jueves, 7 de marzo de 2013

Mi mamá me mima.



Nos suena la frase, ¿verdad? Es típica de cuando empezamos a leer. Yo pensaba que la aprendí en mi cartilla de Micho, pero no, no está. Supongo que la seño nos la llevaría en alguna ficha. O nos la dictaría cuando aprendíamos a escribir. ¿O estaría en los cuadernillos de caligrafía Rubio? Ahora no lo tengo claro.

Lo cierto es que a esas edades suele ser verdad: nuestras madres nos miman. Hasta aquellas que son muy estrictas nos deslizan algún capricho. Pero no es así toda la vida, o al menos no siempre. No es que las madres nos dejen de querer ni nada de eso, pero hay una época en la que las cosas se ponen tensas entre madres e hijos, entramos en un tira y afloja raro, y al final las madres dejan de mimarnos de la misma manera porque asumen que somos grandotes. Hombres y mujeres hechos y derechos. No siempre ocurre así, pero en mi caso sí ocurrió. 

Además, en esa época, en mi adolescencia, mi madre y yo nos empezamos a distanciar bastante. Yo veía en ella todo lo que no quería ser de mayor y ella veía en mí a una mujercita en potencia que no entendía. Yo, siempre con mis libros y ella, sugiriéndome que, en cuanto tuviese la ESO dejase el instituto y me pusiese a trabajar, a ganar dinero. Ella, prohibiéndome irme al extranjero de intercambio por miedo, y yo, deseando verlo y conocerlo todo, sedienta de aventuras. Chocábamos y no nos reconocíamos. Supongo que para ella yo ya no era una muñequita que pudiera manejar y que para mí ella había dejado de ser un punto de referencia. Sé que no es un drama, pero me cuesta escribirlo sin llorar. 

Ese distanciamiento llegó a ser violento sobre todo el último año que yo viví en casa, antes de irme a la universidad. Mi madre  tuvo un accidente grave, estuvo postrada en cama, no sabíamos si volvería a andar incluso, tuvo que pasar por muchas operaciones,... Ella tiene depresión desde hace muchos, muchos años, pero estaba estable. Ese accidente la llevó a lo más hondo de nuevo. Digo esto porque no es que fuese su culpa, no es que quisiese hacerme la vida imposible a propósito, pero ocurría. Me trataba fatal, me decía cosas horribles que no voy a reproducir, y en fin... no fue fácil.  Los dos veranos siguientes, en los que volví a pasar las vacaciones después de todo el curso en la universidad tampoco fueron mucho mejor. Tras una semana en casa no dormía, apenas comía, no paraba de llorar por las esquinas. A tanto llegó el problema que hasta las vecinas le llamaron la atención. 

Pero supongo que algo cambió en mi madre cuando se dio cuenta de que yo ya era una mujer independiente: me mudé con Jack, empecé a "llevar mi casa", empecé a compartir preocupaciones con ella, y de cierta manera, las dos pensamos que eso de vivir juntas no iba a pasar más. ¡Qué equivocadas estábamos! Pero supongo que fue eso lo que generó cierta catarsis en ambas, de modo que las visitas y estancias se hacían más agradables, casi siempre. Casi. 

Cuando la idea de volver a casa empezó a tomar cuerpo, yo me moría de miedo. Y Jack también. Porque si a lo mal que yo iba a estar por la situación le añadía las salidas de tiesto de mi madre, la cosa podía acabar conmigo. Pero, y a esto voy con todo el rollo, la cosa no ha sido así.  Supongo que ambas tenemos una actitud distinta después de lo que hemos vivido durante estos años, pero la convivencia está siendo bastante cordial. Mucho. Hasta demasiado, :P

Por lo que sea, me siento constantemente agasajada, mimada por mi madre, como hace años que no me sentía. Muchos años. Son pequeños detalles: "Vamos a comprar este chocolate que le gusta a Bettie", "Mira, Bettie, como desayunas tostadas, he sacado la tostadora", "Mira, he hecho croquetas de cocido, que sé que te gustan", "¡Bettie, baja, que he hecho chocolate con picatostes para merendar!". Cosas. 

Hoy mismo ha vuelto de casa de una vecina y me ha llamado. "¡Baaaajaaaa!". Y yo bajo. Me pregunta si he merendado y le digo que sí. Pone cara de decepción y pena.

- Vaya... Mira lo que te había traído. 

Abre un trozo de papel de plata y dentro aparecen dos "miguelitos". Es un pastel hecho de hojaldre, y que puede estar relleno de varias cosas. Tradicionalmente, de crema, pero también los hay de chocolate negro y chocolate blanco, que yo sepa.

 

-¿Son de crema?

-Sí - responde mi madre.

