viernes, 31 de mayo de 2013

Temporarily closed

To whom it may concern...

Due to English exams, this blog will remain closed for a few weeks. Well, not closed: you can still come here, and read, and write. You know, my notebook is your notebook. We are filling it together :) Don't miss me too much :) And if you do, remember that these days are going to be the closest thing to a holiday I'm going to have this year :)

 ***
A quien pueda interesar...

Debido a los exámenes de inglés, este blog permanecera cerrado por unas semanas. Bueno, cerrado no: podéis venir, leer y comentar. Ya sabéis, mi cuaderno es vuestro cuaderno. Lo estamos llenando juntxs :) No me echéis demasiado de menos :) Y si lo hacéis, recordad que estos días son lo más parecido a unas vacaciones que voy a tener este año :)


Pd: No, el inglés no era necesario, pero tengo que ir entonando, ¿o no? :) Si he metido mucho la pata, no me machaquéis, necesito mantener mi poca autoestima en idiomas medio intacta :P ¡Ah! Esto es una entrada programada. Con un poco de suerte, a estas horas ya estaré en el autobús camino de la city. Y de mi Jack.  Ains.

jueves, 30 de mayo de 2013

Libro: Harry Potter and the Half-Blood Prince, de J. K. Rowling


Y allá vamos, otra "reseña" de otro libro de la saga de Harry Potter. Este, he de reconocer, lo he leído más rápidamente que el anterior. También es cierto que es algo más breve. Vamos allá...

¿De qué va el libro?

Después del incidente en el Ministerio de Magia, en el que Harry y algunos compañeros se enfrentaron a Voldemort y sus Death Eaters (mortífagos), nadie se atreve a negar que Voldemort ha vuelto. Los miembros de la Orden del Fénix se preparan para luchar contra él. Mientras tanto, ataques, asesinatos y desapariciones tienen lugar. Harry, por su parte, tiene ciertas sospechas sobre las intenciones de Voldemort y sobre quién ha de ejecutarlas pero esta vez estará más solo que nunca. Por lo menos, y gracias al Half-Blood Prince, la clase de pociones dejará de ser una tortura absoluta. 

Hablando del libro...

Bueno, a la hora de contar el argumento he tenido ciertos problemas porque...¿qué pasa realmente en este libro? En el primero se busca la piedra filosofal, en el segundo se abre la cámara de los secretos, en el tercero se da "caza" a Sirius Black, en el cuarto tenemos el Torneo de los Tres Magos, en el quinto las averiguaciones de Harry respecto de lo que Voldemort está buscando... Pero, ¿qué pasa en éste? Pues la verdad, no veo que haya un argumento así muy definido. No tanto, al menos, como los otros. Y sin embargo, pasan muchas cosas, no es un libro tedioso, sino muy intenso, muy ágil. Y que engancha, de nuevo. 

Me ha gustado bastante rastrear los orígenes de Voldemort, la verdad. Y me ha dado bastante penica la historia de su madre. No digo más por no spoilear. 

En cuanto a cierto momento que tiene lugar hacia el final del libro, no diré cuál... Yo ya sabía que iba a pasar, que eso iba a ocurrir, pero me he descubierto leyéndolo casi sin aliento y con un nudo en la garganta. ¿Qué tontería, verdad? Eso he pensado, "si es un libro juvenil, si no es para tanto". Jo. Pues me he metido tanto en la historia -porque soy idiota, ya lo sabéis- que a mis 25 años, no sé, me llegan estos personajes, me emocionan. Entiendo, por fin, a los fans de esta saga.

Os dejo un trocito...

"Harry, Harry, only because Voldemort made a grave error, and acted on Professor Trelawney's words! If Voldemort had never murdered your father, would he have imparted in you a furious desire for revenge? Of course not! If he had not forced your mother to die for you, would he have given you a magical protection he could not penetrate? Of course not, Harry! Don't you see? Voldemort himself created his worst enemy, just as tyrants everywhere do! Have you any idea how much tyrants fear the people they oppress? All of them realize that, one day, amongst theyr many victims, there is sure to be one who rises against them and strikes back! Voldemort is no different!"

La negrita es mía, para enfatizar. Palabra de Dumbledore, (te alabamos señor).

Y ahora, pues nada, conforme me ha dejado este libro, no me queda más remedio que empezar el siguiente. Todo sea por no dejar el inglés hasta que no haya hecho los exámenes. Y porque estoy enganchadísima, no puedo negarlo.

En fin, este supongo que será el último post hasta dentro de casi un mes. Me voy a la city a hacer los exámenes de inglés y no voy a tener conexión a Internet. Así que, a la vuelta nos vemos. ¡No hagáis nada que yo no haría! (jaja)

miércoles, 29 de mayo de 2013

Confesiones entre empanadillas.

- Ya se lo he dicho a tu madre, ahora se lo preguntas.

He asentido, con la cabeza. Al fin y al cabo, no soy -sorprendentemente y a pesar de mis genes de pueblo- una de esas personas que necesitan enterarse de todo cuanto antes. Las vidas de los demás no me quitan el sueño, bastante tengo con la mía. Pero, al parecer, se ha arrepentido.

- Bueno, ven, acércate... - me ha dicho, y bajando la voz ha añadido- Estoy embarazada.

Me lo ha confesado, sonriente, mientras el escáner emitía un "bip", indicando que mis empanadillas de bonito se habían incluido en la cuenta. Yo también he sonreído, forzando el gesto, exagerándolo, porque a pesar de que no tenía ganas de sonreír, pensaba que el momento lo merecía. Y entonces, haciendo la típica broma, he añadido:

- No puede ser con vosotras, de verdad. Me dejáis la última, lo veo venir. 

 Y me he ido, con mis empanadillas en la bolsa y con una sensación extraña en el pecho. Otra, otra de mis amigas de la adolescencia que ya es una señora casada y embarazada, como Dios manda. La penúltima. Y no es que yo vea esto como una carrera, no. Qué va. Pero tengo la sensación de que hay quien sí lo ve de esa manera. Vamos, que si todas las mujeres de nuestra edad se han puesto a tener hijos, es lo que hay que hacer, no vamos a quedarnos atrás. Porque si no, no sé, ¿con qué madres vamos a hablar en el parque? ¿Con quién compartiremos los preparativos de las funciones escolares? Si son amigas, mejor que mejor, ¿verdad? Con suerte, hasta alguno de nuestros retoños se empareja y nos hacemos consuegras. Qué bien.

No sé por qué, pero he detectado la presencia de la inercia, y hasta de cierto utilitarismo extraño en esta confesión. Quizá por que la conozco. O quizá intento justificarme y consolarme. En fin, no tengo tiempo para pensarlo. La maleta para mi huída no se va a preparar sola.



PD: Últimamente parece ir de embarazos la cosa, ¿verdad?

martes, 28 de mayo de 2013

Nubarrones

Tal y como está el tiempo últimamente, la situación se presta a hablar de nubes, ¿verdad? Aunque yo estoy de lo más contenta con el fresquito, las nubes, la lluvia, las tormentas... Tanto, que me siento un poco -o un mucho- culpable cuando oigo a mi padre quejarse porque la huerta, este año, no va a tener el resultado que él esperaba.  

Pero no es de esas nubes de las que quiero hablar, sino de otro tipo de nubarrones. Estoy segura de que todos conocemos a personas que, cuando están a nuestro alrededor, hacen imposible que nos sintamos bien. Hablaría de vampiros emocionales, pero me resisto un poco, porque este caso es un poco diferente. O no, no lo tengo claro. El caso es que son esas personas que, cuando aparecen o están alrededor, te tapan el sol. Quién fuera Diógenes el Cínico en esos momentos...

Digo que no son vampiros, aunque a veces se parecen. Pero no todos lo hacen a propósito, quiero creer.  De hecho, casi todo el mundo pasa por momentos nubarrón. Yo lo he sido, y lo soy a veces, muy a mi pesar: quejica, pesimista, negativa... Por eso intento salir de ese estadio cuanto antes posible. Porque una cosa es estar mal, triste, enfadado, e incluso, compartir esos problemas... Y otra ir amargando el día al personal. Supongo, también, que hay gente que es un nubarrón consciente y no sabe cómo cambiarlo. Y luego está el "ultimate-nubarrón" o nubarrón-vampírico, que sería cuando hay conciencia de serlo y además, voluntad de hacer daño o perjudicar a los demás. Todo muy científico, como podéis comprobar.

Yo tengo un nubarrón alrededor, una persona que todo lo ve en negativo, todo, que ha perdido la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas, de intentar cambiar, de lidiar con normalidad con la vida. Y puedo admitir y admito que su vida no es fácil, probablemente tampoco normal, y que tiene motivos para estar triste. Pero es agotador. Yo no sé con cuánta intencionalidad lo hace, ni cuán consciente es de ello, pero su victimismo se sale de la escala: nadie conoce sus problemas, nadie sabe lo que es sufrir lo que sufre, vivir lo que vive, pasar por lo que ha pasado. Y, no importa cuál sea el problema que tengas, el que tiene o ha tenido es más grave. Siempre es más grave. He tenido que escuchar conversaciones que me han dado tanta, tanta vergüenza ajena, que he tenido que contener lágrimas de rabia e incredulidad. Que sí, que todos los pesares parecen pequeños menos los propios, es algo que nos puede pasar a cualquiera... Pero esto no es ni medio normal, creedme. 

