martes, 30 de julio de 2013

Sobre el blog: Imágenes para valorar lecturas.

Tener un blog también tiene sus cosas malas. Una de ellas es que distrae. El blog es más apetecible, por lo general, que cualquier otra cosa que se haga por obligación: estudiar, limpiar la casa, ordenar el armario, repasar esto que me ha mandado el jefe,... En los momentos en que tenemos que hacer cosas tediosas o por obligación nuestra imaginación se dispara y nos ponemos muy creativos. Si tienes un blog esto puede traducirse en pensamientos como...

- ¡Voy a dibujar una cabecera nueva para el blog!

- A ver cómo se ponen esos iconos tan monos de redes sociales.

-Voy a cambiar el fondo/la plantilla.

-Voy a hacer un menú CSS desplegable

- A ver, ¿cómo se pondrán esos comentarios tan chulos con el avatar redondeado?


Hasta los malos se toman sus descansos...

Y así, ad infinitum. Pero, por suerte o por desgracia, en mi caso este problema se minimiza bastante. Más que nada porque no soy especialmente talentosa ni para el dibujo, ni para trastear con el HTML, ni para el retoque fotográfico, ni nada que se le parezca. La cabecera del blog ya me pareció un logro, y eso que es bastante cutrecilla xD Así que, como lo único que se me da medio bien es escribir, pues escribo. Y tampoco puedo distraerme escribiendo demasiado tiempo. Vamos, que mis excusas para distraerme se limitan bastante.

Peeeero, que no sea un problema para mí no quiere decir que no les cause un problema a los que me rodean. En concreto, a Jack. Porque yo no dibujo bien, pero él sí, así que le doy muchísima faena creativa. La culpa es suya, que hubiese sido tan torpe dibujando como yo... :P



La última tarea que le he encomendado ha sido dibujarme unos iconos para valorar las lecturas/películas/series o cualquier otra cosa que reseñe en el blog. Le encargué que fuesen caras mías con diferentes expresiones y, raudo y veloz, las hizo. A partir de ahora encontraréis una de estas imágenes al final de cada reseña...




Van ordenados de mejor valoración a peor, supongo que se nota :P jaja

Están dibujados a mano, escaneados y coloreados en el ordenador. ^^

En fin, nada más. Este post era para presentaros las imágenes, pero sobre todo, para darle las gracias a Jack por ser tan diligente y ayudarme con todo lo que le pido. Y reconocer su trabajo y talento, claro. En otros blogs me ha diseñado cabeceras, avatares y lo que ha salido. Con este no quería darle mucho la lata, pero...¡ya empezamos! :P

Por último, si tenéis tendencia a distraeros con el blog, cada vez que os tiente hacerlo, pensad en este minino:


Y recordad, no se puede mentir a un gato. No, tampoco valen las excusas. :P

lunes, 29 de julio de 2013

Leer es importante.

No sé qué pensaréis vosotrxs, pero yo cuando he dicho a algún niño/a o joven que la lectura es importante, y no solo eso, sino que además puede ser divertida, me miran como diciendo: "Sí, ya,...". Y lo que no les entra en la cabeza es que yo no intento engañar a nadie, de verdad. Que lo digo como lo siento.  


Este es un problema muy acusado en este país, no sé si ocurrirá igual en otros: los chavales no leen. Y no leen porque no les gusta, porque no le ven interés.  Hoy mismo hablaba con Jack de cómo hemos cambiado. Cuando él era pequeño, e incluso hace unos años, cuando yo era adolescente, todo el mundo -o casi- tenía una afición, un interés. Y todo el mundo procuraba informarse al respecto: leyendo periódicos de deportes, comprando revistas especializadas en coches o motos,  revistas de moda,... La que más o la que menos se ha comprado alguna SuperPop o por el estilo y le ha echado un ojo a la entrevista de su actor o cantante favorito en algún momento de su vida. Y cuando llegó Internet, ¡qué os voy a contar! Foros y blogs del tema que te interesaba eran puntos de encuentro obligados en los que no solo obtenías información, sino que además, conocías gente. Ahora, qué pena, parece que los chavales utilizan Internet solo para meterse al tuenti, y más que para leer o chatear con amigos, para colgar fotos. 

Así que, no importa. No leen. No solo no leen literatura, sino que no leen nada si pueden evitarlo. Evidentemente, esto es una generalización, habrá de todo en la viña del señor, pero la poca experiencia que tengo con niños y jóvenes me dice que es el caso de la mayoría. Todo esto, creo, surge de un pensamiento: leer es un rollo. 

¿Por qué? No sé, tengo varias conjeturas. Puede ser que esta generación, tan acostumbrada a la televisión, que requiere un papel más bien pasivo del espectador, se fatigue al tener que desempeñar un papel activo, como requiere la lectura. Puede ser, también, que entre tanta tecnología, eso del libro les resulte anticuadísimo. O puede ser que asocien la lectura con el ámbito académico: la escuela, el instituto, porque en muchas casas, por lo general, no se coge un libro para nada. 

Quizá sea una mezcla de todo. Pero creo que el último factor es muy importante. En España arrastramos el lastre del analfabetismo. Hasta hace relativamente poco, la mayor parte de la población era analfabeta. Hoy en día todavía hay gente que no tiene concluidos los estudios básicos porque no ha podido asistir al colegio y una gran mayoría de la población no lee habitualmente. Y los niños aprenden de lo que ven. Recuerdo una campaña institucional de fomento de la lectura -no recuerdo ninguna más- que se basaba precisamente en esa idea.  Creo que es verdad: si los niños se acostumbran a ver la lectura como algo cotidiano es más fácil que entiendan su importancia y su valor.  



Creo, de hecho, que una de las causas del fracaso escolar en España es que los niños no leen. En mi experiencia como profesora particular, ayudando a niños de diferentes edades con los deberes y demás, se nota a la legua quién suele leer y quién no. Los alumnos que no leen tienen más dificultades al estudiar, pues les cuesta más procesar lo que leen, y no hablemos ya de memorizarlo. También se expresan peor, tienen más dificultad para cambiar de registro (de informal a formal), para encontrar palabras sinónimas o expresiones equivalentes, y, generalmente, también escriben peor.  Supongo que no tengo que hacer un croquis: si tienen más dificultad al leer y más dificultad al expresarse, en nuestro sistema educativo en el que el modo de evaluación más frecuente es el examen escrito, es normal que pase lo que pasa. ¡Menos LOMCE y más fomento de la lectura, señor Wert!


Creo que el conjunto de la sociedad tendría que tomarse bastante en serio el tema de la promoción de la lectura fuera de la escuela. No vale leer por obligación, que es al final lo que sentimos que hacemos en el colegio. Se tiene que dar a los niños la oportunidad de elegir sus lecturas, de abandonarlas si se aburren o no las encuentran de su gusto, de leer por el mero placer y gusto de hacerlo, sin evaluación final más allá del "¿Qué te ha parecido el libro?" preguntado por sus padres, sus hermanos o sus amigos.  Y, desde luego, dejar esto en las manos, únicamente, de la escuela, es irresponsable y temerario.  

Creo que el gobierno, desde el central hasta los ayuntamientos, deberían implicarse en la promoción de la lectura. Deberían lanzar campañas, pero, sobre todo, destinar fondos a las bibliotecas, no solo para comprar nuevos materiales, sino también para realizar actividades de fomento de la lectura y que atraigan a la gente a las bibliotecas: cuentacuentos, monólogos, representaciones teatrales,... La biblioteca tiene que ser un centro cultural de referencia en cada pueblo y ciudad.  Sin embargo, y a pesar de lo importante que es fomentar la lectura en este país, hay quien considera que hay que cerrar bibliotecas porque no dan dinero. Este es el reflejo de la sociedad en la que vivimos. A veces parece que no, pero los políticos nos representan de una manera grotesca. Son una caricatura de la sociedad que les elige.  Y mejor no me meto a valorar el criterio actual por el cual todo lo que no da dinero DIRECTAMENTE es suprimible, porque me enciendo. 



También creo que la sociedad, en general, tiene que implicarse. Medios de comunicación, empresas, asociaciones, etc. Estoy segura de que hay muchas cosas que se pueden hacer. Y, por supuesto, son fundamentales los padres, que son, quizá, el agente más influyente para promocionar la lectura, para hacerles este fantástico regalo a sus hijos que es el gusto por leer.  


