sábado, 25 de junio de 2016

Interino/a. Definición.

Hoy me han enseñado esto.


Justo hoy, que ya estoy en paro. Justo esta mañana, con el ánimo en los pies y los nervios a flor de piel. A lo mejor ha sido por eso que, aunque se supone que me tenía que hacer gracia, pues no me la ha hecho.

Yo tengo puesto en mi perfil de Twitter "profesora de quita y pon". Le echo humor, no creáis. Pero esto me parece un despropósito y una simpleza. Con lo desprestigiados que estamos los interinos (que no hemos aprobado la oposición, que no sabemos, etc.) estos chistes no hacen más que avivar la llama del prejuicio.

Soy profesora interina (o lo era, hasta ayer), y no llevo una página de ventaja a mis alumnos. Hice una licenciatura, con bastantes matrículas de honor, por cierto, y un máster, también con bastantes matrículas de honor. Me presenté una vez a las oposiciones, y aprobé la parte de oposición con más de un ocho de nota. Así que mejor que no me vengan con romances. Yo no caí en el puesto de trabajo que tuve hasta ayer por encanto. 

Ni yo, ni mis compañeros. 


viernes, 24 de junio de 2016

Fin de curso.

Ya he acabado mis clases (y mi contrato). Ya no volveré a ver a mis alumnos, al menos dentro del aula. Ya se ha acabado esta aventura que empezaba el 1 de septiembre, después de mucho esfuerzo y mucha espera. 

¿Y qué os cuento yo ahora de mi sueño hecho realidad? Que los sueños pierden lustre cuando se realizan, pero merece la pena. Creo que fue Rita Hayworth la que habló con desazón de esto. Dijo algo así como que los hombres se iban a la cama con Gilda, pero se despertaban con ella. Desde luego, Rita no era Gilda, pero qué queréis que os diga, tampoco me parece algo tan grave :P

Han sido diez meses intensos, entretenidos, geniales. Me ha aliviado muchísimo darme cuenta de que sí, que valgo para esto. Quizá no soy la mejor profesora del mundo, pero me gusta mi trabajo, me gustan mis chicos y chicas, y me gusta lo que hago. Tenía miedo de que, después de tanto esfuerzo, esto no fuese lo mío, así que por esa parte me he quitado un peso de encima. 

¿Y qué saco de todo esto? Sobre, todo muchos aprendizajes y muchas cosas buenas PARA MÍ. Tener trabajo me ha cambiado. No me reconozco casi en la persona que era hace diez meses. Ahora estoy animadísima, tengo ganas de hacer cosas por mí misma, de superarme. He vencido miedos, he superado retos, y estoy dispuesta a seguir haciéndolo.  Y lo de trabajar... ¡madre mía! Si es que TENGO GANAS DE TRABAJAR. Quiero decir, cuando me levantaba a las seis y media de la mañana para ir al instituto, ¡quería ir! Jajajaja. Que sí, que el trabajo no deja de ser un castigo (etimológicamente es lo que significa la palabra), pero este es un castigo que no se lleva mal. Sarna con gusto...

Evidentemente, como en todas las experiencias, hay partes mejores y peores. He tenido algún momento desagradable (nada exagerado), me he sentido a veces poco valorada, y en fin, mil cosas. Pero los momentos buenos, que este año han sido muchos, los compensan con creces. Me voy a llevar a mis primeros alumnos en el corazón, vaya donde vaya. Y no descarto secuestrar a algunos y llevármelos físicamente, también. 

¿Sabéis? Cuando me preguntan si quiero que me recuerden, siempre digo que no aspiro a ello. En general: no aspiro a que nadie me recuerde cuando yo ya no esté. Pero la verdad es que me gustaría que algunos de mis alumnos se acordasen de aquella profesora de Ética, tan estricta, pero que les hizo pensar. O los de Valores, que pensasen en mí cuando viesen Karate Kid. O los de Ciudadanía, que recordasen a aquella profesora que les dio una clase para sobrevivir al apocalipsis zombi. La vanidad, que es muy mala, y una como humana, pues no se libra de ella.

Anoche, además, estuve de despedida de mis compañeros interinos. Me reí muchísimo, me divertí una pasada. Los voy a echar muchísimo de menos. Y hoy estoy muy triste. Será cosa de estar otra vez en paro :(

En fin, con un poco de suerte, en Septiembre empezamos de nuevo. Y si hay mucha suerte, empezaremos en Andalucía y con un peso menos sobre la espalda. Ver veremos.

Se agradecen abracitos de ánimo y consuelo. 

miércoles, 22 de junio de 2016

Libro: Els ulls de Penèlope, de Jordi Monteagudo i Cases.


Anda que no di patadas para hacerme con el dichoso librito... Claro, el poemario fue publicado en 2002, así que es complicadillo hacerse con él. Pregunté en Bookdepository, así a la desesperada, y me dijeron que sí, que les quedaba un ejemplar. Lo pedí. Y como no me lo enviaban, volví a preguntar. "Estamos teniendo problemas de distribución", me dijeron. Pues vaya. ¿No lo tenían? No es la primera vez que me pasa, así que me voy a pensar mucho volver a pedir a Bookdepository. Total, que al final, el pobre autor, harto de mí y de mis dificultades para leerle, decidió mandarme un ejemplar que tenía. A ver, que yo, como cansina, no tengo parangón. XD

¿De qué va el libro?

Se trata de un poemario centrado en la mujer, en la figura femenina. No exactamente en Penélope, aunque sí, tiene un lugar central en parte del poemario. Al fin y al cabo, Penélope es el ideal de mujer que nos transmite la cultura occidental: paciente, abnegada y audaz en lo que toca a cumplir con su función. ¿Qué ven los ojos de Penélope? ¿Qué ven, cansados, cuando mira más allá de los hilos del tapiz que teje y desteje sin cesar? ¿Y cuando otea el horizonte en busca del barco de Ulises?  Pero, como ya digo, la intención del autor es poner en verso el alma femenina, si es que tal cosa existe. Este poemario recibió el  XXI premio de poesía Senyoriu d'Ausiàs March, de Beniarjó, en el año 2001.

Hablando del libro...

¿Os he dicho ya que soy fan de Jordi? Solo por el mérito que tiene haber conseguido que yo vuelva a leer poesía con ganas, se lo merece. Empecé con Pròleg a l'oblit y en ello sigo. Tengo a medias un libro de Vicente Aleixandre y  he acabado este. Y eso que no estoy leyendo apenas nada: entre las oposiciones, el final de curso y demás...

Pues bien, lo dicho: soy fan. Este libro no ha cambiado eso. Sí que tengo que decir que me gustó más Pròleg a l'oblit. ¿Por qué? Pues porque aunque Els ulls de Penèlope me parece un poemario más elaborado, sobre todo en lo que a estilo se refiere, Pròleg a l'oblit me parece más maduro, más honesto, más auténtico. O tal vez sea porque en este poemario el autor no habla de sí mismo y en el otro sí. En cualquier caso, me ha gustado mucho.

