jueves, 29 de marzo de 2012

Libro: El club de las chocoadictas, de Carole Matthews


Anoche acabé de leer este libro y pensé, "Bueno, quizá no sea una mala idea llevar la cuenta de los libros que voy leyendo en el blog. Y de paso, ir haciendo una reseñita de ellos". Así que aquí estoy.  A ver cómo sale la cosa.


Decidí leer El club de las chocoadictas porque me apetecía leer algo desenfadado, sencillo, entretenido, y a poder ser, divertido. Ya el título me conquistó, pero leyendo por Internet algunas reseñas decidí que era justo lo que buscaba.


Se trata de un libro sencillo de leer, por varias razones. En primer lugar, por cómo está escrito: capítulos breves, lenguaje desenfadado, las descripciones justas para entrar en ambiente -aunque cuando se trata de chocolate, la autora se recrea - un hilo argumental entretenido y bien definido.  Leerlo me ha hecho pensar en por qué no le han hecho una peli, porque el libro da para una divertida comedia romántica de enredos estupenda, con 4 historias diferentes y el chocolate como elemento común.


En este sentido, me ha recordado bastante al libro El diario de Bridget Jones, que leí hace unas semanas, pero, sorprendentemente, El club de las chocoadictas me ha gustado más. Después de ver la peli, El diario de Bridget Jones me decepcionó un poco, la verdad. Es curioso, porque suele pasarme al revés. Quizá sea porque en este libro se cuentan las historias de cuatro amigas, y todas tienen un peso importante a lo largo del libro, no son anecdóticas. Aunque tiene una protagonista principal, todas las historias se cuentan y tienen su importancia.


De hecho, estoy practicamente segura de ello. Sin las historias de Chantal, Nadia y Autumn, el libro consistiría en la narración de la desastrosa vida sentimental de Lucy, que pivota entre su flamante novio actual, apodado Crush (cuelgue o enamoramiento en inglés), y su canalla y repetidamente infiel exnovio y exprometido Marcus.  ¿No os suena a la historia de Bridget? Pero a esta narración, en la que como cabe esperar, los malentendidos van que vuelan, se le añaden las historias de sus amigas. Chantal es una mujer con un buen nivel de vida, cuyo matrimonio está en crisis debido a sus infidelidades y a que no está de acuerdo con su marido en tener hijos. Nadia está casada y tiene un hijo, pero a  pesar de amar a su marido, vive separada de él debido a su adicción a las apuestas en Internet.  Autumn trabaja en un programa de ayuda a personas en riesgo de exclusión y ella misma va a tener que lidiar con el problema de drogadicción de su hermano, dado que sus padres, riquísimos, se pasan la vida ignorándolo y viajando de aquí para allá.


La verdad es que aunque el argumento, como he dicho, no tiene demasiada complicación, sí pasan cosas, no te aburres. Y aunque pueda parecer una historia bastante trillada, hay puntos poco previsibles en el desarrollo que te animan a seguir adelante.  Yo la he leído en muy poco tiempo y la he disfrutado.


¿Un breve resumen?


Lucy, Chantal, Nadia y Autumn son cuatro amigas adictas al chocolate. Todas y cada una de ellas están pasando por momentos difíciles: una vida amorosa desastrosa, un matrimonio casi roto, un marido adicto al juego o un hermano drogadicto y unos padres totalmente despreocupados no dejan que se aburran. Pero para hacer frente a todo, tienen su santuario, el Chocolate Heaven, un establecimiento especializado en chocolate y dirigido por una simpática pareja de gays. Con la ayuda inestimable de sus amigas y el chocolate, cada una conseguirá salir adelante de los problemas que se les van planteando.


¿La recomendaría?


Solo si, como yo, quieres leer algo ligero y entretenido. Si buscas algo profundo y que vaya a cambiar tu visión del mundo, de la vida y de las relaciones personales, va a ser que no. Pero si no tienes más pretensiones que pasar un buen rato leyendo, y te gustan este tipo de novelas, ¡adelante!


¿Una cita del libro?




Consejos de supervivencia para momentos de estrés:


1. Respira hondo.


2. Cuenta hasta diez.


3. Come chocolate.



Sin más, os dejo. Todavía no sé qué voy a empezar a leer a continuación. La verdad es que el cuerpo me pide novela rosa a tope, banalidades e insustancialidad. Ya veremos.

martes, 27 de marzo de 2012

Del libro a la pantalla, pequeña o grande.

Desde bien pequeñita me ha gustado leer. Además, soy de esas personas que, si están leyendo un buen libro, se meten tan dentro que acaban sintiendo como propias las venturas y desventuras de los personajes. Y no lo digo por decir. Lloro, río y me enfado cuando leo. Hasta digo tacos. Y compensa. Para mí, sentirme parte de una historia es uno de los grandes placeres de mi vida.