Desde aquí quiero dar las gracias a todos esos padres, amigos, hermanos, familiares, que regalan libros. Por ejemplo, mi amiga Carxa, que cuando tiene que premiar a sus hijos, se los lleva a la FNAC y les deja escoger el libro/cómic que quieran. Va a sonar ñoño, pero cuando lo contaba, me emocioné. A todas esas personas que regalan libros a los niños, que los llevan a la biblioteca, que les leen por la noche desde que son pequeños,... No creo que os hagáis una idea de hasta qué punto les estáis haciendo bien ni en cuantos sentidos.

sábado, 27 de julio de 2013

Tristeza. Orgullo. Vergüenza

Han pasado casi 3 días desde que, cerca de las 9 de la noche el país comenzó a revolucionarse con la terrible noticia del accidente del Alvia cerca de Santiago de Compostela. En estos días he sentido muchas cosas, pero sobre todas ellas sobresalen tres. 

Tristeza. Mucha tristeza. ¿Cómo no iba a entristecerme una cosa así? Tantas familias rotas, tanta muerte. La noche del accidente no podía contener las lágrimas. Tuits de gente buscando a sus seres queridos, en televisión contaban que el número de víctimas mortales ascendía sin parar. En estos días he tenido muchos momentos de no poder contener las lágriams. No sé, creo que sobran las palabras, que se entiende.

Orgullo. Por toda esa gente que se lanzó a ayudar. Los habitantes de Angrois, que fueron los primeros en llegar y socorrer a los que lo necesitaron, que llevaron agua, mantas, sábanas, que transportaron heridos a los hospitales,... Por todo el personal sanitario que acudió a los hospitales y al lugar del accidente, estando de vacaciones, de baja, sin trabajo, como fuese. Por los bomberos, que desconvocaron una huelga. Por los policías y guardias civiles. Por los psicólogos y todos los voluntarios, en general. Y por toda esa gente que, ya de noche, se echó a la calle, a los hospitales, a los centros de transfusión, sin saber muy bien, siquiera, dónde tenían que ir, para donar sangre. Esas colas le daban la vuelta al corazón de una servidora. ¡Ah! Y por los vigilantes de seguridad que ahí estaban, también. Parece mentira que se me hayan olvidado.

Pero también he sentido vergüenza y esta ha sido a consecuencia, sobre todo, de la actuación de algunos medios de comunicación. Me pregunto si no hay asesoría al respecto de estos temas. Es más, me pregunto si no hay, simplemente, sentido común. Desde el minuto uno, las imágenes han sido durísimas, denotando una falta de sensibilidad mayúscula. Cuerpos tirados entre las vías, cubiertos con toallas de playa o sábanas, enfocando bien cerca. A muchos se les veían los pies y parte de las piernas. Y yo pensaba...¿y si la madre, el marido, el hermano, de esa persona reconoce su calzado? Vaya manera de enterarse de la muerte de un ser querido. Por no hablar de las imágenes de heridos. Esos montones de cuerpos cubiertos por sábanas, esas imágenes de personas desorientadas, hechas polvo, llenas de sangre, no eran información. Se estaba haciendo carnaza de una tragedia.

Las entrevistas no han sido mucho más suaves. La misma noche del accidente, varios reporteros acosaban a un hombre en la puerta de un hospital, interrogándole sin parar. Y el hombre solo quería saber dónde y cómo estaba su mujer, que no aparecía. ¿No son capaces de empatizar y respetar el dolor de la gente? He tenido que ver, también, entrevistas bastante agresivas a personas que prácticamente no podían hablar por el llanto. ¿Cómo es posible? No salía de mi asombro. Para rematar, ayer mismo, se preguntó a un chaval de 13 años, superviviente del accidente, si en algún momento pensó que no iba a salir vivo de allí. A un niño de 13 años, repito, que acababa de sobrevivir a una tragedia. 

Han hablado mucho de que se acogen al derecho a la información, y se han defendido, diciendo que no, que han sido muy moderados con las imágenes. Pues no quiero pensar qué habría pasado si no lo hubiesen sido. Yo no vi sensibilidad por ninguna parte. Vi morbo, mucho morbo. Ganas de sacar audiencia, tratando una tragedia con muy poco cuidado, con muy poco respeto. He sentido, de nuevo, que los medios españoles no han estado a la altura. Y esto todavía no ha acabado.

viernes, 26 de julio de 2013

Retales musicales: Disney a capella (II) ¡Alucinante!

Hoy me duplico, pero es que no puedo contenerme. Hace ya un tiempo os puse un video de unos muchachos muy majos cantando Disney a capella. Hoy he vuelto a ver ese vídeo, y al lado derecho, en Youtube, me ha salido un vídeo de una chica cantando Disney a capella, pero ella sola.  Son vídeos no solo para escuchar, sino para ver. Así que os los dejo, espero que los disfrutéis. Y no dejéis de leer la información para flipar con la cantidad de tiempo que le ha llevado hacer cada uno :)

Son dos partes. Aquí la primera...



Y aquí la segunda...


Me ha parecido fabuloso, sin más. Espero que lo disfrutéis y que perdonéis el "cansinismo", porque he compartido los vídeos por todas partes :P jaja.

Libro: Las voces del Pamano, de Jaume Cabré


Llegué a este libro por la reseña de Perri, del blog Sentidos y sinsentidos. Es, a priori, uno de esos libros que me podrían llamar la atención. Los libros de posguerra suelen ser de mi preferencia, no lo puedo negar. Sin embargo, Las voces del Pamano es mucho más que un libro ambientado en la posguerra. Para empezar, porque no solo está ambientado en la posguerra. Perri, te dije que iba a leerlo en catalán, pero no ha podido ser. Al final, en castellano. La gracia de leer en el idioma original es pillar matices, y yo, con tanta riqueza en el vocabulario iba más perdida que un pulpo en un garaje. Snif. Tengo que re-engrasar el catalán, que se me ha oxidado un poco.

¿De qué va el libro?

Oriol Fontelles es un héroe falangista en proceso de beatificación, impulsado por la señorona del pueblo, Elisenda Vilabrú, de casa Gravat, nada más y nada menos. Todo empieza cuando él y su esposa embarazada se trasladan a Torena, un pequeño pueblo, casi paradisiaco, porque Oriol consigue plaza en la escuela. Sin embargo, pronto el alcalde falangista, Valentí Targá se cruzará en su camino, cambiando su vida. Años después, una maestra, Tina, se topa con los cuadernos del maestro de Torena, casi por accidente, y se da cuenta de que no todo es lo que parece. 

 A partir de aquí puede haber spoilers, así que si sigues leyendo, bajo tu responsabilidad :)

Hablando del libro...

Voy, primero, con el estilo. Ya lo decía Perri en su entrada, pero yo os lo repito: el estilo es una gozada y una locura a la vez. Yo no había leído nada de Jaume Cabré, pero parece ser que este es su estilo, ni más ni menos. Hay saltos temporales, pensamientos entrecalados en los diálogos,  idas y venidas. Vamos, que el orden, la linealidad e incluso, la claridad, no son características del estilo en que está escrito este libro. Tanto es así que Jack lo ha bautizado como "Pulp fiction, versión posguerra". :P Sin embargo, que esto no os tire para atrás. Lo cierto es que cuesta hacerse con la historia, cuesta un poco ubicarse, ir atando cabos. Es un poco como ir desentrañando un misterio. Pero es lo normal. Además, me ha gustado bastante. Es una de las razones por las que el libro me ha enganchado tanto. 

Dejo el estilo y paso a los personajes, otra de las razones que me han gustado de este libro. En especial, me han llamado mucho la atención Oriol Fontelles y Elisenda Vilabrú. Oriol es un personaje humano, terriblemente humano. Y como ya os dije en el cuestionario de lectura que hice hace poco, esa es una de las cosas que me cautivan en un personaje. Es fácil, en este tipo de libros, ambientados en la Guerra Civil o la posguerra, encontrar héroes y villanos y gente que se encuentra en medio del fuego cruzado. Pero Oriol Fontelles no es un héroe. Ni un héroe falangista ni de ninguna otra clase. Es un hombre muerto de miedo, que, por circunstancias de la vida, y a pesar de su miedo, se ve obligado a hacer lo que cree correcto.  Y lo mismo ocurre con Elisenda Vilabrú. Me ha parecido un personaje femenino muy contundente y, por más que quiera, no puedo verla como una villana. No hay manera. Es una mujer con una herida demasiado grande, con una cicatriz de odio que no conseguirá curar nunca, dispuesta a todo por vengarse de los que la marcaron, aunque eso suponga abrir cicatrices nuevas.  Y creo que su personaje, al igual que el de las mujeres de ca de Ventura, ilustran perfectamente una época que fue, más que de heroísmo y villanía, de odio, resentimiento, dolor y miedo. 

