sábado, 31 de mayo de 2014

Serie: True Detective


Si piensas ver la serie, mejor no leas este post. Se me puede haber escapado algún spoiler.




Primero fue Ro la que me recomendó True Detective. Viéndola se acordaba de mí. Creo que va a tener que explicarme eso :P. Después fue Lía, como siempre, en mi Olimpo personal, la diosa de las series. A esas recomendaciones siguieron otras, así que ver True Detective se tornó una obligación.

Ojalá todas las obligaciones fueran así. La verdad es que me ha parecido una serie muy entretenida, interesante y que engancha. La trama, digna de una muy buena novela negra, te atrapa casi desde el primer momento. Y digo casi porque el formato no es del todo convencional y puede costar un poco ubicarse. La serie comienza in media res, con el interrogatorio por separado a dos policías (el cuerpo solo me ha quedado claro a medias, que estos americanos se llevan unos líos...) que eran compañeros y que investigaron -y resolvieron- juntos un famoso crimen. Gracias a esos interrogatorios vamos enterándonos de qué pasó, no solo en lo relativo a la investigación del crimen, sino entre los protagonistas, Rust y Martin.

El motivo del interrogatorio es que parece ser que el crimen no fue resuelto, pues se están volviendo a cometer asesinatos que siguen el mismo patrón. Así que en un determinado punto de la serie, deja de hacerse una narración retrospectiva para comenzar a desarrollar los acontecimientos hacia el futuro. 

Los asesinatos en cuestión tienen bastantes ingredientes para captar nuestra atención: violencia sexual, una escenografía extraña, unos objetos construidos con ramas que son encontrados en cada escenario, ... A eso se añaden términos extraídos de la literatura fantástica, con los que uno puede estar familiarizado o no. En mi caso la respuesta era negativa, lo que me llevó a hacer todo tipo de conjeturas acerca de la naturaleza de los asesinatos y de lo que había tras ellos. He de decir que en ese sentido no me he quedado muy conforme: la explicación relativa a estas cuestiones que se da al final de la serie me parece demasiado escueta. Esperaba que me lo diesen todo un poco más mascadito, no sé. 

Voy ya a por uno de los puntos más fuertes de la serie: los personajes y las actuaciones. Bueno, me voy a centrar en una que, para mí, sobresale por encima de todas las demás: Rust/Matthew McConaughey (no voy a aprender a escribir su nombre en la vida). El personaje de Rust es un hombre oscuro, taciturno, de esos que les dan muchas vueltas a las cosas y con unas ideas acerca del mundo y del hombre un tanto pesimistas. Me cae bien. Y luego está su caracterización, el cambio . Alucinante lo bien que hace de colgao de la vida...



Y luego, claro, está lo que se muestra entre escena y escena: la infidelidad, la familia, las drogas, el poder, la religión,... Todos estos temas son ingredientes que dan sabor a una gran serie. Yo todavía estoy intentando asimilarla... Con eso os lo digo todo.

En fin, habrá que esperar a la siguiente temporada para ver qué nos depara. Porque True Detective está planteada como una antología: cada temporada tendrá unos protagonistas diferentes y narrará una historia distinta. Lo bueno de eso es que es difícil que los personajes y el argumento acaben quemados -pecado que se comete bastante en esto de las series-. Lo malo, que voy a echar de menos a Rust. Era la alegría de la huerta... 

Mientras tanto os dejo con el temazo de la intro :)




Lía me dijo que quería post de True Detective en el blog. Y yo tengo que hacerle caso. Esto es así.

Hoy estoy... medio inconsciente
Y estoy escuchando... I won't see you tonight - Avenged Sevenfold

viernes, 30 de mayo de 2014

Noche guionizada.



"Llego a la parada de tranvía. Tarde, como siempre. Lleváis ya un buen rato esperando y, lógicamente, todo son caras largas. Menos la tuya. Tú me sonríes de oreja a oreja. 

- ¿Va a ser una buena noche? - me preguntas.

- Perfecta. Y lo sé porque el guión lo he escrito yo - te respondo, intentando parecer ingeniosa. 

Te ofreces a llevarme la guitarra pero te digo que no, que no es necesario. Aprecio en ti una ligera mueca ¿Decepción, quizás? No lo sé. Te adelantas y pasas tu brazo por encima de Juanjo. Más bien lo intentas: tu menuda figura casi se desvanece al lado de sus cerca de dos metros. Saltas, intentando llegar, y él, ni corto ni perezoso, te toma en brazos. Ríes y mi corazón tiembla. 

Llegamos a la arena y el arrullo del mar se torna más intenso. Nos detenemos todos y miramos al horizonte, incrédulos. Es imposible que tanta belleza nos pertenezca. Pero esta noche es cierto: la playa está vacía y nosotros venimos dispuestos a naufragar. 

De tu mochila sacas una bolsa de velas. Alguien dice que siempre piensas en todo. Mientras las enciendes y simulas con ellas una pequeña hoguera yo cierro los ojos y me pregunto si seré capaz de cumplir todas las promesas que me he hecho. 

Raquel está eufórica. Vocifera repartiendo cerveza que el que no pierda el sentido esta noche paga la próxima fiesta. Todos reímos y, temiendo que la amenaza vaya en serio, empezamos a beber. Las historias, las anécdotas, las bromas, llegan solas. 

Tras la tercera cerveza saco la guitarra. Finjo afinarla mientras se hace el silencio. Me quedo callada, esperando una petición. 

-¡Knocking on heavens door! - grita Carla. Y empiezan a sonar los acordes. 

Le sigue Princesa, Papá cuéntame otra vez, Diguem no, Nada de Nada, Mediterráneo, Don't Cry, ... Y entre cantos y acordes la gente va saliendo del círculo que hemos formado. Algunos se tumban a dormir en la arena. Otros, a no dormir. Aprovechas que ha quedado un hueco a mi lado y te sientas conmigo.

- Cantares, por favor -me pides. 

Y cantas. Mi poco agraciada voz se calla y tú dibujas los caminos de Machado con la tuya. Al llegar a Colliure ya no queda nadie: estamos solas. Nos miramos. Tus ojos amenazan con desbordarse de un momento a otro y no sé qué hacer. Me acerco a ti y tú me besas. La guitarra que se interponía entre nosotras acaba en la arena, una brisa asalvajada apaga las velas y nos enciende. Nos amamos, después de tanto tiempo, de tantos miedos y tantas dudas. 

Cuando amanece no tenemos un final feliz. Prefiero este prometedor Continuará..." 


- Ya te vale, Lola. Has vuelto a llegar tarde. - dice Juanjo, enfadado.

- No hagas caso -susurra Irene, sonriente-. Bueno, ¿qué? ¿Va a ser una buena noche?

- Perfecta. Y lo sé porque el guión lo he escrito yo. 





Este relato-experimento-loquesea se me ha ocurrido porque me he dado cuenta de que soy afortunada. Sé lo que es reunirse con amigos, o conocidos, alrededor de un fuego -o similar- y acompañados de una guitarra, y reír y cantar hasta que la noche nos dicte lo que tenemos que hacer. No es algo que todo el mundo haya hecho. Y es maravilloso.


Hoy estoy... cansadíiiisima
Y estoy escuchando... Radio Ga Ga - Queen

miércoles, 28 de mayo de 2014

Otra fase.


Hay gente a la que le gusta dividirlo todo en fases. Supongo que trocear los procesos ayuda a comprenderlos, no sé. Nunca me han gustado las divisiones por fases, aunque he de reconocer que a veces son útiles. Por ejemplo, para este post. Si no, ¿cómo os explico que me siento diferente y tengo otra actitud respecto al hecho de estar de nuevo viviendo en el pueblo y en casa de mis padres? Porque eso queda muy largo. Mejor decir que estoy en otra fase, ¿a que sí?