Claro que quizá tenga algo que ver con este nivel de implicación mi imaginación. Cuando leo un libro le pongo cara y cuerpo a los personajes, me imagino sus casas, los paisajes, sus vestidos.  Por eso, cuando me entero de que uno de los libros que me han gustado va a ser llevado a la gran pantalla, o a la pequeña,  me muero de ganas de verlo. Me gusta comparar mi imagen mental con la que voy a ver.

Pero debe de ser que no me conozco muy bien a mí misma, porque por norma general, bastante a menudo, al menos, estas interpretaciones me acaban decepcionando. Eso sí, unas veces más y otras menos. Puedo pensar que el casting está mejor o peor hecho. Que la actitud de un determinado personaje se ha exagerado en la película, o que se ha primado un aspecto de su personalidad que a mí no me pareció tan importante al leer el libro. Son cosas que pasan.

Pero lo que realmente me fastidia es cuando empiezan a cambiar la historia. Me pone de los nervios. Me pasó con Watchmen, por ejemplo, cuando decidieron cambiar el final.  Y ahora, me pasa con Canción de Hielo y Fuego. Hoy he leído esta noticia y he empezado a temblar.

Intentan justificar esos cambios: que si la trama es amplia, que si los personajes son muy ricos, que si es muy difícil...¡Claro que es difícil! Son grandes libros, llenos de matices, y es eso, entre otras cosas, lo que los hace especiales. Si no te sentías capaz de hacerlo ¿por qué asumiste esa responsabilidad?

Cambian y disponen como si la historia fuese suya. Y no lo es. Si querían ser libres para hacer cualquier cosa, ¿por qué no escribieron una historia propia  desde el principio? Se ve que es más fácil coger un libro genial y masacrarlo para hacerlo más comprensible, para que sea más comercial, para que sea más comprensible, para que no hiera sensibilidades. Porque, no nos engañemos. Detrás de esos cambios no hay solo problemas de dificultad o de extensión. Hay otros intereses.

Entiendo que este es un punto de vista MUY personal. Claro, como que es el mío. Suelen decirme que soy bastante radical en este tema, pero no puedo evitarlo. ¿Por qué dicen adaptar cuando significa falsear? 

lunes, 26 de marzo de 2012

Sobre el talento.

El talento no es algo que abunde en este mundo, aunque yo a veces me maravillo de la cantidad de talento que hay a mi alrededor. Pero es una impresión distorsionada: entre tanta mediocridad, un poco de talento brilla y es imposible no reparar en él. No por eso hay que olvidarse de que se trata de algo escaso, no hay que dejar de valorarlo.

En mis prácticas he tenido la suerte de caer en un IES donde hay un montón de músicos: chavales que madrugan para ir al instituto y que cuando acaban se van al conservatorio. Algunos de ellos llevan varios instrumentos. Otros se dedican a la danza. Lo cierto es que en ocasiones puedo percibir ese talento, aún sin haberlos oído tocar, sin haberlos visto bailar o cantar. Es algo que desprenden y que, al menos yo, puedo percibir. Si bien es cierto que algunos de ellos lo desprenden más que otros. A algunos los podría haber identificado antes de que ellos me dijesen que eran músicos o bailarines.

Pero no ocurre solamente con el talento musical. ¿No os ha ocurrido que cuando estáis ante una persona talentosa lo percibís al instante? También en el instituto he podido captar que algunos de los chicos y chicas desprendian talento sin ser músicos. Incluso a veces no hace falta conocer a alguien personalmente: compartir una conversación por internet, participar en un foro,  leer su blog,... cualquiera de estas cosas puede indicarte que estás ante alguien especial.  Como el talento no sobra, esto no ocurre constantemente, pero a veces pasa.  Sabes que esa persona tiene algo especial.

En un mundo donde la mediocridad se alaba y se promueve, soy especialmente sensible a esos atisbos de talento que puedo percibir a mi alrededor. Y esta mañana me he sorprendido a mí misma indignada. ¿Por qué? Porque desde hace días veo como uno de esos chavales talentosos desperdicia esa cualidad tan poco frecuente. Es un chaval inteligente, con chispa, con recursos. Con labia. Y con una cara dura que podría agrietar el suelo si lo golpease. Pero eso no tiene por qué ser una cualidad negativa: probablemente le sirva de mucho en la vida. Tiene una de esas personalidades carismáticas y audaces que no estamos acostumbrados a ver. Quizá os riáis, pero me recuerda un poco a Jordi Évole.

Pues el chaval está dejando pasar el curso sin pena ni gloria. Se duerme, literalmente, en clase. Hace unos  días, y después de un toque a sus padres, empezó a trabajar, y presentó un par de ejercicios brillantes, sobre todo teniendo en cuenta que se había pasado en Babia desde febrero. Pero hoy volvemos a dormirnos, en segunda fila. Y pasando de todo, ¿eh? Dejando correr el talento.

