lunes, 30 de noviembre de 2015

Peli: Del revés (Inside out)



Hacía tiempo que no dedicaba un post a una peli, pero con esta no he podido dejarlo pasar. 

El fin de semana pasado vi Del revés, de Disney Pixar, una película que se publicitaba por todo lo alto como la nueva gran obra maestra de la animación y de la que, después, leí críticas muy dispares. Lo mejor de todo es que coincido con la mayoría de ellas, por dispares que fuesen. 

En Del revés se nota que se ha puesto mucho esfuerzo. Se ve, y lo digo desde mi ignorancia, bastante interés por crear paralelismos con el funcionamiento real de la mente. El diseño de los personajes-emociones me parece genial y creo que parte de una idea muy buena: poner en valor todo lo que sentimos y lo que pasa por nuestra cabeza. En un momento en el que el pensamiento positivo lo invade todo y parece que tienes que estar feliz siempre, me parece una gran idea, como ya he dicho. 



La película, en sí, a mí sí me gustó. De hecho me emocionó bastante. En la película en la que se habla de una preadolescente que pasa un momento difícil (se muda de ciudad). Dos de los personajes-emoción se "pieden" y tienen que volver a la central, desde donde se dirigen los sentimientos. Para ello recorren la mente de Riley, la niña protagonista y, a poco que nos fijemos, de lo que se habla es del abandono de la niñez y de lo que eso supone (se olvida el amigo imaginario, los nombres de sus muñecas, se destruye el palacio de galletas, ...). Además, en ese sentido, me parece que la película está cubierta por un halo nostálgico, y creo que eso se acaba percibiendo. Y bueno, eso a un adulto le puede gustar y tal, un adulto puede entenderlo y emocionarse. 

Pero claro, ahí viene el problema. Esta peli se publicita como una película infantil, para niños. Y en ese sentido, yo creo que hay muchas cosas que un niño no podría entender. Lo cual, por otra parte, no estaría mal si eso se supliese con acción, con comedia, con algo que el niño pudiese disfrutar. Pero no es así la mayor parte del tiempo. Leí en varias reseñas que los niños se habían aburrido viendo Del revés, y ahora lo entiendo. Las pelis de Pixar han ido dominando cada vez más el arte de gustar tanto a los niños como a los padres, sirviéndose de distintos niveles de narración. Hay bromas que al niño simplemente le parecen graciosas, mientras que los padres ven algo más. Hay moralejas que el niño puede entender de una manera básica, pero que para los adultos encierran más significado. Pero aquí creo que se han pasado de frenada. Me parece que intentaban repetir la fórmula de Up (la que, en mi opinión, ya satisface mucho más al adulto que al niño) y no han sabido equilibrar bien los ingredientes. Esa es la impresión que me da. 

En cualquier caso me parece una peli que merece la pena ver. Yo esperaba poco de ella y la verdad es que me gustó bastante. Además, viene la definición de "trisliz", Mandarinalia (guiño, guiño) xD

Os dejo el trailer :)




¿Y vosotrxs? ¿La habéis visto? ¿Qué os pareció? ¿Pensáis verla? :)

domingo, 29 de noviembre de 2015

Adelanto de #historiasminúsculas (#NaNoWriMoEsp)

Bueno, lo he preguntado en Twitter y una mayoría (pequeña, pero mayoría) ha preferido que hoy, en lugar de publicar la reseña de la peli "Del revés" publicase un relato de la antología que he escrito durante este mes. Tenía varios candidatos entre los que he corregido ya (aunque seguro que se me ha escapado algo xD) y al final, con la ayuda de Jack, el elegido ha sido este. Espero que os guste.



8. La historia que ni yo misma podría haber imaginado. 



Gracias a Moder por regalarme la incógnita de la que ha nacido esta historia. 



Soy de las pocas personas que, cuando va en metro, no hace nada. No miro el teléfono móvil, no leo, no escucho música. En realidad no es que no haga nada, es solo lo que parece. Pero sí que hago algo: me invento historias. Así, como suena. Busco entre la gente del vagón algo que me llame la atención, cualquier detalle, y entonces fijo la vista en esa persona (lo cual no deja de ser inquietante, ahora que lo pienso) y me invento una historia sobre su vida: quién es, a qué se dedica, qué problemas tiene, cuál es su mayor secreto, a dónde va... 

No tiene que ser algo extraordinario. A veces me fijo en alguien que lleva un libro. O en alguien que se mira compulsivamente las manos, o los zapatos. Tengo una imaginación desbordante y cualquier cosa me sirve. Además, nunca ha habido nada a partir de lo cual no haya podido inventarme una historia. Bueno, me corrijo: nunca había habido nada a partir de lo cual no hubiese podido inventar una historia. Hasta que lo vi por primera vez.

Reparé en él hace dos meses, un lunes por la mañana, lo cual tiene su mérito teniendo en cuenta el estado en el que me encuentro yo los lunes por la mañana. Pero claro, es que era difícil no reparar en él: pantalón vaquero, camisa de cuadros, bandolera, barbita de dos días... y las uñas pintadas de rojo fuerte. No, no era un rojo granate, el que podría llevar quizá un rockero que no encontraba el negro. Era un rojo intenso, brillante, como el que llevaría una actriz de Hollywood en los años cincuenta. ¿Qué podía hacer con aquello?

Desde luego, no dejarlo, y creedme que lo intenté. Quise apartar la vista de él, olvidarme de sus coloridas uñas y centrarme en cualquier otro pasajero, que si algo tiene el metro de Madrid los lunes por la mañana es variedad de pasajeros. Imposible. Aquella laca de uñas era como un letrero de neón. 

Aquel primer lunes, entre que intentaba ignorarlo y no lo conseguía, no fui capaz de inventar ninguna historia y llegué al trabajo con un humor de perros. Lo que debía relajarme me había sacado de mis casillas. Pensaréis que exagero si digo que al día siguiente entré al metro con miedo, pensando en que podía volver a encontrármelo. No fue así el martes. Ni el miércoles. Ni el jueves o el viernes. Pero el lunes siguiente... Bueno, eso ya fue otra historia. Y esa historia se repitió durante los lunes siguientes.

El primero de ellos pensé que quizá trabajaba como drag queen los fines de semana y que no tenía tiempo de quitarse la laca de uñas. 

El segundo que se ganaba la vida como modelo de manos para alguna marca cosmética.

El tercero que tenía una hija pequeña a la que le gustaba jugar a las pinturitas.

El cuarto, que se prestaba en alguna academia o centro de estudios para que los estudiantes de estética practicasen.

El quinto, que no era laca de uñas, sino alguna especie de tratamiento médico extraño.

El sexto, ya cansada, concluí que se pintaba las uñas de rojo brillante porque le gustaba.

Y el séptimo, frustrada, desquiciada, al borde mismo de la locura, no aguanté más y le pregunté a él mismo. 

Había aprendido a lo largo de los lunes que subía en Callao, un par de paradas después de mí. Así que esperé hasta que llegamos a Callao y lo busqué con la mirada. Como siempre, vino a parar al mismo vagón en el que yo estaba, tomó asiento, sacó un libro de la bandolera y se puso a leer, mostrando sin pudor sus coloridas uñas. 

Me costó decidirme, la verdad. No fui yo la que tomó la decisión, sino el pasajero que iba a su lado, que se levantó para bajarse en Chueca. Era un caso manifiesto de “ahora o nunca”, así que corrí para sentarme a su lado. Y él me miró. Fijamente. Como si me conociese. Como si me estuviese esperando. Eso me desconcertó tanto que no fui capaz de articular palabra y fue él quien inició la conversación.

—Buenos días —dijo, sin darle importancia.

Podría haber seguido callada y mirándolo todo el trayecto, pero me obligué a hablar.

—Buenos días. Puede que le suene raro...

—Te —interrumpió.

—¿Perdón?

—“Puede que te suene raro”. Que me tutees, si no te importa. 

—No, no me importa —contesté, aunque cada vez me estaba poniendo más nerviosa. Visto de cerca era bastante atractivo y tenía una mirada de lo más penetrante.

—¿Decías?

—Sí. Que puede que le.. te suene raro, pero quiero hacerte una pregunta.