Supongo que podéis entenderlo:  después de ser independiente volver a la casa paterna y materna, sobre todo si es con el rabo entre las piernas y el sabor a derrota en la boca, pues no es fácil ni agradable. Una pasa tiempo -quizá demasiado- echando de menos cosas que tenía y ya no tiene por el mero hecho de haber cambiado de circunstancias. "Es que yo en mi casa hacía...", "Es que me cocinaba esto", "Es que podía pasar el día en pijama", "Es que me vestía como quería y nadie me decía nada",... Esas cosas.

Aunque eso no se me ha pasado del todo -este es el problema de las fases, que los cortes no son limpios-, siento que estoy en otro punto, que mi actitud es diferente. De repente me interesa conocer a fondo los pueblos de mi comarca, su gente, las tradiciones,... También me apetece muchísimo conocer anécdotas y "secretos" de mi familia. No sé si será lo normal, pero en la mía, en cuanto me he puesto a rascar un poco me he encontrado cosas de esas de España profunda, de soga, silencio y rencores. Cosas de esas que dan para una película. Y también están los familiares. Porque me encuentro familiares hasta debajo de las piedras. Cuando tienes una familia tan extensa te encuentras parientes medios y lejanos por todas partes. 

Supongo que podría llamar a este momento "Fase de tomar notas". A veces tengo la tentación - y me cuesta resistirla- de coger una libreta y apuntarlo todo para no perder detalle y recoger cuanta más riqueza posible de la gente que hay a mi alrededor. Ya sabéis, para que no se acabe diluyendo en el olvido. Y porque en el fondo soy una contadora de historias y me da terror quedarme sin cuentos que contar. 




Hoy estoy... inquieta y llena de inquietudes
Y estoy escuchando... Salamanca la blanca - Nuevo Mester de Juglaría

lunes, 26 de mayo de 2014

Página de un cuaderno de retales.

El otro día fui a un cumpleaños. Quince años con sus quince primaveras tenía el chaval.
Con sus quince primaveras y todo lo demás, claro: sus miedos, sus ilusiones, sus sueños, su fuerza y sus debilidades. "¡Lo que te espera!", pensé. 
Pero no pensé en comprar regalo. Hace ya tanto que... Lo que hago cuando tengo que hacer un regalo es preguntarme qué puedo sacar de una hoja de papel. 
Le regalé un marcapáginas con forma de pajarita de papel. 
Para que su imaginación no deje de volar.



Entre dos mentiras, o tres, o cien, 
acabo escogiendo la más hermosa
 y no la más verdadera.
Creo que la verdad es demasiado terrible
 para que yo pueda soportarla. 


Hay heridas que me duelen como si fuesen mías.
En cierto modo, lo son.
Yo también he sido herida con esas armas. 
Me gustaría poder decirte que mejora,
pero eso no cambiaría nada. 
Tu herida seguiría doliéndote lo mismo.
La mía aún me duele.

Lucho con mis miedos cada día.
Aunque no los veas,
aunque los esconda entre palabras,
los tengo.
Son como los tuyos.
¿A que siempre parecen pocas las palabras de aliento?
Y, por desgracias, siempre demasiados
los reproches.



"Cuando me hablan del destino
 cambio de conversación".



Yo ya no pienso en la humanidad.
Casi nunca.
Pienso en las personas que cambian
cosas pequeñas
con gestos pequeños
y pequeños pasos. 
Pero que las cambian. 
Y creo en ellxs. 




"No estarás sola.
Siempre habrá
quien se parta en dos
en cada despedida"


 Tierra quemada...
y avanzar hacia ninguna parte. 


Hoy tengo el día raro.
Creo que se intuye.
 


Hoy estoy... rara
Y estoy escuchando... No estarás sola - Ismael Serrano

domingo, 25 de mayo de 2014

Lo que he visto al ir a votar.


He ido a votar. Comprensible, claro. Si después de el tostón que he metido a diestro y siniestro, en virtual y en presencial, no voy a votar, es para que me torturéis. Vosotros, mi familia, y en general, el mundo. Pero sí, he ido esta mañana. Y he ido con los ojos bien abiertos, como suelo moverme yo por la vida los días que he dormido bien. Y he visto algunas cosas que... en fin...¡esta España mía!

Lo primero que me ha llamado la atención cuando me iba acercando al colegio electoral era el ruido, el murmullo de la gente. Era como si hubiese una multitud allí esperando para votar. Cuando he girado la esquina me he dado cuenta de que aquellas personas no estaban allí para votar -probablemente ya lo habían hecho-, sino para otear el horizonte: estaban controlando el movimiento. Interventores y afines de los dos grandes partidos, aunque había bastantes más de uno que de otro, fumaban y charlaban a la puerta del colegio electoral, saludaban sonrientes a los votantes que llegaban y palmeaban espaldas. Me ha dado un poco de repelús cuando he sentido los primeros ojos clavándose en mí, inquisitivos: ¿A quién votará? En los pueblos todo el mundo se conoce, y se sabe de qué pie cojea la gente. Y cuando no se sabe a ciencia cierta, pica. Ese es mi caso. Yo les pico. 

Lo segundo que me ha llamado la atención ha sido ver cómo llegaba la gente al colegio electoral. Casi todas eran mujeres mayores y llevaban su sobre ya cerrado bien apretado en la mano junto al monedero. Casi todas, supongo, con su papeleta del PSOE o del PP que son los partidos que suelen mandar su papeleta a las casas o repartirla entre la gente del pueblo. Más de un partido que de otro, por lo que he podido intuir: no dejo de ser de pueblo y sé de qué pie cojea la gente. Y me he imaginado a los militantes del partido de marras, palmeando la espalda de la señora, quizá haciendo alguna promesa o recordando algún favor, mientras deslizaban el sobre con la papeleta en su mano. Es que tengo una imaginación muy de novela negra a veces.

Lo bueno de esto es que cuando he llegado al colegio electoral la única cabina de votaciones que había estaba vacía. Me he metido dentro, tranquilamente, a comprobar que estuviesen todas las papeletas que tenían que estar. Por suerte no he detectado que faltase ninguna. Parece mentira que todavía tengamos que ir con estas suspicacias, pero cada vez que hay elecciones hay problemas, sobre todo, de falta de papeletas. He metido mi papeletita en el sobre, he preparado el DNI y me he puesto en la cola. 

Delante de mí había unas 8 o 10 personas, pero me ha llegado el turno enseguida. A ambos lados de la mesa, los apoderados/interventores de los dos grandes partidos. Más de un partido que de otro, de nuevo. De uno de ellos he contado tres. Del otro había 5 y un par más fuera. Los que eran mayoría estaban sonrientes, tenían un talante festivo. Los que eran menos estaban serios. Bueno, serias, que eran tres mujeres. Y he recibido de su parte una mirada de estas que traspasa, como intentando leer mi mente o vislumbrar a través del sobre para quién iba a ser mi voto. De hecho, por un momento he creído que tenían poderes mentales de verdad. 

He salido con la sensación de que aquí no cambian tanto las cosas. De que no hay más partidos que los dos de siempre, a pesar de que estaban todas las papeletas. Y sobre todo con la sensación de que los partidos, al menos los dos grandes, quieren saber si eres de los suyos porque si no, estás contra ellos. Política de bandos. Política de trincheras. Y política de caciques. 

Cómo me duele España a veces...


Hoy estoy... en modo friki electoral
Y estoy escuchando...Just Breathe - Pearl Jam


sábado, 24 de mayo de 2014

Echar raíces.


Hay días en los que me pongo punk y odio a la gente. Suelen ser, más o menos, los días que salgo a la calle. Conste que yo pensaba que era culpa mía, que soy una asocial, arisca y poco amigable, pero estoy empezando a pensar que es que la gente es imbécil... Qué cosas, ¿no?

