viernes, 28 de febrero de 2014

Libro: Insurgente, de Veronica Roth


Seguimos con la saga "Divergente". Hace unos días publiqué un post con la reseña de la primera entrega, titulada, precisamente, Divergente. Acto seguido empecé a leer Insurgente, el segundo libro de la saga. El tercero, Leal, se ha publicado recientemente en castellano. Lo pude deducir porque estaba en el escaparate de todas las librerías... :P

¿De qué va el libro?

La facción de Erudición ha comenzado una guerra, aliándose con parte de la facción de Osadía y controlando por medio de las simulaciones a la otra parte, que ha acabado con buena parte de la facción de Abnegación. Solo los divergentes parecen ser resistentes a los intentos de Jeanine Matthews -la líder de Erudición- de controlar su voluntad, y eso es un problema que su naturaleza erudita tiene que resolver sí, o sí. Pero, ¿por qué empezó la guerra? ¿Simplemente porque Erudición quería hacerse con el poder? Parece ser que hay un secreto del que los abnegados eran guardianes y que iban a revelar, algo tan grande como para matar y morir. 

Hablando del libro...

Pues no ha sido lo que esperaba, la verdad. Contaba en la otra reseña que tenía buenas sensaciones, que creía que este libro iba a ser emocionante, que iba a ganar respecto del primero, pero no. No sé, puede que sea una cosa mía y no del libro, pero la cuestión es que me ha parecido plano. He pasado toda la lectura esperando que algo me sorprendiese, que pasase algo que me sobresaltase y me hiciese decir "¡Wow!". Pero no.  No es que no pasen cosas, al contrario. Tris y compañía pasan todo el libro yendo de una facción a otra, huyendo de aquí para allá, escapando de emboscadas -o no. Pero no sé, es como que todo es muy monótono. O a lo mejor estoy volviéndome loca xD

Por otra parte está lo de que me dan ganas de partirle la cara a algunos personajes. Me canso mucho. Especialmente con Tris. Me pasaba también con Katniss, ya lo dije, pero con Katniss era solo cuando entraba en juego el triángulo amoroso ese tan cansino. Con Tris es otra cosa. Quiero darle de leches siempre. Algo parecido a lo que me pasaba con Harry Potter. Vaya...estoy dándome cuenta de que no me llevo bien con casi ningún personaje... :S La cuestión es que se me hace tan repetitiva, ... Me recuerda, salvando las distancias, a Anastasia Steele, la de Cincuenta sombras de Grey. No sé, me carga. Y es un problema, porque es la narradora...

 A ver, que se deja leer, que es entretenido y eso, pero insisto: se le nota mucho que es narrativa juvenil, muy juvenil. Y ya las escenas "eróticas-pero-no" son lo más: lo justo para satisfacer a las hormonas adolescentes sin que los padres se lleven las manos a la cabeza. Supongo que para una chica de 14 años serán una maravilla, pero a mí me hacen leer en diagonal. 

¿Lo peor de todo? O lo mejor, según lo mires. Pues que tengo la misma sensación respecto del tercer libro que tenía con este al acabar Divergente: creo que va a ser bueno, emocionante. ¿Por qué? Pues porque pasas todo el libro esperando que pase algo emocionante de verdad y ocurre ¡al final! Y cuando digo al final es en los últimos dos párrafos. Y claro, se acaba el libro y tu te quedas con la boca abierta y maldiciendo a Veronica Roth mucho y muy fuerte. Porque es todo estrategia: te dejan colgando para que leas Leal.

¿Leeré el siguiente? Pues sí, tengo que leerlo y enterarme de cómo acaba todo. Pero solo por hacer un pequeño acto de rebeldía, voy a dejar pasar algo de tiempo. Aunque bueno, ya sé alguna de las cosas que pasan. El otro día buscando una imagen de Tris Prior acabé en un artículo de wiki-divergente o algo así y me hice un spoiler del tamaño de Chicago. No os digo más. Así que intentaré probar a que se me olvide... xD

Resumiendo: la saga no es una obra maestra de la ciencia ficción juvenil ni del género distópico, y esta segunda entrega pierde frescura y emoción respecto del primer libro, pero bueno, es entretenida si te gusta este tipo de literatura.

Os dejo un trocito...

He descubierto que las personas no son más que una capa tras otra de secretos. Crees que las conoces, que las entiendes, pero sus motivos siempre permanecen ocultos, enterrados en sus corazones. Nunca conocerás a nadie, aunque, a veces, puedes decidir confiar en alguien.

En resumen, este libro...

3/5
No es insufrible, pero tampoco ha conseguido implicarme en la lectura,... hasta los dos últimos párrafos. Ya veremos qué pasa con Leal más adelante.

En cuanto a mi próxima lectura, como alguien se llevó de la biblioteca la única copia de El médico, de Noah Gordon, que es lo que yo pensaba leer, pues he tenido que improvisar. He estado bicheando los libros que traía el ereader cuando lo compré, y he encontrado unas cuantas cosas interesantes. Entre ellas, La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde. Y como Wilde era uno de mis objetivos de lectura, pues allá vamos :) Bueno, por eso, y porque Jack me ha insistido subliminalmente en que escoja ese... jaja. Ya os contaré, como siempre ^^

¡Muá!


Hoy estoy... poco productiva (o nada, mejor dicho)
Y estoy escuchando...When you're good to Mama - Queen Latifah (Chicago OST)

jueves, 27 de febrero de 2014

Volver al cine: La ladrona de libros

La semana pasada fui al cine. A un multisala, a un cine de estreno, de estos normales.  Hacía un par de años que no iba al cine de estreno -no cuento alguna que otra visita a un cine de reestreno, bastante económico. La última vez fuimos porque nos tocaron entradas en un sorteo para ver Los Vengadores (menuda suertaca, por cierto). Si pienso en la última vez que fui al cine pagando la entrada...¡uf! Ni lo recuerdo. 

Es una pena, porque yo adoro el cine. Ver una película en casa, bien tapadito, con tu picoteo o tu chocolate caliente, tiene su aquel, no lo voy a negar. Pero también es estupendo verla en una sala de cine, con tus palomitas, en una pantalla gigante y oyendo el ruido del proyector de fondo. Bueno, esta vez lo de las palomitas no pudo ser. Tampoco lo del proyector -no fuimos al cine de siempre, por el horario-. Pero vamos, que me entendéis, seguro.

¿Y por qué no voy más al cine si tanto me gusta? Pues porque cuesta un cojón de mico. En Valencia, lo estuve mirando, la entrada normal cuesta 8.10 euros en los cines a los que solemos ir. Si tienes trabajo, unos ingresos más o menos regulares y con los que más o menos llegas a fin de mes, puede no parecerte tanto. Pero para mucha gente lo es.

Se me ocurrió mirar la promoción esa de "Los miércoles al cine", o algo así. Una promoción que salió después del éxito de la Fiesta del Cine, y que propone que los miércoles las entradas cuesten entre 3.90 y 5 euros, más o menos. Estaba yo algo escéptica acerca de cómo se materializaría, pero me equivocaba: en unos multisalas la entrada costaba 4 euros y en otros 3.90. Vamos, que dos entradas cuestan menos que una en un día normal. No es una mala oferta.

Creo que los cines empiezan a darse cuenta de que la culpa de que sus salas estén desiertas no es de la piratería -o no solo, y quizá ni siquiera principalmente. Hace no demasiado tiempo, quizá 5 años, durante mis primeros años de vivir en Valencia, iba mucho al cine. Los amigos solíamos quedar los viernes para ir a ver alguna película, y eso era todas las semanas. Además, si había algún estreno que me llamase la atención, yo iba sola. Y me encantaba. Y yo tenía Internet. Podría haber descargado las películas. Pero me gustaba -y me gusta- ir al cine. De hecho, a veces veíamos películas que dejaban bastante que desear, pero bueno. La entrada con el descuento de estudiante era bastante asequible, así que bien podíamos tolerar algún fiasco.  Os decía que creo que empiezan a darse cuenta de dónde está el problema, porque están poniendo bastantes ofertas. Además de la oferta de los miércoles, con una tarjeta gratuita de socio la entrada cuesta 5 euros de lunes a jueves y 6 los fines de semana y festivos. Algo es algo.  Me parece fenomenal que intenten buscar fórmulas y ofertas para atraer a la gente al cine, sobre todo si van en esta línea. 

Es que esta línea es la correcta, no hay más: hacía eones que no veía yo un multisala tan lleno. ¡Colas en las taquillas! Y bueno, al entrar al cine, ¡gente por todas partes!: buscando su sala, haciendo cola en los aseos, esperando a los ascensores,... Eso sí, poca gente comprando palomitas, que ahí no hay ofertas :P. Además, un miércoles, a las 7 de la tarde. ¡Alucinante! Cuando ganamos las entradas de Los Vengadores fuimos al cine dos días entre semana (Jack ganó una entrada doble, y yo otra, así que la vimos dos veces xD) y estuvimos prácticamente solos en la sala. Pues esta vez la sala estaba llenísima. Muy, muy llena. Más, incluso, de lo que a mí me habría gustado. ¿Tendría algo que ver el precio? No sé...¿Qué opináis vosotrxs?

