lunes, 30 de septiembre de 2013

Dreams.

Tengo ciertas fijaciones con las historias, las canciones, el arte, ... Ciertas preferencias que rozan lo obsesivo. Hay más días que longanizas, así que supongo que os las iré desgranando poco a poco. Hoy toca una de ellas. 

Tengo una fijación insana con las canciones sobre sueños o dormir. Y no solo con las canciones. Todo lo que tiene que ver con el mundo onírico llama mi atención así que si escribes un libro, compones una canción,  o, en fin, lo que sea, relacionado con los sueños, aquí tienes una potencial  lectora, oyente, consumidora, whatever

Viñeta de "Sandman", ¿lo adivináis? El protagonista es Sueño.

Así que me gustan las canciones sobre sueños porque me gustan los sueños. Porque en ellos cada quien puede ser y hacer lo que quiera.

El mundo de los sueños tiene algo de inmunidad. ¿Quién no ha consumado su pasión con un amante imposible de alcanzar en sus sueños? Venga, no me digáis que he sido la única. ¿Quien no ha hecho en sueños algo a lo que no se habría atrevido en la vida real?


 Sweet dreams - Eurythmics

A veces solo tienes que soñar para hacer lo que quieres hacer, para estar con quien quieres estar, para ser lo que quieres ser.


All I have to do is dream - The Everly Brothers

Dicen que John Lennon en algún momento llegó a ser adicto a los sueños. Parece que consiguió dominarlos, llegar a tener sueños lúcidos. Compensible, en parte, que no quisiese salir de la cama. Poder volar, no tener dolor, no tener miedo. Es tentador...


I'm only sleeping - The Beatles

Aunque soñar también requiere valentía. Hay quien prefiere no hacerlo. Porque no todos somos John Lennon. A veces los sueños nos dominan y hay quien no quiere ver qué oscuros deseos oculta en su interior...


Pastillas para no soñar - Joaquín Sabina

Y a veces, también es cierto, los sueños no son como esperábamos. 


Pesadilla - La Oreja de Van Gogh

Pero en ocasiones los sueños son lo único -o al menos, de lo poco- que nos queda. Cuando estamos tristes, cuando nos sentimos solos, ...


Dream - Dean Martin

... seguimos soñando, manteniendo la esperanza de que nuestros sueños, nuestros deseos más profundos, se hagan realidad un día. 


A dream is a wish your heart makes - Cenicienta

Mientras tanto, seguiremos pidiendo sueños bonitos cada noche, ¡qué remedio!


Mister Sandman - The Chordettes

Y esperando que haya alguien que sueñe con nosotros...


Dream a little dream of me - The Mamas and the Papas

Seguro que me he dejado muchas. Algunas de ellas deliberadamente, claro. No era cuestión de hacer este post más largo. Pero si tenéis alguna sugerencia por ahí y acabáis descubriéndome alguna canción más sobre sueños con la que obsesionarme, ¡no os cortéis! 




domingo, 29 de septiembre de 2013

Una estudiante repelente.

¿Sabéis el típico personaje de cine/libro/serie/vida real que es una rata de biblioteca tan obsesionada con los estudios y tan repelente y sabelotodo que dan ganas de meterle un libro en la boca y empujárselo hasta la garganta? ¿Sí? Entonces podemos seguir.

Ayer mismo le decía a Lansy que yo solía ser una de esas estudiantes repelentes, que esperan a ponerse enfermas los fines de semana para no perder clase. De hecho, si me ponía enferma entre semana, no creáis que era fácil sujetarme en la cama/sofá/lo-que-sea. Os puedo dar una muestra. Estando en primero de carrera me desperté con fiebre, MUCHA FIEBRE, unos 39 graditos de nada, el mismo día que tenía el primer parcíal de Lógica. Creo, además, que era el primer examen que hacía en la carrera, así que la cosa estaba peliaguda. Y Lógica, precisamente, no es cualquier cosa. Recuerdo que ese día tuve un debate muy intenso conmigo misma mientras estaba en la cama -cosa que hacía mucho en aquellos tiempos. La discusión fue tal que así:

BETTIE: No puedorl, no puedorl...
FIEBRE: ¡MUAHAHAHAHAHA! Tanto estudiar y ahora vas a tener que quedarte en casa y te perderás el parcial. ¡Tendrás que ir a la recuperación! ¡MUAHAHAHAHA!
B: Ni lo sueñes, malvada fiebre. Bettie Jander nunca ha faltado a un examen y este no será el primer día (ese día llegó 3 años más tarde, porque tenía dos exámenes el mismo día, y otro año después llegó el primer día en que llegué tarde, pero tarde de verdad, a un examen. Ains. Dolió mucho. Por suerte, algo bueno que tiene ser una estudiante repelente es que todos los profesores creen que es inconcebible lo que está pasando y te perdonan enseguida :P)
F: Intenta levantarte, valiente, a ver si puedes.
(Intenté levantarme. Con poco éxito. Mi cerebro parecía estar rebotando contra los huesos del cráneo.)
F: ¡Te lo dije! ¡MUAHAHAHA! Ale, pringada, levántate despacito a hacerte algo de leche caliente, a tomarte un antipirético, y a dormirla para todo el día. 
(En ese momento yo me di la vuelta en la cama y mi fiebre sonrió, triunfal. Pero la sonrisa le duró poco.)
B: ¡De eso nada! ¡Voy a llegar a ese examen, y a aprobarlo, aunque sea lo último que haga!
(Ahora podéis visualizarme levantándome de la cama lentamente con la música de Carros de Fuego. Fin de la escena)

Os prometo que pasó exactamente así. O a lo mejor eran los delirios de la fiebre. ¿Importa eso realmente? Lo que cuenta es que os hacéis una idea de mi repelencia. He sido siempre -soy, más bien, aunque ya no estudie más que por mi cuenta- una estudiante repelente. Por eso, cuando la gente se mete con Hermione, a mí me duele, porque me siento muy identificada con ella. Le tengo mucho cariño. Desde el primer momento, desde que se presenta a Harry. Incluso cuando dice: "Es Leviooosa, no leviosáaaa". Siempre. Hermione 4 ever. 



Somos parecidas, pero con una pequeña diferencia. Hermione puede con lo que le echen y yo no, yo soy una Muggle normal, con sus límites (decir eso también ha dolido....snif...). A lo mejor es porque ella tiene giratiempo y yo no, pero yo tengo que dejar cosas fuera, no puedo abarcarlo todo. 

Esto viene a cuento porque el otro día, no sé muy bien por qué, me acordé del síncope que casi me da en el primer año de carrera. 

En Filosofía, supongo que en el resto de carreras pasará algo similar, hagas lo que hagas nunca es suficiente. Los profesores se quejaban constantemente de cualquier cosa. Por ejemplo, de los pocos idiomas que hablábamos, con el típico "Yo a vuestra edad hablaba latín y griego clásicos, francés, inglés y alemán. ¡Qué menos para empezar esta carrera!". Cuando te dicen algo así el primer día de alguna asignatura, el primer año de carrera, te dan ganas de salir corriendo y no parar. Pues las cosas eran así todo el tiempo. Al resto de compañeros les intimidaban, pero a mí, como estudiante repelente, me ponían los nervios de punta. 



Lo peor, sin embargo, llegaba cuando te daban la...¡CHAN-CHAN! 

BIBLIOGRAFÍA...

La bibliografía consistía en un folio lleno de títulos de libros por una cara, si había suerte, por dos si no, y si la cosa iba a ser infernal, tenía varias páginas. Esos libros, supuestamente, eran los que había que leer para sacar adelante la asignatura. Cuando los profesores eran agradables señalaban, de entre la masa informe de títulos, los que eran más importantes, o más bien, los imprescindibles de verdad, entre cinco y diez. Pero, normalmente, los profesores no eran tan majos. Así que ahí te encontrabas tú, con la lista interminable entre las manos, pensando cómo ibas a hacer frente a todo aquello a muchos niveles, el económico incluido. 

