jueves, 28 de febrero de 2013

Los concursos literarios y yo.

Últimamente estoy poco imaginativa con los títulos, ¿verdad? xD

Me gusta mucho escribir. Desde pequeña. Antes de saber escribir ya inventaba cuentos, historias. En cuanto aprendí, lo mío era llenar libretas con mis fantasías. Algunas no estaban nada mal, de verdad. Poco después cayeron en mis manos mis primeros libritos de poemas. Eran de Gloria Fuertes. Qué típico, ¿verdad? Me encantó aquello. Me hacía muchísima gracia contar cosas rimando. Y me puse. Y no se me daba mal. 

Puede decirse que desde que aprendí, no he dejado de escribir. Con más o menos frecuencia, cosas más o menos extensas, distintos géneros. Nada serio, por otra parte. Escribir en serio me bloquea. Aunque no siempre fue así.

Tengo una teoría al respecto. Mi trauma con la escritura "en serio" proviene de mi trauma con los concursos literarios. Sí, tengo muchos traumas.


Participé en mis primeros concursos literarios con unos 10 años, quizá. Concursos de poesía infantiles en mi pueblo. Se celebraban anualmente, conmemorando cierta festividad, y yo, puntual, presentaba mi trabajo. Y gané varias veces.  Hasta una vez que no me presenté. (No me pidáis que os explique esto, es muy hardcore). Cuando me pasé a la categoría de adultos, seguí ganando.  Estaba, como dice mi paisana, la Vieja'l visillo, "borracha de éxito". En el pueblo, todos me felicitaban. Mis maestros se acercaban, orgullosos, buscando en mis poemas la parte que ellos habían puesto. En fin, lo típico del pueblo.

Pero mi caso es el típico de pez grande en pecera pequeña, pez pequeño, muy pequeño, casi invisible, en un acuario grande. Mi primer traspiés fue con unos ¿13 años? Creo que sí. En el colegio nos dijeron que escribiésemos una redacción para el concurso de Coca-Cola. Iba sobre Europa. El otro día la encontré, y la verdad, no estaba mal del todo. Aunque si pudiese encontrarme con mi yo de entonces le diría: "¡Ay, bonica! ¡Qué engañada estás!". Pero bueno.  El caso es que resulté finalista de mi provincia, y tuve que ir a Cuenca para una siguiente fase, que consistía en que en ese momento nos leían el tema, y teníamos un cierto tiempo para escribir. No hubo suerte, pero bueno, me traje una carpeta y un boli gratis. 



Después, en la universidad, me presenté un par de veces a un concurso literario convocado por la Universitat de València y Bancaja, en la modalidad de poesía. No me comí ni un rosco ni medio. Y me acomplejé mucho y me dio mucha rabia.  Que diréis que lo lógico y lo normal es que no ganase. Pero yo me enfadaba mucho, muchísimo. Menudos disgustazos. Jack os lo puede corroborar. Y me enfadaba tanto porque: 1) tengo muy mal perder. Me voy curando, por otra parte. Después de perder tanto y tan seguido, pues una lo va asimilando. Y 2) cuando escribo poesía, me pongo en el papel, me expongo muchísimo. Solo me falta escribirla con sangre. Y eso hacía que lo sintiese como algo muy, muy personal.

Después de no recibir ni una mención en el segundo concurso, escribí un poema lleno de rabia, mala leche y emoción, y renegué de los concursos literarios. Y hasta hoy. 

Cuando escribo por el mero placer de escribir, no hay problema. Cuando escribo "para algo", la liamos. No solo para un concurso. He perdido la cuenta de cuantas novelas he empezado y he dejado en pañales. 

Y sin embargo, tengo un sobre preparado para enviarlo a un concurso. No es que lo haya superado. Lo que ha ocurrido es que escogí algo que tenía escrito, algo que escribí sin presión, porque quería. Y estoy escribiendo un relato corto, que no sé cómo de corto resultará al final. Y lo hago porque no hay presión, porque me apetece ver cómo se va desarrollando. Quizá esa sea la única manera de que acabe algo de lo que empiezo y de disfrutar de lo que escribo, volver a los orígenes: escribir para contar, para sacar de mi cabeza las ideas y sin más finalidad que esa.

 Y vosotrxs, ¿escribís?



miércoles, 27 de febrero de 2013

Libro: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt


Hace tiempo que tenía este libro en la lista de pendientes, pero me pasa mucho con los libros con cierto componente filosófico: los voy dejando, porque nunca siento que sea el momento adecuado para cogerlos. Había leído fragmentos de la obra, la había oído citar en incontables ocasiones, y tenía muchas ganas de leerla. Pero ya digo, hasta ahora, nada. Sin embargo, hace un par de semanas, leí un artículo sobre Hannah Arendt, la autora del libro, o más bien, sobre una película que se ha hecho y que reconstruye la polémica suscitada por este libro y lo que supuso para la autora del mismo, por lo que me animé a cogerlo antes de que se me fuesen las ganas o me surgiese otra cosa que leer.

¿De qué va el libro?

Este libro recoge las observaciones y reflexiones de Hannah Arendt al proceso de Eichmann, llevado a cabo en Jerusalén. Ella asistió al mismo como corresponsal de The New Yorker. El juicio suponía todo un acontecimiento: uno de los máximos responsables del genocidio de los judíos había sido capturado en Argentina por agentes israelíes y llevado a Jerusalén para ser juzgado por sus crímenes. 

Hablando del libro...

Bueno, antes que nada tengo que decir que me ha costado horrores acabarlo. Supongo que no era el momento adecuado para emprender una lectura como esta. No os asustéis. No es que sea muy densa, ni muy enrevesada, ni nada por el estilo. Es simplemente por el tema y por el estilo. El tema del genocidio y la Alemania Nazi ligero, precisamente, no es. Además la autora aporta muchos datos históricos, da nombres de responsables políticos, fechas, actuaciones en distintos países, etc. Así que la lectura no es, como decía, liviana si, como me pasaba a mí, quieres quedarte con todo e ir asimilando los datos. 

Fuera de eso, la temática es interesantísima. A mí me lo parece. Y además, aporta una visión poco típica del tema. Hannah Arendt fue víctima del régimen NS, tuvo que exiliarse de Alemania y se convirtió en una apátrida, algo que la marcó profundamente. Por tanto, lo lógico, lo esperable es que ella viese en aquel hombre al monstruo que todos los judíos esperaban ver, a una mente retorcida, a un demonio hecho carne. Y sin embargo, no es así. El subtítulo de este libro es "Un estudio sobre la banalidad del mal". Hannah Arendt reflexiona sobre la capacidad de ciertos sistemas de convertir a los hombres en capaces de hacer monstruosidades sin que sean monstruos. Es un concepto muy interesante.

También fue un libro muy polémico por las afirmaciones de Hannah Arendt sobre el papel colaboracionista de los judíos (no de todos, evidentemente) en su, primero, represión y expulsión, y después, exterminio. Me fascina la valentía de esta mujer para decir ciertas cosas y su agudeza para diagnosticar ciertas otras. Me encanta, sencillamente. Por eso me da mucha rabia que la lectura del libro, en conjunto, se me haya hecho tan cuesta arriba.

En fin, que el libro no tiene desperdicio. Si os interesa el tema del genocidio, el totalitarismo, y demás, imprescindible.

Os dejo un trocito...

Cuesta elegir, porque tengo señalados ¡27 fragmentos! Así que de entre ellos, cogeré uno al azar. 


"Durante el interrogatorio policial, cuando Eichmann declaró repentinamente, y con gran énfasis, que siempre había vivido en consonancia con los preceptos morales de Kant, en especial con la definición kantiana del deber, dio un primer indicio de que tenía la vaga noción de que en aquel asunto había algo más que la simple cuestión del soldadoque cumple órdenes claramente criminales, tanto en su naturaleza como por la intención con que son dadas. Esta afirmación resultaba simplemente indignante, y también incomprensible, ya que la filosofía moral de Kant está tan estrechamente unida a la facultad humana de juzgar que elimina en absoluto la obediencia ciega.
El policía que interrogó a Eichmann no le pidió explicaciones, pero el juez Raveh, impulsado por la curiosidad o bien por la indignación ante el hecho de que Eichmann se atreviera a invocar a Kant para justificar sus crímenes, decidió interrogar al acusado sobre este punto. Ante la general sorpresa, Eichmann dio una definición aproximadamente correcta del imperativo categórico: "Con mis palabras acerca de Kant quise decir que el principio de mi voluntad debe ser tal que pueda devenir el principio de las leyes generales. " [...] Después, explicó que desde el momento en que recibió el encargo de llevar a la práctica la Solución Final, había dejado de vivir en consonancia con los principios kantianos, que se había dado cuenta de ello, y que se había consolado pensando que había dejado de ser "dueño de sus propios actos" y que él no podía "cambiar nada". "


Ahora empezaré 50 sombras de Gregorio. He leído que es un poco soez, un poco burdo, y que es bastante simplón, pero que te echas unas risas. Pues nada, le echaremos un ojo. Más que nada, por cambiar de tercio.


martes, 26 de febrero de 2013

Mi tío y yo.

