lunes, 16 de julio de 2012

¿Por qué los políticos no nos hacen caso?

 "Cuanto más obedecimos, peor nos trataban".
Rosa Parks


Esa pregunta la he escuchado o leído mucho en los últimos tiempos. Desde el surgimiento del movimiento 15M, hace algo más de un año, con más frecuencia, pero otro hito de ignorancia institucional de la ciudadanía fueron las manifestaciones contrarias a guerra de Irak en 2003.  "¿Cómo es posible -dicen- que saliendo tanta gente a la calle, los políticos sigan haciendo lo que les da la gana?". ¿Vosotros no os lo habéis preguntado?

manifestación


Pues la respuesta es simple en apariencia, pero bastante compleja en el fondo. La razón de que la clase política no nos tome en cuenta nunca, y de que nos tome el pelo durante unas semanas cada cuatro años, es que les dejamos (en pasado). Esto puede indignar: "¡¿Quién eres tú para echarnos la culpa?!", y nada más lejos de la realidad. No echo balones fuera ni culpo a nadie, porque, como ya he dicho, la cosa es más compleja de lo que parece. Esto no es cosa de unos años.Viene, como muchos de los males de este país, de los años de dictadura y de la transición. Y sí, ya estamos con lo mismo de siempre, pero es que es lo que hay.

Cuando nuestra joven democracia nació, los españoles no sabían qué era aquello. Es comprensible, después de una larga dictadura y de la satanización de todo lo que oliese a democracia, que hubiese quien mirase con recelo al nuevo orden político. Podemos también entender que en éste, nuestro país, que no había tenido con la democracia más que relaciones esporádicas, que normalmente no llegaban a consolidarse por la intervención de terceros en discordia, eso de la democracia era algo desconocido. ¿De qué iba eso? Pues lo que quedó más claro fue que eso iba de votar cada un determinado tiempo para elegir al que mandaba, de modo que si lo hacía muy mal, muy mal, pues podrían cambiarlo, siempre que la mayoría quisiera. Y sí, el voto es un elemento fundamental en democracia, pero el problema es que los españoles no vieron más allá y que nadie se molestó en enseñarles que tenían que mirar más allá. Y con el voto nos quedamos, y nada más.

voto



Los que sabían, más o menos, de qué iba la cosa, eran los políticos. De todo había, claro. Estaban los demócratas, y estaban los que venían de familias que habían estado comprometidas con el gobierno franquista y veían en la democracia una nueva oportunidad de seguir viviendo bien.  Pero vaya, entre los primeros políticos de la democracia había cierta profesionalidad, un cierto respeto. Vamos, como que sabían que, en teoría, el espacio público pertenece a la sociedad civil, no a los políticos. Estaban, hasta cierto punto, atentos a los movimientos en ese espacio público, por lo que pudiera pasar. En una democracia recién nacida y frágil lo suyo es andar con cuidado. Pero en el espacio público lo que pasaba era, más o menos, esto.

planta rodadora oeste

Como ya hemos dicho, la gente no sabía. La gente estaba acostumbrada a no tener voz ni voto. Ahora tenían voto, pero no sabían mucho de su voz. Durante años su papel había sido el de callar y obedecer y sabían que hacer lo contrario era peligroso. Aparte de la perplejidad y la ignorancia, había un cierto miedo. Miedo a que todo se desmoronase y a volver a lo peor, que no era la dictadura, sino la Guerra Civil, esa guerra que los españoles de hoy, aunque no la vivimos, parecemos llevar todavía en nuestras venas.  Así que, "mejor no nos movamos mucho, no se hunda el puente".  Puede parecer exagerado, pero no han sido una persona, ni dos, ni tres, sino bastantes más, las que me han relatado, aún con destellos de miedo en sus ojos, como vivieron el 23F: mientras algunos hacían la maleta, preparándose para salir del país, otros rezaban y abrazaban a sus hijos, esperando que aquello no acabase de la peor manera posible. Las dos Españas aún sangraban, y de eso no hace tanto tiempo.

