domingo, 31 de marzo de 2013

Libro: MAUS, de Art Spiegelman


Hace tiempo que tenía pendiente leer esta novela gráfica de la que tanto se habla. Algo tiene que tener la primera y única novela gráfica que ha conseguido ganar el Premio Pulitzer. Hace poco la conseguí, como premio de un concurso de relatos breves. Y no deja de ser gracioso que, participando con un relato que tenía a un gato como protagonista, coja un cómic en el que los gatos son "los malos". Y entrecomillo, porque también hay ratones malos, y cerdos, y...

¿De qué va el libro?

Pues el libro es una biografía, la biografía de Vladek Spiegelman, un judío superviviente de Auschwitz, narrada en forma de cómic por su hijo, Arthur (Art) Spiegelman.

Hablando del libro...

Tenía muchas ganas de leerlo, y no me ha decepcionado. No sé por qué razón esperaba algo parecido a Persépolis, y lo es, hasta cierto punto, pero no en el que yo esperaba. Persépolis, a pesar de su crudeza, está teñido de cierto tono humorístico, y yo, no sé por qué razón, esperaba algo parecido de Maus. ¿Quizá porque los personajes son animales? Pues bien, me equivoqué. Maus es un cómic muy duro y a mí, al menos, me ha parecido muy atormentado. Hay páginas durísimas, y a lo largo de toda la lectura, la sensación que te llega es de tristeza, de ansiedad,... No es para menos, claro. Tampoco sé muy bien cómo se puede poner un tono humorístico al Holocausto, cuando lo pienso me siento imbécil. 

Por otra parte, el libro me ha sorprendido. Cuando una lee cosas sobre el Holocausto hay ciertos estereotipos que a mí me chirrían un poco. Me refiero a esas historias que pintan a todos los judíos como mártires sufridores bajo el yugo nazi. No me malinterpretéis, lo que quiero decir es que algunos retratos parecen decir que los nazis tenían el monopolio de la maldad. Maus es diferente. El autor intenta retratar a su padre tal y como era, sin idealización alguna, y cuenta la historia tal cual su padre la contó: habla de judíos que colaboraban con los nazis, fuera y dentro de los campos de exterminio, habla del feroz racismo de la sociedad polaca, habla del egoísmo humano, del fiero instinto de supervivencia y de cómo la humanidad se pierde ante el temor constante a la muerte. Y muestra a un Vladek Spiegelman astuto, que hace lo necesario para sobrevivir, como todo el mundo, por otra parte.  En ese sentido me ha parecido una obra bastante honesta, pero algo desesperanzadora a un tiempo: en Maus no hay grandes muestras de heroísmo. Pero eso no le resta valor o realismo, al contrario. Los héroes no abundan.

Por último, me ha llamado la atención el hecho de que el propio autor deja entrever la idea, por no decir que la expone, de que se ha aprendido muy poco o tirando a nada del Holocausto. Me parece brutal una escena en la que se retrata un racismo exacerbado de Vladek hacia los negros.A lo mejor es que la humanidad, simplemente, no aprende...

En definitiva, una obra muy recomendable, no me ha defraudado en absoluto.

Os dejo un trocito...

Os dejo una viñeta que he encontrado por Internet, aunque está en inglés. Aviso: es muy fuerte.





Y eso es todo. Ahora el cuerpo me pide empezar con el libro Call the Midwife,  aunque no sé si es buena idea coger otro libro en inglés, tan pronto, no sé si me saturaré. Aunque la otra opción es seguir con la saga de Harry Potter, que también me apetece. También tengo por ahí dos Ardiente verano e Historia de O pendientes, por no hablar de un par de libros de filosofía que me apetece leer. Ya veremos...

sábado, 30 de marzo de 2013

Folclore pascuero.

Esto podría ser otro capítulo de confesiones: soy una friki del folclore. Para todo aquel que esté imaginándome con el traje de flamenca, clavel y peineta, no, no hablo de eso. Aunque si os gustan las peinetas, podéis echar un ojo aquí... (Qué buena soy haciendo publicidad subliminal, guiño-guiño...xD). Según la RAE, el folclore es el "conjunto de creencias, costumbres, artesanías, etc., tradicionales de un pueblo". De cualquier pueblo, que cada uno tiene el suyo. Es una de las cosas que más me llaman la atención de una cultura: su música popular o tradicional, sus costumbres, ... También soy una frikilondria de los bailes y trajes regionales. 

¿Quéeeee? No soy tan rara...
La Semana Santa es una época en la que el folclore está muy presente, ya que el mismo evento religioso tiene toques diferentes en cada parte de España y del mundo. A mí me encantan las procesiones y el ambiente que se genera en estas fechas, pero eso es lo más mainstream -como diría un hipster- de la Semana Santa. Mi momento preferido de estas fechas está a punto de llegar: es la noche/madrugada que va del Sábado de Gloria al Domingo de Resurrección. 

¿Qué tiene de especial? Pues que es muy "folclórica". Que no, que no hay trajes de lunaaaaares... xD. No sé si en vuestros pueblos/ciudades/comarcas se celebrará igual, o parecida. Voy a contaros qué se hace en mi pueblo. 

Rollaco a la vista...
Primero, está el lado religioso. En mi pueblo, durante la noche del Sábado de Gloria, se hacen muñecos con trapos o ropa vieja y paja. Son los llamados "Judas". Estos muñecos se cuelgan antes de que amanezca en el recorrido de la Procesión del Encuentro, que tiene lugar sobre las 6 o 6 y algo de la mañana. Estos muñecos, no tiene mucho misterio, representan a Judas, ahorcado.  Y la Procesión del Encuentro, que sí que sé que se hace en muchos lugares, consiste en que una imagen de la Virgen sale, envuelta en luto totalmente de la Iglesia y hace un determinado recorrido, y una imagen de Cristo resucitado hace otro recorrido diferente. En un punto del recorrido, ambas imágenes se encuentran, suena el himno de España (cosa que no entiendo ni entenderé nunca, qué pinta el himno de un país aconfesional en un evento religioso, con la cantidad de piezas de música religiosa que hay...), y se quita el luto a la Virgen. En mi pueblo, el manto está cogido con alfileres, y la gente se pelea bastante para coger uno de esos alfileres. Es muy atávico todo. Antes también era costumbre subir al campanario a tocar las campanas, empujándolas. Lo prohibieron hace unos años, porque mucha gente, a esas horas de la madrugada, no va precisamente en sus cabales, y es muy peligroso. Que de todo hay, claro, pero los más jóvenes no madrugan para ver la procesión: van de empalmada.  

Y luego está la parte no religiosa, que es mi favorita. El Domingo de Resurrección marca el fin de la Cuaresma, un periodo de penitencia, abstención y todas esas cosas. Por esa razón, precisamente, se abre la veda al cortejo. ¡Wiiiii! Una vez acababa la Cuaresma, los jóvenes y jóvenas podían hacerse ojitos y todo eso. Además, la primavera ya había llegado, y se sabe que es el momento tradicional en el que empezaban los noviazgos.  


Pues bien, la noche del Sábado de Gloria era cuando se daba el primer paso. Los mozos hacían "macollas", una especie de ramilletes hechos con algún tipo de hierba -creo que trigo verde, pero no estoy segura- y atados con una cuerda, de modo que quedase una macolla en cada extremo de la misma. Esa macolla se intentaba colgar en alguna parte cerca de la fachada de la muchacha a la que se quería cortejar: un cable de la luz, una farola, etc. Así, cuando la muchacha despertaba por la mañana, tenía en su balcón la señal de que había algún mozo interesado en ella, alguien que la pretendía. No se a vosotros, pero a mí me parece una costumbre de lo más chula :) Ese cortejo seguía su curso hasta la noche del 30 de abril, fecha en la que el mozo, si se veía con ánimos y ganas, rondaba a la muchacha con los tradicionales Mayos. Pero eso ya os lo contaré cuando llegue el día :)

La juventud está dispuesta xD
Ambas costumbres se han seguido manteniendo, por lo menos mientras yo he vivido aquí. Supongo que todavía seguirán. El pasatiempo del Domingo de Resurrección era recorrer el pueblo para ver si quedaba algún Judas, pero, sobre todo, para ver en qué casas había macollas, y cuántas. Desde luego, siempre había alguna que otra afortunada que acaparaba más de una. Y también estábamos las que no teníamos ninguna nunca, y, lo creáis o no, para mí era una pequeña decepción, aunque me lo esperase.


En los últimos tiempos, algunos chicos también encontraban macollas frente a su casa, signo de que eso de la igualdad va funcionando, hasta aquí y en estas cosas. 

Y en vuestros pueblos o comarcas, ¿hay alguna tradición especial para estas fechas?

viernes, 29 de marzo de 2013

Canciones en bucle y recopilatorios musicales.

