sábado, 21 de junio de 2014

Cuéntame un cuento.

Nunca me habían contado un cuento para dormir, nunca, hasta que tú llegaste. ¿Lo recuerdas? Yo te insistía, antes de dormir, a veces después del amor, con el sueño pesando sobre mis párpados:

- Cuéntame un cuento.

Y tú respondías:

- No sé...

Pero yo, que soy insistente, te pedía que te lo inventases y tú me dabas el gusto. Un cuento sobre un perro astronauta que era amigo de los gatos. O un cuento sobre una niña que no quería dormir y se pasaba las noches saltando en la cama. Historias destinadas a ser olvidadas y recordadas al mismo tiempo porque dibujaron instantes que atesoraré por siempre. 

Para sorprenderme compraste en una librería de ocasión un libro de cuentos de los hermanos Grimm, una edición terrible, ¿te acuerdas? Pero no importaba. Cada noche me leías un cuento o dos. Y yo sentía que engañaba al tiempo: ya no era una niña pero casi sentía que sí mientras tú, a media luz y quemándote las pestañas, me regalabas las historias que otros escribieron. 

Después llegó Stardust. Tuviste que repetir muchas partes un par de veces porque no las recordaba al día siguiente: me las había robado el cansancio. Y recuerdo tu sonrisa cuando me mirabas de reojo, como para ver si aún seguía allí, si seguía despierta. Mirabas muchas veces y la mayor parte de ellas encontrabas mis ojos marrones, abiertos como platos, fijos en ti, expectantes. 

Amor, ¿me contarías otro cuento? Mira que lo necesito más que nunca... Y no para atraer el sueño, sino para atraer a los sueños. Prometo no replicarte si hay un final feliz. De hecho lo necesito imperiosamente. Cuéntame la historia de una pareja que se quería con locura y que tuvo que separarse. Pero, por favor, que al final todo les salga bien. No te preocupes, que todo está permitido. Bueno, todo no. Ya sabes, nada de cowboys espaciales, ni Batman, ni comandos de guerreros. Que sea de los que me gustan a mí: con magia, misterios, desafíos casi imposibles y victorias de leyenda.

 No, no digas que no sabes. Por favor... Cuéntame un cuento, ¿sí?





Hoy estoy... ñoña
Y estoy escuchando... Podría ser - Ismael Serrano.

16 comentarios :

  1. Tenías razón, gamberra... :_)


    Será un cuento precioso que contarle algún día a nuestros nietos... bueno, primero a nuestros hijos XD

    No te desanimes, pequeña.

    Te quiero con todo mi corazón, Bettie <3

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    1. Casi siempre tengo razón XD

      Pero me debes ese cuento ;)

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  2. Qué entrada tan bonita (aunque también la noto un poco triste).
    Un abrazo.

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    1. Hoy por hoy en mi vida tristeza y belleza son dos cosas difíciles de disociar. No siempre, pero casi siempre.

      ¡Abrazo de vuelta!

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  3. Me está cayendo la lagrimilla que lo sepas xDDDD

    ♥♥♥♥♥

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    1. Anda que.... soy un peligro. Pero puedo pedir comisión a las empresas de pañuelos de papel :D

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  4. Qué bonito cuento Bettie... O no-cuento... :)

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    1. Aquí hay poco de cuento, jaja. Muámuámuá.

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  5. Estoy segura de que al final el cuento tendrá un final feliz de los de...Fueron felices...
    Y será un cuento tan bonito como éste que se contará muchas noches y que procurará muy dulces sueños.

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  6. ¿Tú también tienes razón casi siempre?? :P

    Aunque soy de finales abiertos, creo en los finales felices. A lo mejor aún soy un poco ingenua, pero eso es bueno, me permite creer en cuentos. Los que se cuentan antes de dormir y entre abrazos son casi los mejores. Igual que los sueños en los que aún no se han cerrado los ojos.
    Con tan buenos narradores seguro que el cuento al final les queda redondo =)

    Por cierto, me he sentido un pelín identificada con aquello de pedir que cuenten cuentos xD

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    1. SIAMESAS SEREBRALES. Esto es así. :)


      Abrazo gordo.

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  7. Te odio... me has hecho llorar, es lo más bonito que he leido en mucho tiempo :(

    Recuerdo que a veces le leía "Harry Potter y la piedra filosofal" a mi novio, cuando vivíamos juntos. Leí el primer capitulo unas 9 veces, porque siempre se quedaba dormido. Esa era la intención, era la cura para su insomnio. Qué ñoña me has dejao xD

    Muá!

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    1. Igual de ñoña que estaba yo cuando lo escribí, a lo mejor...

      Besote gordo.

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