viernes, 28 de abril de 2017

De barrio


Las niñas bien se ríen de ella, con sus camisitas bajo la chaqueta de punto y sus uñas de porcelana, pero a Lola no le importa. Siempre da un rodeo a la hora de volver del trabajo para pasar por delante del instituto privado de su barrio. Es la hora a la que los pijitos salen de clase, así que ella levanta bien la cabeza, saca pecho y pisa fuerte mientras mastica chicle con fruición. Al caminar mueve las caderas y su cola de caballo, altísima, oscila, acompañando el contoneo. Y sí, ellas se ríen y la llaman ordinaria, poligonera y otros epítetos aún menos agradables mientras bromean sobre la elasticidad de su entrepierna. Lola lo escucha, pero no le importa. Se limita a caminar más lento, balanceando aún más las caderas. 

Porque Lola lo sabe. Sabe que ellos, sus novios, la miran cuando ellas no se dan cuenta. Sabe que los niños ricos sueñan con averiguar cómo son sus piernas bajo esas ajustadas mallas de lycra, que imaginan las redondeces de sus pechos, apenas escondidos por las camisetas que dejan ver el ribete del sujetador. La desean y eso la hace sentirse poderosa. 

Siente sus miradas, las de ellas y las de ellos, clavadas sobre sí y sonríe. Bajo el desprecio de ellas, envidia, porque ellas también lo saben. Bajo la fingida indiferencia de ellos, deseo. Y en cada uno de ellos, la certeza de que esa tarde, cuando una de esas parejitas de beatos inocentes se deje llevar en el asiento de atrás de algún coche, en alguna habitación juvenil o en el baño de una biblioteca, ellos pensarán en Lola. 

Lola saca una piruleta y se la mete a la boca sin borrar la sonrisa. Está esperando: es cuestión de tiempo que alguno venza al orgullo y, eso sí, a escondidas, le proponga ir una tarde al cine. Su sonrisa se ensancha cuando piensa en su respuesta.

Puede que tengan dinero, pero el dinero no puede comprarlo todo. 



miércoles, 26 de abril de 2017

Depilación láser en Centros Ideal. La 1ª sesión. (I)



Hace poco decidí romper con otro de esos miedos catetos que tenía e informarme acerca de la depilación láser. A mí eso de olvidarte de los pelos casi por completo me parecía magia -aún me lo sigue pareciendo, no creáis- y, supongo que precisamente por eso, no confiaba demasiado en los resultados y no me lanzaba a probarlo. Bueno, por eso, y porque no tenía un duro. 

Ahora he conocido experiencias de gente que se lo ha hecho y está contenta, así que me lancé. He decidido hacerme la depilación láser de diodo en un centro Ideal, básicamente por el precio. Consulté tres centros y, entre los dos que más me llamaban la atención, no vi grandes diferencias de atención y demás, así que escogí aquel cuya oferta me parecía más atractiva. He pillado una promoción en la que tengo 5 sesiones de zona pequeña (ingles en mi caso) y 5 sesiones de zona mediana (en mi caso, medias piernas) por 145 euros. No está mal, ¿no?

Hace unos días fui a hacerme la prueba y fue muy bien. Hoy he tenido mi primera cita y estoy bastante contenta. No con los resultados que, evidentemente, todavía no son visibles y que, supongo, tardarán unas sesiones más en serlo, no tengo ni idea. Lo que sí me he sentido es muy bien tratada. En el centro Ideal de Córdoba al que voy las chicas son muy, muy amables y te hacen sentir muy cómoda.

Era mi primera vez, pero la chica no lo sabía. Aún así me ha dado todas las indicaciones con mucha amabilidad. Me ha invitado a entrar a la cabina de depilación y me ha dejado sobre la camilla un tanga desechable y un paquete de toallitas húmedas, por si las necesitaba. Me lo he puesto y, poco después, la chica que me ha atendido ha tocado en la puerta. Me he tumbado en la camilla y me ha preguntado entonces si era mi primera vez y demás. Ha sido muy agradable y me ha hecho el rato (que no ha sido demasiado) bastante ameno. Me ha dado unas gafas opacas para proteger los ojos y hemos empezado la sesión.

