martes, 31 de marzo de 2015

La teoría del bocado prohibido.

Hay una ley no escrita sobre lo que pasa cuando una persona empieza a salir con otra. Evidentemente tiene sus excepciones, pero sería algo así: Todo soltero comenzará a recibir una cantidad extra de atención por parte de personas sexual o emocionalmente interesantes tan pronto como consigue pareja. La cantidad y calidad de la atención será directamente proporcional al tiempo que ha pasado soltero y sin comerse un rosco y a las perspectivas de futuro de la actual relación, e inversamente proporcional a la atención que recibiese antes de emparejarse.

Traducido a un ejemplo. Chica soltera durante tres meses. Ha tenido algún flirteo, pero poca cosa. Conoce a chico/a y empieza una medio relación no demasiado seria. Probablemente en la primera semana reciba la llamada de un ex. Otro caso. Chica soltera durante ocho meses, en sequía absoluta y total. Conoce a chico/a que le gusta mucho y empieza una relación con bastantes perspectivas de futuro. Probablemente en la primera semana reciba la llamada de un/a ex o varixs, le tiren los trastos en el lugar de trabajo o centro de estudios e, incluso, reciba noticias de algún/a admirador/a secreto/a. 



Así son las cosas. Lo llamo teoría del bocado prohibido porque basta que no podamos comer algo para que nos apetezca. Conozco gente a la que le han diagnosticado una alergia alimentaria, y zas, sólo le apetece comer eso a lo que tiene alergia. O cuando alguien empieza una dieta, de repente solo le apetece comer guarrerías o dulce. O cuando un médico te desaconseja comer cierto alimento, es justo lo que más te apetece del mundo. Es más, me atrevería a decir que si Dios no hubiese prohibido a Adán y Eva comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, todos tendríamos un chalet en el Paraíso. Con piscina. Y biblioteca. Pues esto es lo mismo: cuando alguien está "cogido", de repente nos resulta interesante.



La cuestión es que no afecta solo al ámbito sentimental. Afecta a muuuuchas otras situaciones: estudios (dudas entre dos carreras, te decides por una, y entonces te ofrecen una beca si estudias la otra), trabajo (pasas meses o años intentando entrar a una empresa/trabajo, pero pasado un tiempo te ofrecen otro puesto diferente y, cuando lo coges, entonces te ofrecen un puesto en el primer sitio). Al final uno decide, qué remedio, e intenta tomar la mejor decisión, eso sí: maldiciendo mucho y muy fuerte. Es como si fuésemos los Sims de alguien muy cabrón. No sé. Parece que alguien espera a que hayamos tomado una decisión para ponernos otra tentación delante. Ya, ya sé que es estúpido, ¡pero qué rabia da!




Y vosotrxs, ¿creéis en esta teoría o son neuras mías (y de unos cuantos más)?

¡Un beso!


lunes, 30 de marzo de 2015

Parece fácil.

En días como hoy, si tuviese que pedir un deseo, pediría ser extrovertida. Bueno no, hay muchas otras cosas antes que eso, pero hay días en los que echo en falta tener esa cualidad. 

Por ser extrovertido/a me refiero a la capacidad que tienen ciertas personas -la mayoría de los que yo conozco, a decir verdad- de adaptarse a cualquier ambiente y relacionarse de una manera cordial con casi cualquier persona, incluso con aquellas que tienen intereses e inquietudes muy distintos de ellos. No sé, es el aficionado al motor que cae en un grupo de apasionados del cine de autor y sabe mantener el tipo, que es capaz de entrar en la conversación y mantener la sonrisa y que incluso puede que se convierta en el centro de atención echándole desparpajo. O al especialista en literatura medieval que es capaz de meterse en la dinámica de un grupo que habla sobre zapatos de tacón, por poner un ejemplo. O a la chica joven que, aunque no aguanta a un grupo de mujeres, acaba cayéndoles bien a todas. Supongo que eso tendrá algo que ver con la inteligencia social. O todo que ver.

Pues yo, a este respecto, soy un poco inepta. No es que no me guste estar con la gente o conversar o todas esas cosas, al contrario: adoro cuando estás hablando con alguien y pierdes la noción del tiempo. Pero ocurre que no tengo esa habilidad. Que me cuesta encontrar un tema de conversación cuando no comparto intereses con la otra persona o cuando no me siento cómoda, cosa que me suele pasar bastante. No sé, diría que tengo un poco de fobia social (sin el componente médico). 



A veces la gente cree que yo -y otras personas como yo- somos antipáticos, bordes, pasotas,... Y nada de eso. Yo, dentro de lo que puedo, intento ser muy amable. Pero me resulta difícil desenvolverme bien en esas situaciones y aparezco, casi indefectiblemente, como un bicho raro. Y lo que quiero decir es que es difícil, para mí lo es. Y es muy frustrante, porque cuando ves al resto de personas hacerlo parece tan fácil...

Es un poco un estigma, porque no es lo normal. Lo normal es que la gente se relacione sin problemas, tenga multitud de conocidos, no se sienta incómoda cuando se encuentra con ellos por la calle, etc. etc. Y desde muchos lugares se contribuye a ese estigma. 



En los últimos días, a raíz de la tragedia aérea que todos conocemos, hemos tenido otro ejemplo. Cuando se empezó a señalar al copiloto como responsable de la misma, lo primero que se dijo de él es que era un tipo introvertido, que disfrutaba de pasar tiempo solo y que se guardaba sus problemas, y que esas cualidades no son apropiadas para un piloto de avión. Yo pensé: "Menos mal que mi aspiración no es ser piloto de avión". Porque esa descripción podría ser la mía. 


No es la primera vez que escucho algo así. De tanto en tanto, cuando hay alguna tragedia de este estilo, algún atentado, algún tiroteo, pueden ocurrir dos cosas. La primera, que se hable del perpetrador como alguien tímido e introvertido, como si eso justificase todo, como si esa fuese la razón de que hubiese hecho cualquier burrada. Podemos aderezar esta cualidad  con cosas como que era adicto a los videojuegos (a ver qué entendemos por adicto) o que le gustaba el heavy metal. O puede pasar lo contrario, que se hable del responsable como una persona extrovertida, con mucha vida social y demás, y que todos se echen las manos a la cabeza sin entender nada. Es decir: si lo hace un tímido es de esperar, pero si lo hace una persona extrovertida, no hay quien se lo explique. Muy bien. 

Pues nada, este post no tiene otro objetivo que advertiros de que, en virtud a mi  introversión, no soy de fiar. Además, aunque no me gustan los videojuegos, sí el heavy. Y los cómics. Nada, para que lo tengáis en cuenta. 



sábado, 28 de marzo de 2015

Libro: Tranvía a la Malvarrosa, de Manuel Vicent.


Otro libro que tenía pendiente desde hace tiempo, cuando supe de su existencia. Todo llega, se ve.

¿De qué va el libro?

Manuel es un joven de Vilavella, un pueblo pequeño de la provincia de Castellón, que marcha a Valencia a estudiar Derecho. Y Tranvía a la Malvarrosa es la historia de su viaje. No del viaje de Vilavella a Valencia, sino del que conduce a la madurez.

Hablando del libro...

Nos situamos. España de los 50, más concretamente el Levante español. La trama transcurre entre Castellón y Valencia, y varios pueblos que hay en medio, entre ellos Vilavella, el pueblo del protagonista (y del escritor). La época es importante, porque creo que Manuel Vicent nos mete en ella con una gran maestría. En esta obra se mezclan la moral opresora del franquismo con los burdeles, el cuello vuelto con las vedettes. Se muestran las calles de una Valencia en la que se alternan cines con salas de variedades, burgueses, curas, militares y huertanos. 

Se pinta también una Valencia negra, un tanto sórdida. No solo por los burdeles, ni por las prostitutas que se ofrecían en los alrededores del Mercado Central (y se ofrecen), ni por los chanchullos de poder que había (y sigue habiendo), sino negra en el sentido de criminal. Manuel pasea por las calles señalándonos que en esta droguería, la envenenadora compraba el matarratas. O que en tal cine se encontró la cabeza descuartizada de un hombre. O que tal huertano, un hombre que no debía de estar en todas sus facultades, hizo esto y aquello. O nos habla de lo grande que era Gracia Imperio para decirnos después que falleció en extrañas circunstancias (su muerte, por cierto, no se ha acabado de esclarecer), dejando caer una maldición sobre aquel piso de la calle Cuenca (entonces, ahora Tres Forques).  Y la verdad, mola. No tenía yo idea de que Valencia tenía esa historia negra, aunque sí sabía algunas cosas. Y lo que se dejará sin contar el libro... :P

Dentro de ese escenario, claro, pasan cosas. Y normalmente le pasan a Manuel, nuestro protagonista, que es también el narrador del libro que, a su vez, me atrevería a decir que tiene bastante de autobiografía o que está muy aderezado con datos autobiográficos. Manuel empieza siendo un capillitas. Iba para cura, aunque la cosa se torció, pero el amor por la Santa Virgen y la recta moral católica calaron bien hondo en él. Sin embargo poco a poco vamos viendo cómo se impregna del ambiente de la ciudad (aunque Valencia, en aquel tiempo, tenía un aire bastante, bastante, rural, por lo que se ve en la novela al menos) y se libera de los dictados familiares. Empieza a elegir, a relacionarse con intelectuales, a leer filosofía (eso nunca es bueno, así se echan los jóvenes a perder), a asistir a tertulias con los grandes sabios, ... Y Manuel cambia. Y casi pasa sin darse uno cuenta, o al menos he tenido esa sensación. 