Y yo me pregunto, ¿lo estamos haciendo bien? ¿Podemos permitir que la escuela adormezca -literal y figuradamente- a los chicos y chicas? ¿Podemos permitir que se aburran hasta el punto de cerrar los ojos y dejar el tiempo pasar? ¿Tan poco interesa lo que tengamos que enseñar? ¿Cuántos chicos y chicas talentosos se estarán durmiendo en clase?

Al final, la cosa no es tan grave. De 25, uno se duerme. En realidad, de 100 alumnos, sólo él se duerme literalmente. El resto siguen ahí, a veces más en cuerpo que en alma, pero ahí están. Pero yo no puedo dejar de darle importancia. ¡Me fastidia tanto que no se aproveche el talento!

 

Sí, ya sé. Que no pegue un palo al agua en clase no significa que no saque partido a su talento.  Vale.  No sé lo que hace fuera de clase, quizá por las noches se dedique a leer tomos enciclopédicos, a escribir una novela, o a componer sinfonías, y por eso, en clase, tiene sueño.  Pero creo que realmente podría sacarle partido a las cosas que se enseñan.  Sé que puede hacerlo.


Me da rabia.

viernes, 23 de marzo de 2012

Apología del vicio.

Las virtudes están bien. Desde luego. Ojalá hubiese en el mundo más gente virtuosa. Pero no todos somos santos. Ni queremos serlo.

Yo soy de esas personas que le ponen 2 de azúcar al café. La vida ya es bastante amarga. Si en el mundo gris en que vivimos vamos restando colores nos quedamos a oscuras. Los pequeños vicios dan color a nuestra vida.

El mío es el chocolate. Justamente un vicio que debería dejar, visto el tamaño de mi culo. Pero hay que hacer de la vida algo que merezca la pena vivir. Y para conseguirlo, mis vicios ayudan.

Y no hay razón que me persuada para dejarlos.

jueves, 22 de marzo de 2012

¿Cómo de equivocados podemos llegar a estar?

Hoy es el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial. Un título largo. Para conmemorarlo, en el canal de televisión La Sexta 3 han estado poniendo películas que tratan la temática del racismo. Como la programación televisiva en general deja bastante que desear, haciendo zapping me he cruzado en este canal con la película Malcom X, a la que me he enganchado y que he acabado viendo entera: 4 horas, que se dicen pronto, con anuncios y demás.

Me ha parecido una historia apasionante, y una vocecita en mi cabeza me ha empezado a  decir que tendría que haberle hecho caso a mi compañero de vida (que ahora decir novio está feo) cuando me recomendaba con vehemencia la autobiografía de Malcom X. Yo, que soy bastante cabezota y que tengo algo personal contra las biografías, lo posponía. Ahora veo el libro en la estantería con otros ojos, ¿sabéis?

No sé si a vosotros os pasa, pero yo, cuando me hablan de un gran personaje de la historia, o cuando leo acerca de alguno de ellos, tengo la sensación de que fueron poco menos que ángeles terrenales. O que, como mucho, tuvieron algún desliz que corrigieron rápida y eficazmente. Qué suerte, ¿verdad?

Malcom X no. Este tipo la cagó, pero bien. Con ganas. Y de muchas maneras. Y tardó en abrir los ojos. Tardó en comprender que había cometido grandes errores. Y probablemente, no fuese consciente de todos ellos, como nos ocurre a todos.

Aquí, el que esté libre de equivocación, que tire la primera piedra. Seguro que hay quien está decidido a apedrear, pero simplemente porque todavía no ha recorrido el camino que Malcom X recorrió. Se puede estar tremendamente equivocado y no saberlo. Esto es aplicable a cualquier ámbito de la vida que se os ocurra. Siendo tan joven como soy he aprendido que nadie tiene la verdad absoluta, que nada es blanco o negro, y que hasta los grandes pueden estar errados. Y de qué manera. Quizá esta sea una de las cosas que me ha aportado mi formación en Filosofía. He acabado convirtiéndome en una perspectivista, con todo lo que eso implica: hay multitud de perspectivas, y soy plenamente consciente de que cuando me dirijo hacia ellas o hacia el mundo lo hago desde una concreta, la mía propia, que, por supuesto, puede estar equivocada en casi todo, aunque ahora no lo vea. Pero no soy relativista. Hay errores más graves que otros.

Con los años he ido conociendo a gente que me ha mostrado en cuántas cosas estaba equivocada. Porque esa es otra: las razones no siempre son convincentes, pero hay personas o situaciones que son reveladoras. Y doy gracias por haberme cruzado con ellas. Hoy, tengo muchas menos convicciones, pero me considero una persona más abierta.

