lunes, 31 de marzo de 2014

No aceptamos dinero de Rascapiquilandia.



Este post está en la línea de lo que ha escrito Cristina hoy.
Casualidades de la vida, de verdad.



Hoy han lanzado una pregunta al aire y al caer se ha hecho pedazos, porque yo no estaba dispuesta a recogerla. Que quien no se gasta 20 euros en un fin de semana, dice alguien en una habitación llena de desempleados. Que eso no es garantía de nada, claro. Hay muchos que sí se los gastan, y quizá más. Pero yo hace que no me gasto 20 euros enteros en ocio en un fin de semana... Uf... No sé. Yo el grifo del dinero, cuando se abre, lo pongo en modo goteo. 



Todo eso para decir luego que hay que poner magia en la vida. Que hay que convertir cosas cotidianas en mágicas. Y me lo vienes a decir a mí, que en los últimos años casi toda la magia que ha habido en mi vida ha salido de mi cabeza -o de la cabeza de Jack, no le voy a quitar mérito. A mí mejor que no venga nadie a darme lecciones sobre lo mercantilista que es nuestra sociedad y sobre cómo no entendemos el ocio sin dejarnos un ojo de la cara, porque no. Cuando no se puede, no se puede, y no hay más. Y a la fuerza ahorcan: si no quieres resignarte a que tu vida se convierta en un día gris tras otro, en rutina, en el peor sentido de la palabra, ya pones tú las ganas y el ingenio necesarios para compensar la falta de medios materiales. ¿Recuerdas, Jack, aquel regalo de cumpleaños, en el que te tuve buscando pistas por toda la casa hasta que encontraste tu regalo? Luego dentro había poca cosa. Una foto nuestra, un bote de crema de cacahuete, un recopilatorio de música que te grabé,... Ains. 



Pues eso, que no me vengan con lecciones, que en estos últimos años he aprendido bastante de esas cosas. Pero tampoco me traigan moralina, que no me vengan diciendo que imaginar es mucho mejor que comprar, ¡dónde va a parar! No. Porque una cosa no está reñida con la otra, y si yo hubiese tenido dinero probablemente le habría hecho rabiar igual a mi pareja, pero dentro de la caja habría encontrado algo más que manteca de cacahuete, una foto y un CD Verbatim. Y suma y sigue. Que al final, sí, puedes tener mucha imaginación, pero no puedo comprar cosas -necesarias o no- con euros imaginarios.

No sé por qué la gente se empeña en decir que el dinero no da la felicidad y otras cosas así, como si la felicidad fuese algún tipo de monopolio de los pobres. Como si las cosas buenas que tenemos, muchas o pocas, fuesen a desaparecer a medida que empezasen a aparecer ceros a la derecha en nuestra cuenta corriente. ¿Qué invento es ese?



A ese respecto, podéis leer el magistral post de Cristina. Que al final de todo, tiene razón. Hay cosas que el dinero no compra, como la capacidad de ser felices con lo diminuto. Pero eso tampoco lo compra la pobreza. 

Así que, como ya tengo esa capacidad, me dirijo a quien corresponda para decir que prometo no descuidarla cuando me toque la Bonoloto. Si es posible, que sea pronto, que me urge. Gracias.

Besis.


Hoy estoy... ligeramente cabreada
Y estoy escuchando... No turning back - Stratovarius

domingo, 30 de marzo de 2014

"Living is easy with eyes closed..."

Dejadme que os amenice el domingo -lo que queda de él- con un poco de música.


He visto "Vivir es fácil con los ojos cerrados". No sabía prácticamente nada de la película, solo que el protagonista era un profesor de inglés que enseñaba a sus alumnos en la España de los años 60, una España que no conocía ni pizca del esplendor y el poderío de la España de las galerías Velvet (y eso que había pasado una década) y en la que los niños no iban al cole a aprender a leer y a escribir, sino que hacían cosas importantes: salir a trabajar -como podían- para ayudar en casa.  



La peli me gustó mucho, aunque lo cierto es que me dejó un cierto regusto melancólico y la sensación de que todos los protagonistas de la película estaban destinados a ser infelices. Qué cosas, ¿verdad?

Hay que ver lo que da de sí un viaje por carretera entre Albacete y Almería si juntamos a un profesor de inglés majete (bueno, más bien totalmente adorable), a una adolescente embarazada que se ha fugado del centro donde su madre la había mandado 9 meses con alguna excusa para evitar comentarios en el pueblo, y a un adolescente un tanto rebelde deseando escapar de las garras de un padre de los de la época, gris de profesión, además. 



El objetivo del viaje, para el profesor, hablar con John Lennon y conseguir que las grabaciones de Los Beatles incluyan las letras, para poder estudiarlas con sus alumnos. Para la joven, encontrar un camino que aún no sabe bien hacia dónde va. Para el chico, mostrar que ya no es un niño.

En ese viaje, casi sin que nos demos cuenta, no paran de darnos lecciones sobre lo que fuimos y quizá, sobre lo que seguimos siendo. No os voy a dar la respuesta, mejor sacadla vosotros mismos. 




Me quedo con una escena, la última del largometraje. La huida se ha acabado para el chaval, su padre ha ido a recogerlo a Almería y no hay quien le diga que no, así que su vuelta a Madrid se perfila como un retorno al encierro. Para ella, en cambio, el viaje a Madrid supone atreverse a dar el paso, a elegir por sí misma, y es un viaje hacia un futuro lleno de posibilidades. Ambos van en el coche con el olor a aventura todavía pegado en la piel y escuchando una primera versión de Strawberry fields forever. El padre enciende un apestoso puro y, con la voz llena de desdén, les pregunta si esa es la música que les gusta. Ninguno de los dos responde, pero primero ella y luego él abren las ventanillas del coche, dejando escapar ese aire viciado y asqueroso para que entren aires nuevos que les permitan respirar con libertad. 

Os la recomiendo, ea. 

Y también os recomiendo este post, para ponerle dulzura -y algo de melancolía- a este último domingo de marzo.


Hoy estoy... emocionable
Y estoy escuchando...Strawberry fields forever - The Beatles

viernes, 28 de marzo de 2014

Libro: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez


Durante estos últimos días he estado de paseo por Macondo. Lo cierto es que me ha llevado algo más de tiempo del que esperaba, pero eso de madrugar bastante por las mañanas es lo que tiene: te resta tiempo de leer por las noches. Antes que nada, decir que esta es una de esas reseñas a las que no tenéis que hacerle caso, y este un libro de esos de "no sos vos, soy yo". 

¿De qué va el libro?

Cien años de soledad narra la vida de la dinastía Buendía desde que José Arcadio Buendía y su esposa Úrsula huyen de su pueblo natal y fundan la ciudad de Macondo y durante los cien años siguientes. 

Hablando del libro...

Estoy triste. Muchas de vosotras me habíais hablado del libro con mucho cariño, me lo habíais recomendado. Hace poco una amiga me habló toda emocionada diciendo que le había encantado el libro y que estaba deseando saber qué me parecía a mi. Y me da pena, porque lo que más puedo destacar de esta lectura es que no me ha llegado. 

No sé por qué ha sido, porque he de reconocer que el estilo de la narrativa me encanta. Me fascinan esos toques de realismo mágico aquí y allá, están empleados con mucha gracia, sin distraer, sin parecer excesivos. Pero la historia de los Buendía, salvo contadas excepciones, ha pasado ante mis ojos sin tocarme. 

Supongo que una de las razones es la contínua reiteración de los nombres. Sí, se diferencian unos de otros usando o no apellido, añadiendo algún apelativo, pero la verdad es que yo me perdí en los parentescos, en las relaciones, y en las generaciones. He acabado el libro sin saber si los hijos de una pareja iban o no a tener cola de cerdo (por el tema del incesto, uno de los recurrentes). Me ha despistado mucho eso, y supongo que tiene algo que ver con que no me haya centrado tanto en la historia.