He de advertir, eso sí, que esta novela no es un viaje realmente. Los viajes tienen salida y llegada. Uno va de un sitio a otro. No, este libro es un paseo: uno camina por mero placer pero sin ir a ninguna parte. Así que no esperéis una novela tradicional, con un final cerrado, porque no lo vais a encontrar. Creo que lo del paseo es una buena metáfora, porque además Manuel se pasa buena parte de la novela paseando y enseñándonos Valencia. Los cines, los teatros, las calles, las plazas, los tranvías con jardinera, la estación de Pont de Fusta, el balneario de Las Arenas, los puentes, el City Bar,... Para mí, que he vivido allí, ha sido una experiencia maravillosa recorrer las calles con este libro. De hecho, cuando vaya a Valencia creo que tengo que hacer alguna de las rutas que hace Manuel :) Y hay algo que me ha desconcertado, y es que la Valencia actual, la que yo conozco, llega a reconocerse en la que narra Manuel Vicent. Y no hablo solo de los monumentos. 

Dos notas breves más. Una, dedicada al estilo. Me ha gustado mucho el estilo de Manuel Vicent. Es bastante ágil y corrido, casi como un monólogo interno. Y segunda, a la música. Este libro tiene música. De hecho, cuando el narrador-protagonista dice que Nat King Cole canta Ansiedad, no lo dice y ya. Dice que canta Ansiedad de tenerte en mis brazos suspirando palabras de amor. Es decir, que el texto canta. Y eso me ha gustado mucho :)

En cualquier caso, me ha parecido un buen libro, aunque este componente emocional no va a tenerlo todo el mundo, está claro. 

En resumen, este libro...

4/5
Os dejo un trocito...

Me había equipado ese año para Fallas con una chaqueta azul con botones de ancla plateados y unos pantalones de franela gris perla y además había tenido un pase para el So Nelo, una lujosa carpa que montaban junto al convento de Jerusalem llena de lámparas de mil lágrimas y tapices, y allí había llevado a bailar a alguna amiga de Filosofía y Letras o a cualquier colegiala y, mientras Renato Carossone cantaba Maruzzela, Maruzzela, sin duda, yo le había hablado de la Rebelión de las masas de Ortega y Gasset y ella me había puesto el codo en el esternón para que no me acercara.

¡Alma de cántaro! Ya somos dos los que atestiguamos que la filosofía no sirve para ligar. O a lo mejor es que Manuel y yo somos igual de torpes, porque hay quien dice que sí, que liga mucho hablando de filosofía. En fin... :P


Anoche, al acabar este libro -me quedaban muy poquitas páginas- empecé El guardián invisible, de Dolores Redondo, primer título de la trilogía del Baztán. A ver si así cumplo con el punto del reto que dice que hay que leer una trilogía. Aunque después de ponerme me he encontrado un montón de reseñas regulares/negativas sobre el libro. ¡Ya veremos!

viernes, 27 de marzo de 2015

Reto (VIII): Mañana.

Vamos con otro relatillo. Espero que no os estéis cansando demasiado, porque la verdad es que, entre que no tengo demasiado tiempo, y no se me ocurre qué escribir... Recurro a vuestros retos por escribir algo aquí, que si no por aquí pasarían plantas rodadoras del Oeste, :P.

Hoy he elegido la canción de Fran. Bueno, más bien me ha elegido ella. He puesto las que faltaban, y cuando ha sonado esa he visto la escena. No creo que sea capaz de describirla como yo la he visto, como si fuera una película. Pero voy a intentarlo.

Espero que te guste, Fran.

***

Música para leer.



Aprovecha que no hay nadie en casa para mirarse al espejo. Se cuela en el cuarto de sus padres y abre el armario. Contempla a ese extraño que tanto se parece a él. Se pone de lado y el reflejo lo imita. Tuerce la boca en una mueca de disgusto. No acaba de verse. Esa chaqueta de béisbol le hace parecer un niño pijo de película americana. Intenta arreglarlo. Se sube las mangas. Vuelve a bajarlas. Se desabotona la chaqueta. Se saca la camiseta del pantalón. Se quita ambas, chaqueta y camiseta. Busca una camiseta de Iron Maiden y vuelve a ponerse la chaqueta encima. Nada, que no hay manera. Se quita de nuevo la chaqueta y la esconde bajo la cama. De camino hacia la puerta de la calle coge su chupa de cuero sintético del perchero, la lanza al vuelo y se la enfunda mientras cae. Antes de salir se cuelga su mochila de un solo hombro, intentando no engancharse con ninguno de los imperdibles que la adornan, y se mete las manos en los bolsillos. Sacude la cabeza como si hubiese fracasado.

Se ha levantado una hora antes para maquillarse. Ahora se mira en el pequeño espejo de su cuarto de perfil, de frente y de perfil de nuevo. Niega frente a su reflejo, pero lo intenta. Se pone las gafas y vuelve a mirarse. Sondea la imagen que aparece ante ella pero parece no encontrar lo que busca. Finalmente agarra un paquete de toallitas húmedas y, tras quitarse las gafas y depositarlas con sumo cuidado sobre el escritorio,  gasta una tras otra en borrarse el maquillaje de los párpados. La sombra negra se resiste a desaparecer del todo y al final acaba con la piel irritada y los ojos rojos. A pesar del esfuerzo ha quedado una fina línea oscura entre sus pestañas. Entorna los párpados para verse de nuevo y decide que no merece la pena insistir más. Espera que nadie en casa hable de esa fina línea. Igual de fina que el dique que contiene su llanto. Para sentirse mejor se promete que mañana volverá a intentarlo con una sombra un poco más clara. O quizás empezará por algo más sencillo, como el pintalabios.  Respira hondo y fuerza la sonrisa. Se coloca la diadema para apartarse el pelo de la cara y vuelve a ponerse las gafas. Antes de salir de casa besa a su madre en la mejilla y le da las gracias por el almuerzo que ha puesto en su mochila de corazones. Nada más pisar la calle se muerde el labio y se dice que aquello no es una derrota. Pero el hecho es que ha dejado de sonreír.

Él está apoyado en una de las columnas que flanquean la puerta del instituto. Sujeta un cigarrillo apagado entre los labios y se esfuerza en poner gesto de tipo duro, como Clint Eastwood. No lo sabe, pero está poniendo caras raras. Deja de intentarlo cuando ve que ella se acerca, con su mochila de corazones, como cada mañana. Baja la vista. "No la mires", se dice. 

Ha sido capaz de distinguir su silueta oscura desde las rejas del instituto. Incluso ha podido darse cuenta de que entrecerraba los ojos e intentaba torcer la boca para aparentar dureza. ¡Vaya! Acaba de encontrar su sonrisa de nuevo. Acelera el paso. No quiere estar a su lado más tiempo del necesario o la gravedad la arrastraría hacia él. Pero el universo es un niño caprichoso y bromista y, al llegar a su altura, ella pisa el cordón de una de sus zapatillas de tenis blancas y tropieza. No le queda más remedio que agacharse y atárselo con cuidado. Antes de levantarse se dice con firmeza que no mirará hacia la izquierda. Se lo repite tres veces. Pero se desobedece y sus ojos se encuentran.

Él la mira, aunque no ha sido capaz de venir con la chaqueta que creía que le gustaría. Ella lo observa con sus ojos enrojecidos por no atreverse a llevar el maquillaje que creía que llamaría su atención. Durante cuatro segundos detienen el mundo y después, sin decir nada, se prometen volver a intentarlo mañana.


jueves, 26 de marzo de 2015

Evaluar.

Evaluar no es poner notas, y creo que este es un tema que en nuestro sistema educativo no todos tienen claro. Si nos pusiesen una fila de personas delante y fuésemos dándoles números del 1 al 10 al azar, creo que nadie diría que los estamos evaluando. Si se nos diese un criterio, ya podríamos empezar a discutir. Por ejemplo, podríamos evaluar su apariencia física (¿en virtud a qué cánones?¿con qué criterios?) y poner una nota, pero difícilmente podríamos evaluar su dominio de idiomas así, solo por verlos.