Y luego está Tina, la maestra, cuya vida también tiene lo suyo, y cuyas investigaciones  nos hacen reflexionar sobre la construcción histórica y la fidelidad que esta pueda tener a los hechos tal y como acontecieron. ¡Ay, Tina! Me parece un personaje tan entrañable y tan fuerte a la vez, y tan injustamente tratado por la vida (o por el autor, en este caso) ... Pero bueno, eso le añade realismo, claro...

En cuanto al argumento, no es único, tiene varios cabos abiertos, lo que hace mucho más interesante la lectura. A ver...¿a qué lío le meterá mano el siguiente capítulo? :)

Del final solo diré que no es el que a mí me habría gustado, pero al menos es un final digno, no inconcluso. El autor se moja y hasta te deja con la boca abierta. A mí, al menos, me ha pillado por sorpresa.

En resumen, me parece un libro altamente recomendable, de esos que te cautivan y te restan horas de sueño.

Os dejo un trocito...

"[...]hijo de puta: me juraste fidelidad, ¿sabes qué es la fidelidad? Quiere decir creer en el otro y no abandonarlo, pero tú me abandonas porque no crees en mí, por qué no me cuentas lo que te pasa, o, si te falta valor, mándame una carta, las cartas son como la luz de las estrellas, Jordi, ¿lo sabías? No mereces saber que las cartas son como la luz de las estrellas."

Y otro que me ha gustado mucho. 

"Para combatir la muerte es necesario escribir: es cruel escribir y que la muerte oculte todo signo de esperanza. Seguramente fue entonces, mientras esperaba a Jordi, cuando entendió que Oriol Fontelles había escrito desesperadamente, para que la muerte nunca dijera la última palabra."

Hay una teleserie de dos capítulos basada en este libro, que se titula igual: Las voces del Pamano. Es una adaptación para TV3. Tengo ganas de echarle un ojo. En cuanto a la lectura, creo que empezaré, a continuación, Niebla, de Miguel de Unamuno. Es un autor con el que, tanto en sus obras literarias como en sus obras filosóficas, tengo una relación compleja, casi de amor odio. A ver de qué lado cae este libro :)

miércoles, 24 de julio de 2013

¿La respuesta correcta?

Estoy ayudando a una chica a estudiar un par de asignaturas que tiene que recuperar en septiembre. Bueno, en realidad tiene alguna más, pero ha decidido que sus capacidades o sus ganas le dan para dos asignaturas, y por lo que a mí respecta, creo que la decisión no está del todo mal tomada. Una de las asignaturas es Matemáticas. Sí, como leéis. Yo, que dejé las matemáticas con 16 años, cambiándolas por el Latín, el Griego y la Historia del mundo contemporáneo. Yo, que aunque no se me daban mal, no encontraba placer o satisfacción alguna en los números como sí lo hallaba en comentar textos, traducir la Guerra de las Galias o las Fábulas de Esopo. Yo. Ahora. Enseñando matemáticas. Después de casi 10 años sin ponerles un dedo encima. Tiene guasa.  Pero me atreví cuando la madre me lo propuso, porque a estas cosas hay que atreverse. Y porque consideré que el nivel - 1º de ESO - es asequible. Vamos, que podría con ello. Y ahí estoy, entre fracciones, números naturales, enteros, reales, ecuaciones, potencias, raíces cuadradas y otras hierbas. 



Lo que pasa es que la chica, o chiquilla, que se llama como una de vosotras, es un caso. No perdido, pero un caso. Más que nada porque es un despiste con patas y rizos. Todo el mundo me dice: Bettie, que es normal, que es la edad, que todos hemos sido adolescentes, que bla-bla-bla. Pero la gente no está ahí y no lo entiende. Creo que tengo que buscar un nuevo adjetivo, porque despistada se me queda muy corto, en serio os lo digo. No me entendáis mal: me río mucho, a veces me lo tomo a guasa, y otras no me queda más remedio que sacar a la sargenta que llevo dentro. 

Es esa la única pega que puedo ponerle a la pobre, porque como niña es una dulzura: risueña, simpática, educada,... Y aún así, o precisamente por eso, soy muy comprensiva. Yo entiendo que la gente tiene razón en lo que me dice, la edad, el verano, el calor,... Hoy mismo, cuando me ha dicho que 3 + 4 eran 8 y me he puesto seria, ella, no menos seria que yo, me ha dicho:

- Es que tengo mucho sueño. 

- Y yo también - he contestado yo. Pero no he añadido: por culpa de una que se llama como tú, que me recomendó un libro que me tiene pegada a la lectura y me hace perder la noción del tiempo. - Pero eso tiene remedio, ¿sabes?

-  ¿Cuál? - me ha respondido ella, esperando que le diese una solución válida.

- Pues acostarse antes, claro.

Nos hemos reído y ella, medio tímida, me ha dicho:

- Es que anoche estuve viendo una peli. 

- ¿Ah, sí? ¿Qué peli, si puede saberse?

- A tres metros sobre el cielo - me ha contestado.

Y yo, como decía, muy comprensiva, he entendido la situación. A su edad entiendo que le llame más la atención el torso desnudo de Mario Casas que las matemáticas. Y así se lo he hecho saber, claro. A mí me habría pasado, y eso que Mario Casas... Nos hemos reído y hemos reanudado las cuentas. 

Pero todo esto no era más que para que os hicieseis una idea del perfil de mi chica. Porque lo bueno viene ahora. Resulta que, después de irse, me he puesto a corregir los ejercicios que le mandé la última vez que nos vimos. Y sigue en su tónica: sumas mal hechas, se me olvida la que me llevo, este signo lo cambio porque me da la gana, la jerarquía de las operaciones se me olvida a veces sí y otras no,... Pero hoy me he encontrado con algo que me ha dejado fría un momento y luego rota de la risa. 

Es cierto que una, a poco que haya corregido algo de estudiantes, sabe que alguna barbaridad se va a encontrar. Por desgracia, no todas son graciosas, algunas son, simple y llanamente, burradas. Pero otras lo son. Aún recuerdo aquella redacción de 2º de Bachillerato que decía que Hume podía predecir el futuro, y lo que me reí. Y lo que se rió el alumno cuando leyó el comentario "No como Sandro Rey". En fin, que estas cosas pasan, y le ponen sal a la enseñanza, claro que sí. Pues hoy me he encontrado una de las buenas, dignas de foto de facebook y todo. 

La pregunta era: "¿Cuántos números hay entre el -178 y el 236?". Lo que el enunciado pide, creo que está claro, es una resta de números enteros. Es decir, (+236) - (-178). Pues debe de ser que no, que no está tan claro. ¿A que no sabéis qué ha hecho mi chica?

No, esto no, pero habría molado.
Pues, ni corta ni perezosa, se ha puesto a escribir la serie: - 178, -177, -176, -175, ... hasta 236. Sí, así, tal cual. Eso sí, luego no los ha contado para decirme CUÁNTOS había. Y así se lo he apuntado en la hoja: "Pregunta cuántos, no cuáles". 

Pero oye, que si me los hubiese contado, si me hubiese dicho "taitantos", aunque hubiese sido contándolos uno a uno, le habría dado la respuesta por buena. Porque el enunciado te hace una pregunta, pero no te dice cómo responderla, y esperar que tú lo interpretes como ellos quieren es mucho esperar. Y, ¿sabéis qué? Que creo que es más importante en esta vida tener recursos que saber hacer operaciones con números enteros, ¡qué leche! Además, no me gusta nada esa idea de que solo hay una respuesta correcta. No es real en casi ningún ámbito. Y desde luego, las respuestas que importan, no están al final del libro. 




lunes, 22 de julio de 2013

Ismael Serrano

No soy yo una persona muy dada al fenómeno fan. Soy de esas que rinden más culto al arte que al artista. Tanto es así que he seguido mucho a algunos grupos musicales, he ido a varios conciertos suyos -bastantes- y aún así no me he aprendido los nombres de sus integrantes. Mucho menos otros datos de su vida. Con todo y con eso hay, evidentemente, cantantes y grupos que me llaman más la atención, con cuya música conecto más, cuyo nombre suele ir asociado a muchas canciones que me emocionan.

Uno de esos artistas es Ismael Serrano. No sé nada de él. Si está casado o no. Dónde nació. Supongo que vive en Madrid cuando no está de acá para allá, por las canciones. No sé qué estudió. Sé que, como todos los buenos cantautores, es músico y poeta a partes iguales. Y sé que su música me hace cosas: sentir cosas, querer cosas, bailar cosas, llorar y reír por cosas. Y me hace creer. ¿En qué? Ni yo misma lo tengo claro.

