jueves, 21 de septiembre de 2017

Descarrilar

Texto que surge de esta canción de David Bowie, propuesta por un anónimo.



He perdido los papeles, o eso dicen. He dejado el trabajo en la oficina, me fui dando un portazo. He vendido el coche y también he puesto a la venta la casa. A mi novia no le ha gustado demasiado la idea, y eso que le he hecho una oferta más que razonable para que pudiese quedarse a vivir en el que, hasta hoy, había sido nuestro hogar. Recuerdo cómo comenzó a lanzarme los portavelas que habíamos comprado en Ikea, rememoro la rabia en su rostro y en sus palabras y no puedo evitar sonreír. Estoy tranquilo. Lo estaba en ese momento, lo estuve cuando cruzó la puerta cargada con su maleta de los grandes viajes y sigo estándolo ahora.

He cancelado mis cuentas, mi contrato de teléfono, todo. Me voy, no sé a dónde. Me han dicho que hay muchos pueblos abandonados en los que uno puede estar sin que nadie le moleste. Y justo eso es lo que quiero: alejarme de todo y de todos e intentar, si es que todavía es posible, encontrarme.

Quizá he tirado del freno con demasiada brusquedad. Siento que mi vida está descarrilando. Pero nunca antes me he sentido tan en paz.


***

Sé que no es la gran cosa, pero me apetecía escribir algo y mi cabeza no da para más a estas horas, sobre todo sabiendo cuándo me levanto mañana, así que... :P

Gracias por la propuesta :)

domingo, 17 de septiembre de 2017

Una vida sin baile...

"Una revolución sin baile no es una revolución que merezca la pena".


La vida son dos días y, si os soy sincera, me da la sensación de que, en estos casi 30 años de vida, he bailado muy poco. No quiero decir que no haya disfrutado de la vida: lo he hecho, en la medida de lo posible, siempre dentro de las circunstancias que me han envuelto que no han sido las más favorecedoras para el baile. Pero tengo la sensación o, más bien, sé, que me he pasado la vida caminando sin cesar, avanzando, buscando cumplir mis objetivos. Supongo que tener una meta clara tiene esa parte negativa: no te permites entretenerte por el camino. 

Llevo estudiando toda mi vida. Colegio, instituto, universidad, oposiciones. Toda una vida estudiando para conseguir lo que tengo ahora: un trabajo que me gusta, independencia y cierta estabilidad vital. No está nada mal, ¿verdad? No, ciertamente. Pero estoy cansada. Mi mente lo está. Y lo noto porque yo, que siempre he estado loca por aprender cosas nuevas, por estudiar más y más, ahora no tengo ningunas ganas de hacerlo. 

Recuerdo con nostalgia todos esos "cuando me saque la plaza voy a...", y esbozo una sonrisa torcida. Porque de todos ellos, si acaso, he cumplido dos o tres. El curso pasado no me permitió desconectar demasiado. Por eso este curso me había propuesto vivir para mí. Disfrutar de la vida. Hacer cosas que me gustan. Sonreír más. Ser más feliz. 

Esa era la idea. Y eso me animó a apuntarme a danza oriental. Pero ahora resulta que, parecía que no, pero al final sí, me han cogido en la Escuela Oficial de Idiomas. Y ahora me debato entre una cosa y otra, porque sé que no voy a poder con las dos sin estar todo el curso agobiada y de mala leche. Y me niego a eso. 

He estado desde el viernes dándole vueltas al dilema. Que te cojan en la EOI es una lotería, hay muy pocas plazas y he entrado por la reserva, que en junio me dijeron que nanai. La EOI es la única forma que tengo de sacarme el C1 de Inglés y que me dé puntos para concurso de traslados y esas cosas. Sería lo ideal, sería mi deber. Seguir persiguiendo objetivos. Danza, en cambio, no me va a llevar a ningún sitio. No voy a dedicarme a ello, ni creo que lo vaya a hacer particularmente bien, pero me hace sentir maravillosamente bien. Eso sí. Me hace sentir llena, pero con la cabeza vacía. Es genial. Pero, como ya he dicho, no sirve para nada. Sería hacerlo por puro placer.

Ha sido difícil para mí, no os lo imagináis. Pero al final he tomado una decisión. Como decía, he bailado muy poco en esta vida. Poquísimo. Y me he recordado, feliz, bailando sevillanas el mayo pasado, haciendo algo que me había apetecido hacer. Y he mirado atrás y me he visto siempre yendo hacia delante, caminando, sin detenerme prácticamente a admirar el paisaje, persiguiendo objetivos. Y ya estoy harta, y cansada. Quiero disfrutar de lo que he conseguido en la vida. Quiero dejar de cazar y detenerme a contemplar. Quiero permitirme creer de vez en cuando, aunque sea mentira, y lo sepa, que ya lo tengo todo. Así que he decidido bailar. 



PD: No es mal momento para empezar a ser un poco nietzscheana, un poco Pippi. Ya tocaba.


sábado, 16 de septiembre de 2017

Libro: Ready Player One, de Ernest Cline


Hace tiempo que tenía pendiente este libro. Me lancé a leerlo porque la peli va a salir en los próximos meses y lo hice con bastantes ganas, porque es un libro que me han recomendado mucho. Lo acabé hace dos noches y aquí vengo, como siempre, a contaros qué tal.

¿De qué va el libro? 

La muerte de James Halliday, creador de OASIS (una especie de mundo virtual paralelo, bastante más que un videojuego al uso), desata la locura: el magnate ha dejado planificado un juego de cacería dentro de OASIS, según el cual, el primer jugador que cruce tres puertas resolviendo acertijos y superando pruebas, recibirá una cantidad espantosamente grande de dinero. Halliday, un fanático de la cultura americana de los años 80, ha centrado las pistas en ese mundo, así que, desde ese momento, los "Gunters" (Egg Hunters, por la búsqueda de "huevos de pascua") comienzan a investigar sobre todo aquello que interesaba al excéntrico millonario y a intentar encontrar ese huevo escondido. Pasan los años sin cambios hasta que Wade, un estudiante sin prácticamente recursos, encuentra la primera llave. Desde ese momento la búsqueda se torna frenética, pues hay muchos interés en controlar OASIS. Tanto, que esta búsqueda virtual puede llegar a costarles la vida.

Hablando del libro...

No me ha gustado :( Yo quería que me gustase, en serio, pero me he aburrido cosa mala. No sé si es la edición que yo he leído o qué, pero el libro no está bien escrito. La idea promete, sí, pero está mal desarrollada y, al final, es una excusa para que el autor suelte una detrás de otra un millón de referencias frikis a juegos de rol, videojuegos, películas y música que le gustan. Que todo eso está muy bien, pero claro, cuando la única gracia de un libro consiste, prácticamente, en pillar las referencias, pues no sé, yo diría que no es un buen libro. Quizá un fanfic dignificado, yo qué sé.

He pillado algunas referencias, claro, sobre todo al cine, pero no he jugado nunca a rol, soy manca con los videojuegos (lo he sido siempre) y en fin, que no he podido captar en toda su profundidad las referencias de la historia y, por lo demás, la historia es bastante simplona. Ya no es tanto que el libro sea aburrido, como que la historia es muy básica y el autor se recrea tanto en las referencias que uno pierde el interés.

Así que, en resumen, si eres un fanático de los 80 y su cultura, sobre todo videojuegos, adelante. Si no, creo que no te pierdes nada por dejarlo pasar.

Os dejo un trocito...

La verdadera escuela pública, la que controlaba el Gobierno, llevaba decenios convertida en una vía muerta, masificada y mal financiada. Con el tiempo, las condiciones de muchas escuelas habían empeorado hasta tal punto que se animaba a cualquier estudiante con un mínimo de inteligencia a que se quedara en su casa y asistiera a clase online.

En resumen, este libro... 


Ahora voy a intentar leer La pell freda, La piel fría, que en un mes estrenan la peli y tiene buena pinta. A ver si soy capaz de leerlo en catalán, que tengo el idioma más bien oxidadillo. Y, por supuesto, seguiré con las obras completas de Luis García Montero <3

jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Me retáis de nuevo?

Hace un tiempo participé en un reto con vosotros: os pedía sugerencias de recursos (canciones, fotos, dibujos, obras de arte...) y yo asumía el compromiso de escribir algo (un relato, un poema, otro texto) inspirado en las propuestas de los 5 primeros comentaristas. Vuelvo a proponeros otro reto similar. Me gustó mucho la experiencia, y de ella salieron algunos relatos chulos, como estos:

Mañana

A plena vista

Aprisa

Los tiempos cambian y mis rutinas, últimamente, me permiten poco tiempo para sentarme a escribir, pero me apetece hacerlo, así que, ¡venga! Espero vuestras propuestas. Eso sí, me comprometo SOLO a escribir relatos inspirados en las 5 primeras (a lo mejor luego escribo más, como la otra vez, pero en principio, voy a ponerme esa meta).

:) ¿Os animáis?

miércoles, 13 de septiembre de 2017

En forma. ¿En qué forma?

Cuando era adolescente tenía un amigo que repetía un mismo chiste: "Yo estoy en forma. Redonda, pero en forma". Lo decía mientras sacaba la tripa y se daba palmas. Todos nos reíamos. Pero yo me pregunto, ¿la forma "redonda" está reñida con estar en buena forma física? Creo que no.

Es algo que se da por hecho: una persona con sobrepeso (gorda, vaya) no puede estar en buena forma. Y no hablo de un par de kilos: hablo de una persona con bastante sobrepeso. Y lo mismo con la salud: una persona con sobrepeso no puede estar sana.  Son dos argumentos estrella de los que quieren convencerte de que tienes que adelgazar sí o sí porque no puede ser que estés sano y, si lo estás, no puede ser que estés en forma. O viceversa.

Yo llevo unas semanas metida en esto de adelgazar. La decisión ha salido de mí, nadie me lo ha metido por los ojos. Y, aunque mis últimos análisis, en junio, salieron muy bien, yo sí sentía que no estaba en buena forma. Aunque, en mi opinión, eso no es tanto por el sobrepeso como por que no hago ejercicio. En fin, que yo sí podría encajar en esa dicotomía: gorda no en forma. Pero no siempre es así.