Creo que en días como hoy merece la pena pensar en esto. Ser racista es, desde mi perspectiva, no saber nada ni del mundo ni de uno mismo. No haber visto suficiente mundo. No tener suficiente información para emitir un juicio. Y emitir el juicio equivocado. Malcom X se dio cuenta en La Meca, pero no hace falta irse tan lejos. Y tampoco vale mirar hacia otro lado.  Sucesos como el acontecido en Toulouse nos instan a pensar profundamente en el peligro de los extremismos, de los fanatismos.

Equivocarse es humano, hasta los grandes hombres y mujeres de la historia lo han hecho,  pero, ¿cómo de equivocados podemos llegar a estar? ¿Qué atrocidades pueden causar nuestros errores? ¿Qué podemos hacer para subsanar esos errores que alimentan el odio? Porque si lo único que nos queda es esperar a que la revelación llegue por sí sola...

miércoles, 21 de marzo de 2012

¿Por qué no se me ocurrió a mí?

Soy una persona inmensamente frustrada. Sé que eso no es bueno, pero en mi caso es de esperar. Cuando tienes una mente dispersa, y quieres hacerlo TODO, no haces nada. Que quien mucho abarca, poco aprieta, como dice el refranero. Y yo siempre he sido muy de querer abarcar demasiado. Aunque al final acabas aprendiendo que todo no puede ser. Que no puedes ser cantante, porque no cantas bien. Que lo del aerobic no es lo tuyo. Ni la natación. Que mejor dejas los bailes de salón. Que las artes plásticas se te resisten. Y que lo de la actuación requiere mucho tiempo. Pero hay cosas a las que aún me resisto a renunciar.

Una de ellas es ser escritora. Bueno, mejor diré publicar libros. Puede parecer una manifestación de vanidad desenfrenada, pero ver un libro, con mi nombre en la portada, publicado por una editorial... ¡Ains! Bueno, a lo de la editorial también he renunciado. Supongo que, con esto de los nuevos tiempos, si al final me decido a escribir y publicar un libro, será auto-publicado, en versión electrónica o algo por el estilo. Pero una no pierde la esperanza.

¿Qué me falta? Pues aparte de tiempo, una idea. Mi mente puede ser muy creativa para lo que quiere -sobre todo, para amargarme la vida -, pero a la hora de pensar en algo original sobre lo que escribir, no hay manera.

Pero, ¿sabéis que es lo peor? Que, a veces, cuando leo un libro, o cuando me entero de que algún más-o-menos-conocido va a publicar uno y me cuenta la idea pienso..."¡¡¿Por qué no se me ocurrió a mí?!!

Quizá algún día supere esa sensación de que "todo está inventado". Es el paso previo para que yo consiga publicar un libro. Porque si tanto empeño tengo por ver mi nombre impreso bajo un título, por lo menos me tomaré la molestia en publicar algo que merezca la pena leer. En esas cosas se nota que no me dedico a escribir, ¿verdad?

martes, 20 de marzo de 2012

Mi primera vez... en un spa.

Se trata de un retal curioso. Hace unos días escribía sobre el anuncio de LOEWE, y me hacía la working class, y hoy salgo con estas. Lo que pasa es que, por suerte, los pobres también podemos darnos un caprichito de vez en cuando. Aunque por desgracia, ese no es mi caso.

Si hoy he ido al spa ha sido gracias a que mis amigas, pobres también, me regalaron para mi cumpleaños un cupón de LetsBonus que me permitía disfrutar de una sesión de spa de una hora (entre cuatro sale barato). Mis amigas son de esas que siempre regalan cómics, o libros -y por eso, entre otras razones, las quiero tanto-, pero ante la experiencia religiosa que supuso para una de ellas visitar un circuito spa, se les ocurrió obsequiarme con esa maravillosa sensación. Además, pensaron ellas, me vendría bien después del jaleo de Fallas.

Les tomé la palabra y reservé para hoy, día 20 de Marzo. Me presento allí, en un hotelazo de lujo, con mis vaqueros, mi mochila Quechua y mi cara de estar más perdida que un pulpo en un garaje. Una de las señoras de limpieza me indica la entrada al spa y allá que voy.  La chica que me recibe me trata muy bien, ¡de usted!, y me enseña las instalaciones:  una piscina de 25 metros de agua salada, sauna, baño turco y ducha de sensaciones. ¡Qué decepción! No hay circuito de piscinas con burbujitas y chorritos.  No tanto para mí, sino para mis amigas, que creían que era eso lo que me estaban regalando.

En fin. Me cambio y allá que me voy. Para resumir, diré que he estado 50 minutos nadando cual rana llevada por la corriente, y los otros 10 los he repartido entre el resto de atracciones. La ducha de sensaciones no ha estado mal: un chorro que cambia la temperatura y la intensidad del agua. No soy muy fan de pasar calor, así que comprenderéis que la sauna y el baño turco no son muy de mi gusto. Pero nadar sí, por suerte. Y hacía siglos que no lo hacía. He disfrutado como una enana, haciendo largos, sin escuchar nada más que el sonido del agua al moverse.