Por ejemplo, cada vez que escucho "La huida" me da pena no ser profesora de Lengua, para analizar con mis alumnos su letra. Para ver si consiguen emocionarse con una historia de amor de la que ellos mismos podrían ser protagonistas. Y para, me temo, alegrarme por ellos porque hay cosas que yo entiendo y probablemente ellos, por suerte, no entenderían. Porque, a pesar de lo hermosa que es, ¡es tan triste!


Y cada vez que escucho "Tu susurro" algo me sube por la espalda, una especie de escalofrío, que me obliga a moverme a su ritmo, a sonreír y a tararear.  De hecho, el otro día saltó en mi reproductor de música -no estaba escuchando Ismael Serrano concretamente, sino un mogollón de música mezclada-  y desde entonces no puedo parar de escuchar su música, y, en concreto, repito esa canción cada pocos minutos. Y cada vez que la pongo, ese "algo" parece poseerme sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. Ni ganas. 


Y, como buena fan atípica, siempre hay una canción que, por mucho que me guste la música de un artista, me ha pasado desapercibida sin saber por qué. Durante estos días que estoy escuchando Ismael Serrano non stop he descubierto otra canción. "No reconozco", se llama. Y sé que la he oído otras veces, pero no la había escuchado. Me he quedado sin palabras cuando, casi obligada, he apartado la atención de lo que estaba leyendo -suelo estudiar con música, es una costumbre que no me ha ido mal- y la he puesto en la canción. Y en su letra. Y me he sentido identificada. Y me he emocionado. Pero también me ha hecho creer. ¿En qué? Ni yo misma lo tengo claro. Quizá en mañana. Quizá en la esperanza. Quizá en la magia. 



"Pero, aunque la vida tenga el mal gusto
de seguir su curso sin contar conmigo,
yo sé que un día será soleado y tranquilo
porque estarás tú.
Aunque el planeta no tenga la delicadeza
de pedir perdón por echarnos a un lado
de malas maneras para seguir su camino,
yo sé que un día todo será diferente,
feliz simplemente,
porque estarás tú."




He tenido que contenerme para no llenar el post de canciones, que hay muchas que me piden que las ponga. Como "Habrá que someter a referéndum". (¿Véis? Mejor dejo esto ya :P)

domingo, 21 de julio de 2013

Ponerse al día.

Esto de las redes sociales, el avance de los modos de comunicación y demás hace que las cosas vayan tan rápido que nos perdamos por el camino. Hace tiempo yo solía utilizar el Irc, un chat con diferentes salas. En él conocí a mucha gente interesante. Con algunos de ellos guardo amistad todavía porque, por unas u otras, nos agregamos al Messenger (ya casi olvidado). Pero la gente deja de entrar al Messenger, porque se comunica por Facebook, o WhatsApp o sabe Dios qué. Y, por qué no decirlo, cada uno se dedica a sus cosas y a su gente. 

A muchos les he perdido totalmente la pista. A otros, casi. Pero, de tanto en tanto, una hace esfuerzos por ponerse al día con quien puede. Se acuerda de aquel chico que se prestó a hacerle compañía en la estación de Barcelona, del que fue confidente y amiga, curandera de mal de amores a distancia. O de aquel apuesto militar que le dedicaba canciones en su programa de radio. O de aquel otro amigo que nunca tuvo el valor suficiente para quedar en persona. O de ese al que una hizo mucho daño un día... Y se les busca, por algún rincón virtual, esperando encontrar una respuesta favorable a la típica y manida pregunta: "¿Cómo te va la vida?". Las respuestas son variadas, la mayor parte de ellas desesperanzadas: paro, escasez, pena. Pero, al fin y al cabo, por pesimistas que sean, caen dentro de la triste normalidad en la que nos hemos instalado. Pero de vez en cuando la respuesta sobrepasa lo que una espera.

Hoy he hablado con uno de esos amigos del irc, uno de los patrocinadores de una de mis escasas semanas de vacaciones. En un pueblito de Alicante, pero muy cerca de Murcia. Me invitó a pasar allí unos días, con su familia. Conocí a sus hermanas, su sobrino, sus cuñados, sus padres y sus gatos. Me bañé en su piscina, paseé por su pueblo, y también fui a Orihuela y visité, por primera vez, Elche. Confió en mí tanto como para dejarme conducir su coche, un coche rojo muy chulo. Nos lo pasamos bien y no tengo de él más que buenos recuerdos y un par de camisetas.

Hoy, cuando le he preguntado, ¿qué tal? Me ha contestado: "Siempre mejor que ahora". Y me he quedado parada un momento. Porque tenía razón. Suena a tópico pero habrá mucha gente que esté viviendo ahora los peores momentos de su vida. Especialmente si su vida no ha sido excesivamente larga, como es nuestro caso. Le he contestado y le he dado la razón. Y entonces ha empezado a enumerar, lo típico: sin trabajo, sin dinero,...pero luego ha añadido algo que no suele leerse, por suerte: "Y mi madre enferma". 

Y sí, su madre está enferma, muy enferma. Una enfermedad de esas que borran la palabra esperanza del papel y no dejan más que la marca, el surco casi invisible. Y me he acordado de aquella mujer amable, sonriente, cariñosa. Y de su acento, como el de él. Y me he acordado de cómo me enseñó a hacer ensaladilla rusa: ahí descubrí que para los murcianos y casi murcianos, como era el caso, la ensaladilla rusa es todo un arte, casi un ritual. Y de su sonrisa, porque esa mujer siempre sonreía, siempre parecía estar satisfecha con todo. Y ahora está enferma, muy enferma. De esas enfermedades que borran la palabra esperanza, que la dejan casi invisible. 

Y no he sabido qué decir. Y no me he atrevido a preguntar. Yo quería ponerme al día, y no esperaba esto. Yo habría querido decir algo reconfortante. Pero no he sabido o podido. Me he sentido una desconocida, como si aquellos meses en que fuimos amigos, aquellos días en que quedamos, aquellas visitas no hubieran ocurrido. Me he sentido muy torpe, y muy triste y muy ajena y lejana.  Y por mucho que pienses: "Eso pasa, la gente se muere, es casi lo único cierto en la vida", no hay calma tras el trueno y la tormenta. Y caes entonces en que, si eso es lo que tú estás pensando, tú, que conservas de esa mujer el recuerdo de su amabilidad y su sonrisa, y del ritual de la ensaladilla rusa, ¿qué no estará pasando su hijo? Apenas tiene un par de años o tres más que yo. La necesita mucho, todavía. ( ¿Y cuándo no se necesita a una madre?)

Y es que, amiguitos, a veces la vida es, sinceramente, una mierda.

sábado, 20 de julio de 2013

Los pecados capitales de la lectura

Hace unos días vi este cuestionario en el blog de Ro, Prooofeee, y como los cuestionarios  de lectura molan mazo y nos ayudan a conocer libros y autores, pues allá que voy.  Eso sí, en podcast.


 


Os dejo las preguntas por si alguien quiere responder :) Por mi parte, estáis invitadxs a hacerlo ^^

Avaricia. ¿Cuál es tu libro más caro y más barato?

Ira. ¿Con qué autor mantienes una relación de amor-odio?

Gula. ¿Qué libro devoras una y otra vez?

Pereza. ¿Qué libro no has leído por flojera?

Orgullo. ¿De qué libro hablas para sonar intelectual?

Lujuria. ¿Qué encuentras atractivo en un personaje?

Envidia. ¿Qué libro te gustaría recibir como regalo?

¡¡Hasta la próxima!! :)



jueves, 18 de julio de 2013

Ángeles con batas blancas.

Últimamente he leído alguna que otra entrada que va de hospitales, de médicos y enfermeras. Ayer, la de Ysugamo, contando su mala experiencia en urgencias. Hoy, la de Mandarinalia, contando una experiencia "amargamente gratificante", en sus propias palabras, que ha vivido en su trabajo como enfermera. Esta última entrada, especialmente, me ha animado a escribir esto.

Le decía a Mandarinalia en mi comentario a esta entrada que considero seres sobrehumanos al personal sanitario que se toma su trabajo con la seriedad, profesionalidad y humanidad que requiere. Marcan la diferencia. Son casi ángeles.

