miércoles, 17 de octubre de 2012

La protesta también educa.

Últimamente se oyen muchas voces, a favor y en contra, de la huelga educativa que se ha convocado estos días. Contra el Sindicato de Estudiantes no se alzan muchas voces, porque, si no se está a favor, se acaba concediendo que son estudiantes, por tanto jóvenes, por tanto, inconscientes y rebeldes. Y ya se les pasará y se darán cuenta de lo maravilloso que es formar parte de la mayoría silenciosa. Excepción es, como normalmente, el ministro de Educación, Jose Ignacio Wert, que haciendo gala de su total desconocimiento de la palabra "moderación" ha esputado unos cuantos calificativos que no voy a reproducir hacia los estudiantes.  Pero bueno, respecto de que los estudiantes hagan huelga, poco ruido, porque al final, con tal de no estudiar, hacen lo que sea.  Como si no hubiese razones. También ha habido una salida de tiesto en el gobierno de Castilla-La Mancha, afirmando que los estudiantes no tienen derecho a huelga porque no tienen trabajo. Ea, pues nada. 

Pero lo que de verdad ha levantado ampollas ha sido que la CEAPA, Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, haya apoyado las reivindicaciones del Sindicato de Estudiantes, sumándose a la protesta y proponiendo no llevar a sus hijos al colegio el Jueves 18 como medida de protesta. Aparte de atribuírseles los mismos adjetivos que a los radicales estudiantes, por participar de las mismas ideas, así, en modo platónico, se les ha llamado irresponsables y, en alguna que otra tertulia se ha dejado entrever que no se preocupan por el bien de sus hijos, ya que los utilizan como arma política. Que son malos padres.



Me han llamado poderosamente la atención un par de argumentos. El primero de ellos es que no se puede hacer huelga de un derecho. Cuando lo he oído -creo recordar que lo dijo una tertuliana de Intereconomía (quita, bicho)- casi me caigo de la silla de tanto reír. Es decir: uno no puede cesar en el ejercicio de un derecho temporalmente como medio de protesta PERO debemos asentir, aceptar y resignarnos a que le den patadas a ese derecho hasta dejarlo destrozado. A que nos lo arrebaten. Pues nada, muy lógico todo.

De todos modos, no estoy de acuerdo en que una huelga educativa suponga el cese en el ejercicio del derecho a la educación. La protesta también educa. Digamos que es una clase práctica de civismo. A ver si les entra en la cabeza que no todo lo que merece la pena saber está en los libros, y que, aunque lo esté, no todo se aprende estudiando.

Luego está el argumento de que la huelga de padres es ilegítima, porque los padres no hacen huelga, lo que hacen es obligar a sus hijos menores a hacer huelga. Y eso está muy mal (menos cuando la manifestación la convoca el Foro de la Familia o similares).



Y yo me desternillo, porque la misma gente que dice esas cosas es la que defiende que la educación en valores de los jóvenes debe quedar a expensas de la familia. La escuela no debe meterse en temas de educación cívica, moral, etc. etc. En definitiva: la escuela FORMA y la familia EDUCA. No es un modelo con el que esté de acuerdo, pero no hablamos de mí, sino de ellos. Pues bien. Les parece bien que una familia objete a Educación para la Ciudadanía, porque es la familia la que tiene que decidir si sus hijos adquieren o no ciertos valores que corresponden a derechos. Por ejemplo: que nadie le diga a un niño que los homosexuales tienen el mismo derecho a realizarse como personas en todas sus dimensiones (trabajo, familia, relaciones,...) que un heterosexual. Eso, en casa. Y si el padre decide que la homosexualidad es una enfermedad, da igual que la igualdad entre personas, independientemente de su orientación sexual, sea un derecho constitucional. Pero si se trata de que las familias eduquen en el ejercicio de ciertos derechos cívicos, también recogidos por la constitución, como el derecho a huelga o manifestación, eso ya no mola. Eso es adoctrinamiento familiar. Son padres malos que quieren inculcar a sus hijos unos valores malos. No como lo de discriminar a la gente por su orientación sexual o el color de su piel, ojo. En ese ámbito las familias sí tienen la última palabra.

Como decía, muy lógico todo.

En resumen: no me pronuncio acerca de lo que cada familia tiene que decidir, pero creo que promover un derecho cívico, educar en ciudadanía, no es adoctrinamiento ni en las aulas ni en los hogares. Y, desde luego, para mejorar nuestro civismo, lo mejor es practicarlo.


7 comentarios :

  1. Efectivamente, así los padres educan a sus hijos. Todavía me acuerdo que en una huelga general, siendo bastante pequeña, le pregunté a mi padre si los políticos cambiaban lo que fuera en cuanto se hacía huelga. Al responderme que no, le pregunté por qué la hacía entonces, y me acordaré siempre, la respuesta fue "porque si no hacemos nada, entonces seguro que no cambia". Me acordaré toda la vida.

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    1. Claro que sí. Además, los niños aprenden por imitación. ¿Por qué muchas campañas para el fomento de la lectura en niños han ido dirigidas a los padres? Pues porque el niño, en última instancia, aprende de lo que ve, por afirmación o negación. Así que hacer cosas con los hijos es educativo. Incluído protestar.

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  2. El martes estuve haciendo recados por el centro de mi ciudad y a la vuelta a casa, en bus, nos cruzamos con una manifestación de estudiantes.

    Pues un viejo chocho, y sí, estoy siendo maleducada porque así lo era él, estuvo diciendo tal cantidad de gilipolleces que me faltó un tris para decirle: Caballero, ¿puede irse usted a la mierda un rato?

    Lo salvó que llegué a mi parada

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    1. Jajajaja, gallifante para la jovenzuela, por saber aguantarse. Es duro en esas situaciones. Yo puedo llegar a entender que la gente no proteste, por lo que sea, pero los que todavía no ven que hay razones más que suficientes me exasperan mucho.

      Mua

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  3. Qué triste que siempre sea "lo que pienso yo está bien y el resto no vale nada"... ¿Es que la gente todavía ve las cosas en blanco y negro? Hay una enorme variedad de grises en medio, por favor...

    La situación educativa española está tan deteriorada y encargada a tales individuos que no me extraña que tengamos el resultado que tenemos. Igual que la judicial, en manos de personas que han terminado la carrera y no saben nada de la vida ni tienen experiencia que les muestre la práctica de lo que han estudiado antes de que les enchufe su partido político en algún lado y así salen las leyes que salen... Absurdas, contradictorias, inhumanas...

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