jueves, 29 de agosto de 2013

Un problema menos.

Estoy haciendo un curso en Coursera. Bueno, haciéndolo no, porque ya he hecho todo lo que tenía que hacer, ahora solo queda esperar la evaluación y ver si me he ganado un certificado de aprovechamiento de esos que dan. Es el primer curso de Coursera que termino, todo un logro :P


Ya os contaré más cosas sobre el curso cuando esté acabado oficialmente. De momento puedo deciros que estoy muy contenta con él. El curso está dirigido a profes novatos, y pretende dar estrategias para empezar el curso con buen pie, para que la clase no se nos desmande a los que pisamos un aula por primera vez. En ese sentido, me ha resultado bastante interesante y hasta útil. 

Pero una de las partes que más he disfrutado del curso ha sido la participación en los foros. Una parte de la evaluación dependía de ello, así que por eso me animé más. Quizá, si no hubiese sido un requisito, habría pasado del tema, porque esos foros, tan saturados, me agobian mucho. Bueno, están saturados al principio, porque luego la gente va abandonando. La cuestión es que, al obligarme a participar, me metí en la dinámica, y he disfrutado mucho. En estos cursos virtuales entra gente de todas partes. De hecho, se hizo un mapa en el que nos etiquetamos, y era realmente alucinante. Así, siendo cada uno de su padre y de su madre, de su sistema educativo y de su concepción de la enseñanza, había contribuciones de lo más interesantes. Y bastante avanzadas. Sentí muchas veces que en España vamos con muchos años de retraso en la enseñanza, y que eso no se remedia cambiando la ley.

En fin, tanto he disfrutado de los foros que todavía sigo participando, y seguiré haciéndolo hasta que se cierre el curso. Así que anoche, cotilleándolos, llegué a un tema interesante: "Racial issues". Lo escribía una profesora de Tenessee, y planteaba un problema que en realidad no viene muy al caso. Lo que viene al caso es el comentario que una profesora polaca escribió en ese hilo, y que puede traducirse como algo así:

"Suerte que nosotros aquí no tenemos negros, un problema menos para el profesor"

¡¿Pero qué...?!

Mi primera reacción fue: ¿ P-E-R-D-O-N-A ? Luego pensé que oye, quizá el inglés le había jugado una mala pasada, es un problema que tenemos los que no somos angloparlantes. Pero en realidad la frase se prestaba a pocos equívocos. Así que, después de intentar entenderlo, me invadió una pena tremenda. Más que nada, porque esa profesora no había entendido nada.

Los problemas raciales no los traen los negros. Los llevan los blancos. Y eso vale para cualquier clase de discriminación: no es el discriminado el que trae el problema, lo lleva el que discrimina. Además, el racismo no es el único problema de discriminación que puede surgir en un aula. Si no hay negros, se discriminará a los inmigrantes, a los extranjeros, a los homosexuales, a las chicas, a los gordos, a los empollones, a los pobres,... El problema sigue ahí. Y entonces, ¿qué hacemos para evitarlo? ¿Sacar a todos los discriminados de las aulas? 



Lo que hay en el fondo de esa frase es la idea de que los profesores tienen que enseñar matemáticas, lengua, sociales, lo que sea. Pero enseñar contenidos, su materia y poco más. Y que sus alumnos sean capaces de recitar los ríos de Europa de corrido, como el protagonista de Rojo y negro recitaba la Biblia en latín.  Enseñar lo que es el respeto es un problema. Y no un problema-reto, de esos que hay que abordar. Sino un problema a evitar.

Es evidente que es más fácil hacer que los chavales se aprendan la lista de los reyes godos que conseguir que se respeten los unos a los otros. Pero a mí me queda claro cuál de los dos aprendizajes es más valioso y más irrenunciable. Sí, será complicado, pero no por ello tenemos que intentar eludirlo por todos los medios. Sobre todo, porque el que no respeta en una clase, no lo hará fuera de ella.  Y, aunque a algunos les tiente la idea, de la sociedad no podemos echar a los negros, a los homosexuales, a las mujeres, a los pobres, a los inmigrantes...

A este respecto, y en un tono mucho más serio y académico, podéis leer este artículo del blog Filosofía para principiantes del que rescato una cita del final:

"Y, OJO, QUE LA EDAD NO CURA LA ESTUPIDEZ QUE PERMITIMOS A LOS ADOLESCENTES DESARROLLAR LIBREMENTE..."

lunes, 26 de agosto de 2013

¿Qué es democracia?

me preguntas mientras clavas en mi pupila tu pupila marrón.
"¿Qué es democracia? ...Uhm...¿Algo malo?"


~ *  ~


Vengo con una depresión que no os podéis imaginar. Mucha, mucha depresión. Vale, a lo mejor estoy siendo un poco dramática de más, es uno de mis muchos defectos. Mejor os cuento la historia y vosotras me decís qué opináis. Es que en cuanto he podido volver a pensar, lo que he pensado ha sido:


Como ya os he contado unas cuantas veces, estoy ayudando a una chica a recuperar dos asignaturas para septiembre. Está en 1º de ESO, repitiendo. Tiene 14 años maravillosos, con su pavo adolescente y todo lo que ello comporta. ¿Todo? Bueno, todo no.

No quiero generalizar, porque no he tratado mucho con chavales de estas edades, pero en este caso concreto, de tanto en tanto, me llevo unos disgustazos brutales, porque me da la sensación de que esta chiqueta no sabe nada. No sé, cuando me dijo que no sabía el nombre del río que pasa por nuestro pueblo me quedé estupefacta. Es algo que yo daba por hecho, que oyes mucho, que -al menos cuando yo iba al colegio- te decían cuando estudiabas los afluentes: "Por ejemplo, nuestro río es afluente de tal río". No sé, a lo mejor ya no lo dicen. Antes los maestros pasaban más años aquí, varios de ellos vivían aquí. Ahora van más de paso.  Pero aún así, ves el cartel al entrar y salir del pueblo, lo oyes a tus padres, amigos,...¡Algo!

Pues como ese trauma, he tenido alguno más. Pero el de hoy me ha tocado de veras. Estamos con Ciencias Sociales. La primera mitad del temario va de Geografía, la segunda de Historia. Una historia muy general, no os vayáis a pensar. Yo lo agradezco, la verdad. Ojalá hubiese empezado por Historia, porque la Geografía siempre se me resistió. El caso es que yo estoy ahora como pez en el agua, ilustrando cada cosa que vemos con anécdotas. Noto -a lo mejor me equivoco- que mi chica hasta disfruta con algunas cosas, se ríe, se sorprende. De hecho su madre me contó el otro día que le había preguntado: "Mamá, ¿dónde está Irlanda?", porque estudiando las construcciones megalíticas le dije que me sorprendió muchísimo una que vi cuando viajé allá. También se sorprendió mucho cuando le conté el importante papel de los dedos pulgares en la evolución del ser humano. "¡Nunca lo había pensado!", me decía, y se miraba las manos. 

La metodología que llevamos -porque vamos muy justos de tiempo- es que ella lee y resume un tema o dos en casa, y en la siguiente clase se explican dudas, si las hay, y si no, explico los puntos que creo más difíciles, y seguimos adelante. Hasta ahora nunca ha habido dudas. Hasta hoy. Esta semana tenía que traer leídos y resumidos dos temas: La civilización griega y la civilización romana.  Entra, y muy rápido, me dice:

- Hoy los resúmenes no están completos, porque hay trozos que no entendía. 

-Perfecto, -le digo- los explicamos. Dime qué no entiendes. 

Y empezamos por "La polis: Atenas". Le explico el concepto de ciudad-estado. El siguiente punto es la democracia. Se me ocurre preguntar, no sé por qué, "Y, ¿qué es la democracia?". Por favor, coged pañuelos de papel, agarraos a los asientos, abrazad a vuestro osito de peluche favorito, porque viene la respuesta.

- No sé. 

- ¿No sabes qué es la democracia?

- No -pausa interminable-. Es....algo...¿malo?


Mi cara ha sido para hacerme una foto. Estoy segura. Le he hecho preguntas, porque no concebía lo que me estaba diciendo. Le he preguntado si se seguían haciendo elecciones en el colegio, para el ayuntamiento infantil. Esta es una actividad que se hace en mi colegio y que tiene por objetivo mostrar cómo funciona la democracia a nivel municipal, y en la que participan alumnos desde 6º de primaria hasta 2º de ESO.  Me ha dicho que sí.  Y le he vuelto a preguntar: "¿Y aún así no sabes qué es la democracia?". Negación. Yo no sabía dónde meterme.

¡Huye mientras puedas!

Después del momento de pánico, he cogido el toro por los cuernos, claro. Y me he puesto a explicarle qué era democracia.

- Tú sabes que hay diferentes maneras de gobernar un país, ¿no?

