martes, 30 de junio de 2015

Libro: Uno más uno, de Jojo Moyes.


Leí Yo antes de ti y me encantó (a pesar de la destrucción emocional que supuso), así que supuse que tenía que leer también este libro que, me habían dicho, no era tan duro. Con esa idea en mente lo he estado leyendo durante estos últimos días de subidas y bajadas, esperas en estaciones, viajes de tren, tardes de hotel, ... Esas cosas. Y allá va la reseña.

¿De qué va el libro?

Jess es madre de dos hijos (bueno, uno de ellos no es hijo suyo, pero ¿qué más da?) especiales y apenas puede llegar a final de mes. Desde que su marido se sumió en una crisis depresiva, lucha sola sin pedirle nada para sacar adelante a los dos niños. Y lo consigue, a duras penas. Ed es un exitoso desarrollador de software que, sin verlo venir, se ve envuelto en un caso de tráfico de información privilegiada, lo cual pone su vida patas arriba. Sus vidas no se parecen en nada: él es rico y ella es su limpiadora. Y la camarera del pub donde decide emborracharse hasta perder el conocimiento. Y, sin embargo, acaban juntos en un coche junto con un joven gótico, una pequeña genio de las matemáticas y un perro flatulento. ¿Qué puede salir mal? 

Hablando del libro...

Tenían razón. Esta novela no es, ni de lejos, tan dramática como Yo antes de ti. Para nada. Entra más en el campo de la comedia romántica con algún malentendido dramático, pero nada que ver con el nivel de destrucción emocional de la otra novela. Pero nada que ver. Que no es malo ni nada, se agradece. No estaba yo para mucho drama, la verdad. Lo digo, simplemente, para que sepáis qué tendréis entre manos si la elegís.

Pero también he de decir que, ni de lejos, me ha tocado tanto como Yo antes de ti. Que tampoco pasa nada, no todos los libros te llegan de la misma manera. Esta no deja de ser una lectura muy entretenida y amena, con puntos muy divertidos, para relajarse y disfrutar, sin más. 

Me ha gustado el planteamiento. No deja de ser algo irreal, pero claro, ahí reside parte del encanto de estas novelas. Y también me ha gustado el "panorama familiar" que tiene Jess. Un chaval que parece ser gótico y al que en su barrio (un barrio de viviendas de protección oficial o algo así) llevan mártir. Pero mártir de mandarlo al hospital de tanto en tanto. Este chaval, Nicky, vive encerrado en sí mismo, en sus videojuegos y en sus porros (si no fuma, no consigue dormir, y no me extraña). Además, no es hijo de Jess, sino de su marido con otra pareja que lo abandonó. Luego esta Tanzie, una pequeñaja que tiene una capacidad inaudita para las matemáticas y a la que ofrecen una beca en un instituto privado especialmente pensado para niños de sus características. La beca cubre el 90% del gasto, y aún así su madre no puede permitirse pagar lo que falta. Vaya situación, ¿verdad? No veáis los malabares que hace la pobre Jess para intentar mandar a su hija al colegio, para darle lo que Tanzie quiere. 

Ese es, más o menos, el detonante de la trama. Convocan una Olimpiada Matemática en Escocia, cuyo premio puede cubrir los gastos del primer año de colegio de Tanzie. Jess está determinada a intentarlo, pero no tiene siquiera el dinero necesario para pagar los billetes de tren. ¡Imaginad! Y una locura lleva a otra y...

Tendréis que leerlo para saberlo, claro. Como ya digo, se lee muy bien, casi sin darte cuenta. Un buen libro para las tardes calurosas de verano, queridxs. :)

Os dejo un trocito...

-Ya. Pero la idiota soy yo. He llevado a los chicos por medio país en una especie de cuento de la lechera porque creí que podía darles más oportunidades. He contraído una deuda de miles de libras. He perdido mi trabajo en el pub. He destruido buena parte de la confianza de Tanzie en sí misma poniéndola en una situación por la que nunca debería haberle obligado a pasar. ¿Y por qué? Porque me negaba a reconocer la verdad.
-¿Qué verdad?
-La de que la gente como nosotros nunca sale adelante. Nunca avanzamos. Solo damos vueltas por el fondo.

En resumen, este libro...

4/5

A continuación voy a empezar una novela rosa que recibí gracias a Libros Alcaná, una tienda de libros de segunda mano, antiguos  y de ocasión. Con motivo del Día del Libro propusieron enviar libros sorpresa a la gente que se apuntase en su web (gracias por el toque, Lansy) y el mío me llegó justo el día antes de salir para Ciudad Real. Se titula La mujer de su hermano, de Cheryl St. John. A ver qué tal.

viernes, 26 de junio de 2015

¿Y si sí?


Mañana (ya hoy, porque son más de las doce de la noche) salgo para Ciudad Real de nuevo. Esta vez no voy de paseo, voy a jugármela, porque así lo vivo. En mi situación estas oposiciones no son un examen más, no puedo tomármelas como otras personas con las que me encontré, que van a probar, a ver cómo es. No, para mí es muy importante, es mi apuesta, mi plan para salir de esta situación de mierda. Por esas razones y por otras, que no todo el mundo conoce, esto es, para mí, jodidamente importante. Vamos, que se sale de la escala de importancia. 

Pero que sea tan, tan, tan importante, no ayuda, no es ninguna garantía. No me da ninguna ventaja, y quizá, más bien, al contrario, porque cuando me pongo a pensarlo me da vueltas la cabeza. Quizá si el mundo fuera justo, o si esto fuese un telefilm de esos cutres, todo acabaría bien, lloraríamos de alegría y sonreiríamos mucho. Pero esto no es un telefilm, creo. Así que no sé qué va a pasar. 

He hecho lo que he podido dentro de mis limitaciones. Lo he hecho, aunque me han tachado de loca en más de una ocasión. He seguido, aunque me han dicho que nunca iba a ser profesora de filosofía, no por nada, sino porque no iban a volver a convocar oposiciones, porque esa asignatura iba a desaparecer. Y tampoco estaba yo muy segura: ya me planteaba incluso opositar por Lengua, ¡por lengua!, que al primer comentario filológico me habrían echado del lugar de examen... :P

Pero bueno, contra todo pronóstico, aquí estamos. El sábado me examino. Ahora solo pido un poquito de suerte, ni que sea una mijita, para que me salga alguna de las bolas que llevo más o menos bien (ni siquiera de las que llevo bien, bien) y un comentario de texto que no me parezca imposible. Solo quiero la oportunidad de demostrar cuánto he trabajado. Porque de cuántas ganas tengo de ser profesora no se hacen una idea (y eso que no está pagao, ¿verdad Ro?)

No os preocupéis, no es que esté triste. Es otra cosa. Supongo que es como los toreros cuando van a salir a la plaza (no soy yo muy fan de la tauromaquia, pero la metáfora me parece acertada), que por mucho que hayan practicado y aunque hayan toreado en peores plazas, nunca se sabe si ese toro va a ser el último. Es algo así. 

Pero...¿y si ? ¿Y si la suerte que no he tenido durante este tiempo se ha estado acumulando para este momento? ¿Y si me sale uno de esos temas que me sé y que me gustan? ¿Y si el texto me inspira más que ninguno que haya hecho antes? ¿Y si apruebo? ¿Y si en septiembre me toca entrar a trabajar en un aula? (Y no hablo de ser funcionaria, hablo de trabajar) ¿Y si sí? 

Quizá es una locura, puede. Pero yo últimamente, para tranquilizarme, no hago más que buscar señales. Y oye, para algo me examino en Ciudad Real, con la calle Tomás de Aquino al lado del instituto, con el parque Gasset (que ya, que no es por el filósofo, pero da igual). Al caballero que da nombre al instituto en el que me examino lo conocían como "El de las Hazañas" y, por si fuera poco, estamos en tierra de Don Quijote, el loco más grande de todos los tiempos y el más célebre. Yo qué sé. ¿Y si esta es la mía? ¿Y si me sale bien? 

Voy a intentar sujetar ese pensamiento por lo menos hasta el sábado por la mañana. Con suerte después del examen puedo darle la razón a estas fantasías. 

No quiero acabar esta publicación sin daros las gracias por el apoyo y los ánimos a todos. A Ro (gracias, gracias, gracias por todo), a Perri, por devolverme la suerte a tiempo, a Geralt, por creer que tengo el aprobado solo con cómo escribo, a Rosa, por acordarse y por sus emails, a mi Runa de mi vida, por los ánimos, a Carlota, por esa coletilla (¿y si sí, paisana?), a Lansy por su buen humor contagioso, a Mandarinalia y Pequeña Princesa, por la foto que ellas saben, a Letraherido, por los ánimos y por la canción de Loquillo, a Papish por años de cariño y apoyo. ¿Se me olvida alguien? Seguro que sí, y creedme que ya lo siento, pero la cabeza no me da para más ahora mismo.