Tengo un tío que es autista. Yo de esto me enteré el año pasado, mientras cursaba el máster, cuando, viendo los trastornos del espectro autista empecé a atar cabos. Al llegar a casa llamé a mi madre, y le pregunté si mi tío era autista, y me dijo que "creía que sí". 

Ni mi madre, ni mis tías, sabían con certeza, hasta hace unos pocos años, lo que le ocurría a mi tío. De hecho, hoy en día, hay muchas cosas que aún no entienden. Mis primos y yo, cuando éramos pequeños, sabíamos que el tío "no estaba bien", pero no sabíamos qué le pasaba. Le teníamos algo de miedo, la verdad. Mi tío es un hombre grande, que siempre estaba serio y que no hablaba. Permanecía sentado, siempre en el mismo sitio del sofá, cortando folletos publicitarios en formas geométricas perfectamente iguales con sus manos. Una vez nos llevamos un tremendo susto cuando, mientras jugábamos por casa de mi abuela, mi tío me quemó sin querer con un cigarro. No sé quién se asustó más, si yo, o él. No fue a propósito, no fue nada grave, pero aquello marcó cierta distancia entre mi tío y yo.

Mi tío nació a finales de los años 60, con todo lo que eso conlleva. Cuando un médico lo vio por primera vez, le dijo a mi abuela que habría sido mejor que se muriese. De pequeño nunca fue a ningún centro, ni a la escuela. Lo lógico, en aquella época, era encerrar a las personas como él en casa. Cuando tenía cerca de 20 años, sus hermanas decidieron llevarlo a un centro, en la ciudad. Pero no estuvo mucho tiempo. Años después, lo llevaron a otro, pero no quería ir. Mis tías y mi madre dejaron de insistir al ver que no dejaban de aparecerle moratones nuevos cada día.  Ahora, hace unos pocos años -unos tres- que va a otro centro, y al volver de Valencia he encontrado a mi tío muy cambiado. Quizá también yo he cambiado algo.

A ver si nos entendemos: mi tío no es Sheldon Cooper, ni es el protagonista de Rainman. Mi tío, como ya he dicho, no hablaba, casi no se valía por sí mismo. Ahora hace muchas cosas solo, e incluso habla un poco. Repite ciertas expresiones: sí, no, un poquito, adiós, buenas tardes,... Pero, por ejemplo, sigue sin saber expresar que algo le duele. Y creedme, eso es un problema bien gordo.

Ahora ya no le tengo miedo, porque entiendo lo que le pasa. Casi todas las tardes vamos a visitarle. Mi madre le lleva una chocolatina, y antes de dársela, le pide que le diga qué es. Últimamente le llevamos gusanitos. Cualquiera de estas cosas le pone la mar de contento. El otro día, nos sorprendió muchísimo que, sin pedirle, nos ofreció gusanitos. Hoy, sin embargo, hemos vivido una escena de lo más graciosa:

-Tío, ¿le damos gusanitos a la abuela?
-¡No!
-¿Es que no le gustan?
-No. 
-Bien le viene...

Nos hemos reído mucho, y a él también le ha dado la risa, y hemos pasado un rato riéndonos sin parar.

Cuando voy, me gusta hacer cosas con él. Jugamos con piezas de construcción, parecidas a los legos. Le gusta ponerlas una a continuación de la otra, perfectamente alineadas, haciendo formas geométricas, y dejando siempre las piezas pequeñas, las cuadradas, para el final.

El otro día, estuvimos coloreando en unos cuadernillos. Rompí la punta a un lápiz, y me dijo: "Lo has roto". Lo cogió, le sacó punta, y me lo devolvió. Todos nos quedamos muy sorprendidos. No es normal que interactúe así con la gente. Y menos conmigo, que todavía le resulto un poco extraña.

Me parece una persona fascinante, mi tío. Me encanta observarle, ver como su gesto serio cambia y se ríe. Ver como, cuando llega a casa de mi tía, mueve la mesa hasta hacerla coincidir con la esquina del ladrillo. Y sufro cuando veo que se pone nervioso porque le han quitado su lugar en el sofá. O cuando mi madre lo toca demasiado. O cuando ve que alguien se sienta en el sitio de mi abuelo. Es algo que no llega a aceptar todavía. Y me enternezco cuando, sin previo aviso, da besos a mi tía, o a mi madre. O cuando le da un ataque de risa cuando toco, torpemente, "Quinto levanta" con un órgano a pilas que le regalamos. 

Muchas veces, cuando salimos de casa de mi abuela, con sus cosas todavía presentes, mi madre y yo charlamos: "¿Cómo le has visto hoy? ¿Mejor?" "¿Has visto qué risa le daba?". Y poco después, nos quedamos en silencio. Mi madre piensa en mi abuelo. Yo pienso en qué podría haber sido de mi tío si hubiese nacido hoy en día y no le hubiesen considerado un monstruo.






lunes, 25 de febrero de 2013

Nos engañaron con las reglas del juego.

Yo me siento estafada. Sé que lo he dicho otras muchas veces, lo sé. Pero no me voy a cansar de repetirlo hasta que no se me pase. Y el sentimiento de estafa es TAN gordo, pero TAN gordo, que no creo que se me pase rápido.

No sé si a vosotros cuando erais pequeños os decían lo mismo, pero a mí sí me inculcaron ciertos valores - no sé si con mucho éxito: hay que ser sincero, honrado; hay que ser trabajador; hay que esforzarse, dar lo mejor de uno mismo; hay que mejorar, intentar superarse. Y todo eso tenía una razón, porque claro, dicho así, a los niños nos parecía muy poco goloso. ¿Por qué hay que hacer todo eso? Porque al final hay recompensa. Porque a la gente que hace bien las cosas, al final la vida le va bien, y los malos, al final de la película, acaban mal parados.


Sí, es una lógica infantil, pero cuesta desembarazarse de ella, porque cala hondo. Por eso jode molesta mucho darse cuenta de que todo eso que nos contaban son mentiras. No digo que nos las contaran a propósito, pero nos las contaron. Me pregunto si los ricos les contaban las mismas historias a sus hijos o les decían: "No os preocupéis, que los pobres les están diciendo a sus hijos que sean honrados. Vosotros lo vais a tener fácil". 

Pero ese no es el tema. El tema es que la vida no funciona así. Lo que nos contaban vale para un mundo ideal en el que todo el mundo cumple las normas y actúa según esos valores. Pero el mundo no es así. En el mundo hay free-riders, palabro molongo que aprendí en el curso de Filosofía Práctica. Supongamos que hemos quedado para hacer una degustación de chocolate, del que todos somos grandes amantes. Para eso, hemos propuesto que cada uno traiga 100 gramos del mejor chocolate que tenga en casa. Puede que muchos cumplamos lo pactado, pero es posible que alguno de nosotros decida traer un chocolate cualquiera, y guardarse el mejor para él. Ése es un free-rider. Que va por libre, vaya. Que se pasa las normas por el forro de los cojones. 

¿Qué pasa con esa gente? Pues que desvirtúa el sentido de los valores y las normas. Y, como poco, complica mucho la vida a la gente que decide actuar bien. El que asciende en el trabajo currándoselo, preparándose y esforzándose lo tiene, generalmente, más complicado, que el que asciende pisando al personal, saboteando a los compañeros y lamiendo culos. 

Pero bueno, supongamos que, aún así, decidimos aceptar el riesgo y las dificultades añadidas de actuar correctamente, de seguir las reglas. Que tenemos la esperanza de que, en algún momento, los free-riders serán descubiertos y castigados. Sí, es un pensamiento lleno de rencor y mala uva, pero la merecen. Pero...¿qué pasa si, una vez descubiertos, no los castigan, sino que los premian? ¿Qué ocurre si, además, al honrado, trabajador y esforzado le castigan? Pues eso, que ya no hay por dónde defenderlo: nos engañaron con las reglas del juego. 

