jueves, 30 de abril de 2015

No me reconozco.

Electoralmente hablando, quiero decir. Estamos a menos de un mes de las elecciones municipales y autonómicas, y yo tan pichi. Como si no pasara nada. 

Lo cierto es que estoy un poco desilusionada, la verdad. O harta, no sé. Desde que tengo 16 años he seguido la actualidad política con atención, pero de un tiempo a esta parte casi que prefiero pasar palabra al respecto. 

Parece contradictorio, en una época en la que a muchas personas ha comenzado a interesarles la política, o eso podría parecer, si nos fijamos en la programación de los canales de televisión más vistos. Las tertulias políticas ya no son algo marginal, sino un espacio en el que se invierte y que la gente sigue. Nos gustan las entrevistas a políticos, nos gusta que la gente les pregunte, nos gusta exponerlos a periodistas y tertulianos (no es lo mismo). Y nos gusta comentarlo en las redes sociales y hablar de ello en el trabajo. Los programas de actualidad se han convertido en un fenómeno.

Yo debería estar contenta. Hace tiempo que reclamo espacios de debate e información para los asuntos que nos conciernen a todos. Pero el 80% de las veces, cuando pongo estos programas, solo escucho ruido. Generalizo. Ya sé que no cometen todos los mismos defectos, ni en la misma medida, pero es complicado que una persona, cuando acaba de ver uno de estos programas, haya cambiado de opinión o haya ampliado sus miras. Parecen servir solo para reafirmarte en creencias previas: exacerbar odios y reforzar filias. Supongo que tiene que ver, en parte, con que todavía no hemos entendido lo que es un debate: que no se trata de gritar más, ni de atacar, sino de esgrimir argumentos. "Argu...¿quéeee?".

No sé, no veo la seriedad y la profundidad que estas cuestiones requieren, no las encuentro. Claro: vamos a golpe de audiencia y titular, ensalzamos las bondades de lo nuevo (simplemente por ser nuevo) y de actitud crítica, poco. Si me he arrimado a un determinado color (morado, naranja, rojo, azul, verde,...) todo lo que hagan los de mi equipo está bien. Sea lo que sea. No hemos acabado con el sectarismo político, hemos multiplicado las trincheras. Pues vaya solución.

Pero no, no. La culpa no es de los medios. O al menos no es lo peor del asunto. Lo peor es que los políticos -los nuevos, o algunos de ellos, más que los de siempre- se han aprendido bien la canción y saben bailarla. Desgranan programas poco a poco, marcando fechas, como si se tratara del estreno de una película. Hacen declaraciones que saben que estarán en los medios durante días. Ponen el acento sobre las medidas más polémicas, para que se hable de ellos, bien o mal, pero que se hable. Y todos apelan a valores muy loables pero que, agitados en sus manos como banderas, parecen perder todo el contenido.

Yo qué sé. Voy a acabar creyendo que esto no tiene arreglo. Lo nuestro, como ciudadanía, digo.

Espero que este desánimo se compense con un llamamiento a formar parte de alguna mesa de votación. Ya, ya sé que pensáis que estoy tarumba, pero yo quiero ver cómo es eso. :P



martes, 28 de abril de 2015

Cantarina

 Mujer intentando comprobar si sus datos están al corriente o van a congelarle las cuentas -por si no estuvieran ya bastante frías.

(pip pip pip pip pip pip pip pip pip)

(Tono)

-Hola, gracias por llamar a Atención al Cliente de Bankia. Si quiere ser atendido en castellano, pulse 1. Si quiere ser atendido en catalán, pulse 2. Si quiere ser atendido en valenciano, pulse 3.

(pip)

-Si su tarjeta ha sido retenida en un cajero, pulse 1. Si no ha recibido una tarjeta, libreta o cheque, pulse 2. [...] Si quiere hablar con un operador, pulse 4.

(pip)

-A continuación, marque o diga uno a uno los números de su DNI.

(pip pip pip pip pip pip pip pip)

(tono; tono que se corta; suspiro creyendo que la van a atender)

-Disculpe la demora. En estos momentos todos nuestros operadores están ocupados. Le atenderemos a la mayor brevedad posible. Por favor, no se retire.

(Hilo musical: tan-tanananana-tan-tanananana I've got sunshine in a cloudy dayyyyy.../My girl, de The Temptations/)

Minuto 1: La mujer intenta contenerse, pero no puede evitar mover la cabeza de lado a lado al ritmo de la música.

Minuto 3: La mujer chasquea los dedos de la mano izquierda, marcando el tempo.

Minuto 5: (clic)

-Hola, mi nombre es Alejandra Escafandra. ¿En qué puedo ayudarle?

-Mire, es que no paro de ver en las noticias esto del DNI y las cuentas congeladas. Yo no he recibido ningún aviso, pero por preguntar, que no quede.

-Es que no está llamando al teléfono adecuado. 

-¿Y me puede decir cuál es?

-Si claro. Tome nota. NueveCeroDos...

"Mierda", piensa la mujer, "este es de pago". 

-Vale, gracias. Hasta luego.

(pip pip pip pip pip pip pip pip pip)

(Tono)

-Hola, gracias por llamar a Atención al Cliente de Bankia. Si quiere ser atendido en castellano, pulse 1. Si quiere ser atendido en catalán, pulse 2. Si quiere ser atendido en valenciano, pulse 3.

(pip)

-Si tiene las claves de Banca Telefónica y quiere operar por teléfono, pulse 1. Si su tarjeta ha sido retenida en un cajero, pulse 2. Si no ha recibido una tarjeta, libreta o cheque, pulse 3. [...] Si quiere hablar con un operador, pulse 6.

(pip)

 (Hilo musical: tan-tanananana-tan-tanananana... I've got sunshine in a cloudy dayyyyy.../My girl, de The Temptations/)

-Disculpe la demora. En estos momentos todos nuestros operadores están ocupados. Le atenderemos a la mayor brevedad posible. Por favor, no se retire.

Minuto 1: la mujer vuelve a chasquear los dedos.

Minuto 2: la mujer ya no solo mueve la cabeza, sino que baila con todo el cuerpo.

Minuto 4: la mujer vocaliza la letra.

(clic)

-Hola, buenos días. Le atiende Marina Sardina, ¿en qué puedo ayudarle?

-Mire, quería comprobar si tienen mi DNI y todos los datos necesarios para que no me congelen la cuenta, que bastante frío pasa ya. Y si no los tienen, pues que me informen de cómo se los hago llegar, que Valencia no me pilla de paso ahora mismo. 

-Sí, claro. ¿Me dice su DNI?

-Por supuesto: auan e peich, agromenauer.

-Señora... Bettie Jander Clander, ¿no es así?

-Sí, exacto.

-Pues espere, que voy a mirárselo. No se retire.

(Hilo musical: I guess you'll say what can make me feel this way...)

Minuto 1: la mujer empieza ya vocalizando.

Minuto 2:  se levanta y baila por la habitación.

Minuto 4: Canta. 

-My girl, my girl, my girl... Talkin 'bout my girl...

La mujer está ya toda emocionada. Como dentro de un videoclip. O algo.

-Ejem-ejem... ¿Señora Jander?

La mujer se pone roja, amarilla, verde y de todos los colores. Quiere meter la cabeza bajo tierra, pero el suelo está enladrillado. ¿Quién lo desenladrillará?

- ¿Síiiiiiiii?

La operadora contiene la risa.

-Está todo correcto. No tiene que aportar ninguna documentación -la operadora está a punto de ahogarse.

-ValeBienGraciasAdiósBuenosDías.

(clic)


***

Qué cosas le pasan a la gente, ¿verdad? ¿Cómo? ¿CÓMO QUE SI ME HA PASADO A MÍ?  ¡PERO QUÉ INJURIA ES ESTA! Además, el nombre Bettie Jander Clander es de lo más común...

>_< 

En fin xD





lunes, 27 de abril de 2015

Daredevil.

Ahora no es que tenga mucha idea de superhéroes, pero hace unos años es que ni papa. Me sacabas de Superman, Batman y Spiderman, y nada. Y tampoco es que supiese mucho de ellos, la verdad. Me parecían personajes planos y tremendamente aburridos.

