El arte de la espera.

Pero me he acostumbrado a aguardarte en silencio, deseándote, deseándote nomás.

Jaime Sabines.



Los jazmines encendidos en la noche,
el rocío al alba y el calor de mediodía
gritan tu nombre en sus idiomas.
Mas yo no. Mi cuerpo encendido,
el rocío de mi sexo y el calor de mi pecho
tararean en tu ausencia otra melodía,
un canto distante, para tu oído, extraño.
Y lamo mis labios, y curvo mi boca,
y conduzco hasta mis gemidos
sobre una historia prestada.
Pero ahí sigue tu ausencia.
Voy a dormirme. Quizá así
consiga dejar de soñarte.



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