Por último, me he duchado, me he secado el pelo, -¡había secador!¡Sí!¡Y no estaba empotrado a la pared!- me he vestido y he salido. La chica de recepción me pregunta que qué tal. Le digo que muy bien, que salgo relajada. ¡Normal! Una piscina estupenda, un entorno a media luz, y yo solita para disfrutarlo la mayor parte del tiempo. Eso relaja a cualquiera.

Vuelvo a cruzar el lujoso hotel, con mis vaqueros y mi mochila Quechua, hacia la salida. Eso sí, muy relajada. Y mientras salgo pienso en qué dirán mis amigas cuando les cuente que me han invitado a nadar en una piscina muy cara.

lunes, 19 de marzo de 2012

¿Habéis escuchado la llamada de Dios?

Para una entrevista de trabajo, me refiero.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=uVwaBoV4V9M]

Yo todavía no. Debe de ser porque lo que faltan son sacerdotes, y una servidora no tiene lo que hay que tener para serlo. No me refiero a la vocación o al afán de entrega, sino al pene. Pero no vamos a ponernos feministas en cuestión de fe, o al menos, no en este momento.

La cosa es seria y preocupante. La Iglesia va ya a la desesperada. Y es que faltan vocaciones. Y si hay que vocar, se voca. Al fin y al cabo, vocación viene de voco, ser llamado. Pero etimológicamente, no se dice quién tiene que llamar. Si alguien se siente llamado por Dios, mejor que mejor. Pero si la Conferencia Episcopal tiene que arremangarse las sotanas y empezar a llamar a la juventud, que con tanta distracción, no escucha al Creador, pues se hace. De aquí a nada veo a los obispos mandando mensajes por Twitter en plan "Dios te llama". Ya digo que me libro, por ser mujer, pero si fuera un hombre me cuidaría mucho en las redes sociales.

No sé yo si la cosa tendrá efecto. Ser sacerdote no es sencillo. Y no lo digo por el tema de la obediencia, ni la castidad (ejem!), ni por cualquier otro de los votos. Lo digo porque los estudios para sacerdote son, como mínimo, de 6 años: 2 de filosofía y 4 de teología. Vamos, lo equivalente a carrera y máster, aproximadamente. La única ventaja, eso sí, es que al acabar, tienes trabajo.  No, si ahora que lo pienso, no va a estar tan mal. Yo ya voy para los 6 años de estudios universitarios, carrera y máster, y no tengo muchas expectativas laborales. Pero como ya digo, es una pena que haya nacido mujer. Además, seguro que los dos años de filosofía me los convalidaban. ¡Mecachis!

viernes, 16 de marzo de 2012

Tras la muerte de Amina.

Por si alguien no sabe de qué va este tema, no estaría de más que echase un ojo a éste artículo.



Hay cosas en el mundo que no se entienden. Como la ley que llevó a Amina, menor de edad, a casarse con el hombre que la violó cuando tenía 15 años. Es una especie de "solución intermedia": si la familia de la chica consiente, al casar a su hija con su violador, éste está reconociendo su culpa y haciéndose cargo de las consecuencias de su mal acto. Pero, ¿qué ganan los padres? ¿Por qué unos padres accederían a casar a su hija con un violador? ¿Qué hay tras la muerte de Amina?


Marruecos, como sabréis, es un país en el que la religión tiene mucho peso en el código penal. Y en muchas religiones, una mujer que ha sido desvirgada es mercancía defectuosa, está rota, es impura. Otro hombre la ha marcado, la ha poseído.  Y nadie quiere una mujer de segunda mano si puede conseguir una mujer de primera mano.  Si cambiamos la palabra "mujer", por "yegua", "coche" o "burro", este pensamiento podría entenderse. Y sí, es a ese nivel al que se está reduciendo a la mujer. Digamos que la virginidad es su precinto de garantía. Si no ha sido capaz de mantenerlo, una mujer no vale nada. Primer supuesto.


Si el primer supuesto no os parece suficiente, vayamos al segundo. Si en una violación consideramos a la mujer como víctima y al violador como un delincuente, no hay pacto que valga. El violador merece cumplir una determinada pena por su delito. ¿Por qué pactar un matrimonio? Como ya hemos dicho, porque esa mujer ya no tiene el mismo valor. Pero además, porque la mujer tiene parte de culpa. Por no decir que tiene casi toda la culpa. Las mujeres son seres provocativos, que incitan al pecado, que son irresistibles. ¿Cómo un pobre hombre va a poder refrenarse ante tales provocaciones? Ese es su único delito, no haberse podido dominar. Pero si la mujer no le hubiese provocado... Así que como Amina estaba buscando desesperadamente que la violasen, y el pobre hombre cometió el error de no ignorar sus señales, ambos tienen parte de culpa. Por eso, si la familia consiente el matrimonio y él se presta, tenemos una solución intermedia.