Lo gracioso es que yo, inocente de mí, realmente pensaba que tenía que leer TODOS los libros de TODAS las asignaturas para aprobar, como se empeñaban en decir los profesores. Y lo intenté, de verdad. No compré todos los libros, porque no tenía un chavo, pero la biblioteca se convirtió en mi segunda casa. No veáis el agobio que llevaba yo.  ¿No os doy ternurilla? Qué inocente era...

Si os preguntáis hasta cuándo duró mi problema con la bibliografía, os sacaré de dudas: hasta que se aproximaron los primeros exámenes parciales. Me di cuenta de que eso era humanamente imposible, al menos para mí, y desistí.  Y descubrí, más o menos al mismo tiempo, que nadie se tomaba eso en serio, que lo de leerse toda la bibliografía era como lo de hablar cuatro o cinco idiomas. Pero no veáis qué acoro pasé los primeros meses... :P

En fin, que no tengo remedio, lo tengo ya asumido. Soy una estudiante repelente y muy inocente además. ¿Hay alguna más entre vosotras? ¿Habéis empezado a odiarme de repente? 

(Que tengáis un buen inicio de semana, me odieis o no :P)


viernes, 27 de septiembre de 2013

Podcast: En España hay mucho talento desaprovechado (I)

Hoy he tenido un día difícil. Mi taza para animarme los días tristes murió anoche, pero lo he descubierto esta mañana. Snif. Y eso ha sido para empezar el día, lo que ha venido después tampoco ha sido una maravilla maravillosa, salvo alguna pequeña excepción. Pero me niego a que el día acabe así. Quiero aportar algo constructivo al mundo hoy. Ahí va. 




Espero que os hayáis echado unas risas, me da igual que sea conmigo o de mí. Lo que sea para devolver un poco de los buenos ratos que vosotras me dais. Gracias. 

jueves, 26 de septiembre de 2013

¿Qué aprendí en el cursillo para profes novatos?

Como os comentaba hace un par de días, hice un curso en la plataforma Coursera destinado a los profes novatos. Por cierto, están ofertando otro que empieza a finales de octubre, con una temática similar pero un planteamiento algo distinto: Surviving your rookie year of teaching. Por si os interesa. Pues bien, en el post sobre mi experiencia, Perri me sugirió que hablase un poco de qué había aprendido, y sus deseos son órdenes para mí :P Así que allá vamos. Espero, Perri, que te resulte interesante, aunque sea un poquito.

Como diría José Mota...

Cursillo para profes novatos....mu-rápido.

(Léase con voz de teletienda)

Hola, amigo o amiga. ¿Acabas de sacar plaza en una oposición a profesor de secundaria? ¿Te han contratado en un colegio privado/concertado? ¿En una academia? ¡Enhorabuena! Aparte de tener una suerte que no se la salta un gitano, ¡eres un profe novato! Tienes cacotas, ¿verdad? O como se dice en mi pueblo, tienes más miedo que siete viejas. No te preocupes. Con el cursillo para profes novatos...mu-rápido tienes la mitad de la faena hecha. Atiende, figura. 

No, es broma. La idea del cursillo es la siguiente: para empezar con buen pie nuestro primer año de enseñanza -en el que somos más inexpertos- y, por qué no, también los siguientes, hay una herramienta clave: planificación. Hay que pensarlo todo y pensarlo bien, porque aún así nos van a surgir situaciones que no esperábamos, pero al menos tendremos alguna que otra herramienta cuando surja una de las que sí esperábamos.  

Por lo tanto, la idea es redactar un pequeño plan para el inicio del curso. No es una programación didáctica, que nadie se asuste. Es una cosita breve, que nos sea útil y que nos ayude en nuestra tarea. En el cursillo se proponían seis apartados, cada uno de ellos con dos o tres subapartados, sobre los que había que pensar y proponer medidas concretas. Esto es importante: tiene que estar enfocado a la práctica, no a montar castillos en el aire.  Sin más rollacos, voy al lío.

1. Preparar la clase. En este apartado tenemos que pensar cómo conseguiríamos que el espacio físico sea el adecuado para que nuestras clases sean un éxito. Proponían examinar los siguientes puntos:
    • ¿Cómo harías la clase acogedora para los alumnos? Sería interesante que los chavales se sintiesen cómodos en clase, bien recibidos. A este respecto sugerían, por ejemplo, instalar casilleros para sus trabajos, espacio para dejar sus efectos personales, etc. En definitiva, cualquier cosa que haga que los alumnos sientan que esa clase es suya. 
    • ¿Cómo harías la clase visualmente atractiva? Colgar murales, trabajos, regular la luz, etc. también pueden influir positivamente en la clase. Yo, por ejemplo, proponía trabajar estos dos puntos juntos, haciendo que cada alumno trajese una cita de algún filósofo escrita en un papel de color así, bonita, para colgarla en clase. 
    • ¿Cómo conseguirías un entorno seguro y que facilitase el aprendizaje? Colocar las mesas en forma de U, en círculo, en parejas, en grupos, dejar suficiente espacio para que los alumnos puedan entrar y salir sin problemas, forman parte de este apartado.
2. Promover el respeto y el aprecio por los demás. En este apartado debemos pensar cómo fomentaremos un entorno de convivencia positivo. Algunos puntos a examinar serían los siguientes:
    • Facilitar la aceptación de las diferencias entre estudiantes. Realizar actividades en las que las diferencias sean enfocadas desde un ángulo positivo, como algo enriquecedor, puede ser una buena manera de trabajar este punto.
    • Ser un modelo: interactuar respetuosamente. No humillar a los alumnos, no faltarles al respeto, etc. 
    • ¿Cómo manejarías los problemas y conflictos típicos? Algunas maneras es utilizando herramientas de mediación, hablando a solas con los alumnos implicados, ... Cada uno tiene que pensar las suyas. 
3. Promover la colaboración entre alumnos.  Conseguir que los alumnos se ayuden entre sí y trabajen juntos de una manera adecuada también es parte importante del buen funcionamiento de una clase. Algunos puntos en los que pensar son..
    • Ayudar a desarrollar el liderazgo en los estudiantes, por ejemplo, asignando ciertas tareas que tienen que gestionar o permitiéndoles tomar la iniciativa en el desarrollo de ciertas actividades, por ejemplo, dejando que propongan lecturas. 
    • Organizando experiencias de aprendizaje en grupo, y esto hay que pensarlo bien, para que el trabajo en grupo no se convierta en un "uno trabaja y el resto miran". Hay que pensar cómo se reparten las tareas y cómo se evalúa para que todos saquen el máximo partido de la actividad.
 4. Promover la responsabilidad: establecer y mantener estándares de comportamiento. En definitiva, conseguir que los alumnos reconozcan las normas y se comporten de acuerdo a ellas durante todo el curso. El esfuerzo mayor, claro, se concentra en las primeras semanas de curso.  Algunos de los puntos a tener en cuenta:
    • Involucrar a los alumnos en el proceso de establecer las normas de comportamiento, bien dejando que se escojan por consenso, bien generando un debate sobre por qué ciertas normas son importantes,... Como todo, depende del profesor y de su estilo.
    • Reforzar el buen comportamiento y responder al mal comportamiento. Es importante actuar en ambos sentidos: no debemos perdonar ninguna infracción, la consistencia es muy importante, pero también es importante reconocer a los alumnos cuando actúan bien. También hay que pensar cómo se responderá a las infracciones de las normas, qué consecuencias tendrá cada una, y, lo más importante: cumplirlo.
    • Ayudar a los alumnos a hacerse responsables de sus propias acciones, principalmente, haciéndoles partícipes de las consecuencias de las mismas. 
5.  Construir una comunidad organizada: implementar rutinas y procedimientos. Lo que se pretende, con este punto, es hacer que las clases tengan cierta organización, que no sean una sorpresa diaria.  Algunos puntos a tener en cuenta:
    • Utilizar procedimientos de aprendizaje efectivos, como por ejemplo, establecer una agenda diaria en la que se empieza con una actividad, se sigue con otra distinta, y se cierra con otro tipo de actividad, repitiendo este patrón., o preparar casilleros o bandejas en las que entreguen sus trabajos al entrar o salir de clase, etc.
    • Ayudar a los estudiantes a asimilar estos procedimientos, tomándose tiempo para explicarlos con claridad, repartiendo folios con las instrucciones, premiando, de cierta manera -con un plus en la nota, por ejemplo- a aquellos alumnos que realicen las tareas siguiendo el procedimiento, ...
6. Conseguir eficiencia: usar el tiempo de una manera efectiva, es decir, emplear el máximo tiempo posible en la clase y el mínimo en otras cosas.  Algunas sugerencias...
    • Utilizar transiciones suaves entre actividades, por ejemplo, avisando de que quedan ciertos minutos para acabar, o dedicando unos minutos a enlazar la actividad anterior con la siguiente explicando su conexión,...
    • Mantener a los estudiantes implicados en la actividad. Si es en la explicación, estableciendo contacto visual, haciendo preguntas, paseándose entre ellos, ... Si es en otras actividades, pues según la actividad requiera. Habría que pensarlo también.
    • Planificar las actividades. Es importante que no sean repetitivas, así como que se dedique a cada una un tiempo adecuado. También hay que pensar qué harán aquellos que la acaben antes de tiempo, y qué tendrán que hacer los que no la acaben en el tiempo estipulado.

