viernes, 25 de noviembre de 2016

Retratos a tiza (VI)

Tienen esa edad en la que el amor, todavía es puro e inocente, tierno. Son pequeños, y con pequeños quiero decir bajitos, los más bajitos de su clase. 

Él tiene unos ojos enormes y una sonrisa de esas que se contagian (no puede una quedarse triste después de verlo sonreír). Además, es alegre hasta decir basta, como si no tuviese miedo de nada. Ojalá recordase yo lo que es sentirse así... 

Ella tiene unos ojos enormes y despiertos. Habla a gritos y tiene bastante mal pronto. Quiere hacerse la dura, la mayor, la experimentada (¡Qué gracia, con 13 años!), pero en el fondo se ve que se derrite por que la traten con dulzura. Supongo que, por eso, se ha fijado en él, que se parece tan poco a ese Hache que a ella tanto le gusta: los "Haches" del instituto no van a tratarla así. 

Hace un par de semanas los vi sentados juntos y, para qué mentir, me extrañó, y más me extrañó todavía ver como ella, en un descuido de la profesora (la que escribe, para más señas) le daba un beso en la mejilla. Sonreí, ya sabéis como soy yo para estas cosas, tengo el corazón blandito. 

La semana pasada, en cambio, se sentaron separados. No le di importancia, ¡ya veis!, podía ser por cualquier cosa. Pero a mitad de la clase ella empezó a llorar. Le pedí que me acompañase fuera antes de que la cosa se pusiese fea y le pregunté si estaba bien. 

ㅡSí, profesora. Es una tontería, pero...
—Pero te afecta, no te preocupes. ¿Necesitas quedarte aquí un rato?
ㅡSí ㅡdijo, mientras volvían a inundársele los ojos.
ㅡBueno, pero no te muevas de aquí, ¿vale? Y cuando estés más tranquila, entras.

La dejé fuera, intentando recomponerse, y, al entrar, me encontré con el otro drama. Él, siempre risueño, también lloraba. Una compañera intentaba consolarlo y el resto alucinaban. Hice lo mismo: me acerqué a él y le pregunté si quería salir a despejarse, si se encontraba bien.

ㅡSí, profesora, estoy bien.
ㅡ¿Seguro? ¿Puedes seguir en clase?
ㅡSí.

Y allí se quedó, con los ojos enrojecidos, mirando de reojo a la puerta, esperando que ella entrase. 

Lo que ha pasado entre ellos no lo sé, la verdad, pero hay que ver, con qué intensidad se vive todo a ciertas edades, ¿verdad? 

viernes, 18 de noviembre de 2016

Lo espectacular.

–"He renunciado a lo espectacular, ¿sabes? Una vez me prometieron que me bajarían la luna y me rompieron el corazón. Una vez alguien dijo que yo era su prioridad, que estaba delante de todo lo demás. Y bueno, a lo mejor es que yo no sé estar en ese puesto o a saber, pero la cosa no salió bien.  Quizá es porque tengo cierta debilidad por los poetas, pero a lo largo de mi vida me han prometido hacer realidad por mí toda clase de imposibles y nunca llegó a pasar. Nunca acabó bien. Nunca fue verdad.

»Bueno, sí, una vez. Pero eso  tampoco fue suficiente.

»Así que, ya te digo, he renunciado a lo espectacular: no tienes necesidad de mentirme. No me hables de eternidades, no me digas que no puedes vivir sin mí, no me prometas nada que no puedas cumplir. Ya estoy harta de poetas."

–A ver, para ser algo que decir en tu boda, no es muy espectacular, que digamos... Con esto no va a emocionarse nadie...

–Ni falta que hace. 

jueves, 17 de noviembre de 2016

Retratos a tiza (V)



Rosa, te lo dedico.