El poemario está dividido, también, en tres partes. La primera de ella se titula "El món sobre els muscles" (El mundo sobre los hombros). Es una parte con una influencia bíblica fundamental. Simplemente con leer los versos pueden apreciarse esos ecos de escritura sagrada. Más que versos parece que se están leyendo versículos. Sin embargo, esta parte tiene poco de sagrada. Es, más bien, herética. Tal y como yo lo he entendido (porque ha sido la parte que me ha resultado más compleja) el verdadero "cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" es la mujer. Somos nosotras las que aguantamos el peso del mundo sobre los hombros, las que recibimos las miserias de los hijos, las que nos sacrificamos día tras día. Las que damos vida.  Es una parte muy, muy potente. 

La segunda parte se titula "Secret espant". Creo que es, quizá, mi parte favorita. Aunque, a priori, puede parecer sencilla, o menos intensa que la anterior, para nada. Es, también, una parte que tiene mucho que ver con una carga femenina, peeeeeeeeeeeero que no os voy a destripar xD (¿En los poemas se pueden hacer spoilers? XD)

La tercera y última parte se titula "Penèlope torna a Ítaca" (Penélope vuelve a Ítaca). Evidentemente, es la parte en la que la figura de Penélope tiene más peso, pero, desde luego, se le da una vuelta de tuerca muy importante al personaje de Homero. Y aquí, spoiler y me la juego, y, como en la otra ocasión, que el poeta me corrija si no es lo que quería expresar. Creo que en esta última parte se ve la desazón de la mujer cuando mira el mundo que los hombres han hecho. Hombres que, por otra parte, están ahí, en el mundo, porque han sido paridos por mujeres, pero que ya no les pertenecen. Hombres que matan a otros hombres, que esclavizan, que destrozan. Hombres que, habiendo nacido de sus vientres, les son totalmente ajenos. Esto, claro, me parece la conclusión. A lo largo de los poemas de esta parte se hace ese tránsito, de una Penélope más similar a la que podemos conocer, a esta Penélope más humana. 

En conclusión, creo que el autor ha conseguido captar con bastante tino el alma femenina. Bueno, no el alma femenina, no creo que exista tal cosa. Pero sí algo profundo con lo que muchas mujeres podemos sentirnos identificadas. ¿Lo recomiendo? Pues sí, claro. De todas maneras, tendréis que esperar, porque de momento no está disponible. Me ha chivado un pajarito que en unos cuantos meses, puede que el autor lo ponga a libre disposición de los que quieran leerlo en su blog. Pero por el momento el poemario está inencontrable. Os lo digo yo, que lo busqué, pero bien y a conciencia XD

Os dejo un trocito... 

II

VEIEU aquesta sang? És meua, tota
meua, i puc fer amb ella el que vulga:
deixar-la córrer o amagar-la
sota la pell; deixar-la córrer o
beure-la; xuclar-la fins a l'última
gota o compartir-la amb vosaltres, testimonis
privilegiats del meu adéu gloriós.
Perquè el meu adéu, sabeu?, és ara
i és gloriós perquè és per sempre; 
no com l'adéu que dieu a un amic
mentre traieu el cap per la finestra, ni com l'adéu
que dieu al fill que se'n va a escola,
ni com l'adéu que dieu al veí que no sabeu
on marxa. No: el meu adéu és
definitiu i absolut, petri, com la sang
que va tacant -ho veieu?- el terra
i va fonent-se amb el fang
fins a esdevenir roca,
o continent. 
Veieu aquesta sang? És tota
vostra. 


En resumen, este poemario...


Y ahora... Pues ahora seguiré intentando sobrevivir al final de curso sin morirme. Y cuando vuelvan las ganas de leer, las recibiré feliz de la vida xD


lunes, 20 de junio de 2016

Mis segundos Juegos del Hambre: el comienzo (#OpoBetttie 1)

Hola, queridos y queridas. Seguro que estabais esperando este post con muchas ganas e ilusión, así que no quiero haceros esperar. Como el año pasado, voy a intentar ir registrando mi experiencia opositeril con detalle. Así, quien quiera o a quien le interese, podrá hacerse una idea aproximada de cómo es presentarse a unas oposiciones de secundaria. 

Me parece interesante, además, porque este año ha sido distinto del anterior, no solo en lo que es el proceso administrativo y el examen en sí, sino porque mis emociones también han sido distintas, así como mis circunstancias a lo largo de la preparación del examen. Vamos allá con la crónica.

El viaje empezó el viernes. Mi padre tuvo a bien llevarme a la estación de tren. Desde allí saldría a Córdoba en un tren algo ruinoso. Me esperaban cinco horas de viaje. Iba bien de ánimos, estaba bastante relajada, hasta que, mientras tomaba un helado, pasó esto:



De buen rollo. He de decir que tampoco lidié demasiado mal con la crisis, me lo tomé muy bien. Al final resultó que sí, que había hecho bien el listado de méritos por ciencia infusa (porque lo de indicar el apartado concreto no lo decía la convocatoria) y todo estaba correcto. Además, al llegar a Córdoba pude comprar otro sobre y lo pude presentar todo de lo más limpico.

Eso es para que os hagáis una idea. Los imprevistos en las oposiciones son parte del examen. Siempre lo digo: el ejercicio de oposición empieza con la lectura de la convocatoria. Y ni aún así te evitas los sobresaltos.

Durante el viaje compartí asiento con una profesora universitaria amabilísima, educadísima y genialosa. Nada que ver con la de los altavoces del año pasado. Pues bien, tuvimos una conversación bastante interesante sobre la importancia de la filosofía. Me dijo, de hecho, que la filosofía era "lo más importante". Casi lloro. Y no se creía que fuese profesora, por lo jovencita que soy. Jo-jo-jo. Fue un placer compartir trayecto con ella :)

Llegué al alojamiento, y bastante bien. Me topé de frente con toda la gracia andaluza de un sevillano (mi anfitrión lo era) y bueno, fue un poco shock, porque yo soy una manchega siesa de la España profunda, y a ver... xD  Y nada. Ese día no hice nada más. Compré algo en el supermercado, descansé, tuiteé como una posesa, y poco más.

Al día siguiente, sábado, fue la presentación y la entrega de méritos. Básicamente apareces en la sede de tu tribunal, te llaman, entregas un sobre con los méritos, te sientas, te dan unas indicaciones que te ponen nervioso y de muy mala leche y te vas. Allí me encontré con compañeros de la universidad (no me lo esperaba). ¿Pega? Pues que no habían puesto ni un triste listado. Si la gente llega allí y alguien se ha despistado de tribunal, no puede rectificar, porque no puedes consultar en ninguna lista si estás o no. Vale, que puedes haberlo mirado en Internet, pero creo que no es tanto esfuerzo.

Como ya he dicho, el acto fue rápido, más o menos, pero salí de allí bastante cabreada. Que sepáis que, en mi humilde opinión, la función de estos actos es, básicamente, desanimar al personal y ponernos nerviosos. Como punto a favor diré que nos repartieron planos de la sede de examen y los horarios de RENFE con el tren que lleva hasta allí. Iba a quejarme de que la sede de examen estuviese fuera de Córdoba, pero no, porque había aire acondicionado, cosa que no habríamos tenido en un instituto de secundaria. El año pasado pasé un calor criminal mientras hacía el examen.

