lunes, 26 de marzo de 2012

Sobre el talento.

El talento no es algo que abunde en este mundo, aunque yo a veces me maravillo de la cantidad de talento que hay a mi alrededor. Pero es una impresión distorsionada: entre tanta mediocridad, un poco de talento brilla y es imposible no reparar en él. No por eso hay que olvidarse de que se trata de algo escaso, no hay que dejar de valorarlo.

En mis prácticas he tenido la suerte de caer en un IES donde hay un montón de músicos: chavales que madrugan para ir al instituto y que cuando acaban se van al conservatorio. Algunos de ellos llevan varios instrumentos. Otros se dedican a la danza. Lo cierto es que en ocasiones puedo percibir ese talento, aún sin haberlos oído tocar, sin haberlos visto bailar o cantar. Es algo que desprenden y que, al menos yo, puedo percibir. Si bien es cierto que algunos de ellos lo desprenden más que otros. A algunos los podría haber identificado antes de que ellos me dijesen que eran músicos o bailarines.

Pero no ocurre solamente con el talento musical. ¿No os ha ocurrido que cuando estáis ante una persona talentosa lo percibís al instante? También en el instituto he podido captar que algunos de los chicos y chicas desprendian talento sin ser músicos. Incluso a veces no hace falta conocer a alguien personalmente: compartir una conversación por internet, participar en un foro,  leer su blog,... cualquiera de estas cosas puede indicarte que estás ante alguien especial.  Como el talento no sobra, esto no ocurre constantemente, pero a veces pasa.  Sabes que esa persona tiene algo especial.

En un mundo donde la mediocridad se alaba y se promueve, soy especialmente sensible a esos atisbos de talento que puedo percibir a mi alrededor. Y esta mañana me he sorprendido a mí misma indignada. ¿Por qué? Porque desde hace días veo como uno de esos chavales talentosos desperdicia esa cualidad tan poco frecuente. Es un chaval inteligente, con chispa, con recursos. Con labia. Y con una cara dura que podría agrietar el suelo si lo golpease. Pero eso no tiene por qué ser una cualidad negativa: probablemente le sirva de mucho en la vida. Tiene una de esas personalidades carismáticas y audaces que no estamos acostumbrados a ver. Quizá os riáis, pero me recuerda un poco a Jordi Évole.

Pues el chaval está dejando pasar el curso sin pena ni gloria. Se duerme, literalmente, en clase. Hace unos  días, y después de un toque a sus padres, empezó a trabajar, y presentó un par de ejercicios brillantes, sobre todo teniendo en cuenta que se había pasado en Babia desde febrero. Pero hoy volvemos a dormirnos, en segunda fila. Y pasando de todo, ¿eh? Dejando correr el talento.

Y yo me pregunto, ¿lo estamos haciendo bien? ¿Podemos permitir que la escuela adormezca -literal y figuradamente- a los chicos y chicas? ¿Podemos permitir que se aburran hasta el punto de cerrar los ojos y dejar el tiempo pasar? ¿Tan poco interesa lo que tengamos que enseñar? ¿Cuántos chicos y chicas talentosos se estarán durmiendo en clase?

Al final, la cosa no es tan grave. De 25, uno se duerme. En realidad, de 100 alumnos, sólo él se duerme literalmente. El resto siguen ahí, a veces más en cuerpo que en alma, pero ahí están. Pero yo no puedo dejar de darle importancia. ¡Me fastidia tanto que no se aproveche el talento!

 

Sí, ya sé. Que no pegue un palo al agua en clase no significa que no saque partido a su talento.  Vale.  No sé lo que hace fuera de clase, quizá por las noches se dedique a leer tomos enciclopédicos, a escribir una novela, o a componer sinfonías, y por eso, en clase, tiene sueño.  Pero creo que realmente podría sacarle partido a las cosas que se enseñan.  Sé que puede hacerlo.


Me da rabia.

2 comentarios :

  1. Mírame a mí, pensando que tú tienes talento, anda que ya me vale!
    Ahora en serio, es una pena, pero nunca se sabe, es lo que tu dices: quizás el que presenta los alumnos más brillantes acaba siendo un misero estudiante de filosofía mientras que este que anda embobado acaba siendo un maravilloso filólogo inglés... :P
    Yo en bachiller me dí cuenta de que era imposible escoger una carrera tal y como estaba diseñada la enseñanza, porque no te muestra nada más que lo puramente formal. Igual a este chico no le atrae nada de lo que estudia porque él en realidad quiere ser pintor o ingeniero de la NASA y de eso, desgraciadamente, no hay cabida en un aula de bachiller

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  2. Ostras Andrea. No me he explicado. Se duerme en TODAS las clases(lo comentaron en la evaluación XD). Y me da rabia, porque tiene un potencial flipante. Luego aprueba TODO. En Filosofía le ha faltado un tris-para-bis para aprobar.

    Aunque desde luego, tengo que darte la razón, y por ahí iba mi reflexión. ¿Qué fomenta la escuela? ¿El talento o la mediocridad? Estoy segura de que alguno de los estudiantes que tiene notas malas o regulares en otros campos es impresionante.

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