No es capaz de descansar, siempre piensa lo peor de todo, es pesimista hasta la médula. Y sin embargo, no entiende las preocupaciones ajenas, no entiende el llanto ni las quejas de los demás. Pero lo peor es que contagia ese pesimismo, esas ganas de llorar, esa falta de luz. Y hay veces en las que puedes alejarte de estas personas y otras en las que no. Y cuando no, pues tienes que aguantar, llevarlo lo mejor que puedas. Y ser firme, fuerte, porque estos nubarrones dan por sentada la fortaleza de los demás y se enganchan a ellos. Y se dejan caer. Todo eso sin pensar que, quién sabe, a lo mejor esa persona no tiene la fuerza necesaria, o no es tan fría, o tan insensible o quizá tiene sus propios problemas, y no puede soportar ese peso, ese ataque constante a sus defensas emocionales. Pero, como ya he dicho, no lo piensan, porque, en el fondo, consciente o inconscientemente, son profundamente egoístas y carecen de empatía alguna, al contrario que los que les padecemos. Así, tenemos un doble mal: sufrimos porque nos contagian su oscuridad y sufrimos porque les vemos sufrir.


Y yo tengo un nubarrón. Ahora, justo ahora. Cuando más necesito ascender, salir del fango, cuando me cuesta incluso mantenerme en esta estable inestabilidad,  hay alguien tirando de mí casi permanentemente. Y no sé qué hacer, salvo callar y esperar que no consiga arrastrarme. Porque, creedme, hablar tampoco es solución, no en estos casos. Estos nubarrones van bien cargados y están esperando cualquier excusa para descargar su tormenta sobre ti.  Y...casi que prefiero estar a oscuras que calada hasta los huesos.


BONUS GIF (para contrarrestar este post-nubarrón y agradeceros que hayáis llegado hasta el final :P)



PD: Por suerte, también hay quien tira de mí hacia arriba. Aunque me hago muy pesada, pero no deja de intentarlo. Y menos mal.

lunes, 27 de mayo de 2013

Agridulce

Agridulce es un adjetivo que solo me agrada si va precedido de la palabra "salsa". Atribuida al resto de cosas es una palabra horrorosa y la odio. Peor para mí, porque últimamente es una palabra que no se me va de la cabeza.

Lo agridulce es un sí pero no. Un "bueno está". Una, cualquiera, de esas expresiones que indican que falta algo, y algo importante, para que una cosa esté bien. 

Como ya decía, a mi pesar, agridulce es una palabra que podría aplicar a mi vida con cierta frecuencia últimamente. Casi siempre, vaya. Pero hay veces en los que lo agridulce se intensifica y se siente como una punzada.

Por ejemplo, cuando paso por delante de la casa de "la maestra". Tiene el patio lleno de flores, como siempre por estas fechas, y como es costumbre, son preciosas. Pero ¡ay! esos rosales. No puedo describirlos. Están tan, pero tan bonitos, que cada vez que los veo contengo el aliento sin darme cuenta. Y siento la punzada. Agridulce, ese momento sabe agridulce. Porque lo tiene casi todo para ser perfecto, casi. Pero falta algo, algo importante.

 Tú.

domingo, 26 de mayo de 2013

Álbumes de cromos: Ilustrum.

Seguramente eso de los álbumes de cromos os despierte cierta nostalgia, ¿verdad? Algo que los críos de antes solíamos hacer, y que creo que los de ahora hacen en menor medida, era coleccionar cosas. Yo era fanática de las cartas de olor, ¿os acordáis? Tenía un montón. Lo cierto es que no sé dónde acabarían.  Pero también me gustaba coleccionar cromos, porque con las cartas de olor, en fin, nunca las tenías todas. Pero la satisfacción de acabar un álbum de cromos era...genial, simplemente. 

Lo cierto es que solo tuve un álbum que completé. Era de Blancanieves. En realidad, los álbumes eran bastante caros. Jack me comentó que cuando él era pequeño, repartían los álbumes gratis en las puertas de los colegios. Pues bien, yo no tuve esa suerte. Así que cuando completé ese álbum se acabó, nunca tuve más álbumes bonitos. Sí recuerdo haber completado alguno más, pero de pegatinas, de las que venían con los Boomer, ¿os acordáis? Recuerdo haber hecho alguna que no era de futbolistas -porque la mayoría lo eran. Estos álbumes sí que te los regalaban en la tienda de chuches. 

Total, que siempre he tenido cierto afán por el coleccionismo, insatisfecho en gran medida hasta ahora. Hace poco, gracias a un amigo descubrí Ilustrum, una página en la que, de lo que se trata, es de coleccionar cromos: Eliges una colección/álbum (o varixs) y te pones a rellenarlo. La manera de conseguir sobres con cromos es respondiendo preguntas sobre la colección en cuestión, por ejemplo, yo estoy haciendo una colección de Canción de Hielo y Fuego, y las preguntas son sobre los libros. Si aciertas, recibes un sobre. Si fallas, mala suerte. Cada día hay 20 preguntas gratuitas, el resto se pagan con sestertius, la moneda de la página, que pueden ganarse en el juego o comprarse (ya sabéis, lo de siempre). Y también es participativo: se pueden proponer preguntas para las nuevas colecciones, votar qué colección queremos que salga próximamente, etc. 

Ahora diréis....¡Pero Bettie! Te has olvidado de lo fundamental...¡Los cromos podías cambiarlos con tus amigos! Pues no, en Ilustrum también pueden cambiarse los cromos que nos sobran con otros jugadores. 

Vamos, que yo tengo un vicio que no veáis. La verdad es que es bastante entretenido y las colecciones son de lo más variopintas, hay para todos los gustos. Así que, como me ha gustado tanto, aquí os dejo la recomendación. Ya me contaréis si os animáis :) Por cierto, si os registráis con el link que he puesto antes, o haciendo click en la siguiente imagen, os regalan un "joker", un cromo comodín :)


Apúntate a ilustrum!

¡Que el fin del fin de semana os sea leve! :)

jueves, 23 de mayo de 2013

Grace y Joseph.

Ayer leía un post de Lía sobre The Village, una serie que narra, en su inicio al menos, cómo era la vida de los campesinos de Gran Bretaña durante los años de la Gran Guerra (I Guerra Mundial). Dice Lía, con buen criterio, algo así como que si no nos apetece llorar, que mejor no nos pongamos a ello, porque es una serie dura, muy dura. Sus palabras me retrotrajeron a otros sucesos acaecidos durante la I Guerra Mundial y a otras miserias de la época, por lo que le dije que no estaba yo para ver esa serie, aunque realmente me apetecía.

Me acordé de la isla que hay al lado de Gran Bretaña, la Isla Esmeralda: Irlanda. Hace un par de años fue el destino de mi viaje de fin de carrera. Y ese viaje coincidió justo con el aniversario del Easter Rising, el Alzamiento de Pascua, un intento (fallido) de los republicanos irlandeses por deshacerse del dominio británico. Ocurrió en 1916: aprovechando que Gran Bretaña estaba metida en la Gran Guerra, los republicanos irlandeses tramaron un ataque pidiendo ayuda a Alemania. El levantamiento estaba previsto para Semana Santa, fecha en la que deberían haber llegado unas armas que Alemania había prometido y que nunca llegaron a tiempo, pues fueron interceptadas. Durante el viaje, una guía dijo: "Para una vez que los alemanas no llegan a tiempo...". Hubo intentos de detener el alzamiento, pero fallaron. Los ánimos estaban muy caldeados y no era para menos. Así que el Lunes de Pascua las tropas republicanas irlandesas, precariamente armadas, salieron a las calles de Dublín, haciendo del General Post Office (GPO) su cuartel general, lugar en el que resistirían hasta el final, hasta ser capturados por las fuerzas británicas, que les llevaron a la cárcel de Kilmainham.

Ese lugar es uno de los más terribles que yo he visitado en mi vida, de hecho, diría que es el más terrible. Es de esos que ponen los pelos de punta y te dan ganas de llorar nada más pones un pie dentro, incluso antes de saber los horrores que allí se han vivido, no solo relacionados con el Easter Rising ni mucho menos. Pero la historia que hoy os quiero contar sí tiene que ver con ese alzamiento. Allá voy.

Uno de los capturados y encarcelados fue Joseph Plunkett. Joseph tenía unos 28 años, y aparte de comprometido políticamente, estaba enamorado de Grace Gifford. Ni que decir tiene que eso de la traición, y más mientras el país está en guerra, es un crimen mayor, así que Joseph fue condenado a morir fusilado, al igual que los demás líderes del alzamiento. Pero antes de morir tenía un deseo. Y esto, seguro que lo cuenta mejor esta canción que yo. Os dejo la letra traducida, así un poco libremente.


Reunidos aquí en la capilla, en la vieja cárcel de Kilmainham,
pienso en los últimos días, ¿drián que fracasamos?
Desde nuestros días en el colegio nos han dicho que debíamos ansiar la libertad,
sin embargo, todo lo que deseo en este lugar oscuro es tenerte junto a mí.

¡Oh Grace! Solo abrázame y deja que este momento dure.
Al amanecer me llevarán fuera y moriré.
Con todo mi amor pongo este anillo de boda en tu dedo.
No habrá tiempo para compartir nuestro amor, ya que debemos decir adiós.

Sé que es difícil para ti incluso entender
el amor que siento por esos hombres valientes y por esta querida tierra.
Pero cuando Pádhraic me llamó a su lado, allí en la GPO
tuve que abandonar el reposo de mi enfermedad e ir con él.