Cuando acudimos al médico, a urgencias o a someternos a cualquier prueba, nos sentimos, sobre todo, vulnerables. Nuestra salud, y en algunos casos, nuestra vida, está en manos de otra persona. Y en esa circunstancia es bastante difícil no sentirse insignificante. Y a veces, el personal que nos atiende agrava ese sentimiento. Nos hacen sentir flojos, quejicas, malos pacientes, malos enfermos. Y eso no ayuda. 

No sé si los médicos y enfermeras son conscientes de lo importantísimos que son en esos momentos de vulnerabilidad. No sé si se dan cuenta de cómo su actitud, sus cuidados, sus palabras, en uno u otro sentido, pueden suponer un cambio radical en el paciente. De hecho, ni siquiera sé si nosotros somos conscientes de ello: notamos si nos tratan bien o nos tratan mal, y eso nos alegra o nos indigna, pero no sé si comprendemos hasta qué punto eso es importante más allá de ese momento. 

Ya os hablé de mi médico de cabecera. Pero he tenido muchas más experiencias positivas. 

En Valencia tuve un médico maravilloso. Doy gracias de que fuera él el que me atendió la primera y única vez que he tenido una cistitis. Y además fue una cistitis brutal, no voy a entrar en detalles. El caso es que, por daros un dato, hasta deliraba. Fue en 2º de carrera, yo estaba en Valencia, sola, sin nadie que me apoyase. Era la primera vez que me ponía enferma lejos de casa. Por suerte, Jack, aunque no hacía más que unos meses que nos conocíamos, estuvo más que a la altura y me cuidó fenomenalmente bien.  Pero también influyó mi médico. Supongo que cuando entré por la puerta de la consulta tuvo que verme el miedo en la cara, porque me tranquilizó, me explicó, me trató fenomenal. Hubo un antes y un después de esa consulta. No sé si ese médico sería consciente de que, cuando salí, me sentí más fuerte y más capaz de vivir sola, por mi cuenta. 

Cuando era pequeña me operaron de vegetaciones, adenoides o algo así. Recuerdo que estábamos en una habitación doble unos cuantos niños, cinco, o seis, con nuestros padres. Yo ya sabía a qué iba, así que estaba sentadita en una silla mientras los otros niños saltaban por las camas, corrían y jugaban. Empezaron a llamar por orden alfabético, pero no de apellido, sino del nombre. Y el mío empieza por B, como ya sabéis. Fui la primera. Estaba muerta de miedo. Pero una enfermera vestida de verde de arriba a abajo me tomó de la mano, fuerte, y me llevó por un pasillo largo hasta el quirófano.  Cuando acabó todo aquello, yo estaba muerta de miedo, porque había estado consciente todo el rato y había visto un montón de sangre. Supongo que fue anestesia local lo que me pusieron. Pero entonces, mientras lloraba y moqueaba, la misma enfermera me levantó de la silla donde estaba, me puso en el suelo, y me susurró unas palabras de ánimo: "Has sido muy valiente, ahora nos vamos con tus padres y se lo vamos a decir, ¿vale?". Su mano me llevó, de nuevo, por el pasillo, cogiéndome firme. Cuando llegué al final, ya no lloraba.  No sé si ella fue consciente, pero cuando salía de allí pensaba, ilusa de mí, que en el mundo había gente muy buena, y que siempre que estuviese mal, iba a haber alguien bueno a mi lado. 

Hace unos años tuve que ir a hacerme unos análisis de sangre. Tengo auténtica fobia a las agujas, lo paso fatal.  Fui sola, porque Jack estaba trabajando, y casi sin dormir, porque eran Fallas y era imposible. Eso sumado a los nervios y al miedo era una bomba. Yo me sentía pequeña, endeble, débil. Cuando me senté en la silla para que me sacaran sangre, una enfermera con mal genio me dijo que había que pincharme en la muñeca porque no me encontraba la vena. Casi colapso allí mismo.  "No, por favor, no."  Pero repetía que no había otra solución. Así que, intentando aguantarme las lágrimas, le di mi mano para que me sacase sangre. No me quedaba otra. Como os decía, cuando estamos enfermos o nos hacemos pruebas nos ponemos totalmente en las manos de otra persona. Entonces una enfermera se puso detrás de mí y apoyó sus manos en mis hombros. "Tranquila", me dijo, "y llora si tienes que llorar, no te preocupes". Y me pincharon. "No sale sangre", dijo la otra enfermera. "Tenemos que volver a pinchar". Y yo apreté los dientes, y la enfermera apretó sus manos en mis hombros. Y me susurró: "Tranquila, enseguida acabamos". Y le dijo a la otra enfermera que hiciesen algo que no recuerdo, para poder sacarme sangre. Así que, otro pinchazo, un rato más, y acabó.  La enfermera me pasó la mano por la espalda y me dijo: "Ahora te vas a tumbar un poquito". Y me tumbé en la camilla. Nunca me mareo cuando me sacan sangre, pero aquella vez me vino bien, la verdad. Estuve tumbada unos minutos durante los que no soltó mi mano. Y mientras estaba ahí, tumbada, me di cuenta de que había tenido suerte de encontrar a alguien comprensivo cuando los demás pensaban que lo mío era cuento, o una tontería. 


Por supuesto, también he vivido la situación opuesta: personal sanitario que me ha tratado fatal, que se ha burlado de mis miedos y preocupaciones, ... Pero de eso ya sabemos todos, ¿verdad? Lo que quería decir con esto es que cuando estamos enfermos, en cierta manera, volvemos a ser niños: desvalidos, asustados,... Y en esos momentos significa tanto, tantísimo, una mano firme, una sonrisa, unas palabras amables, o, simplemente, algo de complicidad... Marca la diferencia entre sentirse un "robot" siendo reparado y sentirse una persona siendo cuidada. Y eso es mucho, muchísimo. 



Gracias a todo ese personal sanitario (médicos, enfermeras, celadores, auxiliares,...) que ponen humanidad y cuidado cuando más lo necesitamos.


miércoles, 17 de julio de 2013

El mejor sitio del mundo (provisionalmente): El cuarto de baño.

Hace casi un año os decía que, para mí, el mejor sitio del mundo era mi cama. Y lo era, ciertamente. Pero hoy por hoy me veo, tristemente, obligada a cambiar mi opinión a este respecto por varias razones.

La primera es que una de las razones que daba para querer tantísimo a mi cama era que nunca me había pasado nada malo estando en ella. Supongo que por eso consideraba el colchón un refugio seguro y las sábanas una especie de armadura. Pues bien, esta razón ya no es del todo cierta. Puedo decir que sí me han pasado cosas malas en la cama. Al fin y al cabo, parece que la cama no es un escudo.

Sin embargo, estoy dispuesta a perdonarle eso a mi cama. De todos modos, no era culpa suya.  Pero me cuesta seguir diciendo que la cama es mi sitio preferido por varias razones más. La primera, que ahora es mi cama, no nuestra cama. Y eso para mí es una razón de peso. La segunda, pero no menos importante, es que en casa-padres la cama se utiliza solo para dormir y solo por la noche: no siestas, no tumbarse a descansar, no sentarse a leer, no nada. Ni siquiera cuando uno está enfermo puede quedarse en la cama. No aquí. Y por supuesto, nada de remolonear entre sueño y vigilia, como tanto me gusta hacer a mí. A mí me da mucha pena tener tanto potencial desaprovechado, qué queréis que os diga...

Además, mi dormitorio, y por extensión mi cama, ya no es un lugar seguro. Cuando vivía con Jack, la cama era el sitio donde podía llorar tranquila, tumbarme si estaba triste y languidecer hasta que se me pasaba. Aquí, ni de broma. De hecho, ni siquiera puedo sentarme a llorar tranquila en mi cuarto. Así que algunos días me paso las horas con un nudo en el pecho de lo más desagradable. Bueno, a favor de mi cama he de decir que, al menos, cuando me acuesto, la pobre lo aguanta todo: lágrimas ahogadas contra la almohada, sueños de reencuentro, vueltas de inquietud. Lo que sale. 



Pero, por fuerza, me he tenido que buscar otro refugio. Y en esta casa el único sitio que aún se respeta, el único lugar donde se puede tener una relativa privacidad - y no siempre - es el cuarto de baño. Tengo mi ritual. Poner uno de mis recopilatorios de música a un buen volumen. Alto, quiero decir. Meterme en la ducha y, mientras me ducho, hacer lo que me pida el cuerpo. ¿Cantar? Pues canto. ¿Reir? Pues río. ¿Fingir que soy una cantante en un videoclip? Pues ea, lo dicho. ¿Llorar? Pues se llora, que entre tanta agua, ¿quién sabe? ¿Bailar? Pues bailo. En serio. Bailo.  Y si hay que bailar y cantar, se continúa mientras una se seca. Y de verdad, sale una del cuarto de baño, no diré nueva, pero mucho mejor. Sin nudos en el pecho. Y si ese día ha tocado el recopilatorio marchoso, con una sonrisa de oreja a oreja, bailando por el pasillo. 

