miércoles, 31 de octubre de 2012

Meme-premio: Blogger Versátil

Esta mañana andaba yo entre estornudos y pañuelos de papel, leyendo los blogs,como cada mañana. Eso sí, esta mañana, algo más tarde. Una de las cosas positivas que se pueden sacar de estar en paro, es que si te encuentras regular, con un triste constipadillo, no es necesario que te fuerces a salir arrastrándote de la cama para cumplir tus obligaciones. 

Total, que estaba leyendo los blogs y me he encontrado que a Aura Zombie le habían dado su primer premio. ¿Cómo primer premio? ¿Solo? :P La cuestión es que esta blogger, en efecto, versátil, y también epatante (xD) me ha re-entregado el premio a mí, entre otras bloggers.  Y aquí está:

E l precio del premio es, en lugar de un discurso rollero, contar 7 cosas sobre mi persona. Se me empiezan a agotar las anécdotas y curiosidades, que soy una persona bastante corriente. De todas maneras, si me repito, espero que me perdonéis :P

1. Colecciono tazas de desayuno y utilizo una u otras según mi estado de ánimo mañanero. Sí señor. Y no tengo tantas como me gustaría, porque vivo en un piso pequeño con muy poco espacio y, para dos personas, tampoco es necesaria tanta taza. Pero me encantan. Cuando voy a un bazar, tienda de menaje, y demás, se me van los ojos rápidamente a las tazas de desayuno.  Así que si queréis hacerme un regalo y no queréis rascaros mucho el bolsillo, ya sabéis: taza.

2.En invierno, mis manos detectan si estoy en casa o no y lo muestran con cambios de temperatura. Y diréis, pues vaya tontunada, todas las manos lo hacen: al estar en casa están calientes, y fuera, frías. ¡Pues no! Mis manos son al revés: en casa las tengo congeladas, y al salir a la calle, calentitas.  De verdad de la buena.

3.Me encanta el karaoke. Los juegos de karaoke tipo singstar me vuelven loca. De hecho, sacaron una versión para pc que se llamaba Ultrastar y con la que me pasaba horas. Lo que pasa es que yo practico el karaoke de puertas para adentro. Vamos, podría decirse que me gusta cantar, pero como lo que hago es destrozar canciones, creo que karaoke pega más xD

4. Casi siempre tengo los labios estropeados. Cortados, con pieles, secos, hechos polvo,... Sea verano o invierno, aunque en invierno la cosa es más grave. Por eso, algo que siempre llevo encima es un cacao de labios.

5. Soy miope. Mucho. También tengo astigmatismo. Resumen: veo menos que un gato de escayola.

6. Tengo fobia absoluta a las agujas. Bueno, en general a todo lo que tiene que ver con médicos, pero pensar en vacunas, análisis de sangre, goteros... Afú. Lo paso super mal cuando tengo que hacerme análisis. Estoy varios días sin dormir, prácticamente.

7. El personaje favorito de mi infancia es Pippi Calzaslargas. Me encantaban tanto la serie como el libro, que me habré leído 10 veces por lo menos. ^^


Ahora debería nominar... Y para no devaluar el premio ni acaparar a mucho personal(que luego, las que llegan después no tienen a quién nominar) solo voy a hacer una nominación:

Perri (meison).

No me digáis que no es versátil. :P



lunes, 29 de octubre de 2012

Actualización laboral: ¡Ooooohhhh! :(

¿Os acordáis de aquella entrevista que me fue tan bien? Vamos, la primera entrevista de verdad de mi vida. Pues yo ya lo daba por perdido. Se suponía que a principios/mediados de octubre tendría respuesta, bien afirmativa, bien negativa. Mirad a qué fechas estamos, y nada de nada. Nanai.  Ya lo daba por perdido y me consideraba víctima del típico y tópico "ya te llamaremos".  Pues resulta que no. Acabo de tener respuesta.


No por teléfono, sino por email. Me comunican que las plazas han sido cubiertas, pero que mantendrán mi CV por si surgen vacantes una vez arrancado el proyecto. Quiero creer que lo dicen de verdad, pero me suena a consolación.  Pero quién sabe...

En fin, no iba a ser llegar y besar el santo, y menos conforme están las cosas. Sorprendentemente, y sobre todo después del post que he escrito hace unas horas, me lo estoy tomando bastante bien. Supongo que este es uno de esos golpes que tardan un rato en doler :P

Seguiremos informando sobre la poco-tirando-a-nada interesante vida laboral de Bettie Jander.



Pd: Y eso que la entrevista me fue muy bien. Muy, muy bien.  Lo dicho, no trabajo en la vida. xD

 

 


¿Es ésta una de esas crisis de las que se sale?

Es una pregunta que me ronda la cabeza últimamente. A medida que van pasando los días, semanas, los meses... ¿véis alguna mejoría? Porque yo no. ¿Cuántas veces hemos oído que habíamos tocado fondo? A ver si va a resultar que este es un pozo sin fondo, una caída infinita. No es un pensamiento agradable, pero para mí, ahora mismo, es inevitable.

Esta mañana me he dedicado a rehacer mis curricula. He buscado una plantilla llamativa, pero sencilla, en la que poder meter mi curriculum en una página. El que tenía ahora mismo ocupaba página y media, y la verdad, no tengo tanto que decir. Tenía que encontrar la manera de ser más escueta y directa. No sé si lo he hecho bien, si lo he mejorado o lo he empeorado. El caso es que he pasado un rato regular haciéndolo porque me lo he tomado bastante en serio. Y cuando he acabado, me he dicho: Bettie, eres tonta del culo. Tanto cambio, tanto estrés, tanta mandanga... ¡como si fuera a servir para algo!

Sip, ese es el pensamiento que me asalta últimamente. Sigo consultando a diario portales de empleo, webs de programas de televisión que publican ofertas, páginas para parados, ... Pero lo hago con la secreta seguridad de que todo va a dar lo mismo. Normalmente lo llevo con calma, porque aciertas a ponerlo en perspectiva y te das cuenta de que, de cada 4 españoles, 1 está en paro. Y que en tu rango de edad la cosa se complica aún más. Y más aún entre las mujeres. Y entre la gente sin experiencia. Y suma y sigue.  Pero hay veces en las que das un golpe en la mesa y dices...¿por qué nadie me quiere (laboralmente)? ¿No me merezco una oportunidad? A veces soy mucho más tajante y tremendista: No voy a trabajar en la vida. 

Pero no es solo el trabajo, que no es poco, pues sin él no hay posibilidad de vivir dignamente: es todo. Ayer veía en el telediario que ciertos profesionales médicos están recibiendo presiones para no recetar ciertos tratamientos. O que hay gente con enfermedades graves, como cánceres, que pueden llegar a quedarse sin tratamiento por falta de presupuesto en los hospitales. Hay personas a las que ya les está pasando. Estas cosas hace unos años eran impensables, y están ocurriendo. 


¿A dónde va el país? ¿Habrá vuelta atrás de esta situación? ¿Están haciendo los políticos algo para sacarnos de ella o simplemente están aprovechando la coyuntura para dejarnos sin derechos, sin posibilidades? Es más, ¿se puede hacer algo?  Porque pensar que se puede hacer algo y que nadie lo está haciendo es descorazonador, de verdad.

No sé si será el frío que ha venido de golpe, pero la verdad es que tengo el ánimo tiritando.


domingo, 28 de octubre de 2012

Déjame en paz, no te pienso agregar.

Título parafraseado de esta canción de Platero y Tú.

He dicho más de una vez en este blog que soy un erizo, una ninja social. Que me sobra la mayor parte del mundo la mayor parte del tiempo. Sí, soy asquerosa y repelente, qué le vamos a hacer. Lo bueno de mi presonalidad es que aunque sea una persona de mierda, no atormento al personal con mi presencia. 

La manera de estar a gusto para mí es sencilla. Quedar con la gente que realmente me apetece quedar, y con nadie más. Negarme a salir  cuando no me apetece. Hacer vida de ermitaña. Y así la menda es feliz. Aprovecho para tener un poco de contacto "humano" virtualmente, porque tengo la suerte -de la mala- de que muchas personas que sí me caen bien y con las que estoy a gusto viven a tomar por saco. Por eso, dedico algo de tiempo a Internet, sobre todo a foros, redes sociales y blogs. 

Este mundillo no me agobiaba demasiado. Pero hay alguna red social que empieza a tocarme la moral, o más bien, la gente que por ella pulula. Me refiero a Facebook, que es una red en la que uso mi nombre, cuelgo información y fotos personales y me relaciono con esas personas que quiero y me interesa. Y últimamente pienso que me sobra mucha gente en Facebook. Me dan ganas de borrar a ex-compañeros de facultad con los que nunca tuve relación, conocidos de conocidos, gente que conozco de foros pero con la que no tengo una relación demasiado cercana, ... Y poco a poco lo voy haciendo. No es nada personal, es que quiero mantener ese espacio un poco más "íntimo", si es posible atribuir esa palabra a internet. No es por nada, pero tengo la sensación de que va a ser complicada la cosa, así que me veo venciendo todas las resistencias y cerrando la cuenta de Facebook, como si lo viera.

