martes, 6 de junio de 2017

Regalar cultura es clasismo (parece ser).

Hoy he leído este tuit de una librera a la que sigo.


Podéis leer toda la conversación si entráis en el enlace, os animo a hacerlo, pero el resumen es que Silvia Broome cuenta una historia sobre un niño que adora la Antigüedad y que va a la librería con su madre. Ella, que es especialista en historia antigua, le enseña de todo al niño y el niño alucina. Y la madre se gasta 80 euros en regalarle al niño los libros que le han gustado. 

¿Reacción lógica? Pues si hay que tener alguna, yo creo que es aplaudir y decirle a la madre que olé sus ovarios. No sé cuál es la situación de esa madre, pero gastarse 80 euros en libros y cultura para su hijo no me parece una mala inversión. Pero, ¡vaya!, resulta que esta reacción es clasista, supongo que porque no todos los padres y madres del universo pueden gastarse ese dineral en libros para sus hijos. Y es cierto, no estoy ciega. Pero hoy en día, en España, eso puede dificultar, pero no impedir, que estos niños tengan acceso a la cultura. Y lo sé, porque yo he sido una de esas niñas. 

Sí, ahora viene una anécdota ñoña sobre mi infancia. 

Mi familia ha sido siempre pobre. No pongo paños calientes. Para mí utilizar ropa de segunda mano ha sido lo normal (y no me he muerto, ojo). Por supuesto, los libros, siempre de segunda mano (si era posible). Desde muy niña recuerdo, vagamente, a mis padres haciendo cábalas sobre de dónde iban a sacar el dinero para pagar esto o aquello (mis gafas nuevas, las de mi hermano, mis aparatos para las piernas...). Así que, evidentemente, todo lo que no era necesario, era superfluo. Cuestión de supervivencia. 

No hablo de esto con amargura, ya no. De hecho, esta circunstancia vital mía me ha dado algunas alegrías (como esta) e, indudablemente, me ha hecho, en parte, ser quien soy. Pero yo no quería hablar de esto en concreto. 

A lo que yo iba. Mis padres no podían gastarse 80 euros en libros. Los libros eran, para mí, un premio. Cuando iba al médico y me portaba bien, me regalaban algún cuentecillo. Los Reyes traían libros. En mi cumpleaños, libros. Pero mi hambre lectora, que era voraz, no se satisfacía con aquello, así que hubo que buscar una solución. Y allí estaba: la biblioteca.  Yo tenía cinco años, casi seis. Mi madre se hizo socia de la biblioteca municipal y se venía conmigo cada tarde un rato a la biblioteca. Puede que no le veáis mérito, pero mi madre siempre tenía algo importantísimo que hacer o, mejor dicho, que limpiar. Ya entonces supe valorar esa hora o algo más que pasaba conmigo en la biblioteca, y más aún con el tiempo. No duró demasiado: en cuanto la bibliotecaria se dio cuenta de que yo no iba a dar ningún problema, mi madre me dejaba allí y pasaba a recogerme luego, y me encontraba igual que me dejó: con la nariz metida en algún libro. 

Yo no era una lectora exquisita. No leía a Stevenson, ni buscaba cosas "de mayores". No tenía criterio. Simplemente leía todo lo que se me ponía por delante y siempre tenía ganas de más. Y mis padres siempre se preocuparon de que, a pesar de los pocos medios que teníamos, esas ganas nunca quedasen insatisfechas. 

¿Es clasista eso? ¿Intentar que tus hijos tengan cultura si la quieren? Llamadme lo que queráis, pero a mí me parece todo lo contrario. Esta es mi manera de hacer lucha de clases: aprender. Esta ha sido mi manera: formarme. No quedarme ignorante, sino ir más allá para llegar a sitios en los que se suponía que no tenía que estar. 

¿En qué mierda de sociedad estamos si acceder a la cultura es clasista? ¿Qué no es clasista, permanecer ignorantes? ¿Cuándo se han pervertido tanto los conceptos? 

Y, por último, una pregunta más... ¿Soy yo o el número de tontos por metro cuadrado está aumentando preocupantemente? 


8 comentarios :

  1. No creo que sea un problema del número de tontos... El problema es que las redes sociales, el anonimato, les han dado un altavoz al que no pueden resistirse y desde el que es muy fácil criticar, humillar, insultar...

    Y lo de poner etiquetas también está muy de moda últimamente...

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    1. Sí. Lo de las etiquetas roza el absurdo. Y lo del altavoz lo he pensado yo también, no creas.

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  2. Pues hoy voy a comentar varias cositas (un micro-post):
    1- No tengo Twitter
    2- Me alegro de no tener Twitter
    3- Hay mucho imbécil suelto por ahí
    4- Casi apostaría algo a que los que dicen que no pueden gastarse 80 euros en libros para sus hijos, sí les han comprado la PSP, Nintendo DSI y cosas por el estilo, y se gastan 60 euros en un juego para una consola como si nada... ejem...
    5- Me alegra que a Silvia Broome le haya hecho ilusión lo de esa madre, su hijo y los libros (a mí también me emocionaría la escena, la verdad)
    6- Es cierto que no todo el mundo puede gastarse los 80 euros en libros (sean del tipo que sean) pero también es cierto que todo el mundo, hoy en día, tiene fácil acceso a las bibliotecas, que son gratis.
    7- Un olé por tu madre, porque lo que hizo cuando eras pequeña es muy de agradecer
    8- No entiendo que un comentario alegre de esta chica genere polémica... cuánta gente amargada hay por el mundo...:(
    9- Creo que ya he dicho más que suficiente, así que... Vivan los niños a los que les gusta leer, vivan las librerías y bibliotecas, viva Silvia Broome (aunque no sé quién es) y ¡viva la madre que te parió!

    Un abrazo, Bettie

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  3. No sé si todo el mundo puede gastarse 80 euros en cultura para su hijo... pero, por lo que parece, sí que se puede gastar el doble en una comunión por todo lo alto, en un móvil, en un patinete de esos motorizados que hay ahora, en clases particulares hasta de taichi, en una PlayStation... en fin, dentro de que hay quien puede más y quien puede menos, obviamente, en la mayoría de las ocasiones es cuestión de prioridades. Lástima que éstas sean las que son en la sociedad en la que vivimos.
    (me identifico contigo en la infancia lectora de todo lo que caía en mi mano en verano.. una alegría, porque cuando no tienes filtro ni prejuicios, descubres verdaderas maravillas).
    Besitos!

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    1. A veces sí es cuestión de prioridades. Y otras veces no, pero se busca la manera.

      :)

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  4. Vi la polémica y flipé. Es increíble cómo se retuercen los conceptos para ver lo que no existe.
    Pero lo más triste es que este fenómeno le vengo viendo desde hace un tiempo... y es que personas que simplemente han manifestado la importancia de la cultura y al hecho valorarla como algo positivo son tachadas de clasistas. Gente que no desprecia a nadie por su nivel cultural (ahí es donde para mí está el clasismo), que no divide en categorías, que no relaciona la cultura con tener una carrera ni con estudios. Gente que simplemente valora la cultura y es tachada de clasista por parte de gente que tiene que dar la nota. Con dos cojones.
    Un abrazo.

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    1. Pues nada, sigamos enalteciendo la ignorancia, que los de la clase privilegiada se descojonarán de nosotros bien a gusto. :/

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