¿Qué hacemos con el dolor?




Ya os conté que, cuando acudí a buscar ayuda porque la ansiedad se me había ido de las manos y ya presentaba síntomas de depresión, mi médica me recomendó, entre otras cosas, que leyese un libro y que empezase un curso de mindfulness. El curso está online, gratuito, abierto. Eso me gustó. Conseguí el libro. Empecé con la tarea que mi doctora me había encargado.

No pasó mucho tiempo hasta que me di cuenta de que algo no tenía sentido. Lo que yo tenía era un dolor emocional fuerte, sufría mucho, por lo que el tratamiento del dolor, del sufrimiento, de todas las emociones negativas, era una parte fundamental para recuperarme. Y, qué cosas, esos dos recursos trataban el dolor de maneras bien distintas. Casi antagónicas, diría.

El libro se titula La inutilidad del sufrimiento. He de reconocer que ya el título me echó atrás. No obstante lo empecé a leer. Puede que sea un problema de comprensión mío, no lo niego, pero a mí el mensaje que me llegó es que nos preocupamos por tonterías, que la mayor parte del tiempo sufrimos porque nos empeñamos en sufrir, que lo único que tenemos que hacer es darnos cuenta y dejar de hacerlo. Y ya está. Al principio me esforcé por mantener la mente abierta, seguí leyendo, aunque me costaba la misma vida dedicar mi escaso tiempo de lectura a aquel libro que cada vez me enfadaba más y más. No me parecía útil, pues las recomendaciones estaban salpicadas en medio de teoría vaga y casos de éxito de la autora. Y yo, ¿qué hago? ¿Cómo dejo de sufrir, señora? Apliqué mi regla de las 100 páginas y, cuando superé ese umbral y vi que no me estaba aportando nada bueno, abandoné el libro.

El curso de mindfulness está siendo otra cosa, en cambio. Y fijaos que me dirigía a él con bastantes sospechas. Yo había meditado algunas veces para relajarme, pero no como un fin en sí mismo ni de manera metódica: el proceso de meditación conseguía calmarme, así que solo cuando me encontraba mal me ponía una meditación guiada (las que se encuentran normalmente son de reiki y otras hierbas parecidas) y cuando me encontraba mejor, paraba. Yo pensaba que iban a acabar hablándome de chakras, energía y sanación sin contacto, pero me sorprendió ver que no. He conectado tanto con los vídeos como con las lecturas porque hablan de cosas que yo he sentido, de dificultades que he encontrado cuando he intentado calmarme. Así que el curso sí lo seguí.

Lo he seguido a mi manera, debería decir. No le dedico tanto tiempo como debería, así que una semana de curso me lleva a mí dos semanas de mi vida, a veces más, pero ahí vamos, no lo dejo. Hoy justamente he llegado a la semana 5. Esta semana tiene dos versiones: una para público en general y otra para personas afectadas por dolor crónico, discapacidad, lesiones graves, fibromiagia... Esta semana, la 5ª, se dedica al dolor. Y he recordado cómo aquel libro hablaba del sufrimiento como algo de lo que podemos desprendernos, como un capricho. Los textos y los vídeos del curso de mindfulness, en cambio, hablan del dolor como una circunstancia vital: nuestra vida duele, no es perfecta, a veces las cosas salen mal, a veces nos viene una enfermedad... Y ese sufrimiento no es un capricho, está perfectamente justificado.

Es cierto que hablan del sufrimiento añadido o secundario que eso provoca, y que puede parecer más "innecesario": cuando me duele una muela no solo es el dolor lo que me hace sufrir, sino también los pensamientos y emociones que eso desencadena ("me van a hacer daño, me van a tener que sacar la muela, todo me pasa a mí, es que no puedo estar bien..."). Pero da herramientas para lidiar con ese sufrimiento añadido y lidiar con el dolor, con el sufrimiento primario. Una de las ponentes dice algo así como que para superar el sufrimiento hay que afrontarlo, aceptarlo, no huir de él. A mí el mindfulness me está dando herramientas de afrontamiento y me está permitiendo encontrar otras propias. Mi ansiedad ha disminuido muchísimo en este tiempo y en lo relativo a la depresión, he sido capaz de encontrar sus causas, al menos en parte. Me ha impulsado a ser más amable conmigo misma, porque mi crueldad y mi nivel de crítica conmigo misma me hacía muchísimo daño. Estoy mejor desde que lo descubrí.

Pretendo que la práctica del mindfulness se convierta en un hábito en mi vida. Quizá no diario, pero sí cotidiano. Cuando pasa un tiempo sin que haga mi práctica diaria, ya sea porque estoy enferma, de viaje, o muy ocupada, mi cuerpo y mi mente lo notan.

No soy quién para recomendarlo, claro. Habrá quien crea, como yo creía, que esto es otra pseudociencia más, pero dado que nadie os va a pedir dinero y que el curso está en abierto, si os encontráis mal, nada perdéis por intentarlo. Os dejo el enlace aquí: https://palousemindfulness.com/es/index.html

En cuanto a la pregunta que abría este post, ¿qué hacemos con el dolor? Pues sobrellevarlo lo mejor que podamos sin hacernos más daño y esperar a que pase. Qué remedio.


Comentarios

  1. Interesante, apuntado queda el curso. El libro, por lo que explicas, descartado. Gracias!

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    1. A mí no me ha gustado nada. Espero que el curso te sirva :)

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  2. Me alegro de que te haya ido tan bien lo del mindfulness :D No tengo ni idea porque yo jamás lo he hecho, y además no estoy animado a probar nada. Pero me alegro de que te vaya tan bien :)
    Y lo del libro es previsible... cualquier cosa que sea decir que el sufrimiento es inútil tira mucho para atrás.
    Sigue mejorando :*
    ¡Un abrazo!

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    1. Bueno, yo no voy a ir recetando nada a nadie, pero a mí me ha venido muy bien :)

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  3. Lamento leer que padeces ese dolor emocional. No es fácil superarlo. Échale una ojeada a las charlas del psicólogo Ramón Nogueras que se pueden encontrar fácil en You Tube. A mí me ha ayudado a comprender lo loco que es nuestro cerebro y cómo se puede intentar ser menos infeliz, con la evidencia científica que tenemos a nuestra disposición.

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