Pues bien, los que estuvieron al tanto fueron los políticos. Mientras el espacio público, que pertenecía al pueblo, permanecía vacío, los llamados representantes de los ciudadanos fueron relajándose y apropiándoselo. ¡Total, si nadie lo usa! Y se hicieron a la idea de que eran los dueños del país, se creyeron también eso de que los ciudadanos tenían voto, pero no voz, y que ganar las elecciones suponía un cheque en blanco durante cuatro añitos. El hueco que el pueblo no llenó, se lo quedaron ellos. 

Y en eso estamos hoy, intentando recobrar ese espacio. Puede que tenga que ver con que la democracia ya no es tan nueva, y con que hay ciudadanos que ya no están satisfechos con un voto cada cuatro años. Puede que tenga que ver con que eso de dejarles hacer nos ha salido peor que nunca (corrupción, despilfarro, paro, rescate de bancos,...).  Ahora sentimos la necesidad de salir a la calle, ahora necesitamos retomar ese espacio público que es nuestro. Pero, como ha quedado patente, con recuperar el espacio público físico no es suficiente, porque el espacio público político, el de opinión, los políticos siguen creyendo que es suyo. Nos gobiernan de manera paternalista, porque al final, el pueblo no sabe qué es lo mejor para él. Solo tenemos que prestar atención a cómo nos hablan. Me hacen especial gracia las metáforas médicas. Es como si el pueblo fuese un niño pequeño que llora porque no le gusta el sabor del jarabe y el gobierno, por su parte, fuese el padre paciente que dice: "Tómalo, es por tu bien". ¿A vosotros no os ha dado esa impresión?

99% dreamer


No todo está perdido, el espacio público es nuestro por derecho, pero tenemos que conquistarlo, porque dejamos que se lo quedaran. Y va a costar, porque en muchos comportamientos de los españoles todavía late una mentalidad pre-democrática. No me explico bien el "tu eres del PP", "tu eres del PSOE", como si el carnet te lo diesen al nacer y no pudieses cambiar. Sigue siendo una guerra de bandos,  sin tonos intermedios: o estás con nosotros, o estás contra nosotros. Y lo de replantearse las cosas y cambiar de ideas, ¡ni lo hablamos! Eso es transfuguismo. Por no hablar de los Cuerpos de Seguridad del Estado, que más que percibirse como un cuerpo de servicio y protección del ciudadano, como debería suceder en un estado democrático, se perciben como un instrumento del gobierno para impedir que el pueblo alce su voz, esa voz que debe ser escuchada. Y si se les percibe así no es por casualidad, hay motivos. 

Queda mucho que hacer, sí, pero merece la pena hacerlo. Solo espero que cuando esto acabe, cuando la situación empiece a mejorar, cuando haya menos paro, cuando se vuelva a invertir en educación y sanidad, cuando se elimine el copago farmacéutico y se devuelva la paga extra de Navidad a los empleados púlbicos, cuando todo eso, y alguna cosa más, pase, hayamos aprendido algo. Espero, sobre todo, que no volvamos a ceder ese espacio a los políticos. Espero que no dejemos que se les olvide a quién deben rendir cuentas cada día, no cada cuatro años. Espero que de este trance amargo salga algo positivo: que aprendamos cómo funciona una democracia y qué papel nos corresponde a cada uno.  Si de verdad aprendemos eso, lo mal que lo estamos pasando y lo mal que lo vamos a pasar no habrá sido en vano.




(Tenía que añadir alguna tontunada a un post tan serio, ¡ea!)


4 comentarios :

  1. No comenté antes, simplemente lo compartí a twitter y le di a +1 xD
    ¡Con eso creo que lo digo todo! pero digo voy a dejarle un comentario también :)

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  2. Genial análisis!!! Muy bueno Bettie, de verdad. Yo también te comparto. Y además me lo voy a releer.
    besos XXL

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    Respuestas
    1. Gracias Perri ^^ Me alegro de que os haya gustado. Es que mi cabeza de filósofa de vez en cuando saca algo consistente XD

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