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Nuevas tendencias

No es que me importe mucho la moda, pero sí hay alguna moda que pueda merecerme la pena observar es aquella que se ve a pie de calle y, desde que he vuelto a trabajar, me he dado cuenta de que hay ciertas tendencias emergentes que parecen haber llegado para quedarse. Me he dado cuenta de que se ha puesto de moda no maquillarse, no teñirse (mis compañeras están maravillosas con sus canas), no alisarse el pelo (y sus rizos, sus rizos estupendos), no ponerse tan de punta en blanco. Yo misma he renunciado a mi poquito de corrector y rímel de cada mañana. Se lleva un look más natural, parece ser. Al principio pensaba que era porque se habían dado cuenta (nos habíamos dado cuenta) de que la apariencia no importa tanto, de que no pasa nada por que se vean las canas, o por ir a cara lavada. A lo mejor estos meses de encierro nos habían enseñado que no pasa nada por no invertir nuestro tiempo en intentar encajarnos en cánones y expectativas impuestos. Hoy se me ha pinchado la burbuja cuando h…

Hoy me he encontrado conmigo misma.

Hoy me he encontrado conmigo misma. No, no he tenido una experiencia mística ni estoy en la India.  Tampoco ha sido una alucinación. Creo. Mejor me explico, ¿no?Resulta que volvía de trabajar hecha polvo (así que puede que sí haya habido algo de alucinación, no digo que no) y ya casi llegando a casa me he cruzado con una niña de unos 8 o 9 años que me ha recordado a mí de pequeña, salvo por el uniforme del colegio concertado: alta, algo regordeta, mofletes, pelo rubio ondulado recogido en una coleta alta. Iba de la mano de la que supongo que era su madre. Yo las he visto acercarse hacia mí desde lejos y eso me ha permitido pensar en hacer una gilipollez porque a ver, hoy estaba yo con esos ánimos. ─Perdone ─le he dicho a al madre─, ¿le puedo decir algo a su hija?La mujer no me corrige, así que mi suposición era buena: es su madre. Después de un instante asiente con la cabeza un poco descolocada. Menos mal que no tengo una pinta amenazante, si no... Miro a la chica directamente a los o…

Poniendo la antena.

Hoy he salido a comer a una hamburguesería riquísima. Últimamente no es que comamos mucho fuera (tampoco es una cosa que a mí me encante, pero con esto del coronavirus aún me llama menos), pero hoy estábamos de celebración. Al llegar la sorpresa ha sido muy agradable. Habían reformado la hamburguesería y, la verdad, la han dejado muy amplia, con las mesas separaditas... En fin, esas cosas. Supongo que, quizá por haber menos gente, es más fácil escuchar hablar a los vecinos de mesa. Puede ser eso o, también, que tengo bastante buen oído cuando la gente no lleva la mascarilla puesta (con las mascarillas parece que estoy teniente del todo xD). La cosa es que he escuchado una conversación de mis vecinos de mesa. Mi pareja me ha preguntado qué pasaba cuando me ha visto sonreír. Le he dicho que luego se lo contaba porque hombre, una cosa es poner la antena y otra declarar abiertamente que lo estás haciendo. ¿Queréis saber por qué sonreía? Si no queréis cerrad el blog porque lo voy a contar …

¿Aún nos queda la esperanza?

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Hoy he empezado a ver una serie de Amazon Prime Vídeo, The boys. Me habían hablado muy bien de ella, me la habían recomendado mucho pero, por desgracia, no había encontrado el momento. Ahora que he decidido dejar de ver los informativos a la hora de comer le he podido hacer un hueco. He visto únicamente un par de capítulos, pero la serie tiene bastante buena pinta. La premisa es que realmente existen los superhéroes, que hay gente que nace con poderes extraordinarios. Esto ocurre en nuestro mundo, en este mundo que conocemos. Y claro, la visión es bastante descorazonadora. No quiero entrar en mucho detalle, pero digamos que lo de salvar el mundo no está muy arriba en la lista de prioridades de los superhéroes y de quien los manda. 

Y es triste y desesperanzador. Viendo el primer capítulo de la serie he notado cómo se evaporaba el sutil consuelo de los mitos. Cuando escribí mi Trabajo de Fin de Máster hablaba del papel de los superhéroes en la cultura pop como sustitutos de una cierta m…

Moliendo café.

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Laura se ha dado un baño larguísimo, como hace siempre que no tiene que pagar el agua que el baño implica. Mientras estaba a remojo había enviado la dirección del hostal, la habitación y el número de teléfono de su cita a su amiga Andrea, quien no había perdido la oportunidad de recordarle que se pueden tener citas en lugares públicos, algo más concurridos y menos peligrosos. Laura siempre contestaba lo mismo:─No quiero que se lleven una impresión equivocada de mí. ─¿Equivocada? ─preguntó Andrea la primera vez que escuchó esa respuesta.─Sí, no quiero que se crean que quiero algo más que sexo. Ya sabes, quedar para un café puede confundir a la gente. En cambio, quedar en una habitación de hotel manda un mensaje bastante claro, ¿no crees?En realidad no era tan sencillo: más de uno había intentado volver a quedar, ir a cenar o al cine. En alguna ocasión había repetido cita, pero siempre en el hotel. No es que se lo dijera a la cara, pero de aquellos hombres Laura solo quería un rato de s…

Me va a dar algo.

Este tramo final de las vacaciones está siendo un poco... tenso, por decirlo suavemente. Llevo unos días que me subo por las pareces, irritable, incapaz de centrarme en nada, al nivel de que me dicen cosas y no las escucho, es como si no me las hubieran dicho o me hablan y en mi mente suena todo en modo "blablablabla". Me resulta súper embarazoso y me siento ridícula cada vez que le tengo que decir a mi pareja que me repita algo que me ha dicho hace 10 segundos porque he sido incapaz de enterarme del mensaje. Además, estoy durmiendo fatal. Duermo, por lo general, aunque me cueste. Es muy, muy raro que yo tenga episodios continuados de insomnio. Sin embargo, me despierto con dolor en las manos o con los puños apretados, con dolor en las piernas por haber estado haciendo fuerza o en tensión, con la lengua presionando los dientes... Duermo, sí, pero no descanso y mi cuerpo, en lugar de encontrarse mejor, se resiente cada noche un poco más. Sé lo que pasa, ya me ha pasado antes…

El lado malo de la almohada

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Siempre me han llamado la atención las supersticiones personales, esas que son íntimas, que no sabemos de dónde vienen, porque sí, puede que alguien le tenga tirria al color amarillo o que se niegue por todos los medios a pasar por debajo de una escalera, eso no nos extraña demasiado. Sin embargo una persona que tenga que tocarse la nariz cada vez que cruza una puerta sí resulta más llamativo, precisamente porque es algo único. Yo tengo alguna de esas supersticiones o manías. Se trata de creencias absolutamente ilógicas que no sé de dónde he sacado y que, pese a saber que no tienen ningún sentido, ahí siguen, en la parte de atrás de mi cerebro, listas para saltar. Hoy os voy a hablar de una de ellas: creo que la almohada (todas las almohadas) tienen un lado bueno y un lado malo.No sé de dónde viene, solo sé que desde que era muy, muy pequeña ha estado ahí. Nunca lo he hablado con nadie, así que no sé, a lo mejor es mucho más común de lo que yo creo (por favor, contádmelo si es así). L…