Llevo un par de semanas flipando. Ya sabéis que me he apuntado a danza oriental para hacer ejercicio y porque es algo que me apetecía aprender. Pues bien, si me animé y me quité los complejos fue porque la profesora no es una chica estilizadísima, sino alguien con sobrepeso. Parece que este tipo de disciplinas están vetadas para las mujeres que no cumplen cierto canon, que no quedamos estéticamente bien en según qué papeles. Pero vi un vídeo de ella bailando y me pareció mágico y maravilloso, así que me animé. Pues bien, no solo se mueve fenomenalmente bien, sino que tiene una flexibilidad y una resistencia brutales. Se dobla como pocas mujeres que yo haya visto. En serio, es alucinante. Además es fuerte y ágil. De verdad, me encanta ver cómo se mueve y lo que hace, estoy fascinada. Verla me hace sentir mejor conmigo misma.

Total, que se puede estar en forma y redonda. Y también se puede estar delgado y no estar en forma, ojo, que eso no se dice :P

Conclusión: haz ejercicio, disfruta de tu cuerpo, cuídalo y siéntete bien  con él. Ya, ya sé que es más fácil decirlo que hacerlo, qué me vais a contar, pero hay que intentarlo.

martes, 12 de septiembre de 2017

Un poco de aquí.

Siempre he sido muy mala vendiendo cosas. Salvo, quizá, los libros, no consigo convencer a nadie de nada. Ni siquiera sé venderme a mí misma, así que doy gracias todos los días por haberme podido ganar este trabajo demostrando que era capaz de hacerlo y no explicando por qué creo que soy capaz de hacerlo. Soy una comercial horrible.

Sin embargo, hoy me he descubierto vendiendo algo y vendiéndolo muy bien. En el trabajo, durante los primeros días, los nuevos tenemos un sexto sentido para localizarnos los unos a los otros. Así que he acabado juntándome con cuatro compañeros más y charlando. Una de ellas no era de Córdoba y, además, venía con cierta desgana. Este destino no había sido buscado, sino que, por un error burocrático, ha acabado a bastantes kilómetros de su casa y del instituto que quería, así que lo veía todo un poco negro. Sin pensármelo dos veces he comenzado a relatarle las maravillas de Córdoba, lo bonita que es, todo lo que se puede hacer. Cuando he acabado ella me ha sonreído y me ha dicho: "Vaya, me estás convenciendo, ya casi parece que lo veo todo con otros ojos". Le he devuelto la sonrisa.

Un compañero me ha mirado y me ha dicho: "Ea, pues para no ser de aquí parece que no lo haces nada mal". Bueno, será que un poco de aquí sí soy ya... Aunque sea un poquito. En cuanto a mis dotes comerciales, tampoco tiene mérito: Córdoba se vende sola :)


lunes, 11 de septiembre de 2017

"Going digital"

Me estoy digitalizando. Este curso me he propuesto llevar un cuaderno del profesor digital. El curso pasado llevaba tres cuadernos enormes, pues era imposible materialmente agrupar a todos mis grupos y alumnos en uno solo. Este año la cosa ha mejorado un poco en cuanto a carga de grupos, pero sigue siendo muy difícil utilizar un cuaderno de papel, porque sigo teniendo muchas asignaturas de una hora. Me compré la tablet en vistas de que eso fuese así. Por desgracia, así son las cosas en los departamentos de Filosofía últimamente. Así que parece que voy a tener que apostar por la digitalización en ese sentido.

Pero lo grave, lo realmente grave, es que este curso no voy a tener agenda. El curso pasado ya me compré una agenda escolar baratuna sin nada de encanto. La utilizaba, sobre todo, para cosas del trabajo. Pero siendo que este año voy a llevarlo todo en la tablet, tiene sentido que utilice alguna app de agenda también. Así que nada, voy sin agenda por la vida. Quién me lo iba a decir a mí, la loca de las agendas, que pasaba días y días decorándolas con citas, poemas y canciones, como si fuese una adolescente.

Ayer me saltó una foto en Facebook en la que se veía mi agenda de 2014, creo. Era una agenda a dos días vista, morada, brillante, muy bonita. Desde que acabé la universidad recibí como regalo cada septiembre (o enero) una agenda y he de decir que la elección solía ser un acierto. Me encantaban mis agendas, aunque estaban bastante desaprovechadas (podría haber apuntado "estudiar oposiciones" en cada página, pero tampoco tenía sentido, no se me iba a olvidar).

Me dieron ganas de comprarme una agenda, pero me contuve, porque sé que no voy a usarla. Y volví a ponerme un poco triste.

Que pensaréis que es una idiotez, que no es para tanto, pero para mí lo es. Y es como todo, una cosa insignificante para una persona puede ser vital para otra. Y no, no es vital, no voy a morirme por no tener agenda, pero siento que el pragmatismo me está robando otro poquito de magia y yo le estoy dejando.

Bueno, siempre me quedará el cuaderno de poemas... Eso no me sale escribirlo en digital...


domingo, 10 de septiembre de 2017

Noche de feria

No podía creérselo. Tanto que había renegado, llenándose la boca con lo estúpido de los detalles clásicos, maldiciendo clichés manidos y riéndose de todas las que se dejaban llevar por ellos y, ahí estaba, paseándose de su  brazo por la feria, dejándose invitar a algodón de azúcar y sinceramente alegre. La música de las atracciones le llenaba la cabeza y se sentía en medio de una niebla espesa. No era, sin embargo, una sensación desagradable: hubiera querido quedarse allí para siempre.

Pero dieron las doce. Malditos fuesen sus padres y el cuento de Cenicienta. 

-Tengo que irme. Mis padres me han dicho que querían que volviese a las doce. 

Él la miró, decepcionado, pero en un instante le volvió al rostro la sonrisa. 

-Espérame aquí -dijo, y salió corriendo.

Cuando volvió, traía entre las manos una campanita de arcilla, con la fecha de aquella noche. Se la entregó.

-Para que te acuerdes de la noche de hoy. Me lo he pasado muy bien contigo.

Ella lo miró. No sabía qué hacer. Su cabeza no entendía cómo estaba entrando en aquel juego tan burdo, pero su cuerpo le pedía dejarse llevar. Cuando tienes 15 años, uno de los dos contendientes lleva siempre la ventaja.

-Yo también... ¿Quieres... acompañarme?

Él asintió con la cabeza y comenzo a caminar a su lado. Antes de recorrer la mitad del camino que llevaba a su casa, él ya la había cogido de la mano y ella no había opuesto la más mínima resistencia. 

viernes, 8 de septiembre de 2017

Bailando.

Ayer tuve mi primer contacto con la danza oriental. Ya os había contado que me apetecía, que era algo que siempre he querido hacer, y que iba a ir a una clase de prueba. Y bueno, lo hice. Y bailar, lo que es bailar, poco: la profesora nos avisó de que la danza del vientre es muy complicada y muy lenta. No es como bailar salsa, por ejemplo, que los pasos básicos son sencillos de captar, y que a partir de ahí se puede ir perfeccionando, los pasos básicos de la danza oriental son más complejos. Y os lo corroboro: solo coger la postura correcta me supone un quebradero de cabeza :P

La clase consistió básicamente en ejercicios de flexibilidad, práctica de postura, algo de brazos y caderas, seguir el ritmo, un poco de pecho y  ejercicios de relajación. Sudé lo que no está escrito, me sentí un puñetero palo tieso sin nada de sensualidad, pero me encantó. Y voy a repetir.

Me pareció un ejercicio físico bastante agradable. Me ayudará a ejercitar los músculos y a ganar elasticidad. Y si colateralmente aprendo a bailar (cosa que ahora mismo dudo), pues tanto mejor. Ojo, que también creía cuando empecé a practicar sevillanas que no bailaría nunca y al final recibí muchos piropos :P

Es cierto que me costaba verme en el espejo de la academia. Me miraba de reojo, porque me veía horrible. Pero cuando salí, agotada y sudada, me sentí bien. Me sentía satisfecha. Quién sabe, a lo mejor algún día me atrevo a ponerme un top, a dejar la tripa al descubierto, y consigo mirarme sin apartar la vista.

Y oye, quién sabe, si me aventuro mucho y le pongo muchas esperanzas, lo mismo hasta me veo con un precioso traje participando en el espectáculo de la academia... Pero bueno, eso vamos a dejarlo hasta dentro de unos cuantos meses :P

En fin, que hoy me duelen músculos que no recordaba que tenía, pero oye, que estoy contenta :)


martes, 5 de septiembre de 2017

Como la vida misma.

Ayer estuve de recuperaciones. Qué os voy a contar que no sepáis ya todos aquellos que tengáis una mínima relación con la enseñanza. En estos días se entremezclan estudiantes agobiados por recuperar esas dos asignaturas que lo separan del título, alumnos que van "a probar" y otros que se pasan por allí a devolver el libro. Me pasó, incluso, que, a pesar de haber preparado unos detalladísimos informes individuales, un par de alumnos no sabían cómo se recuperaba la asignatura. En fin.

Ha sido mi primer septiembre. Ya sabéis que el primer año que trabajé no volví a hacer los exámenes porque gané la plaza en Andalucía ese mismo verano. Ha sido más o menos como esperaba. Después de compartir durante un curso completo tiempos y espacios con los chavales sabes, más o menos, qué te cabe esperar de ellos. Aunque a veces te sorprenden. Para bien y para mal.

Hoy he estado de evaluaciones. Las primeras, las de 2º de Bachillerato. Ahí están, colgados, los jóvenes que se quedaron con una asignatura en mayo, quizá con dos. Estos muchachos tienen la vida en pausa, quedan pendientes de saber si van a poder hacer la selectividad, entrar en la carrera o el ciclo formativo que quieren, seguir con su proyecto vital. Hoy, desde bien temprano, había alumnas de 2º de Bachillerato esperando las deseadas notas. A dos de ellas, alumnas de mi tutoría, he podido decirles en persona que habían aprobado, que iban a poder entrar a ese FP. Una de ellas se ha echado a llorar y me ha abrazado. Me he alegrado mucho por ellas, aunque sé que podrían haberlo hecho mejor, pero eso ya queda a su conciencia.

El resto de la mañana ha ido en la misma tónica: evaluaciones, notas, discusiones, notas que cambian, dudas... No es nada fácil, os lo digo en serio. Es mucha responsabilidad.

Se me queda, a pesar de los momentos felices, un sabor agridulce. Dicen que el instituto no te prepara para el mundo real, pero es bastante "como la vida misma". Los esfuerzos no siempre dan su fruto y en ocasiones ves que gente que lo merece menos pasa por encima de los que se han esforzado. La picaresca también funciona aquí, y las amenazas, y las coacciones. Y, aunque intentamos ser justos, a veces lo tenemos todo en contra.

