Poniendo la antena.

 

Hoy he salido a comer a una hamburguesería riquísima. Últimamente no es que comamos mucho fuera (tampoco es una cosa que a mí me encante, pero con esto del coronavirus aún me llama menos), pero hoy estábamos de celebración. 

Al llegar la sorpresa ha sido muy agradable. Habían reformado la hamburguesería y, la verdad, la han dejado muy amplia, con las mesas separaditas... En fin, esas cosas. Supongo que, quizá por haber menos gente, es más fácil escuchar hablar a los vecinos de mesa. Puede ser eso o, también, que tengo bastante buen oído cuando la gente no lleva la mascarilla puesta (con las mascarillas parece que estoy teniente del todo xD). 

La cosa es que he escuchado una conversación de mis vecinos de mesa. Mi pareja me ha preguntado qué pasaba cuando me ha visto sonreír. Le he dicho que luego se lo contaba porque hombre, una cosa es poner la antena y otra declarar abiertamente que lo estás haciendo. ¿Queréis saber por qué sonreía? Si no queréis cerrad el blog porque lo voy a contar a continuación. 

Resulta que estos vecinos de mesa venían con una niña pequeña (unos 6-7 años, quizá) y un bebé. La niña estaba contando que su maestra/o les había dicho que el lunes ibaa venir un niño nuevo y que tenían que ayudarlo y ser amigos suyos. Con mucho desparpajo, la niña ha dicho:

─Pero yo no quiero ser amiga suya. Yo ya tengo muchos amigos. 

Entonces el padre, sin pensarlo dos veces le contesta, muy, muy serio y de manera bastante tajante.

─¿Cómo? ¿A ti te gustaría cambiarte de colegio y que los niños dijeran que no quieren ser amigos tuyos porque ya tienen muchos amigos? ¿Te parecería bien?

─No...─la niña parecía sorprendida, como si no entendiese por qué su padre se lo tomaba tan a pecho.

─No, ¿verdad? Pues ya sabes. Mañana quiero que trates a ese niño como te gustaría que te tratasen a ti si te cambiases de cole. ¿Entendido?

─Vaaaaaaale. 

─Muy bien.

Después han seguido comiendo y charlando, pero he desconectado la antena, porque oye, lo mismo con ese trozo de conversación ya era suficiente.

Cuando he salido y le he contado a mi pareja por qué sonreía me ha dicho: «Ah, pues yo también les he pillado algo. La madre le estaba diciendo a la niña que los niños no tienen novios». Y mira, ¡he vuelto a sonreír! 

Muchas veces digo que mejor no ver o no oír, porque para lo que se ve o se escucha... Pero oye, a veces me gusta que la realidad me lleve la contraria. 

Comentarios

  1. A veces es inevitable escuchar conversaciones ajenas (sobre todo las de los que tienen la manía de hablar a grito pelao estén donde estén). Pero, como dices, si son conversaciones así, vale la pena. Yo seguramente le diría a mi hija lo mismo que le dijo ese padre a la suya.

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    Respuestas
    1. Aquí no gritaban, pero el ambiente era silencioso (más o menos) y tal, así que no tuve problema para pillar la conversación XDDD

      Hombre, lo sé, tú eres una madre 10 :)

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