He agradecido, además, que me fuese indicando, paso a paso, qué iba a hacer. A la sesión hay que llevar las zonas a depilar rasuradas del día anterior, pero, aún así, ha repasado la zona por si se había escapado algún pelo tonto. Así era, así que lo ha quitado con una maquinilla de afeitar desechable. Después, me ha ido poniendo el gel del láser por zonas y me ha ido pasando el aparatito. En algunas zonas apenas lo notaba. En la zona de las ingles que entra más al pubis sí he notado más los pinchacitos, pero es algo perfectamente soportable.  Después de depilar cada zona, ha retirado el gel con una espátula y, al finalizar, me ha aplicado gel de aloe vera para calmar, lo cual me ha indicado que debo hacer yo también: aplicar agua fresca en las zonas y aloe vera. Lo he hecho, claro, pero no tengo ninguna molestia, ni rojez ni nada por el estilo.

Después, me ha dejado vestirme tranquilamente y, cuando he salido, he firmado por la realización de mis sesiones y me han dado cita para la próxima vez, dentro de dos meses. 

Hoy no puedo contar mucho más que lo que ha sido la impresión general y la sensación en la sesión. Seguiremos informando :)


miércoles, 19 de abril de 2017

Libro: Yerma, de Federico García Lorca.




Adoro a Lorca, lo sabéis porque lo he dicho muchas veces. Tenía la lectura de esta obra pendiente todavía y decidí empezarla en el pueblo, antes de volver a Córdoba, porque es breve y tenía aquí libros esperándome.  La acabé anoche, así que allá vamos con el comentario/lo-que-sea, porque desde luego dudo que quede aquí algo parecido a una reseña. 

¿De qué va el libro?

El libro, en un primer plano, trata de la historia de Yerma, una mujer recién casada deseosa de tener hijos y a la que no le llegan, que se consume viendo como el resto de mujeres llenan sus vientres. En un segundo plano habla de tantas cosas que dar una interpretación sería romper el libro. ¿Por qué no lo lees y sacas tus conclusiones?

Hablando del libro...

Aquí sí, aquí tengo que hablar de lo que yo he visto en Yerma. Sin embargo os pediría que no leyeseis este post si pensáis leer el libro pronto. Que esperaseis a leerlo un tiempo, hasta que se os olvidasen mis impresiones, para leerlo con vuestras vivencias y no con las mías, para encontraros con el mensaje de Lorca a pecho descubierto. 

No puede negarse que Yerma habla de la maternidad ansiada y no conseguida, pero a poco que rasquemos en la superficie me parece (tomaos todo lo que diga con cautela porque no tengo ni puñetera idea, son solo mis impresiones) que también hay una crítica velada a lo que se espera de las mujeres. ¿Por qué está Yerma tan empeñada en tener un hijo? Porque los hombres tienen campos, y ganados, y labor, pero a las mujeres solo les queda la crianza. De hecho en Yerma encontramos esa ansia de salir, de estar en la calle, de relacionarse... Pero me temo que no es un interés de realizarse fuera, sino más bien, un deseo de huir de una vida en la que no se siente a gusto y, por qué no decirlo, de fantasear con otra vida que, cree, le habría ido mejor.

Porque ese es otro de los temas importantes, no solo en Yerma, sino en todo el teatro de Lorca que he leído: la vida que tenemos que vivir, la que nos es dada, y la que deseamos, y cómo, o bien no podemos resistirnos a ese deseo, o bien la resistencia nos lleva a cometer atrocidades, o bien ambas cosas. Y esa es la parte que siempre me conmueve de Lorca. Cómo acabamos viviendo una vida que, en muchas ocasiones no hemos elegido. Como, a veces, esa vida perfecta nos tira de la sisa y nos la rasgamos para empezar de nuevo. Cosas que pasan. De verdad que pasan.

Y todo eso contado con la pasión y el desgarro de Lorca que, al menos a mí, me sacuden de pies a cabeza. 

¿Recomendable? Yo de Lorca no puedo decir otra cosa: Siempre sí. 

Os dejo un trocito...





En resumen, este libro...