Siempre lo he dicho: evaluar es la parte que menos me gusta de mi trabajo. Quizá porque me parece que no se delimita bien qué se está evaluando. Evaluamos los conocimientos de personas, incluso puede que sus aptitudes o competencias (o como lo vayan a llamar en la próxima reforma educativa), pero no a las personas mismas. Y eso a veces se nos olvida a todos: alumnos, padres, profesores. Y lo hace todo muy difícil. Pero bueno, eso también es un poco como la vida misma, ¿no?



lunes, 4 de septiembre de 2017

La liberación sexual.

Para empezar a ambientar y abrir boca antes de mis mierdas, musicote:



Hace tiempo leí un artículo que decía algo así como que la liberación sexual había sido una trampa y que había acabado por esclavizarnos a las mujeres porque una mujer liberada tenía que ser una mujer que practicase sexo en cantidad y variedad, que hiciese mil millones de cosas (generalmente las que se ven en las películas porno y que excitan a los hombres) y que siempre estuviese disponible. Total, que, en resumen, lo que venía a decir el artículo es que la liberación sexual de la mujer había acabado convirtiéndose en una treta para que los hombres pudiesen follarnos con más esfuerzo y haciéndonos sentir culpables si nos negábamos. Y creo que en buena parte ha sido así.

Afortunadamente, poco a poco, las cosas están cambiando. Cada vez hay menos chicas que se dejan presionar, sea con la excusa que sea y, sobre todo, cada vez hay menos mujeres que se conforman con un sexo mediocre. Queremos disfrutar del sexo, no "cumplir". Cada vez somos más las que exigimos nuestro placer, porque tenemos derecho a él, y hacemos valer ese derecho como lo ha hecho valer siempre el hombre.

Y ahí está el problema, que lo hacemos como lo han hecho los hombres* siempre. ¿Y cómo es eso? Asumiendo que la otra persona está PARA complacernos y que tiene que hacerlo como por ciencia infusa, por inspiración divina, por yo qué sé qué. Y bueno, ahí estamos, cometiendo los mismos errores: esperando un cuerpo más o menos canónicos y, sobre todo, unos genitales que cumplan las expectativas que hemos dado por hecho (longitud, grosor, erecciones inmediatas y eternas, por ejemplo), esperando que a esa persona le apetezca siempre porque JODER nosotras tenemos ganas, no contemplando inseguridades que nuestro compañero pueda tener o, como ya he indicado, asumiendo que saben lo que nos gusta porque TIENEN LA OBLIGACIÓN DE SABERLO, porque NOS MERECEMOS ESE PLACER. Y nos lo tienen que dar. Y punto.

Pero, entonces, ¿qué hacemos nosotras ahí? Podríamos adoptar el mismo papel pasivo: dejarnos hacer. Porque, ¡vaya!, hemos encontrado a un tío que parece un actor porno (pero guapo), que quiere darnos orgasmos sin cesar y que, como por arte de magia, sabe lo que nos gusta. Pues nada: a hacer la estrellita de mar y dejarnos complacer, ¿no?

Pues claro que no, hombre ya. Que es maravilloso que ya no nos conformemos con sexo mediocre, que queramos que nos hagan ver las estrellas. No solo es maravilloso, es que es perfectamente legítimo. Pero el sexo no deja de ser una cosa de dos (o más) y hasta ahora no hemos conseguido el poder de leer mentes. El nuevo paso en la revolución sexual será sentirnos en igualdad de condiciones para pedir cosas y negarnos a cosas, para corregir y enseñar, para mejorar y aprender. Para demandar nuestro placer y entregarnos al placer del otro, todo a la vez.

Estamos en ello.




*Permítaseme la generalización, ya sé que not all men y blabla, pero no me voy a poner a especificar que unos sí y otros no, siendo aquellos la mayoría.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Miedos.

Todavía estoy desquitándome de la lista de cosas  que quería hacer cuando tuviese un sueldo. Y un poco, también, de una lista de cosas que nunca escribí, pero que no paraba de repasar en mi cabeza: "cosas que hacer cuando tenga la plaza". La cosa va lenta, pero segura.

Una de las cosas que estaba en ambas listas era aprender a bailar danza oriental. Danza del vientre, vaya. Hace unas semanas, como de casualidad, acabé descubriendo que una conocida imparte clases y le dije que me mantuviese informada. Tal parece que en unos días voy a ir a mi primera clase de prueba. A ver qué tal. Si me gusta, seguramente me apunte.

Y ahí está la cosa. Si me gusta. Si me gusta incluye otras cosas: si me siento bien, si no me da vergüenza, si no me veo ridícula o grotesca. Esas cosas. Y en ese sentido, no las tengo todas conmigo.

Tengo miedo de volver a dejar de hacer cosas por miedo, por vergüenza, por complejos. Si soy sincera, ya lo estoy haciendo. Y no quiero entrar en ese juego, en esa espiral. Otra vez no.

Así que aquí ando, cruzando los dedos por que me guste, por que me sienta bien, y porque el ritmo de este curso me permita aprender algo nuevo, que me apetece mucho.

Deseadme suerte.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Vértigo.




Hace un poquito he vuelto de mi centro y me he dado una ducha. Es que es poco rato en bici, pero me falta costumbre. Desde aquel año que me dio por la bici estática que no me monto en una. Van a ser unos días de sudar mucho, me temo, porque estoy en una forma pésima.

Estoy muerta de miedo. Tanto que me he venido aquí a escribir porque necesitaba soltarlo, confesarme. Tengo miedo. Quizá miedo no es la palabra. Vértigo, sí. Tengo vértigo.

Otro año estoy en un centro enorme, pero enorme de verdad. Y este curso, creo, es más enorme en proporción que el año pasado. Compañeros nuevos (un montón), alumnos nuevos, rutinas nuevas, maneras de hacer nuevas...

El vértigo/miedo es, en parte, por toda esa novedad. A mí me cuesta mucho adaptarme, empezar cosas nuevas, conocer a la gente, aprenderme los nombres, hacerme a las rutinas. Pero también es porque tengo todavía en el cuerpo el miedo del año pasado. Recuerdo que el curso pasado por estas fechas estaba muy alegre, creía que iba a poder con todo (a ver, que al final pude, pero...) y no tenía miedo, solo un poco de incertidumbre. Pero claro, venía de una experiencia muy positiva. Recordaréis que mi primer año no paraba de hablar del trabajo, de mis niños y niñas, de lo feliz que era, a pesar de las dificultades y retos que tiene este trabajo (como todos).  Pero este curso todavía tengo el sabor amargo del curso pasado en los labios, y no paro de decirme: "¿Y si no era el centro? ¿Y si eras tú? ¿Y si este año se repite la historia?". Y no quiero. No quiero. Porque adoro este trabajo, porque me gusta ser profesora, porque luché mucho para conseguirlo y ahora no quiero ser una profesional amargada con lo que hace. No podría soportarlo.

En fin. Que lo que vengo buscando es un abrazo, un besito en la frente, ánimos, consejos de los más experimentados. No sé. Esas cosas.


jueves, 31 de agosto de 2017

No ha estado mal.

Hoy concluyen mis primeras vacaciones pagadas. Sí, a mis 29, mis primeras vacaciones. Sí, esas vacaciones maravillosas que tenemos los docentes. Ya tenía yo ganas de pillarlas, que lo mío me ha costado ganarlas. Y no han estado mal.

Lo cierto es que no he hecho nada del otro jueves. Una semana en la playa. Un viaje a Madrid. Una obra de teatro. Y mucho descansar, leer y no hacer nada, que es justo lo que no he podido hacer durante el curso.  Y retomar el blog. Ha sido un gustazo volver a escribir aquí, aunque, normal, las entradas ya no reciban tantos comentarios. Me da lo mismo, lo he pasado bien.

Ahora toca enfrentarse a otro nuevo curso. Otro nuevo centro (me han dicho que bueno, no sé, nunca se sabe), nuevas rutinas, a saber qué horario, otras maneras de hacer las cosas. En fin, lo de siempre. Pero hoy aún no quiero pensar en eso. Aún me quedan unas horas.

Mecachis... ¿por qué me habrá gustado tanto esto de las vacaciones? :(


PD: Probablemente esté aprovechando mi último día de vacaciones durmiendo hasta que sea escandalosamente tarde, porque ahora (es la 1.30 de la madrugada), mientras escribo esta entrada, estoy pensando en tirarme leyendo hasta que me dé la gana. Ea.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Bolero


Esperaré a que cambies
 de opinión
cobijada bajo un manto
 de quizás
y me alimentaré de las migajas
de tu amor.

Esperaré, hambrienta,
hasta el final
y acabarás por ver que yo
tenía razón,
que nadie va a quererte
nunca así.

Me encontrarás entonces,
corazón,
en el mismo rincón
donde quedé,
entregada, como siempre,
solo a ti.

Y si acaso fuese eterno
este adiós
y tus labios no volviesen
más a mí
recordaré este beso
que te doy,
despedida de todo
lo que fui.


martes, 29 de agosto de 2017

Azoteas.

Ella había estado en otras azoteas: había mirado las estrellas desde ellas muchas veces y se había apostado la ropa con el viento, perdiéndola en alguna ocasión. Sí, no era la primera vez, pero casi parecía que lo fuese. Quizá eran las ganas acumuladas: nunca había deseado a nadie como deseaba a Daniela. 

Compartían una manta vieja, un litro de cerveza y las vistas. Los bloques de pisos de Córdoba no podían hacer sombra a las torres, guardianas durante siglos de una ciudad que no había dejado de fluir, como el río que la cruza. Ella le preguntaba a Daniela por cada uno de los edificios antiguos, aunque ella no parecía demasiado interesada en la arquitectura. 

Un poco frustrada, se recostó y miró al cielo. Había comenzado a nublarse. Las nubes eran ligeras, delicadas, y estaban unidas por fibras casi etéreas, como el algodón de azúcar. Daniela se tumbó a su lado y, por fin, pareció atreverse a dar un paso: acababa de recostarse sobre su hombro, pero miraba al cielo.

Resistió el impulso de volver sus ojos hacia ella. No quería parecer ansiosa. Además,  tenía miedo. ¿Y si ella se sentía violenta? Respiró hondo. "Todo a su debido tiempo", se dijo. Pero ese mantra que se repetía varias veces al día no había conseguido callar esa voz que le brotaba de las entrañas y que no paraba de gritar que Daniela era la mujer de su vida. Parecía una locura, apenas se conocían, pero cuando estaba a su lado sentía que se desbordaba, que su cuerpo no iba a poder contenerla. Cabía la posibilidad de que se estuviese precipitando, de que todo fuese un error, desde luego. Pero estaba dispuesta a equivocarse a lo grande. 