La peli elegida fue...


No le di a Jack la opción de elegir. Menos mal que no había en cartelera otra película que le apeteciese ver demasiado. Por suerte salió contento del cine y la disfrutó. ¡Menos mal! 

De la peli... casi que solo puedo decir cosas buenas. Creo que se captó muy bien el espíritu del libro: es tierna, divertida, conmovedora...y triste, pero no se recrea en las miserias. Evidentemente, no es una adaptación perfecta, pero es bastante buena, y eso es mucho para mí, que soy una tiquismiquis. Como buena tiquismiquis le encontré fallos, claro, pero solo un par :P.  En cualquier caso, la película no sustituye al libro para nada, así que os sigo recomendando el libro. Y después, la peli.Y una caja de kleenex.

Antes de acabar quiero dar las gracias a la amiga que "nos invitó" al cine con su regalo de Navidad. Realmente fue mágico. No puedo expresar lo contenta y emocionada que estaba por volver al cine. Fue genial. Bueno, Jack os lo puede decir, que estuve canturreando todo el martes "Mañana vamos al cine, mañana vamos al cine", el miércoles "Hoy vamos al cine, hoy vamos al cine". Y después, de repente, como si me pinchasen, decía, sin venir a cuento: "¡Oye! ¡Que hemos ido al cine!" xDDD No estoy bien, lo sé.

En definitiva, tanto La ladrona de libros como el precio de la entrada...



Hoy estoy... cansada
Y estoy escuchando... No tengo miedo - EUKZ

miércoles, 26 de febrero de 2014

Intentarlo demasiado.

Los que se supone que saben de esto -psicólogos, orientadores laborales, coaches varios- dicen que cuando uno se queda en paro, es fundamental mantener las rutinas. No remolonear en la cama, no quedarse en pijama, no cambiar los horarios de las comidas... Recomiendan madrugar, arreglarse y salir a la calle a buscarse las papas. A mí -y creo que a mucha gente- no hace falta que nos lo digan. Quedarnos en casa sin hacer nada es un camino directo a la locura. Hace poco me preguntaron que por qué madrugaba tanto, si estaba de vacaciones. Como lo leéis. Contesté que para no volverme loca tengo que levantarme cada mañana temprano y ponerme a estudiar en cuanto los quehaceres de la casa me lo permiten. Ése es el clavo ardiendo al que me aferro para no volverme tarumba. Creo que quien me lo preguntó no lo entendió. En parte lo comprendo: es una persona que nunca ha estado parada, si no ha sido por una enfermedad. Probablemente agradecería un tiempo sin hacer nada, solo descansar.

Pero bueno, hay que salir y buscar trabajo para mantener la cordura. Lo que pasa es que a veces no es fácil. Ni mantener la cordura, ni buscar trabajo. Ni ambas cosas a la vez.  Uno sale de casa arreglado, con su mejor sonrisa puesta, con la mejor cara que ha sido capaz de componer, cargando su carpeta/mochila llena de currículos y esperando que ese sea el día. Casi nunca lo es, pero uno lo sigue esperando. Al final de la mañana, se vuelve a casa descompuesto. La sonrisa quedó en el 4º "No recogemos currículos". La cara se descompuso con el "No creo que te llamemos, pero si no te importa tirar el papel...". Y una lágrima de frustración emborronó el rímel cuando una secretaria/recepcionista insensible y poco profesional que no paraba de mirar el móvil mientras te hablaba te dice "No creo que tengamos nada para ti". 

Es el pan de cada día, pero al menos no es personal. Uno se consuela pensando que, en fin, las cosas están mal para casi todos y que no eres el único que ha vuelto a casa hecho un cuadro y que va a tener que pasarse recomponiendo las piezas para, al día siguiente, volver a salir con la mejor cara y la mejor sonrisa de casa. Vuelta a empezar.



Pero conozco a alguien que hoy está triste porque no tiene ese consuelo. Conozco a alguien que desde que está en paro ha salido a hacer su ronda de entrega de currículos cada cierto tiempo, que ha vuelto, que ha insistido, que no quiere que se olviden de él. Esta persona se patea las calles diariamente en busca de algo, lo que sea: un cartel en un bar o una tienda, una oferta en la oficina del paro,... Todo ello sin dejar de lado las empresas de su sector, porque, aunque no está en su mejor momento, puede sonar la flauta. Ha pasado otras veces. Contratos para una semana o quince días. Un mes si hay suerte. Pero ese poco es suficiente para recuperar algo de autoestima y de esperanza. Para ir alimentándose, más espiritualmente que otra cosa. 

Hoy ha vuelto a las empresas de su sector a entregar su currículo. A veces bromea diciendo que los ponen en el aseo para que la gente se limpie el culo, de tantos que tienen. Sin embargo él sigue llevándolo, no sea que el que llevó la última vez haya quedado por debajo en la pila de papeles y, cuando surja un puesto de trabajo, él no esté entre las posibilidades que se consideren. Pero hoy le han cerrado la puerta a esa pequeña esperanza también.

- Venía a entregar un currículum.

- Pero...Mira, es que no te lo podemos coger.

- ¿No? ¿Por qué no?

- Pues porque ya tenemos muchos tuyos. No vamos a cogerte más. 

Seguirán cogiendo currículum, pero no suyos. Lo ha intentado demasiado, supongo. 

¿Qué hacemos cuando se nos cierren todas las puertas? ¿Cómo mantenemos la esperanza? ¿A qué nos aferramos para no volvernos locos?



Hoy estoy... desesperanzada
Y estoy escuchando... Llueve - Rosana

martes, 25 de febrero de 2014

El mar. La mar.

Soy de secano, nacida entre llanuras ocres y viñedos. Y sin embargo el mar me hipnotiza, me calma, me emociona. Nunca le he encontrado la explicación. Además es una relación extraña: no me gusta ir a la playa en verano, no me gusta ir a pasar el día, no me gusta ir a bañarme. Solo a pasear, a ver el mar. Y, a ser posible, cuando la playa esté desierta. Puede que tenga que ver con la primera vez que vi el mar.

De pequeña tenía problemas en las piernas y los pies, así que un señor médico les recomendó a mis padres que caminase descalza por la arena de la playa. Difícil, como os digo, por aquí. Si les hubiese recomendado que pisase uva...  Pero no, había que caminar por la playa, descalza. Así que un fin de semana, por mi cumpleaños, me llevaron a ver a mis tíos y primos a Valencia y, antes de venirnos para el pueblo, me llevaron a la playa del Saler. 


Yo debía de tener unos 5 o 6 años y nunca había visto el mar. Así que mi primer encuentro con el mar fue un frío domingo de enero, un día ventoso. El mar estaba agitado. Bravo, dirían. Yo preferí pensar que estaba emocionado por conocerme, contento. Y, por supuesto, no había nadie más.

Mis padres me quitaron los zapatitos y los leotardos. "¿No va a tener frío?", preguntó mi madre. "Si va a ser un rato, mujer... Además no se va a mojar ni los pies", respondió mi tía. Así que mi madre me cogió de la mano y me puso a pasear por la arena húmeda, arriba y abajo, mientras mi padre -que no comparte mi amor por el mar, ni por el agua, en general- vigilaba desde una distancia prudencial, junto a mis tíos. 

Yo no podía perder de vista las olas, el agua, esa inmensidad. Estaba hipnotizada. Y solo así se explica que, de un tirón, me soltase de la mano de mi madre y echase a correr mar adentro. 

Hubo gritos y carreras, y cortes de respiración, cuando una ola me sentó con su fuerza. Cuando me sacaron del mar yo estaba empapada, claro, y, aunque los nervios de todos los adultos a mi alrededor me asustaban, estaba feliz. No recuerdo la sensación de frío que seguramente tuve que sentir. Solo la felicidad, el agua, la fuerza de la ola, el olor a sal. 



La idea era volver a casa desde la playa, pero no pudo ser. Había que secarme. Y aún así me cogí una pulmonía tremenda -o eso dicen, yo no me acuerdo.

Hace unos días volví al mar. A ese mismo Mar Mediterráneo con el que me encontré hace ya 20 años por vez primera. Esta vez estaba más tranquilo. En silencio le hice un cumplido: "Qué hermoso estás". Y se repitió la historia. Tenía que coger olas, porque el mar me hipnotiza, porque necesito sentirlo, y acabé mojándome. Al menos esta vez conseguí mantener el equilibrio.



Después me senté en las rocas de un espigón y contemplé, otra vez, la inmensidad del mar. Me distraje, es cierto, viendo los gatos marinos: gatos que entraban y salían de los huecos que había entre las rocas y que parecían moverse como pez en el agua.

Cuando me marché estaba cansada, pero muy tranquila. Como si hubiese estado descargando muchas cosas que llevaba conmigo para que las olas se las llevasen.


El mar, de Rafael Alberti

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá? Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!