La evaluación es un proceso complejo y que requiere de muchas evidencias (cuantas más, mejor). El mismo examen no puede evaluarse de la misma manera cuando una persona tiene fiebre, o cuando acaba de perder a su madre, o si sufre acoso escolar, o yo qué sé. Los profesores, al menos los buenos, tienen en cuenta muchos factores a la hora de evaluar, porque evalúan. Y los reflejan de una manera u otra en la nota. Además, parte de una buena evaluación es la retroalimentación: te he puesto un 4, por esto, por esto y por lo otro, pero puedes mejorarlo así, asá, y de la otra manera. Esa es la mejor manera de conseguir que la persona evaluada mejore. Una nota numérica dice poco de qué hay que hacer para mejorar.

Y aún así, aún mirando todas las variables que consideremos pertinentes, lo de evaluar me parece una putada, porque después de la evaluación viene la calificación (el numerito), y claro, estás diciendo algo del trabajo de esa persona (y ojo, que muchos se lo toman como si se dijese de la persona misma): tu trabajo es insuficiente (o tú eres insuficiente), esto no hay por dónde cogerlo (o no hay por dónde cogerte), el trabajo está muy bien (tú eres muy bueno), o es genial (y tú eres el rey del mambo). Y las dos partes no tienen por qué ir relacionadas. Pero la cuestión es que afecta, en mayor o menor medida, el numerito. Incluso puede abrirte o cerrarte la puerta de una profesión o unos estudios determinados, que no es moco de pavo. Y no sé si le pasará a más gente, pero a veces he tenido la sensación de no tener las evidencias suficientes. Y en ocasiones mis sospechas se han confirmado. Además, supongo que es imposible tener todas las evidencias.


Pero si la evaluación de este tipo, que implica contacto con la persona evaluada, conocimiento (más o menos) de sus circunstancias y demás, es un quebradero de cabeza, hay otro tipo de "evaluación" que me parece directamente una tortura, para el que evalúa y para el evaluado. Más que evaluación parece un juicio con una única prueba. Hablo, por ejemplo, de las oposiciones. O de las pruebas de selectividad (ahora PAEG). O de las reválidas que están por venir.

De hecho esta reflexión me surgió hace un par de semanas, cuando una chica me dijo que iba a presentarse a la PAEG con Historia de la Filosofía y no con Historia de España y me pidió consejo. Y yo, que ya tengo el lomo pelao en esto de que me examinen filósofos (y lo que aún me queda) le di unos cuantos consejos esperando que le fuesen de utilidad, aunque no es seguro.


No quiero que se me malinterprete. Entre los correctores de las PAEG hay muchos que están allí deseando hacerlo lo mejor posible, a pesar de que no saben si el que se ha examinado tenía fiebre justo ese día. De hecho, cuando hacía las prácticas una profesora me habló de la corrección de estas pruebas y me confesó que ella, que llevaba 30 años enseñando, había tenido que ir alguna que otra vez, pero que siempre había ido obligada, porque la presión de estar influyendo así en el futuro de un alumno por un examen puntual no era algo agradable. Pero también me habló de un par de compañeros que se "alistaban" todos los años para corregir lo que surgiese, lo mismo daba selectividad que oposiciones. Me comentó que iban a pillar, arrasando por la vida. Y, que me perdonen, pero viendo lo que vi de ellos (eran viles, mezquinos) me lo creo.

No sé qué puede empujar a una persona a comportarse así, a jugar con el futuro y las aspiraciones de otra por descargar su mala baba. Máxime cuando ellos también han estado en la misma situación. Y prefiero no pensar en que en tres meses me pueda tocar uno de esos, porque me tiemblan las rodillas. Y sí, en este tipo de procesos se trata de calificar y des-calificar a los diferentes aspirantes, te lo juegas todo en una sola apuesta, ya lo sabes. Pero si hacen eso por hobbie, no sé qué harán en sus clases, con sus alumnos. Bueno, en este caso concreto, sí lo sé. Y ya os digo que no tenían otro procedimiento.

 Bueno, qué, ¿alguna idea después del rollaco que os he metido? xD

miércoles, 25 de marzo de 2015

Libro: Tokio Blues (Norwegian Wood), de Haruki Murakami.



Supongo que después de este post Geralt puede respirar tranquilo. Ya veo que no soy la única que se pone histérica cuando recomienda un libro, por si acaso no gusta. En este caso, especialmente, la cosa estaba complicada. Yo le tenía echada la cruz a Murakami porque empecé 1Q84 y nada, que ni fu ni fa absoluto. Por suerte me decidí a darle una segunda oportunidad y a tomar la recomendación de Geralt. Vamos allá con la reseña.

¿De qué va el libro?

Toru Watanabe escucha la canción Norwegian Wood de Los Beatles y esa melodía le hace recordar sus años de juventud, en el Tokio de finales de los años 60. Y no digo nada más para no destripar. 

Hablando del libro...

Tengo que reconocer un pecado literario: empecé el libro convencida no, convencidísima, de que no me iba a gustar. Leí las primeras páginas con desinterés y un poco confusa, desubicada, no conseguí situarme. Por suerte, antes de dejar de leer el primer día, el libro consiguió captar mi atención, suscitar cierta curiosidad, en definitiva: que me preguntase qué iba a pasar después. Como era más de lo que consiguió 1Q84 después de 100 páginas, decidí seguir leyendo. El siguiente día fue más de lo mismo. Y el tercero. Pero el cuarto ya no. Alrededor de la página 100 empecé a meterme en la historia, empecé a disfrutar mucho con el estilo, con las situaciones, con los diálogos, con los personajes,... Me costó un poco, no digo que no. Y supongo que también tiene que ver con la sensibilidad estética. Murakami no deja de ser un autor japonés, por mucha cultura popular occidental que haya en sus novelas y todo lo demás, y en algo se tiene que notar. Yo no he podido sacudirme la sensación de estar leyendo algo muy exótico y chocante, la verdad.

Pero una vez una se acostumbra a eso y lo supera un poco, disfruta. Al menos yo he disfrutado. Me ha gustado muchísimo, muchísimo, la construcción de los personajes. Me ha dado la sensación de algunos de ellos estaban bastante contenidos, pero que su interior bullía en actividad, deseos, miedos y sentimientos. Me ha pasado con Watanabe, con Naoko y con Midori. Y creo que eso es extraordinariamente difícil. ¿Cómo consigues que de lo que un personaje dice o de cómo actúa se deduzca todo eso? No lo sé. O a lo mejor es una sensación subjetiva, que podría ser. 

He dicho que he tenido la sensación de estar leyendo algo exótico y chocante durante toda la novela. Creo que el mérito de eso es de la forma de narrar de Murakami. Ya sabéis que yo no soy filóloga ni nada por el estilo y que estas reseñas son mi opinión expresada un poco de aquella manera. Pues bien, esta manera de contar la historia me ha parecido que alterna un realismo muy crudo en ocasiones, que te sitúan a veces en un mundo decadente, frío, hostil, incómodo. Pero en esos escenarios Murakami enciende luciérnagas, pone puntos de luz que me han recordado un poco a la sensación que me ha causado leer alguna obra de realismo mágico. Ha sido curioso y muy interesante. 

Por si acaso alguien lo piensa, no se trata de una novela con una trama trepidante. Tiene un ritmo más bien pausado y la nostalgia lo impregna todo. No olvidemos que se trata de recuerdos. Pero engancha, no por lo movido de sus acontecimientos, sino por la implicación emocional que creo que consigue establecer entre lector y personajes (al menos con algunos de ellos). 

También es cierto que yo estaría nerviosa si recomendase esta novela, y que no la recomendaría a todo el mundo. No creo que sea un libro para todos los gustos. Con esto no quiero decir que haya que ser "muy listo" para que te guste, sino simplemente que sintonice con tu sensibilidad, nada más. 

Hasta aquí lo que puede leer todo el mundo. Ahora quiero compartir algunas reflexiones más concretas, que pueden contener SPOILERS. Así que si no quieres leerlos, puedes saltar al final de la reseña :)

Una de las cosas que más ha llamado mi atención de este libro es el tema del sexo. Me ha sorprendido por dos razones. La primera porque -a lo mejor yo estoy equivocada-, tenía a los japoneses por una cultura bastante pudorosa. En este libro los personajes hablan de sexo sin demasiados tapujos, casi de una manera casual. Bien es cierto que Midori llega a abochornar a Watanabe en alguna ocasión, pero por lo demás se trata el tema con bastante normalidad. Y la segunda porque el sexo aparece sin ningún tipo de revestimiento. Murakami describe el acto sexual como podría describir que pasa un perro por la calle o que ha ido a comer a la cafetería de la universidad, como un acto más de la vida, como una cosa más que pasa. No sé, me ha resultado curioso. 