El curso de sus pensamientos se vio interrumpido por el contacto de la mano de Daniela en la suya. ¿Era posible? ¿Estaba ocurriendo? No podía ser tan fácil. No. Tantos meses tanteándola, tantos meses cruzándose con ella por accidentes provocados y ahora, sin más esfuerzo, ella le demostraba su interés. Era demasiado bueno para ser real. 

Se miraron, sus rostros se fueron acercando lentamente hasta que, al fin...

-¡Mierda! -gritó Daniela.
-¿Qué pasa? 
-Está lloviendo, vámonos, corre -dijo ella, mientras se levantaba de la manta apresuradamente-. Podemos seguir  abajo, si quieres...

Pero no, no quería. Si no podía soportar mojarse un poco, si no entendía la poesía que hay en calarse hasta los huesos, no era la mujer que ella creía. 

lunes, 28 de agosto de 2017

No representes la misma obra, escribe una nueva.


Hoy, mientras estaba en Twitter, he visto un tuit bastante chulo al que le he hecho RT.


Digo que es un tuit chulo porque creo que a muchos nos ha pasado algo parecido después de tener una relación especial o muy larga. Durante todo ese tiempo se establecen lazos de confianza, entendimiento y cariño que provocan gestos y bromas cotidianos que son, en realidad, lo que se extraña cuando esa relación se acaba. Así que sí, creo que el tuit, en ese sentido, refleja algo que ocurre en muchas ocasiones.

Sin embargo, desde mi experiencia, creo que el enfoque está equivocado. Sí, ocurre. Se echan de menos esas cosas. Y cuando empiezas otra relación se es incluso más consciente de esa añoranza. Porque ya no tienen sentido ni lo tendrán nunca. Incluso puede ocurrir que, en un momento de mucha familiaridad, se te escape una broma que solías hacer antes y que recibas por única respuesta una mirada de extrañeza. Y eso es muy duro, la verdad. No es extraño pensar: "Nunca volveré a tener una relación así". Y puede que eso sea cierto. Pero eso no es necesariamente malo.

A veces nos empeñamos en representar otra vez una historia que recordamos con cariño pero que ya se terminó. Y si se terminó, por algo sería. Queremos meter a una persona en el papel de otra que ya no está en nuestra vida, y eso es injusto para nosotros y para la persona en cuestión. Y no importa siquiera lo mal que esté esta idea: es que, simplemente, no puede ser.

Lo único posible es empezar de nuevo, asumir que estamos escribiendo una historia diferente, que tendrá otras bromas, otros gestos, otras peculiaridades. Valorar esa relación por lo que es, no por lo que hemos vivido. Solo así nos daremos la oportunidad de ser felices.

A mí me ha costado un poco aprenderlo, pero ya está.


domingo, 27 de agosto de 2017

Léeme.


"Léeme", te digo,
y tú recitas, sin mirarme,
tus poemas.

Verso a verso
atraviesas la bruma.

Verso a verso
llegas a mis puertas.

Verso a verso
las golpeas.

Yo te abro,
tú aún no me ves,
mas con cada palabra
me arrancas una prenda.

Nombras al mar
y cae mi velo.

Nombras la sombra
y se apaga mi vela.

Nombras al amor
y me desnudas.

"Mírame", te digo,
"a ti y a la poesía entregada.
¿No quieres verme, acaso?"

Entonces alzas la mirada,
los ojos fijos en mí, extrañado:
"¿Qué crees que hacía,
mujer?"

"¿Desnudarme?", pregunto.

"No, amada:
te leía."

***

Al releer viejos poemas me doy cuenta de que a veces vivir es solo una excusa para escribir. Prefiero pensar eso a creer que soy una embustera. 

sábado, 26 de agosto de 2017

¿Pero era guapo?

Diría que somos hipócritas, pero creo que lo que somos, sin poder evitarlo, es contradictorios. Nos llenamos la boca hablando de aceptación física o corporal, de que hay que ser consciente de la diversidad y no discriminar a nadie por cuestiones estéticas. Pero luego -me ha pasado en multitud de ocasiones- cuando un amigo o amiga tiene un nuevo ligue o similar una de las primeras preguntas que sale a relucir es "¿Es guapo/a?".

Supongo que es normal, somos seres muy visuales y que las cosas sean agradables a la vista es importante para nosotros. Entonces, ¿qué pasa? ¿Que los feos nos tenemos que morir de ascopena? O quizá, simplemente, que nos tenemos que conformar con otro feo o fea, porque a ver, no podemos aspirar a más. ¿No es eso? 

Mucha gente lo piensa así. Por eso, cuando alguien que, según los cánones, no es atractivo está con alguien que sí lo es, se sorprenden. Como si eso fuese lo fundamental o, incluso, como si esas personas no pudiesen verse atractivas mutuamente. 

Yo creo que no es así. Recuerdo que mis amigas solían echarme en cara que me gustaban chicos feos. El pitorreo con un enamoramiento que tuve en primero de carrera todavía dura. Pero la cosa es que yo veía atractivo a ese chico como he visto a muchos otros. 

Es cierto que, en mi caso, tengo unos gustos poco normativos, no voy con la moda. A mí me atraen los hombres grandotes, pero no hipermusculados, con vello, con rasgos muy masculinos (barba, manos grandes...). Pero, aparte de eso,  me he dado cuenta de que tengo una percepción de la belleza condicionada a la opinión que tengo de la persona. Esto es: me cuesta ver fea a la gente que me cae bien.  Si alguien me cae mal y es guapo lo reconoceré. Pero si creo que es buena persona va a resultar casi imposible que lo vea feo. Y no es que me fuerce a verlo, ni que diga que tienen cosas buenas. No, de verdad, que los veo guapos.

Así que, cuando me preguntan si mis ligues son guapos no me queda otra que responder que sí.  Y claro, a veces la gente se espera cosas distintas a las que se encuentra, pero bueno, a mí me viene dando igual. Me gusta ver a la gente bonita. Creo que esta es una de mis taras preferidas.

Y a vosotros, ¿también os pasa? ¿Conocéis a alguien a quien le pase?

¡Besos!

jueves, 24 de agosto de 2017

El sexo está sobrevalorado.

O no. A lo mejor lo que pasa es que está mal valorado, mal comprendido. Hace unas semanas tuve una conversación sobre este tema con alguien, curiosamente un hombre. Él mantenía que el sexo está sobrevalorado y yo decía que en realidad no. Creo que en el fondo estamos de acuerdo, pero, como casi siempre, el aparente desacuerdo viene de un tema de definiciones. De qué entendemos por sexo, vaya.

Y es que lo que yo creo es que mucha gente no tiene ni puta idea de qué va el sexo. Y escribo hoy estoy porque  hace unos días hubo en Twitter una polémica a raíz del tuit de una chica que decía que pasaba algo con la gente que tenía más de 25 años y se había acostado con menos de 10 personas. Desde luego, la chica lo vertía como una opinión personal y oye, cada uno puede tener las opiniones que quiera, por muy erróneas que sean. Pero en ese tuit se deja entrever uno de las imposiciones de nuestra época, posterior a la "liberación sexual" de la mujer: TIENES QUE TENER MUCHO SEXO PORQUE PUEDES.

Y no, eso es un error. En varios sentidos.

Primero: tener un derecho no implica obligatoriedad de ejercerlo. Yo puedo acostarme con quien quiera (siempre que haya consentimiento, claro), pero eso no implica que tenga que hacerlo. Por mil razones. Porque no me apetezca, porque necesite una conexión, porque no me fíe de esa persona (conforme está el percal, como para no asegurarse). Por mil razones. La cosa es que una persona puede ser consciente de su derecho a tener sexo libremente sin sentir la necesidad de ejercerlo. Y no pasa nada.

Segundo: Cantidad. ¿Y la calidad, qué? Es cierto que a mí 10 personas con 25 años no me parece un número tan elevado. Depende de la edad a la que hayas tenido tu primera experiencia y de las vivencias que hayas tenido después. Quizá lleves toda la vida con tu pareja del colegio. O quizá hayas empezado a tener relaciones a los 25. O puede que hayas estado peleándote para descubrir tu orientación sexual hasta muy tarde porque vivías en un entorno opresivo, mil cosas. O puede que hayas tenido una época en la que solo te apetecía tener relaciones esporádicas y hayas quemado Tinder, consiguiendo los diez en cosa de dos meses o tres. Ahora bien, ¿eso indica algo? ¿Nos permite sacar alguna conclusión significativa? Pues ninguna. De una cantidad no podemos extraer nada significativo. Yo tuve una época de tener bastantes relaciones esporádicas y algunas estuvieron bien o muy bien, pero una buena parte de ellas fueron decepcionantes. ¿Por qué? Porque no me conocía bien, porque mis parejas pensaban que lo sabían todo, porque yo no me sentía con libertad para dar indicaciones. Por mil razones.  Que, ojo, también puedes tener pocas relaciones y que sean penosas, porque en esto, como en muchas cosas, se aprende con la práctica. Pero vaya, que tener mucho sexo no es sinónimo de nada.

Al final parece que  todo se reduce a lo mismo: números. ¿Cuántos amigos en Facebook? ¿Cuántos seguidores en Twitter e Instagram? ¿Cuántos retuits? ¿Cuánto te ha costado? Medirlo todo con cuantitativos y no con cualitativos.

Tercero: El sexo no siempre es bueno. No me refiero a cualitativamente bueno (placentero, agradable, excitante), sino a emocionalmente bueno. Hay un montón de gente que suple carencias emocionales con sexo (porque hay que tener sexo, nos lo dicen por todas partes). Entonces, cuando necesitas un abrazo, o que te escuchen, o sentir que existes, pues buscas sexo, porque es "fácil". Entendedme: a veces es más fácil encontrar a alguien que quiera darte un meneo que alguien que quiera sentarse contigo un rato a charlar de tus problemas. O a veces, simplemente, no te apetece charlar y te evades por ahí. Esto, en ocasiones, lleva a sentimientos bastante negativos: culpa, asco, remordimientos, baja autoestima... Para tener sexo no solo hay que tener la posibilidad y las ganas: hay que estar preparado.

Por eso digo que el sexo no está sobrevalorado: porque no se valora. Lo que está es omnipresente, se ha convertido en una moda, en una convención social. Es el nuevo tabaco. Casi parece que hay que tener sexo por presión de grupo. Pero por esa misma razón se está banalizando. Y ojo, que no digo que el sexo tenga que ser una experiencia mística siempre, no es mi estilo. Simplemente digo que es una interacción humana bastante íntima y que hay que tener eso en cuenta. Y también os digo que tengo la firme convicción -quizá porque soy un poco perfeccionista-  de que, como en otras muchas cosas, para hacerlo mal, mejor no hacerlo.


miércoles, 23 de agosto de 2017

Libro: Modelos de mujer, de Almudena Grandes.