Hoy estoy... echando de menos
Y estoy escuchando... Malos despertares - Marea

miércoles, 19 de febrero de 2014

Libro:Divergente, de Veronica Roth


Hace tiempo que tenía ganas de leer esta saga, pero lo he ido dejando. Principalmente por una razón: quería poner distancia de Los Juegos del Hambre. Al tratarse de planteamientos parecidos, no quería que se contaminasen. Aunque ha sido imposible...

Os dejo la última reseña que leí, la que me animó a coger el libro ya: la de Enei Viel

¿De qué va el libro?

Nos encontramos en un futuro distópico, en el que la sociedad está dividida en cinco facciones: Abnegación, Osadía, Verdad, Erudición y Cordialidad. Cuando se cumplen 16 años, los jóvenes deben elegir entre seguir en su facción o abandonarla y, con ella, dejar atrás a su familia, amigos y modo de vida. Esta es la tesitura en la que se encuentra Beatrice Prior. Pero, ¿qué ocurre si no estás destinado a estar en una facción? ¿Qué ocurre si puedes elegir? Pues, ni más ni menos, que eso puede poner en peligro tu vida...

Hablando del libro...

Lo puse en Goodreads...Cuando leí los 6 o 7 primeros capítulos estaba convencida de que no me iba a gustar. O, al menos, de que me iba a decepcionar mucho. Aunque no quería compararlo con Los Juegos del Hambre, no podía evitarlo. Y Divergente, en mi opinión, sale perdiendo. El mundo en el que se ambienta la historia me parece menos creíble y menos interesante que el de Los Juegos del Hambre. Y sin embargo, no deja de tener su aquel. A mí, cosas de la deformación profesional, me hace ver influencias de la teoría política de Platón en La República: clases sociales estancas, que desarrollan la tarea que les es encomendada (artesanos y productores, guardianes y gobernantes) y a las que se pertenece de acuerdo a la parte que predomina en el alma de la persona: racional, irascible o concupiscible. Veo filosofía por todas partes. 

Pero luego la cosa se pone algo más interesante. Supongo que cuando empiezan a ponerse en juego las relaciones humanas. Eso, a pesar de que la relación entre la protagonista y el galán del libro es más que predecible, se ve venir casi desde el principio. Aún así, no puedo evitar que me guste, que me llame la atención. Y,en este caso, Divergente gana. Tengo que reconocer que el triángulo amoroso Gale - Katniss - Peeta se me hizo muy, muy cansino. 

Me he devorado el libro, me ha entretenido, pero no lo veo una tan gran historia. Ya digo, me parece más estereotipada y simple que Los Juegos del Hambre, y menos verosímil, aunque esto es una opinión personal. También noto más que se trata de una novela juvenil, cosa que en Los Juegos del Hambre se te olvida. Tengo puestas bastantes esperanzas en Insurgente, la verdad. Creo que será ahí cuando la cosa se ponga más interesante y haya un crescendo. ¡Ya veremos!

Os dejo un trocito...

Caleb y yo trabajamos sin hablar. Yo cuezo guisantes y él descongela cuatro trozos de pollo. Casi todo lo que comemos está congelado o en lata, ya que estos días las granjas están muy lejos. Mi madre me contó una vez que hace mucho tiempo, había gente que no compraba productos modificados genéticamente porque les parecía antinatural. Ahora no tenemos otra alternativa. 

En resumen, este libro...

3.5/5

A continuación empezaré a leer Insurgente. A ver si se confirman mis sospechas...:P

Hoy estoy... tranquila
Y estoy escuchando...nada

sábado, 15 de febrero de 2014

Libro: La mujer que vivió un año en la cama, de Sue Townsend

Vi una reseña de este libro en alguno de los blogs que leo normalmente, pero no consigo recordar cual (autora de la reseña, si pasas por aquí, ¡manifiéstate!). La cuestión es que me pareció un planteamiento un tanto absurdo, y precisamente por eso, interesante. No esperaba gran cosa, solo echarme unas risas -que es lo que promete el libro- y distraerme con algunas situaciones surrealistas, nada más. Vamos a la reseña.

¿De qué va el libro?

El día que sus hijos, dos mellizos (chico y chica) superdotados, se marchan a la universidad de Leeds Eva decide, sin saber muy bien cómo ni por qué, meterse en la cama en pleno día. No está enferma, no se encuentra mal: simplemente quiere estar en la cama. Hasta ahí todo bien. El problema llega cuando Eva se da cuenta de que no quiere ni puede abandonar su lecho. 

Hablando del libro...

Como os decía, no esperaba más que echarme unas risas. Bien, empezando por ahí, pinchazo absoluto. Si estáis por Goodreads y habéis visto mis actualizaciones al respecto de este libro, os habréis dado cuenta de que reírme, lo que es reírme, pues no me he reído mucho. Sin embargo, se lo fui perdonando, porque sí que tenía situaciones un tanto absurdas que, aunque no eran cómicas precisamente, te hacían pensar en lo locos que estamos todos, el mundo entero. Da para reflexionar sobre el fanatismo, las redes sociales, los fenómenos de masas, el papel de la mujer en el hogar, los sueños frustrados, el dilema entre hacer lo que se desea o lo que se espera de una, la inteligencia teórica y la inteligencia emocional, etc.  Vamos, que el libro tiene un poco de todo eso. No es que haya conseguido lo que yo esperaba, que era reírme y olvidarme de todo, pero bueno, un poco de reflexión no le hace daño a nadie, especialmente si viene planteada así, con un humor ácido y a veces hasta cortante. A veces, ni siquiera eso. Hay un par de escenas del libro que, directamente, me han horrorizado.  Y repito que eso no estaría mal si el libro no se presentase como una comedia hilarante. Pero bueno, no se lo he tenido en cuenta, porque tampoco me parecía una tortura.

Pero, ¡ay! A medida que se acerca el final es como que todo se desmorona, y, si os digo la verdad, el final es precipitado, ocurre de repente, te deja sin saber muy bien qué pasa y, al menos a mí, me ha sabido a bastante poco. Así que la actitud de tolerancia que estaba teniendo a lo largo de todo el libro se ha ido al traste con los últimos capítulos.  Además, el libro va metiendo cuñas durante toda la narración que se quedan medio resueltas en una línea. ¡¡¡Eso no vale!!! Pasas buena parte de la novela pensando que Eva, la protagonista, ha acabado llevando una vida que no quería llevar por algún desengaño. Pues bien, no te equivocas. ¿El problema? Que te cuentan el desengaño en una línea, sin más. Creo que extenderse un poquito más no habría estado mal. No sé. A mí me da la sensación de que hubiese tenido que acabar el libro para YA y por eso la historia está como cortada. 

Y bueno, los personajes...pues no me ha parecido un gran trabajo el que se hace con ellos, la verdad. Sí que es cierto que supongo que la intención de la autora era presentar muchos personajes estereotipados: la suegra insoportable, la madre abnegada -y un tanto victimista-, el marido que vive para su trabajo, dos hijos que son unos genios pero que emocionalmente no se desenvuelven nada bien, la amante atolondrada que cree que el hombre con el que se acuesta va a dejar a su mujer, ... Pero no sé, me ha parecido bastante simple todo. En general me queda la sensación de una novela superficial, lo cual habría estado bien para una comedia, pero es que en mi opinión este libro no lo es. Un drama absurdo, quizás. Pero no una comedia. Y, como drama, le sobra superficialidad, creo.

Os dejo un trocito...

Se roció el perfume que había utilizado desde que era una joven bibliotecaria y no pudo soportarlo. Se había dejado llevar por la historia de Marilyn Monroe, que cuando le preguntaron "¿Qué se pone en la cama?", había respondido "Chanel nº 5",
"Probablemente no fuera verdad", pensó Eva. Ninguna verdad duraba mucho tiempo. Al final, todo terminaba desarmándose. El negro resultaba ser blanco. Los cruzados eran violadores, saqueadores y torturadores. Bing Crosby daba palizas a sus hijos. Winston Churchill contrató a un actor para que retransmitiera algunos de sus discursos más célebres. Cuando Brian le contó todas esas cosas, ella le había contestado: "Pero deberían ser ciertas". Quería héroes y heroínas en su vida. Si no héroes, al menos sí gente a la que admirar y respetar.
Menudo festival del humor, ¿eh? -.-

En resumen, esta novela...

2.5/5

Ahora voy a empezar a leer, por fin, el primer libro de la saga "Divergente", de Veronica Roth, que se titula así precisamente, Divergente. ¡A ver qué tal!


Hoy estoy... dubitativa
Y estoy escuchando... How deep is the ocean - Peggy Lee
(tengo que dejaros la canción, me parece una auténtica maravilla...)





viernes, 14 de febrero de 2014

Inesperada

Hoy es San Valentín, y bueno, una servidora no deja de ser una romanticona. Pero yo ya hablo mucho, todos o casi todos los días. Así que hoy he decidido cederle el espacio a alguien para que os cuente una historia de amor. ¿Qué os parece? Espero -y estoy segura de que el artista invitado también- que os guste.


 ***


Ella apareció en su vida en el momento menos esperado. 
 
