La pedagogía del miedo


Hoy estaba leyendo De amor y de sombra, de Isabel Allende y me he encontrado este fragmento. 




Me encanta Isabel Allende, la manera que tiene de mostrar sin decir. Evidentemente, ese "dormir con las manos bajo las sábanas" hace referencia a la masturbación y, también evidentemente, las niñas buenas no se tocan así que, para demostrar que se es buena, las manitas fuera de las sábanas. 

Ese fragmento me ha hecho pensar en la pedagogía del miedo. A muchos de nosotros y especialmente a muchas de nosotras nos han educado sirviéndose del miedo. De pequeños supongo que nos pasaba a todos pero con las chicas dura más, se extiende más en el tiempo. O quizá es que se nos trata como niñas toda la vida. 

Recuerdo las amenazas que apelaban a humillaciones (si juegas con fuego te mearás en la cama) o a aspiraciones (si arrastras los pies no te casarás). La primera vez que desafié uno de esos miedos fue una vez que mi madre me dijo que si comía por la calle no me iba a echar novio. Ya veis, intentaba privarme de uno de mis placeres predilectos: cuando iba a por el pan me volvía comiéndome el pico y lo disfrutaba como una enana. Ese pan aromático y caliente era todo un placer. ¡Y ella pretendía que renunciase a él porque no me iba a echar novio! Fue la primera vez que vencí a un monstruo: "Pues me da igual, si no me quiere porque como pan, yo tampoco lo voy a querer". Si hubiera sabido lo que sé ahora habría contestado que mientras no afectase a las novias, todo bien. 

La cosa siguió, claro. "Si te comes eso no vas a encontrar ropa que te guste". "Si lees mucho te vas a quedar tonta".  "No vuelvas sola, no sea que te pase algo". Y ojo, que la responsable de todos los miedos no fue mi madre aunque, claro, como responsable fundamental de mi crianza, tiene una amplia mayoría. No obstante, también merece mención especial la Iglesia Católica. Sirva de ejemplo algo que nos contaban cuando teníamos 12 o 13 años, ya preadolescentes. Recuerdo que en una convivencia (una reunión de fin de semana a la que acudían chicos y chicas de los pueblos de alrededor y en la que, entre juego y juego, nos adoctrinaban a base de bien, o al menos lo intentaban) nos comentaron que las discotecas eran sitios peligrosísimos. ¿La razón? Que están llenos de demonios y que los ángeles de la guarda no pueden entrar. Por lo tanto, ahí dentro estábamos solos y solas para resistir a las tentaciones. Además, si nos llegase a pasar algo grave y muriésemos, nuestro ángel de la guarda no podría llevar nuestra alma al cielo. ¿No sería una verdadera pena? Evidentemente, como salta a la vista para cualquiera que me conozca, esa estrategia no funcionó conmigo. De hecho, me alejó de la Iglesia irremediablemente. 

Temo no ser aún consciente de todas las cosas que me han inculcado a base de miedo. Hace no demasiado tiempo mi amigo Alberto me descubrió una en la que yo no había caído. De pequeños, cuando mi madre compraba jamón, embutido o queso siempre nos decía que lo comiésemos con mucho pan porque si no nos iba a doler la tripa. Yo siempre di por hecho que eso ERA ASÍ, que lo decían todas las madres, y que comer jamón sin pan era malísimo para el estómago. Pero hablando un día Alberto me comentó que su madre se lo decía para que se llenase la tripa de pan y comiese menos jamón, que era más caro. Me quedé un momento sin habla: ni lo había pensado. No obstante, dada la situación económica de mi familia, tenía toda la lógica del mundo. Lo confirmé preguntando a mi pareja, cuya infancia no fue tan achuchá como la mía y me dijo que jamás había escuchado tal cosa.  Así que sí, como lo leéis: hay miedos especiales para los pobres, por si la vida no fuera bastante dura ya. 

Es cierto que como estrategia es muy útil: no te portes mal, que vendrá el coco. Funciona mientras somos niños, pero también más tarde (solo hay que ver la política del terror que se hace en este país). Pero estoy segura de que se pueden hacer las cosas de otra manera, ¿no creéis? 

La verdad es que me he quedado con ganas de conocer más "miedos pedagógicos".  Lo he preguntado en Twitter, pero he tenido pocas respuestas, así que lo pregunto aquí. ¿Qué os enseñaron a vosotros a través del miedo?


Comentarios

  1. A mi de pequeña me decían que si me tragaba un chicle se me pegaría en las tripas y me moriría irremediablemente. Más de una noche la pasé en vela pensando que por la mañana jamás despertaría. Evidentemente, después del segundo o tercero se me pasó el miedo. Un beso, guapa.

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    1. ¡A mí también me decían eso! La primera vez que me tragué un chicle sin querer no dormí, pero como no me pasó nada, pues a la siguiente lo llevé mejor, como tú XD ¡Un besote!

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  2. A mí lo del pan sí me lo decía mi padre!! XD Nunca me lo justificó con nada, no decía que te dolería la tripa. Sino que lo correcto era comer más pan jaja
    ¡Un abrazo!

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  3. Quien no tiene miedo es un imbécil. Todos esos dichos, igual que los cuentos tradicionales, están ahí para enseñarnos precaución y responsabilidad. Sin miedo no hay ninguna de esas dos. Un saludo.

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    1. Evidentemente, en la vida hay muchas cosas de las que tener miedo. Precisamente por eso no entiendo por qué se inventan miedos para educarnos: con los miedos existentes ya iríamos más que servidos. Aunque discrepo en que no hay precaución ni responsabilidad sin miedo. Quizá yo entiendo el miedo como algo mucho más intenso.

      Un saludo.

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