Estaré -supongo- por Twitter dando la vara y compartiendo nervios. Vengo usando el hastag #OpoBettie, por si a alguien le interesa. Ojalá el sábado pueda dar buenas noticias.

En fin:

Queridos opositores: dan comienzo los Juegos del Hambre.
 Y que la suerte esté siempre de nuestra parte.


miércoles, 24 de junio de 2015

La chica de las llaves.

Este relato es, como no, para Rosa, que me ha prestado su nombre "oficioso".


Su postura era de todos menos lo que se dice formal. La cabeza, sobre las palmas de las manos y los codos sobre el mostrador. Le faltaba muy poco para dejarse caer sobre él. Lo peor de todo es que habría dado igual: hacía varias semanas que los clientes eran un fenómeno anecdótico. Las mismas que llevaba ella trabajando en la ferretería. 

Todavía no sabía cómo había conseguido el trabajo, pero lo había hecho: sería la encargada de hacer las llaves. Se sentía orgullosa, pues no era muy común ver a una chica trabajar en una ferretería. Se veía a sí misma como una de esas pioneras que habían luchado por la igualdad de las mujeres. Aunque si la cosa seguía así dejaría de serlo muy pronto. Su jefe estaba arrepintiéndose de haberla contratado. También se había dado cuenta de que el negocio iba cuesta abajo desde que ella estaba allí y no eran meras sospechas: alguno de los clientes habituales le había dicho que no dejaría que una mujer pusiese las manos en sus llaves, que las llaves son cosa de hombres. Seguro que después de aquello le dio un par de codazos y le guiñó un ojo, intentando que se diese cuenta de la metáfora sexual. 

En estos pensamientos se encontraba cuando una tos fingida la sacó de su ensueño. Se levantó rápidamente pero no vio a nadie frente a ella. Bajó la vista hasta encontrar unas manitas cogidas al borde del mostrador y una cabecita que apenas sobresalía, a pesar de que su portador estaba de puntillas. 

-Buenos días, señora. ¿Aquí hacen llaves?

-Sí, a eso nos dedicamos.

-¿Y las hace usted? -preguntó el niño.

"Joder", pensó ella, "sí que empiezan desde pequeños".

-Sí, las hago yo -respondió con la voz cargada de hastío.

-¿Podría hacerme una llave? -preguntó el niño.

-¡Por supuesto! ¿Qué llave quieres que te haga? -respondió feliz ante la perspectiva de hacer su primera copia.

-La llave de la felicidad -contestó el pequeñuelo.

La boca de ella se abrió sin poder contenerse. ¿La llave de la felicidad? Sin duda aquel pequeño había estado escuchando aquel programa de autoayuda que se había puesto de moda: "Lo único que necesitas es encontrar la llave de la felicidad y todas las puertas se abrirán ante ti". Era una manera ñoña de decir que para que se te presenten buenas oportunidades tienes que ser feliz y caminar por la vida con la sonrisa puesta, hasta cuando te pateen el culo. Y si no te va bien, es porque no sonríes con la suficiente fuerza. Pobre criatura.

-¿Y para qué quieres tú esa llave? ¿No eres feliz? -preguntó con ternura.

-Un poco. Pero la quiero para mis papás. Mi papá necesita un trabajo y mi mamá llora a todas horas. Hoy no le he pedido la merienda para que no llore más. Siempre que le pido comida, llora.

Ella tenía preparada una respuesta ingeniosa que había visto en una viñeta: "Para hacer la copia de una llave necesito la original", pero después de aquello no se sintió capaz. Se quedó mirando fijamente al niño sin decir nada.

-No se preocupe si no puede. Ya me han dicho que esa llave no existe en otras seis ferreterías...

Un fogonazo cruzó su mente. 

-¿Quién te ha dicho eso? No es cierto. Es solo que es una llave muy complicada y solo pueden hacerla los mejores artesanos. Por suerte yo soy la mejor de todos. Pero no puedo dártela ahora. ¿Volverás mañana? 

El niño no dijo nada, se limitó a asentir mientras esbozaba una sonrisa imposible. Salió corriendo de la tienda pero se detuvo un instante para mirar atrás, como si temiese que le hubieran tomado el pelo.

Ella pasó la noche con las manos en la masa, intentando conseguir esa llave. Al día siguiente la llevó al trabajo y esperó con inquietud a que, a media tarde, volviese a parecer su primer y único cliente.

-¿La tiene?

-Claro que la tengo. Pero pesa un poco. ¿Crees que podrás con ella?

El pequeño respondió afirmativamente con una seriedad que no pegaba con su rostro infantil. Entonces ella sacó una enorme bandeja de horno y apartó el trapo que la cubría. Ante ellos apareció un enorme pastel de hojaldre con forma de llave. 

-Pero...esto es un pastel...

-Claro. ¿Tú crees que la llave de la felicidad iba a ser una simple llave? Tiene que ser algo que os haga felices. Seguro que a tu mamá y tú papa les hace muy felices compartir este pastel contigo para merendar. 

El niño la miró con recelo y ella añadió.

-Además, así la llevaréis siempre con vosotros. Vayáis donde vayáis, llevaréis un trocito de la llave de la felicidad.

El niño lo pensó un momento. Después preguntó:

-Pero, ¿seguro que funciona? 

-Claro. Además tiene garantía. Te haré una hasta que tu papá encuentre trabajo, ¿qué te parece? 

-Está bien. ¿Cuánto le debo? -dijo, sacando de sus bolsillos dos puñados de céntimos descoloridos.

-Nada. Es parte de la garantía. Cuando tu papá tenga trabajo lo hablamos, ¿trato?

El niño, de nuevo muy serio, extendió la mano sobre el mostrador para estrechársela.

-¡Ah! ¡Toma! Para que pase mejor. Leche de la felicidad. 

La muchacha le tendió una bolsa con una botella de cristal que contenía batido casero de chocolate. Había adornado la botella con un lazo de color rojo. 

***

Al día siguiente faltó al trabajo por la mañana, pues tenía una cita con el médico. Por la tarde, cuando llegó, encontró a su jefe esperándolo en la puerta.

-¡Rosiña! ¿Qué has hecho? -preguntó a bocajarro.

Ella lo miró confusa, sin saber a qué se refería.

-Durante toda la mañana han estado viniendo personas preguntando por la chica de las llaves. Me he ofrecido a atenderles yo, pero no me han dejado. 

Rosa no entendía nada, pero bastaron unos minutos para aclarar la situación. Por la puerta entró un hombre de cabello cano tocado con una gorra, que caminaba encorvado y arrastrando los pies, como si el peso de la vida se le hiciese insoportable.

-A las buenas tardes. ¿Es usted la chica de las llaves?

-Sí, señor, yo soy. ¿En qué puedo ayudarle? 

-Ya me ha ayudado bastante. Vengo a darle las gracias por el pastel que le hizo a mi nieto. No sabe lo que ha significado ese gesto para mi hija y su familia. Yo... hago lo que puedo, ¿sabe? Pero mi pensión se va en el pago de la residencia y... -el anciano sorbió la nariz, aguantándose el llanto- Es bueno saber que hay gente dispuesta a ayudar -dijo sonriendo-. Voy a devolverle el favor. Conozco a muchos viejos como yo que, por desgracia, tienen muy mala memoria. Espero que lo de hacer llaves de la felicidad le deje tiempo para hacer llaves normales, señorita. 

El anciano se despidió tocándose  la visera de la gorra y se marchó. 

Desde ese momento no volvió a ver su puesto de trabajo en peligro. Además, por suerte, solo tuvo que hacer cinco pasteles más para su primer cliente. Al parecer se habían salvado mutuamente.

Hace ya tiempo de eso, pero a Rosiña se la sigue conociendo como "la chica de las llaves" en el barrio y a ella, cada vez que oye su nombre oficioso, vuelve a temblarle el corazón de emoción como el primer día.

***

Este relato es una mezcla de el nombre oficioso de Rosa, que me encantó nada más leerlo, y de una viñeta de Mafalda que leí hace muchos años, en mi libro de Ética del instituto. Espero que os haya gustado, especialmente a Rosa. 


martes, 23 de junio de 2015

Libro: Rebeldes, de Susan E. Hinton.

