viernes, 31 de enero de 2014

Escaños en blanco manda #politicosalparo

Ya os avisé de que iba a dar la tabarra con el tema de la política y las Elecciones Europeas. Quien avisa no es traidor, es avisador. Y aprovechando que ando escasa de inspiración y que Escaños en Blanco promueve hoy a partir de las 20.00 el hastag #politicosalparo, voy a hablaros brevemente de esta formación.



Y tan brevemente, porque el nombre de este partido político se explica a sí mismo, así como uno de los mensajes que hay en su web:
¿Te identificas con algún partido político?
Si es así, vótalo.
Si no, manifiesta tu decisión democráticamente en forma de escaños vacíos.

Más simple imposible. Igual que su programa electoral. Consiste en no tomar posesión del escaño y dejarlo vacío, desocupado. Y, por supuesto, no cobrar ningún sueldo o subvención asociado al mismo. ¿Tenéis alguna pregunta? También tienen en su web un apartado de preguntas frecuentes. También podéis contactar con ellos vía Twitter, en su cuenta @escanosenblanco y en el apartado "Contacto" de la web encontraréis otras vías.

Probablemente a muchos os sepa a poco esta opción, pero es una manera de canalizar el descontento. Yo os animo a informaros de las diferentes opciones y a reflexionar para tomar una decisión responsable. Pero si estáis seguros de que no os representa nadie, creo que Escaños en Blanco es una decisión mejor que no ir a votar y una manera de hacer que vuestro descontento cuente. Si todos los que se abstienen, votan nulo o en blanco votasen a una fuerza como esta muchos políticos iban a quedarse sin cargo que arañar. Y se iba a notar. 

El objetivo fundamental de Escaños en Blanco es que el voto en blanco cuente, que sea computable y que se traduzca en sillas vacías en las cámaras de representación. Y para ello solo es necesario modificar la ley electoral. Si eso se consigue, el partido se disolvería. 

En fin, que yo desde aquí no hago apología del voto para nadie. Pero quiero mostrar opciones que me pueden parecer interesantes. Y luego, vosotrxs decidís.  Desde luego, estaría bien ver la cara de los políticos si toda la gente que no vota o vota en blanco les votase...


Hoy estoy...desconcentrada
Y estoy escuchando...You mean everything to me - Neil Sedaka

jueves, 30 de enero de 2014

Una chica antigua.

Hoy he ido a cortarme el pelo. Sí, hoy tocaba mi visita anual a la peluquería. Mirad que ni yo misma estaba muy convencida cuando, allá por la Nochevieja de 2012 decidí hacerme un corte de pelo bastante radical en cuanto a la longitud. Pensaba que iba a ser flor de un día y que, después de probarme que me atrevía a cortarme y soltarme la melena, iba a volverla a dejar crecer. Pero no. Contra todo pronóstico le he cogido el gustillo a tener el pelo corto, así que hoy he vuelto, que ya mi melenita pasaba a ser media melena. 

He salido muy contenta de la peluquería. No en vano, mi peluquera es una peluquera de las de toda la vida. De hecho, es mi peluquera de toda la vida, la que aguantó mis primeras rabietas cuando para mí cortarme el pelo era casi una amputación. Su experiencia, unida a que mi corte es sencillísimo es una combinación que garantiza salir satisfecha. 

Cuando he llegado a casa mi madre estaba haciendo cosas. Después de un rato ha parado y me ha dicho: "A ver ese corte de pelo". Yo he sonreído y he dado una vuelta. Sin embargo, en su cara se ha dibujado un gesto de decepción.

- Ains...Así algo más... No sé... Más así...Moderno...

Supongo que su mente se remontaba a cuando me hice aquel corte estilo bob, con flequillo a lo Bettie Page. Le gustaba eso de que llevase el pelo más largo de delante que de detrás. Pero a mí me parecía una absoluta pesadilla arreglarme el pelo. Eso, por no hablar que tenía que estar cortándolo cada poco tiempo, porque me crece muchísimo el pelo y un bob desarreglado es un desastre. 

Me gusta más mi corte de pelo actual. Es sencillo, cómodo. Si quiero arreglarme el pelo solo tengo que ponerme un poquito de espuma y esperar a que mi pelo haga su magia y surjan esas ondas mías que he aprendido a querer con locura. Me queda un pelo de lo más 40's - 50's...¡Y sin hacer nada! 

Así son mis pelos :)

Pero sí, mi madre piensa que soy muy antigua. Un día estaban poniendo "Call the Midwife" en la tele y, coincidencia, ese día Nurse Lee y yo íbamos peinadas igual, con el pelo ondulado y unas peinetillas sujetándolo a los lados. A mi madre no se le pasó el detalle y lo dijo en voz alta, con un tono que, deduzco, pretendía avergonzarme de algún modo. Hace poco pasó lo mismo. Iba como casi siempre: delineado negro, rímel, y labios rojos. El pelo, suelto, rizado, hacia un lado. Y un nuevo apunte de mi madre: "¡Ay, hija! ¡Pareces sacada de El tiempo entre costuras!". Ojalá. Ya quisiera yo esos vestidos... Y de nuevo ayer cuando en una tienda vi unos guantes de paño preciosos, parecían sacados de los años 40. Y el comentario: "Ains, es que a esta hija mía solo le gusta lo viejo".


La cuestión es... ¿tendría que molestarme? Porque no me molesta. Recuerdo cuando coincidí con una anciana en el ascensor y me miraba, me miraba, me miraba... hasta que se atrevió a decir: "Hija, ¡qué guapa eres! Como las actrices de antes..." Yo salí del ascensor que no cabía en mí. Vamos, casi me atranco en la puerta. 

En realidad, yo no veo el parecido, ¡ya me gustaría! Esa elegancia, esa manera de moverse, de mirar, de sonreír... Me encanta. Así que, lo digan con la intención que lo digan, yo me lo tomo como un cumplido.




Hoy estoy...algo bajonera
Y estoy escuchando...No quiero verla más - Estopa

miércoles, 29 de enero de 2014

Zapatitos de charol.

No sé por qué hace unos días me sorprendí pensando en una de mis frustraciones infantiles. Creo que esas frustraciones infantiles nos marcan mucho como personas -llamadme seguidora de Freud si queréis, que hoy os lo permito.  

Yo tengo un buen saco de frustraciones infantiles. Pero las de hoy tienen que ver con mis pies. O con lo que se pone en los pies, más bien.

Todo niño en mi época tenía que tener al menos unos zapatos para los días "de comer bien". Zapatos que servían para bodas, bautizos, comuniones, para ir los domingos a misa y para cualquier acto formal que se terciase. 

Pues bien, durante toda mi vida infantil recuerdo un mismo modelo de zapato. Negro, de piel, con la punta redondeada y hebilla. Tal que así:

He de reconocer que mis padres se gastaban bastante dinero en los zapatos. En la ropa, por ejemplo, eran menos exigentes. De hecho, durante muchos de mis años infantiles se me inculcó la buena costumbre de usar ropa "heredada". Pero con el calzado no se la jugaban. Casi siempre acudíamos a la misma zapatería, en un pueblo vecino, y allí compraban zapatos "de los buenos", para que no se nos deformasen los pies (tengo grabada a fuego esas palabras dichas por mi padre mil veces). Casi me muero de amor hace unas semanas, al descubrir que la zapatería sigue abierta.  En ocasiones, sin embargo, si visitábamos la city, mis padres miraban en una zapatería que a mí me encantaba, porque tenía un cochecito de estos que funcionan con monedas en la puerta. Nunca pedía dinero para ponerlo en marcha, pero me gustaba sentarme en él con mi hermano hasta que nos sacaban para probarnos zapatos. 

Bueno, que desvarío. Mis padres compraban zapatos buenos, y eso se paga. Así que teníamos que aguantar los zapatos hasta que se nos quedasen pequeños, por lo que mi madre tenía que calcular todas las variables zapatiles para conseguir la máxima durabilidad. Supongo que las calculó una vez, y por eso estuve durante años y años gastando el mismo modelo de zapato, con pocas variaciones. 

Pero un día tuve una conversación importante con mi madre, de esas que te dejan huella. Y no es que eso haya sido muy común. Y fue a razón de unos zapatos. 

Tocaba renovarlos, así que fuimos a la zapatería de siempre, a la del pueblo de al lado. Esta zapatería no es que tuviese muchísima variedad, lo cual facilitaba bastante las cosas para los padres, evitando que los niños se encaprichasen de algo que ellos no querían comprar. Pero un día, no recuerdo qué edad tenía, mientras miraba los zapatos expuestos unos llamaron mi atención. 