Pero bueno, una manera de curar la ignorancia es leyendo, especialmente si sabes por dónde empezar. Y gracias a Jack me he curado un poco. Pero aún me falta. Sobre todo con el mundo Marvel que, vaya usted a saber por qué, tiro más hacia DC. Menos en las pelis. En las pelis NO. xD

Lo que más rabia me da de mi yo anterior es ese pensamiento: los superhéroes son puro cliché, personajes planos, aburridos, ... Y no. Hay personajes muy, muy, muy interesantes. Como, por ejemplo, Daredevil.



No os vayáis a pensar que yo soy una experta en el personaje, ni mucho menos. Pero lo conozco lo suficiente para afirmar que es interesante. A él no llegué por medio de una recomendación de Jack, sino por medio de la filosofía.




Uno de los ensayos del libro Los superhéroes y la filosofía está dedicado a él. No puedo jurarlo, pero creo que está relacionado con la religión... :/ La cuestión es que el ensayo me pareció muy interesante y, cuando se lo comenté a Jack, me prestó unos cómics para que leyese (Daredevil: Born again). Los devoré en una tarde. Y visto el éxito, Jack consiguió convencerme para que me tragase la película.  Sí, esa que todo el mundo dice que es un bluf. He de decir que no me pareció un completo horror.

Puede decirse que, aunque no lo sigo de cerca, me gusta Daredevil. Así que cuando me enteré que iban a sacar la serie, y vistos los antecedentes "marvelianos", supe que tenía que verla. Y solo diré: wow.


Pero bueno, ¿quién es Daredevil? 

Pues así, de entrada, Daredevil/Matt Murdock es el personaje que me ha reconciliado un poco con el Derecho. Qué tontería, ¿verdad? Es un prejuicio feo, pero lo arrastro desde niña: cuando me dicen "abogado" pienso en alguien que se encarga de evitar que los malos no reciban su merecido. Ya, ya sé, hay abogados de toda clase, también los hay que se encargan de evitar que los malos abusen de los buenos y esas cosas. Pues Matt Murdock es de estos. Él y su compañero Foggy son unos abogados brillantes, que podrían trabajar para cualquier firma, pero no: ellos quieren defender a la gente buena sin chuparles la sangre. Y claro, como comprenderéis, su nivel de vida no es muy boyante.

Así que a eso se dedica Matt de día: abogado. Y de noche, a ejercer de justiciero enmascarado y repartir estopa por las calles de Hell's Kitchen. 

La particularidad que define a Matt es que es ciego. Cuando era niño, en un acto heroico, salvó a un hombre de ser atropellado, pero acabó quedando ciego en el accidente. 


La misma sustancia que lo dejó ciego le otorgó ciertos poderes, como una especie de sónar que le permite orientarse como si viese (o mejor) y una gran agilidad. Eso y el entrenamiento hacen que se convierta en el justiciero que es. 

Bueno, eso y sus orígenes. Matt Murdock es hijo de un boxeador de origen irlandés, más bien mediocre, que se ganaba la vida dando y recibiendo golpes y que, precisamente por eso, insistía mucho en que su hijo estudiase, que se esforzarse para no tener que verse así. Nacido y criado en Hell's Kitchen, un barrio marginal de Manhattan, Matt Murdock sabe que la podredumbre de una sociedad acaba afectando a todo el mundo y se ha decidido a luchar contra ella. Por todos los medios a su alcance. Y casi diría que lo hace aún sabiendo que no podrá obtener la victoria en esa batalla.



Vale, bien, Matt Murdock/Daredevil es bastante guay, pero...¿por qué ver la serie? Pues porque mola mucho. Evidentemente, con esto pasa como con casi todas las adaptaciones: mejor ir a los comics. Pero la serie es UNA AUTÉNTICA PASADA. A mí me parece que le da veinte millones de patadas (y una giratoria) a la película. Pero además es que, aunque no sepas nada del cómic, ni del personaje, es una serie genial que te atrapa desde el primer momento. Incluso permite conectar con nuestra realidad. Solo en el primer capítulo podemos hablar de corrupción y burbuja inmobiliaria... :P

La temática, ya digo, es muy interesante: la corrupción, el abuso de poder, el "poder real" frente al poder visible,... Pero además es que tenemos unos personajes... fantásticos. Todos son buenos, ciertamente, pero el protagonista y su antagonista es que se salen por todas partes. En el fondo yo creo que pueden apreciarse ciertas similitudes entre ambos, dos caras de la misma moneda: la luminosa y la oscura, pero no totalmente luminosa ni totalmente oscura. Y esa ambigüedad es uno de los grandes atractivos. He de decir, y lo digo claramente, que aunque Matt Murdock me ha robado el corazoncito, su antagonista me tiene completamente hechizada.

Añado, como nota final, que merece la pena verla por las escenas de acción. Precisamente porque si esperáis ver a un héroe que sale indemne de cada refriega, os vais a llevar una sorpresa. Este pobre da, pero también recibe que da gusto.


 "No estoy pidiendo perdón por lo que he hecho, padre.
Estoy pidiendo perdón por lo que estoy
a punto de hacer".

En fin, que le deis un intento si os gustan las series de acción y de este rollo, porque merece la pena.

Además, el mozo tampoco está de mal ver... xD


domingo, 26 de abril de 2015

Libro: Yo antes de ti, de Jojo Moyes.



Descubrí este libro por medio de Ro. Si queréis una recomendación sin spoilers, la suya es perfecta. No sé por qué, sentí una atracción fatal hacia el libro, de manera que saltó al primer puesto de mi lista de pendientes, casi inmediatamente. Y la intuición no me fallaba: me lo he devorado. También es cierto que el hecho de venir respaldado por Ro siempre es una buena garantía.

¿De qué va el libro?

Louisa Clark es una joven de 26 años sin demasiadas ambiciones que acaba de perder un trabajo que le encanta, en una cafetería, en medio de la recesión. William Traynor era un ejecutivo agresivo, amante de los viajes, los deportes de riesgo y, en definitiva, de vivir intensamente. Y digo era porque un accidente lo dejó postrado en una silla de ruedas y sin ganas de vivir. Las circunstancias hacen que Louisa, sin demasiadas ganas, tenga que entrar a trabajar como cuidadora de Will. Y después de conocerse, ninguna de sus vidas permanecerá tal cómo estaba.

Hablando del libro...

Este apartado se va a dividir en dos partes. La primera, en la que se comentará el libro intentando no hacer ningún spoiler, y la segunda en la que voy a hablar de algún aspecto concreto y habrá spoilers. Avisaré :)

En cuanto a la primera parte, he de decir que la lectura de esta novela es una delicia gracias a la manera de narrar de Jojo Moyes. Como Ro dice en su reseña, es una maravilla ver cómo ella cuenta las cosas. La manera de narrar es ágil, pero al mismo tiempo consigue llegar, no es superficial. De hecho, lo que más me ha llamado la atención es cómo consigue sacarte de tu mundo y meterte en el del libro. Creo que es fundamental el uso de los detalles. Pequeñas rencillas familiares que, si bien no tienen mucha importancia en la trama, te sitúan, te hacen creerte a los personajes. Y el momento que más me chocó, en este sentido, es cuando describe a las chicas de pueblo, a las adolescentes, como niñas atolondradas, que se sientan unas encima de otras y ríen sin parar. No sé, me identifiqué a mí misma con 16 años. 

Otro de los puntos a favor de esta novela es la manera en que desarrolla el romance porque, no lo he dicho, pero es una novela romántica. Una de las cosas más difíciles, creo, de escribir una novela romántica,  es conseguir que el romance fluya de una manera natural: que no vaya demasiado rápido, que no dé saltos, ... y que al mismo tiempo consiga mantener la tensión emocional. Vale, pues eso, en este libro, ¡sobresaliente! O eso me ha parecido, vaya. Esperas que ocurra algo casi desde el principio, percibes la tensión emocional entre los personajes, la atracción,... Y pasan cosas, claro, pero son pequeños gestos llenos de intimidad, de intención, pero no explícitos. Me ha gustado mucho esa parte. 

Y, por último, no es una novela romántica sin más. Hay un tema MUY IMPORTANTE, y muy profundo que la recorre por entero y que es el que hace que la historia de Will y Lou tenga un interés especial. Y es un tema que, estoy segura, hará pensar a quien la lea y, quizá, replantearse su postura al respecto. 