Hoy he visto llorar a alguien que hacía AÑOS que no veía llorar.  Todo porque le han castigado bajándole buena parte de su sueldo, a pesar de cumplir con todas las normas, e incluso de ir más allá de donde le corresponde, mientras un free-rider redomado sigue tan pancho faltando al trabajo día sí y día también, mintiendo sobre enfermedades, escurriendo el bulto, todo ello con el beneplácito de los jefes. Y lo entiendo. Sentir que te engañaron con las reglas, que has jugado una partida amañada duele, frustra, mucho.



Creo que era Hobbes quien decía que las leyes (los pactos, en su caso) solo tienen sentido si las cumplen todos, porque cumplirlas mientras hay quien se las salta es de necios. Vamos, que si hay free-riders, lo suyo es que todos pasemos de las reglas, porque si las cumplimos, vamos a salir perdiendo. Es una idea peligrosa, si tenemos en cuenta como están las cosas...

De esta ley de naturaleza, según la cual estamos obligados a transferir a otros aquellos derechos que, retenidos, perturban la paz de la humanidad, se deduce una tercera ley, a saber: Que los hombres cumplan los pactos que han celebrado. Sin ello, los pactos son vanos, y no contienen  sino  palabras  vacías,  y subsistiendo  el  derecho  de  todos  los  hombres  a  todas  las  cosas,  seguimos hallándonos en situación de guerra.  
Hobbes, Leviatán, cap. XV

PD: acabo de tener confirmación de otro caso en el que la persona que cumple con las promesas y los pactos acaba perdiendo, y la que pasa de ellas se queda con el premio. Ascomundo. 

Retales musicales: Narco - A quién le importa

Hoy volvía de correos cuando ha saltado esta canción en el mp3. Nunca viene mal un poco de autoafirmación. Y últimamente, la autoafirmación que necesito me la proporciona mejor esta versión que la de Alaska. Vamos, que me lo llego a creer y todo... xD

Ahí queda eso...

 


domingo, 24 de febrero de 2013

Casi un mes.

Cuatro semanas hace ya que dejé mi hogar. Casi un mes. En unos días Jack entrega las llaves. Y ésa ya no será nuestra casa nunca más. Se acabó ver las montañas desde la ventana de la cocina, y la torre de la iglesia de San Agustín, y los castillos de fuegos artificiales sin moverse de casa.

Ha pasado rápido, si miro hacia atrás, ¿sabéis? Más rápido de lo que pensaba. En fin, como dice Jack, ya falta un mes menos -aunque no sabemos cuántos son en total- para volver a despertarnos juntos otra vez.

Pero más rápido han pasado estos años que han sido un sueño, a pesar de ser una lucha constante (¿no es eso la vida?). Recuerdo que, cuando decidimos mudarnos juntos, nos regalé unos llaveros a conjunto, dos mini-zapatillas converse, una para cada uno, que compré en un puesto en una feria. En aquellas pequeñas zapatillas cabían tantos, tantísimos sueños... Parece qué fue ayer, y sin embargo, no sé ya por dónde andan esas zapatillas...



Tendré que empezar en qué tipo de cursilada en forma de llavero compraré la próxima vez... A lo mejor otras zapatillas...


viernes, 22 de febrero de 2013

Hoy me voy a felicitar.

Suelo ser muy dura conmigo misma. No sé si es un defecto, pero desde luego, es algo que a mí me hace bastante la puñeta. Me gustaría darme un respiro de vez en cuando, de verdad. Con eso no quiero decir que me fustigue gratuitamente, que a veces tengo motivos, pero mis auto-castigos son bastante desproporcionados.

Así que hoy, que estoy "de buenas", voy a dejar constancia de ello. Voy a felicitarme un poco, porque también hago cosas bien. Y porque intento sobreponerme a las dificultades. Porque sigo en la lucha. Quizá no como algunos esperan de mí, pero al menos, sigo en la lucha a mi manera.

Quiero felicitarme porque desde que llevo en el pueblo ningún día de lunes a viernes me he quedado en la cama más allá de las 8.20 de la mañana. Porque he atendido a mi deber de estudiar -quizá no tan productivamente como me habría gustado- todos los días. Porque no he dejado que la tristeza me dejase en la cama. Porque he copiado temas con lágrimas en los ojos si ha hecho falta. 

Quiero felicitarme porque me propuse hace unos días leer al menos un artículo en inglés diariamente, apuntando palabras desconocidas y demás. Y lo estoy cumpliendo.

Quiero felicitarme porque desde que llevo en casa de mis padres, todavía no he discutido con mi madre ni con mi hermano. A lo mejor sí he madurado estando fuera. Con mi madre he tenido algún encuentro, sí, pero lo hemos acabado hablando y no a voces. Quizá también tiene que ver con que mi madre está siendo tremendamente comprensiva conmigo, y con que no tengo fuerzas para discutir con nadie, pero en cualquier caso, es ya casi un mes y no está nada mal. Además, estoy siendo muy atenta y diligente. Por lo menos, en comparación con lo que yo solía ser.

Quiero felicitarme, también, por la iniciativa #VersosParaTodxs. No es que haya tenido mucho éxito, pero no por eso deja de parecerme una idea bonita, y un gesto agradable, que nunca está de más.

Quiero felicitarme porque hoy he conducido durante un buen rato. Hemos estado fuera, con el coche, desde las 16.00 hasta las 19.30. No conduciendo todo el rato, claro. He llevado a mi madre a comprar al pueblo de al lado, he hecho rotondas -hoy bastante bien, por cierto-, cruces, he entrado dentro del pueblo, me he movido por calles estrechas, anchas, con semáforos, he entrado por un carril de servicio, he conducido con lluvia -bastante lluvia-,... Pero lo más importante, es que cuando he tenido algún problema, no he entrado en pánico y lo he llevado con calma. Y por eso estoy muy contenta. Y porque mi padre, cuando le he dicho que soy una torpe, me ha contestado: "Nadie nace sabiendo, y no a todos se nos da bien lo mismo, ni nos cuesta igual hacer las mismas cosas...Pero cuando lleves conduciendo 100 años, verás como lo haces todo bien." He notado un cambio enorme del viaje de ida al de vuelta. He ido un poco nerviosa, un poco insegura, pero he vuelto mucho, muchísimo más cómoda. Y eso que llovía mucho.

Quiero felicitarme porque estoy llevando mi pequeño problema de ansiedad/nervios -¿pequeño? no sé...- bastante mejor. Soy muy cabezota, y si digo que la ansiedad no me amarga la vida, no me la amarga. De momento, claro. Así que nada, busqué ejercicios de relajación guiados y llevo unos días haciéndolos por la mañana, antes de ponerme a estudiar, y por la noche, antes de dormir. Por suerte, no me cuesta dormir, y los ejercicios de por la noche, que son más largos -alrededor de 40 minutos- no los he conseguido acabar nunca :S jaja. Estoy notando la diferencia. Tengo picos de nervios, pero relativizo, respiro, y si veo que no consigo tranquilizarme, me pongo un audio. Cuando se lo conté a Jack me dijo que estaba orgulloso de mí, y eso me alegró muchísimo. Así que también quiero felicitarme por hacer sentir orgullosa a la gente que quiero, o al menos, a parte de ellos.

Así que, ¡Felicidades, Bettie!







jueves, 21 de febrero de 2013

¿Puede un gesto cambiar el mundo?

Hoy el cuerpo me pedía entrada nostálgica, triste y asquerosa. Pero voy a posponerla por lo menos un día, a ver si mañana amanece el día con más ánimo, o más fuerza, o un poco más de todo. Tampoco es que lo que voy a escribir hoy vaya a ser el colmo de la alegría y el buen rollo. En fin, ya sabéis que este blog, en estos días no es apto para depresivos, ni para no depresivos, porque cualquiera puede acabar hecho polvo. Tendré que colgar un cartel: blog apto solamente para sádicos.

A lo que voy. ¿No os parece que el mundo es una mierda? Influye que yo esté en plan negativo, lo sé, pero ¿no os parece que vivimos en una sociedad muy hostil? A lo mejor decir esto cuando se violan multitud de mujeres en la India y otros países, o cuando los bombardeos en Siria no paran de matar civiles parece una frivolidad estúpida. Pero reconocer el mal que hay fuera no debe impedirnos ver lo malo que tenemos dentro.

Me refiero a que la gente no se ayuda, es más, si es posible, se pisotea. A que parece que la amabilidad cuesta dinero. No sé, lo he notado mucho más en los últimos meses. Supongo que la situación general del país hace que la gente esté amargada y triste, y que eso repercuta en un mal carácter y un comportamiento poco agradable para con los demás. Sea como fuere, esta mañana andaba yo pensando en eso, a raíz de unos comentarios que he leído en un foro. Y concluía que nos estamos convirtiendo en unos animales peores que los propios animales. 