Allí estaban, brillantes y maravillosos, unos zapatitos de charol negro.


- Quiero esos -dije a mi madre.

Ella torció el gesto mientras señalaba otro modelo a la dueña de la zapatería y pedía mi número.

- Mama, que yo quiero esos. 

- Esos no puede ser. 

- ¿Por qué no? A mí me gustan esos.

- Pues porque son de charol, y se rompen enseguida: se arañan, se estropean. En dos días parecerá que llevas unos zapatos viejos, y los zapatos tienen que durarte mucho, porque no podemos comprarte unos cada día, que son muy caros.

Vamos, que una de las variables zapatiles para conseguir la máxima durabilidad fallaba.

- A mí me da igual, yo me los pondría aunque estuviesen feos. 

- Ya, pero entonces parecería que no tenemos dinero para comprarte otros zapatos.

- Pero tú me has dicho que no tenemos...

Mi madre se quedó muda un instante, aplastada por mi lógica infantil. Entonces la dueña de la zapatería dejó los zapatos que mi madre había pedido sobre el mostrador. Los cogió, y mientras me los probaba, me dijo:

- ¿Es que quieres parecer una nena pobre?

En aquel momento no supe qué decir. Para mí los pobres eran los que no tenían zapatos, los negritos de África. Pero a lo mejor había más maneras de ser pobre. Y lo importante, lo verdaderamente importante, era no parecerlo. 

Así que, por enésima vez, salimos de la tienda con unos zapatos negros, de piel, con punta redondeada y hebilla. 



Hoy estoy... nostálgica
Y estoy escuchando... Tie your mother down - Queen

martes, 28 de enero de 2014

Económicamente hablando.

Economía, eso es todo lo que importa. Algo que me fascina es cómo hemos pasado de no tener ni puñetera idea de economía a que casi todo en nuestra vida dependa de criterios económicos, macro, micro e intermedios. De toda clase. Y hemos pasado de pensar que la prima de riesgo tenía unos tíos bastante cachondos a perder el aliento cada vez que dice de subir. Cómo pueden cambiar las cosas en poco tiempo, ¿verdad?

No es que hayamos empezado a preocuparnos por el dinero ahora, ni mucho menos. En todas las casas, especialmente en las más humildes, la economía siempre ha sido una preocupación. Pero no así. La que preocupaba era la economía en sentido etimológico: economía viene de la unión de dos palabras griegas, oikos (casa) y nomos (ley, regla, norma). Así que la economía vendría a ser algo así como las normas para conducir una casa. 

Ay, economía, ¡cuánto hemos cambiado! Y qué omnipresente te has vuelto. Porque hay otra cosa que me fascina: que el criterio económico sea palabra de Dios. Hoy en día un argumento economicista vale para justificar cualquier cosa, sea la que sea (incluso aunque el argumento sea falaz). Es que la sanidad pública no es rentable. Pues nada, se privatiza. Es que hay que promover la eficiencia de los recursos en educación. Pues nada, se ponen más horas a los profesores y se despiden interinos. Cualquier día de estos pedirán a los pensionistas que se suiciden porque no son rentables. 

Está clarísimo en el caso de lo que ha venido a llamarse "el órdago independentista de Cataluña". Todos sabemos ya que la independencia será mala o buena para Cataluña, según quién lo cuente. Cataluña quedará fuera de la Unión Económica Europea y no podrá acceder al FMI. Catalunya serà més rica perque serà lliure de l'espoli de l'Estat espanyol. La prima de riesgo de Cataluña subirá. A Catalunya baixarà l'atur. Y así. No sé qué pasará con los catalanes, pero a mí un argumento económico no me convierte ni en independentista ni en anti-independentista. De paso, ahí lo dejo: es un error intentar atajar el problema, sea cual sea el problema, por ahí. De nada. 

Y yo pensaba que ya lo había visto todo. Hasta ayer. Porque resulta que el último argumento que se les ha ocurrido para defender la reforma de la ley del aborto, esa ley rancia y retrógrada, es también económico: la nueva ley del aborto será buena para la economía. O en otras palabras, tendrá un impacto enconómico positivo. ¿Por qué? Porque al haber menos abortos, aumentará la población, y eso es buenísisisisimo para la economía.  No voy a entrar en lo iluso de este argumento, porque aunque descienda el número de abortos, la diferencia no sería significativa. Pero, ¿en serio? ¿Estás justificando el hecho de arrebatar un derecho de las mujeres porque tendrá un impacto económico en la economía? 

Ante estas cosas solo se me ocurre algo como: "Anda a cascala, hombre ya..."


Hoy estoy... difusa
Y estoy escuchando...Ultramemia - Def Con Dos

lunes, 27 de enero de 2014

Fechas señaladas.

Los seres humanos solemos dotar de significado a cosas que no lo tienen. Todos lo hacemos, en mayor o menor medida. Por ejemplo, las fechas.  Suele parodiarse, por ejemplo, al miembro de una pareja que recuerda la fecha del primer beso, el primer batido, el primer baile, el segundo batido, etc. etc. Pero es que realmente hay gente así. 

Yo no llego a ese extremo, pero sí me he dado cuenta que, de un tiempo a esta parte, doy más importancia a las fechas. Será por el tiempo libre y eso. O porque como todos los días transcurren de manera parecida en mi mundo ,tengo que orientarme. No sé. El caso es que hoy es una de esas fechas señaladas: hace un año que dejé mi piso de Valencia, que me separé de Jack, que me cambió la vida otra vez. (Y me volverá a cambiar, eso es lo bueno/malo de la vida, que te cambia cuando menos lo esperas).

Anoche me acosté pensando que hoy iba a ser un día nefasto por tan desagradable aniversario, pero no. Me equivoqué, y si todos mis errores van a ser en este sentido, espero equivocarme mucho. 

He pasado un día de lo más normal. Incluso bueno, podría decirse. Esta mañana he tenido que desplazarme a un pueblo cercano para renovar la tarjeta del paro y, aprovechando que había mercadillo, me he paseado por allí. He conseguido algo que necesitaba: jerseys de punto finos, normales. Me he gastado diez euros, pero me he traído dos jerseys, uno en naranja y otro en azul petróleo. Una buena compra, supongo. También he ido a un bazar chino que estaba de liquidación y tenía las cosas a mitad de precio y he aprovechado para cargar sobres. Me he paseado un poco, y no ha estado mal. Ah, y por supuesto, he renovado la tarjeta del paro. Y casi, casi, entro a mi antiguo instituto, pero no sé si mi ánimo habría podido soportarlo, porque lo cierto es que su pinta es bastante decadente, y dudo que queden muchos profesores de los que yo conocía...

Además, hoy sí llevaba rímel, y hasta delineado. Y los labios pintados. Y colorete. Y unos vaqueros y una sudadera que hace un año apenas me entraban. Este año ha sido difícil pero voy sacando fuerzas de flaqueza y mi estado anímico y psicológico va mejorando poco a poco. No es que sea una maravilla, pero está estable, y eso es bastante, al menos de momento. 

Y puedo decir que estoy contenta, y hasta orgullosa en este día. En un año pueden pasar muchas cosas a una pareja, pero a nosotros solo nos ha pasado una importante: nos seguimos queriendo, quizá hasta más que antes, aunque no sé si eso es posible. Y eso me hace sentir segura y esperanzada, qué queréis que os diga. Será verdad eso de que las dificultades hacen con el amor lo mismo que el viento con el fuego: lo apaga, si es débil, pero lo aviva, si es fuerte.




Hoy estoy... sonriente
Y estoy escuchando...Ahora - Ismael Serrano

domingo, 26 de enero de 2014

Reflejos

Se miró en el espejo. Perfecta. O casi. A decir verdad, se sentía muy extraña dentro de aquel traje de chaqueta y encaramada a unos zapatos de tacón. Pero le sentaba fenomenal. La caída del pantalón y los tacones estilizaban su figura y la chaqueta, que parecía hecha a medida, marcaba su cintura y dibujaba perfectamente sus hombros y su silueta. 

Por supuesto, se había arreglado para la ocasión. Un maquillaje suave había obrado milagros, escondiendo las cicatrices de acné y resaltando su mirada. La hacía parecer más segura de sí misma, llena de determinación. Se había recogido el pelo en un moño elegante y sencillo. Recordó cómo su madre detestaba los cabellos rebeldes que se empeñaban en salirse de sus colas de caballo, quedando tiesos, como rayos de sol, alrededor de su cabeza. Así que usó fijador. Un peinado impecable, como sacado de una revista. 

- Estás maravillosa- dijo la imagen del espejo, sonriente. 

Pero ella no sonreía. Ella estaba tremendamente asustada porque no se reconocía en aquel reflejo. 