Salí, y me dirigí al centro histórico de Córdoba, a callejear, para quitarme las malas vibraciones. No funcionó. Entre el calor, la mala leche y las aglomeraciones, acabé más nerviosa. Total, que si me seguís en Twitter, sabréis que acabé llorando dentro del patio de la Mezquita de Córdoba. Buen sitio para llorar, por otra parte.  Y sí, cada oposición es un mundo. El año pasado, desde que puse pie en Ciudad Real tuve unas sensaciones geniales. Córdoba, en cambio, no me dio esa buena sensación en principio. Una vez acabé, y con toda mi negatividad, me dije que me iba a tomar unos finos y a probar el salmorejo, que oye, las penas con alcohol y comida son algo menos penas.


Había quedado con Jorge en que nos desvirtualizaríamos esa mañana, así que me dirigí cerca de donde él estaba alojado y, cuando encontré un bar bonito, entré. Me tomé un fino y un salmorejo y oye, como que la cosa cambió un poco xD. No los había probado nunca, ni una cosa ni la otra, así que... Además, he de decir, que en aquel bar estaba la cordobesa más guapa del mundo. Dicho queda. Al poco rato, llegaron Jorge y L., que había acudido como apoyo moral xD Tomamos algo, y al final acabé comiendo con ellos en su alojamiento. Son más majos... De verdad, me alegro mucho de que acabaran mandándome a Córdoba, conocerles fue genial, y Jorge ha sido un compañero de oposiciones maravilloso.

Al acabar me volví al alojamiento con todo el calor de Córdoba, me refresqué un poco, y me puse a repasar. No repasé mucho, porque tampoco tenía demasiadas ganas. Estaba bastante negativa. Total, acabé yéndome a dormir a las 11 de la noche, aproximadamente. Supongo que la caminata de la mañana hizo efecto. Peeeeeeeeeeeeeero me desperté a las 3 de la madrugada y ya no me pude dormir, de suerte que decidí arreglarme, anular el taxi que tenía pedido, e irme caminando a la estación de tren. Ese paseo fue... maravilloso. Ver la ciudad tan tranquila, tan llena de gatos, mientras escuchaba música, me sentó fenomenal y me hizo reconciliarme con Córdoba. Llegué súper tranquila a la sede de examen. Y eso a pesar de que en el tren compartí asiento con un PELMAZO que, aunque ya tenía una edad no paraba de decir gilipolleces en plan: "Ahora el tren se rompe", "ahora explota"...  No lo desmembré y evisceré porque no habría quedado bien hacer el examen toda manchada de sangre.

Al llegar, busqué a Jorge y nos reímos bastante juntos. Nada mejor que la risoterapia antes de un examen, sobre todo si es así de importante. Las cosas serias a veces hay que tomárselas a broma. Después nos llamaron, sortearon los temas, y a los del tribunal 6 les salió mi tema favorito. Hay que joderse. En el mío salieron 3 temas que me había estudiado, uno de los cuales llevaba bastante bien, así que pude defenderlo. Ese momento es el peor, el del sorteo, porque si no te sale ningún tema de los que te has estudiado...  Mientras, repartieron el ejercicio práctico, y creo que era "asequible". Así que estoy contenta: no hice el ridículo, no me quedé en blanco, no salieron temas que no pudiera defender, no salieron prácticos que me impidesen comentar nada. Creo que salvé bien el examen, vaya. Lo malo es que nunca se sabe. En las oposiciones la impresión de uno y la corrección pueden coincidir mucho, poco o nada xD Verás como este año, que respecto de los prácticos tengo mejor sensación, me ponen menos nota que el año pasado, que pensaba que lo había suspendido... Ahora queda esperar las notas para ver qué dice el tribunal que ha pasado...

Al acabar, Jorge y yo volvimos a Córdoba en su coche (majo, majo, de verdad, no me extraña que sus alumnos y alumnas lo idolatren). Me dejó en mi alojamiento, cogí la maleta y me fui a comer a un local que me encontré de milagro mientras buscaba un antro de comida rápida cerca de la estación. 



¿Mola o no mola? Es el Comic Planet de Córdoba. Me enamoré. Evidentemente, me senté en la mesa del Capitán América.



Yyyyy me enamoré de la comida. Y de la música. Y de todo. Pero a la comida sí le hice foto, como buena aspirante a moderna.


Me di un buen homenaje (creo que me lo merecía) y me fui a esperar el tren. Lo de después tiene poco interés: cuatro horas y media de tren, transbordo en Atocha mediante (me perdí un pelín XD) y todo ello habiéndome despertado a las 3 de la mañana. Llegué para entregar el alma a Dios xD Y con mucha hambre. Por suerte mi padre me adora y me invitó a cenar por el camino.

Y ya está, eso es todo. Cogí la cama con muchas ganas y esta mañana me he despertado como si alguien me hubiese dado una paliza. Es lo que me ha hecho darme cuenta de que he aguantado más presión de la que yo creía. Eso, y que todavía me tiemblan las manos. Ahora, a esperar, ¡qué remedio!

Quiero cerrar este post dando las gracias a todo el mundo que me ha escrito por Twitter, que me ha mandado mails, que me ha comentado en el blog... Gracias por los ánimos, la preocupación y la compañía. Sois geniales. Sé que suena típico y tópico, pero es que no se me ocurre qué más decir. Sí, me habéis dejado sin palabras. A mí.

Y nada más. Os mantendré informados. Creo que os lo habéis ganado :P


jueves, 16 de junio de 2016

Una interina con suerte.

Ayer, mientras acababa de prepararme para irme al instituto, escuchaba, como casi todos los días, el programa Hoy por hoy de la Cadena SER. Hay una sección que se llama "El diario de Hoy por hoy" en el que los ciudadanos cuentan su vida, sus problemas y similar en un minuto. Ayer le tocó a un profesor interino.


Puede escucharse un poco después del minuto 48. 

Yo, hoy por hoy, me considero una interina afortunada, visto lo visto. Sí, a mí, como al chico del audio, tampoco me van a pagar el verano. Me despiden dentro de una semana, con la faena del curso a medio cerrar (no, el curso no acaba cuando terminan las clases). Yo tampoco sé dónde voy a estar el curso que viene. También percibo cierto desprecio y falta de respeto por parte de la gente, y, sobre todo, por parte de las administraciones. A la hora de la verdad, los profesores interinos hacemos el mismo trabajo que los profesores funcionarios, pero no se nos trata igual, ni se nos tiene en cuenta del mismo modo. Y sí, yo también aprobé la oposición, pero bueno, es que las oposiciones no se aprueban, se gana o se pierde la plaza. No voy a aferrarme a eso: sabía cuáles eran las reglas del juego cuando me metí a esto.

Peeeero, a pesar de todo ello, me considero una interina afortunada. Creo que lo soy.

En primer lugar, porque empecé a trabajar el 1 de septiembre, con una vacante (aunque sea de media jornada), con tiempo para prepararme, para elaborar programaciones, para habituarme al centro de trabajo, para conocer a mis compañeros... Y porque acabaré de trabajar el día 24. Estuve allí cuando empezaron las clases y me despediré de mis alumnos cuando acaben. Bueno, algunos ya me han deseado feliz verano, pero ya me entendéis...