Dicho esto, solo puedo añadir que me parece una novela muy recomendable y que os va a emocionar, casi seguro.

Y ahora... ¡la parte con SPOILERS! Si no lo has leído, ¡no sigas!

*

*

*


Bien. ¿Cómo calificaría esta novela? Como una destrucción emocional total y absoluta. Así tal cual. Libro no apto para leer en transporte público -o en público en general- si no quieres que te vean llorar. Es altamente emotivo y emocionante.

Y es un poco una tortura, porque intuyes, sabes, lo que va a pasar al final. Sabes que Will va a decidir no continuar con su vida, pero lo pasas esperando que no lo haga, que se arrepiente, que aparezca un giro argumental salvaje y haya un final feliz para nuestra pareja. Bueno, la vida no es todo finales felices.

Pero duele. Es decir... Yo me he quedado hecha polvo. Anoche, al acabar de leer, me encogí en la cama y suspiré, mientras se deshacía el nudo que me había dejado en el pecho. Y aún me dura la sensación, la verdad. En el momento en el que Lou se declara a Will y le dice que está dispuesta a todo para estar con él, que pueden ser felices a pesar de su situación,  y él le contesta que no es suficiente...


... osea... no-puede-ser.

Pero sí, es. Y no sé, yo siempre he creído que las personas deben tener la posibilidad de decidir acerca de su propia vida. Pero claro, que alguien te diga que no eres suficiente razón para seguir viviendo,... eso tiene que picar sí o sí, por mucho que creas que la decisión es suya y que tienes que respetarla y todo lo demás. Ya digo, esa es una de mis convicciones, pero a pesar de todo el final de esta novela me ha dejado un regusto tremendamente amargo.

En fin... Que es un libro muy bonito, muy emocionante, pero que si os llega, os va a dejar tocadxs.

*


*


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Os dejo un trocito...

-Muy bien -dije, desabrochándome el cinturón-. Más vale que te llevemos dentro. Nos esperan los cuidados vespertinos.
-Espera un minuto, Clark.
Me giré en el asiento. La cara de Will estaba en la sombra y no la vi bien.
-Espera un momento. Solo un minuto.
-¿Estás bien? - Descubrí que mi mirada se dirigía a la silla, por miedo a que una parte de él estuviera aplastada o atrapada, a haber hecho algo mal.
-Estoy bien. Es solo que...
Vi el cuello blanco de la camisa y el contraste con la chaqueta oscura.
-No quiero entrar todavía. Solo quiero estar aquí sentado y no pensar en... -Tragó saliva. Incluso en la penumbra, noté que hacía un esfuerzo-. Solo... quiero ser un hombre que ha ido a un concierto con una chica vestida de rojo. Solo unos pocos minutos más.


En resumen, este libro...

5/5

Ahora, para curarme del impacto de esta novela, voy a seguir con la segunda parte de The Sandman, de Neil Gaiman: La casa de muñecas. Necesito volver a un lugar mágico, no siempre feliz, pero en el que sé que me voy a encontrar a gusto, para recuperarme. Qué dramática soy, ¿verdad? Bueno, tened en cuenta que en esta novela he llegado a llorar por culpa de unos leotardos... xD


viernes, 24 de abril de 2015

15 de mayo de 1971

Eva esperaba a la puerta de uno de los cines de la calle Ruzafa con impaciencia. Faltaban diez minutos para que empezase la sesión, no les iba a dar tiempo. Se miraba la anchísima pernera del pantalón que le había traído Aurelio de su último viaje de negocios. Eran de color camel y talle alto. Los había combinado con una blusa azul celeste que, según su marido, realzaba el color natural de sus mejillas. Aunque ella no se acababa de acostumbrar a esos pantalones tan anchos, durante el día todo habían sido cumplidos: "¡Qué envidia!", decían algunas, "¡Qué elegante!", otras. Y ella se sonreía con los dientes apretados para que no se le escapasen las palabras: "Ventajas de estar casada con un maricón: tienen buen gusto". 

No había amargura en ese pensamiento, ni siquiera desazón. Eva y Aurelio eran más felices que la mayoría de los matrimonios que conocía. Entre ellos no había celos, ni control, ni disputas. Y además estaban enamorados pero, evidentemente, no el uno del otro.

Alzó la vista al oír que unos pies entaconados avanzaban a la carrera hacia donde ella estaba. Se encontró frente a frente con Vicenta, colorada y fatigada por el esfuerzo. 

-¡Perdona, perdona, perdona! Me he tumbado para descansar los pies y me he quedado dormida. 

-Siempre tienes una excusa, Vicenta. No sé cómo te las arreglas...

-Perdone la señora, pero creo que me tengo ganado un descansito durante el fin de semana -respondió Vicenta con sorna. 

Eran diferentes, ambas lo sabían. Eva había nacido entre algodones y, cuando todo el mundo convino que era hora de que se casase, había tenido la suerte de conocer a Aurelio, un afamado arquitecto que podía vivir como quisiese. Bueno, como quisiese, no. La cuestión es que nada le faltó nunca, por lo que no tuvo la necesidad ni el impulso de trabajar. Vicenta, por el contrario, era hija de unos llaures y había nacido con barro en las manos. Si había llegado a convertirse en maestra fue gracias a la ayuda de una señorona que veraneaba en Chilches y que se encariñó con ella. Cuando enviudó, siendo ella una niña, convino con sus padres llevársela a Valencia para que le hiciera compañía. La viuda, que no tenía hijos propios, cuidó de ella, la obligó a ir al colegio, al principio contra su voluntad, y  la ayudó a pagar los estudios de magisterio. Pero desde que empezó a trabajar como maestra no había nada que no hubiese conseguido por sí misma. Sin embargo, esas diferencias no hacían más que alimentar el interés mutuo.

-Entremos, anda. A ver si queda sitio -dijo Eva, impaciente.

Tuvieron suerte. La esquina posterior izquierda del cine estaba, como casi siempre, vacía. Era una esquina angosta, con dos butacas, desde las que la pantalla se veía demasiado torcida. Su lugar favorito del mundo.

Cuando la película empezó y las luces se apagaron sus manos se encontraron y entrelazaron los dedos. Mantenían la mirada fija en las imágenes, pero no sabían qué estaban viendo. Todos sus sentidos se concentraban en el juego erótico que habían desarrollado y perfeccionado cada sábado, en el mismo cine. El pulgar de Vicenta trazaba círculos en la palma de Eva, recorría las concavidades entre sus dedos, trazaba las líneas de su mano, aprendidas de memoria, se deslizaba por la piel de su muñeca y acariciaba su antebrazo con dulzura. Habían aprendido a amarse así, de una manera aparentemente inocente, en la esquina más oscura de un cine. Pero ambas sentían en sus senos, en su vientre, en sus muslos, esas caricias furtivas.

Normalmente la historia acababa allí. La película terminaba y se soltaban la mano, hundiéndose de nuevo en la realidad. Se despedían en la puerta del cine con dos besos más fuertes de lo normal y se alejaban sintiendo el corazón en la garganta, en los labios y en la entrepierna. Pero aquella tarde no pudieron resistir la tentación y se besaron, por primera vez, en los labios. La determinación de Eva, quizá cansada de aparentar, sorprendió a Vicenta, a la que se le escapó un gemido.

El acomodador dirigió la linterna al rincón, esperando encontrarse a una pareja de adolescentes calenturientos, pero encontró a dos mujeres respetables. Una de ellas golpeaba la espalda a la otra que, seguramente, se habría atragantado con la gaseosa.



Eva mira la entrada, amarillenta y más fina de lo que recordaba. La acaricia con dulzura, como habría acariciado la fotografía de un ser querido. Eso es exactamente: la fotografía de un beso, esa que nunca pudieron hacerse.

Aurelio sale del cuarto de baño, recién afeitado.

-¿Estás lista, chiqueta? Si nos descuidamos no llegaremos a tiempo al funeral.

Eva se levanta y alisa la falda de su vestido negro. Intenta mantener la compostura, pero no puede. Se abraza a Aurelio y llora, llora como si acabase de rompérsele la vida, que es justo lo que acaba de pasar. Cuando ha derramado casi todas las lágrimas sale de casa camino de la iglesia para llorar de nuevo al amor de su vida, esta vez como si no lo hubiera sido.