Hoy la gota que ha colmado el vaso de mi mala leche social ha sido una invitación de mi cuñada a la red social. Siendo claros, es una persona con la que me relaciono por obligación. Si no fuese familia de Jack no me acercaría a ella a menos de 500 metros. Me cuesta hasta mantener una relación cordial con ella. Ayer, de hecho tuve una conversación con mi suegra sobre unas publicaciones de Jack en Facebook que le había mostrado mi cuñada. Y decía mi suegra que había visto "símbolos nazis" y otras cosas publicadas por Jack. Flipe absoluto por mi parte. Intento de mantener la compostura y no mandarla a tomar por saco conseguido a medias.  Pero es que además mi cuñadita decía que "a ver cómo podía quitar a su hermano de Facebook, que ella no quería ver esas cosas que pone". ¡Perdona, mona, pero has sido tú la que lo has agregado! 

Con esta experiencia reciente, y aunque no la hubiera tenido, es obvio lo que he hecho: rechazar la invitación. Igual que rechacé la de su marido. ¡Que no me interesa! Que no quiero que me cotillees la vida para luego comentar lo tal o cual que soy. ¡Que no! Pues 15 minutos después me ha vuelto a enviar otra invitación, ¿pero qué pasa aquí? ¿No pilla la indirecta? 

No me mola un duro. Esto me está empezando a generar una sensación de acoso permanente, manía persecutoria y obsesión. Espero que no saque el tema cuando nos veamos en persona, porque creo que ahí mi sistema de autocontrol va a flaquear indefectiblemente. Lo presiento.

Porque es el medio por medio del cual me comunico con algunas amistades cercanas, si no, os digo yo a dónde iba a mandar la cuenta de Facebook...¡JA!

sábado, 27 de octubre de 2012

Empezar con ilusión, acabar con sarpullido.

Hace poco os hablaba de la carta de recomendación que me hicieron un par de profesores y de cómo pensaba emplearla:; a mandar currículos se ha dicho. A diestro y siniestro. A todos los centros privados que se me pusiesen por delante. Mi ideal es trabajar en la pública, pero de momento esto es lo que hay. Y hace cosa de un mes os comentaba que el recuento de centros privados y concertados en mi ciudad era un poco asimétrico: la mayor parte de los centros eran católicos.  Calculaba que unos 7 eran laicos. Pues aún tiré por lo muy alto. Me guiaba porque el nombre no era Santa Patata Frita y Aliñada o Hermanos de la Leche Frita. Alguno de los centros aconfesionales los conocía por alguna amiga que había estudiado allí, o por que conocía a algún profesor, etc. Y otros, pensaba que los conocía. Y aquí es donde empieza mi drama vespertino. 

He empezado por mandar el CV en primer lugar a los centros aconfesionales. Preferencias personales. En lugar de enviar directamente el curriculum al email que encontré en la web de Consellería, me he entretenido a ir a las páginas webs de los centros en busca de un apartado en plan "Trabaja con nosotros", o de un email específico para presentar una candidatura. He llegado a un colegio que tengo más que visto y por el que he pasado cientos de veces. Yo pensaba que era laico y además bastante prestigioso, porque a la hora de llevar a los niños al colegio allí se montaban unos pitotes que pa' qué contar.  Los niños iban muy pitis, con sus uniformes y sus cosas. En fin, nada hacía sospechar el drama que se cernía sobre mi persona. 

Entro, y me voy derecha al "sobre el colegio". Algo llama mi atención. Son las palabras "Opus Dei". La leche. Entro, y veo que el colegio está ligado, ligadísimo a La Obra. Escalofrío por la espalda, y de repente, muchas dudas. ¿Por qué hay tantos alumnos que van a ese colegio? ¿Los padres saben dónde están dejando a sus hijos? ¿Pagan, en serio, por llevarlos ahí?  Ni qué decir tiene que en el colegio separan por sexos. Luego me he encontrado otro de los que suponía aconfesionales, pero que no conocía, que también era del Opus. En este caso, femenino.  Sarpullido en aumento. No lo digo retóricamente, se me ha puesto mal cuerpo, de verdad.

Buscando información sobre esto, he encontrado un mensaje de un foro en el que una mujer preguntaba por cuál de estos dos colegios le recomendaban. Flipante. La gente lleva a sus hijos DIRECTAMENTE a esos centros. ¿Tantos miembros del Opus hay en este país, en esta ciudad?

Me ha hecho gracia que en la web de uno de los dos centros se publicitaban con un "100% de aprobados en Selectividad". Como si eso fuera gran cosa. En mi año, mi instituto, público, también tuvo un 100% de aprobados en selectividad. Nada raro, si tenemos en cuenta que la aprueban más del 90 % de los que se presentan.

Al final, 4 centros no religiosos. Eso exceptuando liceo francés, colegio alemán, etc. en los que no doy el perfil. Vaya panorama. He mandado algunos CV también a centros religiosos, eso sí, no vinculados al Opus. Conozco centros propiedad de organizaciones religiosas que contratan a profesores normales y corrientes. Tuve la oportunidad de conocer a un profe de filosofía que trabajaba en un colegio religioso, y el tipo no era precisamente creyente. Pero la verdad es que se me ha erizado la espalda más de una vez leyendo cosas como "compromiso absoluto con los valores, modelo de vida y de hombre predicados por el Evangelio". Ughhhhh... Desde luego, lo enviaré primero a colegios que vea más..."neutrales", por decirlo de alguna manera.

Le estaba leyendo a Jack ciertas cosas que veía en las páginas de los colegios, y decía que no entiende como el Estado permite que existan esas instituciones. Yo le he contestado que antes que eso hay que preguntarse por qué los financia. 

Con este panorama veo complicadillo encontrar trabajo en la educación privada, la verdad. He empezado con ilusión y he acabado con el ánimo por los suelos.

Hay razones para el luto por la educación...


Edito: Me he obsesionado un pelín con el tema, sí. He visto una entrevista de Gonzo, de El Intermedio a una ex-numeraria de La Obra, que se ha dedicado a denunciar las prácticas que allí tienen lugar. Impresionante.

viernes, 26 de octubre de 2012

Diario de una opositora: Día a día, indefinidamente.

Hacía tiempo que no escribía un post en mi diario de opositora, así que hoy toca. Ha habido algunas novedades en mis rutinas. Poco significativas, pero en fin, novedades. 

Utilicé mi maravillosa agenda para hacerme una especie de planning flexible (que no es cuestión de agobiarse). Haciendo una especie de media, calculé que si elaboraba 2 temas por semana podría acabar marzo con unos 51 temas acabados, lo que supone un 70% del temario. Es bastante. A partir de ese momento, me dedicaría a estudiar y a perfilar la programación y unidades didácticas que iría elaborando poco a poco en cuanto saliese la convocatoria y supiese los requisitos de las mismas. Eso calculando que las oposiciones que se anunciaron para Castilla-La Mancha tuviesen lugar en Junio. Quizá un poco justo, pero sobre la marcha podría recortar algunos temas y dar más tiempo al estudio. Al fin y al cabo 51 temas son muchos. Luego concluí que iba a tener que recortar sí o sí, porque las oposiciones se planeaban para mayo. Pero al final tampoco voy a tener tanta prisa, porque acabo de leer que las oposiciones en Castilla-La Mancha para 2013 serán, seguramente, solo para Primaria. Las de secundaria seguramente se pospondrán, como mínimo, hasta 2014. Pues vaya. Tampoco es una grandísima decepción. El hecho de que saliesen oposiciones no garantizaba de ninguna manera que fuesen a salir plazas de Filosofía. Pero así, desde luego, no van a salir. Ya veremos si alguna otra Comunidad Autónoma se lanza, aunque por evitar el efecto llamada, seguramente esperen a convocarlas todas, o varias de ellas, a la vez. En fin, así no me tengo que meter prisa, aunque es un poco desesperante: no tener trabajo, estar estudiando para unas oposiciones que no se sabe cuando se celebrarán o, al paso que vamos, si tendrán lugar. Auguro un futuro bastante negro para la Filosofía en la enseñanza. 

En fin, pero eso tampoco me hunde, al menos no de momento. Hoy me he quitado la pereza de buena mañana y me he ido a la biblioteca a consultar un libro. Al final, he visto que podía traérmelo a casa, y eso he hecho. Me encuentro más cómoda en casa, pero es cierto que en la biblioteca, sin distracciones, rindo bastante más. En una hora y poco me he pulido prácticamente medio tema. Si tuviese un PC pequeñito para acceder a mis documentos personales y a Internet de vez en cuando...aunque así me distraería prácticamente igual en la biblioteca que en casa.  Desde luego, la biblioteca a la que voy es un sitio bastante chulo. En sus orígenes, allá en el siglo XV, se supone que fue el primer manicomio de Europa. Después, fue un hospital. Se incendió, fue reconstruido, ... En fin, es uno de esos sitios en los que creo que a Iker Jiménez le gustaría buscar psicofonías. Pero es un sitio bastante agradable artquitectónicamente, te hace sentir bien. Es muy luminoso, no está abarrotado, ... He echado allí más de una tarde estudiando, sobre todo en 1er y 2º curso de carrera, y me he tomado algún que otro café en la cafetería de enfrente, cafés que se alargaban más de la cuenta.  Ya se sabe lo que pasa con los descansos. 

Ideas viejas escritas en libros viejos guardados en viejos edificios.

