La paz de las pequeñas cosas.

Se habla mucho del talento de encontrar felicidad en las pequeñas cosas. Pero yo últimamente, más que felicidad, necesito paz. Y mi paz se encuentra en un rincón pequeño, irrelevante para casi todo el mundo, pero no para mí. Es la parte del mundo que más echo de menos cuando estoy lejos, y eso que no tiene nada de especial: es un pequeño pedazo de tierra que ni siquiera es del todo nuestro.

Cuando necesito paz (y lo recuerdo) cierro los ojos y me veo allí. Sentada en una silla pequeña y antigua de colegio (de cuando aún no eran verdes) y apoyada en un pupitre (este sí, verde), mirando hacia el atardecer, apreciando cómo el sol se va ocultando, arrojando sus destellos entre las hojas de la noguera, agitada por la brisa. A mi izquierda, mi padre se agacha entre las matas de tomate, buscando las piezas más rojas y, de vez en cuando, tiene que apartar a algún gato. Entonces, mi blanquito, que siempre tiene ganas de cariño, viene y se sienta frente a mí para que lo acaricie.

Cierro los ojos y aspiro ese olor a tranquilidad. El gato se me sube encima y me clava las uñas, pero no me importa: es un dolor dulce. Comienza a charlar (sí, este gato no maúlla, charla consigo mismo) mientras le rasco entre las orejas. Detrás de mí se alza la luna, llena y grande.

Doy una palmada al gato, que se baja y se tiende a mi lado. Yo tomo algo dulce que mi padre acaba de recoger de la huerta (una pera, ciruelas, algún higo) y me lo como con deleite. Me vuelvo hacia el gato y le pregunto si está a gusto. Por única respuesta, cierra los ojos.

Aquí siempre va todo bien.


Comentarios

  1. Esa paz es maravillosa...
    Me has recordado a mis momentos con mi gata Missy. Llegó a casa cuando yo tenía 10 años y me hacía compañía por las mañanas antes de irme al colegio, cuando estaba sola en casa porque mis padres se habían ido a trabajar y mi hermana al instituto. Dormía conmigo cada noche y se acurrucaba en mi barriga cuando me dolía, me lamía cuando me veía triste...
    Creo que cuando me fui de casa de mis padres, me echó mucho de menos, pero yo a ella más. Nunca he vuelto a sentir esa paz que ella me daba.
    Joooo... me he puesto sensiblona recordándola...

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    Respuestas
    1. Yo también me he puesto sensiblona releyendo el post XD Soy lo peor xD

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