Entonces, he visto en Facebook este vídeo, justo mientras pensaba en ello.


Espero que podáis verlo.

Y entonces me puse a pensarlo. A veces dejamos de hacer algo porque vemos que nadie lo hace: dejamos de dar las gracias, dejamos de sonreir a la dependienta, dejamos de sujetar la puerta a alguien que va a salir, dejamos de ceder el asiento a una persona mayor, ... Simplemente porque, como nadie más lo hace... Pero, ¿qué es lo peor que nos puede pasar si seguimos haciéndolo? Lo peor -salvo excepciones- es que le alegremos el día al destinatario de esa sonrisa, de ese gesto, lo cual, está bastante bien. Pero, ¿y si alguien tomase ejemplo, como ocurre en el vídeo? ¿Y si un gesto casi insignificante inspirase multitud de gestos que marcasen una diferencia?

Ojalá, ¿verdad?

miércoles, 20 de febrero de 2013

Parábola: Toño, el experto y el burro.

Había una vez un hombre que tenía dos cosas: un burro y un problema. Estas dos cosas podían resumirse en que el hombre tenía un burro problemático, o un problema con su burro, como quiera verse.

Un día, el hombre, desesperado, compartió su problema con los parroquianos de la taberna de su pueblo. 

- No sé qué hacer ya. Este burro mío me va a matar un día. - dijo, resoplando gravemente.

- ¿Pos qué pasa, Toño? - contestó uno de sus vecinos.

-Pos ná. Que no le sale de las narices andar. Y yo acabo baldao, hecho polvo, tira que tira del burro. Y, que no hay manera. Ya no sé qué hacerle. 

Los parroquianos comenzaron a discutir el asunto entre ellos, contando experiencias que habían tenido con sus bestias, intentando sacar algo en claro de todas ellas. Y lo único que sacaron en claro es que el problema no tenía fácil solución. 

Entonces se oyó una voz al fondo. 

- No tenís ni idea. Difícil, difícil... Eso es mucho más fácil de lo que paece.

Era la voz de alguien que no tenía nada que perder y que probablemente jamás en su vida había tirado de un burro. Pero se decía que aquel hombre era dueño de una gran finca, en la que otros tiraban de burros. Y no le iba mal en la vida. Por tanto, pensaron los allí presentes, aquejados de cierto complejo de inferioridad, algo debía de saber.

- ¿Qué harías tú? - preguntó Toño, interesado.

- Mira, si quies que el burro ande, lo que ties que hacer es atarle un nudo corredero al cuello,  atarlo después a un vehículo, y marchar. Ya verás si el burro anda o no anda. Por la cuenta que le trae.

- ¿En serio lo dices? ¿Si hago eso, andará el burro?

- Pos claro.

En la taberna hubo un murmullo, pero fue rápidamente acallado. Como ya he dicho, todos pensaban que aquel hombre debía de saber algo. Hay que saber cosas para ganarse la vida sin ir lleno de polvo, pensaron, y sin tener callos en las manos.  

Toño coincidía con sus vecinos. Aquel hombre tenía que saber mucho, pero que mucho. Así que, aunque en el fondo, a él le parecía una estupidez y una temeridad hacer eso con su burro, que era una de sus principales herramientas de trabajo, se lanzó a ello. Pidió prestado un vehículo  a un vecino y ató una soga al mismo, que acababa en un nudo corredero alrededor del cuello del animal. Se montó en el coche y empezó a tirar. 

Al principio el animal se resistía, pero pronto empezó a caminar. Despacio, eso sí, seguía ejerciendo resistencia. Toño se planteó parar. Pero supuso que, ya que aquello empezaba a dar resultados, no era conveniente dejarlo. Eso era una prueba de que aquel hombre de la taberna tenía razón. Así que siguió su marcha. 

Un rato más tarde empezó a inquietarse. Aquella resistencia no solo no desapareció, sino que aumentó. Decidió parar a un lado del camino y ver cómo iba su animal. Lo vio caer al suelo y cuando se acercó, vio que sangraba y que no podía respirar. Ante sus ojos, el animal murió. 

Loco de rabia, Toño se fue a la taberna a buscar a aquel señorito que había sido el causante de su desgracia. Cuando le increpó, aquel contestó tranquilo, tras dar un trago a su copa de resolí:

- A mí no me culpes. Yo no he ahorcao a tu burro.


Reflexionen y saquen conclusiones ustedes mismxs.

martes, 19 de febrero de 2013

Iniciativa: #VersosParaTodxs

Como ya sabéis, ando un poco "sad and blue", cosa que por más que me digan, yo entiendo que es normal dadas mis circunstancias, y si no lo es, it's my life and I cry if I want to. Y punto.

Pero lo cierto es que aunque estar triste es normal, y pegarse un buen atracón de llorar es hasta sano, la tristeza que se ha incrustado a mi alrededor, aunque me parece normal, y justificada, me parte el alma. Por eso quiero poner un poco de ¿magia? en alguna de vuestras vidas, y, de paso, en la mía. De una manera muy ñoña y muy tonta, pero yo a veces soy así.

Esto no va a solucionarle los problemas a nadie: no le va a quitar la depresión, ni le va a curar una enfermedad, ni le va a pagar la hipoteca o el alquiler, ni le va a encontrar trabajo. Pero dicen que a nadie le amarga un dulce. Y si un día entre los correos de portales de empleo, suscripciones a periódicos digitales y demás encuentras un email, dirigido a ti personalmente, con unas palabras de ánimo, un poema, o una canción, ...¿no te alegraría un poco? ¿Unos minutos aunque fuese? A mí sí. 

Esa es precisamente mi idea. Voy a montar una "base de datos" en la que podáis vuestro nombre (o nick, o apodo, o lo que queráis) y un email. Y cada día escogeré al menos a una de las personas de esa lista y recibirá algo en su blog. Puede ser una fotografía, unos versos, unas palabras escritas por mi, así, sin más ni más, un fragmento de una novela, un chiste, ... No sé aún como seleccionaré a la gente. Quizá por sorteo, quizá por orden de inscripción, no sé.

Me gustaría recalcar que no hace falta ser lector, ni seguidor del blog ni nada por el estilo para apuntarse. Todo el mundo es más que bienvenido. Así que si conocéis a alguien a quien le gustaría recibir una sorpresa en su email, podéis enviarle el enlace de este post para que meta sus datos en el siguiente formulario.


Como pone en el formulario, podéis permanecer en la lista tanto tiempo como queráis. En el momento en el que no queráis seguir en ella, me mandáis un email a la dirección que indico en la pestaña "Contacto" indicando vuestro email, y yo os borro automáticamente. No quiero usar vuestras direcciones para nada, no voy a cederlas a terceros ni voy a hincharos a spam. Lo prometo. Es más, si veo que hay pocas personas apuntadas, una vez completada la primera ronda, haré descanso antes de empezar otra. 

En fin, no sé si esto es una horterada, una patochada o una tontá. Pero se me ha ocurrido, y me apetecía. Así que, por probar, que no quede.

lunes, 18 de febrero de 2013

¿Derechos laborales has dicho?

Por un día, y sin que sirva de precedente, voy a dejar de regodearme en mis propios males -grandes o pequeños- para regodearme en los males de todos. Por salir un poco del ego, que tampoco está de más.

Ya sabemos todos que el mercado laboral está mu malito. Que no hay trabajo. Pero es que el poco que hay es de "apaga y vámonos". ¿Dónde? No lo sé. Pero desde luego, no dan ganas de quedarse. 

En el pueblo es todavía más claro que no hay movimiento laboral alguno. No es que los pueblos, o por lo menos el mío, sean el colmo de la empleabilidad y el trabajo, pero es que ahora...O quizá soy yo, que estoy sugestionada. 

La cuestión es que los puesto que hay son de traca. Os puedo comentar unos cuantos casos que conozco personalmente, así, en plan breve.

- Camarera. 4 euros la hora. Recientemente se le ha hecho contrato y nómina, pero hasta hace poco tiempo, todo en negro. Total incomprensión por parte del jefe, no hay cambios de turno, no hay concesión alguna. Carga de trabajo excesiva porque el jefe no contrata personal suficiente. Maltrato psicológico constante con amenazas del tipo: "Si no te gusta, hay muchas esperando para entrar". 