—Pues no es tan raro —respondió con una sonrisa encantadora.

—Bueno, es que la pregunta también es rara. Bastante. 

—A ver...

—Bueno, la cosa es que llevo observándote, con esta, ocho semanas...

—Vaya...

—Déjame que siga, por favor. Te llevo observando ocho semanas con esta, como te digo, y no he conseguido inventarme una historia. Y me está volviendo loca.

—¿Perdón? —parecía verdaderamente desconcertado.

—Sí, verás: mi manera de pasar el tiempo cuando viajo en metro es fijarme en algún pasajero e inventarme su historia. Hace ocho semanas noté tu presencia y lo intenté, pero no he podido. Desde entonces lo intento cada lunes, y nada, no soy capaz. Hay un detalle de tu persona que no consigo cuadrar. 

—¿Y ese detalle es...?

—Tus uñas. El color de tus uñas, más bien. ¿Por qué llevas las uñas pintadas de rojo? Ese es el más importante. Pero tampoco me cuadra por qué siempre coges el mismo metro que yo. Bueno, no siempre, solo los lunes. Es... raro, tienes que concedérmelo.

Él no habló, rió. 

—¿Qué tiene tanta gracia? —pregunté, algo molesta.

—Pues que apuesto cualquier cosa a que cuando te cuente la historia no te la vas a creer. Vamos, no podrías habértela inventado ni en un millón de viajes de metro. 

—Pruébame —respondí, indignada: nadie insulta a mi imaginación.

—Primera: no cojo este metro solo los lunes, sino todos los días de la semana. Lo que ocurre es que el resto de días no voy “de paisano” y claro, seguramente no hayas reparado en mí. Lo de que entre en el mismo vagón que tú no es casualidad, lo hago a propósito. Sé que siempre te montas en el vagón central, no es tan difícil. Y lo de las uñas...

—¿Sí? —pregunté. La curiosidad me consumía hasta tal punto que ni siquiera me asusté por el hecho de que aquel hombre conociese mis costumbres.

—Pues muy sencillo: lo hago para llamar tu atención. Cada día te veo pasear tu vista sobre los pasajeros hasta que se detiene en alguno durante un buen rato. Así que pensé que podría darte algo que mirar. Algo en lo que detenerte. Parece que salió bien. 

—Parece que crees saber muchas cosas sobre mí... —dije, ya a la defensiva.

—Sé que acabas de pasarte tu parada. 

Maldije. Era cierto. No me molestó tanto el hecho de llegar tarde al trabajo como el de que tuviese razón. “Bueno”, pensé, “ya que voy a llegar tarde, haré que merezca la pena”. 

—¿Y para qué querías llamar mi atención, si puede saberse? 

—¿No es obvio? Porque me gustas. Yo no llevo observándote ocho semanas, sino muchas más. Varios meses, de hecho. Y no solo los lunes, sino cada día. Y no creas que no ha sido frustrante: los lunes no podías apartar tus ojos de mí, mientras que de martes a viernes no me veías siquiera. Soy vigilante de seguridad en esta misma línea de metro, seis días a la semana. El lunes es mi día libre, así que me pinto las uñas y subo a tu vagón solo para compartir trayecto contigo. Supongo que estarás pensando que estoy loco. 

En realidad lo que pensaba es que aquel episodio, que no dejaba de ser bastante inquietante, era lo más romántico que me había pasado en mi vida. 

—Algo... —mentí. 

—Lo entiendo. Bueno, al menos ya tienes tu historia. ¿Crees que habrías podido llegar a imaginarla? —preguntó, esbozando una sonrisa triste.

—La verdad es que creo que no. Tenías razón. 

—Bueno, si no necesitas nada más, me bajaré en la siguiente, para retomar mi día libre. Y tranquila, no volveré a presentarme un lunes en el metro con las uñas pintadas de rojo. 

Algo en mi estómago me decía que no podía dejar las cosas así.

—No, yo también bajo. Tengo que volver a mi parada, a trabajar. Podemos hacernos compañía. Y sí, sí necesito algo más. 

—¿Y qué es eso?

—Tu número de teléfono. ¿Te importaría?


sábado, 28 de noviembre de 2015

De terrorismo, guerra y niños.

Estoy dando la asignatura alternativa a la religión que Wert se inventó, Valores éticos. ¿Quién hay en esa clase? Pues, sobre todo, musulmanes. También hay algún niño que no es musulmán, aunque no saben muy bien por qué han acabado allí. Algunos supongo que por convicción, los menos. Otros porque creían que era la hora de estudio asistido o como se llamase últimamente: una hora en la que no se hacía nada en concreto y que podían utilizar para hacer sus deberes y cosas similares. 

En el pueblo donde trabajo la comunidad musulmana tiene una presencia importante, hay muchos musulmanes. Eso se ve a simple vista, en la calle. Pero también en los pasillos del instituto. También se ve, por desgracia, que los alumnos musulmanes van desapareciendo a medida que avanzan los cursos. Eso es solo un detalle más. El hecho es que la integración es nula, tanto en el instituto como fuera. 

He intentado trabajar en ese aspecto. Mostrar que el hecho de que alguien sea musulmán no lo convierte así, por arte de magia, en una mala persona, en un radical o en un terrorista. Al principio parecía estar claro. Incluso los alumnos musulmanes eran muy críticos con el tema del terrorismo islamista y consideraban que los terroristas se equivocaban y que no hacían ningún bien a su religión. Los alumnos que no eran musulmanes veían una diferencia clara entre sus compañeros musulmanes y los terroristas, no había identificación. Estaba satisfecha. Hice alguna actividad en la que se buscaban fiestas parecidas, lugares comunes entre ambas culturas, intentando que todos nos conociésemos mejor. No estuvo nada mal. 

Pero el otro día volvió a salir el tema, como era de esperar. Y las cosas habían cambiado mucho. La actitud, en general. Los alumnos no musulmanes confundían musulmán, marroquí, islamista... No entendían que los terroristas no eran marroquíes, sino belgas y franceses, esto es: no les entra en la cabeza que un europeo pueda ser musulmán, y viceversa. Y la frase estrella, claro, era: "Es que mi padre ha dicho..." Y ahí no hay mucho que añadir: yo intenté explicarme, explicar la diferencia, pero el punto final fue: "Pues eso no es lo que dice mi padre". 

¿Qué había cambiado? Los atentados. Y la cobertura mediática de los mismos. Y el alarmismo. Y el cuñadismo. Y el miedo.

Pero luego están los alumnos musulmanes. Esos alumnos que eran tan críticos con el terrorismo...Pues ya no. Decían que está mal matar, que Alá dice que quien mata, o quien roba, pues va al infierno. Pero. Y hay un pero. En un momento un poco más caliente uno de los alumnos me dijo A MÍ, no a sus compañeros, A MÍ, como si ellos no fueran a entenderlo:

-¡Maestra! ¡Es que nos están matando!

"Nos están matando". Se refería a la guerra y a los bombardeos. Este niño, que condenaba de plano esas acciones, ahora las justifica de alguna manera. Ellos sienten los muertos de Siria, de Irak, de Afganistán, de Palestina como propios. Los demás, los no musulmanes, no. No están matando a los sirios, ni a los iraquíes, a los afganos ni a los palestinos. Están matando a los musulmanes. Eso es, también, lo que dicen sus padres. Y claro, así lo normal es que los musulmanes se revuelvan contra los que no lo son y viceversa. Porque se percibe como una guerra de religiones. De "ellos" contra "nosotros", quienquiera que sean ellos y nosotros. 

-Es que -añadió- cuando van a la guerra y tiran bombas no matan a los yihadistas, sino a los musulmanes. Y se mueren los niños, y las mujeres, y les rompen las casas. 

¿Y qué le iba a decir yo? ¿Que no? ¿Que eran bombardeos quirúrgicos?

-El odio y la guerra siempre trae más odio y más guerra. Y esta rueda no va a parar hasta que alguien se decida a pararla. Si seguimos empujándola, no parará.

Nadie dijo nada. Pero yo oí sus pensamientos: "¿Y dejar que nos maten? Ni hablar." Y eran los mismos en el caso de los musulmanes y en el caso de los que no lo eran. 


viernes, 27 de noviembre de 2015

Una vaga.