Es que te abordan cuando menos te lo esperas con sus impertinencias. Imagínense la escena: mercadillo de pueblo, puesto de ropa interior, Bettie Jander con su madre y su tía "arrebuscando" calzoncillos para su tío y su padre. (¿Qué pasa? Nuestra religión nos anima a comprar la ropa interior en familia... O algo...). Bien, Bettie con la guardia baja porque, ¿para qué vas a tener la guardia alta mientras miras calzoncillos? Señora inquietante que se acerca por la banda derecha y que, con voz de aprendiz de Duquesa de Alba me dice:

- ¿Ya has acabado con la Filosofía?

Mi primer pensamiento ha sido, evidentemente: "¿Yo a usted la conozco de algo?". Pero como soy muy educada le he dicho que sí. A lo que me ha espetado:

- ¿Y qué haces?

Pues "arrebuscar" calzoncillos, señora. ¿Que no lo ve? Pero he supuesto que no estaba interesada en los calzoncillos de mi padre y mi tío. Así que he contestado:

- Nada. Bueno, preparar oposiciones.

- No te va a valer de nada -me ha dicho. Y tras hacerme partícipe de la suerte de su hija filósofa se ha ido. "Tanta paz lleves como descanso dejas", he pensado. 

¿Es, o no es para odiarles? En mi defensa he de decir que en esta ocasión he optado por ponerme en plan "conejil" (te lo dedico, Carlota xD) y he recordado un relato de estos súper chupis. Me he acordado de la historia del bambú japonés, que lo mismo es mentira y no tiene ningún parecido con la realidad, pero bueno.

Resulta que cuando plantas la semilla del bambú más vale que te armes de paciencia porque durante siete años no pasa nada aparentemente. Es a partir del séptimo año, en un plazo de unas seis semanas, cuando el bambú crece hasta 30 metros. Una pasada, ¿verdad? 

La moraleja de la historia, que va bien mascadita, señala que no es que el bambú haya tardado 6 semanas en crecer, sino 7 años y 6 semanas. ¿Qué pasó durante los primeros 7 años? Pues que el bambú estaba desarrollando un entramado de raíces que le permitiese soportar el largo y pesado tallo. 




Eso se supone que pasa con nosotros a veces. El éxito no parece llegar, no parecemos conseguir lo que queremos por más que nos esforzamos, o simplemente no "crecemos" tan rápido como se espera de nosotros. Y no es que estemos parados. A lo mejor es que estamos echando raíces que nos permitan soportar y mantener nuestro éxito. 

A lo mejor yo estoy echando raíces...


... pero no veas las ganas que dan a veces de sacar las raíces del tiesto y azotar a algunos en la cara con ellas...



Muá!



Hoy estoy... aplatanada
Y estoy escuchando... Dama, dama - Cecilia

viernes, 23 de mayo de 2014

Libro: Las pruebas, de James Dashner

Si no has leído El corredor del laberinto y piensas leerlo
no deberías seguir con la reseña.
Spoilers ahead!


Segunda parte de la saga El corredor del laberinto. La acabé anoche. Solo por eso os habéis librado de un post de cierre de campaña electoral. Dadle gracias al librito de marras... jajaja

¿De qué va el libro?

Thomas, Teresa y el resto de Clarianos han sido rescatados -al menos, aparentemente- de la gente de CRUEL. Pero, de nuevo, las apariencias engañan, y todos ellos se ven metidos, de nuevo, en los juegos de la organización, Teresa desaparece y descubren que había otro Laberinto poblado exclusivamente por chicas y que éstas son sus competidoras. Para colmo, descubren que les ha sido inoculado el Destello, la terrible enfermedad que ha asolado el planeta. Les han prometido una cura pero, ¿será real?

Hablando del libro...

En la anterior reseña decía que había cosas que me indicaban el carácter juvenil del libro. En este caso lo he notado incluso más. No creo que deje de leer literatura juvenil nunca, pero es cierto que a medida que creces y lees más algunos libros dirigidos a jóvenes te saben a muy poco. Una busca unos personajes algo más desarrollados, no tan estereotipados, más profundos, unas relaciones más trabajadas, unas tramas con un poco más de propósito -que no sea la aventura por la aventura-, unos diálogos que pueda creerme... Esas cosas. Y no lo he encontrado aquí. En este libro menos que en el anterior.

Se me ha hecho una lectura bastante pesada. De hecho he de reconocer que he leído algunos pasajes en diagonal, como por encima. Llegando al final la cosa mejora un poco, parece que le ves sentido, que llegan a la meta y esperas ver qué pasa. Pero, evidentemente, la cosa acaba ahí, porque hay una tercera parte. Voy a acabar odiando las trilogías, lo veo. 

En cualquier caso, no ha sido suficiente. No creo que lea por el momento La cura mortal, la tercera parte de esta saga. Acabaré leyéndola, porque si lo hice con la saga Divergente, lo haré con esta. Pero voy sin prisa. Leeré otras cosas que me apetece leer y ya veré cuándo retomo esta saga. 

Os dejo un trocito...

-Las erupciones solares han arrasado muchas partes de la Tierra y una extraña enfermedad ha hecho estragos en los seres humanos; una enfermedad llamada el Destello. Por primera vez, los gobiernos de todas las naciones (los que sobrevivieron) están trabajando juntos. Han unido sus fuerzas para crear CRUEL, un grupo cuyo objetivo es luchar contra el nuevo problema mundial. Vosotros sois una parte importante de esa lucha. Y tendréis todos los incentivos para colaborar con nosotros porque, lamentablemente, todos estáis infectados con el virus.

En resumen, este libro...

2.5/5
A continuación y ¡por fin! voy a empezar El médico, de Noah Gordon que, al ponerlo en GoodReads, acabo de enterarme que también es una trilogía. Manda narices... xD ¡Ya os contaré, como siempre!


Pd: ¡Votad insensatxs! (No os ibais a escapar así, de rositas XD)


Hoy estoy... ajetreada
Y estoy escuchando...The long and windy road - The Beatles

jueves, 22 de mayo de 2014

Neurología.

Gratitud absoluta a esa gente/cosas/sucedidos que te sacan del apuro en un momento de bloqueo bloggero. :P


Hace un momento he recibido un mail que me ha dado una ideaca... Creo, queridxs amigxs que me voy a sacar a mí misma de la crisis rápido, rápido. Y quién sabe, a lo mejor si os animáis también a algunx de vosotrxs. Con mi idea de negocio pienso crear muchos puestos de empleo y mejorar la vida de la gente de manera notable. Que por falta de mercado no será...

Voy a dedicarme a la neurología. Bueno, tengo que buscarle otro nombre, porque ese está pillado por la ciencia médica que estudia el sistema nervioso. Pero de momento podemos utilizarlo hasta que se me ocurra un nombre mejor. Eso sí, hay que aclararlo: mi neurología es la ciencia que se encarga del estudio de las neuras. (Neura: pensamiento, generalmente en forma de duda, persistente e intenso, sin demasiada base racional, que nos genera ansiedad, nerviosismo, angustia, ...) ---> Como podéis ver, estoy construyendo ya el andamiaje teórico y conceptual de mi ciencia. ¿A que queda profesional?