Sin embargo, tengo que destacar que hay imágenes que me han llamado muchísimo la atención. Quizá, una de las que más me ha chocado es cómo el coronel Aureliano Buendía, que hizo treintaytantas guerras civiles y las perdió todas, héroe local de Macondo, acaba convirtiéndose, en no demasiado tiempo, en un personaje de ficción del que nadie cree que existiese realmente. A mí me ha dado que pensar este detalle, ya veis. 

En cualquier caso, no tengo nada que objetar a la obra. En ella está el estilo de García Márquez, su toque, y está maravillosamente escrita. Pero si tengo que hablar de mi experiencia de lectura, pues la verdad es que esta me ha dejado un sabor amargo. Seguramente porque esperaba que el libro me dejase sin respiración. 

Así que nada, sigo sin poder desempatar. Con García Márquez tengo un problema, y es que hay libros que me han gustado mucho, y otros que no tanto. Relato de un naúfrago y El coronel no tiene quien le escriba me gustaron muchísimo. Sin embargo, Del amor y otros demonios se me hizo insoportable (quizá porque lo leí por obligación) y Cien años de soledad me ha dejado un pelín fría durante buena parte de la lectura. Habrá que seguir haciendo pruebas con novelas suyas...

Os dejo un trocito...

En cambio, no hubo poder humano capaz de persuadirlo de que no se llevara los tres cajones cuando regresó a su aldea natal, y se soltó en improperios cartagineses contra los inspectores de ferrocarril que trataban de mandarlos como carga, hasta que consiguió quedarse con ellos en el vagón de pasajeros. "El mundo habrá acabado de joderse -dijo entonces- el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga". Eso fue lo último que se le oyó decir.
Por ejemplo, esta cita es que me encanta, pero no ha sido así la mayoría del tiempo. Ains. Qué sensación más rara, jolín ...:P

En resumen, esta novela...

3.5/5

No sabéis lo mal que me sienta tener que ponerle esta valoración, pero es que salvo momentos puntuales, así ha sido.

Ahora voy a empezar Leal, la tercera parte de la trilogía Divergente. Por acabarla y darle carpetazo. Los otros dos libros no me han entusiasmado demasiado, así que no espero grandes cosas de esta entrega.



Hoy estoy... cansada
Y estoy escuchando... Venus - Bananarama

jueves, 27 de marzo de 2014

El auxiliador que me auxilie buen auxiliador será.

En EL CURSO, CHÁN-CHÁN (a partir de ahora me referiré así al curso de monitor de ocio y tiempo libre que estoy haciendo, porque tiene tela) hemos estado toda la santa semana viendo primeros auxilios. Que son cosas curiosas y que no está mal saber, nunca se sabe cuando vas a tener que atender una quemadura, una fractura, un atragantamiento o una parada cardio-respiratoria. O una amputación de cabeza, aunque en este caso probablemente sea yo la que le arranque la cabeza a alguien xD



Lo dicho: está bien tener información, y sobre todo, deshacerse de mitos y falsas informaciones que, llegado el caso, pueden ser fatales. Lo que pasa es que, no sé qué os parecerá a vosotros, pero para unas personas que lo más que van a poder hacer es poner tiritas y dar besitos de cura sana creo que es un poco excesivo. Que está bien que nos enseñen todo eso, lo que no está bien es el empleo de tanto tiempo.

Para ser justa he de decir que la culpa no ha sido de la cantidad de contenidos, que eran muy básicos. La culpa ha sido de... todo en general. 

Por un lado, digamos que los habitantes del aula tienen cierta tendencia a contar batallas. Caso real:

- En las quemaduras, refrescar con suero fisiológico o agua del grifo, fresca, pero no muy fría. Y que el chorro no sea fuerte. No poner naaaaada, ningún producto químico, ni medicina, ni nada. 

- Pues yo cuando me quemo me pongo vinagre diluido en agua y a mí me va fenomenal para las quemaduras.

A continuación se abre un debate de más o menos 20 minutos sobre las propiedades del vinagre para sanar quemaduras que acaba en una conclusión tajante: haz lo que quieras con tu body, pero con los chiquillos NI SE TE OCURRA.

Esta situación se ha repetido infinidad de veces con infinidad de casos. Y carga. Porque una cosa son las dudas, que tienen que preguntarse, y otra cosa es contar tu vida, especialmente si tu experiencia contradice a lo que hay que hacer, porque c*ño, ¡la gente se lía! No veáis el pisto mental que llevaban algunos hoy.



Luego están las dudas existenciales, que esas sobran un poco. Por ejemplo: "Oye, ¿y a ti te ha pasado alguna vez que haciendo la RCP alguien se haya muerto y luego reviva?", "Oye, y si en un accidente hay dos niños y los padres, ¿qué hacemos?", "¿Y en un accidente de tren?". No sé... yo lo que espero es no estar nunca en ninguna de esas situaciones, pero si ocurren, supongo que habrá que priorizar sobre la marcha, que no lo llevas pensado de casa...

Pues bien, mañana tenemos examen, así que hoy ha tocado repaso general. Tenemos apuntes en 3 formatos: PDF, en vídeos y en notas que hemos tomado en clase. Pues la gente ha vuelto a copiar otra vez las clases de heridas, de quemaduras, los tipos de fracturas, etc. A mí casi me da un ataque de nervios. 

Yo entiendo que voy con ventaja para algunas cosas respecto de mis compañerxs, pero es que hay cuestiones que no tienen que ver con el nivel académico, creo. Y no sé, me siento frustrada y aburrida en muchos momentos, y no me gusta nada.  No quiero pensar qué habrá sentido una chica que hay en clase y que es enfermera...

Pero bueno, que sepáis que he aprendido muchas cosas.  Luego, a la hora de la verdad, lo mismo no atino a dar dos pasos, pero no os preocupéis: creo que lo de llamar al 112 y coger de la manita lo tengo controlao. 





Hoy estoy... nerviosa
Y estoy escuchando... Solitude - Black Sabbath

miércoles, 26 de marzo de 2014

Fantasmas del pasado

Queridxs amigxs, este es el relato que escribí para Geralt. Lo publico porque él me ha dado consentimiento expreso para que lo haga y me ha garantizado que a nadie le va a gustar más que a él :P Lo que leeréis a continuación será muy parecido al relato que él recibió, pero no idéntico. El suyo es único y solo lo tiene él. Yo lo que tengo es el borrador que hice, así que algunas cosas pueden ser ligeramente diferentes. 

Hecho ese aviso, ¡allá vamos!

***

Fantasmas del pasado

No era la primera vez que le hacían aquella pregunta ni sería la última. "¿Por qué escogiste este trabajo?". Como inspector de homicidios se enfrentaba a ella con frecuencia. Tenía ensayada una respuesta cortante y que, aunque no lo pretendía, solía arrancar alguna carcajada nerviosa.

- Porque los muertos siempre son otros.

Sí, así era. Los muertos siempre eran otros, personas desconocidas, irrelevantes para él. Aún cuando se introducía en la vida de las víctimas, desenmarañando los nudos ocultos en su intimidad, se mantenía a años luz de ellas. No permitía que le afectase, aunque lo cierto es que no tenía que esforzarse demasiado. El inspector Contreras era serio, taciturno y poco expresivo. Además parecía no tener debilidades, lo cual le alejaba de sus compañeros: no bebía, no fumaba y nunca, nadie, había tenido que limpiar su mierda. 

Puede decirse que le tenían miedo. No es que él quisiese confraternizar con ellos. En realidad se alegraba de que hubiesen dejado de invitarle a ir al bar al acabar el turno. Le hacía sentir tremendamente incómodo aunque nadie lo notase. Evitaba compartir su tiempo y su espacio con otros en la medida de lo posible. Por eso había acudido solo a la escena del crimen, como siempre.

- No tiene gracia -contestó una agente a su broma, mirándole con desdén. Casi lo prefería a las carcajadas.

Lo cierto es que aquella agente tenía razón: no era gracioso. Entre los otros estaba ella, pero nunca pensó que fuera a encontrar su cadáver. De repente todos los sentimientos que creía no tener subieron desde su estómago en una oleada de vómito y todo se volvió negro.