La historia de cómo llegué a este libro es un poco larga. Empieza con "Aunque tú no lo sepas", de Quique González, sigue con la llegada al poema de Luis García Montero del mismo título, y en el que esa canción se inspira, desde allí, a una entrada de Wikipedia en la que descubrí que Almudena Grandes había escrito un relato inspirado en ese poema. Busqué el relato y descubrí que estaba incluido en esta antología. La busqué, la conseguí, y me puse a leerla. La verdad es que uno nunca sabe cómo va a llegar a la siguiente lectura... :P En fin, la acabé anoche y os quiero contar un poco qué tal.

¿De qué va el libro?

Se trata de una antología de relatos con protagonistas femeninas bien distintas entre sí. Aunque "Modelos de mujer" es el título de uno de los relatos, también describe bastante acertadamente la temática de la antología, pues se presentan mujeres de diferentes perfiles.

Hablando del libro...

Empecé a leer el libro con un poco de precaución. No había leído nada de Almudena Grandes (aunque la oí hablando de su novela Los besos en el pan y me dije que tenía que leerla, pero aún no ha llegado ese momento) y no sabía qué iba a encontrarme. Pero mis miedos eran infundados. El estilo me cautivó enseguida, me enamoré de la manera en que Almudena enlaza las palabras, cómo se expresa, cómo te introduce en la historia y y te arrastra a lo largo de ella. Cuando acabé ese primer relato, "Los ojos rotos", me quedé tan epatada que no sabía si seguir leyendo o dormir debajo de la cama. En serio. Me dejó rota.

Os soy sincera: lo empecé por el principio por probar, pero iba casi convencida de que acabaría leyendo el relato inspirado en "Aunque tú no lo sepas" y poco más. Pero no. Seguí leyendo un relato tras otro, disfrutando de ellos, incluso viviendo alguno. Claro, que me he visto reflejada en algún personaje y en alguna situación. Evidentemente, sé que eso no define la calidad de una obra, pero ayuda a la experiencia de lectura :P

Es cierto que los personajes no son tan profundos como podrían serlo en una novela (no hay espacio material para desarrollarlos) y algunos de ellos pueden parecer un poco típicos, pero no por ello dejan de ser interesantes: incorporan los detalles necesarios para que el relato sea creíble, para que la historia tenga sentido. No obstante, por lo que la autora dice en el prólogo, algunos personajes han sido rescatados para algunas de sus novelas, así que supongo que tendré que leerlas...

En resumen, os recomiendo mucho y muy fuerte

Os dejo un trocito...

Pertenece al relato "Malena, una vida hervida", uno de mis favoritos.

"Y ahora estaba allí, sentada en el suelo del garaje de Milagros con las piernas estiradas, escrutando ansiosamente  la dirección que tomaba la boquilla de la botella de cerveza, el signo de un azar que parecía haberse encoñado sin remedio con Andrés, aquella tarde.
Se detuvo una vez más a sus pies, y el corazón le dio un vuelco, porque le tocaba, esta vez le tenía que tocar, no había discusión posible. Las reglas del juego prohibían repetir beso, y Andrés ya había besado a las otras siete chicas de la pandilla, de la más guapa a la más fea, con la única excepción de Milagros, que era la novia de su hermano mellizo y hasta ahí podíamos llegar, así que ahora le tocaba a ella, solo quedaba ella, y sin embargo, y sin ningún titubeo, él eligió a Silvia por segunda vez. Alguien protestó, es que ya no queda ninguna más, explicó él, claro, es verdad, los demás le dieron la razón y ella no se atrevió a decir nada, porque nadie la miraba, nadie la mencionaba, nadie parecía darse cuenta de que aún quedaba ella, intacta sola, muda. [...] Pasó toda la tarde mirando al río, sentada en una peña, meditando, y cuando llegó a casa, mucho antes de la hora límite, encontró a su madre en el porche, haciendo ese puzzle que no se acababa nunca. He decidido ponerme a régimen, mamá, dijo solamente. Ella le sonrió, la abrazó, y le habló bajito, ya verás como todo sale bien, ya lo verás, qué guapa te vas a poner, Malena..."

En resumen, este libro...



Creo que esta noche empezaré a leer Ready Player One, combinándolo con las obras completas de Luis García Montero y con otras cosillas que tengo por ahí a medias. Quién me iba a decir a mí que iba a llevar varias lecturas a la vez :P jaja.


martes, 22 de agosto de 2017

Historias imaginadas.

Todos somos muchas historias.
Una, la que contamos.
El resto, las que leen los demás.
Para eso, claro, hay que dejar
que nos lean,
descorrer las cortinas y dejarnos ver
desnudos, indefensos,
permitir que la lluvia
nos borre el maquillaje
y temblar ante ellos.

Pero no...
Preferimos dejar que imaginen,
que completen los huecos de nuestra historia,
que confíen primero y que,
cuando desconfíen,
la curiosidad haya desaparecido,
que se marchen en silencio,
empujándonos al olvido,
porque si se quedan...

Si se quedan descubrirán nuestras heridas,
las manías,
los esqueletos del armario,
la tapa del váter levantada,
los ronquidos,
el vicio del tabaco,
la irritante costumbre de decir la última palabra
o de mirar el móvil después de besarlo,
las lágrimas mal disimuladas cuando se marchan
o el temblor que nos sacude antes de decir "te amo".

domingo, 20 de agosto de 2017

Una persona normal.

Esta entrada fue escrita el 08/08

Hoy he ido a comprarme una bolsa de pipas a la tienda de chuches, he cogido el coche y me he ido al campo, a jugar con los gatetes de mi padre y a disfrutar de la brisa que, allí sí, corre. En la carretera me he cruzado con mi hermano. Nos hemos saludado con la cabeza y en ese momento, mientras me acercaba al STOP del cruce ha ocurrido: me he sentido una persona normal.


Hace años, entre tres y cuatro, quizá algo más, escribí en este blog una entrada que se titulaba "Amaxofobia" y en ella hablaba justamente de eso, de mi miedo a conducir. No la busquéis, no está. La borré porque me moría de vergüenza, porque la gente la visitaba y verla ahí, entre lo más leído, me recordaba lo fracasada que era. Porque así me sentía: fracasada.

Al fin y al cabo no hacían más que repetírmelo: todo el mundo lo hace. Todo el mundo conduce, ¿no vas a hacerlo tú? Y entonces además de fracasada me sentía rara. Y sentirse rara es una puta mierda.

Ojo, que una cosa es sentirse especial y otra es sentirse rara. Yo me sentía un bicho raro, alguien defectuoso. Me odiaba cuando me decían que tenía que llevar a mi tía y a mi madre a hacer la compra al pueblo del lado y me pasaba toda la noche en vela por la ansiedad. Y odiaba la sensación de sentarme al volante y empezar a sudar aguantando, además, que mis pasajeros se riesen de mi nerviosismo. Que esa es otra. La gente eso de la empatía lo lleva regular. La gente que no sabe lo que es tener una fobia incapacitante suele ridiculizar bastante a quien las tiene. Ojalá supiesen lo que se siente cuando algo que hace todo el mundo a ti te supone una pesadilla.

Por eso hoy cuando me he visto conduciendo tranquila, cómoda, capaz de saludar a mi hermano cuando me lo he cruzado, después de haber vuelto de una ciudad conduciendo yo, después de haber ido y vuelto a Córdoba dos veces en menos de un mes, y después de bastantes cosas en las que he caído en la cuenta, así como en un destello, he sentido un escalofrío de placer por la espalda y he pensado: "Coño, Bettie, otro monstruo moribundo".

Fue duro, y me llevó echarle muchos ovarios. Me obligué a conducir. Me apunté a #ElCurso para tener que conducir todos los días un trayecto corto. Y luego empecé a trabajar y tenía que conducir. Y entonces me compré el BettieMovil. Y era precioso. Y era mío. Y me llevaba donde yo quería. Y empecé a atreverme. Y a llevar a mi padre al médico. Y a irme a Valencia sola. Y el gran salto lo di hace casi un año (el día 15 de agosto de 2016), cuando cogí mi cochecillo y decidí que me iba a Córdoba en coche a buscar piso porque sí, porque yo podía, porque era una mujer de armas tomar.



Y hasta hoy. He ido ganando batallas durante este año de manera intensiva. Conducir por ciudad. Ir de fin de semana en coche, porque sí. Irme a otra ciudad a un concierto y que el hecho de tener que coger el coche no fuese impedimento. Con mi coche me fui a comprar mi vestido de gitana y me recorrí un Hipercor y dos Carrefour para encontrar los zapatos.

No nos vamos a mentir: conducir me sigue dando respeto, pero creo que sería una inconsciente si no fuese así. Sin embargo, se fueron las nubes negras. Y en esto, también, me siento muy orgullosa de mí misma y de mi cabezonería.



sábado, 19 de agosto de 2017

Calles de Madrid.



¡Ya estoy de vuelta! No me he perdido en Madrid y he conseguido reunir las fuerzas necesarias para volver (las vacaciones, los viajes, no duran para siempre, por desgracia). En fin, pongo punto y final a ese sueño cumplido que ha sido visitar Madrid, callejear por la capital de España, pisar esas calles donde tantas cosas han empezado y respirar ese aire que, si bien no es el más limpio del mundo, tiene algo especial.

Madrid es otra cosa. Estoy desarrollando el talento de detectar el alma de las ciudades cuando camino por ellas. Córdoba no tiene nada que ver con Valencia, por ejemplo. Y Madrid también es algo especial en sí misma. Diferente. ¿Queréis saber cómo es el alma de Madrid? Pues a lo mejor me explico muy mal, pero es el alma de una ciudad que se siente importante. Los madrileños saben que están en el centro de todo, y claro, eso tiene que calar de alguna manera. También es el alma de una ciudad pionera. Madrid parece sentirse punta de lanza de muchas cosas importantes. Y lo que más noté fue el ambiente de libertad. Gente vestida de mil maneras distintas, cada una con su estilo. Y, sobre todo, parejas homosexuales paseando de la mano, besándose en el metro, abrazándose en la calle. No es algo que yo haya vivido igual en otras ciudades en las que he estado. No creo que sea porque en Madrid se sienten más seguros. Creo que tienen tan interiorizada la lucha que lo hacen porque así debe ser, porque no merece la pena esconderse por miedo. No sé, me ha gustado.