***

El otro día, mientras leía un libro, me encontré un trozo de una vida ajena. Resulta que buena parte de mi biblioteca filosófica es un regalo de la madre de una amiga, profe de filosofía. Nunca podré agradecerle lo bastante todos esos libros. Entre sus páginas he encontrado ya una postal, recortes de periódico, trozos de papel,... y lo último, una entrada para alguna película emitida el 15 de mayo de 1971.

Esas pequeñas chispas de magia hacen que tenga que escribir algo, no puedo evitarlo.


jueves, 23 de abril de 2015

Libros salvadías.

Queridos y queridas, ¡feliz Día del Libro!  ¿Qué tal? ¿Necesitáis una estantería nueva después de hoy? Yo la verdad es que he sido muy buena. Muy, muy buena. O muy mala, según se mire. La cosa es que no he comprado ningún libro. Pero me han enviado por mail una ilustración graciosísima para felicitarme Sant Jordi. Y hoy he oído de boca de #minena unas palabras mágicas: "¿Y no me vas a leer lo que dice Tommy después?". Magia de la buena.

Gracias, Geralt :)

Me encanta este día: libros, libros y más libros por todas partes. Al menos, por Internet. También en los telediarios, en los colegios, ... El mundo se hace más bonito por un día. Desgraciadamente mañana los libros ya no se verán tanto, en parte porque ya no tendrá sentido el postureo, pero seguirán ahí.

En realidad tampoco es tan dramático. Los que disfrutamos de este día somos los mismos que pasamos los días recomendando libros, dando la tabarra con esa historia que no te puedes sacar de la cabeza, emocionándonos porque nuestras recomendaciones gustan, reconociendo que hemos llorado con una novela... Esas cosas. A los "lletraferits" se nos ve venir a leguas.

Yo soy una de esas. A mí los libros me han salvado y me salvan. ¿La vida? No diría yo que no. Pero los días me los salvan, seguro. No importa lo horroroso que haya sido el día, porque cuando me mego en la cama con un libro todo eso se pasa. Me cuesta muchísimo desconectar de quehaceres, preocupaciones, incertidumbres,... Pero mientras leo es automático. De nuevo, magia.

Erin McGuire
Es una sensación maravillosa, por eso creo que es tan importante despertar en todo el mundo el amor por la lectura. Nadie debería privarse del placer de montarse en un libro y dejarse llevar donde la historia quiera, desaparecer del mundo y dar esquinazo a preocupaciones, problemas y disgustos y acabar el día salpicado de polvo de estrellas. O empezarlo, por qué no. Voy a tener que hacer caso a Ursulinska y probar a leer en la cama, por la mañana, mientras me preparan el desayuno :P

Como siempre, por si alguien que no lee cae aquí por error, vamos a ponérselo fácil. Estaría bien que dejásemos en los comentarios algún libro salvadías (o salvavidas), una historia de esas que os haya alejado de todo lo malo. Y si no podéis elegir solo uno, pues dos, o tres :)

Empiezo yo: Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer, por ejemplo.


¿Os animáis?

martes, 21 de abril de 2015

Libro: Her Giant Octopus Moment, de Kay Langdale.



Lansy me cedió este libro en adopción porque le costaba mucho leerlo (es en inglés), así que, como tengo la costumbre de poner los primeros en la lista de pendiente los libros que me regalan, ya lo he acabado. Y aquí está la cansina, para contaros qué tal.

¿De qué va el libro?

Scout tiene once años. Es una niña inteligente, ordenada, le encantan el colegio, los libros, la rutina y la normalidad. Esto sería una maravilla si su madre, Joanie, no fuese un "culo de mal asiento", algo descuidada y casi negligente. Y dejó de estar bien cuando una coincidencia hace que el pasado de Joanie salga a su encuentro y tengan que huir. Una mentira tan fácil de contar en su momento, y a la que es tan difícil escapar... 

Hablando del libro...

Vista la portada, yo esperaba un libro juvenil. No sé si sería también la expectativa de Lansy cuando lo compró. Pero no, Her Giant Octopus Moment no entra dentro de los parámetros de la literatura juvenil o para jóvenes adultos. Eso no quiere decir que no puedan leerlo chavales de esas edades. Eso sí, para leerlo necesitarían un buen nivel de inglés, porque hasta donde yo sé, no está traducido. Además, esto se nota en el lenguaje, en el vocabulario. Aviso para navegantes lectores en versión original :P

Aunque Scout pone el toque "preadolescente" al libro, es un toque particular, porque Scout es bastante más madura que su madre. Y la problemática no es especialmente atractiva para jóvenes, creo yo. Her Giant Octopus Moment trata sobre la maternidad (y la paternidad). No quiero decir nada que pueda destripar el libro en demasía, pero hay muchas maneras en las que uno puede ser padre o madre, muchos estilos de paternidad y maternidad, también. No todos igual de válidos, pero ahí están. Y sobre todo el libro planea una cuestión que supongo que todos los padres y madres os hacéis con frecuencia: ¿Qué es lo mejor para mi hijo? 

A veces eso, lo mejor, supone un gran sacrificio, pero no el sacrificio que la gente de fuera demanda. A lo mejor a veces lo que los demás ven una opción cómoda es lo más difícil que hemos hecho. Esa idea me ha gustado.

La novela está narrada en tercera persona, pero combina varios puntos de vista. El de Scout, el de Joanie, su madre, el de su padre (desconocido para Scout) y su esposa (por supuesto desconocida para Scout), la persona que la encuentra, la trabajadora de Servicios Sociales... Está bien ver las diferentes perspectivas, la verdad. Es interesante.

Sin embargo, la novela no me ha acabado de llenar. El tema es interesante en sí mismo, sí, pero para mí falta algo. No sé. Y luego está el tema de que la novela es, casi toda ella, la historia de la huida de Joanie y Scout. Estás esperando que pase algo, pero en realidad lo que pasa es su convivencia (que ya digo que tiene su aquel, porque tanto Joanie como Scout son algo particulares), pero... ya digo, falta algo. Salva la cosa los personajes que Scout va conociendo, muy diferentes y muy interesantes. 

Y el desenlace tiene, a mi modo de ver, dos fallos. Aunque la reflexión que se deriva de él está bastante bien, por lo demás es previsible y precipitado. Se pasan el libro de aquí para allá, y todo se resuelve en muy pocas páginas. A mí esas cosas, por lo general, no me acaban de convencer.

¿Lo recomendaría? Pues la verdad, no especialmente. Sí, es una lectura amena, no ha estado mal, pero tampoco es un libro de esos que hay que leer sí o sí, aunque puede que haya a quien le emocione mucho o le resulte muy interesante.

Os dejo un trocito...

She would carry home the occasional homework worksheet, flat in her book bag, and protect it from any creases or splashes of rain. It's not normal, Joanie would tease her, there's nothing wrong with a few creases or the odd smudgy finger-mark. Scout, not wholly conviced of this (some boys turned their worksheets into torpedoes or planes within five minutes of getting them), continued to hand in homework sheets as if freshly flipped from a printer. In a world where most things could not be kept smudge- or crease-free, it was soothing to safeguard the areas that could.
En resumen, esta novela...

3/5
No es un "ni fu ni fa", pero no le daría más de un 3. 

¿Y ahora? ¿Qué leo yo? >_< ¿Segunda parte de la trilogía del Baztán? ¿Vestido de novia, de Pierre Lemaitre? ¿Yo antes de ti, de Jojo Moyes? ¿Lágrimas en la lluvia, de Rosa Montero? -.- Creo que lo echaré a sorteo, porque no sé ni lo que me pide el cuerpo.

lunes, 20 de abril de 2015

En lo que se prepara un café.

 Pongo café en una taza, añado leche y lo meto al microondas. Espero. Y mientras espero, pienso. 

(Debería aprender a dejar la mente en blanco)

Es una verdadera putada eso de no estar casi nunca en el lugar correcto en el momento adecuado. Una casi asume que tiene que vivir en trocitos, con una parte de su ser siempre anhelando otro lugar, otra gente. 