¿Os ha pasado alguna vez que os pasáis días obsesionados con una canción hasta el punto de reproducirla una y otra, y otra vez? Pues yo ahora estoy en plena crisis.

Todo empezó el martes pasado, cuando vi el último capítulo de How I Met Your Mother. Que por cierto, vaya patata de capítulo. Como sigan estirando el chicle en esa serie acabaré sin ver el final. Pero el mejor momento del capítulo fue este:


Se agradeció un puntazo así después de la mierda de capítulo que nos colaron. Me encantó. Reproduje esa parte del capítulo varias veces. Después, empecé a buscar. Y encontré, vaya que si encontré. Mil y un versiones de la canción. 

Versión "Family Guy": los hombres que inventaron eso de cantar...


Versión Alvin y las ardillas: 



Y por fin, la versión original, de Billy Joel, que llevo escuchando en bucle desde el miércoles:


Hace ya unos días que estoy pensando en hacerme un par de Cd's recopilatorios, como en los viejos tiempos. No sé si vosotras lo hacíais también, pero a mí me encantaba hacer recopilatorios de música en cd -cuando todavía no se estilaban los mp3 y esas cosas. Una de mis manías -y esta creo que no os la he contado- es que me gusta sorprenderme con la música, es decir, no saber qué va a sonar después. Por eso, cuando escucho un CD, siempre lo pongo en modo aleatorio. Lo mismo me pasa con el reproductor de música del PC, y lo mismo hago con los recopilatorios. Aunque al llevar canciones muy, muy diferentes, todavía mola más. En el cuarto de baño hay un reproductor de CD -que funciona regular, todo sea dicho- y ducharme con música me sienta fenomenal. Así que he pensado que voy a hacerme dos recopilatorios: uno más marchoso, más buenrollero, para bailar y cantar en la ducha, y otro más relajado, para cuando necesite tranquilizarme.  Y vista la obsesión que tengo con esta cancioncica, va a ir al recopilatorio marchoso.

Se agradecen recomendaciones musicales de todo tipo. Yo soy capaz de juntar en un CD a The Mamas and the Papas, Elvis Presley, Camarón, ACDC, The beatles, Ismael Serrano... :P Y digo que soy capaz, porque lo he hecho :P Y vosotras, ¿sois de recopilatorios?


Pd: Os dejo una canción muy de recopilatorio, al menos para mí: Tocaba correr, de Ñu. Me trae buenos recuerdos :)

Hacer el amor, y de fondo una canción
o una sirena de la policía.
Tocaba correr, con el vino y el cassette,
pisando la hierba y el cartel...


jueves, 28 de marzo de 2013

You get what you pay for.

O lo que es lo mismo, tienes lo que pagas. En mi casa se dice, más bien "¿qué pensabas que te iban a dar por na'?". Suele utilizarse cuando pagas muy poco por algo y lo que recibes es de mala calidad, para indicar que no hay razón para sorprenderse de ello. 

Pero no es de la relación calidad-precio de lo que quiero hablar hoy. De lo que quiero hablar es de la polémica desatada por las declaraciones de una profesora del CEU Cardenal Herrera, de Valencia. Estoy segura de que todos estaréis al tanto de lo que ha pasado, y si no, echadle una miradita al artículo. En resumen, una profesora de esta universidad privada y católica dijo, en clase, cosas como que aguantar el maltrato es una muestra de amor, que hay que aguantar las infidelidades, que la homosexualidad es una enfermedad o que el aborto en caso de violación no es tolerable porque, dentro de lo terrible que es una violación, sacas algo bueno, que es un hijo, un don de Dios. Vaya perlas, ¿verdad? Todo el mundo está revolucionadísimo con las declaraciones en cuestión. 



"Pero, ¿por qué se escandalizan?", pensé yo en un primer momento. Está claro que esas afirmaciones son unas burradas enormes, pero, dentro del contexto no son sorprendentes. A veces yo creo que los medios de comunicación, y, en general, la sociedad, nació ayer o se ha caído de un guindo. A ver: Universidad privada y católica, asignatura "Doctrina social de la Iglesia". ¿Qué esperaban? A ver si es que la gente piensa que las universidades católicas son centros súper plurales y en los que se permiten todo tipo de opiniones... Invitaría a todos esos medios tan políticamente correctos y que se la cogen con papel de fumar a indagar un poco más en colegios y universidades católicas.

Estoy curá de espanto.

Para muestra, un botón. Una amiga mía, a la que conocí en la carrera, decidió abandonar y estudiar Medicina, su primera opción, y a la que no pudo acceder por el tema de la nota de corte. Decidió repetir la selectividad y hacer lo que fuese necesario para entrar a esa carrera. Para su fortuna, sus padres estaban en condiciones de permitirle estudiar en una universidad privada si no había suerte en ninguna universidad pública de España. Mi amiga repitió la selectividad, pero quedó a las puertas de varias facultades, algunas de ellas por un par de décimas. Así que la balanza se inclinaba hacia las privadas. Recuerdo conversar con ella sobre la entrevista previa que tenía que hacer. Se había informado, y esa entrevista versaba sobre sus convicciones morales y religiosas, sobre todo. Tenía que hacer explícita su postura sobre temas como el aborto, la homosexualidad, la experimentación con células madre,... Y esa postura, evidentemente, debía concordar lo máximo posible con la de la institución. Además, también se le podían hacer preguntas sobre la doctrina de la Iglesia. Ella, que no era practicante y que tenía más bien poco interés por serlo, estaba bastante angustiada.  Además, me planteaba que casi prefería no pasar las entrevistas...¿qué tipo de formación médica le iban a dar en una universidad así? ¿Qué le iban a decir en la asignatura de bioética? ¿Qué temas estarían vetados? Estaba segura de que su formación sería deficiente, comparada con la de un alumno de una Universidad Pública.  Al final, mi amiga pasó de las entrevistas, hizo las maletas y se fue a Hungría a estudiar medicina. 

No es el único caso que conozco. El año pasado, por ejemplo, supe de una estudiante de primero de magisterio de una universidad católica que tuvo que aprenderse varias encíclicas papales para aprobar una asignatura, contenido, como todo el mundo sabe, muy útil, es más, absolutamente necesario, para ser maestra de infantil. Y salidas de tiesto parecidas a las de la profesora del CEU eran casi cotidianas. Por eso, cuando me enteré, no me sorprendí en absoluto. Si hasta yo, que estudié en una universidad pública, tuve que escuchar expresiones como "parejas de deshecho" y leer un artículo en el que se criticaba el aborto diciendo que una cría de chimpancé tenía más derechos que un feto humano...  Pero claro, ahí está la libertad de cátedra, y en mi caso, aunque consideré intolerable alguna afirmación del profesor de turno la asumí como una opinión suya, porque todos sabíamos de qué pie cojeaba. He de decir, por otra parte, que él también sabía de qué pie cojeaba yo y otros compañeros y eso no afectó a nuestras notas ni nada parecido.



Pero eso de la libertad de cátedra es una especie de manta elástica que se estira y se encoge al gusto de quien la maneja. Mientras esta señora decía esas barbaridades, los de NNGG de Castellón iniciaban una campaña para fomentar la denuncia de profesores en colegios e institutos, por adoctrinamiento.  Esas, repito, barbaridades, han sido calificadas por la consellera de educación de la C. Valenciana como expresiones de la libertad de cátedra, mientras por ejemplo, asignaturas tan inocuas, y casi diría asépticas, como Educación para la Ciudadanía son consideradas el colmo del adoctrinamiento. Aunque no me sorprendan las declaraciones, no deja de ser llamativa la doble moral de estas personas...

El tema de la libertad de cátedra es más complejo de lo que parece. De hecho, el año pasado tuve que hacer un trabajillo sobre la libertad de cátedra en Educación Secundaria. Un profesor llegó a decirnos que tal cosa prácticamente no existe, ya que estamos ante menores de edad que, presumiblemente, no son capaces de discernir posturas y oponerse a ciertas opiniones, y que los profesores de secundaria sería mejor que nos ciñésemos al temario y santas pascuas. Y yo ante estas cosas me pregunto qué imagen tiene la gente de los profesores y maestros...¡Señores y señoras, que si hubiésemos querido pontificar, nos habríamos subido a un púlpito! Bueno, yo no. Yo me habría hecho política, que en la Iglesia las mujeres no pontifican.   Yo sí creo en la libertad de cátedra, creo que la educación es algo más que asimilar contenidos y aprender cosas de memoria. Y parte de ese algo más es convivir con diferentes visiones de la vida. Pero eso no es adoctrinar. ¡Ay! Si los profesores tuviésemos la capacidad que se nos presume de inculcar ideas tan fácilmente... 