Cara de póquer.

- Por ejemplo, los reyes medievales. O las dictaduras. ¿Sabes qué es una dictadura?

Cara de póquer.

- ¿Sabes que en España no siempre hemos vivido en democracia?

Cara de póquer y negación con la cabeza.

Uff, tenía mucho que explicar. No sólo no sabía qué era la democracia, sino que tampoco tenía ni idea de que aquí había habido una Guerra Civil, una dictadura, ni nada que se le pareciese. Del régimen nazi algo le sonaba, como que quemaban a la gente en unos hornos muy grandes. Menos mal, algo es algo y menos da una piedra.

Finalmente, explicándole que las mujeres, en Atenas, no tenían derecho a voto, le he preguntado si sabía que las mujeres aquí, en España, tampoco habían tenido derecho a voto siempre. Sí, lo habéis adivinado: otra cara de póquer. 

Al final, me ha dicho:

- No es malo, pero suena de mal...

Y con la explicación etimológica del término "democracia" hemos concluido esa parte de la lección. 
Al final hemos salido más o menos airosas del paso, las dos.  No sé si aprobará sociales, pero al menos, si aprende cuatro cosas importantes yo me doy por satisfecha, y su madre me dijo lo mismo. Porque, no sé, a lo mejor cuando sale de aquí se le olvida todo, pero mientras se lo explico está atenta,  participa,... A mí me da la sensación de que son cosas que nunca había pensado y que, al descubrirlas, se sorprende. Y eso, dentro de lo malo, está bien.

Pobrecita Bettie...

Pero el trauma que he cogido no me lo quita nadie. No paro de preguntarme si es un caso aislado. Mi chica no es tonta. Un poco despistada sí, pero no sé, no creo que haya en ella nada que le impida saber esas cosas. ¿Habrá más compañeros suyos que no sepan lo que es la democracia? ¿Que no sepan qué es una dictadura? Son adolescentes ya, no sé. Me causa bastante inquietud. Es que creo que es un concepto tan básico que no me cabe en la cabeza que un chaval o chavala no sepa lo que es. Y en serio, que yo no esperaba una respuesta muy concreta. Me habría valido con: "Democracia es eso de votar". De verdad.

Espero que no sea algo generalizado, que sea otro de los despistes de mi chica (aunque con este se ha superado MUCHO). Porque si mi temor es cierto, si es algo más extendido, entonces vamos, con perdón, de culo. ¿Cómo van las futuras generaciones a implicarse en lo público si no saben qué es la democracia? ¿Cómo van a defender la democracia si no saben qué no es algo dado, que las dictaduras y las tiranías son posibles? ¿Cómo van a comprender la importancia de la política?

Ains, de verdad, qué malestar tengo...


domingo, 25 de agosto de 2013

Remakes

Queridos...¿qué opináis de los remakes?

Yo, la verdad, soy, en principio, contraria a ellos. Porque los remakes tienen un problema, y es que suelen hacerse sobre películas bastante míticas, y en ese momento pueden pasar dos cosas. La primera, que el remake sea muy diferente de la película mítica que todos conocemos, lo que, por lo general suele ser un inconveniente. Y la segunda, que intente pegarse tanto a la película original que el remake deje de tener sentido.

Ayer vi Carrie por primera vez. Todo empezó mientras buscaba imágenes para el post aquel en el que hacía un poco de broma con los bailes de graduación americanos. Encontré muchísimas fotos que hacían referencia a Carrie, como esta:

Eso sí que haría una "prom" inolvidable...




Y entre ellas había, además de fotografías de la película de 1976, la que yo vi ayer, fotografías de Chloe Grace Moretz (o como yo la llamo, la niña de Kick Ass) llena de sangre. Y me dije, "¡Uala! ¡Remake!". 


Lo cierto es que esta actriz me hace bastante gracia, no sé, le veo potencial. Así que dije: bueno, querrás ver el remake, así que, ¿por qué no le echas un ojo a la película original? Me resistía, porque quería leer el libro antes, pero bueno, al final anoche la vi. Y me gustó mucho, la verdad.  Yo tengo un problema con las pelis de terror, y es que no me meto en ellas, con lo cual, ni miedo ni leches. Pero Carrie, aunque no es una película de terror muy bestia, me dejó bastante mal cuerpo, que es lo que se pretende, supongo. 

Al acabar, Jack me preguntó si creía que la película necesitaba un remake. Y la respuesta es no. Hay películas de terror que han envejecido un poco peor, pero creo que Carrie no es una de ellas. Los temas que se tratan: acoso escolar, fanatismo religioso, la famosa "prom", son de bastante actualidad todavía.  ¿Qué puede aportar -pensé- el remake? ¿Gente grabando el acoso a Carrie con el móvil?

Pues hoy he visto el trailer del remake, et voilá, hay gente grabando el bullying con el móvil. Pero poco más. Se supone que la idea del remake es hacer una película más cercana a la novela de Stephen King, pero yo por lo que he visto en el trailer, lo que hay de diferente respecto de la película de 1976, aparte de los teléfonos móviles, es algo más de efectos especiales. Claro, que el trailer tampoco te deja ver tanto.

No debería haber visto la película original, porque ahora estoy casi segura de que no voy a disfrutar el remake. No me malinterpretéis, creo que Chloe Moretz va a hacer una Carrie tremenda, pero no voy a poder quitarme de la cabeza la película original. Y en la comparación, creo que el encanto que tiene la película original (esos estilismos, esos cardados, esa banda sonora con puntos muy cómicos a veces,...) va a jugar en contra de mi opinión del remake. Ya lo veremos en su momento. 

En cualquier caso... No sé a vosotras, pero a mí, cuando anuncian un remake de una peli que me gusta, se me ponen los nervios de punta. Mi mente asocia "remake" a "destrozo". ¿Qué opináis vosotras? ¿Cómo llevaríais que se hiciese un remake de vuestra película favorita?

sábado, 24 de agosto de 2013

Las bragas.

Una de las cosas que una necesita si quiere sobrevivir en un pueblo pequeño es una cantidad de autoestima gigante. Tener reservas tampoco viene mal, a veces puede que necesitemos más de la que pensábamos.

¿Por qué tanta autoestima? Porque en los pueblos te das cuenta de que no sabes NADA. Pero nada de nada. O por lo menos, nada importante. Y la autoestima hace falta para no hundirse en la miseria a causa de nuestra ignorancia. Podría poner infinidad de ejemplos, pero voy a ir con el más reciente.

Veamos. ¿Qué hacen ustedes, ilustres damas y caballeros, en previsión de que pueda pasarles algo por la calle? Me refiero, cualquier cosa, desde un desmayo, a un atropello. Yo daría una respuesta tipo: llevar identificación, tarjeta sanitaria, si fuese alérgica llevar un colgante o algo donde puedan identificarse mis alergias, el grupo sanguíneo,... No sé. Es ponerse un poco histérica, quizá. Yo con el DNI voy que chuto. 

Si vosotrxs estáis pensando algo parecido, ¡Mec! ¡Error! Lo aprendí el otro día.

Estaba en una tienda de ropa a la que había acudido con mi madre para que comprase ropa interior. Bragas, vaya. Y había por allí una señora de pueblo. Las reconoceréis porque hablan DE TODO como si hubiesen escrito un libro al respecto. Mientras estábamos allí nos obsequió con sus conocimientos sobre flujos migratorios, husos horarios, situación del mundo laboral, despoblación rural,... Una maravilla. 

Se acercó a preguntar por las bragas, y en medio de una conversación con mi madre dijo:

- Yo es que siempre tengo que llevar bragas nuevas. Mira, me da igual la ropa. A lo mejor llevo un "baby" (vestido fresco, que se usa más bien para estar por casa pero que en los pueblos, como la calle es nuestra, pues se usa para lo que surja) viejo y hecho polvo, pero, ¿las bragas? Las bragas tienen que ser nuevas.  Por si me pasa algo en la calle...

Yo entonces, ignorante de mí, dije, con guasa:

- Pues a mí si me pasa algo en la calle, si las bragas que llevo son nuevas o viejas es lo que menos me va a importar. 

Entonces la señora me miró, como perdonándome la vida, y respondió:

- De eso nada. Las bragas tienen que ser nuevas...¡Qué va a pensar la gente si no!

No respondí, quedé suspendida en un cúmulo de dudas. ¿Qué piensa la gente si la ropa de fuera está hecha polvo? Porque sería una pena que te pasase algo y nadie te viese las bragas, que es la prenda nueva, y se quedasen con la imagen del baby viejo y gastado. Además, ¿creéis que la gente que acude a auxiliar a alguien accidentado se fija en si las bragas son nuevas o viejas?  Y lo que es más importante, ¿sabéis dónde puedo comprar bragas de usar y tirar? Es por si me pasa algo... 