Me temo que a partir de ahora visitaré de vez en cuando la biblioteca. Los temarios confeccionados en Filosofía son bastante patateros. No son útiles para preparar temas. De hecho, salvo en dos temas, no me han servido para nada. En lugar de ceñirse al tema concreto que propone el enunciado, te sueltan todo el pensamiento del autor en 40 o 50 páginas. Demasiada paja. Perfiero, como he hecho desde el principio, ir a una Historia de la Filosofía, por lo menos en los temas relativos a la misma. Me da más seguridad. Tengo una, pero me gusta combinar al menos dos fuentes. Así que eso, acudiré de vez en cuando a consultar la otra a la biblioteca, o a sacarla en préstamo. 

Menos mal que sigo en Valencia, si tuviese que hacer esto desde mi pueblo sería imposible. Dudo que en la biblioteca municipal de mi pueblo haya más libros de Filosofía que algún clásico muy clásico. 



jueves, 25 de octubre de 2012

La carta de recomendación.

A la vida hay que echarle morro. Esto es así. Lo que pasa es que yo eso lo llevo regular tirando a mal. Por eso no entiendo de donde saqué el arrojo necesario para dirigirme a un profesor del Máster y pedirle una carta de recomendación (como ya os dije aquí).  Nunca había hecho algo así, la verdad. Pero supongo que vi claro que una carta de recomendación podía llegar a ayudarme en cuanto me pusiese a mandar mi curriculum a los diferentes centros privados y concertados. Tampoco soy muy optimista, pero por lo menos mal no le hará al curriculum llegar con compañía.Además, me sentía legitimada para hacerlo: el Máster me fue muy bien, trabajé mucho y los resultados lo reflejaron.


Así que nada, escribí al profesor con mi petición. Le di muchas vueltas al email para que no quedase demasiado enérgico, ni demasiado suplicante, para que quedase claro que no le estaba obligando y que no tenía la intención de ponerlo en un compromiso. Le dije que esperaba no estar abusando de la oferta de ayuda que nos hizo cuando se despidió de nosotros. Al cabo de unos días me respondió que si, que por supuesto que lo haría. Flipé un poco y me alegré un mucho. Me proponía además buscar el apoyo de otro profesor del máster con el que compartía asignatura, para redactar y firmar la carta conjuntamente. Yo le dije que si el otro profesor no tenía problema, yo no iba a poner ninguna objeción. Que agradecía mucho su ayuda. Mucho,mucho.

Pues ha pasado un mes y hoy mismo he pasado por la Facultad a recoger mi carta de recomendación. Llevaba allí varada un par de semanas, porque el profesor que sigue vinculado a la Facultad y que dejó allí la carta se olvidó de avisarme.  Pero ya la tengo. Antes de salir de la Facultad me he tomado un momento para sentarme y leer la carta. Y mi reacción ha sido algo así:


Que sí, que como ya he dicho, aunque esté mal que yo lo diga, me lo curré mucho. Y que sí, el día de la defensa del Trabajo de Fin de Máster ante el tribunal me llevé una buena ración de elogios. Pero a estas cosas no se acostumbra una... 

Es agradable que te digan cosas bonitas, y he de reconocer que la que escribe no es precisamente insensible a la adulación. Pero fiel a mi estilo tengo que decir que no todo es agradable. Cuando iba en el autobús pensaba cosas como: ¿Y si consigo trabajo y no cumplo las expectativas? ¿Y si esta carta da una imagen demasiado idealizada de mí? ¿Y si, gracias a esta carta, consigo un trabajo y la cago? 

Me presionan bastante las expectativas. Y le doy demasiadas vueltas a las cosas. A ver si le bajo la cantidad de revoluciones por segundo a mi cerebro...

Para acabar con buen sabor de boca y una sonrisa, solo diré que os podéis imaginar el tono de la carta si os digo que lo que ha dicho Jack al acabar de leerla ha sido: "A partir de ahora te llamaré Excelencia"  Es que molo mucho.


miércoles, 24 de octubre de 2012

El antojo.

No, no estoy embarazada. Lo digo deantemano porque entre que publico fotos de patucos y que hablo de antojos la gente se lleva a sí misma a confusiones. Reitero: no estoy embarazada. Por si acaso.

Resulta que hoy tengo un mal día. Por cosas. Me siento triste, desanimada y, en resumen, como si me hubiese dejado una riada.  No voy a entrar en las razones, porque creo que la mayoría podemos encontrar hoy en día las nuestras. Hay razones para no estar bien del todo. Y nos están quitando derechos, pero creo que todavía tenemos derecho a tener un día malo, ¿verdad?

Pues eso. Que tengo el día regular. Pero hay algo que podría arreglármelo. De hecho, ayer, como sabiendo lo que me esperaba, salí en busca y captura del antídoto contra este malestar emocional. Pero en el único sitio donde las he visto últimamente no había. ¿Por qué me hace esto la vida?

Hablo de estos cacharros:


Son mi chuche favorita. Sé que en inglés se llaman Iced Chocolate Cups o Icy cups. En español no sé como se llaman. Yo siempre los he llamado "magdalenas", por el envoltorio. De hecho, hace tiempo que no los veo, ni los tomo. Y de verdad que me encantaban, y me encantan.  Debería comprar un bote como el de la foto, y guardarlo en casa bajo llave. Y darle la llave a Jack para que me los administre en momentos de emergencia. Voy a tener que averiguar dónde puedo comprarlos... ¿Alguna idea?



martes, 23 de octubre de 2012

Relaciones problemáticas y la Regla de Oro.

Las relaciones interpersonales son una cuestión de lo más complicada. Pero si además, introducimos el sexo, rizamos el rizo de las complicaciones. Es más inusual de lo que parece que en una relación haya simetría entre las dos partes, o, dicho de otra manera, que ambas personas estén en el mismo punto de compromiso, sentimientos, implicación o como queramos llamarlo. 



En estos momentos tengo dos amigas que tienen una situación de ese estilo. Las circunstancias son bastante diferentes, pero en última instancia ambas están en un punto de compromiso menor que sus respectivas "parejas".  Una de ellas, llamémosla "Amiga A" tiene claro que la relación para ella es solo sexual y amistosa. Comparte con la otra persona conversaciones apasionantes y relaciones sexuales, pero tiene claro que no llegará a enamorarse de ella. La situación es perfecta para el sexo sin compromiso... excepto porque la otra persona sí tiene sentimientos hacia mi amiga.  Mi otra amiga, a la que llamaremos "Amiga B" lleva meses viéndose con un chico, pero en última instancia no comparten más que sexo. A mi amiga él no le parece divertido, no tienen gustos comunes ni ningún tipo de sentimiento. De hecho, lo que más le apetece en estos momentos es vivir su vida y explorar posibilidades. No es una mala situación tampoco para sexo esporádico, pero de nuevo, este chico está mucho más implicado con mi amiga de lo que ella está dispuesta a implicarse con él. Sin embargo, esta persona le proporciona cierta comodidad, bienestar, satisfacción. Es agradable sentirse querida, deseada, y por eso mi amiga no acaba de dejarle clara la situación.

El sábado pasado "disfrutamos" de una tarde de chicas. Nada más llegar a mi casa me dijeron que venían a que las zurrase. Me narraron sus casos, dejando claro que, de alguna manera, se sentían mal por la situación que cada una de ellas vivía. Desde luego, Amiga B estaba mucho más atormentada por las circunstancias porque en el fondo y en la superficie sabía que su comportamiento no estaba siendo el mejor, ni se acercaba. La palabra que utilizó para calificarse fue "zorra egoísta", y bueno, tampoco yo lo habría dicho así. Pero lo cierto es que sí estaba actuando de una manera egoísta. Hay a veces en las que, al menos, comportarse mal tiene una excusa: el tipo se lo merece, es un completo capullo. Pero éste no era el caso. El chico realmente estaba interesado en ella, se preocupaba por ella, intentaba familiarizarse con sus gustos para poder conversar,... Y ella, por no perder esa comodidad, le respondía con mentiras -o medias verdades- y largas. En cierto modo, jugaba con sus sentimientos. No es una situación ideal, desde luego.

Lo cierto es que no me gusta sermonear al personal porque acaba pareciendo que yo me sitúo en una posición moral superior a la suya. Y no, yo también he metido la pata hasta la ingle en más de una ocasión, no siempre me he comportado como me habría gustado, y no estoy libre de volver a cagarla. Pero las acabé sermoneando. No pretendía hacerlo desde la superioridad moral, de verdad, sino desde las muchas veces que me han jodido y he acabado jodiendo a alguien. Y bueno, hubo risas, llantos, y de todo un poco. Lo cierto es que me acabé sintiendo bastante mal. ¿Se supone que las amigas siempre se apoyan entre sí, en lo correcto y lo incorrecto? Porque entonces debo de ser PÉSIMA como amiga. Lo cual explica que no tenga muchos amigos, por otra parte. Y si a esa honestidad un tanto salvaje le añadimos mi "tacto manchego", es decir, que soy más bruta que un "arao", pues tenemos un maravilloso cóctel para hundirle la vida al personal. 

Pero en definitiva, lo que dije es bastante claro y sencillo. En lo que atañe a las relaciones de este tipo... ¿sentimentales, podríamos llamarlas? me he regido siempre, salvo un único desliz que todavía no consigo perdonarme, por la Regla de Oro, en su variante positiva, "trata a los demás como quisieras que te tratasen", pero también y sobre todo, en su variante negativa, "no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen". Y oye, funciona bastante bien. Quizá no para ser feliz instantáneamente, pero sí para dormir tranquilamente por las noches pasado un tiempo.