- Si tú lo dices... 
- Claro que sí -respondió el reflejo, como restando importancia a las dudas de su causa-, pareces una mujer de éxito, segura de sí misma, profesional, determinada a comerse el mundo. Ya era hora de que dejaras atrás las camisetas y los pantalones vaqueros. Y esas horrorosas y enormes deportivas. 
- Tengo miedo -confesó la chica, sin levantar la mirada hacia el espejo.
- ¿Miedo? ¿De qué, miedo?
- De que con mis vaqueros horribles, mis camisetas gastadas y mis enormes deportivas haya dejado atrás algo importante. 
-¿Como qué?
- No sé, mis ideales, mis principios. Y algo de sabiduría. No quiero convertirme en una de esas personas humildes que, tan pronto como conocen el éxito, olvidan de dónde vienen y cómo fue el camino. Y sobre todo, se olvidan de la gente que sigue luchando. Y de repente, sin darse cuenta apenas, pasan de comer bocadillos, sentados en un parque, con amigos, a mirar de reojo a quienes lo hacen. O dejan de bailar para no deshacerse el peinado o no arrugarse el vestido. O de esas personas que ponen un precio mínimo a todo para que sea digno de su uso y disfrute. Como si un vaso barato no sirviese para beber. No sé,... Probablemente estoy paranoica. Pero creo que estoy dando un paso hacia esa dirección y tengo miedo de que no haya vuelta atrás...

El reflejo disimuló perfectamente su turbación y su angustia, y replicó, sonriente:

- No digas bobadas, querida. La gente no cambia, no en el fondo. Me parece un poco superficial por tu parte pensar que esa gente, que ha llegado al éxito, se ha olvidado de lo que pasó, solamente porque visten con ropa cara o comen en restaurantes distinguidos. 
- Es lo que parece. No eres lo que piensas, sino cómo obras. Y esa gente parece olvidarse de las miserias y no recurre a su pasado más que para justificarse y limpiar su conciencia. 
- Puede, puede que haya casos, sí. Pero, ¿crees que tú serás uno de ellos? Mírate, aquí pensando en todas estas cosas. Hagamos un trato. Esta imagen será un medio. La utilizarás para trabajar, para hacer negocios, para reunirte con los clientes,... Pero cuando eso no ocurra, yo no seré tu reflejo. Volverá esa simpática andrajosa a la que tanto apego le tienes. Tú decides. 
- ¿Y si le cojo el gusto? ¿Y si me acomodo a ti? ¿Si comienzas a convertirte en mi único reflejo?
- Concedes demasiado poder a al imagen, querida. Como si un reflejo pudiese... No sé, secuestrarte o algo.

La mujer quedó pensativa unos instantes, y después rió. 

- Tienes razón. Depende de mí, y yo no estoy dispuesta a dejar que ocurra. 
- ¿Ves? ¡Perfecto! Y ahora ven aquí a comprobar que todo está en su sitio antes de marcharte a trabajar.

Un paso, dos. Acercó el rostro al espejo y abrió la boca para repasar el contorno de su lápiz de labios. Y entonces, cayó dentro.

Una mujer más seria, más cómoda con aquella imagen, dibujó una media sonrisa mientras miraba cómo la que había sido su causa se debatía dentro del espejo. 

***

La reunión fue un éxito. "No tardaré mucho en conseguir un ascenso", se dijo, mientras acababa de teclear en su teléfono móvil un mensaje de despedida bastante desagradable que envió al novio de aquella que la había causado. "No más distracciones de ahora en adelante", pensó. 

Mientras tanto, en su apartamento, uno de los gritos ahogados de la mujer hizo temblar el espejo con tanta violencia que lo quebró, quedando ella, que no era ya más que una imagen, rota para siempre.  



Hoy estoy... con ganas de meterme en la cama y leer hasta el siglo que viene
Y estoy escuchando... Hand in my pocket - Alanis Morissette

sábado, 25 de enero de 2014

Libro: El último cabalista, de Fernando Claudín



Hace unas semanas el autor de este libro se puso en contacto conmigo para preguntarme si me interesaría leer uno de dos títulos que me propuso. Curioseé un poco sobre ellos y me pareció un planteamiento interesante, así que acepté, y Fernando Claudín me facilitó una copia digital para que la leyese. Hoy vengo con la reseña del escogido, El último cabalista. Os dejo el enlace de Amazon donde podéis encontrar el libro y su sinopsis.  ¡Y ahora voy yo con la reseña!

¿De qué va el libro?

Rodrigo Velarde es el alférez del Gran Capitán. Se ha convertido, más que en un subordinado, en un protegido. Sin embargo, hay cosas de las que Gonzalo de Córdoba no puede proteger a su joven alférez, siempre rodeado de miedos y fantasmas del pasado que le abocan a una vida que no habría escogido de buen grado. A pesar de ello, parece que todos los caminos llevan a Roma y no elegimos la vida, es ella la que nos elige, porque esta decisión forzada de Rodrigo le lleva a conocer a Dana, una judía expulsada de España y que odia fervientemente a los cristianos y cuyo padre es poseedor de un gran secreto, codiciado por los personajes más importantes de la época. ¿Podrá el amor disolver esas diferencias? ¿Qué ocurrirá con el conocimiento del último cabalista? 

Hablando del libro...

Si accedí a leer esta obra fue porque me parecía que tenía un planteamiento interesante. No he leído demasiada novela romántica histórica, pero la que he leído está ambientada siempre en el extranjero. Este no es el caso de la novela que reseño hoy. Bueno, no del todo. La trama del libro se desarrolla, en su mayoría, fuera de España, pero los personajes son españoles y el contexto forma parte de la historia de España. El otro libro que me propuso leer y que no descarto leer más adelante, Amor prohibido, también tiene esa característica, pues transcurre durante la Guerra de Independencia de España. Desde luego, no es un planteamiento muy común, así que me pareció que merecía una oportunidad.

Lo que ha ocurrido es que ha sido una lectura rara. He tenido durante la primera mitad de la historia la sensación de que algo fallaba, y, sin embargo, no podía parar de leer. Incluso me he llevado el libro a la bici estática xD Tras darle unas cuantas vueltas creo que he encontrado la razón. Resulta que yo esperaba un libro romántico y esa parte me ha dejado bastante fría. Creo que no acabo de creerme cómo surge el amor entre los protagonistas. Además, en las novelas románticas lo normal es que la historia consista en las idas y venidas de los protagonistas hasta que consiguen compartir su amor. Aquí, desde el principio, está bastante claro que ambos se quieren y creo que ese no es el centro de la novela.  En ese sentido, no es lo que yo esperaba.

Pero hay un pero, y una razón por la que la novela sí me ha enganchado, y más a medida que avanzaba. Creo que el fuerte de esta novela no es la historia de amor, que para mí es más bien parte del contexto, un acompañamiento. El punto fuerte de esta historia son las aventuras, los avatares de Rodrigo como guerrero, como justador, y sus intentos de mantener a salvo al padre de su amada, el último cabalista, y las intrigas políticas que eso conlleva. La verdad es que uno sigue leyendo con ganas de saber quién se lleva el gato al agua. Entre los candidatos, el rey de Francia, el papa Borgia, Fernando el Católico,... Y una aparición estelar de un gran genio renacentista. Me gustan bastante este tipo de narraciones en las que intervienen personajes históricos reales y sus vidas y ambiciones se entremezclan en una historia de ficción. Así que, aunque el libro no es lo que yo esperaba como novela romántica, como lectura sí me ha parecido entretenido.

Tengo que destacar un detalle del estilo. El texto está escrito de manera un tanto rebuscada, intentando transportarnos con el estilo a la época en la que se sitúa. Y lo consigue, y eso es lo que quiero destacar. A veces, cuando se intenta forzar el estilo, la escritura acaba resultando algo excesivamente rebuscado, forzado, que supone un obstáculo para la lectura. Pero este no es el caso, ¡menos mal! Sin embargo, si preferís un estilo directo, más sencillo, probablemente este no sea vuestro libro.

Y por último, dos menciones especiales. La primera, a las conversaciones filosóficas entre Rodrigo y el Gran Capitán sobre el amor, la política, la moral y el ser humano. Bastante interesantes. Y la segunda, a los protagonistas animales del libro: Incitatus, el caballo de Rodrigo, y Calígula, el gato. Me han parecido de lo más majos. Sobre todo el gato xD.

Os dejo un trocito...

- El mundo me resulta incomprensible, Dana. La realidad siempre me ha sobrepasado. Todo me parece surrealista. Un cuento inverosímil.
- ¿Por eso te refugiaste en los libros?
- ¿En qué otro lugar podía hallar la paz?