Y Madrid, en sí, también. Me ha gustado que sea una ciudad llena de cosas para ver y hacer. Me ha gustado el Museo del Prado (ya sabéis que era la razón por la que elegí ir a Madrid). Pensé que iba a pasarme la visita llorando, pero no. Solo lloré ante Las Hilanderas, de Velázquez. Pero todavía no me creo que haya estado delante de Las Meninas, Las Tres Gracias, El Aquelarre de Goya, o su tétrica romería de San Isidro, La Anunciación, de Fra Angelico, El Jardín de las Delicias de El Bosco, El Descendimiento (todavía recuerdo a mi profesor de Historia del Arte explicándome esa obra), maravillarme ante las obras de El Greco y alucinar fuerte con su obra Una fábula, que no conocía. Salí de El Prado con el alma llena de cosas hermosas y de sentimientos hermosos. Y me sentía tan hermosa que hasta me atreví a compartir una foto de mi cara de felicidad en Instagram. Y también salí con dolor de pies, eso sí.  Sé que, cuando vuelva a Madrid, volveré al Prado.



Además de eso, que era el plato fuerte, he callejado y visto lo típico, he visto el estanque del Retiro, con sus barcas y sus peces mutantes, el Palacio de Cristal, el duende de la Casa de Fieras, los pavos reales...He paseado por el Barrio de las Letras, por la calle donde vivieron Cervantes y Lope de Vega. He curioseado los puestos de libros de la Cuesta de Moyano. Me he hecho fotos junto a Julia, la estudiante de la calle Pez. He visto el monumento a los abogados del despacho de la calle Atocha. He hecho cola para cenar en un burguer en Gran Vía, frente a Callao. He Malasañeado, como una moderna más. He pasado por el Penta (aunque ni rastro de la chica de ayer :P). He desayunado chocolate con churros. He comido cosas ricas y compartido momentos con gente genial. He visto el Templo de Debod. He tomado café con tuiteros madrileños y no madrileños al lado de la puerta del Ministerio del Tiempo. He visitado la casa de Sorolla. He paseado por las Fiestas de La Paloma. He montado en el Metro de Madrid. Y me ha gustado. Todo me ha gustado mucho.



Pero ya se acabó. Ahora lo soñaré. Hasta que vuelva.

Gracias Madrid :)



viernes, 18 de agosto de 2017

Especialista.


Me preguntas por qué lloro
y yo callo.
Si la pena me dejase, te diría
que es el exceso de agua de mar
y que es extraño:
No he conseguido ahogar mi tristeza
todavía.

Las esperanzas se me escapan
de las manos,
y las certezas, y los miedos... Y me miras.
Aparto los ojos y aprieto los labios:
he dejado más huellas de las que
debería.

Pero pasaré, y tú pensarás:
"¡Qué extraño!
Juraría que la amaba...", y no mentías,
pero hay historias que nacen para ser pasado
y en esas me he hecho especialista.



jueves, 17 de agosto de 2017

La paz de las pequeñas cosas.

Se habla mucho del talento de encontrar felicidad en las pequeñas cosas. Pero yo últimamente, más que felicidad, necesito paz. Y mi paz se encuentra en un rincón pequeño, irrelevante para casi todo el mundo, pero no para mí. Es la parte del mundo que más echo de menos cuando estoy lejos, y eso que no tiene nada de especial: es un pequeño pedazo de tierra que ni siquiera es del todo nuestro.

Cuando necesito paz (y lo recuerdo) cierro los ojos y me veo allí. Sentada en una silla pequeña y antigua de colegio (de cuando aún no eran verdes) y apoyada en un pupitre (este sí, verde), mirando hacia el atardecer, apreciando cómo el sol se va ocultando, arrojando sus destellos entre las hojas de la noguera, agitada por la brisa. A mi izquierda, mi padre se agacha entre las matas de tomate, buscando las piezas más rojas y, de vez en cuando, tiene que apartar a algún gato. Entonces, mi blanquito, que siempre tiene ganas de cariño, viene y se sienta frente a mí para que lo acaricie.

Cierro los ojos y aspiro ese olor a tranquilidad. El gato se me sube encima y me clava las uñas, pero no me importa: es un dolor dulce. Comienza a charlar (sí, este gato no maúlla, charla consigo mismo) mientras le rasco entre las orejas. Detrás de mí se alza la luna, llena y grande.

Doy una palmada al gato, que se baja y se tiende a mi lado. Yo tomo algo dulce que mi padre acaba de recoger de la huerta (una pera, ciruelas, algún higo) y me lo como con deleite. Me vuelvo hacia el gato y le pregunto si está a gusto. Por única respuesta, cierra los ojos.

Aquí siempre va todo bien.


miércoles, 16 de agosto de 2017

He visto: Death Note (anime)




Y no creáis que no me ha costado. Algo más de dos años para acabar la dichosa serie. Y ojo, que tiene 37 capítulos de unos 20 minutos. Pero es que yo ya lo decía: no me gusta el anime, no me gusta. Y es que no.

Empecé a ver esta serie por consejo de Letraherido. Supongo que en una de esas conversaciones en las que yo me encono que no, que el manga y el anime no son my cup of tea. Entonces él insistiría y me recomendaría una historia que, seguramente, me gustase. Y yo lo empezaría, porque oye, no perdía nada. Total, los capítulos estaban en Youtube y eran cortos.

Y la cosa es que, al principio, me gustó. Recuerdo que incluso llegué a utilizar los dos primeros capítulos en clase. Y es que se trata de un concepto muy, muy interesante.

Un shinigami (una especie de deidades de la muerte) aburrido deja caer su Death Note (cuaderno de la muerte) al mundo de los mortales. Este cuaderno tiene la peculiaridad de que si alguien escribe el nombre de una persona en él teniendo su rostro en mente, esa persona muere en 40 segundos. Ese cuaderno es recogido por el estudiante de instituto Yagami Light. Light es un estudiante modelo, el orgullo de sus padres, la envidia de sus compañeros y el objeto de deseo de todas las chicas. Además, tiene muy claro lo que es justo y lo que no. Así que, cuando tiene en sus manos el cuaderno se le ocurre construir un mundo mejor utilizando el poder de la Death Note. ¿Cómo? Matando a todos aquellos que realizan malas acciones: secuestradores, ladrones, asesinos, violadores...

Evidentemente, ante esa situación, surge un antagonista: "L". L es el nombre en clave de un investigador prodigioso, que es al que se pone al mando de la investigación para capturar a "Kira", el nombre en clave con el que Light reivindica sus asesinatos. En ese momento hay una pugna entre dos mentes brillantes para ver quién se sale con la suya.

Hasta aquí todo guay. El planteamiento permite reflexionar sobre muchos temas: la relación entre legalidad y justicia, la cuestión sobre si el fin justifica los medios, la megalomanía que nos hace erigirnos por encima de los demás y de sus opiniones, la instrumentalización de las personas... E incluso da para plantearse qué pasaría si surgiese un justiciero similar a Kira en nuestra sociedad. En su mundo, poco a poco, los ciudadanos del mundo comienzan a aclamarlo y a defender sus acciones. Otra vez los "justos" lanzando piedras. Y, la verdad, asusta un poco ver cuanta gente que ha visto el anime identifica a Light con el héroe de la historia.

También puede llegar a ser interesante, en un primer momento, la tensión entre los dos personajes principales, el juego detectivesco entre ambos aunque, tengo que reconocerlo, se me ha acabado haciendo pesado por redundante.

Quizá me habría gustado más la serie si hubiese acabado antes, si no hubiesen dado tantas vueltas. La verdad es que yo con el anime tengo muy poco aguante. Y puede ser extraño: Si el planteamiento te gusta, ¿por qué dices que no te gusta la serie en sí? Bueno, porque me repele bastante el estilo del anime, la manera de narrar, los efectos, los recursos, el tempo... Es que hay puntos en los que estoy diciendo: "¡Acaba ya, por favor!". Y así, claro, no hay quien disfrute nada.

Eso no quita para que, además, considere que han retorcido la historia demasiado y que el último tercio de la serie prácticamente sobra. Pero bueno, esto es mi opinión que, como ya he señalado, es la opinión de alguien a quien el anime en general no le llama nada.

Próximamente se va a estrenar la película de Netflix que adapta el manga. Supongo que, por curiosidad, le echaré un ojo, a ver si me gusta más el desarrollo que le dan.

Se ve que lo mío con la cultura japonesa es admirarla de lejos...


lunes, 14 de agosto de 2017

Aunque tú no lo sepas.

Puedes leer este post con música. Clic en el vídeo.



Aunque tú no lo sepas, te he inventado y me he embriagado con tu imagen. He dibujado retratos de familia, escenas de cumpleaños, vacaciones y duelo. Y en todas ellas aparecías tú. En las noches de insomnio, bailabas para mí proyectada por mis ojos sobre el techo del dormitorio. Tantas ganas tenía de ti que me forcé a reconocerte cuando llegaste.

¡Ah, qué maravilla abrazarte, tenerte por fin conmigo después de tanta espera! Dormir a tu lado, hundir mi nariz en tu pelo y sentir que olía justo como soñaba. Acariciar la suavidad de tu piel de fantasma esperado. Escucharte en silencio, escucharme en tu risa. Desafiar al destino juntos. Besarnos e iluminar la calle, la escalera, el dormitorio. ¿Cómo puede ser posible que seas tú? ¿Que te haya encontrado?

Pero, aunque tú no lo sepas, hace tiempo que te escapaste aunque cerré la puerta. Abrí los ojos y la cama estaba fría. La muchacha que dormía a mi lado ya no se te parecía. No tenía tus labios, ni tus ojos, ni tu voz. Ya no brillaba en la oscuridad, alumbrada por la luna llena, como tú brillabas, y su silencio ya no era una canción reconfortante. La veía a ella, y no a ti, y tu ausencia empezó a dolerme. Te habías ido.

Aunque tú no lo sepas, en realidad no habías existido nunca: eras ella, solo ella disfrazada de ti. Yo le había puesto los adornos, las sedas, el brillo. Yo había puesto tu voz en su garganta y tu tacto en su piel. En el fondo yo sí lo sabía, por eso intenté pasar de puntillas por su vida, sin dejar huellas, pero es imposible no dejar marcas cuando haces el amor con un cuerpo de arcilla húmeda.

Por eso, aunque ella aún no lo sepa, la dejo, hermosa y perfecta como es, con su risa que no suena como la tuya, con sus labios que no son los tuyos y con su pelo, que ya no huele a ti. Dolerá, aunque no era mi intención hacerle daño, y con cada una de sus lágrimas sumaré una cruz a mi condena, un paso a mi camino, un día más de purgatorio.  Y, a pesar de todo, te seguiré esperando.