Pongo cara de decepción yo también. Los pasteles de crema, en general, no me matan. Pero mi madre me cuenta que estaban merendando allí, en casa de la vecina, y que ha dicho que hace tanto que no como miguelitos, y que con lo que me gustan...  Los vecinos han dicho que me llamase para que fuese a merendar, pero mi madre ha dicho que no, que "Bettie está estudiando mucho, y no la quiero molestar". A estas alturas del relato yo ya tenía el corazón dando saltitos.  Y entonces me dice: "Y nada, me han dicho que te los trajera". 

Entonces a una, ante ese relato, no le queda más remedio que dejarse mimar, y comerse el miguelito, aunque sea de crema, saltándose la dieta, y hasta haciendo un esfuerzo, porque no es su pastel favorito del mundo.  Porque en estas cosas, la intención es lo que cuenta. Y es tan agradable encontrar de nuevo esas intenciones en tu madre...




12 comentarios :

  1. Me alegro de que estéis tan bien juntas, yo con la mía choco muchísimo y no podría volver a convivir con ella, ni yo quiero ni ella tampoco, que ya me lo ha dicho!

    Bsitos

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    1. A mí me ha tocado hacer de la necesidad virtud. Tampoco quería volver a casa, pero... Esperemos que dure...

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  2. ¡Aaaay mi churriiii! :'D Jo, toy llorando... Me he emocionao... Sí, ya hablamos de la ñoñez y esas cosas, pero es que encima me va a bajar la regla... xD Que no, en serio, no sé, no he vivido la relación que habrás tenido con tu madre, pero lo he vivido por lo que has escrito, y jo, que eso, que me ha llegao a la patata... me alegro mucho que estéis así... ^_^ ¡Muuuuchos besicoooos guapaaaaaa!

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  3. Qué bonito que ahora sientas esa unión con tu madre, que ha llegado un poquito más tarde de lo que hubiera gustado, vale, pero ha llegado ^^

    Un besico hermosa

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  4. Creo que a todas nos pasa, cuando somos adolescentes resulta que mamá no nos entiende, que si te gusta un chico y te ha invitado al cine mamá pone cara de incrédula y no te deja ir, luego tampoco está de acuerdo en la carrera que eliges, ni en algunas de tus amistades...

    Yo he llegado a coger la puerta un día cualquiera por la noche, por tal de no dormir en el mismo techo que mi madre; como persona comete sus errores, pero yo no los podía perdonar porque con esas equivocaciones de ella mi vida se iba al traste por completo.
    Todo cambió cuando me eché novio, cuando se lo dije me miró y me dijo: pero tú le gustas a ese chico? en serio? y lo haces feliz? como si yo no fuera mujer para hacer feliz a un hombre... enfins con el tiempo lo fue asimilando y la relación con mi madre cambió por completo.

    Ahora vivo con ella, un día del verano pasado le rogué, le dije que no podíamos seguir viviendo así y cogimos la puerta (abandonamos a mi padre) pero ese capítulo te lo contaré otro día...
    Y desde entonces es ella quien me mima, me compra kinder sorpresa y philadelphia con Milka :)
    Poco a poco salimos las dos adelante, aunque hace años no me ponía ni de comer, ni me dirigía la palabra en semanas, supongo que era una fase

    Este post de hoy me ha puesto sensible, culpa tuya :P
    Otro día te sigo contando mi vida

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    1. No sé si sentirlo o no, por lo de ponerte sensible. A veces es necesario.

      Parece que por lo que se intuye hay bastante que contar, no? :) Cuando quieras, ya sabes. Es duro, supongo, pero salir adelante en compañía parece ser más fácil.

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  5. Pues yo también me alegro mucho de que ahora las cosas sean completamente distintas y para mejor. Entiendo un poco mejor de donde viene esa madurez tuya.
    En mi caso he tenido y a veces tengo mis roces con mi madre, cada vez menos y cada vez por cosas más livianas, la verdad y ultimamente, desde que estoy con perrinovio y desde la enfermedad de mi padre, cada vez que me salgo del tiesto con ella luego le pido perdón y le digo que la quiero, es algo que me cuesta hacer; decir Te quiero, pero necesito hacerlo.
    Mi madre siempre nos ha puesto a los demás por encima de ella y si algo tuviese que reprocharle sería que quiero que viva más SU VIDA. Pero afortunadamente nada que se parezca a lo que cuentas tú y otras chicas por aquí.

    A mi me encantan los miguelitos de crema. Siempre que voy a casa de mis padres compro en el camino y les llevo.

    Me alegro mucho de que estéis bien, de verdad. Dicen que no hay mal que cien años dure. Y menos mal.

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    1. Yo soy más de miguelitos de chocolate negro XDD Mi madre también, ojo: siempre se ha desvivido por nosotros, y aún se desvive. Por mi hermano es casi enfermizo. Pero eso no quita que a veces haya tenido salidas de tiesto de kilómetros. Por suerte, ya no es lo que era :D

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