- En una fábrica en la que se preparan bandejas de un producto alimenticio. El trabajo consiste en cortar una parte del producto. Es mecánico a más no poder. Es el trabajo típico para las mujeres del pueblo: los hombres sembraban y recolectaban el producto en cuestión, las mujeres lo preparaban en las fábricas.  Pues bien, no se paga por horas, sino por cajón. Ahora mismo no sé a qué precio va el cajón, pero para que os hagáis una idea: trabajando un mínimo de 6 y un máximo de 10 horas al día, de lunes a viernes, y algunos sábados, el salario mensual oscila, según productividad, entre 200 y 300 euros. Qué sueldazo, ¿verdad?

- Camarera. Jornada de 8 horas, con lo que conlleva un puesto en la hostelería. Si no lo habéis probado, ya os digo yo que es duro de narices. Sueldo de 2 euros la hora. Sin contrato, sin seguridad social, sin nada de nada. Echen cuentas. 

Una locura, vaya.

Ante este panorama, a una se le cae el alma a los pies. Supongo que entenderéis por qué prefiero estar en casa estudiando xD. Lo más curioso de todo esto es la reacción de algunas personas. Hace poco me las vi con una madre que tiene a sus dos hijas trabajando en puestos de este tipo. Y me sorprendió que de su boca salieron frases como: "Conforme están las cosas, que no se queje, que está muy bien", o "No gana mucho, pero no se va a quedar en casa". Ambas chicas tienen estudios de Formación Profesional, es decir, un oficio. Pero claro, lo suyo está complicado. 

Pues yo me niego. Voy a convertirme en una de esas paradas vagas que no trabajan porque no quieren. Porque no cogen lo que sea. Me da igual. Señores y señoras, una cosa es trabajar para ganarse la vida, y otra es la esclavitud, trabajar para sacarle las castañas del fuego al jefe y por una limosna. Porque seamos serios y sinceros: hay mucho caradura que, con la capa de la crisis, está cubriendo sus trapicheos para aumentar el margen de beneficio a costa de la desesperación de la gente. Y a eso no hay derecho.



Y yo entiendo que una persona en una situación desesperada pueda trabajar 8 horas al día de lunes a sábado por 250 euros al mes, aunque 250 euros al mes te solucionan más bien poco. Pero lo que no puedo entender es que una persona que no tiene necesidades mande a sus hijas a esos puestos de trabajo, a sacarles las castañas del fuego a los listillos, y que encima diga que no se quejen, que están bien. Eso, a pesar de que al menos una de ellas, que yo sepa, ha tenido problemas de salud relacionados con el trabajo.

¿Soy yo, o ese tipo de mentalidad -que os digo que es mucho más común de lo que parece- no ayuda nada?

domingo, 17 de febrero de 2013

Es curioso...

...que hoy, cuando he descubierto mis viejos cuadernos de la escuela haya caído en que entonces me sentía mucho más inteligente y capaz de lo que me siento hoy. 

... que la persona que siempre me ha apoyado en todo y a quien siempre he querido -y he conseguido- hacer sentir orgullosa hoy me dé miedo, me ponga nerviosa, porque siento que soy una decepción absoluta para él. Y no solo para él, pero especialmente me dolería ser una decepción para él.

...que me sienta mucho más inútil hoy, cuando he vuelto a la casa de mis padres que hace más de 6 años, cuando me marché.

...que el sábado y el domingo se hayan convertido en los días más dolorosos de la semana, en los más angustiosos, en los más insoportables. 

...que la cama se me haga incómoda.

...que yo, que siempre he controlado mis nervios más o menos bien, no pueda deshacerme de esta presión en el pecho que arrastro desde hace semanas.

...que yo, que nunca escuché a nadie, no deje de prestar oídos a estas dañinas voces de mi cabeza. 

...que mire mis antiguas fotos, mis recuerdos, mis cosas, y luego me mire al espejo, y no vea a la misma persona. Y el cambio no es para mejor. 

No deja de ser curioso.

sábado, 16 de febrero de 2013

Retales musicales/literarios: La leyenda del tiempo - Camarón de la Isla/Federico García Lorca

La música es todo un misterio. Puede hacernos reir, llorar, temblar, ... Hay canciones que a unos nos tocan en los más hondo y a otros dejan indiferentes, y a la inversa. Supongo que pasa con todas las artes, claro.

No sé si a vosotros os pasa, pero a mí las canciones que me tocan no tienen por qué tener un estilo común ni nada por el estilo. A veces hay canciones  de un estilo que me gusta que me dejan totalmente indiferentes, y otras de estilos que no suelo escuchar que hacen que el corazón baile y me dé vueltas.

Este es el caso. No soy la típica persona que suele escuchar flamenco. Normalmente me falta algo que me conecte con las personas que cantan. Pero sí hay canciones en las que conecto con más facilidad, o cantantes con los que me cuesta menos conectar. Un ejemplo es Camarón de la Isla. Quizá es porque, como dijo un profesor de la carrera, como Camarón todavía tienen que nacer. Lo cierto es que a mí me pone los pelos de punta con muchas de sus canciones. Será por lo que sea.

Una de mis canciones favoritas es ésta. Aunque claro, Camarón se lo pone fácil. Si su sentimiento al cantar se une a un poema de García Lorca, es difícil no acertar...

Y sí, ésta suele ser una de esas canciones que a mí me revolucionan, y que a muchos de mis amigos y conocidos les parece una cutrez o les deja fríos.

Seguro que a alguna de vosotras también :P Pero bueno, aquí queda.

La canción:





Y el poema:

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas 
en el corazón del sueño.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Sobre la misma columna,
abrazados sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Libro: Orgullo y prejuicio, de Jane Austen

Orgullo y prejuicio es uno de esos libros clásicos que están en todas, o casi todas las listas de libros que leer antes de morir. Lo que ocurre es que los clásicos a veces quedan relegados por novedades, por títulos más actuales,... Y al final una siempre tiene algún clásico pendiente. Sin embargo, con motivo del 200 aniversario de Orgullo y prejuicio se han escrito varias entradas en distintos blogs, lo que me ha animado a empezar con él. 

¿De qué va el libro?

El libro cuenta la historia de la familia Bennet, formada por un matrimonio y sus cinco hijas, y las aventuras y desventuras de estas, que orbitan alrededor del tema del matrimonio, o más bien, de la caza del marido. Puede parecer algo frívolo, insustancial, pero si miramos más allá vemos retratada la situación de la mujer en la época de Austen de una manera bastante fiel. 

Hablando del libro...
 
En cierto sentido me ha quedado un regusto amargo al acabar la lectura. Me esperaba que las cosas fuesen de otra manera, pero claro, te pones a pensar, a contextualizar en la época, y bueno, es lo que hay. Me habría gustado que la relación de Elizabeth y Darcy fuese un poco más estrecha, más presencial. Más pasional. En realidad, para nuestra sensibilidad, puede parecer bastante aséptico el tono que se utiliza, y los dilemas que se plantean, absurdos. Pero como decía, lo suyo es hacer un ejercicio de situación histórica y leerlo con ojos de siglo XIX.  Yo no debo de haber hecho muy bien el ejercicio, porque, como ya digo, esperaba algo más, me ha sabido a poco la novela.

Lo que sí me ha gustado bastante y me ha llamado mucho la atención es la descripción de las costumbres y la sociedad de la época, así como el lenguaje que utiliza, tan rebuscado, tan ceremonioso, incluso cuando la esposa se dirige a su marido, las exageradas formas de mostrar respeto, o agradecimiento. Vamos, que me he quedado más con la parte "sociológica" de la novela que con la historia en sí.

A pesar de esta sensación que me ha quedado a mí, considero que es un buen libro, que es una lectura recomendable, y que merece la pena conservarlo en esas listas de libros que leer antes de morir.

Os dejo un trocito...

Y el elegido es el conocidísimo comienzo del libro:

"Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familia que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas."
Ahora toca empezar algo nuevo, no sé qué. Quizá vuelva a la lectura en inglés de Harry Potter, aunque lo cierto es que no es lo que más me apetece ahora... Ya veremos por dónde salgo esta noche cuando me ponga a leer :)

martes, 12 de febrero de 2013

Pataleo como consumidora: ¿Ésta es la imagen de marca que quieres dar?

Lo he dicho otras veces: el requisito "buena presencia" me parece tremendamente ambiguo. Creo que en un sentido amplio, como yo lo entiendo, sobra. La buena presencia en el sentido de ir limpia, presentable, y demás sobra como requisito. Creo yo, vaya. Pero bajo ese requisito a veces se esconden cánones bastante determinados. Sin embargo, si la gente se queda más tranquila poniéndolo en las ofertas de trabajo, adelante.