¡Oh Grace! Solo abrázame y deja que este momento dure.
Al amanecer me llevarán fuera y moriré.
Con todo mi amor pongo este anillo de boda en tu dedo.
No habrá tiempo para compartir nuestro amor, ya que debemos decir adiós.

Ahora, que está rompiendo el amanecer, mi corazón también se rompe
En esta mañana de mayo, mientras camine fuera, mis pensamientos serán para ti.
Y escribiré algunas palabras en la pared para que todo el mundo sepa

¡Oh Grace! Solo abrázame y deja que este momento dure.
Al amanecer me llevarán fuera y moriré.
Con todo mi amor pongo este anillo de boda en tu dedo.
No habrá tiempo para compartir nuestro amor, ya que debemos decir adiós.

Así es. Joseph y Grace se casaron horas antes de la ejecución de él, en una capilla oscura, y tuvieron unos cinco minutos para despedirse, en una habitación contigua. Nunca más volvieron a verse. Grace volvería a Kilmainham tiempo después, esta vez como prisionera. 

No puedo evitarlo, tengo debilidad por este tipo de historias que nacen y crecen en la tragedia y que, como es de esperar, tienen un final trágico. Cada vez que escucho la canción recuerdo aquella capilla, les imagino allí, de pie, y después, despidiéndose, y me muero de pena.

La capilla de Kilmainham.

Os dejo con uno de los muchos rincones de Kilmainham que me dejaron huella.


"Cuidaos de la gente que se alza, a la que habéis hostigado y dominado, vosotros que habéis intimidado y sobornado." (palabras extraídas del poema "The Rebel", de Patrick Pearse, el "Pádraic" del que habla la canción, y que también fue ejecutado tras el Easter Rising)


miércoles, 22 de mayo de 2013

Mis experiencias con la religión fuera y dentro del aula.

De pequeña y hasta bien entrada mi adolescencia fui católica practicante. Lo subrayo porque lo digo con todas sus consecuencias. Yo iba a misa cada domingo. En mayo acudía a rezar el rosario, y me sabía las letanías de memoria. Leía la Biblia con cierta asiduidad. Acudía a Catequesis. Fui catequista. Formaba parte del coro parroquial. Y, por supuesto, cursé religión en el colegio. Digo "por supuesto" porque en mi época (no hace tanto) no se contemplaba la posibilidad de no hacer religión. Simplemente, todos los niños íbamos, y sanseacabó. Vamos, os hacéis una idea, ¿verdad? 

Desde luego, mis experiencias con la religión fueron diversas. Y en este sentido, quiero distinguir dos ámbitos: el colegio y la catequesis. 

En la catequesis tuve experiencias muy positivas, pero que mucho. Hasta el punto de que fue allí donde empecé a darme cuenta de que algo no me cuadraba en todo aquello. En mi pueblo, la catequesis no la impartía el párroco, sino mujeres - acabo de caer en que no había ningún hombre catequista- de diversas edades. El único requisito era haber recibido el sacramento de la confirmación. Las sesiones de catequesis eran bastante dinámicas, sobre todo a medida que los niños iban siendo mayores. Leíamos el catecismo, sí, pero también lo discutíamos. Ninguna pregunta era silenciada, al menos en mi caso,  y mis catequistas nunca me negaron ninguna respuesta ni me censuraron por preguntar. Sí, lo que estoy diciendo, aunque parezca mentira, es que se podía debatir. Recuerdo, sobre todo, la catequesis previa a la confirmación. Ahí ya éramos más mayores -yo debía tener unos 12/13 años, si mal no recuerdo- y preguntábamos más cosas. También éramos menos, solo los realmente interesados, porque ya se sabe: la confirmación no conlleva ceremonia, ni regalos.  Pues teníamos conversaciones de lo más interesantes, aunque os cueste creerlo. Una de ellas concluyó en que mi madrina de confirmación fue una chica musulmana. Y, el breve tiempo que yo ejercí de catequista, no me comporté como San Manuel Bueno, Mártir, no. Si los chavales me preguntaban algo sobre lo que yo dudaba, manifestaba mis dudas. Y nunca se me censuró por ello.


De hecho, el día en el que decidí, definitivamente, que no quería formar parte de la Iglesia fue tras uno de estos debates. Fue la primera excepción a ese ambiente agradable que relataba, y la última. Era usual hacer convivencias: nos reuníamos chicos y chicas de diferentes pueblos y realizábamos distintas actividades deportivas, juegos, y también, por supuesto, había sesiones de catequesis, charlas, proyección de documentales, etc. En una de estas convivencias, la última, se trató el tema del aborto. Se nos proyectó un documental horroroso sobre el aborto en el que, con imágenes bastante impactantes para mí, al menos, que tenía entonces 15 años, se hablaba de lo criminal del aborto. Una frase se me quedó grabada: "Los fetos son empleados para dar de comer a los perros". Así, tal cual. Y la foto de un bebé perfectamente formado, ensangrentado, muerto.  Aguanté hasta el final. Y en el turno de preguntas hablé, pregunté y me mostré bastante indignada por lo que acababa de ver. La catequista encargada de aquella actividad, a quien yo no conocía, me contestó amablemente, defendiendo su postura. Pero lo entendí. Habíamos llegado a un nivel donde la evangelización ya se había conseguido, supuestamente,  y lo que se buscaba era la radicalización. Supe que mis dudas ya no tenían cabida en aquel espacio.Y me fui para no volver nunca más. En cualquier caso tenía esa opción.

Otra historia fue mi experiencia con la religión en el colegio. Allí no había debate posible. Había libros de texto, aprendizaje de memoria y poco más. Si en la catequesis nunca se castigó mi curiosidad, en el colegio no hubo sitio para ella. Supongo que porque el profesor en cuestión no se sentía cómodo ante la posibilidad de que en una clase de 25 o 30 personas varias se pusiesen a cuestionar sus enseñanzas. En la catequesis éramos 5 o 6 por catequista, era diferente. Con lo cual, no solo la duda no se permitía, sino que era obligatorio, para aprobar, repetir como loros el dogma. De eso se trataban los exámenes.  No es que se censurase la duda o el diálogo, es que no cabían allí. Y de allí no podías marcharte, no podías abandonar, si no querías suspender, al menos.  Esa fue mi experiencia, salvo una única y honrosa excepción: en 1º de Bachillerato también cogí religión, porque supe antes de matricularme que a mi curso se la impartiría una profesora en concreto. Esa profesora impartía la clase de una manera muy diferente, mediante cinefórums: había un cuestionario/debate previo sobre cierto tema, se veía una película relacionada, y después había un comentario y reflexión sobre el tema basándonos en la película. Una de las películas que recuerdo, sobre todo, fue Mar Adentro. El debate fue interesantísimo y la libertad de expresión fue absoluta. Y, para terminar, la profesora nos repartió a todos el poema de Sampedro que da título a la película. Y, aunque la presión de la nota todavía estaba ahí, con esta profesora no había problema. Mis posturas, manifiestamente opuestas a muchos puntos de la doctrina, no influyeron en mi nota y obtuve un sobresaliente. Pero repito, esa profesora debía ser una rara avis. Porque el otro profesor de religión del centro no era nada parecido.

¿A dónde quiero llegar yo con esto? A otra razón más (entre muchas) para que la Religión Católica salga fuera de las aulas: porque estoy a favor de la libertad de credo. Si los padres quieren que sus hijos sean educados en la fe católica, o si los propios niños lo piden, la escuela no es el sitio adecuado. Para eso está la catequesis, un lugar en el que, por muy mal que se pongan, no te pueden suspender, no te juegas nada. Con suerte, quizá se encuentren unxs catequistas tan dialogantes como los míos. Por supuesto, mi recomendación es que  los padres conozcan a los encargados de impartir la catequesis, e incluso que asistan a alguna sesión para cerciorarse de que el ambiente no va a ser opresivo, sino todo lo contrario. Esa es la única manera de que alguien abrace una fe, si se le da la opción de no hacerlo. Sin embargo en la escuela, mediante memorización y repetición de preceptos y oraciones, y bajo la amenaza del suspenso, lo más común es que se despierte animadversión hacia la asignatura y la misma religión. Además, se cortan las alas a la curiosidad, a la duda y a la capacidad de sospecha, que son, en mi opinión, fundamentales para desenvolverse por la vida con una actitud crítica.

Yo he aprendido mucho de la religión, no voy a negarlo. Y bastantes de las cosas que he aprendido me han sido de mucha utilidad para interpretar el arte, para conocer mi cultura, para disfrutar de novelas, para entender problemas, para mis estudios universitarios... Pero, siendo sincera, tengo que decir claramente que la mayor parte de estas cosas, casi todas, las he aprendido fuera de la clase de Religión. Así que sigo sin entender por qué la Conferencia Episcopal y la Santa Sede siguen insistiendo en la evangelización en las escuelas. En serio: no funciona.




lunes, 20 de mayo de 2013

En versión original.

Estoy de un generoso que no me reconozco. Y mirad que yo soy un pelín tacaña (claro, a la fuerza ahorcan). Pero es tal la situación de la educación en este país que ya, hasta gratis doy las ideas. Que lo que voy a decir no es nada original, desde luego. Que mucha gente que sabe del tema lo habrá dicho, estoy segura. Pero vamos, por repetirlo que no quede. 

¿Por qué no sacamos verdadero partido a la TDT? Pregunto. Porque, ¿me dice alguien para qué ha servido la TDT? Mis madre lo repite constantemente: "Veintitrés mil canales y nada que ver". Bueno, mi madre diría eso hubiese lo que hubiese en televisión, pero tiene bastante razón. Salvo algún canal que otro que se salvan, lo que hay es teletienda, pitonisas y poco más. 

