viernes, 16 de marzo de 2012

Valencia en Fallas huele...

... a heces y orín.

Seguramente hayáis pensado en pólvora y buñuelos. Pero no. Los que vivimos aquí conocemos la cruda realidad.

Hoy, por desgracia, una familiar nos ha llamado por teléfono para invitarnos a cenar. Y diréis: "¿Por desgracia? ¡Cena gratis!" No, amigos, no. Yo esta tarde he hecho la compra pensando atrincherarme en casa como si hubiese una invasión zombie. Quizá sobra el "como si". Y es que salir por Valencia en Fallas es toda una odisea. Es jugarse la integridad física, y no es una broma. Mis primeras Fallas viviendo en Valencia comenzaron la noche de la plantà con un herido por quemadura. Vamos, que la fiesta duró como 1 hora.

Total, que como decía, nos han invitado a cenar, y he aceptado muy a regañadientes. Porque esta familiar vive por la zona de Ruzafa, conocida por ser un barrio MUY fallero. Allí plantan un alumbrado cuyo encendido es todo un acontecimiento cada año.



¿En qué se traduce eso? En que las calles están A REVENTAR, como puede verse en la foto, que no es de este año, pero esas cosas no cambian mucho. Para ir, hemos dado un rodeo bastante importante, para evitarnos todo ese jaleo. Pero, ¡ay! la vuelta a casa...

Fallas, verbenas y gentío a más no poder. Y ya, a estas horas de la noche (las 2 de la madrugada) desatados y con algunas copas. Y en este punto, ya no sabes qué hacer: si atravesar el gentío o meterte en calles casi-desiertas, también conocidas como "calles-meadero". Duras decisiones que hay que tomar en esta vida, problemas a la altura de los que atormentan a los jóvenes del anuncio de LOEWE. 

Pues hemos optado por las "calles-meadero". Y nos arrepentimos. Porque allí alguien había pasado de las aguas menores a las mayores. Incluso intuyo que  más de un alguien.  En fin.

Y para rematar, después de pasar por unas cuantas callejuelas con una media de 6 u 8 personas, hombres y mujeres indistintamente, orinando -o lo que fuese- en cada una de ellas, cual animales, estando ya cerca de casa, nos hemos enfrentado al último peligro del recorrido: los "borrachos". Y no hablo de las personas borrachas, que también abundan, sino a los petardos borrachos, que son unos artefactos pirotécnicos que se desplazan sin guía. Los hay que explotan al final y que no. Los que no explotan al final son bastante peligrosos y pueden provocar quemaduras graves. Los que explotan al final son mucho más peligrosos.  Pues la gente los tira en medio de verbenas, en aglomeraciones de gente, donde se tercie.


Como sospecháis, estaban tirándolos por la calle por donde hemos pasado. Y es que, como decía un señor -fallero, por cierto- estas personas no tenen coneixement.

Y aquí estoy. Sobreviví al recorrido de unos 20-30 minutos entre la casa de mi familiar y la mía. Ahora me encuentro sentada delante del ordenador, escribiendo, porque tengo una carpa/verbena debajo de la ventana de mi dormitorio. Así que aprovecho el tiempo.

Sólo puedo decir que es una pena. Las Fallas, que deberían ser una fiesta popular, se han convertido en una fiesta profundamente contraria al civismo: gente haciendo sus necesidades por las calles, poniendo en peligro la integridad física de la gente, produciendo grandes cantidades de ruido y basura, etc. No digo que todos los falleros sean así. Estoy segura de que hay gente que disfruta en su Falla, comiendo y bebiendo con otros falleros, riendo, y celebrando. Y puede que sean la mayoría.  Pero esta gente, que no tienen por qué ser falleros y falleras, son TAN molestos que empañan toda la fiesta. Buena parte de la culpa la tiene el Ayuntamiento de Valencia, que convierte durante estos días a la capital del Turia en una ciudad sin ley.

Lo dicho, yo hago acopio de provisiones, y no vuelvo a salir hasta el día 20. Y creo que será para aprovechar la sesión de spa que mis amigas me regalaron. Después del bombardeo continuo de estos días, creo que me va a hacer falta.

1 comentario :

  1. [...] Si hoy he ido al spa ha sido gracias a que mis amigas, pobres también, me regalaron para mi cumpleaños un cupón de LetsBonus que me permitía disfrutar de una sesión de spa de una hora (entre cuatro sale barato). Mis amigas son de esas que siempre regalan cómics, o libros -y por eso, entre otras razones, las quiero tanto-, pero ante la experiencia religiosa que supuso para una de ellas visitar un circuito spa, se les ocurrió obsequiarme con esa maravillosa sensación. Además, pensaron ellas, me vendría bien después del jaleo de Fallas. [...]

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