Al respecto del sexo, también, me ha gustado la visión femenina del sexo. O mejor dicho, las visiones, porque hay experiencias muy distintas. Desde Naoko, cuya relación con el sexo es traumática lo mires por donde lo mires y que acaba desembocando en  rechazo, hasta Midori, tremendamente curiosa y abierta.  De hecho, Midori tiene que justificarse por su curiosidad sexual y aclarar que no es morbo, que no es lujuria, que es curiosidad. ¡Como si una mujer no pudiese tener deseo sexual! Creo que esto está muy bien perfilado. Las mujeres con interés por el sexo desconciertan bastante. A Midori su novio (un poco facha, como ella misma dice) la insulta cuando se interesa por esos temas y además restringe mucho su práctica sexual, vetando ciertas cosas. Watanabe se siente descolocado por ella. Supongo que lo más sencillo sería pensar que es una salida, y chimpón. Pero no. Midori no es una obsesa del sexo, o a mí no me lo parece. De hecho desprende una inocencia y un candor inusitados, en mi opinón. 

Siguiendo con Midori (creo que es mi personaje favorito, jaja) hay una reflexión también sobre el postureo intelectual/revolucionario que me ha encantado, cuando habla de que se apuntó a un club folk cuyo requisito era leer El Capital de Marx. Ella, que no entendía, preguntaba a los otros miembros. Y claro, de golpe y porrazo era contrarrevolucionaria, estúpida, no le preocupaba el bienestar de la gente, etc. Midori reprocha que si es la gente la que tiene que hacer la revolución, lo mínimo que pueden hacer esos seres tan inteligentes es explicarles las cosas, ¿no? Y tiene toda la puñetera razón. Critica, además, que todos leyesen los mismos libros y que hablasen de las mismas cosas siempre. Los llama hipócritas, y yo estoy de acuerdo. El mundo está lleno de gente así, que no entiende nada, pero habla raro para aparentar ser la gran cosa. Y si en realidad sí entienden pero prefieren ridiculizar a los que preguntan a enseñarles, lo que son es malas personas. Por cierto, luego estos revolucionarios bla-bla, cuando organizaron una reunión, obligaron a las mujeres a llevar los aperitivos. ¬¬ Pues eso. Postureo. 

Por último, y prometo que ya paro xD, me ha llamado la atención que las mujeres parecen estar atadas a situaciones infelices, que no son capaces de salir de ellas.Es como si estuviesen resignadas a ser desdichadas, como si no creyesen que hay algo mejor fuera de esa situación. No sé. 

En resumen, que me ha parecido una novela muy sugestiva para pensar sobre la juventud, el amor, el sexo, el suicidio y la pérdida, ... Y para disfrutarla.

Os dejo un trocito...

-¿Por qué estás ausente? Ya te lo he preguntado antes.
-Quizá porque aún me cuesta volver a la vida cotidiana -concedí tras reflexionar unos instantes-. Me da la impresión de que este noe s el mundo real. La gente, las escenas que me rodean no me parecen reales.
Midori, acodada sobre la barra, me miró de arriba abajo.
-Esto mismo dice una canción de Jim Morrison. 
-"People are strange when you are a stranger", o sea, "la gente es extraña cuando tú eres un extraño".

En resumen, esta novela...

4.5/5

Anoche, nada más acabar Tokio Blues, empecé Tranvía a la Malvarrosa, que la tengo pendiente desde hace tiempo. Y también me está gustando mucho el estilo del autor. Ya os contaré.

martes, 24 de marzo de 2015

Situación sentimental.

Hace unos días mandé unos mensajes a mis amigas de la universidad. No hablamos demasiado, no somos de esta gente que está todo el día pegada al teléfono móvil y cosas así, pero sé que pensamos las unas en las otras. De vez en cuando pasa algo que tenemos la necesidad de compartir, y entonces es cuando se lía la de San Quintín. Vamos, que la que ande despistada entra y se encuentra 200 mensajes sin leer en el WhatsApp. 

Empezamos hablando del tema en cuestión. Después derivamos a los problemas conocidos. Que si una, que se ha ido a vivir al extranjero, comparte el piso con completos dementes. Que si la otra tiene unos líos con los estudios que flipas. En fin, cosillas. Y al final la cosa acaba derivando a donde acaba derivando: a la situación sentimental. De mi grupo de amigas solo yo tengo pareja. Pero curiosamente no suelo ser yo la que pide novedades. La cuestión es que alguien las acaba pidiendo. Y una de ellas, la última vez, contestó con algo así como:

-Estoy tramitando la solicitud para convertirme en la loca de los gatos.

A lo que otra añadió:

-Yo ya soy la loca de los perros, así que...


domingo, 22 de marzo de 2015

Película: The imitation game.

Aviso: Hay spoilers.



Anoche vi -por fin- esta peli. Y pensar que antepuse Birdman... -.- Que oye, que muy bien, que muchísima gente habla de Birdman como la quintaesencia del cine, pero a mí... Meh total y absoluto. 

Sin embargo The imitation game... Eso es otro cantar. Vi hace algún tiempo, también, La teoría del todo. Lo cierto es que me gustó mucho la fotografía y algunos detalles, y bueno, la actuación de Eddie Redmayne, que merece entrar en los anales del cine, alucinante. Pero la película en sí la vi coja. Como si estuviese hecha a pegotes, no sé si me explico. Pero The imitation game es una película mucho más redonda, o al menos eso me ha parecido a mí. 

Por ejemplo, en su manejo del tiempo. En la historia se utilizan tres líneas temporales: la adolescencia de Alan Turing, el tiempo que pasa trabajando en descifrar Enigma (la máquina de encriptar que usaban los nazis), y lo que ocurre después de que un policía meta sus narices demasiado en los asuntos de Alan Turing, después de que alguien robe en su casa.  Me ha encantado cómo cohesionan esas tres narraciones, especialmente las dos últimas.


Las actuaciones también muy correctas. Destaca la de Benedict Cumberbatch, que creo es un muy digno Alan Turing, y eso que yo no soy muy de este actor (aunque creo que la culpa es del doblaje, porque esta la he visto en VOSE y me ha encantado). También Alex Lawther, el muchacho que interpreta al joven Turing está fenomenal. 

Pero como siempre, yo no soy experta en cine y a mí lo que me conmueve, aparte del conjunto, claro, es la historia. Y la historia de Alan Turing, tal como la cuentan en The imitation game, me ha llegado a la patata. Tenemos a un muchacho con muchas dificultades para adaptarse a la dinámica social. Es, para que nos entendamos, un poco Sheldon Cooper. Por tanto, es el blanco de las burlas de sus compañeros de instituto, algunas de ellas bastante pesadas. Para contrarrestar, tiene una mente privilegiada, pero eso en el instituto no suele ayudar. Para un amigo que hace, va y se muere. Y encima, en una sociedad como la de aquel tiempo (segundo cuarto del siglo XX), es homosexual. Qué fiesta, ¿eh?



El tema del acoso escolar y del rechazo que generan las personas que son incapaces de relacionarse como nosotros (y pongo el como nosotros un poco por cortesía, porque yo tampoco es que me relacione particularmente bien) da para hablar mucho. Pero el tema de la homosexualidad... Pfs. Yo conocía algunas cosas de Alan Turing. Que era un genio de las matemáticas, padre de la informática, que escribió cosas sugerentes para el campo de la Inteligencia Artificial, pero no mucho más. Y de su vida no sabía nada. Ni que era homosexual, ni que fue condenado por conducta indecorosa a someterse a un tratamiento hormonal ni que tras un tiempo de someterse a ese tratamiento se quitó la vida, cuando contaba con 41 años de edad. Y lo mismo me ocurre con el tema de la mujer. ¿Cuánto podríamos haber avanzado de no haber censurado a las personas por su sexo, por su orientación sexual, por su raza,...? ¿Qué descubrimientos podría haber hecho Turing?

En fin, que me gustó bastante. Es una película bien hecha, que cuenta una historia interesante y con un buen ritmo. Merece la pena echarle un ojo :)

¿La habéis visto? ¿Qué opináis?

viernes, 20 de marzo de 2015

Libro: El Capitán Alatriste, de Arturo y Carlota Pérez - Reverte.


A veces escojo mis lecturas gracias a las confluencias planterias y eso. Hace muchos años que me digo que tengo que echarle un ojo a la saga de Las aventuras del Capitán Alatriste. No en vano es ya uno de los personajes míticos de nuestra literatura. Pues nada, ni modo ni manera. Tuve durante años Limpieza de sangre en la estantería, pues lo gané en un concurso de escritura, y acabé regalándoselo a Jack. Por cierto: ¿quién da como premio de un concurso el SEGUNDO libro de una saga? ¬¬. Pero entre Alonso de Entrerríos (de El Ministerio del Tiempo) y la entrevista que hizo Pérez-Reverte el otro día en La Sexta Noche, como que me dio el siroco. Si es que yo voy por aires, qué le vamos a hacer. 