Hablando de literatura juvenil, Letraherido me recomendó este título de Susan E. Hinton que, por lo que he podido ver últimamente, es un clasicazo que muchos de vosotros habéis leído en vuestros años mozos y al que tenéis bastante cariño. Pues bien: yo no lo conocía. Pero nunca es tarde si la dicha es buena, que dicen.

¿De qué va el libro?

Ponyboy vive con sus hermanos, Darry y Sodapop, solo con ellos, en un barrio pobre. Bueno, también está la pandilla. Son greasers. Como tales, tienen que sufrir los ataques de los socs, los niños bien del barrio rico. Esas escaramuzas ocupan gran parte de su día a día, bien sea en acto o en pensamiento. Sin embargo, un día la situación se les escapa de las manos y Ponyboy acaba metido en un buen lío.

Hablando del libro...

Como ya he dicho, no conocía Rebeldes. Esperaba, no sé por qué, una especie de libro sobre bandas rivales, casi tribus urbanas. Incluso una especie de Romeo y Julieta moderno. Fallo total. Se trata de algo más profundo, supongo. Una versión un tanto desvirtuada de la lucha de clases. Los socs y los greasers no se odian porque les gusten distintos tipos de música, o porque vistan diferente. Se odian porque unos lo tienen todos y los otros son desposeídos. Es resentimiento de clase, de ese que se mama desde la cuna en las sociedades desiguales. Unos beben la hiel del rencor al ver que, mientras pasan penalidades, otros viven como quieren, "sin preocupaciones", o eso creen. Otros solo sienten que su victoria es completa cuando, además de tenerlo todo, pueden restregárselo por la cara a los que no lo tienen. Ambas clases son como el agua y el aceite, nunca se mezclan y, además, son percibidos por la clase contraria de una manera abstracta, como arquetipos: los greasers o los socs no son personas. Son greasers o socs, nada más.

Pero claro, la realidad nunca es tan simple y, a poco que se aparca un poco el odio -si se es capaz, que no siempre es así-, se descubre que no todo es tan claro y tajante como lo habíamos pensado. Y, a veces, como es este caso, se aprende a las bravas. 

Es este aspecto, el de la desigualdad, el que más me ha llamado la atención de la novela. Me alucina que una chavala de 16-17 años pudiese escribir algo así, plasmarlo con tal lucidez y, al mismo tiempo, sin perder la honestidad. Me resulta casi increíble que Susan E. Hinton consiguiese pintar este cuadro a esa edad. ¿Qué cojones he hecho yo con mi vida todo este tiempo? xD

La historia se narra en primera persona, desde el punto de vista de Ponyboy, con un lenguaje que es rico, pero lleno también de jerga. Al pertenecer Ponyboy al bando de los greasers, es este lado del conflicto el que vemos con más detalle. La descripción de los personajes de la pandilla es sublime. Cada uno tiene su personalidad, sus luces y sus sombras y, a pesar de su edad, cada uno lleva su propia cruz a hombros. Son niños... Nada más que niños. El mayor creo que ronda la veintena... No quiero desvelar nada concreto, pero es descorazonador. Y real. Donde muchos ven a delincuentes juveniles y carne de presidio, lo que hay es una historia de pobreza, discriminación, abandono, dureza,... Golpes y más golpes. De la vida, y de los otros. 

Cosas que pasan -y es normal que pasen con esta situación-, Ponyboy y su amigo Johnny acaban metidos en un lío y de los gordos. No quiero hacer spoilers. Pero de nuevo la autora consigue mostrar que no todo es blanco o negro y que a veces eso de la libertad, de poder hacernos nuestro propio camino, es más una ilusión que otra cosa. (Me ha dejado un poco hecha polvo la novela, la verdad XD)

Hay un fragmento del libro en el que se habla de una gran pelea entre greasers y socs y se reflexiona sobre ello. Y uno de los greasers dice que, incluso aunque les den una buena paliza, ellos seguirán teniéndolo todo, y los greasers seguirán siendo pobres como ratas. Como si no hubiese manera de ganar cuando, al nacer, traes la palabra "perdedor" bajo el brazo.

Como digo, es una novela dura. Eso no quita que sea una buena novela (muy buena) y que sea adecuada para jóvenes (no todo son historias de amor y distopías). No resta, tampoco, que sea hermosa en cierto modo. Me recuerda un poco a American History X, me deja la misma sensación. Y también una enseñanza parecida. 

Y pensar que una novelita tan, tan breve, pueda decir tanto. 

Os la recomiendo mucho.

Edito para añadir que me parece un poco criminal la traducción del título. Yo, y más después de leer la novela, no traduciría The outsiders por Rebeldes. No creo que tenga las mismas connotaciones. Los outsiders son los marginados, los que quedan fuera del sistema, los inadaptados. No sé, no soy traductora, pero creo que otro sustantivo le podría hacer más justicia al título original y a la historia.

Os dejo un trocito...

Aún seguía pensando en ello mientrs esa noche hacía en casa los deberes. Tenía que leer Grandes esperanzas para la clase de Lengua, y ese chaval, Pip, me recordaba a nosotros ,por cómo se sentía marcado y sucio por no ser un caballero, y por cómo lo despreciaba aquella chica.  Eso me había ocurrido una vez. Una vez, en Biología, tenía que disecar una lombriz, y la cuchilla no cortaba, así que utilicé mi navaja. Justo en el momento en que la abrí -debí de olvidar qué estaba haciendo, pues de otro modo nunca lo huibese hecho- la chica que tenía al lado dio un gritito y dijo: "Tienes razón. Eres un hood". Lo cual hizo que se me subieran los colores. En aquella clase había un montón de socs -siempre me ponen en los grupos "A" porque se supone que soy inteligente- y a la mayor parte aquello le pareció muy divertido. A mí no, desde luego. Era una chica bien guapa. Estaba preciosa, toda de amarillo.

Llamadme ñoña, pero me parece una historia tristísima :( Casi puedo sentir lo que sintió Ponyboy... Por cierto, no perdáis detalle: ¿Por qué será que en los grupos "A", los de los listos, la mayoría son socs? Ejem. Como ya digo, a esta novela, para estar escrita por una adolescente, no le falta detalle. 

En resumen, este libro...

5/5
Ahora... ¿qué voy a leer ahora? Ni idea, no he tenido tiempo ni de pensarlo. Algo se me ocurrirá. :)

lunes, 22 de junio de 2015

Maneras de decir las cosas.

Esta mañana me han robado un buen rato de estudio, pero tampoco me ha sabido muy mal. Han llamado al timbre y era mi nena, que venía a darme las gracias por haberla ayudado a pasar de curso. ¡Hasta me ha traído una rosa! (Me la ha dado sin palabras, porque se muere de vergüenza). Mientras estaba en Ciudad Real recibí un mensaje de su madre, lleno de gratitud, diciendo que si no hubiese sido por mi ayuda habría repetido. No voy a caer en la falsa modestia: es así. Pero no es porque yo haya hecho la gran cosa, sino porque mi nena estaba ya convencida de que era tonta, incapaz, y de que no importaba qué hiciese, lo suyo era suspender. Supongo que yo le ayudé a darse cuenta de que eso no era así, de que no era más tonta que nadie, de que si se esforzaba podía conseguirlo. Y se ha visto. En tres de las cuatro asignaturas ha pasado del suspenso-suspensísimo al notable. 

Estaba guapísima, feliz, sonriente. Agradecida. Me siento muy querida cuando ella se abraza. ¡Hasta se ha cortado el pelo igual de corto que yo! Aunque ella lo tiene liso y con flequillo y está monísima. 

Pero bueno, no es de eso de lo que quería hablar. Que me ciega el amor y me lío xD 

La cuestión es que estábamos hablando de libros y películas que puede sacar de la biblioteca (ha dicho que va a decirle a su madre que la lleve a hacerse el carnet O_O) cuando me ha dicho:

-Pues el maestro me puso en las notas que había pasado por los pelos y que si no me esforzaba, iba a repetir en cuarto. 

Yo la he mirado sujetando la rabia. Ya os lo he dicho otras veces, pero hay muchas maneras de decir las cosas. Entiendo que esa advertencia era pertinente, pero, ¿en serio es lo que se te ocurre decirle a una chiquilla que suspendía con doses y ha pasado a aprobar tres de las cuatro asignaturas que suspendía con sietes? ¿EN-SERIO? No sé, quizá un: "Te has esforzado mucho y has conseguido pasar de curso. Sigue así y no te confíes para cuarto. Enhorabuena". O algo. Yo qué sé. O no pongas nada. Pero no le chafes la guitarra a la criatura, que detrás de ese progreso hay un esfuerzo del que no tienes ni idea (aunque deberías).

Y entonces ha seguido hablando con esa inseguridad que veía al principio y que todavía veo a veces.