No es este el caso de la mayoría de interinos. Algunos de ellos aterrizan en el instituto in media res, y así, sin vaselina ni nada, acaban dentro de un aula, sin conocer la programación de la materia, lo que se ha visto y lo que no, sin saber nada de los alumnos. A veces no llegan ni a mitad de curso. A veces llegan a un mes del final de curso, e imaginad el panorama: tienes que hacer la evaluación final de unos alumnos que no conoces, a los que no has seguido durante el curso... Y menos mal que a veces los profesores titulares echan una mano, aunque no siempre.  Otros se pasan el curso haciendo sustituciones de unos días aquí, allá y acullá, con la maleta siempre a cuestas, como si en su vida no hubiese nada más que eso. Y otros, por desgracia, se pasan el curso mirando las listas, las adjudicaciones, calculando y haciendo cábalas, esperando que les llamen para ir a vete tú a saber dónde para vete tú a saber cuántos días. 

En segundo lugar, porque he caído en un centro con bastantes interinos, muchos de ellos a media jornada, y con un equipo directivo comprensivo con esta situación. Mi horario está muy concentrado, de modo que puedo aprovechar el tiempo libre que me deja el trabajo (para estudiar, claro >_<). Recuerdo las palabras del director al inicio del curso: "con lo que os pagan no se os puede exigir que estéis echando viajes". Tampoco es el caso de otros interinos, en otros centros. 

En tercer lugar porque, en general, he dado con compañeros muy buenos. Los interinos, en general, solemos agruparnos (qué cosas...), pero también tengo compañeros y compañeras funcionarios que han sido de gran ayuda y que han sido muy comprensivos con nuestra situación. Además, en mi caso, como novata, me he sentido bastante apoyada por algunos de ellos, cosa que no voy a olvidar. 

En cuarto lugar porque mi incertidumbre es menor. Sí, es cierto que no puedo saber con total seguridad si voy a trabajar, y que no tengo ni idea de dónde me va a tocar (he abierto mis posibilidades, para ver si pillo una jornada completa el curso que viene, aunque no creo tener esa suerte), pero tengo un puesto bastante bueno en la bolsa de empleo y creo que sí, que trabajaré. Y que, con algo de suerte, pillaré vacante de nuevo. Eso el curso que viene (y contando con no ganar la plaza en Andalucía xDD). El siguiente, sin embargo, cabe la posibilidad de que, si convocan oposiciones de mi especialidad en mi Comunidad Autónoma, acabe la última de la lista si hago un examen desastroso (posibilidad que nunca es descartable en unas oposiciones). 

Así que sí, soy afortunada. Las cosas podrían ser peores. Aunque también podrían mejorarse. Y algunos gestos son tan, pero tan sencillos... Por ejemplo, sustituir las bajas lo más rápido posible. O hacer las adjudicaciones en viernes, para que la gente no tenga que cruzarse de un momento a otro una Comunidad entera para incorporarse a su puesto de trabajo. No sé, cosillas. 

En fin. No sé cuánto tiempo me quedará de ser interina. Puede que una semana. Puede que varios años. Puede que toda mi vida hasta que me jubile a los taitantos (o me muera xD). Pero, sea como sea, espero que no se me olvide lo que significa ser interino de educación (especialmente cuando tienes menos suerte de la que he tenido yo este curso). Y espero no dejar de aplaudir nunca su labor, desempeñada a veces, contra viento y marea. 

Y ya está. La semana que viene espero hacer un post muy ñoño con el balance de este curso, pero para eso habrá que esperar. De momento, mañana emprendo mi viaje hacia mis segundas oposiciones. Parece que el tiempo va a acompañar. Esperemos que la suerte también.

martes, 14 de junio de 2016

La ambición.


A lo largo de la vida me han dicho en muchas ocasiones que no soy una persona ambiciosa. Que no aspiro a alcanzar lo mejor, que no exploto todo mi potencial... Cosas así. 

He acabado por darle la razón a esas personas que creen que no soy ambiciosa y que, en ocasiones, me lo lanzan a la cara como reproche. No, no lo soy. Si entendemos ambición como llegar "a lo más alto" y si entendemos lo más alto como lo entiende la mayor parte de la gente (dinero, fama, reconocimiento), no soy nada ambiciosa. Ni lo quiero ser. 

La primera vez que me enfrenté a esa acusación fue durante la carrera. Un profesor, hablando conmigo, daba por sentado que iba a dedicarme a la investigación académica, que seguiría adelante en la Universidad, que haría un doctorado... Esas cosas. Yo, muy educadamente, me vi obligada a sacarle de su error: que no, señor profesor, que yo no quiero doctorarme, que no quiero ser profesora universitaria, al menos no hoy por hoy, que yo lo que quiero es ser profesora de secundaria y ya. Me miró con extrañeza, como si estuviese diciendo un disparate. A lo mejor lo estaba diciendo, que no digo yo que no, pero a mí me sigue pareciendo una opción tan válida como otra...

Me sigue pasando. Por ejemplo, con lo de la plaza. Cuando digo que yo no ansío la plaza de profesora la gente me mira raro. A ver, claro que me gustaría tenerla, pero más que nada por saber que tendré trabajo, que no tendré que estar pendiente de unas oposiciones año, tras año, tras año. Para recuperar la vida, más que nada. Pero eso de tener la plaza como objetivo... No. Yo quería ser profesora, lo de ser funcionaria es una condición para poder seguir trabajando.

Así que supongo que no, no soy una persona ambiciosa. Y me cuesta mucho entender ciertas ambiciones. ¿Cumplir sueños? Sí, por supuesto. Pero esas ansias de medrar, de ascender siempre, más y más arriba, aunque en ese punto no se sea tan feliz como se era algo más abajo, pues no, eso no lo entiendo.

Y es curioso, porque cuando sale el tema, suelen apuntar esa falta de ambición como un defecto. Pero yo no tengo duda: hoy por hoy la pongo en la columna de virtudes. 

domingo, 12 de junio de 2016

Una pregunta (no tan) retórica.

A veces me pregunto cómo habría sido mi vida si mis relaciones estables, en lugar de ser con hombres, hubieran sido con mujeres. ¿Me habrían pegado ya una paliza? ¿Habría aguantado los "bollera de mierda" cuando pasease con ella por la calle? ¿Cómo habría afrontado lo de decírselo a mi familia? 

Es una pregunta retórica, lo sé. Por desgracia, las mujeres en las que he posado amorosamente los ojos no me han hecho demasiado caso, con lo irresistible que yo soy... Aunque una vez pude comprobar, más o menos, cómo habría sido. Una vez pude hacerme una ligera idea.

Acababa de llegar a Valencia y aproveché para quedar con ella. Me había estado tirando los trastos a través de Internet una buena temporada y, no sé, me apetecía conocerla. No pasó nada, porque ella no era mi tipo de chica ni yo el suyo. Pero estuvimos paseando por el centro, hablando de mil cosas, pasando el rato. 

Aquel día, vaya usted a saber por qué, Valencia parecía un cuartel de las SS. La Estación del Norte y alrededores estaban llenos de simpáticos jóvenes con la cabeza rapada, botas, bombers y simbología neonazi. Y lo mismo ocurría con el centro. Yo tenía miedo. En aquella época mi forma de vestir no era demasiado neutral y, desde luego, llamaría la atención de aquellos energúmenos. Optamos por no acercarnos a la estación para evitar problemas.

