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En pijama.

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Estoy teniendo un fin de semana para repetirlo en bucle. He estado sola en casa, lo que implica que he estado muy, muy tranquila y que he hecho todo lo que me apetecía (bueno, todo no, pero casi). Y, como colofón final, he decidido que hoy, domingo, me voy a pasar el día entero en pijama. La imagen refleja muy bien mi realidad: mis zapatillas de gatitos y domingueo salvaje.

Puede que para algunas y algunos de los que me leéis esto sea una tontería, pero para mí es un verdadero placer prohibido. Desde bien pequeñita mi madre nos ha inculcado que el pijama es para dormir: cuando uno se levanta de la cama, se viste. Esto va unido, claro, a que la cama es solo para dormir, porque así era en mi casa. Incluso cuando estábamos enfermos, nos levantábamos de la cama, nos vestíamos, y si teníamos que guardar reposo, lo hacíamos en el sofá. ¿Qué es eso de estar en la cama todo el día? En mi casa jamás se ha hecho, ni con gripes salvajes, ni con la varicela, ni con nada.

Esa costumbre se me ha q…

Peli: Jojo Rabbit (2020)

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¿Quién dice que la comedia no puede ser seria? ¿O que las cosas serias no pueden tomarse con humor? Jojo Rabbit creo que contradice ambas cosas. La acaban de estrenar en cines, así que si queréis ver una peli que merece la pena, id a verla.

A mí me conquistaron con la premisa: el prota es un niño de 10 años cuyo amigo invisible es, tachán-tachán: ¡Hitler! Ya la primera escena es hilarante, y los títulos de apertura con música de los Beatles en alemán, un verdadero delirio.

La película se nos presenta como una sátira anti odio, y eso es, sí. La Alemania Nazi se presenta caricaturizada en situaciones inverosímiles (aunque no mucho) y la acción cuenta con personajes histriónicos. Sin embargo, esta sátira está empapada de ternura. Scarlett Johansson, que representa a Rosie, la madre de Jojo, te saca más de una sonrisa (aunque me ha provocado cierta sensación de anacronismo, como si el personaje estuviese fuera de época, supongo que es premeditado) y el personaje de Yorki... Ains. Este am…

Ya van...

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... 32. Sí, 32 años, 32 vueltas completas alrededor del Sol. 32, que parece que fue ayer cuando andaba yo diciendo que 20 años no es nada y cantando eso de Ara que tinc vint anys,y, ay de mí, estoy más cerca de los 40 que de los 20.

Pero lo bueno es cumplirlos, supongo, y si, además, se cumplen bien, ya no hay ni que pensar en quejarse*. Y yo, este año, he cumplido los años en un estado de gracia poco usual. Yo, por condicionamiento o vaya usted a saber, suelo encontrarme regular cuando se acerca mi cumpleaños. Este año parecía que no iba a ser distinto, pero el viernes salí de trabajar con la sonrisa puesta. Ya me había ido de buen humor y con los labios pintados, el día prometía. De hecho, mientras desayunaba, tomé la decisión de montar una pequeña merienda de cumpleaños, con sus mediasnoches, sus refrescos y sus gusanitos. Y su tarta, claro. Así que el viernes por la tarde tocó ir de compras y prepararlo todo. Aproveché para hacer una parada en mi futura casa y descubrí, con gran …

Canciones enfrentadas: Madres e hijas

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¿No os parece curioso como las personas escribimos, cantamos y lloramos por casi las mismas cosas a lo largo de la historia? A mí me encanta darme cuenta de esas repeticiones. Justo, el otro día me di cuenta de una y vengo a enseñárosla, que ya parece que me da cosa que sea 2 de enero y el blog sin estrenar el año 2020.

Las dos canciones que os traigo comparten muuuuchas cosas. El tema general, por ejemplo. Ambas hablan de las esperanzas puestas en una hija. Pero las coincidencias no se quedan ahí. En ambas canciones es la voz de la madre la que canta, hablando de su hija y de las grandes esperanzas que tiene puestas en ella. En ambas la madre llama "princesa" a su hija. En ambas las madres están ayudando a la hija a arreglarse, en concreto, peinándolas. En ambas se habla con desprecio del resto de la gente del barrio. Ambas hijas van a dedicarse al mundo del espectáculo y las madres sueñan con que sus hijas triunfen, salgan del barrio y que escapen de la vida miserable a la…

El Tarro de Buenos Momentos. 2019 Edition.

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El tarro de 2018 está recogido aquí.
Fin de Año significa para mí, desde hace ya unos cuantos, abrir el tarro de los buenos momentos y hacer recuento de instantes más o menos memorables. Por si alguien se lo pregunta, cada 1 de enero empiezo a meter en un bote papelitos con momentos memorables (y buenos, que los malos no suelen olvidarse tan fácil) y a final de año lo abro y pongo aquí el recuento. Por supuesto, no es un reflejo fiel  de la realidad: hay muchos momentos en los que se me olvida el tarro y que quizá merecerían estar aquí, pero al menos sirve para acabar el año con buen sabor de boca. También sirve para meter la mano a mitad de año si se necesita pensar en algo positivo cuando se ve todo negro. 
Bueno, allá vamos. A ver qué tal se ha dao.

Que la nueva actualización del móvil tenga radio. Ojo cuidao, que casi me da un chungo cuando vi que mi móvil no tenía aplicación de radio, pero 3 días después de tenerlo lanzaron una OTA que añadía la app de radio. A veces también tengo…

Hoy he visto... (II): sonrisas cruzadas.

Salgo del trabajo y me pongo los cascos. Últimamente me ha dado por escuchar Radio 3. A la hora que salgo suena "Cuando los elefantes sueñan con la música", un programa de música brasileña. A priori, no habría dicho que me interesa, pero sus ritmos me ponen de buen humor después de la jornada.

Ya estoy cerca de casa, voy escuchando esa música, que parece acunarte, y me sale una sonrisa. Levanto la vista justo a tiempo para cruzarme con un chaval joven, también con los cascos puestos, que va sonriendo.  Nos miramos un instante, viéndonos sonreír, cada uno por sus razones pero, evidentemente, no nos detenemos.

Y no sé, me ha parecido bonito, así que he querido congelar aquí ese par de sonrisas cruzadas entre dos extraños.


La tarta de la Comunión.

Esta es una nueva entrega de mis frustraciones y traumas infantiles. Va de cuando fuimos a elegir la tarta para mi comunión.

Bueno, os explicaré que mi comunión fue una comunión "a lo pobre": la celebramos en el corral de casa de mi abuela y el menú consistió en gazpachos manchegos y chuletas de cordero que preparó mi padre, aderezado con aperitivos varios de bolsa. Las mesas eran tablones encima de caballetes y las sillas eran de plastiquete. El "juanpalomismo" era fuerte en mi familia y, no vamos a engañarnos, el bolsillo no daba pa más.

Eso sí: había tarta. La encargamos en una panadería/pastelería de un pueblo vecino que era conocida por su calidad precio y que era la fantasía de todas las criaturas, porque te hacían la tarta de lo que quisieras, tanto ingredientes como apariencia. Allá que me fui, con mis padres, a elegir la tarta de mi primera comunión, feliz de la vida, porque si algo me gustan a mí en la vida, son los dulces. Tenía ideas firmes sobre la ap…