martes, 23 de agosto de 2016

Tranquila

No pasa nada: te estás encontrando. 

No ha sido fácil. No está siendo fácil. Ni va a serlo. Pero está siendo difícil de otra manera. Ya te has dado cuenta, ¿no? Era mucho más fácil antes, cuando todo lo que importaba era tu corazón y poco más. Era sencillo colgar el teléfono, tumbarte en la cama y poner "El roce de tu cuerpo", de Platero y tú,  y llorar.  Se repetía la rutina unos cuantos días y, bueno, tarde o temprano, pasaba. 

Ahora está siendo distinto, pero no puedes sentirte mal por no sentirte mal. No es justo. No puedes clavarte astillas bajo las uñas para sentir dolor, para recordar que, aunque la mayor parte del tiempo no lo notes, estás caminando sobre vidrios rotos. Lo sabes, sé que lo sabes: tú los pusiste ahí. Pero crees que no sangras lo suficiente. Y no deberías: otras veces has sangrado más de la cuenta. 

Deja de ponerte calificativos, ¿quieres? No eres justa contigo misma. No estás haciendo nada malo. No has hecho nada malo. Si hay un deber sagrado en esta vida es el de intentar ser feliz. Igual de sagrado es hacerlo sin herir a nadie, pero eso es tan difícil... Ser un santo no está al alcance de todo el mundo. Lo sabes, porque a veces has sido tú la herida. 

¿Y qué, si te estás permitiendo disfrutar de destellos de alegría? ¿Y qué, si te estás permitiendo vivir el presente sin hacer planes ni mirar al pasado? ¿Y qué, si a veces ríes con ganas? ¿Y qué, si a veces lates? ¿Vas a flagelarte por ello? 

Sí, te gustaría hablar, pero sabes que no es el momento. Toca silencio, toca fingir. Toca hacer como que olvidas que tienes muy buena memoria. 

Asúmelo, querida: no está saliendo como tú esperabas, pero bien, en eso consiste la vida, ¿no?




domingo, 21 de agosto de 2016

#Pedazos, al fin.

Ha costado, ha sido un parto largo (estaba esperando al prólogo, no me echéis a mí la culpa XD), pero ya está aquí. 

Si os soy sinceros, me pilla un poco desganada, pero ya que dije que lo haría, pues lo hago y punto. 

Así que, aquí lo tenéis:


Podéis descargarlo 



Y puntuarlo, si os apetece, en Goodreads

Si alguien se decide a leerlo, espero que lo disfrute todo lo posible :) 


No estaba muerta, estaba comiendo berenjenas fritas con miel de caña.

No me echáis nada de menos, y eso es muy mal. He estado -y estoy, no creáis, y voy a seguir- desaparecida casi una semana y nada. Pero que tampoco os sintáis mal: si es que no me ha echado de menos ni mi gato, vaya. 

Por si alguien se lo pregunta, he estado estos días por Córdoba, buscando piso. Y lo he encontrado, lo cual está muy bien, porque, además, lo he encontrado muy rápido y estoy bastante contenta. Vamos, que tengo unas ganas LOCAS de plantarme allí con mi vida metida en cajas. Otra vez. 

Lo que me ha llamado la atención es que he tenido más vida social en estos cinco días que en la mayor parte de los últimos años, salvo alguna excepción contada. He cenado en el Peggy Sue (que le tenía ganas, ganas de verdad), he comido el helado de stracciatella más rico del mundo, he cantado a dúo en el coche, he ido por primera vez a un preestreno, he conocido gente guay, me he pasado Twitter sin entrar casi, varias veces y en varias modalidades, he probado platos típicos cordobeses (muchos y varias veces XD) y bueno, he hecho #cosas. Muchas. Estoy bastante contenta :) 

Me quedo con el cúmulo de experiencias y con lo que presagian. Empiezo un nuevo capítulo y la protagonista de la historia de mi vida parece que está decidida a romper con todo, a correr riesgos y a enfrentarse a todos los miedos habidos y por haber. Deberíais haberme visto intentando salir del centro de Córdoba en coche esta mañana xD. No, en serio, que ha ido bien. Estoy hecha una machota. 

Ya, ya sé que cansan mis dramas de conductora acomplejada, pero es que no sabéis lo importante que ha sido para mí atreverme a ir a Córdoba en coche. Y todo lo demás. 

