La tarta de la Comunión.


Esta es una nueva entrega de mis frustraciones y traumas infantiles. Va de cuando fuimos a elegir la tarta para mi comunión.

Bueno, os explicaré que mi comunión fue una comunión "a lo pobre": la celebramos en el corral de casa de mi abuela y el menú consistió en gazpachos manchegos y chuletas de cordero que preparó mi padre, aderezado con aperitivos varios de bolsa. Las mesas eran tablones encima de caballetes y las sillas eran de plastiquete. El "juanpalomismo" era fuerte en mi familia y, no vamos a engañarnos, el bolsillo no daba pa más.

Eso sí: había tarta. La encargamos en una panadería/pastelería de un pueblo vecino que era conocida por su calidad precio y que era la fantasía de todas las criaturas, porque te hacían la tarta de lo que quisieras, tanto ingredientes como apariencia. Allá que me fui, con mis padres, a elegir la tarta de mi primera comunión, feliz de la vida, porque si algo me gustan a mí en la vida, son los dulces. Tenía ideas firmes sobre la apariencia pero, sobre todo, sobre los sabores. La cosa fue tal que así.

PASTELERA: ¿Y de qué quieres tu tarta, a ver?
YO: De princesas Disney.
MADRE: ¿De Disney la quieres? ¿DE DISNEY? (mi madre hablaba como si fuese rarísimo que una niña de 9 años quisiese una tarta de princesas Disney)
YO: Sí.
MADRE: Ea, pues apunta, de Disney.
PASTELERA: (copiando) Taaaaaaar-taaa-dee-Diss-neeey. ¿Y de sabor? ¿Qué te gusta?
YO: ¡¡¡CHOCOLATE!!!
(a ver, en ciertas cuestiones siempre he tenido las cosas claras)
PASTELERA: (se descojona)
MADRE: ¿Chocolate? Hija mía, que eso no tiene misterio. Habrá que ponerle algo más.
YO: Vale. Nata.  (chocolate y nata, imposible fallar con esa combinación)
MADRE: Chocolate y nata... Anda, apunta de yema y nata.
PASTELERA: ¿Yema y nata? ¿Seguro?
YO: ¡Pero yo quiero chocolate! ¡Es mi tarta!
MADRE: ¿Pero tú has probado la yema? ¡Si está muy buena! Ya verás como te gusta.
YO: Pero yo quiero...
MADRE: Apunta de yema y nata.

(A todo esto mi padre estaba allí, callao como un bendito, el pobre)

Y así es como acabé con una tarta de yema y nata que es sabor  DE ABUELOS y que, por supuesto, no me gustó ni una milésima parte de lo que me habría gustado una de chocolate y nata y que, además, no fue de princesas Disney: en medio de la conversación se perdió algún detalle, así que mi tarta tenía forma de cabeza de Mickey.


Normal que sobrelleve tan bien las decepciones. Me llevan entrenando desde pequeña...

Comentarios

  1. Jajajajaja... sí... los padres nunca entienden que lo que pedimos es lo que queremos y acabamos vistiendo, calzando, comiendo, y el resto de "...ando" "...iendo", como ellos quieren...
    Luego, por si con eso no fuera suficiente, llega un novio o marido que también te quiere imponer su versión propia de cómo debes vestir y ser... Hasta un día en que despertamos sintiéndonos adultas y tomamos posesión de nuestra voluntad.

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  2. Joooo... me ha dejado muy triste leer este post. Una sensación de amargura y de impotencia...
    Yo, si te soy sincera, no recuerdo ni de qué era mi tarta de comunión; como no soy muy golosa, no me preocupaba. Supongo que sería milhoja, porque creo recordar que había una foto cortando la tarta con mi prima (hicimos la comunión juntas).

    A mí la idea de la comunión a lo pobre me gusta. Puede ser una celebración fantástica. Solo hace falta estar con la gente que quieres... el resto no importa (aunque una tarta que te guste, también ayuda, supongo)

    Te mando un abrazo muy fuerte.

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    1. ¡SÍ! Mi celebración fue una pasada, lo pasé genial corriendo arriba y abajo con el vestido. El único detalle fue la tarta. Y oye, lo recuerdo con humor,qué remedio xD

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  3. Ay, me ha parecido muy triste, y hasta me he enfadado. ¿No era tu comunión? ¿No pediste chocolate? Pues deja chocolate!!! Grr... Sorry que me enfade.
    Un abrazo grande :*

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    1. Bueno, los padres nos imponen muchas cosas, en parte es su trabajo xD Pero solo en parte XD A veces se pasan.

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