Prohibido mediocres.

 

El otro día me estaba lavando los dientes cuando recordé un evento sin demasiada trascendencia de mi vida. Una, que lleva años en esto del Interné ha estado en muchas partes y ha hecho muchas cosas (bueno, a ver, muchas... Varias). La cosa es que hace bastantes años en uno de los ambientillos en los que me movía salió un blog que se dedicaba a hacer críticas humorísticas de otros, eso sí, siempre en anónimo. Yo le veía cierta gracia (hasta que dejé de vérsela) y al acordarme de eso no pude evitar decirme «menudo saco de mierda estabas hecha, hermana». Porque las críticas humorísticas se centraban, básicamente, en que las chicas criticadas no eran perfectas o no habían cuidado a la perfección sus fotos, su escenografía, su lo-que-sea. La verdad es que ahora entiendo que solo me hacía gracia porque no era a mí a la que criticaban, pero podría haberlo sido: siempre he hecho las cosas relacionadas con mis hobbies con bastante descuido y poco rigor. (Así me va, claro)

Pero no pasa nada, si pasa el tiempo y aprendemos los errores no han sido en vano. Me gusta pensar que cada vez soy un poco menos saco de mierda (al menos en algunas cosas). Por ejemplo, me doy cuenta de cuando se están dando estos comportamientos e intento no seguir la corriente. Y puede parecer una gilipollez, pero estos comentarios hacen mucho daño. 

Primero, claro, pueden llegar a dañar a la persona a la que se critica. Imaginad que a una persona le encanta dibujar y quiere compartir su afición, conocer gente, motivarse a mejorar... Por lo que sea, decide hacerse un blog, un Instagram o cualquier otra red y empezar a compartir sus dibujos. Entonces, también por lo que sea, llega un grupo de gente a su red social o blog y deciden reírse un poco. Comparten alguna captura de pantalla, por ejemplo, haciendo humor sobre sus dibujos, quizá sin maldad (o no demasiada) porque no son demasiado buenos. Imaginad dónde van a parar las ilusiones de esa persona y las ganas que le quedan de compartir nada. 

Pero no es solo eso. Imaginad que antes de abrirse ese blog esta persona presencia alguno de estos eventos de escarnio: se ríen de alguien porque sus dibujos no son buenos. Esa persona, conociendo sus limitaciones, sabiendo que hay miles de cuentas de arte mejores en todas las redes sociales, decide no hacerlo. ¿Para qué, si ya hay alguien que lo hace mejor?

El mensaje que os quiero mandar hoy de una manera un tanto confusa es DEJEMOS A LA GENTE DISFRUTAR DE LAS COSAS QUE LE GUSTAN. A mí me encanta bailar sevillanas y estoy MUY ORGULLOSA de haber aprendido. Me lo paso bomba bailando cada vez que tengo la oportunidad y, tanto es así, que en mi playlist de hacer ejercicio hay varias sevillanas. Sabéis que no es mi estilo, pero si por alguna de aquellas se me ocurriese subir un vídeo mío bailando sevillanas con toda seguridad habría más fallos que aciertos. ¿Sería esa razón suficiente para atacarme y animarme a dejar de compartir algo que me gusta? Lo mismo podría aplicarse a cuando toco el ukelele  o la guitarra (mal), cuando escribo (regular) o cuando hago cualquier otra cosa. 

No puede ser que el requisito para compartir algo en redes sea hacerlo muy bien. Es que entonces estarían en Interné cuatro gatos. Los mediocres existimos, dejadnos ser felices. 

Dejemos a la gente disfrutar de lo que hace, y si parte de ello consiste en compartir eso que hacen, DEJEMOS QUE LO HAGAN. Claro que cada uno tiene su opinión sobre cómo se maquilla esta, cómo dibuja aquel o como cocina ese otro, pero creo que ir y decir «lo haces mal, jaja, saludos» no aporta demasiado. 

Y ya está, básicamente eso es lo que quería decir. 

Hasta luegui. Mañana nos vemos con el informe semanal :P

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