Creo, sin embargo, que en ciertos puestos la imagen personal toma ciertas características más concretas. Por ejemplo, en el caso que os voy a contar hoy. 

Hoy he ido a una tienda de maquillaje a dar una vuelta. Si no lo sabéis os lo cuento, el maquillaje es una de mis "aficiones". No soy una freak total del maquillaje, pero me gustan los colorines, las texturas, los productos,... Así que ya que no compro, si tengo la oportunidad, me gusta mirar. Hoy tenía que matar algo de tiempo, y una tienda de maquillaje se ha cruzado en mi camino. Así que he entrado, a ver qué se cocía. 
 
Pues bien, en una tienda de maquillaje parece un requisito bastante aceptable que las dependientas vayan correctamente maquilladas. Y con correctamente no me refiero a:
  •  maquilladas como puertas. Parece que para vender maquillaje tienes que llevar un ahumado extremo en los ojos y unos labios llamativos a más no poder. Vamos, ir a tope. Y no. Puedes ir correctamente maquillada sin haber usado la escopeta de Homer Simpson. Este es un mal del que adolecen casi todas las perfumerías o tiendas de maquillaje. Yo no sé si obligan a sus chicas a ir maquillladas así, pero si lo hacen, mal. Muy mal. Por lo menos en mi opinión.

  • llevar un maquillaje súper elaborado diariamente. Se puede ir bien maquillada sin dedicar una hora cada día, sin llevar 4 colores distintos de sombra y similar. 
Vamos, con ir bien maquillada me refiero a que una persona  lleve un maquillaje -sencillo o elaborado, más discreto o más llamativo, como sea - que, si una clienta lo ve, le llame la atención, le impulse a preguntar "Oye, ¿ese labial cuál es?". Y si no, al menos, que sienta confianza para dejarse aconsejar por esa persona. Eso es lo mínimo.

Pues bien, hoy, nada más entrar en la tienda oigo una voz detrás de mí:

- ¿Qué buscas?

No me parece la manera más adecuada de dirigirte a un cliente, pero quizá el "¿Puedo ayudarte en algo?" está demasiado gastado. Cuando me he girado me he encontrado a la prima mal maquillada del Gremlin chica:
 

Sí, peor maquillada. Llevaba unos pegotones de rímel que no eran ni medio normales. Como cuando alguien se acuesta sin desmaquillar y al día siguiente se pone rímel encima. OS-LO-JURO. Lo que había detrás no era fácil de ver entre tanto pegote, pero había un ahumado -o intento- en negro. Con unos picos raros en la parte externa del párpado que dejaban bien claro que esa chica no había ensuciado ese día su brocha de difuminar... Total, ¿pa' qué? La base de maquillaje no era adecuada para el color de su piel y el colorete eran dos manchurrones plantados de cualquier manera. En fin, que creo que no voy a entrar en más detalles. Suficiente.

¿Mi reacción? Me he salido de la tienda. No me suele pasar, pero juro que si esa persona era la encargada de asesorar a las clientas sobre maquillaje en esa tienda, si la firma confiaba su imagen a esa persona, tal cual yo la he visto, no quería tratos con esa marca.  Sí, también me ha cabreado que, aunque yo he presentado candidatura varias veces para esa cadena de tiendas, aquí estoy. Debe de ser que mi imagen es peor que la de esa dependienta. Sé que esta última parte es más visceral que lógica, pero no he podido evitarlo.

Autoestima por los suelos...¡yay!

He escrito al departamento de atención al cliente de la firma desde el formulario de su página web. No he dado detalles de la ciudad, ni la tienda, ni de la dependienta. Probablemente esa chica necesite el trabajo. Seguramente, vaya. No tiene culpa de nada. Ella presentó su candidatura y la contrataron, oye.  El problema es de la marca. En esa tienda intentaron maquillarme una vez con un rímel que tenían por ahí, para que la gente lo viese, que habían abierto y cerrado mil veces, que estaba más seco que un tostón. En esa tienda me han intentado pintar los labios con un probador que estaba al alcance de todo el mundo, con el que la gente se pinta los labios. Lo mismo con los lápices de ojos. A lo mejor no os parece gran cosa, pero yo en mis labios, o en mis ojos, no me pongo algo que ha usado otra persona. Soy así de maniática. Pero en maquillaje, son normas básicas de higiene.  En definitiva: la firma de maquillaje tiene problemillas de atención al cliente e imagen. Y así se lo he hecho saber a la marca. No sé si mi queja/sugerencia llegará a alguna parte.

¿Qué falla? ¿Las dependientas? No necesariamente. Creo que es un fallo en la política. Si la empresa tuviese unas normas definidas sobre con qué productos se maquilla a las clientas, cómo se tratan los probadores, etc., y, sobre todo, si se les diese un cursillo breve de automaquillaje con unas pautas básicas, no creo que hubiese problema.  A ver, seamos serios: esta chica que me ha querido atender esta tarde, puede tener que maquillar a alguien. Si no sabe maquillarse correctamente ella misma, ¿qué podemos esperar que haga en el rostro de otra persona?   Y si no falla la política de empresa respecto de estos temas, es que los empleados se las pasan por el forro, ...

Esto es grave, porque yo no me considero una persona especialmente trabajadora, especialmente hábil, especialmente capaz. No creo que sepa hacer casi nada mejor que otra persona. Pero en esta ocasión he dicho, con bastante dolor, pena y rabia: "Y yo en paro..."

Y me he planteado, en serio lo digo, no volver a acudir/comprar en una tienda de esa cadena. Y eso también se lo he hecho saber a la marca. Reivindico el derecho al pataleo, ea. Creo que, como consumidores, las empresas deberían valorar nuestra opinión. Y si no lo hacen, bueno, por lo menos yo me desahogo.



No quiero crucificar a la marca antes de nada, sobre todo, antes de recibir respuesta -si es que eso sucede- a mi queja. Por eso no indico el nombre de la tienda. 


 

domingo, 10 de febrero de 2013

Se puede decir más alto, pero no más claro. Ni mejor cantado.

Anoche intenté animarme sacando de la estantería un CD que me regalaron unos amigos que hoy ya no lo son hace unos cuantos años. Se trata del CD de la gira "Dos pájaros de un tiro", de Sabina y Serrat. Tuve la suerte de acudir a uno de sus conciertos, creo que fue, si no el último, uno de los últimos conciertos a los que he ido... y de eso hace 5 años :P

Total, que me lo he puesto y ha ayudado. A ver si me acuerdo de escuchar "Hoy puede ser un buen día" más a menudo ("Pelea por lo que quieres y no desesperes si algo no anda bien..."). Pero no ha sido eso lo que me ha llevado a hacer este post. Ha sido la pista número 2: Algo personal. Es como si Serrat hubiese escrito esta canción ahora mismo, ¿eh? Lo cual dice bastante poco de nuestra sociedad...

Os dejo la canción, y la letra. Y no me voy a privar de algún comentario, oigan. 


Algo personal - Joan Manuel Serrat

Probablemente en su pueblo se les recordará
como cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.
 
(Incógnitas que siguen ahí, ¿verdad? ¿A quién le han ido frotando la espalda los políticos para llegar a dónde están? ¿Por qué?)

Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:  
(Esto nos suena. Hacer uso del supuesto honor para camuflar malos olores, ejem.)
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados  
(un buen gobernante no teme a su pueblo, porque no tiene por qué...)
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.  
(Cof-cof, Prestige... Cof,cof... Guerra de Irak... Cof,cof... privatizaciones...)
Entre esos tipos y yo hay algo personal.  

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.

Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente  
(Creo que no es necesario comentar XD)
y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,  
(¿Bárcenas? ¿Quién es Bárcenas? ¡No me consta! ¡Que cada palo aguante su vela)
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo

que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,

donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.


En fin. Aquí os dejo esto. Ni cuando no tengo Internet os dejo descansar tranquilas.  Espero que hayáis disfrutado de la canción :)

sábado, 9 de febrero de 2013

Mañana.

Mañana será otro día. Mañana te veo de nuevo. Mañana voy a abrazarte. Mañana.
Pero se hará de noche, pasará rápido el tiempo, lo sé. Y el amanecer anunciará que cada instante es uno menos.

"Reloj, no marques las horas", canturrearé para adentro. Y de nada servirá. Cuando el sol esté en lo alto se acabará nuestro momento. 24 horas, después de haber tenido todo el tiempo del mundo, ¡es tan poco!

Prometí que había acabado con los instantes robados al reloj, con los besos de despedida, con el odio a los andenes y las lágrimas en la carretera. Prometí que nunca más hace años.

