domingo, 21 de octubre de 2012

Labios rojos y promesas

La marca de carmín rojo en el cristal era toda una promesa.  Allí estaba ella, sonriente, pletórica, exhuberante. "¿Te invito a algo?", le había preguntado, y ella había accedido. No sé qué pidió. Mi whiskey con naranja parecía algo detestable frente a aquella bebida azul que se agitaba en su copa. Una bebida extraña, poco común. Como ella. 

¿Qué hacía una mujer así en aquel antro? La pregunta no dejaba de rondar por mi cabeza mientras la observaba, sentada en aquel taburete como si estuviese en el lugar más cómodo del mundo. Su pie se balanceaba, haciendo oscilar un zapato de tacón que amenazaba con desnudar lo. Apartaba los mechones rebeldes de su cara con suavidad, acompañando al gesto de sus manos con un ligero movimiento de cabeza pero, eso sí, sin dejar de mirarme.  Sus ojos eran cálidos pero penetrantes, y como un espejo, impedian ver qué había tras ellos. Y aquella sonrisa, envuelta en unos labios rojos, ligeramente inclinada a la derecha...

La conversación era intrascendente, ambos lo sabíamos. Me sentía desnudo: ella sabía qué estaba pensando, sabía qué quería decir. ¿Era aquello lo que le hacía reír? Y yo...Yo me sentía como llevado por una corriente irresistible. Sentía aumentar mi presión sanguínea cuando mostraba su cuello, o cuando se inclinaba hacia mi para brindar. Desprendía cierta energía, casi calor, ¿o sería quizá magnetismo? Porque me atraía hacia ella con una fuerza extraña.

Estaba a punto de volverme loco, pero entonces dejó la copa sobre la barra y se levantó. Se acomodó el vestido negro con las manos, acompañando el gesto con un movimiento de sus caderas que me hizo estremecer. Se inclinó hacia mi oido. Aún no sé como pude escuchar sus susurros en medio del ruido del local, ni como sujeté mi corazón para que no se me escapase por la boca. Dejé un billete sobre la barra, sin esperar las vueltas, y la seguí, mientras la vista de su espalda y sus piernas subiendo las escaleras me torturaban.

Al llegar a la calle paró un taxi. Abrió la puerta y se giró hacia mí. Me besó en la comisura de los labios, haciéndome estremecer. Sin mediar palabra y antes de que pudiese reaccionar, se metió dentro del taxi y cerró la puerta. Inmóvil, vi como se alejaba.

¡En fin! No todas las promesas se cumplen...

10 comentarios :

  1. ¡¡¡¡¡¡Qué chuloooooooooooooooooooo!!!!!!

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  2. Artijta!!! TU LO QUE ERE, E UNA ARTIJTA!!!


    ;)

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  3. ¡¡Cucha la picarona como lo ha dejado ahí con un palmo de narices!! Mí gustar

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    1. Jajajaja. Y aún así le mereció la pena. El tipo tampoco parece que lo lleva mal del todo xD

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  4. Jajajajajaja
    ¡Ahí le den al Sr. Grey! xD

    Muaka

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    1. Si la Anastasia petarda le hubiese dicho al Grey "Pues no, paso de ti, no me impresiona tu helicóptero" la novela habría molado más.

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