Sin embargo, los problemas nos encontraron. Estábamos charlando debajo del balcón del Ayuntamiento. No sé qué broma hice, o qué tontería dije, que ella me abrazó. Me quedé estupefacta: no le pegaba aquel gesto. Pero lo hizo. Me abrazó mientras se reía. Entonces lo oí a mi espalda. 

-Bolleras de mierda...

Lo había dicho una chica. Iba acompañada de tres armarios roperos con el cerebro vacío (o lleno de mierda, lo que es peor). Los cuatro se rieron. Creo que porque me vieron la cara de susto. 

Pero ella no. Ella no estaba asustada. Se separó de mí y se encaró a ellos. No recuerdo qué les dijo, me fue imposible contar tanto improperio que salió de su boca. Yo le había cogido la mano e intentaba tirar de ella para que lo dejase. No quería que acabásemos la tarde en un hospital, y era el final más previsible. 

Al final ellos se fueron. No sé por qué, pero se fueron. Ella se giró y me gritó: 

-No vuelvas a frenarme, ¿eh? Ni se te ocurra volver a intentarlo.

Me faltó poco para echarme a llorar. Yo lo único que quería era que no nos pasase nada. Pero hoy lo entiendo. A saber cuántas veces había tenido que aguantar en silencio comentarios de ese estilo. Y ya estaba harta de callarse: le merecía la pena alzar la voz, sin importar qué pasase. 

Nos despedimos unas horas más tarde, de una manera fría, supongo que porque la decepcioné. Nunca más hemos vuelto a vernos. Sin embargo, a menudo recuerdo este incidente: mi miedo, su rabia, la sonrisa de los skinheads... y la indiferencia de la gente que pasaba por allí. 

Amarse debería ser más fácil...

Desde luego, más fácil que comprar un arma. 




Hoy no iba a actualizar, pero ha pasado esto.



sábado, 11 de junio de 2016

La cupletista y el sargento.

La llamaban "La belleza del siglo" y cualquiera podía contemplarla de martes a sábado en el número 20 de la calle Alcalá. Una vez un periodista inglés le preguntó por qué la llamaban así, quizá esperando una respuesta modesta. Ella se puso en pie, dio una vuelta sobre sí misma y se acarició el talle con sensualidad. 

-¿Tú me has visto, inglés? -dijo, socarrona.

El inglés, obnubilado a partes iguales por aquella mujer y por el alcohol, contestó, haciendo un gran esfuerzo:

-Pero el siglo acaba de empezar... 

Ella esta vez se puso cerca, muy cerca de él, y, sujetándole la barbilla con dulzura, lo obligó a mirarla a los ojos. Susurrando esta vez, le dijo:

-¿De verdad te crees que va a nacer otra más guapa que yo?

Fingió que esperaba una respuesta que sabía que no iba a llegar y, cuando el inglés hizo ademán de besarla, se dio la vuelta y se marchó a su camerino riendo alocadamente. 

Así era Estrellita, "la belleza del siglo", apenas una criatura que habría podido sujetar en su mano a cualquier hombre que pisase Madrid y a unas cuantas mujeres sirviéndose de sus encantos. Había quien la miraba con deseo y quien la miraba con envidia (en ocasiones disfrazada de desprecio y censura), pero a nadie resultaba indiferente y todos se volvían a contemplarla cuando los domingos paseaba toda engalanada por El Retiro. 

Nadie sospechaba, sin embargo, que, bajo el carmín, el rubor, la sonrisa y los encajes, a Angustias, pues así la habían llamado sus padres, se la comía una pena que no podía dominar. Y mucho menos que el causante de aquella pena era un hombre.

Todo empezó un viernes cualquiera. Ella cantaba un apasionado cuplé. Caminaba entre las mesas, agasajando a los clientes del teatro, cuando su mirada se cruzó con unos ojos verdes como no había visto antes. Se le olvidó la letra y tuvo que salir del lance contando un chiste poco apropiado. 

Cuando pudo escaparse al camerino se llevó las manos al pecho, creyendo que el corazón se le iba a escapar. No tenía duda de que, por primera vez en su vida, acababa de enamorarse. Tenía que averiguarlo todo sobre aquel hombre y tenía que hacerlo suyo. Descubrió que era un joven sargento leonés que había llegado, no hacía demasiado, a Madrid. Y no tardó en comprobar que ella tampoco le resultaba indiferente a él. 

Una tarde, cuando se disponía a entrar por la puerta de artistas, alguien la tomó del brazo y la atrajo hacia sí. Su corazón se calmó apenas descubrió los ojos verdes del joven sargento.

-Hola guapo. Si me hubieras dicho que querías verme habría salido contigo, no era menester la fuerza...

-¡Calla! -le gritó él, asustándola-. Calla y no me hables, que me has vuelto loco y no soy capaz de dominarme. 

Ella rió, divertida.

-¡Pero chico! ¿Y qué tiene eso de malo? -dijo, e intentó besarlo.

Él, en lugar de ceder, le sujetó la cara con violencia.

-Tiene de malo que tú eres una cualquiera y yo soy un hombre de bien. Tiene de malo que aunque sé que te revuelcas con unos y con otros no puedo dejar de quererte. Y, por cómo me miras, sé que tú también me quieres, así que ya es hora de arreglar esto: deja este sitio, cásate conmigo y sé una mujer honrada a mi lado. 

El sargento aflojó la mano y la cupletista, con los ojos húmedos, lo miró, incrédula. 

-¿Qué me dices? -preguntó él, impaciente.

Ella apartó el estupor y se esforzó en sonreír.

-¿Que qué te digo, moreno? Que no creo que le hubiese permitido a mi padre, que en paz descanse, hablarme así, así que te puedes ir a tomar el aire o a volver honrada a otra cualquiera, porque a mí no me hace falta. Estoy muy a gusto como estoy. 

Y, dando un portazo, entró al teatro. Antes de que la rabia se le deshiciese y se convirtiese en pena, o peor, en arrepentimiento, garabateó en un papel unos versos y le pidió al pianista que les pusiese música. 

Él sigue acudiendo todos los viernes al número 20 de la calle Alcalá a mirarla con tristeza y desaprobación. Ella sigue cantando, mirándole a los ojos, desafiante, aquel cuplé que escribió la tarde que cambió el amor por su libertad. 

***

Una cosa ha llevado a la otra y he acabado escuchando a Conchita Piquer. Y mi mente se ha ido un poco más atrás y me ha apetecido escribir algo así.

Apoyá en el quicio de la mancebía
miraba encenderse la noche de mayo.
Pasaban los hombres y yo sonreía
hasta que en mi puerta paraste el caballo.

Ains. Es que "Ojos verdes" me parece tan maravillosamente irreverente... :)





viernes, 10 de junio de 2016

Una pequeña y oscura sala.

Hay una sala que nadie conoce, salvo ella. Una sala oscura, en la que las gruesas cortinas violetas están siempre corridas y no entra la luz. El espacio se intuye solo por las baldosas blancas del suelo, que parece un tablero de ajedrez. Cuando entra a la penumbra de esa habitación desde la claridad del exterior parece que las baldosas negras son agujeros y que va a caer infinitamente hasta que la olviden. Hasta que deje de existir.