Igual que me quejé, y mucho, mientras estuve en paro, quiero iros contando cómo ha cambiado mi vida ahora que tengo trabajo y lo que he aprendido de la experiencia. Quiero ayudar a toda esa gente que está en paro crónico, si es que puedo. Espero que sí.

Una de las cosas que empiezas a pensar cuando llevas mucho tiempo en paro es que la culpa es tuya. Y se te pueden ocurrir mil y una razones. A lo mejor no te has esforzado bastante en la búsqueda. A lo mejor no tienes el currículo perfecto (lo cual es una putada especialmente grande, porque a mí retocar y modificar mi currículo me agobiaba mucho, muchísimo). A lo mejor no tienes la suficiente seguridad en ti mismx (aunque claro, en ciertas circunstancias, esta se va minando poco a poco o mucho a mucho). A lo mejor no has respondido bien en las entrevistas. A lo mejor no tienes una imagen demasiado profesional. A lo mejor no estás lo bastante delgada (que sí, que he pensado eso, que no me contrataban por gorda). Yo qué sé. Piensas de todo. (Se admiten pensamientos raros que habéis tenido cuando habéis estado mucho tiempo en paro, o que tenéis aún. Lo que pasa es que si aún estáis en paro a lo mejor no os parecen tan raros ni tan absurdos...)

Y luego estaba EL PENSAMIENTO. Algo que he ido tragando desde hace tiempo y que la gente te va deslizando como quien no quiere la cosa: el que no trabaja es porque no quiere. Va, no digáis que no lo habéis oído. Y tú no lo crees, al menos no conscientemente, pero la idea va calando con el tiempo y el desánimo. Y al final una piensa... ¿y si realmente soy una vaga? Hoy reconozco que he pensado muchas veces: "¿Y si estoy estudiando unas oposiciones para tener una excusa para no trabajar?". Así, tal como suena. Como si las oposiciones fuesen un camino de rosas, un pasatiempo maravilloso o algo así. Total, que acabé creyendo que sí, que era una vaga y que nunca, nunca iba a tener trabajo.

Miraba mis experiencias laborales pasadas desde ese prisma, ampliando las que lo corroboraban y quitando importancia a las que no. Por ejemplo, mi punto de referencia era mi experiencia en la hostelería, en un camping. Trabajé allí un mes durante la temporada de verano y lo tuve que dejar porque no aguantaba más. Y cuando digo no aguantaba, es que no aguantaba. Acabé tocadísima psicológicamente. Que algo tendría que ver yo, no digo que no. Probablemente estaba muy verde, era mi primera experiencia en hostelería y entré hasta el fondo, de golpe y en temporada altísima. Lo digo porque muchos compañeros, aunque acababan cansadísimos, lo llevaban más o menos bien. Pero claro, cuando yo llegué y dije dónde me había tocado todos me dijeron: "Prepárate, ahí se funden a tres camareras por verano. La gente no lo aguanta".  Y lo cierto es que no solo el trabajo era duro, sino que en el puesto en el que yo estaba había un ambiente malísimo y yo era la extraña, porque las otras tres eran muy amiguitas. No tenían paciencia, asumían que yo tenía que saber cosas que no sabía y me ridiculizaban. Que sí, que yo la cagaba, pero es que tampoco me ayudaban a mejorar. Pero eso no tenía importancia, claro. Lo que yo recordaba es que no pude. Que era una torpe, una incapaz. 

La hostelería me parece un trabajo muy duro, y creo que los buenos profesionales de la hostelería deben estar hechos de algún material especial. Desde esa experiencia los veo con otros ojos y los valoro aún más de lo que los valoraba.

Tampoco es que haya tenido muchas experiencias más, pero alguna ha habido. De todas ellas sacaba la parte negativa. Trabajé en alguna campaña del campo, vendimiando. Y solo recordaba que no tenía aguante, que me cansaba mucho. ¡Evidentemente! ¡Estaba con el lomo doblao toa la tarde después de pasar la mañana en el instituto! Como para no cansarme. Pero ahora recuerdo que no lo pasaba tan mal. De hecho, me gustaba. Después de los primeros días aprendiendo, temiendo cortarme un dedo con las tijeras, la cosa fue mejorando. Ahora recuerdo que hasta tenía ánimos para cotillear con el resto de la cuadrilla, o para cantar canciones populares del campo. Y recuerdo que cuando volvía a casa y me duchaba me tumbaba en la cama un rato hasta la hora de cenar, muerta de cansancio. Entonces, cuando notaba ese dolor familiar en la espalda, sonreía, satisfecha, por haber aguantado un día de trabajo duro. 

Lo que más he hecho, claro, ha sido dar clases particulares. Eso se me daba bien, me satisfacía y lo hacía con ganas. Pero pensaba: "Bah, es que eso no es trabajo". Hasta ahí caló el veneno. No es que creyese que educar no es un trabajo, sino que ahí, con un solo alumno, pues ya ves. "Cuando tengas que estar con 25, ya veremos...". Llegué a creer que ni siquiera valía para enseñar, y eso que era mi sueño desde niña y que había peleado por él muchos años. Creo que os he hecho partícipes de esas dudas alguna vez, si no recuerdo mal...

¿Y ahora? Bueno, ahora trabajo. No siento la necesidad de dejarlo, ni creo que sea incapaz. Sé que me queda mucho por aprender. Acabo algunos días cansadísima. A veces triste, a veces tocada, es lo que tiene trabajar con personas. Pero me levanto por la mañana con ganas de ir a trabajar y hay algo que inequívocamente muestra que estoy a gusto en mi trabajo: se me pasan las jornadas volando. También, tengo que decirlo, hay momentos en los que sonrío satisfecha. Me siento bien. Trabajar me hace sentirme bien, me ha ayudado a sentirme mejor. No soy una vaga. No es que no quiera trabajar. No es que no valga para trabajar. 

Ni tú tampoco. 

No te lo creas, anda. 


jueves, 26 de noviembre de 2015

Otras 50.000 palabras. (#NaNoWriMoEsp)

Sí, queridxs, así es. Aunque ya lo he gritado a los cuatro vientos, y porque no hay más, vengo a contaros que he vuelto a superar el reto del NaNoWriMo. Y van dos. ¡Viva!


Pues sí, ayer acabé el vigésimo séptimo relato de mi antología historias minúsculas y, cuando miré el contador de palabras, ya pasaba de las 50.000. Podría haber seguido escribiendo, pero lo cierto es que he llegado al final a trancas y barrancas, sacando ideas de donde no las había, siendo un poco repetitiva incluso y hasta introduciendo dentro del género costumbrista elementos de terror y ciencia ficción. Que a ver, si las miras desde una determinada perspectiva, no tienen por qué salirse del género. O algo.

Ahora voy a ir aprovechando ratitos libres, que me temo que no serán demasiados, para ir corrigiendo el manuscrito -no demasiado, pero siempre metes la pata, se te va alguna falta de ortografía, te comes una palabra, cosillas que pasan- y, si soy capaz y me veo con fuerzas, puede que hasta haga un archivo epub para que podáis leerlo bien en lectores electrónicos, bien en programas de lectura de epub como Calibre. Lo bueno que tiene el epub frente al PDF es que en dispositivos móviles su lectura es más cómoda, y además tiene su índice con enlaces y demás.  Pero vamos, que tampoco me voy a complicar demasiado: si no puedo o me resulta demasiado lioso, PDF y aquí paz y después gloria. 

A ver si en los próximos días corrijo algún relato que no sea demasiado largo y os lo puedo poner por aquí para ir abriendo boca :P ¿Os apetece? 




domingo, 22 de noviembre de 2015

Finales felices.

Como sabéis, estoy escribiendo una antología de relatos para el  #NaNoWriMo de este año. Aprovecho para hablaros de cómo me está yendo y después paso al tema del post, que así relleno. 

No, si al final se me quedará el vicio de poner más y más palabras xD

Lo cierto es que estoy bastante contenta. Acabo de pasar el umbral de las 45000 palabras y hoy he escrito unas 5000. Creo que tiene que pasar algo muy catastrófico para que no consiga superar el reto este año. ¡Viva yo!

