticismo empalagoso ni épico. Es un romanticismo cotidiano y un poco raro (porque no se nos permite olvidar que él le dobla la edad a ella), pero ahí está y, por momentos, es bastante emotivo. Especialmente hacia el final.

Que esa es otra. El final. Hay a quien le estropea el libro por completo. No ha sido mi caso. Pero no digo más al respecto de esto, porque no quiero hacer spoilers. 

En resumen, una lectura breve, adictiva, rápida, pero al mismo tiempo profunda y reflexiva, que creo que no puede dejar indiferente a nadie :)

Os dejo un trocito.

Si yo fuera general o ministro y poseyera secretos de Estado, podrían sacarme hasta el tuétano sólo con enviarme a una espía que supiera sentarse en el banco de un parque a meditar. Ni siquiera haría falta que fuese guapa, bastaría con que no tuviera ninguna deformidad demasiado visible. Cuando le he contado esto a alguien, se ha precipitado a sospechar que me enamoraba con frecuencia. Nada más descaminado. Hoy día resulta extraordinariamente difícil encontrar mujeres (y hombres) que mediten. Ni en el banco de un parque ni aunque les apunten con una pistola en la cabeza. 

En resumen, este libro...

4.5/5

Ya he empezado con mi siguiente, libro, aunque me ha costado decidirme. ¡Nunca he tenido tanta lectura acumulada! O_o. He empezado La larga marcha, de Stephen King, que lo tenía pendiente, pendientísimo, desde hace algunos meses. Ya os iré contando. Apenas he leído un capítulo y tiene muy buena pinta. 

viernes, 12 de febrero de 2016

Queridxs lectorxs...

... en un mes exactamente estaré celebrando el 4º aniversario de este blog. Eso ha sido posible porque yo soy muy cabezota y porque he creado un nexo con este blog: si no escribo en él cada día me falta algo (y no creáis que no lo estoy notando en los últimos tiempos), pero sobre todo porque he encontrado razones para volver cada día a él. Seamos sinceros: si alguien quiere escribir sus neuras sin que nadie lo lea, no abre un blog: se compra un cuaderno. Yo, aunque no tengo pretensiones de ser súper conocida ni me interesa la cantidad de seguidores, sí disfruto compartiendo cosas con vosotros. Me encantan vuestros comentarios, los emails que me mandáis, la interacción en redes sociales,... todo eso. Hasta ahora la experiencia con Cuaderno de Retales ha sido tremendamente positiva. Y, como ya digo, buena parte de la culpa de eso es vuestra.

Por eso quiero premiaros. Este año ya he podido permitirme un regalo un poco más regalo. No es gran cosa, ciertamente, pero poco a poco. ¿Queréis ver qué os he comprado?



Todo tiene un significado. Me explico.
La voz dormida es uno de mis libros favoritos y ha sido, durante mucho tiempo, el que regalo siempre a todo el mundo. Sé que algunxs de vosotrxs ya lo habéis leído, pero bueno, podéis regalarlo a alguien. Es mi libro comodín :) 
El cuaderno precioso... Pues bueno: Cuaderno de Retales. Cuaderno. Ja-Ja. >_< Y además la frase me encanta. No soy muy del positive thinking, ya lo sabéis, pero es cierto que cuando todo está oscuro una lucecita brilla con más fuerza y a veces es todo lo que hace falta: solo una estrella a la que aferrarse. ¡Y lleva el boli a juego, para que seáis cuquis del todo! 

Y, además, tenemos un extra. A. M. Irún se enteró de que iba a organizar un sorteo y le faltó tiempo para colaborar. Así que, además de los regalos antes citados, el ganador o ganadora del sorteo se llevará también una copia digital de la novela de A. M. Irún, Nico, por favor



Y eso es todo lo que hay. Bueno, el ganador o ganadora también recibirá algo manuscrito por mí: una carta, un breve relato, un lo-que-surja,... Lo que sea. Que sepáis que he tenido muy en cuenta las opiniones de los que participaron en la encuesta que propuse hace algunas semanas. Espero que todo el mundo se quede más o menos contento.