Es curioso que el mejor Alatriste de la tele/cine sea uno que no es ni siquiera Alatriste... xD

¿De qué va el libro?

Diego Alatriste "no era el hombre más honesto, ni el más piadoso, pero era un hombre valiente". Estas son las primeras palabras del libro en el que Íñigo Balboa, un joven al servicio de Alatriste, cuenta la historia de su señor, un veterano de los tercios de Flandes que sobrevive en el Madrid del siglo XVII alquilando su espada a aquellos que no tienen el valor suficiente para solucionar sus propios asuntos. En uno de estos servicios, Alatriste se verá envuelto en un entramado de intrigas propias de una corte decadente y corrupta y se ganará varios y poderosos enemigos.

Hablando del libro...

El Capitán Alatriste es una mezcla entre un libro de aventuras y una lección de historia (muy amena). Todo ello aderezado con el peculiar estilo de Pérez-Reverte y su amarga visión del mundo. Aunque se aprecia la erudición que hay detrás, no es para nada un libro pretencioso, aburrido o pesado. Al contrario, a mí me ha parecido que le faltaba algo, o quizá es que se me ha hecho muy corto. O a lo mejor que no quería que se acabase. 

La cuestión es que el libro te hace esperar más. Íñigo Balboa, que hace las veces de narrador, va adelantando acontecimientos, sembrando dudas, creando expectativas. Algunas de ellas se ven resueltas en este libro, otras no. Supongo que por eso, cuando la historia echa el cierre, uno no puede evitar preguntarse: ¿Ya?

Me ha gustado mucho el estilo y la manera de narrar, solemne a veces y otras casual hasta decir basta (imposible no esbozar una sonrisa), y también me ha encantado encontrarme con personajes como Lope de Vega, Quevedo o Velázquez. Que oye, tanto arte, tanto prestigio, y a veces se nos olvida que eran personas, que vivieron en un determinado tiempo y que se codearon con determinada gente. Está bien verlos en carne y hueso, o en tinta y papel, en este caso. 

Y luego está la historia principal. Un hombre que, para ganarse el pan, tiene que poner su espada al servicio de causas, en el mejor de los casos, cuestionables, y que se ve envuelto en una intriga política en la que, ni los que han montado el sarao están de acuerdo y unos andan a espaldas de otros. Vamos, que hubiese hecho lo que hubiese hecho el buen capitán, la habría cagado. Desde luego, qué dura es la vida.

Me han encantado también los personajes. Íñigo, por supuesto. Alatriste, al que a pesar de todo se le ve coherente, honesto y de buen corazón. Quevedo, que afilaba de la misma manera los versos y la espada, y que con la pluma o el arma, tenía el mismo gusto por la pendencia. Pero yo me he enamorado, no lo he podido evitar, de un personaje muy secundario: Caridad la Lebrijana, una moza que fue prostituta y que ahora regenta una taberna, enamorada hasta las trancas de Alatriste y correspondida a medias y de aquella manera. Y me lo huelo, mirad que me lo huelo, que me va a tocar coger una puerta del Ministerio, irme al siglo XVII y darle un par de guantazos a Alatriste, por mamón. 

En fin, que me ha gustado mucho. Que seguramente siga leyendo otros títulos de la saga próximamente. Y que si os van los libros de aventuras y espadachines, casi seguro que os gusta.

Por cierto, Carlota es la hija de Pérez-Reverte, que también colaboró en el libro. Estaba en 8º de EGB. Anda que no tiene que molar llegar con el libro al colegio y enseñarlo... :P

Os dejo un trocito...

-No queda sino batirnos -añadió el poeta al cabo de unso instantes.
Había hablado pensativo, para sí mismo, ya con un ojo nadando en vino y el otro ahogado. Aún con la mano en su brazo, inclinado sobre la mesa, Alatriste sonrió con afectuosa tristeza.
-¿Batirnos contra quién, Don Francisco?
Tenía el gesto ausente, cual si de antemano no esperase respuesta. El otro alzó un deod en el aire. Sus anteojos le habían resbalado de la nariz y colgaban al extremo del cordón, dos dedos encima de la jarra.
-Contra la estupidez, la maldad, la superstición, la envidia y la ignorancia -dijo lentametne, y al hacerlo parecía mirar su reflejo en la superficie del vino-. Que es como decir contra España, y contra todo. 


En resumen, este libro...

4.5/5

No puedo acabar esta reseña sin poner una canción que he escuchado cien mil veces, pero que no me he dado cuenta hasta ahora de que era un homenaje a Alatriste. Allá va. 


Ahora estoy leyendo Tokio Blues, de Haruki Murakami. Es la segunda oportunidad que doy a este autor, después de dejar 1Q84 por pura indiferencia. A ver si con este hay más suerte. Agradezco a Geralt la recomendación, pobre, que lo puse entre la espada y la pared, literariamente hablando :P

Ya os contaré, como siempre. 

¡Besos!

miércoles, 18 de marzo de 2015

Reto (VII): Aprisa.

Venga, séptimo relato del reto. Aria B., va por ti.


***
Música para leer:



Llega tarde a la reunión. "Y eso que he venido en moto", se dice. Sabía que ahora su impecable traje apestaría a gasolina, pero ese era el precio de la movilidad urbana. Y, para qué engañarnos, le encanta ese olor y el desconcierto que despierta en sus clientes. Bajo la gomina y a pesar de la ropa hecha a medida hay un rebelde, o eso quiere creer él:  nunca se ha atrevido a comprobarlo. 

El aparcamiento de motos está a 10 minutos a pie de su oficina, situada en la calle más exclusiva de la ciudad. A izquierda y derecha se reparten tiendas en las que la mayor parte de los habitantes no se atreven a entrar siquiera por miedo a ser echados a patadas. Él, en cambio, no es de esos. Ajusta el nudo de su corbata y sonríe, satisfecho consigo mismo y con su vida. 

Entonces algo golpea su mundo y este se agrieta como un cristal. Ella está sentada en la parada del autobús con las piernas cruzadas, no como se supone que deben hacerlo las señoritas, sino con el tobillo derecho apoyado en la rodilla izquierda. Sobre el soporte que ha formado con su cuerpo apoya un libro que, a ojo, debe de tener cerca de las 1000 páginas. Pasa a su lado. Parece un manual universitario, seguramente de una carrera de ingeniería. Involuntariamente se detiene a observarla.

Calza unas botas deportivas de color morado, y lleva puestos unos vaqueros descoloridos y una camiseta de manga corta que le cae hacia un lado, dejando al descubierto su hombro derecho. Sus labios rodean la parte trasera de un rotulador fluorescente y él no puede evitar demorarse en ellos. Sube con el dedo corazón de la mano izquierda las gafas, que se empeñan en deslizarse hasta la punta de su nariz una y otra vez. Y su pelo, rebelde, se escapa del moño descuidado que se ha hecho con un lápiz. Es como si ni ella misma pudiera gobernarse, como si todo su ser fuese un grito que invitase a la aventura. 

A pesar de todo ella ni lo ha mirado, no ha reparado en su presencia. No importa lo cara que sea su ropa, o su moto, o lo lujoso que sea el edificio en el que trabaja. Como no ha importado que ella se haya puesto lo primero que ha encontrado en el armario y haya salido de casa casi sin peinarse. No. Ella tiene algo similar a la atracción gravitatoria: inevitable. Y él... Él solo tiene dinero.

"Por poco tiempo", piensa mientras mira su reloj. Ya van quince minutos de retraso y aún quedan cinco más para llegar a la oficina. Sacude la cabeza, respiran hondo y aprieta el paso. 

-Perdona, ¿tienes prisa o puedo invitarte a un café? 

***

Espero que te haya gustado, darling. Y poco a poco iré haciendo el resto. ^^ Y gracias a todos por seguir pasando por aquí y leyendo mis neuras.


¡Besos!

martes, 17 de marzo de 2015

Batallaré contigo.

No puedo prometerte demasiado. Solo que batallaré contigo.
Con eso no quiero decir que no me den miedo los monstruos, que no vaya a doler o que no vaya a morirme.
No.
Solo que batallaré contigo.
Permaneceré a tu lado en la lucha, empuñando el acero, espalda contra espalda, el corazón en la garganta.
Si puedo sostenerme, intentaré levantarte.
Si me quedan fuerzas, pararé también tus golpes.
Pero no te hablo de victoria
-sucede que no soy invencible-
ni de finales felices.
Solo digo, y sé que no es mucho,
que mientras pueda pelear,
batallaré contigo.
¿Crees que será suficiente?




lunes, 16 de marzo de 2015

Reto (VI): Still loving you.