---*---

Despertó en una habitación desconocida sobre una camilla. Una luz clara le impedía examinar lo que le rodeaba.

- ¿Dónde estoy? - preguntó con la voz rota.

- ¡Doctora! - la voz era femenina y cálida-, se ha despertado.

Cuando la médica se inclinó ante él, sus ojos se habían acostumbrado a la claridad. Su gesto era serio, grave.

- ¿Cómo se encuentra? -preguntó, sin rastro de amabilidad o preocupación.

- Jodido. ¿Qué ha pasado?

- No lo sabemos a ciencia cierta. Podría ser un ataque epiléptico, pero yo me inclino a pensar...

- ¿Un ataque epiléptico? -respondió Contreras, nervioso- Yo no soy epiléptico.

- Y nada indica que lo sea en las pruebas que le hemos hecho, pero los testigos dicen que sufrió convulsiones...

Contreras quedó pensativo. No recordaba nada.

- Entonces, si no es epilepsia...¿cuáles son las otras opciones? -preguntó.

- Si me hubiese dejado explicarme...-replicó la doctora, molesta-. Parece un shock. Quizá por estrés, o cansancio, o por una fuerte impresión...Pero, como decía, no podemos descartar la epilepsia definitvamente, así que tendrá  que quedarse aquí. 

- ¡De ninguna manera! Yo...Yo odio los hospitales, los detesto...

Estaba perdiendo los nervios y, además, parecía débil. Se daba asco a sí mismo, pero no quería pasar un minuto más en el hospital.

- Mire, doctora, yo me encuentro bien. Seguramente haya sido el cansancio, soy policía, ya sabe... Tendré cuidado. Firmaré lo que usted me diga, pero no puedo quedarme aquí.

La médica titubeó. Finalmente respondió con la misma indiferencia que había mostrado hasta el momento.

- Está bien. En cualquier caso no debería quedarse solo. ¿Tiene a alguien que pueda pasar un par de días con usted?

- Sí -mintió-, llamaré a algún compañero.

- Está bien. Adela -dijo, dirigiéndose a la enfermera-, prepárale y acompáñale a información a firmar el alta voluntaria.- Y abandonó la consulta. 

Adela le tomó la tensión antes de decir nada. Entonces, se armó de valor y le abordó:

- Sé que no va a avisar a nadie. Si no quiere preocupar a su familia o amigos, yo acabo mi turno en un par de horas.- Sacó una tarjeta de su bolsillo- Puedo pasar la noche con usted por si hubiera alguna complicación. Le apunto también mi móvil personal, por si... necesita algo, lo que sea -y esbozó una sonrisa cargada de dobles sentidos. 

Él tuvo que esforzarse para devolvérsela y no llegó a conseguirlo: sus labios apenas dibujaron una mueca. 

- Gracias, Adela, lo tendré en cuenta.

Contreras habría jurado que la enfermera se había ruborizado al despedirse. Hacía tiempo que ninguna mujer se fijaba en él, gajes del oficio. No es que fuese desagradable a la vista. Lo cierto es que la edad le había convertido en un hombre mucho más atractivo de lo que había sido nunca. Ahora, cerca de la cuarentena, su semblante sereno y sus ojos profundos le hacían infinitamente más interesante de lo que había sido en su juventud. Ninguna chica reparaba en aquel muchacho desgarbado y tímido... Salvo ella...y ahora estaba muerta, acababa de recordarlo.

Contreras tomó un taxi y pidió que le llevasen al depósito de cadáveres. Era hora punta, así que cerró los ojos y se armó de paciencia mientras sus recuerdos le cubrían hasta casi ahogarle. 

Tenía 19 años cuando conoció a Estela. Ella se acercó a él sin gravedad ni ceremonias y le invitó a una cerveza porque no le gustaba beber sola. Él aceptó, sin palabras, y sin palabras le hizo compañía. Bebieron juntos, en silencio, una cerveza tras otra, No podía parar de mirarla. Estela tenía el cuerpo de una mujer joven, pero la mirada llena de secretos propia de una anciana. Repasó cada curva con sus ojos y la deseó como nunca había deseado. Un pensamiento cruzó su mente fugazmente: "Aunque me muriese después, haría el amor con ella. Merecería la pena". Justo entonces ella apuró el último trago, le llevó a una esquina oculta en la penumbra y le besó. Allí, de pie y contra la pared, Contreras hizo el amor con una mujer por primera vez. Solo después del relámpago que agitó sus cuerpos habló:

- ¿Cómo te llamas? - preguntó Contreras.

- Estela.

- Estela...soy tuyo -dijo sin pensar.

Esa noche cambió su vida. El joven indolente que era murió y entre las piernas de Estela nació un hombre nuevo: temerario, inrresponsable, sin respeto por nada ni nadie salvo aquella mujer de la que prácticamente no sabía nada. 

Sus días pasaban entre las sábanas y sus noches las dedicaban a realizar tropelías sin motivo aparente. Bueno, Contreras sí tenía un motivo: era adicto a la risa de Estela cada vez que rompían alguna norma. Le era tan necesaria como el aire que respiraba. Quizás más. 

Con el tiempo empezó a notar en ella algo extraño. No comía, nunca la había visto dormir, no la había escuchado quejarse y el mundo parecía no poder tocarla: no enfermaba, no tenía cicatrices, ni el frío ni el calor la afectaban... la curiosidad le consumía por dentro, pero cada vez que se disponía a preguntarle, ella se montaba a horcajadas sobre él y le hacía olvidar sus intenciones.

Pasaron algo más de dos años juntos, huyendo de un lado a otro del país, hasta aquella noche de San Juan del 99. Estela se había empeñado en celebrarlo por todo lo alto con una hoguera.

- Pero estamos lejos de la playa - dijo Contreras.

- Eso no importa -dijo-. El fuego es el mismo en todas partes.

Estela sonrió y le miró levantando una ceja, venciendo así todas sus reticencias. Lo que pasó después lo recuerda como una película, como si su voluntad hubiese sido anulada. No entendía por qué no había hecho nada cuando se colaron en una iglesia y Estela le comunicó sus intenciones.

- Vamos a quemarla, a darles un poco de su propia medicina. ¿No dicen que el fuego purifica? Pues ellos necesitan ser purificados más que nadie. 

No recordaba cómo ni dónde se originó el fuego, pero cuando se dio cuenta estaban haciendo el amor sobre el altar mayor, rodeados de los destellos del fuego y las fantasmales sombras que este arrojaba sobre los muros del templo. Entonces perdió el conocimiento.

Despertó en el asiento del copiloto de su coche. Estela conducía, temblaba y las lágrimas dibujaban surcos en su rostro ennegrecido por el humo.

- Es...¿Estela? ¿Dónde vamos? - su voz sonó ajena, distante.

- Me voy. Yo, yo sola -parecía fuera de sí, enloquecida-. Esto... podría haber acabado muy mal para ti. Me he confiado, me he olvidado de tu mortalidad y yo... este juego ha ido muy lejos. Tiene que acabar. No va a pasar nada, no te preocupes. Lo tengo todo bajo control.

- ¿De qué hablas? ¿Qué ha pasado?

- Nada, amor. Nada. Tengo que irme, a mi lado corres peligro. Y no puedo llevarte conmigo, aún no... Quizá algún día...- Estela se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

El coche empezó a acelerar y él miró al frente. La voz de Estela se oía distante, repitiendo una y otra vez:

- No va a pasar nada. 

Despertó en la UVI. Pasó varias semanas en el hospital. Le contaron que había tenido un accidente. Cuando preguntó si había alguien más muerto o herido le respondieron que no.

- Chocó contra un árbol, se durmió al volante. Podría haber sido peor, pero tuvo suerte. Su coche explotó, pero usted había salido despedido.