Y pensar que yo me preocuparía más de que hubiese un centro médico cerca...


viernes, 23 de agosto de 2013

Melancolía.

Ayer, Sofiatura escribió un breve post sobre la melancolía. Muy oportuno para mí, que llevo unos días sumida en ese extraño sentimiento inasible y que no se puede manipular, o canalizar. Al menos, yo no he encontrado la manera de hacerlo. Por desgracia, trae consigo una recaída en los ataques de nervios.

No es que me haya pasado nada, aunque ha habido algún acontecimiento que ha detonado la vuelta a este estado. Nada grave, no creáis. Lo que ocurre es que cuando tu ánimo está en un equilibrio tan precario como la mía, cualquier brisa te tira los trastos al suelo. Si a esto le sumamos que yo siempre he tenido cierta tendencia a la melancolía, pues...

Ando estos últimos días bastante hecha polvo. Tengo de nuevo los nervios de punta. Y cuando digo que tengo los nervios de punta es que me tiemblan las manos durante prácticamente todo el día y que de tanto en tanto me sorprendo con un nuevo tic nervioso. Me siento mal. Estoy volviendo a mis rutinas para poner bajo control la situación: relajación/meditación, reducción de cafeina, pasiflora, ... Pero cuesta. 

Además tengo ganas, constantemente, de llorar. En serio, muchas no me conocéis en persona, pero soy una tía bastante alta, firme, ... Puede decirse que parezco fuerte. Y sin embargo ahora mismo tengo una apariencia -o yo así lo siento- de fragilidad que, con esta pinta, parece casi cómica. Me soplan y me caigo. 

Al menos, dentro de lo malo, mi melancolía tiene un objeto, que a veces no hay tanta suerte. A veces la melancolía se instala sin algo que extrañar, como una incomodidad difusa. Yo echo de menos la vida que tenía, lo tengo clarísimo. Así que por esa parte puedo racionalizar un poco la situación y susurrarme que es normal. Y apoya mi teoría el hecho de que suelen ser los pequeños detalles que me recuerdan a mi vida independiente los que me hacen entrar en crisis. En Nada la protagonista dice algo así como que soportamos mejor las grandes tragedias que los pequeños problemas. Y creo que en muchas ocasiones es así.

Ayer, por ejemplo, estaba viendo un programa de debate en televisión. Estaban hablando de que la Generalitat Valenciana va a retirar un montón de ayudas. Para ilustrarlo,  pusieron diversas imágenes: comedores de colegios, personas dependientes, ...y una papelería. Porque una de las ayudas que retiran es a los libros de texto. Pues esa papelería era mi papelería favorita, la más bonita que he visto nunca. Sí, esa de la que hablaba en esta entrada, la que descubrí en mi calle. Era inconfundible. Con sus cuadernos apilados de cierta manera, el material en expositores de madera de aspecto antiguo o cestas de mimbre, los precios colgados con etiquetas y cuerda fina,... Y se me llenaron los ojos de lágrimas sin poder evitarlo. Cómo echo de menos salir a comprar un bolígrafo, o una barra de pegamento, y pasarme casi media hora por allí, cotilleando cosas, absorta...

Más tarde, Lansy me contestó a una pregunta que le hice en uno de sus últimos post (el último, creo), sobre sus peluches. Dos de ellos habían sido comprados en Valencia, y le pregunté si los había comprado en cierta tienda. Ayer, como decía, me contestó por Twitter que sí, que los había comprado en esa tienda. Justo en esa. Y me acordé de las veces que pasé por delante de esa tienda, pues yo vivía en ese barrio, muy cerca de esa misma calle. No solía entrar a la tienda, porque está especializada en manga y ni Jack ni yo somos grandes fans, pero cerquita, al lado, hay otra de cómics, de la misma empresa, y Jack y yo entrábamos siempre que pasábamos por allí. También en esa misma calle comprábamos productos orientales en una de las tiendas. Y también cerca, pero en la acera de enfrente, está esa librería que os he nombrado alguna vez, en la que tenían libros de oferta, por uno, dos y tres euros. En esa librería he comprado libros para regalar, libros para la carrera, ... Recordar esa calle, esa ruta, esas costumbres me puso tremendamente triste...

Son tonterías probablemente, pero esas tonterías accionan resortes, como en una máquina perfectamente sincronizada, y me siento incapaz de frenarla. A veces, ni siquiera sé si quiero frenarla. Porque si estoy así, si la melancolía me invade en relación a esas calles, a esas tiendas, a esas costumbres, es porque dentro de su pequeñez, de su cotidianeidad, eran maravillosas, mágicas. Y las tuve. A lo mejor es por eso que a veces la tristeza es un vicio. Y la melancolía, el hecho de complacerse en él.

jueves, 22 de agosto de 2013

Libro: El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez.


Como ya os conté en la reseña anterior, me encontré este libro en la estantería y el título me llamó la atención. Vamos, que desde que lo encontré supe que había llegado la hora de leerlo.

¿De qué va el libro?

El libro cuenta la historia de un coronel retirado que vive en una situación extrema y que vive entre dos ilusiones. Una, pegada a un gallo de pelea. Otra, a una carta que no llega. 

Hablando del libro...

Se trata de una novelita muy breve, en la edición que yo he leído 92 páginas que, además, se leen muy rápido. La historia va de penurias y pobreza, que últimamente parece que es lo que se cruza en mi camino, y es una historia dura, pero está narrada en un lenguaje simple, directo, llano.  He leído pocos libros de García Márquez. Tres o cuatro, contando éste. Pero todos tienen algo que permite reconocer al autor en sus obras. Éste también. Y leer a García Márquez es maravilloso, o al menos, a mí me lo parece. Bueno, con la excepción de Del amor y otros demonios, obra que leí por obligación en el instituto y que no me llegó a gustar, quizá porque no la entendí bien.

No sé, no tengo mucho que decir de este libro sin entrar en spoilers. Os animo a que le echéis un ojo. Puede ser ideal para esos momentos entre un libro y otro, en los que no sabes qué empezar. Yo me lo he leído en dos ratos, así que puede servir como lectura para momentos de indecisión. 

Releyendo lo que digo parece que la novela sea un ni fu ni fa, pero no, en serio. Es una buena novela. La que está ni fu ni fa soy yo :P

Os dejo un trocito...

Os dejaría el final, pero no lo voy a hacer, para que quien quiera lo lea por sí mismx. Os dejo otro trozo.

- Está muy buena - dijo el coronel-. ¿De dónde salió?
- Del gallo - respondió la mujer-. Los muchachos le han traído tanto maíz, que decidió compartirlo con nosotros. Así es la vida.
- Así es - suspiró el coronel-. La vida es la cosa mejor que se ha inventado.

En resumen, este libro...

4/5
No se lleva el 5/5 porque no sé, me ha sabido a poco. Pero me ha gustado. Quizá precisamente por eso quería más :P

Ahora voy a empezar a leer Rojo y negro, de Stendhal. No sé prácticamente nada de la novela. El caso es que el otro día, trasteando el e-reader encontré, entre los libros que traía cuando lo compré, un montón de libros que me llamaron la atención. Este fue uno. Me ocurrió lo mismo: el título me llamó la atención. También encontré en el e-reader Los Miserables, creo que la versión completa, no abreviada. Es otro de los libros que caerán pronto. Aunque quizá no enseguida. Después de Rojo y Negro voy a hacerme una cura de historias de amor, fantasía, humor... No sé, algo más ligero. Lo necesito.

¡Muá!

miércoles, 21 de agosto de 2013

Más que profesionales.

Hay personas que son buenos profesionales: cumplen con su trabajo de la mejor manera posible. Entre esos profesionales hay algunos verdaderamente ¿qué palabra podría usar? ¿Mágicos, quizá? Son esas personas que van más allá. No sé, pienso por ejemplo en el camarero que no solo te pone el café, sino que te dice las primeras palabras amables del día. O en el encargado de limpieza que te saluda, aunque no te conoce de nada, sonriente. O en la enfermera que te dice unas palabras reconfortantes antes de una prueba médica. En muchas ocasiones estos pequeños gestos llegan cuando más los necesitamos, y aunque pueden parecer insignificantes fuera de contexto cobran un sentido enorme en esas ocasiones. ¡Qué suerte encontrarte con estos profesionales en tu vida! Estas personas, como dicen en el libro The perks of being a walflower, ven y entienden.