Y hasta aquí puedo leer. Evidentemente esto no es la panacea ni el remedio a todos los males del docente novato, pero nos ayuda a prepararnos ante ciertos imprevistos. Por ejemplo, en este último punto: si planteamos una actividad y hay quien la acaba antes y no les asignamos otra tarea (leer alguna página de la siguiente lección, comenzar los deberes, etc.) tenemos un alumno ocioso que puede empezar a charlar con los compañeros, a interrumpirlos, etc.

Estoy segura de que todos los que queremos ser profesores nos imaginamos muchas veces en clase, pensamos en cómo haríamos esto o aquello, pero bueno, un guioncito nunca viene mal y a veces ayuda a no perder de vista puntos importantes. Y este es el guión que proponían en el curso. Desde luego, lo interesante es moldearlo y acoplarlo a las circunstancias de cada uno.

Como veis el curso tampoco era una cosa del otro mundo, pero a mí me resultó muy interesante. Espero que el día de mañana lo que he aprendido me sirva de algo :P jaja. 

¡Muá!


Libro: La princesa prometida, de William Goldman

No os hacéis una ligera idea de las ganas que tenía hoy de ponerme a escribir. Estaba ansiosa y todo, y eso sin ninguna razón especial. Pero no sé, es como si sintiese que, si no escribo hoy en el blog, no dormiría bien, no sé si me entendéis. El post de hoy es una reseña. ¡Allá vamos!


Probablemente hayáis visto la película de 1987 con el mismo título, y si no, ¡ya estáis tardando! Pues bien, esta es la novela en la que se basa la película. Es una peli que a Jack y a mí nos gusta mucho, así que a Jack se le ocurrió que hiciésemos una especie de mini club de lectura y lo leyésemos a la vez. Aunque yo he acabado un poco más rápido que él... :P Pero no importa, porque este fin de semana ya lo habrá acabado y tras el club de lectura tendremos cinefórum, jaja.

¿De qué va el libro?

Esgrima. Lucha. Torturas. Venenos. Amor verdadero. Odio. Venganzas. Gigantes. Cazadores. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas más hermosas. Serpientes. Arañas. Bestias de todas las clases y aspectos. Dolor. Muerte. Valientes. Cobardes. Forzudos. Persecuciones. Fugas. Mentiras. Verdades. Pasión. Milagros.
 El libro cuenta la historia de Buttercup, enamorada del joven Weastley, pero comprometida con el príncipe Humperdinck de Florín, secuestrada por tres mercenarios, re-secuestrada por el temible pirata Roberts, y de las cosas que a todos ellos les pasan.

Hablando del libro...

Lo primero que quiero decir es que el libro me ha sorprendido. Esperaba un libro infantil/juvenil bastante simple, tipo cuento de hadas con aventuras, pero lo que me he encontrado es una novela más elaborada, con un humor bastante agudo. A ver si sé explicarlo. El autor, William Goldman, dice que la novela que tenemos entre manos es una especie de resumen/compilación de la obra del mismo título escrita por el florinés Simon Morgenstern, que pretendía hacer una especie de crítica satírica de la monarquía y sociedad de su país, y que, por lo tanto, era bastante densa y pesada. Lo que ocurre es que el padre de Goldman  (también florinés) le leía la novela saltándose las partes tediosas y yendo directamente a las buenas. Esto lo descubre Goldman cuando, después de mucho buscar, consigue regalarle a su hijo una copia del libro por su cumpleaños. El niño intenta leer el libro, pero lo deja cuando llega al segundo capítulo, en el que se hace un amplio recorrido por la dinastía de los reyes de Florín.  Entonces, cuando Goldman va a ver el libro, se da cuenta de que aquello no es lo que su padre leía y que era normal que su hijo lo hubiese dejado. Por eso mismo, se le ocurre hacer un resumen de la obra, para sacar un libro con la historia tal y como se la leía su padre. 

Hasta ahí, bien, es un recurso que recuerda al que utiliza Cervantes en El Quijote. Pero no queda ahí la cosa. Goldman hace incisos en cursiva a lo largo del libro, bien para comentar escenas, bien para hacer apreciaciones, bien para introducir anécdotas,... Y la verdad, la mayor parte de ellas tienen bastante gracia :P Incluso se permite comentar un final "alternativo" (como hago yo mentalmente cuando un final no me convence xD). Me cae bien este Goldman.

Yendo a la lectura en sí, como ya he dicho, es bastante graciosa, divertida, y muy, muy entretenida. El argumento es muy similar al de la película, no os voy a descubrir nada nuevo, pero es una novela que merece la pena leer. A mí, a pesar de haber visto la película, me ha sorprendido muy gratamente. Además es muy breve. Os la recomiendo :)

¡Ah! Solo decir que la Buttercup de la peli no me cae demasiado bien, pero a la del libro me dan ganas de soltarle a relaxing hostia a rodeabrazo con la mano abierta. Cosas mías. 

Os dejo un trocito...(o dos)

- Imagino que no podéis daros prisa -comentó Iñigo.
- Si queréis que me dé prisa - repuso el hombre de negro visiblemente enfadado-, podríais lanzarme una cuerda o alcanzarme una rama o buscar alguna otra cosa útil con que ayudarme.
- Sí, podría - convino Íñigo-. Pero no creo que aceptarais mi ayuda, porque os estoy esperando para mataros.
- Eso constituye un obstáculo en nuestra relación - dijo el hombre de negro-. Me temo que tendréis que esperar.
Faltaban doce metros noventa centímetros.
-Podría daros mi palabra de español -le dijo Íñigo.
- No me sirve de nada -replicó el hombre de negro-. He conocido a demasiados españoles.

Os dejo otro trozo que me ha hecho gracia.

Sería bonito que alguien, quizá un candidato a doctor en filosofía que anduviera por ahí suelto, hiciese algo por la reputación de Morgenstern, pues, os lo digo con  toda sinceridad, si ser pasado por alto significa sufrir, el hombre ha sufrido mucho.


Casi parece una indirecta, ¿verdad? Pero lo cierto es que hay en el libro varios trozos rescatables para una clase de filosofía. Íñigo argumenta fenomenal. 


Y, para acabar, este libro...

5/5

Ahora empezaré a leer Neverwhere, de Neil Gaiman, que llegó a mis manos sorpresivamente. ¡Me muero de ganas! Además, me vendrá bien, no quiero que se me oxide la capacidad de leer en inglés :)

Os dejo con una canción preciosa de la película La princesa prometida. Especialmente para Jack, que sé que le encanta ^^ Muá :)



PD: mientras leía este libro todo parecía girar alrededor de él. Resulta que ayer era el aniversario de la novela, y anteayer me encontré en ETSY estos lápices de los que me enamoré instantáneamente. ¡Ains!

martes, 24 de septiembre de 2013

Mi experiencia en #Coursera

Hace unos meses os hablé de Coursera, una plataforma que ofrece cursos gratuitos. Entonces estaba muy ilusionada, pero la verdad es que no terminé el curso que estaba haciendo en ese momento.  Hace un par de semanas, más o menos, acabé, por fin, un curso de Coursera. ¡Bien!