Al principio pensó que Estela había huido, pero con el tiempo se hizo a la idea de que, probablemente, había muerto, que su cuerpo había ardido o se había desintegrado en la explosión, aunque no se encontraron restos de ninguna otra persona.

Las dudas le atormentaban. No lo admitía, pero esa fue la razón por la que se hizo policía: creía que podría encontrar respuestas, pero no fue así.Hasta hoy. Estela  había sobrevivido, pero no le había buscado. Fue él quien la encontró a ella, aunque demasiado tarde.

- Señor, hemos llegado -dijo el taxista.

Pagó y bajó del taxi. Entró al depósito sin que nadie le preguntase nada. Consultó el registro hasta encontrar el cadáver de Estela. Estaba marcado con la hora de entrada y un código: no habían podido indentificarla. Localizó el compartimento en el que habían depositado su cuerpo y cuando se disponía a abrirlo alguien le tapó los ojos con las manos. El tacto era suave, pero gélido. Una voz familiar susurró en su oído:

- Adivina quién ha venido a por ti...

Entonces lo sintió. Fue como un golpe seco en su espalda, pero no hubo dolor, ni miedo ni violencia. Solo fue consciente de que se moría cuando la sangre comenzó a chorrear, cálida, por su estómago.

***

Agradecimientos y amenazas a Geralt. Esto era un relato solo para él, pero ha tenido la generosidad de permitirme que lo comparta. Así los que no tuvisteis tanta "suerte" como él también podéis tener vuestro momento de tortura :P 

Bueno, ya paro, que menudo tocho de post hoy...Ains XD

Muá.



Hoy estoy... cansada
Y estoy escuchando... Balada del despertador - La fuga

martes, 25 de marzo de 2014

El descanso del guerrero (y de la guerrera).

La vida es una guerra en la que muchas batallas tenemos que lucharlas solos. Hay retos que nos interpelan directa e individualmente, fantasmas que solo pueden vencerse en un reto cara a cara, sin que nadie nos guarde la espalda. En los estudios, en el trabajo, con la familia,... en nuestro día a día hay muchas de esas situaciones en las que nadie puede echarnos un cable. 

No es que crea que eso está mal. Hay que ser independientes y capaces de afrontar y solucionar nuestros problemas solitos porque no hay nadie que vaya a estar ahí siempre, siempre, salvo nosotros. Hay que estar preparado. 

Pero después de la batalla nunca viene mal algo de compañía. A veces para compartir éxitos, victorias y buenos momentos, para brindar por los objetivos cumplidos y los miedos vencidos. Ojalá que este sea el caso la mayor parte del tiempo en vuestras vidas. Otras veces para encontrar unos brazos en los que, simplemente, reposar. 

Hay días en los que acabo con una bola enorme de angustia en el pecho. A veces es el mundo, que parece irme a la contra. Otras sé que soy yo. La cuestión es que esa bola se hace y no puedo dejarla ahí, porque duele. Así que la deshago como puedo. Normalmente escuchando canciones tristes hasta que lloro. Todo porque la mejor manera de deshacerla está fuera de mi alcance. 

Esos días, días como hoy, lo que me pide el cuerpo es llegar a casa y dejar que Jack me abrace en silencio. Solo que me abrace, de manera firme y tierna a la vez, como él sabe, mientras siento que la bola se va disolviendo poco a poco y disfruto de la paz  que me permita  recuperar las fuerzas y la serenidad necesarias para luchar nuevas batallas. 

Lo de tener unos brazos a los que volver al final del día debería estar entre los derechos humanos. 






Hoy estoy... flojita
Y estoy escuchando... Stand by me - B. E. King


PD: Geralt ya ha recibido también su relato. :) Doy por cumplida mi parte del trato y os doy, de nuevo, las gracias por participar ^^

lunes, 24 de marzo de 2014

¿Pero qué coj...?: Juguetes para niñas.


Hoy, en cosas que no entiendo: ¿Por qué cojones se sexualizan tantísimo los contenidos y juguetes dirigidos a las niñas? (En este caso no hay juguetes para niños, pero si se os ocurre algún caso, compartidlo).

Resulta que el otro día estaba yo viendo la tele, tan pichi, cuando salta un anuncio que me deja en pause por unos instantes:


domingo, 23 de marzo de 2014

Sueños.

Soy una persona bastante diligente, ¿sabéis? Esta misma mañana he enviado a Geralt su relato y me he dispuesto a escribir a Jack el suyo. Me ha dicho que no lo quería manuscrito ni por email. Que prefería que lo publicase aquí para que lo leyese todo el mundo.

- Que es muy ñoño...- le he advertido.

- No importa. Yo soy ñoño. Es mi relato. Ponlo. 

Pues vale. Yo lo pongo. Aviso: es ñoño. Pero es un relato que sé que a él le va a gustar, que le va a emocionar, y que hasta le va a dar un poco de esperanza, que falta le hace. Bueno, nos hace falta a todos. 


***

Sueños.

Le despertó un calor sofocante. "Puto agosto", pensó. Odiaba el verano, la sensación húmeda y agobiante. Pero, de entre los meses de verano, el que más detestaba era agosto. La imagen de la ciudad vacía le resultaba agradable pero las tiendas cerradas le recordaban otros tiempos que, aunque quería, no podía olvidar.

"¿Qué estaba soñando?", se dijo. No podía recordarlo, pero tenía la sensación de que era agradable. Seguramente era otra vez el sueño que todo el mundo consideraba insulso: una familia, un trabajo, niños pequeños,... Una vida normal y rutinaria, sí. Eso era lo que soñaba. 

Se levantó aturdido y con la sensación de no haber dormido suficiente.

- Trabajar de noche en verano es una putada - murmuró -, no hay quien duerma de día. 

Se frotó los ojos, pero no consiguió abrirlos. No importaba, conocía su casa, podía recorrerla con los ojos cerrados. Salió del solitario dormitorio, pasó por la solitaria cocina y entró en el solitario cuarto de baño. Así era su vida, solitaria. Por eso no importaba que, de vez en cuando, el sueño le venciera mientras estaba sentado en el inodoro: nadie iba a necesitar entrar al baño. Probablemente fuese la ligera brisa que entraba por la ventana del cuarto de baño la culpable esta vez. El caso es que allí mismo cayó rendido.

Le despertó una voz cantarina que provenía de la escalera. La voz entonaba una melodía que parecía inventada:

- ¡A callar! ¡A callar! ¡No despertéis a papá! ¡Shhhhhhhhhhh!

Entonces un coro de niños, dos o tres, respondieron repitiendo la canción. 

- ¡A callar! ¡A callar! ¡No despertéis a papá! ¡Shhhhhhhhhhh!

"Estúpidos y felices vecinos", pensó. Les envidiaba. Las voces callaron, se oyeron algunas risitas infantiles. Él apoyó la cabeza en el lavabo, hundiéndose en la autocompasión. Acto seguido se refrescó la cara y se dispuso a intentar volver a dormirse. 

Tenía la mano en el pomo de la puerta del baño cuando oyó que alguien intentaba entrar en su casa. Parecía que estaban forzando la cerradura, pues se oían pequeños golpes. El ladrón no era muy diestro... Salió y pensó en qué podría utilizar para golpearle, pero antes de que le diese tiempo de decidirse dos niños se engancharon a sus piernas:

- ¡Papiiiii! ¡Estás despierto!

En su cara quedaba más que claro que estaba sorprendido. Entonces una mujer se acercó, le besó en la mejilla y le susurró:

- Cuando estás recién despertado eres muy gracioso. 

Sonrió: lo recordaba todo. Era feliz porque tenía mil razones para serlo.  Devolvió el beso a su mujer y puso las manos en las cabezas de sus dos hijos. 

- Papi, papi, a la cama. Vamos a contarte un cuento hasta que te duermas. 

- Aixa, Juan, no. Papá tiene que dormir, que ha estado trabajando hasta tarde. Ayudadme a colocar la compra -dijo, mientras descargaba las bolsas.

Pero él no quería dormir más. ¿Para qué, si podía vivir su sueño? 