Así, Amina se vio arrastrada a casarse con el hombre que la había violado, condena respaldada por el código penal de su país y por sus propios padres. Se vio obligada a repetir, siempre que su marido quisiese, aquel acto traumático que le arruinó la vida (porque, no lo olvidemos, Amina pertenecía a su violador y marido, y éste podía disponer de su cuerpo cuando quisiese). Se vio obligada a vivir en casa de la familia de su violador y marido, ya que éste no tenía ingresos para mantenerla, y a soportar que la familia de éste la tratase como a una mujer que había llevado a la perdición a aquel virtuoso hombre. Yo doy por sentados los malos tratos, tanto verbales como físicos. ¿A alguien le sorprende que Amina decidiese envenenarse con matarratas?


Ahora sus padres (¿o debería decir su padre?) se rasgan las vestiduras, pero públicamente escurren el bulto. Yo puedo llegar a entender que, envueltos en supuestos e inmersos en una determinada cultura, no viesen claramente el daño que le hacían a su hija cuando autorizaron el matrimonio. Pero que aún hoy no vean la maldad de aquel acto, que no asuman su responsabilidad, aún sabiendo que su hija no estaba siendo bien tratada por su familia política, y que no hicieron nada para remediarlo, me parece surrealista.


Sobre todo, pienso en su madre, que también está inmersa en esas estructuras de opresión. ¿Qué pensará? ¿Qué querrá gritar mientras mantiene el silencio? Porque pensar que no quiere gritar, me aterroriza.

Valencia en Fallas huele...

... a heces y orín.

Seguramente hayáis pensado en pólvora y buñuelos. Pero no. Los que vivimos aquí conocemos la cruda realidad.

Hoy, por desgracia, una familiar nos ha llamado por teléfono para invitarnos a cenar. Y diréis: "¿Por desgracia? ¡Cena gratis!" No, amigos, no. Yo esta tarde he hecho la compra pensando atrincherarme en casa como si hubiese una invasión zombie. Quizá sobra el "como si". Y es que salir por Valencia en Fallas es toda una odisea. Es jugarse la integridad física, y no es una broma. Mis primeras Fallas viviendo en Valencia comenzaron la noche de la plantà con un herido por quemadura. Vamos, que la fiesta duró como 1 hora.

Total, que como decía, nos han invitado a cenar, y he aceptado muy a regañadientes. Porque esta familiar vive por la zona de Ruzafa, conocida por ser un barrio MUY fallero. Allí plantan un alumbrado cuyo encendido es todo un acontecimiento cada año.



¿En qué se traduce eso? En que las calles están A REVENTAR, como puede verse en la foto, que no es de este año, pero esas cosas no cambian mucho. Para ir, hemos dado un rodeo bastante importante, para evitarnos todo ese jaleo. Pero, ¡ay! la vuelta a casa...

Fallas, verbenas y gentío a más no poder. Y ya, a estas horas de la noche (las 2 de la madrugada) desatados y con algunas copas. Y en este punto, ya no sabes qué hacer: si atravesar el gentío o meterte en calles casi-desiertas, también conocidas como "calles-meadero". Duras decisiones que hay que tomar en esta vida, problemas a la altura de los que atormentan a los jóvenes del anuncio de LOEWE. 

Pues hemos optado por las "calles-meadero". Y nos arrepentimos. Porque allí alguien había pasado de las aguas menores a las mayores. Incluso intuyo que  más de un alguien.  En fin.

Y para rematar, después de pasar por unas cuantas callejuelas con una media de 6 u 8 personas, hombres y mujeres indistintamente, orinando -o lo que fuese- en cada una de ellas, cual animales, estando ya cerca de casa, nos hemos enfrentado al último peligro del recorrido: los "borrachos". Y no hablo de las personas borrachas, que también abundan, sino a los petardos borrachos, que son unos artefactos pirotécnicos que se desplazan sin guía. Los hay que explotan al final y que no. Los que no explotan al final son bastante peligrosos y pueden provocar quemaduras graves. Los que explotan al final son mucho más peligrosos.  Pues la gente los tira en medio de verbenas, en aglomeraciones de gente, donde se tercie.


Como sospecháis, estaban tirándolos por la calle por donde hemos pasado. Y es que, como decía un señor -fallero, por cierto- estas personas no tenen coneixement.

Y aquí estoy. Sobreviví al recorrido de unos 20-30 minutos entre la casa de mi familiar y la mía. Ahora me encuentro sentada delante del ordenador, escribiendo, porque tengo una carpa/verbena debajo de la ventana de mi dormitorio. Así que aprovecho el tiempo.