Pero también creo, por otra parte, que la libertad de cátedra tiene sus límites, y por eso me parece una irresponsabilidad excusar las declaraciones de esta señora con ese pretexto. ¡Por favor! ¡Que sus declaraciones justifican delitos! ¡Que por mucho menos a algunos se les llama violentos y terroristas! Que por mucho que no me sorprenda, creo no está bien hecho. Iba a decir "seamos serios", pero en esta sociedad nuestra he perdido casi la esperanza de que eso sea posible. 


Adiós mundo... Hola inframundo, ¿estáis más cuerdos por aquí?


Libro: Harry Potter and the Prisoner of Azkaban, de J.K. Rowling


Seguimos con la lectura en inglés, y con el tercer libro de la saga de Harry Potter, que ya hacía un tiempo que lo tenía abandonado. Mi objetivo es acabar la saga antes de que acabe el año. A ver si lo consigo :)

¿De qué va el libro?

Un nuevo curso escolar está a punto de empezar en la escuela de magia y hechicería Hogwarts. Otro año más, Harry está acabando de pasar un verano horroroso en compañía de sus tíos y primo, pero, este año las cosas se complican y Harry acaba marchándose de la casa de los Dursley. Mal momento para dar el portazo: un peligroso asesino, Sirius Black, se ha escapado de Azkaban, una cárcel de máxima seguridad para magos y brujas, y al parecer, anda buscándole...

Hablando del libro...

Bueno, el libro sigue el mismo esquema que los otros, prácticamente. No en vano, es la misma saga y es la misma autora, vaya cosas digo. En resumen: es un libro que se lee fácil -hasta en inglés-, que tiene un estilo sencillo, directo, y además, es un libro entretenido. Me gustan los giros argumentales que hace J.K. Rowling, pero claro, tendrían más gracia si no hubiese visto las películas, si no supiese lo que va a pasar.  Una dificultad que he encontrado en este libro es que hay más nombres de criaturas mágicas y bichejos, o eso me ha parecido. Pero bueno, con apuntarlos y buscarlos luego en alguna wiki de Harry Potter, como esta, solucionado. Aún así, no me ha costado leer el libro. Aunque sí es cierto que por alguna razón, este libro ha tardado más en engancharme hasta ese punto que dices: "Es casi la una de la madrugada pero...solo un capítulo más..." Pero ha ocurrido. De hecho, anoche acabé el libro a las dos de la madrugada. He dormido unas seis horas. ¡Yupi! Jaja. 

No tengo mucho que decir, ni bueno ni malo, que no haya dicho en las otras reseñas de la saga. Lo único, que ya voy echando en falta que los personajes crezcan un poco, y con ellos, el tono de la historia. Pero eso no es un fallo del libro, es culpa mía por meterme a leer una saga juvenil :P Cómo me habría gustado leer estos libros en su momento, cuando empezaron a salir, crecer con ellos, y esperar el siguiente con agonía... :P

Os dejo un trocito...

A ver, tengo un problema, porque mi párrafo favorito del libro está al final del todo, y es un spoiler de tamaño gigante. Y como creo que hay gente que no ha visto las pelis por aquí, pues no quiero ponerlo. Por si acaso a alguien le da gana de verlas o de leer los libros.  Así que pongo un trozo al azar (o a la naranja)...Tu-tu-chás. xDDDDD (pero yo me he reído, ea).
"Non-magic people (more commonly known as Muggles) were particularly afraid of magic in medieval times, but not very good at recognizing it. On the rare occasion that they did catch a real witch or wizard, burning had no effect whatsoever. The witch or wizard would perform a basic Flame Freezing Charm and then pretend to shriek with pain while enjoying a gentle, tickling sensation. Indeed, Wendelin the Weird enjoyed being burned so much that she allowed herself to be caught no less than forty-seven times in various disguises."
 Y eso es todo, de momento. Que hoy tengo ganas de escribir y a lo mejor cael algún post más, :P Quería daros las gracias a todas por los comentarios en el post de ayer y vuestros consejos, unánimes, antes de acabar el post. Moláis mucho.

Y nada, como ya os dije, ahora toca empezar Maus, de Art Spiegelman. Ya os contaré. :)

miércoles, 27 de marzo de 2013

Secretos

Me encantan los secretos. Guardar pequeños secretos es un placer. Como guardián de ellos, tienes una gran responsabilidad, y además, se experimenta cierta sensación de clandestinidad. Aunque hablemos del secreto más nimio.  Los secretos son como tesoros: hay quien está satisfecho con el mero hecho de tenerlos, y hay quien necesita ventilarlos y enseñarlos a todo el mundo para sentirse satisfecho.

Como decía, adoro los secretos. Me encanta saber que ciertas cosas son mías y puedo compartirlas con quien yo quiera. Me gusta la relación de confianza y complicidad que se establece entre dos personas cuando comparten un secreto. En resumidas cuentas, para mí, los secretos son una de esas pequeñas cosas que le ponen sal a la vida. No la única, desde luego, pero una de tantas.

Además, a veces hay que guardar ciertas cosas en secreto, para protegerlas. Suelen decirse cosas como "tengo un proyecto, pero no te puedo adelantar nada", o "tengo algo entre manos". A veces las futuras mamás también guardan secretos, temerosas de que si dicen que en su vientre está gestándose un pequeño milagro, venga un soplo de viento y se lo lleve. 

Algo así me pasa a mí ahora. Hace unas semanas que escribo una historia en secreto. Es un secreto compartido, de esos que te hacen cómplice de otra persona. La historia nació como un relato breve, pero ha ido avanzando y transformándose y no sé en qué acabará, si es que acaba en algo. Cada paso ha sido compartido, casi en tiempo real, con mi cómplice y ambos nos hemos entusiasmado, reído, emocionado y puesto nerviosos casi a la vez. Nos hemos implicado por igual, quizá demasiado, en esta historia secreta. 

Por eso mismo creo que ninguno de los dos estamos en condiciones de juzgar esto que está surgiendo poco a poco. Creo que nos hemos metido demasiado de lleno en ello y que no podemos estimar ni medio objetivamente cuál es el alcance real de lo que tenemos entre manos, qué es lo que hay: si es un simple juego de enamorados, si es una tontería mía o si realmente es algo que merece la pena compartir. El problema es que, para discernir esto, tengo que compartir esa historia con alguien, tengo que dársela a leer. Tengo que hacer a alguien más cómplice de este secreto.

Y sí, es un problema. Pienso en mis amigas más cercanas. Descarto a las que creo que no leen literatura/relatos románticos. Me queda una. Pero está muy ocupada con su máster. Además... creo que ella lee más romántica histórica que otra cosa... No quiero hacerla leer algo que no sea su estilo. Además, me intimida un poco porque ella ha guionizado un par de historietas en un cómic... Sí, sé que es la misma que antes de que eso ocurriera, y sé que es una lectora más que cualificada. Pero me da cosa. Además, no me gustaría ponerla en una situación comprometida, en la que viese que esa historia es una patata, o que no vale la pena, y no supiese cómo decírmelo. No sé. Es un lío.  Elegir con quien compartes un secreto casi siempre lo es.

Pero además tengo miedo. Esto es un poco comparable a contarle a una amiga íntima cómo ha sido tu primera vez, o a compartir con ella las primeras palabras de amor intercambiadas con alguien: si tras soltar la bomba se ríen, te dejan hecha polvo. Algo así me pasa a mí. Como ya he dicho, estoy muy implicada con esa historia. Si de repente alguien la lee y, por la razón que sea, queda indiferente, o no ve ni rastro de esa magia que yo veo...probablemente me sentiré fatal. Es uno de los riesgos de conocer otras perspectivas, claro está. Y también tengo miedo de que al contarlo, se estropeé: que la inspiración se vaya, o que ese momento en el que me pongo a escribir, y que ahora estoy deseando que llegue, quizá pueda convertirse en una obligación, en una rutina, en algo sin significado. Compartir secretos supone siempre asumir ciertos riesgos, sí, pero empiezo a preguntarme si, en este caso, merece la pena. Si no será mejor dejar que esta historia siga siendo un secreto, un juego, algo mío. Porque...¿os he dicho que me encantan los secretos?

martes, 26 de marzo de 2013

Mini-retal: Mi premio del concurso de relatos.