Siempre había sido un negado para las relaciones. En realidad, le daban bastante miedo las mujeres. Le importaba demasiado lo que pudieran o no opinar de él. Y tras algún desengaño amoroso que le había costado demasiado caro, había perdido cualquier esperanza de llegar a relacionarse de manera verdaderamente profunda con ninguna mujer. No había ninguna esperanza en él. Lo había aceptado.

Y entonces llegó ella.

¿Cómo fue? Inesperado y maravilloso. Mágico. Extraño. Divertido :D

Internet se había convertido en su guarida, su “Fortaleza de la Soledad”, su “Galería de las Sombras”. Su perfil en cierta red social rebosaba actividad, sobretodo relacionada con películas, cómics y algún que otro escrito, mas o menos aceptable, salido de su atolondrada cabezota. La verdad es que le dedicaba demasiadas horas. Recientemente había vuelto a la universidad para finalizar la carrera de Bellas Artes. Solo le quedaba una asignatura, pero lo que no sabía en aquel momento era que la asignatura mas importante de su vida iba a comenzar a impartirse en breve… pronto, muy pronto iba a aprender lo que era en realidad amar y ser amado.

¿Cuánto hacía desde que habían comenzado las clases en la facultad? ¿Quizá algo menos de un mes? Bueno, el caso es que a primeros de noviembre, alguien comenzó a dejarle comentarios en su perfil. Una chica, una mujer. No era la primera vez. De hecho había alguna que otra que era más o menos fija . Pero no como esta. Ninguna como esta. Y vosotros diréis ¿y por qué? Bueno, es difícil de explicar. Es lo que pasa con las sensaciones, con los sentimientos.

Fue como un estremecimiento. Como si, sin saberlo, supiese que esa persona era alguien importante. Importante de verdad.

Y hablaron. Vaya si hablaron. Durante días pareció no existir nada mas en el mundo hasta que llegaba el momento de volver a conectarse, de ver si ella le había dejado algún mensaje, de ver si estaba conectada. Ningún tema era tabú (aunque él fuera mas vergonzoso que ella en algunos aspectos, cosa que le parecía de lo mas divertido).

Ella era originaria de otra parte del país, pero se encontraba estudiando la carrera de Filosofía en esa misma ciudad. Vivía en un piso compartido, no muy lejos (media hora a pie, 5 o 10 minutillos en bus) de donde aparcaba él las deportivas por las noches. Para ser de dos puntos diferentes de la geografía española, la vida los había acercado demasiado como para que aquello no significara nada (eso piensa él siempre que recuerda esos días).

Y claro, llegó el momento de la curiosidad. Del querer ver en vivo y en directo a esa persona con quien pasaba tantas horas aun sin verla realmente. Ella propuso, pidió y “re-pidió”. Y hasta amenazó con buscarle :)
. Entendedle, no es que se estuviera haciendo el difícil. Estaba muerto de miedo. Se moría de miedo, porque sabía que esa chica era especial. Porque le hacía sentir algo que ninguna otra persona le hacía sentir. Pero no quería que volvieran a hacerle daño. No necesitaba esperanzas, las esperanzas, sus esperanzas, sólo podían acabar rotas. Así que le dijo NO, unas cuantas veces, aunque se moría por verla. Pensaba en ella durante la mayor parte del día (mentira, pensaba en ella durante todo el día, la noche… e incluso llegó a soñar con ella… ejem).

Y un día, tras pasar la noche dándole vueltas a su proposición, a sus ganas de verla, al estremecimiento que sentía cuando pensaba en ella, al miedo y a todas sus inseguridades, concluyó que ya estaba bien la cosa. Que si tenía que hacer saltar por los aires sus renacidas esperanzas y esa sensación tan extraña y maravillosa que ella le hacía sentir, lo mejor era hacerlo cuanto antes. Antes que fueran demasiado grandes y al morir, se lo llevaran también a él por delante. “¿Quieres verme? Muy bien, veámonos y acabemos con esto de una vez. Pasado mañana habré vuelto a mi triste y miserable existencia. Minimicemos los daños antes que sea demasiado tarde”. Eso pensó.

Aquella tarde tenía clase, pero se la saltó. Buscó un ordenador y quedaron.

El resto de la historia os la ha contado ella mas de una vez, y si no, pedidle que os la cuente, que le encanta :).


Lo que él me ha pedido que os explique realmente son, fundamentalmente, dos momentos, quizá tres: La primera vez que la vio de verdad y el momento en que se despidió de ella aquella noche y su vuelta a casa.

La primera vez que la vio de verdad fue aquella tarde, un 12 de Noviembre. Huelga decir que estaba tremendamente nervioso. Estaba seguro de que al verlo se haría la despistada y se escabulliría o quizás se presentaría y le pondría alguna escusa para marcharse igualmente. No tenía muchas esperanzas, la verdad. Pero ahí estaba él, en la puerta de aquella conocida y céntrica tienda, entre el trasiego de gente, pensando en qué decir y cómo hacerlo si esa persona tan especial le daba la oportunidad. Había llegado pronto, más pronto de lo que en un primer momento le quiso confesar a ella. Y ya estaba que se subía por las paredes. Y en ese momento, la vio llegar.

Sabía como era ella, porque había visto sus fotos en Internet. Le pareció muy guapa en las fotos, desde luego, atractiva, por supuesto, pero la verdad es que no le hacían la más mínima justicia. Dicen que la realidad siempre supera a la ficción, y aquella era una prueba más de que esta afirmación es verdad.

Llevaba una especie de suéter negro y una preciosa falda, también negra, larga y avolantada y su ensortijado cabello castaño con toques de oro, bailaba suelto, casi salvaje. Su piel era como de porcelana, muy fina y clara, como una imagen. Él siempre la describe así, como una visión. Dice que en ese instante todo se ralentizó para él. Mientras avanzaba a cámara lenta, quedó atrapado finalmente en sus ojos, en su sonrisa. Ya solo estaba ella, no quedó nada más en el mundo.

Lo que vino después fue divertido y romántico a partes iguales (o eso le gusta pensar a él, pobrecillo :)).

Lo que nos lleva al segundo momento: El beso.

Dice que no sabe cuanto tiempo debieron estar paseando y charlando. El caso es que finalmente la acompañó a su piso. Se sentaron en las escaleras del patio y charlaron unos minutos más. A pesar de todo, la cita no había ido mal del todo (no había desertado nadie, ni había habido bajas, ni siquiera heridos, no demasiado… :P ). La chica parecía cómoda, divertida y para nada aburrida. Incluso parecía interesada. Todas esas cosas eran inesperadas, casi impensables para él. ¿Se atrevería a arriesgarse a estropearlo?

Pues si, después de un momento, digamos… bastante ridículo (madalena va!!!), se lanzó. La besó. Y no hubo galleta. Le devolvieron el beso, misteriosamente, le devolvieron el beso.

Aquel beso, por ser el primero entre ellos dos, siempre permanecerá imborrable en su memoria. Quizás no fue un gran beso, pero eso estaba apunto de ser solucionado…

En la puerta del ascensor se citaron para el día siguiente allí mismo. Había llegado el momento de despedirse y entonces fue cuando algo, no se muy bien qué, se despertó en él. Debía de tenerlo guardado en algún rinconcito de su alma, esperando a la mujer adecuada, a alguien especial. La cogió por la cintura y sin mediar palabra la arrastró hacia sus labios. Allí, en el quicio de la puerta del ascensor de aquel patio al que tantas veces volvería después de aquel día, descubrió la pasión que yacía escondida en el fondo de su ser y que aquella muchacha había encendido como nunca antes.

Tal y como lo suelen contar (ella también), yo me lo imagino como un beso de película, de los que se daban Burt Lancaster y Deborah Kerr o Clark Gable y Viviane Leigh. ¡Menuda envidia me dan el par de tórtolos estos! ¡Yo también quiero! XP

Y por último, la vuelta a casa. La vuelta a casa, según nuestro protagonista, aquí mi amiguete, hubiera sido perfecta para un número musical. ¿Habéis visto a Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia? Bueno, pues no llovía aquella noche, ni él sabe bailar (no sabes, tío, no sabes XP) pero daba igual, porque las alas de su corazón le hacían flotar por encima del suelo. Ligero, así es como se sentía. Ligero y lleno de esperanza. Feliz.

No en vano, el nombre de ella significaba “Portadora de felicidad”. 




PD: Si, ya se que no es de “Cantando bajo la lluvia”, pero esta también vale, de hecho, vale incluso mas, ¿verdad, Matilda? ;)

jueves, 13 de febrero de 2014

Historias con punto y final.

Me encantan las historias de amor. Las reales, he de matizar. Cuando leo en vuestros blogs las historias de amor que compartís me quedo embelesada. Aunque he de reconocer que tengo especial debilidad por las historias de las que una sale trasquilada, como la pitonisa aquella de Los Simpson. No porque acaben mal, sino porque acaban. No sé... a veces que una relación se acabe es una verdadera bendición, pero no deja de picar un poco, creo.

Antes de que penséis mal, no es que me gusten esas historias porque quiera regodearme en miserias ajenas. No, no es eso, ni mucho menos. La razón es otra. Vale, que quizá soy un poco adicta al drama, pero la razón principal por la que las historias de desamor, las historias con punto y final, me llaman la atención es porque es difícil no aprender de ellas. Cada relación pasada, vista desde lejos, nos dice muchas cosas de cómo éramos, nos muestra que nos enseñó muchas lecciones valiosas y se nos hace evidente que nos sirvió de trampolín para llegar a ser quien y como somos.