La sala está casi vacía. Hay una mesilla de cristal, un diván y, en una esquina, en un mueble, un gramófono y unos cuantos libros. Sobre la mesilla de cristal solo hay una pluma y un diario. Cuando entra a la sala, lo primero que hace es escribir en él, y podría parecer complicado hacerlo en total oscuridad, pero no lo es: ella ve cada trazo con claridad meridiana, aunque nadie más pueda leerla. 

Pero...¡esperad! Acaba de abrirse la puerta. Un rayo de luz se cuela y, con él, música, risas, destellos. Ella entra, cierra la puerta y se apoya en ella, como si quisiese impedir que alguien la siguiese. Se precipita hasta el diario, toma la pluma, se dispone a escribir... Pero no. Lo deja. Se recosta en el diván e intenta dejar la mente en blanco, silenciar los ecos del mundo exterior que todavía le llegan. Cuando lo ha conseguido, se quita la máscara y llora. 

Nadie puede verla. 


miércoles, 8 de junio de 2016

El apocalipsis zombi.

Este post va dedicado a Laura, que fue ella quien lo pidió.
Espero que lo disfrutes :)

El otro día hice algo súper guay. Pero súper guay de salirse de la escala de guayosidad. 

Di una clase sobre el apocalipsis zombi. 

Bueno, no la di yo. A ver, un poco sí. Bueno, me explico. Resulta que el temario de Ciudadanía es un poco una patochada, por lo que hace ya un par de semanas que acabamos el libro, hicimos el examen (a Dios gracias, que no se me junta con los otros xD) y toda la parafernalia, con lo cual me quedé un poco así pensando qué iba a hacer con mis fierecillas para que no se pensasen que estábamos ya de vacaciones. Pues se me ocurrió decirles que pensasen temas relacionados con lo que habíamos estado viendo durante el curso de alguna manera y que los metiesen en un sobrecito que preparé. Iríamos sacando temas, buscando información sobre ellos y dedicaríamos cada clase a un tema. 

La cosa no fue mal el primer día. El tema me permitió hablarle de los hoax (o bulos de Internet), de lo fácil que es transmitir una mentira cuando se vuelve viral, de la importancia de contrastar fuentes ante una catástrofe, y no darle simplemente al botón de retuitear y cosas así. Fue bastante interesante, porque se quedaron picuetinos cuando les destapé que la noticia que habían elegido era un bulo como una casa. 

El segundo día también fue interesante. Una chica dijo que quería hablar de Orgullo, prejuicio y zombis. Que a ver, así a primera vista puede tener poco que ver con la Educación para la Ciudadanía, pero yo no me cierro puertas. La chica se lo había preparado y habló del argumento del libro, de los personajes... Yo aproveché para hablar un poco de Orgullo y prejuicio (la cabra tira al monte) y después les dije que íbamos con la clase más importante de sus vidas. Me puse toda teatral y empecé:

-Imaginad que ha habido una catástrofe. Un virus que, por un pequeño error, se ha escapado de una base militar. Imaginad que se ha extendido muy rápido y que cuando suene el timbre y nos vayamos a casa nos encontramos a un montón de zombis fuera, esperando, intentando comernos. ¿Qué cambiaría en nuestras vidas? ¡Vamos!

La verdad es que me sentí bastante satisfecha, porque identificaron un montón de puntos interesantes relacionados con la asignatura que cambiarían mucho en un caso así, y cómo esas cuestiones ayudan a que la sociedad funcione bien. Bueno, "bien". A lo mejor el curso no había sido perdido, jaja.

Para acabar les pedí que usasen su imaginación. Que se situasen en una de esas situaciones y que escribiesen un breve relato. Qué harían, cómo reaccionarían, como solucionarían los problemas que se les planteasen... No espero gran cosa, la verdad, pero seguro que sale alguno divertido. 

Me lo pasé pipa. Y creo que ellos también. No se lo esperaban. Me habría gustado que les pudieseis ver las caras. A todos no, claro. Había una alumna que, por más que es un amor, me dio la clase (lo intentó sin éxito, más bien) diciendo que a ella eso no le gustaba, que menudo aburrimiento... Ains. 

A ver si el resto de clases que me quedan hasta final de curso (que ya son poquitas, snif) salen igual de chulas... 


lunes, 6 de junio de 2016

Al fandom (político), with love.

Anoche hubo un debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera en La Sexta. Había un hastag oficial, pero yo lo comenté utilizando el hastag del fandom: #SalvadosPablert. ¿Por qué? Porque el fandom mola. Punto.  No voy a entrar en Podemos. Punto. Ostras, no, que esto era otra cosa. 

Bueno, ¿pero qué es el fandom? Pues mirad, yo es que tampoco lo tengo así como muy claro. Es un conjunto de chavales y chavalas bastante jóvenes, en general, que se dedican a seguir la actualidad política desde un punto de vista que mezcla el fenómeno fan con la corriente fanfic. Miran la política de una manera fresca, divertida, desenfadada. 

¿Y por qué les estoy dedicando un post? Además de porque molan, porque se están metiendo mucho con ellxs y con quien les da coba. Hablo, especialmente, de la cuenta oficial en Twitter de Izquierda Unida, lxs chicxs de La Cueva, que ya desde la campaña de diciembre le han echado mucho humor a la política (GIFs de gateteeeeeeeeeeeees <3) y que han sido muy acogedores y atentos con el fandom. Pero cada vez que les lanzan un guiño, su cuenta se llena de: "Oh, hay que tomarse la política en serio", "Oh, hay que resolver los problemas del país". Bla-bla-bla. 

A ver, que yo me tomo la política muy en serio, ojito. Sé lo que hay en juego. Pero eso no quita que me ría. Es que si no me río reviento. Es que si no me río me corto las venas, a ver si se me entiende. ¡Me tengo que reír! 

La política tiene que ser seria, sí, pero no tiene por qué ser siempre aburrida. Además, los primeros que tendrían que tomársela en serio son los candidatos, EJEM. Pero el humor también es una manera de hacer política, de hacer campaña. Y, por supuesto, es una manera de atraer a las nuevas generaciones hacia la participación activa en lo público. 

No sé cuántos de esos jóvenes seguirán interesados en la política de aquí a dos años, o tres, o cinco o diez. Pero sé que muchos de ellos se dedican a ver los plenos y a comentarlos en Twitter, cosa que muchos de esos que los critican no han hecho en su vida. Y sé que son creativos (deberíais ver los dibujos, los relatos, las tiras cómicas que hacen. Geniales), y que tienen intereses, y que se relacionan con otros jóvenes con intereses parecidos, y que se divierten. Y a mí no me parece que en eso haya nada malo. El que quiera vivir la política con seriedad y austeridad monacal, que lo haga. Y que deje a los demás vivirla como les apetezca. 

Así que yo ya lo he decidido. A mis casi 30 años voy a vivir esta campaña electoral (lo que el fin de curso y las opos me dejen) en modo fandom. Avisados quedan. 


domingo, 5 de junio de 2016

Adicta a los dulces.


Fue Nelareads la que me dio la idea de convertir una cadena de tuits sin mucho sentido en un relato. Va por ti, Nela. 


Hay mentiras que saben mejor que mil verdades. Claro, es que ya lo dicen, la verdad amarga. Yo es que siempre he sido más de dulces, ¿sabéis? Con lo malísimos que son. Para la figura, para los dientes, para todo. 