Aunque tú no lo sepas.


sábado, 12 de agosto de 2017

Hacer planes.

Hay una manía que quiero quitarme, y es la de hacer planes. Algo he mejorado, desde luego, pero una no se quita los hábitos de toda la vida de la noche a la mañana. Y eso que lo sé: sé que hacer planes es, en muchos casos, una fuente de frustraciones y una madriguera para sueños rotos. Lo sé. Lo he visto.

Hoy, por ejemplo, paseaba por los alrededores de la huerta de mi padre. A medida que me acercaba, veía alzarse dos árboles bastante grandes ya. Son dos pinos que plantamos mi hermano y yo, uno cada uno, cuando éramos pequeños. Flanquean los lados de una pequeña rampa de entrada. Recuerdo que mi padre nos decía que serían la entrada a un "chalet" que iba a hacerse allí. También plantamos una parra cada uno que, según mi padre, daría sombra en el porche.  Yo podría tener 7 años cuando planté aquel árbol. Ahora tengo 29. Y mi padre no está más cerca de hacerse su pequeña casita de campo. Si  acaso, está más lejos.

Eso me pone muy triste, ¿sabéis? Todos los planes geniales que mi padre ha tenido a lo largo de su vida, todos los sueños que han quedado en nada. Y mi padre se lo merece. No solo soñar, sino que sus sueños se hagan realidad. Ha trabajado durísimo toda su vida y no ha conseguido casi nada de lo que soñaba.

Sé que a él también le pone triste a veces. Y eso me pone aún más triste.

Así que debería tener la lección bien aprendida: Bettie, no hagas planes.

viernes, 11 de agosto de 2017

Plan de contingencia.


Me quedaré en el hoy,
pellizcando pedazos a la eternidad
mientras me miras,
aguantando el segundero
con tus besos.

No hay tiempo: todo pasa.
Levantaré mi barricada
de esperanzas y deseos
y resistiré a las bombas.
          Cuando la realidad se deja caer
          siempre lo hace para matar.

Me aferraré, febril,
a ese último abrazo.
¿Qué quedará de mí
sino el polvo que te llevas en los dedos?

Y te añoraré hoy,
hundida en el desconsuelo,
y lo haré bien, por si un día
dejo de echarte de menos.



jueves, 10 de agosto de 2017

Book-Tag: Mid-year freak out.


El otro día vi este tag en el blog de Ro y me apeteció hacerlo, aunque sé que me va a costar la vida misma, porque he leído poquísimo este año. Aún así, vamos a intentarlo, a ver qué sale.

1. Mejor libro en lo que va de año.

El cuento de la criada, de Margaret Atwood. A lo mejor es porque es de los últimos que he leído y todavía me dura la impresión, pero es que está tan bien escrito, tiene una narrativa tan delicada y brutal a la vez, y la historia es tan tremenda... Uf.

2. Mejor secuela.

Lo más parecido a una secuela es Yerma, de Lorca, que es uno de sus tres dramas rurales. Y sí, es buenísimo, no porque sea lo más parecido a una secuela que he leído, sino porque es genial. Como las otras dos, por otra parte.


3. Novedad que quieras leer.

Pues la verdad es que no soy una cazadora de novedades y, ahora mismo, no tengo nada en mi radar.



4. Mayor decepción en lo que va de año.

Pues, aunque duela, Sandman. Obertura. Yo le tengo ley a Sandman, soy sandmaniana de religión, pero esperaba algo más de esta precuela, alguna explicación más profunda, yo qué sé.


5. Mayor sorpresa.


Ritos Funerarios, de Hannah Kent. Había visto esta novela ir y venir por Twitter y por los pocos blogs que he podido medio leer este año, pero ya lo había dejado pasar. Me lo regaló mi querida Runa cuando vino a visitarme a Córdoba y me encantó. Me pasa lo mismo que con Margaret Atwood, tiene una manera de narrar tan delicada y cruel a la vez que me enamoró.

¡Ah! Y más sorpresa aún fue La Reina de las Nieves, de Carmen Martín Gaite. Ni conocía el libro, vaya. Y me gustó mucho.


6. Nuevo autor favorito.

Margaret Atwood. ¿Cómo es posible que no haya leído nada de esa mujer hasta ahora, por favor?



7. Nuevo personaje favorito.

Leola, de Historia del Rey Transparente. Me encanta el personaje en sí, lo que simboliza, y cómo está construido.


8. Libro que más te ha hecho sufrir.

El cuento de la criada, de nuevo. Me ha inquietado mucho. 



9. Libro que te ha hecho más feliz.

El libro de Gloria Fuertes. Me ha gustado muchísimo descubrir a la mujer que me inició en eso de la poesía. 



10. Adaptación de libro a película.


El cuento de la criada, de nuevo. Aunque es a serie. 


11. Libros que quieres leer en la próxima mitad del año.

Pues, en principio, Ready Player One, para tenerlo leído para la peli, que se estrena el año que viene. Y Las edades de Lulú. Y La piedra oscura, que lo he descubierto hoy y lo necesito para vivir. 


Bueno, como siempre, os animo a hacerlo si os apetece :) 

miércoles, 9 de agosto de 2017

Libro: Adulthood is a Myth, de Sarah Andersen.




Hacía tiempo que le tenía ganas a este cómic (bueno, a este recopilatorio de viñetas) y por fin le he podido hincar el diente. ¡Os cuento!

¿De qué va el libro?

Pues es, como indicaba, un conjunto de viñetas que retratan, en tono humorístico, aspectos cotidianos de la vida de Sarah, que yo intuyo es un alter ego de la autora (se parecen mucho, que un amigo me mandó una foto de ella hecha en la ComiCon xD), en un tono humorístico. Aspectos como la sensación de falta de madurez, la introversión, el vértigo al acabar los estudios, entre otros, quedan retratados en sus viñetas provocando, cuando menos, una sonrisa.

Hablando del libro...

Me encanta. En serio. Me encanta Sarah Andersen. Es que me siento identificada al 2000% con este personaje. Y me ayuda muchísimo ver cosas que me preocupan o me acomplejan con una sonrisa, porque parece una tontería, pero le quitas hierro a esos miedos.

El libro es ligerísimo, al estar compuesto por tiras breves, se lee en nada. Antes de darte cuenta lo has acabado. Y vaya, creo que muchas mujeres de mi generación se pueden sentir identificadas. Y a lo mejor que no son de mi generación, también XD

Me ha quedado una reseña un poco meh, pero en fin: que si no conocéis este cómic le deis una oportunidad, porque es muy recomendable (y también está en castellano).

Os dejo un trocito...



En resumen, este libro...


En fin, ahora voy a seguir con Modelos de mujer, de Almudena Grandes, que me está dejando picueta.

martes, 8 de agosto de 2017

El mundo no para.

Siempre he sido regular tirando a mala o, qué cojones, nefasta, en eso de mantener el contacto con la gente. Por muchas razones. A veces porque soy un poco dejada, y me meto tanto en mis cosas que no me acuerdo de nada. Otras, por no molestar. Y otras, porque cuando no estoy bien (y he pasado unos años regulares) tiendo a encerrarme en mí misma: no soy buena compañía y, por tanto, no quiero compañía.

Lo sé, sé que soy así. Y, como no soy del todo imbécil, sé cuáles son las consecuencias de eso. Sé que, cuando te apartas, el mundo no se para. Que nadie es imprescindible y que, a veces, ni siquiera es necesario llenar el hueco que has dejado. Lo sé. Así que, cuando vuelves, si es que vuelves, ya no hay sitio para ti. Es lo normal. Lo tengo asumido y no me enfado ni me entristezco por eso.

Casi.

Hoy le he dicho a un amigo que yo no sé dónde tengo mi hogar, y es verdad. No soy muy de echar raíces (o eso creía) y, las pocas que he echado, me he visto obligada a cortarlas por unas cosas o por otras. Volver aquí, al pueblo, es volver al origen, y eso no lo pierdo. Pero hace años que no siento que este sea mi hogar.

Y todavía no siento que mi hogar esté en ninguna parte.

Esto sí que es ser apátrida, ¿eh?





lunes, 7 de agosto de 2017

Brindis

En este último año he escrito un montón de poemas. En serio, una barbaridad. La cosa es que de vez en cuando fotografío alguno (porque lo esbozo en el cuaderno) y los subo a Twitter (donde nadie les hace caso, todo sea dicho xD), pero ya no suelo ponerlos por aquí.

Así que nada, se me ha ocurrido poner alguno. Que a lo mejor a nadie le interesa leer mis mierdas en general y mis poemas en particular, pero bueno, esto es lo que hay xD Si veo que no, pues dejaré de ponerlos y ya.


Brindis.


Alzaré, por última vez, la copa
y brindaré, hoy sí, por lo que fuimos.
Me despediré de ti sin un abrazo
y marcharé sin esperar al olvido.

¿Qué nos hicimos? No lo tengo claro.
¿Obramos bien? Anduvimos camino.
¿Qué queda? Esqueletos en los armarios
y cajones llenos de recuerdos vacíos.

Quizá tenías razón: no nos amamos
               -no te quites las culpas, pecamos todos.
Puede que con el tiempo aún lo descubramos.
Ya no me preocupa. Hoy sí, te quedas solo.





domingo, 6 de agosto de 2017

Libro: Un amante de ensueño, de Sherrilyn Kenyon.




Hace unos días en Twitter, no sé cómo, salió el tema de Kinley MacGregor y acabé hablando con Lana Fry  sobre su "alter ego", Sherrilyn Kenyon (aunque el alter ego es Kinley, pero bueno xD). Poco después Neus, del blog Sin libros no soy nada, se unió a la conversación para hablar de la saga Cazadores Oscuros, una de sus favoritas. Y me animé a leer el primer libro de la saga. Ahí va la reseña.

¿De qué va el libro?

Julian de Macedonia es un esclavo del mundo antiguo, encerrado en un libro por culpa de una maldición, la cual le obliga a satisfacer sexualmente durante una luna a la mujer que lo convoque. Grace es una sexóloga que ha tenido malas experiencias con el sexo y cuya amiga, Selena, considera que necesita un meneo, así que, creyéndolo o sin creerlo, acaban convocando a Julian entre vino y pizza. ¡Y ya la tenemos montada!

Hablando del libro...

 Bueno, sí, he vuelto a leer romántica adulta. Lo tenía ya dejado por imposible, porque ningún libro me ha gustado tanto como los de Kinley MacGregor. Esos escoceses... Pero esta es la misma autora, y, aunque la temática es distinta, al menos su manera de escribir y eso sí estarían. Había menos riesgo de encontrarme un libro mal escrito o un soberano coñazo.  Así que me animé.