Ahora...¿Qué hay que hacer? Pues en este caso el sorteo va a estar dedicado a las historias minúsculas. Así que para participar:
  • Debéis dejar un comentario con una historia minúscula de vuestra propia cosecha. Puede ser de dos líneas o puede ser una entrada que hayáis hecho en vuestro blog (dejadme el enlace). La idea es coger algo cotidiano y escribir sobre ello. Esto puede hacerlo cualquier lector del blog con una excepción: no se admiten comentarios anónimos.
  • PERO si has participado en el blog y no te sientes cómodo/a escribiendo (aunque me encantaría que lo intentases ^^), puedes participar dejando el enlace a una entrada anterior a esta en la que hayas dejado un comentario. Esto es: si puedes demostrar que has comentado en el blog antes del momento de publicación de esta entrada, también tienes derecho a participar. 
  • No se acumulan las participaciones: cada participante tiene derecho SOLAMENTE a un número. 
Y el sorteo, ¿cómo se hace?

Pues como lo he venido haciendo en las últimas ocasiones. Iré asignando un número  del 0 en adelante a los comentarios. Diría que por orden de llegada (lo intentaré) pero podría ocurrir que me saltase alguno porque soy así de despistes. El ganador se elegirá con el número del primer premio del sorteo de la Lotería Nacional del 10 de marzo de 2016. Podéis participar hasta las 12 del mediodía de ese mismo día. Si las dos últimas cifras del número premiado coinciden con el número asignado a algún participante,ese será el ganador. Si no es así, se escogerá con la última cifra, así que, como siempre, ¡los diez primeros tienen más posibilidades de ganar! 

El ganador se anunciará el día 12 de marzo de 2016, fecha del aniversario del blog. 



Y, para dar ejemplo, empiezo yo con una mini historia minúscula que queda fuera de sorteo. 

***

Se conocieron en la cola del supermercado. Ella rió porque ambos habían comprado lo mismo: una tarrina de helado de chocolate. 

-¿Corazón roto? -preguntó.

Y él se limitó a encogerse de hombros. 

Salieron del supermercado casi al mismo tiempo, caminando con lentitud, como esperando algo. Fue ella la que se atrevió a hablar.

-Oye, ¿y si tomamos algo?

-¿Y el helado? -preguntó él. 

Ella miró su bolsa, contrariada. 

-Espera un momento.

Entró corriendo a un bazar chino que había al lado del supermercado y salió en unos minutos con un par de cucharas soperas. 

-Listo -dijo-. Podemos comernos el helado. 

Se sentaron en un parque a devorar sus respectivas tarrinas de helado mientras hablaban de todo, excepto de amor. Al cabo de unas horas, cuando ya había anochecido, él cortó en seco una carcajada.

-Ya no lo noto.

-¿Qué? -preguntó ella.

-Que ya no lo noto. El corazón roto. 

Y entonces la besó. Ambos sonrieron porque los labios de los dos sabían a chocolate. Cuando se permitieron separarse, ella lo tomó de la mano y lo llevó hasta su coche. Condujo hasta su casa y, caprichos del destino, encontró aparcamiento en la puerta. Pensó que aquello era una señal, que estaban predestinados (es tan difícil encontrar aparcamiento en Madrid...). 

-Espera -dijo él, antes de que ella comenzase la maniobra de aparcamiento.

Bajó del coche y empezó a darle indicaciones, gesticulando con los brazos. Ella bajó, cogió el bolso y abrió la puerta del edificio. Se giró hacia su acompañanante.

-Espera. Da un paso atrás. Uno más. Uno más. Uno más -y entonces cerró la puerta, dejándolo fuera-. Ahora gira todo y vete a tu puta casa andando, gilipollas. 

***

Ea, ahí queda eso. ¡Espero las vuestras! Tenéis casi un mes. 