-No, si yo no entiendo cómo he pasado. Pensaba que iba a repetir. Y que me iban a suspender plástica. Porque dibujo muy mal, y entonces...

-Claaaaaaaaaaaaro -he respondido yo-. Tenías que repetir porque eres tan, tan, tan tonta, ¿verdad? -Y tras una mirada asesina he añadido- Como vuelvas a decir eso, te muerdo un pie. 

Mi nena se ríe y a mí el corazón me da saltos. Pero cuando se va me quedo llena de pena, porque parece que todavía hay quien no se da cuenta de que la pedagogía "Whiplash" no funciona con todo el mundo, ni siquiera con la mayoría, ni de que el refuerzo positivo puede obrar milagros. En fin.

 

domingo, 21 de junio de 2015

#OpoBettie, parte 1.

Bueno, como algunos ya sabéis, ayer era la presentación de las oposiciones de secundaria en Castilla-La Mancha. Así que con motivo de algo tan importante como decir mi nombre para ver mi DNI, tuve que irme a Ciudad Real. 

Salí para allá el viernes por la mañana. Mi hermano me llevó a la estación de tren más cercana. Se despidió de mí con dos besos en los que noté cierto nerviosismo contenido, al igual que durante el viaje, mientras me preguntaba si el examen era ese sábado o si tenía que hacer algo. Es nerviosismo contenido y no expresado porque supongo que mi hermano, como mi padre, esperan que saque plaza a la primera, porque es lo que tengo que hacer. Para eso soy la lista de la familia, la universitaria, la que siempre ha sacado buenas notas. Así que más que nerviosismo es expectación. Y no os hacéis una idea de cuantísimo pesa. Pero bueno.

Estas oposiciones van a ser una excusa para viajar en tren. Adoro el tren. Creo que es mi medio de transporte favorito. El paisaje era monótono (cruzar La Mancha es lo que tiene) pero relajante. Delante de nosotros (Jack está conmigo) iba una pareja de jovenzuelos que, por lo que vi, opositaban por Física y Química. No paraban de estudiar y yo, la verdad, me sentía un poco culpable, porque no me llevé un mísero papel. Todo iba bien hasta que en Alcázar de San Juan subió una señora entaconada y vestida de blanco (cual salida de una fiesta ibicenca) y se sentó en nuestro vagón. Acto seguido sacó un ALTAVOZ PORTÁTIL de su bolsa y enchufó un pendrive. ¿Y qué pensáis que hizo? Efectivamente, amenizarnos el viaje con reggeton. 



Acto seguido la menda se puso a maquillarse, pero no contenta con imponernos su música,...


En fin, nos lo tomamos con humor. El futuro profe de física y química de delante, no tanto.

Llegamos a Ciudad Real y a partir de ahí todo fue muy surrealista. Salimos un poco despistados de la estación, y nos dirijimos hacia la primera marquesina de autobús que vimos. Justo cuando íbamos a medio camino, cruzando la calle, vi nuestro bus. 

-¡Es ese! ¡Es ese!

Confiados en que lo perdíamos, cambiamos el rumbo, pero, ¡milagro!, no lo perdimos. Para nada. Y, que conste en acta, ¡tampoco nos perdimos! Bajamos justo en la parada cercana a nuestro hotel. Raro, raro, raro. Cuando llegué, todo en orden, no se había perdido mi reserva ni nada por el estilo. La chica de la recepción, amable y sonriente, nos dio la llave y demás. Vio que cogía un plano de la ciudad (no por intereses turísticos, sino más utilitarios) y se ofreció a darnos información sobre la ciudad. Subimos a la habitación y yo ya sentía un buen rollo importante, la verdad. Se acrecentó al ver el baño limpísimo y todo en orden. Nos refrescamos un poco y bajamos al supermercado a comprar algo para comer. Y llegué a una conclusión: todas las personas cívicas, o casi todas, viven en Ciudad Real. Vi una ciudad SÚPER LIMPIA en la que pasaban cosas muy raras. Por ejemplo: los coches paran en los pasos de cebra. Sí, ya sé que es lo que debe hacerse, pero no en todas partes se hace. Es más: cuando ven que te acercas de lejos, ya frenan. Alucinante. De todos los pasos de peatones que crucé, solo en una ocasión alguien no frenó al vernos a distancia (la excepción que confirma la regla). 

Pero eso no es todo. Por la tarde, cuando se suponía que debía de haber refrescado un poco (pero no) fuimos a buscar el instituto donde me examinaré, y en el que tenía que presentarme al día siguiente a saludar. Después del paseo volvimos hacia el centro porque me apetecía tomar un helado y relajarme en el Parque Gasset (que no es por el filósofo, pero a mí me vale). Habíamos comprado una botella de agua porque estábamos más secos que la mojama y la llevábamos en la mano. Entramos a comprar un helado a un comercio regentado por una chica china. Pedí el helado con más chocolate del cartel (xD) y pagamos. Una vez pagado la chica nos dijo que si queríamos una bolsa para la botella y le dije que no, que no la habíamos comprado ahí, que ya la traíamos de fuera. A lo que ella contestó:

-Ya, lo sé. Pero para que no la llevéis en la mano...



Damos la gracias y nos encaminamos hacia el parque. Pasamos por entre un montón de ciclistas y patinadores monísimos. Nos sentamos en un banquito a la sombra y vemos a la gente pasar. Me siento flex en ese momento. Esa ciudad me da un buen feeling rarísimo. Le digo a Jack que ahí será donde saque la plaza. Que sí. Y en un momento efusivo al máximo subo una foto a IG. 
Una foto publicada por bettie (@cuadernoderetales) el

Mola. Se oía a los pajaritos cantar al fondo, el sonido de las fuentes, ¡y jazz! Jack decía que debía de ser un CD que tenían puesto en algún chiringuito o similar, pero no. Antes de irnos fuimos a ver la Fuente de Talavera y nos encontramos, al fondo, a un saxofonista y un trompetista tocando. ¡Sonaban fenomenal! Os prometo que en aquel parque no albergué duda alguna de que todo me iba a ir bien.


Tomaremos ejemplo del loco más célebre de La Mancha. Lucharemos contra los molinos (que no son gigantes invencibles) y esperaremos salir mejor parados de la justa.

Volvimos al hotel, cenamos un poco y leí muy poco (estaba muerta-moría-matá). Ahí tuvimos el fallo: dormí regular. A las 6.19 (lo miré en el reloj) me desperté y desvelé. Estuve dando vueltas hasta las 8 que sonó el despertador. Nos arreglamos, desayunamos algo y yo, que me encontraba mal, quise salir a la calle y hacer camino hacia la sede de examen, pensando que el aire me sentaría bien. Y así fue. Eso sí, llegamos al sitio más de una hora antes de tiempo. Cosas que pasan.

Estando allí me encontré a mi profesora de 1º de Bachillerato que no, no estaba de tribunal, sino opositando. Hace 11 años que me dio clase y sigue opositando. Me dio un poquillo de bajón. Al principio no se acordaba de mí, pero cuando le dije mi nombre me recordó. Flipó un poco con lo de que, con mis notas, hubiese decidido hacer Filosofía. Y flipó más cuando me preguntó y le contesté que no había pisado una academia. Glups.

Poco después nos llamaron. Aunque no había reparto oficial nos distribuyeron por tribunales. A mí el número (2) no me gustó, pero los miembros del tribunal sí, así que espero que no me cambien :P Me sorprendió ver que éramos muy pocos los novatos en relación con los profesores veteranos (alguno me pareció que estaba próximo a jubilarse, re-glups!). Y también me sorprendió ver que algunas de esas personas que también habían sido novatos una vez eran tan poco comprensivas con los nervios y las dudas de esos opositores primerizos. Pero bueno.

Esperábamos algún tipo de información, pero nada. Enseñamos el carnet y nos mandaron para casa. Por lo que he visto, en cada tribunal y especialidad hicieron una cosa. En algunos les sentaron en aulas y les dieron información. En otros ni siquiera admitieron preguntas. Menudo jaleo. Así que, a pesar de ir solamente para eso, nos volvimos casi con las mismas dudas. En fin. A pesar de todo salí con el ánimo alto, creyendo que no iba a ser para tanto la cosa. (Alucinante XD)

Al salir nos fuimos a comprar una botella de agua y cogimos el autobús para ir a la estación de tren. De nuevo, mientras llegábamos, llegó él bus. De nuevo, ni tuvimos que esperar ni lo perdimos por segundos. Flipé mucho y muy fuerte. ¡Hasta pillamos asiento! El autobús nos dio una vuelta por las afueras de la ciudad y llegamos a la estación. Comimos en un MacDonalds de enfrente y me permití el lujo de tomarme, también, un MacFlurry.  No soy muy fan del MacDonalds, pero es lo que había allí cerca... xD

Después pasamos un buen rato en la sala de espera de la estación, hasta que llegó nuestro tren. Durante ese rato vimos pasar a unas personas corriendo hacia los andenes. Después, corriendo de vuelta, mientras una decía: "Estoy hasta el coño de esta ciudad". Y yo, flipando, claro. ¡Yo estaba encantadísima con Ciudad Real! Poco después llegaron la pareja de futuros profes de Física y Química con los que volvimos a coincidir en el tren (aunque no en los asientos). Por suerte la señora del altavoz no estaba.