Yo he tenido muchas historias de esas pero hasta hoy no os he contado ninguna. Quizá algún día me anime. Mi problema ha sido, en muchos casos, que yo tenía claro lo que quería. Excesivamente claro, supongo. Tenía un ideal de pareja que tenía que llenar y, como supongo que sospecháis, fue imposible. Nadie real puede acoplarse a un sueño. Así que pasé de aquí a allá, fui de persona en persona buscando las características de mi lista, pero nunca estaban todas. Encontré a gente interesante, bohemia, con el pelo largo, que tocaba canciones de mis cantautores favoritos con la guitarra, a la que le gustaba Iron Maiden, EUKZ, Joaquín Sabina. Gente romántica hasta quitar el aire, gente que cantaba bien y hasta componía. He tenido relaciones en las que me han hecho sentir como toda una dama y otras en las que no podía quitarme de la boca el sabor a pecado. Conocí a gente tolerante, abierta, a la que le gustaba experimentar, respetuosa, amable.  He salido con idealistas, activistas y radicales por la pasión que ponían en lo que les interesaba. Y he salido con gente indolente que se sentía feliz con sus circunstancias y, por tanto, no quería cambiar nada. Todas estas cosas, claro, nunca coincidían en la misma persona. Con suerte, dos o tres. Y la historia duraba unas semanas o unos meses y, entonces, encontraba el hueco. Sí, ese espacio que la persona no conseguía llenar, aunque se saliese por otra parte. Y la historia se acababa, de mejor o peor manera.  A veces se acababa incluso antes de empezar. Y no era extraño. Mi lista de cualidades, mi modelo de pareja ideal, era demasiado extenso. No era algo consciente, yo no me daba cuenta, pero había tenido ese modelo desde la adolescencia, lo había construido poco a poco. ¡Hasta me había imaginado las circunstancias en las que conocería a esa persona! Y lo buscaba con ahinco.Tanto es así que forcé muchísimo la máquina para realizar mi ideal y vi lo que quería ver, cometiendo un error grandísimo por el que sufrí mucho. 



Así que sí, he tenido muchas historias con punto y final, y de todas he aprendido, por suerte. También he aprendido una gran lección de esta historia que vivo ahora: que llega un momento en el que conoces a alguien y no intentas encajarlo en tu molde ideal. Y eso es una buena señal. 

¿Pero sabéis qué saco en claro de todo esto, aunque muchas veces se me olvida? Que a veces las cosas no llegan cuando las buscas: simplemente llegan. No es que quiera decir que no haya que hacer nada aparte de sentarse y esperar. Es solo que a veces, creyendo que estamos acelerando para llegar a nuestro destino, lo que hacemos es hundirnos más y más en el barro. A veces la paciencia, y sobre todo, la tranquilidad obran milagros si no se pierde la esperanza. Tengo que recordar eso.



Hoy estoy... ñoña
Y estoy escuchando...Por fin te encontré - Ismael Serrano


miércoles, 12 de febrero de 2014

Masters of Sex



¿Habéis visto ya esta serie? ¿No? ¿Pero no os dije que teníais que hacerle caso a Lía en todo lo que os recomendase? Haced el favor, que yo no lo dije por decir.

En fin, Masters of Sex. Es que me da, de verdad que me da. Qué serie, amigxs. Qué maravilla. Qué personajes. Qué ambientación. Qué referencias. Qué todo.

Empecé a verla para cubrir huecos en los días en que no tengo serie. Y la acabé ayer. Y sufro mucho, porque ahora tendré que esperar -supongo- hasta septiembre. 

A ver...¿De qué va esto? Pues va de la investigación acerca del sexo. Es un tema que a mí me ha interesado siempre. Veeenga, dejad de reíros y me explico. Me ha interesado siempre el tema del sexo por la cantidad de tabúes y creencias infundadas que hay acerca del tema. ¿Y dónde nos sitúa esta serie? Pues en los inicios de la ruptura de esos tabúes. Y no veáis con lo que tendrían que batallar en la hipócrita sociedad americana de los 60 en la que nada se tocaba para que no se rompiese. 

Ya decía Lía que una serie sobre sexo tiene todas las papeletas para ser una cosa chabacana y vulgar. Pero también dice que esta no. Para nada. Es elegante, es agradable. Y es profunda e intensa. 

Y luego están los personajes y los actores. Las actuaciones es que son magistrales. Puede sentirse la química entre ellos, intuirse lo que piensan, palpar sus sensaciones. Y los personajes son complejos, profundos, puede verse cómo evolucionan a lo largo de la serie, pueden entenderse, podemos empatizar con ellos.  Eso, o que yo me he metido tanto en la serie que me lo imagino todo, qué queréis que os diga. ¡Si es que hasta he soñado con ella!

Eso sí... la intro me pone de los nervios. Salvo dos cosillas, no me gusta nada. Me recuerda un poco a la de Dexter, pero mientras que aquella me flipaba, esta... Pues no. Pero bueno, por lo que viene después de la intro se les perdona todo. 



Y ahora, ¿qué hago yo? ¿Qué, después de escuchar a Bill Masters pronunciar ese pronombre personal bajo la lluvia? Ains. Por compasión, que estrenen pronto la segunda temporada. 


Hoy estoy... acelerada
Y estoy escuchando...El Intermedio, de fondo (otra vez)

Pd: ¿Os he dicho que le hagáis caso a Lía?

martes, 11 de febrero de 2014

Fangirleando

Estoy segura de que en algunos aspectos voy a ser una adolescente toda la vida. De hecho, creo que hoy por hoy soy, en algunos sentidos, más adolescente de lo que he sido nunca. En serio. Ayuda, claro, que estoy rodeada de unos cuantos adolescentes perpetuos. Para muestra, un botón, o dos.

Queridxs...¿de qué creéis que hablan unas cuantas mujeres responsables y, aunque jóvenes, bastante maduras y con la cabeza bien amueblada? Pues, por supuesto, del hipotético divorcio entre Hermione y Ron Weasley. Y de cómo cada vez que nuestra cada-vez-menos-querida-y-más-odiada Jotaká abre la boca para hablar del mundo mágico sube la butterbeer. Y, por supuesto, de qué parejas nos gustaron en la saga, cuáles no, por qué, cómo tendría que haberlo hecho, etc. etc. Pero que no soy yo sola. Que Lía también estaba. Hasta escribió un post y todo.

Pausa publicitaria: Jotaká, estate quieta ya, mujer.



Pero luego tendríais que ver el fandomeo que me llevo con Jack. Es que no es ni medio normal. La otra tarde, mientras hablábamos por teléfono - Dios bendiga las tarifas planas entre fijos- pasamos media hora, si no más, hablando de la relación entre Gale y Katniss. ¿Son novios? ¿No? ¿Solo amigos? ¿Amigos con derecho a roce? ¿Le pone los tochos con Peeta? ¿No? Si es que sí, ¿se lo merece? Bueno, hablando de ese par de tres (xD) como si fuesen conocidos nuestros de toda la vida y estuviésemos enterados, del todo, de sus idas y venidas amorosas. Bueno, yo más, que para eso me he leído los libros. La cosa ya pasa de castaño oscuro si os digo que, después de ver En Llamas, soñé con la película.



Pausa publicitaria: Suzanne Collins, el triángulo amoroso es un poco cansino. Para próximas series te lo digo.

Y puedo seguir con ello. Ay. Que se me acaba Masters of Sex. No puedorl, no puedorl. ¿Y mi obsesión con Canción de Hielo y Fuego? Si es que yo cuando tenía 15 años no era tan vehemente con mis aficiones... Pero bueno, consuela no estar sola. Si es que la culpa es vuestra, que os vestís como fangirls... ¡y vais provocando! xDDD


Hoy estoy... inquieta
Y estoy escuchando... El Intermedio, de fondo :P

lunes, 10 de febrero de 2014

Un mundo en el que aún se escriben cartas.

Me pasa a menudo: amigos y conocidos me dicen que me ponga el whatsapp y cosas así. También me ocurre a menudo, cuando digo que estoy escribiendo una carta, o que voy a Correos a mandarla, que la gente se sorprende. Como si fuese algo de otro mundo. Como si yo fuese un bicho raro por no tener smartphone y seguir escribiendo a mano, mandando cartas. 

