Vencidos por la vida.

Hay alguien que se está muriendo. Siempre hay alguien que se está muriendo, desde luego, no he descubierto la pólvora. Pero hay alguien que se está muriendo y creo que no ha sabido nunca, en toda su vida, a qué sabe una victoria. Ya ves, hay gente que nace en sábanas de seda y otros, qué quieres, nacen para ser trapos, que canta aquel.

Me pregunto qué se dirá en su funeral. Que fue una buena madre, una buena esposa, supongo. Pero será mentira. Nadie es bueno del todo en tales menesteres y ella no lo fue particularmente, ni siquiera en comparación con otros. Supongo que habrá que mentir. Nada hay más triste para los que se quedan que la contemplación de una vida vacía. Son muchos años de nada...

En esto andaba yo pensando anoche cuando escribí este poema.


Vencidos por la vida.

Solemos cantar a los héroes:
espíritus gráciles,
hombres inspirados,
artesanos de hazañas.

¿Quedarán palabras para los mediocres?
¿Qué recibirán sus manos callosas,
sus cuerpos cansados,
cuando sus pies lleguen,
reptando, a la muerte?

Y, ¿qué se dirá de aquellos
que se fueron sin ganar
ni una sola batalla?

Los llorarán sin boato
con pobres lágrimas ágrafas.



Si es que queda alguien para llorar, como me dijeron ayer.




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Comentarios

  1. Hace una semana pensaba yo en eso mismo, asistiendo a un entierro. El cura hablaba maravillas de la finada y yo pensaba que seguramente dirá lo mismo en cada entierro; todas las personas serían unas maravillosas personas... Mentira cochina. Es absurdo lo falsa que es la gente. Una vez muertos, todos eran buenos, aunque en realidad fuesen unos auténticos cabronazos. Me niego a entrar al trapo.

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    1. Supongo que es lo normal, lo que nos pide el cuerpo, lo que nos gustaría que hicieran con nosotros...

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  2. Creo que toda persona, por insignificante que parezca, deja su impronta. Siempre vienen a mi mente mi abuela materna y su hermana, dos nonagenarias a las que echo de menos y pasaron toda su vida entre lutos y servidumbres. Se que nunca las olvidaré, mientras viva y eso ya es algo. Es mucho. Lo de los funerales, una pura convención que a mí personalmente me perturba y trastorna.
    Respecto a tu iniciativa poética, me atrevo a recomendarte uno brutal de mi paisano Félix Grande donde toca este y muchos otros temas (como el resentimiento entre madre e hijo) "El madrigal del odio muerto".
    Un abrazo.

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    1. Voy a buscar ese poema YA MISMO. Muchísimas gracias.

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  3. Eso que cuenta Rosa también lo pensé yo hace un tiempo. Que en cada entierro hay unas palabras que de tan tópicas sirven para cualquiera, y a ver, no...
    ¡Apuntado al newsletter! :D
    ¡Un abrazo!

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