Creo que ese es el tipo de profesional que nos gustaría ser. A mí, al menos, me gustaría. No sé qué acabará siendo de mi vida. Tal vez llegue a ser profesora. Puede que incluso dedique a ello mi vida. Si es así, espero tener los ojos, más bien todos los sentidos, bien abiertos a esos gritos silenciosos que todos damos de vez en cuando. ¿Qué son si no las ojeras, la cara larga, los ojos irritados, las manos temblorosas, la cabeza gacha,...? Espero tener o desarrollar esa sensibilidad y espero también que la rutina no la aletargue. Pero quizá no. Quizá acabe de dependienta en una tienda de maquillaje. Y si es así espero saber dar a cada mujer la barra de labios que la haga sentirse preciosa en su día más bajo. O a lo mejor trabajo en una librería. Espero entonces saber intuir qué libro puede marcar la diferencia en la vida de esas personas que desesperan por que algo cambie en su interior.

Hoy me he sentido cerca de ser ese tipo de profesional. Como os he contado, estoy ayudando a una chica a recuperar un par de asignaturas para septiembre. Pues bien, septiembre ya está cerca, y aunque periódicamente le he enviado notas a su madre para informarle de cómo íbamos, le he pedido hoy que viniese a hablar conmigo para contarle, no solo cómo van las cosas, sino para poner en su conocimiento algunas dificultades que tiene su hija y que creo que están a la base de sus problemas académicos. Hemos hablado, y he puesto en su conocimiento mis sospechas, le he indicado qué podría hacer, le he sugerido que lo consulte con la tutora del curso próximo y con la orientadora del colegio. Entonces esa madre, que quiere a su hija por cómo es, que quiere que sea feliz, que sea ella misma, esa madre, conmovida, creo, por mi preocupación, me ha comentado que su niña lo estaba pasando mal, que estaba teniendo un verano terrible por problemas personales. Ya sabemos todos aquí que en la adolescencia, cualquier problema personal es gigante. Y no digo que nos parezca gigante, digo que lo es. La adolescencia no es fácil. Y me ha dicho que esos mismos síntomas, esas cosas que a mí me hacían extrañarme, las ha notado ella también, y la tienen preocupada. Hemos hablado un rato, creo que la he tranquilizado y que le he aportado otra perspectiva a su preocupación de madre.

Cuando se ha ido me ha dado las gracias. Yo he cerrado la puerta y me he sentido preocupada por mi chica, su hija, pero al mismo tiempo me he sentido satisfecha por haber sabido ver los signos, por haber notado los síntomas, por no haber visto a esa chica como una mala estudiante o alguien al que le importa un bledo lo que yo haga o diga. No me he sentido, propiamente, una de esos profesionales mágicos, pero he sentido que me acercaba a ese ideal. Y me ha gustado. 

Este post va por todas esas personas, profesionales, que, además de hacer su trabajo y de hacerlo bien, ven y entienden y, muchas veces, marcan la diferencia, hacen un momento, un día, un curso, ... totalmente diferente con su presencia. Pero hoy, justamente hoy, especialmente a una de esas personas, que, por ver, por entender y por hacer, también siente, y siente mucho. Mucho ánimo, maestra.

martes, 20 de agosto de 2013

Libro: Nada, de Carmen Laforet


Tengo este libro desde hace, por lo menos, 8 años. Estando yo en 2º de Bachillerato, El País sacó una colección de clásicos españoles con 50 títulos, que podías comprar con lo que te costaba el periódico + 1 euro. Un par de los títulos obligatorios para selectividad estaban incluidos, así que convencí a mis padres para hacerla entera. Al fin y al cabo,...  Pues bien, Nada era uno de esos libros. Una amiga me lo sugirió como lectura, ya que aparece citado en La ridícula idea de no volver a verte. Recordé que lo había leído, pero no recordaba nada, salvo la sensación de no haberlo entendido. Luego descubrí que no lo había leído, sino que lo había empezado. De cualquier modo, me pareció interesante volver a intentarlo.

¿De qué va el libro?

El libro cuenta, en primera persona, las experiencias de Andrea, que se ha mudado a Barcelona a estudiar en la Universidad y que va a vivir en casa de su abuela, conviviendo con ella y otros familiares, ellos miembros de una familia burguesa venida a menos tras la Guerra Civil. 

Hablando del libro...

Debéis de saber que el libro no es la alegría de la huerta. Vamos, que la vida de Andrea en su primer año de Universidad no es aventura, romance y diversión. De hecho, el libro es bastante, no diré deprimente, pero sí duro. La moral católico burguesa, los malos tratos, la pobreza y la pérdida de status social/económico son algunos de los ingredientes de la obra. 

He de decir que, al releerlo, he recordado por qué lo dejé en su momento. No es que sea complicado de leer, qué va. Se sigue fenomenalmente bien. Y la narrativa es fluida, directa, pero no tosca, tiene sus recursos estilísticos. Creo que el libro está muy logrado -pedante decir esto, cuando ganó el Premio Nadal-, pero, tiene un pero que solamente me afecta a mí. Es uno de esos libros que, aunque no consigo sacarle ninguna pega, no me ha llegado a involucrar como tras historias más sencillas, e incluso más "de mercado". Quizá porque en muchas ocasiones las escenas son tan exageradas que me cuesta meterme en ellas, me cuesta verlas como factibles, como reales. No sé. Quizá pueda ser también que me siento un poco ajena a los protagonistas del libro, que no llego a entenderlos, ni a comprender sus motivos. El caso es que el libro me roza, pero no me llega.  Y estas cosas me dan una rabia... Es como que se me escapa algo, como que no consigo entender algo que el libro o la autora quieren decir. 

Sin embargo, os animo a que os atreváis con él, a ver si tenéis más "suerte" que yo. 

Os dejo un trocito...

"Sin embargo, era para mí un lujo demasiado caro el participar de las costumbres de Ena. ella me arrastraba todos los días al bar -el único sitio caliente que yo recuerdo, aparte del sol del jardín, en aquella Universidad de piedra- y pagaba mi consumición, ya que habíamos hecho un pacto para prohibir que los muchachos, demasiado jóvenes todos, y en su mayoría faltos de recursos, invitaran a las chicas. Yo no tenía dinero para una taza de café. Tampoco lo tenía para pagar el tranvía -si alguna vez podía burlar la vigilancia de Angustias y salía con mi amiga a dar un paseo- ni para comprar castañas calientes a la hora del sol. Y a todo proveía Ena. Esto me arañaba de un modo desagradable la vida. Todas mis alegrías de aquella temporada aparecieron un poco limadas por la obsesión de corresponder a sus delicadezas. Hasta entonces nadie a quien yo quisiera me había demostrado tanto afecto y me sentía roída por la necesidad de darle algo más que mi compañía, por la necesidad que sienten todos los seres poco agraciados de pagar materialmente lo que para ellos es extraordinario: el interés y la simpatía."

En resumen, este libro (por mucha rabia que me dé)...

3/5


A continuación empezaré con otro libro que descubrí hace unos días, casi por accidente: El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez. Tengo cuatro libros suyos que me regaló mi madre y que venían en 2 fascículos de un coleccionable: los dos tomos de Vivir para contarla, Crónica de una muerte anunciada y el que voy a empezar ahora. Es brevísimo, pero no sé, el título me atrapó. ¿Lo habéis leído? 

¡Muá!

miércoles, 14 de agosto de 2013

Libro: La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero.


Después de leer muchas cosas buenas de este libro por los mundos bloggeriles, me decidí a cogerlo. Por citar alguna entrada sobre el libro, os remito a la de Lya, que es la última que leí y la que me acabó de convencer para leer el libro. Por eso me acuerdo de ella (yo y mi memoria de pez os saludamos a todos).

¿De qué va el libro?

Esta obra no es una novela, sino una especie de ensayo/comentario del diario privado que Marie Curie escribió tras la muerte de su marido Pierre (apenas unas páginas). Rosa Montero, que también había afrontado la pérdida de su marido en el momento de escribir, habla con conocimiento de causa sobre el duelo y la muerte, dos de los temas centrales del libro. Pero no los únicos: la situación de la mujer en la ciencia, ciertas conductas que repetimos, las relaciones familiares, el amor y otras cuestiones están también salpicadas aquí y allá entre las páginas de este libro.

Hablando del libro...

Tengo poco que decir, porque, como dice Lya en la entrada que he enlazado arriba, Rosa Montero lo dice todo. El libro no se lee, se bebe. Te lleva de un tema a otro de una manera tremendamente suave. Y eso es, más que nada, porque el libro da una apariencia de sinceridad, autenticidad y naturalidad brutales. Es como si estuvieses hablando con alguien cara a cara y te estuviese contando sus cosas. Porque eso es, en muchas partes, el libro: las reflexiones y recuerdos de Rosa Montero, sus especulaciones sobre esto o aquello. No toméis esto como algo negativo, no es para nada lo que quiero expresar. Son conjeturas y especulaciones interesantísimas y contadas de una manera magistral. 

El libro, además, incluye fotografías que van ilustrando lo que Rosa Montero narra, y que, aunque quizá la mayoría hace referencia a la familia Curie, incluyen también otras de lo más variopintas. 

