sábado, 27 de febrero de 2016

Puntualidad.

Aurora entró a la cafetería y miró a los lados, esperando que nadie la reconociese. Había dicho a su madre que iba a visitar a su amiga Carmela. Ella había aceptado a regañadientes, pero había aceptado. 

-Tengo que explicarle lo de mates. Se lo perdió por la operación y el examen es la semana que viene -había dicho. 

-Está bien, ve -respondió su madre, compadeciéndose de su amiga convaleciente-. Pero te quiero aquí antes de cenar, a la hora de poner la mesa. 

Aurora aceptó y salió corriendo con su cartapacio. Caminó hasta la parada del tranvía y cogió el que llevaba al barrio de Carmela, pero al bajar no fue a casa de su amiga, sino a la cafetería Sabores. Había quedado allí con Jaime. 

No lo había visto más que una vez, en el mismo tranvía que acababa de abandonar. Se acercó a ella de una manera casual, sin aspavientos, y le preguntó la hora.

-Las seis y veinticinco -respondió ella, y apartó la mirada.

-¿Esa es la hora exacta? Es muy importante, señorita -había insistido él.

Aurora lo miró, un poco molesta, y comprobó la hora de nuevo.

-Bueno, en este momento quizá sean las seis y veintisiete.

-¿Me permitiría comprobarlo, por favor?

Aurora, confusa, extendió su mano izquierda y él la tomó con delicadeza.

-Sí. Y veintisiete. Así que debió de ocurrir a y veintiséis. 

Aurora estuvo a punto de no preguntar, pero no se pudo contener.

-¿Qué? ¿Qué ocurrió a y ventiséis?

-¿No lo sabe, señorita? A las seis y veintiséis fue el momento exacto en el que la vi por vez primera.

Aurora fue consciente de que se había ruborizado y bajó la mirada. Cuando sus ojos volvieron a encontrarse ambos sonrieron. Él se presentó, se llamaba Jaime, y después lo hizo ella. Pasaron los siguiente veinte minutos charlando de cuestiones sin importancia que, en sus voces, parecían sumamente importantes. Cuando ella anunció que tenía que bajar en la siguiente parada él, a toda prisa, la citó para el viernes siguiente a las cinco de la tarde en la cafetería Sabores, cerca de la misma parada en la que habían subido. 

-¿La que hace chaflán? -preguntó Aurora.

-Esa misma -confirmó él.

Y cuando el tranvía se detuvo se separaron sin decirse adiós.

Aurora se sentó en una mesa cercana a la puerta, para que él la viese al entrar, y rememoró ese momento una y otra vez, interrumpiéndose solo para decirle al camarero que estaba esperando a alguien. Solo a la séptima, cuando el camarero la miró con antipatía, consintió pedir una manzanilla.

Aguardó, con las manos alrededor de la taza, hasta que esta empezó a perder temperatura. Decidió bebérsela, ya que la había pedido. Miró el reloj, el mismo que había consultado Jaime hacía unos días, y comprobó que ya pasaban cuarenta y cinco minutos de la hora fijada. Llamó al camarero.

-¿Qué desea la señorita?

-Una tila, por favor.




Esta vez no esperó a que se enfriara. Necesitaba tranquilizarse. La tomó aguantando la temperatura, abrasándose la lengua, y después respiró hondo. Abrió el cartapacio y sacó un pequeño espejo y una barra de labios. Hacía meses que se la había tomado prestada a su madre para una ocasión como aquella. Abrió el espejo, destapó la barra e, intentando controlar el temblor de su mano, se puso color en los labios y se obligó a sonreír. El gesto no fue demasiado convincente.

A pesar de la tila los nervios consiguieron apoderarse de su cuerpo. Aurora no podía quedarse quieta. Cruzaba las piernas hacia un lado y hacia otro, balanceaba sus pies, taconeaba en el suelo, se apoyaba sobre la mesa para después volver a recostarse en la silla,...  Poco a poco sus pensamientos fueron nublándose. ¿Qué le había hecho pensar que un muchacho como Jaime, apuesto y ocurrente, podía estar interesado en ella? ¿Cómo se había permitido hacerse ilusiones al respecto?

Decidió silenciar sus miedos con un trozo de tarta de chocolate. La comió poco a poco, no tanto para disfrutarla como para hacer tiempo. Pero Jaime no llegó. Pidió la cuenta al camarero y se marchó.

Aurora no se dio cuenta de que se había rendido a las seis y veintiséis. La misma hora a la que se habían conocido unos días antes. Justo la hora a la que Jaime, que había sido atropellado por un coche al cruzar la calle para coger el tranvía, dejaba de respirar en un hospital cercano. 


20 comentarios :

  1. Vaya tela, Plot Twist Queen. Siempre me dejas alucinando con tus relatos. ¡Genial! :D

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    1. Jajaja, me ha hecho gracia que me llamases eso justo cuando acababa de publicar ESTO. jajaja

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  2. Joe, tíaaaaa... Deja que alguno acabe bieeeeeenn. Que me has dejado 'chof'

    Un besote y ánimo con l OpoBettie 2.0

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    1. La culpa es tuya. Si hubiese habido una médico molonga cerca, a lo mejor... xDDDD Es broma.

      Gracias. Supongo que me has visto lloriquear por instagram xDDD

      ¡Besos!

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  3. Ofú, vaya tela! Yo tampoco esperaba ese final, me imaginaba que le había dado plantón pero por otros motivos xD
    Me has dejado tristona pero me ha gustado!

    Besos!

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  4. Vaya... no sé si aplaudirte o darte una guantada por rematar así la faena... jajaja

    Como dice Carlota, deja que alguna acabe bien... porfi...

    Pero me ha gustado mucho el relato. Porque, además, me ha traído recuerdos. Yo conocí un chico así (hace muchos años), pero no acabó tan mal. Nos conocimos en el autobús, de camino a casa. Él se bajó en la parada anterior a la mía, pero ya habíamos quedado en una cafetería próxima al cabo de media hora...y nos seguimos viendo una temporada...;)

    Anímate, que es sábado, Bettie!!!

    Un besote

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    1. Estoy en la racha de las historias tristes. Luego llegará la de las felices, no os preocupéis XD

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  5. Yo sí me esperaba el final XD Porque soy muy trágico y me imagino de antemano este tipo de finales.
    Qué cruel es la vida...
    ¡Un abrazo!

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    1. Cuando escriba uno con final feliz, no te lo esperarás, muahahah. XD

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  6. Debe ser que con el resfriado (una semana ya...) veo las cosas más negras, porque a medida que llegaba al final lo he podido intuir... Una lástima por los dos, pero una buena historia ;)

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  7. Jope, qué triste, no?? Mira que te veía venir...
    Me quedo con las casualidades de la vida, y lo bonito de que el destino haga que las cosas casualmente pasen a la misma hora...
    Besos!

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    1. Jajajaja, ya me vais calando. Ahora para sorprenderos tengo que abonarme a los finales felices :P

      ¡Mua!

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  8. Me estaba temiendo que Jaime no había podido ir por una causa mayor... y así fue. De todas formas, cuando he leído el último párrafo me he quedado con la boca abierta O___o lo he tenido que volver a leer XDDDD
    Me ha gustado mucho aunque sea tan trágico el final XD

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