¿A dónde voy a parar? Dejadme seguir. Porque no paran de decirnos que el inglés es súper importante para nosotros, como estudiantes, como trabajadores, y etcétera. Y sin embargo, los españoles tenemos grandes deficiencias en la lengua de Shakespeare cuando acabamos la educación obligatoria. Muy grandes. Eso, en una lengua, que, fácilmente, se estudia durante diez años. ¿Por qué? 

Bueno, yo no soy profesora de inglés ni nada por el estilo, pero tengo alguna sospecha. ¿Cómo se estudia inglés en los colegios? Gramática. Más gramática. Algo de vocabulario. Más gramática. Alguna lectura breve. Gramática. Un listening breve. Rellena los huecos. Y, por supuesto, por lo menos en mi experiencia, todas las explicaciones se dan en castellano.  Creo recordar que el único año en el que tuve las clases de inglés en inglés -o al menos una parte considerable de la clase- fue en 2º de Bachillerato. Y no veáis lo que le costó a la profesora. Porque claro, no se veía lógico que la clase de inglés se diese en inglés, pues estábamos acostumbrados a darla en castellano. Por esa razón, la mayor parte de los alumnos se cerraron en banda: "No entiendo nada", "Profe que yo así no sigo la clase", "Jo que así es imposible aprobar". Etcétera. Eso sí, creo que no he hecho una prueba de expresión oral en toda mi vida académica, hasta que me apunté al programa That's English. Yo ahí veo bastantes deficiencias, ¿vosotros no?

La cara de mi profesora cada vez que alguien se quejaba
Creo que es algo en lo que suele estar de acuerdo la gente: los idiomas se aprenden practicando. Leyéndolos, escuchándolos, escribiéndolos y hablándolos. Probablemente todo, todito, todo, no se pueda hacer en las clases, tal y como está planificado el curriculum. (Ejem, ejem.) Pero a lo mejor hay otras maneras. Una, por ejemplo, sería poner un canal de TDT con programación en inglés. Y me refiero a programación interesante: Películas, dibujos, series... Digo interesante, porque si ponen rollacos patateros no va a haber quien se ponga el canal en cuestión. Que sí, que podemos poner la mayor parte de la programación en versión original, pero eso hay mucha gente que ni lo sabe. Y que si puedo verla en castellano...¿para qué la voy a cambiar?

Aún así, no las tengo todas conmigo, ¿sabéis? Es decir: ponen una película muy buena, sí, pero...¿para qué voy a hacer el esfuerzo de verla en inglés? Ya la pondrán doblada. No sé si me entendéis. Y creo, sinceramente, que esto es una muestra de que nuestro país tiene problemas educativos que no se solucionan cambiando las leyes.

domingo, 19 de mayo de 2013

Me da vergüenza llorar.

Y es triste. Pero lo más triste de todo, ¿sabéis qué es? Que no es una cuestión personal, no. Hay mucha gente a la que le da vergüenza llorar. Y ya digo, es una verdadera pena. Una pena de esas que toca acompañar con llanto. Pero me da vergüenza. Si todos llorásemos más a lo mejor las cosas serían diferentes.

Por supuesto, no hablo de que todos tengamos que estar tristes, ni de que tengamos que entristecernos más. Qué va. Ojalá no estuviésemos tristes. Ojalá no dudásemos.  Ojalá no nos sintiésemos perdidos nunca. Pero el hecho es que no es así: estamos tristes, dudamos, y a veces sentimos que nos hemos equivocado en todas y cada una de las cosas que hemos hecho. Y nos duele. Y tenemos ganas de llorar. Pero no lo hacemos, a no ser que estemos encerrados a cal y canto. Que nadie nos pueda ver. 

Solo hay una persona que me ha visto llorar porque he llorado libremente, sin oponer resistencia y sin sentir necesidad de hacerlo. Una sola persona en toda mi vida. Me parece bastante significativo. A lo mejor por eso hay gente que me ha considerado fría, o insensible. Otros muy fuerte, quizá hasta valiente. O imperturbable. Me estoy riendo mientras escribo esto porque, creedme: nada más lejos de la realidad. 

Pero, ¿por qué no lloramos cuando la gente nos ve? No tenemos reparos en reírnos ante la gente, en insultar, en dormir,... Estoy segura, segurísima, que durante alguna noche loca hemos hecho cosas delante de la gente bastante más vergonzosas que llorar (aquí cada uno que se dé por aludido en el sentido y la medida que quiera).  Quizá preferimos parecer maleducados, susceptibles o rabiosos antes que débiles. Porque supongo que eso es lo que asociamos al llanto. Debilidad. Y el mundo no está hecho para los débiles, no señor. 

Lo curioso es que nos da vergüenza llorar aunque no lloremos por pena. Cuando vamos al cine a ver una película romántica, o un drama, y se nos escapan unas lagrimillas, deslizamos la mano como quien no quiere la cosa hasta nuestra cara y, con todo el disimulo del mundo, nos secamos la lágrima indisciplinada que ha decidido escaparse. Y lo mismo cuando escuchamos una canción, o cuando vemos una obra de arte que nos emociona. Es curioso esto del llanto...porque puede surgir cuando uno menos lo espera y en situaciones en las que no es lógico esperarlo. Pero aparece. Y luchamos contra él. Y es una lástima, porque si estamos centrados en reprimir las lágrimas, nos perdemos el momento...

Todo esto viene por algo que me ha pasado. Anoche mi hermano llegó a cenar y me enseñó en su smartphone un vídeo que le habían pasado. Era una actuación de un programa de talentos, Britain's got talent. Me puse a verla y me emocioné casi desde el principio. Ya sabéis, soy un poco idiota. Pero allí estaba yo, aguantándome las lágrimas. Porque llorar delante de mis padres y mi hermano me parecía vergonzosísimo, intolerable.  No es la primera vez que lo hago, claro. Desde que volví aquí, a casa de mis padres, tengo que hacer esfuerzos titánicos por no llorar "en público" con cierta frecuencia. No siempre lo he conseguido, y cuando no me he podido contener la experiencia no ha sido nada agradable. Ya lo he dicho alguna que otra vez: falta de inteligencia emocional. Creo, aunque no estoy segura, que este esfuerzo por contener mi llanto, mis emociones negativas a toda costa, tuvo mucho que ver con mis problemas de ansiedad. En fin, que estaba yo concentrada, diciéndome a mí misma: "No llores, no llores, aguanta. No es para tanto". Pero soy transparente, y cuando me estoy aguantando el llanto hago unos gestos inconfundibles.  Mi hermano empezó a decir que en el bar, mientras lo veían, una de sus amigas se había puesto a llorar, y que la gente se emocionaba mucho al verlo. Y entonces mi madre, cargada de delicadeza, dijo:

- ¡Sí! ¡La gente! ¡Pues tu hermana está a punto de llorar también!

Todo esto en un tono burlón muy poco apropiado, a mi modo de verlo.

Y rompí a llorar. No pude evitarlo. No solo por la emoción, sino también de rabia, por la falta de empatía y de tacto, por la falta de respeto a mis esfuerzos para no llorar allí, delante de todos. 

En cuanto finalizó la actuación le devolví el móvil a mi hermano, y le pregunté:

- ¿Son muchos? -refiriéndome a los que actuaban, pues el espectáculo era un teatro de sombras. 

- No sé -respondió mi hermano-, unos seis u ocho.

Y de nuevo, mi madre intervino.

-¡Míralo, míralo hasta el final! Si ya que has llorado, ¡qué más dá!

No voy a entrar en muchos detalles sobre cómo me sentí, lo que pensé o lo que quise decir o hacer. Solo diré que ahí estaba de nuevo la acusación, entre líneas: era débil por llorar, por emocionarme con tan poca cosa, por no poder aguantar el tipo, por haberme descubierto allí, delante de ellos, y, por tanto, tenía que aguantar la burla. Pero luego sentí pena. Pena por todos aquellos que se ríen o se creen con derecho a humillar a una persona que se emociona con algo que le parece hermoso. Pena por todos los que no entienden que una persona llore si no presenta un cuadro clínico.Y pena también por una cultura que ya no entiende ni valora el llanto. Sentí tanta, tanta pena, que de nuevo tuve que contener las lágrimas. Y esta vez sí lo conseguí. Y entonces sentí pena de mí misma, por seguir en su juego.

Os dejo la actuación. Espero que la disfrutéis. 





sábado, 18 de mayo de 2013

Libro: Harry Potter and the Order of the Phoenix


¡Bueno! Otro libro más de la saga...¡y van cinco! Parece que no me va a costar tanto acabarla como yo pensaba, y que leer en inglés no me resulta tan complicado. Runa tenía razón: si el libro anterior me había gustado, más me valía prepararme para este.

¿De qué va el libro?

Harry está pasando el verano, como cada año, en el nº 4 de Privet Drive, con sus tíos y su primo. Pero este año es diferente, y no precisamente para mejor. Antes de irse de vacaciones, Harry presenció la vuelta de Lord Voldemort y la muerte de su compañero Cedric Diggory. Harry intenta enterarse, por todos los medios, de qué está pasando tras la vuelta de "He-who-must-not-be-named", pero todo parece normal. Demasiado normal. Eso, claro, hasta que es atacado en Little Whinging por dos dementores, lo cual es solo el inicio de sus problemas. Resulta que nadie le cree cuando dice que ha sido atacado, o cuando mantiene que vio a Voldemort volver a la vida. O casi nadie: por suerte la Orden del Fénix está preparada para hacer frente al Señor Oscuro.