Como ya os dije, gané aquel concurso de relatos breves gracias, en parte, a vuestros votos. Me pedisteis que enseñase el premio cuando lo tuviese, y creo que no lo prometí, así que no puedo decir que lo prometido es deuda, pero bueno, me gusta complacer, y más si es con cosas tan sencillas :P

El premio consistía en un cheque-regalo de 50 euros para gastar en la tienda que convocaba el concurso en cómics, merchandising o cualquier cosa que tuviesen por allí. Yo tenía muy claro lo que quería: el cómic Maus. Historia de un superviviente, de Art Spiegelman. Es todo un referente en la novela gráfica, y yo sin leerlo. Además es un cómic con un potencial educativo brutal, como Persépolis. Así que ese iba a ser mi premio, si estaba disponible. Y eso cubría, aproximadamente, la mitad del cheque regalo.

Con la otra mitad le dije a Jack que hiciese lo que quisiese, que se comprase algún cómic que le gustase o lo que le apeteciese de la tienda. Al fin y al cabo, hacía eones que no le hacía un regalo en condiciones. Como era él el que iba a ir a recogerlo, pues que pasase un rato mirando por la tienda -que eso también está bien- hasta que encontrase algo de su gusto.

Sin embargo, por lo que me dijo, no encontró nada que le agradase, así que decidió gastar la otra mitad del cheque también en mí... ¬¬ 

Esto fue lo que me trajo, al final...


A la derecha, Maus. A la izquierda, Alan Moore. Storyteller, una especie de biografía ilustrada y molonga del autor de Watchmen, Promethea, V de Vendetta y From Hell, entre otros. No soy muy de biografías, pero este tío es todo un personaje, seguro que es interesante el libro. 

Solo tengo que añadir...

¡Libros nuevos! ¡Yay!





Ya están haciendo compañía a todos sus hermanitos de mi pequeña pero adorada colección de cómics...


Delante de V de Vendetta está Watchmen, aunque no se ve, que no falte.

Y eso es todo, amigas. En cuanto me acabe el libro que estoy leyendo, ataco a Maus. ¡Qué ganas! :)

lunes, 25 de marzo de 2013

Cuarto y mitad de antidepresivos, porfa.

Vais a decir que soy una cansina, pero es que es verdad: no sabéis la de cosas de las que se da cuenta una cuando está en un pueblo. Es lo que digo siempre: en Valencia yo iba más a mi bola, tenía contacto con menos gente. Aquí todo es más cercano, y todo se sabe -por desgracia. Así que una se da cuenta de cosas que, probablemente en Valencia sean igual, pero de las que no era consciente.

Lo que he descubierto ahora es que hay un montón de gente medicada por problemas psicológicos. Y cuando digo un montón, lo digo en serio. Para que os hagáis una idea, de las 8 casas más cercanas a la mía, incluyendo la mía, solo hay una en la que ningún habitante está medicado por ansiedad o depresión.  Lo que más me llama la atención de todo esto es que el aumento de personas medicadas coincide con la mala situación económica/laboral que estamos viviendo. Y parece que mi pueblo no es un caso aislado. En este blog, una parada de larga duración relata cómo le ofrecieron antidepresivos por estar preocupada últimamente, más o menos.

Alguien puede decir: "Normal, cuando las cosas van peor, la gente está peor". Evidentemente. Yo pienso que es normal. Entonces, ¿por qué hay tanta gente tomando antidepresivos, ansiolíticos o somníferos? Creo que lo normal es que la gente esté mal si no tiene trabajo, que le cueste dormir si no tiene más que preocupaciones, que esté ansiosa cuando no sabe qué va a ser de ella en un corto periodo de tiempo. Son sentimientos lógicos, respuestas naturales a situaciones difíciles. Entonces, ¿por qué los medicamentos?  Yo más bien me plantearía medicar a estas personas si, tal y como están las cosas, viviesen felices de la vida, sin ningún tipo de preocupación, como si la cosa no fuese con ellas. Pero claro, yo no soy psiquiatra, ni médico. 



Yo tengo una teoría, pero claro, dado que yo no tengo ni idea de esto, dado que no sé más que lo que he aprendido de la experiencia y de cuatro cosas que he leído por ahí, probablemente esté equivocada. Mi teoría es que es más fácil medicar a alguien que trabajar con él de una manera continuada, dándole herramientas para enfrentar estas situaciones y poder sobreponerse a ellas. Resiliencia, que dicen los psicólogos. Pero eso es complicado, conlleva mucho esfuerzo. Las medicinas no. Si intentamos superar un insomnio o una ansiedad circunstanciales sin medicamentos, probablemente tardemos bastante en ver resultados. Con la pastilla, el primer día, o el segundo, duermes como un bendito. Vivimos en la sociedad de la prisa y la inmediatez, parece ser. Con esto no hablo solo de los médicos. Estoy segura, segurísima, de que si un psicólogo o un médico de cabecera dijera a los pacientes que hiciesen ejercicios de relajación dos veces al día, más de uno le contestaría que él había ido al médico a curarse, no a hacer el panoli. Y lo sé, porque hay gente que ha dado esas respuestas. Así que, por una razón o por otra, sea de quien sea la responsabilidad, estamos yendo hacia una sociedad drogada, dependiente de los psicofármacos, y creo que las consecuencias de esto se verán más pronto que tarde. Cada vez que tengo conocimiento de una persona que empieza a medicarse por problemas económicos, laborales, etc. me acuerdo del soma de Un mundo feliz, de Huxley.

Evidentemente, no estoy diciendo que los psicofármacos sean el mal, y que todo el mundo los tome innecesariamente, ni mucho menos. Lo que digo es que se están recetando con cierta ligereza a gente que quizá no los necesita porque está teniendo reacciones normales, perfectamente ajustadas a la situación que viven. No dudo que haya gente que, a raíz de la situación, necesite ese tipo de tratamiento, pero...¿tantos? ¿Tantísimos?

Como he dicho por aquí alguna vez, yo estoy pasando por una época complicada, en la que me he autodiagnósticado ansiedad. A veces me encuentro tensa, hasta temblorosa, otras siento una presión fuerte en el pecho que permanece en el tiempo. Otras, directamente, tengo ataques de ansiedad. De vez en cuando me asaltan unos pensamientos bastante tremendistas, súper negativos y terribles. Cuando la crisis acaba sé que esos pensamientos no son míos, que yo no quiero hacer esas cosas, que no pienso realmente eso. Pero me pasa. Aunque, toco madera, voy estando algo mejor.

Cuando empecé a encontrarme así, más de una persona me dijo que me fuese al médico de cabeza. Pensé que quizá sería lo mejor. Un primo mío estaba siendo tratado con ansiolíticos y somníferos desde hacía unas semanas y estaba bastante mejor. A lo mejor había llegado a mi límite. A lo mejor necesitaba una ayuda en forma de pastilla. Porque eso sí lo tenía claro: en todos los casos que conozco, la cita con el psicólogo concluye con una derivación al psiquiatra para que te recete algún tipo de psicofármaco. Parece ser el procedimiento habitual. 

Sin embargo, decidí darme una oportunidad y confiar un poco en mí. Jack me ayudó mucho, todo sea dicho. Como he dicho antes, soy consciente de que la situación no es fácil, por lo que es normal que yo no esté bien. Así que, decidí, lo que tengo que hacer es tomarme las cosas con filosofía, relativizar, y, sobre todo, intentar controlar mi ansiedad y mis nervios. Si la cosa no mejoraba, siempre había tiempo para echarme a los brazos del médico de turno. 

Empecé con ejercicios de relajación y meditaciones, mañana y noche. La mañana era el peor momento para mí, el momento justo después de despertar. Así que después de desayunar, cuando subía a mi habitación, hecha un manojo de nervios, me ponía un ejercicio de relajación breve. Se nota la diferencia, la verdad. Al principio tenía que esforzarme mucho, porque cuando estás así te cuesta concentrarte en la relajación, pero el esfuerzo merece la pena. Tienes que mentalizarte de que esos 15 minutos son necesarios, no son perdidos, son invertidos en tu bienestar. Y hacerlo. Por las noches me ponía en el mp3 meditaciones que descargué de páginas de reiki. No me interesaba trascender nada, ni conectar con nada, ni tener sensaciones extrañas -aunque algo de eso hubo xD-. Lo que yo quería, simplemente, era relajarme, y la primera parte de las meditaciones contiene una parte de relajación, así que cumplían la función. He de decir que acababa, normalmente, frita antes de que acabase el audio, de unos 40 minutos. También, si me notaba muy nerviosa a lo largo del día, me ponía música relajante y respiraba hondo, con los ojos cerrados, durante unos minutos. 