Importa menos en los momentos felices, es cierto. No es que no se compartan con gusto, sino que una, sabiendo que aquellos que quiere están bien, felices, se siente más prescindible. Pero lo malo son los malos momentos. Su propio nombre lo indica. 

Cling.

Saco la taza. Hoy, al café, tres de azúcar. Dos no son suficiente. Mi cabeza ha superado el límite de revoluciones y necesita combustible.

¿Y qué me hago yo ahora? ¿En qué empleo estas ganas de caminar, correr, volar hacia ti? ¿Y esta fuerza que he estado ahorrando para ayudarte cuando te hiciese falta? Tú dices que no, pero yo siento que lo más importante que tengo que hacer ahora mismo (y estoy teniendo en cuenta el universo entero) es estar tan, tan cerca de ti que me sientas dentro. Y, ahora que lo pienso, eso no estaría mal. Podríamos repartirnos el dolor a partes iguales. ¿No iba de eso todo esto?




sábado, 18 de abril de 2015

Sobre ruedas.


Manolo mira a su hijo, bullendo de anticipación. Sabe que no es gran cosa y no espera que dé saltos de alegría: una Vespino de segundísima mano no da para tanto.Sin embargo a él le hace ilusión. Le ha costado mucho convencer a su mujer, pero finalmente sus argumentos han sido persuasivos. O agotadores. 

-También es un ejercicio de responsabilidad, María. 

-Mira, ¿sabes qué te digo? Que hagas lo que quieras. Tú verás. 

María pensaba, como parecen pensar todas las madres, que los sesos del muchacho acabarían estrellados contra alguna calle al girar cualquier esquina del pueblo y que tendrían que recogerlos con una pala. Así que se guarda un as en la manga. Así, si pasa, podrá decir que la culpa fue de otro, aunque eso suponga oponerse a cualquier cosa que su hijo quiera hacer. 

Diego observa la sábana con expectación. Sabía que tendría su moto, lo sabía, pero no esperaba que fuese tan pronto. Suponía que sus padres esperarían a que el curso acabase, y aunque no habría habido ningún problema, porque aprobar 4º de ESO es pan comido, habría supuesto esperar un par de meses más. Y ya se sabe que cuando crees tener todo el tiempo del mundo, los días pasan despacio y cada uno cuenta. 



Manolo tira de la sábana y la deja caer al suelo. Sonríe de oreja a oreja y espera. Los ojos de Diego se han posado sobre la Vespino negra que hay ante él y que, aunque está limpia, no engaña a nadie: tiene casi tantos años como el chaval.  Durante unos segundos el mundo se para en aquel garaje. Finalmente Diego se lanza hacia su nueva motocicleta y la mira con avidez, revoloteando alrededor de ella.

-¡Gracias papá! ¡Es chulísima!

Manolo también da gracias, pero por su hijo. Es un buen chico: obediente, aplicado y agradecido. Es consciente de que otro chaval le habría dicho que aquello era una mierda, sin miramientos, aun sabiendo que era todo lo que se podían permitir. 

-No me des las gracias todavía. Esta moto ahora es tu responsabilidad. La gasolina, el mantenimiento y los arreglos corren de tu cuenta. Y las multas, pero más te vale que no las haya. 

-Sí, papá. No te preocupes. Además aún me queda bastante dinero del que ahorré para el carnet.

-Los motores queman el dinero rápidamente, hijo. Así que ándate con ojo. 

- Que síiii.

-¡Ah! Y el casco también te lo he comprado. Eso quiere decir que si te veo sin él, te quito la cabeza de un guantazo. ¿Entiendes?

Diego se limita a asentir mientras se pone el casco y se monta en la moto. Respira hondo antes de arrancarla y suelta el aire, aliviado, cuando el rugido del motor se estabiliza. 

-¡Y antes de que sea noche cerrada, la quiero en el garaje! -grita Manolo, intentando hacerse oír. 

Diego levanta un pulgar en señal de aceptación y sale. Sabe que tiene que ir detrás de la iglesia, que la encontrará allí con sus amigas, pero da un rodeo mientras piensa qué le va a decir y cómo. A pesar de los esfuerzos por concentrarse su imaginación se empeña en dibujarla sentada tras él, con los muslos, apenas cubiertos por unos brevísimos pantalones cortos, a los lados de los suyos y las manos en su cintura. 



Un estruendo lo saca de sus ensoñaciones. Una moto de campo y una scooter le cortan el paso. 

-Vaya mierda de moto -es el saludo del Chino, el de la scooter.

-Ya te digo. Menuda tartana -añade el Corto. 

Diego se muerde la lengua. Le apetece contestarles que él no tiene nada que demostrar: no necesita una moto lujosa para que lo respeten ni una muy grande para compensar su estatura. Pero se calla. 

-Me lleva, y con eso vale -dice finalmente.

-Sí -contesta el Chino-, y si te quedas sin gasolina puedes darle a los pedales.

Ambos rompen a reír y se marchan. Son unos imbéciles, pero han conseguido que se le quiten las ganas de ir a buscar a Ana. Ya, ya sé lo que estáis pensando: no hace falta cuna motocicleta para conquistar a una chica, Diego debería atreverse a ser él mismo, hablar con ella, tener detalles, mostrarle que está interesado. Pero eso es fácil de decir desde la distancia y la experiencia. Él necesita una excusa para tenerla cerca, para llevarla a un lugar apartado, para estar a solas, para ver si... surge. Y la moto es su excusa. Pero ahora duda de si será suficiente.

Ana no parece del pueblo, pero lo es, como lo fueron sus padres, sus abuelos y sus bisabuelos. Es una extraña anomalía. Su piel es blanca y en su rostro está salpicada por pecas. El pelo, lacio y rubio, le cae desordenado a ambos lados de la cara. Es tan claro que sus ojos verdes parecen no tener pestañas. Es alta y sí, algo desgarbada. Fea, dicen algunos, rara, otros. Pero a él le parece y le ha parecido desde siempre la más especial de todas las chicas del pueblo.  Desde luego, demasiado especial para aquel cacharro.

Diego arranca de nuevo, dispuesto a volver a casa, pero esa tarde parece que nada va a salirle bien. Al girar la esquina una chica se abalanza sobre él. Ha faltado poco para que la atropelle, pero se ha caído al suelo. Pone el caballete a la moto y se acerca a ella a toda velocidad. Es Ana.

-¿Estás bien? -pregunta, temeroso.

Ana se mira una rodilla, raspada y llena de gravilla. 

-Creo que sí. Solo tengo que limpiarme esto. No es nada.

-Perdona... No era mi intención...

-No, si la culpa es mía -interrumpe Ana-, por cruzar por donde no debo. Voy pensando en los gamusinos y claro, pasa lo que pasa. 

Ana hace ademán de levantarse y Diego le tiende la mano y tira de ella.  Comienza a caminar, pero cojea levemente. 

-¿Te llevo a tu casa? ¿O prefieres ir al médico? -ofrece Diego.

-Prefiero que mi madre no me vea, la verdad. Esto es una tontería, pero se pondría histérica. ¿El centro médico está abierto? 

-Creo que hasta las ocho, sí. ¿Te llevo?

A Diego le tiemblan las manos, las piernas y el corazón. Pero Ana responde, sin gravedad:

-Te lo agradecería. 

Así que se dirige a la moto, desata un casco horroroso de la parte trasera y se lo ofrece. Sube y espera a que ella monte también. Le pide que apoye los pies y, cuando Ana da el visto bueno, emprenden la marcha. 

Entonces Diego se da cuenta de que es casi como en sus sueños: sus pantalones cortos, sus muslos blancos, sus manos rodeándole la cintura... Sí, en su sueño no llevaba la rodilla llena de rasguños ni había estado a punto de atropellarla, pero eso es lo que tiene la realidad, que no es perfecta. 

Esa tarde, tras casi vaciar el depósito, disculparse varias veces más, tras muchas risas, muchos nervios y tres besos tímidos detrás del cementerio, Diego aprendería que bien está lo que bien acaba.


***

Desde que llegó la primavera el pueblo es un bullir de motores y muchachuelos, con o sin paquete en la parte trasera. Hay cosas que no cambian.