¡Ah! Y, por favor, os agradecería que NO publicitaseis este sorteo. Es para lectores habituales. No me interesa conseguir seguidores. Lo que quiero es que alguien que me aguanta día a día se lleve un pequeño premio. ¡Gracias! (Eso sí, si conocéis a algún lector habitual despistadillo, podéis avisarlo).

¡Besos!

jueves, 11 de febrero de 2016

Libro: El libro del cementerio, de Neil Gaiman.


Acabé este libro el día 3 de marzo febrero, que ya no sé ni en qué mes vivo xD, justo antes de mis "vacaciones", y no tuve tiempo de escribir la reseña. (Para estar de vacaciones estuve bastante ocupada, ejem XD). Así que hoy, con nocturnidad y alevosía, me pongo a escribir la reseña, ¡que ya está bien, hombre! Que si me descuido se me cruza con la del siguiente libro...

¿De qué va el libro?

Nadie Owens es un huérfano cuyos padres fueron asesinados y que acabó siendo adoptado por los Owens, una pareja de muertos de un cementerio cercano a su casa. Así Nad se convirtió en habitante del cementerio y aprendió habilidades que están reservadas solo a los muertos (y a algún que otro ser). Pero el hombre que mató a sus padres sigue suelto y, mientras eso no cambie, Nad estará en peligro.

Hablando del libro...

Me cuesta decir que este libro es una novela, como tal. A ver: es una novela. Pero yo creo que está a medio camino entre la novela y el relato. O quizá da la sensación de ser una especie de novela por entregas. Los capítulos, aunque han de ser leídos en orden, cuentan historias más o menos independientes, o al menos eso me ha parecido a mí, que a lo mejor es una neura mía, podría ser. 

En cualquier caso, esto no es para nada negativo. Me ha encantado leer El libro del cementerio porque en él he encontrado al Gaiman que tanto me gusta. En la obra se mezclan fantasía, superstición, un toque de terror y un estilo casi jovial. Lo digo muchas veces, pero es que Neil Gaiman te narra un asesinato como sin darle importancia, como si te estuviese contando que alguien está bebiéndose un vaso de leche. Hace unos días hablaba con Jack de esto mismo y me dijo que le recordaba a Tarantino, y es algo así. Tarantino te monta una escena en la que están a punto de quemar a un tío y te pone a otro bailando mientras le echa la gasolina por encima. Eso, unido a la música, genera una cierta sensación de irrealidad que no te saca de la historia, sino que te deja fascinado. Pues algo así hace Gaiman. Me explico como el culo, lo sé. Jack y yo nos entendemos porque compartimos la misma enfermedad mental xD

El estilo es muy fluido (si habéis leído a Gaiman, ya lo sabéis) y el libro se lee "sin sentir", que dice mi madre: lees, y lees, y lees y de que te das cuenta te has machacado 80 páginas. Un capítulo más... Y otro más... Y así. Es una lectura muy amena, e incluso entrañable. Yo les he cogido mucho cariño a los personajes :)

Se trata de un libro que se disfruta un montón. No sé si me atrevo a ponerlo a la altura de Stardust, pero por ahí cerca anda. ¡Muy recomendable para iniciarse en Gaiman! :)

Os dejo un trocito...

-Dime todo lo que sepas sobre los ghouls -dijo.
Nad trató de recordar lo que Silas le había ido enseñando acerca de los ghouls a lo largo de los años.
-Hay que mantenerse alejado de ellos -respondió.
-¿Y eso es todo lo que sabes, da? ¿Por qué debes mantenerte alejado de ellos? ¿De dónde proceden? ¿Por qué no debe uno acercarse a las puertas de los ghouls? ¿Eh?
Nad se encogió de hombros y meneó la cabeza.
-Enumera los distintos tipos de criaturas que existen -exigió la señorita Lupescu-. ¡Venga!
-Los vivos -comenzó-. Mmm... Los muertos. -Hizo una pausa-... ¿Los gatos? -aventuró, sin demasiada convicción.

Si es que los gatos son un mundo a parte :P

En resumen, este libro... 