Poco a poco fui notando que dormirme relajada por la noche me ayudaba a despertarme algo mejor por la mañana. Fui notando mejoría, pero todavía no me encontraba bien del todo, necesitaba algo más de ayuda. Pedí consejo a una amiga y me recomendó ir a la farmacia y pedir algún preparado de hierbas que tranquilizase. Me vendieron un preparado de valeriana y pasiflora en pastillas. Empecé a tomarlo según posología, dos veces al día, una después de desayunar y otra a media tarde. Lo tomé unos 4 días de este modo.  Antes de dar este paso, había dejado de lado el café (salvo un chorrito para manchar la leche por la mañana) y otros excitantes, sustituyéndolo por infusiones relajantes y, en cualquier caso, sin teína. Como no fumo, ni bebo, no tuve que dejar nada más. :P

Ahora mismo me encuentro mucho mejor. Hace ya 10 días que no tomo el preparado. También dejé las relajaciones de por la mañana. No hago meditaciones todas las noches, pues algunas me basta con tumbarme en la cama y respirar un rato profundamente. En general, me encuentro mejor. Sigo tomando alguna infusión relajante de vez en cuando, por puro gusto más que por necesidad.  Todavía no estoy tan bien como he estado otras veces, pero es que en otras ocasiones las circunstancias ayudaban. Lo sobrellevo lo mejor que puedo, y sobre todo, intento -y creo que consigo- que mis nervios no influyan en mi día a día demasiado, aunque tengo días de todos. 

Me pregunto cómo estaría ahora si hubiese acudido al médico desde el primer momento...


domingo, 24 de marzo de 2013

Serie: Call the Midwife

Voy a utilizar un adjetivo que me suena bastante pedante, pero es que me encaja. Esta serie es deliciosa. Seguramente ya hayáis oído hablar de ella aquí o allá. Probablemente porque Telecinco está poniendo ahora la primera temporada los domingos por la tarde. Así fue como yo me enteré de la existencia de esta serie, que narra las idas y venidas de unas comadronas en el East End londinense de los años 50, y todo lo que las rodea.

Hace dos domingos -creo- ví, al bajar a tomar una infusión, un trozo del primer capítulo en la televisión, ya que mi madre lo tenía puesto. Me pareció tan delicado y tan bonito que al subir le pregunté a Lya cómo era el título en versión original. Al fin y al cabo, tengo que practicar para el examen de inglés de Junio, y esta serie me parece perfecta. "Call the Midwife", me dijo. Y allá que me fui.

Anoche acabé la primera temporada, a falta del especial de Navidad, y me pareció maravillosa. Estupenda. Es que estoy enganchadísima, y por qué no decirlo, implicada también, con la trama. Jo, es que las chicas son tan majas, son tan bonicas cada una a su manera...


 Les he cogido un cariño impresionante a todas. La simpatía y el gran corazón de Chummy, la dulzura (y la belleza) de Jenny Lee, esa coqueta, pero a la vez humana Trixie, y la sencillez y ternura de Cynthia. ¡Es que se las tiene que querer a todas! Y luego están las monjitas. No os digo lo bien que me caen todas. ¡Es que me tiene enamorada esta serie y sus personajes!

Y luego están las historias. Creo que la profesión de comadrona es maravillosa. No digo que no sea dura, ni mucho menos, pero estás presente en un momento único, tan íntimo, tan humano... Estas chicas se convierten en parte de la vida de una familia. Desde esa perspectiva se muestran las alegrías, dificultades, dramas, de mujeres y familias del barrio y la época. Es hermoso y conmovedor, es imposible no derramar algunas lágrimas a veces, y otras, es imposible contener las carcajadas. 

Cuando estoy triste, o me estoy poniendo nerviosa, o quiero, simplemente, olvidarme de todo, me pongo un capítulo. Y funciona. Es una pena que no haya más, porque me temo que voy a agotar pronto las reservas. 

De todos modos, la serie está basada en un libro, así que no descarto hacerme con él un poco más adelante -ahora tengo lectura pendiente-, lo que no sé es si lo intentaré leer en inglés, o lo buscaré en castellano -que no sé si está, ahora que lo pienso.

Para  que lo sepa todo el mundo, desde este mismo momento me declaro adicta a Call the Midwife y Once Upon A Time, de la que también espero los capítulos con ansiedad.  Creo que me aportan lo que ahora mismo necesito: magia y esperanza.

Y eso es todo, amigos. Aquí os dejo esta recomendación y os deseo un muy feliz domingo. :)

sábado, 23 de marzo de 2013

A preguntas impertinentes...

La gente tiene muy poca educación. O mucha, pero de la mala. Lo digo muchas veces, y no me voy a cansar de repetirlo. Dicen que los maestros y profesores no saben/sabemos hacer su/nuestro trabajo porque los chicos de hoy en día son unos iletrados. Pues, por esa regla de tres, hay varias generaciones de padres a los que habría que reprender pero bien. ¡Ah! Y hacer reportajes en la tele y ponerlos a caer de un burro, de ineptos para arriba. 

Estas cosas se notan más en los pueblos, simplemente porque la gente interactúa más. Y también porque la confianza da asco: el hecho de verse todos los días facilita que una persona pase de los modales más básicos y actúe como le salga del...fondo de su parte animal, por no empezar a soltar tacos. 
 
Podría contaros cosas muy bestias, muy muy bestias, como el hecho de que la gente se meta a una casa para ver el cadáver de alguien a quien sus familiares se acaban de encontrar muerto. Pero no voy a hacerlo. Voy a contaros algo más básico, menos bestia. Pero igual de real. 

El jueves pasado iba yo con mi madre por la calle, estábamos en proceso de hacer algunos recados. En un momento del proceso nos encontramos con una mujer del pueblo, la vamos a llamar Fulanita. Tiene lugar el siguiente diálogo, aproximadamente:

Bettie-Madre: ¡Fulaniiiiita! ¿Cómo estás?

Fulanita: Bieeen, mira. Aguantando. Los médicos no se lo explican.

BM: Pero de lo tuyo bien, ¿no? (A Fulanita se le diagnosticó un cáncer hace un par de años, aproximadamente, pero que parece estar superado).

F: Bueeeno, no te creas. Aguanto, pero hace unos días estuve ingresada, que me tuvieron que limpiar todos los intestinos de la infección que tenía...(Sí, en los pueblos la gente es así de explícita)

En este punto, Fulanita ha llegado a nuestra altura y se pone al lado de mi madre, la mira de arriba a abajo y suelta:

F: Te has puesto más gorda, ¿eh? Vaya que sí. 

BM: Sí, ... eso creo... La mierda de las pastillas...



Para que lo entendáis más o menos bien, os voy a explicar la vida de mi madre, que también es parte de la mía. Mi madre tiene depresión crónica desde hace veintitantos años, y lleva todos esos años medicándose. Uno solo sabe de qué va esto si lo ha vivido en persona o de cerca. Pero no solo es duro a nivel familiar, personal, etc. Uno de los efectos secundarios que pueden tener los antidepresivos es que,a veces, te da por engordar, bien porque te abren el apetito, bien porque la misma pastilla te hincha. Esto es un problema gordo, porque si una persona deprimida empieza a verse peor físicamente a causa de las pastillas, suele verse inclinada a dejarlas, lo cual es una catástrofe para su salud mental. Fulanita sabe esto. 

Además, mi madre hace unos años tuvo un accidente laboral bastante chungo a varios niveles que todavía nos está dando problemas de diverso tipo. A mi madre le quedaron diversas secuelas en las que no voy a entrar, simplemente diré que tiene dificultad para moverse y le cuesta mucho caminar. De correr y demás cosas, ni hablamos. Fulanita también sabe esto. Y aún así, mi madre se mueve como el rayo. Con lo que tiene, yo no me lo explico. Es alucinante.

¿Qué tipo de persona aborda a otra con una preguna/afirmación así? A cualquier persona. Pero, ¿qué tipo de persona aborda con una afirmación así a alguien que se trata con antidepresivos y que sufrió un accidente que la marcó de por vida, no solo físicamente? ¿Con qué intención? ¿Por qué?

A mí ya, en determinados momentos y circunstancias, como le decía a Perri el otro día, lo que menos me importa es perder la educación. Y no me callé. No quería ser tan borde, pero si de mi boca hubiesen salido espadas, habrían ido bastante afiladas. Vamos, que ni las katanas de Hattori Hanzo.

Bettie: Más vale tener que no desear. De momento tenemos suerte de no ser de los que pasan hambre.

F: Bueno... pero es que para ella estar tan gorda no es bueno, para su pierna y eso...

Bettie: ¡Mira quien habla! Además, por si no lo sabes, las flacas también se mueren. 



No se esperaba que le contestase. Mi madre se quedó pálida. Y Fulanita me dio la razón con un simple "eso sí" y siguió su camino hacia la pastelería. ¡Pero bueno! ¿Qué se ha creído? 


A mi madre le hizo daño y le molestó lo que le dijo Fulanita, aunque sonrió e intentó disimular. Cuando Fulanita se había alejado ya, me preguntó: 

- Bettie...¿estoy más gorda? Sí, si ya lo sé yo... Las putas pastillas.

