domingo, 17 de diciembre de 2017

A través de las ondas.

Hoy me he levantado creativa y, a pesar de que el mundo se ha empeñado en ponérmelo un poco difícil, estoy dispuesta a tener un domingo relativamente bueno. Anoche Letraherido me recordó que me quedaba un relato por escribir del reto que inicié hace ya algún tiempo y era, precisamente, el suyo.

Allá voy. Me propuso que escribiese algo inspirado en esta canción de Miguel Ríos. Vamos a ver qué sale.

***


Candela se disponía a comenzar su ritual insomne. Cada noche se metía en la cama, leía un poco, tuiteaba algo, se despedía del mundo de afuera y cerraba los ojos, esperando que el sueño llegase. Normalmente no ocurría, así que, después de un buen rato dando vueltas, empezaba su segundo ritual para intentar conjurar a Morfeo: cogía los cascos, los conectaba al teléfono móvil y abría la aplicación "Radio FM", esa que ya ni siquiera incorporan muchos teléfonos y que, en los que está, parece ser un adorno, cuando no un estorbo. Tenía unas cuantas emisoras guardadas, pero últimamente siempre escuchaba la misma a estas horas. Esperaba encontrar su voz, ya familiar, susurrándole palabras tranquilizadoras. 

"Maldita sea, anuncios", se dijo. Pero apenas comenzaba a lamentarse escuchó la sintonía del programa y después, a él:

-Buenas noches, queridos radioyentes, ya estamos de vuelta. Si te acabas de incorporar, yo soy Lolo Ramírez y esto es "Mientras los demás duermen", el rincón de los insomnes en las ondas. Bienvenido. Bienvenida. 

Candela siempre pensaba que ese último "bienvenida" era para ella. Lo lógico, evidentemente, era pensar que intentaba ser políticamente correcto y no utilizar el plural masculino neutro, pero a esas horas no podía ni quería ser lógica. Su locutor favorito se refería a ella aunque no sabía ni que existía. 

Esa noche estaban hablando de frustraciones vitales. Una oyente contaba que siempre había querido tocar el violín, pero que nunca había tenido la oportunidad. Otro decía que le habría gustado viajar mucho más y que ahora, por su salud, le era imposible. Ella tenía muchas frustraciones que comentar, su vida entera era una frustración hecha de frustraciones. Pero la más urgente en ese momento era la de no poder decirle a Lolo Ramírez lo que su voz significaba para ella.

Introdujo una mano bajo el pantalón de su pijama y comenzó a acariciar su sexo suavemente. Estaba mojada, muy mojada: tal era el poder que la voz de Lolo tenía sobre ella.  Consiguió llegar al orgasmo poco antes de que empezase la siguiente tanda de anuncios publicitarios. Apagó la radio, se quitó los cascos y se giró en la cama, notándose ya somnolienta. "Algún día tendré que contárselo. Que su voz me acuna todas las noches y que me hace el amor sin saberlo. Algún día". Sostuvo ese pensamiento unos instantes hasta que el sueño, por fin, la venció. A varios kilómetros Lolo Ramírez volvía a la carga, hablando ahora de amores imposibles, sin tener ni idea que él era uno de esos,  sin imaginar siquiera que acababa de hacerle el amor a una mujer. 

Eso debe ser a lo que se refieren cuando hablan de la magia de la radio. 



***


Bueno, espero que os haya gustado, especialmente a Letraherido que fue quien propuso la idea. 

Yo ahora voy a ver si consigo estirar un poco más este domingo y seguir sosteniéndole el pulso a la nostalgia. 

¡Abrazos! 

sábado, 16 de diciembre de 2017

Paisaje marítimo.


-¡Mamá! ¡Mira qué azul
está el mar!
-Y las olas son chiquititas
para que puedas jugar.

-Mira qué claro
está el cielo!
-Y aquella nube, solita,
parece un borrego.

» Y allí, al fondo, ¿no ves
ese barquito velero?
-En él te llevaré, mamá,
a la Luna de crucero.




jueves, 14 de diciembre de 2017

No nos vemos.

El otro día vi en Twitter una iniciativa llamada "Positivity Challenge". Consistía en poner una foto en tu TL con las instrucciones del reto, a saber: dejar la imagen una hora para que tus seguidores pusiesen algo bueno sobre ti, algo amable. Lo vi en el perfil de una amiga y solo yo le di una respuesta. Después, por curiosidad, lo puse yo. Pasó la hora y no había recibido ninguna respuesta.

No me lo tomo a la tremenda. Evidentemente, hay gente que me quiere, o eso quiero pensar, y gente que me valora, o eso parece :P Pero me resulta curioso que en una red social en la que se dicen montones de banalidades por minuto nadie tuviese unos segundos para decir algo bonito de mi amiga o de mí.

Quizá sea que estoy susceptible con el tema, pero últimamente tengo la sensación de que no nos vemos. De que compartimos nuestra vida con personas transparentes. En el trabajo, en clase, en los comercios, e incluso entre nuestros amigos. Pasamos tiempo con personas (mucho o poco) y rara vez nos detenemos a apreciarlas seriamente, a apreciar sus virtudes, a agradecer lo que aportan a nuestra vida. Y, cuando lo hacemos, no solemos decirlo. ¿Por qué?

Hace ya algunos meses yo misma inicié algo así como el Positivity Challenge. Toda persona que hiciese fav en un determinado tuit, recibiría un comentario amable por mi parte. Fue fácil con los seguidores con los que interactúo normalmente, pero también hubo gente a la que no conocía de nada. Pues bien, miré un poco su perfil y busqué algo amable que decirles, aunque fuese superficial, pero era algo amable. No sé, pensad en cuántas cosas amables os dicen al cabo del día.

No sé, nunca me había imaginado a mí misma en esta situación, en plan "amaos los unos a los otros", "decíos cosas bonitas". Es muy poco mi rollo, la verdad. Pero bueno, ahí estamos. Últimamente estoy interpretando tantos papeles que no creía que me quedasen bien que, por uno más, no creo que pase nada.

En fin... QUE OS DIGÁIS COSAS BONITAS, LEÑE.

Sí, así mejor. Más mi estilo.

martes, 12 de diciembre de 2017

Miradas.


Ya solo quiero que me mires
como ahora:
como el sediento que contempla
 un oasis,
como el ateo que presencia
un milagro,
como el avaro que encuentra
una moneda,
como un joven a su amor
primero.

Mírame así,
como si yo fuera imposible,
como si estuviese prohibida,
como si no me viese nadie
y mi existencia
radicase en el reflejo
de tus ojos.

Y si algún día sientes
que vas a mirarme de otro modo
aléjate, y no sientas culpa.

Si no vas a mirarme como ahora
no me mires, amor.
Cierra los ojos.
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