Acabados los cinco relatos que me comprometí a hacer, he decidido seguir con los demás, pero me voy a tomar la libertad de ir escribiéndolos en el orden que se me vayan ocurriendo, y no en el que se propusieron. Hace algunos días que rueda por mi cabeza una historia -o la idea de una historia, más bien- que lleva por banda sonora el Still loving you de Scorpions que sugirió Rosa. Así que vamos allá.

***

Música para leer.




Ahí está. La puerta oscila tras ella después del enérgico golpe con el que la ha empujado para entrar. Espera a que los ojos de todos los parroquianos estén fijos en ella para lanzar al viento, como cada sábado desde hace veinte años, su grito de guerra:

-¡Larga vida al rock, cabrones!

Su nombre es Cecilia, aunque todos en la zona la conocen como "la heavy", para su orgullo. Diego aún recuerda la primera vez que la vio entrar en su bar, desde detras de esa misma barra, llena de energía y juventud, apenas una niña. Debía de tener unos diecisiete años, no más. Por mucho que intentara tapar su juventud con maquillaje no había manera: destillaba ingenuidad por cada uno de sus poros. Aquel día no fue difícil que todos volviesen la vista hacia ella. En aquel rock-bar se veía una mujer de uvas a peras, o a veces incluso de uvas a uvas. A pesar de todo, a Diego le sorprendió la velocidad con la que sus parroquianos, mucho mayores que la muchacha, se lanzaron a invitarla a copas. Él no le pidió el carnet. Eran otros tiempos y no creía que fuese su responsabilidad ejercer de padre de nadie. 

Aquellas noches se sucedieron un tiempo hasta que uno de ellos se decidió a dar un paso más. ¿Habría cumplido ya los dieciocho? Diego no lo sabía. Uno de los habituales salió con ella del local, visiblemente borracha. Diez minutos después ella entró con el botón de los pantalones saltado y la camiseta rota, a todas luces inconsciente de su estado, quizá incluso de lo que acababa de pasar. Por primera vez en su vida Diego deseó intervenir. Salió a buscar al sinvergüenza en cuestión y no lo encontró: la había dejado allí, tirada, después de follársela contra alguna pared. No importó, no tenía prisa y sí una buena memoria. Pasaron varias semanas hasta que se dignó a aparecer por el bar. Se marchó de él con un ojo morado, dos dientes menos y la prohibición de volver.

Aquello, sin embargo, no marcó la diferencia. Unos y otros siguieron cortejando a Cecilia torpemente para pasar con ella unos cuantos minutos en algún rincón o asiento trasero. Hubo alguno de ellos que repitió durante un tiempo, pero cuando sus compadres le insinuaban que "la heavy" lo había cazado, el susodicho respondía siempre, con cara de asco:

-¿Qué dices, tío? ¿Con esa? ¡Si está más abierta que las puertas del Pryca! -o utilizando alguna sentencia similar.

Ese tipo de afirmaciones, indefectiblemente, se saldaban con moratón en el ojo, algún diente menos y la prohibición de volver a pisar su bar. Huelga decir que Diego perdió, durante aquellos años, muchos clientes.

Ahora las cosas habían cambiado. Cecilia seguía yendo al bar, revoloteaba de mesa en mesa, gastando bromas a los clientes -ahora más jóvenes que ella-, contando anécdotas de los conciertos a los que había asistido o enseñando su colección de púas. Pero sin tardar demasiado acababa sentada en la barra, charlando con Diego. Ella tenía ahora treinta y tantos, aunque parecía mayor. Él ya había pasado los cincuenta, pero parecía más joven. "Quizá sea ahora el momento", se decía mientras la miraba. Pero nunca intentaba nada. 

Esa noche, como cada una desde que ningún parroquiano invitaba ya a Cecilia, ella pasaría la noche sentada en la barra, charlando con él, e incluso echándole una mano. Y como cada noche, a la hora del cierre, él le diría:

-Venga, que te invito a la última.

Entonces ella preguntaría:

-¿Copa?

-Y canción -respondería él.

Y, como tantas noches -¿Cuántas? Había perdido la cuenta- le serviría un whisky con cola mientras ponía el último tema, solo para ella, esperando que captase la indirecta y fijaba su mirada en ella con intensidad durante el final de la canción, haciendo suyas las palabras sin decir nada.

-Still loving you...

***

 Espero que a Rosa le haya gustado. A mí me ha traído bastantes recuerdos :)

^^ 


domingo, 15 de marzo de 2015

Libro: Doctor Sueño (El Resplandor II), de Stephen King.

Aviso: puede haber spoilers. No de elementos centrales de la trama, pero sí de la caracterización de los personajes y la ambientación.


Y con esto acabo la lectura de mis regalos de Reyes. ¡Ya no tengo libros pendientes! :P No quise leerlo a continuación de El Resplandor para no saturarme. Creo que hice bien, aunque este libro es muy distinto a aquel en estilo, en trama, ... Vamos a ver la ficha.

¿De qué va el libro?

Danny, ahora Dan, Torrance ha crecido, y al parecer no ha aprendido nada de su padre. O lo ha aprendido demasiado bien: se ha convertido en un adulto alcohólico sin residencia fija que, durante la lectura, toca fondo. Doctor Sueño narra la salida de Dan del agujero en el que él mismo se ha metido y cómo se las ingenia ayudar a Abra, una muchachita con el resplandor más fuerte que Dan se ha encontrado, y cuya vida peligra: el Nudo Verdadero ha posado sus ojos en ella. 

Hablando del libro...

ME HA ENCANTADO. Así, con sus mayúsculas y todo. No sé si es una impresión mía o tiene base real, pero me ha parecido un libro bastante diferente al resto de los que he leído de Stephen King. De hecho le comenté a Jack que me parecía un libro de Neil Gaiman. Ya digo, puede ser una tontería mía, pero es la impresión que me ha dado, tanto por el personaje de Abra como por "los malos" de la historia. ¿Alguien ha tenido la misma sensación?

Entrando ya en la historia, me ha parecido todo un acierto. Es curioso ver que aquel niño monísimo que escapó del hotel Overlook se ha convertido en un alcohólico violento y sin escrúpulos. Aunque en el libro se narra el momento en el que Dan toca fondo y no se regodea demasiado en su miseria, da una idea bastante clara de la vida que ha llevado y deja claro eso de que no se escarmienta en cabeza ajena.

Por azares del destino o porque el cosmos se autorregula, Dan acaba dando con una ciudad y con una persona que suponen su salida del pozo. Encuentra un primer empleo en un parque, empieza a asistir a Alcohólicos Anónimos, y recala, por fin, en una residencia de cuidados paliativos en la que puede usar su talento: ayudar a la gente a morir en paz. Entonces es cuando aparece Abra, una niña con un poder enorme. De hecho, siendo un bebé, fue capaz de prever el 11S. Abra contacta con Dan, primero a través de una pizarra, después en persona, pues ella quiere resolver el asesinato de otro niño y hacer pagar a los culpables. La cuestión es que, en esa búsqueda, ella misma acaba convirtiéndose en objetivo de ellos. ¿Y quiénes son ellos?

El Nudo Verdadero, unos malos que me han gustado muchísimo, porque pueden estar a tu lado y no darte cuenta. Son unos seres de apariencia humana -pero no humanos- que consumen el "vapor" que desprenden los niños que tienen el resplandor cuando mueren, preferiblemente torturados. Tienen dinero, poder, contactos,... pero viajan en caravanas. Recorren América de punta a punta por carretera, recalando en campings y estaciones de servicio. Son ancianos con gorras, gente de mediana edad, jóvenes mochileros,... Gente que estamos tan acostumbrados a ver que jamás levantarían una sospecha, por ligera que fuese. Eso sí: no te los comas de vista.

No sé, se trata de una historia muy entretenida -y adictiva- que me ha gustado, y con diferencia, más que El Resplandor. Dan es un personaje con bastante carisma, con luces y sombras. Y Abra me ha encantado, porque dista mucho de ser una niña adorable y nada más. ¡Ah! Y hay sorpresas que lo relacionan todo con El Resplandor, así que si os gustó, no os podéis perder Doctor Sueño.

Os lo recomiendo mucho. Muuuuucho. Incluso si no habéis leído El Resplandor (aunque sería aconsejable).

PD: Soy fan de que Stephen King se meta con El Resplandor, la peli. XDDD (en los agradecimientos).

Os dejo un trocito...

La niña  le explicó la trampa que había tendido y lo bien que había funcionado. Dan escuchó con asombro, admiración y... aquella creciente sensación de inquietud. La confianza que ella depositaba en sus habilidades le preocupaba. Eral a confianza propia de los niños, pero las personas a las que se enfrentaban no eran niños.

-Solo te dije que pusieras una alarma -dijo él cuando Abra terminó.
-Pero esto fue mejor. No sé si hubiera podido atacarla sin fingir que era Daenerys, la de los libros de Juego de tronos, pero creo que sí. Porque ella mató al chico del béisbol y a muchos otros. Y porque además...