Este libro...

3.5/5

Me gustaría dar las gracias desde aquí a Fernando Claudín por descubrirme sus libros y por escribir historias ambientadas en nuestra historia, que oye, es algo muy interesante :)

Ahora voy a empezar con mi regalo de cumple, El misterio de Salem's Lot, de Stephen King, que Jack tiene muchas ganas de que lo lea y me guste :P


Hoy estoy... con la cara como una estrella de cine xD (o eso me han dicho)
Y estoy escuchando...  Está podrido todo - EUKZ

viernes, 24 de enero de 2014

¡Victoria!

El post de hoy va a ser breve. Tenía pensado escribir una cosica más literaria, pero las cosas surgen y te cambian los planes, y a veces ¡es para bien!

No sé si os acordáis de que escribí un post contando que había puesto una reclamación a Orange porque se negaban a liberar gratuitamente el smartphone de hermano pequeño aunque había cumplido, con creces, la permanencia ¡e incluso había renovado contrato! Según los múltiples teleoperadores con los que hablamos, era imposible del todo dar el código gratuitamente. Es más, era imposible del todo dar el código en el número de atención al cliente, había que llamar a un número de pago. ¡Vaya cara!

Pues bien, hoy hemos recibido una carta desde la OMIC (Oficina Municipal de Inforamción al Consumidor). En ella nos adjuntaban la respuesta de Orange a la reclamación. Y, ¡oh, sorpresa! Incluía el numero de liberación así como las instrucciones para liberar el terminal, todo muy clarito. ¡Victoria!

Me he puesto más contenta que unas pascuas, qué queréis que os diga. Y he aprovechado para restregar la cartita por los morros a toda la familia, que ya está bien. "¡Es que tú eres muy quejica!" y "Pues quejarse no sirve de nada, nada más que para perder tiempo" son frasecitas que oigo de vez en cuando y que me tocan la moral. No sé si es que a la gente que me rodea se la pela que el mundo vaya de culo o si esperan que cambien por arte de magia. 

Hace poco tuve una discusión familiar porque desde el SESCAM (la sanidad castellano-manchega) están derivando a los pacientes a clínicas privadas de MADRID por pequeñas operaciones. Y no solo mandan al paciente, sino también al médico, para que los opere allí, mientras aquí en nuestra comunidad hay quirófanos cerrados.  Yo decía que no entendía como la gente tragaba, sin más. Algo así:

Madre: Pero es que, si tienen mal, ¿qué van a hacer?
Bettie: Pues quejarse. Aunque se vayan a Madrid a que les operen. Luego, quejas en Atención al Paciente, que quede constancia de que la gente no está feliz de la vida...
Hermano: ¿Y para qué sirve eso? Para perder tiempo, y te quedas igual.

Seguí despotricando, que tampoco se pierde tanto, que de momento el tiempo es gratis, y bla-bla-bla. Pero siempre quedo yo como una inconformista con la cabeza llena de pájaros que vive en el mundo de la utopía perpetua. ¡Hasta hoy! 

Lo dicho, ¡reclamad, queridxs! Al menos todavía tenemos derecho a pataleo -hasta que lo pongan de pago, y no es mi intención dar ideas-. 

Nota mental: tengo que pasarme por la OMIC un día para darle las gracias a la trabajadora que me atendió, ya que no solo nos desahogamos juntas, sino que, además, conseguimos lo que queríamos. ¡Yupi!




Hoy estoy... ¡contenta!
Y estoy escuchando... Romances -Luis Miguel

jueves, 23 de enero de 2014

Bienvenidos a la España feudal.

Esta mañana, mientras acababa de desayunar, he tenido conocimiento de una nueva remesa de los correos de Blesa. Deberían dejar de ponerlos a esas horas, que puede haber más de una muerte por atragantamiento de galletas y/o magdalenas. Hoy la telenovela iba de que el hijo de Almunia se quejaba a Spottorno, entonces director de la Fundación Caja Madrid, de que no le renovaban una beca para seguir estudiando en Harvard. (Noticia aquí)

En la situación en la que estamos es fácil acabar cagándose en la madre que parió a paneque y pensar si el hijísimo necesitaba esa beca, y sobre todo, si la merecía. No tengo el gusto de conocerle, así que no puedo juzgar, pero, aún a riesgo de acabar pagando justos por pecadores, creo que puede decirse que la cosa ya huele, y bastante. 

En este contexto de estupefacción y alucine general, uno de los tertulianos ha dicho algo con lo que no solo estoy de acuerdo, sino a lo que llevo unos días dándole vueltas: en España nos seguimos guiando por un sistema feudal. Espero que esto -lo de estar de acuerdo con los tertulianos- no siente un precedente, o voy a tener que asustarme.

El sábado pasado hablaba de este mismo tema Luis Garicano en un programa de televisión. En España las cosas funcionan por el método del chanchullo y el colegueo: quien tiene padrinos se casa y el que no, se queda compuesto y sin puesto. Nuestras élites lo son por la gracia de Dios, al estilo medieval, y no por méritos propios o preparación. En algunas ocasiones es más que fácil ver cómo los cargos políticos son, de hecho, hereditarios, y como determinadas familias hacen de ciertas zonas o cargos su cortijo, erigiéndose en caciques por encima del bien y del mal. Lo que importa, en cualquier caso, es ser lo suficientemente amigo del señor feudal de turno para poder pedir favores, y que nos los concedan, claro. Sin olvidar, por supuesto, que los favores siempre son de vuelta.

Esto manda un mensaje nefasto a los jóvenes y a la sociedad en general: la manera de triunfar no es trabajando, sino lamiendo culos y estando cerca de un buen árbol que nos garantice la sombra. Y si no has tenido la suerte de nacer en el barrio correcto o la posibilidad de colarte entre los elegidos, vas de culo, no matter what.

Estaba yo repasando Ortega y Gasset esta mañana y su división de la sociedad en minorías selectas (capacitadas, preparadas, que apuntan a lo mejor) y masas, (mediocres, indolentes con todo lo que no les afecta directamente y preocupadas por su propio beneficio). Ortega se quejaba, ya a principios del s. XX, de que en esta España nuestra no había minorías selectas. Y yo me pregunto si las ha habido en algún momento, si las habrá algún día. Porque lo que tengo claro es que los que ocupan los puestos de élite tienen todas las características de la masa y su máxima preocupación es procurarse el mayor beneficio posible y rascar las espaldas necesarias para aliviar sus propios picores. 

Y siendo ese su modelo, ¿cómo se atreven a pedir esfuerzo? ¿Cómo exigen excelencia? Y lo que es más importante, ¿creéis que volverá el derecho de pernada?




Hoy estoy...cabreada
Y estoy escuchando... Love's been good to me - Frank Sinatra

miércoles, 22 de enero de 2014

Premio Liebster Award (Bis)

Hace unos días desde el blog Amante de los Libros se me nominó al premio Liebster Award. ¡Gracias! Como ya sabéis cómo hago yo las cosas, un poco así, a la gornú, pues voy a responder las preguntas de Yolit sin nominar al personal ni nada por el estilo, pero, como siempre, invitándoos a que lo hagáis si os apetece :)


1.- ¿Qué autor que guste bastante a los demás no te gusta a ti?

Haruki Murakami. No es así, realmente. Es que me lo han recomendado mucho,  pero cuando empecé a leer 1Q84 como que me dejó muy fría. Lo dejé después de las 100 primeras páginas sin muchas ganas de retomar otro libro del autor :/

2.- ¿Qué libro juvenil odias?

Libro juvenil que odie... Pues no se me ocurre ninguno. Sí que hay una saga que no creo que lea y a la que le tengo una poquita tirria, que es la saga Crepúsculo. 

3.- ¿Cómo escoges tus libros a leer?

Puf, eso es un misterio. A veces me los recomiendan. A veces se me ocurren. A veces veo algo por ahí por Internet y me dan ganas de leerlos. La única manera de asegurarse de que leo un libro es regalármelo. Los libros que me regalan siempre los leo los primeros :) 

4.- ¿Prefieres los libros cortos o largos? (Más de 450 páginas)

No tengo preferencias al respecto. Un buen libro corto me parece tan fenomenal como un buen libro largo. Lo que pasa es que tienen que ser buenos, tienen que gustarme. Porque si un libro es largo pero está hecho con relleno.... Pues como que no. Pero vamos, que no me intimida ni predispone el tamaño de un libro a la hora de leerlo.

5.- ¿Qué personaje literario bomba (que guste a todos) no te gusta a ti?

¿Christian Grey? Dudo que guste a todo el mundo, pero sí a mucha gente. Y a mí como que me da urticarias. 