5/5
Ahora estoy leyendo, para el club de lectura, La flaqueza del bolchevique, un libro que tengo pendientísimo desde hace mil años. Me está gustando mucho, la verdad :)

Estoy alucinando con la cantidad de libros que tengo acumulados físicamente para leer. Me falta tiempo para la lectura. ¿Significa eso que me estoy haciendo mayor de verdad?

¡Besos!

PD: Podéis seguir dándome mimitos :P

martes, 9 de febrero de 2016

Al volante.

Hace una hora que he vuelto de mis "vacaciones". Aprovechando la maravilla de horario que tengo este año y que todos los festivos y puentes me pillan en días en los que me toca trabajar, el jueves me marché a Valencia con Jack, hasta hoy. Pero esta vez ha habido algo diferente: yo llevaba el volante. 

Los veteranos de este blog, y los que me conozcáis un poco, sabréis que tenía mucho miedo de conducir. Mucho. Hasta escribí una entrada al respecto que hace ya tiempo que borré por...vergüenza, supongo. Sigue sin gustarme conducir, pero al menos desde hace algún tiempo soy capaz de hacerlo sin que me dé un ataque de nervios. Dicen por aquí que "a la fuerza ahorcan": no me queda más remedio que conducir, así que...

Pero lo de ir a Valencia era otro cantar. Vivo a más de 150 km de Valencia y, aunque es casi todo autovía, es la mayor cantidad de tiempo que he conducido así, seguido, en mi vida. Eso por no hablar de que al llegar a Valencia hay que conducir en Valencia, y yo no tengo costumbre de conducir con mucho tráfico, en ciudad. 

Hace unos meses, un año quizá, me habría muerto de miedo ante la sola idea de irme a Valencia en coche. Pero ahora no. Hoy he ganado tres horas con Jack gracias a que no tenía que depender del horario del autobús y la semana pasada pude descansar el miércoles, consciente de que, si el jueves salía temprano, estaría allí antes del mediodía. 

Son pequeños gestos, cosas que para cualquier otra persona pueden no tener importancia, pero para mí están llenas de significado. Esto, en concreto, me hace sentir que poco a poco voy tomando las riendas de mi vida. O el volante. 

Eso sí, las despedidas en la puerta de casa no son menos dolorosas que las despedidas en la estación de autobuses :(



PD: Permaneced atentos al blog en próximos días. Mientras estaba en Valencia me hice con unas cositas que acabarán en las manos de un/a afortunado/a lector/a de este blog :)

PD2: Voy a contestar vuestros comentarios, ¡que hay un montón! Hoy no me dará tiempo a leer blogs, pero poco a poco. A ver mañana.

PD3: Hacedme mimitos, anda, que hoy los necesito mucho. 


jueves, 4 de febrero de 2016

Buenas nuevas.

Lo primero a lo que quise dedicarme en mi vida fue a la enseñanza. Al menos lo primero de lo que yo tengo conciencia. Recuerdo que, apenas pude ponerme de pie, empecé a jugar con tizas, sentando a muñecas en sillitas frente a una pequeña pizarra. ¿Qué les enseñaba? Ni idea, porque a aquella edad, ¿qué podía saber yo? 

Pues me inventaba las cosas. Sí. Inventaba historias que contaba a mis muñecas. Por eso a veces digo que "escribo" historias antes incluso de aprender a escribir. 

Lo segundo a lo que quise dedicarme en mi vida fue la escritura. Cuando, por fin, aprendí a escribir, me faltó tiempo para empezar a poner esas historias por escrito en cuadernos apaisados de esos en los que los renglones estaban marcados con dos líneas. Puede parecer una estupidez, pero ver aquellas palabras, que habían salido de mi cabecita, puestas sobre el papel me emocionaba un montón. Aquello cambió la dinámica de mis clases: primero escribía cuentos en mi libreta apaisada y después, en clase, se los leía a mis muñecas. También cambió la respuesta a la pregunta "¿Qué quieres ser de mayor?". "Maestra y escritora", respondía. 