La idea ha surgido por el email, pero ha germinado abonada con mi propia experiencia: soy una neuras. Le doy muchísimas vueltas a las cosas y me cuesta no esperar cosas malas de las situaciones. Hay gente peor, claro, pero bueno, cada uno lleva lo suyo. En ocasiones me obsesiono con un chiste que he hecho, o un comentario, o un gesto, y pienso: ¿habré molestado a alguien? ¿Les habré ofendido? O cuando tomo una decisión: ¿Lo habré hecho bien? Por ejemplo, cuando vi el cartel del curso, chan-chan, me tiré dos días pensando si me apuntaba o no. Decidí apuntarme, y pasé dos semanas o más -hasta que salió el resultado- pensando si había hecho bien. Me tranquilicé pensando que no me lo iban a dar, pero me lo dieron (¿véis? Lo de El secreto ese no funciona). Entonces pasé dos días, hasta que empecé, pensando si lo hacía o no. Y no nos vamos a engañar: me llevó casi un mes convencerme de que aquello no iba a estar tan mal. ¿A que agobia leerlo? Pues imagináos tenerlo en la cabeza. Y no me digáis que este fenómeno no es digno de estudio. Va, seguro que conocéis a alguien que lo necesita...


Es importante responder a la pregunta acerca de por qué tenemos neuras. ¿Solucionamos algo con ellas? Más bien no. Al contrario, lo más fácil es que como estamos nerviosos, con una actitud negativa, preocupados y obsesionados, acabemos actuando guiados por nuestra neura y metamos la pata hasta la ingle. Las neuras no sirven para nada productivo, así que deben de ser algún defecto, y como tal, no estaría mal subsanarlo. Pero que nada mal. 

Y hay gente que se toma este defecto en serio. Nadie se me ofenda, pero hay casos en los que nos abrazamos a una neura con tanta fuerza que invertimos en ella unas cantidades de esfuerzo, tiempo y energía descomunales. A veces hay quien se siente realizado dándole vueltas a su neura, buscando solución a un problema hecho de humo. Y se engañan.

 
Una vez descubierta la razón de ser de las neuras se buscaría un tratamiento para eliminarlas. Genial, ¿verdad? No voy a engañar a nadie: esto va a llevar tiempo. Pero bueno, ese es el espíritu de la I + D + I (¿me falta alguna letra?): no buscar el beneficio inmediato, sino trabajar por algo que merezca la pena. Pues a ello vamos. Y que yo sea de letras no va a ser ningún inconveniente. 

El inconveniente va a ser otro. Es que nuestras neuras son creencias, que tienen base en una interpretación de la realidad que de algún modo es errónea (se exagera algo, se pasa otra cosa por alto, ...). Y eso las hace prácticamente invencibles. 


Vaya... Acabo de empezar el negocio y creo que ya he quebrado. ¿Me ayudáis con una tormenta de ideas? ¿Sois muy neuras? ¿Cómo superáis vuestras neuras? ¿Cómo lidiáis con la gente que tiene muchas neuras?

Muá.



Hoy estoy... agitada
Y estoy escuchando... Do you want to know a secret - The Beatles

miércoles, 21 de mayo de 2014

Per aspera ad astra

La culpa de este título -y del post- la tienen
Runa y su flamante tatuaje.



Lo decía en la entrada de la autoayuda: la vida es compleja. Y ahora vengo con la segunda parte: nada que merezca la pena conseguir llega de manera fácil. Venga, llamadme pesimista. Lo que sea. Yo creo que así son las cosas. No es una regla infalible, pero puede aplicarse en muchas ocasiones. 

Últimamente pienso mucho en esto, en las penalidades que tenemos que pasar para intentar alcanzar nuestros sueños o las cosas que deseamos. Hay que tragar carros y carretas para llegar a donde queremos. Y además hay que hacerlo sin garantías. Y si os las dan, en serio, no os las creáis del todo. Así, al menos, os evitáis un posible chasco. Eso por no decir que en muchas ocasiones son una mentira...

Pienso en algunas de vosotras, de cuyas historias conozco algún detalle. Pienso, por ejemplo, en el añaco que Perri se tiró preparando sus oposiciones a secundaria. O en las múltiples oposiciones de Ro. O en Runa, mismamente, batallando con dos trabajos y multitud de dificultades. O en Lansy, que ha vuelto a las aulas y que está estudiando, preparándose para conseguir un sueño. Pienso en Carlota y en su batalla para seguir formándose, en su lucha para que le dejen salvar vidas (la que está librando y la que ha librado). O en mi hermano, trabajando sin parar. O en mi padre, que no ha conocido unas vacaciones en su vida. Pienso en mí misma y en lo que he arrastrado hasta ahora. 

A veces se llega a las estrellas. Otras, nos conformamos con poderlas mirar de cerca. Y en otras ocasiones ni siquiera las vislumbramos: no hay final feliz. Y entonces, ¿cómo dotamos de sentido al áspero sendero? 

Alguien me dijo una vez que si no has conseguido tu sueño es que aún no has trabajado bastante, que si sigues luchando el final feliz acaba por llegar. Y me lo dijo como si fuera una ley de la naturaleza. Yo no lo creo, pero aunque lo creyese... A veces dudo que yo sea lo bastante fuerte. O lo bastante alta. A veces me pregunto si las estrellas se van a quedar fuera de mi alcance. 

Seguiremos, mientras tanto, por el sendero áspero. 

 




Hoy estoy... cansada
Y estoy escuchando... Return to me - Dean Martin

lunes, 19 de mayo de 2014

Neuras de parada.


Hace poco tuve una entrevista personal de orientación laboral. Una de esas en las que miran tu curriculum, te aconsejan cómo mejorarlo, te preguntan por tus intereses laborales -como si se pudiera elegir-, cómo más querrías completar tu formación, ... Todo ello para intentar encontrarte un empleo. 



Pues bien, lleve MIS currículos. Mis, en plural, porque tengo varios, y según dónde los presento escojo uno u otro. No me pusieron ni una pega. De hecho, me lo alabaron bastante. Después, pasamos a la entrevista. Después de listar mis estudios, los idiomas que hablo, hacer mención a mis prácticas, a mi publicación en una revista de mi especialidad, etc. la chica que me estaba entrevistando, y que no paraba de asentir y tomar nota, me preguntó:

- ¿Y no has encontrado trabajo? 

Eh...No. 



Después de unas cuantas preguntas, de listar mis trabajos ideales (que cubren un espectro amplio) y de comentarle en qué lugares he presentado mi curriculum y cómo, me preguntó:

- ¿Y no te llaman de ninguna parte?

Eh...No.



Lo repitió varias veces más y, no sé, casi me sentí culpable. Parecía transmitir con cada pregunta -estoy segura de que sin malicia- que no era posible que una persona con mi formación -que hoy por hoy no es gran cosa- pudiese estar parada. Que no me hubiesen cogido ni para vender colonias y pintalabios. Ni como cajera en un supermercado. Ni para vender cartones en un bingo. Ni para muchas otras cosas. Sentí que estaba haciéndolo todo mal, que no podía ser que yo tuviese tan mala suerte. Me sentí estúpida, inútil. Casi hasta sentí que me lo merecía. O que no me merecía encontrar trabajo. 

Luego la gente que me quiere me intenta tranquilizar: "Que no es que a los filósofos se los rife la gente", "Que hay muchos jóvenes como tú", "Que la cosa está muy malita",... Pero yo no acabo de quedarme tranquila del todo y sigo pensando que tengo algún defecto. Cosas raras.

Lo de los gatos no cuenta.

Esta noche he soñado que trabajaba en una librería y me he levantado con una sonrisa de oreja a oreja hasta que me he dado cuenta que era mentira, con todo lo que eso conlleva. Voy a acabar tarumba. 



Si es que ese momento no ha llegado ya...

Hoy estoy... sintiéndome miserable
Y estoy escuchando... La ciudad de las palomas - Javier Cuenca

domingo, 18 de mayo de 2014

Alumnos invisibles.


Últimamente me he encontrado a menudo actuando como la profesora que me gustaría ser algún día. Supongo que tiene que ver con el hecho de que he vuelto a entrar en un contexto educativo. Como alumna, sí, pero es que... me cuesta. No puedo evitar ver las cosas desde la perspectiva del profesor. Y supongo que eso me va a traer algún que otro problema. Pero eso es harina de otro costal. 