Significa mucho para mí, porque pensaba que no iba a conseguirlo. Es más, en un principio no pensé participar siquiera. No tenía tiempo (y no es que me sobre) ni cabeza para meterme en algo así. Pero al final va a resultar que sí, que podía hacerlo. Y no digo que todos los relatos sean una maravilla, pero con algunos he quedado bastante contenta. 

Por ejemplo, con el último que he terminado. Y ya vamos al quid de la cuestión. 

El relato es de amor, pero de una relación en la que nadie sabe que está enamorado (que las personas, para creernos inteligentes, somos bastante tontos a veces). Y bueno, al llegar al final uno tiene que decidir qué hace con esas personicas que se ha sacado de la cabeza. ¿Los hace felices? ¿Los hunde en la miseria? O lo más cruel: ¿deja a los lectores que se las compongan como puedan o quieran? :P

Hablando con Jack del relato me ha pedido que, por favor, escriba finales felices. Y bueno... Es que los finales felices salen cuando salen. A veces un relato simplemente me pide que lo acabe de otra manera. Será porque en la vida las cosas no siempre salen bien. Pero entonces me ha soltado una idea que expuso Laura Tejada ayer en su presentación en Valencia: es que ya hay bastante mal en el mundo. 

Nadie puede llevar la contraria a esa idea, pero no sé, a mí es que también me gustan los finales tristes y los finales "trislices", como dice mi querida Mandarinalia. Y los finales que añaden dos puntos suspensivos al punto final. Me gusta creerme la historia, aunque vaya de dragones o de extraterrestres, y en el mundo no siempre hay finales felices. Supongo que esa es una de las razones del éxito de Canción de Hielo y Fuego: se parece tanto a la Historia que podría serlo (no en vano se inspira en hechos históricos). 

Eso no quiere decir que de vez en cuando no me apetezca ver una película o leer un libro en los que todo sale bien y todo es maravilloso, pero es solo para un rato. Esas películas no me quitan los males ni me dan esperanza, por desgracia. Creo que me curé de esa afección cuando llegué a la adolescencia. Me di cuenta de que las cosas en el mundo real casi nunca son como en las películas, así que me ayuda más ver cómo alguien pelea en el mundo, aunque luego no haya un final feliz. Creo, que tampoco lo tengo del todo claro, porque a veces acabo inventándome el final feliz en mi cabeza.

En fin, ¿y vosotrxs? ¿Sois de finales felices, de finales tristes, de finales abiertos? 


Os dejo una canción que inspira finales felices :)



sábado, 21 de noviembre de 2015

Una pieza difícil de encajar.

Me repito, lo sé. Pero es que estoy sin ideas, y las pocas que me surgen intento reconvertirlas en relatos para el #NaNoWriMo. Además, hoy estoy ñoña y vengo a autocompadecerme o algo. It's my party, and I'll cry if I want to, qué menos.


¿Dónde mira esta señora? xD

No iba a escribir sobre este tema porque, como ya he dicho, me repito, y soy una penas, pero hoy he estado en una breve reunión familiar (como que no he aguantado allí más de 45 minutos) y he salido de allí un poco triste. Bueno, eso es ser suave: he salido de allí sintiéndome miserable. Y claro, el viento en la calle, las hojas secas volando, el frío que ha llegado de repente y el polvo metiéndose en mis ojos... No sé, que necesito sacarlo. 

Me pregunto por qué me cuesta tanto relacionarme con la gente, así en grupo. Por qué me siento tan mal en los espacios donde hay muchas personas, en las reuniones. Me pregunto qué es lo que hay mal en mí.  En ocasiones, casi siempre, a decir verdad, tengo asumido que soy así, que tengo unas características que son las mías y que, bueno, es lo que hay. Pero a veces... 

Por ejemplo con los compañeros de trabajo. Soy una persona cordial, amable. Saludo siempre (a lo mejor no deberían fiarse de mí, que los que siempre saludan, ya se sabe). Intento atender a la gente cuando habla conmigo, interesarme por lo que me dicen. Pero pongo barreras. Me cuesta mucho dejarme conocer y, a la mínima, levanto las murallas. Me he dado cuenta de ello. Y si en algún momento albergué la esperanza de hacer grandes amigos en el instituto, casi que ha desaparecido. 

No le voy a echar la culpa a nadie, porque es cosa mía. He intentado salir un poco de mi zona de confort (que consiste básicamente en estar sola haciendo cosas) y salir a tomar cafés en algún recreo o en una hora libre. ¿Y qué se hace en esos casos? Pues que la gente habla. Y yo soy muy especialita, y cuando una opinión me chirría demasiado...Pues bien, no voy a dejar de hablar a esa persona ni mucho menos, pero ahí va la barrera y me cierro, limito mis intervenciones y no hablo de cuestiones importantes. Que a lo mejor es extremo por mi parte, puede ser, pero es que si alguien tiene una opinión diametralmente opuesta a la mía sobre temas fundamentales, pues va a ser difícil que seamos amigos del alma. Prefiero callar y evitar tiranteces. No sé, supongo que soy una pieza difícil de encajar. 

O a lo mejor es que, simplemente, no estoy hecha para formar parte del puzzle. 


photo credit: Odd One Out via photopin (license)


viernes, 20 de noviembre de 2015

Dedícate a otra cosa.

Yo pensaba que eso ya se había acabado. Quiero decir, en el momento en el que consigues trabajar de profesora de filosofía, esperas que la gente deje de taladrarte con que no vas a trabajar de eso en la vida y con lo de que tienes menos futuro que un submarino debajo de un grifo. Que no sé, que a lo mejor soy yo, que espero demasiado de la gente. 

Vaya, que debe de ser eso, porque me lo han vuelto a decir. Y esta vez era alguien que sabía de que iba el tema, porque es un colega. 

-Tú lo que tienes que hacer es plantearte opositar por otra cosa, por Historia o eso...

-Sí, si pensé opositar por Lengua, pero...

-Nada, si al final la oposición es estudiar...

-Bueno... Una oposición ERA estudiar cuando tú la sacaste, pero ahora, con el tema de los prácticos... Yo no he necesitado academia para mi especialidad, es lo que he estudiado durante 5 años. Pero si tengo que hacer un comentario de texto filológico, no voy a saber por dónde empezar. 

-Ya, claro. Necesitarías una academia, y no cualquiera, una buena.

-Pues eso. 

-Pues vaya.

Es que no es tan fácil, no ahora. Y antes, para qué vamos a mentir, no es lo mismo estudiar algo sobre lo que tienes nociones que empezar con algo de cero. Hay que tenerlos bien puestos (guiño Perri, guiño Ro xD :P)

Pero es que el problema es que me gusta esto. No me malinterpretéis. Creo que también me gustaría ser profe de lengua o de historia (si eso no implicase geografía... xD). Pero me gusta más ser profe de filosofía. 

-No, si la cosa sigue así, si me quedo sin trabajo de esto -añadí-, me haré barrendera. 

Eso, o cualquier otra cosa en la que mi futuro no dependa de qué asignatura le apetezca matar o resucitar al ministro de turno. 



Voy a seguir con el #NaNoWriMo. Me quedan menos de 13000 palabras, pero me estoy quedando sin ideas... xDDD 

jueves, 19 de noviembre de 2015

#DíaMundialDeLaFilosofía: ¿Lucidez o clarividencia?

Por esto recomiendo al lector que ahorre la malignidad de una sonrisa al encontrar que en los últimos capítulos de este volumen se hace con cierto denuedo, frente al cariz opuesto de las apariencias actuales, la afirmación de una pasión, de una probable unidad estatal de Europa. No niego que los Estados Unidos de Europa son una de las fantasías más módicas que existen, y no me hago solidario de lo que otros han pensado bajo estos signos verbales. Mas, por otra parte, es sumamente improbable que una sociedad, una colectividad tan madura como la que ya forman los pueblos europeos, no ande cerca de crearse su artefacto estatal mediante el cual formalice el ejercicio del poder público europeo ya existente. No es, pues, debilidad ante las solicitaciones de la fantasía ni propensión a un «idealismo» que detesto, y contra el cual he combatido toda mi vida, lo que me lleva a pensar así. Ha sido el realismo histórico el que me ha enseñado a ver que la unidad de Europa como sociedad no es un «ideal», sino un hecho y de muy vieja cotidianidad. Ahora bien: una vez que se ha visto esto, la probabilidad de un Estado general europeo se impone necesariamente. La ocasión que lleve súbitamente a término el proceso puede ser cualquiera: por ejemplo, la coleta de un chino que asome por los Urales o bien una sacudida del gran magma islámico.
 JOSÉ ORTEGA Y GASSET, en La rebelión de las masas.