No sé, a lo mejor es que soy una antigua, pero para mí no tiene punto de comparación un mensaje de whatsapp -o muchos- con una carta, aunque sea breve, una tarjeta o una postal. Desde luego, me hace sentir mucho más especial recibir una carta de lo que me lo haría sentir un whatsapp, estoy segura. Detrás de una carta hay muchas cosas: una persona piensa en ti, y se ha tomado la molestia de reservar un tanto de su tiempo para sentarse a escribirte, contarte cosas y preguntarte por tu vida. Dentro de este proceso encontramos infinidad de grados, desde la naturalidad desenfadada de una nota escrita en una hoja de libreta con un bolígrafo Bic hasta la carta escrita con pluma, con tintas de distintos colores, con citas célebres, ... Pero todas, todas tienen valor y todas comparten la misma esencia. Detrás de un whatsapp o un privado de Facebook puede también haber un recuerdo, un sentimiento o nostalgia, pero puede pasar que el autor, simplemente, estuviese aburrido y se tropezase con tu contacto en su smartphone. No sé si me explico. A veces me pregunto si esa gente que me mira raro cuando digo que escribo cartas, cuando insinúo que no es lo mismo una carta que un mensaje en una pantallita, ha recibido alguna carta manuscrita en su vida, si ha sentido algo parecido a lo que yo siento cuando las recibo. Y a veces hasta me pongo triste.

Yo no soy una gran escritora de cartas. Mis cartas no son nada de otro mundo, y probablemente están más cerca de la nota escrita rápido y con un boli bic que de una carta cuidada, si no fuese porque tengo una tendencia enfermiza a alargarme. Sin embargo cuando escribo una carta me dedico a pensar cada palabra y cada expresión, a recordar anécdotas o historias, a aconsejar sinceramente si se me pide consejo y, a veces, a desnudar mi alma y mis temores. 

Sí, parece que por carta cuesta menos decir las cosas, ¿verdad? Al menos a mí me pasa. Yo he sido muy de cartas de amor y desamor. Madre mía, las ñoñadas que tiene que haber pululando por ahí de mi puño y letra. Y las que escribí y no llegué a enviar. Recuerdo con ternura aquella carta en la que puse muchos, muchos meses de amor en la sombra, muchos, muchos, de la incertidumbre de haber estado pendiente de un "perro del hortelano". Recuerdo con orgullo que reuní en valor suficiente para ponerla en el abrigo de su destinatario, en un bolsillo. No os riáis, que eso para mí era mucho. Y recuerdo como, semanas después, él me contestó que mis palabras eran preciosas. Eso sí, en un sms...

La cuestión es que, mientras escribo una carta, pongo en ella mucho de mí para que la persona que la recibe se sienta especial al leerla. Y no creáis, también hay un poco de miedo escénico, sobre todo cuando envío la primera carta a un destinatario particular. ¿Entenderá mi letra? ¿Se aburrirá? ¿Creerá que soy muy pesada? ¿Se dará cuenta de que para mí esto es muy, muy importante? Porque hay cosas que se hacen porque hay que hacerlas, y pueden hacerse con desgana. Para mí escribir cartas no es una de esas cosas.  Ni recibirlas y leerlas. Ya sabéis que tengo mi ritual: encontrar un momento de paz y silencio, ponerme cómoda, abrir la carta despacio, recorrer cada una de las palabras con calma y dejarme llevar por ellas. Y a veces, releer.

A lo mejor pensáis que soy demasiado intensa con esto. Seguramente. Estoy releyendo párrafo a párrafo y me da un poco de vergüenza, pero es que no puedo cambiar nada, porque es la verdad. Lo que pasa es que no soy la única. Me consta que no lo soy. 

Adoro todas y cada unas de las cartas que me manda la gente que me aprecia. Todas y cada una. Cuando estoy triste leo las tarjetas que he recibido, o miro los dibujos que me han enviado. Y leo, una y mil veces, las cartas, que guardo como un tesoro. Pero este post, que llevo rumiando desde hace varios días, ha sido escrito hoy porque precisamente hoy he recibido una carta. Bueno, era más bien un paquetito, pero traía su carta correspondiente. Y se ha notado que su autora, si no tiene una concepción tan intensa de lo que supone escribir y recibir cartas como la mía, se acerca. Lo he notado en los colores, en el celo, en mi nombre escrito con un bolígrafo de purpurina y seguido de un corazón, en el trozo de papel de regalo con el que subrayaba el "Querida Bettie" (cómo adoro esas dos palabras). Y lo he notado en el esfuerzo que había tras la carta: he podido percibir las ganas de alguien de darme las gracias por cosas que yo creía que no recordaba y que no habían significado tanto para ella y la pelea por encontrar las palabras adecuadas para hacerlo. Y he sentido oleadas de cariño cuando me explicaba el por qué del detalle que ha hecho especialmente para mí. Se me ha escapado una lágrima de emoción que se ha juntado con una carcajada cuando he leído, en la posdata, que me daba permiso para abrir el regalo. 

Y bueno, el regalo ya es... una de las cosas más bonitas que he tenido entre mis manos. Todo en él me recuerda a mí y, sin embargo, en cada detalle la veo a ella, y percibo la paciencia, la sonrisa mientras colocaba cada detallito en su sitio y el nerviosismo mientras lo envolvía, pensando si habría acertado, si me gustaría tanto como ella esperaba.  No me resisto a mostrarlo:

No se aprecia bien en la foto.  Es una maletita hecha de cartón -como una caja de cerillas-, llena de libritos, con mi inicial, con perlitas, algunas hojas de papel manuscrito, ¡y todo en un tamaño minúsculo! No perdáis tampoco el detalle de las fotos vintage de la maleta. ¡Ains! ¿Cómo habrá metido todo eso ahí mi amiga por correspondencia?

Pero el detalle, aunque maravilloso -no puedo dejar de mirarlo-, no es lo más importante. Es lo que hay detrás, algo que ya había sentido mientras sostenía el folio de papel verde entre mis manos temblorosas, en parte por la emoción y en parte por los nervios (que he tenido una mañana movidita), y que me había tranquilizado, porque era como recibir una caricia: el cariño de una persona que, a pesar de todo, me ha dado la importancia suficiente como para dedicarme parte de su tiempo. 

Tiempo, sí. Vale más que el dinero últimamente. En estos días en los que todo se hace y se dice con prisas, que te dediquen tiempo es algo que conmueve.  Pero no todo está perdido: doy gracias por vivir en un mundo en el que aún se escriben cartas...


Hoy estoy... sensible
Y estoy escuchando...Tierra de nadie - Barón Rojo

domingo, 9 de febrero de 2014

Libro: El manifiesto comunista, de Friedrich Engels y Karl Marx.


De tanto en tanto, cuando las cosas van de culo en política, a mí me da por leer libros sobre el tema. El manifiesto comunista suele ser uno de los primeros que pienso en leer siempre. Quizá porque es corto, pero también porque es muy interesante. Hay que reconocer que sí, que es corto. En mi edición, 91 páginas, e incluye los prólogos de Marx y Engels a las diferentes ediciones del Manifiesto. Por cierto, creo que veréis libros de esta colección de tanto en tanto por aquí. La sacó el diario Público cuando todavía era un periódico de papel y me los compré TODOS. Estaba dedicada a pensadores que, de una manera u otra, han sido revolucionarios, críticos. Y, por ejemplo, Por qué no soy cristiano de Bertrand Russell me hace guiñitos cada vez que paso por delante de él, así que... Pero bueno, al lío.

¿De qué va el libro?

Pues el Manifiesto Comunista fue encargado a Marx y Engels por una organización obrera clandestina, la Liga de los Comunistas, con vistas a la celebración de su primer congreso en Londres, en 1847. En él tenía que incluirse el ideario político básico comunista, de una manera sencilla y breve. Este manifiesto se convirtió en la carta fundacional del socialismo y en uno de los documentos políticos más influyentes de la historia. 

Hablando del libro...

No estamos ante un tratado de política ni nada por el estilo. Como ya he indicado, se trata de un texto muy breve y además, asequible. Lo digo por si a alguien le genera curiosidad, que se anime, que es perfectamente comprensible.

Creo, además, que se trata de un texto imprescindible en la historia de occidente. No solo por lo que supuso en su momento, sino porque aún hoy no deja de iluminar la realidad con algunas de sus explicaciones, desvelando lo que hay detrás de algunos conceptos o categorías como la llamada "clase media", o mostrando qué ocurre en las crisis económicas. Ya digo, bastante actual a pesar de los años. Supongo que por eso es por lo que vuelvo a releerlo de tanto en tanto. 

No se trata, creo yo, de tener más o menos afinidad política con las ideas expresadas, sino de conocer y comprender. Si solo leemos lo que coincide con nuestro pensamiento, nunca nos arriesgamos a que se nos lleve la contraria y a descubrir que hay ideas más allá de las nuestras, ¿no? Aunque sea solo para poder llevarles la contraria...:P

Os dejo un trocito...

Os horrorizáis de que queramos abolir la propiedad privada. Pero, en vuestra sociedad actual, la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros; existe precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad.
En una palabra, nos acusáis de querer abolir vuestra propiedad. Efectivamente, eso es lo que queremos.

En resumen, este libro...



A continuación empezaré a leer La mujer que vivió un año en la cama, de Sue Townsend. Vi la reseña en alguno de vuestros blogs, pero no recuerdo en cuál. ¡Tengo que empezar a apuntar estas cosas! Bueno, el caso es que la vi y me llamó la atención. Sé que fue alguna de vosotras, así que si la culpable de que esté leyendo este libro pasa por aquí, ¡que me lo diga! Así podré enlazar su reseña cuando yo escriba la mía :)

Muá. Disfrutad de lo que queda de domingo.