Al final, fue a eso a lo que acabé remitiendo a mis amigas. Les pedí que pensasen en alguna situación hipotética o pasada en la que estuviesen en una situación parecida a la de sus respectivas "parejas", y que, en virtud de eso, tomasen decisiones. Y ahí fue cuando Amiga A decidió repetir a su "pareja" cuales eran, o mejor, cuáles no eran sus sentimientos, para asegurarse de que lo tenía claro, de que no se estaban creando falsas esperanzas,  y cuando Amiga B acabó llorando, dándose cuenta de que no le molaría ni medio pelo que la tratasen así.

A veces es difícil, en estas situaciones, hacer lo correcto, sea por la razón que sea. Y a veces te metes en líos tremendos por ser honesto, o en situaciones incómodas, o hieres a personas que te importan. Pero en mi experiencia, a la larga, es lo mejor que se puede hacer. 

No sé, ¿vosotras seguís la regla de oro en las relaciones problemáticas o tenéis otro método?


lunes, 22 de octubre de 2012

Chistes serios, o reir por no llorar.

"Nadie puede conservar mucho tiempo un mando tiránico, porque, si el soberano obra de una manera completa­mente caprichosa, arbitraria e irracional, provocará eventualmente tal oposi­ción que perderá su poder para gobernar. Y la pérdida del poder para go­bernar significa la pérdida del derecho al gobierno. Y  la  pérdida  del  poder  para  go­bernar  significa  la  pérdida  del  derecho  al  gobierno.  Así  pues,  cabe  esperar que,  en  su  propio  interés,  el soberano  no  exceda  límites  razonables  en  el ejercicio de la autoridad."
 Historia de la Filosofía, Copleston, entrada Spinoza V

Lees estas cosas y, vistas las circunstancias, no sabes si reír o si llorar.Sobre todo si lo que sigue es:

" En una democracia, dice  Spinoza, las  órdenes irracionales  son  menos de temer  que  en cualquier  otra  forma de constitución;  porque “ es  casi  impo­sible  que  la  mayoría  de  un  pueblo,  especialmente  si  es  una  gran  mayoría, convenga en  un  designio  irracional."
 Ja. Ja. 

domingo, 21 de octubre de 2012

Labios rojos y promesas

La marca de carmín rojo en el cristal era toda una promesa.  Allí estaba ella, sonriente, pletórica, exhuberante. "¿Te invito a algo?", le había preguntado, y ella había accedido. No sé qué pidió. Mi whiskey con naranja parecía algo detestable frente a aquella bebida azul que se agitaba en su copa. Una bebida extraña, poco común. Como ella. 

¿Qué hacía una mujer así en aquel antro? La pregunta no dejaba de rondar por mi cabeza mientras la observaba, sentada en aquel taburete como si estuviese en el lugar más cómodo del mundo. Su pie se balanceaba, haciendo oscilar un zapato de tacón que amenazaba con desnudar lo. Apartaba los mechones rebeldes de su cara con suavidad, acompañando al gesto de sus manos con un ligero movimiento de cabeza pero, eso sí, sin dejar de mirarme.  Sus ojos eran cálidos pero penetrantes, y como un espejo, impedian ver qué había tras ellos. Y aquella sonrisa, envuelta en unos labios rojos, ligeramente inclinada a la derecha...

La conversación era intrascendente, ambos lo sabíamos. Me sentía desnudo: ella sabía qué estaba pensando, sabía qué quería decir. ¿Era aquello lo que le hacía reír? Y yo...Yo me sentía como llevado por una corriente irresistible. Sentía aumentar mi presión sanguínea cuando mostraba su cuello, o cuando se inclinaba hacia mi para brindar. Desprendía cierta energía, casi calor, ¿o sería quizá magnetismo? Porque me atraía hacia ella con una fuerza extraña.

Estaba a punto de volverme loco, pero entonces dejó la copa sobre la barra y se levantó. Se acomodó el vestido negro con las manos, acompañando el gesto con un movimiento de sus caderas que me hizo estremecer. Se inclinó hacia mi oido. Aún no sé como pude escuchar sus susurros en medio del ruido del local, ni como sujeté mi corazón para que no se me escapase por la boca. Dejé un billete sobre la barra, sin esperar las vueltas, y la seguí, mientras la vista de su espalda y sus piernas subiendo las escaleras me torturaban.

Al llegar a la calle paró un taxi. Abrió la puerta y se giró hacia mí. Me besó en la comisura de los labios, haciéndome estremecer. Sin mediar palabra y antes de que pudiese reaccionar, se metió dentro del taxi y cerró la puerta. Inmóvil, vi como se alejaba.

¡En fin! No todas las promesas se cumplen...

sábado, 20 de octubre de 2012

La banalidad del mal...¿tenemos un lado oscuro latente?

 El otro día me descubrí pensando en la crueldad humana, en la maldad.  No hablo de psicopatías ni nada por el estilo. Hablo de la crueldad  que nace de las personas normales, de nuestro vecino, de nuestro hermano, de un ex-compañero de clase.  

Todos hemos presenciado en los últimos tiempos la chulería y la cara que les echan algunos policías al asunto. No me voy a cortar y voy a decir que hemos podido ver crueldad y saña. ¿Irá con el uniforme? Pero la cosa no queda en la policía. En la manifestación que rodeó el Congreso pudimos ver como, en la carga de la estación de Atocha los vigilantes de seguridad privada se apuntaron también a la ensalada de porrazos, cuando eso no les toca a ellos.

En estas circunstancias te preguntas, ¿qué pasa con la gente? Y a mí me da por pensar en que el mal, muchas veces, se hace. Vamos, que no hay que ser un monstruo para hacer cosas monstruosas. Algo así decía Hannah Arendt en Eichmann en Jersualén, obra que hace la crónica del juicio de Eichmann, uno de los principales responsables de la solución final:

"A pesar de todos los esfuerzos de la fiscalía, todo el mundo podía ver que este hombre no era un monstruo, pero era realmente difícil no sospechar que fuera un payaso."

En la obra se retrata a Eichmann como una persona normal, en la que no se detecta rastro alguno de antisemitismo, sino solamente un empeño celoso en cumplir con su deber. Eichmann no era un monstruo, sino un burócrata.

Y me da por pensar en que hay un lado oscuro en todos que solamente necesita de un determinado caldo de cultivo para germinar. Pienso en el experimento de la cárcel de Stanford.  En él, las personas seleccionadas eran emocionalmente estables, cultas, aparentemente normales, o, simplemente, normales. Se les dividió al azar entre personas que adoptarían el rol de reclusos y los que adoptarían el rol de guardianes. Y, por supuesto, sabían que era un experimento.  Pero la cosa se desmadró de tal manera que hubo que suspender el experimento mucho antes de concluirlo. No solo los que tenían el rol de guardianes se convirtieron en personas inhumanas, arbitrarias, sádicas y crueles, sino que los que tenían el rol de reclusos aceptaban, en gran medida, este comportamiento. He aquí, amigos, la importancia del poder, de la autoridad. El mero hecho de creer que tienes autoridad puede trastocar hasta la más equilibrada de las mentes. Y el mero hecho de creer que no la tienes, puede esclavizarte.

Me resulta una explicación convincente. Explica por qué hay tantos profesores, jefes, policías, compañeros de trabajo veteranos y cualquier cosa que se os ocurra que, por creer que tienen autoridad sobre los demás, actúan como verdaderos subnormales. Y lo que más asusta es que creo que nadie está libre del todo de convertirse en un imbécil de este tipo, o lo que es peor, en un sádico. Acojona, ¿eh?

viernes, 19 de octubre de 2012

Qué bien sienta.

Estos últimos días estoy en plan "post serio". Hoy iba en la misma línea, pero entre unas cosas y otras, no he acabado  de escribir el post que había empezado. Esta tarde había quedado con unas compañeras del máster del año pasado. Lo cierto es que me alegro de que ese "seguiremos en contacto" de verdad haya ocurrido. Son dos chicas fenomenales, energéticas, creativas, auténticas. Vamos, de esas personas con las que no pasas el tiempo, lo inviertes. Siempre sacas algo bueno del tiempo con ellas.  Además, una de ellas ha traído al chico con el que sale, por lo que, además, he conocido a alguien nuevo. O eso creía. ¡Qué bien sientan los reencuentros!

Para empezar, me he arreglado. Me he puesto mis pantalones rojos, me he dejado el pelo "suelto",  y me he hecho un maquillaje estilo años 50, con su correspondiente delineado y sus labios rojos, rojísimos. A lo mejor me he extralimitado, pero lo cierto es que no tengo muchas oportunidades para maquillarme, porque no salgo demasiado, por no decir nada, así que he aprovechado la ocasión. Y me ha sentado fenomenal verme frente al espejo. Qué bien sienta sentirse bien.

Ya lo sé, Finn, pero de vez en cuando un poco de vanidad no sienta mal del todo.

Hemos ido a una cafetería cercana, nos hemos sentado, hemos charlado y hemos tomado un café.  Un café que ha dado para toda la tarde. Me encanta cuando estoy tan a gusto que me olvido del pasar del tiempo. Sólo cuando he notado que había anochecido me he dado cuenta de que había volado la tarde, y tenía pendiente ir al supermercado a comprar un par de cosas.  Qué bien sienta perder la noción del tiempo.