Recuerdo que cuando leí esto me quedé patidifusa. De hecho, hasta me sugirió una idea para una novela (que todavía anda en pañales).

¿Y si lo que está pasando diese lugar a una unidad en Europa verdaderamente política  y no principalmente económica? Habría que ver, claro, qué tipo de Estado resultaría de algo así...

En fin, que este año el post del Día Mundial de la Filosofía es un brindis a esos filósofos que supieron ver. A veces creo que hacer filosofía es, en cierto modo, asumir el papel de Casandra, predicar en el desierto. Y la grandeza del filósofo, no callar a pesar de todo. 

lunes, 16 de noviembre de 2015

Me vale.

Cuatro días, casi cinco. Casi perfectos. 

Cuando se va pienso que no necesito tanto para ser feliz, que aún no se me ha ido la cabeza. Y digo al cosmos en silencio que sí, que ya es hora de que la suerte me sonría, que he aprendido la lección. Que ya apreciaba mi vida antes, pero que voy a hacerlo más si cabe cuando la recupere.

Y es que me vale casi cualquier detalle para ser feliz.

Me vale con compartir un recuerdo en el escenario en el que ocurrió. Y compartir, de paso, un pastel en una preciosa Plaza Mayor. ¡Qué digo! Me vale con compartir el trayecto, la huida. 

Me vale con hacerle feliz con las pequeñas cosas. Como cuando vamos a visitar a los gatos y él se vuelve loco con todos y cada uno de ellos. 

Me vale con compartir una bolsa de conguitos mientras vemos una película. O ir a un partido de baloncesto amateur. ¿Cómo lo hace? Acabé disfrutando como si hubiese sido un partido profesional. 

Me vale con invitarlo a cenar. Eso significa que yo tengo dinero para hacerlo y que él ya puede disfrutar de la cena. Y darnos el lujo de pedir postre. Y café. Y frotarnos la tripa recordando la cena, y relamernos pensando en la tarta de queso celestial.

Y me vale con escribir mientras él lee a mi lado. Con contarle tonterías, con hablar de nada importante. Me vale con cogerle la mano para consolarnos cuando ocurre una desgracia. Y con dormir abrazada a él y sentir su calor. Me vale con parar el despertador para quedarme diez minutos más a su lado por la mañana. 

Iba a decir que soy feliz con poco, pero no. Porque estas cosas pequeñas son tanto... Tantísimo...



viernes, 13 de noviembre de 2015

Libro: Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez.




Otra propuesta del club de lectura. Si por mí hubiese sido no habría vuelto a leer este libro jamás. Recuerdo que tuve que leerlo por obligación cuando tenía 15 años, en el instituto, y no me gustó nada. No sé, me aburrí soberanamente. El otro día lo hablaba con una profesora de Lengua y me dijo que le extrañaba, que este libro solía encantar a los chavales de esas edades y que todavía se seguía poniendo como lectura obligatoria. No sé, a mí me da la sensación de que no lo entendí, de que no capté bien la historia, quizá porque a esa edad no tenía la sensibilidad necesaria para hacerlo. No sé.

¿De qué va el libro?

Sierva María de Todos los Ángeles ha crecido dejada de la mano, si no de Dios, sí de sus padres. Su madre la detesta y su padre la ignora. Criada por los esclavos ha aprendido sus idiomas, venera a sus dioses y practica sus costumbres. Cuando un perro rabioso la muerde, todo es susceptible de ser interpretado como un síntoma de rabia o, peor aún, de posesión demoníaca. Por esto último, Sierva María acaba bajo la custodia de las clarisas y el cuidado atento del padre  Cayetano Delaura. 

Hablando del libro...

Mi opinión acerca de este libro ha cambiado muchísimo. Fijaos si me aburrí siendo niña que, cuando vi que era la propuesta para el próximo club de lectura estuve por no cogerlo: tanto me aburrió. Supongo que no lo rechacé porque la profe de lengua a la que antes he citado es una fanática de García Márquez y, después de decir que Cien años de soledad me había dejado fría, no quería empeorarlo. Acabo de ver que en esa reseña cito esta obra y digo eso mismo, que se me hizo insoportable. No sé, he acabado por llegar a la conclusión de que lo mío con García Márquez es totalmente inesperado, no sé si una obra me va a gustar o no. 

Pues bien, volviendo al pensamiento con el que iniciaba el párrafo anterior: mi opinión ha cambiado. He disfrutado muchísimo de la lectura de esta obrita, me ha parecido magistral la manera en la que está escrita y cómo cuenta las cosas. He adorado ese toque de ¿ironía? que utiliza a veces y por el cual los personajes parecen sacudirse la responsabilidad de sus actos en ocasiones. La historia no me ha aburrido, como pasó antaño, sino que me ha resultado muy ameno leerla, ha sido una lectura muy dulce, que he hecho de manera pausada, a mi ritmo, paladeando cada palabra. Ha sido verdaderamente agradable.

He sido capaz, además, de comprender mejor a los personajes. Recuerdo que cuando leí el libro por primera vez, la historia que hay entre Delaura y Sierva María me pareció algo sórdido y que, por tanto, el final no me llegó en absoluto. En esta ocasión lo he visto desde otra perspectiva, comprendiendo a Delaura y también a Sierva María, empatizando más con los personajes. Y no solo con ellos, sino también con los padres de Sierva María. Aquí cada quien lleva su cruz a cuestas, y no es que eso los disculpe, pero los humaniza. Yo no me quedé con esa humanidad en la anterior lectura. 

En resumen, me ha gustado bastante y lo he disfrutado. Me alegro de haber cambiado de opinión al respecto de este libro. 

Os dejo un trocito...

"Es hembra", dijo la comadrona. "Pero no vivirá".
Fue entonces cuando Dominga de Adviento le prometió a sus santos que si le concedían la gracia de vivir, la niña no se cortaría el cabello hasta su noche de bodas. No bien lo había prometido cuando la niña rompió a llorar. Dominga de Adviento, jubilosa, cantó: "¡Será santa!". El marqués, que la conoció ya lavada y vestida, fue menos clarividente.
"Será puta", dijo. "Si Dios le da vida y salud". 

En resumen, este libro...

4.5/5

A continuación voy a empezar a leer It, de Stephen King. Jack me lo ha regalado por nuestro aniversario (junto con otras cosas preciosas, todas ellas relacionadas con búhos). No sé si me quiere o me odia, porque sabe que no suelo asustarme con las películas de miedo, pero Pennywise me aterra y, además, sabe que, como consecuencia de haberme colado en el salón y ver un trozo de "It" (la peli) cuando era pequeña, los payasos me dan repelusillo. Bueno, supongo que es hora de enfrentar temores infantiles, ¿no?  Si no me vuelvo, vengad mi muerte xD

jueves, 12 de noviembre de 2015

(8)




Quién nos iba a decir
 (a ti o a mí)
 que después de aquella desastrosa
 (aunque tierna) 
primera cita íbamos a celebrar ocho aniversarios. 
(Y los que quedan)





(Aún me debes ese café...:P)

martes, 10 de noviembre de 2015

El lujo de ser quien eres.

Hace unas semanas escribía un relato titulado "Disfraces". En él hablaba de lo triste que es que ser uno mismo sea un lujo, independientemente de quién nos toque ser cuando no podemos ser nosotros mismos. Creo que el relato tiene más lecturas que la obvia, o al menos yo se las veo.

Yo no he podido ser yo misma durante bastante tiempo. Y con ser yo misma quiero decir SER, en el sentido amplio de la palabra. E incluyo en ese sentido tan amplio el hecho de que se me vea, se que se me respete, de que se me tenga en consideración. Y si la gente no lo hace por las buenas, imponerlo. Porque merezco respeto. 