Y lo sé, no creáis que no lo sé. Pero no me importa. Ni un poco. Soy de esas personas que creen que los días de cada uno están contados y que lo único que podemos hacer es elegir cómo los vivimos. Y yo estoy dispuesta a darlo todo y a dejar para los gusanos poco más que una ruina. 

Creo que es por eso que salgo con ella. Sé que va a destrozarme, pero merece la pena, porque sus mentiras son tan dulces... Tanto que me las trago todas, a pesar de que sé lo que son. Tanto, que hasta deseo que me mienta. La verdad es, como ya decía, amarga. No, no soy la mujer de su vida. Ella tiene marido y, que yo sepa, al menos un hijo. No, no va a cumplir mis sueños, como suele susurrarme mientras me corro, sé que va a romperme el corazón. Pero no me importa. 

Supongo que a él le pasa lo mismo. Nuestras noches de copas y sexo serán para él reuniones hasta tarde. O viajes de negocios. A saber qué otras mentiras dulces le ha contado. Pero lo entiendo, de veras. Entiendo que prefiera empacharse de mentiras y permanecer a su lado. Ella es tan... Tan... Dios santo, bajaría al infierno de espaldas si ella me lo pidiese. 

Pero hay días, claro, en que los dulces sientan peor. Hay días en los que me tumbo en mi enorme cama y acaricio el hueco que ha dejado. Y el estómago me da vueltas. Me pregunto si merece la pena, si no debería ponerme a dieta y consumir sentimientos más sanos. Pero entonces ella me manda un mensaje de esos, dulces y mentirosos, y mi fuerza de voluntad (que ya es escasa) se va al carajo. 

Pues eso, que soy adicta a las mentiras dulces. Aunque luego me duela el estómago. 

sábado, 4 de junio de 2016

Podcast: Opositores, esos héroes.


Tengo un muy mal día hoy. Pero malo, malo. Así que para desahogarme he grabado un podcast. Bueno, podréis ver lo mal que llevo el día en cuanto me escuchéis. Por no maldecir al mundo entero, pues hablo de las oposiciones, que hacia algo tengo que canalizar la bilis. Que sí, que ya lo sé, que estoy monotemática, pero it's my party and I'll cry if I want to

Como siempre, la escucha no es obligatoria, ni mucho menos.






Y, para acabar, EL GIF. 



¡Besis!

viernes, 3 de junio de 2016

Retratos a tiza (III)

Ellos dos son, académicamente hablando, mis mejores estudiantes. Los mejores de su curso, seguro. Pero son tan diferentes... 

Ella tiene 15 años y es perfecta. Como estudiante, desde luego. No pude evitar quedarme con la boca abierta cuando vi que tomaba apuntes. Todavía me sorprende encontrar en sus trabajos y exámenes citas mías, y no solamente fragmentos aprendidos de memoria del libro. Siempre plantea problemas, siempre aporta ejemplos, siempre pregunta dudas. Y me encanta, porque piensa mucho y bien. Veo en sus ojos una chispa... No, no una chispa, sino un fuego. Sí, veo en sus ojos un fuego de curiosidad y ganas de descubrir que la consume y me enamoro.

Pero, además, es que hace deporte, toca un instrumento (muy bien) y es una persona genial. Sus compañeros la adoran y ella está siempre dispuesta a ayudar. Es amable, buena y generosa. De diez en todos los sentidos.

Y, sin embargo, la siento insegura. Camina un poco inclinada, como apocopada, y habla bajito, como si temiese molestar. Todavía no sabe, creo, lo maravillosa que es. Todavía no sabe que es una de esas alumnas personas inolvidables. Confío en que, con el tiempo, lo aprenderá. Porque es muy buena. Mucho.

Pero disfruta en clase. Y eso a mí me hace inmensamente feliz.







Él, en cambio, es muy, muy distinto a ella. Sí, es muy inteligente y muy trabajador, y saca tan buenas notas como ella. Sin embargo, vive el día a día en clase de manera muy diferente. Él no está tan pendiente de aprender como de sacar la mejor nota de su curso (y de superarla a ella, si es posible). Acribilla a los profesores a preguntas que llegan a un extremo casi maniático. Yo le respondo siempre y, en la respuesta, le deslizo una píldora: intento tranquilizarlo, calmarlo. No suele funcionar, pero yo no me quedo tranquila si no lo hago. Me da pena que viva cada día con tanto estrés, con tanta presión, con tanto nerviosismo.

Él, a diferencia de ella, no es demasiado querido entre sus compañeros. Ha sido objeto de burlas, de bromas, de risas. Pude verlo el primer día de clase, cuando pregunté las aficiones y él calló. Sus compañeros se rieron de su religiosidad. Y me dieron la oportunidad perfecta para poner a todo el mundo en su sitio. Es triste. Tiene 15 años, como ella, y como casi todos los chavales de su edad quiere formar parte del grupo de sus iguales, sentirse acogido y aceptado. Lo intenta. A veces intenta entrar en el juego, pero no funciona. Sus compañeros lo toleran, se relacionan con él dentro de los límites de lo estrictamente académico (y eso que las cosas han ido mejorando durante el curso), pero ni él se siente parte de ellos ni a ellos les interesa que lo sea.

Río revuelto, ganancia de pescadores, dicen. Hay quien ya ha encontrado el plan perfecto para él, sin tener demasiado en cuenta qué puede querer él, si es que puede tener claro algo tan importante a tan corta edad. Y yo tengo miedo por él, porque acabará aceptando la decisión de aquellos que no lo han juzgado y lo han hecho sentir acogido, sin plantearse siquiera si es lo que él quiere hacer.

Cuando pienso en él dentro de veinte años me lo imagino vestido de traje, con el pelo perfectamente peinado y dando clase de historia, quizá en una universidad. ¡No sabéis cuantísimo sabe de historia y lo que disfruta hablando de ella! Pero claro, esa es la imagen que yo me hago de él. Diferente a la que otros se han hecho de él. Y seguramente ambas distintas a la que él deba hacerse de sí mismo, si es que se la hace.



Ambos tienen el futuro en sus manos, podrían ser lo que quisiesen, pero ese futuro todavía está envuelto en la bruma. Ella, a quien todo se le da bien, no sabe qué escoger. Él, por quien ya han tomado una decisión, se resiste a admitir que va a aceptarla, pero lo hará, porque no se ha sentido nunca cómodo en ninguna otra parte.



A veces los miro y me pregunto si acertarán o se equivocarán. Si es que es posible acertar o equivocarse en estas cosas, claro. A veces los miro y me veo en ellos, en parte de ellos. Nunca fui tan perfecta como ella, ni tan dócil como él, pero sí hubo una época en que, como ella, no sabía qué hacer, ni cuanto valía y, como él, me sentía fuera de lugar en cualquier parte.  Después, cuando se marchan, cierro los ojos y murmuro una plegaria: "Por favor, por favor, que tengan suerte".



jueves, 2 de junio de 2016

Las p**** oposiciones.

Hola, amiguitos. Aquí estoy de nuevo, pero hoy vengo dispuesta a despotricar así, un poquillo, a ver si me quedo a gusto. 

