viernes, 6 de noviembre de 2015

Libro(s): El burlador vs. El Tenorio.

Hoy la reseña va a ser un poco distinta de las que he hecho hasta ahora. Si fuese pedante, diría que voy a hacer un ejercicio de literatura comparada, pero no. Simplemente voy a comparar libros, en concreto estos dos:


Ambos libros parten de una idea común: el personaje (y el arquetipo) de Don Juan: un vividor mujeriego que no atiende a las normas morales y que hace cuanto le place, sirviéndose del engaño y la astucia para conseguir sus fines. Sin embargo, el desarrollo y, sobre todo, el final de ambas obras es bien distinto.

Por cierto, habrá spoilers

Don Juan en El burlador (s. XVII)

Creo, y hablo sin apoyarme en ningún teórico, que El burlador de Sevilla y convidado de piedra nos cuenta una historia que pretende ser moralizante, y que esa es su principal función. No obstante, Tirso de Molina era clérigo (lo cual no quita para que la gente se le escandalizase con lo que escribió). Siendo así, el personaje de Don Juan se nos presenta como un engendro vil por el que es imposible sentir simpatía. Se trata de un tipo que sirviéndose de todo tipo de engaños burla (de ahí el nombre) a mujeres de todo rango y condición y en la mayoría de los casos acaba echando el muerto a otro (incluso a amigos). ¡J*der! ¡Que el tipo tiene la cara de llegar a una boda, sentarse entre los novios y tirarle los tejos a la novia!

La obra manda un mensaje a la mujer: no te dejes engañar. Don Juan se aprovecha de las mujeres llenándose la boca de palabras de amor y, sobre todo, promesas de matrimonio. Porque las mujeres no son tontas, no del todo, y saben que cualquiera puede hablar de amor para pasar una noche, pero claro, cuando les hablan de matrimonio bajan la guardia. La idea es: hasta que un cura no os bendiga, aplica el método de la peseta. (Eso es lo que nos decía un cura, y consiste en sostener una peseta entre las rodillas cuando estás con tu novio y no dejar que se caiga xD)

Pero el mensaje fundamental es para Don Juan, para los donjuanes del mundo. El Don Juan de Tirso de Molina (a diferencia del de Zorrilla) no es un ateo, ni un agnóstico. Él no es que no crea en el infierno, ni en el castigo que llega en la otra vida. Cuando el resto de personajes le lanzan advertencias sobre lo que puede sobrevenirle él no dice que sean tonterías, sino: "¡Qué largo me lo fiáis!". Esto es: si mi castigo ha de llegar en la otra vida, para eso aún me queda. No es tonto, claro, se sabe la trampa de la ley: si se arrepiente en el lecho de muerte, confiesa y se le administran los sacramentos, gozará de la gloria eterna habiendo sido un crápula en vida. 

Tan osado es que se atreve a convidar a cenar al comendador, muerto. Y el tipo es muy gallardo y muy chulito, pues cuando el muerto lo convida a él de vuelta, él cumple, tan pagado está de sí mismo. Eso sí, en el momento en el que los cantos anuncian que ha llegado el momento de pagar su deuda, se le pasa toda la chulería. Intenta librarse del castigo por todos los medios posibles: matando al muerto, diciendo que no llegó a aprovecharse de su hija,... y por último pide piedad, que le dejen confesarse para librarse del castigo eterno. ¡A buenas horas! 

Una vez el burlador ha recibido su castigo, algunos personajes agraviados tienen un final más o menos feliz. 

Al final la historia es que todo pecador recibe su castigo, y que no vale decir "¡Qué largo me lo fiáis!", que la vida es bien corta y siempre acecha la muerte. Y Don Juan... bueno, pues no deja de ser un personajillo que, ante la muerte, pierde toda su gallardía y que es incapaz de cargar con dignidad con las consecuencias de sus acciones. 

Os dejo una cita, habla TISBEA:

Con palabra de esposo,
la que de esta costa burla hacía
se rindió al engañoso;
¡mal haya la mujer que en hombres fía!
Fuese al fin, y dejóme;
mira si es justo que venganza tome.

