domingo, 5 de octubre de 2014

Soldado con tiza y libro. ( #DíaDelDocente )

Llegó cansada a casa, como cada día. Llevaba en pie desde las 6 de la mañana y eran las tres de la tarde, pasadas. Colgó el bolso y se quitó el abrigo y los zapatos antes de soltar un suspiro de tal magnitud que no hubo rincón en la casa que no fuese consciente de su presencia. Caminó así, descalza y con los brazos colgando, hacia la cocina. "Si me viese mi madre...", pensó.

Sobre la encimera un plato y en él, rodeada de un charco de agua fría, su fiambrera. La destapó y la puso en el microondas. "Lentejas. Van a sentarme bien, creo". Se apoyó sobre el mármol, mirando fijamente al microondas, como absorta. Con el "cling" que indicaba que habían pasado los 3 minutos que había programado salió de su ensimismamiento. Volcó las lentejas humeantes en un plato hondo y puso la mesa para uno. 

Antes de sentarse encendió la radio. Su emisora favorita estaba sintonizada: solo música. Antes tenía la costumbre de comer frente a la televisión, de ver los telediarios que pillaba ya empezados, pero hacía tiempo que dejó de hacerlo. "¿Qué me van a contar ellos que yo no sepa?", se decía. Y era cierto. A ella no podían engañarla porque tenía en los rostros de sus alumnos y de sus familias un termómetro mucho más fiable que cualquier indicador macroeconómico o cualquier encuesta. Así que escuchaba música para desconectar. Aunque hasta con los ojos cerrados sentía, y mucho.

De fondo sonaba una balada de los ochenta, pero ella no escuchaba. Se acordaba de Ahmed, de 2º B. Le estaba costando mucho meterse en el ritmo de clase. Y a ella conseguir que no abandonara. Apenas se le entendía cuando hablaba castellano, pero en francés tenía una facilidad para la palabra... De hecho le encantaba escribir, pero cada vez que ella encargaba que escribiesen algo, él la miraba derrotado: "Rosana, es que no me sale". Ella a veces le ponía la mano en el hombro y le decía que lo intentase. Y cuando lo hacía le felicitaba efusivamente por su esfuerzo. Quizá incluso más efusivamente de lo necesario. Pero últimamente se había dado cuenta de que cada vez escribía más y mejor. Posiblemente aprobaría lengua. Quién sabe, quizá hasta con buena nota. 

También pensaba en Lorena y Claudia, las dos jovencitas que se sentaban en las últimas mesas en la clase de 3ºA. Era consciente de que, si todo seguía igual, repetirían, y eso en el mejor de los casos, pues el abandono no estaba fuera de la mesa. "Sueñan demasiado con sueños equivocados", pensó Rosana cuando, mientras tomaba el aire en el recreo tras reunirse con unos padres que no podían comprar los libros a su hijo, vio a Claudia pelearse con un muchacho mayor en la puerta del instituto. Él la agarró de la muñeca y tiró de ella. Después se enrolló su rubia melena en el puño y tiró de ella. Rosana salió, conteniendo la rabia, las lágrimas y los nervios y, con un tono neutro, tirando a impertinente, dijo:

- Claudia, si no me equivoco, deberías estar en clase...

Claudia puso cara de fastidio y miró al muchacho como diciendo "¡Ey! ¡No puedo hacer nada!", pero cuando se dio la vuelta primero una lágrima, luego dos, y después tres empezaron a brotar de sus ojos. Se hicieron incontables al entrar en el vestíbulo, fuera ya de la vista de ojos curiosos, cuando ella volvió a ser la niña que era y se le abrazó desconsolada. 

Todavía estaba planificando las medidas a tomar para que nada similar volviese a repetirse cuando las encontró, a las dos, tomando cocaína en el cuarto de baño. Lorena la miró desafiante, Claudia, avergonzada. "Es la primera vez que lo hago, profe, en serio", le susurró Claudia cuando nadie la oía. Quiso pensar que no todo estaba perdido, pero estaban a punto de expulsarlas por aquello y era consciente de que, después de eso, sería muy difícil que ninguna de las dos se acercase a ella a pedir ayuda. 

Saltó de pensamiento en pensamiento hasta que su plato quedó vacío. Tras fregar, sacó de su mochila las redacciones de los alumnos de 4º y se puso a corregir entre risas, indignación (¿"Hacavar"? ¿En serio? ¿No lo hacían a propósito?), sorpresa y orgullo. Una media hora después se abrió la puerta. Su pareja entró, vestido aún con el uniforme del trabajo, y la besó.

- ¿Qué tal el día?

Ella sonrió y empujó las sombras fuera.

- ¿Sabes? Ahmed empieza a participar en clase. ¿Y la chica a la que acosaban? No va a tener que irse del centro. Un grupo de mediación está trabajando a fondo con las acosadoras. ¡Ah! ¡Y el periódico! He conseguido que Pedro se involucre. No da palo al agua en clase, pero si lo vieses dibujar te enamorarías. Va a hacer unas viñetas de superhéroes mutantes, o eso me ha dicho. En el departamento me han dado el visto bueno para organizar lo de las cartas de amor en San Valentín. Estoy pensando quiénes van a ser los carteros del amor... ¡Ay! Y no veas qué risa esta mañana con los pequeños. Hemos estado hablando de la poesía y tenían unas opiniones de lo más divertidas...