Hoy estoy... blandita
Y estoy escuchando... Asleep - The Smiths

sábado, 8 de febrero de 2014

Libro: La ladrona de libros, de Markus Zusak


Ya os dije antes de empezar a leerlo que este libro tenía muchos ingredientes para gustarme. Historias de nazis, una protagonista adolescente y libros dentro de un libro. Y eso era solo lo que yo sabía. Prometía mucho, y no me ha decepcionado -aunque me llevé un pequeño susto, eso es cierto. Vamos a por la ficha.

¿De qué va el libro?

Liesel Meminger es una niña que, a pesar de su corta edad, ya cuenta con sus propios fantasmas. Estamos en la Alemania nazi, y Liesel se muda a vivir con unos padres de acogida. Cuando eso ocurre, ya había robado su primer libro, y eso que no sabía leer. Sería solo el primero de unos cuantos. Aunque no todos los roba: también los recibe, regalados. Y alrededor de esas historias, chicos con pelo de plumas, amigos que piden besos, el sonido de las sirenas antes de los bombardeos, y, como no, la muerte. 

Hablando del libro...

Ains. Anoche lo acabé entre lágrimas e hipidos. La lectura de La ladrona de libros me ha emocionado en muchos pasajes, y es cierto que en algunos de ellos he tenido que contener las lágrimas. Pero anoche, en los capítulos finales, ya no pude aguantar. ¡Y eso que sabía lo que iba a pasar! Porque La ladrona de libros es un libro especial en muchos sentidos. Una de las cosas que lo hace diferente es que el libro se hace spoiler a sí mismo. Sí, sí, os lo prometo. Pero no importa. A mí no me ha importado, a pesar de todo lo anti-spoiler que soy. :P

No es lo que me esperaba, la verdad. Eso me pasa por no venir informada. Resulta que yo esperaba una novela adulta, pero no, creo que se trata, más bien, de una novela juvenil. Esperaba una narración lineal, y no, no lo es. Ni el narrador es lo que esperaríamos, ni la historia se narra linealmente. Es una manera un tanto experimental de contar la historia. Al principio, la primera noche, pensé que no iba a gustarme, pero a partir de la segunda noche de lectura me enganché, me acostumbré al estilo y me encantó. 

Por lo que tengo entendido, el estilo es una de las pegas que le pone mucha gente. A mí me ha gustado, porque creo que las circunstancias de la narradora del libro permiten contar la historia dejando entrever la ternura, el drama, los sentimientos, pero sin recrearse demasiado en ellos, sin ir a la lágrima fácil e insistir en lo triste que es todo. No sé si me explico. La narración es un tanto...¿desinteresada? Sí, supongo que ese podría ser el adjetivo. Por eso creo que al principio me costó engancharme. Pero después... Ains. El nombre de Liesel me acompañaba durante el día, y las palabras "saukerl" y "saumensch" (cuyos plurales respectivos son "saukerle" y "saumenschen" -lección de idiomas patrocinada por MiBicicleta) resonaban en mi mente una y otra vez. Y las historias, las imágenes,... 

He de reconocer, también, que hay ciertos elementos que me permiten sentirme cercana a algunos personajes del libro y entiendo que eso es algo particular, que no tiene por qué pasarle a todo el mundo. Aún así, creo que el libro es muy bueno. Mucho.

Advertencia, eso sí: jodidamente triste. He dicho que no va a la lágrima fácil, que no hurga en el drama, y eso es cierto, pero no deja de ser muy, muy triste. Probablemente si hubiese sido más "sentimentaloide" el efecto habría sido el contrario, el libro habría acabado siendo menos conmovedor. Pero también es jodidamente tierno. Me repito, sí. Lo sé. Ya paro. Perdón.

Bueno, para acabar rápido: este libro se ha ganado un lugar especial en mi corazoncito, como todos los que consiguen arrancarme lágrimas. Y no son muchos.

Habrá que ver la película... ¡miedo me da! xD

Os dejo un trocito...

Antes de llegar a Himmelstrasse, Alex le dijo:

- Hijo, no puedes andar por ahí pintado de negro, ¿me entiendes?

Rudy le prestó atención, interesado...y confuso. La luna se había librado de las nubes y ahora podía moverse, elevarse, zambullirse y derramar gotitas sobre el rostro del chico, confiriéndole un aspecto inocente y lúgubre, como sus pensamientos.

- ¿Por qué no, papá?
- Porque te llevarán.
-¿Por qué?
- Porque no deberías querer ser como los negros o los judíos o como cualquiera que...no sea como nosotros.
-¿Quiénes son los judíos?
-¿Te acuerdas de mi cliente más antiguo, el señor Kaufmann, al que le compramos tus zapatos?
- Sí.
- Pues es judío.
- No lo sabía. ¿Tienes que pagar para ser judío? ¿Se necesita un permiso?
- No, Rudy -el señor Steiner llevaba la bicicleta con una mano y a Rudy con la otra. Pero le costaba más dirigir la conversación. Todavía no le había soltado la oreja. Se había olvidado-. Es como ser alemán o católico.
-Ah. ¿Jesse Owens es católico?
-¡No lo sé!

Tropezó con uno de los pedales de la bicicleta y soltó la oreja del chico.
Continuaron caminando en silencio durante un rato.

- Ojalá fuera como Jesse Owens, papá - comentó Rudy.

En resumen, este libro...

5/5

Este año está empezando con bastante buen pie en lo que a lectura se refiere, ¡vaya que sí! A continuación leeré -o releeré, más bien- El manifiesto comunista. No sé qué me pasa últimamente que me apetece leer cosas políticas... :P


Hoy estoy... bailonga
Y estoy escuchando... Es mentira - Joaquín Sabina

viernes, 7 de febrero de 2014

Le va en el sueldo.

Señor Wert, tenemos que hablar. Podríamos hablar de muchas cosas usted y yo, pero hoy tenemos que hablar del plantón programado a la gala de los Goya. No es que esté yo desilusionada por que vaya a echar de menos su presencia, qué va. No formo parte de la élite cinematográfica del país, no estoy invitada. Pero si lo estuviese, sí me habría desilusionado. Para que se haga una idea: voy a maldecir mucho tiempo esas menos de cuatro décimas que me privaron de la posibilidad de negarle a usted el saludo. 

Supongo que ya se ha dado cuenta de que usted no es santo de mi devoción, ni siquiera cuando me lo imagino tirando la toalla al salir de la ducha. Pero eso no es lo importante y asumo que no le importa. Espero que ese pequeño detalle no le desvíe de lo que tengo que decirle, que sí es importante. Créame si le digo que se lo exigiría a cualquier otro representante, independientemente de la devoción que me inspirase. De verdad. 

No es necesario que nos mienta, señor Wert. Los problemas de agenda se los ha generado usted mismo. Qué bonito debe ser eso de tener una agenda apretada que usar como excusa... Lo que ocurre es que no somos tontos. Sabemos que no le gusta escuchar críticas, abucheos y descalificaciones, y la gala de los Goya iba a ser un chorreo: desde el público que se agolpa en la puerta y sus pitidos hasta los discursos de los premiados y los chistes del maestro/a de ceremonias. Eso me confirma que usted es humano y eso está bien, porque tenía mis dudas. Sepa usted que a nadie le gustan los abucheos, ni que le increpen. Imagínese lo que pasa una mujer embarazada que va a una clínica a abortar, cuando los grupos anti-aborto se concentran en la puerta a abuchearla, increparla y presionarla. La diferencia, señor Wert, es que ella no es una representante pública, no tiene ningún cargo ni cobra por ello. Y usted sí. ¿O es que no sabía dónde se metía? La señora Esperanza Aguirre, miembro destacado del partido con el cual usted gobierna dijo, hace algún tiempo, cuando el público abucheaba al presidente Rodríguez Zapatero, que a los políticos eso "les va en el sueldo". Debería quedar con ella, recordárselo, y de paso, explicárselo juntitos al resto del gobierno y del partido. Tampoco vendría mal, ya que usted es el encargado del Ministerio de Educación y lleva tan mal eso de los abucheos y demás, que se lo explicase y educase un poco a alguno de los excachorros del PP

No se lo va a creer, pero es que yo le entiendo. A todos nos gusta más recibir aplausos y palmaditas en la espalda que pullas. Pero usted se describía como un hombre valiente. Si cree que está haciendo lo correcto, ¿por qué no da la cara? Si cree que sus medidas son las adecuadas, ¿por qué no aguanta estoicamente el chaparrón hasta que todos nos demos cuenta de lo equivocados que estábamos? A lo mejor es que no tiene esa motivación. A lo mejor es que sabe que le van a seguir abucheando mucho tiempo y que, aunque deje el cargo, la cruz que se ha cargado usted -no sé si solo o con ayuda- le va a acompañar (porque de empezar a hacer las cosas bien, ni hablamos, ¿no?). Se ha cansado. Es comprensible. 