Hay un cantar que dice: 

                     Dicen que el agua divierte
                    quita pena y da alegría
                    yo me voy a ir a una fuente
                    a ver si esta pena mía
                    se la lleva la corriente.

Pues ya que aquí las fuentes no llevan agua, del río mejor ni hablamos, y no es época de lluvias, tendremos que dar gracias por tener agua corriente y podernos meter en la ducha. Yo, al menos, lo hago.

martes, 16 de julio de 2013

Diario de una opositora: Notebook Over.

Sí, el título hace referencia a la típica pantallita del final de un videojuego. Esa que maldecías mil y una veces cuando estabas en los recreativos porque significaba que, o bien hacías caso al "Insert coin" de la pantalla o te ibas a casita, que se acabó el jugueteo. 


Pues algo así me ha pasado a mí. Mi libreta is over. Se acabó. Caput. La compré el verano pasado, en agosto, para empezar a estudiar, a escribir mis temas. Y eso he estado haciendo. En esa libreta hay metido mucho, muchísimo trabajo. Y hoy, como quien no quiere la cosa, he escrito en la última de sus páginas, al acabar un tema. ¡Madre mía! Y ha pasado casi un año.

Ahora toca, mañana mismo, insertar papel, empezar la libreta nueva. La compré en Valencia, durante mi estancia allí para los exámenes de inglés. Parece mentira, tantos años estudiando y para mí, todavía, empezar una libreta nueva es algo especial. Qué tontería, ¿verdad?

Pues nada. Aquí seguimos. Gastando papel. Aguantando. Más o menos.

lunes, 15 de julio de 2013

Libro: Alan Moore. Storyteller, de Gary Spencer Millidge.

Este fue uno de los libros que me cogió Jack con MAUS, para completar aquel cheque de 50 euros en cómics que gané. Ya le tocaba pasar por mis manos y mis ojos...

¿De qué va el libro?

El libro es una biografía de Alan Moore, centrándose sobre todo en su faceta artística en el mundo del cómic, aunque al final dedican algo del libro a hablar de su faceta como escritor de novelas, mago, ...

Hablando del libro...

Pues bueno... Ya he dicho alguna vez que no soy muy de biografías. Tienden a aburrirme bastante. Si, además, la biografía se centra en un aspecto tan estrecho como la capacidad artística de una persona y las relaciones con el resto de aspectos de su vida son tan pocas, tan escuetas,... Pues tiene todas las papeletas para no gustarme.  Y así ha sido. No es que el libro esté mal. Por ejemplo, los capítulos dedicados a los cómics de Moore que yo sí he leído me han resultado interesantes. También me ha gustado leer, por ejemplo, el capítulo dedicado a Lost Girls, y me ha dado muchas ganas de leerlo. Además, tiene dibujos, fotografías, y algunas láminas desplegables bastante molonas. Sin embargo, como lectura, pues a mí se me ha hecho bastante cansino. Como libro de consulta o picoteo quizá no habría estado tan mal. Y si eres muy, muy fan de Alan Moore también debe de ser curioso. Sin embargo, ese no es mi caso. No soy fan de la persona/personaje que es Alan Moore, aunque me encanten algunos de sus cómics. Así que, lo dicho, para mí ha sido una lectura poco entretenida, no falta de interés en algunos puntos, pero globalmente y hablando en plata: un rollo. 

Os dejo un trocito...

Me ha llamado la atención porque unos días antes de empezar con este libro empecé a escribir algo que tiene bastante que ver con esta idea.

"Creo que la magia se arte, y que el arte - ya sea música, escritura, escultura o se presente bajo cualquier otra forma- supone, literalmente, magia. El arte es como la magia, la ciencia de manipular símbolos, palabras o imágenes para generar cambios en la conciencia... de hecho, realizar un hechizo consiste precisamente en jugar con las letras, en manipular las palabras, para así alterar la conciencia de la gente, y por eso creo que un artista o un escritor es lo más parecido, en la actualidad, a un chamán." Alan Moore


Ahora empezaré a leer Les veus del Pamano, de Jaume Cabré, recomendación de Perri. Veremos a ver qué pasa, que la lectura en catalán la tengo oxidadilla... por decirlo suavemente.

domingo, 14 de julio de 2013

Podría ser peor.

Queridas gentes que leéis este chorri-blog, hoy os traigo la paz algo para subiros el ánimo. 

Y como soy muy de aquí, voy a hacer uso y abuso de un recurso que utilizamos mucho los españoles, a saber, el "podría ser peor".

Y es que, queridxs, sí, la situación es una puta mierda (¡ups! Quizá hubiera que poner en este post los dos rombos...): que si Bárcenas, con sus papeles, sus sobres, sus cajas de puros, sus mensajes. Que si los ERE, con sus imputados, con sus abogados pagados, o no, o según, con dinero público. Que si el paro. Que si el inminente cierre del CSIC. Y suma y sigue. Y, para rematar, un país lleno de espécimenes de esos con los que #mesesuisidaelselebro (HT empleado no solo para faltas de ortografía, sino para todo tipo de sinsentidos). Que no sé yo por qué buscan vida inteligente fuera los científicos...¡si ya es bastante difícil encontrarla aquí! Vamos, que un desastre. ¡Qué me vais a contar!

Pero, como decía, podría ser peor. Todo, siempre, es susceptible de empeorar. Y no lo digo yo, lo leí en una camiseta, fuente irrefutable de sabiduría.  ¿Y cómo?, os preguntaréis, pequeñxs saltamontes. Pues yo os lo diré. La situación podría ser peor si tuviésemos, además....

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¡¡¡¡BAILES DE INSTITUTO!!!!


 Perdón, quería poner una foto que diese miedo de verdad... A ver, esperad, que busco...

¡¿Por qué te haces eso, Michelle?!

Porque chicxs, yo no es que sepa mucho de cultura americana y de sus rituales, pero por lo que he visto en las películas, los bailes de instituto son una tortura china. Me refiero, en especial, al baile de graduación o "prom". Son terribles. El mal absoluto a muchos niveles. 

Primero: vestidos cutres.  Me No es que sea obligatorio llevar un vestido cutre a la graduación, pero casi. Hay que ir de punta en blanco, traje los chicos, vestido de noche las chicas. Y en fin, con 17-18 años, que supongo que se tienen cuando te gradúas, como que tiendes a exagerarlo todo y al final es fácil que todo el mundo parezca disfrazado: los chicos, de mafiosos o de padres; las chicas, de barbies princesa, mesas camillas, o de sevillana de las que los abuelos ponen encima de la tele, entre otras cosas. 

Útil, si un montón de karatekas persiguen a tu pareja, puede esconderse bajo tu vestido.

Segundo: presión social para encontrar acompañante. Porque si hay algo que es todavía más "el mal" que ir a un baile de instituto es ir a un baile de instituto solo/a. Así que más te vale encontrar pareja. Rápido. Todos sabemos la angustia que esto conlleva, lo hemos visto en multitud de películas. Hasta en Hogwarts hay bailes, y los alumnos no lo pasan menos mal por ser magos. 


Tercero:  tiene que ser perfecto, por tanto, algo siempre sale mal. Esto es así. Debe de ser un corolario de alguna de las leyes de Murphy. O te tiran algo al vestido, o el acompañante es un sobón, o el baile se convierte en una matanza,... Cosas que pasan, ya se sabe. 

Cuarto: fotos. Los bailes de graduación son la ocasión perfecta para que nos hagan fotos que odiaremos más pronto que tarde. Por el acompañante, por el pelo, por el vestido, por el maquillaje, por los recuerdos. Y en España, queridxs, ya tenemos bastante de eso con las fotos de la comunión.  Si no, que se lo cuenten a Michelle Obama...

Podríamos decir otras cuantas cosas, como, por ejemplo, el mal rollito que se crea con el tema de la reina del baile. ¡Ríos de celuloide han corrido sobre ello! Así que, lo dicho, demos gracias. Aparte de tener el país en ruinas, podría haber millones de fotos del baile de graduación en él. ¿No os sentís mejor? :P





jueves, 11 de julio de 2013

Dos.