Hoy, amigos y familiares, he descubierto dónde tengo que ir a examinarme en las próximas oposiciones (que faltan 15 días, ojo). Pedí Jaén, por la cercanía, pero no hay tribunal de Filosofía en Jaén. Al final, Córdoba. Intento verle el lado positivo. Mi profe de 2º de Bachillerato (la buena, no la otra) era cordobesa. Y Córdoba es una ciudad bonita de narices para relajarse antes de un examen. 

Pero hoy no tenía yo el día. He pasado toda la mañana nerviosa y lo que me faltaba era eso, al filo del mediodía. Por no hablar de problemas familiares y del hecho de que a algunas personas mis circunstancias y yo les venimos importando más o menos una mierda pinchada en un palique. Que, a ver, mentiría si dijera que me sorprende, pero vaya...

Pues nada, cuando la vida me ha dejado, me he puesto a buscar viaje y alojamiento. El viaje, bueno, no es perfecto, pero lo he conseguido. Prefería ir en tren, y no en coche, y Córdoba está accesible en ese sentido. Eso sí, el trazado ferroviario de este país es como para volverse loco. Que ya tiene guasa que para ir de Córdoba a Albacete tenga que pasar por Madrid, que no haya otro enlace. Anda que no voy a ver yo ciudades ni nada... 

Pero lo del alojamiento, ¡ay! Está todo lleno. ¿De opositores? ¿De turistas? ¿De criaturas del Averno? No lo sé. Me ha sido imposible encontrar un hotel a un precio semi-razonable (300 euros por una noche no lo es xD). Así que nada, from the lost to the river, voy a probar, a la fuerza AirBnB. Por lo menos el alojamiento está cerca de la sede de mi tribunal. No así del lugar de examen, que está a tomar por culo y al que hay que ir en tren-bus-coche. Ais. Oposiciones, qué maravilla. Os lo recomiendo a todos. (#No)

En fin, pero tampoco tiene mucho sentido quejarme más. Tengo tanta mala leche con este tema que podría estar horas despotricando. Y lo peor es que la mayor parte de ese enfado es conmigo misma. 

Lo que quiero pediros es, como el año pasado, que me escribáis algo. Una frase de ánimo, una cita que os inspire, un fragmento de una canción... Algo breve. Haré como el año pasado: lo apuntaré en la libreta que me regaló Lia y lo leeré en momentos de bajón. Y así me haréis compañía en Córdoba. ¿Os animáis? Como siempre, para tímidos, tenéis el email del blog. 

Y, como suele pasar en estos casos, se aceptan besitos en la frente. 


miércoles, 1 de junio de 2016

Orgullosa de ellxs. Orgullosa de mi trabajo.

Hay días en que me siento orgullosa en el trabajo. No es demasiado común, no creáis. Sí es común que me sienta divertida, alegre, sorprendida, satisfecha... O, por el contrario, abatida, triste, impotente... Pero orgullosa, orgullosa... No, no es común. Pero hace unos días me sentí tan orgullosa que casi creí que iba a reventar. 

La cosa empezó con mis pequeñujos de valores. Tengo en esa clase a unos veinte alumnos (si asisten todos, lo que no suele ser normal) y, salvo alguna excepción y según se dice, cuento con lo mejorcito de cada casa. No es infrecuente ver que alguno de estos alumnos está expulsado. De hecho, algunos ya se van para un mes completo. Fue en este grupo donde puse mi primer parte de amonestación y, después de ese, ha venido alguno más. Pero, poco a poco y no sin problemas, he conseguido que nos llevemos bien. Hace ya tiempo que no tengo que tomar ese tipo de medidas con ellos, lo cual es todo un logro. 

Pues bien, parte del currículo de la asignatura son los primeros auxilios. En mi centro hay un ciclo formativo que trata esos temas. Hablé con mi compañera y le dije si le parecería bien hacer una especie de "colaboración" y que sus alumnas explicasen a mis alumnos pequeños lo más importante sobre primeros auxilios y demás. Mi compi, que es muy curranta y entusiasta, accedió, y dijo que llevaría muñecos y todo lo que hiciese falta. Y sus alumnas, hay que reconocerlo, se lo curraron preparando presentaciones de Powerpoint y poniéndose delante de ellos, que no es fácil.

Pues bien, la charla fue sobre ruedas. Yo tenía algo de miedo, porque me los conozco, y no las tenía todas conmigo de que fuesen a comportarse bien con gente desconocida, pero apenas empezó sentí que todo iba a ir bien. Estaban atentos no, atentísimos, muy formales, respondiendo a todas las preguntas, ofreciéndose voluntarios a todo... Y yo, detrás de ellos, controlando el panorama con una sonrisa que no me cabía en la cara. 

Cuando acabó la charla, las alumnas y mi compañera se acercaron y me dijeron: "Qué nenes tan bonicos". Y yo pensé: "Madre, si vosotras supieseis..." 

Ni qué decir tiene que en la siguiente clase les felicité por su comportamiento muy efusivamente. Y, ¿a que no sabéis qué me dijo uno de ellos?

-Maestra, felicítalas a ellas también, que lo hicieron muy bien.

¡¡¡Yo me los como!!!



Pero no acabó ahí la cosa. Ese día tenía UNA MADRE. Y ante eso una no sabe cómo reaccionar, porque no sabe qué va a encontrarse. 

Saludé a la madre, la llevé al despacho que tengo para atención a padres y le dije cómo iba su hija. Tengo pendiente un retrato a tiza de esta alumna, pero así, en líneas generales, le dije que era una chica con mucha cabeza, no para memorizar, quizá, pero sí para pensar. Le comenté que siempre tenía alguna aportación interesante que se alejaba de lo que solía responder todo el mundo. Y que creía que ella estaba acomplejada, que era más inteligente de lo que ella misma creía. Y es verdad, es lo que pienso.

La madre se emocionó. No llegó a llorar ni nada por el estilo, pero se le empañaron los ojos. 

"Quería darte las gracias", me dijo, "por lo bien que haces sentir a mi hija. Eres su profesora favorita, está encantada contigo. Bueno, todos los de su clase lo están".

Vale, eso es mucho generalizar, pero yo sé que M. está encantada conmigo, y yo con ella. Pero ¿hasta ese punto? ¿Tan importante era que la madre se emocionaba al contármelo? Pues se ve que sí, porque las pequeñas felicitaciones que le dirijo de vez en cuando (merecidas totalmente) la han animado muchísimo, según me dijo su madre.

Y entonces, a pesar de que no es común, me sentí orgullosa de mi trabajo. A lo mejor no soy la mejor enseñante del mundo, a lo mejor mis alumnos no sacan las mejores notas, pero algo estoy haciendo bien si esa chica que se creía tonta ahora está tan motivada. 

Se me pasó pronto, todo sea dicho, pero recordé esa emoción cuando M., en la siguiente clase, me dijo a voz en grito y delante de todos sus compañeros:

-¡Maestra! ¡Mi madre se fue tan contenta que me hizo macarrones para comer! 

Los macarrones son su comida favorita, así que yo, a modo de despedida, le dije a la madre que, hombre, por favor, hiciese el favor de hacerle macarrones a M., que se los había ganado. Ambas nos reímos y me dijo que sí, que se iba directa a hacérselos. 

-Yo también me fui contenta, ¿sabes? -le respondí.

Ella levantó el pulgar y me guiñó el ojo. 


Ay, queridxs... Se puede ser tan estúpidamente feliz con tan poco... :)
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