- Déjalos, cariño. Si van a contarme un cuento... ¿a que sí? Aixa - dijo dirigiéndose a la pequeña -, trae el ventilador, que en mi cuarto hace mucho calor. 

Por supuesto no pegó ojo. Escuchó a Aixa leer torpemente un cuento mientras el pequeño Juan, que aún no sabía leer, ponía el sonido ambiental a la historia.  Cuando los pequeños se durmieron en sus brazos, pensó en cuánto tiempo más tardaría en acostumbrarse a que el sueño empezase al abrir los ojos. 


***


Espero que al premiado en cuestión le guste. Y espero que a Geralt le guste también su relato cuando lo reciba, no tiene nada que ver con este. ¡Ay, qué nervios!

Os doy de nuevo las gracias a todos por participar y a los que no participaron, por leer y seguir ahí. 

Voy a lamentarme un poquito por ahí de que ya casi no queda domingo... :P


Hoy estoy... satisfecha
Y estoy escuchando... Who wants to live forever - Queen

sábado, 22 de marzo de 2014

Refuerzo positivo.


En el mundo estamos muchas personas que creemos que no hacemos casi nada bien. Puede que os sorprenda, pero, creo que ya lo he comentado otras veces, tengo un complejo de torpe importante. Sé que hay algunas cosas que no hago del todo mal, pero si quitamos eso, me considero un cero a la izquierda en casi todo y soy bastante insegura cuando se trata de hacer algo. 

Soy muy aficionada a auto-psicoanalizarme, y he llegado a la conclusión de que este complejo tiene su origen en el hecho de que siempre me han dicho lo que hago mal y muy pocas veces lo que hago bien, salvo, por ejemplo, en el caso de los estudios. Creo que es algo que pasa con bastante frecuencia. A una persona se la corrige y se le echa la bronca con ganas cuando mete la pata, sin embargo, cuando hace las cosas bien, pues no se le refuerza positivamente. Si sopeso el número de broncas con el número de halagos pues normal que tenga la percepción de que soy una inútil...

Cuando eres pequeño te crees todas esas cosas, no te queda más remedio. Pero luego sales al mundo y no te queda más remedio que hacer las cosas por ti mismo, torpe o hábil. Y te das cuenta de que no eres tan inútil, de que sabes hacer cosas. Por ejemplo, cocinar. Y, sin embargo, ahora vuelvo aquí y los mismos platos que he hecho mil veces, ya no sé hacerlos. No es que no sepa, sino que tengo a alguien detrás de mí todo el rato diciéndome cómo tengo que hacer las cosas que yo sé hacer. Porque claro, soy una torpe y no sé hacer nada. Y no veáis lo que toca los cojones que después de 7 años viviendo sola sin que nadie me hiciese la comida vengan a decirme cómo tengo que hacerlo. Máxime si me la voy a comer yo y solo yo. Y así con todo. Y en lo que no puede criticarme, calla. No sea que me felicite por algo y se me suba a la cabeza.

A lo mejor tengo que asumir que para ciertas personas nunca nada está bien hecho por mucho que te esfuerces: siempre encontrarán la parte negativa. Al mismo tiempo tendré que hacerme a la idea de que, aunque para ciertas personas nunca vaya a ser lo suficientemente buena, no quiere decir que no sea buena. Incluso bastante buena.

Voy a tener que empezar a practicar el auto-refuerzo positivo intensivamente. A eso, y a hacer caso a las cosas bonitas que me decís. No porque sean bonitas, sino porque la gente que solo ve el lado negativo de las cosas tiene una visión sesgada. Me fío más de la vuestra. Y no negaré que es, además, la que más le conviene a mi salud mental. 

¡Feliz finde!



Hoy estoy... un poco harta
Y estoy escuchando... I won't see you tonight - Avenged Sevenfold



PD: hoy he acabado el premio-relato del 2º ganador del sorteo por mi 2º cumpleblog. Voy a seguir pasándolo a limpio. ¡Qué nervios, qué nervios! xD

viernes, 21 de marzo de 2014

Hablemos de...

Hay un método infalible de hacer rejuvenecer a  un grupo de adultos. No voy a negar que ponerlos a bailar canciones de los Cantajuegos ayuda, pero yo me refiero a otro. Si queréis que un montón de tíxs de más de 30 años se comporten como adolescentes solo tenéis que hacer una cosa: hablar de sexo. 

Siempre me ha alucinado cómo personas hechas y derechas y a las que se supone conocimiento o al menos práctica de sexo se ruborizan y se ponen prácticamente insoportables cuando se saca el tema. Y sobre todo, como se saca todo de madre (y de padre). Vamos, que se puede empezar hablando de un negocio normal y corriente, como es un sex shop, y que alguien acabe sugiriendo que se alquilan las dependientas como prostitutas. ¿Per-do-na?

No sé a qué se debe, la verdad, y tampoco quiero establecer una conexión causal, pero suele pasar que esta gente que, cuando se habla de sexo, se convierte en un chaval/a de 15 años tiene más bien poca idea del tema, aparte de los tópicos típicos. ¿Será un síntoma del oscurantismo que aún se mantiene alrededor del sexo? No sé, yo creo que algo de eso hay.

A mí me da bastante rabia. Me gustaría que el sexo fuese un tema del que se puede hablar con cierto punto de seriedad, compartir conocimientos, opiniones, ... A lo mejor así dejaríamos de creer que lo que ocurre en las películas porno es verdad verdadera y aprenderíamos a disfrutar de una actividad que debería ser, sobre todo, placentera. Recuerdo una conversación durante el primer año de facultad, en el que una compañera admitió -con bastante vergüenza y después de haber fardado durante todo el curso de los polvazos que echaba- que nunca había tenido un orgasmo con una pareja sexual. Después de esa revelación, todas confesamos que esa circunstancia había sido bastante excepcional en nuestras vidas. Ocho chicas creo que éramos. Una dijo: "Yo pensaba que había algo mal conmigo, que era una frígida o algo". Toma ya. Que esa es otra: las mujeres tendemos a pensar, al menos al principio, que las que hacemos/tenemos algo mal somos nosotras, cuando lo que es más fácil es que nuestra pareja sexual sea torpe, por decirlo suave. Y bueno, para ser justos, se añade algo de falta de autoconocimiento. 

Esa es la primera conversación seria que recuerdo sobre sexo. Sí, hubo algo de vergüenza, pero estuvimos hablando del tema con total naturalidad. Desde ese momento no he encontrado a muchas más personas con las que poder hablar de este tema sin sentir que tengo que castigarlos sin recreo. Me parece una pena.



Hoy estoy... ¡Fin de semana! ¡Oe-oe-oe! xD
Y estoy escuchando... Assasain - Muse

miércoles, 19 de marzo de 2014

Mi padre.

Mi padre siempre da los buenos días. Esta mañana, cuando pensaba en cosas que le definen, es lo primero que se me ha venido a la mente. Puede parecer una tontería, pero no todo el mundo lo hace. 

Mi padre saluda diciendo "¿Qué ha pasao?". Él es así. No le van mucho las convenciones, ni hacer las cosas por el qué dirán. Por eso nunca en la vida ha llevado corbata y creo que desde que se casó no ha vuelto a ponerse traje. 

Mi padre es una de las personas más inteligentes que he conocido. Qué gran ingeniero se ha perdido el mundo por el hecho de que naciese pobre... Recuerdo como, sin saber casi leer ni escribir, me ayudaba con los deberes de matemáticas cuando era pequeña. No me preguntéis cómo, pero entre los dos, sacábamos adelante los problemas. Eso sí, a nuestra manera. Es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi infancia.

Mi padre da mucho y no pide casi nada. Siempre está dispuesto a ayudar sin preguntar, sin cuestionar. Y nunca, nunca echa en cara lo que hace.

Mi padre tiene un buen humor envidiable. Siempre intenta tomarse las cosas por las buenas, con calma y, si es posible, riéndose. Y lo mejor de todo es que su buen humor es contagioso.