Hablando del libro...

Como os comenté cuando empecé a leer esta saga, una compañera me convenció porque me dijo que los libros crecían poco a poco tanto en dificultad lingüística como argumentalmente. Me dijo, concretamente, que los libros se hacían más "oscuros" a medida que iba avanzando la trama. Hace un par de reseñas os decía que ya tenía ganas de que los personajes creciesen un poco. Pues bien, el anterior libro ya se notaba, pero en este he estado yo en mi salsa literaria.  Hasta ha habido ratos que he sentido hasta malestar.  Me refiero, sobre todo, a las sesiones de castigo de Harry con Dolores Umbridge, personaje odioso, repelente, retorcido y mentalmente enfermo (<3) que me ha hecho desear que fuese real, para mandar a Rajoy a hacer copias de "No debo decir mentiras" con su pluma especial. Para que interiorice el mensaje y eso. 

En fin, que el librito está bastante emocionante. Es que ya se sabe, un buen malo siempre es un punto a favor de una gran historia, y aunque Voldemort tiene sus fallos y sus cosas -porque si no se habría cargado a Harry sin pestañear- no tiene mal nivel. Supongo que el nivel del malo también irá subiendo a medida que se acerca el final.

Sin embargo, tengo una pega. Y es que me ha ocurrido algo que no me suele pasar. Me explico: constantemente tenía ganas de abofetear a Harry en plan Tyrion vs. Joffrey. Lo cierto es que en el anterior libro también tuve algún que otro impulso de estos, pero con este eran casi incontenibles. Vale, Harry es un adolescente de 15 años, pero tiene el pavo de un subido que no es ni medio normal para ser el prota. Y hasta aquí puedo leer, que no quiero hacer sangre xD. Pero es que lo que me faltaba es que, por su culpa, realmente, uno de mis personajes favoritos de las pelis haya sufrido un triste destino.  Subrayo lo de "de las pelis", porque en el libro ese personaje, en concreto, tampoco es que me agrade demasiado... ¬¬ xD

De los libros de la saga que llevo leídos, este es, hasta ahora, el que más me ha gustado -creo que dije lo mismo del anterior xDDD. Y me da una rabia... Porque apenas puedo leer un par de capítulos al día, normalmente, si no quiero estar medio zombie al día siguiente. ¡Y me cuesta tanto dejar el libro...!

Os dejo un trocito...

However, the departing delivery owl had barely cleared the top of the milk jug when Hermione let out a huge gasp and flattened the newspaper to reveal a large photograph of Dolores Umbridge, smiling widely and blinking slowly at them from beneath the headline:

MINISTRY SEEKS EDUCATIONAL REFORM. DOLORES UMBRIDGE APPOINTED FIRST-EVER "HIGH INQUISITOR".

"High Inquisitor?" said Harry darkly, his half-eaten bit of toast slipping from his fingers. "What does that mean?"

Hermione read aloud:

"In a surprise move last night, the Ministry of Magic passed new legislation giving itself an unprecedent level of control at Hogwarts School of Witchcraft and Wizardry. 'The Minister has been growing uneasy about goings-on at Hogwarts for some time,' said Junior Assistant to the Minister, Percy Weasley, 'He is now responding to concerns voiced by anxious parents, who feel the school may be moving in a direction they do not approve.'"

Suena un poco a reforma educativa del PP, ¿no? xD

Ahora no sé qué hacer. Hace un tiempo que tengo pendientes un par de libros, pero como el examen de inglés se acerca y estoy tan enganchada a estos libros, creo que voy a seguir con ellos. Me vendrá bien leer en inglés tanto como pueda :)

viernes, 17 de mayo de 2013

El mitin.

- Queridos compatriotas, estoy decidida... Más que decidida, determinada a cambiar el mundo, empezando por nuestro país. Si ustedes me dan su confianza, si me dan su voto, prometo cambiar sus vidas. Sé, por supuesto, que ustedes no van a contentarse con palabras vagas, con promesas vacías. Por eso, amigos, estoy dispuesta a concretarles algunos de mis propósitos, y quiero explicarlos de manera bien clara, pues créanme si les digo que lamentaría enormemente que alguien me votase por error.

Soy consciente de que la pobreza es un gran problema en nuestra hermosa nación. Ayer estuve paseando por las zonas más pobres de esta ciudad y lloré. Un niño pequeño se me acercó y yo saqué mi monedero. Resultó que no llevaba más que una moneda. Cuando el infante vio que le daba la vuelta a mi monedero y solo salía una moneda, me tomó de la mano, me llevó a la tienda y me dijo: "Señorita, no es necesario que se quede usted sin nada...Si quiere lo compartimos". Por eso quiero combatir la miseria, amigos. Pero no les prometo que dejará de haber pobres, oh no. Les prometo que dejará de haber ricos. Si consigo ser presidenta nadie, y escúchenme bien, ¡nadie! será capaz de humillar a otro por dinero, comprarlo, venderlo, explotarlo. Nadie andará compartiendo pan duro mientras otros tiran postres a la basura. Acabaré con la miseria peor, con la más dolorosa: la miseria moral.

Desde luego, otra de nuestras mayores preocupaciones es la educación. ¿Cómo es posible que en un país como el nuestro, en el que se ha doblado la tasa de graduados universitarios en los últimos años, nadie se ofrezca a ayudar a una ancianita a cruzar la calle, nadie ceda el asiento en el transporte público a una embarazada, nadie ayude a levantarse a alguien que se ha caído? Es intolerable. Así que pienso cambiar los planes de estudios. Me darán igual los contenidos. Tanto me importa que nuestros jóvenes aprendan quebrados que a fabricar comentas. ¿De qué nos sirve tener médicos de calidad si cuando ven a alguien que necesita su ayuda en la calle miran para otro lado? Creo que lo fundamental es que nuestros compatriotas sean personas, buenas personas. Y si más adelante podemos tener buenos profesionales, pues mejor. Todo se andará, pero lo primero es lo primero, ¿saben?

Me comentaron algunos de ustedes ayer que los hospitales de beneficencia se encontraban sobrepasados. También pienso solucionarlo. No es justo que sean los pobres los más enfermos, justo los que no pueden costearse la cura de sus males. No, no señor. No es justo. Y yo quiero ser una gobernante justa, eso sobre todo. Así que tengo ya preparado el texto de un decreto por el que pienso prohibir que las personas que no puedan costearse el seguro médico no se pongan nunca enfermas. Las enfermedades quedarán reservadas para todos aquellos que puedan permitírselas. De este modo, compañeros, aquellos cuya vida es bastante más difícil tendrán un problema menos al que enfrentarse. Toda ayuda es poca.

Cuando yo gobierne, si ustedes me dan su confianza, evitaré, además, que la gente se eche de menos. Y, por supuesto, también que se eche de más. No tengo claro que es más triste, amigos, si faltarse o sobrarse. Pero bien, esta segunda parte todavía hay que concretarla. En cuanto a la primera: nadie, nunca más, tendrá que estar separado de las personas que quiere. Allá donde esté su familia, sus amigos o su amor, la persona que lo solicite tendrá un empleo y un hogar. Será necesario un sencillo trámite burocrático: que sea acompañado a la delegación gubernamental más cercana por alguien que lo ame y que esté dispuesto a declararlo ante el funcionario allí presente. Espero que no sea una gran molestia, pero, con esta medida, queremos evitar los desengaños y ahorrar a nuestros compatriotas todo el dolor posible.

Y sobre todo, prometo que les voy a hacer felices. No solo que voy a escuchar sus problemas, no, pues eso es deber de todo político. Prometo que los voy a intentar solucionar. Quien quiera que tenga un problema  podrá acudir a contar sus cuitas a alguna de las oficinas que abriremos específicamente para este fin. Allí, personal debidamente cualificado las recogerá por escrito y enviará a mi gabinete, para que las consideremos y podamos solucionar los problemas que les aquejen si está en nuestra mano. Pero, tanto si es así como si no, antes de abandonar la oficina le será recitado un poema que le conforte el corazón y le haga sonreír. Es cierto que los grandes cambios toman tiempo, sí, pero no hay razón por la que no puedan esperarse con versos en el alma.

Siento mucho tener que concluir, pero el tiempo apremia. El regidor me está avisando que el programa está a punto de finalizar y que debo dejar tiempo para algunas preguntas. Solo quiero añadir mi gratitud por su atención y por las preguntas que vayan a formularme.


Una mano se alzó entre el público. Pertenecía a una adolescente pecosa que se apartaba el flequillo de la cara compulsivamente.

- Sí niña, dime.

- Señora, es muy bonito todo eso que ha dicho. Pero... ¿cómo va a hacer para cumplirlo?

La política abrió los ojos sorprendida, como si aquella pregunta fuese la última que esperaba escuchar.

- ¿Cumplirlo? ¿Quien ha hablado de cumplirlo, querida niña? ¿No se han dado cuenta de que todos, todos, les mienten sistemáticamente? Ninguno de aquellos que quieren gobernarles ha dicho ni una palabra de verdad desde que comenzó la campaña. Yo tampoco, lo admito. Pero al menos yo pretendo que las mentiras que les cuento sean lindas...






jueves, 16 de mayo de 2013

¿Código deontolo...qué? ¿Pero tienes dinero o no?