El curso, en concreto, se llama First Year Teaching (Secondary Grades) - Success from the start, y va de eso: recursos, técnicas y procedimientos para empezar nuestro primer curso como profesores de secundaria con buen pie. Por si a alguien le interesa, vuelve a ofertarse otra vez, pero no se sabe la fecha. Podéis apuntaros para que os avisen :) Quizá una de las razones por las que lo he acabado es su duración: 4 semanitas de nada. ¡Ah! Y también hay una "versión" para profesores de primaria.

El curso tiene el formato de otros cursos de Coursera: vídeos más o menos cortos, con cuestionarios intercalados y alguna lectura. La evaluación, por otra parte, era algo así: 15% por completar dos encuestas, una al inicio del curso y otra al final, 50% por dos trabajos individuales breves (evaluados por los compañeros), 25% cada uno, y un 35 % por la participación en los foros, pudiendo alcanzarse el máximo con 10 posts o respuestas a compañeros.  Por cierto, no voy a perder la oportunidad de fardar: mi nota fue de 100 %, así que tengo un certificado de aprovechamiento con distinción (como si eso importase algo, jaja). 


Me apunté al cursillo sin más pretensión que sacar en claro algún recurso, estrategias, cosillas que me pudieran ser útiles en mi práctica docente, si es que eso llega. Y la verdad es que el curso me ha sorprendido. No solo me ha hecho pensar en cosas a las que no les había dado importancia, sino que me ha permitido intercambiar opiniones y experiencias con profesores o futuros profesores de todo el mundo, lo cual me ha hecho darme cuenta, además, de que en España, a efectos de educación, estamos en pañales. Mucho.  Muchísimo. Pero vamos, que también me queda claro que eso no se remedia cambiando leyes, y menos con leyes que nos hacen retroceder en el tiempo.

Creo que esa es una de las mayores ventajas de este tipo de plataformas: nos permite contactar con personas que provienen de contextos muy diferentes, lo cual enriquece mucho el contenido mismo del curso. ¿El inconveniente? Pues el idioma, claro. En este caso, la lengua del curso es el inglés, aunque en Coursera ya hay varios cursos en castellano. Uno de ellos, sobre Egiptología, ofertado por la Universidad Autónoma de Barcelona -creo.  Y relacionados con el mundo de la docencia, ha habido alguno sobre el uso de las TIC en el aula, ofertado por una universidad mexicana, creo recordar.

En definitiva, para mí ha sido una experiencia muy positiva y enriquecedora. Además, ha sido mi primer contacto con el uso del inglés en un ámbito más o menos académico, y oye, no me he defendido mal del todo. ¡Qué subidón! :P


lunes, 23 de septiembre de 2013

Cuarto y mitad de demagogia.

Yo aviso. Puede que el post de hoy sea pura demagogia, pero me lo voy a permitir, porque es mi blog y necesito un desahogo. Así que ahí va, con demagogia y mala leche.

Ayer leí, con pasmo, un ¿artículo? de Edurne Uriarte en la web MujerHoy. El ¿artículo? se titula: "¡Mi bolso!", y da para que se pongan a sangrar las úlceras del más pintao. En él, la autora dice que el otro día se dio cuenta de que estaba en un momento de equilibrio vital porque un camarero le tiró un vaso de vino blanco encima de su bolso de Gucci y no montó una escena. Imaginaos. El camarero, esa plebe. Ese pobretón. Más le valdría ir con más cuidado, que hay mucho parado por ahí. Tirar un vaso de vino en un bolso que vale, con mucho, bastante más que él.  ¡Qué se habrá creído! Pero mira, hoy me siento generosa, así que voy a aguantar, con dignidad, y le voy a perdonar la vida. Pero solo porque el vino era blanco, y seguramente no mancha tanto. Y porque el chico está bueno, claro.

Podemos seguir leyendo luego sobre cómo los hombres no pueden llevar bolso, a no ser que sean gays, o lo que viste y adorna un bolso encima de una mesa. Podemos, si no nos morimos de asco antes, claro. 

No me malinterpretéis, no es que a mí no me gusten los bolsos. Me gustan. Y los zapatos de tacón. Y los cuadernos bonitos, y las ediciones de lujo de los libros, ... Ese no es el tema. El tema es la absoluta falta de sensibilidad social de esta señora. Eso, por no entrar en su elitismo empalagoso.  

Mientras lo leía se me hacía un nudo en el estómago. Un nudo de rabia. Hace un par de días estuve haciendo la compra semanal y vi los supermercados casi vacíos. El carnicero se quejaba de que este mes era malo, por la compra de los libros, y su esposa añadía que ella se había gastado 200 euros en libros para su hijo de tres años. Escandalizada decía que le habían pedido un libro de religión para el pequeño.  Las pocas personas que compraban se quejaban de lo mismo. Era el tema de conversación más popular en los supermercados. "Este mes toca comprar menos", decían. 

Con la multitud de comentarios de padres cabizbajos empujando carritos de compra más bien vacíos retumbando en mi conciencia fue como leí este artículo de Edurne Uriarte. No podía sacármelos de la cabeza. Y me hirvió la sangre. Para que luego digan que no hay clases: una señora demuestra su paz interior al no montar una escena por un bolso, mientras muchísimas familias no pueden permitirse perder la calma, aunque no sepan, desde hace tiempo, qué es eso de la paz interior, mientras eligen entre el supermercado y la papelería. Que sí, que no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero jode. Bueno, no tiene nada que ver, hasta cierto punto. Tiene que ver en que hay personas a las que les da igual que la gente se ahogue en el fango, porque pisan por encima de nuestras cabezas. Y lo demuestran hablando de bolsos de Gucci bañados en vino blanco con gravedad, como si fuese lo peor que a una puede pasarle. Se sienten cómodos, a salvo. Muchos tienen que ahogarse para que a ellos les llegue la mierda. A no ser que los que están debajo empiecen a estirar de sus pies calzados con zapatos de marca, claro.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Serie: Firefly (+ Serenity)

O lo que es lo mismo: ¿Por qué, Fox, por qué?

Nunca, nunca, nunca más empezaré a ver una serie cancelada de esta manera. En serio. Si intento hacerlo, recordadme Firefly.


¿De qué va Firefly?

Resumiendo mucho: vaqueros espaciales. No, en serio. No veáis el chasco que me llevé tras ver el primer capítulo. ¿Tantas recomendaciones para esto? ¿En serio? Ese ambientillo ciencia-ficción +  western me dejó impactada. Aparte de que en ese primer capítulo iba más perdida que un pulpo en un garaje.

Sin resumir tanto: Firefly cuenta las idas y venidas del capitán Malcolm Reynolds y su tripulación, a bordo de su nave Firefly, de nombre Serenity. Estos se dedican, oficialmente, al transporte de mercancías, y extraoficialmente, a los pequeños saqueos y robos. Vamos, que se mueven entre la legalidad y la ilegalidad. Más bien en la ilegalidad.  También transportan pasajeros, y este es el punto de partida de la serie: la subida a bordo de tres pasajeros, cada uno con sus historias y sus misterios. 

A priori, Firefly puede parecer una serie de ciencia ficción como otra. Un poco churra, incluso. Pero hay que darle una oportunidad. ¿Por qué? Pues por varias razones. ¿Queréis que os enumere unas cuantas?

¿Por qué ver Firefly?