Mi padre es fuerte, duro y no se rinde nunca. 

Mi padre me quiere y yo le quiero. No nos lo decimos, pero lo sabemos. Supongo que así es nuestra familia. A veces hay actos que dicen más que las palabras.

Mi padre mola tanto que me lo piden prestado. 

Mi padre es maravilloso, con todas sus virtudes y todos sus defectos. Por eso me lleno de orgullo cuando me dicen que me parezco a él. Ya me gustaría a mí que fuese cierto... O al menos, más cierto.





Hoy estoy... bailonga
Y estoy escuchando... Pain is so close to pleasure - Queen

martes, 18 de marzo de 2014

Una tía seria.

Recordáis que os comentaba que el curso de monitor de actividades de tiempo libre va a ser una fiesta constante. Yo os decía que ya no me veía para estos trotes. Hace bastante que no me disfrazo, no suelo jugar con plastilina ni hacer manualidades (mayormente porque se me da fatal), lo de bailar como que hace mucho que no lo practico, y de cantar, ni hablamos. Y, sobre todo, está el tema de que soy una tía bastante seria. O eso creía yo. 

Tampoco es que piense que soy una amargada ni nada por el estilo, pero vamos, que mi niñez se quedó atrás hace un tiempo, y que profesional y académicamente me he dedicado a cosas más "formales". Que sí, que me gusta reírme y gastar bromitas, pero lo normal, sin pasarme. Vamos, que pensaba yo que iba a tener que forzar la máquina más para entrar en la dinámica del curso.

Pero me han desengañado, ¿sabéis? El otro día comentaba esto mismo con algunas compañeras -que tienen más o menos los mismos reparos- y se me ocurrió decir:

- Porque yo soy una tía muy seria. 

¿Reacción? Caras de asombro. Mis compañeras se miran unas a otras con cara de incredulidad, interrogándose sobre quién me lo decía, pero sin articular palabra. Entonces una de ellas, la más lanzada, se lanza.

- Pues no lo pareces...

Vale. Bien. Estupendo. 

Supongo que voy a adaptarme perfectamente.



Hoy estoy... inquieta
Y estoy escuchando... La mujer que yo quiero - Joan Manuel Serrat



PD: Espero esos emails de los ganadores -especialmente de Geralt, que a Jack puedo amenazarlo cuando quiera para que me dé información XD

lunes, 17 de marzo de 2014

Ganador del sorteo "Dos años dando la lata".

Tengo la sensación de que este lunes está siendo una locura. Mirad que he madrugado, ¿eh? Pero es que no me da el día. Afú. Vengo a la carrera para sortear ese relato y poder empezar a hacerlo cuanto antes, que no quiero que se retrase un instante más de lo necesario y voy agobiaita perdía. Ains. 

Bueno, he realizado el sorteo por la web Sortea2, metiendo vuestros nombres en el mismo orden en el que pusisteis vuestros retalillos, y le he dado a sortear. Complicación ninguna, ¿verdad?

El ganador ha sido...

Clic para ver en grande.



No es coña. Hace días lo hablaba con Jack: "Si te toca, tengo que sortear otro, porque si no va a quedar hasta mal". Él decía que no hacía falta, que si le tocaba, pues era la suerte. Tampoco creía yo que entre todas las personas que participaran -que al final tampoco han sido tantas XD- le iba a tocar a él precisamente. Pero bueno, ha querido la casualidad que le haya tocado a él, así que he decidido sortear otro para alguien un poco más "desconocido", que escribir un relato con Jack como protagonista no es ningún reto para mí, es mi superhéroe :)

La suerte ha querido que el segundo relato sea para...

Clic para ver en grande.


¡¡Enhorabuena!! :)

Bueno, ¿qué necesito? Pues que me escribáis un email a la dirección que indico en la pestaña "Contacto", contándome cosas como:

- Qué nombre quieres tener en el relato. Puede ser tu nombre real, un apodo, un nick,...
- Características que te definen: aficiones, miedos, rutinas, profesión, etc. Cualquier cosa que pueda ayudarme a construir un personaje que se parezca a ti, y que no te importe que aparezca en un relato, claro.
- Si quieres recibir el relato por email, una dirección de email. Si quieres recibirlo por correo postal (lo enviaré manuscrito), una dirección postal.
- Además: cualquier sugerencia o idea que se te ocurra y que te parezca interesante para el relato.

También necesito otra cosa: paciencia. Voy a intentar escribir el relato tan pronto como pueda, pero quiero que salga bien. Puede ser que se me ocurra una idea genial muy rápido, pero también puede ser que no sea así. Espero que puedas esperar :) Que podáis esperar, los dos.


Para acabar, quiero daros las gracias a todxs lxs que os habéis animado a participar. Me ha gustado mucho leer vuestrxs mini-retales. Aunque me ha dado pena que lectores y comentaristas fieles se hayan quedado fuera por no atreverse a participar. A ver si el año que viene se me ocurre otra cosa. O a ver si el año que viene tengo un bolsillo en el que, al rascar, saque dinero, y no solo pelusas, para poder sortear algo en condiciones.

Aún así, aunque no haya sorteo, seguís ahí. Gracias, de verdad.

Paro, que me estoy emocionando xD

Besos para todxs, que hoy estoy cariñosa :)



Hoy estoy...agobiada
Y estoy escuchando...Words of love - The Beatles

domingo, 16 de marzo de 2014

Dejar de emocionarse.

Soy una tía bastante siniestra a veces. Desde pequeña he pensado mucho en el suicidio, ¿sabéis? Claro, que eso no ha sido algo que haya compartido abiertamente. Una de las cosas que pensaba era qué circunstancias llevan a una persona a decidir acabar con su vida, dónde está la línea que separa lo soportable de lo insoportable, cuándo y por qué alguien piensa que su vida ya no merece la pena. 




Como la mayor parte de mis preguntas no es algo que tenga una respuesta cerrada, pues depende de infinitud de variables, y creo que la única persona capaz de dar una respuesta aproximada a la pregunta es uno mismo. Y digo aproximada porque a veces ni nosotros mismos nos conocemos tan bien como para responder con seguridad.

Así que mi pregunta ha cambiado y se ha centrado en mí. ¿Qué cosa haría que pensase, seriamente, en acabar con mi vida? No os asustéis, no es nada raro, es que estoy loca de nacimiento. Me he dado varias respuestas, todas ellas aproximadas, claro. Por ejemplo, yo creo que no sería capaz de sobrellevar mi vida si tuviese que vivir en la calle, no sé si tendría la fuerza necesaria. Pero, ¿quién sabe? A veces nos sorprendemos a nosotros mismos. 



Sin embargo el otro día me descubrí pensando: "Si algún día veo el mundo así, preferiría morirme". El "así" no aclara mucho, ¿verdad? Pues bien, hace referencia a ese modo de ver el mundo en el que uno ya no se emociona, solo sufre. Con emocionarse me refiero a todas esas sensaciones que nos hacen separarnos un poco de la rutina y observar o pensar o sentir. 



Yo soy una persona fácilmente emocionable. Me emociona una obra de arte, observar a dos personas que se quieren, un libro, un trabajo de artesanía, una flor, una canción, un descubrimiento,... Me gusta eso, esa capacidad de sorprenderme y de valorar los pequeños detalles. Hasta en los peores momentos he sido capaz de pararme ante esas cosas, no me he mantenido indiferente a la belleza del mundo. Y eso me daba esperanza. Me la sigue dando. Probablemente no me emociono ante las mismas cosas que otras personas, ni disfruto de los mismos placeres, pero me emociono y disfruto, y eso es lo que importa.