6.- ¿Qué libro leíste en enero del año pasado?

El primero que empecé y acabé en enero fue La marca del meridiano, de Lorenzo Silva. 

7.- Si escribieras un libro, ¿de qué género sería?

Pues he empezado varios y de diversos estilos xD Aunque predomina el romántico, no sé por qué, no leo demasiada novela romántica. Sin embargo, lo que me gustaría escribir sería un libro de género fantástico/terror, una cosa así a lo Neil Gaiman. No pido nada yo, ¿verdad? xD

8.- ¿Cuál es tu personaje secundario favorito?

Delirio, de The Sandman, supongo. Aunque en ese cómic me gustan todos XD Podría haber dicho Muerte, perfectamente. O Lucien el bibliotecario. O ........ :P



9.- ¿Cuál es tu portada de libro favorita?

Uhm, tengo algo con la portada de La voz dormida, la original, no la de después de salir la peli. Pero creo que tengo que decantarme por la portada de Pippi Calzaslargas. 

 

10.- ¿Cuál es tu género favorito?

Supongo que el fantástico. Aunque eso es mucho suponer. Leo cosas muy diversas, creo. 

11.- Di alguna frase del libro que estés leyendo ahora.

Voy xD

Pero él no podía compartir el amor del Gran Capitán por la vida del hombre de armas, una vida de vasallaje, mercenaria, en la que las personas eran mera carne de cañón que servía a una causa que en realidad no era la suya, sino la de los personajes poderosos que se beneficiaban de ella desde sus castillos y palacios, sosteniendo el cetro de mando que el destino les había concedido arbitrariamente.

Ahora se supone que tengo que proponer las 11 preguntas. Como hace poco hice otro tag más personal, voy a seguir la orientación de Yolit y a hacer preguntitas literarias. :)


1.- ¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído?
2.-  Si tuvieses que regalar a muchas personas distintas el mismo libro, ¿cuál escogerías?
3.- Un libro que quieres regalar a tus hijos (o sobrinos, o ahijados,...). Un libro que regalar a un niño, vaya.
4.-¿A qué escritor te gustaría conocer? ¿Qué le dirías?
5.- ¿Con qué personaje literario has tenido un sueño tórrido? Si no hay ninguno, con cuál has soñado, a secas.
6.- No hay que prohibir ni quemar libros, pero...¿qué libro te hace flaquear en esa convicción?
7.- Nombra un best-seller que creas que no merece serlo.
8.- Nombra un libro poco conocido que creas que merece ser un best-seller.
9.- Si fueses editor, ¿qué ingredientes tendría que tener un libro para que lo publicaras?
10.- Cuando estás triste, ¿qué te apetece leer?
11.- Cita 3 libros que has releído o quieres releer.


Gracias por pasaros, aunque os ponga chorri-cuestionarios de relleno :) Si es que sois más majxs.... :)
 


Hoy estoy... en blanco
Y estoy escuchando... Cuando me hablan del destino - Joaquín Sabina

martes, 21 de enero de 2014

Lo de antes de la victoria.

Estamos acostumbrados a las historias de éxito, y más en los últimos tiempos. Historias de emprendedores, sobre todo. Hasta en eso hemos perdido. No es que crea que las historias de emprendedores no puedan ser inspiradoras o interesantes, pero comprendedme, no suelen salir dragones. ¿O sí?

Todas las historias de éxito que parecen dignas de ser contadas siguen un patrón que suele repetirse, al menos de manera aproximada. Primero, unos inicios dramáticos: una persona que acaba de quedarse en paro, un joven que estaba harto de buscar trabajo de lo suyo, ... Después la idea, que posteriormente hay que poner en práctica. Y al final, el éxito. A veces, en medio de la narración se incluye un "fue muy duro" o alguna frase similar, pero sin hacer demasiado hincapié, que no desluzca la épica flojita del relato. 

He puesto como ejemplo las historias de emprendedores, porque parece ser que es lo que se lleva, pero vale para cualquier situación difícil, para cualquier obstáculo a superar, desde aprender un idioma hasta batir un récord olímpico. Dicen que cuando llegamos creemos que el camino fue bueno, y quizá es por eso que el esfuerzo del camino se difumina, expresado, si acaso, en expresiones estereotipadas. Porque lo que importa es el final, el logro, la victoria.

Pero antes de la victoria hay todo un camino. Antes de la victoria está lo duro, lo arduo. Porque el camino para superar una dificultad o conseguir un sueño es jodidamente difícil, y eso solo lo sabe realmente el que lo vive. No, no es difícil de respirar hondo y seguir. Es difícil hasta el punto de levantarse cada mañana pensando en dejarlo, o de concluir cada intento diciéndote que será el último. Difícil hasta ese punto, hasta las lágrimas, hasta perder el hambre o el sueño.O la alegría. Es tan duro que cada vez que te haces con los arrestos necesarios para seguir adelante te preguntas qué parte de tu alma estás utilizando como combustible. Así de difícil. Ahora que lo pienso, es comprensible que cuando llegas a la meta lo que más te apetezca sea olvidarlo. 

Casi nunca en mi vida me había sentido así. En muy contadas ocasiones. No es porque todo me haya sido tremendamente fácil, sino porque no me ha sido tan jodidamente difícil. Los retos que me he puesto me han parecido asequibles, con trabajo y esfuerzo, pero asequibles. Sabía que si ponía de mi parte lo que tenía que poner, lo conseguiría. Hasta este último año. En este último año me he sentido así muchos días, torpe, incapaz y fracasada, o un fracaso. Con ganas de dejar esto y lo otro. Con ganas de no salir de la cama nunca más. Con ganas de desaparecer de la faz de la tierra. Y algunas veces, hasta con ganas de morirme, y no es una forma de hablar. 

Espero que algún día este camino forme parte de alguna historia de éxito, y pueda permitirme, así, relativizarlo y sonreír pensando en que valió la pena y en que bueno, quizá no fue para tanto. Aunque en el fondo sabré que sí. Pero eso tampoco es seguro. Esa es la peor parte: a veces el dolor y el esfuerzo es el mismo, y al final no hay premio. Es como una contienda. Antes de la victoria está la guerra y, después no solo hay victoriosos, sino también vencidos.

Y a pesar de todo, no quiero que este post sea triste, sino más bien un gesto de comprensión y hasta de aliento para ti que estás ahí, al otro lado, peleándote con tus gigantes y tus dragones particulares, sean los que sean y que, cuando te cuentan una historia de éxito piensas que falta algo o que la tuya, por el momento, no se parece a aquella. No es porque no vayas por el buen camino, porque no hay un buen camino: solo cabe hacerlo lo mejor que puedas y esperar que salga bien. Ánimo.




Hoy estoy... pensativa
Y estoy escuchando...A las barricadas - LMDC

lunes, 20 de enero de 2014

Estigmas.


Sus manos empuñan las tijeras de manera hábil. Son treinta años, quizá más, cortando el pelo de las mujeres de aquel barrio, peinándolas, acompañándolas, de alguna manera, en los momentos importantes de su vida: las lágrimas de una novia, el primer tinte de una adolescente, el primer corte de pelo tras un duelo,... 

Le dolía la cabeza. "No tendría que haber abierto hoy", se dijo. Y entonces el susurro. "Acaba, acaba ya". Eran voces en su cabeza, lo sabía, pero ¡tan reales! El susurro se tornó exigencia. "Acaba, aquí mismo. Nadie te iba a echar de menos". Sus manos, siempre firmes, empezaron a temblar. La clienta se dio cuenta y, probablemente más preocupada por su corte de pelo que por su peluquera, le preguntó si se encontraba bien. 

- Me siento algo indispuesta, la verdad. Voy a acabarla, doña Rosa, y a cerrar. 

Cuando bajó la persiana se abalanzó sobre su medicación y tomó un par de píldoras. "Es mi secreto. Nuestro secreto. Y así tiene que ser. Si no, ¿quién iba a ponerse en mis manos?".





Otra cumbre internacional y él, un hombre de éxito. Era consciente de que el mérito no era suyo, no, sino de su padre y sus incontables amistades. Él había sido un niño torpe y era un adulto desgarbado y un tanto ridículo. Al menos, así se sentía: siempre fuera de lugar. Pero nunca había estado al volante de su vida, siempre había sido remolcado, o, más bien, pasajero de un coche conducido por un chófer a las órdenes de otro. Buen colegio, para compensar su mediocridad como estudiante. Universidad de pago, y nada de romanticismos: Derecho. Y a codearse con las élites, que en este mundillo las amistades lo son todo. 