Ahora voy a empezar a leer Sandman Obertura <3 ¡Por fin! :D Pero no será hoy, que se me han hecho las tantas entre unas cosas y otras. Es que a todo no llego y todo no puede ser, queridas mías...

¡Mua!


lunes, 17 de abril de 2017

Monstruos.


No conoces los monstruos que oculta detrás de esa sonrisa. Sí, la has mirado a los ojos mientras se apartaba ese rizo rebelde de la cara y la has escuchado hablar de nimiedades y de sus más profundos secretos. La has visto reír despreocupada y hundirse dos segundos más tarde, no te lo discuto. Por eso, solo por eso, crees que es débil y que te necesita. Si tú supieras las tempestades que ha capeado no te atreverías a pensarlo siquiera. Crees que es un pajarillo que volará siempre a tu mano para alimentarse y no te das cuenta de que eres tú quien se está acostumbrando a ella. 

Mírala, ahí va, se aleja con sus libros en la mano. Ahora volverá la mirada y sonreirá. Tú crees que es porque le cuesta alejarse de ti. Iluso... ¿No te das cuenta? Esa sonrisa te está diciendo que puede ser la última vez que la veas. Ah, ya... Los monstruos, los ves ahora, ¿verdad? 






La primera línea de este post se me ha ocurrido mientras fregaba. Sonaba esta canción, y creo que ha sido ella la que ha tenido la culpa. Así que lo he acabado mientras la escuchaba. Aparentemente, no tienen mucha relación. O sí. quién sabe.

Disfruten.


viernes, 14 de abril de 2017

Serie: 13 reasons why


Este post comenta aspectos relevantes de la serie, por lo que, si todavía no la has visto y eres sensible a los spoilers, no sigas leyendo :)



Esta tarde he acabado de ver "13 Reasons Why", una serie de 13 episodios de Netflix. Ya sabéis que de vez en cuando Netflix saca una serie que parece ser la mejor de todos los tiempos, o, al menos, que parece ser obligatoria. Esta es la última. Si tenéis Twitter, estaréis viendo que mucha gente habla de ella. 

¿Cuál es la premisa? Una chica, Hannah, se suicida y deja 7 cintas de cassette, 13 caras, grabadas, en las que explica las 13 razones por las que acabó tomando esa decisión, cada una de las cuales implica a una persona. Estas cintas han de pasar por las manos de cada una de esas personas que, a su vez, deberán pasarlas a la siguiente, de tal manera que se crea, de manera no oficial, una comunidad de "responsables" que conocen secretos los unos de los otros y que son cómplices, en mayor o menor medida, de la muerte de Hannah. 

Recorremos las cintas de la mano de Clay, aparentemente un buen chico. Él no sabe qué pudo haberle hecho a Hannah para estar en esas cintas pero, a través de sus ojos (o de sus oídos, más bien) vamos descubriendo lo que otros le hicieron. Él mismo va dándose cuenta de cuántas cosas no sabía de ella. Y, claro, en un determinado momento descubrimos por qué él está ahí. 

No voy a ponerme a comentar pormenorizadamente cada uno de los aspectos de la serie, pero sí quiero señalar varios temas que me ha parecido que estaban muy bien tratados. 

El primero, el tema del bullying. Es el tema central de la serie, claro. Todo gira alrededor de si el suicidio de Hannah se debió o no al bullying y de si lo que los otros chicos y chicas hacían con ella era bullying o no. Me ha gustado el enfoque, porque no plantean el bullying como algo brutal, al menos no de entrada. Son pequeñas cosas. Una foto. Una lista. Un rumor. Comentarios. Miradas por los pasillos. Pequeñas cosas que, cuando se suman y se dan unas determinadas circunstancias pueden hacerse muy grandes.

Lo que yo llamo el tema de los "buenos chicos". Me ha fascinado como los adultos de la serie no tienen ni puñetera idea de cómo son los chavales con los que tratan. Muchos padres se excusan en el "tú eres buen chico", y así se tranquilizan. Su hijo o su hija no han podido contribuir en modo alguno al suicidio de una compañera, no son esa clase de chico. Ni idea, lo dicho. No quiero decir que los padres no conozcan a sus hijos. Es simplemente que no saben lo que pueden llegar a hacer en un determinado contexto. Y, qué narices, a veces no los conocen.