Pero hay gente que no lo hace, que ha perdido esa capacidad si es que un día la tuvo. Esas personas pasan por el mundo sin detenerse ante nada, sin emocionarse ante nada. Y cuando intentas mostrarles algo hermoso, lo más que aciertan a decir es un: "No es para tanto". Y aunque una se siente decepcionada, tampoco se preocupa porque, como ya he dicho, no todos gozamos de los mismos placeres. Pero, a veces, sin saber cómo, esta dolencia se verbaliza: "A mí ya no me llama la atención nada". Y una se pone triste, pensando en lo terrible que tiene que ser la existencia sin poder apreciar esas cosas: el brillo de una sonrisa, la sensación que queda al acabar de ver una película que nos ha gustado, el instante en el que algo hermoso nos deja sin aliento,... ¿Es posible dejar de emocionarse? ¿Cómo siguen adelante esas personas?



Yo creo que no podría. No podría seguir adelante si el mundo hubiese dejado de emocionarme. Por suerte, tampoco creo que eso pueda ocurrir: soy demasiado idiota.



Hoy estoy... dominguera.
Y estoy escuchando... Como el agua - Camarón de la Isla

sábado, 15 de marzo de 2014

Libro: Aristotle and Dante discover the secrets of the Universe, de Benjamín Alire Sáenz

Edito, a 13 de septiembre de 2015: el libro ya está en castellano, publicado con el título Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo, por la editorial Planeta.



Me topé con este libro por accidente. Goodreads me lo recomendó porque había leído Bajo la misma estrella. Como me gustó mucho aquel libro, y como el título -más bien los nombres de los protagonistas- me llamaron la atención, me lancé a por ella sin saber demasiado sobre su argumento, estilo, etc. Fue una lectura sin prejuicios. Bueno, solo uno: buscando imágenes de la portada -que por cierto, me encanta- vi que en algunas aparecían premios otorgados por asociaciones LGBT, así que suponía que en este libro el tema de la homosexualidad estaba presente de algún modo. Vamos a ver la reseña.

¿De qué va el libro?

Aristóteles es un joven tímido, introvertido, bastante extraño y absolutamente solitario. Un día, mientras flotaba en la piscina -porque no sabía nadar- un joven se ofreció a enseñarle. Dante. Con esos nombres, parecían estar predestinados a entenderse. Aristóteles y Dante trabarán una gran amistad que les hará aprender mucho de sí mismos. 

(Me doy cuenta de que con mis sinopsis no animo a nadie a leer ningún libro xD)

Hablando del libro... (puede haber spoilers, así que lee bajo tu propia responsabilidad).

Me ha gustado mucho. No sé en qué se parece a Bajo la misma estrella, la verdad. Con el que sí le veo un parecido más claro es con The perks of being a wallflower, otro libro que también me encantó. No se parece en la forma, pero sí en el fondo. Creo, vamos. 

¿Por dónde empiezo? Mis reseñas son un caos absoluto. Bueno, como en la última reseña Letraherido me decía que iba a hablar de la verosimilitud en su blog un día de estos, voy a empezar con eso. Este libro me ha parecido bastante verosímil en todos los aspectos. En el tratamiento del mundo adolescente, por ejemplo. Aristóteles es uno de esos adolescentes que están más perdidos que un pulpo en un garaje. Bueno, cabría preguntarse si hay alguno que no lo esté. Todos lo hemos estado. Es un tipo solitario, pero quiere no serlo a veces. Sin embargo, le cuesta encajar en todas partes. Dante es diferente: más resuelto, más seguro de sí mismo. Sus preocupaciones, sus pasatiempos, todo encaja con lo que sería un par de adolescentes de finales de los 80 (época en la que transcurre la historia). 

También hay otros temas secundarios bastante interesantes: el padre de Aristóteles es un excombatiente de Vietnam que nunca habla de sus años combatiendo -ni de nada, prácticamente-, su hermano Bernardo está en la cárcel, pero no sabe qué hizo, ni por qué no se habla de él, ni hay fotografías suyas en la casa, tanto la madre de Dante como la de Aristóteles son mujeres mexicanas que han conseguido formarse, introducirse en el mundo laboral, etc., a pesar de haber tenido hijos muy jóvenes, y también se habla algo de las dificultades a las que se enfrentaron.Por último, también hay alguna que otra mención a temas bastante típicos de la época adolescente, como es el coqueteo con las drogas, los primeros líos amorosos, etc.

Y luego está el tema de la homosexualidad. Me parece que está tratado de una manera bastante realista, sin aspavientos, sin pretensiones, mostrando las dificultades y las dudas a las que muchos adolescentes en estas situaciones se enfrentan, porque lo cierto es que no hay una única manera de afrontarlo: hay quien se lo toma con más naturalidad y hay quien lucha consigo mismo porque no cree que le pueda estar pasando lo que le está pasando, cada persona es un mundo. Pero en esta obra no se busca -o al menos eso me parece- un resultado efectista, sino contar una historia honesta. 

Supongo que por eso me parece verosímil, pero claro, también puede parecer que no pasa gran cosa. No se trata de una historia súper intensa, con montañas rusas, tiros, rebeliones... Son las tribulaciones de un adolescente, están narradas en primera persona y bueno, si no intentamos ponernos un poco en situación puede parecer una tontería. No lo es. A mí me ha parecido muy interesante.

Ya he dicho que está ambientada a finales de los 80, pero concretaré que se sitúa en Texas, en la zona de El Paso -habitada en buena parte por población de procedencia mexicana. Esto es curioso para un lector hispanoparlante, porque a veces, cuando los miembros de la familia hablan entre sí, se dicen cosas en español. Eso sí, es un español un tanto raro. Se me ha quedado grabada la palabra "mascoto" xD

Me ha gustado el libro, como os decía. No por ser una historia terriblemente emocionante, sino porque me la he creído, me ha parecido honesta. En ese sentido creo que puede contribuir a desmitificar la homosexualidad. Los protagonistas de este libro son chicos normales a los que les gusta nadar, hacer deporte, que tienen un trabajo, van al instituto,... No provienen de familias desestructuradas, o sin figura paterna, ni han sufrido traumas que les hayan condicionado de ninguna manera, ni tampoco han querido vestirse de rosa desde que nacieron ni cosas por el estilo. Son chicos, adolescentes, con sus cosas de adolescentes. Ni más, ni menos. Creo que es el punto más fuerte de esta obra: normaliza la homosexualidad. Y creo que eso es fenomenal.

Por desgracia, creo que no está traducida al castellano todavía... 

Os dejo un trocito...

The thing is I love my dad. My mom too. And I keep wondering what they're going to say when I tell them that someday I want to marry a boy. I wonder how that's going to go over? I'm the only son. What's going to happen with the grandchildren thing? I hate that I'm going to disappoint them, Ari. I know I've disappointed you too.
I'm a little worried that we won't be friends when I get back. I guess I have to deal with these things. I hate lying to people, Ari. I especially hate lying to my parents. You know how I feel about them.
I guess I'm just going to tell my dad. I have this little speech. It starts something like this. "Dad, I have something to say to you. I like boys. Don't hate me. Please don't hate me. I mean, Dad, you're a boy too." The speech doesn't really fit together very well. It needs some work. It sounds too needy. I hate that. I don't want to be needy.


En resumen, este libro...

5/5
 Me ha gustado leer este libro, lo he disfrutado mucho. Y me ha gustado volver a leer en inglés, no debería dejar pasar tanto tiempo sin hacerlo. A continuación creo que ya es hora de que coja Cien años de soledad. ¡Que ya está bien! Lleva años en mi lista de pendientes...


Hoy estoy... tranquila.
Y estoy escuchando... Revolution - The Beatles.


Pd: tenéis hasta mañana para dejarme vuestros retalillos en esta entrada.

viernes, 14 de marzo de 2014

Malnacidxs.

Digo malnacidxs, aunque lo que me apetece decir es hijxs de puta. Con acento en la pe. No será políticamente correcto, en muchos sentidos, pero es lo que me pide el alma gritar a los cuatro vientos, que el mundo está lleno de hijxs de puta que merecen ahogarse en su propia bilis, o veneno.  Y creo que tal y como ha empezado esto, recuperar la corrección política va a ser difícil, así que, de perdidos al río. 