Don Juan en El Tenorio (s. XIX)

Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, ya no es una obra moralizante, o a mí no me lo parece. Por lo menos, no es esa su principal función. Estamos ya en el romanticismo, en una época de historias con grandes pasiones y finales trágicos (cómo me guuuuuusta ^____^) y aunque aquí también hace acto de presencia la amenaza del infierno, lo importante no es el castigo divino, sino la redención por medio del amor y de la virtud.

Este Don Juan es distinto. Es incluso más brutal que el de El burlador. De hecho, la obra empieza con el ajuste de cuentas sobre una apuesta hecha un año atrás por Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía, que consistía en ver quien obraba peor con mejor fortuna. Y con esto no nos referimos solo a conquistas amorosas, sino a todo tipo de lances: saqueo, peleas (y muertes, claro) y, por supuesto, amoríos. Cuando uno está leyendo en verso la lista de sus "hazañas" siente que se le hiela la sangre, y no solo por lo maravillosamente escrita que está. ¡Son dos delincuentes! Mucha alcurnia y lo que usted quiera, pero vaya, más vale no cruzarse con ellos en un callejón oscuro. La cosa se calienta y Don Luis reta a Don Juan, quien acaba aceptando ese reto, apostando la vida: conseguirá seducir a la prometida de su amigo, con quien debe casarse al día siguiente y a una novicia que esté por profesar. 

Y lo hace. Como veis, tampoco es un angelito este Don Juan. Pero este no espera redención. De hecho él mismo reconoce no creer en Dios, ni en el cielo, ni en el infierno, por lo que tiene sentido que viva la única vida que tiene como mejor le plazca. Sin embargo, encuentra esa redención. ¿Cómo? Mediante Doña Inés. Don Juan, ante la virtud personificada en Doña Inés cae rendido y se propone convertirse en un buen hombre. No es que me convenza esta parte, será porque los personajes femeninos de este estilo (como Doña Inés o la Beatrice de Dante) me dan repelusillo, pero bueno, no le vamos a pedir peras al olmo. El caso es que la virtud de Doña Inés propicia una conversión en Don Juan. Pero, ¡ay!, esta obra tiene un componente trágico, y es que en ese momento a Don Juan se le pone en la disyuntiva entre morir, ser encarcelado, o volver a cometer un crimen (en este caso doble). Es genial el momento en el que Don Juan responsabiliza al cielo de haber vuelto a caer en el mal camino por no haberle dejado otra opción. 

Don Juan tiene que huir, dejando atrás a Doña Inés (después de matar a su padre podría pensarse que tenía poco que hacer con ella, pero no: ella está tan enamorada que aún así lo sigue amando y no le desea mal alguno). 

Su padre, Diego Tenorio, invierte toda su fortuna en construir un panteón para aquellos que han muerto por causa de su vil hijo (dejándolo sin herencia). Allí acude Don Juan y descubre que Doña Inés murió de pena poco después de la muerte de su padre. Ella se le aparece y le dice que ha intercedido por él ante Dios y que ha apostado su alma: si él se salva, se salvan los dos, si él se condena, la condena también a ella. 

Hay, también, un encuentro con los muertos, con el padre de Doña Inés en concreto, y Don Juan acaba a punto de condenarse, pero justo en el último momento se encomienda a Dios, en el último grano de arena de su reloj vital. Parece que ya es tarde, pero cuando van a arrastrarlo al infierno, aparece Doña Inés y lo toma de la mano, salvándole. 

Sí, al final hay una entrega a Dios que salva el alma de Don Juan, pero si no hubiese sido por el cándido amor de Doña Inés nada de eso habría sido posible: es el amor el que nos salva. 

No os dejaré una cita, sino la escena de la taberna, que es genial, genial, genial, genial, genial (me encanta esta representación)



Y tú, ¿con cuál te quedas?

Con Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, sin duda. Ya he dicho que yo soy mucho del romanticismo, de los finales trágicos y de las grandes pasiones. Pero también es cierto que El burlador consigue lo que busca: que se deteste a Don Juan por sobre todas las cosas (especialmente si eres mujer dan ganas de matar). Así que si os apetece adentraros en esta historia, quizá merezca la pena que leáis ambas obras y os forméis vuestra propia idea. Y luego, para rematar, podéis poneros Don Giovanni

Y ahora, ¿qué leeré? Pues los azares del destino y del club de lectura me llevan a toparme con Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez, una obra que me obligaron a leer en el instituto y que me aburrió soberanamente. A ver si ahora, años después, me gusta. Pero me ha picado el gusanillo de la literatura de aquí, y una compañera me ha animado a leer La Regenta, así que no sé, a lo mejor me pongo a ello después. Y Fortunata y Jacinta. Y El sí de las niñas. Bueno, ya veremos. No hagamos planes a tan largo plazo :P jaja. 