Sólo puedo decir que es una pena. Las Fallas, que deberían ser una fiesta popular, se han convertido en una fiesta profundamente contraria al civismo: gente haciendo sus necesidades por las calles, poniendo en peligro la integridad física de la gente, produciendo grandes cantidades de ruido y basura, etc. No digo que todos los falleros sean así. Estoy segura de que hay gente que disfruta en su Falla, comiendo y bebiendo con otros falleros, riendo, y celebrando. Y puede que sean la mayoría.  Pero esta gente, que no tienen por qué ser falleros y falleras, son TAN molestos que empañan toda la fiesta. Buena parte de la culpa la tiene el Ayuntamiento de Valencia, que convierte durante estos días a la capital del Turia en una ciudad sin ley.

Lo dicho, yo hago acopio de provisiones, y no vuelvo a salir hasta el día 20. Y creo que será para aprovechar la sesión de spa que mis amigas me regalaron. Después del bombardeo continuo de estos días, creo que me va a hacer falta.

miércoles, 14 de marzo de 2012

El anuncio de LOEWE

Hoy iba a escribir sobre las Fallas, pero al final, acabaría revolcándome en la miseria que me supone vivir en el centro de la vorágine fallera, rodeada de churrerías, gente -mucha gente- y ruido -muchísimo ruido-. Así que he hecho lo que hacen los medios de comunicación cuando no tienen nada sustancioso de que hablar: mirar los TrendingTopics de Twitter.

He visto que el primero de ellos era LOEWE. Algo tenía que haber pasado, porque dudo mucho que por un lanzamiento las fanáticas de la moda consiguiesen hacer LOEWE un TT. Poco después he comenzado a ver que algunas de las personas que sigo hacían comentarios jocosos sobre un video que LOEWE había subido a Youtube. ¡Ah! ¡Con que eso era!

Me he ido a buscarlo en Google -toma dominio de las TIC-, y éste es uno de los videos que han subido. Porque hay unos cuantos más, protagonizados especialmente por uno o dos de los modelos que salen en este video. Supongo que es una especie de "montaje final".
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=5hjPqofENqU]

Si lo habéis visto, habréis podido contemplar la profundidad del mensaje, lo sublime de la estética, la cercanía de los protagonistas...Pero sobre todo, habréis apreciado que se trata de una obra maestra del marketing,... si lo que quieres es que se hable de tí, aunque sea mal. Tal y como está la situación, no creo que sea yo la única persona que ha sentido una profunda repulsión hacia el video de marras.

Si no lo habéis visto, no os preocupéis, no voy a dejar que os perdáis las pequeñas pero sustanciosas perlas de sabiduría que en él hay. Y voy a listarlas y comentarlas brevemente.
-Es un rollo esto de hacerse mayor.

Creo que el comentario es de tanta claridad, que no merece la pena que lo oscurezca con comentarios.



-Estar enamorada es súper guay. Súper guay.

Especialmente relevante es el uso de los adjetivos que se hace en el video. Súper guay. Sí. ¿Qué hacen en la RAE que no les ofrecen un silloncito a estos chavales?



-Es que España es única. Sólamente hay una. Es que... Spain is different.

En primer lugar:


Podemos apreciar aquí un perfecto análisis de un juicio sin ampliación de conocimiento. Pero hay que aclarar, no sea que caigamos en errores, y si hay que repetirse, pues se hace. Justo antes de lo de Spain is different, que ojo, porque Fraga ya no está entre nosotros, si no, le habría regalado un Loewe a ese chaval, por relanzar aquella campaña que tanto caló entre españoles y extranjeros.



-Me bajo del avión, me pinto, me visto, y ¡pumba! ¡Yastoy!

Sólo diré que esta cancioncilla debería incluirse, por lo menos, en el Refranero español. Puede ser de gran utilidad para generaciones venideras.


No, ahora en serio. No sé en qué pensaban estos de Loewe cuando concibieron la campaña y cuando la lanzaron en Youtube. Sólo se me ocurre que querían una gran repercusión, al precio que fuese. Y vaya, siendo un poco simplona, se me ocurre que, siendo serios, ninguna persona normal y corriente va a gastarse los más de 1200 euros de media que valen sus bolsos. Así que ¿para qué vamos a guardar las apariencias?

Pero puestos a destilar lujo, podrían haberlo hecho de una manera menos patética. Porque yo lo que percibo es tontería, mucha tontería.

martes, 13 de marzo de 2012

Mi generación

Para que ustedes se hagan una idea, nací a principios del año 1988. Formo parte, más o menos, de eso que se ha venido a llamar "generación ni-ni", que ni estudian, ni trabajan. Parece que desde que salió el término, todos los jóvenes somos parte de esa generación informe y poco delimitada. Esto me recuerda a una cita que se le atribuye a Sócrates:
"La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa la comida, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros".