  • Su ambientación. El escenario futurista que presenta está lleno de detalles interesante. Es una pena que cancelasen la serie, porque en la película con la que dan cierre a la trama, Serenity, se entrevé el enorme potencial que el universo creado por Joss Whedon tenía. ¿Alguno de ellos? Pues, por ejemplo, la organización política (¿metáfora de un gobierno global?).
  • La construcción de los personajes. Son personajes que, aunque responden a ciertos arquetipos, los rebasan con mucho y son perfectamente creíbles. Quizá porque ninguno de ellos es, totalmente, lo que se esperaría de él. Se les coge mucho cariño a todos ellos.
  • Cada capítulo es emocionante, trepidante y entretenido. No te aburres. Es más, yo solía estar en vilo normalmente. No era muy bueno para mis nervios, he de reconocerlo, pero merecía la pena.
  • Las relaciones entre los personajes. Es una de las cosas que me dan mucha pena: esas relaciones no han podido seguir su curso "natural" porque la serie se canceló en la primera temporada.  ¿Mi favorita? La relación entre Kaylee y Simon.  En Serenity le dan un acelerón, que no es que no tenga su gracia, pero... snif.
(No veáis el vídeo si no habéis visto Firefly y/o Serenity)


  • Se trata, además, de una serie muy divertida, con puntos de humor muy buenos. Y nunca vienen mal unas risas.
  • Ejem: NATHAN FILLION. Un actor al que me estoy volviendo adicta sin saber por qué. Supongo que la culpa la tiene Richard Castle, pero hay que reconocer que el uniforme de "casaca marrón" le queda bastante bien...


Lo peor de todo esto es el "¿Por qué, Fox, por qué?". Esta serie no debería haberse cancelado. Da un poco de rabia pensar en lo que podría haber sido y no fue. Además, Serenity, la película que pretendía rescatar a los fans del limbo en el que se había quedado la serie, escuece. Porque en ella se despliegan, de una manera condensada, tantísimas posibilidades, muestra que queda tantísimo por contar,... 

Jolín, si hasta le he cogido cariño a su intro, con lo cutrona que es... 

Querida Fox...



Ains, qué injusto es el mundo de las series de televisión... 

Para concluir, básicamente, esta serie+película...

5/5

Un buen día.

No todo pueden ser penas, me niego. Aunque hay motivos para quejarse y patalear -cada quien tiene los suyos- no quiero ser un nubarrón.

Hoy he tenido un buen día, y tengo que contarlo. Tengo que dejar constancia de ello entre mis retales coloridos. ¡Mirad qué horas! Empiezo a escribir a la una de la madrugada. Pero da igual. No quiero que el día de hoy se pase sin pena ni gloria, que me den ganas de escribir sobre otra cosa y lo olvide, porque estos días buenos se olvidan tremendamente rápido, especialmente si se pierden entre muchos días malos.Allá voy.

Esqueleto de un buen día.
  • He dormido un poco más que de costumbre. Unos 45 minutos más. Y me he dado el lujo de remolonear unos minutos entre las sábanas, sintiendo su calidez y el peso liviano que supone la fina manta con la que duermo desde hace ya algunos días.
  • He desayunado algo simple pero rico. Café con leche en mi taza de buhitos y un piquito de pan del día con mermelada de ciruela casera, hecha por mi padre. Se lo decía a Jara hace unos días en un email: a la hora del desayuno me siento afortunada. Por muchas razones. Hoy, además, me he puesto de un humor fantástico.
  • He salido al mercado, con mi madre y mi tía. Hemos dado una vuelta, hemos cotilleado los puestos. Nos hemos comido un churro calentito cada una. ¡Ah! Y me han comprado una sudadera muy chula para estar calentita este invierno: blandita, suave, esponjosa... *___*
  • He comprado lana, también suave y esponjosa, para hacerle a Jack una bufanda, la buena, esta vez. Que sea larga, larga, larguísima. He empezado a tejer, que es algo que me relaja un montón. Una pena no poderle dedicar más tiempo.
  • He ayudado a preparar la comida y a hacer distintas tareas de la casa al volver del mercado, y lo he hecho con el buen humor que me ha acompañado todo el día. Alegre. Contenta.
  • He disfrutado de una comida riquísima. Qué suerte. Después me he tomado una infusión calentita. 
  • He dedicado un ratito, tras la comida, a hablar por teléfono con Jack. De cosas buenas, que siempre sienta mejor. Y luego, otro rato más a contestarle una carta. Poco, no me ha dado tiempo a acabarla. Pero mañana, más. 
  • He acompañado a mi madre, de nuevo a hacer unos recados. Cuando hemos vuelto, ella se ha marchado con mis tíos a dar un paseo y yo me he quedado sola en casa. Bueno, con Gato, claro.
  • He aprovechado para ponerme mi reproductor de mp3 y subirme a la bicicleta estática. Ya van 3 días y estoy muy contenta y decidida a no dejar de hacerlo. Quiero hacer algo de ejercicio, quiero ser capaz de mantener una rutina de este tipo, aunque sea muy ligera. Hoy, además, me lo he pasado bomba, pedaleando al ritmo de la música, sonriendo, y riendo a carcajadas con las canciones. Bueno, y también con la cara de Gato, que me miraba extrañado como diciendo: "¿Qué hace esta loca ahí arriba?" Balance: algo más de 30 minutos, 15.5 km.
  • Después me he dado una ducha maravillosa, escuchando música y cantando. He disfrutado de cada sensación. De lo agradable del agua cayendo por el cuerpo tras haber sudado, del olor a chuches de mi champú y mi acondicionador, del olor a romero del gel de ducha,... He salido y me he dedicado un buen rato para ponerme hidratante corporal. Hoy lo he hecho todo sin prisa. 
  • Me he puesto un pijama que me encanta. Puede parecer una tontería, pero dentro de él, me siento fantástica :) He tenido que acompañarlo con una camisa de manga larga, de Jack. Es mi camisa calentita de estar por casa. También me encanta ^^.
  • He cenado cosas ricas, otra vez. Mención especial a los tomates cherry de la huerta de mi padre. Y al trocito de chocolate negro de después de cenar. :P
  • Durante todo el día he intentado quitar hierro a las situaciones tensas, amargas o violentas que se han sucedido a mi alrededor. Sin demasiado éxito, pero al menos no he dejado que me amargasen. He reparado en lo importante que es rodearse de gente positiva, feliz, en lo afortunada que es la gente que tiene a esas personas alrededor. Y en que, ya que yo no tengo esa suerte generalmente, quizá debería hacer afortunados a otros siendo una persona positiva. Difícil, pero no imposible.
  • He subido a mi habitación y he visto -simultáneamente con Jack- una película que me ha gustado mucho. ¡Ay! ¿Qué haría yo sin estos pequeños placeres?
  • Después me he puesto a escuchar a Ismael Serrano como si no hubiese mañana y a disfrutar todas las cosas que su música me hace sentir. 
  • Estoy escribiendo este post en el que, ¡vaya! he contado un montón de cosas agradables que me han pasado hoy. Me encanta escribir. El día que escribo algo en el blog ya no es un día del todo malo. Sobre todo porque, seguramente, recibiré algún que otro comentario que me hará sentir algo que todavía no sé cómo explicar, describir o nombrar. (Gracias por estar ahí, al otro lado, leyendo).
  • Me he sentido, durante todo el día, en todos y cada uno de los momentos que he vivido hoy, una persona querida. No por todo el mundo, desde luego. Y quizá ni siquiera por todo el mundo que me gustaría. Pero querida, y no sola. Y sobre todo, me he sentido merecedora de ese cariño, de ese amor. Y de más cosas. Me he sentido segura de mí misma, orgullosa de mí misma. Capaz, válida. Alegre. Hasta feliz. 
  • Quizá esto es mucho anticipar, porque todavía no ha pasado, pero probablemente, en un rato, estaré leyendo un libro que me está encantando -La princesa prometida- e, instantes después, durmiendo en una cama por la que también tengo que dar gracias. 
 No está nada mal, ¿verdad? ¿Compartís conmigo algún momento bueno que hayáis tenido hoy? :)


jueves, 19 de septiembre de 2013

Aquí (no) se habla inglés

El nivel de inglés de los españoles ha sido objeto de debate en los últimos días, debido, sobre todo, a esto:


La cuestión es que se criticó, y no poco, el numerito de Ana Botella ante el COI. Y no es para menos. Cuando lo vi, yo tuve la tremenda duda entre cortarme las venas o dejármelas largas y ahorcarme con ellas. Luego lo pensé mejor, porque Jack siempre dice que el suicidio está muy feo, que si uno va a matarse, lo suyo es llevarse a algún ****** por delante. Un tipo sabio, Jack.  Así que mis dudas suicidas fueron sustituidas por una incontenible ira homicida. Muy bien canalizada, eso sí. 