Y luego, pues ha habido sorpresa. Resulta que el chico, la persona supuestamente nueva que he conocido, no era tal cosa. Debería decirse que le he re-conocido. No porque le haya reconocido, sino porque le he vuelto a conocer, aunque ya nos conocíamos. Bueno, me he hecho un lío. Tampoco es que fuésemos íntimos ni nada. Resulta que es amigo de un viejo amigo, y que mi cara le sonaba. No hay que ser muy bueno recordando caras para ser más bueno que yo, así que, aunque a mí él no me sonaba, probablemente sea verdad que coincidimos hace mucho tiempo en el mismo tiempo y lugar. Qué cosas, ¿verdad? El mundo acaba siendo un pañuelo, después de todo. ¡Y qué bien sientan las casualidades agradables!

Desde luego, no todo ha sido igual de agradable. No todo puede sentar bien. Pero voy a obviar los detalles negativos de mi día, de mis últimos días. Por lo menos aquellos que tienen el tamaño justo para poder ser obviados. Me voy a quedar con lo bueno de hoy porque es lo que quiero hacer, y porque es de dónde quiero sacar fuerzas. De la ilusión que se me ha transmitido, de las risas que hemos compartido. De volver a ser, por unas horas, una chica de 24 años disfrutando de su tiempo. Y nada más. Por volver a ser yo. Porque, joder, ¡qué bien sienta volver a sentirse una misma!


Paradójico que acabe este post con lágrimas en los ojos, ¿verdad? Pero he decidido que son de alegría.

jueves, 18 de octubre de 2012

Orgullo, injusticias, odio.

Ayer hablaba con Jack sobre el trabajo.  Después de más de año y medio en paro, encontró un trabajo para un mes en agosto, y poco después, un trabajo para el mes de octubre. Empresas distintas, nada que ver el uno con el otro.  En estas circunstancias, un contrato de seis meses, o incluso de tres, que hace unos años nos parecía una tomadura de pelo, nos parece algo casi inalcanzable. Digo esto porque la conversación tiene que ver con el ámbito laboral. No quiero entrar en muchos detalles, pero creedme si os digo que las condiciones laborales dejan bastante que desear en el puesto de trabajo, pero el trato con los trabajadores es que se lleva un suspenso como una catedral.  Para resumir: se les trata como a piezas, como a robots, ... o más bien, como a esclavos. 


Pues la conversación salió de repente, como un ataque de tos. Jack estaba en la ducha, y yo estaba acabando de preparar un puré de calabacín patata y zanahoria para cenar.  Entonces La voz de Jack, manifiestamente afectada dijo algo así como que se estaba volviendo muy orgulloso en el trabajo, que cuanto más le putean, más orgulloso se vuelve, más intransigente, menos comprensivo y menos sumiso. Y que cada día soporta menos las injusticias, que llega un punto en que le duelen físicamente. No las que vive por él, sino las que presencia, vividas por otros. Que no puede tolerarlas.  Que cada vez siente más rabia, una rabia incontrolable que le bulle dentro.  Y entonces dijo la última palabra, que me dejó en silencio durante minutos, que me impidió contestar a su desahogo:

- Odio. Cada vez siento más odio. Y no sé cómo voy a deshacerme de él.

¿Qué se dice ante eso? ¿Cómo se intenta relajar una situación así cuando sabes que hay razones de sobra para tener esos sentimientos?

Hace unos días hablaba del estadio de negación en el que gran parte de la sociedad está inmersa. Pero no son todos. Como alguna de vosotras comentaba, ya hay quien se ha situado en el estadio de ira. Mi Jack es uno de ellos. 

No es un estadio agradable de ver en una persona que quieres, porque es como ver, tras la cara de tu ser querido, una especie de monstruo que crece. Alguien diferente al que esa persona solía ser. Y duele, porque sabes que para esa persona es doloroso.  Pero es un estadio inevitable, muestra solamente, como ya le dije a Jack, que tiene sangre en las venas. Y eso es lo triste, que lo lógico sea la ira, el odio. 

Y también da miedo. Porque piensas en lo que puede pasar si unas cuantas personas coinciden, a la vez, en el estadio de ira. Si el odio se sincroniza. El odio, no nos engañemos, no es organizado, sino caótico. Lo que puede salir es imprevisible. Pero da más miedo pensar que el orden nos ha fallado, y que a lo mejor lo necesario es el caos. 

De verdad, una ya no sabe qué pensar.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La protesta también educa.

Últimamente se oyen muchas voces, a favor y en contra, de la huelga educativa que se ha convocado estos días. Contra el Sindicato de Estudiantes no se alzan muchas voces, porque, si no se está a favor, se acaba concediendo que son estudiantes, por tanto jóvenes, por tanto, inconscientes y rebeldes. Y ya se les pasará y se darán cuenta de lo maravilloso que es formar parte de la mayoría silenciosa. Excepción es, como normalmente, el ministro de Educación, Jose Ignacio Wert, que haciendo gala de su total desconocimiento de la palabra "moderación" ha esputado unos cuantos calificativos que no voy a reproducir hacia los estudiantes.  Pero bueno, respecto de que los estudiantes hagan huelga, poco ruido, porque al final, con tal de no estudiar, hacen lo que sea.  Como si no hubiese razones. También ha habido una salida de tiesto en el gobierno de Castilla-La Mancha, afirmando que los estudiantes no tienen derecho a huelga porque no tienen trabajo. Ea, pues nada. 

Pero lo que de verdad ha levantado ampollas ha sido que la CEAPA, Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, haya apoyado las reivindicaciones del Sindicato de Estudiantes, sumándose a la protesta y proponiendo no llevar a sus hijos al colegio el Jueves 18 como medida de protesta. Aparte de atribuírseles los mismos adjetivos que a los radicales estudiantes, por participar de las mismas ideas, así, en modo platónico, se les ha llamado irresponsables y, en alguna que otra tertulia se ha dejado entrever que no se preocupan por el bien de sus hijos, ya que los utilizan como arma política. Que son malos padres.



Me han llamado poderosamente la atención un par de argumentos. El primero de ellos es que no se puede hacer huelga de un derecho. Cuando lo he oído -creo recordar que lo dijo una tertuliana de Intereconomía (quita, bicho)- casi me caigo de la silla de tanto reír. Es decir: uno no puede cesar en el ejercicio de un derecho temporalmente como medio de protesta PERO debemos asentir, aceptar y resignarnos a que le den patadas a ese derecho hasta dejarlo destrozado. A que nos lo arrebaten. Pues nada, muy lógico todo.

De todos modos, no estoy de acuerdo en que una huelga educativa suponga el cese en el ejercicio del derecho a la educación. La protesta también educa. Digamos que es una clase práctica de civismo. A ver si les entra en la cabeza que no todo lo que merece la pena saber está en los libros, y que, aunque lo esté, no todo se aprende estudiando.

Luego está el argumento de que la huelga de padres es ilegítima, porque los padres no hacen huelga, lo que hacen es obligar a sus hijos menores a hacer huelga. Y eso está muy mal (menos cuando la manifestación la convoca el Foro de la Familia o similares).



Y yo me desternillo, porque la misma gente que dice esas cosas es la que defiende que la educación en valores de los jóvenes debe quedar a expensas de la familia. La escuela no debe meterse en temas de educación cívica, moral, etc. etc. En definitiva: la escuela FORMA y la familia EDUCA. No es un modelo con el que esté de acuerdo, pero no hablamos de mí, sino de ellos. Pues bien. Les parece bien que una familia objete a Educación para la Ciudadanía, porque es la familia la que tiene que decidir si sus hijos adquieren o no ciertos valores que corresponden a derechos. Por ejemplo: que nadie le diga a un niño que los homosexuales tienen el mismo derecho a realizarse como personas en todas sus dimensiones (trabajo, familia, relaciones,...) que un heterosexual. Eso, en casa. Y si el padre decide que la homosexualidad es una enfermedad, da igual que la igualdad entre personas, independientemente de su orientación sexual, sea un derecho constitucional. Pero si se trata de que las familias eduquen en el ejercicio de ciertos derechos cívicos, también recogidos por la constitución, como el derecho a huelga o manifestación, eso ya no mola. Eso es adoctrinamiento familiar. Son padres malos que quieren inculcar a sus hijos unos valores malos. No como lo de discriminar a la gente por su orientación sexual o el color de su piel, ojo. En ese ámbito las familias sí tienen la última palabra.

Como decía, muy lógico todo.

En resumen: no me pronuncio acerca de lo que cada familia tiene que decidir, pero creo que promover un derecho cívico, educar en ciudadanía, no es adoctrinamiento ni en las aulas ni en los hogares. Y, desde luego, para mejorar nuestro civismo, lo mejor es practicarlo.


martes, 16 de octubre de 2012

El esfuerzo tiene premio: sigue intentándolo.

Todo está conectado. Y si no veréis como empiezo hablando este post del Premio Planeta y acabo hablando de mí (egocéntrica que es una).

Ayer se falló el Premio Planeta, el mejor dotado de narrativa en español (me he aprendido la coletilla de oírla en las noticias). El afortunado ganador ha sido Lorenzo Silva. Y la verdad, yo me alegro, aunque solo he leído un libro suyo, y de eso hace 8 años mínimo. 