Por cierto, y cambiando de tema totalmente, ¿alguien conoce alojamientos (hotel, hostal, pensión, habitaciones por días, etc.) de las 3B (buenos, bonitos y baratos) en Ciudad Real capital? xD


jueves, 16 de abril de 2015

BookTag: El mando a distancia.

Hoy he visto en el blog "Disfrutando la treintena" un booktag bastante curioso. Como hay momentos en los que tengo ganas de escribir aquí, pero no sé sobre qué, he decidido copiárselo.


Book Tag: El mando a distancia.


Cambiar de Canal: Un libro que tuviste que dejar de lado porque no te gustó.
No es algo que haga a menudo, y los últimos que he abandonado fueron 1Q84 de Haruki Murakami y Soy un gato, de Natsume Soseki. No es tanto que no me estuviesen gustando, como que me estaban aburriendo. Porque puedo soportar la lectura de un libro que no me guste, pero de uno que me deje fría... Me cuesta más. Con todo y con eso, no suelo abandonar libros, ya lo sabéis.

Subir el Volumen: Libro del que hablas con todos y recomiendas ciegamente.
Depende. Recomiendo mucho Eleanor & Park, me parece una historia de amor chulísima. También recomiendo mucho La voz dormida, de Dulce Chacón, o Arráncame la vida (novelas históricas protagonizadas por mujeres). Hace poco hablé con alguien de El curioso incidente del perro a medianoche. Y también he estado dándoos la tabarra con Sandman. Depende de quién me pregunte, hablo de un libro o de otro. Y también depende de qué haya estado leyendo últimamente.  Aunque con Sandman soy especialmente cansina, no importa cuánto haya pasado desde la última vez que lo leí.



Bajar el Volumen: Libro del que te avergüences de haber leído y no quieres que nadie sepa.
Pues... no sé. Reconozco que he leído libros no demasiado buenos, pero eso no me avergüenza. Y tampoco tengo problemas para reconocer que algunos libros de highlanders están entre mis placeres culpables: es más, suelo pervertir a la gente para que los lea xD No soy vergonzosa para esas cosas, la verdad.

Closed Caption: Libro que hayas leído en otro idioma, pero con ayuda de un diccionario en mano.
Desde que iba a la ESO no he leído un libro con diccionario, aunque se me ha quedado la manía de apuntar palabras que no entiendo para buscarlas al día siguiente o cosas así. No es que lo entienda todo perfectamente, pero entiendo lo suficiente como para deducir por el contexto qué está pasando.

Si he de ser sincera, la última vez que tuve que buscar una palabra en el diccionario mientras leía no fue con un libro en inglés, sino con Limpieza de sangre... xDDD

Quick View: Libro Corto que relees una y otra vez.

Pueeeeees... Corto... Y que lo relea... Creo que ninguno. Aunque si vale un relato, el que más releo, con diferencia, es "Nieve, cristal, manzanas", de Neil Gaiman. Me-en-can-ta. Mucho. Está en la antología de relatos Humo y espejos, pero creo que puede encontrarse también por ahí por Internet. Os lo recomiendo. 



Settings: ¿Cuantas veces organizas tus estanterías al mes? 

Cuando no caben más libros XD Y ni aún así. Me da mucha pereza. A veces acabo amontonando libros, buscando huecos,... Tengo más libros que espacio. De todas maneras no soy muy de reordenar. Tengo separados los libros de filosofía del resto de libros, pero por lo demás, no sigo ningún orden particular.

Mute: Libro que te recomendaron y que te dejo sin palabras.

Uhm... No sé, no sé. Diría que Sandman, pero no sería justo, porque no hago más que hablar y hablar de él. Pero agradecimiento eterno a la persona que me lo recomendó. Pero creo que dejarme sin palabras: Un monstruo viene a verme y Cyrano de Bergerac.



Home: Primer libro de una saga que te guste más que los otros que la completan.

Diría que Los Juegos del Hambre. No sé por qué, los otros me fueron gustando menos. Supongo que quizá porque los leí muy seguidos y me saturé. No sé.

Botones del 0-9: Etiqueta a diez personas para que hagan este tag: 

No quiero poner a nadie en un compromiso, pero ya sabéis que me encanta saber qué leéis, qué recomendáis,... Esas cosas. Así que si os apetece, animaos. ^^

¡Besos!

miércoles, 15 de abril de 2015

Cosas que me sacan de mis casillas.

Hoy Ro ha publicado un post sobre cosas que odia, que la ponen mala, que la desquician. Y como el despotrique en dosis moderadas es un deporte muy sano, allá que voy yo a copiarme sin miramientos. A ver qué se me ocurre. 

1. Las personas que no respetan mi espacio vital. Sí, esas que te sobetean, te tocan, te abrazan, se frotan contigo, te hablan a un milímetro de la cara, ... y lo hacen con total naturalidad, como si hubiese confianza o les hubieses dado permiso. Uf...



2. La gente que te habla mientras estás hablando con otra persona, interrumpiendo como si ellos fuesen el centro del universo y no hubiese nada más importante en el mundo que escucharlos.

3. La gente que te interrumpe cuando estás intentando desconectar. Todo el santo día esperando a tener un rato para ver tu serie favorita, o leer un libro que estás disfrutando, o escuchar música, y justo en ese momento a alguien se le ocurre pedirte algo, o contarte cualquier cosa sin importancia. 

4. Los "cuñaos". Esa gente que no tiene ni idea de nada, pero sabe de todo. Esa gente que es capaz de discutir con un médico durante la cena de navidad cuál es la mejor manera de curar un cáncer.  O con un albañil sobre la mejor manera de levantar un tabique. O las dos cosas a la vez, en la misma velada. Vamos, que no se les conoce especialidad alguna, pero son expertos en todo. Los tertulianos perfectos. 




5. La gente que no respeta las normas de circulación y seguridad vial. ¿Adelantar en línea contínua? Why not? ¿Cruzar una carretera por donde me da la gana? ¡Ipso facto! ¿Pasos de cebra? ¿Qué narices es eso? Bah, si los semáforos son para los coches, no para los peatones. ¿Ciclistas? Si quieren ir en bici que se vayan al campo. Etcétera.

6. Los que van por la vida chafando guitarras. Suelen ser personas altamente resignadas con todo, que vale, cada uno vive su vida como quiere. Pero cuando alguien decide hacer algo (poner una queja, empezar a estudiar otra cosa, montar un negocio), trágate tu bilis o lo que sea, y no vayas diciendo a todo el mundo que sus proyectos van a ser un fracaso, sean cuales sean. 

7. Los espléndidos. Fans del pensamiento positivo o lo que sea. Su mantra: si las cosas no te van bien, algo habrás hecho. 

8. El olor a pescado fresco. Me revuelve todos los órganos del cuerpo. 

9. Que me toquen las manos o o los pies si los tengo mojados. Me da mucho repelús y me pone muy nerviosa.



10. La gente caradura. Esos cuya habilidad fundamental es saber cómo aprovecharse del trabajo de otros, hasta tal punto de que, si se rifa un ascenso, son ellos los que lo reciben. Alucinante.

11. Las personas que responden a preguntas que nadie les ha hecho. Lo mismo te cuentan la vida de otros, que te recomiendan qué hacer con tu cuerpo (perder peso, ganar peso, cortarte el pelo, dejártelo más largo), ... Lo malo de todo esto es que cada una de sus respuestas a preguntas que nadie ha hecho va cargada de mala leche. 

12. Que usen mis cosas, especialmente productos de cosmética. No me gusta que toquen mi crema hidratante, o mis pinzas de depilar, mis peines o mi cacao de los labios (esto me da muchísima rabia). 

Paro aquí porque si sigo voy a empezar a pensar que soy una persona con mucha facilidad para desquiciarse XD

¿Y vosotrxs? ¿Me contáis alguna manía o cosa que os desespere?

martes, 14 de abril de 2015

Súper.

Hace unos días leí un artículo cuyo titular era "Ojalá no fuera tan inteligente". Me llamó la atención, para qué voy a negarlo. El artículo hablaba de la odisea de un niño con altas capacidades y de su familia para conseguir que se le reconociese esa condición y, desde la administración educativa, se obrase en consecuencia.  Ahí está el artículo, por si queréis leerlo, pero para muestra una cita:

En junio de 2014, un juzgado de Badajoz da la razón a la familia tras encargar a una perito especializada, Carmen Sanz, que examine los informes de la Junta y que evalúe ella misma al niño de nuevo. Su dictamen es demoledor. Sanz comprueba que la Junta no ha hecho bien las pruebas: están “incompletas” y han sumado mal las puntuaciones en cuatro de ellas.