17 de Mayo: El Hospital General de Valencia ha emitido un comunicado para explicar estos hechos, negando que se haya desatendido a esta paciente.

"En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad. Conservaré a mis maestros el respeto y el reconocimiento del que son acreedores. Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones. Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí. Mantendré, en todas las medidas de mi medio, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica. Mis colegas serán mis hermanos. No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase. Tendré absoluto respeto por la vida humana. Aún bajo amenazas, no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad. Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor."

¿Os suena este texto? Es la versión moderna del juramento hipocrático, el que pronuncian los médicos al graduarse, antes de empezar a ejercer. Es una especie de código deontológico resumido, es decir, el conjunto de normas y valores morales que rigen, o en todo caso, deberían regir, su práctica profesional. Siempre me ha emocionado pensar que existe este juramento, y he creído que la gente que se dedica al  servicio o cuidado de las personas debería hacer algo similar: policías, bomberos, profesores, maestros, ... Bueno, en realidad, ¿por qué no todos los profesionales? Los políticos ya juran/prometen cumplir y hacer cumplir la Constitución, pero creo que por lo bajini dicen "mientras me convenga". Pero no, lo de los médicos tiene significado y valor. O eso creía. Porque anoche ví esto.


Y el mundo de repente se me hizo más inhóspito. Si hace unos días os hablaba de mi maravilloso médico de cabecera con alegría y gratitud, hoy no sé qué pensar de los profesionales sanitarios que han permitido eso, o, que, si no han podido evitarlo, no han montado un escándalo después de haber ocurrido. Quizá digan que no pudieron, que las leyes, que las normas, ... Pero de eso iba la charla que compartí el otro día, de que no deberíamos dejar que las normas nos impidan hacer lo correcto.

Hipócrates debe estar removiéndose en su tumba, y con él, todos los médicos que de verdad creían en ese juramento. Y espero que los que todavía creen también se muevan, y se remuevan. Más todavía. Y los que no somos médicos, también. Mañana puedes ser tu quien tenga un agujero en el cráneo por no poder pagar el arreglo. Piénsalo. Y créetelo. Porque están pasando cosas que hasta hace poco creíamos increíbles.



Sí, diréis que a lo mejor soy un poco injusta. Que la mayor parte de la responsabilidad es de los políticos, de los gestores, de otros que no son médicos ni personal sanitario. Vale. Pero es que de esos, desgraciadamente, no espero nada.

miércoles, 15 de mayo de 2013

El corcho.

Hace un par de días recibí una carta de una amiga que está trabajando en Londres. Incluía una postal en la que había puesto mi antigua dirección porque se le olvidó que me mudaba. Así que la incluyó en esta carta. Es una postal muy de allá, un "Keep calm and carry on" con la Union Flag de fondo. Muy british todo. Decidí que esa postal tan motivante merecía un sitio visible, pero cuando fui a ponerla en el corcho de la pared me di cuenta de que estaba llenísimo de cosas. Me pasaba cada vez que incluía algo nuevo, y pensaba que tenía que "hacer limpieza", guardar ciertas fotos y cosas puestas, y hacer sitio para las nuevas. Al fin y al cabo, tengo ese corcho desde que tengo 16 años, casi 10, y han cambiado muchas cosas.

Por fin me decidí. Quité todas las fotos, todos los recuerdos de mi corcho, y empecé a hacer montones: entradas de conciertos, fotos que dejaré puestas, fotos que guardaré, billetes de tren, pulseras de festivales, ... Me puse un poco nostálgica, la verdad. Guardar ciertas cosas suponía admitir que soy distinta, y hasta tenía la extraña sensación de que esas cosas no me volverían a pasar... Como cuando me hice tres horas de viaje con un ex-amigo para ir a un concierto y conseguí hacerme fotos con los integrantes del grupo. Aquello queda tan distante... Y así con muchas otras cosas. 

Pero también descubrí cosas que sí quiero volver a hacer, como la entrada de un festival juvenil de teatro grecolatino, al que asistí y del que disfruté tremendamente. Recuerdo estar sentada allí, en las piedras del anfiteatro romano de Segóbriga, y tener ese sentimiento de pequeñez, al darme cuenta de que estaba haciendo lo mismo que los pobladores de aquellas tierras hacía casi 2000 años. Probablemente algún día vuelva, quizá con mis futuros alumnos. Ojalá. 

Por último, están las cosas que he añadido. Una postal de Japón que me mandó una amiga durante su luna de miel. La postal que acababa de recibir. La foto de mi madre que mi padre llevaba en la cartera cuando eran novios. Un dibujo de mi amiga Pequecol, tan buenrollero como todo lo que ella hace. Dejé fotos de mis amigas de la universidad, de Jack, de la que fue mi mejor amiga en la adolescencia. Dejé también las entradas/pulseras de los conciertos. Los llaveros que gané en distintas ferias. Una pulsera que hizo para mi una antigua amiga, las gafas con las que vi un eclipse de sol en mi último año de instituto, y una máscara que Jack me pintó.  ¡Ah! Y un penique. A lo mejor me lo llevo al examen de inglés, para que me dé suerte...:P

Quedaron varios huecos, y lo cierto es que me entristecí bastante cuando vi el resultado. "¿Tan vacío?", pensé, como si que el corcho estuviese medio vacío fuese una especie de metáfora de mi vida. Pero en fin, hace 9 años ese corcho estaba totalmente vacío, y he tenido que quitar cosas porque no cabía nada más. Volveré a llenarlo. C'est la vie!


Cita: Sobre el hastío.

El hastío es nuestra enfermedad social número uno. Está adquiriendo proporciones de epidemia. Cuanto más nos acercamos al mundo envasado de la galería comercial, más se cierne sobre nosotros el smog psíquico. Lamentablemente, el hastío no es espectacular como el cáncer. Parece un demonio gris y anónimo, de segundo orden. Nadie organiza una Semana contra el Hastío, no hay ninguna Cruzada contra el Tedio, ninguna asociación de Aburridos Anónimos, ni ninguna Fundación para la Eliminación de la Monotonía. Devora nuestros entusiasmos inocentes y destruye nuestros sueños. Se insinúa en nuestra vida con cualquier bostezo preparado por la fatiga. Y la plaga es muy poco visible porque, mientras invade nuestra psique, paraliza nuestra capacidad de percepción. Muchos de los que la padecemos la consideramos normal, una parte de la atmósfera inevitable de la vida moderna.

El pez no sabe que nada en el agua. Hemos aprendido a aceptar empleos tediosos, ciudades depresivas, burocracias deletéreas, la tierra yerma de la televisión, y una política sin esperanzas, sencillamente como el modo en que son las cosas. [...] Somos víctimas de la desazón. La enfermedad del espacio interior. Algún vampiro está absorbiendo calladamente la sangre vital de nuestro entusiasmo (palabra que deriva del griego entheos, "inspirado en un dios") y nuestra esperanza. Lo más terrible es que permitimos que nuestra vitalidad se disipe casi sin una protesta. El hastío puede convertirse en una parte tan natural de la sociedad tecnológica moderna que no advirtamos nuestro malestar, o lo aceptemos pasivamente. Y que muramos "no con estallido sino con un sollozo". ¿Y, qué es lo que ocurre contigo?

Sam Keen, El lenguaje de las emociones, Barcelona, Paidós, 1994, pp. 17-18.

martes, 14 de mayo de 2013

"Without wisdom, brilliance is not enough".

Hoy he visto esta charla y me ha gustado mucho, así que no quería dejar pasar la ocasión de compartirla con vosotrxs por si le queréis echar un ojo. Está en inglés, pero tiene subtítulos en español :) Es muy interesante, habla de cómo hemos ido perdiendo sabiduría práctica, de cómo el exceso de incentivos y reglas ahogan nuestra capacidad y nuestro deseo de actuar bien, los problemas que eso conlleva y algunas maneras de revitalizar esa sabiduría práctica. Esto puede sonar  rimbombante y aburrido, así dicho, pero BarrySchwartz lo explica fenomenalmente bien y de una manera muy amena. 




Si alguno de vosotros se anima a verla, espero que me cuente qué le ha parecido :)

lunes, 13 de mayo de 2013

Hoy he ido al médico.

Hoy he ido al médico para nada. Vamos, que he ido, y me he vuelto tal cual, no me han recetado nada, ni me han dicho que cambie ningún hábito. Nada, vaya. 

Supongo que si alguno de esos "defensores" de la Sanidad Pública, que pretenden hacerla sostenible y eficiente, signifique esto lo que signifique para ellos, leen esto, dirán: "¡Véis! La gente va al médico aunque no esté enferma. Eso es un derroche, un malgasto, es insostenible y necesita ser controlado." Seguro que a alguno se le calienta la boca y dice que habría que cobrar por cada consulta. De hecho son cosas que se han oído alguna vez, aunque no ha llegado la sangre al río...Todavía. 

Y yo les contesto que sí. Que no tenía nada que hacer y he decidido irme al médico a pasar allí algo más de una horita, porque mira, es de lo más entretenido oír a las vecinas cotillear y quejarse. 

No, señores, no. La gente no va al médico por deporte, o por entretenimiento. Si he ido al médico es porque tenía dudas acerca de mi salud. Y no, no estoy en peligro de muerte ni nada que se le parezca, pero es que CREO que lo idóneo es acudir al médico antes de que las cosas no tengan remedio, ¿verdad? 