Pasé el viaje de vuelta con algo más de nervios. Para colmo de males, delante de mí había una chica, también opositora de filosofía, que no paró de estudiar. Yo decidí ponerme mi banda sonora opositeril e intentar descansar. Llegamos puntuales y mi padre ya estaba esperándonos.
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Hoy estoy con el humor un poco revuelto. Me temo que es síndrome de abstinencia de Ciudad Real xD. Eso, o que las otras dos provincias que convocaban filosofía tuvieron su examen ayer y ha sido una escabechina -o eso me parece. Ni siquiera el sorteo de temas me habría sido demasiado favorable (aunque en ambos cayó un tema al menos de los que me he estudiado). No sé. A ver si con el paso de la semana lo veo más claro. O cuando vuelva a Ciudad Real...


jueves, 18 de junio de 2015

Libro: El efecto matrimonio, de Graeme Simsion.

Hace unos días leí El Proyecto Esposa, de Graeme Simsion. Me pareció tan divertido que cuando me enteré de que tenía una segunda parte supe que tenía que leerla.Vamos allá con la reseña. 

¿De qué va el libro?

Don Tillman, contra todo pronóstico, consigue conquistar a Rosie y ella accede a casarse con él. Su vida es perfecta y Don ya se ha acostumbrado a los rituales y a la ausencia de ellos. Justo cuando empieza a acomodarse en esa estabilidad un terremoto sacude su mundo: Rosie está embarazada.

Hablando del libro...

Ya os comenté en la reseña de la primera parte que Don Tillman es un personaje altamente inteligente, pero un poco-bastante inepto social. Nadie, ni siquiera él mismo, acaba por comprender cómo una mujer como Rosie (la mujer más guapa del mundo, según sus palabras) ha acabado a su lado. De hecho, yo diría que pasa los días esperando a que ella se de cuenta de su "error". 

Podéis imaginar que si Don no está seguro de poder ser un buen marido, cuando hablamos de ser padre... Y no sé, me da la sensación que todas las inseguridades que tiene provienen, no de sí mismo, sino de lo que la gente espera (o no espera) de él. Este aspecto me ha parecido muy interesante: ya sabéis que los personajes inadaptados son de mis favoritos.

Sin embargo, hay que reconocerlo, esta novela tiene menos frescura que la primera, o quizá es que el concepto ya no es tan novedoso. Además, aunque Don sigue teniendo esos puntos graciosísimos, tampoco me he reído tanto. Supongo que era difícil mantener el nivel. 

¿La recomendaría? Bueno, recomiendo la primera parte. Y si la primera te gusta, supongo que tendrás que desengañarte por tu ojo con esta. :)

Os dejo un trocito...

-Recomiendo que seas lista, pero no superdotada. A menos que lo único que te importe sean los números. Los matemáticos profesionales suelen ser ineptos sociales de por vida.
-A lo mejor por eso todo el mundo dice cosas feas de mí en Facebook.
-¿Todo el mundo?

Se echó a reír.

-No, solo un montón de niños.
-¿No puedes instalarte un filtro?
-Puedo bloquearlo, pero no quiero. Prefiero ver lo que dicen. Aún son mis amigos, en cierto modo. Parezco tonta, ¿verdad?
-No. Es normal querer información. Y también es normal querer gustar a los demás. ¿Existe alguna amenaza de violencia?
-No. Solo dicen tonterías. 
-Probablemente porque son tontos. Las personas muy inteligentes suelen sufrir acoso, porque son distintas. Lo que las distingue es su inteligencia.

Fui consciente de que yo no sonaba muy inteligente.
En resumen, este libro...

3.5/5

Ahora voy a empezar Rebeldes, de Susan E. Hinton, recomendación de Letraherido. A ver qué tal. Es bastante breve, así que supongo que no me durará mucho. :)

miércoles, 17 de junio de 2015

Retales musicales: BSO - Banda Sonora Opositeril

La vida sin música sería un error, según Nietzsche. Sin arte, en general, la vida sería un error. Pero la música, en concreto, tiene sobre mí un poder impresionante. No soy una melómana que disfrute de la teoría: apenas sé nada de música. Sin embargo, disfruto muchísimo escuchándola. Supongo que es lo que tiene el arte :)

Como se avecinan tiempos turbulentos, se me ocurrió que sería una buena idea preparar una lista de reproducción con canciones que pudieran serme útiles en el trance opocalíptico. Canciones para animar, para motivar, para relajar, para soltar tensión,... 

Ayer estuve apuntando en la agenda las canciones que se me iban ocurriendo, y ya tengo mi lista a punto. Por si a alguien le interesa, aquí os dejo los títulos y por qué he elegido esa canción. Me temo que será un post largo, porque mi idea era coger 20 o 30 canciones. Hay 42 finalmente. ¡Ups! xD