Los encargados de evaluar si un niño es superdotado o no suman mal las puntuaciones de las pruebas. Alucinante. Todo, parece por lo que se desprende del artículo, para no gastar dinero en el chaval: para no trabajar en su adaptación, para no ponerle un profesor de apoyo, ... Todo muy ruin. 

Evidentemente, a parte de lo fuerte que es todo este asunto, se trata de una situación compleja. Muy compleja. Ya Ro habló en un post sobre las dificultades que enfrenta un niño con altas capacidades.  En Limpieza de sangre, se dice que ser lúcido y español siempre aparejó mucha amargura. Yo me atrevería a generalizar. Ser lúcido apareja bastante amargura, en general. Y ser especialmente lúcido, la apareja especialmente.  



¿Qué se hace con un niño así? ¿Se le manda a un colegio especializado? (¿Y si se siente un bicho raro, diferente a la mayoría de niños de su edad, apartado de ellos?) ¿Se le adelanta un curso? (¿Y si no se adapta a los nuevos compañeros, el nuevo maestro, la nueva rutina?) ¿Se le deja en su curso pero se le adaptan los contenidos? (¿Y si no es suficiente, y si los padres sienten que está perdiendo el tiempo?) ¿Qué hacemos? 

Es complicado, pero hay que hacer algo. No puede permitirse que un niño diga que odia su vida y el colegio, que se aburra en clase, que se sienta frustrado constantemente. Tener altas capacidades no es una maravilla, es algo muy complejo. Ser inteligente, o especialmente inteligente, no te soluciona la vida. Puede llegar a aislarte socialmente, o incluso puede ocurrir que ciertas inteligencias estén especialmente desarrolladas mientras que otras no. Esa persona encontrará dificultades, muchas seguramente, a lo largo de su vida, relacionadas con su inteligencia. Pero el ámbito educativo, la administración, no deberían contribuir a ello.



Vuelvo a leer el titular y no deja de chocarme: "Ojalá no fuera tan inteligente". Parece eso, sorprendente. Y aún no sé por qué. No es que yo no haya tenido nunca pensamientos así, y no tengo altas capacidades...

 

lunes, 13 de abril de 2015

Las prisas no son buenas.

El sábado asistí a un evento social de esos que celebran dos personas cuando se juran amor eterno. Sí, un bodorrio (Runita, yo también lo llamo así ^^). Sí hace unos días os hablaba de mi introversión y de lo que me cuesta hacer vida social, sobre todo en sitios donde hay mucha gente, os podéis imaginar que estuve diciéndome a mí misma y a Jack durante toda la tarde que no quería ir. Pero fui. 


Todo bien. No murió nadie, al menos no que yo sepa. Pero eso: la GENTE. O debería decir ESA gente. Vosotros sabéis a qué gente me refiero. Sé que lo sabéis.

Me encontré con una conocida desde... siempre. Desde niñas. Una de esas con las que no tienes contacto desde...casi siempre. La pregunta es típica: ¿Qué tal todo? Mi respuesta, escueta: estoy preparándome para hacer oposiciones a profe este verano. Y claro, incluí la pregunta de cortesía. Su respuesta también fue breve. Me contó que ahora es empresaria y que se siente mal cuando deja su negocio. Y después hablamos de cuando éramos niñas y me animó, diciendo que iba a sacar la plaza y que todo iba a irme bien, porque siempre he sido muy lista. A lo que añadió: "Otros lo hemos tenido más difícil en la vida". 

Llamadme susceptible, pero me sentí un poquito mal. ¿Se supone que mi vida ha sido fácil porque he sacado buenas notas? No sé, hasta donde yo sé el "éxito" académico no es garantía de éxito en la vida. Y si no, miradme a mí. Ella, con todas sus malas notas, parecía feliz, realizada, una orgullosa empresaria, ... Y me dije que a lo mejor la que lo había tenido fácil era ella.

Pero se me pasó rápidamente, fue un pensamiento fugaz. Porque, ¿qué datos tengo yo? Una conversación de diez minutos no da evidencias suficientes para decir cómo de feliz es una persona* y mucho menos para afirmar cuan fácil ha sido su vida. Sí, ahora es empresaria, pero yo no sé los tumbos que ha dado hasta llegar ahí. Que ahora haya alcanzado su objetivo, que ahora esté bien, no significa que no haya sido difícil. Así que me reprendí por haberla juzgado tan precipitadamente. ¡Que las prisas no son buenas!

Consejo gratis: antes de juzgar, pensad que cada quien ha luchado/lucha con sus propios monstruos y que, desde fuera, todo dolor parece llevadero. 






*...aunque a veces bastan 3.54 minutos de baile (y aún menos) para darse cuenta de cuan felices son dos personas. Eso también lo re-aprendí allí.



sábado, 11 de abril de 2015

Reto (XI): Fin de fiesta.

Última entrega del reto. Hoy le toca el turno a la propuesta de Letraherido, que me retó con la canción "La casa del misterio", de Ilegales. A ver qué sale.

***

Música para leer.



No sé cómo he llegado aquí. Debo de haberme bebido hasta el agua de los floreros, porque mi cerebro rebota dentro del cráneo como una nuez seca, me duelen los ojos y todo me da vueltas. Intento enfocar la mirada sin demasiado éxito, pero consigo ubicarme en un pasillo angosto y sinuoso. Las puertas se suceden a ambos lados, sin ningún número que permita identificarlas, pero todas diferentes: el carpintero debía de tener alergia a los ángulos rectos. Una luz roja lo baña todo y se respira un ambiente denso y lúbrico.

Me obligo a avanzar por el corredor, rozando con las paredes y tropezándome con mis propios pies. ¿Qué le ha pasado a mi equilibrio, joder? Necesito recordar en qué garito he estado esta noche para no volver nunca. 

De fondo oigo una melodía. Me resulta familiar pero no alcanzo a reconocerla. Camino arrastrado por las notas, pero el pasillo parece no tener fin. La parte racional de mi cerebro lucha contra el abotargamiento para decirme que es imposible que haya un pasillo tan largo en ninguna parte. "Debo de estar soñando", me reconozco. Ese pensamiento parece aliviar la tensión de mis hombros. Entonces la música se hace más intensa. He llegado a mi destino.

Abro la puerta sin gravedad alguna, con la ligereza de quien sabe que, pase lo que pase, despertará y olvidará lo ocurrido. Dentro, sentada frente a un tocador, hay una mujer. Se gira y me sonríe, y su sonrisa es tan hechizante que no reparo en sus rarezas. Su piel es verde, su cabello es morado, al igual que sus pezones. Entonces me doy cuenta de que está desnuda. Se acerca a mí. Sus ojos sin iris se clavan en los míos, cargados de promesas. Y entonces comienza a desnudarme sin decir una palabra.

Yo me dejo hacer, pero ella no parece satisfecha con mi pasividad y lleva mis manos a sus pechos, a su cintura, a sus caderas. Su cuerpo es cálido. Demasiado cálido. Pero en este punto no me importa. Solo espero que mi cuerpo no esté abrazado a una estufa. Ella se sienta sobre mí y me hace el amor con rítmica violencia. Unos minutos después eyaculo. Desde luego, para ser un sueño es asquerosamente realista. 

Ella no ha llegado al clímax todavía. Sin vergüenza y sin recatos me ofrece su sexo y yo le rindo culto como a una diosa hasta que estalla. Entonces su piel se vuelve fría, extremadamente fría y suave. Me besa y siento su lengua extraña, larga, nerviosa,... pero estoy exhausto y, mientras siento que me duermo, me pregunto si eso es posible dentro de un sueño.



Despierto en una cama desconocida. La habitación está oscura así que infiero que todavía es de noche. Me llevo la mano a la frente y murmuro con voz ronca:

-¡Joder! Qué sueño más raro...