¡Vaya! Va a resultar que la cosa no es nueva.  No lo de que los jóvenes seamos unos vagos, tiranos e irreverentes. Sino lo de que los mayores generalizan.

Como joven, no puedo más que discrepar de ese letrerito que se nos ha colgado. Yo no soy una de las personas más trabajadoras de mi generación, estoy segura, pero aún así, he acabado una licenciatura universitaria y estoy cursando un máster. En cuanto a idiomas, me defiendo con solvencia en Inglés. Y manejo las nuevas tecnologías tan bien como esos cacharros infernales me lo permiten.  Pero no todo debe medirse en nivel de estudios - que, visto lo visto, están resultando servir para bien poco. En mi generación también hay jóvenes trabajadores, muchos de los cuales, fueron víctimas de la tan nombrada burbuja inmobiliaria: jóvenes que dejaron los estudios con ansias de fortuna, de independencia, de construirse un futuro, y que al final, se han quedado en ruinas.

Los pertenecientes a esta generación tenemos que inventar un nuevo calificativo. Uno que refleje la realidad de nuestra situación. Porque somos muchas cosas. Somos una generación engañada. Somos una generación a la que han privado del porvenir que sus antepasados habían querido que disfrutasen, y por el cual lucharon. Somos, de nuevo, una generación de emigrantes. Somos la generación de la mochila y el currículum. Somos una generación que mira con vértigo el futuro, que se pregunta qué quedará para sus hijos. Somos una generación con motivos para estar tristes, y que aún así, defienden la alegría.

¿Qué nombre deberíamos ponernos?

lunes, 12 de marzo de 2012

Personas desequilibradas

Por el mundo hay sueltas multitud de personas desequilibradas. ¿Quién de nosotros vive en un perfecto equilibrio? Pero aunque es difícil trazar una línea que divida el sano delirio del desvarío peligroso, es necesario hacerlo. Y seamos serios, hay gente que desde dónde está, no puede ni intuir la línea.


Esto no es raro. Todos tenemos derecho a existir. ¿Pero alguien se dejaría operar por un cirujano con un pulso terrible? ¿Alguien se dejaría tatuar por alguien ciego?  No sé ustedes, pero yo tengo que dar una respuesta negativa.


Y sin embargo, hay personas gravemente desequilibradas en cargos de enorme responsabilidad. No me refiero a que estén locas - cosa que podría ser, pero que no voy a entrar a discutir - sino a que están cojas. Hay cualidades que, en determinadas funciones, son más importantes que otras. Un orador puede ser una persona tremendamente brillante y sensata, pero si es tartamudo, puede que poco de eso importe. No intento discriminar a nadie, ni cortar alas o vetar sueños. Simplemente quiero ser realista. Hay cualidades que son imprescindibles para ciertos oficios. Y si carecemos de ellas estamos gravemente desequilibrados.


Este desequilibrio nuestro puede ser algo anecdótico si estamos aislados en nuestra labor - cosa que, por suerte o por desgracia, no suele ocurrir - pero normalmente será algo grave, pues en mayor o menor medida, estamos relacionados con otros. ¿Y qué dirías si esos otros afectados son tus hijos?


Hoy he tenido una desagradable experiencia con la Junta Directiva de un centro educativo público. La máxima responsable era una persona claramente desequilibrada, al menos en el sentido anteriormente especificado: insegura, paranoica, poco dialogante y con ciertos delirios de grandeza, que además, la llevaban a minusvalorar a aquellos que son el motor del centro, los profesores.


Que nadie me malinterprete. Soy una firme defensora de la Educación Pública, de la que un día espero formar parte, y creo que hay buenísimos profesionales, tanto en las aulas como en los cargos directivos. Pero hay excepciones. Y algunas de ellas dan miedo.


Como decía, he vivido una circunstancia surrealista y desagradable, y no he podido evitar horrorizarme cuando he caído en la cuenta de que esa señora era la máxima responsable del centro, y por tanto, del trabajo de los profesores del mismo, y del bienestar y progreso de los alumnos.


Cuando una silla está coja, no nos es de utilidad, no desempeña su función.Si acaso, puede facilitarnos algún que otro tropezón. Se convierte en un obstáculo.


¿No habría que vigilar, de alguna manera, que las personas que adquieren tales niveles de responsabilidad estén en posesión de ese sano e imprescindible equilibrio?


Por el bien de todos, digo.

De mudanza

Acabo de aterrizar aquí.  Hay momentos en los que una decide dejar atrás lo viejo y empezar de nuevo, con más fuerza, con más energía. Y esperando mejor suerte. Así que dejo por aquí mis cajas, y espero que mi andadura por este nuevo blog sea grata.

Nos leemos.
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