A lo que yo le contesté, básicamente, que estaba divinamente, que llevaba una talla menos de pantalón que yo, que no paraba de moverse, que era un torbellino y que a mí me costaba seguirle el ritmo. Y añadí que si iba a hacerle caso a cualquier tonta a las tres que viniese a decirle una grosería, iba de culo por la vida. Así de claro.

Habré vuelto al pueblo, a casa de mis padres, y quizá parezca que nada ha cambiado. Pero ya no soy la misma pánfila que se marchó. Sea por lo que sea, le he perdido el gusto al silencio del que otorga, y si nadie hace uso de los buenos modales, yo voy a dejar de abusar de ellos también cuando sea necesario. Quien hace preguntas impertinentes se arriesga a que le contesten impertinentemente.


viernes, 22 de marzo de 2013

#Escrache SÍ. Si no escuchan, que oigan.

Esta mañana, mientras acababa de desayunar, estaba viendo el programa de Antena3 Espejo Público. No creáis que no me fastidia, porque yo solía desayunar con la Cadena Ser, pero aquí no tengo radio. Voy a acabar en plan abuelil, comprando un transistor. Antes, hace muchos meses, quizá hasta años, Espejo Público no me desagradaba como programa matinal, pero de un tiempo a esta parte me chirría tan a menudo que le estoy empezando a coger manía.  No es que necesite, para estar cómoda con un programa, que todas sus ideas coincidan conmigo, ni mucho menos. Pero es que tiene cosas... que no.

Hoy, sin embargo, no me aguanto, y escribo. Voy a repetirme un poco si habéis leído el post de Perri que habla sobre el escrache de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) a González Pons. Pero es que lo necesito. 

Seguramente sabréis que Antena 3 llevó a cabo una campaña de colaboración con Cruz Roja en la que decían prevenir los desahucios. ¿En qué consistía la campaña? Pues en recoger donaciones de dinero y otros bienes para ayudar a familias en riesgo de ser desahuciadas. Eso a mí me parece más limosna que otra cosa. No es que esté mal, evidentemente hay muchas personas que hoy por hoy necesitan limosna y otras muchas podemos necesitarla algún día. No es vergonzoso necesitar ayuda, desde luego que no.  Pero veréis por qué digo esto.

Antena 3, y con ella, Espejo Público, se volcaron con el tema de los desahucios.  Durante esos días llevaban pobrecitos desahuciados a plató, o conectaban con ellos, para ayudarles. Allí, los afectados, pedían ayuda económica, trabajo, asesoramiento, etc. Lo que necesitaban. El programa se convertía en una gran plataforma para provocar lástima, tratando este gravísimo problema de una forma morbosa, sin ir al quid de la cuestión, sin entrar demasiado en él, no sea que molestemos a alguien. Y no condeno que la gente fuese allí a pedir ayuda, porque están desesperados. Tampoco condeno que el programa cediese espacio a estas personas. Y ni siquiera voy a hablar de si es correcto utilizar estas cosas para ganar audiencia. A lo mejor la suya era la mejor de las intenciones y ni se plantearon los datos de audiencia, quién sabe...

Total, que con la limosna no hay problema. Mostrar a un pobre ciudadano desvalido, maltratado por la vida, que ha caído en picado y que necesita de nuestra solidaridad está bien. No genera ningún problema. Ahora, si ese mismo desahuciado, en vez de pedir, con lágrimas en los ojos, dinero o trabajo, decide levantarse para reclamar sus derechos, ahí ya...no nos gusta tanto. 

Hablo de la campaña de escrache que está llevando a cabo la PAH. La misma PAH y su cara más visible, Ada Colau, eran jaleados y aplaudidos por su lucha por defender el derecho a la vivienda digna y se conectaba con ellos casi todos los días para tratar algún tema relacionado con el drama de los desahucios. Pero hoy... Hoy cuando han conectado telefónicamente don Ada Colau la cosa no iba de felicitaciones y aplausos, ni mucho menos.  

Desde el programa en cuestión, se criticaba el escrache. "Esta no es la manera", decían. "Esto es coacción, es violencia", repetían.  "Esto atenta contra la vida privada de una persona", añadían. Y así. Ada Colau contestaba con la razón que da la experiencia, apoyada en la verdad de lo que está pasando, que a los que allí se congregaban, a los desahuciados (en efecto o en potencia) no habían ido a tocar a su timbre y dejarles un manifiesto: habían ido a sacarlos violentamente de sus viviendas. ¿Eso no afecta a su vida privada? ¿Eso no es violento? Y digo yo, hablando en plata, ¿está mejor parido un diputado que cualquier otro ciudadano? Me ha llamado especialmente la atención la pose de señorita Rottenmeier de Susana Griso, reprendiendo a Ada Colau, como si ella supiese de qué va esto. Como si ella tuviese alguna idea de lo que supone verte en la calle, sin nada salvo una enorme deuda. En fin.

No les parece mal que se proteste, mientras no moleste a nadie importante. Si la gente se congrega en la puerta de una casa para paralizar un desahucio, está fenomenal, y todos los medios lo aplauden, aunque eso trastorne a personal de juzgados, policías, etc.  Si se congregan en la puerta de un diputado para hacerle consciente de una situación real, eso ya no está bien, es violento, coacciona, invade la privacidad, etc. Ufff...no veo yo esto muy claro, ¿eh?

Para mí esto tiene un nombre: servilismo mediático. Muchos medios de comunicación se adhieren a la postura de la clase política: que se manifiesten, pero dentro de los límites que hemos marcado. Todo lo que salga fuera de eso será descalificado. Decían en el programa que este tipo de protestas hacen perder la legitimidad a la PAH. ¿En serio? Pues yo considero que la legitimidad que han ganado defendiendo desde hace años el derecho a una vivienda digna, parando desahucios, tramitando la Iniciativa Legislativa Popular, y sin parar de moverse, aunque nadie les hizo caso durante mucho tiempo, no ha desaparecido, porque siguen en la lucha. Y considero que los afectados no pueden perder la legitimidad por protestar y querer hacer visible su drama, que lo es.  

No os engañéis, no es violento. Los porrazos cuando desahucian a alguien son violencia. Un grupo de gente congregada en la puerta de un domicilio, gritando consignas, informando a los vecinos, entregando manifiestos, no es violento. Es...molesto, eso sí. A nadie le gusta ser señalado como un tirano, como un incompetente, como un traidor a la ciudadanía, como un cómplice de una situación así, y no poder hacer oídos sordos, porque están en la puerta de tu casa.  Como decía en otro post hace tiempo, los políticos han aprendido a ignorar las manifestaciones, a no hacer aprecio alguno al hecho de que una multitud de personas proteste en las calles, cosa que en otros países SÍ tiene consecuencias. Aquí no, ya se sabe que Spain is different. Pues habrá que dar, entonces, un paso más allá. Si no quieren escuchar, por lo menos que oigan. Y que sientan que la ciudadanía les vigila, les supervisa y les exige un servicio. Que sientan, de verdad, que son responsables ante la gente a la que sirven. El escrache es molesto, pero es que como dicen en Canción de Hielo y Fuego, ningún rey debería estar cómodo en el trono, ningún gobernante debería sentirse intocable, blindado ante la gente. Esa es parte del problema: los políticos no se sienten ciudadanos, se saben parte de una clase privilegiada que es incapaz de empatizar con los problemas reales de los españoles. Y esto lo deja más que claro, transparente. 

Por eso, yo sí estoy a favor del escrache, porque es una medida de visibilización, protesta y presión social pacífica. Molesta, sí, pero es que ya está visto que si no se les mueve la silla un poquito, aquí los que nos gobiernan ni se inmutan. Y aún así, no las tengo todas conmigo. Pero bueno: que sientan vergüenza, si es que tienen de eso, y si no, al menos, que oigan lo que la ciudadanía tiene que decirles.  A esto me refería hace un tiempo cuando escribí el poema Reivindicación del llanto. Es fácil matar a alguien apretando un botón si no le oímos gritar, si no le vemos sangrar, si no escuchamos su último aliento. Pero no es tan fácil hacer el mal cuando tienes al agraviado enfrente, llorando, gritándote, increpándote. Pues bueno, ya que nos maltratan, por lo menos, que no les sea fácil hacerlo.

Por cierto, he leído un twit muy majo sobre este tema, a ver qué pensáis vosotros:





jueves, 21 de marzo de 2013

Diario de una opositora: Estamos trabajando en ello...y disfrutándolo y todo.