Pensé en tantas cosas... Pensé en algunas amigas mías. Tengo amigas muy políglotas, ¿sabéis? Una de ellas es prácticamente bilingüe en inglés y francés. Otra habla inglés, chapurrea francés, y está estudiando japonés y ruso. Otra está aprendiendo chino a una velocidad apabullante. De estas amigas, solo una tiene trabajo, y desde luego, no aquí. Pensé también en que a un profesor de lo que sea, se le exige, obligatoriamente, un nivel B1 de una lengua europea para poder obtener el título de máster, y recordé también que quieren hacer el B2 de Inglés un requisito obligatorio para optar a formar parte del cuerpo de Profesores de Secundaria y FP. Y eso es solo el principio.  Total, que me acordaba yo de todas esas cosas y maldecía, mucho y muy fuerte. Porque la señora alcaldesa de Madrid había hecho el ridículo soberanamente y, de paso, nos había dejado a todos en ridículo. Porque no lo olvidemos, son nuestros representantes. Para hacer eso, honestamente, no lo intentes. Y encima, si leyó La Razón o ha hablado con su preparador, se creerá que lo hizo tan bien...


El caso es que el pitorreo fue mayúsculo. Porque eso es algo que sí tenemos los españoles, lo de tomarnos las cosas a guasa. Carga a veces, si os soy sincera, porque hay cosas que más que risa y cachondeo piden otra reacción.  Pero así respondemos normalmente, y así respondimos a la actuación de Ana Botella, con mucho humor: para muestra, un botón.  Y aún así, se dijo que la cosa había sido excesiva. Que no teníamos derecho a la risa. ¿Por qué?

Pues está claro: porque en este país nadie, pero nadie, nadie, habla inglés. Pero nada, ni una chispirritina. Así que supongo que nos reíamos por seguir la corriente, porque nadie entendía las bromas ni sabía si Ana Botella lo estaba haciendo bien, mal o regular.  Por cierto, si os han dicho que no hay plazas en los cursos de inglés en las escuelas oficiales, mentira cochina, o un espejismo. Que aquí nadie habla inglés, ¡a ver si os enteráis! 

A ver, que no voy a ser yo la que diga que la mayor parte de los españoles hablan un inglés perfecto. Tenemos el nivel de inglés que podemos tener. El de un país en el que se lleva relativamente poco tiempo enseñando inglés en los colegios e institutos, y con una metodología, en mi opinión, poco eficaz, como ya he dicho en otras ocasiones. Pero cada vez son, o somos, más los que nos interesamos por perfeccionar nuestro inglés: las listas para intentar entrar a las Escuelas Oficiales de Idiomas son interminables. Y las colas, ni os cuento, que he estado en la Escuela Oficial de Idiomas de Valencia varias veces estos días, y tela marinera. Las colas seguían fuera del edificio. Y si hablamos de academias e instituciones privadas las cifras se disparan. Y, no nos engañemos, el hecho de que los profesores de inglés cada vez estén más formados también se nota. Recuerdo, con algo de pena, el nivel de inglés de algún maestro mío, que decía los días de la semana tal y como suenan: "mondai", "tuesdai", "wednesdai", "zursdai" (este cambiaba un poco), "fridai", "saturdai" y "sundai". En resumen, que el nivel no es perfecto, pero que las cosas van mejorando, o al menos eso creo yo.

Lo malo viene cuando llega la comparativa. "Es que en otros países todo el mundo habla inglés perfectamente". Y eso es un mantra, una verdad universal e indubitable al nivel del cogito cartesiano POR LO MENOS. Yo, al menos, me lo creía. Daba por hecho que esa sentencia, tantas veces repetida, era cierta. Y se decía para avergonzarnos: "¡Avergonzaos, oh, ignorantes, que en cualquier otro país todos sus habitantes son bilingües!". Algo así.  Y si hay otra cosa que tenemos los españoles, es que lo mismo nos pasamos que no llegamos: igual nos enorgullecemos de chorradas manifiestas que nos acomplejamos hasta el patetismo de una manera desproporcionada.  Porque, queridxs, eso no es cierto. Al menos mi experiencia lo desmiente. 

Mientras estudiaba para conseguir el nivel intermedio de inglés tuve varios pen-pals, amigos por correspondencia, para practicar el idioma. Algunos eran nativos, pero no eran la mayoría. Muchos de ellos eran de países de habla no inglesa: Polonia, Rusia, Italia, Francia, Egipto, ... Y algunos de ellos tenían un nivel de inglés deplorable. No porque yo lo diga, sino reconocido por ellos mismos. Y creedme, no es solo un problema de los países del Mediterráneo. 

Jack también tuvo una experiencia al respecto que me contaba bastante sorprendido. Supongo que él también tenía interiorizado el mantra de que en el extranjero todo el mundo habla inglés.  Resulta que el año pasado, por estas fechas más o menos, trabajó en un evento importante de una empresa alemana, así que parte de los trabajadores venían de Alemania. Una de sus tareas era ¡ojo! hacer de intérprete entre los responsables y operarios alemanes y los operarios españoles. El caso es que se relacionó con estos trabajadores bastante. Por ejemplo, con las azafatas. Las chicas le explicaban qué querían comer, en inglés, y él pedía la comida por teléfono, en español. Y con las azafatas, perfecto. Pero con otros trabajadores la cosa cambiaba porque, o bien no hablaban ni papa de inglés, o bien hablaban un inglés incomprensible, tipo Ana Botella, pero con acento alemán.  Así que a lo mejor hay que restringir ese "todo el mundo habla inglés en el extranjero", a algo así como "todo el mundo con una cierta formación" o "todo el mundo que lo necesita para su trabajo". Y entonces la diferencia, el complejo, no es para tanto. ¿Cómo puedes censurar a un país como el nuestro, con su historia a las espaldas, su abandono escolar, su burbuja inmobiliaria, sus trabajos basura, etc. porque muchos de sus habitantes no hablan inglés? Y, al mismo tiempo, ¿cómo le quitas importancia a la cantidad creciente de gente que cada vez habla más y mejor inglés?
A ver si desde ciertos medios dejan de disculpar a los políticos por no hablar inglés con el argumento de que aquí nadie lo habla. Tengan decencia, que para ser dependienta en una tienda cualquiera te piden un nivel alto de inglés, mientras una persona que se mueve en el ámbito internacional con cierta asiduidad, como es un representante político, no puede ni saludar en inglés.

Ya se sabe, it's very difficult todo esto...


PD: Si estás aprendiendo inglés NO TE ACOMPLEJES. No pienses que por ser español lo tienes más difícil, o que nunca lo vas a conseguir. De eso nada. Ánimo, que se puede. 


Caminos (Camins)

Ya estoy de vuelta. Qué duro, lo de volver. Aunque yo, la verdad, siempre estoy volviendo, vaya donde vaya. Joder, qué duro volver siempre.

Estos días he paseado bastante. El primero de ellos paseé lo que no está escrito, dimos una vuelta enorme. Y mis pasos me llevaron por sitios muy queridos. Quizá uno de los más queridos es aquel en el que menos gente repara. Un instituto de secundaria. Qué cosas.

No es un instituto particularmente grande. Desde luego, no es nuevo, ni mucho menos. Ni llamativo, ni bonito. El entorno inmediato tampoco ayuda. Frente a él, un descampado, a un lado, casas medio abandonadas se mezclan con otras reformadas. Y así, entre dos aguas, está el instituto.

Ahí fui "profe" por primera vez.  Profe en prácticas, lo que sea. Pero ahí estuve, por primera vez, en un aula, dando clase. Ahí estudiaban los chavales cuyas redacciones corregí. Ahí, los que me preguntaban dudas en el pasillo, o con los que charlaba, mientras se dirigían al conservatorio, y que me contaban sus horarios, sus dificultades. Ahí miré a los ojos, por primera vez, a una alumna que quería estudiar Filosofía tras el bachillerato. Ninguno de los alumnos me dejó indiferente, aprendí mucho de ellos. Y de los profesores. 