Pero aquí estoy de nuevo...



Volver a saber de ti.

Vuelvo a saber de ti, después de muchos años. Es lo que tiene la vuelta. Hace ya bastantes años que yo iba tras de ti como una idiota, como lo que era, ni más ni menos. Para mí tú representabas todo lo prohibido. Todo lo que yo no era. Y lo que me tentaba. Sí, como la historia de Lisa Simpson y Nelson Muntz. Pero por suerte nunca fui lo suficientemente valiente para atreverme. Mil veces maldigo mi cobardía, pero cuando una se pone a mirarlo detenidamente, ¿sabes?, también tiene sus cosas buenas. Me ha salvado de a saber qué. 

No te veo tan mal. Siempre creí que eras una buena persona, a pesar de la fachada de tipo duro, de tarambana, de loco peligroso. Lo sabía, que tras esos ojos verdes había buen material. Creo que eso, después de estos años, está más a flor de piel. Estoy segura de que tu mujer te ha ayudado. Ella, y tu pequeño. ¿Sabes? Nunca te imaginé siendo padre. Es más, a estas alturas de la vida la que esperaba estar pensando en ser madre era yo, nunca tú. Jamás tú. Pero así de caprichosa es la vida.

Como ya te digo, nunca dudé de que fueses una buena persona. Pero a las buenas personas que no son fuertes, a las que tienen muchas debilidades, la vida les da mucho por culo. Y tú tenías un par de talones de Aquiles, por no nombrar más huesos. Yo digo que fui cobarde, que no me atreví a probar según qué cosas. Quizá debería decir que también fui fuerte. Que resistí la presión. Que supe decir que no. Mil y una veces. No. Y la verdad es que tuve que decirlo muchas veces. ¿Recuerdas cuando en las charlas sobre drogas nos hablaban de la presión de grupo? Pues existe. Pero hay quien resiste. Aunque en algún caso, ya sabes, me vino bien la ayuda. Pero bueno, aquí estoy.

Aquí estamos, más bien. Los dos en una lucha dura, pero distinta. Muy distinta. Y, en cierto sentido, encontrarte aquí, así, me hace sentirme mejor, reconfortada. Me hace pensar que lo mío no es para tanto. Pero tú vivirás el resto de tu vida en una lucha constante. En cualquier caso, me alegro de que acabases dando el paso. Sí, supongo que no acudiste a desintoxicarte por propia voluntad, que ella te empujó. Lo hizo bien. Ahora tu vida es muy distinta de la mía. De muchas maneras, pero en especial, de una. Tú vives controlando no tomar más de dos cervezas, por si la voluntad flaquea y pasamos a mayores. Rechazando gramos, pastillas, porros. Por tu mujer, y por tu hijo. Sobre todo por tu hijo. Ya veo que todavía te permites fumar, aunque sabes que no deberías. Sí, lo sé, tampoco es cuestión de convertirse en un santo. Que quien tuvo, retuvo. 

Espero de verdad que puedas con todo. Que podamos con todo, cada uno con lo nuestro. Sobre todo te deseo que te sea llevadera la situación, dentro de 14 o 15 años. Cuando tu pequeño sea ya un adolescente, como tú lo eras, como lo éramos nosotros. Cuando salga de noche y le esperes despierto a la vuelta, intentando buscar en él las cosas que a ti te pasaban. Y espero que, pase lo que pase, sepas hacerlo bien. 

No pudo ser lo nuestro. Y me alegro, ¿sabes? Desde aquí miro hacia atrás y lo veo meridianamente claro. Que nuestras vidas habrían sido terribles si tú hubieses cedido a mis torpes intentos de seducirte. En el peor de los casos, me habrías llevado a tu terreno. Mi fortaleza no es infinita, y creo que el enamoramiento la habría dejado maltrecha. En el mejor, no habría podido ayudarte a salir. Así que fue para bien. ¿Que a lo mejor todo mal es para bien? No sé, es un pensamiento demasiado optimista para que yo me lo crea. Yo también he cambiado.

En fin, me despido. Me ha alegrado saber de ti. Espero sepas disculpar que, después de hoy, todo siga como siempre. Haciendo honor a los hechos, tú y yo no nos conocimos demasiado. Hubo destellos, lo sé. Cada uno veíamos en el otro algo que envidiábamos y conectamos en algún momento. Por eso supongo que tengo que darte las gracias. Porque quisiste protegerme. Porque no querías que fuese como tú. Porque por eso nos alejamos. Gracias por quitarme aquella pastilla de las manos en uno de los momentos más cruciales de mi vida. Perdona por no haber hecho lo mismo por ti. Ya, ya sé que no me habrías dejado. Esa tarea no me tocaba a mí, ¿verdad?



jueves, 7 de febrero de 2013

El precio de una oportunidad. El precio de un papel.

Mirad que hay días que digo: hoy voy a escribir algo gracioso, divertido, entretenido, buenrollero, simpático. Hoy no voy a ser Mari-lástimas, ni Mari-dramas, ni Mari-histérica-insoportable. Pero siempre acaba pasando algo que acaba desviándome de mi propósito.

Hoy, lo que ha ocurrido es que, así como si nada, tengo un gasto de casi 100 euros por casi nada. Y en la situación en la que estoy, no hay nada que me joda más que gastarme estas cantidades de dinero. Con esos casi 100 euros compro dos cosas: un papel y una oportunidad. Algo caro, ¿verdad?

Unos 30 euros es lo que me cuesta un certificado de notas. Ya os dije que Perri me informó de unas becas de formación/investigación del Ministerio de Educación. Pues bien, a pesar de mi estado de obcecación, la presenté - estoy a la espera de que me la marquen como "registrada" en la sede electrónica, esa va a ser otra.  Para presentarla no había que aportar ninguna documentación, pero si se pasa la primera criba, hay que acreditar los méritos que se han apuntado en la solicitud. Uno de mis mayores méritos es haber acabado el máster de profe de secundaria con matrícula de honor, con una nota muy cercana al 10. Pero claro, no tengo certificado de notas. Así que me decidí a pedirlo: un certificado completo en el que aparezcan créditos, notas, nota media, etc.  Pues nada, casi 30 euritos, ni más ni menos. ¡Qué dolor de corazón! ¡30 euros por dos hojitas de papel bueno!

Y luego está la oportunidad. Hoy por hoy no viene mal tener el B2 de inglés. Viene bien para todo, tanto para hipotéticas ofertas de trabajo que puedan salir -JA-JA-JA-, como para las oposiciones. Ya que en la fase de concurso voy a tener más bien poco que aportar, pues el B2 de inglés es interesante. El plazo de inscripción en las pruebas libres comienza el lunes que viene. Yo pensaba presentarme "a probar". Por si había suerte. Todo esto, porque pensaba que las tasas no ascenderían demasiado. Quizá 30 euros. Algo más. Pues hoy se han publicado las tasas. Unos 85 euros para nuevos alumnos. Unos 60 para gente que ya haya estado matriculada en la EOI de Valencia. Supongo que este segundo es mi caso, en tanto que fue ahí donde cursé el nivel intermedio por medio del programa That's English. 

Aún así, 60 euros me parece una exageración por una oportunidad. Por hacer unas pruebas. Porque ese dinero ni siquiera incluye el precio del certificado si se aprueba el examen. Eso se paga aparte. Y sí, es más barato que otras pruebas, como el First, pero se supone que las Escuelas Oficiales de Idiomas son un centro educativo público, y cuya función debe ser acercar la enseñanza de idiomas a la mayor parte de la ciudadanía. Y esto hace que te lo pienses. Yo, de hecho, me lo estoy pensando. Porque si suspendo, al disgusto por el suspenso se une el disgusto por la pérdida de ese dinero, que para mí hoy es una pequeña fortuna. 

No sé si estaré meando fuera del tiesto, pero me parece que, dado que este año se convocan oposiciones de maestros en la C. Valenciana, y dado que el B2 de Inglés se va a valorar en la parte de concurso, han dicho: "¡Ey! ¡Vamos a forrarnos a costa de los opositores, que no tienen bastante con lo suyo!".  Porque no es normal que la matrícula del curso no llegue a los 50 euros y las pruebas libres se suban tanto a la parra.

Todo esto me lleva a una conclusión muy simple: si no tienes pasta no eres nadie. Si no puedes pagar los trámites, no llegas a ningún sitio. 

Qué triste me pone todo esto, oigan. 


Perdón a los que ya han asistido a mi despotrique por Twitter. Esto no es un deja-vu. Es un fallo de Matrix.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Hay blogs, y blogs.