Es este uno de esos libros que sin ser pesado, tedioso o abstruso te hacen reflexionar y pensar. Y comprender. Y sentir. Anoche, mientras lo acababa no pude evitar soltar una lagrimilla. Y bueno, el anexo final, las notas de Marie Curie sobre la muerte de su marido y su duelo también son muy impactantes. Os lo recomiendo muchísimo. De hecho, nada más empezar a leerlo ya lo recomendé a una amiga. Amiga que, por cierto, me recomienda que diga aquí que si no estás muy entera, en tu mejor momento emocional, o si estás pasando por un duelo y demás, puede hacer que tus muros se vengan abajo. Avisadas quedáis.

Os dejo un trocito...

Aunque me va a ser tremendamente difícil elegir uno entre el mogollón de trozos que tengo señalados. Voy a tener que echarlo a suertes.Salió un  poema que cita Rosa Montero, de Philip Larking. Se titula This Be The Verse (He aquí el verso). Os dejo el poema en inglés y la traducción que hace la misma Rosa.

They fuck you up, your mum and dad.
They may not mean to, but they do.
They fill you with the faults they had
and add some extra, just for you.
But they were fucked up in their turn
by fools in old-style hats and coats,
who half the time were soppy-stern
and half at one another's throats.
Man hands on misery to man,
it deepens like a coastal shelf.
Get out as early as you can,
and don't have any kids yourself.

Traducción de Rosa:

Te joden bien, tu padre y tu madre.
Quizá no sea su intención, pero lo hacen.
Te han colmado con los fallos que ellos tenían
y han añadido algo extra, solo para ti.
Pero ellos fueron jodidos a su vez
por cretinos vestidos con abrigos y sombreros anticuados,
que la mitad del tiempo se comportaban entre ñoños y severos
y la otra mitad se la pasaban peleando.
La miseria se transmite de persona a persona,
se va haciendo tan honda como una fosa marina.
Sal de aquí tan pronto como puedas,
y no tengas hijos. 



En resumen, este libro...

5/5

Ahora no sé muy bien qué empezaré a leer, la verdad. Había pensado ponerme con Call the midwife, de Jennifer Worth, que es también el primer volumen de sus memorias, en las que está basada la serie de la BBC que tanto me gusta. Quiero leer en inglés, aunque esto ya va a ser otra liga. Ya veremos qué hago al final.

domingo, 11 de agosto de 2013

Si algún día tenéis un hijo...

No soy yo una experta en cuestiones de maternidad, qué va. Pero de "filialidad" (palabra inventada, no os molestéis en buscarla) algo sé. Así que, desde mi perspectiva absolutamente sesgada de hija me voy a permitir, no daros consejos, qué va, sino haceros peticiones.

Si alguna vez tenéis un hijo, o una hija, que para el caso es lo mismo, que sea porque le queréis. No porque le queréis un poco, no porque tenéis curiosidad, y desde luego, no porque es lo que toca. Tenéis que quererle tanto que sintáis que le echáis de menos cada día aún antes de existir. Que sea vuestra decisión, vuestra y solo vuestra, que salga del amor, y no de la soledad, o de la tristeza, o de la obligación. Todo esto para que si un día os da la tentación de culparle de lo que no habéis hecho, de lo que habéis perdido, de los años que se han ido, no encontréis ninguna excusa ni razón para hacerlo, para que no podáis obviar que accedisteis a todo ello voluntariamente. 

Si algún día tenéis un hijo, no dejéis que se sienta pobre. No pobre en lo material, porque eso la mayoría de los padres lo tienen claro. Ninguno deja, de buena gana, que a su hijo le falte un trozo de pan con chocolate, unas zapatillas nuevas, un vestido precioso, un chándal de marca, el último modelo de videoconsola o de móvil, ... Bueno, no todos son iguales, pero por lo general se da mucha importancia a lo material, mucha más que a otras cosas. Lo que yo os pido es que no dejéis que se sienta pobre en cariño. Abrazadle todos los días, decidle lo mucho que lo queréis, lo importante que es. Leedle historias, dedicadle tiempo. No deleguéis, por favor, esta tarea en otro, como si no tuvieseis suficiente tiempo o suficiente amor para él (o ella, que para el caso es lo mismo). Y reprendedle, claro. Pero reprendedle desde el amor. Porque no reprender no significa querer más. A veces significa querer menos, porque la falta más absoluta de amor es la indiferencia. 

Si algún día tenéis un hijo, estad atentas a sus logros y hacedle saber que os hace sentir orgullosas. Recordad que los hijos son siempre, en cierta manera, niños, y que, desde su altura, lo que a los padres les parece un pequeño paso a ellos puede haberles parecido una travesía. Interesaos por lo que hacen, por lo que les interesa. Conoced sus dificultades para poder animarles a que la superen. Comprended sus puntos fuertes para ayudarles a desarrollarse y entended sus limitaciones para no pedirles más de lo que pueden dar. 

Si algún día tenéis un hijo, queredle y juzgadle por quien es, no por quien os gustaría que hubiese sido. No le améis ni odiéis por lo mucho que se parece a alguien que estimáis o detestáis. Recordad que un hijo no es vuestro proyecto, sino su propio proyecto. No le hagáis sentir una decepción por tomar sus propias decisiones ni le forcéis, de ninguna manera, a que tome las vuestras. Dejadle andar su propio camino, sobre todo si queréis ser lo que él (o ella) necesita: un acompañante, un asistente, un consejero, y, a veces, un policía. 

Si algún día tenéis un hijo, nunca, nunca le comparéis con nadie. Cada persona es única y él (o ella) no es la excepción. No le comparéis con un hermano, ni con el hijo de los vecinos, ni con los compañeros de clase. Dejad que sea como es, especial. No le pidáis que sea uno más entre los normales. Y no le hagáis sentir mal porque no es (como) otra persona. No puede. No debe. 

Si algún día tenéis un hijo, o una hija, no le censuréis por llorar, o por reír, o por tener sentimientos, en general. Intentad comprenderle y animarle a que siga expresando sus sentimientos y respetando los de los demás. Nunca le hagáis sentir estúpido por llorar, o por agobiarse con un problema. No le ridiculicéis por verse sobrepasado por "tan poca cosa". Recordad que todos los problemas parecen pequeños...excepto los propios. 

Si algún día tenéis un hijo, no le digáis nunca, pero nunca, nunca, que preferiríais no haberle tenido. Por favor, no lo hagáis. Recordad que él, o ella, no pidió venir. Aunque una persona sea culpable de todo el mal imaginable, nunca es responsabilidad suya haber nacido. 

Si algún día tenéis un hijo, por favor, no le deis ningún motivo para que se sienta solo, despreciado, invisible, decepcionante, fracasado, inútil, un estorbo, una carga. Por favor. 

Si algún día tenéis un hijo, recordad que son vuestros hijos, pero recordad también que vosotras sois sus madres, y que la responsabilidad viaja en las dos direcciones. 


viernes, 9 de agosto de 2013

Libro: Matilda, de Roald Dahl.


Hace poco una amiga que vive en Londres me comentaba que uno de sus planes vacacionales era ir a ver el musical "Matilda". En ese momento se me encendió la bombilla, y decidí leer el libro en el que se basa el musical, y la película -que adoro. Yo conocí a Matilda por la película, no había leído el libro hasta ahora, y aún así, Matilda era una de mis heroínas de la infancia, junto a Pippi Calzaslargas. Esto creo que ya lo dije en la otra entrada, pero da igual xD El caso es que ya tocaba leer el libro.

¿De qué va el libro?

Matilda es una niña de 5 años bastante diferente a la gente que la rodea. Mientras su familia se pasa el día pegada a la "telly" (tele; leyendo en inglés una aprende palabras que antes no sabía), Matilda prefiere meterse dentro de los libros. Además, es una niña autosuficiente, valiente y... muy especial. En este libro se cuentan sus aventuras hasta que consigue escapar de su familia. 

 A partir de aquí puede haber spoilers, sigue bajo tu propia responsabilidad :)

Hablando del libro...

Lo primero que hay que decir es que se trata de un libro infantil, por si alguien anda despistado. Así que las expectativas deben estar a la altura de lo que es. Es un libro entretenido, divertido y con dibujos simpáticos.  Sin embargo, hay un pero, y es que se parece muchísimo a la película, por lo que la lectura, en mi caso, ha perdido bastante emoción. 

Además, salvo un detalle del libro que no aparece en la peli y que me habría gustado que apareciese, no lo puedo evitar, la película me gusta más que el libro. No sé por qué. Será porque los puntos en los que se separa del libro me agradan más que el libro mismo. Y también, por qué no negarlo, porque le tengo un cariño tremendo a esa película. Siempre me he identificado un poco con Matilda en el tema de los libros. Eso sí, ojalá hubiese tenido yo su poder... :P


Sin embargo, y a pesar de estas pegas, me parece un libro precioso. Si tenéis hijos, sobrinos, hijos de amigos, lo-que-sea, que estén en edad de leer este tipo de cosas o de que se les lean, no lo dudéis.

