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Lo normal.

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 Sé que me pongo un poco pesada, que a veces mi empeño en no dejar a la gente tirar la toalla es un poco agobiante. Me temía que era eso cuando le he visto los ojos llorosos, así que le he pedido que hablásemos en un lugar un poco más privado. Le he pedido perdón por ser tan pesada. «No, no eres pesada». «Bueno», le he dicho, «un poco sí». No se ha reído como suelen hacer. Le he preguntado qué le pasaba y las cosas han ido saliendo, y las lágrimas han ido saliendo, y yo... No voy a decir mucho. Solo que me ha dicho: «No debería ser así. Debería ser... normal».  Se refería a lo de poder con la vida. O a ella. O a ambas cosas. Pero los condicionales son así de tramposos: hacen daño y no arreglan nada. Unas horas después la escena se repetía, solo que esta vez era yo la que hablaba, la que le decía, otra vez, a mi médica entre lágrimas que «la vida se me hace bola». Espero que lo haya puesto en el informe. Y pensaba en ella, y en los condicionales, y en que no debería ser así, en que debe

Economía vital.

 Estaba encendiendo la lámpara de la mesilla, preparándolo todo para meterme en la cama cuando me ha asaltado la idea. Una idea estúpida, en realidad, pero que, por lo que sea, venía acompañada de una sensación de claridad fulminante.  Es la idea de una especie de economía vital. Nuestro día a día requiere cierta inversión de tiempo, dinero, energía, ganas... A cambio, a veces, recibimos recursos de vuelta: reconocimiento, momentos felices, dinero, energía... El intercambio no es proporcional, claro, pero es una suerte de equilibrio precario. A veces tenemos rachas muy buenas en las que parece que vamos ganando y otras en las que aguantamos las rachas de pérdidas en parte con lo acumulado y en parte con la esperanza de que en algún momento del futuro llegará otra buena racha.  Pues yo tengo la sensación de que desde hace tiempo la vida me exige mucho más de lo que me da y siento que me consumo. A veces poco a poco, otras veces muy rápido. Los buenos momentos apenas me dan para ir cubri

«Necesito martirizarme para perder peso»

  Ayer me descubrí recordando esa frase. La dije yo hace un tiempo a alguien con quien tenía mucha confianza. Le confesaba que necesitaba sentir la humillación de ver mi peso en la báscula para ponerme a hacer dieta. De esto hace un año o poco más. Hoy estoy tan distanciada de esa afirmación y de esa forma de pensar que no me siento ni la misma persona. Seguramente en muchos sentidos no lo sea.  Hoy mi máxima es no necesito martirizarme . Para nada. Desde luego, no para perder peso. Es más, puede que ni siquiera necesite perder peso, por mucho que la gente pueda creer que sí. Lo que necesito, lo que siempre he necesitado, es cuidarme, y hasta donde yo sé, cuidarse y martirizarse son antónimos.  En el último año me he dado cuenta de que eso de que los animales buscan el placer y huyen del dolor se puede aplicar a todo: ningún acto que nos duele (que solo nos duele) se convierte en hábito. Por eso no aguantaba haciendo dieta. Por eso no me gustaba casi ningún deporte. Por eso no iba al g

No se qué de un espíritu...

  ¡Hola!  ¿Qué tal? ¿Cómo estáis? ¿Nerviosos por la llegada de los Reyes? Por aquí ya han pasado, en globo. Si nos descuidamos no los vemos, porque lo cierto es que su desfile ha sido bastante rápido. Es una pena porque, aunque esta noche vuelven, ya no los vamos a poder ver.  Yo venía a hablaros de esto: de la ilusión, del espíritu navideño o lo que sea. Ya sabéis que yo nunca he sido muy navideña y que suelo enfrentarme a estas navidades con cierto cinismo individual. Intento, claro, no amargarle las fiestas a los demás. De hecho, hasta en los años más Grinch, su ilusión se me ha contagiado un poquito.  Sin embargo este año no me reconozco: soy yo la que está ilusionada. Justo el año en el que mi pareja y yo decidimos no hacernos regalos por razones personales. Total, para mí las Navidades no son tan importantes. Pues este año me he descubierto penosa perdida porque no iba a tener regalos en Reyes. Tanto es así que el parejo ha decidido adelantar uno de los regalos de mi cumpleaños p

El tarro de cosas bonitas #2020

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  ¡Hola, hola!  Aquí vengo, a mantener tradiciones que no me apetece perder. La de hoy es, como ya habrás adivinado, la apertura y revisión de los papelitos del tarro de cosas bonitas.  Escribo esta introducción después de haber abierto los papelitos y haberlos escrito aquí. Es cierto que son muchos menos que el año 2019 , que llegué a 87, pero claro: ─En 2019 no hubo una pandemia mundial que nos tuvo encerrados en casa. ─En 2019 sí tuvo algún que otro viaje, entre ellos, el viaje a Italia, del que salieron bastantes papelitos. ─La dinámica de 2019 era muy distinta a la de 2020. Por lo que sea, este año he tenido menos presente el bote de buenos momentos y cosas bonitas.  No obstante, no me ha hecho falta revisar los papelitos para darme cuenta de que este no ha sido el peor año de mi vida. Sí, es cierto que la pandemia lo ha teñido todo, pero no he perdido a ningún ser querido, la gente cercana a mí que lo ha cogido lo ha pasado sin demasiadas complicaciones (hasta ahora, y que siga a

Mi propósito para 2021: ¡Háblate bien! ¿Te apuntas?

 El otro día, después de corregir un comentario que una amiga hizo sobre sí misma, tuve una revelación: mi propósito de este año va a ser no permitir que mis amigas y seres queridos se hablen mal a ellas mismas. En este audio lo explico un poco mejor.  ¿Qué me dices? ¿Te apuntas?  ¡Muuuuaks! 

Libro: Papá Puerco, de Terry Pratchett (¡Tenéis que leerlo!)

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  Los que lleváis tiempo por aquí ─¿queda alguien por aquí? :P─ os habréis dado cuenta de que hace tiempo que no subo reseñas de libros. No es porque no lea, de hecho este año he leído más que el año pasado (por lo que sea me he encontrado pasando mucho tiempo en casa). Lo que ocurre es que no me quedan ganas. Me sigue encantando hablar de libros, pero ya no me apetece hacerlo aquí, sentarme y escribir. Es una pena, porque tampoco hay muchos más medios en los que me encuentre cómoda hablando de libros. No obstante, con este libro sí me ha apetecido, TENGO QUE GRITAR A LOS CUATRO VIENTOS LA MARAVILLA DE LIBRO QUE ES PAPÁ PUERCO . Me pasa en general con los libros de Terry Pratchett, que este año tan especialito han tenido un lugar muy importante. Son libros que me han sacado de bloqueos lectores (siempre me funcionan) y que me han hecho reír cuando todo estaba bastante serio ahí fuera. Me gustaría creer que a Terry fue a recogerlo la muerte en persona, que le hizo alguna propuesta jugos