Por primera vez su sonrisa flaqueó un poco. Mientras relataba lo sucedido, Dan había vislumbrado cómo sería ella a los dieciocho años. Ahora vio cómo había sido a los nueve.

-Porque además ¿qué?
-No es humana, ninguno de ellos lo es. Puede que lo fueran antes, pero ya no. -Enderezó los hombros y se echó el pelo hacia atrás-. Pero yo soy más fuerte, y ella lo sabe.

Me han encantado esas referencias a la cultura popular, o a acontecimientos históricos y demás. Te hacen meterte aún más en el libro :)

En resumen, este libro...

5/5
A continuación voy a leer El Capitán Alatriste. Lo tengo pendiente desde que era una adolescente, pero vaya, me ha dado la locura ya. Será por la entrevista de anoche a Pérez-Reverte, será por Alonso de Entrerríos, ... Sea por lo que sea, le ha tocado. ¡Ya os contaré!

sábado, 14 de marzo de 2015

Dibujar letras.

Hubo una etapa de mi vida (entre los 12 y los 14 años) en los que me interesé bastante por las artes plásticas, básicamente el dibujo y la pintura. No sé cómo ocurrió, porque la ausencia de clases extraescolares de ese tipo era absoluta, y mis clases de plástica consistían en copiar láminas de Emilio Freixas. Visto así, tuvo que ser Emilio Freixas. Me esforzaba muchísimo en copiar los cisnes, los leones, los juguetes, los rostros, las flores... Quería que quedaran iguales, igualitos. No lo conseguía, evidentemente. Por lo menos no con las láminas naranjas. La vez que más me acerqué fue con un león. Me quedó un poco más chato que el de la lámina, pero el maestro me puso un nueve y medio. Creo que le enseñé el león a todo el mundo. :P

Después de eso llegó el instituto y odié la asignatura de Educación Plástica. La odié mucho. Coñe, ¡si hasta la suspendí! (Si, reinas moras y reyes de Oriente, aquí la empollona repelente ha suspendido alguna asignatura en alguna evaluación, pero soy tan especialita que han sido plástica y educación física -.-). Y después de eso no volví a acercarme al dibujo medio seriamente. ¿Podría haberlo hecho por mi cuenta? Pues sí, pero como no tenía ni idea de por dónde empezar, qué corregir, etc., pues no lo hice. 



Años después conocí a Jack, que estaba terminando la carrera de Bellas Artes, y lo obligué con malas artes y chantaje salvaje a que me enseñase a dibujar. El pobre lo intentó, no digo que no, pero yo... En fin, era toda falta de paciencia y no podía ser. Y eso que en aquel momento de mi vida era la persona más serena que te pudieses echar a la cara... 

Ahora, desde hace unos meses, me ha dado por ahí otra vez. Ahora, que ya veis, lo que no tengo es tiempo. Y ahora que estoy, en general, más alterada y alterable, es cuando ponerme a dibujar me relaja y me resulta placentero. Y será por eso, o por ciencia infusa (o arte infuso en este caso), las cosas me salen. Más o menos. 

Hace unos días vi un vídeo de "handlettering", es decir, dibujar letras, hablando en plata. Y me dio una envidia que no es ni medio normal... Esas láminas quedan preciosas en un marco, decorando un despacho, un dormitorio,... ¡Y las hace la gente a mano! 



Unos días después tuve un ataque de ansiedad. Bueno, no lo tuve, pero lo vi venir. Y como ya me voy conociendo, supe que tenía que centrar mi atención en algo, y no sé por qué, se me ocurrió ponerme a dibujar. Y a dibujar letras, así, porque sí. No tengo materiales de dibujo aquí, más allá de lápices de colores y lápices a secas. Suerte que tengo unos "rotring" de cuando iba al instituto. Y ya. Saqué el bloc de dibujo que me regaló Jack cuando le pedí que me enseñara a dibujar (en barbecho desde 2009) y empecé. Y tres días más tarde, acabé. No es que estuviese tres días pegada ahí, se entiende. Iba aprovechando ratos de descansos, momentos en los que quería descansar la mente, para ir trazando alguna letra. 

Este fue el resultado.


¿Qué hice mal? Prácticamente todo. Me lancé al vacío sin tener materiales adecuados (aunque eso es casi lo de menos), sin haber practicado nunca nada (la gente empieza por dibujar letras, alfabetos, adornos, antes de ponerse a hacer una composición), sin mirar un puñetero tutorial, sin tener a mano imágenes para copiar las letras. Nada. 

Además, tengo que corregir mi manía a apretar DEMASIADO el lápiz contra el papel. En la imagen escaneada no se aprecia, pero sí en el original. 

¿Qué hice bien? Pues lo único, hacer un borrador de la idea antes de ponerme con el boceto final. Ver dónde colocaba las cosas, ver dónde faltaba espacio, dónde sobraba, etc. Algo es algo.

¿Y el resultado? Pues podría estar mejor. Pero tampoco me parece que está tan mal para cómo lo hice :P No acabo de quedar contenta con la flecha que hace las veces del pronombre "I", pero bueno. En cambio, sí me gusta cómo ha quedado el cartel con la palabra "darling" y me encanta que se me ocurriera que el punto de la interrogación inferior fuese un avión de papel. 

No sé, miro mi flamante lámina y pienso: "Para la torpeza extrema que te gastas, no está nada mal". 



Y nada, creo que me he encontrado una afición. Así, como si tal cosa.

Y a vosotrxs, ¿os va el hand lettering? ¿Qué habéis querido hacer siempre, pero no habéis encontrado el momento? ¿Qué hacéis para relajaros? ^^

jueves, 12 de marzo de 2015

(Resultado del sorteo) + Que tres años no es nada...

... ¿o sí?

Bueno, depende de cómo se mire. Para un blog creo que es una edad digna, sobre todo en un mundo como el de Internet, en el que las cosas aparecen y desaparecen en un parpadeo. Sí, hay por ahí grandes eminencias en forma de blog, pero tres años tampoco están mal. Sobre todo si transcurren en buena compañía. Gracias. 

Como viene siendo costumbre, voy a hacer un recopilatorio de posts chu-chu-chulis que han aparecido aquí en este tercer añito de vida de Cuaderno de Retales. Por supuesto, se admiten propuestas en los comentarios, Podéis compartir ese post que os ha gustado especialmente, os ha emocionado, os ha hecho reír... :)

1. Una chica decente. Un relato inspirado en una canción de Ismael Serrano.

2. El viaje de Nela (parte I/parte II). Relato en dos partes cuyo final sin final pensé que me costaba la cabeza y el destierro xD

3. Soldado con tiza y libro. Un post en el día del docente, inspirado en Ro.

4. El último punto. Porque uno no acaba de escribir su primera novela todos los días. De hecho, para bien o para mal, lo hace una sola vez (con suerte).

5. Mañana.Va sobre eso, sobre mañana. :)

6. ¿Y si juego un poco más? Un post sobre lo más importante que aprendí de mi profe de filosofía de 2º de bachillerato. Y sobre disfrutar el momento.

7. Dos post sobre lo que aprendí en mis prácticas de animadora infantil y sobre los locos bajitos con los que compartí mi tiempo.

8. Mi padre. Un post sobre una de las personas más importantes de mi vida. Sobre mi héroe, vaya. 

9. Me va a faltar vida. Dedicado a otras personas con las que comparto parte de mi tiempo desde hace tres años (más o menos dependiendo del caso xD :P)

Y paro, porque si me pongo a rebuscar en el archivo, la lista se va a alargar mucho :P 


Si habéis llegado hasta aquí os merecéis saber quién es el ganador/a del relato personalizado / final de la historia de Nela (a elegir). El número del primer premio de la Lotería Nacional de hoy, día 12 de marzo de 2015 ha sido el



   por lo tanto, el ganador/a ha sido (no me lo puedo creer...):



(podéis comprobar los números y los comentarios aquí)

La razón por la que monté todo el tinglao este de la lotería fue que el año pasado le tocó a Jack el 1er premio, y parecía que lo había hecho a propósito xD Así que otorgué un 2º premio. Este año pensé en una manera en la que fuese imposible "amañarlo". Y le ha vuelto a tocar. ¡Es un suertudo este tío! XDDD

Bueno, pues él ha ganado el relato personalizado/final de la historia de Nela, a elegir. Pero como resulta que la menda lerenda había comprado dos tontás para aderezar el premio (de hecho Jack pagó la mitad, así que es patrocinador XD), y no las quiere, propongo que sea él quien elija a quién le cede esa parte del premio. Así que humanoides y humanoidas, estad atentos al comentario de Jack. Aquí la emoción siempre es doble XDDD

En fin, ¡hasta la próxima! A ver si en el siguiente sorteo Jack os deja pillar algo xD

¡Gracias por seguir ahí! :)


Pd: Jack me ha señalado que si hubiese salido el nº 6 habríamos tenido un problema. Se me olvidó darlo. -.- Dios, qué desastre, por favor XD No doy el 0 al principio, se me olvida dar el 6... XD Menos mal que no estoy rifando un Ferrari xD

miércoles, 11 de marzo de 2015

Reto (V): Arrivals / Departures

Quinta entrega de los relatos del reto. Es la última a la que me comprometí, pero lo cierto es que, aunque no siempre salen cosas que merezcan demasiado la pena, me lo estoy pasando bien. Como ejercicio de creatividad está muy bien y es bastante entretenido. Así que no os preocupéis. Supongo que iré haciendo el resto de propuestas poco a poco. 

