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Hoy he visto... (I): Confianza.

Este blog nació con la idea de convertirse en una colección de momentos de esos que hacen que el tiempo pase más despacio cuando los presenciamos, de momentos que, dentro de su cotidianidad, se viven como excepcionales y nos sacan una sonrisa. Luego fue convirtiéndose, poco a poco, en una colección de momentos de mi vida, de todo tipo. Hoy me ha apetecido recuperar ese espíritu. 


Estoy cansada. La jornada de trabajo ha sido larga y yo voy casi arrastrando los zapatos por la acera. Se me ha debido de hacer tarde, porque no hay ni rastro de la avalancha de estudiantes saliendo de los institutos. Puede que sea eso lo que me permite verlos: una abuela y su nieto caminan hacia a mí, cogidos de la mano. Ella es menuda y, aún así, se encorva ligeramente para llegar a la manita del pequeño. Cuando se acercan veo que él se deja caer levemente y ella tira de él hacia arriba. Al llegar a mi altura, él vuelve a hacerlo, esta vez con más decisión. Ambos se ríen. La abuela, entre risas, le dice:
-N…

Escondite

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Había una vez una niña a la que le gustaba jugar al escondite. Podía pasar horas escondida en los rincones más remotos de la casa y nunca nadie la encontraba.

Un día empezó a tentar a la suerte y decidió salir de la casa y dar un paseo. Cuando volvió la recibieron como si no hubiese salido de allí y le encargaron alguna tarea, como de costumbre.

La niña convirtió aquellos paseos en hábito, pero cada día daba unos pasos más, alejándose un poco más de casa, tardando un poco más en volver. Pero nunca la echaron de menos: siempre había vuelto cuando la necesitaban.

Sorprendida de su capacidad para escabullirse se animó a llevar a cabo el experimento final: salió de casa y caminó y caminó, llegando a lugares en los que nunca había estado. Siguió caminando, en línea recta, cuesta arriba, con la mirada puesta en las montañas. Y no volvió nunca.

Nadie se dio cuenta.


El bicho raro, ¿nace o se hace?

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Hoy estoy teniendo un domingo maravilloso. Me he quedado sola en casa, desde temprano. Desayuné y, en pijama, me puse una película petarda. Después me preparé la comida mientras tomaba el aperitivo, empecé una serie, lloré a moco tendido, comí, fregué, toqué el ukelele, escribí poemas, contesté correos, escuché música... Y estoy siendo muy, muy feliz. Soy muy feliz sola. 

Ayer me preguntaba esto y se lo preguntaba a Kyol: las personas introvertidas, ¿nacemos o nos hacemos? Porque en mi caso creo que podrían darse las dos explicaciones. No recuerdo cómo era de muy, muy pequeña, pero sí recuerdo que, desde que tuve uso de razón, estar con gente era malo, me hacía daño, me hacía infeliz. Aunque por lo que me han contado, tampoco es que de muy pequeña fuese lo más sociable del mundo: tuvieron que quitarme de la guardería porque no lo soportaba. Me tiraba llorando la mañana entera.

Sea por lo que fuere, crecí pasándolo bien yo solita. Mi hermano no compartía intereses conmigo, así que al f…

Zapatos buenos.

Os contaba hace AÑÍSIMOS que, cuando era pequeña, mis padres se gastaban bastante dinero en mi calzado y en el de mi hermano para que "no se nos deformaran los pies", y también os contaba que eso me causó alguna que otra frustración. Pero así era: la compra de zapatos era crucial y para una familia que pasaba estrecheces, como era la mía, el análisis del zapato perfecto era una cuestión de no poca importancia. Había que ajustar al máximo el presupuesto sin comprometer la calidad ni la durabilidad, que ya se sabe que sale muy caro ser pobre.

Eso fue así durante mi infancia, pero al acercarme a la adolescencia la cosa cambió. Quizá porque ya no llevaba tanto zapato (ya no me hacía falta outfit dominguero de arregle) o a saber por qué, los zapatos dejaron de ser importantes. Comprábamos deportivas medio buenas en las rebajas, en ocasiones de pares sueltos y cosas así, que era el calzado que más utilizaba. Y para lo demás, nos apañábamos con el mercadillo y demás. De repente en …

Y que te hagan sentir grande...

Hoy he visto este tuit que me da la excusa perfecta para hablaros de algo de lo que me apetecía hablar.

Hay tantas situaciones en las que me siento pequeña que tiendo a dar un valor extra a las que me hacen sentir grande. — Momo (@PequenaMomo) November 27, 2019
Podría haberlo escrito yo. Me siento pequeña tantas, tantas veces, que cuando alguien me hace sentir grande (a veces me basta con el tamaño normal) se lo agradezco de por vida. Y no es una exageración. No se me olvida, por ejemplo, esa compañera que al acabar una evaluación me dijo: "Lo has hecho genial, eres una gran tutora". Y lo digo en serio. Ni se me olvida, ni se me va a olvidar, y esa persona, que me hizo sentirme grande (o normal) en más ocasiones, siempre va a ocupar un lugar especial en mi corazón y en mis recuerdos.

Pues hoy quiero dar las gracias a las personas que me están haciendo sentirme grande últimamente. Porque yo no seré famosa, ni ganaré concursos, ni publicaré un libro, pero todos los fines de s…

Yo sí tengo miedo del infierno.

El otro día recordaba, charlando con alguien, una cuestión de bastante calado filosófico. A esta persona le dijeron una vez que cómo iban a ser buenos los ateos, si no tenían miedo del infierno. Esta cuestión se ha planteado en serio en ética, al entender que, si Dios no existe, si no hay un juez universal, tanto da hacer el bien o el mal: no hay consecuencias últimas.

Yo siempre he considerado que esta visión es infantilizante y dice muy poco de la confianza de lo que la defienden en la humanidad: para creer que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, se nos da muy poco crédito. Se nos trata como niños, que solo obran bien a base de castigos y premios, de promesas y amenazas. Y yo creo que, como seres racionales, podemos ser mejores que eso.

Además, hay otra cosa en la que se equivocan: no creer en Dios, o no saber si existe, no implica, necesariamente, no creer en el infierno. Yo, desde mi agnosticismo despreocupado, puedo decir con seguridad que creo en el infierno, porque lo …

Te invito a desayunar.

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Siéntate conmigo. ¿Qué te pongo? No tengo café hecho, pero te lo preparo en un momento si te apetece. También hay té e infusiones, chocolate y colacao. Para acompañar... Bueno, tengo cereales, galletas y creo que me queda alguna magdalena. O pan para tostar, con mantequilla o aceite, si te apetece.

Mientras te preparo el desayuno mira, mira bien a la calle. ¿Has visto qué vistas tiene mi balcón? Cómo lo voy a echar de menos cuando me mude. Y, ¿lo oyes? El sonido de la fuente es como una caricia continua...

¿Te molesta la música? Espero que no, porque me parece casi poético que haya saltado esta canción en este momento.



Hay que ver qué bonita está Córdoba después de la lluvia. No sé si lo sabes, pero ayer llovió lo más grande. Mi amiga Rosa me mandó un whatsapp porque le había impresionado ver cómo desaguaba la Mezquita. Falta hacía, también te digo. Pero llevábamos un par de días o tres con el cielo muy gris, lloviznando, con el sol negándose a dar la cara. Pero parece que ayer el cie…