El libro era "El cazador del desierto", y lo tuvimos que leer todos los alumnos de 4º de ESO en mi instituto. Era ese como podría haber sido otro. Pero no, fue ese. Y fue ese porque la actividad no se acababa al leer el libro. Resulta que el autor, sí, EL AUTOR, iba a venir a darnos una charleta. Así que más nos valía leernos el libro y hacer preguntas, nos decían los profesores con una mirada que denotaba cierto miedo: miedo a que el pobre Lorenzo Silva se fuese de allí deprimido porque nadie había leído su libro, o espantado por las tonterías que llegáramos a decirle. Esto, no sé para mis compañeros, pero para mí era todo un hito. ¡Iba a ver a un escritor en persona! (Ya os he contado otras veces que yo, desde pequeña, quería ser profesora y escritora...¡ay, cándida inocencia!). Recuerdo que, por aquel entonces, había empezado a trabar amistad con un compañero que también quería ser escritor. Andábamos los dos como pollo sin cabeza, atontaitos perdidos. Fue él el que me prestó su libro, después de leerlo, porque aquella actividad pilló a mis padres en un momento regular, y cuando pedí dinero a mi madre para el libro, me dijo con cara de pena: "¿No te lo puede dejar alguien?", lo cual ya lo decía todo.

El libro estaba bien, me gustó. Me pareció entretenido, y recordando el estilo aún hoy me pregunto por qué no he leído nada más del autor, como La flaqueza del bolchevique, por ejemplo (apuntado mentalmente). Me hizo fantasear en aquel momento con posibilidades que no iban a ocurrir, pero esa es una de las virtudes de las historias, ilusionarnos, aunque solo sea mientras navegamos por sus páginas. Y llegó el día de la charleta con el autor. Nos llevaron todos al salón de actos de la Casa de la Cultura del pueblo, y allí estábamos: los alumnos de 4º de ESO, nuestros respectivos profesores, el director y no recuerdo si el alcalde. Todo un acontecimiento, vaya. No recuerdo mucho de la charla, pero sí que un profesor le preguntó algo así como "¿De qué te sientes más orgulloso?", y él contestó que de haber conseguido entrevistar a Robe, de Extremoduro, persona que, para quien no lo sepa, no se deja -o dejaba, al menos- entrevistar fácilmente. Y entonces me pareció, de repente, un tío estupendo el Lorenzo Silva aquel: no era un estirado.

Total, que las preguntas brillaban por su ausencia. Los profesores intentaban rellenar con preguntas más o menos tontas, pero juraría que el escritor aguantó estoicamente sin poner cara de "¿Por qué a mí? ¿Por qué yo?". De repente, un momento de silencio prolongado en el que la incertidumbre empieza a hacerse incómoda. Compañeros que me miran y susurran "Pregunta, pregunta", temerosos de que, si no alargamos aquello, nos devuelvan a clase. Y entonces levanto la mano. Hago una pregunta larguilla. Le digo que me ha gustado el libro, pero que yo no quiero preguntar sobre el libro, sino sobre el oficio de escritor. Le pido algún consejo para las personas que, en un futuro, quieren dedicarse a escribir, un trabajo que no pinta demasiado bien ni da demasiadas garantías. No sé, supongo que lo formulé de una manera un tanto rimbombante, o algo, porque cuando acabé, mis compañeros estaban aplaudiéndome -aliviados por no tener que volver todavía a clase, supongo- y el escritor sonreía. Me felicitó por expresarme tan bien y me dio el consejo que había pedido. 

 
Me dijo, resumiendo, que cuando quieres algo hay que intentarlo. Que eso no quiere decir que nos vaya a salir bien, que el mundo de la escritura es duro -como todo hoy en día, añado yo- pero que un fracaso o un error, o las dificultades, no pueden hacernos abandonar, porque si no, simplemente no lo queríamos con suficiente fuerza. En definitiva: para conseguirlo, hay que intentarlo una y otra vez. Al final el esfuerzo, en muchas ocasiones, acaba teniendo premio.

Sonreí y le di las gracias. Otros compañeros, al acabar la charla, fueron a que les firmase su ejemplar del libro, pero yo, como no lo había comprado, me quedé sin él. Mala suerte. Así que por mi parte, ahí quedo la cosa.

Pero anoche, cuando supe que había sido él el ganador del Premio Planeta volvío a mi mente esta experiencia y decidí hacerla presente en mi día a día ahora, que es cuando más lo necesito. No para escribir, sino para vivir, para salir adelante con mis proyectos. En concreto, en este momento, con el de trabajar como profesora. Sé que lo quiero, así que tengo que intentarlo una y otra vez hasta que lo consiga, sin desfallecer. Todavía no sé si en esas, todavía hipotéticas, oposiciones de Mayo habrá alguna plaza de Filosofía, pero en algún momento tiene que ocurrir (sé que no es necesario, pero dejadme alguna esperanza, porfaplis). Y si no, en la privada. Y si no, algo inventaré. Y no voy a dejar de intentarlo, al menos no de momento. No mientras me queden ganas y fuerzas.

De momento intento mantener, mientras no haya otra cosa, una patita dentro de la enseñanza por medio de las clases particulares. Encontrar estudiantes que soliciten clases particulares de Filosofía es bastante complicado. Además, la gente suele esperar para buscar un profesor particular  última hora, un momento en el que ya no hay remedio: pasada la segunda evaluación con dos evaluaciones suspensas y la tercera camino de seguir el mismo destino fatal. Por eso, a estas alturas del curso no es muy común que yo tenga algún alumno/a (siempre han sido chicas, qué cosas). Pero, ¡mirad por dónde!, esta tarde tengo una clase particular. A ver qué tal. Ya tengo mi resumen del Libro II de la Ética a Nicómaco preparado, y la teoría de Aristóteles más fresca que una lechuga en mi cabeza. Y algunos nervios, como siempre que tengo una potencial alumna.

Lo último, para ti, que estás leyendo: sigue intentándolo.

lunes, 15 de octubre de 2012

Entre dos aguas: regresión aborrescente.

Ayer me puse ñoña. Bueno, ando ñoña estos últimos días. Las buenas noticias no han abundado y las malas me han dejado bastante tocada. Total, que entre unas cosas y otras ando un poco como llevada por la corriente.

Pues eso, que ayer me di cuenta de que muchos de mis amigos viven su vida de una manera bastante similar a cuando yo era adolescente. Es como si no hubieran crecido, no sé si me entendéis. En uno de estos momentos no os podéis imaginar mi expresión facial, ni la postura de mi cuerpo, ni el tono de mi voz, así que esto pierde gracia. Pero para que os hagáis una idea, pongo cara de perrete mojado, la postura es como de marioneta, como de estar sujeta con hilos, y el tono de voz es un quejido de pena absoluto que podría derretir a cualquiera.  Pues en este plan le espeté a Jack:

- Quiero irme a un banco de un parque, a comer pipas y beber cerveza. 

Y él, alma de cántaro, se echó a reír, me abrazó y preguntó entre risas:

- ¿Pero qué te pasa ahora? 



Y me puse a explicarle eso. Que hay amigos míos que no han crecido, que siguen yendo de conciertos, bebiendo en los parques, resaqueando los domingos hasta el lunes,... Esas cosas. Él me dijo que hay algunos que no, y me puso el ejemplo de algunas amigas. Y eso puso mi cabeza en marcha. Porque puedo dividir mis amigos en dos grupos: los que viven como adolescentes y los que viven como adultos. Los que viven como adultos tienen su trabajo, su casa, algunos están formando familia o están casados, salen con otra actitud, etc. Los que viven como adolescentes viven con sus padres, siguen saliendo viernes, sábados y domingos, haciendo botellones,  aunque trabajen, y preocupándose más de la fiesta que de otras cosas. 

Y luego estoy yo. Que vivo en pareja, en un piso de alquiler, que tengo unos planes de futuro y más preocupaciones de las que quizá me pertenecen. Pero no dejo de estar en una especie de estadio aborrescente. Es como si no avanzase en la vida, como si no pudiese acabar de echar a volar. En cierto modo me siento todavía dependiente, pues no puedo ganarme la vida, no tengo una estabilidad ni esperanzas de encontrarla en breve. No puedo empezar a ahorrar para llevar a cabo mis planes. Vivo al día, como un adolescente. Pero con la mente de un casi-adulto. 


Y la verdad es sque es un punto bastante odioso. Tengo ganas de salir de él, ¿sabéis? De tirar para adelante o para atrás.  Tirar para adelante es más complicado, pues en el fondo no depende de mí -no del todo- tener los medios para establecerme de una manera autónoma, para empezar a construir mi vida por mí misma y de verdad. Es más fácil desear estar en un parque, bebiendo cerveza y comiendo pipas. Mucho más fácil.  Eran buenos tiempos, llenos de esperanzas.

El hecho de que haya quien prefiere mirar atrás en vez de adelante no pinta el futuro de un color muy prometedor, me parece...

domingo, 14 de octubre de 2012

Pobreza. Estadio de negación.

Seguramente hayáis oido hablarde las llamadas "cinco etapas del duelo". Probablemente en el capítulo de los Simpson en el que Homer come pescado venenoso.


Si le echáis un ojo a Wikipedia acerca de este tema podréis ver que establece cinco etapas que son:
  1. Negación.
  2. Ira
  3. Negociación
  4. Depresión
  5. Aceptación.
Se supone que etas fases se dan en acontecimientos trágicos, como pueden ser la pérdida de un ser querido o haber sido diagnosticado de una grave enfermedad. Pero en este caso yo quiero hablar de la pobreza.