Hoy le ha tocado el turno a la propuesta de Diminuta y mágica, que propuso la canción "Verte amanecer", de Dorian. Espero que le guste :)

***

Música para leer.



-Cuando yo me marché, tu abuela tuvo que sentarse encima de mi maleta para que pudiese cerrarla -dijo la madre de Nando-. Tú te has arreglado un poco mejor, parece.

¿Era así? Nando no lo sabía. Pero no le veía sentido a llenar su equipaje de cosas y más cosas. Llevaba lo imprescindible, nada más. No había en su maleta fotografías ni cachivaches cargados de recuerdos, nada de eso. 

Durante la comida bromeó con su familia acerca de lo que más le había costado dejar. 

-Los libros -dijo-. Y yo que decía que nadie podía obligarme a elegir solo uno de mis libros...

Esbozó media sonrisa durante un instante y rápidamente volvió a llevarse la cuchara a la boca. Tardaría en volver a comer las lentejas de su madre. Contuvo las lágrimas. Si alguien se dio cuenta de que estaba disimulando, no dio muestras de ello. Supuso que todos entendían lo que era aquello. No era el primero de la familia que emigraba al extranjero.
 


Nando se concentró en observar las nubes. No quería pensar en la despedida, en las lágrimas de todos, en los abrazos que concentraban todo lo que no se habían dicho antes. No. Prefería pensar en lo que le esperaba. Dificultades, sí, pero también un mundo de oportunidades. Y, si su corazón no le había fallado, la felicidad.

Se llamaba Nadia. Tenía 23 años. La había  conocido hacía uno en un foro de cine. Los padres de ella también se habían marchado, allá por 2012, pero no habían vuelto a España. Si lo hubiesen hecho, aquel viaje lo habría hecho en tren. O en autobús. O a lo mejor no habría tenido que viajar. Podría haber sido su vecina. O su compañera de trabajo.

Nando se sintió mal. Él estaba marchándose para estar con la que era, estaba seguro, la mujer de su vida. Sus padres, los padres de Nadia y otros muchos tuvieron que salir de España cuando tenían su edad por razones menos románticas. Aquellos tiempos habían quedado atrás, pero aún se sentían presentes. En secreto, los hijos de la "generación migrante", como ahora la llamaban, rezaban para no verse en esa situación.

En el aeropuerto, Nadia lo espera. Lo besa con ternura y después se funden en un abrazo que le quita todos los males. Es como si Nadia supiese por lo que estaba pasando. Y tal vez lo sabía. Al fin y al cabo él también había escuchado mil veces las historias de llegadas y despedidas. Pero esto era distinto. A él sí había alguien esperándolo.


***

Y eso es todo, amigos. :) 

Hoy, para variar, ¡abrazotes! ^^

martes, 10 de marzo de 2015

Serie: El Ministerio del Tiempo.

Subtítulo: por fin una serie de ciencia ficción española que no te da la arcada, parafraseando a Nelson. 


Sí, amigxs, mi alma de frikilondria of the world no se pudo resistir. He de reconocer, y así lo hago, que no las tenía todas conmigo. Que pensaba que toda la excitación alrededor de esta serie estaba sobredimensionada. Muy sobredimensionada. No en vano, lo primero que supe yo de ella es que era "un Doctor Who a la española". Ay. Que cuando cogemos algo y lo hacemos a la española es como cuando los guiris hacen paella...

Pero luego resulta que no. Que sí, que hay viajes por el tiempo, pero que el planteamiento es distinto. Vale, bien. De todas maneras no me fiaba yo mucho, no sé. Iba predispuesta al destripe de la serie, tengo que reconocerlo. Y ella y yo empezamos con mal pie: no pude verla porque el directo de RTVE no funcionaba el día del estreno. (Inserte aquí sonido de FAIL)

La vi al final de esa semana, con Jack. Y vaya, no pude hacer destripe, más allá de las teorizaciones raras sobre el tiempo (que son como una mecedora: no llevan a ninguna parte, pero te entretienen). El lunes siguiente vimos el segundo capítulo, también juntos, y nos reímos lo que no está escrito. Y ayer, con el tercer capítulo, creo que no planté el culo en la silla del todo hasta que no acabó. 

En resumen, veredicto: que mola mucho. Pero mucho. 



¿Y qué pasa? Pues que hay gente que se huele que vayan a hacerle un Firefly, es decir, que la cancelen antes de que pueda despegar basándose solo en los datos de audiencia. Y no seré yo quien intente tranquilizar al personal, que ya se sabe cómo somos.  Por eso, si desde este hueco puedo poner mi granito de arena para que alguien más la conozca y se anime a verla, pues allá voy.

¿Por qué ver El Ministerio del Tiempo?

-Por sus protagonistas. Alonso de Entrerríos, que como ya han dicho, es, sin ser Alatriste, el mejor Alatriste que se ha visto hasta ahora. Se trata de un personaje guerrero, un tanto bruto, cabezota,... Julián Martínez, un españolito de a pie, de 2015, eso sí, muy salao. Y Amelia Folch, una de las primeras mujeres universitarias, tan adelantada a su tiempo que ha acabado saliendo del siglo XIX para acabar en el XXI. Ella es cerebro, cultura, pensamiento,... Esa España que parece que no acaba de cuajar nunca, vaya. Y hacen un equipo bastante bueno.

-Por los personajes secundarios y ocasionales. Velázquez, haciendo retratos robot en el Ministerio y más cabreado que una mona por cómo han restaurado sus cuadros. Lope de Vega, gran dramaturgo y poeta, cosa que ya sabíamos, seductor de medio pelo, cosa que la serie nos enseña. El jefe del tinglao, Angustias, su secretaria, los secundarios de cada capítulo (que están escogidos con mucho mimo)... Es redonda la serie en ese sentido. Nota: Me ha molado MUCHO que introduzcan una lesbiana NORMAL. Bueno, muy normal no es, que la tía es de armas tomar, pero tratan el hecho de que le gusten las mujeres de una manera normal, natural, sin drama, sin aspavientos, ... Un comentario de vez en cuando, algún detalle, pero ningún escándalo. Soy fan. 


-Por el tono de la serie. Se trata de una serie que pretende recordarnos nuestra historia, darnos pequeñas píldoras de cultura, y en ese sentido cumple. Pero además es una serie muy entretenida, con bastante aventurilla y en la que encontramos pinceladas de drama y de humor que no chirrían. Los momentos humorísticos son muy buenos, pero fluyen, de tal manera que no te sacan de la historia. Creo que en ese sentido el capítulo 2 es MUY GRANDE. Pero mucho. Y Julián es un ídolo de masas. Punto. (Puede comprobarse aquí)

-Porque no tiene complejos. Si se tiene que reír de los tópicos, se ríe. Que si los españoles improvisamos, que si los funcionarios esto o lo otro, que si ponemos mala cara porque en el siglo XVIII no tienen tarjeta sanitaria,... Esas cosas y otras más. Y si hay que meter el dedo en alguna llaga histórica, pues se mete.

-Por la ambientación. Vestuario, escenarios, peinado,... ¡pero si tiene hasta su mugrecilla cuando toca! *_____*

Podría escribir más, supongo, pero tampoco es cuestión de liarme más de la cuenta. Así que os remito a la master of series, Lia, que también la ve.

Eso sí, yo también tengo peticiones. Queridas gentes de El Ministerio del Tiempo, si no os cortan las alas y os dejan volar, no hagáis lo que todas las series españolas de este género (y de otros), no cedáis al recurso fácil de convertiros en un culebrón, porfaplis. Y si en algún momento la cosa no da para más, dejadlo, buscad un cierre digno, no os convirtáis nunca en una parodia de vosotros mismos, que moláis mucho, leñe. 


Y a vosotros, humanos que estáis leyendo este tostón que os he metido, si os gusta la ciencia ficción, o la historia, o las intrigas y aventuras, dadle una oportunidad. Además, ¡en el capítulo 3 salen nazis! Y los nazis siempre dan calidad a una película o serie... :P

¡Besotes frikilondrios!
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