Una de las cosas que me da miedo es ser la típica profesora que trata a los alumnos de "listos/trabajadores" y "negados/vagos". Sé que no se debe, pero es lo que he vivido yo durante toda mi educación y temo que, por lo que sea, me salga el impulso de hacerlo. Pero tengo esperanzas de que eso no ocurra. Estos días me he dado cuenta de tengo una sana tendencia a reparar en la gente que no destaca. 



En el curso hay un par de compañeros unos años más jóvenes que yo, no demasiados, pero lo suficiente para que se note mucho la diferencia. Además, estamos en puntos muy distintos. Ellos son chavales que abandonaron su educación obligatoria y que ahora, a sus 20, están intentando sacarse la ESO. Son de esos que se dan cuenta más tarde de que han cometido un error. El problema es que, tal y como están las cosas, andan desesperanzados y perdidos: no saben por dónde tirar. Y ahí, la verdad, no puedo serles de mucha ayuda.

Lo cierto es que me he acercado a ellos, me provocan ternura y me generan interés. El otro día mientras hablaba con uno de ellos me espetó, rompiendo con el tema de conversación:

- ¿Es difícil sacarse una carrera?

Me pilló por sorpresa. 

- No sé -contesté-, depende de cómo te lo tomes y de lo que entiendas por difícil. ¿Por?

- Porque no sé, me gustaría sacarme una carrera pero creo que soy demasiado tonto para hacerlo. 

Se me rompió un poquito el corazón. Le contesté que no sabía si sería capaz o no de sacarse una carrera, pero que eso dependía en buena parte de él, y que conozco a más de un "negado" o "tonto" que está sacando una carrera de manera espectacular. Le hablé de que buena parte del éxito reside en el interés y la motivación que tengamos.

- ¿Verdad que tú ahora sacas mejores notas que cuando estabas en el instituto? 

- Sí.

- ¿Y qué pasa? ¿Que te has vuelto listo con el tiempo o que ahora te interesa más?

- Lo segundo...

Me contó que tenía planes, que quería hacer un ciclo formativo de grado superior y, desde ahí, ir a la Universidad. Que no sabía qué quería hacer, pero que le gustaba mucho la Historia, aunque también los estudios relacionados con la naturaleza. 

- ¡Pero hay tantas cosas! ¡Tanto para aprender! No sé si podré siquiera decidirme.

Después, ambos, acabaron preguntándome por las becas, por cómo pude pagarme la carrera, por si podrían conseguir beca si estudiaban un ciclo formativo,... Se fueron sonriendo. Y yo, también. 



No sé cómo a estos dos chavales se les colgó la etiqueta de negados o tontos. Tienen curiosidad, inquietudes, ganas de aprender,... No sé. O quizá sí. Quizá no destacaban y se ignoró que estaban ahí. Pasa a menudo. Lo he visto tantas veces que hasta he perdido la cuenta... Alguna de ellas ya como profesora en prácticas. Se atiende a los que destacan para bien, porque nos hacen sentirnos buenos profesionales. Se atiende a los que destacan para mal, porque nos "molestan". Pero a los que están ahí, que no destacan ni molestan, a veces se les ignora. Demasiadas veces. No se espera nada de ellos porque apenas se repara en ellos. Y eso es muy triste, porque afecta mucho más allá del aula. 



¿Alguna vez os ha pasado esto? ¿Os habéis sentido invisibles en el aula? 


Hoy estoy... desanimada
Y estoy escuchando... Across the universe - The Beatles

sábado, 17 de mayo de 2014

¡Pijama nuevo!


Soy la dueña del pijama más guay del mundo. Bueno, yo y alguna más. Pero yo soy una de las afortunadas poseedoras de este pijama tan chulo. 

Fuente
Soy una fanática de los pijamas. Porque sí, la lencería fina está muy bien, los camisones de raso y todo eso, pero las mujeres como yo estamos más guapas cuando nos levantamos despeinadas, con un pijama cómodo (y una pata del pijama atascada en la rodilla, esto es así).  Me identifico mucho -ya lo he dicho alguna vez- con Lucía, la protagonista de Ciega a citas, y en este caso tengo que defenderla a muerte: sus pijamas son geniales. ¡Ya los quisiera yo para mí! 

Pero es que además yo soy muy maniática para estas cosas. Un pijama es como una segunda casa. Es el lugar en el que te metes después de tener un día largo, un día de perros, o, por qué no, el mejor día de tu vida. Y es algo cómodo, que te arropa. Porque está muy mal visto, pero yo me pasaría la vida en pijama. 



Que sí, que cada vez me conformo con menos. Lo importante es tener un lugar donde volver y en el que sentirte tú misma, aunque sea un pijama.

Bueno, yo os he enseñado mi nuevo pijama favorito. ¿Cómo es el vuestro? ¿Qué opináis de la moda de cama? ¿Camisones o pijamas? ¿Raso o algodón? ¡Contadme cosas insustanciales! Jajaja.


Hoy estoy... desanimada
Y estoy escuchando... The way you look tonight - Frank Sinatra

jueves, 15 de mayo de 2014

El arroz.


Estoy en plan investigador hoy. Quiero hacer un poco de trabajo sociológico de campo, así que os lanzo una pregunta al aire. No es obligatorio responder, por descontado, pero se agradecen testimonios. Ahí va.


¿Cuándo fue la primera vez que te dijeron que se te iba a pasar el arroz? 


La mía ha sido hoy. Con 26 añicos de nada han insinuado que, si no estoy pensando en tener hijos ya, pues no tardaré mucho porque si me espero se me pasa el arroz y luego no podré tenerlos naturalmente. Me he quedado un pelín en shock. No es que sea mentira del todo, todos sabemos que la edad óptima para tener hijos -biológicamente- no coincide -y cada vez menos- con la edad que elegimos -por las circunstancias que sea- para tenerlos. Si es que podemos elegir. Pero ha sido un poco sorprendente. ¿A que sí, Perri? ¡Que soy una petit-suisa! Ni a yogurina llego... xD

Es que... no sé. No tengo las condiciones económicas para tener hijos, eso está claro. Ahora seguro que alguien piensa: "Eso es una excusa que nos ponemos". Ya, bueno, es que yo no tengo casa -ni de alquiler, ni de nada-, ni trabajo, ni nada que se le parezca. Y mi pareja tampoco. Y sí, puedo quedarme preñada pero no me parece una opción responsable. A mí no. Será una excusa o lo que sea, pero así lo siento. Pero, y aquí viene el quid de la cuestión, aunque tuviese trabajo... No sé, no me veo yo madura como para tener un bebé. Si me preguntáis por Jack os diría que sí, que está preparado y motivado y que hoy mismo sería un padre estupendo. Pero yo... no sé, no me veo...

A lo mejor es una cosa la que influye en la otra. No tener trabajo, ni independencia -en muchos sentidos u.u- influye en que te veas más adolescente y menos madura. Puede ser. En cualquier caso cuando consigo imaginarme con un bebé en brazos el escenario en el que me encuentro es:

a) Trabajando (o haciendo prácticas no remuneradas, que p'al caso...)
b) Es mi sobrino/a. 

Pero bueno, no os preocupéis, ¿eh? Que no me ha sentado mal ni nada. Me lo he tomado bien. Total, hace poco me echaron 18 años. Y yo me veo hecha una jovenzuela. Además, lo que la gente no sabe es que yo soy BRILLANTE. Y no me paso. 



¡Muá!


Hoy estoy... guasona
Y estoy escuchando... Give it up - Steve Miller Band

miércoles, 14 de mayo de 2014

Está pasando.


En estos momentos está pasando o está a punto de pasar. La novia aún no lo sabe, pero si ella quiere, va a casarse. Van a preguntárselo al menos. 