Además, al ser una lectura infantil, si alguien quiere empezar a leer en inglés, es perfecto para ello :) 

Os dejo un trocito...

... que demuestra que Matilda es tan inteligente como parece :P
"What on earth's going on?" she cried. "What's happening, daddy?"
"We're off." Mr Wormwood said, not looking up. "We're leaving for the airport in half an hour so you'd better get packed. Your brother's upstairs all ready to go. Get a move on, girl! Get going!"
"Off?" Matilda cried out. "Where to?" 
"Spain." the father said. "It's a better climate than this lousy country."
"Spain!" Matilda cried. "I don't want to go to Spain! I love it here and I love my school!"

Este libro...

4/5
 A continuación empezaré La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero, que últimamente me persigue por los blogs y por internet en general, con muy buenos comentarios, además.

¡Pasad un buen finde! Muá.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Guitar man


Sip, justo como la canción "Piano Man".


Pero diferente, claro.

Hay aquí un señor que se dedica a una profesión nada romántica, nada artística. Y sin embargo es un artista. Aprovecha muchos de sus ratos libres para sentarse en el escalón de la puerta de su casa con su guitarra española y arrancarle melodías que ponen la piel de gallina. 

Mucha gente no lo entiende. A sus espaldas se ríen de él, o dicen que no es normal eso de ponerse a tocar la guitarra en la calle, él solo, que parece que no esté en su sano juicio.

Yo, sin embargo, no puedo evitar pararme a la vuelta de la esquina cada vez que paso cerca de su casa y tengo tiempo para hacerlo. Allí, escondida, sentada en un banco, le escucho un rato. Es maravilloso escucharle, porque no toca para nadie, solo para él mismo, y al mismo tiempo llena de magia el ambiente. 

Toca otra vez, hombre de la guitarra...

martes, 6 de agosto de 2013

Película: Moonrise Kingdom.


Moonrise Kingdom es una película del director Wes Anderson estrenada en 2012. Desde que se estrenó me la han recomendado infinidad de veces. Soy algo lenta para poner en práctica las recomendaciones, lo asumo, y muchas se me olvidan, por eso no la he visto hasta ahora. La razón es que me encontré con este post de E. C. Belmont, titulado "5 películas que debes ver cuando estés triste". Yo cuando estoy triste hago maratón de Bridget Jones 1 y 2. Por cambiar un poco...  Vi que en la lista también estaba Billy Elliot, una película que me parece preciosa y entrañable. Así que sumando todas las recomendaciones y su presencia en esa lista con mi estado de ánimo de los últimos tiempos obtuve como resultado la decisión de que tenía que verla. 

Pues ya está vista, y no sé por qué, me quedo igual. No creo que vuelva a verla. Y aún ahora tengo la sensación de que no sé muy bien por qué no me gustó, porque si analizo la película por partes me doy cuenta de que hay cosas que sí me gustaron. Por ejemplo, los actores. Esta película tiene un plantel de actores impresionante: Edward Norton, Bill Murray, Harvey Keitel (a.k.a Señor Lobo), Bruce Willis,...Y en sus actuaciones no están mal, qué va.  También me gusta mucho la fotografía de la película, no sé, me parece muy bonita, y sí que le da ese cierto aspecto "mágico" que a mí, al menos, me sugiere el cartel de la película. Pero pare usted de contar, ahí se acaba la magia.  La ambientación, también me parece buena, e incluso el punto de partida de la historia. Creo que podría haber salido una buena película con todos esos ingredientes.

Y ahí está la cuestión: podría. Pero no. la sensación que tengo con esta película es que quiere llegar a algo y se queda muy al principio. Que podría haber sido un peliculón, pues tiene mucho a su favor (buenos actores, un argumento que puede seducir, unos personajes con los que podemos identificarnos, ...), y sin embargo, se queda en prácticamente nada. A mí me pareció una película superficial, que no entraba en ninguno de los problemas o situaciones que planteaba, pasaba de puntillas sobre ellos. Y a mí, como espectadora, me dejó insatisfecha en ese sentido.  Y me pareció monótona y aséptica. Monótona porque no noté cambios de ritmo, ni momentos cumbre. Quizá el final, pero en ese punto estaba ya tan apática que no había nada que me sacase de ese estado.  Por no hablar de que para plantarle ese final a al película, se podían haber ahorrado casi una hora de metraje.Y aséptica, porque las relaciones que aparecen en esta película me parecen tan frías, tan poco emotivas,...  Incluso la que hay entre los dos protagonistas.  Moonrise kingdom, no sé si eres tú, o soy yo, pero no me has llegado. Y yo quería, de verdad que quería.

Supongo que también han influido las expectativas que tenía, pero es que no es para menos. Entres donde entres, busques donde busques, la abrumadora mayoría de los comentarios sobre la película la califican como obra maestra, poco más o menos. Y no es solo la crítica, también los espectadores. No sé. Será que a mí el universo de Wes Anderson no me va.  O a lo mejor es que simplemente algo se me escapa. No tengo ni idea.  La cuestión es que esta película...

2/5

 Esto no quiere decir que os recomiende que no la veáis. Ya digo, no conozco a nadie a quien no le haya gustado, salvo a mi siamesa cerebral, y no creo, en ningún caso, que esa gente a la que sí le gusta no tenga criterio o haya sido abducida y reprogramada. Para gustos, los colores, que dice el refranero. La película se deja ver, desde luego, no es ningún crimen cinematográfico, así que nadie morirá intentando verla, pero el mínimo que pido yo a una película es que sea entretenida, y esta, para mí, no lo ha sido.


PD: Veo bastantes pelis, debería animarme a escribir sobre ellas también, y no solo sobre los libros :P

lunes, 5 de agosto de 2013

Pero, ¿en qué mundo vivimos?

El otro día hablaba con una amiga. Ella es una mujer diez: comunicativa, agradable, simpática, dos carreras, habla dos idiomas aparte del castellano, curiosa, capaz de aprender en muy poco tiempo cualquier cosa que se proponga, activa,... Asume un puesto de responsabilidad en una start-up en el que hace DE TODO, directamente. Y anda muy quemada de tanto en tanto por cómo las mujeres siempre tienen que demostrarlo todo el doble. A veces decimos que somos mujeres en un mundo de hombres, pero creo que eso no es decir suficiente: somos mujeres en un mundo machista.

Últimamente me preocupo bastante de los comportamientos sexistas normalizados, esos a los que no damos importancia. ¿No sabes a qué me refiero? Me refiero a esas cosas que te molestan, que te ocurren por ser mujer y que si denunciases en voz alta levantarían un coro de voces llamándote histérica, exagerada, tiquismiquis, feminazi y, en última instancia, malfollada. ¿Ahora sí? Sigamos. 

El otro día estuve leyendo sobre el tema y una cosa llevó a la otra. Empecé releyendo este artículo de Proyecto Kahlo sobre la cultura de la violación. No me impactó tanto el tema del uso de la violación publicitariamente y demás, sino lo mal conceptualizada que tenemos esa práctica.  Violación en nuestra mente es igual a señor pervertido/ perturbado + chica solitaria al azar + circunstancia propicia (noche, callejón solitario, etc.) + agresión sexual empleando gran cantidad de violencia para conseguirlo. Pero no todas las violaciones son así. Hay maridos que violan a sus esposas. Hombres que violan a su pareja. Amigos que violan a amigas. Porque SI NO QUIERES, ES VIOLACIÓN. En el vídeo se habla de un caso bastante sangrante, en el que en una fiesta dos chavales violaron repetidamente a una chica inconsciente y lo grabaron en vídeo. La chica lo explica muy bien. En ese caso se dieron toda clase de barbaridades. Primera, culpar a la víctima: que no hubiese bebido. Vale gracias. Por esa regla de tres, si me violan en la calle, mejor que no hubiese salido. Siempre hay una excusa para violar a la víctima cuando, lo cierto, es que si ese par de individuos no la hubiesen violado, al día siguiente lo máximo que habría tenido es una resaca. Después, compasión por los agresores: cómo es posible que dos buenos chicos, con un futuro tan prometedor, ahora vean ese futuro roto... ¿Hola? Si no querían estropear su futuro, que no hubiesen violado a una chica.  Tercero, no intervención de nadie: había gente viendo aquello y nadie lo impidió. Alguien dijo que parasen, pero nadie le respaldó, y esta persona reculó. ¿Bonito, verdad? Le da tranquilidad a una saber que si se pasa de rosca y algún "amigo" intenta propasarse, los demás le pararán los pies. Oh, wait... 