No lo tenía tan claro hace algún tiempo. Cuando te toca volver a casa de tus padres con el rabo entre las piernas no ves las cosas así de claras, porque no están tan claras. Recuerdo las palabras de mi padre: "No es culpa vuestra, es la crisis". Ya. Pero el hecho es que me ha tocado volver, que me fui sin ideas de hacerlo, creyendo que seguiría adelante por mis propios medios. Y me equivoqué. 

Y cuando vuelves en esas condiciones, sin un duro, sin esperanza, hecha polvo emocionalmente y sin una pizca de autoestima,... Pues bien, digamos que cuesta ser una misma. Yo no me sentía con autoridad para serlo. No me sentía con autoridad para pedir que respetasen mis sentimientos, ni mi tiempo, ni mis opiniones, ni mi manera de hacer las cosas. Así que ante cualquier cosa, en lugar de intentar razonar para acabar discutiendo, acababa acatando. Y cuando no me comportaba, de primeras, como se supone que debía hacerlo, aguantaba insultos y descalificaciones. E incluso me los creía, como me los he creído casi toda la vida. 

Pero ya no. Y ya no porque he recuperado parte de mi autoestima. Sabía que tener trabajo me iba a cambiar la vida, pero no creía que tanto. Ahora puedo permitirme el lujo de ser yo misma. De defender mi tiempo, mi manera de hacer, mi vida. Ahora, incluso, cuando me llueven esos insultos, cuando se me tacha de ingrata, de egoísta, de mala persona por el simple hecho de desear que se me respete, me da la risa. Ya no lloro, ya no me entristezco. Ya no siento la necesidad de contentar a nadie más que a mí misma. Y a partir de ahí, contentaré a quien quiera. 

Que nadie me malinterprete: no pierdo de vista que mi vida estos últimos años ha dependido de que alguien me haya abierto de nuevo las puertas de una casa que ya no era la mía y en la que todavía estoy. Ni siquiera olvido que la vida da muchas vueltas y que a lo mejor, después de irme, me toca volver de nuevo (si es que me dejan). Pero una no puede estar en deuda toda la vida por un favor. Agradecida sí, pero no en deuda. Sobre todo si estar en deuda supone ser siempre como alguna otra persona quiere que seas y hacer lo que alguna otra persona quiere que hagas. Eso, por no hablar de los desprecios, los insultos y las faltas de respeto. Se acabó. Ahora puedo darme el lujo más importante del mundo: el de creer que puedo recuperar mi vida, la mía, en la que era yo misma. Y el de empezar, poco a poco, a hacerlo. 


domingo, 8 de noviembre de 2015

Mensajes.


El otro día MiNena volvió a la carga. No sé si os comenté que le habían regalado un teléfono móvil para su comunión (justo lo que necesita una niña de 9 años, ejem). Pues uno de los primeros teléfonos que apuntó fue el mío. Al principio me llevó un poco mártir con los dichosos whatsapp, pero es comprensible, estaba pasando por una situación nueva y ella, aunque parezca muy fuerte y alegre, es muy sensible. Después se ha ido moderando. Y desde que empezó el cole hacía ya tiempo que no me escribía. Por eso me sorprendió ver que tenía dos mensajes suyos. La conversación se desarrolló tal que así.

Hola Bettie, ¿cómo estás?
¿Estás trabajando?
No, ahora no estoy trabajando.
 Qué bien, entonces puedes darme clases otra vez.
¿O ya no das?
¡Ay, cariño! No estoy trabajando AHORA, pero por las mañanas sí. Voy a trabajar hasta que acabe el curso :( 
Jo, con lo que me gustas.  

Le pregunté si iba mal en el cole o qué pasaba. Y me contestó que sí, que había suspendido todos los exámenes. Yo le recordé que era muy lista y que podía hacerlo sola, que había acabado el curso anterior con notables. Y me dijo que ya, pero que se bloqueaba y no le salía, que no sabía. 

Al final se despidió derrotada, con un: "Bueno, pues nada, gracias Bettie". Como si hubiese crecido mucho de repente, no sé. 

Se me partió el alma. ¿Me gustaría ganarme la vida dando clases particulares? Sí. Pero tendría que poder ganarme la vida, porque una tiene la mala costumbre de comer y eso. Me encantan las clases particulares. Es muy fácil establecer un lazo emocional y de confianza con el niño o adolescente con el que trabajas, puedes hacer bromas, no sé, es otra dinámica. En esa situación tú eres la buena, la que ayuda, no la que suspende. Y estáis solos. Es muy diferente. No sé, las clases particulares siempre me han resultado muy gratificantes. 


Se lo contaba a Jack muy apenada, porque claro, las clases en un instituto son un poco diferentes. Primera, no estas sola con un adolescente, sino con unos cuantos (bastantes) más. Y estar en grupo supone que tienen que mantener cierta reputación ante sus iguales. Además, tú eres la que pone la nota, la que pone las normas, la que les llama la atención, la que les impone los contenidos, la que les suelta el rollo. No es que yo no me preocupe por ellos como me preocuparía si fuesen mis alumnos de clases particulares (quizá más), pero la situación es distinta y todos la vivimos de manera diferente. 

Le decía a Jack que MiNena agradecería mis clases muchísimo, mientras que muchos de mis alumnos se alegrarían si me cogiese una baja (no porque me odien, simplemente porque soy la profesora). Le decía que MiNena me va a recordar siempre mientras que estoy pasando por la vida de mis alumnos sin pena ni gloria. No sé, MiNena me había dejado tocada y estaba un poco hecha polvo. 

Entonces abrí el gestor de correo y vi que tenía un mensaje nuevo en el email de clase, en el que entregan los trabajos. Era de una alumna. Lo abrí un poco sorprendida, porque no esperaba nada. Me decía que le gustaba mucho escribir y que había escrito un texto inspirado en mis clases, que esperaba que me gustase. 

Atenea con su búho <3

El texto era... interesante. Un poco confuso, pero muy, muy apasionado. Y estaba muy bien para haberlo escrito una chica de 15 años. Y ahí estaban mis clases. Muchas de las cosas que llevo diciendo desde principio de curso, hasta algunas de las más abstractas y teóricas, ahí estaban. Y, además, elaboradas por ella, relacionadas con sus ideas, con su manera de ver la vida. No era largo, unas diez líneas. Pero... ains. 

No podía haber llegado en un momento más oportuno. 

Resulta que esta alumna no es de las que más participa. No parece afectarle mucho lo que digo. Y sin embargo...

No es que yo quiera ser una profesora tipo El club de los poetas muertos, pero me gustaría que lo que se hace en mis clases no se quedase en contenidos para aprobar un examen. Creo que la educación es mucho más que memorizar y aprobar exámenes. Supongo que por eso me emocionan estas cosas. 

Eso, o que soy una blanda de la vida, que también. 

sábado, 7 de noviembre de 2015

#NaNoWriMoESP, Semana 1. Sigo on fire.

Hace una semana que empezó el NaNoWriMo y aquí sigo, por encima de la media de palabras. Es cierto que a ello ha ayudado el hecho de que el domingo pasado escribiese una barbaridad, 4642 palabras de nada. Pero es que me puse a escribir y prácticamente me salieron solas. De hecho esa está siendo la sensación general hasta el momento: escribo sin sentir. Bueno, no sin sentir en ese sentido, porque ayer acabé llorando mientras tres de los personajes de un relato cantaban "Calendar girl" de Neil Sedaka, que no es precisamente una canción para llorar. Pero bueno, la escena era muy emotiva, os lo prometo. 


Hasta el momento he escrito unas 12000 palabras repartidas en siete relatos y medio (estoy trabajando en el octavo). De las ideas que me dejasteis en el banco de ideas he utilizado ya la de Javi, una de las que me dejó Papish, combinada con otra que ya tenía yo apuntada, y ahora mismo estoy trabajando en la idea tan genial que me dejó Moder. Hay un poco de todo, pero sobre todo hay mucho amor en distintas formas. Supongo que es porque reparar en el amor es la manera más sencilla de ver magia en lo cotidiano. Hasta el momento estoy bastante contenta con mis historias minúsculas y lo estoy pasando fenomenal escribiéndolas. Es cierto que, como todavía estoy teniendo algunas semanas bastante locas, a veces me agobio al ver que no puedo llegar a escribir tanto como me gustaría, pero bueno, voy cumpliendo más o menos. Intentaré darle buen impulso este fin de semana para tener ventaja durante la semana. 