El machismo. El trato que se da a las adolescentes y, asociado a ello, el papel que asumen. Las cosas que aguantan. Lo difícil que es ser mujer siempre, pero, especialmente, a ciertas edades. No quieres ser la estrecha, no quieres ser la puta, no quieres ser la fácil, no quieres ser la rara, no quieres ser... Y al final no sabes. Se educa a las mujeres, en buena medida, para agradar, y para agradar se toleran muchas cosas intolerables.

Por último, hay una moraleja que no se si queda clara o queda empañada por la manera ñoña en que se dice, no sé, pero que me ha parecido fundamental y muy potente. Y ahora que lo pienso, para lo potente que me ha parecido, en la serie queda un poco disuelta. Se trata de la idea de que tenemos que preocuparnos los unos por los otros, cuidarnos unos a otros. Sería un buen comienzo para resolver muchos problemas. No volver la cara, no hacer la vista gorda. Dar conversación al compañero que parece triste, decir una palabra amable a esa compañera que parece preocupada, intentar poner algo positivo en el día de las personas que nos rodean. No sé, conectar un poco más con nuestros semejantes. ¿O es muy tonto lo que estoy diciendo?

También hay cosas que no me han acabado de gustar. Por ejemplo, la necesidad de Hannah de tener a un chico en su vida (parece que todo se reduce a eso) o el hecho de que parezca que, solo con amor, se pueden superar los problemas, aunque son dos cuestiones que creo que pueden estar justificadas. A mí no me cuesta mucho justificarlas, de hecho. Hannah tiene una necesidad brutal de conectar y eso, unido al romanticismo propio de la edad, hace que sea muy importante estar con un chico. En cuanto a lo segundo, creo que quieren dar el mensaje de que si no dejamos a la gente sola podemos apartarla de salidas tan extremas como el suicidio y se les va un poco el mensaje.

En definitiva, no es la gran serie que quieren pintar, no es un hito en el mundo de las series (que somos un poquito exagerados, leñe). A mí no me lo ha parecido, vaya. Pero sí está muy bien y merece la pena invertir tiempo en verla. Y si aprendemos algo o nos hace pensar un poco, pues mejor.

Yo puedo deciros que, con lo poco que veo, no va muy desencaminada y que, como persona que trabaja con adolescentes, me ha dejado bastante mal cuerpo. 



jueves, 13 de abril de 2017

Mensajes.

Suena el teléfono, un silbido. No me hace falta mirar el móvil, sé que eres tú. Enciendo la pantalla, leo y suspiro. Esta vez tampoco es lo que me gustaría. 

Estás ahí? 😟

También sé lo que ha pasado sin necesidad de que me lo cuentes. Es otra vez la misma historia. Cambiarán los detalles, claro, pero, en resumen, él, otro él, habrá vuelto a hacerte daño. ¿Qué habría sido esta vez? ¿Te habría dado plantón? ¿Te habría dicho que no quiere atarse después de prometerte el cielo entero? ¿Habría jugado con tus sentimientos hasta sacar de ti lo que buscaba? Ya casi no tengo curiosidad. Ya casi no me importa. Ya casi pienso que te lo buscas. Y yo estoy harto.

Sí, harto. Harto de ver cómo te hieren, cómo se te rompen las alas. Harto de ver como vuelves a apostarte una y otra vez a juegos amañados. Y, mientras tanto, aquí estoy yo. Pero nadie piensa dos veces en el paño de lágrimas, ¿verdad? Se le usa y ya está. Al final tú y yo no somos tan distintos.

Pues, ¿sabes qué? Esta vez tendrás que recoger los pedazos sin mi ayuda. Eso. Voy a contestarte y a decirte que esta vez te las arregles tú solita.

No. Es cruel. Tampoco te lo mereces, no tienes la culpa. Nadie se equivoca a propósito, nadie quiere que le hagan sufrir. Pero te dejaré en visto. No puedes acudir a mí solo cuando tienes problemas y, un par de semanas más tarde, decirme que vuelves a estar ilusionada, que él es maravilloso y que esa es la buena. No. No cuentes conmigo para eso. Ya no más.