En el vídeo, al final, la chica explica qué significa el consentimiento en el contexto de una relación sexual. Y esto es básicamente consentimiento verbal. Si la chica no te dice que sigas, que le gusta, NO LO HAGAS. Pero hay otros signos: si tiene miedo, si llora, si tiembla...PREGÚNTALE, y escúchala.  Todo lo que no sea un SÍ es un no. Y desde luego, alguien que no está en plenas facultades no puede dar consentimiento: eso es aprovecharse. Pero también habla a las chicas, pues tenemos que aprender a decir NO, sin excusas. Podemos decir NO siempre. A nuestro novio, incluso. A nuestro marido. A alguien con el que nos hemos acostado antes pero con el que no queremos volverlo a hacer. Incluso cuando hemos accedido, si en un momento queremos parar, podemos decirlo. La relación sexual tiene que ser placentera, agradable y voluntaria para ambos.  

Entonces me puse a pensar en amigas que me contaban cómo algún baboso -conocido o no- había intentado aprovecharse de ellas después de unas copas. Y me di cuenta de que no es algo aislado, de que puede pasarle a cualquiera.

Acabé en la página EverydaySexism, en español. Había llegado a ella por un artículo en el que los comentarios eran claros: histéricas, tiquismiquis, a ver si ya no vamos a poder decir un piropo, bla, bla, bla. Cuando me puse a leer se me cayó el alma a los pies, más todavía. Una cantidad de situaciones grotescas que no os podéis imaginar: desde obscenidades al pasar por la calle (que se tornan insultos cuando una no responde o planta cara), hasta tocamientos en el trabajo, en el transporte público, etc.  En algunas de ellas me reconocí. Y si algo deja claro una página como esta es que no son enfermos, todos esos hombres no pueden estar enfermos. Es machismo.

Hoy, las impulsoras de ese proyecto en inglés preguntaban en Twitter qué situaciones discriminatorias relacionadas con el sexismo habíamos vivido en el trabajo. Daba pena leer todo aquello. En el trabajo la mujer sigue siendo discriminada sistemáticamente. Hasta en las ofertas de trabajo "solo para mujeres" subyace generalmente cierto machismo. En muchas de ellas no se intenta superar una discriminación dando oportunidades a las mujeres, sino que lo que se quiere es instrumentalizar a la mujer para agradar y atraer a los clientes masculinos. Una chica contaba que para trabajar en un bar le pedían quitarse su alianza de matrimonio, porque las chicas tenían que parecer disponibles. Pues eso. 

Me descubro cada día reconociendo conductas que consideraba "normales" como algo perverso, viciado. Pero al menos me voy dando cuenta. No solo hay que educar a los hombres para la igualdad. También hay que educar a las mujeres. Hay que hablar de ello, hacerlo visible. Es el primer paso para que estas cosas dejen de ser normales.

Mientras no se erradiquen estos micromachismos no será posible hablar de igualdad. Mientras que por denunciar estas cosas nos sigan llamando histéricas el feminismo será necesario. Nos queda mucho camino por andar.

domingo, 4 de agosto de 2013

Un domingo muy tonto.

 Este post es un post de mierda. De esos que piensas: "Escríbelo en una libreta, petarda, y no nos atormentes con tus miserias y tus neuras". Ni siquiera tiene GIFs para compensar. El que avisa, no es traidor.


Tengo el día exageradamente tonto. Echo de menos muchas cosas. Y sé que soy estúpida, y pierdo el tiempo, porque las cosas son como son de momento. 

Es solo que... es extraño. Tengo 25 años y debería estar durmiendo la resaca de la fiesta de anoche, o pensando en la que vendrá esta noche. Al fin y al cabo, estamos en fiestas, ¿no? Y las fiestas no entienden de crisis.  Pero no, yo estoy aquí. Y por muchas razones.

La primera, el dinero. Uno puede salir y gastar poco dinero, quizá, pero gasta. Y yo no quiero gastar dinero. Quiero ahorrar, para ir a Valencia a ver a Jack, por si surge algún imprevisto con el PC, para pagar la factura del teléfono móvil. En fin, prioridades. Prioridades que la gente no entiende. "¿No tienes dinero para un café? ¿Para una caña?". Pues sí, claro, pero... tengo otras prioridades. Y desde luego, quiero intentar por todos los medios no tener que pedir un euro a mis padres. Bastante hacen ya.

Pero, aunque venciese ese obstáculo, aunque me quitase la obsesión de no gastar...¿A dónde salgo y con quién voy? Algunos de mis antiguos amigos, de la gente con la que solía salir cuando era adolescente, me han dicho que avise si salgo. Pero...Me sentiría extraña. Hace años que no salgo con ellos y han cambiado muchas cosas. Otras no, claro. El modelo de fiesta sigue siendo el mismo. Tomar algo después de cenar -café, caña, lo que sea- y luego botellón y discoteca. La última parte es opcional. Yo hace eones que no piso una discoteca, básicamente porque no me gustan, y hace más o menos los mismos eones que no bebo. No sé, a lo mejor una vez allí me lo pasaría bien, quién sabe, pero así, de momento, no me veo bebiendo en la calle como cuando era una adolescente. Sé que hay gente que lo hace, adultos que lo siguen haciendo, y desde luego, cada uno hace lo que quiere. Pero yo ya no encuentro atractivo ese tipo de reunión. No es un plan que me seduzca. Supongo que soy, y siempre he sido, una "aburrida".

Por último, después de años, no quiero llegar y "acoplarme" a un grupo de personas con las que no he tenido contacto en un montón de tiempo. Para ellos iba a ser un elemento extraño, y yo a ellos también los notaría extraños. Lo sé, porque lo he sentido cuando era parte del grupo. Los "acoplaos" no caen bien. Ya me pasó hace un par de años cuando, un domingo, aunque no salí de fiesta la noche anterior, acudí a tomar algo por la tarde con ellos. Me sentí tan extraña... Tan ajena a las conversaciones... Me fui a casa hecha polvo porque sentí que había perdido algo irrecuperable: aunque aquellas personas seguían siendo simpáticas, alegres, agradables, como eran antes, ya no había conexión.

Que sí, que la culpa es mía. Que si dijese "¡Sí!" cuando alguien me pregunta si no voy a salir, o si cogiese el teléfono para quedar con la gente,... ¡Pero es que no me sale! Quién sabe, a lo mejor cuando pase un poco más de tiempo, cuando me encuentre mejor de ánimos,... La cuestión es que, por lo que sea, me siento terriblemente violenta cuando alguien -no ocurre mucho- me pregunta si no salgo. Mucho.

A lo mejor es que yo también soy estacional, como el trabajo. No sé si es culpa mía que esto haya ocurrido, probablemente sí. Otras personas también se han ido fuera a estudiar, a vivir, se han casado y tienen hijos, y aún así, cuando vuelven, retornan al grupo de siempre. No hay tanto drama. Evidentemente, yo soy una drama-queen.Y un muermo, claro. Y un erizo. Y un bicho raro. Y una empollona. Y...

Supongo que esto va conmigo. Soy una persona solitaria, poco sociable. Y eso tiene el contrapunto de que, cuando tengo cierta necesidad social, me veo así, sola. Bueno, eso es ahora. Antes, siempre tenía a Jack. Y de tanto en tanto, semanalmente, o cada 15 días, veía a mis chicas de la facultad. ¡Cómo las echo de menos! Me he acostumbrado a ese ritmo de quedar, con el bocata bajo el brazo, o  preparar unas pizzas, y charlar como si no hubiese mañana. O salir a la playa con el UNO o el Trivial Pursuit. Es lo que me gustaba, y lo que me gusta.  Y fijaos bien, escribiendo este tocho creo que he llegado a una conclusión: a la de que lo que ahora añoro no es salir de fiesta, no es tener amigos aquí... No, creo que lo que ahora añoro es tener AQUÍ a mis amigos de allí. O estar allí con ellos. Y por eso me resisto a salir, porque lo que echo de menos es aquello, y sé que aquí no lo voy a tener.

Cómo maldigo a este revés de la vida que me ha hecho verme, no solo sin casi nada mío, sino también sin parte de los míos: sin mi pareja, sin mis amigas. Ains.



sábado, 3 de agosto de 2013

La de las dedicatorias.

Esa soy yo, la de las dedicatorias. Estoy acostumbrada, en serio. Lo llevo con humor y hasta me parece un cumplido que la gente se dirija a mí cuando hay que escribir algo. ¿Que hay que dedicar una tarjeta de felicitación? A Bettie. La última que dediqué fue a mi suegra, para su cumpleaños. Y mi suegra, que es una tía templada, con su par de ovarios bien puestos y un carácter bien fuerte, acabó derramando alguna lagrimilla furtiva. Quizá la gente acude a mí porque las lágrimas son pertinentes en estos casos, quién sabe...