Queridos y queridas, nos estamos re-convirtiendo en un país pobre. Lo fuimos no hace mucho, pero, como dice el abuelo de MGnolia, de lo malo a lo bueno se pasa con facilidad, pero de lo bueno a lo malo, es otro cantar. Y nosotros hemos vivido unos años maravillosos: teníamos trabajo, una cierta comodidad, atención médica, nuestros jóvenes, hasta los de familias más humildes, iban a la universidad, y los que no estudiaban, al menos podían ganarse la vida.  Bueno, no me resisto a aclarar que esto no significa que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades. Hay infinidad de familias que, en estos momentos, no han dejado de calcular los céntimos. Que no se han comprado una casa de vacaciones, y cuyos hijos han ido a la universidad gracias a las becas del Estado. Había posibilidades que podían tomarse responsablemente para vivir de una manera cómoda, para lo que se suele llamar "progresar".  Evidentemente, habrá quien haya tirado la casa por la ventana, pero no somos todos. De hecho ya me dijo mi padre hace unos años que los pobres íbamos a notar menos la crisis, porque nunca hemos dejado de ser pobres.  Y tiene razón. Es la clase media la que más traumáticamente está viviendo esta circunstancia, la que más ha perdido. Aunque los más humildes no nos libramos. Pero la gente como mis padres ya ha pasado por eso. No les resulta novedoso. De hecho mi padre ya se esfuerza en su huerta, hace conserva de verduras y está criando unas cuantas gallinas, para tener huevos. Por lo que pueda pasar.

pobreza españa


La cuestión es que esos años en los que pudimos creernos un país rico se han acabado, y esas comodidades se están perdiendo o deteriorando. Se reducen las becas de libros, de comedor, de estudios postobligatorios. Se implanta el copago farmacéutico, que compromete a muchas familias a elegir entre comer o comprar medicinas. Se suben las tasas universitarias. Suben los precios. Y todo esto, en un país en el que conseguir un trabajo es prácticamente misión imposible: aproximadamente 1 de cada 4 españoles está en paro. Muchos de ellos desde hace más de un año.  Una situación nada alentadora, ¿verdad? 

Y sin embargo, cuando el New York Times saca un reportaje fotográfico titulado "En España, Austeridad y Hambre" nos escandalizamos y lanzamos a la yugular del periódico porque eso no es así. Se lanzan campañas para mandarle a nuestro "EstimadoNYT" fotos optimistas que el medio, quizá por despiste, o por mala uva, no publicó. Y si buscamos esas fotos encontraremos - como  no- Fallas, Pilares, fiestas diversas, estampas familiares, fotos de paisajes y pueblos en la sierra. Todo bonito y maravilloso. Porque España es mucha España. 

Y yo me pregunto, ¿no es esto un acto de negación? Ante la situación de pobreza y malestar social que muestra The New York Times, nos revolvemos mostrando lo mejor de nosotros. Pero, ¿es que estas últimas fotos les restan realidad a las primeras? ¿Es que por publicar más fotos de ninots y playas soleadas la gente que busca comida en los contenedores -que la hay- va a tener algo para comer? ¿O los parados trabajo? ¿O los desahuciados casa? Me parece un ejercicio de no querer ver. Ni más, ni menos. ¿Por qué nos enfadamos tanto? ¿Acaso el New York Times pretendía retratar todo lo que es España en esas fotos? Diría que no. Pero pretende retratar una situación que es real y que cada vez afecta a más españoles. No queremos verlo, ¿verdad? 

pobreza españa

En mi Trabajo de Fin de Máster insistía en la importancia de mostrar que la pobreza no es algo que uno se busca o se merece. De ahí nacen muchos prejuicios. Al ver a alguien durmiendo en la calle se tiende a pensar que ha malgastado su dinero, o que no ha trabajado, o no lo suficiente. No ha hecho lo necesario para evitar esa situación ni para salir de ella. Estamos contaminados por el típico pensamiento americano que dice que con trabajo se puede llegar a cualquier parte, tener cuanto soñemos, lo cual es mentira. Pero si eso es mentira, imaginaos lo falso que es darle la vuelta: el que no tiene nada es porque no ha hecho nada.   Habrá ocasiones en las que alguien haya dilapidado sus bienes tomando malas decisiones, pero habrá otros casos en la que la sitaución sea muy distinta.

Pero ese pensamiento nos reconforta, porque si somos buenos, si no hacemos ninguna locura,  si no tomamos drogas, o alcohol, si no jugamos ni adquirimos vicios, todo irá bien, porque no gastaremos nuestro dinero a lo loco y nunca seremos pobres. Y eso es fenomenal. De las muchas tragedias que podemos vivir, ésa en concreto no nos va a tocar. No conoceremos la pobreza.

Pero resulta que es mentira. Que la pobreza no es cosa de viciosos igual que el SIDA no es cosa de homosexuales. No somos inmunes. Y ver esas fotos en el New York Times nos pincha la burbuja. Ver gente que antes tenía su casa, su coche, su trabajo y que vereaneaba en Benidorm, comiendo en un comedor social, o recogiendo la comida en un banco de alimentos, hace que desaparezca esa burbuja protectora. Por eso, sacamos nuestras mejores fotos, las que no hablan de pobreza, y las ponemos encima de aquellas, para no verlas, para apartarlas de nuestra vista.  

Pero empezaremos a ser conscientes. Muchos ya están afectados. Algunos conocemos gente que lo está.  Otros pronto estarán afectados o conocerán a alguien a quien lo esté.

El estadio de ira está cada día más cerca.



"El hombre se hace civilizado, no en proporción a su disposición para creer, sino en proporción a su facilidad para dudar". H. L. Mencken

viernes, 12 de octubre de 2012

Confesiones: Soy una fashion victim.

El otro día Griselda, en Twitter, me dijo que tenía que contar una anécdota a la que hice referencia en una respuesta a un tweet de Aura Zombie, éste en concreto:


Mi anécdota podría resumirse en que aprendí que "dime de que presumes y te diré de qué careces" y podría titularse: "Soy una zorra implacable". Pero he pensado que iba a ser empezar muy fuerte con las confesiones.  Así que empiezo con otra. 


Soy una fashion victim.


Esto no es porque tenga un vestidor lleno de ropa de marca, prendas conjuntadas y decenas de zapatos y bolsos. Es que soy, literalmente, una víctima de la moda. Por suerte nadie va a la cárcel por no seguir las tendencias...

Primero está lo de que soy negada para combinar ropa con un mínimo de estilo. El único principio de moda que soy capaz de aplicar con una mínima solvencia es que "el negro combina con todo" (gracias, mamá), pero si me sacas de ahí, soy un desastre con patas. Yo compro ropa que me gusta, sin saber muy bien con qué me la voy a poner o qué voy a hacer con ella. Y si se me ocurre una combinación tengo que usar esa prenda siempre en la misma combinación: no soy capaz de pensar otra. Solución: camiseta + vaqueros. Así no hay quien se equivoque. Lo malo: no es un atuendo adecuado para toda ocasión, me parece.

Luego está que, cuando intento instruirme un poco en el tema de la moda, desisto. ¡Es que no lo entiendo! Es decir, he llegado a comprender cosas que vosotros no creeríais (momento replicante off). No, en serio, he llegado a comprender cosas bastante complejas y abstractas, pero soy incapaz de comprender la moda.  Supongo que porque no tiene lógica. Es que, de verdad, choca con mis esquemas.  Cuando me meto en una página web de moda y empiezo a navegar, y me encuentro ... pues no sé, botines con los dedos descubiertos, o sandalias con caña alta, mi mente colapsa y tengo que dejarlo. Lo mismo me ocurre con lo de llevar pantalones cortos en invierno. En general, ¿habéis intentado comprar ropa calentita en una tienda de ropa de chica normal y corriente? ¡Toda una odisea! Y este año me he encontrado con otro fenómeno raro: zapatillas deportivas con cuña. Las originales son de Isabel Marant y cuestan más de 300 euros. 

Pero ya tienen infinidad de copias. Y yo, que me pongo mis zapatillas anchas para ir cómoda, plana y, como diría mi madre, "hecha un Adán", no entiendo esto. Son un híbrido bastante raro para mí.

Creo que voy a seguir siendo, más que una víctima, una paria de la moda toda la vida, así que tendré que aprender a vivir con ello.

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Españolizar ciudadanos?

Supongo que todos estaréis al tanto de las últimas declaraciones de nuestro ¡oh! adorado ministro de educación, José Ignacio Wert, en las que decía que el objetivo era españolizar a los alumnos catalanes. La que se ha montado ha sido minina, como diría mi madre. Yo, que escuché las declaraciones fuera de contexto y sin estar prestando mucha atención, me giré cuando ví como hablaban de la que se había montado. Entonces me giré y le dije a Jack:

- Joe, me da miedo, ¡creo que hasta estoy de acuerdo con él!