Sí, comprensible. Todo el mundo se cansa alguna vez. Pero, ¿por qué no hace un esfuerzo? Lo digo porque usted no para de pedirnos esfuerzos a todos. A los profesores, para que se comprometan con la LOMCE (por cierto, yo no podría demasiadas esperanzas en eso...). A los alumnos, para que trabajen más duro si quieren conseguir una beca o, simplemente, un título. A las familias, para que se quiten gastos superfluos como, no sé, comer, pagar el alquiler o la luz, e inviertan en la educación de sus hijos en vez de quejarse por los recortes en becas. Usted pide mucho, señor Wert, pero...¿dónde está esa cultura del esfuerzo en lo que a usted respecta? ¿No puede hacer el esfuerzo de aguantar la gala de marras? ¡Si es un ratito! Además, no le van a poner nota, no le van a quitar el sueldo si no está a la altura. ¡Solo tiene que ir!  ¿No? ¿No se anima? Pues entonces quizá debería irse replanteando sus posturas. Por no hablar de lo de la excelencia. ¿En qué punto del camino hacia la excelencia como ministro está usted, señor Wert?

Pero para que vea que soy buena en esto del aprendizaje, le diré que con su actitud me ha enseñado algo. Mire que yo pensaba que los políticos no podían oír la voz de la gente y por eso pasaban olímpicamente del tema. Qué cosas, ¿verdad? Ahora voy y gracias a usted descubro que sí, que nos oyen, lo que ocurre es que hacen el ímprobo esfuerzo de ignorarnos totalmente. Pero todo tiene su límite. Fíjese, usted ya está cansado de oír lo que la gente tiene que decirle. ¡Quién lo iba a decir del ministro-Miura! Solo una preguntita más...¿cuánto más tenemos que gritarle para que dimita? Es por curiosidad... 




Hoy estoy... orgullosa de mí misma
Y estoy escuchando... Incandescente - Marea

jueves, 6 de febrero de 2014

Ikea calling.

La semana pasada recibí una llamada de Ikea. Bueno, la recibí, tras varios intentos fallidos. La llamada venía de una centralita con prefijo de Madrid y, hartita como estoy de que me den por saco con mil y un ofertas y promociones, tras descolgar y ver que no se oía nada, colgué. Eso la primera vez. La segunda, se cortó. Y a la tercera, que es cuando dicen que va la vencida, descolgué y esperé un rato más tras el "¿Diga?". La voz cansada de un joven sonó al otro lado del hilo telefónico. 

- Buenos días, le llamo de Ikea Alfafar en relación con su solicitud de empleo. Hemos recibido 100.000 candidaturas para trabajar con nosotros, y estamos tan emocionados que hemos querido darles las gracias uno a uno...

El párrafo seguía. Yo escuchaba atenta la voz de aquel muchacho -probablemente tuviese mi edad- y entendía dos discursos. El primero, en el que me hablaba de que estaban considerando las candidaturas y que, si resultaba seleccionada, volverían a llamarme, y el segundo, traducción simultánea, que decía que estaba cansado de repetir el mismo discurso una y otra vez desde hacía no sé cuántos días. Sentí simpatía por él. 

Al final me pidió permiso para hacerme una pregunta.

- ¿Por qué quiere trabajar con nosotros?

Improvisé. Cuando hablo, improvisar se me da bien. El chico tecleó algo al otro lado de la línea y me alegré de que no fuese una pregunta de trámite, no del todo. Me alegré de que teclease algo. Pero no voy a engañaros, cuando el teleoperador desconocido y yo nos despedimos y nos dimos las gracias mutuamente tuve la sensación de que ahí se acababa la cosa. 

Pero no pasa nada, está bien. 100.000 candidaturas para unos 400 puestos es un pico. Yo lo intenté, como mis primos, como Jack, como mucha gente que conozco, de Valencia y alrededores, y también de lejos. Aunque no es exactamente lo mismo, sí era un poco como jugar a la lotería. Y en cuanto a lo de la llamada,  algunos dicen que es recochineo, que es una estupidez, que para eso que no llamen. Y yo creo que nos quejamos de todo. Hace un año escribí un post sobre esto en el que me quejaba de lo desagradable que es enviar currículos, inscribirte a ofertas y no saber nunca nada más. Así que me ha parecido bien. Está claro que Ikea se lo puede permitir, pero también podría no haberlo hecho. No ha estado mal el detalle. Al menos, mi palmadita en la espalda, y otras muchas, le estaban dando trabajo a ese chaval al otro lado de la línea. 



Hoy estoy... serena
Y estoy escuchando... Vértigo - Ismael Serrano

miércoles, 5 de febrero de 2014

¿Competir o colaborar?

No es que crea que la educación que he recibido es una cosa de otro mundo, pero me siento afortunada, porque he tenido la mejor educación que podía tener. Hace no demasiados años, que una persona en mis circunstancias llegase a tener un título universitario era poco menos que un milagro, y ya veremos si, de aquí a no demasiados años, no vuelve a pasar lo mismo. Sin embargo, cuando echo la vista atrás, creo que me ha faltado alguna que otra cosa.

Durante mi infancia he tenido maestros de la vieja escuela, así que, aunque soy una chica-LOGSE y mi título dice "Graduado en Educación Secundaria Obligatoria", yo, en la práctica, he hecho la EGB. No tengo ningún trauma con ello. Yo he aprendido ortografía haciendo dictados  y copiando las palabras con errores, matemáticas con los cuadernillos Castillo y caligrafía con los cuadernillos Rubio. Esto último resultó: la gente suele felicitarme por mi letra. He recitado cantando las tablas de multiplicar y los ríos de España. Me gustó eso de cantar: así fue como conseguí aprenderme de memoria y en orden las provincias de Castilla y León y Andalucía. A veces hasta dudo de haber hecho la EGB: en algunos cursos, lo primero que hacíamos al entrar a clase era rezar. Y en mayo, cantarle a la Vírgen. Y por si hay dudas, estudié en un colegio público. Pero bueno, eso para que veáis que mis maestros eran de la vieja escuela de verdad. Algunos, hasta de la rancia escuela. Pero como docentes, en general, no tengo pegas que ponerles. 

No, ni una, porque lo que a mí me faltó no es culpa suya. Los métodos eran los que eran. De hecho, siguen siendo los que son. Cuando yo estudiaba, cada uno iba a lo suyo y a veces había casi una competición por sacar buenas notas. Y aún había algo más anti-colaboración que el trabajo individual: los trabajos en grupo. Ahí no aprendíamos a colaborar, qué va. Aprendíamos a ponernos en el grupo del que mejores notas sacaba, pero no para aprender, sino porque con hacer acto de presencia, bastaba: el empollón/a de la clase estaba tan preocupado por sacar buena nota que, si era necesario, haría todo el trabajo el/la solo/a. Y así es como acabé por odiar los trabajos en grupo y todo lo que sonaba a "colaboración" me hacía echar a correr despavorida. 

Me ha costado deshacerme de esa idea, y he tardado mucho. Fue en el máster de secundaria donde descubrí que colaborar puede ser muy formativo, tanto personal como académicamente. Pero para ello hay que querer colaborar y hay que estar acostumbrado a hacerlo. Fueron ocasiones contadas, pero existieron. Colaborar exige saber escuchar, saber intervenir, comprometerse a trabajar, identificar las propias fortalezas y reconocer nuestras debilidades, saber tomar la iniciativa y saber delegar, ... Eso, para empezar. A mí me cuesta horrores, tengo que reconocerlo.

Aprender a competir es fácil. Casi se aprende solo. Solo hay que ver cómo va el mundo y cuánta gente estaría dispuesta a pisotear el cráneo de muchos para llegar a su meta. Incluso aunque no pisoteemos al resto: se nos invita correr adelante sin mirar atrás, sin pensar en quién queda por el camino. Pero colaborar... eso es más complicado. Y, sin embargo, vamos a tener que hacerlo. Trabajar en equipo es fundamental ya para casi todas las profesiones. Y fuera del ámbito laboral estas capacidades tampoco sobran. Estaría bien, no sé, que durante la educación formal básica se incentivase eso también, ¿verdad?

Pues no. No es hacia ahí hacia donde vamos. No sé, quizá soy yo, que me estoy volviendo loca, pero cuando hablan de "excelencia", cuando dicen que reducen las becas al mínimo para darlas solamente a los mejores expedientes, cuando ocurren todas esas cosas lo que yo entiendo es que nos animan a competir, no a muerte, pero casi. No será una utopía que dos compañerxs tengan que competir con sus notas para conseguir una deseada beca Erasmus. Supongo que ese es el mundo al que quieren ir: uno en el que para conseguir lo que uno quiere o necesita pase por encima de quien haga falta antes de pensar en si hay otra manera de hacerlo.  

Por suerte el sistema educativo no es determinante. Hoy en día hay mucha gente que se ha formado de manera muy parecida a la mía, y, sin embargo, vemos ejemplos cada día de compromiso, solidaridad y colaboración para salir adelante. Menos mal.


Sí, esto es una gilientrada sin sentido. Hoy es que no doy para más coherencia, ni cohesión, ni nada.


Hoy estoy... deshinchada
Y estoy escuchando... Habrá que someter a referendum - Ismael Serrano

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