Cuando el novio me lo contó me llevé las manos a la cara, sorprendida. Y casi me muero de ternura viendo cómo se sucedían los preparativos. Con cierta torpeza y llenos de clichés, pero con pequeños gestos únicos y muchas ganas de construir un escenario perfecto para un momento inolvidable.

Sí, queridxs, oigo campanas de boda a lo lejos, de una de esas bodas que una no puede eludir. Ni quiere, para qué vamos a decir lo contrario. Y que yo no quiera eludir una boda, ¡es mucho decir! Por aquí la gente dice que no se oyen aún las campanas, que para eso aún queda pero no sé, yo me lo veo venir mucho antes de lo que nadie se espera, no sé por qué. 

Estoy contenta, la verdad. Mucho postureo pero al final soy una ñoña y estas cosas, aunque quedan sonar un poco rancias o pasadas de moda a mí me enternecen. 

Voy a valorar seriamente hacer mi propia versión de "Ciega a citas". Pero sin citas, claro. El novio ya lo tengo, pero puedo ponerme de meta adelgazar y encontrar un vestido perfecto. Por aquí alguien -la madrina por derecho- dice que tendrá que ser de madrina. Espero que no llegue la sangre al río. :P








Hoy estoy... expectante
Y estoy escuchando... Besos en la frente - Joaquín Sabina.

martes, 13 de mayo de 2014

Que no se os escape.


Me encantan las flashmob. Vamos, una de mis metas en la vida es encontrarme alguna. Porque no, nunca he visto una flashmob en vivo y en directo. He sido parte de una (más o menos), pero nunca la he presenciado. Y creo que son una cosa maravillosa. A mí, al menos, me emocionan. 

Recuerdo uno que se organizó hace meses en una oficina del paro, con la música de la canción Here comes the sun, de The Beatles. 



No sé, es una manera de darle magia a algo cotidiano e incluso triste. Un flashmob es algo maravilloso que no te esperas y que tiene que marcar tu día para bien, porque es una cosa que no ocurre a cada momento.

Hace poco salió un flashmob en las noticias: ópera en el aeropuerto de Madrid. Tenéis un vídeo aquí. Imagináoslo: estás esperando un avión, esperando y, de repente, la ópera viene a ti. Ese señor con maletín de al lado, la chica que no para de mirar el móvil, empiezan a cantar. Y tú allí, en medio de toda esa belleza inesperada, sin comerlo ni beberlo. Maravilloso, ¿no?

Yo me emocioné con la noticia. Hasta tuve que secarme un par de lágrimas. Y entonces oí tras de mí:

- Las tonterías que hace la gente. No tendrán nada mejor que hacer...

Y me dio tanta pena que paré de llorar. 

No dejéis que se os escape la belleza. Por favor.



Hoy estoy... sensible
Y estoy escuchando... Muñeca rusa - Joan Manuel Serrat

lunes, 12 de mayo de 2014

Libro: La edad de la ira, de Fernando J. López



Hay muchas razones para escoger un libro: el título, la portada, el autor, el género,... Yo de La edad de la ira me encapriché por una cita. Sí, su autor puso en Twitter una cita del libro que captó poderosamente mi atención. Desde ese día -hace algunos meses- he estado detrás de él hasta que lo he podido leer. ¡Ficha va!

¿De qué va el libro?

Marcos no es un adolescente modelo (¿quién lo ha sido?) pero cuando se le detiene por matar a su padre de una manera brutal y herir a dos de sus hermanos -uno de ellos de gravedad- los que le conocen no pueden explicárselo. Un periodista, que tampoco lo entiende, decide investigar por su cuenta para buscar respuestas a la infinidad de interrogantes que este caso ha suscitado. Esto le lleva a adentrarse en el IES Rubén Darío ... quizá más de lo que le habría gustado. 

Hablando del libro...

Me ha gustado mucho, me ha encantado. Me ha requete-encantado. Pero no es una lectura agradable. O al menos para mí no lo ha sido. Porque sí, es ficción, el autor lo deja claro desde el principio, pero podría ser real. Podría ocurrir. Es más, estoy segura que cosas como las que pasan en el Darío ocurren día sí y día también en los institutos españoles. No todas juntas, claro. No las más graves, por suerte. Pero, ¿podrían llegar a ocurrir? Yo no tengo claro que la respuesta sea negativa. 

Este libro es un libro, en primer lugar, sobre el mundo adolescente. El mundo adolescente engloba varios sub-mundos: la familia, las amistades, el amor, los estudios, el autodescubrimiento...  Mundos complejos, situaciones complicadas. Lo digo muchas veces: se nos olvida cuándo fuimos adolescentes y juzgamos a los chavales desde nuestra perspectiva de adultos perfectos que lo saben todo. Y a veces no tenemos ni puta idea. 

En segundo lugar es un libro sobre el mundo educativo. Se habla de docencia, del sistema educativo, de cómo se gestionan los conflictos en los centros, etc. Y os aviso: no es una imagen idílica lo que se ofrece en La edad de la ira.  Desgraciadamente, tampoco puedo decir que la imagen que se da está falseada.  No he visto mucho de los IES como profesora, pero lo poco que he visto puede encajar perfectamente: claustros que parecen el Sálvame, rencillas entre los profesores dignas de Juego de Tronos, gente inepta e inestable haciéndose cargo de un centro educativo, gestionando situaciones delicadas con una suavidad digna del esparto,... No son todos, claro. Por suerte en esta profesión hay gente que va a por todas, que lo da todo por el bien del centro y, sobre todo, de los alumnos. Y a veces esas personas hacen unos sacrificios casi sobrehumanos. Y en muchas ocasiones van contracorriente.  Como alumna también puedo decir que he vivido algunas cosas de las que se tratan en el libro. En definitiva, no nos presenta una fotografía en tonos rosados de la realidad educativa. Más bien todo lo contrario: un retrato crudo, sin filtros, de lo que puede ocurrir en algunos centros.  Me ha suscitado una imagen bastante curiosa de los institutos. Son como la corteza terrestre. En algunos se ven los volcanes, los géiseres, el oleaje. En otros no, otros parecen tranquilos. Pero bajo todos hay placas tectónicas, bolsas de magma que pueden explotar en cualquier momento...

También es un libro sobre la violencia. Violencia tangible, física, brutal, sí. Pero también sobre la violencia invisible, sostenida, ignorada e incluso tolerada. 

 Por último hay, entre líneas, una reflexión sobre los medios y la opinión pública(da). ¿Cuánto tardamos en colgar un crimen a alguien? ¿Cuánto, en emitir juicios de valor sin base, en hablar de alguien como si le conociésemos? ¿Cuánto, en arruinar la vida de alguien para siempre sin pensar en ello siquiera?

Es, en definitiva, un libro para darle vueltas al coco, para reflexionar. Y para los profesionales de la enseñanza -por cierto, el autor lo es- es un libro en el que mirarse y a partir del que hacerse preguntas. Creo, vamos, ¿Qué voy a saber yo de eso, no? Pero a mí sí que me ha suscitado preguntas. ¿Qué habría hecho yo ante las distintas situaciones? ¿Lo habría gestionado bien? ¿Habría pasado del tema? Y me ha dado miedo. Yo, si algún día llego a ser profesora, quiero hacerlo bien. Pero parece tan difícil... 

Este libro me ha hecho pensar, también, en Ro. No es por hacerle la pelota, porque no tengo nada que ganar, pero me he preguntado durante la lectura qué habría hecho ella porque por lo que sé de ella me parece una profesional fantástica. Hay un personaje que puede encajar con su perfil, o con cómo yo la veo, pero está apenas esbozado, no tiene una contribución importante. Ro, si te animas a leer el libro, me gustaría saber qué piensas :)

Os dejo un trocito...