  1. Hijo de nadie - Loquillo. Me la descubrió Letraherido, porque yo de Loquillo he escuchado muy, muy poco. La verdad es que es una canción que motiva bastante, que habla de que a veces, cuando naces en según qué sitios, no te queda otra que pelear. Rendirse no es una opción.
  2. Girl on fire - Alicia Keys. Es una canción que me inspira mucha fuerza. Además me recuerda a Katniss, y puesto que esto son mis particulares Juegos del Hambre, pues... XD
  3. Hoy puede ser un gran día - Serrat. ¿Qué decir de esta canción? El estandarte del pensamiento positivo, pero lo cierto es que su optimismo es contagioso.
  4. Uprising - Muse. Una canción que a mí me suena a revolución. Y bueno, esto para mí es también una pequeña revolución que espero que triunfe. Los pequeños podemos hacer grandes cosas.
  5. The Eye of the tiger - Survivor. Muy mítica, muy Rocky. Esta canción no podía faltar, ¿verdad Jack? xD
  6. No queda sino batirnos - Mägo de Oz. Mägo es bastante ñoño, pero a mí esta canción me recuerda a Alatriste. "No queda sino batirnos, no queda sino luchar". 
  7. The final countdown - Europe. (ninonino, ninoninoniiii). Pues eso. Que ya falta poco para eso que he estado esperando tanto tiempo.
  8. Show must go on - Queen. Ya os hablé de esta canción aquí. Nada más que añadir. Tenía que estar.
  9. Fighter - Christina Aguilera. El mensaje de esta canción me encanta: "Dolió, pero sigo viva. Me hiciste más fuerte, más sabia, más resistente, así que, gracias". 
  10. Here comes the Sun - The Beatles. No hay invierno que dure para siempre. A ver si en mi largo invierno empieza ya a salir el sol.
  11. Canción del pirata - Tierra Santa. Me pone a tope de energía. 
  12. Cerca de las vías - Fito y Fitipaldis. Encontré esta canción en un momento bastante chungo de mi vida. Ya entonces me ayudó a poner las cosas en perspectiva y, desde ese momento, tiene ese efecto en mí.
  13. Dream - Dean Martin. No podía faltar una canción sobre sueños. Me gusta especialmente uno de sus versos: "Things never are as bad as they seem..."
  14. Make your own kind of music - Mama Cass Elliot. Buen rollo al máximo. 
  15. Run - Amy MacDonald. Hay que darlo todo, aunque nadie nos entienda.
  16. Candombe para olvidar - Ismael Serrano. Porque ya hemos hincado la rodilla bastantes veces. Ahora no valen las derrotas.
  17.  Quisiera - Ismael Serrano. Una de esas canciones que me pone la sonrisa y me hace bailar siempre.
  18. Je veux - Zaz. Una canción preciosa que recuerda que lo importante no es tener, sino ser.
  19. A dream is a wish your heart makes - BSO Cinderella. Muy chula. "No matter how your heart is grieving, if you keep on believing, the dream that you wish will come true". Ojalá.
  20. Feeling good - Muse. Potentísima esta canción, y en esta versión, brutal.
  21. Can't take my eyes of you - Muse. Para dar saltos y quitarse el estrés.
  22. All that jazz - Chicago. Me encanta Chicago, y todas sus canciones, pero ya que tenía que escoger una, pues esta, que es un chute de energía brutal.
  23. Tomorrow - Annie. Mañana es el día donde nada es seguro y todo es posible. 
  24. It don't mean a thing (if I ain't got that swing) - Tony Bennet y Lady Gaga. Un poquito de swing, por favor. 
  25. We are the champions - Queen. Y no porque hayamos ganado nada -aún no-, sino porque lo hemos dado todo.
  26. Cinco minutos - La Fuga. "Será mejor seguir en pie, van a subir las olas. No será fácil mantener las ganas en vela". Pues eso. Hay canciones de La Fuga que me recargan. Esta es una de ellas.
  27. Malos despertares - Marea. Tenía que poner algo de Marea. Quizá no es la elección más adecuada, pero bueno, me relaja mucho esta canción, así que supongo que servirá.
  28. The rains of Castamere (versión arpa). Todos tenemos garras. Habrá que usarlas. 
  29. Under pressure - Queen. Temazo. Y como también estoy un poco "under pressure", pues... xD
  30. Do you hear the people sing? - Les Miserables. Epicidad hecha música. Me quita todos los males cuando la escucho. Y cuando la canto. Para soltar mal rollo y nervios, perfecta.
  31. La leyenda del tiempo - Camarón. Una de mis canciones favoritas, preciosa y maravillosa. No podía faltarme. Además, es dos por uno: Camarón y Lorca.
  32. The fool on the hill - The Beatles. A veces no entienden lo que hacemos. Eso no implica que estemos locos. 
  33. Candyman - Christina Aguilera. No soy muy fan de Christina Aguilera, pero adoro su disco Back to Basics. Esta canción da un buen rollo que te mueres. Suena mucho a The Andrew Sisters y es muy sinvergüenza. Lo adoro.(El videoclip aquí)
  34. Honey, honey - BSO Mamma Mia. Hablando de canciones sinvergüenzas y picantonas XD Con esta me encanta hacer playback. Genial para quitar nervios.
  35. Las chicas son guerreras - Coz. Esta canción no necesita ni explicación XD
  36. Tu susurro - Ismael Serrano. Esta canción siempre me hace sonreír y me pone de buen humor.
  37. Live your life - MIKA. Mika es el portador del buen rollo. Podría haber elegido esta canción o cualquier otra XD
  38. Girls just wanna have fun - Cyndi Lauper. Pues eso. Otra para bailar, hacer el chorra y quitarse los nervios. Si pudo parar un motín en un aeropuerto... xD
  39. Camins - Sopa de Cabra. Esta canción es bastante especial para mí, así la siento, y sin embargo no tengo una razón particular. La cuestión es que escucharla me hace sentir bien. 
  40. Cantares - Serrat. También tenía que llevarme a Machado, que me da suerte. 
  41. Happy - Pharrell Williams. Una canción feliz que, además, me recuerda a los minions. 
  42. These boots - Nancy Sinatra. Una canción que me anima siempre, también me da muy buenas vibraciones. ¡A pisar fuerte!
Y ese es todo el testamento musical. Esa va a ser mi banda sonora en estos próximos días, y espero que en este próximo mes, eso será buena señal. 



Ah...Gracias :)

martes, 16 de junio de 2015

Adivina la canción (II)

 Bueno, ya sé que ayer puse la canción rebuscadilla, pero es que escuchándola me apeteció empezar con ella. Hoy he cogido una canción -creo-bastante más conocida. Y me parece que es bastante sencillo. A ver si lo acertáis :)

 (Si no sabes de qué va esto, clic aquí)

***


 -¡Eres un cerdo!

-Pero muñeca...-intento detenerla sin demasiado interés.

-¡Gilipollas! -grita, ya a lo lejos, mientras intenta parar algún coche.

Me quedo solo. No me importa. Casi.

La ciudad se extiende ante mí en todo su esplendor, pero su sórdida belleza no significa nada si la comparo con nuestros sueños. Cruzar el océano, empezar de nuevo al otro lado. ¿Sigues soñando con Los Ángeles? Ni puta idea. De lo que estoy seguro es de que ya no piensas en mí. Lo sé porque me siento perdido.

Recuerdo a la rubia: una belleza típica que solo me llamó la atención en serio mientras me insultaba. Quizá porque me recordaba a ti. Iluso de mí. Enciendo un cigarro y me recuesto en el asiento trasero del coche. En las volutas del humo se dibuja tu silueta. Prometí olvidarte y, ya ves, no me sale. Me dejo derrotar por tus recuerdos  (¿o quizá es la embriaguez?) y me entrego a la nostalgia. Dicen que ahora eres formal, que has encontrado un trabajo serio y te has quitado el cuero. Me pregunto si seguirás ahí, bajo la apariencia de chica bien. De todas maneras, ¿por qué me importa?

 Me doy cuenta del tiempo que ha pasado porque las primeras luces del amanecer despuntan a lo lejos. Pienso que deberían prohibir los amaneceres: siempre me hacen sentir como una mierda. No, siempre no. Solo desde que no estás tú. 

***


PISTA 1: El título hace mención a un mítico coche.

PISTA 2: El cantante, según parece indicar el nombre, no está del todito bien de la cabeza.




lunes, 15 de junio de 2015

Adivina la canción (I)

Hace unos días leí un relato de Fran Rodríguez que estaba basado en una canción. Tanto el uno como la otra se titulan "La última estación" y podéis leerlo/escucharla aquí. Y hoy a mí se me ha ocurrido, como diría Gru, una idea brillante. Sí, me cuesta xD

Me gustó mucho el relato, así como la idea de traducir a prosa las canciones. Así que he pensado que sería un ejercicio literario interesante y divertido. Además, podemos añadirle un plus: os voy a lanzar un reto. Mi traducción a relato de las canciones no tendrá título, tendréis que titularlo vosotros encontrando el título de la canción que ha inspirado el relato. Vaya, dicho en simple: que leyendo el relato tenéis que intentar adivinar en qué canción se basa ¿Qué os parece? ¿Aceptáis? :)

Al final del relato dejaré alguna pista en blanco (tendréis que seleccionar el texto para poder leerla) y el enlace a la solución, para que no os quedéis con la duda. Así, además, podéis decirme qué tal está la adaptación :P

Vamos con el primer experimento. Espero que os guste. 

***

 
Carlota Yáñez mareaba los guisantes en su plato, como si no tuviese hambre. Mientras daba la réplica a su acompañante de manera descuidada se preguntaba por qué había accedido a aquello. La respuesta, claro, era evidente: su madre, doña Manuela Antúnez, viuda de Yáñez, así lo había dispuesto. 

-Tu soltería comienza a ser insultante, Carlota. Eres una joven de buena familia, ya es hora de que encuentres un marido o entres a un convento. No voy a permitir que sigas viviendo sola en Barcelona, como una libertina.

Tras observar el gesto de espanto que Carlota presentó ante la perspectiva monacal, doña Manuela había propuesto un candidato. No había margen de maniobra. 

José María Quiroga parecía intentar descifrar algún enigma mientras comentaba algunos datos políticos que, creía, podían hacerle parecer un hombre formal, serio, atractivo. Intentaba, entretanto, que su voz no se quebrase por los nervios. Pensó que lamentaría haber cedido a las peticiones de su madre, Candela Ribó, señora de Quiroga, pero lo cierto era que se alegraba a pesar de todo. Tanto se alegraba que, al contrario de lo que solía, se atrevió a hacer una locura.

-Señorita Yáñez, hoy ponen en el Principal mi obra de teatro favorita. ¿Le apetecería acompañarme?

Carlota aceptó: por fin aquello se ponía interesante. Puede que aquel muchacho no fuese, como parecía, un aburrido burócrata. 



Salieron del restaurante y caminaron con parsimonia por las calles de la ciudad hacia el teatro. Entre sus brazos, un palmo de distancia que, de tanto en tanto, el codo de él amenazaba con romper. Pero no lo hizo: ¿cómo interpretaría ella ese roce? Ella, que sonreía, lo desarmaba sin darse cuenta mientras él, con cautela, tomaba nota del color de sus ojos. 

A la salida del teatro ella, inflamada por aquella historia de amor imposible, notó doblemente el frío y maldijo la idea de llevar vestido y sandalias a aquel encuentro. Sin embargo, si hubiese llegado a oídos de su madre que había llevado mocasines y pantalón probablemente habría acabado en el convento en un abrir y cerrar de ojos. Él notó que se encogía y, como no se atrevía a cobijarla en sus brazos, propuso una alternativa:

-¿Quiere que tomemos una copa? Si no le parece mal, claro.