No soy yo de ir demasiado al médico, pero en algo más de dos semanas he ido ya dos veces.  Hace  unos 10 días acudí porque tenía una tos horrorosa que no se me iba. El médico me dijo que nuestros políticos son muy majos, y que la acetilcisteína que necesitaba ya no pasaba por el seguro, pero que tenía que tomarla. Así que me hizo una receta y me mandó a casa. Aproveché para pedirle su opinión de un bultito que tengo en la pierna. Ya me lo habían mirado, pero no me quedé del todo tranquila. Mi médico de cabecera lo examinó y me quitó los miedos y las dudas. Y qué queréis que os diga, esa noche dormí más tranquila.

Hoy he vuelto a ir, porque todavía no se me acaba de ir la tos y porque tenía otra duda. Y pienso que más vale prevenir que curar, pero que si hay que curar, más vale curar cuando el mal es pequeño que cuando es grande.  Así que he ido, y el médico me ha dicho que para la tos siga tomando el tratamiento que me recetó, hasta acabar la caja si hace falta. Y que mi duda parece que no es nada, pero que lo controle, y me ha indicado en qué situación debería volver.

Y me he venido igual que me he ido. Bueno, igual no. Más tranquila. Y por el camino me preguntaba...¿qué habría pasado si hubiese tenido que pagar por la consulta? Probablemente no habría ido por un poco de tos, o por cualquier otra nimiedad. Pero, ¿y si mi tos se hubiese convertido en algo más grave? ¿Y si la nimiedad sí hubiese sido algo?  ¿Qué habría pasado entonces? ¿Compensaría el ahorro de una consulta médica?

Por suerte en este país, de momento, toda persona que lo necesite puede acudir al médico. ¡Uy! ¡Vaya! ¡Que no! Que hay gente que no tiene derecho a la asistencia médica más que en caso de urgencia. ¡Qué faena!

Doy las gracias porque yo todavía puedo ir al médico cuando lo necesito. Y doy gracias porque tengo un médico de cabecera maravilloso, que te atiende con una sonrisa -aunque él mismo esté enfermo-, que se toma el tiempo necesario para explicarte las cosas y que las entiendas. Sí, es estupendo toparte con un médico con cierta vocación didáctica, por así llamarlo. Y no, no me importa esperar porque lleva un retraso de media hora, o de una hora, porque sé que cuando entre voy a salir sin ninguna duda y porque me va a dedicar el tiempo que sea necesario. Es estupendo saber que si tengo cualquier problema de salud me van a tratar y que cualquier preocupación va a ser atendida para descartar que haya un problema. Creo que todos nos merecemos esa tranquilidad respecto de nuestra salud. TO-DOS. Y por eso la reclamo.


sábado, 11 de mayo de 2013

Algo habrás hecho.


Pues eso. Que me encantan. Que cada vez que me topo con uno me da una cosilla por dentro que yo que sé que qué sé yo. La última vez fue ayer. Acompañé a mi madre a comprar a un comercio local, cosa que no creáis que me gusta demasiado, más que nada porque pasa una hora fuera, de la cual de 10 a 20 minutos son empleados en comprar y el resto, en parlotear. Que yo entiendo que a la gente le guste charlar, pero a mí no me gusta escuchar esas conversaciones. Prefiero mil veces estar en casa leyendo. 

La cuestión es que ayer el tema de conversación fue lo muchísimo que el tendero ha trabajado para levantar y sacar adelante su negocio y su familia. Nos contó lo muchísimo que se había gastado en las carreras universitarias de sus hijos, dos hijos que estudiaron por la privada y lo muchísimo que había gastado en mantener a su hijo los tres años que pasó opositando. Mi madre me miraba como diciendo: "¡Hija mía! Si tú en estos años no me has pedido un duro..." Acto seguido, empezó a contarnos cuánto había gastado en comprar materiales para vender, cómo de pluriempleado estuvo al principio para poder montar el negocio y demás. 

Conste que yo reconozco que esta persona ha trabajado mucho, no niego nada de eso. El problema vino después, cuando dijo algo como esto...

- Por eso yo cuando la gente me dice que tengo suerte, les contesto que de suerte nada. Que si todo el mundo trabajara como yo he trabajado, todos tendrían la suerte que yo he tenido. 

Y no me pude aguantar, qué queréis que os diga. 

- Bueno, llámalo como quieras, pero hay gente que trabaja y le viene todo de culo, por más que se esfuerce, y no consigue levantar cabeza. Tú por lo menos tienes la suerte de haber visto recompensado el fruto de tu trabajo...

¿Sabéis? Aquí la gente no lleva muy bien que le repliquen. Son muy intensos. Se ponen muy nerviosos, como si les hubieras insultado, como si todo fuera un ataque personal. Así que, en ese estado de acaloramiento típico, me respondío algo tal que así:

- Es que no vale con trabajar, tienes que trabajar bien, y buscarte la vida bien. Y saber lo que haces. Que hay que sabérselo ganar.

Vamos, que en resumen, me dijo que él sabía ganarse la vida, y por eso estaba bien, y los que estamos mal (parados, desahuciados, autónomos arruinados porque tienen que cerrar, etc.) es porque no trabajamos o no lo hacemos bien (¡como si nos dejaran!). Porque no nos sabemos buscar la vida. Pues nada. Hay mucho inútil suelto por España, por lo que se ve. (Y no digo que esto no sea verdad, lo que pasa es que a lo mejor los inútiles no somos precisamente los parados...)

La conversación siguió por el mismo camino, es decir, la defensa de que él era Antoñito el Fantástico, una persona de confianza, un hombre que se viste por los pies, y que por eso le iba bien. Y que el que no estaba bien, pues algo habría hecho. Pues nada, Antoñito, sigue acomodado en tu fantasía de que el mundo es justo y da a cada uno lo que merece. Dormirás más tranquilo, pensando que si sigues como hasta ahora nunca va a pasarte nada malo. Pero un día a lo mejor te desengañas. Y a lo mejor es el día en el que uno de esos inútiles que no sabe ganarse la vida se sienta ofendido y te dé lo que él cree que te mereces.

viernes, 10 de mayo de 2013

No me toquen los ovarios.

"Queridos" representontos, ya basta de estupideces. Hace tiempo que me tienen harta, pero es que ya me están tocando los ovarios, y las trompas de falopio, y el útero. En definitiva, me están tocando el aparato reproductor, en general. Y eso sí que no. 

Miren, de verdad que yo intento ver pros y contras, que intento hacer de abogado del diablo muchas veces, y que creo que casi cualquier cosa es debatible, que se pueden buscar y aportar argumentos a favor y en contra. Eso sí, jugando limpio. Argumentos, no falacias, no acusaciones. Vamos, que lo oportuno es que se comporten de acuerdo a la altura intelectual y moral esperable de un representante electo, ¿no? Eso pienso yo, al menos. Como mínimo podrían hacer el esfuerzo. O hacer ver que lo hacen. No sé, disimular un poco.

Y bueno, hay cosas que podemos llegar a pasar porque ya en ciertas situaciones te tienes que reir, conforme está el patio. Porque tiene hasta gracia que tengamos un Presidente del Gobierno tan saludable que hasta se salude a sí mismo. Te ríes, porque un lapsus lo tiene cualquiera. Y hasta puede que te compadezcas un poco del pobre Mariano, que se queda ahí plantado, sin saber muy bien a qué vienen los aplausos, con sus tics nerviosos incluidos. Lo estropea, el pobre, con esa réplica pueril del final: "No me refería a ninguno de ustedes, no sé por qué aplauden", con su correspondiente tonillo de "me enfado y no respiro, ale". 

Lo dicho, esas cosas pueden tener hasta gracia. Pero con otras no se hacen bromas. Y uno de esos temas en los que creo que sobran sus muestras de ineptitud y vileza es en el tema del aborto. ¿Les digo yo a ustedes cuando tienen que tener o no tener un hijo? Entonces, ¿por qué me lo dicen ustedes a mí? 

Seamos serios, señorías. Ustedes no han aportado argumentos convincentes. Admítanlo: tienen una deuda con cierto colectivo y quieren tenerlos contentos. Se ve en el lugar que adopta la Religión en la nueva reforma educativa, se ve en el enfoque desde el que quieren tratar la educación sexual, y, desde luego, se ve en la ley de aborto que quieren aprobar. Pero eso no es óbice para que intenten buscar argumentos racionales para defender su postura y la de aquellos de quienes son deudores. Por lo menos, para que quede bonito. 

Pero nada. Se empeñan en mostrar que se puede ser diputado o ministro sin más mérito que haberse arrimado a un árbol que diese buena sombra. Y hasta diría, por su insistencia en esta actitud, que están orgullosos. Les pediría, de nuevo, que disimulasen, pero ya casi que mejor me lo ahorro, ¿verdad? La cuestión es que, en lugar de argumentar, como decía, prefieren soltar sandeces, falacias y globos sonda. Y yo que pensaba que ya se habían quedado a gusto equiparando femineidad con maternidad...