Sí. Qué ha pasado? :/


lunes, 10 de abril de 2017

Gente de mierda.

Hace poco lancé un tuit que me salió de lo más profundo del alma, fue este:



La cosa es que hay un montón de gente así, a la que le jode las muestras de cariño entre personas, ya sean familia, amigos o, sobre todo, pareja. Y a mí son ellos los que me tocan los cojones, fíjate tú.  Pero, como digo en el tuit, bastante tienen ellos, que si la felicidad ajena les molesta, ya deben pasarlo mal.

La cosa es que a veces no se tragan el veneno, tienen que soltarlo, porque a ver, ya que yo sufro, pues que sufran los demás, también. 

Anteayer me puse tristísima por unas cosas que leí en Instagram. Sigo la cuenta de una chica que, entre otras cosas, es modelo de tallas grandes. Es GUAPÍSIMA (para ser modelo parece ser un requisito xD) y parece bastante maja. Yo no la he tratado personalmente, simplemente veo sus fotos, poco más, pero no ha habido nada que me diga: "Ey, qué tía más petarda". Lo cual es una percepción personal y tiene la validez justa: ninguna. Esta chica puede caerle mal a cualquiera y parecerle un orco, la percepción es libre. Pero si nadie te ha pedido tu opinión, pues harías bien en callarte, o, al menos, en no ir a soltarle mierda a la chavala, digo yo.

Pues resulta que la chica estaba de celebración parejil. Desde hace unos meses sale con un chico, también guapísimo, que, tal parece, la hace muy feliz (y yo que me alegro). Pues la muchacha puso una publicación en Instagram recordando un momento de la noche en que se conocieron, todo muy azucarado, PERO ES QUE ES SU INSTAGRAM Y SE LO FOLLA COMO QUIERE. Pues ya llegó la lista de turno a decir que sobraban esas manifestaciones. Y no contenta con eso, se puso a cuestionar la relación que tienen: que ella se ha agarrado a él como a un clavo ardiendo, porque como está "como una foca" (sic) tiene miedo de quedarse sola, que por eso están juntos, que por eso se ha mudado a vivir con su pareja, etc. etc. etc. También cuestionó al chico, diciéndole que se plantease por qué su relación había ido tan rápido y bla-bla-bla. 

PERO VAMOS A VER, ¿qué le pasa a la gente por la cabeza, en serio? 

Después de toda la movida, la chica de la cuenta hizo otra publicación con una calma y una elegancia que ya quisiera yo... 

Las personas gordas, somos personas. Somos dignas de todo, como tú que usas una talla diferente a la mia. Soy digna de ser lo que quiera, de poseer física, emocional y materialmente lo que yo misma aspire a tener. Las PERSONAS tenemos derecho a todo lo que anhelamos. Si no crees en ello, el problema lo tienes tu, no yo por ser gorda. Tu puedes amar y ser amada/o por cualquier tipo de persona que te atraiga y sienta reciprocidad por ti, como yo. Tu puedes trabajar donde quieras, cara al público, tras una mesa de oficina, encima de una pasarela, o mocheando escaleras como yo. Tu tienes derecho a ser respetada, a vivirte sin ser juzgada y a sentirte lo que eres; cojonuda, como yo. Independientemente de nuestros cuerpos. #AdelanteCómeteElMundo #AttitudeIsEverything #JenniferUsandizaga #NoALasFaltasDeRespeto
Una publicación compartida de Jennifer Usandizaga Uterga (@jenniferusandiz) el



Y bueno, creo que este post se concluye solo. He aquí la diferencia entre la gente de mierda y la gente fetén.



domingo, 9 de abril de 2017

Entre líneas.