Porfi, filólogos, profes de lengua y aficionados a la literatura, no me matéis si he dicho alguna burrada XD 

13 comentarios :

  1. Yo no soy filólogo, ni nada parecido, pero me ha encantao el post. :)

    Me quedo, claro está, con el Tenorio. Sería lo peor, pero se enamoraba de verdad de Doña Ines y eso, como al final sucede, lo redime. Por los pelos, claro, porque el tipo es de cuidado también...

    Deja el poso ese de que el amor puede redimir hasta al peor de los hombres, que es muy de mi gusto.

    Y la obra de teatro, la que pones el cachito, el clasicazo de Estudio 1 con DON PACO RAVAL es que ME ENCANTA.

    Bueno, a ver el periplo de "clásicos españoles" como se salda ;)

    Te quiero, Vida mía <3

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    1. Es que es eso: la mujer virtuosa puede salvara cualquier pecador. Andayaporahí. Pa' salvar pecadores estoy yo. xDDDDD

      Pero sí, no sé, la historia es otra cosa. ^^

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    2. La mujer "adecuada", que es la que le llega al corazón al mequetrefe, por X o por B. Aunque claro, siendo la época que es, pues es posible que tengas tu mas razón, pero eso...

      Que a mi me gusta pensar que es porque se enamora de verdad.

      :)

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  2. Yo también me quedo con Zorrilla, por supuesto.

    Besos.

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  3. Me parece muy difícil no quedarme con el de Zorrilla... y no porque crea que el simple hecho de enamorarse baste para redimir sus canalladas. Sino simplemente porque, tratándose de ética, contra el don Juan de Tirso es muy fácil ganar XD El de Tirso es prácticamente un psicópata egoista. No siente piedad ni sentimientos por nadie.
    Y me ha encantado también esta entrada especialmente :)
    ¡Un abrazo!
    P.D: Aunque te guste el romanticismo, te aviso que en todas las obras la mujer es "ángel de amor". Puras y bondadosas XD Siempre.

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    1. Lo sé. Es la pega que tiene. No me suelen gustar los "ángeles de amor" cándidos y bondadosos. Me aburren. Pero bueno, se les perdona xD

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  4. Breve comentario como filólogo: nada que objetar a tu análisis :) Creo que señalas bien el carácter moralizante de Tirso de Molina. Si tenemos en cuenta su época, las características de su autor y el espíritu "contrarreformista" reinante, está claro cuál es la intencionalidad. Me alegro de que hayas disfrutado con el Tenorio, sin duda una gran obra romántica. Me ha gustado el comentario sobre la salvación a través del amor, creo que resulta adecuada para ese final :)

    ¡Un saludo y buena suerte con García Márquez!

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    1. Muchas gracias, Luis, por no ser cruel conmigo xD

      De momento la relectura está siendo más agradable que la primera lectura de Del amor y otros demonios. Veremos.

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  5. Yo me quedo también con el de Zorrilla, aunque no recuerdo apenas el burlador. Creo que tendré que volver a buscarlo... Pero más adelante, que no estoy con ganas de Siglo XVII ahora.

    De españolas... Ya que mencionas a Fortunata y Jacinta, me han venido a la mente otras obras (aunque lo que me vino a la mente han sido las adaptaciones al cine) que son La Colmena, La familia de Pascual Duarte, Los santos inocentes (Jack, con Paco Rabal) y El bosque animado...

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    1. La Colmena vi la peli, aunque el libro no lo llegué a leer entero. Y La familia de Pascual Duarte la tengo pendiente. Poco a poco tengo que irme mirando grandes obras de nuestra literatura :)

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  6. Pues he de decir que me ha gustado tu entrada, muy buen ejercicio :)

    No he leído el burlador, así que mi elección es fácil XD

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