- Me alegro de que estés tan contenta, cielo.

- Se me pasa si pienso en que mañana hay claustro. Lola me ha dicho que estamos bajo mínimos, como hemos tenido que ayudar a muchos chavales con fotocopias y otro material escolar este año... Dicen  que vamos a tener que pagar por el café que nos tomemos en la sala de profesores... ¡Me veo llevando el termo en el bolso! Y quieren quitar el agua también. Lo peor es que creo que van a cancelar muchas actividades extraescolares. Y no sé si alguna de las mías se verá afectada,... 

- Bueno, Ro, un trabajo que no te da ninguna razón para quejarte no es un trabajo. Pero el tuyo te encanta, ¿no es así?

Rosana sonrió: así era. Vivía día a día luchando una silenciosa batalla, pero no le importaba. Era lo que quería hacer. Cuando decía que era profesora muchos la miraban con envidia, pensando "¡Qué bien! Trabajo fijo, buen sueldo y muchas vacaciones." Otros con desdén, pensando que era otra parásita más, viviendo a costa de los impuestos de los contribuyentes. Pocos, muy pocos, caían en la cuenta de que ella y sus compañeros eran el rompeolas de la sociedad, el muro de contención de las desigualdades, los que aguantaban los golpes. Y que sufrían y se preocupaban por sus niños. Y que a veces arrastraban una frustración tan grande que les ahogaba, pues estaban solos frente a todos. 

Pero Ro, como muchos otros, había aprendido que cualquier logro, por pequeño que fuese, merecía la pena, y que abandonar no era una opción: la tiza y los libros podían ser armas muy poderosas. Y así, la lucha seguía en silencio. O casi. 

- He tenido unas ideas geniales para un concurso de escritura creativa... -frenó en seco-. Uf, perdona. Siempre te hablo de trabajo, ni siquiera te he preguntado qué tal tu día...

Su novio la abrazó. 

- ¿El mío? Bien. Cuéntame, anda...




***


En el Día Mundial del Docente, con gratitud a todos los maestros y profesores que se mantienen firmes al pie del cañón y no abandonan la batalla. 
Espero que a Ro no le importe que le haya robado tomado prestado el nombre. Especialmente para ti, profe, por ser tan humana y mostrarlo. 



Hoy estoy... agradecida
Y estoy escuchando... Habrá que someter a referéndum - Ismael Serrano

23 comentarios :

  1. Hurra por los silenciosos, por los invisibles Guerreros del Día a Día!!!!

    Te amo, Osita (que sepas que me ha ponido "gallinoso" leyendo el post ;D )



    <3

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  2. Muy bueno Bettie. Si fuera profe me sentiría orgulloso de leer un escrito así. Y si no lo fuera, también ;)

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  3. Respuestas
    1. Me gustan ambos, pero me guardo los besos para los días lluviosos :)

      Gracias Perri.

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    1. ¿Que sí? Mira que no quería hacerlo muy ñoño. -.- No me ha salido bien. Pero espero que te haya gustado :)

      Besos :)

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  5. No me hagas esto que no puedo dejar de llorar. Pero qué haces tú en mi casa espiando mis movimientos y mis conversaciones con mi chico... Te quiero, Bettie.

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    1. Jajajaja, qué raro, ¿no? :)

      Me alegro de que te haya gustado este atraco, con robo de nombre incluído.

      Un beso enorme. Y gracias :)

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  6. Respuestas
    1. Solo a veces :P

      ¿Escribiendo desde el móvil? jajaja :) Muáaaaaaa y gracias :D

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  7. Me encanta. Soy maestra y me ha emicionado muchísimimo tu historia. Me reconozco en ella como muchos más. Gracias

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    1. Significa mucho para mí que los docentes os reconozcáis en mi cuento :)

      Gracias a ti :)

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  8. Qué bonita forma de contar una realidad que mucha gente no considera que exista. Pero, por fortuna, todavía quedan muchos profesores con vocación real y que le importan sus alumnos de verdad. Creo que todos hemos tenido profesores que nos han dejado huella. Un aplauso para ellos. Y otro para ti, por recordárnoslo de un modo tan agradable.
    Besos

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    1. Gracias Rosa, me alegro de que te haya gustado :)

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  9. Preciosa entrada Bettie...siempre consigues emocionarme.
    En este reciclaje estudiantil en el que me encuentro ahora, he tenido la fortuna de poder contar con excelentes docentes (a nivel humano y profesional), y les estaré enteramente agradecida de haber prendido esa chispa que necesitaba para volver a creer en mí.
    ¡Un abrazo!

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    1. Es que unos buenos profesores -a muchos niveles- marcan TANTO la diferencia... :)

      Me alegro de que te haya gustado ^^

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  10. Como profesora me he emocionado, vengo de casa de Ro.

    Gracias por hacerte eco de nuestra labor, no entiendo a la gente que nos critica por nuestro horario y/o vacaciones, y no entendie lo que hacemos.

    Me ha encantado tu cuento, tu narrativa y tu fondo.

    Un besazo


    PD y enhorabuena a Ro también por tenerte como amiga, por este regalazo

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    1. ¡Gracias por la visita!

      Bueno, está bien que sepáis que SÍ hay gente que se hace cargo de lo que supone ser profesor. No yo sola, claro. :)

      Un beso :D

      PD: la suerte la tiene el mundo porque existan personas/mujeres/profes como Ro.

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