Ya estoy de vuelta en casa (en casa, en mi casa, en casa de mis padres... No sé, ando algo desubicada). Estoy intentando disfrutar al máximo de los pequeños detalles. Por ejemplo, creo que nunca os había hablado de cómo hablamos mi padre y yo de cosas íntimas y personales. Sí que os he contado que mi padre tiene una manera muy particular de ser cariñoso, o de sentirse orgulloso. De expresar sus sentimientos, en general. No conozco a nadie que quiera (que me quiera) así. No sé cómo consigue, sin palabras, decir tanto. Es mi superhéroe. 

Pero hay otra cosa en la que mi padre tiene un talento maravilloso. Cuando quiere saber cómo estoy, en lugar de preguntar a bocajarro (como podría hacer, porque somos manchegos, no tenemos tacto xD), deja caer preguntas aparentemente inofensivas y analiza, leyendo entre líneas. Su pregunta favorita es: "¿Qué tiempo hace por ahí?". A partir de mi respuesta, y sobre todo, del tono, sabe cómo me encuentro. Y sé que lo sabe, porque yo también sé leer entre líneas en sus respuestas.

Lo mismo ocurre cuando quiere preguntarme algo íntimo. De nuevo, podría preguntar, pero no lo hace. Ayer tuve una conversación que, aparentemente, no tenía ninguna importancia. Fue tranquila, parecía que no estábamos diciendo nada. Y sin embargo los dos sabíamos que no era así.

ー¿Aún ves al muchacho ese de Córdoba?
ーSí, nos vemos bastante. 
ー¿Y todo bien?
ーTodo bien.

La traducción aproximada de la conversación sería la siguiente:

ーSé que aquel muchacho no era solo un amigo. ¿Todavía vais juntos?
ーSí, llevamos unos meses saliendo juntos.
ー¿Y te trata bien? ¿Estás contenta? ¿Te hace feliz?
ーSí, papá. Estoy muerta de miedo, pero me está mereciendo la pena. No te preocupes. 

Mi padre puede parecer rudo, y lo es. Pero eso no le impide tener una sensibilidad que ya quisiesen muchas personas con las que me he relacionado. 

Lo adoro. Lo quiero tantísimo. Le debo tanto...

Ains. 


jueves, 6 de abril de 2017

Libro: El libro de Gloria Fuertes. Antología de poemas y vida (por Jorge de Cascante)



Anoche me acabé esta maravillosa antología. Aprovechando los descuentos de la Feria del Libro de la que se ha hecho mi librería de confianza, he encargado unos cuantos tesoros. Este fue el primero. No paraba de ver fotos en las redes sociales cantando sus alabanzas, y me lo tenía que creer, porque cuando Blackie Books se pone, se pone de verdad. Y tratándose de Gloria Fuertes, más tarde o más temprano iba a acabar comprándolo, así que decidí, como decía, aprovecharme del descuento y hacerme con él. No sabéis lo bien que me ha venido. Ha sido, verdaderamente, terapéutico. 

¿De qué va el libro?

Pues Jorge de Cascante nos presenta una antología de poemas en la que se intercalan vivencias o anécdotas de Gloria Fuertes. Estas historias están contadas con cariño, cercanía y delicadeza, como si quien hablase de Gloria fuese un amigo cercano y consiguen hacer redondo del todo un libro que ya tenía papeletas para ser perfecto.

Hablando del libro...

Como ya he dicho, se trata de una antología que, a mi manera de verlo, más que una intención académica, tiene una intención emotiva. No pretende el libro ser una recopilación sistemática de la obra de Gloria, sino crear un clima emocional que quiere homenajear a la poeta (que no poetisa) al mismo tiempo que revivir ese cariño que Gloria provocaba. Los poemas están escogidos y ubicados con un gusto exquisito, acompañan magistralmente a las historias y anécdotas. No se me ocurre cómo podría haberse hecho mejor, la verdad.