He decidido ya que, salga lo que salga de este experimento, va a ser para vosotrxs. Después de que corrija cualquier aberración -que habrá muchas, es lo que tiene soltar las cosas tal y como se te vienen- acabaré regalándoos los relatos. Lo que no tengo claro es si haré un PDF para que los tengáis juntos o si los iré poniendo en posts... La primera idea me gusta porque puedo ir dosificando y eso, pero la pega es que hay relatos que serían bastante largos para un post. La segunda también me gusta, pero no sé, a lo mejor la gente se satura con tanto relato de golpe, o no le gusta leer tanto en pantalla, o yo qué sé. Lo pensaré, pero se admiten ideas :) Y bueno, siempre puedo hacer las dos cosas. 

Pues nada, que sigo on fire. De hecho voy a volver a ponerme a escribir allí otra vez (aprovecho los descansos para escribir en el blog y hacer otras cosas xD). 

Os dejo aquí, por si os interesa cotillear, la página donde aparecen las estadísticas de historias minúsculas. Recordad que podéis seguir dejando ideas en el Banco de ideas

¡Besos gigantes! (y gracias)

viernes, 6 de noviembre de 2015

Libro(s): El burlador vs. El Tenorio.

Hoy la reseña va a ser un poco distinta de las que he hecho hasta ahora. Si fuese pedante, diría que voy a hacer un ejercicio de literatura comparada, pero no. Simplemente voy a comparar libros, en concreto estos dos:


Ambos libros parten de una idea común: el personaje (y el arquetipo) de Don Juan: un vividor mujeriego que no atiende a las normas morales y que hace cuanto le place, sirviéndose del engaño y la astucia para conseguir sus fines. Sin embargo, el desarrollo y, sobre todo, el final de ambas obras es bien distinto.

Por cierto, habrá spoilers

Don Juan en El burlador (s. XVII)

Creo, y hablo sin apoyarme en ningún teórico, que El burlador de Sevilla y convidado de piedra nos cuenta una historia que pretende ser moralizante, y que esa es su principal función. No obstante, Tirso de Molina era clérigo (lo cual no quita para que la gente se le escandalizase con lo que escribió). Siendo así, el personaje de Don Juan se nos presenta como un engendro vil por el que es imposible sentir simpatía. Se trata de un tipo que sirviéndose de todo tipo de engaños burla (de ahí el nombre) a mujeres de todo rango y condición y en la mayoría de los casos acaba echando el muerto a otro (incluso a amigos). ¡J*der! ¡Que el tipo tiene la cara de llegar a una boda, sentarse entre los novios y tirarle los tejos a la novia!

La obra manda un mensaje a la mujer: no te dejes engañar. Don Juan se aprovecha de las mujeres llenándose la boca de palabras de amor y, sobre todo, promesas de matrimonio. Porque las mujeres no son tontas, no del todo, y saben que cualquiera puede hablar de amor para pasar una noche, pero claro, cuando les hablan de matrimonio bajan la guardia. La idea es: hasta que un cura no os bendiga, aplica el método de la peseta. (Eso es lo que nos decía un cura, y consiste en sostener una peseta entre las rodillas cuando estás con tu novio y no dejar que se caiga xD)

Pero el mensaje fundamental es para Don Juan, para los donjuanes del mundo. El Don Juan de Tirso de Molina (a diferencia del de Zorrilla) no es un ateo, ni un agnóstico. Él no es que no crea en el infierno, ni en el castigo que llega en la otra vida. Cuando el resto de personajes le lanzan advertencias sobre lo que puede sobrevenirle él no dice que sean tonterías, sino: "¡Qué largo me lo fiáis!". Esto es: si mi castigo ha de llegar en la otra vida, para eso aún me queda. No es tonto, claro, se sabe la trampa de la ley: si se arrepiente en el lecho de muerte, confiesa y se le administran los sacramentos, gozará de la gloria eterna habiendo sido un crápula en vida. 

Tan osado es que se atreve a convidar a cenar al comendador, muerto. Y el tipo es muy gallardo y muy chulito, pues cuando el muerto lo convida a él de vuelta, él cumple, tan pagado está de sí mismo. Eso sí, en el momento en el que los cantos anuncian que ha llegado el momento de pagar su deuda, se le pasa toda la chulería. Intenta librarse del castigo por todos los medios posibles: matando al muerto, diciendo que no llegó a aprovecharse de su hija,... y por último pide piedad, que le dejen confesarse para librarse del castigo eterno. ¡A buenas horas! 

Una vez el burlador ha recibido su castigo, algunos personajes agraviados tienen un final más o menos feliz. 

Al final la historia es que todo pecador recibe su castigo, y que no vale decir "¡Qué largo me lo fiáis!", que la vida es bien corta y siempre acecha la muerte. Y Don Juan... bueno, pues no deja de ser un personajillo que, ante la muerte, pierde toda su gallardía y que es incapaz de cargar con dignidad con las consecuencias de sus acciones. 

Os dejo una cita, habla TISBEA:

Con palabra de esposo,
la que de esta costa burla hacía
se rindió al engañoso;
¡mal haya la mujer que en hombres fía!
Fuese al fin, y dejóme;
mira si es justo que venganza tome.

Don Juan en El Tenorio (s. XIX)

Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, ya no es una obra moralizante, o a mí no me lo parece. Por lo menos, no es esa su principal función. Estamos ya en el romanticismo, en una época de historias con grandes pasiones y finales trágicos (cómo me guuuuuusta ^____^) y aunque aquí también hace acto de presencia la amenaza del infierno, lo importante no es el castigo divino, sino la redención por medio del amor y de la virtud.

Este Don Juan es distinto. Es incluso más brutal que el de El burlador. De hecho, la obra empieza con el ajuste de cuentas sobre una apuesta hecha un año atrás por Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía, que consistía en ver quien obraba peor con mejor fortuna. Y con esto no nos referimos solo a conquistas amorosas, sino a todo tipo de lances: saqueo, peleas (y muertes, claro) y, por supuesto, amoríos. Cuando uno está leyendo en verso la lista de sus "hazañas" siente que se le hiela la sangre, y no solo por lo maravillosamente escrita que está. ¡Son dos delincuentes! Mucha alcurnia y lo que usted quiera, pero vaya, más vale no cruzarse con ellos en un callejón oscuro. La cosa se calienta y Don Luis reta a Don Juan, quien acaba aceptando ese reto, apostando la vida: conseguirá seducir a la prometida de su amigo, con quien debe casarse al día siguiente y a una novicia que esté por profesar. 

Y lo hace. Como veis, tampoco es un angelito este Don Juan. Pero este no espera redención. De hecho él mismo reconoce no creer en Dios, ni en el cielo, ni en el infierno, por lo que tiene sentido que viva la única vida que tiene como mejor le plazca. Sin embargo, encuentra esa redención. ¿Cómo? Mediante Doña Inés. Don Juan, ante la virtud personificada en Doña Inés cae rendido y se propone convertirse en un buen hombre. No es que me convenza esta parte, será porque los personajes femeninos de este estilo (como Doña Inés o la Beatrice de Dante) me dan repelusillo, pero bueno, no le vamos a pedir peras al olmo. El caso es que la virtud de Doña Inés propicia una conversión en Don Juan. Pero, ¡ay!, esta obra tiene un componente trágico, y es que en ese momento a Don Juan se le pone en la disyuntiva entre morir, ser encarcelado, o volver a cometer un crimen (en este caso doble). Es genial el momento en el que Don Juan responsabiliza al cielo de haber vuelto a caer en el mal camino por no haberle dejado otra opción. 

Don Juan tiene que huir, dejando atrás a Doña Inés (después de matar a su padre podría pensarse que tenía poco que hacer con ella, pero no: ella está tan enamorada que aún así lo sigue amando y no le desea mal alguno). 