No soy muy fan de las frases tipo "todos los hombres son iguales". Porque tienen razón cuando se quejan: si son iguales, ¿por qué nos cuesta tanto decidirnos a veces? Y lo mismo digo a la inversa. Me pasa igual con todo. Creo que en la realidad tienen mucha importancia los matices, y creo que es una gran virtud saberlos apreciar. 

Como me pasa igual con todo, los blogs no iban a ser menos. Hay blogs, y blogs. Hay blogs que informan, y otros que comunican, porque te llegan. Hay blogs que lees, y otros con los que dialogas. Y esto no tiene que ver, o al menos no únicamente, con la dedicación de la persona que hay tras el blog. Hay bloggers muy dedicados/as que no te llegan de la misma manera que otros. 

Supongo que a vosotros os pasará igual. Yo sigo bastantes blogs de temáticas muy diversas. Sin embargo hay un pequeño "grupito" de blogs que son casi como familia del mío. Que los siento muy cercanos, vaya.  Me ha pasado antes, con otros blogs que he tenido. Son esos blogs que realmente echas de menos cuando pasan varios días sin actualizarse. No solo por el blog en sí, sino por la persona que hay detrás. 

Y me ha pasado algo curioso. En ese grupito especial de blogs hay uno que conocía de antes, pero que no me llegaba, que no tenía nada que me dijese: "¡Ey! Ahí detrás hay alguien especial".  Como he dicho otras veces, tuve durante un tiempo un blog de maquillaje. Pues este blog en otra etapa de su vida también lo fue. Fue un blog de desvaríos maquilliles y cosméticos. Y así llegué yo a él por primera vez. 

Un tiempo después de dejar aquel blog maquillístico, me decidí a borrar suscripciones a blogs de maquillaje y cosmética, pues tenía MUCHÍSIMAS y me saturaba cada vez que abría el Google Reader. Cuando llegué a este blog no lo borré. Ya no era de maquillaje. Decidí dejarlo por ver qué pasaba. No estorbaba. Y ahí quedó.

Tiempo después abrí este blog, y resucitó el Google Reader asociado a la cuenta de correo que uso para acceder aquí. Y aquel blog había empezado a actualizar. Pero no escribía cosas de maquillaje, sino bien distintas. Y me quedé, porque me interesaba y mucho lo que aquella chica tenía que contar. Tanto me interesaba que ese blog se ha convertido en uno de esos blogs "familia", escrito por una de esas personas con las que te gustaría irte a tomar una caña. Y debo de dar fe de que esto  es así: de mi anterior etapa bloggera conservo algún "contacto" y oye, de verdad que no es cosa del momento, que la gente que te llega, se queda. (Andrea, una sidrina caerá algún día, que yo lo sé). 

Pues este blog del que os hablo es Mi burbuja, mis normas, (como Bart Simpson XD). Y ahora estoy un poquito triste porque el blog se cierra, al menos de momento. Sé que Runa/Mgnolia tiene sus razones, así que el objetivo de este post no es hacer chantaje emocional ni nada por el estilo, sino decirle que deja un huequito importante, que va a ser difícil de llenar, por lo menos para mí.

Aquí la menda esperará tu vuelta como agua de mayo, que lo sepas.


martes, 5 de febrero de 2013

Los de Filosofía están todos locos.

Si no habéis oído esa frasecita antes sois unos bichos raros. Siento decirlo así, sin paños calientes. Dentro de la fauna de un instituto, los profesores de Filosofía suelen ser los más peculiares. Sí, a veces están los de Educación Plástica (o como se llame ahora xD), y de vez en cuando, alguno de otra disciplina se cuela por ahí. Pero los de filosofía son caso aparte. Es raro encontrar a alguien que haya estudiado bachillerato y que no tenga alguna anécdota de algún profe de Filosofía. 

Vale todo. Por ejemplo, mi profesora de 1º de Bachillerato, Carmen, todos decíamos que vestía muy raro. Rarísimo. Y era verdad. Y luego estaba lo de que hablara siempre con el cuello del jersey tapándose la boca. Y el acento. Pero eso no era porque ser de Filosofía, sino porque era marciana... digoooo, murciana (ella misma hacía la broma). Eso sí, era una profe estupenda. Me encantaba. Fue la que hizo que la filosofía se cruzara seriamente en mi camino.  Por si llegase por aquí -lo dudo- tengo que decirlo: Carmen, aquel "la lógica no me gusta, es un rollo, nos la saltamos" hizo que me acordase bastante de ti en 1º de carrera, ¿sabes? Carmen me dijo que sería una filósofa temible y que si llegase a presidenta del gobierno el congreso sería mucho más animado. Ni soy temible, ni presidenta, Carmen, pero se ha hecho lo que se ha podido. 

Luego estaba "la pollo". No recuerdo su nombre, la verdad. Era la profe de 2º de Bachillerato. El mote se lo puso mi amiga Rocío. En apariencia, la pollo era bastante normal, una mujer delgaducha, alta, pálida y rubia. El problema era cuando abría la boca. La pollo hablaba a cámara lenta. Como un walkman cuando se le gastaban las pilas.  Y cuando explicaba, lo hacía pausado.  Aquí sería ideal ilustrarlo con una de mis célebres imitaciones de profesores, pero os váis a tener que conformar con la descripción: La pollo, cuando explicaba, lo hacía con la mirada perdida por el ventanal, con el codo apoyado en la mesa y juntando y frotando los dedos de la mano, como echando sal para arriba. (¡Qué nivel de descripción!) Su ritmo de discurso era así: "Para Platón........................... la esencia...................era como...........", es decir, no encadenaba más de 2 o 3 palabras seguidas. Imaginaos el percal. Ella fue la que me quitó la filosofía de delante.  Pero por suerte o por desgracia, se cruzó alguien más en mi vida que me devolvió las ganas. Sí hijas, yo también tuve algún profe de Filosofía tirando a regulero.


Fue eso, en parte, lo que me llevó a querer ser profe de Filosofía, las historias para no dormir de amigos, conocidos, etc. : que si mi profesor camina en línea recta hasta que se pega contra la pared y da la vuelta, que si mi profesor tira los exámenes al aire y solo aprueba los que caen boca arriba, que si el mío siempre pone el exámen el día antes de la evaluación, que si el mío, a mitad de explicación, empieza a hablar solo... Yo quería librar a algunos pobres alumnos de un profesor así. Y pensaba que eso era por su bien. No sé, ya veremos.

Luego viene cuando dices que vas a estudiar Filosofía. Los compañeros de clase empiezan con los tópicos, que también hay unos cuantos: que si los de Filosofía están siempre fumando porros y por eso se quedan tan locos, que si la facultad es una especie de recinto patafísico en el que no hay nada normal, que si los catedráticos vagan por los pasillos como ausentes, hablando consigo mismos... De todo. 
Catedrático de filosofía en plena ebullición filosófica.

Lo que ocurre, y hay que decirlo más, es que la gente no se equivoca del todo. Que cuando el río suena, agua lleva, aunque sea poca. Que hay elementos que dan miedo, porque una piensa: ¿yo también me voy a quedar así?  

Hoy, rebuscando entre apuntes para encontrar una lección que quiero añadir a un tema de opos me he encontrado anotaciones de compañeras en las páginas. Vamos, notitas. Estas notitas solían comentar jugadas absurdas o aburridas. Y me he acordado de momentos memorables en la facultad que no dicen mucho de la salud mental de los profesores. Para muestra, botoncillos.

Reducción zoolosófica:
"Y eso es mi libro, una interpretación de Nietzsche desde Kant. Porque si juntas a Kant y a Nietzsche tienes un Kan-Nietzsche (caniche). Ja-ja. Qué gracia. Yo también tengo un animal en mi apellido".

Botánica metafísica:

"Porque si plantas la pata de una silla, pues te sale un olmo. Y los olmos no dan peras, a ver si me entendéis."
(Ahí una compañera me dibujó unos pies en actitud de huida)


¿?¿?¿?¿?

"Los cabrillos truscan por el monte."
¡Un nuevo horizonte de consciencia se abre ante mí!

Creo que con esto os hacéis una idea. Así que cuidadito, que sí que es verdad que algunos de Filosofía están muy locos. O a lo mejor todos lo estamos, y unos lo disimulamos mejor que otros....

¡He descubierto el elixir de la locura! ¡Y me lo he bebido todo!

Para otro día me dejo los motes de los profesores de la facultad, unos más acertados y con más gracia que otros. De momento, estaría bien que me contáseis anécdotas de profes de filosofía, anda :)
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