La sonrisa de ella se ensanchó y asintió. Entraron al primer local que encontraron. Él abrió la puerta y puso la mano en su espalda, para acompañarla, y Carlota sintió un escalofrío, cálido esta vez. Se sentaron en una mesa alejada de todo, envuelta en la penumbra, que flotaba en medio de aquella música extranjera. Tanto era así que el camarero parecía no verles, por lo que ella se sintió en la obligación de romper el hielo:

-¿Qué te gusta hacer cuando te dejan ser tú mismo? -preguntó mientras encendía un cigarrillo.

José María abrió mucho los ojos, sorprendido tanto por el gesto como por la pregunta, pero la sorpresa duró un instante: antes de que pudiese darse cuenta estaba derramando todos sus secretos en aquella mesa, descubriéndose ante Carlota.

Cuando la noche alcanzó una hora algo imprudente, él se ofreció a acompañarla a casa. Había bajado la temperatura y, al llegar al portal de Carlota fue incapaz de articular unas palabras de despedida. Ella lo tomó de la mano y lo arrastró hacia el portal.

-Voy a prepararte un café. Para que entres en calor. 

Tras el silencio del ascensor reanudaron sus confidencias ante una taza de café caliente hasta que acabaron por entonar un silencio a dos voces. Él, dispuesto a cometer la locura más grande de su vida, tentó:

-Ahora solo falta que me quede a dormir.

Carlota alzó los ojos y, dispuesta también a volverse loca, probó.

-¿Y por qué no te quedas?

-No me lo digas dos veces... -respondió él, sin mirarla.

Y ella, casi sin voz, repitió:

-Bueno, ¿y por qué no te quedas?

Los labios de Jose María, otrora fríos, ardían: estaba dispuesto a quedarse y a no ahorrarse siquiera un beso. Los pies de Carlota, helados, se despojaron de las sandalias abriendo la veda a la desnudez. Y fueron entonces sus cuerpos los que preguntaron y respondieron, los que investigaron y descubrieron. 

Mientras ambos velaban con los ojos cerrados compartían un único pensamiento: "Qué gran informal es el amor, que puede acabar con todas las formalidades". 



***
 
PISTA 1: La adaptación es un poco requete-adaptación, ya que la canción misma es una adaptación de un poema.
PISTA 2:  El artista responsable de la canción es un famoso cantautor catalán. 



Bueno, ¿qué os ha parecido el experimento?

sábado, 13 de junio de 2015

Amor con condiciones.

Hoy he estado hablando con una amiga. Me ha contado que acababa de venir de viaje, que había pasado el fin de semana fuera.

-¿Dónde? -le he preguntado. 

Me ha dicho que en Madrid.

-¿De turismo? -me he interesado.

-Algo así -ha contestado ella, con la mirada triste y una sonrisa enigmática. 

No suelo meterme en la vida de los demás, ni siquiera en la de los amigos, así que he sonreído y he esperado a que me contase su secreto. Porque cuando los labios y los ojos no coinciden suele haber algo que contar. 

Ha sido así, efectivamente. Mi amiga ha tragado aire, como si temiese ahogarse durante su relato. Después ha alzado la mirada y ha comenzado a hablar.

Resulta que hace un par de meses conoció a un chico en un foro de Internet. Yo pensaba que esas cosas ya no pasaban. No lo de que la gente se conociese por Internet, sino en los foros. Resulta raro que en el mundo de las redes sociales y las apps de ligoteo la gente todavía se conozca hablando, sin fotografías, compra de tíos ni nada por el estilo. No se lo he dicho, claro. 

Pues, al parecer, el chico era una maravilla. Mi amiga estaba fascinada con él. Inteligente, simpático, culto,... Compartían gustos y aficiones, incluso manías. Hablaban cada noche hasta que no podían sostener los párpados y después, cuando por fin se metía en la cama, soñaba con él despierta, imaginándoselo, y después, dormida. 

-¿Nunca os enviasteis fotos? -he preguntado incrédula.

Mi amiga me ha dicho que nunca lo habían hecho y que era lo más romántico que le había pasado en su vida. Se estaba enamorando -sí, eso dijo, enamorando- de una persona por cómo era verdaderamente, no por su exterior. De hecho, me ha contado que ni siquiera habían hablado de sus respectivos empleos ni de cuestiones materiales que pudiesen contaminar eso que estaba surgiendo entre ellos. Porque esa es otra: al parecer ambos sentían algo y creían que el otro también sentía algo, pero no se lo habían dicho. 

He intentado amordazar a la mujer escéptica y descreída que soy y desencadenar a la romántica que dejé de ser hace tiempo. En realidad sí era algo hermoso. En mi mente he reconstruido la historia de una manera diferente, claro, con más glamour: dos extraños se encuentran en la cafetería de un tren, empiezan a hablar sin mirarse, conectan de tal manera que les da miedo mirarse y, al final,...

-¿Y al final, qué? -he preguntado.

Al final, me ha contado, decidieron quedar y conocerse. Según mi amiga, ambos se lo dijeron a la vez. ¿Sería cierto? No importa. En mi historia ambos extraños vuelven la cabeza a un tiempo y se besan apasionadamente. Suspiro. 

-Sí, es muy romántico -dice mi amiga. 

-Bueno, ¿y qué? ¿Qué tal tu galán? -me intereso.

Entonces la mirada de mi amiga se ensombrece. "Ahá -pienso-, aquí está el problema". Vuelve a hablar, esta vez con la vista fija en el suelo.

-Quedamos en la Puerta del Sol. Dijimos que el primero que llegase enviaría una fotografía al otro una vez estuviese allí, para que lo buscase. Yo estaba ya cerca de la plaza, apenas podía contener el corazón, pensaba que se me iba a salir del pecho, ¿sabes? Entonces mi móvil vibró. Lo miré. Me temblaban las manos. Y entonces, como un escalofrío, tuve una revelación y lo vi claro.

-¡¿Qué?!

-Que conocernos iba a arruinarlo todo. Que prefería seguir enamorada de él en la distancia, seguir enamorada de esa imagen maravillosa, soñar con él por las noches y abrazarme a nuestra historia hasta que la pasión acabase por desvanecerse para dejar para siempre una marca: el recuerdo de un amor perfecto. 

La he mirado con los ojos como platos. Desde luego que yo sabía lo que es un amor platónico, pero no creía que nadie pudiese inclinarse por un amor platónico pudiendo vivir un amor real. Pero claro, los amores platónicos tienen la ventaja de permanecer siempre perfectos, inmaculados. Quizá sea esa la única manera de conseguir un amor eterno.

Ambas hemos quedado en silencio mientras el eco de la historia resonaba en nuestros oídos. Cuando, por fin, he sentido que se hacía el silencio, me he atrevido a romper la magia. 

-Era feo, ¿verdad?

-Sí. Era feo. 

***


Anoche estuve viendo el capítulo de This is Opera dedicado a Manon, de Massanet. Durante el programa Ramon Gener, el presentador, nos situaba en la dicotomía entre la fama y el dinero, por un lado, y el amor, por otro. Una mujer que intervino en el programa dijo que ella elegiría el amor, pero que no se enamoraría de un "vago", cuando lo que creo que quería decir es que nunca se enamoraría de un pobre. Así que, ¿qué pasa si el amor no es tan puro como pensamos? ¿Le ponemos requisitos al amor, aunque sea sin darnos cuenta? 

Hagan juego, señores. :)

viernes, 12 de junio de 2015

Libro: Lágrimas en la lluvia, de Rosa Montero.


Me enteré hace unos pocos meses de que Rosa Montero también escribía ciencia-ficción. Me quedé un poco picueta, la verdad, no me la imaginaba en este género por lo que había leído de ella. Pero la ciencia-ficción me gusta, y había oído hablar muy bien de este libro, así que me animé. Vamos allá con la reseña.

¿De qué va el libro?

Estados Unidos de la Tierra, siglo XXII. Concretamente, Madrid. Un buen día los tecnohumanos, o como suele conocérseles, los replicantes, empiezan a volverse locos y a suicidarse en extrañas circunstancias. Tan extrañas que casi parece que no se trate de suicidios aleatorios, de accidentes, de casualidades. La investigadora privada Bruna Husky es contratada para investigar estas muertes y acaba metida, de lleno, en medio de una situación que cada vez se torna más compleja.

Hablando del libro...