Esta mañana Jack me ha dejado, como todos los días, una canción de buenos días. Pero hay algo que no me pasa todos los días: la canción ha estado sonando en mi cabeza una y otra vez, sugiriéndome situaciones, historias, momentos a media luz. Y cuando estas cosas pasan lo mejor es sacarlas e intentar darles forma. Así que he escrito un relato. Pero como el relato es hijo de la canción, creo que lo mejor es que lo leáis al mismo tiempo que escucháis la música. Si hacéis una lectura tranquila, el relato dura lo mismo que la canción, y el ritmo de esta coincide con el de aquel. ¿Os apetece hacer la prueba? Aquí os dejo la canción, y justo después, el relato. ¡Espero que lo disfrutéis!




Suena una canción romántica. La habitación está casi a oscuras. Las cortinas de terciopelo, cerradas, deben guardar su secreto. Al lado de la ventana, en una esquina, una lámpara sobre una mesa camilla tiñe de verde la habitación. En una de las dos sillas que la acompañan hay una mujer esperando. Su mirada salta de un lado a otro, vigilando la entrada, mirando sus pies, contemplando el papel pintado. Balancea, nerviosa su zapato. Se seca el sudor de las manos en su recatado vestido y enseña, sin darse cuenta, la rodilla. Sus labios están hinchados: se los ha maquillado y desmaquillado un millar de veces.

La joven suspira y sus ojos se fijan en la lámpara verde. Su luz tenue la absorbe y la obliga a centrarse en sus pensamientos: en las miradas de deseo, en los besos furtivos y prohibidos, en las caricias bajo la mesa, ... y en lo que dijo la última vez que se encontraron. El miedo y la vergüenza no son buenos compañeros del amor.

El sonido de la puerta al abrirse la saca de su ensimismamiento: su acompañante había llegado. Sus miradas se cruzan y ella es consciente de la tranquila batalla que libran la gabardina y el carmín. Se sienta en la otra silla, le pregunta el por qué de esa cita, y con amargura le dice que no creía que le quedase nada por gritarle.

Entonces ella cae a sus pies y le pide perdón, una, dos, tres, mil veces. El amor y el deseo llenan su boca, se desbordan por sus ojos, y caen, mojando su recatado vestido y borrando su vergüenza. Y su mano, solitaria busca otra que la estreche. No sabe qué más decir, no sabe qué más llorar.

En la habitación se hace el silencio y el aire se torna denso con las dudas.  Las dos saben que el amor nunca es un juego, pero menos, todavía, para mujeres como ellas. Y aún así, merece la pena.

Entonces ella le seca las lágrimas, se agacha lentamente, y la besa. No con dulzura, sino con pasión. Con la pasión que les es negada a plena luz, pero que cobra fuerza a oscuras. Y deja caer la gabardina, y se quitan los vestidos. Y se miran. La mujer de la gabardina busca el miedo en los ojos de su acompañante, pero no lo encuentra. La chica recatada busca dudas en los ojos de aquella mujer, pero no las encuentra.  Y tras ellas, una cama y una oportunidad que no pueden dejar pasar. Y las cortinas, mientras tanto, siguen guardando su secreto.

Pasa una hora y la puerta se cierra de nuevo. Ya no queda rastro de la ropa de dos mujeres, mezclada, esparcida por el suelo. Las cortinas se han abierto y la luz entra a raudales por el ventanal. En la puerta del motel una mujer con gabardina fuma, ceremoniosa, un cigarrillo, mirando hacia su derecha. Unos metros adelante, en esa misma dirección, una joven con un vestido recatado se mira en un escaparate y se retoca el pelo. Nadie lo habría dicho, nadie se dio cuenta, pero antes de seguir su camino, guiñó un ojo a la mujer de la gabardina y después se puso a contar los días que faltaban para sentirla de nuevo mientras se alejaba...


miércoles, 10 de julio de 2013

¿Animales racionales?

Suele definirse al hombre como animal racional. Esto se aplica, hoy en día, tanto a hombres como a mujeres, pero durante mucho tiempo se atribuyó exclusivamente, o al menos con más intensidad, a los hombres, del aner-andrós griego, a los varones, vaya. Aristóteles, por ejemplo, pensaba que la mujer participaba de cierta racionalidad, que le permitía entender al varón y dejarse guiar por él, obedecerle, y algo similar atribuía a los esclavos. Pero el hombre, el varón, ¡claro que era racional!

Y la razón no solo se entiende como la capacidad de pensar en abstracto sino, además,como la capacidad de dirigirse a uno mismo. Así en Platón, por ejemplo, la parte racional del alma era la que tenía que dirigir a las otras dos partes de la misma, la irascible (violenta, temperamental) y la concupiscible (que tiende a dejarse llevar por los placeres). Así que se supone que los seres humanos tenemos la capacidad de controlarnos. Unos más que otros, claro. Pero la tenemos. Todos, hombres y mujeres. O eso se supone.

Digo esto porque parece ser que los hombres, el género masculino, quiero decir, han perdido esa capacidad, o, peor aún, se les va y se les viene según sopla el viento. Ayer vi un par de debates sobre tocamientos, agresiones e incluso violaciones aquí, en España, en las fiestas de San Fermín y otros eventos multitudinarios. Hay quien lo compara, salvando las distancias -aunque a mí me parece que no hay tanta, en el fondo- con lo que ocurre en Egipto. Y en realidad no es tan distinto. Quizá sí el alcance y la intensidad de las agresiones sexuales, pero no la actitud. En un vídeo sobre este tipo de agresiones en Egipto, un amable jovenzuelo daba su visión sobre estos acontecimientos. Minuto 3.30.



Por si no queréis/podéis verlo, el simpático joven dice que es un mal hábito, que no está bonico eso, pero vaya, que las mujeres van provocando. Como visten, como hablan. Con esta mentalidad es de esperar que este tipo de comportamientos no sean fruto de las circunstancias que se viven en la plaza Tahrir. Y así es. Es algo cotidiano, normal. Por desgracia.

Decía que la actitud es parecida. ¿No os suena ese razonamiento? Se parece bastante al "se visten como putas", "van enseñando tal o cual", "van marcando esto o lo otro", ergo, "puedo tocarlas, acosarlas, aprovecharme de ellas e incluso forzarlas. Me están dando un permiso "no verbal" para hacerlo. ¿Por qué se visten así si no quieren que les den lo suyo y lo de su prima?" ¿Os suena?

Pero la madre de los argumentos para justificar estas cosas es: "Es que el hombre, cuando ve un pecho, (o unas piernas, o un pantalón ajustado, o inserte aquí cualquier fetiche o razón) siente un impulso irrefrenable, que la testosterona es muy mala", a lo que puede añadirse: la culpa de lo que os pase es vuestra por excitar nuestra testosterona. ¿En serio? ¿Esto os parece un argumento serio? ¿Y vuestra parte racional? ¿O es que cuando aparece una teta se os desconecta?  Vaya razonamiento, amigos. Os cubrís de gloria con él. Os reducís al plano animal más puro. Y no en el buen sentido. Y luego el sexo débil somos nosotras...

Pero no cuela. No lo acepto. Y no lo acepto porque en mi vida hay hombres maravillosos que no se aprovecharían de una mujer con la defensa baja y que entienden que las mujeres también somos seres racionales, con pensamiento y discurso propio, y que cuando damos el consentimiento para una cosa, lo damos, pero cuando no, no hay más que hacer, ni que deducir, ni que especular. Si algunos pueden hacer ese "titánico" esfuerzo, los demás también.


martes, 9 de julio de 2013

Somos su risoterapia.

¿La de quien? La de los políticos. Y me van a permitir ustedes, queridxs lectorxs que meta a todos en el mismo saco. Más que nada porque lo fácil hoy en día es señalar a los políticos responsables, justos, transparentes, éticos, ... y no a los corruptos. En cualquier caso, señalarlos será fácil, lo complicado es encontrarlos.

Tras echarle Bárcenas gasolina al fuego de sus papeles, los máximos responsables siguen desaparecidos en combate o, lo que es casi lo mismo, negando vagamente y con frases hechas: yo no sé, no me consta, nunca ha habido sobres, eso es falso, las mentiras no se documentan, y demás. Para lo que sí están vivos es para denunciar al colectivo Anonymous por haber publicado su supuesta contabilidad, parte de la cual dijeron que no tenían. En ella se han descubierto cosas tan simpáticas como gastos en Lacasitos, lencería o un pony. Solo hay que echarle un ojillo al Hastag #CuentasPP para darse cuenta de lo que hay montado...