No escribo post hablando de mi proceso de estudio, y puede parecer que lo he dejado. Nada más lejos de la realidad. De hecho creo que, excepto estos últimos días, que ha estado Jack por aquí, he estado bastante productiva últimamente. Estoy a tres temas de conseguir mi mínimo para presentarme a unas oposiciones, que son los temas de Historia de la Filosofía. No me gusta hacer las cosas por probar, me gusta hacerlas bien, y en su momento me dije que si no llevaba, por lo menos, los temas de Historia de la Filosofía preparados, no me presentaba. Yo soy así de cabezota. Pues lo dicho, me quedan tres. ¡Yupi!



Tampoco creo que prepare muchos más: los temas de lógica, algún tema suelto que me interese más,... Me plantaré cerca de la mitad del temario. Y creo que eso ya es bastante. No soy yo muy de estudiar por partes, porque tengo la suerte de que sale siempre aquello que me dejo. Pero visto el sistema de oposición tal y como está actualmente, creo que es difícil que si me estudio la mitad del temario, o casi, y sacan 5 temas al azar, no salga ninguno de los que yo me he mirado. Además, prefiero preparar más o menos bien unos cuantos temas, que intentar abarcarlo todo e ir de culo. No es plan.  O eso pienso yo desde mi absoluta inexperiencia, vaya. 

Lo bueno de estos últimos temas que he ido preparando ha sido que lo he disfrutado mucho. Son los temas que más flojos tengo, los de filosofía contemporánea. Vamos, que de algunos no tengo casi ni idea, así que estoy aprendiéndolos, no recordándolos. Cada cosa que leo es algo nuevo. Y eso es bastante agradable, motiva mucho más que re-estudiar o confeccionar temas sobre cosas que has machacado mil veces. Es más estimulante, vaya. Hasta he llegado a coger cariño a algún filósofo al que tenía bastante manía, como Wittgenstein. En serio, que me perdone Wittgenstein, pero es que mi aversión hacia el profesor de Filosofía del Lenguaje se contagió a los autores estudiados. En otras asignaturas vi algo más de Wittgenstein, y oye, como que empezó a interesarme -sus argumentaciones sobre el lenguaje privado, o el seguimiento de reglas, me llamaron mucho la atención- pero lo malo de las primeras impresiones es que marcan, y que además, solo puedes tenerlas una vez y es muy difícil cambiarlas. Pero oye, cuando te pones a ello por tu cuenta, la cosa cambia. No me pasó con Hegel, pero bueno, es que no te puede caer bien todo el mundo.... :P
 
Tengo suerte, la verdad. Lo "bueno" de las oposiciones a profesor de secundaria es que los temas que tienes que estudiar tienen que ver, en principio, con lo que te gusta. No siempre pasa eso. Hay oposiciones cuyos temarios consisten en conocerse la constitución, estatutos de autonomía, leyes, convenios,... Creo que eso tiene que ser más aburrido. Y si digo realmente lo que pienso, lo que supondría para mí estudiar un temario así, tengo que afirmar que me parece una tortura china.  Por eso no está nada mal estudiar esto. Sobre todo cuando me olvido de que estos temas forman parte del temario de una oposición :P


Para finalizar, os dejo un GIF muy majo. No tiene que ver con las oposiciones, pero bueno...


No os perdáis la carita de Soraya Saénz de Santamaría. 

Hay que reírse, hermosxs... :)

miércoles, 20 de marzo de 2013

Confesiones: Soy una talibán ortográfica.*


* Este título está en parte inspirado por AuraZombie y su palabro "metalibán". Se echan de menos su humor negro y ácido, y en general, sus cosas.
Dicho esto, AVISO: este post contiene imágenes que pueden dañar sus córneas y provocar hemorragias oculares graves.



Todo el mundo tiene sus manías, y yo tengo las mías. Ya os conté que soy una fashion victim y ahora os cuento que soy una talibán ortográfica. Esto quiere decir, básicamente, que soy muy quisquillosa con las faltas de ortografía, sobre todo a según qué niveles. Hay que ser tolerante a veces, y aunque a una le sangren los ojos, hace de tripas corazón y justifica. Porque no todos han tenido la suerte de poder ir a la escuela, al instituto y demás. Me pasa en un foro que visito, en el que hay gente muy diversa. Me pasa en Facebook, en el que he leído aberraciones tan grandes que avergonzarían al del "Ola k ase". Pero hay veces en las que no puedo evitarlo y tengo que despotricar, y criticar, y prender fuego a cosas canalizar productivamente mi malestar. Ejem.

Para que os hagáis una idea ligera, más que nada para que veáis hasta dónde llega mi obsesión: le corrijo a Jack las cartas que me manda. Él, por suerte, se lo toma bien, e incluso me añade en las posdatas notas en plan: "Ya me contarás cuántas faltas he tenido hoy". También será un poco de deformación profesional: durante las prácticas sufría mucho corrigiendo, porque intentaba no dejar impune ninguna falta de ortografía. No paraba de pensar en la pobre profesora de lengua. ¡Señor, qué cruz! 



El caso es que, como decía, hay ámbitos en los que las faltas de ortografía me soliviantan especialmente. Algunos de ellos son los documentos oficiales, comunicados, leyes, etc. También están los medios de comunicación escritos (periódicos, revistas, etc.) y por supuesto la literatura. Cuando veo en una novela una falta de ortografía me da taquicardia. Sí hijas, a veces se cuela alguna, puede ser hasta normal. Luego pienso en el responsable del libro y en cómo me pongo yo cuando una falta de ortografía se me cuela en un trabajo o similar. Si el/la pobre se parece a mí debe de estar ingresado en la unidad psiquiátrica de algún hospital. 

Pero hay un lugar en el que me pone especialmente nerviosa, casi violenta, el tema de las faltas de ortografía. Y ese es Internet, más concretamente, los blogs. Sí hijas, sí. Estoy segura de que coincidiréis conmigo en esto: hay blogs que causan pavor, terror, escalofríos y temblores nada más entrar. No distinguir entre a y ha, o simplemente omitir el ha en las formas compuestas de los verbos; los famosos a ver, haber y ¿aver?, confusiones entre b y v, usar n antes de p o b, etc. Y he de reconocer que no soy de las talibanes ortográficas más virulentas, porque con lo de las tildes ya casi ni me altero, y eso que hay a quien parece que se las cobran aparte. 


Que digo yo.... Si vas a utilizar un medio de expresión escrito...utiliza bien el idioma en el que te expresas, ¿no? O por lo menos, haz el esfuerzo. Porque a veces es pereza pura. ¡Que blogger tiene un corrector automático! Mierdoso, pero ahí está, para ayudar un poco. Y si no, está el diccionario online de la RAE, entre otros recursos. Claro que hay post que no hay por dónde empezar a corregirlos sin colapsar. Es que ya a una le dan ganas de decir: "Deja de escribir y pírate a Youtube, copón".

Lo más alarmante es que hay blogs de gente que se supone que debería saber escribir, como estudiantes universitarios, incluso titulados, y que, a pesar de eso, van dejando gazapillos aquí y allá. Y eso duele. A mí me duele, en serio lo digo. 

Ahora es cuando todo el mundo se pone a buscar con lupa mis faltas de ortografía. Seguro que encontráis algún ti acentuado (maldito tic que tengo), o alguna tilde fuera de sitio, entre otras cosas. Estoy segura. Lo que pasa es que yo ya creo que cada vez escribo peor. No sé si achacarlo a que leo demasiados blogs o a qué. Pero eso no me deslegitima como talibán ortográfica: soy una talibán ortográfica, pero no soy perfecta. Y si me dan grima las faltas de otros, ¡imagináos las mías! 

Para finalizar, un último detalle, espero que lo disfrutéis:


¡De nada!


¡Que nadie me mate, porfa-plis!

PD sin venir a cuento: Si os apetece leer una reseña de Django Desencadenado, podéis echarle un ojo a ésta que hemos hecho a medias Jack y yo en su blog de cine. 

martes, 19 de marzo de 2013

Retales musicales: Amor particular - Lluis Llach & Mayonnaise and Marmalade - NRBQ

Hay una canción que me parece perfecta para el día del padre. Por lo menos cuando la escucho me recuerda a mi padre. O a la relación padre-hijo. O algo. Yo que sé, estoy espesa. En fin, ¡disfrutadla!




Jack sugiere otra. Y es que los Simpsons tienen de todo... (seguro que os suena ^^)


La traducción:

Me lo enseñaste todo.Me tomaste de la mano.
Cachorritos, juegos de construcciones y castillos de arena.
Me diste el valor para extender mis nuevas alas.
Desde la mayonesa y la mermelada hasta otras cosas untables.
Supongo que eres mi heroe. Hay algo que debes saber.
Quiero dejarlo claro, así que cantare despacio.
Si no fueras un hombre...
y además mi padre,...
te compraría una sortija de diamantes...
Y me casaría contigo.