Primero, la cita que me hizo interesarme por el libro.

- Entonces, algo de fe tienes en el sistema.
- No, en el sistema no creo nada. La única fe que tengo es en ellos. En mis alumnos. 

Y ahora, otra al azar...

Si tuviera que describirlo, lo haría como una mezcla entre el comisario Rawls, el jefe de McNulty en The wire; y el Roger Sterling de Mad Men. Viste como ellos -solo que las chaquetas le sientan mucho peor- y, lo que es realmente peligroso, también suele pensar como ellos.

No puedo dejar de relacionar el retrato que Álvaro me hace de Gerardo con lo sucedido esta mañana con Ahmed. ¿Realmente se puede dejar la dirección de un centro en manos de alguien así?

En resumen, este libro...

5/5
 
Ya he empezado la segunda parte de El corredor del laberinto, titulada Las pruebas. ¡A ver qué tal! Voy a ir intercalando entre las diferentes entregas otros libros para no saturarme. Y me va a venir pasar a algo distinto. Esta lectura ha sido muy intensa para mí...


Hoy estoy... triste
Y estoy escuchando... The calm after the storm - The Common Linnets

domingo, 11 de mayo de 2014

Libro: 365 días para ser más culto, de David S. Kidder y Noah D. Oppenheim.




Empecé este libro porque me gustó la idea de tener cada día durante un año una píldora de sabiduría. Al final se ha alargado y han sido casi dos años lo que he tardado en leerlo por completo. Pero hoy mismo lo he acabado. Así que ahí va, su correspondiente ficha. 

¿De qué va el libro? 

Esta obra nos propone un tema cada día de la semana durante un año. Los lunes, Historia, los martes, Literatura, los miércoles, Artes Plásticas, los jueves, Ciencia, los viernes, Música, los sábados, Filosofía y los domingos, Religión (no solo católica ni mucho menos).  Un determinado aspecto de cada tema se desarrolla en un artículo breve -se lee en 5 minutos o menos- haciéndonos un poquito más cultos.

Hablando del libro...

Me pareció una idea interesante. Se presentaba como un "devocionario intelectual". Los devocionarios son libritos de oración que, en ocasiones, están organizados según la época litúrgica: en Semana Santa se rezan unas cosas, en Navidad otras, etc. Pues este libro es algo así, pero para el conocimiento. Me gustaba la idea de leer un pequeño artículo cada día sobre temas que, probablemente, me fuesen ajenos o de los que supiese muy poco. Y la verdad es que ha sido muy interesante y ameno.

Entonces, os preguntaréis, ¿por qué he tardado tanto en leerlo? Pues porque si estaba leyendo un libro en papel, no encendía el eReader, y no leía los artículos correspondientes. No ha sido cuestión de aburrimiento ni nada por el estilo. Además los textos están escritos en un tono muy sencillo, divulgativo. Unos más que otros, claro, pero generalmente se entiende todo bastante bien. Esto se consigue a veces a costa de algo de rigor, pero claro, ¡todo no puede ser! No se trata de un libro para especialistas, sino de una obra para curiosos. Y quién sabe, a lo mejor dé pie a que empecéis a leer más sobre algún tema :)

Si os llama la atención la idea, os lo recomiendo. Yo estoy pensándome leerme el segundo, Otros 365 días para ser más culto. Quizá algo más adelante.

Os dejo un trocito...

La hambruna de la patata irlandesa.

En un período de tiempo de tan solo diez años, de 1841 a 1851, cientos de miles de granjeros empobrecidos murieron de hambre en Irlanda en una de las peores hambrunas de la historia europea moderna. Algunos calculan que la población de la Isla esmeralda se redujo en un 20%. La hambruna fue una catástrofe humana de proporciones trágicas y tuvo consecuencias de gran calado mucho más allá de las costas irlandesas. La situación provocó un éxodo masivo de granjeros hambrientos que huían de la isla; muchos de ellos emigraron a Estados Unidos en busca de una vida mejor, dando origen a una de las principales oleadas de inmigración de la historia norteamericana.

Ese fragmento es solo el inicio o introducción de un artículo. :)


En resumen, este libro...

4.5/5

Bueno, no sé si es justo o no contar este libro entre los leídos de este año, porque está repartido, pero ya que lo he acabado este año... Pues ahí se queda, jaja.

Seguiré leyendo La edad de la ira, que me está impactando mucho. Lo acabaré entre hoy y mañana, supongo, así que ya os contaré :)

Hoy estoy... bailando en la silla
Y estoy escuchando... The calm after the storm - The Common Linnets

sábado, 10 de mayo de 2014

"Bipartidismo o barbarie".


¡Hola amiguitos! No sé si os habéis enterado pero... ¡ESTAMOS EN CAMPAÑA ELECTORAL! ¡Wiiiiiiiiiii! Aunque lo cierto es que si la campaña ha empezado ahora...¿estas últimas semanas qué han sido? Pero bueno, dejémonos de preguntas sin respuesta. 



Estoy un poquito de bajón porque este año tampoco me han llamado para estar en una mesa electoral. Diréis: menudo coñazo. Todo el mundo lo dice. De hecho, persona a la que le toca, persona que maldice la democracia mucho y muy fuerte. Pero a mí como que me hace ilusión y todo. Pero bueno, ya me tocará, supongo que en el momento más inoportuno o cuando a mí ya no me apetezca. Cosas de tener una suerte rebelde. 

Pero bueno, no pasa nada. Hay otras maneras de jugar a esto. Yo he de reconocer que soy muy friki de las elecciones. El domingo 25, de hecho, me pasaré toda la tarde pegada a la radio/tele/Internet para saber cómo van los sondeos a pie de urna, el porcentaje de abstención, los primeros recuentos, etc. etc. Eso ha sido siempre, desde que tengo 16 años. Pero ahora además saco mi lente sociológica y miro. Y he de reconocer que o mi lente está mal o yo no tengo ni puñetera idea porque hay muchas cosas a las que no encuentro respuesta. Pero en fin, que me va, me lo paso bien. 

Yo ya estoy -desde hace algún tiempo- con los ojos bien abiertos, mirando a los candidatos, leyendo programas, escuchando entrevistas,... esas cosas. Decidiendo mi voto, que aún no lo tengo claro del todo. Lo que sí tengo claro es a quién no voy a votar. Aparte de a algún partido diametralmente opuesto a mis convicciones y valores, no voy a votar a PSOE ni a PP. Y como yo, mucha gente. De ese montón de gente que pasa de votar a los dos grandes partidos, unos cuantos votarán a otros, otros cuantos votarán en blanco o nulo y otros cuantos -me temo que la gran mayoría- se quedarán en casa domingueando.



Sin embargo, los grandes partidos tienen miedo. El PSOE se esfuerza en erigirse el estandarte del socialismo, el progresismo, la lucha contra la desigualdad, etc. y, sin mojarse mucho porque no quiere hacerse (más) antipático, dice que el voto contra la austeridad es el voto al PSOE. Si algún día me cruzo con Rubalcaba o con Elena Valenciano les preguntaré qué café toman por las mañanas, que yo también quiero. Y el PP, que después de lo que lleva a la espalda ya ha superado los límites de toda antipatía, lo dice claramente: votar a partidos pequeños es una estupidez, tirar un voto a la basura, y bla-bla-bla. Aunque lo digan con otras palabras, los políticos del PP están siendo claros y directos al transmitir este mensaje. Para muestra, un botón.