En fin, que esto sobrepasa ya el esperpento, y hay que estrujarse bien los sesos para encontrar un término adecuado a tamaño despropósito.  ¿Por qué no dan explicaciones? ¿Por qué no se bajan de la burra (o del pony) y lo ponen todo en claro? Bueno, porque eso supone autoinmolarse, y, en estas circunstancias, hay que agarrarse a un clavo ardiendo. Aunque se diga que el presidente del gobierno ha cobrado sobresueldos dentro de una caja de puros mientras era ministro. Que si lo pensamos así en frío, lo de pasar billetes en una caja de puros suena muy legal y muy limpio... salvo alguna cosa.

Miren que dicen que los papeles de Bárcenas, los que quedan por conocer, pueden hacer caer al Gobierno. Y yo les digo: No caerá esa breva. Aquí no dimite ni el Tato, y para sacarlos de ahí tenemos que ir con aguarrás y espátulas. 

Pero no me alegro, qué va. A mí no me parece bien que mi país parezca una charanga. Ni siquiera aunque sea el PP el que mande, qué va. No como a otros, para los que todo lo que hiciera mal Zapatero era una gozada, porque ya levantarían ellos el país. Menos aún cuando parece no haber alternativa aceptable. El PSOE, que hace tiempo no es santo de mi devoción y que creo que debería borrar de su nombre todas las siglas menos la P -o quizá cambiarla, porque tampoco parece un Partido, la verdad- tampoco es que esté en una situación buenísima, intachable, como para dar sermones o pedir responsabilidades a nadie. Vamos, que una cosa que se tiene clara aquí en mi puebo, es que si quieres señalar la mierda de la puerta de otro, mejor primero barres la tuya, parece no llegar a las altas esferas de la política.

¿Empezamos por el caso de los ERE? Ya hace días que estoy calentita con eso de que los del PSOE (me niego a llamarlos socialistas) estén metiéndose con la juez Alaya por activa y por pasiva, hablando de persecución hacia el PSOE.  Pasa entre los dos partidos: alaban las actuaciones que van cara al contrario, pero las que perjudican a uno son fruto de una conspiración. Pues miren, no. No me vale. Pero ya hoy han rematado la jugada de la mejor manera posible: la Junta de Andalucía va a pagar con dinero público la defensa de sus imputados. Queda bonito, ¿verdad? Muy ético y muy estético. No me meto en si son inocentes o culpables pero, ¿por qué tienen que pagar los ciudadanos por despejar las dudas que se ciernen sobre una persona particular? No lo veo, por más que lo miro, no lo veo. Por cierto, ¿Izquierda Unida qué tiene que decir de todo esto? Lo digo porque es el partido que gobierna junto con el PSOE en Andalucía... En fin, que no me caso, madre, que no hay novio que me guste.*

Podemos seguir por lo progresista, democrático y transparente que se proclama, y por lo poco progresista, democrático y transparente que se muestra. ¿Ejemplo? Lo que ocurrió el sábado pasado en el programa La Sexta Noche, un programa tipo Sálvame pero en plan político. El alcalde de Jun presentó avales por Internet, con certificado electrónico, para poder concurrir a las primarias andaluzas. Se los rechazaron un sábado a las tantas de la noche. Con nocturnidad y alevosía. El candidato denuncia otras presiones para sacar fuera de la carretera electoral a los candidatos no oficialistas. ¿Bonito verdad? Muy democrático todo.  A mí me daría vergüenza reconocerme militante de ese partido que, entre pitos y flautas, o no hace nada o hace el ridículo. ¡Ay, señor, llévame pronto!

Pero aquí no pasa nada. No dimite nadie. Los grandes partidos no se estremecen siquiera. ¿Y sabéis qué me imagino? A los políticos, en sus despachos, en sus sedes, partiéndose de risa. Descojonándose, por decirlo en román paladino. No solo se pagan el coach con nuestros impuestos, sino que además somos su risoterapia. ¡Hay que joderse!


(Actualización: Que dicen que de momento no lo pagan, pero que no niegan que en un futuro puedan hacerlo...¡Vaya tela!)

lunes, 8 de julio de 2013

Libro: The perks of being a wallflower, de Stephen Chbosky


Gracias a Lansy he podido disfrutar de la lectura de este libro en papel, con marcapáginas molongo incluido. Si es que se la tiene que querer a esta chica... Vamos allá con las impresiones y todo eso que se supone que una "reseña" tiene que llevar.

¿De qué va el libro?

"Charlie", porque ese es un nombre ficticio, está aterrado ante su primer día en el instituto. Por eso, decide escribir cartas anónimas a un chico que le han dicho que es buena persona, contándole sus miedos. Las cartas siguen durante todo el curso, y en ellas relata sus buenos y malos momentos, sus pensamientos, sus vivencias,... Y desde luego, la vida de un adolescente como Charlie, a pesar de ser un "wallflower", el que no baila en el baile, da para contar mucho.

Hablando del libro...

Tengo muchas cosas buenas que decir de este libro. A ver, empecemos. Primer punto a favor: el libro es una novela epistolar. No lo sabía hasta que no lo abrí. Y me ha recordado a aquel libro de la colección El Barco de Vapor, Querida Susi, Querido Paul. Aunque, eso sí, aquí no tenemos las respuestas, así que se parece bastante a lo que sería un diario. De todos modos, sigue siendo algo no muy común entre mis lecturas y oye, me apetecía, y no sabía cuánto, hasta que he pillado el libro.

Segundo punto a favor: es un libro de adolescentes. Me pirran los libros de adolescentes. Me pasa algo parecido a lo que le pasa a Ro, la proooofeee de este blog, en el que podéis leer también la reseña de este libro. Y me gustan porque ser adolescente es complicado, y parece que cuando pasamos la adolescencia se nos olvida. Y no debería. Desde luego, la vida de Charlie tiene agravantes, pero estoy segura de que si lo leéis os reconoceréis en más de una situación, identificandoos con alguno de los personajes.

Tercero, el libro está escrito de una manera que me ha encantado. Se aprecia perfectamente la sensibilidad de Charlie, utiliza unas metáforas que transmiten emociones perfectamente, de una manera maravillosa, sin parecer "forzadas" o desentonar con un adolescente. 

Cuarto, ¡hay libros! Charlie recibe un montón de trabajo extra en su clase de inglés que consiste, básicamente, en la lectura de libros. Hay títulos muy diversos: Matar a un ruiseñor, El guardián entre el centeno, El extrajero, El Gran Gastby, Peter Pan... Y lo mejor de todo es que Charlie comenta, da pinceladas, de lo que los libros le sugieren. Me ha parecido genial, muy interesante.

Quinto, pasa algo parecido con la música. Charlie habla de sus canciones favoritas, graba cintas de cassette con ellas, comenta qué sentimientos le despiertan... Esta "banda sonora" es tan buena que hay en Youtube un montón de listas de reproducción con las canciones que aparecen en el libro. Os dejo una de las más citadas, Asleep, de The Smiths:



Sexto, te hace sonreír. Es uno de esos libros que vas leyendo y que, sin darte cuenta, te han dibujado una sonrisa en la cara. Una sonrisa de ternura, de alegría, de emoción. Me ha gustado mucho descubrirme sonriendo entre sus páginas, la verdad.

Séptimo, engancha. Te mantiene pendiente del libro, de la historia, de qué pasará al final. Puede parecer que no tiene un hilo conductor, una trama tradicional, pero te despierta curiosidades, interrogantes a los que quieres encontrar respuesta. Eso sí, encuentras algunas, pero otras no. 

En definitiva, un libro, en mi opinión, muy recomendable, y que a mí me ha encantado. Y que, qué queréis que os diga, me deja con ganas de más... Pero bueno, nos conformaremos con lo que hay.

Os dejo un trocito...

Un trocito muy pequeño, pero muy sustancioso, que da para pensar.

Bill smiled and continued asking me questions. Slowly, he got to "problems at home." And I told him about the boy who makes mix tapes hitting my sister because my sister only told me not to tell mom or dad about it, so I figured I could tell Bill. He got this very serious look on his face after I told him, and he said something to me I don't think I will forget this semester or ever.
"Charlie, we accept the love we think we deserve."
 
¿Qué opináis? 

Bueno, esta noche empezaré una biografía de Alan Moore. No soy muy de biografías, lo he dicho otras veces, pero le he echado un vistazo al prólogo y ya he encontrado algo que me ha gustado mucho, así que, ya veremos :)


Pd: ¡Qué bonico está mi fondo nuevo! xD
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