Ya era hora de que empezase a retratar a mis alumnos de este curso. Diversas circunstancias hacen que pase más tiempo trabajando y quejándome de la cantidad de trabajo que tengo que otra cosa. Y también es cierto que este año me está costando más conocer a muchos de mis alumnos, a los que veo de uvas a peras. Pero ya hay varios que destacan y que se merecen un rincón aquí.



Él es genial. Peculiar, no diré que no, pero es parte de su encanto. No es normal que un chaval de su edad (17 años) pase tantísimo de lo que puedan pensar sus iguales. Por ejemplo, esta semana ha aparecido por clase con las uñas pintadas de verde y negro. Os diré que me ganó cuando se definió como "feminazi", aunque habían allanado el camino sus camisetas de superhéroes. Tiene un pensamiento rápido y profundo, una labia hechizante y una capacidad crítica enorme pero, por desgracia, su disciplina y capacidad de esfuerzo no están a la misma altura. Si os digo la verdad, no es lo que más me importa: va a ser una persona brillante en lo que se proponga. Es solo que podría sacar sobresalientes y se conforma con bienes.  El viernes pasado, agotada de toda la semana, consiguió hacerme sonreír de verdad. Después de hacerme la enésima pregunta dijo, abatido:

一Jolín, profesora, ¿es que tienes respuestas para todas las preguntas?
一Para nada 一respondí yo.
一Pues yo creo que sí. Llevo desde principio de curso intentando pillarte y no lo consigo. 

Sonreí y salí por donde suelo salir, por el humor, acusándole de intentar boicotearme las clases y amenazándole, de broma, claro, con suspenderle a perpetuidad. 

De todas maneras, lo que me da más miedo no es que intente dejarme sin palabras, sino que se ha propuesto que vea anime antes de que acabe el curso.




Ella es fantástica. La miro y me reconozco a su edad. Me ganó al principio de curso, porque la veía siempre, de un lado a otro, con un libro en la mano. Así espera entre clase y clase: leyendo. Antes de nuestra última clase la encontré al sol, intentando resistir al frío, con un libro en la mano. Es de esas alumnas que anotan todos los libros que dices. Todos. No digo que los vaya a leer (al fin y al cabo 2º de bachillerato es un curso ajetreado), pero se le ve intención. 

Ella sonríe, sonríe mucho. Tiene una cara amable y dan ganas de abrazarla. Y me encanta su voz , es extremadamente dulce. Apenas hace dos meses que le doy clase, pero ya habla de la graduación, de que tengo que decir unas palabras, de que ella y su compañero (el que me quiere dejar en evidencia, pero con cariño) me van a hacer un regalo. Yo le digo que no hace falta, que no es necesario, pero parece decidida. El otro día me preguntó qué libro me gustaría que me regalasen. 

Y, vaya, sin pretenderlo, fue ella la que me hizo una pregunta a la que no supe responder. 




miércoles, 16 de noviembre de 2016

Acabo de quitarme el reloj.

Acabo de quitarme el reloj.  Por fin.

No suelo llevar el reloj puesto si no tengo citas, si no tengo que controlar el tiempo. Lo llevo para trabajar. Lo llevo cuando tengo reuniones por la tarde. Pero en cuanto acaba mi jornada laboral fuera de casa (porque dentro de casa trabajo, y no poco), me lo quito. 

Hoy acabo de quitármelo ahora, hace apenas unos minutos. Son las ocho de la noche. Salí de casa a las nueve de la mañana. Bueno, no voy a mentir: a las nueve y poco, mientras unos besos de buenos días se me enfriaban en la boca. 

Acabo de quitarme el reloj y siento que se me escapa el tiempo y que no me queda nada para mí. 

Acabo de quitarme el reloj y, al oír el "clonc" metálico al dejarlo sobre el mueble me he dicho: "Esta es tu vida ahora". Creo que algo en la parte más profunda de mi cerebro ha preguntado si estaba satisfecha, si era feliz. 

Creo, no estoy segura. Prefiero no estarlo. Así no tendré que esforzarme en contestar. Hoy no podría soportarlo. 



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