Me resulta llamativo. Creo que la beligerancia de los dos grandes partidos no se está dirigiendo mayoritariamente de uno hacia el otro sino hacia los pequeños partidos. Que sí, que se lanzan pullas, pero lo de siempre: No votéis al PP, que son los esclavos de Merkel y unos recortadores profesionales, no votéis al PSOE que son los que nos han llevado a la ruina. Y sigue así la cosa. Pero esa estrategia de quitar importancia a los partidos pequeños -más o menos explícitamente- para reclamar que solo ellos, los grandes, pueden hacer algo por nosotros, la pobre humanidad española, la comparten ambos y parece muy estudiada. ¿Detecto cierto miedo? ¿Los cimientos del bipartidismo tiemblan aunque sea un poquito? No sé, en esos discursos aparentemente indolentes, aparentemente despreocupados, aparentemente condescendientes yo veo algo de inquietud, llamadme ilusa si veis que tal. El hecho es que hemos pasado del "O nosotros o la nada" al "Bipartidismo o barbarie", que puede traducirse en: "votad a cualquiera de nosotros dos -si es a nosotros mejor-, pero no nos jorobéis el chiringuito, anda".

Que no os convenzan. Si queremos cambiar las cosas -en el sentido que queráis- votar a los mismos de siempre no es la respuesta. No me creo al PSOE, y al PP lo tengo más que calado. Y que digan lo que quieran, es mi voto y lo "tiraré" donde yo quiera, pero por lo menos lo haré con convicción. Porque no sé qué opinarán todos esos parados, obreros, trabajadores de la educación, de la sanidad, familiares de dependientes o dependientes, pensionistas, etc. que votaron al PP. A lo mejor sienten que su voto está muy bien invertido, no sé. En fin, para resumir: que votéis a quien os salga del tiki.



Desde luego no creo que estas elecciones -y probablemente ningunas de las que vengan a corto plazo- vayan a suponer el fin tangible del bipartidismo. Antes de que eso ocurra deben consolidarse unas cuantas alternativas y eso puede llevar un tiempo. Pero algunos ven la posibilidad -al menos- de que esto pueda ser el principio de su fin, y eso no deja de ser interesante. Como decía Goethe en su poema Ladrador: "Pero sus estridentes ladridos / solo son señal de que cabalgamos."




Hoy estoy... eurovisiva y euro-electoral xD
Y estoy escuchando... Dancing in the rain - Ruth Lorenzo

viernes, 9 de mayo de 2014

Futuribles.


Post con muchas fotos :P

Ya os he dicho que suelo hacer cosas inútiles de vez en cuando. Bueno, para qué mentir: las hago con bastante frecuencia. Una de las que más me gusta es planificar viajes imaginarios con Jack. Sitios a los que iríamos si mañana nos encontrásemos un saco lleno de billetes de 500 euros, o si nos toca la lotería o ya, si tenemos mucha suerte, si conseguimos un trabajo medio estable y medio bien pagado. 

Jack y yo solemos empezar por España. Siempre empieza por ahí. Quizá con la excusa del calor empezamos a hablar de Asturias. 


- Me encantaría ir contigo donde fuese -dice él-, incluso al fin del mundo.

jueves, 8 de mayo de 2014

(Auto) Help.

En un comentario en la entrada "Barreras o espejismos" mi querido Letraherido me habla de la autoayuda. Un poco por encima, pero saca el tema. Y a mí cuando se me saca un tema... especialmente si no tengo otra idea mejor... Pues eso, que vamos a hablar de autoayuda. O a divagar.

Vaya por delante que quien lea libros de autoayuda, o los escuche, o lo que sea, porque le gustan, porque le van bien o porque le hacen gracia, ¡pues estupendo! No tengo nada contra ellos. Para gustos colores y aquí cada quien se droga con lo que quiere, ¿no? No voy a ir yo juzgando. Lo que os voy a contar es por qué no me gusta a mí la autoayuda, al menos lo que yo he leído que, he de reconocer, no ha sido mucho. Pero también tengo que decir que me ha quitado las ganas de seguir intentándolo.

Mis obras de referencia en este caso han sido El Alquimista, de Paulo Coelho y Cuentos para pensar, de Jorge Bucay. También eché un ojo a Alegría, de Osho, pero lo dejé con cierta indignación porque encontré entre líneas bastante filosofía -algo maltratada- y me cabreé: lo dicen los filósofos y ni puñetero caso, lo dice un tío con turbante y todos como borreguetes. En fin. Que hablaré de mi experiencia con los dos libros que nombraba al principio.

Cuentos para pensar lo leí con 16 años, más o menos. Lo pedí a Círculo de Lectores. El Alquimista lo saqué de la biblioteca por esa época, quizá un año más tarde. Lo de la edad es importante: si en aquel momento me dejaron con cara de gilipollas, no sé qué me pasaría ahora. Bueno, sí. Por suerte o por desgracia Jorge Bucay me persigue por donde voy -sus cuentos, al menos- y os puedo decir lo que siento cada vez que sale a relucir: hastío y agotamiento. 

Estos libros son los responsables de que yo no quiera tratos con la autoayuda. Recuerdo el cuento de "El buscador", de Bucay. Me sé el inicio de memoria. Y el final. Buscadlo por Internet si no lo conocéis, es breve. Yo es que, por principios, paso de enlazarlo. Cuando acabé el cuento me quedé alucinada. ¿Se puede decir una simpleza mayor? Al año siguiente la profesora de Filosofía lo llevó a clase para trabajarlo. Le jodí la actividad, porque cuando preguntó qué nos había parecido la moraleja yo contesté: "Pues una mierda". Y toda la estrategia que ella tenía para mostrarnos por qué el cuento no era todo lo profundo que debería se fue al garete.

Con El Alquimista la cara de idiota fue doble porque, además, era una novela entera. Breve, pero entera. Así que vas tú ahí, siguiendo al protagonista, que va persiguiendo un sueño, buscando la fortuna, bla-bla, para, al final encontrarte... eso. Pues mirad, yo me sé un cuento que dura 10 minutos y que tiene una moraleja parecida, quizá hasta más profunda. Diez minutos. 

Voy a ser sincera: creo que la autoayuda -a la luz de lo que yo he leído, que repito, no es mucho- tiene menos fondo que un charco. Se dedica a poner en palabras bonitas frases tópicas que no hacen más que simplificar las situaciones, los sentimientos, las angustias,... 

Os lo digo desde ya: la vida no es simple. Nuestros problemas a veces serán un naufragio en un vaso de agua, pero otras veces no. Otras veces serán una herida derivada de una situación compleja, que hunde sus raíces en circunstancias particulares y que no pueden recogerse en una sola frase de cartel. No digo que la inspiración siente mal, de vez en cuando es necesaria. Pero creo que hay que ir más allá. 

Por eso hay otra cosa que me da mucha rabia de la autoayuda: que no deja ir más allá. Te lo dan hecho todo. Los cuentos de Jorge Bucay -muchos de ellos, al menos- pueden interpretarse, pero las posibles interpretaciones están tan conducidas que no dejan mucho espacio a la disidencia. Si no te dan la moraleja hecha y escrita, casi. Yo creo en el potencial de la narrativa (y del arte en general) para sanar, para inspirar, para hacer pensar,... Pero para eso hay que dejar que la historia toque y emocione. ¿O es que emociona igual una obra de arte que su comentario? Yo creo que no, vaya. Además, el comentario, condiciona nuestra propia experiencia. 

Sé que hay relatos que sí cumplen esta función, que nos hacen poner en perspectiva nuestras circunstancias y examinarlas desde otro punto de vista. Y eso me parece fenomenal. Pero para conseguir eso no hace falta que esas historias estén catalogadas bajo la etiqueta "autoayuda". A mí me ha pasado con muchísimos cuentos o novelas. No sé, a mí me gusta auto-ayudarme. Por eso no quiero que me lo den todo hecho.


Para acabar, un tuit que vi anoche y que viene que ni pintao.

 
Hoy estoy... inquieta
Y estoy escuchando... All of me - John Legend

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