Uno tras otro estrecha sus manos firme, como un hombre debe hacerlo, como Dios manda. Y sonríe estúpidamente. Entonces un aroma le asalta y le transporta: sí, huele como José. Cuantas noches, en la residencia de estudiantes, le había pedido prestada su loción para después del afeitado con la excusa de que había extraviado la suya. José siempre se la prestaba con una sonrisa franca que parecía invitarle a gritar verdades. Y él se embadurnaba a conciencia, para que el olor permaneciese hasta la noche y así, poder fantasear bajo las sábanas con que él estaba a su lado. 

Y de nuevo, la voz de su padre tras el sonoro bofetón: "Deja esas gilipolleces. A mí me da igual en quién piensas cuando te la cascas, pero te casas y tienes hijos. Porque el mundo avanzará mucho, pero nunca, ningún país serio, va a tener a un presidente maricón". 





Se despedía uno por uno de sus niños. Les colocaba el abrigo, les ajustaba la bufanda, les apretaba las coletas. Y les daba un beso que todos ellos recordarían durante toda su vida. Le había llegado el turno a Candela.

- ¿Sabes, seño? Hoy viene a recogerme mi papi. Es que mi mami está enferma. Tiene la gripe. 
- ¡Qué bien! -contestó- ¡Me va a encantar conocerlo! Así podré decirle lo buenísima y listísima que eres.

Diez segundos después se había tragado sus palabras. Ella le reconoció al instante, pero intentó que no se le notase. ¡Había temido tanto este momento! Él también la reconoció, aunque esta mujer no se parecía en nada a aquella otra que vendía sus caricias, sus besos y sus jadeos por horas en una pensión de la capital.

La mano que ella había extendido quedó suspendida en el vacío unos instantes hasta que él la estrechó, consternado y sin ganas. "¡Una puta! ¡La que besa a mi hija cada día es una puta!", pensaba, y ella lo sabía.

Intentó no darle importancia a aquel incidente. Acabó de despedirse de sus pequeños, como cada día, y se volvió a casa paseando e intentando engañarse: "A lo mejor no dice nada. A lo mejor le da igual. O a lo mejor tiene miedo. Si me acusa tendrá que dar muchas explicaciones. A lo mejor ni siquiera me ha reconocido. O quizá ni siquiera era él,...". Pero no lo consiguió. Sabía que aquel era el primero de los muchos fantasmas del pasado que saldrían a su encuentro.



Hoy estoy... echando de menos
Y estoy escuchando... Cien días - Ismael Serrano

viernes, 17 de enero de 2014

Libro: Carrie, de Stephen King.


Lo peor de la faringitis ha sido que no he podido leer. Que diréis que qué tiene que ver la faringitis con los ojos. Pues mucho. Yo no sé si por la fiebre, o la tos, o por qué, me dolían muchísimo, con apenas moverlos. Así que, lo dicho, no he leído mucho. Ahora que voy estando mejor, y que no hay fiebre, ya puedo ir leyendo un poco.  Ha sido lo suficiente para acabar Carrie, uno de mis regalos de Navidad-Reyes al que le tenía ganas desde hace tiempo. 

¿De qué va el libro?

Carietta White, conocida como Carrie, es uno de los bichos raros del instituto Ewen. El más raro, probablemente. Acostumbrada a ser el blanco de las bromas desde el primer día de colegio, ya no queda esperanza en Carrie. Pero, cuando cree que lo ha visto todo, sufre una broma más: mientras ella cree que se está muriendo desangrada al tener su primer periodo, sus compañeras de curso se ríen y le arrojan compresas y tampones sin dignarse a ayudarla.  Sin embargo, aunque no era previsible, un chico la invita al baile de graduación, arrojando un rayo de luz en su oscura vida. ¿Será posible la salvación de Carrie?

Hablando del libro...

¿Por dónde empiezo? Primero, por romper una lanza en favor del autor. He leído/escuchado alguna vez que los libros de Stephen King son, básicamente, basura: que si son todos iguales, que si siguen los mismos tópicos, que si no cuentan nada relevante,... Pues yo no he leído demasiados libros de King: Apocalipsis, El pasillo de la muerte y ahora, Carrie. Y los tres me han parecido entretenidísimos pero, además, interesantes. Creo que, al menos en estos libros, el autor tiene la habilidad de poner en el contexto, dándoles más o menos peso, distintos problemas dignos de reflexión y de hacernos reflexionar sin darnos cuenta con el desarrollo de la historia.  Pero hoy voy a hablar de Carrie.

De Carrie destacaré dos temas fundamentales. El primero, el del acoso escolar. Carrie es el blanco de todas las burlas y las bromas -algunas de ellas bastante pesadas- por el mero hecho de ser diferente. Y es diferente involuntariamente, por cosas que no ha elegido, principalmente su madre. Es su madre la que le dice cómo ha de vestir, qué debe hacer, qué cosas están bien y cuáles mal. Y casualmente, todo lo que hacen los chicos y chicas de su edad está mal. El dilema de Carrie es tremendo: ella quiere ser normal, no quiere ser un bicho raro como su madre, pero su madre es la única persona que tiene, lo más parecido a un apoyo que hay en su vida (lo cual es jodidamente triste) y desobedecerla no está bien. Desde luego, el constante acoso y maltrato de sus compañeros no es un aliciente para intentar integrarse.  La escena de las duchas me parece de una crueldad infinita y, sin embargo, no me es ajena. No he presenciado una escena igual, pero sí situaciones parecidas. Chicas, ¿os ha venido la regla en clase por sorpresa alguna vez? ¿O a alguna compañera? Las personas podemos ser muy, muy crueles. 

El segundo tema tiene que ver con el fanatismo religioso. A muchos puede que les parezca que el personaje de Margaret White, la madre de Carrie, es una caricatura exagerada de una fanática. Pero ni una cosa ni la otra. No es caricatura, porque no tiene gracia alguna, ni es exagerada, porque hay gente que vive la religión de una manera tan insana como Margaret White. Por desgracia, no todos ellos tienen una hija con poderes telequinéticos. Es alucinante cómo ese fanatismo religioso arruina la vida de Margaret White y la de su propia hija. 

Me parece, además, que los personajes principales están muy logrados. El de Margaret White, por supuesto, consigue despertar la repelencia -como poco- del lector. El de Susan Snell también merece una mención especial. Susan Snell hemos sido todos alguna vez en nuestra vida. ¿Quién no ha presenciado alguna injusticia y, pensando que tampoco hacía daño a nadie, ha callado o ha llegado, incluso, a participar, porque todos lo hacían? Susan Snell no es ninguna heroína, es simplemente una buena chica que se siente mal por lo que ha hecho y que, quizá para acallar su conciencia -aunque yo creo que realmente sí quiere ayudar a Carrie- quiere hacer algo para redimirse. Y luego está Carrie. Es muy fácil empatizar con Carrie porque o bien hemos sido Carrie en algún momento de nuestra vida, o bien hemos pasado muchos momentos de nuestra vida temiendo serlo: el blanco de las bromas, la marginada del instituto, la chica de la que todo el mundo se ríe, a la que emparejan los chicos con sus amigos para hacerlos rabiar,...  Ayuda, también, que el personaje de Carrie tiene bastante relieve. Podemos apreciar sus dudas, sus conflictos internos,... A mí me ha roto el corazón, la verdad.

Y luego está la historia. Una historia en la que había un rayo de esperanza, una visión a cámara lenta de cómo esa posibilidad se tuerce por los caprichos de una abeja reina malcriada.  Y, por supuesto, mucha sangre, y mucho fuego. Porque Carrie no pudo contener más el infierno que llevaba dentro. 

Tengo que señalar también que no me ha ocurrido lo que me pasa otras veces cuando leo el libro después de ver la película. Supongo que es, en gran parte, porque la novela no está escrita de una manera lineal, sino que intercambia los diferentes puntos de vista de los protagonistas con fragmentos que pretenden estar extraídos de actas de juicios, artículos científicos, libros de memorias, etc. Me parece una forma muy interesante de narrarlo y, además, ambas partes se articulan perfectamente. 

Para terminar, diré que aunque se supone que es un libro de terror, pues no me ha parecido muy terrorífico. Más que nada me ha dado mucha pena, me ha parecido muy, muy triste. Pero bueno, es que yo soy así: emocionable pero inasustable por la ficción. Salvo si salen payasos.

Os dejo un trocito...

Él había dicho que sería bueno, que se encargaría de ello. Bien, ella se encargaría de ello. Y que se cuiden de no hacer nada. Será mejor que no lo hagan. No sabía si su capacidad provenía del dios de la luz o del de las tinieblas y en ese momento, al descubrir finalmente que no le importaba, se sintió invadida por un alivio casi indescriptible, como si un peso enorme, arrastrado durante mucho tiempo, hubiese resbalado de sus hombros. 
Arriba, Mrs. White seguía susurrando. No rezaba el Padrenuestro; era el Exorcismo del Deuteronomio.