Probablemente haya quien pase por allí y no le vea ningún encanto pero yo... Yo se lo veo todo. 


Hace poco revelé unas cuantas fotografías (¿Se dice así con las copias digitales? XD). Entre ellas, había varias relacionadas con el instituto. La del graffiti de arriba ya está colgada en mi corcho. También había fotos con mis compañeros de prácticas y con los profesores. Es curioso lo que consiguen a veces las fotografías: pueden llegar a hacerte sentir igual que te sentías en el momento en que te la tomaron.

El caso es que acabé allí, de manera más o menos intencionada, no lo tengo claro. A lo mejor la vida son caminos. Hasta cuando no los vemos. A lo mejor hasta cuando nos creemos perdidos, si no dejamos de caminar, estamos acercándonos a nuestra meta.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Oficialmente sorprendida.



Hay que ver las cosas que tienen los blogs. Ayer lo decía, medio en broma, medio en serio: los caminos de los blogs son inescrutables. Y a veces las entradas parecen anticipar hechos del futuro. Qué cosas, ¿verdad? 

Hace unos días, no demasiados, escribía un post sobre lo que me gustan las sorpresas y el sexto sentido que tengo para descubrirlas. Añadía que no funciona "virtualmente".  Menos mal que lo dije. En ese mismo momento, había una sorpresa en proceso para mí. 

Ayer por la mañana me llamó mi madre para que bajase. Como una buena y diligente hija, bajé corriendo. 

- ¿Qué quieres?

- La cartera ha traído eso para ti.

Miro el paquete. Blanco, no muy grande. Intuyo que lo que hay dentro es un libro.  Me siento, nerviosa -¡de verdad!- y abro el paquete. Saco el libro.  Y entonces...






Porque lo que había dentro era...




¡Un libro! ¡De Neil Gaiman! ¡En inglés! :O

Rápidamente me he puesto a buscar -aún sabiendo que no iba a encontrarla- alguna pista sobre el origen de tan inesperado regalo. Y evidentemente, no, no la encontré. El pedido venía directamente de la tienda. Así que, lo que me apetecía en ese momento era decir algo como...

(OMG! ¡Pensaba que nunca iba a poder usar este GIF!)

Pero con mis inmensas dotes detectivescas he atado unos cuantos cabos y he hecho mi apuesta. ¡Y he acertado! ¿A que soy buena? xDD

La responsable de que me halle oficialmente sorprendida es Lansy. ¿Por qué? No lo sé. Cuando se lo he contado a Jack me ha dicho:

-¿Y le has preguntado por qué el regalo?

Y no, no se me ha ocurrido. Pero por más que lo pienso, no tengo ni idea. Bueno, aparte de porque es mortalmente maja, claro. Por cierto, momento publicitario: Como indica en la barra lateral derecha, Lansy tiene un concurso en marcha para conmemorar Halloween :) ¿No os sentís creativos de repente? :P

Lo que más me ha emocionado -porque me emocionado, de verdad- no ha sido el libro, en sí. Ha sido el detalle. Porque no es cualquier libro, ha escogido, además un título de uno de mis autores favoritos. Apuesto a que incluso ha cotilleado el blog para ver si encontraba pistas sobre si tenía o no ese libro. Y eso indica, sobre todo, cariño e interés. Y ser objeto de ese cariño y ese interés es emocionante. Máxime, cuando Lansy y yo no nos conocemos en persona, interactuamos por Internet desde hace relativamente poco tiempo, en fin, os hacéis a la idea. 

En fin, que gracias, Lansy. Tengo muchas, muchas, muchas ganas de leer el libro. En cuanto acabe La princesa prometida lo cojo :) ¿Sabes lo que me da pena? Que no tenga una dedicatoria tuya. Pero lo pondré ahí, junto a The perks of being a wallflower y con el marcapáginas molón. ^^


Pd:  Esta sorpresa me ha recordado a una imagen que vi en Pinterest hace un tiempo...

Traducción (libre): 

¿Sabéis eso de que la gente invita a las chicas a copas en los bares? ¿Por qué no puede la gente hacer lo mismo en las librerías? Por ejemplo, si estoy en Barnes and Noble mirando una novela y alguien camina hacia mi, inicia una conversación y se ofrece a regalarme el libro, tiene más oportunidades de que eso cuente a su favor. 

Voy a "rebloggear" (es una imagen sacada de Tumblr) esto hasta que se convierta en una norma cultural. 

Molaría, ¿eh? :P



martes, 10 de septiembre de 2013

Libro: Rojo y negro, de Stendhal.


Hace ya un buen tiempo que estoy leyendo este libro. Anoche lo acabé por fin, así que ¡toca reseña!

¿De qué va el libro?

El libro cuenta la historia de Julien Sorel, un joven de origen plebeyo, humilde, pero con una mente brillante y grandes ambiciones, en su intento por ascender en la escala social en la Francia postnapoleónica.

Hablando del libro...

El libro es bastante celebrado por ser un buen retrato de la sociedad francesa de la época, así como de las pasiones humanas. He leído por ahí que Julien Sorel es uno de los personajes literarios mejor construidos. Creo que el libro merece una lectura y que cada uno juzgue y se forme su opinión. Sin embargo, aquí voy a dar la mía, claro.

Uno de los inconvenientes que he encontrado en la lectura de este libro es histórico: sé muy poco de esa época. Así que esto es una carencia mía. No es que el libro no pueda leerse sabiendo poco, o incluso nada, pero habrá pasajes más políticos que queden un poco "colgando". Y yo es que soy muy maniática de esto. No os digo lo que tardé en leer la Divina Comedia de Dante, porque leía cada nota al pie. ¡Agotador! Jaja

Segundo inconveniente, la edición que he leído. Os dije que venía en mi eReader cuando lo compré, ¿verdad? Pues la edición es una mierda patata. Frases repetidas, letras confundidas (te cambia una i por una l y cosas así), y demás. Son errores constantes. ¡Hasta encontré dos páginas repetidas! No impiden leer tampoco, pero fastidian bastante. No ha sido una lectura muy "relajante", que digamos. Bastante menos relaxing que una cup of café con leche in Plaza Mayor.

Por esa razón he de decir que quizá mi opinión está un poco sesgada por dificultades externas a la historia. Téngase eso en cuenta.

Hablando ya de la historia, he de decir que a medida que ha ido avanzando la trama he ido perdiendo interés. El libro me enganchó desde el principio, pero la primera mitad me ha tenido infinitamente más atenta que la segunda. ¿Sería por la novedad? No lo sé.  El caso es que, además, el libro empezó a cabrearme mucho, muchísimo. Sí, ya sé que está escrito en otra época, pero a mí que una mujer considere un honor eso de que su amado la mate... Pues va a ser que no. Y así con muchos pequeños detalles que me han hecho la lectura un tanto incómoda. 

Y luego, he tenido un problema con Julien Sorel. Al principio sí le entendía, incluso empatizaba con él: chico pobre, despreciado y maltratado por su padre y hermanos, interesado en leer, en aprender,... que tiene la oportunidad de salir de esa situación. Pero poco a poco, a medida que avanza la historia y se van conociendo sus pensamientos e intenciones, eso se pierde, y me causa hasta cierta repelencia.

Aún así, y con todo, la historia me ha parecido interesante. Da para pensar en el tema de la "movilidad social" y en lo que la gente está dispuesta a hacer para medrar en sociedad, y, al fin y al cabo, el joven Sorel se mete en unos cuantos líos. Tiene, también, pasajes sin desperdicio y el final, además, por lo menos para mí, es totalmente inesperado. 

En definitiva, y como decía, un libro que merece una lectura y una opinión personal propia. Quizá los inconvenientes que ha tenido mi lectura han enturbiado un poco la mía.

Os dejo un trocito...