Es que se me acaban ya los buenos deseos. Que somos muy tontos, que la gente buena, o normal, somos imbéciles. Porque nos dan una patada en el culo, y perdonamos, porque no había mala intención. Y nos insultan, y nos cabreamos, pero dejamos pasar, porque mira, no saben lo que hacen. Y nos humillan, y lo dejamos correr, por no liarla. Y lo peor de todo, a veces nos creemos, de idiotas que somos, que tienen razón. Y no puede ser. 

Porque cuando una persona buena, o normal, se topa con otra persona buena, o normal, no se siente como una puta mierda pinchada en un palo. Una persona normal te puede aconsejar, te puede intentar ayudar, pero no te menosprecia sin proponer, sin interesarse por si te va a hacer daño o no, sin tener ni puta idea de nada. Porque lo mejor de todo es que estos chafa-guitarras, a parte de gilipollas, no han hecho nada en su vida que les otorgue superioridad de ningún tipo para arrastrarte por los suelos, y tú en el fondo lo sabes. Y yo lo sé. Cuando a uno le censura o le aconseja alguien que sabe, uno, si es listo, o normal, abre los oídos y la mente y toma nota. Y luego piensa sobre ello. Y al final hace lo que crea oportuno. Pero cuando a uno le humilla un mindundi, un ciego social, un insensible y un fantástico, pues a uno le dan ganas de cosas que no son bonitas, ni amables. Y de paso, se le amarga el día. 

Decía que se me acaban los buenos deseos y la diplomacia. Empiezo a desear que toda esta gente pruebe de su propia medicina, que se tenga que ver obligada a pedir ayuda por no tener nada, porque se le han acabado los recursos. Eso no es plato de gusto y se vive, hasta el más pintao lo vive, como una humillación, como un fracaso. Yo lo vivo así. Deseo que se vean en esa situación. Y he sido siempre algo rencorosa, he heredado uno de los pocos defectos de mi padre, pero es que en los últimos tiempos me salgo de la escala. Lo sé porque imagino que si ese día llega se me están quitando las ganas de echar una mano. Quizá lo hiciese, pero a lo mejor lo haría para devolverles todo el daño que están haciendo. Sí, ya lo sé, si existe el karma voy a acabar reencarnada en un gusano. Qué digo, en una mierda de gusano. Pero es que la rabia se me lleva y es mejor que salga en palabras lanzadas al vacío y en pensamientos retorcidos que en actos. 

Lo peor de todo es que se creen muy grandes, unos triunfadores en la vida, porque hasta el momento las cosas les van bien. No cabe en su pequeña cabeza hueca que un día, sin aviso, la vida les pueda dar un revés y entonces, en lugar de estar en lo alto de la montaña rusa, disfrutando del sol y del viento, estén abajo, comiéndose los mosquitos. Debe de ser bonito vivir así, feliz, sin preocupaciones. Pensando que el mundo no cambia, que todo va a ir bien siempre. Aunque no te lo merezcas. Porque no se lo merecen. Muchos de ellos, al menos.

No son grandes. Son enanos, minúsculos, porque sacan su grandeza de empequeñecer a los demás. Y las personas grandes, como decía Mark Twain, se reconocen porque hacen sentir grandes a los que están a su alrededor. Y además son unxs malnacidxs. O, por qué no desahogarme a gusto, unxs hijxs de puta.





Pd: ¿Por qué nadie dice nada de mi precioso fondo nuevo? xD

 Hoy estoy... más cabreada que una mona
Y estoy escuchando... Baby it's you - The Shirelles

jueves, 13 de marzo de 2014

Vuelta al cole

Aquí estoy, escribiendo un post de vuelta al cole. Y vosotrxs que pensabais que eso se hacía en septiembre... ¡Ay, almas de cántaro!

Pues sí, hoy he vuelto al cole. Resulta que vi por ahí que había unos anuncios de un curso de Monitor de tiempo libre para niños y jóvenes, y que era gratuito. Y yo bueno, dudando un poco, al final decidí apuntarme. La razón principal era que una amiga me comentó que la mejor manera de entrar a trabajar en un colegio privado/concertado era, aparte de un buen enchufe, cosa que no tengo, entrar como monitor de extraescolares -que muchos colegios e institutos de este tipo organizan-, monitor de comedor, etc. En su momento lo miré, pero los cursos se me hacían inasequibles y sin garantías yo no podía hacer ese desembolso. Ahora se me presentaba la oportunidad de hacerlo, así que... Además, toda habilidad que aprenda relacionada con el trato con niños y jóvenes puede serme útil algún día. Me costaba decidirme, sobre todo después de clavar el último simulacro de examen de oposición, pero al fin y al cabo parece que nadie lleva prisa por convocar plazas de secundaria en mi especialidad, así que puedo permitirme un paréntesis que quizá, quien sabe, me abra alguna puerta -o ventana.  Al fin y al cabo el curso tiene prácticas no laborales (es decir, no remuneradas) que dicen que son la mejor manera de entrar en el mundo laboral en estos tiempos.............................

No pensaba que fuesen a darme el curso, la verdad. Pero sí, he sido una de las seleccionadas, a pesar de que ha quedado lista de espera. Así que nada, a por ello. Hoy teníamos la primera cita. ¡Vuelvo a las aulas! Parece que mi condena es hacerlo, eternamente, como alumna...

Lo que no sabía yo es que volvía AL COLE. Más concretamente, a una clase de preescolar o algo así. Evidentemente, visto el tema del curso, no esperaba una clase magistral ni nada parecido, pero es que lo que me he encontrado ha saturado mi "happy-flower-ómetro" hasta tal punto que mi cerebro hacía intermitencias.  Se apagaba y se encendía, tal cual. Así que he pillado perlas como estas:

- Las clases se empiezan todos los días con una danza...

(¿La de la lluvia? ¿La de la fertilidad? ¿Cuál? ¡¡Cuálllll!!)


- No os traigáis ropa buena, hoy habéis venido muy guapos, pero no volváis a hacerlo, porque váis a salir pringados de pintura, pegamento, ...

( Hay una cosa que se llama tener cuidado. Y otra que se llama "batas" o "babys" y eso. De nada)

- Y nos mojaremos, un día haremos juegos de agua.

(Espero que un día hacia verano, porque de momento no hay ganas...)

- Y nos vamos a disfrazar, y a pintar, y saldremos por ahí a que la gente nos vea pintados y disfrazados. 

Aquí creo que mi cerebro ha considerado que había oído bastante y ha decidido apagarse. Hasta que ha oído la palabra "examen". Así soy yo. 



Lo que más me ha chocado ha sido el entusiasmo general. No sé, a lo mejor es que yo soy una aburrida, una seca y una amargada, pero a mí lo de levantarme a las 7 de la mañana, coger el coche para ir a otro pueblo a un curso y pasarme la mañana paseándome disfrazada por la calle... A lo mejor es que no entiendo yo los nuevos métodos pedagógicos de adquisición de competencias laborales... Y mirad que entiendo que en un curso como este hay que hacer cosas, manualidades, actividades diversas, ... Pero creo que puede afrontarse todo eso desde la óptica de personas adultas -y yo soy de las más jóvenes- que están intentando aprender un oficio. O algo. No sé, me he sentido tan tan seria, tan tan vieja, tan tan aburrida,... que lo único que me ha apetecido ha sido esconderme debajo de una piedra y no salir nunca más.



Que luego a lo mejor lo paso bien. A mí me gusta mucho cantar, y bailar y eso. Lo peor van a ser las manualidades, pero lo mismo hasta aprendo algo. Pero ahora me río de lo surrealista que me parece todo. Si yo no fuese yo, no volvería mañana. Pero soy yo, y yo no soy de esas personas que dejan las cosas. Al menos no estas cosas. Así que nada, me esperan unos meses curiosos por delante... 

Que Crom me pille confesada...



Pd: He estado toda la mañana pensando en ti, Lía.



Hoy estoy... inquieta
Y estoy escuchando... Despierta - Ismael Serrano


No olvidéis dejarme vuestro retal en esta entrada hasta el domingo :)
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