Entonces una mano gélida se posa en mi brazo y, en apenas un segundo, un enorme lagarto ha trepado sobre mí. Sus ojos sin iris me miran con deseo. Estoy tan asustado que no puedo gritar.

-Y eso que la fiesta acaba de empezar...

Ahora sí, ahora creo que hay un alarido de temor reptando por mi garganta, pero la criatura lo silencia con un terrible beso. Sus garras afiladas se clavan en mi cuerpo, desgarrando la carne. Me pregunto si tardaré mucho en morir. Mientras su lengua bífida se desliza hasta mi garganta, espero que no.


Libro: Limpieza de Sangre, de Arturo Pérez-Reverte (Las aventuras del capitán Alatriste #2)


Aunque empezamos a la vez y Jack ya va por el 4º libro de la saga, yo me lo estoy tomando con más calma, que no quiero saturarme de espadachines, malos lances y demás. Por eso intercalo otras lecturas en medio. Pero ya le ha tocado el turno al segundo título de la saga. ¡Vamos allá!

¿De qué va el libro?

Diego Alatriste, aunque aún no ha sanado completamente de su última herida, está pendiente de reincorporarse a filas para combatir en Flandes y alejarse de un Madrid que se ha tornado aún más peligroso para él de lo que ya era. Pero Quevedo le pide un favor y Alatriste no puede negarse. En mala hora, porque en ese lance se pondrán en peligro varias vidas y acabarán topando con la mismísimima Inquisición. 

Hablando del libro...

Si leísteis la reseña de El capitán Alatriste, ya sabréis un poco de qué palo van estos libros: espadachines a sueldo, líos de corte, ambiciones, un Madrid oscuro y podrido, una España que empieza a hundirse, y, en ese escenario, un hombre que no es un santo pero que tiene un código que le complica bastante la vida. 

En este libro al que más se le complica la vida es al pobre Íñigo, la verdad, que medio por servir a quien sirve, medio por desobedecer a quien sirve, acaba metido en un lío que no le desearía ni a mi peor enemigo.

¿Puntos a favor de este libro? Pues la temática de la limpieza de sangre, que me parece muy interesante, algunas conversaciones (en una de ellas se descubre que Alatriste es pariente de un célebre personaje de la literatura), las digresiones de Íñigo sobre el país,... Creo que mantiene el nivel respecto del primero y me atrevería a decir que a mí éste me ha gustado algo más.

¿Puntos en contra? Pues que hay algunas cosas que me chirrían, aunque a lo mejor es cosa mía. Como esa entrega de Íñigo a Angélica de Alquézar. O esa última escena, que no sé, no me acaba y no sé por qué.

También preveo que acabaré mutilando mentalmente a Diego Alatriste. Se está pasando con mi Cari, la Lebrijana, y yo esto no se lo voy a perdonar nunca jamás en la vida. Así de claro.

Mención especial a la aparición de uno de mis poemas de amor favoritos, el soneto de Quevedo "Amor constante más allá de la muerte".

Supongo que queda claro, pero por si acaso, lo digo: voy a seguir leyendo la saga. ¡Y voto a tal, que se hacen cortos estos libros! (Hasta la manera de hablar se pega XD)

Os dejo un trocito...

"Puestos a elegir con quien habérselas a la hora, a veces insoslayable, de tratar con gente que hace el mal, preferí siempre a aquellos capaces de no acogerse más que a su propia responsabilidad. Porque en las cárceles secretas de Toledo pude aprender, casi a costa de mi vida, que nada hay más despreciable, ni peligroso, que un malvado que cada noche se va a dormir con la conciencia tranquila. Muy malo es eso. En especial, cuando viene parejo con la ignorancia, la superstición, la estupidez o el poder; que a menudo se dan juntos. Y aún resulta peor cuando se actúa como exégeta de una sola palabra, sea del Talmud, la Biblia, el Alcorán o cualquier otro escrito o por escribir. No soy amigo de dar consejos -a nadie lo acuchillan en cabeza ajena-, mas ahí va uno de barato: desconfíen siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro."

Un pasaje genial, o al menos a mí me lo parece.

En resumen, este libro,...

5/5

Ahora voy a empezar a leer un libro regalado (que pasan automáticamente al primer puesto de mi lista de pendientes :P): Her Giant Octopus Moment, de Kay Langdale. El título me desconcierta mucho. Jum. Veremos si le encuentro sentido en la historia :)

jueves, 9 de abril de 2015

Tenerlo o no tenerlo claro.

Un profesor que tuve dijo una vez que los fanatismos en realidad no están mal vistos, que de quien se desconfía es de aquel que duda de todo, que critica a todos. No en vano los valores positivos son la convicción, la lealtad, la fidelidad. Lo de no casarse con nadie parece equivaler a no tener claras las cosas, a estar a la que cae, al sol que más calienta o al árbol que más sombra da, según venga el temporal.

Que yo en esto he de entonar el mea culpa, la verdad. Recuerdo la cara que se me quedó en Salamanca, cuando me explicaron las idas y venidas políticas de Miguel de Unamuno. Que yo no entendía que un señor que fue perseguido durante la dictadura de Primo de Rivera, exiliado en Fuerteventura y autoexiliado después, mientras clamaba por la venida de la República, que proclamó la República desde el balcón del ayuntamiento de Salamanca, que fue diputado en esa época, acabase apoyando a Franco. Pero menos entendía que después se encarase a Franco y Millán-Astray en la Universidad de Salamanca, jugándose la pellica. No entendía nada. Y en otro casos puede explicarse por el interés, pero Unamuno, queridxs míxs, iba siempre a contrapié del poder establecido. No veáis las vueltas que le di entonces, y las que le he dado después a esta historia. Muchas, muchas. Me imagino que las gentes de la época tampoco lo entenderían.



Y seguimos en las mismas. Hay, y menos mal, gente que no se decide a tomar bando. Estas personas son sistemáticamente atacadas desde todas partes. Es lo que tiene no meterse en trincheras: que estás a tiro de todas. Pienso, en este momento, en Cristina Pardo, actualmente periodista de La Sexta. A mí Cristina Pardo me hace mucha gracia y me gusta bastante. Será por las caras, gestos y risillas flojas que se le escapan cuando habla de un nuevo caso de corrupción o traslada a los televidentes una nueva declaración disparatada de cualquier político. Reconozco en esas caras, gestos y risillas a una ciudadana normal que lo flipa mucho con todo, y quieras que no, me genera simpatía. Y luego está el tema de que tiene para todo el mundo. En Twitter, si la seguís, reparte a diestra, siniestra, a los de arriba y a los de abajo con la misma gracia y sentido del humor (que tampoco está mal, mala sangre ya nos la hacemos solos). 

Hoy, en concreto, he visto este tuit y no me he podido aguantar. He tenido que escribir este post. 
Porque así son las cosas. Cuando entrevista a Íñigo Errejón, es de la casta. Cuando habla del PP, es de los de la ceja. Cuando habla del PSOE, a saber de qué es o cómo es (honrada y buena persona, no).

Y, qué queréis que os diga, a mí este tipo de personas, que no levantan pasiones en ninguna trinchera, que son vituperadas por unos, otros y los de más allá, como que me caen en gracia. Parecen no servir a los intereses de nadie y no les duelen prendas en señalar una mancha, lleve quien lleve el vestido. Gente que no es de un solo color, sino de un solo rasero. La pena es que haya tan pocos.

Con el tiempo creo que he llegado a entender a Unamuno. Supongo que él defendía con vehemencia aquellas posiciones o ideas que creía buenas pero, una vez puestas en movimiento, acababa decepcionándose. Entonces -en una época muy convulsa- se alzaba una alternativa en la que Unamuno ponía sus esperanzas, sus fuerzas y su compromiso. Y volvía a ocurrir lo mismo. Era otro momento, supongo, una época muy polarizada en la que intentar salir de la dicotomía no parecía una opción.

Lo que sí tengo claro es que no era un cobarde o un tránsfuga que buscaba su propio beneficio, un veleta. Al igual que creo que las críticas de Cristina Pardo no son gratuitas, arbitrarias, ni están motivadas por el deseo de hacerse grata a unos o a otros según convenga. A lo mejor es que no tomar partido no significa no estar comprometido. A lo mejor es que para criticarlo todo hay que tener las cosas extremadamente claras.


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