Así que nada. Ahora toca empaquetar. Empieza lo difícil: la mudanza. A partir de ahí todo va a ir rodado. Lo sé. Bueno, y si no rodado, estoy segura de que voy a afrontar las dificultades con gracia, entereza y elegancia, porque yo lo valgo xD

Ya, ya sé que no he dicho nada con sustancia, pero tenía ganas de escribir este post. 

Ea, pues ya está. Disculpad si estoy algo ausente en los próximos días, ya sabéis por qué es :)

¡Besos fuertes!




sábado, 13 de agosto de 2016

Lo que tengo que hacer.


Esta mañana he ido al mercado a comprar unas cosillas. He visto que tenían algunos vestidos bonitos y me he detenido a mirarlos. El problema es que de los que me gustaban no había talla, y de los que no me gustaban sí. Cosas que suelen pasarme porque el mundo me odia. 

Estaba mirando uno cuando mi tía, con toda la buena intención del mundo, me ha dicho, literalmente:

-Lo que tienes que hacer ahora, Bettie, es ponerte a dieta.

Ahá. Claaaro. Porque no hay en mi vida otro objetivo más urgente e importante que el de pasar hambre y privarme de las cosas que me gustan, sentirme miserable y de mal humor para, si tengo suerte, bajar de peso. En eso justamente estaba yo pensando.

La respuesta real no ha sido esa, claro, pero no penséis que me he quedado callada. Le he dicho, y me ha salido del alma:

-Pos va a ser que no. 

No ha replicado, evidentemente. Habrá pensado que soy una maleducada, que lo dice por mi bien, que bla-bla-bla. Pero es que yo soy feliz. Ahora mismo soy feliz. Y parece que la gente no puede asumir que alguien pueda ser feliz estando gordo. Pues yo, ahora, no sería más feliz si tuviese una talla 38, de verdad lo digo. Y, por si alguien viene con la canción: también estoy sana, que menudos paseos arriba y abajo de Cuenca me he metido. 

Ya conté algo parecido en Twitter, un incidente con un camarero la otra noche. Podéis entrar en el tuit y ver las respuestas para enteraros de toda la historia.



A raíz de lo de esta mañana se me ha ocurrido lanzar una encuesta en Twitter. Los resultados, en el momento en el que escribo este post, son provisionales, pero ahí van:


Quizá, por mi experiencia (llevan opinando sobre mi cuerpo desde que tengo 6 años) esperaba unos resultados más desiguales. Pero no deja de ser significativa la cantidad de personas que reciben observaciones sobre su físico con cierta frecuencia (varias veces a la semana como mínimo). Que digo yo, ¿por qué lo hacen? ¿Es que creen que estamos ciegos?

Yo asumo que la gente no se da cuenta de que cada quien es dueño de su cuerpo y de las decisiones sobre el mismo, pero lo que me ha chocado del caso de esta mañana es que no se ha quedado en sugerencia, sino que era ya una imposición: "Lo que tienes que hacer es..." Y no. Hay muchas cosas que tengo que hacer PORQUE QUIERO HACERLAS. Mejorar mi inglés (C1, allá voy), volver a nadar (piscina cubierta, allá voy xD), descansar, disfrutar de mi tiempo libre, conocer gente nueva, incluso aprender corte y confección. Ponerme a dieta no está, en estos momentos, en el top-nada de mis prioridades. Y, si soy sincera, no sé por qué razón alguien podría pensar que lo está. 

Hablo de mí y de mi sobrepeso, pero se aplica a todo: que si estás pálida, que si estás demasiado delgada, que si estás demasiado morena, que si no te maquillas, que si te maquillas demasiado, que si tienes apariencia infantil, que si pareces mayor de lo que eres, que si tienes canas, que si tíñete el pelo... Yo qué sé. ¿No es más fácil vivir y dejar vivir? Digo. 

No sé. ¿Qué opináis? ¿Os suelen hacer observaciones de este estilo? ¿Soléis hacerlas? ¿Cómo lo lleváis? Yo, es cierto, me lo tomo con mucha más calma y no me corto en contestar últimamente, pero cuando me paro a pensarlo me parece tan injusto que tengamos que aguantar estas cosas... 

En fin. 

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