Para el papi que compartimos aquí,
y para el papi que compartimos en el cielo.

lunes, 18 de marzo de 2013

Tiene tubérculos la cosa...

Cuesta empezar el día de buen humor, la verdad. Es que el mundo nos lo pone difícil. Si tenéis la misma costumbre que yo lo entenderéis. Por las mañanas, antes de ponerme a hacer cosas relativamente productivas, me gusta informarme: escuchar las radio, leer algún periódico digital, etc. Una de las webs que visito es PortalParados, web que descubrí gracias a Perri. Suelo mirar las noticias, el blog, pero también el foro. Y, por si no ando ya cabreada con lo que he visto antes, el blog siempre tiene algún testimonio que te hace hervir la sangre. Somos muchos parados, y nos tiene que pasar de todo. Así es.

Hace unos días leí este testimonio. Está claro que puede haber muchas razones por las que ese agricultor destruyó las patatas que quedaban en el campo. A saber. Es más, estaba en su derecho. Eran suyas. Quizá es hasta razonable. Probablemente los que iban a "rebuscar" también tengan que ser reprendidos en algún sentido. Empezando por el hecho de que pedir permiso tampoco habría estado mal. No sé. Pero es que en los días en los que vivimos, en la situación en la que se encuentran hoy muchas personas, destruir alimentos me parece un crimen. 

Probablemente ese agricultor estuviese quemado. Había perdido su inversión, no le salía rentable recoger las patatas por el precio al que se las compran (ese es un problema gordo que hay que atajar a la de ya). Pero, ¿no había otra solución? No sé.  Pienso que si hubiese puesto un cartel, o si hubiese avisado en el pueblo, de unos horarios de recogida, en los que él pudiese vigilar que no se hacían estragos en el terreno... O si hubiese pedido a algún comedor social o similar que fuesen al campo a recoger las patatas que necesitasen, quizá voluntarios las habrían recolectado y les habrían dado buen uso. No sé. Quizá el hombre, con toda su buena intención, hubiese tenido que destruir las patatas porque a lo mejor no había quien fuese a cogerlas con ciertas condiciones. Que a veces a las personas hay que echarnos de comer aparte...

En cualquier caso, en el momento en el que leí aquello no pude más que sentir rabia y desesperanza. Sentí que, fuese como fuese, todavía hay personas que parecen sentirse inmunes al toque de la miseria. No fui capaz de ver atenuantes, o posibles razones por las que aquel agricultor actuó así. Simplemente ví en el hecho de destruir alimentos que muchas personas necesitan y no pueden comprar un crimen. Y sentí que nos queda mucho que aprender si queremos salir de esta y no volver a caer. Pero dudo que vayamos a aprenderlo. Por eso dudo que se vaya a salir realmente del hoyo. 

Con estos pensamientos, ¿quién empieza de buen humor el día?

sábado, 16 de marzo de 2013

Sin interés, no hay aprendizaje.

Hace un tiempo escribía sobre el dilema del profesor particular, sobre una de las dificultades que afrontamos aquellos que enseñamos "extraoficialmente". Hoy quiero señalar una de las ventajas de ser profesor particular que no tiene ser profesor en un instituto: no tenemos que ganarnos el interés de los alumnos, pues lo traen de casa.

Así al menos ha sido con todas las alumnas que he tenido y que he mantenido en el tiempo. Cuando lo digo, la gente no me cree fácilmente, pero a mí no acudían padres, sino hijos. Eran los niños los que pedían a sus padres una ayuda con esa asignatura que se les resistía. Y aunque odiasen la asignatura, había un interés, aunque fuese básico, por aprobarla. Por lo tanto, cuando yo estaba con esas alumnas, ellas estaban conmigo al 100%. No es algo que los profesores de instituto puedan decir siempre. Pero claro, nosotros lo tenemos más fácil. Como ya he dicho, suelen buscarnos ellos, y además, estamos uno contra uno, lo que facilita las cosas aún más.

Si algo he aprendido de mi experiencia como profesora particular es que si el que te busca no es el alumno, sino el padre, la cosa no cuaja. Me pasó una vez. Yo siempre digo a los padres que sean los alumnos los que vean, según su ritmo y sus necesidades, cuántas clases necesitan por semana, cuánto tiempo, etc. Normalmente yo aconsejo una hora semanal, pero si se necesita más atención, nunca aconsejo más de una hora diaria, salvo en casos excepcionales -como ante un examen, por ejemplo. La razón es simple: A partir de los 50 - 60 minutos de trabajo intelectual intenso - y las clases particulares lo son - la atención va disminuyendo notablemente. Los chavales lo saben, y por eso normalmente no piden más de una hora.  Pues en esta ocasión me topé con una madre que me pedía dos horas diarias, dos días a la semana. Cuatro horas semanales. Yo intenté hacerle ver que no sería muy productivo, pero ella me insistió. Acepté entonces.  Cuando vi a la chica aparecer por la puerta de mi casa me di cuenta de que no iba a tener nada que hacer. Aquella chica no quería estudiar. Pero ni Filosofía, ni nada. A duras penas conseguía que me siguiese, a pesar de estar cara a cara, y cuando pasaban 50 minutos de clase, era imposible que entendiese nada. Venía obligada por la madre, se notaba de lejos. Pero no vino mucho. No hubo un tercer día. Casi me alegré, porque a mí no me gusta engañar a la gente ni crearle falsas esperanzas.

Pues bien, me volvió a pasar. Hace unos días una madre vino a mi casa muy angustiada. Su hijo tenía un examen importantísimo, que no entendía nada, que si lo aprobaba recuperaba Lengua de 3º de ESO, y que en la academia a la que lo llevaba no le ayudaban nada. Bueno, yo le dije que se viniese el chaval, y que veríamos qué podíamos hacer.

Este chaval tenía varios problemas, pero el primero y principal era la falta de interés: no quería estudiar. Si por él fuese, se notaba a la legua, habría dejado el instituto hace un par de años. Seguía por su madre, para no hacerle daño, porque para ella era muy importante que tuviese el graduado en ESO. Y por esa misma razón vino a mi casa.  Detecté enseguida, tras explicarle el tema (coherencia y cohesión textual), que el chaval no era tonto, y que  si no lo había entendido en clase era porque estaba pensando en otra cosa. En media hora entendió el tema, y en otra media hicimos un comentario de texto en el que se defendió más que bien, para no saberse los recursos y demás de memoria. Le fui animando todo el rato, porque el chaval, además, cree que es un negado para las estudios (poco interés y un mal autoconcepto como estudiante, receta perfecta para el abandono/fracaso escolar), y diciéndole que lo hacía bien, que lo había entendido. Cuando acabó la clase le recomendé que se hiciese un esquema de llaves con los recursos que tenía que buscar en el comentario de texto, y que practicase mucho con él delante. Le dije claramente que él no necesitaba clases particulares, sino trabajo e interés. Que no era tonto, y que podía con ello.  Eso sí, que si quería venir, yo no le iba a cerrar las puertas, pero que yo poco podía hacer si él no ponía de su parte. Me supo bastante mal sentir que no podía hacer nada, porque a diferencia de aquella chica, que era una alocada sin demasiado sentido común, este chaval se veía educado, formal y agradable.

Dijo que mandaría a su madre, y cuando la madre vino, yo no sabía como decirle que su hijo no tenía ningún problema, que lo que pasaba es que no le gustaba, no quería estudiar. Y que por eso no ponía interés. Y que al no poner interés, pues era normal que los estudios no le fuesen demasiado bien. Temía su reacción, porque el día que vino a hablar conmigo lloraba, porque no sabía como ayudarle más, pero reaccionó bien. Yo le dije que poco más había que ella pudiera hacer. Que esto le pasaba a muchos niños de su edad, que es una edad complicadilla, y que el problema era que muchos jóvenes veían eso de estudiar y sacarse el graduado como algo inútil, que no necesitaban para nada, y por lo tanto, que no querían hacer. Aquí es frecuente escuchar cosas como: "Para trabajar en el campo, ¿para qué quiero el graduado?". 

Es un problema grande, porque sospecho que una parte importante del fracaso escolar llega por esta vía. Por la falta de interés de los alumnos, porque no ven lo que les enseñan como algo útil, como algo por lo que merezca la pena hacer el esfuerzo. Luego, es cierto, muchos se arrepienten. Algunos vuelven a las aulas. Otros no, y se quedan en el arrepentimiento. ¿Cómo lo hacemos para que los chavales perciban que saber cosas no es una pérdida de tiempo? ¿Será un problema del sistema educativo? ¿De los contenidos? ¿De las metodologías? ¿Es simplemente algo inevitable?







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