Empecemos por la intervención de Beatriz Escudero. Sí, esa que hizo a Celia Villalobos abandonar el hemiciclo y abstenerse en la votación. Que miren que hay que decir una burrada grande para que en el PP alguien rompa la disciplina de voto... Pues lo consiguen. Tienen un talento innato para el despropósito, señoras y señores, no lo pueden ocultar. El caso es que esta señora, primero, quiso hacer de abanderada y defensora de las mujeres que se enfrentan al drama de un aborto. Y creo que eso es lo único que dijo que era verdad: el aborto es un drama, no una fiesta, no es algo que las mujeres estemos deseando hacer. Lo que vino después, aparte de un despropósito, era falso. Dijo que las mujeres que se ven abocadas a este drama, son, en su mayoría, las menos preparadas. Vamos, que las mujeres con estudios no abortan. Como decía, según datos oficiales disponibles en la web del Ministerio de Sanidad y Política social (pag. 14 del documento), si sumamos los porcentajes de mujeres sin estudios, mujeres con estudios primarios, mujeres con estudios no bien especificados y sin especificar, no llegaríamos al 30%. Vaya mayoría aplastante, ¿verdad? También dijo que las mujeres asalariadas abortan más que las paradas. Y esto sí es cierto, según esos mismos datos. Pero se trata de las asalariadas por cuenta ajena, más de un 49 % de los abortos. ¿No se le ha ocurrido a esta señora, puesta a erradicar del mundo los dramas a los que la mujer debe enfrentarse, pensar que la mujer que se queda embarazada puede verse en la calle, y por eso muchas deciden que no están en la situación de tener un hijo? No sé, es una suposición, pero...¿podría ser? ¿Nadie se lo ha preguntado? ¿Nadie se ha planteado hacer algo al respecto, si es así de hecho? En fin, alguien debería decirle a esta señora que ya que es imposible que nos libre de todos los dramas, nos deje decidir a nosotras a qué drama preferimos enfrentarnos. 

Luego está el Ministro del Interior, diciendo que el aborto tiene algo que ver con ETA, pero no demasiado . Pasamos de referirnos a las mujeres que abortan como las pobres mujeres que tienen que enfrentarse a un drama para pasar a llamarlas terroristas, asesinas, o qué se yo. Pero se han dado pasos más allá, claro. También se las ha llamado nazis. Es una manera de atacar a las mujeres y "legitimar" su eliminación del supuesto de malformación fetal grave en su ley. En fin, mal está una ley de supuestos, porque no me parece lógico ni normal que una mujer tenga que dar cuenta de lo que ocurre en su cuerpo a un tercero para que este decida si le da permiso o no para abortar. Pero peor está si eliminan supuestos como este.  ¿Cuál es su argumento? Pues que una discapacidad no debe ser motivo de discriminación, ni del nacido ni del no nacido. ¿Problema? Mezcla de conceptos. Cuando hablamos de malformaciones graves no estamos hablando de ceguera, o sordera, o imposibilidad de caminar correctamente. Hablamos, en muchos casos, de fetos con malformaciones que comprometen su vida más allá de unos meses, o muy pocos años. Y en ocasiones estos bebés son muy deseados, no son fruto de la inconsciencia de las madres, pero están condenados antes de nacer. Lo pintan como si las mujeres abortan porque están esperando un niño perfecto. Deberían informarse de casos como este. Si tuvieran conciencia, les preguntaría si la tienen tranquila al pensar en el dolor que pueden causar.

Y si ya hablamos del derecho a la vida, pues se puede mencionar el aumento de las tasas de pobreza infantil, los recortes en sanidad, el poco interés que hay en invertir en educación... Que los niños nazcan, que vivan, sí.  ¿Cómo? Eso ya no es su problema, ¿verdad? Vamos, que lo que quieren ustedes es decidir sobre el embarazo de la mujer, pero una vez el niño haya venido al mundo, que se las arregle como pueda, y, en definitiva, que cargue con las consecuencias de una decisión que ustedes no le dejaron tomar. 

Hagan el favor de ejercer de representantes, que es lo que son, o deberían ser, y dejen de gobernar como padres déspotas, imponiéndonos lo que creen que es mejor para nosotras. 



Por seguir con los post con banda sonora, os dejo otra canción que ha sonado mientras escribía este post y que creo que le puede ir bastante bien a la actitud de este, nuestro gobierno...


jueves, 9 de mayo de 2013

Con el día tonto.

Hacía tiempo que no tenía un día de estos. Tengo un día casi desficioso, pero no. Tampoco es que esté negativa, ni triste. Al menos no lo estaba al principio del día. Lo que me pasa es otra cosa. ¿Sabéis esos días en los que tenéis la sensación de que todo os va a ir mal y acertáis? Pues uno de esos tengo yo hoy.

Porque, sea inducido o no -seguramente haya algo de profecía autocumplida-, hay días en los que todo está patas arriba. Si trabajas, pierdes los papeles que necesitas. Si estudias, eres incapaz de concentarte. Si intentas practicar inglés, no pillas una. Si estás resolviendo ecuaciones, no despejas la x ni aunque te vaya la vida en ello. Si ves vídeos, la conexión a Internet se va y vuelve a su antojo. Y suma y sigue.



Consecuencia de esto es que, aunque tú hayas empezado el día relativamente bien, acabas de mala leche, o triste, o cagándote en todo el mundo desquiciada de los nervios. Y eso te mete en una espiral: mal día, cabreo, el mal día sigue y empeora, más cabreo, el empeoramiento se agrava, y así ad infinitum.


No sé a los demás, pero a mí, en esta situación, me va bien no estar con nadie más que conmigo, y eso solo porque no puedo abandonar mi cuerpo. No me apetece hablar, ni estar con gente. De hecho, Jack me ha llamado y he tenido que colgarle porque por forzarme a hablar con él me estaba poniendo histérica, nerviosa y de muy mal humor. Y acabaría soltándole un improperio sin tener culpa de nada. Por suerte, él lo entiende. Cuando colapso y me obceco lo mejor es darme espacio, cuanto más mejor.

¿Problema? En esta familia en la que he tenido la suerte de nacer, nuestra educación emocional es nula, incluyendo el respeto a las emociones ajenas. No voy a relatar casos concretos y más graves que el que me ocupa porque no es cuestión de dejar a la sangre de mi sangre en mal lugar. En peor, al menos.

Cuando estoy mal se me nota. Soy bastante buena actriz para algunas cosas y en según qué situaciones, pero en mi casa no tengo fuerzas para actuar. Aunque, por unas cosas y por otras estoy desarrollando también la habilidad de mostar mis emociones solo de puertas para adentro de mi cuarto, y preferiblemente de doce de la noche en adelante, hasta las 8 de la mañana, más o menos. (¡Qué triste!) Pero hoy se me notaba. No estoy habladora, he intentado estar sola todo el tiempo que he podido, a las preguntas he respondido con monosílabos, etc. No sé, supongo que mi familia debería pillar la indirecta.

Podríais decir que culpa mía, por no pedir intimidad y paz. Error. En esta casa el derecho a la intimidad no existe, las puertas no se cierran, y eso de posponer, adelantar, hacer o deshacer cosas porque el cuerpo nos lo pide como que no está muy aceptado. Como ya he dicho, en educación emocional estamos bajo mínimos. Por cierto, nótese que me incluyo.

Y yo ahora debería estar dándome una cura de tranquilidad, es decir, en la ducha, con la música alta, cantando, bailando, llorando o lo que me diese la gana, porque la ducha parece ser el único reducto de intimidad en esta casa. Pero no. Estoy aquí, sin hacer nada, porque no me apetece, y sin poder irme a la ducha porque tiene que venir una persona a traer algo, y, aunque no se sabe si va a venir hoy o no, pues eso, tengo que montar guardia, ya que me he quedado sola en la casa. Que sí, que estoy sola al fin, pero ni aún así puedo estar haciendo lo que me apetecería. Qué estupendo. 

No sabéis las ganas que tengo de que llegue la hora de meterme en la cama a leer. No os hacéis una ligera idea. 

Últimamente parece que todos mis post/pensamientos pueden resumirse en una canción. 



¡Ah, por cierto!



miércoles, 8 de mayo de 2013

"What was the matter?"

La novia atraviesa el largo pasillo, sonriente. Es el día más feliz de su vida, se repite. Pasa toda la ceremonia aguantando las lágrimas. Fracasa justo en el momento de decir el sí quiero. El amor de su vida le toma la mano. La novia siente que todo es perfecto, y todos los planes que han estado ideando pasan como una promesa ante sus ojos.

- Solo falta que firméis los dos. 

Él, que siempre ha sido un caballero, le cede el turno. Ella lo mira, seria, intentando descubrir un atisbo de duda, buscando arrepentimiento. No lo encuentra, así que firma. Él, que también buscaba un gesto trémulo en el que reconocer cierta pesadumbre, agachó la mirada y firmó después. 

No hubo lágrimas, ni caricias. No sonó un "no te vayas", ni un necesario "lo siento". Guardaron los papeles del divorcio y desaparecieron, tomando cada uno una dirección, mientras sus abogados se estrechaban las manos. 

***

Últimamente me da por pensar en qué es lo que pasa para que las personas cambien, para que sus sentimientos cambien. Y no un poco, no. Me pregunto qué pasa para que cambien tanto que apenas puedan reconocerse. Me da por pensar qué pasa en la vida de la gente para que las cosas que antes parecían sencillas parezcan imposibles, las que parecían encantadoras nos resulten irritantes, las que parecían dulces nos traigan solo amargura. Me pregunto por qué lo que una vez fue solo un obstáculo que superar se convierte en el motivo para abandonar la lucha.  No alcanzo a comprender qué puede pasar para que dos personas que se amaron con locura un día, o que, si lo preferís, fueron la mejor compañía el uno del otro, se apoyaron, pudieron contar cada uno con el otro, sin condiciones, de repente se conviertan no solo en enemigos, sino en lo que es peor incluso: en extraños. 

Y no hay manera, por más vueltas que le dé, no lo comprendo.


A este post también se le puede poner banda sonora. Por ejemplo, esta:



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