Bueno, bueno, bueno. Primero quiero compartir un pensamiento que he tenido que repetirme durante buena parte de la novela: "Bettie, esto es FICCIÓN y está ambientada en el FUTURO. No es el presente, y no es real. De momento". Mola que sea ciencia-ficción de aquí. Y digo que es de aquí no solo porque la autora sea española, o porque esté ambientado en Madrid, sino porque podemos reconocer una España por la que han pasado 100 años pero cuya esencia permanece, futuro distópico incluido.

Como, seguro, sospecháis, el título de la novela es un homenaje a Blade Runner, al monólogo que el replicante hace justo antes de morir. De hecho, a los tecnohumanos de la novela les llaman replicantes por la película. Pero el parecido no va mucho más allá: sí, son seres de apariencia humana fabricados por seres humanos que, sí, tienen un "periodo de caducidad", pero hasta ahí va el parecido, creo yo. 

Sea como fuere, Rosa Montero nos presenta un escenario muy, muy, muy interesante. Es una tarea complicada, porque presenta un montón de información: acontecimientos históricos del siglo XXI, cómo y por qué se crearon los replicantes, cuáles fueron sus diferentes situaciones a lo largo de la historia, su relación actual con los humanos, el contacto con especies alienígenas, la situación de la sanidad, del medio ambiente, ... No sé, un montón de cosas. Quizá por eso a veces da la sensación de que la novela invierte demasiados recursos en explicarte las cosas y como que te saca un poquillo de la dinámica de la narración. Sin embargo Rosa Montero utiliza un recurso muy interesante para contar estas cosas aparte de las explicaciones en mitad de la historia. Hay capítulos que son textos enviados a Yiannis, un archivero, que se encarga de controlar que la información no se modifique indebidamente o se manipule. Así, con estos artículos podemos encontrar información sobre diversas cuestiones relativas al trasfondo sin que parezca que nos están dando demasiadas explicaciones en medio de la narración. Aún así a veces me ha dado esa sensación.

Por lo que tiene que ver con los personajes... Bueno, Bruna Husky me ha parecido un personaje interesante, algo contradictorio, desde luego, muy humano para no ser una humana. Es un personaje bien construido, como el resto, pero por desgracia no he llegado a empatizar ni con ella ni con los demás. Eso no ha sido inconveniente para que disfrute de la novela. No siempre se puede empatizar con los personajes.

La historia, que da en ser una conspiración, no está mal. Por las páginas de Lágrimas en la lluvia perseguimos a Bruna Husky intentando enterarse de qué narices está pasando. Y lo cierto es que yo estaba tan confusa como ella: ni puñetera idea de por dónde iban los tiros. Para mi gusto, todo se resuelve de una manera muy repentina, como si levantasen de golpe el velo que cubre el misterio. O quizás soy yo, que no he visto las pistas en el texto. Puede que sea eso. 

Me pasa de nuevo que el escenario eclipsa a la historia. Me ha gustado infinitamente más el futuro que construye Rosa Montero que los personajes o el devenir de la historia. Y aún así, ha merecido la pena. Es que me gusta más un futuro distópico que a un tonto un lápiz. 

Si os gusta la ciencia-ficción es un libro curioso. Creo que merece la pena echarle un ojo. 

Os dejo un trocito... (va a ser difícil, porque he marcado un montón de fragmentos XD)

-Emergencias.
-Una mujer se acaba de... Una mujer acaba de perder un ojo.
-Número del seguro, por favor.

Bruna levantó las mangas del traje de la vecina y descubrió dos muñecas huesudas y desnudas: no llevaba ordenador móvil. Rebuscó entonces en sus bolsillos en busca de la chapa civil e incluso miró en el cuello, por si llevaba el chip de identificación colgado de una cadena, como muchos hacían. No encontró nada.

-No lo sé, ¿no podemos dejar eso para luego? El ojo está en el suelo, se lo ha vaciado...
- Muy triste, pero si no está asegurada y al corriente de pago no podemos hacer nada.

El hombre cortó la conexión.

En resumen, este libro...

4.5/5

Ahora voy a seguir con mi querido Don y mi querida Rosie y El Efecto Matrimonio (segunda parte de El Proyecto Esposa). A ver si me echo unas risas, que no me van a venir mal.

jueves, 11 de junio de 2015

Con cuentagotas.

Hoy me he enterado que Ro y yo estaremos a partir de la semana que viene en empeños parecidos: de oposiciones. Eso sí, ella, por suerte, ya está del lado de los correctores, y no de los examinandos. (Todo llega, Bettie, todo llega).

La cuestión es que ella ya sabe que le toca "pringar" de tribunal, pero aquí la información llega con cuentagotas. El sábado 20 es el acto de presentación, y todavía no sabemos a qué hora ni dónde tenemos que acudir. Del día del examen (27) ni hablamos. Todavía no sabemos cuándo ni cómo tenemos que entregar las programaciones didácticas y para qué seguir. Conste que yo lo estoy llevando sorprendentemente bien. Con lo maniática del orden y la organización que soy... En fin, que le estoy haciendo caso a Epícteto: me preocupo de lo que está en mi mano (estudiar), y no de lo demás. Qué remedio...

Pero creo que a falta de poco más de una semana para empezar mis propios "Juegos del Hambre" ya es el momento oportuno para ponerme pedigüeña. Hoy, además de los animitos, abracitos y besitos en la frente de siempre, os voy a pedir unas palabras. Ya sabéis lo mucho que significan para mí las palabras (cuando son honestas): pueden sanar o dar la muerte, tanto poder tienen. Yo lo que os pido es que penséis en mí y en esos días, y que, si os apetece, me dejéis unas palabras de ánimo. Me vale cualquier cosa: palabras propias, un verso, una estrofa de una canción, un chiste,... Solo os pido que no sea demasiado extenso, porque voy a apuntarlo todo en mi súper libreta fantástica de opositora (me la regaló Lía y la estaba reservando para esto) para poder llevármelo conmigo y leerlo en momentos de crisis, antes del examen, si me asalta el insomnio o la inseguridad. Me habéis dado mucho ánimo y mucha fuerza durante todo este tiempo. Espero que no sea demasiado abuso pedir un poquito más.

Una foto publicada por bettie (@cuadernoderetales) el


Gracias, otra vez.  :)

PD: Si alguien se va a poner vergonzoso, podéis escribirme también al mail, que está en la pestaña  "Contacto" :)

miércoles, 10 de junio de 2015

De Superman al chándal de táctel.

La verdad es que las conversaciones que Jack y yo mantenemos son de lo más extrañas.El domingo estábamos hablando de la última peli de Superman. A partir de ahí la sucesión de temas fue la siguiente:

Superman >> Tim Burton >> Los remakes >> Retomar éxitos pasados como signo (o no) de decadencia >> Rocky y Rambo >> ¿Dónde debería haber finalizado la saga de Rocky? >> El concepto de acabar en altobajo >> Rocky IV y su encanto videoclipero >> Los 80 >> El chándal de táctel. 

Llegados a este punto he de reconocer que la conversación se puso interesante. Jack, que creció en los 80, suele hablar del encanto de esta época. Pero yo, como soy de pueblo, crecí en los 90 casi como una niña de los 80, así que en este punto podemos intercambiar experiencias (a mi pueblo todo llega con retraso). Y debéis de tener razón en eso de que capto bien el encanto de las cosas cotidianas, porque a Jack le ha encantado mi descripción del chándal de táctel y sus particularidades, como su sonido siseante al caminar, su asimetría, su colorido ilógico, su confección, que parecía estar hecha a partir de retales sobrantes... 

En estas estaba cuando tuve una epifanía. Hay algo que le faltó a mi infancia, al ser de pueblo. Yo nunca vi un sitio atestado de gente con chándal de táctel. Y me lo imaginé. Me imaginé Valencia, una zona concreta, con un montón de gente yendo y viniendo vestida con esas prendas tan... especiales. Deliberadamente decidí no poner en la imagen mental un epiléptico, porque podría haber tenido un ataque y claro, meter todo un dispositivo imaginario de emergencias es un lío. 

Es que, joder, los 80 tuvieron que ser un tiempo muy desconcertante. Imagináos que un marciano baja y se ve a todo el mundo con chándal de táctel. A mí me da así imagen como de distopía de Serie B (como poco). 

Y no digo esto a las malas, qué va. Solo señalo una impresión, nada más. No es que yo esté libre de pecado. He tenido varios chándals de táctel. El más estridente, uno fucsia, morado, blanco y turquesa. El más feo, uno ocre, azul eléctrico, turquesa  y amarillo. 

Dicen que todo vuelve en esto de la moda. ¿Ocurrirá también con el chándal de táctel?

PD: Quería poner fotos, pero no encontré ninguna lo suficientemente cutre/epatante, así que nada. Que cada uno recuerde su propio chándal de táctel ideal xD
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