Su padre, Diego Tenorio, invierte toda su fortuna en construir un panteón para aquellos que han muerto por causa de su vil hijo (dejándolo sin herencia). Allí acude Don Juan y descubre que Doña Inés murió de pena poco después de la muerte de su padre. Ella se le aparece y le dice que ha intercedido por él ante Dios y que ha apostado su alma: si él se salva, se salvan los dos, si él se condena, la condena también a ella. 

Hay, también, un encuentro con los muertos, con el padre de Doña Inés en concreto, y Don Juan acaba a punto de condenarse, pero justo en el último momento se encomienda a Dios, en el último grano de arena de su reloj vital. Parece que ya es tarde, pero cuando van a arrastrarlo al infierno, aparece Doña Inés y lo toma de la mano, salvándole. 

Sí, al final hay una entrega a Dios que salva el alma de Don Juan, pero si no hubiese sido por el cándido amor de Doña Inés nada de eso habría sido posible: es el amor el que nos salva. 

No os dejaré una cita, sino la escena de la taberna, que es genial, genial, genial, genial, genial (me encanta esta representación)



Y tú, ¿con cuál te quedas?

Con Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, sin duda. Ya he dicho que yo soy mucho del romanticismo, de los finales trágicos y de las grandes pasiones. Pero también es cierto que El burlador consigue lo que busca: que se deteste a Don Juan por sobre todas las cosas (especialmente si eres mujer dan ganas de matar). Así que si os apetece adentraros en esta historia, quizá merezca la pena que leáis ambas obras y os forméis vuestra propia idea. Y luego, para rematar, podéis poneros Don Giovanni

Y ahora, ¿qué leeré? Pues los azares del destino y del club de lectura me llevan a toparme con Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez, una obra que me obligaron a leer en el instituto y que me aburrió soberanamente. A ver si ahora, años después, me gusta. Pero me ha picado el gusanillo de la literatura de aquí, y una compañera me ha animado a leer La Regenta, así que no sé, a lo mejor me pongo a ello después. Y Fortunata y Jacinta. Y El sí de las niñas. Bueno, ya veremos. No hagamos planes a tan largo plazo :P jaja. 


Porfi, filólogos, profes de lengua y aficionados a la literatura, no me matéis si he dicho alguna burrada XD 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Amores literarios.

El otro día leí en Twitter una pregunta que lanzaban para un concurso o sorteo, no recuerdo muy bien. La pregunta era muy simple: ¿De qué personaje literario te enamorarías? Bueno, a lo mejor no tan simple, porque yo estuve ahí un momento como en blanco pensando: "Joder, vaya pregunta". 

Finalmente respondí que yo me enamoraría (creo) de Cyrano de Bergerac. Es un personaje de acción, valiente, pero también es inteligentísimo y mordaz, con un gran sentido del humor y una sensibilidad que lo iguala, por no decir que lo supera. Físicamente, está claro, no es un adonis, ¿pero no compensan el resto de sus cualidades el tamaño de su nariz? Yo creo que sí. Cuando miro atrás en mi vida y pienso en la gente de la que me he enamorado me doy cuenta de que lo que ha primado no ha sido el físico despampanante, sino las cualidades que no destacan a simple vista. Y nunca he permanecido al lado de nadie solamente por que fuese guapísimo. Me he enamorado, siempre, de las palabras. Y siendo así, estoy casi segura que caería a los pies de Cyrano al tercer verso (de hecho me pasó mientras leía la obra, las cosas como son). Eso sí, tendría poco que hacer: Cyrano también es tremendamente fiel a su Roxanna. 

He de reconocer que pensé en Darcy por un momento pero... Nah. Demasiado seco para mi gusto. Yo necesito algo más de pasión y arrebato. 

Otra cosa sería con quién pasaría una noche loca. O una semana loca. O un verano loco. No sé, lo que el cuerpo aguantase. Y ahí, claro, entran mis aguerridos, fornidos e imponentes escoceses. Está, claro, mi Sin., por supuesto (#Sinliebers powah) Y también mi Duncan, que para eso me lo escribí a mi gusto, ojos verdes incluidos. A este no lo conocéis, al menos de momento. Y casi que no sé si quedármelo para mí sola xD (No, en el fondo no es para tanto. Es un poco neuras, un poco demasiado diría yo, y eso que soy su "madre", pero luego sabe defenderse bien, if you know what I mean... xDD)

Pero lo cierto es que no se me ocurren muchas más posibilidades, ni para lo uno ni para lo otro. No sé. Será que tengo el cerebro seco con tanto pensar, y escribir, y planificar, y yo qué sé. 

Pero lo que sí tengo -y esa es la razón de que escriba este post- es curiosidad. ¿De qué personaje literario os enamoraríais vosotrxs? ¿Con cuál pasaríais una noche loca? Va, consentidme un poco y responded, porfi ^______^

domingo, 1 de noviembre de 2015

Banco de ideas. ( #NaNoWriMoEsp )

Hace unos días os conté aquí que me había dado un ataque de locura y había decidido apuntarme al #NaNoWriMo 2015. Como buen ataque de locura en una persona más o menos sensata, como yo soy (xD), se me pasó, y durante esta última semana tenía decidido no, decididísimo, que no iba a participar: ahora mismo mi vida no está para ponerse a escribir. ¡Que no me da la vida!

Anoche mismo lo hablaba con Jack: que no participo. Que no puedo. Que no me da la vida. Y él me decía que si era así, que perfecto, que ya lo haríamos el año que viene. Que lo importante es que no me agobiase. 

Eso anoche. Hoy, a estas horas, llevo 2800 palabras escritas. ¿Indecisa yo? Para nada. 

A ver, que no era mi intención, pero es que esta mañana el ratito que invierto en soñar despierta me ha cundido poco, y me he levantado de mal café. Iba a ser un domingo depresivo, como cualquier otro domingo, pero peor. Y entonces, vaya usted a saber por qué, me han entrado ganas de escribir. Y así es como una tarde que prometía ser una mierda se ha convertido en una tarde creativamente muy productiva. He acabado mi primer relato de mi proyecto historias minúsculas, y me ha salido algo bastante decente y no demasiado corto (2800 palabras para un relato no está mal, teniendo en cuenta que yo estoy acostumbrada a escribir relatos que caben en un post). Como sois muy amajosos y me dais muchos ánimos, os diré que el título del primer relato es "Escapada" y que comienza como sigue:

Parada frente a la maleta vuelve a pensar que se ha equivocado al tomar la decisión: debería haber cogido la maleta grande.

En cuanto publique este post pretendo seguir escribiendo un rato más, cogiendo alguna de las ideas que fui apuntando durante esos tres días que me duró la locura. Pero no tengo demasiadas ideas, la verdad. Y aquí es donde entráis vosotrxs. 

Ya os lo pedí en el primer post, pero supongo que, llevados por la emoción, ni se os ocurrió. Os decía, y os vuelvo a pedir, que me dejéis en los comentarios ideas que pueda utilizar para escribir. Ya os comenté que se trata de una antología de relatos costumbristas. Pueden ser de diferente tipo, pero la nota común es que tienen que partir de situaciones más o menos cotidianas, de cosas que podrían pasar en el día a día. 

No tenéis que dar muchos detalles si no queréis. Algunas de mis ideas para escribir son del tipo: "Alumno que se duerme en clase" o "Paseo en moto" xD. Solo os pido que compartáis conmigo una idea, una situación, algo cotidiano, y que me permitáis trabajar sobre ello y ver qué sale. ¿Qué os parece?

Mi intención es, al acabar el NaNoWriMo, corregir un poco lo escrito, pasarlo a PDF y dejarlo aquí para descarga (o irlo publicando poco a poco, ya veremos), llegue o no a las 50.000 palabras (que será más bien que no). Si utilizo alguna de vuestras ideas, lo indicaré, citando al inspirador o inspiradora :). ¿Qué os parece? ¿Se os ocurre algo?

¡Gracias! 



Dejaré un enlace directo en la barra de "páginas" del blog, por si se os ocurre alguna cosa, para que no tengáis que estar buscando el post :)


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