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Gato.

Gato es un poco como yo. Ayer lo pensaba, mientras ronroneaba sobre mis piernas. Sí, ese animal que todo el mundo tiene por arisco y despegado se tiró media hora o más sobre mis piernas, hasta que tuve que bajarlo porque llamaron a la puerta. Lo que ocurre es que a él, como a mí, hay poca gente que lo ve en realidad, como es, no como lo que creen que es.

Gato fue, desde bien pronto, una decepción. Fue un regalo para mi hermano, que esperaba otra cosa de él. Cuando se pasó la novedad, esa bolita de pelo preciosa se convirtió en un coñazo: había que cepillarlo con frecuencia, dedicarle mucho tiempo. Y, para colmo, era un aburrimiento: un gato tranquilo, que por no hacer, ni maullaba, que disfrutaba recostado en los rincones más raros y poco más. Mi hermano esperaba un gato juguetón, activo, un poco loco, como él, y se encontró un gato calmado y curioso, que podía pasar horas mirando el desagüe, intentando descubrir por dónde se escapaba el agua. Como yo.
Así que, como no era lo que se e…

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