Acerté. Sherrilyn escribe bien, aunque me gusta más su estilo en la novela histórica. Y la novela no es un soberano coñazo, pasan sus cosicas y eso, pero también me gusta más cómo construye las historias en sus novelas históricas. Vamos, que a lo mejor va a resultar que lo mío es la romántica histórica xD. No sé, este libro me ha parecido más liviano, un poco más insípido que los de escoceses. O a lo mejor es que no me ha pillado en el momento adecuado, no sé.

En el libro encontramos un semidiós esclavizado, una mujer dispuesta a liberarlo (la casi-virgen redentora) y varios jaleos de por medio. Vamos, lo justito para convertirlo en una lectura entretenida. ¡Ah! Y no faltan sus escenas tórridas. De hecho las hay en abundancia :P

En cualquier caso, si os gusta la romántica adulta, es una recomendación a tener en cuenta. Sherrilyn Kenyon disfruta escribiendo este género, pero también se ríe mucho de él y de sus tópicos. Quizá más adelante me atreva con alguno más de la saga, que me han dicho que el segundo está muy, muy bien.


Os dejo un trocito...

Lo que sí es genial en este libro, como os decía, es el sentido del humor que tiene la protagonista. (Y también la autora, que se ríe mucho del mundo de la novela romántica y de lo que surja)
—Hasta luego.—Cupido dio una palmada y se desvaneció junto con Psiqué en medio de una neblina dorada.
Grace retrocedió un paso con la cabeza hecha un lío. No podía creer lo que acababa de presenciar.
—Debo de estar soñando —murmuró—. O eso, o he visto demasiados episodios de Xena.

En resumen, este libro...



Ahora seguiré leyendo los libros que tengo empezados, a ver si... :P 

viernes, 4 de agosto de 2017

Conversemos.

Estoy leyendo un libro muy recomendable para padres o para todas aquellas personas que tengan que educar a niños y adolescentes. Se titula De Platón a Batman, por si os apetece echarle un ojo. Estoy en las primeras páginas, de hecho hoy he acabado la primera parte (de tres que tiene). Esta mañana, mientras leía, he llegado a un tema que me ha parecido fundamental. Dice el autor que en las familias no se habla, y yo creo que es verdad. Bueno, hablar sí se habla. Lo que no hacemos es conversar. Hablamos por llenar el vacío con palabras, por miedo al silencio, porque algo hay que hacer. Pero ese "hablar" dista mucho de conectarnos con nuestros familiares. Y no tengo claro que no pase algo parecido entre amigos, supuestamente personas más afines a nosotros, con las que debería ser más sencillo comunicarnos hasta llegar al tuétano de lo que somos.

Yo no diría que lo de hablar con los hijos sea un hábito que se ha perdido. Más bien creo que es algo que nunca se ha dado en nuestra sociedad de manera extendida. Y en los últimos años, con las nuevas visiones educativas y la nueva manera de concebir la paternidad, tampoco ha llegado a calar. Los padres se preocupan por sus hijos como déspotas ilustrados, buscando lo mejor para ellos pero, en muchas ocasiones, sin contar con ellos e incluso sin saber quiénes son.

Y es cierto también que los hijos no hablan con los padres. Muchas veces he escuchado esa queja en reuniones con padres. "Es que mi hijo/a no me cuenta nada". Y claro, a ver cómo les dices a esos padres sin parecer maleducada que si no han hablado con sus hijos de verdad durante su corta vida no pueden esperar que ahora los niños acudan a ellos a contarles sus preocupaciones más profundas. No funciona así. A veces esos padres no se dan cuenta de que sus hijos son desconocidos para ellos en la misma medida que ellos lo son para sus hijos. Y, en general, uno no se dirige a un desconocido con sus problemas.

Mientras leía he extraído un patrón. No me relaciono con mucha gente con hijos, pero de entre esas personas hay unas cuantas que tengo la convicción de que están educando a sus retoños de la mejor manera posible. Y en esos casos siempre me doy cuenta que son padres (sobre todo madres) que hablan mucho y bien con sus hijos.

Un ejemplo es mi amiga Rosa (espero que no le moleste que la cite). Rosa tiene una hija que ha entrado ya en esa edad difícil que es la adolescencia (y que cada vez parece empezar antes). Rosa y yo somos el hombro de llanto y preocupaciones la una de la otra, así que en ocasiones ella me habla de dudas que tiene respecto de su niña y yo analizo las situaciones y siempre la tranquilizo porque, honestamente, estoy segura de que todo va a ir bien, porque está criando a una niña emocionalmente sana y equilibrada con la que tiene una relación honesta y cercana. ¿Por qué lo sé? Porque cuando Rosa me dice qué ha hecho en su tiempo libre, con frecuencia aparece ella con su hija viendo una película y comentándola. Dando un paseo juntas y charlando de cualquier cosa. Haciendo manualidades juntas. Cambiándose y comentando libros. Sé que hablan, que hablan de verdad, y sé que se conocen.

Ojo, que también sé que Rosa no va a tener problemas porque, a pesar de esto, no es colega de su hija: es su madre. Una madre cariñosa, tolerante, abierta, cercana... Pero también inflexible en lo que hay que serlo. Conversar con los hijos no lo convierte a uno, automáticamente, en su amigo. Simplemente indica que te importa. Y vaya, eso sería lo ideal, ¿no os parece?

Conozco mucha gente que echa de menos esto, conocer a sus padres y que sus padres los conozcan. Haber hablado con ellos. Haber tenido una relación unida por algo más que el nexo familiar. Yo no la he tenido. Es cierto que, por ejemplo, con mi padre tengo otro tipo de comunicación, pero sé que mis padres me conocen relativamente poco y lo mismo me pasa a mí con ellos. Nos conocemos más por nuestros actos que por lo que nos hemos dicho durante casi 30 años. Esto me ha llevado a ser muy independiente y a no contar cosas porque no tenía la confianza suficiente. Y, claro, a resolver mis dudas y problemas sola. Y me salió bien porque bueno, así fue. Pero podría haber sido bien distinto.

Mi recomendación, no como madre, que no lo soy, sino como educadora e hija, es que converséis con los niños desde que son pequeños. Que les preguntéis cosas. No solo cosas del cole o sobre su comportamiento, sino cosas sobre ellos. Qué quieren hacer. Qué aficiones tienen. Qué les gusta. Qué les molesta. Y cuando son algo mayores, que no despreciéis lo que tienen que decir. Probablemente dirán muchas cosas equivocadas, poco fundamentadas, pero el "tú qué sabrás" que tanto me decía a mí mi madre de adolescente es maravilloso para evitar que ese niño vuelva a intentar comunicarse contigo. Hablad con ellos como si fuesen personas. Que lo son. Como si os interesase lo que tienen que deciros. Que debería. Y corregidlos con respeto, como corregiríais a un igual.

Y, ¿por qué no? Conversad también con vuestros amigos. Conversad en serio, aunque sea de "tonterías". Escuchad y responded honestamente. Perded el miedo a la conversación. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que nos conozcamos unos a otros? Bueno, sí, eso puede ser bastante malo... :P

En fin, ¿vosotros qué opináis?



miércoles, 2 de agosto de 2017

Adivina la canción (III)

Bueno, hoy venía conduciendo y se me ha ocurrido que estaría guay volver a hacer un "Adivina la canción". Para quien no sepa cómo funciona esto, yo escribo un relato inspirado en una canción y vosotros tenéis que adivinar qué canción es. Dejaré pistas al final en letra blanca. Tendréis que seleccionarlas para verlas. Y, por último, un vídeo de Youtube con la solución. Allá vamos.

***

Me gusta recoger historias cuando viajo. A veces es difícil que los lugareños hablen pero, cuando se consigue, una se da cuenta de que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Ahora mismo recuerdo una leyenda que compartieron conmigo en una playa del norte. Era una tarde desapacible y nadie parecía tener ganas de arriesgarse a que lo cogiese una tormenta. A mí no me importaba, así que allí estaba, sentada en la arena, contemplando el oleaje. Después de un buen rato llegó un hombre y se paró a mi lado, no demasiado cerca, cuidando de no invadir mi espacio. Lo oí murmurar.

-Esta tarde la pelea está siendo dura...

Me giré hacia él.

-¿Perdone?

El hombre me miró con los ojos brillantes. Tenía ganas de contar historias y había encontrado a alguien que quería escucharlas. Debió notarlo en mis ojos como yo lo vi en los suyos.

-La pelea entre el mar y el muchacho que se ahogó. ¿No la conoces?

Negué con la cabeza y esperé a que se aclarase la garganta para empezar.

-Hace años vivían en aquella casita -me señaló una pequeña cabaña en un alto, frente a la costa- dos jóvenes. Llegaron de lejos, de otros mares, porque él dominaba como nadie el arte de la pesca. Y ella... Ella era callada y hermosa. Bajaban juntos a la playa cada madrugada y ella lo besaba al despedirse y se sentaba en la arena a esperar su vuelta, jugando con las conchas, cosiendo, cantando. Las gentes dicen que el mar se enamoró de aquel pelo oscuro y rizado y de sus ojos de mora. Cada noche se colaba en forma de niebla en su dormitorio para observarla. Por las mañanas se retiraba porque no podía soportar ver cómo se amaban. 

Una mañana el mar decidió que no podía aguantarlo más. Quién iba a decirlo, ¡el mar celoso! Así que vio como se despedían y, cuando ella posó en los labios de él su beso, el mar decidió que sería el último. La barca se adentró en el agua y ella se sentó a esperarlo. Pero él nunca volvió.

-¿Y ella? -pregunté.

-¿Ves aquella piedra blanca? Dicen que es ella. Se quedó sentada ahí, frente al mar, esperando su vuelta. 

Me quedé pensativa un momento, conmovida por la historia. Entonces caí en la cuenta de que no me lo había explicado todo.

-¿Y lo de la pelea?

-Ah, sí. Los mayores siempre nos han contado que cuando hay tempestad y se levantan estas olas tan salvajes, lo que ocurre es que él está peleándose con el mar para escapar de su prisión y volver a abrazar a su amor. Quizá así ella vuelva a la vida...

Estuvimos hablando un rato más y, cuando se despidió, me levanté y me acerqué a la roca. Rezumaba pequeñas gotas de agua. Me llevé una de ellas a los labios y noté el sabor a sal. Ella seguía llorándolo.

***

PISTA 1: Es un grupo de música español de los 80.
PISTA 2: El grupo tenía 3 integrantes. 

SOLUCIÓN. (CLIC AQUÍ)


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