De media.

 

Lola frotaba la espalda de Manuela repetidamente pero no de manera mecánica: ponía el corazón entero en cada caricia. No entendía cómo su amiga podía tener tan mala suerte con los hombres. Por más que lo pensaba, no le encontraba la pega. 

─Yo me rindo, Lola. De verdad. Voy a pasar de los tíos, porque ya estoy hasta el coño que sean ellos los que pasen de mí. 

─No digas eso, mujer. Ya llegará alguien. Siempre hay un roto pa' un descosío...

Manuela la miró con incredulidad. 

─Ay, no sé, nena ─insistió Lola─. A mí me gusta pensar que todos somos el «le daría fuerte y flojo» de alguien..

Manuela rió y le cogió la mano.

─Sí, pero eso es de media. En el sistema capitalista algunos acumulan muchos «te daría fuerte y flojo» y otros nos comemos los mocos. Es el mercado, amiga.

Lola sacudió la cabeza. Ambas sonrieron con amargura. Deseaba que a Manuela le fuese bien en el amor muy pronto. Porque la quería, sí, pero también porque era muy difícil animarla cuando estaba tan pesimista: siempre tenía razón. 

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