Hace unos meses cumplí el primero de mis sueños. Hace unos meses que piso las aulas y que me dedico a aprender y a enseñar. Parecía que no iba a pasar, parecía casi imposible, pero el momento llegó. Lo conseguí. Y lo compartí con vosotrxs porque, en fin, bastantes penas os he contado. Es maravilloso poder compartir cosas buenas.

¿Y ahora? Pues ahora...





Ahora parece ser que voy a cumplir el segundo sueño. La editorial 2deLetras ha confiado en mí y en una obra mía y la van a publicar. Hace unas semanas que esto se viene rumiando, pero ahora ya es definitivo, real. Parte de la reunión que mantuve con la gente de 2deLetras estuvo dedicada a convencerme de que así era, de que no estaba soñando. Empiezo a creérmelo ahora. Y no del todo. Me parece demasiado maravilloso para ser verdad.

Apenas empieza la andadura y queda mucho por hacer, pero quiero dar las gracias a 2deLetras ya no tanto por su confianza, que también, como por su amabilidad y su cercanía. El rato que pasé con ellos me hicieron sentirme en familia y eso no tiene precio. Espero estar a la altura.

Y también tengo que daros las gracias a vosotrxs, por tanto. Por cada comentario, por cada sugerencia, por cada cumplido. Y por la compañía, sobre todo por la compañía. Gracias.

¿Y ahora? Pues ahora a 2deLetras y a mí nos queda hacer algo de magia (a ellos más que a mí, todo sea dicho). Y a vosotros, os queda esperar. Os tendré al día de las novedades pero, si queréis saberlo todo de primera mano, podéis seguir a 2deLetras en Twitter. Son de lo más amajosos, os lo digo yo :P

Bueno, ¿qué? ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? :P


miércoles, 3 de febrero de 2016

Cara y cruz.

Estoy de mala leche. De muy mala leche, de hecho. En los últimos tiempos he podido tomar perspectiva y darme cuenta de que no soy tan mala y egoísta como algunos querían hacerme creer. Más bien todo lo contrario: a veces soy demasiado altruista y dejo de lado cosas que para mí son urgentes, importantes o simplemente que me apetecen para ayudar a otros con sus urgencias o apetitos. Y si había llegado a creerme lo de que era egoísta, ahora casi preferiría que fuese un poco verdad.

Pues, además de eso, cuando una, que ha tenido que poner en orden el asunto en cuestión, hace una recomendación para que algo no se estropee, pasan de su cara. Y entonces, cuando alguien hace justo lo que tú le has dicho que NO haga, te llama: "¡Que se ha roto!", y con eso quiere decir: voy a que me lo arregles + me importa una mierda si te viene bien o no. 

Y eso que no soy informática. Si lo hubiese sido...

Pfs. Estoy en ebullición ahora mismo.

Peeeeeeero, pasemos a la parte positiva del día. Hoy he recibido un Whatsapp de un número desconocido. Me decía que era la hermana de un amigo de la infancia de mi padre y que su hermano tenía interés en contactar con él. Me pedía, por favor, el teléfono de mi padre. Había llegado a mí a través de una tía mía. Cuando le he dicho a mi padre el nombre de su amigo se le ha iluminado la cara. Y cuando le he dicho que quería saber de él, más aún. No se ven desde que tenían 10 años y ahora mi padre ya pasa los 60. Imaginad. 

Pues este amigo ha llamado a mi padre hace un rato y han estado cerca de media hora hablando por teléfono. Él ha estado contándole cómo lo ha buscado durante estos años,  y se han dado cuenta de lo cerca que habían estado en algunas ocasiones. El amigo de mi padre no vive siquiera en la Península, ahora mismo, pero se han prometido que, en cuanto venga a su pueblo, van a verse. 

A mi padre la sonrisa no se le borra de la cara. Y yo... Yo no puedo evitar emocionarme al haber formado parte, aunque pequeña, de este "reencuentro".

Si es que a veces el mundo se pone de un bonito que... 


Mejor acabar así. Dónde va a parar. 

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