¿Seré siempre un niño? ¿Cuándo adquiriré la buena costumbre de no dar a esta gente más que aquella parte de mi alma que corresponde al dinero que me pagan?  Si quiero lograr su estimación y la mía, tengo que demostrarles que mi pobreza puede comerciar con su riqueza, pero que mi corazón está a cien leguas de su insolencia y en una esfera demasiado alta para que puedan alcanzarlo sus mezquinas muestras de favor o de desprecio.

En definitiva, este libro...

3.5/5
A pesar de todos los contras, creo que no merece un
"ni fú, ni fá".

Ahora empezaré a leer La princesa prometida, de William Goldman. Bueno, lo de "ahora" es un decir. Mañana me voy  a pasar unos días con Jack, con motivo de su cumpleaños y no voy a ir cargada con el eReader ni, honestamente, creo que dedicase mucho tiempo a leer, así que, ¡será a la vuelta! Es un trato que hicimos Jack y yo, vamos a leerla a la vez :) ¡Se me amontona la lectura pendiente!

lunes, 9 de septiembre de 2013

La vuelta al cole.

Ya os he contado alguna vez que soy fan de la vuelta al cole. No de volver a estudiar, en sí, aunque hay veces en las que se agradece, sino de lo que la vuelta supone. Creo que tiene bastante que ver con eso de que sea una loca de los artículos de papelería.

No todos los años se estrenaba material. Los estuches duraban varios cursos. Las mochilas un par, normalmente, porque del trote se estropeaban más. Lápices, bolígrafos, eran reutilizables de un año para otro. ¿De dónde sale la leyenda esa de que los bolis BIC no se gastan nunca?  Pero no importaba, porque siempre había algo que comprar, algo que reponer. Cuando llegábamos mi hermano y yo con la lista, escrita con letra de niño, con las cosas que necesitaríamos, mi madre pasaba revista:

- ¿Ceras de colores no tenéis? 

- Sí -decía yo.

- A mí me faltan colores -decía mi hermano.

- Bueno, a mí también - añadía yo.

- Pues usad otros.-decía mi madre.

¡Ay! Lo que habríamos dado en algunos momentos por una caja de ceras que tuviera el "color carne". El año que la conseguimos, ¡no veáis qué alegría!

En fin, así íbamos tachando cosas de las lista, hasta reducirla a lo imprescindible, y caminábamos a la papelería, nosotros contentos y mi madre con una mueca de desagrado, anticipando el dolor en el monedero. Porque, cosas de la vida, mi hermano y yo nos llevamos 2 años, pero él casi nunca ha podido reutilizar mis libros... Al salir, después de un buen rato de espera, pues solo había una papelería en el pueblo y en estas fechas se colapsaba, volvíamos cada uno con su bolsa, orgullosísimos.

Luego había que organizarse: colocarlo todo, forrar los libros, poner los nombres, ... Hasta en esto era repelente. Repasaba, una por una, mis nuevas adquisiciones. Destinaba una libreta a cada asignatura y decoraba su primera página con letras vistosas y dibujos relacionados con la materia, y si había que reutilizar cuadernos, arrancaba las hojas anteriores, con cuidado y quitaba lo que se quedaba en el gusanillo hasta que la libreta parecía nueva. Forraba mis libros con sumo cuidado, para que no se estropeasen. Lo que yo os diga, un verdadero ritual. Pero, en fin, para mí aquello era especial. Siempre fui consciente de que quizá era "un poco demasiao".

Hoy me he acordado de todo aquello viendo la televisión. En pantalla, un niño sevillano de la Corrala Utopía. Acababa de recibir una mochila nuevecita, cargada de material escolar procedente de la acción que el SAT llevó a cabo en un Carrefour hace unos días. El chaval se veía vivo, "espabilao", como suele decirse. La reportera le preguntaba por su material, y el chico, juraría que ilusionado, hacía recuento: que si una mochila nueva, un estuche, un juego de reglas, ... Cosas de lo más simples, de lo más normales. Pero él las repasaba con emoción. Al final, la reportera le hace una pregunta:

- ¿Y la mochila te gusta? ¿Es de tu estilo?

- Sí me gusta, sí. Ahora sí que tengo ganas de empezar la escuela. 

Llamadme tonta, pero me he emocionado. Me he acordado de mi vuelta al cole, de mi material reutilizado, del estuche gastado porque aún aguantaba un poco más. Y también de la ilusión de los rotuladores nuevos, del compás o del cuaderno de pentagramas, de todas esas cosas que había que comprar, porque no había más remedio, de cómo me prometía cuidarlas para que estuviesen como nuevas durante muchos cursos. ¡Y lo cumplía! 

Y he pensado en la pena que tiene quedar que la maestra diga: "Sacad el compás" o "A ver, el transportador de ángulos", o quizá, "Preparad la flauta", y que haya un niño, o una niña, solo uno, en alguna parte de la clase, que tenga que agachar la cabeza y decir: "Maestra -o maestro-, yo no tengo".


sábado, 7 de septiembre de 2013

Rincones para soñar.

Soy un desastre para la decoración. Me da mucho miedo el día que tenga una casa -si es que ese día llega- y tenga que ponerme, manos a la obra, a llenarla. Terror absoluto.


Pero a veces me da por pensar en ello. Especialmente los sábados por la mañana, cuando veo en la tele programas del tipo "¿Quién vive ahí?".  No me miréis mal, tampoco es que a esas horas pongan otra cosa en la tele, y pelar calabacines necesita un plus de compañía. El caso es que mientras veo esos casoplones que suelen sacar el pensamiento que me asalta es: tanta casa, ¿para qué? En serio. Hay quien no entiende esta postura y la confunde con envidia. A Jack le ha pasado. Le han dicho que si él tuviese el dinero, también se haría una casa así. Y con así quieren decir: ultra-moderna, decorada a la última, con 2 dormitorios pero 7 cuartos de baño, discoteca, piscina olímpica, jardín selvático, etcétera.

En esto Jack y yo pensamos igual: no. Si tuviese mucho dinero, evidentemente una cosa que compraría sería una casita, mi casita ideal. Pero mi casa ideal no tiene nada que ver con un palacio, ni mucho menos. Ya digo, a fuerza de ver este tipo de programas, voy perfilando cómo sería. 

Sin embargo, este post no va de cómo sería mi casa ideal, sino de cosas que tengo claro que no pueden faltar en ella. No son muchas, no creáis. Tampoco lo tengo tan claro. Pero, por ejemplo, algo que no podría faltar en mi casa ideal sería una cafetera de espresso. Como la que Castle compra para el 12th precinct. Una cafetera como tiene que ser, que haga buena espuma con la que yo pueda hacer dibujitos :)





Otra cosa, por ejemplo, sería un pequeño estudio. Una habitación con dos mesas, donde yo pudiese hacer mis cosillas, y Jack pudiese hacer sus dibujos.  No tengo muy claro cómo sería. Eso es demasiado pedir.


Otra cosa que no puede faltar en mi casa ideal es un revistero en el cuarto de baño. Para tener lectura en momentos de espera. Pondría revistas, tiras cómicas, cuentos cortos,... En fin, cosas varias. ¿Os estáis riendo? Pues yo lo digo totalmente en serio. Al final una se cansa de leer los botes de champú. 



Pero lo que no puede faltar en mi casa, lo principal, son libros. Me encantaría tener una biblioteca en casa, pero me temo que ese no va a poder ser el caso. Sin embargo, eso no es un problema, sino casi un incentivo. Porque si hay algo con más encanto -aunque menos espacio- que una biblioteca en casa, es un book nook, o rincón de lectura, en nuestra lengua.  Es, en definitiva, el sitio de la casa destinado a sentarse y leer. Pero esto de los book nooks es un verdadero arte. 

Los hay prácticos, muy prácticos...




Y también los hay acogedores...

Para introvertidos...


Cómodos y blanditos...


Con vistas...


Y, por supuesto, los hay de esos que intentan sacar el máximo partido al mínimo espacio...




No puedo resistirme a estos rincones. Quiero el mío. Uno que sea especial. Así que si algún día tengo una casa, lo primero en lo que voy a pensar, antes de nada, va a ser dónde y cómo me monto mi rinconcito de lectura. 

Soñar sigue siendo gratis...
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