En resumen, este libro...
 

5/5

Se lo daría a leer a todos los chavales, a ver si se les quitaban las ganas de hacer bullying. Y qué pena no tener poderes telequinéticos a veces, jolines...

Ahora voy a empezar a leer una novela romántica. Su autor se puso en contacto conmigo y me preguntó si me interesaría leerla. Se trata de El último cabalista de Fernando Claudín, y si acepté su propuesta de leer y reseñar su libro es porque me pareció bastante curioso: una novela romántica, histórica, ¡y que se desarrolla en España! ¡Ya os contaré!


Hoy estoy... afónica
Y estoy escuchando... The Rains of Castamere (versión de Natalya Zarraga)

martes, 14 de enero de 2014

He gives me fever.


¿Me estáis echando de menos? Supongo que no. Supongo que pensáis que estoy disfrutando a tope de la compañía de Jack. Bueno, eso es verdad...a medias.

Resulta que estreno mi nueva edad con una faringitis salvaje que hoy mismo pensábamos que me llevaba al hospital, porque no conseguíamos bajar la fiebre de cerca de los 40º. Finalmente no llegó la sangre al río, pero vamos, que disfrutar no es la palabra que emplearía en este caso. Aunque una enfermedad se pasa mejor con la persona que quieres cuidándote, eso por supuesto. 

En fin, sed buenas, que volveré y voy a pasar lista ;)





Hoy estoy...febril
Y estoy escuchando...Fever - Peggy Lee

sábado, 11 de enero de 2014

La protagonista.


Es 7 de enero. Un hombre vuelve a casa para tomar el almuerzo, antes de volver de nuevo al trabajo. Cuando entra encuentra a su esposa sentada en una silla, con algo de mala cara.

- ¿Qué te pasa? -pregunta.
- No sé... Creo que estoy de parto -contesta ella. 

El hombre contiene una sonrisa: aunque ha llegado, por fin, el momento, no parece adecuado reírse con su mujer padeciendo los dolores del parto. Sin dudarlo, y aparentando la misma calma de siempre, la anima a montarse en la furgoneta para marchar camino del hospital.  

Rondando el mediodía de ese 7 de enero, la furgoneta entra en la ciudad. La mujer, que se encuentra algo más aliviada, se dirige a su marido con cierta inseguridad en la voz.

- Oye... Que creo que era una falsa alarma...¿y si vamos a ver los escaparates de las rebajas?

El hombre por poco pierde la paciencia, y por no hacer una locura, hace otra: acelera y se dirige al hospital lo más rápido posible.

- Hemos venido al hospital y al hospital vamos. No hay más que hablar.

Cuando llegan al hospital, revisan a la mujer y deciden que está de parto y que hay que ingresarla. El embarazo había sido de alto riesgo, la mujer había estado en reposo absoluto buena parte del embarazo y probablemente habría que hacer una cesárea.  Más valía prevenir que curar. 

Pero la protagonista de esta historia, que no es la mujer, ni el hombre, no estaba por la labor de salir. Quizá porque no quería cumplir años al día siguiente de Reyes, que eso supone quedarse sin un regalo. Quizá porque estaba cómoda dentro. A saber. La cuestión es que pasó el día 7, y nuestra protagonista no había llegado. Y pasó el 8. Y el 9. Y mientras tanto, la mujer con dolores de parto, y el hombre, con punzadas de incertidumbre.

Y llegó el día 10. Cuando el doctor pasó a revisarla le dijo que no pasaría mucho más hasta tener a su pequeño. Sí, pequeño. Porque nuestra protagonista también les gastó alguna broma a los médicos durante las ecografías. 

- Si no nace hoy, mañana a primera hora provocamos el parto. 

Nuestra protagonista no sabía de qué iba eso de provocar el parto, pero no sonaba bien. Así que permitió a su madre cenar  y un rato después se decidió a salir. Cerca de la media noche comenzaba el espectáculo, la función de verdad, que se alargó hasta las 5 de la madrugada del 11 de enero, fecha en la que nuestra protagonista llegó al mundo. Siempre le ha gustado la noche. Y siempre ha sido algo perezosa. Y bueno, vamos a reconocerlo, las protagonistas pueden hacerse esperar, ¿verdad?



Bueno, qué, ¿os firmo un autógrafo?
 

 
Hoy estoy...más crecida
Y estoy escuchando... La sirena varada - Héroes del Silencio

viernes, 10 de enero de 2014

Libro: El viaje de las novias, de Jojo Moyes



Antes de empezar esta reseña: haced caso a Lía en todo lo que os recomiende, siempre. Y rápido. Hace tiempo que recomienda este libro y hasta este momento no me había decidido a leerlo. Lo mismo me pasó con Masters of sex. Pero esa es otra historia. La cuestión es: hacedle caso.

¿De qué va el libro?

Tras acabar la II Guerra Mundial, muchas mujeres esperan reencontrarse con los hombres con los que se casaron durante la contienda. En este caso, se trata de mujeres australianas que tienen que viajar a Gran Bretaña para unirse a sus maridos. El viaje no será en un transatlántico, sino en un portaaviones, y esa será solo la primera de las dificultades. Por delante un trayecto planificado de 6 semanas (que serán 8) y un destino que, como todos los destinos, es más bien incierto.

Hablando del libro...

Lo que yo os decía. Que le hagáis caso a Lía, leche. Este libro es muy bueno. Podría etiquetarse fácilmente como novela romántica, pero yo no lo voy a hacer, porque creo que es mucho más. Muchísimo más. 

De El viaje de las novias me han encantado los personajes y sus historias. Cómo han llegado a dónde están, qué han tenido que hacer para conseguirlo, cómo ha sido su vida... Todos estos detalles van desgranándose poco a poco, alternando conversaciones en el barco, recuerdos y flashbacks, de modo que hasta que no avanza bastante el libro no sabes bien qué hay tras algunos personajes. No voy a hablaros mucho de ellos, porque merece la pena que les descubráis vosotrxs mismxs. 

Pero si hay algo que me ha fascinado de esta novela es cómo trata los estigmas. No los estigmas místicos, sino esas vivencias que nos dejan heridas que nunca sanan del todo, que dejan una cicatriz  y que en buena medida nos hacen ser quién somos. Me ha hecho pensar mucho. Como decía, es bastante más que una novela romántica.

No sé, no puedo decir mucho más. Es uno de esos libros que sientes que no puedes explicar, que para comprenderlo, no queda más opción que leerlo. Así que os animo a ello. 

Os dejo un trocito...

Tardaron dos horas en lograr que el barco fuese un lugar seguro. Los pescadores españoles que pasaron junto a ellos justo antes del alba y comprobaron que las personas que seguían en el agua no necesitaban ser rescatadas, hablarían durante años de los botes salvavidas repletos de mujeres con vestidos de noche de vivos colores que cantaban "The wild rover no more". Estaban unidos, como una telaraña gigante, por tirantes medias marrones atadas entre sí. 

En resumen, este libro...

5/5
 

Hoy estoy... feliz :)
Y estoy escuchando... nada, pero os dejo la canción que se menciona en la cita del libro y que me encanta.




Ahora empezaré a leer Carrie, de Stephen King, que me lo ha traído mi Rey Majo particular y le tengo ganas desde hace tiempo. Además, Mr. King y yo hace tiempo que no nos encontramos, así que... :) 

Aprovecho para avisar que es posible que esté algo ausente del mundo internetil estos días. Todo bien, no os preocupéis :) Vamos, ¡mejor que bien! ^_^ 

Muá.

miércoles, 8 de enero de 2014

Me alegro de que tengan trabajo.

No me alegro de que alguien pierda su empleo, nunca. Pero hay ocasiones en las que me alegro de verdad de que una persona tenga empleo, porque son más que profesionales. En mi empeño por no convertir mi vida -y por tanto, mi cuaderno de retales- en una colección de improperios y seguir señalando lo bueno, hoy, va por dos de estas personas.