Esta mañana, en la Cadena Ser, Soraya Rodríguez, portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, ha dicho que iban a pedir la dimisión de Wert porque las gravísimas declaraciones que había hecho le desautorizaban. Yo, en ese momento, he manifestado en Twitter lo siguiente:


Y lo digo en serio, no me parece de lo más grave que ha dicho este ministro. En comparación con aquello de que si hay que cambiar las leyes para que concuerden con sus principios, se cambian, esto me parece casi insignificante.  Últimamente el tema del debate sobre la independencia de Cataluña me está saturando, no por nada, sino porque veo que se está convirtiendo en una herramienta para hacer campaña política y para no hablar de otras cosas ue nos afectan más profundamente a todos, vivan en Cataluña o en cualquier otra parte de España, se sientan de la nacionalidad que se sientan. 

Supongo que os habréis quedado en shock con eso de que podría estar de acuerdo con Wert. Es comprensible, a mí también me impresionó. Lo que ocurre es que podemos coincidir en la forma, pero no en el fondo, supongo. Vamos, me extrañaría bastante. Supongo que Wert y yo tenemos una imagen totalmente distinta de lo que es España y de lo que debe de ser "españolizar" a los alumnos.Que desde luego, el término ya está mal traído: ¿que hay un baremo de españolidad y hay que ver quiénes están suficientemente españolizados y quienes no? ¿Hay que españolizar también a los chavales de Cuenca? ¿Y a los de Madrid?   Aquí la respuesta de Wert y la mía, supongo, se diferencian. 

Parto de la idea de que ningún sistema educativo es inocente, y de que el sistema acaba, intencionalmente o no, forjando ciertas identidades, incluyendo o segregando, incorporando o discriminando. Uno de los objetivos del sistema educativo suele ser "españolizar" a los alumnos inmigrantes. No en el sentido de que se pusiesen el traje de torero, como alguien dijo ayer, sino en el sentido de que se sintiesen ciudadanos de un país que no es el suyo de origen, o el de sus padres para conseguir, si no a corto plazo, a medio plazo, evitar problemas de violencia, xenofobia, discriminación, etc.  Supongo que esto para Wert es secundario o contraproducente.

Creo que parte de esa tarea pasa por conocer, por familiarizarse con el país en el que han aterrizado. Y ojo, digo conocer, no adoctrinar, o inculcar. Y creo que eso es aplicable también para los alumnos españoles. Hablo desde mi perspectiva, desde mi propia experiencia, y desde la educación que me gustaría que recibiesen mis hijos, estuviesen en la parte de España que estuviesen. A mí me gustaría que mis hijos supiesen qué fue la Reconquista, quién era el Cid, pero también quien era Jaume I, que supiesen de qué iba la guerra de la Independencia, y lo que significaron las Cortes de Cadiz. Y me gustaría  que conociesen los poemas de Rosalía de Castro o el Tirant Lo Blanch. Y que supiesen qué fiestas o costumbres hay a lo largo y ancho del país.  De que todos los alumnos conozcan, en la medida de lo posible, su país, de norte a sur y de este a oeste. Yo estoy a favor de "deslocalizar" la educación, porque cuanto más se conoce, más libre se es.  Y porque el mejor remedio contra el fanatismo y los prejuicios es viajar, si no con el cuerpo, con la mente. Probablemente, si dentro de este país nos conociésemos mejor los unos a los otros, nos odiaríamos menos. Y por eso, no se trata solo de conocer España. El mundo es muy amplio. Pero bueno, este no es el problema que se plantea ahora mismo.

A mí me encantó leer, como decía, los poemas de Rosalía de Castro en 2º de Bachillerato, o disfrutar de las canciones de Serrat en catalán, también en clase. Sí, en mi instituto de un pueblo de Cuenca leímos en catalán, leímos en gallego, y mis compañeros escucharon el Diguem no de Raimon. Me gustó aprender catalán por iniciativa propia. Yo, que soy castellana de nacimiento y crianza, me emocioné cuando, el año que fui Dama de Fiestas en mi pueblo, una colla catellera nos deleitó con un castell el día de la presentación. Y me gustó poder dirigirme a ellos en catalán, que me contestaran en castellano, y reirnos juntos.  

Yo también creo que se puede españolizar, que se debe, incluso.  Pero no desde una imagen de España única, uniforme y que encorseta a la gente, sino desde una imagen plural, rica y diversa en la que todos nos sintamos reconocidos y todos podamos llegar a sentirnos respetados y a gusto, independientemente de cómo nos sintamos. Me parece una bonita utopía.

En definitiva, desde mi punto de vista, no creo que lo necesario sea "españolizar ciudadanos", sino más bien "civilizar España".Pero bueno, con este ministro - y me temo que con los que vengan - me va a tocar seguir soñando.






miércoles, 10 de octubre de 2012

Teológicamente hablando.


En mi maratón como opositora (voy despacio, ya lo sabéis) estoy ya en la Filosofía de la Edad Media. Finalicé la semana pasada el tema sobre Santo Tomás de Aquino, que incluía sus célebres 5 vías de demostración de la existencia de Dios, que se presentan como alternativas al célebre argumento ontológico de San Anselmo de Canterbury. Tengo especial debilidad por las demostraciones filosóficas de la existencia de Dios. Me resultan extremadamente interesantes porque, a mi modo de ver, suponen un esfuerzo titánico de la razón.  Y, sin embargo, ese esfuerzo titánico no deja de ser poco útil, pues solo consigue convencer, a pesar de su corrección lógica, al que cree. Es un querer y no poder constante. 

No suelo pensar mucho en Dios, la verdad. No suelo dar gracias a Dios por mis éxitos o mi suerte, ni suelo culparle de mis desgracias. Pero quizá haya sido el hecho de estar más o menos inmersa en el tema de la Filosofía medieval lo que me ha hecho descubrirme pensando que o bien Dios no existe o no es digno de adoración.  Y esto no es una reflexión filosófica, ni muy racional, ni bien estructurada. Más bien surge de la pena, de la impotencia y del dolor.  Pero la pena, la impotencia y el dolor pueden ser iluminadoras y didácticas para uno mismo. La alegría nos enseña pocas cosas, a decir verdad.

Tengo que explicarme brevemente, para que entendáis por qué me he metido en este jardín. Ayer murió el padre de una amiga de la infancia. La que os contaba que estaba embarazada. Bueno, pues está a punto de dar a luz, sale de cuentas en menos de 10 días. Pero ayer su padre, sin previo aviso, sin estar enfermo, quedó muerto en el sofá de su casa. Era un hombre que rondaba los 55 años y la familia estaba viviendo un momento precioso, tranquilo.  Esto me llevó a acordarme de la muerte del marido de una amiga, éste mucho más joven, tras una larga y grave enfermedad.  En ambos casos, unas muertes que podemos considerar injustas. En el primero, quizá por el momento, por lo inesperado, porque ha empañado la alegría de la familia por el inminente nacimiento, y porque ha privado a ese hombre se conocer a su nieta.  En el segundo, porque se trataba de una pareja joven, que se quería, que eran muy felices y buenas personas. ¿Merecía esa enfermedad?

Bueno, volviendo al tema de Dios. Parto del agnosticismo, no puedo demostrar tajantemente la existencia de Dios ni su no existencia. Pero puedo plantear dos opciones, anteriormente planteadas: o Dios no existe, o no es digno de adoración. 

1. Supongamos que Dios no existe. En este caso estas muertes no tendrían ningún sentido especial. Ocurrirían por pura casualidad o causalidad.  Serían cosas que pasan. Mucha gente afronta de este modo estos problemas, entre ellos, yo. Las desgracias ocurren y no siempre tienen sentido. El mundo no es justo.  Y si no es justo, puede ser por que Dios no existe, y no puede hacerlo justo. Y por supuesto, si Dios no existe, adorarle no tiene sentido.

2. Pero puede ocurrir que Dios sí exista, y podríamos contemplar dos opciones:

a) Dios existe pero no interviene en el mundo. Es decir, el mundo es injusto porque Dios, tras crear el mundo y ponerlo en marcha, lo dejó rodar. Esto puede ocurrir por dos razones: porque Dios no puede intervenir en el mundo, con lo cual no sería omnipotente, y dejaría de ser digno de que se le adorase tal y como se le adora, o bien, Dios puede, pero no quiere intervenir en el mundo, lo que significaría que le damos bastante igual, por lo que, ¿qué sentido tiene adorarle? .  Por cierto, esto anularía los milagros, por lo que el cristianismo se va a pique, al menos en gran parte. También podría ocurrir que Dios intervenga a veces, y otras no, es decir: Dios hace a ciertas estatuas llorar sangre, pero no pospone unos meses la muerte del padre de mi amiga. Dios puede hacer que una zarza en llamas hable, pero no puede favorecer que los médicos consigan curar al marido de mi otra amiga.  Pues en este caso, paso de la adoración también. Dios dedica sus esfuerzos a cosas bastante tontas. 

b) Dios existe e interviene en el mundo. Es decir, decide, providentemente, nuestras vidas: nuestras muertes, nuestras enfermedades, las catástrofes naturales y demás. Es, en última instancia, el responsable de lo que ocurre. En este caso solo queda la opción de que sea malvado, con lo cual no considero que haya que adorarlo. También hay quien dice que esto son pruebas. Pues a Dios se le ha ido la mano. Esto es cruel. Y volvemos a lo mismo.

En fin, que esto estará lleno de sofismas y falacias, tampoco me he puesto a pensarlo. Se me ocurrieron ayer, mientras apenas podía parar de llorar, entre hipidos y lamentos.  Será que estoy más metida en materia de lo que pensaba.




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