Pero no solo es eso. Mi madre, cuando tiene que felicitar a alguien por su cumpleaños, me dice: "Bettie, escríbele tú un mensaje". Primero me da toda clase de instrucciones con lo que tengo que poner, para al final decir: "Bueno, lo que tú veas, que tú sabes". Gracias madre.  Hasta cuando estaba en Valencia tenía que mandarle yo los mensajes a SUS AMIGAS desde MI MÓVIL. Muy loco todo.

Lo mismo ocurre si hay que dedicar un libro o un regalo. Es aquí, la menda, la que se estruja el seso para sacar unas palabras bonitas bajo las que firmar después. Que no es que me molesete, que va. Es solo...curioso.

Ayer me tocó, de nuevo. Hermano le compró un regalo a su novia, flores. Porque nada dice te quiero de una forma más mainstream que un ramo de rosas. No, es broma, me encantan las flores, y las rosas, aunque sea un cliché. En cualquier caso, en la floristería me dieron una tarjeta en blanco cuando fui a recoger el ramo, y pensé: "Me va a tocar pensar algo". Así que me puse a ello por el camino. Porque hermanito es muy majo, muy buena persona, pero... las palabras no son lo suyo. Así que, cuando llegó, me dijo que a ver si pensaba algo bonito que hiciese referencia a lo que celebraban, su aniversario. Y yo, piensa que te piensa, dí con ello.  

Leí la frasecita a hermanito, que le dio el visto bueno con cierta admiración, y a madre, que dijo que estaba bien. Y yo, en voz alta dije: "¡Qué pena que nadie me pague por esto!". Porque el Joker, que en su locura es un tipo muy sabio, tiene razón:


En fin, ¿creéis que hay nicho de mercado para las dedicatorias personalizadas? xDD

viernes, 2 de agosto de 2013

Libro: Niebla, de Miguel de Unamuno


Hace años que quiero leer este libro, desde allá por el 2008, en 2º de carrera. He leído unos cuantos libros de Unamuno, y siempre que hablo con alguien de él sale a relucir Niebla. Sobre todo, ese famoso último capítulo, tan unamuniano... ¡Ya estaba bien de dejarlo para más adelante!

¿De qué va el libro?

El libro cuenta las aventuras y desventuras amorosas de Augusto un joven soltero que un día, más por casualidad que por otra cosa, se enamora de Eugenia, una joven endeudada que trabaja como profesora de piano para ganarse la vida, aunque detesta la música.

 A partir de aquí puede haber spoilers...¡lee bajo tu propia responsabilidad!

Hablando del libro...

Bueno, la verdad es que no me extraña que este título siempre salga a relucir cuando hablamos de Unamuno. Es, quizá, junto con Del sentimiento trágico de la vida, la obra que creo que mejor le representa, al menos de las que yo he leído. Y claro, aquella era un ensayo filosófico, esta es, en cambio, una novela, así que quizá sea, de entre sus obras literarias, la que mejor le muestra. Diría, incluso, que hay mucho de Del sentimiento trágico de la vida puesto en Niebla. De hecho, esta se publicó un año después de aquella.

Vamos por partes.  En primer lugar, hablaré del argumento. El argumento, en sí, es muy simple, una historia de amor basada en un cuadrado amoroso. Sí, no triángulo, cuadrado. Lo que la hace especial, interesante, es el enfoque y las circunstancias, las casualidades o causalidades que hacen que la trama siga un curso u otro. Además, la historia combina pasajes muy filosóficos con otros humorísticos, algunos de los cuales rozan casi el absurdo. Esto hace que la lectura se haga llevable, amena. 

Sin embargo, lo más especial de esta novela -o nivola- es  cómo está construída. Lo primero que llama la atención es el prólogo de Víctor Goti, que no es otro que uno de los personajes del libro. El prólogo es una cosa muy bestia, en la que el personaje cuenta cosas que, según él, le ha oído decir a Unamuno. Después hay un prólogo de Unamuno, haciéndose el indignado por el hecho de que su personaje cuente esas cosas, y nada menos que en un prólogo. Así que os podéis hacer una idea. En la novela no solo se meten las ideas filosóficas de Unamuno, sino también personajes de otras obras suyas, como Amor y pedagogía. Hasta el escritor mismo acaba dialogando -más bien peleándose- con su propio personaje, y en medio de esta discusión también se interpela al lector. Es una novela que no respeta los cánones narrativos de la época, bastante innovadora en su momento, lo cual también es de reconocer. Por eso, precisamente, para separarse de esos cánones llamó a su obra nivola, y no novela. 

Mención especial merece el lenguaje, la manera de expresarse de todos los personajes que te transporta verdaderamente a principios del siglo XX en España.  Es una cosa que a mí me encanta, no puedo evitarlo.

En cuanto a su extensión, es bastante breve. En la edición que yo he leído roza las 200 páginas, pero no llega a ellas.  

Me parece una novela que merece la pena leer, pero que reconozco que no es de esas que pueden gustar a todo el mundo. Esperaremos la opinión de Lansy, que la anda leyendo también y que no padece mi deformación profesional :P

Os dejo un trocito...

Me cuesta decidirme, porque en el prólogo de Víctor Goti hay unas cuantas perlas que son dignas de enmarcar :P Pero me voy a decantar por otra cosa...

- De veras estás enamorado, ya lo creo, pero de cabeza sólo. Crees que estás enamorado...
- Y ¿qué es estar uno enamorado sino creer que lo está?
-¡Ay, ay, ay, chico, eso es más complicado de lo que te figuras!...
- ¿En qué se conoce, dime, que uno está enamorado y no solamente que cree estarlo? 

En resumen, este libro...

4 de 5

A continuación leeré Matilda, de Roald Dahl, que era lo que tenía pensado leer antes de que decidiese que no posponía más Niebla. Me apeteció mucho leer el libro después de que una amiga me contase que había estado viendo el musical. De hecho, la semana pasada vi de nuevo la película, y disfruté tantísimo como siempre. Seguro que el libro me encanta. Al fin y al cabo, Matilda es, junto con Pippi Calzaslargas, uno de mis ídolos de cuando era niña...

jueves, 1 de agosto de 2013

Post encadenado: Fin de la cita.

Este es un post encadenado, a lo Perri.


"Fin de la cita", esa es la broma del día, lo que nos queda de la esperada -por algunos- comparecencia de Rajoy. Algo debe significar que la gente se quede en la anécdota, a saber, que no ha dicho nada de interés. Eso sí: hemos pasado del "no me consta" de los sobresueldos a admitir que sí, que se pagaron complementos salariales. Desde luego, sin meternos en jardines, sin hablar de si está bien o mal inventarse excusas para pagar a ministros sobresueldos. Ha sido una actuación que apelaba más a la estética que a la ética: que quede bonito. Esa es la altura política de nuestro gobierno.

La altura política de nuestro gobierno ha quedado también retratada en la lectura de un discurso. Muy bien leído, claro. Se han respetado los puntos, las comas, y hasta se han leído las acotaciones puestas entre paréntesis. Habría quedado bien que aquel que ha redactado el discurso hubiese puesto por ahí un "Tonto el que lo lea". Seguro que nos habríamos reído. Más allá del texto, la nada: ni interacción, ni respuestas a muchas de las preguntas que se le han formulado. Nada fuera del guión. Por otra parte, hay que reconocerle a quien sea que haya escrito ese discurso que es un máquina, porque ha hecho posible lo imposible. Ha conseguido -o lo habría hecho, de no ser porque estas explicaciones llegan tarde y mal- hacer que Rajoy parezca un político serio. Me ha parecido, y lo digo aún a riesgo de que me apaleéis, que el discurso tenía una corrección y una altura retórica notable. Una pena que fuera para Rajoy. Pero eso no quita que, seguramente, el autor haya sido una persona muy capaz.

Una persona muy capaz...¡y como añoro yo sentirme capaz! Lo añoro porque no puedo hacer lo único que sé, mientras, y probablemente a causa de que, otros hacen lo que no saben, a saber, gobernar un país. Y no saben porque no entienden qué es política ni en qué consiste. Yo soy una gran defensora de la política como ejercicio. Creo que la implicación en lo público es fundamental, y que, aunque no debe quedar por entero en manos de los políticos, estos tienen un papel importante. Pero un político debe estar a la altura de las circunstancias en muchos sentidos, y los que nos han tocado, los que hemos elegido, no lo están en ninguno de ellos: no tienen la altura moral necesaria, ni la inteligencia, ni las capacidades técnicas, ni el conocimiento de la realidad que viven los ciudadanos que hace falta,... Pero sobre todo, como decía al principio, y valga la redundancia, nuestros políticos no tienen altura política, porque tengo que decir, con Antonio Gala, que  "los políticos honrados se quitan de en medio cuando cae sobre ellos la sospecha". Fin de la cita.
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