He dicho hace un momento que el libro pretende despertar en nosotros ese cariño que ya sentíamos por Gloria Fuertes. Cuando Gloria murió, yo tenía 10 años. No hacía demasiado que le había escrito una carta que iba a mandarle mi maestro, con un poema que yo hice para ella. Y es que yo desperté a la poesía con Gloria Fuertes y sus poemas para niños. Sí, es una manera muy tópica, pero así fue. Así que la adoraba. Cuando me enteré de la muerte de Gloria Fuertes lloré. Fue la primera vez que lloraba por una muerte, y no era la muerte de un familiar (todavía no había experimentado eso), sino la muerte de alguien que admiraba. La carta y el poema quedaron para siempre olvidados en un cajón, ya no sé si el mío o el del maestro. Con esto quiero decir que Gloria era un icono. Probablemente la recordéis como esa abuelita adorable que salía por la tele y que hacía poesías simplonas para niños. Pero Gloria era mucho más que eso y este libro, acertadamente, pretende que nos encariñemos con la Gloria completa y compleja. Con su talante infantil, pero también con su rabia, sus momentos bajos, sus malos vicios, con sus virtudes y sus defectos. Gloria era una mujer, y como tal, era mucho más que esa imagen que conserva de ella el ideario colectivo.

Así que, si quieres saber más de quién era Gloria Fuertes, te recomiendo este libro. En él encontrarás, por supuesto, poemas infantiles, pero también poemas adultos, duros, eróticos, rabiosos, reflexivos, solitarios. Mezclados, sí, porque creo que es como deben estar. 

Pero la cosa es que, además, me he sentido tremendamente comprendida por este libro, o por Gloria, no sé. Al principio se habla de cómo entiende ella la poesía (dice que le viene como el hipo) y de ese ensalzamiento de la espontaneidad poética (mantiene que, cuando corrige un poema, siempre le queda peor que al principio), dos cuestiones que me tranquilizan. No quiero dedicarme a la poesía, ni siquiera se me da bien, pero es cierto que yo también escribo así. Lo bueno o malo que tienen mis poemas es fruto de arrebatos y, tal cual salen, suelen quedarse. Porque son, sobre todo, auténticos en su visceralidad. 

Y no solo me he sentido comprendida en el sentido literario, podríamos decir. También he empatizado muchísimo con los sentimientos de Gloria. Con su manera de sentirse sola, con su manera de sentirse mujer, con su manera de amar... y con su manera de cagarse en todo, también. Con sus luces y con sus contradicciones. Que supongo que esto es pedante, pero así lo siento. No es que quiera yo decir que me parezco a ella, sino que me parece que, por medio de ella, me entiendo mejor. 

Y, por supuesto, me he emocionado. He suspirado, he llorado y he reído con esta antología. Anoche leí, casi al final del todo, un par de cartas que Phyllis, el amor de su vida, y Gloria intercambiaron, y me parecieron tan naturales, tan honestas, tan sinceras... que acabé llorando porque soy idiota

En fin, para que veáis que no exagero, os dejo una imagen de cómo ha quedado el libro tras la lectura.



¿Lo recomiendo? Sin duda alguna. 

Os dejo un trocito...

Poema que luego no podré escribir

Cuando no tenga nada que catar
más que la tierra,
que un hombre rudo me dé la cucharada
(de oficio enterrador), la paletada,
aún con la boca llena de tierra,
seguiré recitando enamorada:
Te quise y aún te quiero todavía,
                         toda viva te amé,
y hoy toda muerta
el timbre de mi voz
llama a tu puerta.

Lo siento, soy así,
algo pesada.


En resumen, este libro...

Y ahora ya veré qué sigo leyendo. Solo consigo mantener el ritmo cuando la lectura me apasiona y, últimamente, no me apasiono fácilmente (lo cuál aún le da más mérito a este libro...)

¡Un beso!

martes, 4 de abril de 2017

Bajo los naranjos.



Los pétalos caían
como juramentos.
Olía a azahar
y tú no me besabas.
Se pronosticaba lluvia
aunque hacía buen tiempo.
Un pétalo cayó.
¡Llamad a la ambulancia!

Entre tus manos posé
mi corazón muerto,
la sangre de mi alma
se derramó en palabras
y comenzó a llover
aunque hacía buen tiempo
porque olía a azahar
y tú no me besabas.






He escrito hace esto ahora mismo, recordando cómo esta tarde los pétalos que se desprendían de los naranjos me atacaban con saña y violencia. Y no sé, no es gran cosa, pero me parece bonito. 

Leer a Gloria Fuertes me está poniendo insoportable, pero no me importa.

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