Primero, por mi cartera. No sé de dónde ha salido, ni por qué, en esta época de recortes y demás. Antes entregaba el correo en mi zona otra cartera, que, por cierto, dejaba bastante que desear en mi opinión, y a varios niveles. Pues bien, en diciembre apareció esta nueva cartera. La vi en Correos, cuando fui a comprar sellos. Y poco después la encontré en la puerta de casa esperando, mientras volvía de hacer recados con mi madre. Tenía entre las manos un paquete de iHerb, que, por si no lo sabéis, vienen sin certificar. Lo que ocurrió a continuación fue, más o menos así:

Bettie: ¡Anda! ¡Mira que suerte!
Cartera: ¡Hola! He dicho, "voy a esperar un momento, que a estas horas (las 2 del mediodía) seguro que hay alguien al caer"

No dije nada más que gracias muchas veces porque me quedé sin palabras. Desde ese día me ha entregado varios paquetes. Cuando abro la puerta siempre tiene una sonrisa o un saludo agradable, incluso algún comentario o broma. Yo también bromeo, le digo que es mi Mamá Noel, o mi Reina Maga, porque estas navidades me ha traído tarjetas y algún que otro regalo de gente que, por desgracia, está lejos. Vamos, que buena parte de mi felicidad navideña ha pasado por sus manos. Y ha sido un placer. ¡Por favor, que no se vaya nunca! *____*

¡Mía, mía, mía!

Segundo, por una de las trabajadoras de la Universitat de València. Ya escribí un post sobre la Universitat de València en la que no aplaudía, precisamente. Y es que, por un error suyo tuve que remover cielo y tierra hasta que me permitieron pagar un recibo que tenían que haber cobrado por domiciliación. Pero en fin.  En esta ocasión la experiencia ha sido muy distinta. He tenido que solicitar un papelito, y la verdad es que estando a tantos kilómetros la cosa se complica. Por suerte, Jack está allí y me puede echar una mano.  

Pues bien, pregunté por email, y me tocó en suerte una profesional como la copa de un pino que me ha puesto las cosas facilísimas. Incluso ha habido algún problema por el camino -expidieron mal el papelito de marras- y me avisó, me dijo que en cuanto lo solucionara me lo decía, etc. Ese caso, entre otros, porque hasta ayer que recogió el papelito Jack ha pasado un mes y medio, pero la relación con esta trabajadora ha sido estupenda, me ha evitado muchísimas complicaciones y además siempre que he tenido alguna duda o he pedido alguna información me la ha dado con muchísima amabilidad y diligencia. ¡Vamos! Que me dan ganas de ponerle un piso  y todo. 

De hecho, ayer mismo le mandé un email dándole las gracias por su ayuda. ¡Y me contestó! Ains. *____*



Lo dicho: en un país, por desgracia, lleno de parados, me alegro de que estas profesionales tengan su empleo, y espero que lo conserven mucho, muchísimo tiempo.



Hoy estoy... agotada
Y estoy escuchando... Cry me a river - Julie London

Siempre estoy soñando.

Hace tiempo soñé que era una ola
golpeando implacable un acantilado
horadando la resistencia que imponía,
abriéndome camino. Caminando. 

Pero desperté y mi fuerza se había ido
y en la roca ni una sola muesca
hablaba de mis esfuerzos.

Un día soñé que era una hiedra
trepando, enredada en mil sueños
rozando el brillo de los astros
apuntando hacia el azul del cielo.

Pero desperté y todo era oscuro
y ante mí un muro alzado
me robaba el horizonte.

Anoche soñé que era  hoja seca
abrazada a una rama en penoso equilibrio,
agitada por el viento sin piedad
y tuve por cierto mi destino.

Hoy desperté sonriendo
 y en mi boca solo un ruego:
sopla, sopla, viento.
 

Fuente


 

Hoy estoy... sensible
Y estoy escuchando...Take it all - Adele

domingo, 5 de enero de 2014

To vote, or not to vote.

No sé si esta es una reflexión o post o lo que sea adecuado para un domingo, que además, es víspera de festivo. Pero hace días que la rumio, así que, allá vamos.

No me gusta decir "soy de izquierdas", porque me suena como "soy del Barça" o "soy católico". Y lo mío no es tradición familiar, ni moda, ni fe. Es una convicción. Pero bueno, si hay que decirlo, lo digo. Mis ideas políticas están encuadradas en la izquierda y no es una cosa que intente ocultar. Lo que no me vais a oír decir nunca, pero nunca es: "Soy de X partido". Porque no. Porque puede conducir a algo que yo detesto, y es el seguidismo y la defensa a ultranza de cualquier cosa que el partido haga, sea o no defendible. 

El problema es que en España es algo casi sistémico. Si quieres llegar a ser alguien en un partido tienes que contentar a los superiores porque, al menos hasta el momento, en muchos partidos -en la mayoría- son ellos los que ponen y proponen en las listas. Y, digan lo que digan, y por mucho que hable de sano debate interno, ser un militante díscolo no es cómodo para la cúpula ni prometedor para el militante. Y es triste. Porque empobrece nuestra vida política muchísimo. No solo hace la política menos plural y eficaz, sino también mucho más aburrida, fomentando el desinterés de los ciudadanos y la pérdida de la ilusión. Por no hablar de que detestan a los políticos, en general. 

En la derecha esto casi parece no importar. Siempre se dice que los militantes de derechas no votan, fichan. Además, están mucho más unidos, pues no hay muchos partidos de derechas que arrastren una gran cantidad de voto, capaces de atraer a votantes del partido mayoritario. El bloque de votantes del PP es prácticamente inalterable. Eso dice bastante de ellos, claro.

En la izquierda es otra cuestión. Primero, porque está muy fragmentada. Esto se dice normalmente como algo malo, pero es que la izquierda es muy plural y tiene muchos intereses: partidos socialistas, comunistas, verdes, ... Y cada uno, según su lista de prioridades y atendiendo a otras cuestiones (programa, confianza, etc.) vota a uno u otro. Además, en la izquierda hay mucho más indeciso. Hay mucha más gente que vota a un partido u otro dentro del espectro de izquierdas en ocasiones distintas. 

¿Cuál es el problema? Pues que ante la desilusión generalizada muchos votantes que se mueven entre el centro y la izquierda pueden quedarse en casita sin ir a votar en próximas elecciones. Y así lo ponemos muy fácil. Ya se encargan de decirnos que un voto a un partido pequeño es un voto mal empleado. Muchos entran en el juego. Es que el PSOE no, pero es que el PP, tampoco. Y es que IU, pues tampoco. ¿Y ya?, me pregunto yo. ¿No hay más opciones? 

Yo estoy muy desilusionada. No soy especialmente cercana al PSOE, pero es que lo que veo últimamente me da vergüenza ajena. Me jode mucho cuando la derecha intenta tomarme el pelo, pero cuando lo hace la izquierda me jode más. Y el PSOE ahora mismo es una tomadura de pelo absoluta. Y dice Rubalcaba, se empeña en repetir, que el PSOE ha vuelto, como si cambiar el logotipo y lanzar consignas panfletarias fuese suficiente.  En fin, que no estoy yo muy ilusionada. Y me gustaría estarlo. Me gustaría que hubiese uno o dos partidos de izquierdas fuertes, capaces de motivar a la ciudadanía, porque la ocasión la pintan calva. Pero no.  Sin embargo, eso no me lleva a la abstención, y espero que no lo haga nunca. Ante la cercanía de las elecciones europeas, empiezo ya a informarme sobre otros partidos y a jugar un papel activo en el proceso que llevará hasta ellas. Por ejemplo, me he inscrito para votar en las primarias de EQUO y poder contribuir a decidir los candidatos, un gesto que debería generalizarse, dicho sea de paso. 

Espero que todos los ciudadanos descontentos, no solo los de izquierdas, hagan lo mismo. Que se informen de otras opciones y no caigan en la abstención perezosa. Y que voten al partido que les represente, aunque crea que nadie más lo va a votar. Y si no, siempre puede uno interesarse por opciones como Escaños en Blanco, aunque no sé si van para las Europeas. Si todo el que dice "yo es que para votar a un partido pequeño y tirar el voto, no voy", fuese, y votase, a lo mejor las cosas serían diferentes. Además, los datos de abstención son noticia un día, o dos. Quizá tres. Pero al cuarto, con la mayoría absoluta sobre la mesa, lo que se hace es gobernar, da igual si a favor o en contra de los que se han abstenido.

Yo es que soy muy fan de la democracia. De la de verdad, claro. Y me gusta practicarla tanto como me dejan -ojalá me dejaran más. Y cuando hay elecciones estoy ahí, que si programas políticos, que si tal o cual. Y el día de las elecciones, pegada a la tele, normalmente esperando un milagro.  Además soy muy brasas con lo de que la gente vote, lo reconozco. Tengo una cruzada personal para convencer a la gente de que vote, qué le voy a hacer. Así que a lo mejor en los próximos meses encontráis post-cansinos por aquí. Nada, como aviso lo digo.


Hoy estoy... Potoplof
Y estoy escuchando...La tasca del chamán - Mar del Norte

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